{"id":125378,"date":"2013-11-19T04:11:11","date_gmt":"2013-11-19T03:11:11","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=125378"},"modified":"2016-07-26T17:41:06","modified_gmt":"2016-07-26T15:41:06","slug":"lumen-fidei-capitulo-4-y-final","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-4-y-final\/","title":{"rendered":"Lumen Fidei (Cap\u00edtulo 4 y final)"},"content":{"rendered":"<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><em><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Lumen-fidei.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-125373\" alt=\"Lumen-fidei\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Lumen-fidei-300x300.jpg?resize=300%2C300\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Resumen:<\/strong><\/em><\/p>\n<p><strong>El cap\u00edtulo cuarto<\/strong> (n. 50-60): Dios prepara una ciudad para ellos (Hb 11, 16) Este cap\u00edtulo explica la relaci\u00f3n entre la fe y el bien com\u00fan, lo que conduce a la formaci\u00f3n de un lugar donde el hombre puede vivir junto con los dem\u00e1s. La fe, que nace del amor de Dios, hace fuertes los lazos entre los hombres y se pone al servicio concreto de la justicia, el derecho y la paz. Es por esto que no nos aleja del mundo y no es ajena al compromiso concreto del hombre contempor\u00e1neo. Por el contrario, sin el amor fiable de Dios, la unidad entre todos los hombres estar\u00eda basada \u00fanicamente en la utilidad, el inter\u00e9s o el miedo. La fe, en cambio, capta el fundamento \u00faltimo de las relaciones humanas, su destino definitivo en Dios, y las pone al servicio del bien com\u00fan. La fe \u00abes un bien para todos, un bien com\u00fan\u00bb, no sirve \u00fanicamente para construir el m\u00e1s all\u00e1, sino que ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza.<\/p>\n<p>La enc\u00edclica se centra, despu\u00e9s, en los \u00e1mbitos iluminados por la fe: en primer lugar, la familia fundada en el matrimonio, entendido como uni\u00f3n estable de un hombre y una mujer. Nace del reconocimiento y de la aceptaci\u00f3n de la bondad de la diferenciaci\u00f3n sexual y, fundada sobre el amor en Cristo, promete \u00abun amor para siempre\u00bb y reconoce el amor creador que lleva a generar hijos. Despu\u00e9s los j\u00f3venes: aqu\u00ed el Papa cita las Jornadas Mundiales de la Juventud, en las que los j\u00f3venes muestran \u00abla alegr\u00eda de la fe\u00bb y el compromiso de vivirla de un modo firme y generoso. \u00abLos j\u00f3venes aspiran a una vida grande &#8211; escribe el Papa -. El encuentro con Cristo da una esperanza s\u00f3lida que no defrauda. La fe no es un refugio para personas pusil\u00e1nimes, sino que ensancha la vida\u00bb. Y en todas las relaciones sociales: haci\u00e9ndonos hijos de Dios, de hecho, la fe da un nuevo significado a la fraternidad universal entre los hombres, que no es mera igualdad, sino la experiencia de la paternidad de Dios, comprensi\u00f3n de la dignidad \u00fanica de la persona singular. Otra \u00e1rea es la de la naturaleza: la fe nos ayuda a respetarla, a \u00abbuscar modelos de desarrollo que no se basen \u00fanicamente en la utilidad y el provecho, sino que consideren la creaci\u00f3n como un don\u00bb; nos ense\u00f1a a encontrar las formas justas de gobierno, en las que la autoridad viene de Dios y est\u00e1 al servicio del bien com\u00fan; nos ofrece la posibilidad del perd\u00f3n que lleva a superar los conflictos. \u00abCuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos de la vida se debiliten con ella\u00bb, escribe el Papa, y si hici\u00e9ramos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitar\u00eda la confianza entre nosotros y quedar\u00edamos unidos s\u00f3lo por el miedo. Por esta raz\u00f3n no debemos avergonzarnos de confesar p\u00fablicamente a Dios, porque la fe ilumina la vida social. Otro \u00e1mbito iluminado por la fe es el del sufrimiento y la muerte: el cristiano sabe que el sufrimiento no puede ser eliminado, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona, y ser as\u00ed \u00abetapa de crecimiento en la fe y el amor\u00bb. Al hombre que sufre, Dios no le da un racionamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que acompa\u00f1a, que abre un un resquicio de luz en la oscuridad. En este sentido, la fe est\u00e1 unida a la esperanza. Y aqu\u00ed el Papa hace un llamamiento: \u00abNo nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong> (N \u00ba 58-60): Bienaventurada la que ha cre\u00eddo (Lc 1, 45) Al final de la LF, el Papa nos invita a mirar a Mar\u00eda, \u00abicono perfecto\u00bb de la fe, porque, como Madre de Jes\u00fas, ha concebido \u00abfe y alegr\u00eda.\u00bb A Ella se alza la oraci\u00f3n del Papa para que ayude la fe del hombre, nos recuerde que aquellos que creen nunca est\u00e1n solos, y que nos ense\u00f1e a mirar con los ojos de Jes\u00fas.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo cuarto: Dios prepara una ciudad para ellos <\/b><b>(cf. <i>Hb<\/i> 11,16)<\/b><\/h2>\n<h3><b><i>Fe y bien com\u00fan<\/i><\/b><\/h3>\n<p>50. Al presentar la historia de los patriarcas y de los justos del Antiguo Testamento, la Carta a los Hebreos pone de relieve un aspecto esencial de su fe. La fe no s\u00f3lo se presenta como un camino, sino tambi\u00e9n como una edificaci\u00f3n, como la preparaci\u00f3n de un lugar en el que el hombre pueda convivir con los dem\u00e1s. El primer constructor es No\u00e9 que, en el Arca, logra salvar a su familia (cf. <i>Hb<\/i> 11,7). Despu\u00e9s Abrah\u00e1n, del que se dice que, movido por la fe, habitaba en tiendas, mientras esperaba la ciudad de s\u00f3lidos cimientos (cf. <i>Hb<\/i> 11,9-10). Nace as\u00ed, en relaci\u00f3n con la fe, una nueva fiabilidad, una nueva solidez, que s\u00f3lo puede venir de Dios. Si el hombre de fe se apoya en el Dios del Am\u00e9n, en el Dios fiel (cf. <i>Is<\/i> 65,16), y as\u00ed adquiere solidez, podemos a\u00f1adir que la solidez de la fe se atribuye tambi\u00e9n a la ciudad que Dios est\u00e1 preparando para el hombre. La fe revela hasta qu\u00e9 punto pueden ser s\u00f3lidos los v\u00ednculos humanos cuando Dios se hace presente en medio de ellos. No se trata s\u00f3lo de una solidez interior, una convicci\u00f3n firme del creyente; la fe ilumina tambi\u00e9n las relaciones humanas, porque nace del amor y sigue la din\u00e1mica del amor de Dios. El Dios digno de fe construye para los hombres una ciudad fiable.<\/p>\n<p>51. Precisamente por su conexi\u00f3n con el amor (cf. <i>Ga<\/i> 5,6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz. La fe nace del encuentro con el amor originario de Dios, en el que se manifiesta el sentido y la bondad de nuestra vida, que es iluminada en la medida en que entra en el dinamismo desplegado por este amor, en cuanto que se hace camino y ejercicio hacia la plenitud del amor. La luz de la fe permite valorar la riqueza de las relaciones humanas, su capacidad de mantenerse, de ser fiables, de enriquecer la vida com\u00fan. La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo. Sin un amor fiable, nada podr\u00eda mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podr\u00eda concebir s\u00f3lo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegr\u00eda que la sola presencia del otro puede suscitar. La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento \u00faltimo y su destino definitivo en Dios, en su amor, y as\u00ed ilumina el arte de la edificaci\u00f3n, contribuyendo al bien com\u00fan. S\u00ed, la fe es un bien para todos, es un bien com\u00fan; su luz no luce s\u00f3lo dentro de la Iglesia ni sirve \u00fanicamente para construir una ciudad eterna en el m\u00e1s all\u00e1; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza. La Carta a los Hebreos pone un ejemplo de esto cuando nombra, junto a otros hombres de fe, a Samuel y David, a los cuales su fe les permiti\u00f3 \u00abadministrar justicia\u00bb (<i>Hb<\/i> 11,33). Esta expresi\u00f3n se refiere aqu\u00ed a su justicia para gobernar, a esa sabidur\u00eda que lleva paz al pueblo (cf. 1 S 12,3-5; 2 S 8,15). Las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios.<\/p>\n<h3><b><i>Fe y familia<\/i><\/b><\/h3>\n<p>52. En el camino de Abrah\u00e1n hacia la ciudad futura, la Carta a los Hebreos se refiere a una bendici\u00f3n que se transmite de padres a hijos (cf. <i>Hb<\/i> 11,20-21). El primer \u00e1mbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como uni\u00f3n estable de un hombre y una mujer: nace de su amor, signo y presencia del amor de Dios, del reconocimiento y la aceptaci\u00f3n de la bondad de la diferenciaci\u00f3n sexual, que permite a los c\u00f3nyuges unirse en una sola carne (cf. <i>Gn<\/i> 2,24) y ser capaces de engendrar una vida nueva, manifestaci\u00f3n de la bondad del Creador, de su sabidur\u00eda y de su designio de amor. Fundados en este amor, hombre y mujer pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida y que recuerda tantos rasgos de la fe. Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada. La fe, adem\u00e1s, ayuda a captar en toda su profundidad y riqueza la generaci\u00f3n de los hijos, porque hace reconocer en ella el amor creador que nos da y nos conf\u00eda el misterio de una nueva persona. En este sentido, Sara lleg\u00f3 a ser madre por la fe, contando con la fidelidad de Dios a sus promesas (cf. <i>Hb<\/i> 11,11).<\/p>\n<p>53. En la familia, la fe est\u00e1 presente en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia: los ni\u00f1os aprenden a fiarse del amor de sus padres. Por eso, es importante que los padres cultiven pr\u00e1cticas comunes de fe en la familia, que acompa\u00f1en el crecimiento en la fe de los hijos. Sobre todo los j\u00f3venes, que atraviesan una edad tan compleja, rica e importante para la fe, deben sentir la cercan\u00eda y la atenci\u00f3n de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe. Todos hemos visto c\u00f3mo, en las Jornadas Mundiales de la Juventud, los j\u00f3venes manifiestan la alegr\u00eda de la fe, el compromiso de vivir una fe cada vez m\u00e1s s\u00f3lida y generosa. Los j\u00f3venes aspiran a una vida grande. El encuentro con Cristo, el dejarse aferrar y guiar por su amor, ampl\u00eda el horizonte de la existencia, le da una esperanza s\u00f3lida que no defrauda. La fe no es un refugio para gente pusil\u00e1nime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocaci\u00f3n al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena ponerse en sus manos, porque est\u00e1 fundado en la fidelidad de Dios, m\u00e1s fuerte que todas nuestras debilidades.<\/p>\n<h3><b><i>Luz para la vida en sociedad<\/i><\/b><\/h3>\n<p>54. Asimilada y profundizada en la familia, la fe ilumina todas las relaciones sociales. Como experiencia de la paternidad y de la misericordia de Dios, se expande en un camino fraterno. En la \u00abmodernidad\u00bb se ha intentado construir la fraternidad universal entre los hombres fund\u00e1ndose sobre la igualdad. Poco a poco, sin embargo, hemos comprendido que esta fraternidad, sin referencia a un Padre com\u00fan como fundamento \u00faltimo, no logra subsistir. Es necesario volver a la verdadera ra\u00edz de la fraternidad. Desde su mismo origen, la historia de la fe es una historia de fraternidad, si bien no exenta de conflictos. Dios llama a Abrah\u00e1n a salir de su tierra y le promete hacer de \u00e9l una sola gran naci\u00f3n, un gran pueblo, sobre el que desciende la bendici\u00f3n de Dios (cf. <i>Gn<\/i> 12,1-3). A lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n, el hombre descubre que Dios quiere hacer part\u00edcipes a todos, como hermanos, de la \u00fanica bendici\u00f3n, que encuentra su plenitud en Jes\u00fas, para que todos sean uno. El amor inagotable del Padre se nos comunica en Jes\u00fas, tambi\u00e9n mediante la presencia del hermano. La fe nos ense\u00f1a que cada hombre es una bendici\u00f3n para m\u00ed, que la luz del rostro de Dios me ilumina a trav\u00e9s del rostro del hermano.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos beneficios ha aportado la mirada de la fe a la ciudad de los hombres para contribuir a su vida com\u00fan! Gracias a la fe, hemos descubierto la dignidad \u00fanica de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo. En el siglo II, el pagano Celso reprochaba a los cristianos lo que le parec\u00eda una ilusi\u00f3n y un enga\u00f1o: pensar que Dios hubiera creado el mundo para el hombre, poni\u00e9ndolo en la cima de todo el cosmos. Se preguntaba: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 pretender que [la hierba] crezca para los hombres, y no mejor para los animales salvajes e irracionales?\u00bb<span id='easy-footnote-1-125378' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-4-y-final\/#easy-footnote-bottom-1-125378' title='Or\u00edgenes, &lt;i&gt;Contra Celsum,&lt;\/i&gt; IV, 75: &lt;i&gt;SC&lt;\/i&gt; 136, 372.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. \u00abSi miramos la tierra desde el cielo, \u00bfqu\u00e9 diferencia hay entre nuestras ocupaciones y lo que hacen las hormigas y las abejas?\u00bb<span id='easy-footnote-2-125378' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-4-y-final\/#easy-footnote-bottom-2-125378' title='&lt;i&gt;Ib\u00edd.&lt;\/i&gt;, 85: &lt;i&gt;SC&lt;\/i&gt; 136, 394.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>. En el centro de la fe b\u00edblica est\u00e1 el amor de Dios, su solicitud concreta por cada persona, su designio de salvaci\u00f3n que abraza a la humanidad entera y a toda la creaci\u00f3n, y que alcanza su c\u00faspide en la encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Cuando se oscurece esta realidad, falta el criterio para distinguir lo que hace preciosa y \u00fanica la vida del hombre. \u00c9ste pierde su puesto en el universo, se pierde en la naturaleza, renunciando a su responsabilidad moral, o bien pretende ser \u00e1rbitro absoluto, atribuy\u00e9ndose un poder de manipulaci\u00f3n sin l\u00edmites.<\/p>\n<p>55. La fe, adem\u00e1s, revel\u00e1ndonos el amor de Dios, nos hace respetar m\u00e1s la naturaleza, pues nos hace reconocer en ella una gram\u00e1tica escrita por \u00e9l y una morada que nos ha confiado para cultivarla y salvaguardarla; nos invita a buscar modelos de desarrollo que no se basen s\u00f3lo en la utilidad y el provecho, sino que consideren la creaci\u00f3n como un don del que todos somos deudores; nos ense\u00f1a a identificar formas de gobierno justas, reconociendo que la autoridad viene de Dios para estar al servicio del bien com\u00fan. La fe afirma tambi\u00e9n la posibilidad del perd\u00f3n, que muchas veces necesita tiempo, esfuerzo, paciencia y compromiso; perd\u00f3n posible cuando se descubre que el bien es siempre m\u00e1s originario y m\u00e1s fuerte que el mal, que la palabra con la que Dios afirma nuestra vida es m\u00e1s profunda que todas nuestras negaciones. Por lo dem\u00e1s, incluso desde un punto de vista simplemente antropol\u00f3gico, la unidad es superior al conflicto; hemos de contar tambi\u00e9n con el conflicto, pero experimentarlo debe llevarnos a resolverlo, a superarlo, transform\u00e1ndolo en un eslab\u00f3n de una cadena, en un paso m\u00e1s hacia la unidad.<\/p>\n<p>Cuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos de la vida se debiliten con ella, como advert\u00eda el poeta T. S. Eliot: \u00ab\u00bfTen\u00e9is acaso necesidad de que se os diga que incluso aquellos modestos logros \/ que os permiten estar orgullosos de una sociedad educada \/ dif\u00edcilmente sobrevivir\u00e1n a la fe que les da sentido?\u00bb<span id='easy-footnote-3-125378' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-4-y-final\/#easy-footnote-bottom-3-125378' title='\u00abChoruses from &lt;i&gt;The Rock&lt;\/i&gt;\u00ab, en &lt;i&gt;The Collected Poems and Plays&lt;\/i&gt; 1909-1950, New York 1980, 106. '><sup>3<\/sup><\/a><\/span>. Si hici\u00e9semos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitar\u00eda la confianza entre nosotros, pues quedar\u00edamos unidos s\u00f3lo por el miedo, y la estabilidad estar\u00eda comprometida. La Carta a los Hebreos afirma: \u00abDios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les ten\u00eda preparada una ciudad\u00bb (<i>Hb<\/i> 11,16). La expresi\u00f3n \u00abno tiene reparo\u00bb hace referencia a un reconocimiento p\u00fablico. Indica que Dios, con su intervenci\u00f3n concreta, con su presencia entre nosotros, confiesa p\u00fablicamente su deseo de dar consistencia a las relaciones humanas. \u00bfSeremos en cambio nosotros los que tendremos reparo en llamar a Dios nuestro Dios? \u00bfSeremos capaces de no confesarlo como tal en nuestra vida p\u00fablica, de no proponer la grandeza de la vida com\u00fan que \u00e9l hace posible? La fe ilumina la vida en sociedad; poniendo todos los acontecimientos en relaci\u00f3n con el origen y el destino de todo en el Padre que nos ama, los ilumina con una luz creativa en cada nuevo momento de la historia.<\/p>\n<h3><b><i>Fuerza que conforta en el sufrimiento<\/i><\/b><\/h3>\n<p>56. San Pablo, escribiendo a los cristianos de Corinto sobre sus tribulaciones y sufrimientos, pone su fe en relaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n del Evangelio. Dice que as\u00ed se cumple en \u00e9l el pasaje de la Escritura: \u00abCre\u00ed, por eso habl\u00e9\u00bb (<i>2 Co<\/i> 4,13). Es una cita del Salmo 116. El Ap\u00f3stol se refiere a una expresi\u00f3n del Salmo 116 en la que el salmista exclama: \u00abTen\u00eda fe, aun cuando dije: \u2018\u2018\u00a1Qu\u00e9 desgraciado soy!\u00bb\u00bb (v. 10). Hablar de fe comporta a menudo hablar tambi\u00e9n de pruebas dolorosas, pero precisamente en ellas san Pablo ve el anuncio m\u00e1s convincente del Evangelio, porque en la debilidad y en el sufrimiento se hace manifiesta y palpable el poder de Dios que supera nuestra debilidad y nuestro sufrimiento. El Ap\u00f3stol mismo se encuentra en peligro de muerte, una muerte que se convertir\u00e1 en vida para los cristianos (cf. <i>2 Co<\/i> 4,7-12). En la hora de la prueba, la fe nos ilumina y, precisamente en medio del sufrimiento y la debilidad, aparece claro que \u00abno nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Se\u00f1or\u00bb (<i>2 Co<\/i> 4,5). El cap\u00edtulo 11 de la Carta a los Hebreos termina con una referencia a aquellos que han sufrido por la fe (cf. <i>Hb<\/i> 11,35-38), entre los cuales ocupa un puesto destacado Mois\u00e9s, que ha asumido la afrenta de Cristo (cf. v. 26). El cristiano sabe que siempre habr\u00e1 sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor. Viendo la uni\u00f3n de Cristo con el Padre, incluso en el momento de mayor sufrimiento en la cruz (cf. <i>Mc<\/i> 15,34), el cristiano aprende a participar en la misma mirada de Cristo. Incluso la muerte queda iluminada y puede ser vivida como la \u00faltima llamada de la fe, el \u00faltimo \u00abSal de tu tierra\u00bb, el \u00faltimo \u00abVen\u00bb, pronunciado por el Padre, en cuyas manos nos ponemos con la confianza de que nos sostendr\u00e1 incluso en el paso definitivo.<\/p>\n<p>57. La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. \u00a1Cu\u00e1ntos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de As\u00eds, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acerc\u00e1ndose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar raz\u00f3n cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una l\u00e1mpara, gu\u00eda nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompa\u00f1a, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, \u00abinici\u00f3 y completa nuestra fe\u00bb (<i>Hb<\/i> 12,2).<\/p>\n<p>El sufrimiento nos recuerda que el servicio de la fe al bien com\u00fan es siempre un servicio de esperanza, que mira adelante, sabiendo que s\u00f3lo en Dios, en el futuro que viene de Jes\u00fas resucitado, puede encontrar nuestra sociedad cimientos s\u00f3lidos y duraderos. En este sentido, la fe va de la mano de la esperanza porque, aunque nuestra morada terrenal se destruye, tenemos una mansi\u00f3n eterna, que Dios ha inaugurado ya en Cristo, en su cuerpo (cf. <i>2 Co<\/i> 4,16-5,5). El dinamismo de fe, esperanza y caridad (cf. <i>1 Ts<\/i> 1,3; <i>1 Co<\/i> 13,13) nos permite as\u00ed integrar las preocupaciones de todos los hombres en nuestro camino hacia aquella ciudad \u00abcuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios\u00bb (<i>Hb<\/i> 11,10), porque \u00abla esperanza no defrauda\u00bb (<i>Rm<\/i> 5,5).<\/p>\n<p>En unidad con la fe y la caridad, la esperanza nos proyecta hacia un futuro cierto, que se sit\u00faa en una perspectiva diversa de las propuestas ilusorias de los \u00eddolos del mundo, pero que da un impulso y una fuerza nueva para vivir cada d\u00eda. No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino, que \u00abfragmentan\u00bb el tiempo, transform\u00e1ndolo en espacio. El tiempo es siempre superior al espacio. El espacio cristaliza los procesos; el tiempo, en cambio, proyecta hacia el futuro e impulsa a caminar con esperanza.<\/p>\n<h3><b><i> Bienaventurada la que ha cre\u00eddo (<\/i>Lc <i> 1,45)<\/i><\/b><\/h3>\n<p>58. En la par\u00e1bola del sembrador, san Lucas nos ha dejado estas palabras con las que Jes\u00fas explica el significado de la \u00abtierra buena\u00bb: \u00abSon los que escuchan la palabra con un coraz\u00f3n noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia\u00bb (<i>Lc<\/i> 8,15). En el contexto del Evangelio de Lucas, la menci\u00f3n del coraz\u00f3n noble y generoso, que escucha y guarda la Palabra, es un retrato impl\u00edcito de la fe de la Virgen Mar\u00eda. El mismo evangelista habla de la memoria de Mar\u00eda, que conservaba en su coraz\u00f3n todo lo que escuchaba y ve\u00eda, de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Se\u00f1or es icono perfecto de la fe, como dice santa Isabel: \u00abBienaventurada la que ha cre\u00eddo\u00bb (<i>Lc<\/i> 1,45)<\/p>\n<p>En Mar\u00eda, Hija de Si\u00f3n, se cumple la larga historia de fe del Antiguo Testamento, que incluye la historia de tantas mujeres fieles, comenzando por Sara, mujeres que, junto a los patriarcas, fueron testigos del cumplimiento de las promesas de Dios y del surgimiento de la vida nueva. En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a Mar\u00eda, y ella la acogi\u00f3 con todo su ser, en su coraz\u00f3n, para que tomase carne en ella y naciese como luz para los hombres. San Justino m\u00e1rtir, en su <i>Di\u00e1logo con Trif\u00f3n,<\/i> tiene una hermosa expresi\u00f3n, en la que dice que Mar\u00eda, al aceptar el mensaje del \u00c1ngel, concibi\u00f3 \u00abfe y alegr\u00eda\u00bb<span id='easy-footnote-4-125378' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-4-y-final\/#easy-footnote-bottom-4-125378' title='Cf. &lt;i&gt;Dialogus cum Tryphone Iudaeo,&lt;\/i&gt; 100, 5: &lt;i&gt;PG&lt;\/i&gt; 6, 710.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>. En la Madre de Jes\u00fas, la fe ha dado su mejor fruto, y cuando nuestra vida espiritual da fruto, nos llenamos de alegr\u00eda, que es el signo m\u00e1s evidente de la grandeza de la fe. En su vida, Mar\u00eda ha realizado la peregrinaci\u00f3n de la fe, siguiendo a su Hijo<span id='easy-footnote-5-125378' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-4-y-final\/#easy-footnote-bottom-5-125378' title='Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;i&gt; Lumen gentium,&lt;\/i&gt; sobre la Iglesia, 58.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/francesco\/encyclicals\/documents\/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei_sp.html#_ftn50\" name=\"_ftnref50\"><\/a>. As\u00ed, en Mar\u00eda, el camino de fe del Antiguo Testamento es asumido en el seguimiento de Jes\u00fas y se deja transformar por \u00e9l, entrando a formar parte de la mirada \u00fanica del Hijo de Dios encarnado.<\/p>\n<p>59. Podemos decir que en la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda se realiza eso en lo que antes he insistido, que el creyente est\u00e1 totalmente implicado en su confesi\u00f3n de fe. Mar\u00eda est\u00e1 \u00edntimamente asociada, por su uni\u00f3n con Cristo, a lo que creemos. En la concepci\u00f3n virginal de Mar\u00eda tenemos un signo claro de la filiaci\u00f3n divina de Cristo. El origen eterno de Cristo est\u00e1 en el Padre; \u00e9l es el Hijo, en sentido total y \u00fanico; y por eso, es engendrado en el tiempo sin concurso de var\u00f3n. Siendo Hijo, Jes\u00fas puede traer al mundo un nuevo comienzo y una nueva luz, la plenitud del amor fiel de Dios, que se entrega a los hombres. Por otra parte, la verdadera maternidad de Mar\u00eda ha asegurado para el Hijo de Dios una verdadera historia humana, una verdadera carne, en la que morir\u00e1 en la cruz y resucitar\u00e1 de los muertos. Mar\u00eda lo acompa\u00f1ar\u00e1 hasta la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 19,25), desde donde su maternidad se extender\u00e1 a todos los disc\u00edpulos de su Hijo (cf. <i>Jn<\/i> 19,26-27). Tambi\u00e9n estar\u00e1 presente en el Cen\u00e1culo, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n y de la ascensi\u00f3n, para implorar el don del Esp\u00edritu con los ap\u00f3stoles (cf. <i>Hch<\/i> 1,14). El movimiento de amor entre el Padre y el Hijo en el Esp\u00edritu ha recorrido nuestra historia; Cristo nos atrae a s\u00ed para salvarnos (cf. <i>Jn<\/i> 12,32). En el centro de la fe se encuentra la confesi\u00f3n de Jes\u00fas, Hijo de Dios, nacido de mujer, que nos introduce, mediante el don del Esp\u00edritu santo, en la filiaci\u00f3n adoptiva (cf. <i>Ga<\/i> 4,4-6).<\/p>\n<p>60. Nos dirigimos en oraci\u00f3n a Mar\u00eda, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00a1Madre, ayuda nuestra fe!<br \/>\nAbre nuestro o\u00eddo a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.<br \/>\nAviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.<br \/>\nAy\u00fadanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.<br \/>\nAy\u00fadanos a fiarnos plenamente de \u00e9l, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulaci\u00f3n y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.<br \/>\nSiembra en nuestra fe la alegr\u00eda del Resucitado.<br \/>\nRecu\u00e9rdanos que quien cree no est\u00e1 nunca solo.<br \/>\nEns\u00e9\u00f1anos a mirar con los ojos de Jes\u00fas, para que \u00e9l sea luz en nuestro camino.<br \/>\nY que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el d\u00eda sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p><i>Dado en Roma, junto a San Pedro, el 29 de junio, solemnidad de los Santos Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, del a\u00f1o 2013, primero de mi Pontificado.<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b>FRANCISCUS<\/b><\/p>\n<h2>Descarga la Enc\u00edclica \u00abLumen Fidei\u00bb en formato PDF aqu\u00ed:<\/h2>\n<table width=\"256\" border=\"0\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div>Formato P<em>DF:<\/em><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=267\" target=\"_blank\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"PDF\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/pdf.png?resize=256%2C256\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cap\u00edtulo cuarto: Dios prepara una ciudad para ellos (cf. 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