{"id":125377,"date":"2013-11-18T06:11:10","date_gmt":"2013-11-18T05:11:10","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=125377"},"modified":"2016-07-26T17:41:06","modified_gmt":"2016-07-26T15:41:06","slug":"lumen-fidei-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/","title":{"rendered":"Lumen Fidei (Cap\u00edtulo 3)"},"content":{"rendered":"<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><em><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Lumen-fidei.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-125373\" alt=\"Lumen-fidei\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Lumen-fidei-300x300.jpg?resize=300%2C300\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Resumen:<\/strong><\/em><\/p>\n<p><strong>El tercer cap\u00edtulo<\/strong> (37-49): Transmito lo que he recibido (1 Co 15, 03). Todo el cap\u00edtulo se centra en la importancia de la evangelizaci\u00f3n: quien se ha abierto al amor de Dios, no puede retener este regalo para s\u00ed mismo, escribe el Papa: La luz de Jes\u00fas resplandece sobre el rostro de los cristianos y as\u00ed se difunde, se transmite bajo la forma del contacto, como una llama que se enciende de la otra, y pasa de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la cadena ininterrumpida de testigos de la fe. Esto comporta el v\u00ednculo entre fe y memoria, porque el amor de Dios mantiene unidos todos los tiempos y nos hace contempor\u00e1neos a Jes\u00fas. Por otra parte, se hace \u00abimposible creer cada uno por su cuenta\u00bb, porque la fe no es \u00abuna opci\u00f3n individual\u00bb, sino que abre el yo al \u00abnosotros\u00bb y se da siempre \u00abdentro de la comuni\u00f3n de la Iglesia\u00bb. Por esta raz\u00f3n, \u00abquien cree nunca est\u00e1 solo\u00bb: porque descubre que los espacios de su \u00abyo\u00bb se ampl\u00edan y generan nuevas relaciones que enriquecen la vida.<\/p>\n<p>Hay, sin embargo, un \u00abmedio particular\u00bb por el que la fe se puede transmitir: son los Sacramentos, en los que se comunica \u00abuna memoria encarnada.\u00bb El Papa cita en primer lugar el Bautismo \u2013 tanto de ni\u00f1os como de adultos, en la forma del catecumenado &#8211; que nos recuerda que la fe no es obra del individuo aislado, un acto que se puede cumplir solos, sino que debe ser recibida, en comuni\u00f3n eclesial. \u00abNadie se bautiza a s\u00ed mismo\u00bb, dice la LF. Adem\u00e1s, como el ni\u00f1o que tiene que ser bautizado no puede profesar la fe \u00e9l solo, sino que debe ser apoyado por los padres y por los padrinos, se sigue \u00abla importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la transmisi\u00f3n de la fe.\u00bb En segundo lugar, la Enc\u00edclica cita la Eucarist\u00eda, \u00abprecioso alimento para la fe\u00bb, \u00abacto de memoria, actualizaci\u00f3n del misterio\u00bb y que \u00abconduce del mundo visible al invisible,\u00bb ense\u00f1\u00e1ndonos a ver la profundidad de lo real. El Papa recuerda despu\u00e9s la confesi\u00f3n de la fe, el Credo, en el que el creyente no s\u00f3lo confiesa la fe, sino que se ve implicado en la verdad que confiesa; la oraci\u00f3n, el Padre Nuestro, con el que el cristiano comienza a ver con los ojos de Cristo; el Dec\u00e1logo, entendido no como \u00abun conjunto de preceptos negativos\u00bb, sino como \u00abun conjunto de indicaciones concretas\u00bb para entrar en di\u00e1logo con Dios, \u00abdej\u00e1ndose abrazar por su misericordia\u00bb, \u00abcamino de la gratitud\u00bb hacia la plenitud de la comuni\u00f3n con Dios . Por \u00faltimo, el Papa subraya que la fe es una porque uno es \u00abel Dios conocido y confesado\u00bb, porque se dirige al \u00fanico Se\u00f1or, que nos da la \u00abunidad de visi\u00f3n\u00bb y \u00abes compartida por toda la Iglesia, que forma un solo cuerpo y un solo Esp\u00edritu\u00bb. Dado, pues, que la fe es una sola, entonces tiene que ser confesada en toda su pureza e integridad, \u00abla unidad de la fe es la unidad de la Iglesia\u00bb; quitar algo a la fe es quitar algo a la verdad de la comuni\u00f3n. Adem\u00e1s, ya que la unidad de la fe es la de un organismo vivo, puede asimilar en s\u00ed todo lo que encuentra, demostrando ser universal, cat\u00f3lica, capaz de iluminar y llevar a su mejor expresi\u00f3n todo el cosmos y toda la historia. Esta unidad est\u00e1 garantizada por la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo tercero: Transmito lo que he recibido <\/b><b>(cf. <i>1 Co <\/i>15,3)<\/b><\/h2>\n<h3><b><i>La Iglesia, madre de nuestra fe<\/i><\/b><\/h3>\n<p>37. Quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para s\u00ed. La fe, puesto que es escucha y visi\u00f3n, se transmite tambi\u00e9n como palabra y luz. El ap\u00f3stol Pablo, hablando a los Corintios, usa precisamente estas dos im\u00e1genes. Por una parte dice: \u00abPero teniendo el mismo esp\u00edritu de fe, seg\u00fan lo que est\u00e1 escrito: <i>Cre\u00ed, por eso habl\u00e9,<\/i> tambi\u00e9n nosotros creemos y por eso hablamos\u00bb (<i>2 Co<\/i> 4,13). La palabra recibida se convierte en respuesta, confesi\u00f3n y, de este modo, resuena para los otros, invit\u00e1ndolos a creer. Por otra parte, san Pablo se refiere tambi\u00e9n a la luz: \u00abReflejamos la gloria del Se\u00f1or y nos vamos transformando en su imagen\u00bb (<i>2 Co<\/i> 3,18). Es una luz que se refleja de rostro en rostro, como Mois\u00e9s reflejaba la gloria de Dios despu\u00e9s de haber hablado con \u00e9l: \u00ab[Dios] ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo\u00bb (<i>2 Co<\/i> 4,6). La luz de Cristo brilla como en un espejo en el rostro de los cristianos, y as\u00ed se difunde y llega hasta nosotros, de modo que tambi\u00e9n nosotros podamos participar en esta visi\u00f3n y reflejar a otros su luz, igual que en la liturgia pascual la luz del cirio enciende otras muchas velas. La fe se transmite, por as\u00ed decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama. Los cristianos, en su pobreza, plantan una semilla tan fecunda, que se convierte en un gran \u00e1rbol que es capaz de llenar el mundo de frutos.<\/p>\n<p>38. La transmisi\u00f3n de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa tambi\u00e9n por las coordenadas temporales, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Puesto que la fe nace de un encuentro que se produce en la historia e ilumina el camino a lo largo del tiempo, tiene necesidad de transmitirse a trav\u00e9s de los siglos. Y mediante una cadena ininterrumpida de testimonios llega a nosotros el rostro de Jes\u00fas. \u00bfC\u00f3mo es posible esto? \u00bfC\u00f3mo podemos estar seguros de llegar al \u00abverdadero Jes\u00fas\u00bb a trav\u00e9s de los siglos? Si el hombre fuese un individuo aislado, si parti\u00e9semos solamente del \u00abyo\u00bb individual, que busca en s\u00ed mismo la seguridad del conocimiento, esta certeza ser\u00eda imposible. No puedo ver por m\u00ed mismo lo que ha sucedido en una \u00e9poca tan distante de la m\u00eda. Pero \u00e9sta no es la \u00fanica manera que tiene el hombre de conocer. La persona vive siempre en relaci\u00f3n. Proviene de otros, pertenece a otros, su vida se ensancha en el encuentro con otros. Incluso el conocimiento de s\u00ed, la misma autoconciencia, es relacional y est\u00e1 vinculada a otros que nos han precedido: en primer lugar nuestros padres, que nos han dado la vida y el nombre. El lenguaje mismo, las palabras con que interpretamos nuestra vida y nuestra realidad, nos llega a trav\u00e9s de otros, guardado en la memoria viva de otros. El conocimiento de uno mismo s\u00f3lo es posible cuando participamos en una memoria m\u00e1s grande. Lo mismo sucede con la fe, que lleva a su plenitud el modo humano de comprender. El pasado de la fe, aquel acto de amor de Jes\u00fas, que ha hecho germinar en el mundo una vida nueva, nos llega en la memoria de otros, de testigos, conservado vivo en aquel sujeto \u00fanico de memoria que es la Iglesia. La Iglesia es una Madre que nos ense\u00f1a a hablar el lenguaje de la fe. San Juan, en su Evangelio, ha insistido en este aspecto, uniendo fe y memoria, y asociando ambas a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo que, como dice Jes\u00fas, \u00abos ir\u00e1 recordando todo\u00bb (<i>Jn<\/i> 14,26). El Amor, que es el Esp\u00edritu y que mora en la Iglesia, mantiene unidos entre s\u00ed todos los tiempos y nos hace contempor\u00e1neos de Jes\u00fas, convirti\u00e9ndose en el gu\u00eda de nuestro camino de fe.<\/p>\n<p>39. Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es \u00fanicamente una opci\u00f3n individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relaci\u00f3n exclusiva entre el \u00abyo\u00bb del fiel y el \u00abT\u00fa\u00bb divino, entre un sujeto aut\u00f3nomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al \u00abnosotros\u00bb, se da siempre dentro de la comuni\u00f3n de la Iglesia. Nos lo recuerda la forma dialogada del <i>Credo,<\/i> usada en la liturgia bautismal. El creer se expresa como respuesta a una invitaci\u00f3n, a una palabra que ha de ser escuchada y que no procede de m\u00ed, y por eso forma parte de un di\u00e1logo; no puede ser una mera confesi\u00f3n que nace del individuo. Es posible responder en primera persona, \u00abcreo\u00bb, s\u00f3lo porque se forma parte de una gran comuni\u00f3n, porque tambi\u00e9n se dice \u00abcreemos\u00bb. Esta apertura al \u00abnosotros\u00bb eclesial refleja la apertura propia del amor de Dios, que no es s\u00f3lo relaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo, entre el \u00abyo\u00bb y el \u00abt\u00fa\u00bb, sino que en el Esp\u00edritu, es tambi\u00e9n un \u00abnosotros\u00bb, una comuni\u00f3n de personas. Por eso, quien cree nunca est\u00e1 solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegr\u00eda con otros. Quien recibe la fe descubre que las dimensiones de su \u00abyo\u00bb se ensanchan, y entabla nuevas relaciones que enriquecen la vida. Tertuliano lo ha expresado incisivamente, diciendo que el catec\u00fameno, \u00abtras el nacimiento nuevo por el bautismo\u00bb, es recibido en la casa de la Madre para alzar las manos y rezar, junto a los hermanos, el Padrenuestro, como signo de su pertenencia a una nueva familia<span id='easy-footnote-1-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-1-125377' title='Cf. &lt;i&gt;De Baptismo&lt;\/i&gt;, 20, 5: &lt;i&gt;CCL&lt;\/i&gt; I, 295.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><b><i>Los sacramentos y la transmisi\u00f3n de la fe<\/i><\/b><\/h3>\n<p>40. La Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos el contenido de su memoria. \u00bfC\u00f3mo hacerlo de manera que nada se pierda y, m\u00e1s bien, todo se profundice cada vez m\u00e1s en el patrimonio de la fe? Mediante la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, conservada en la Iglesia con la asistencia del Esp\u00edritu Santo, tenemos un contacto vivo con la memoria fundante. Como afirma el Concilio ecum\u00e9nico Vaticano II, \u00ablo que los Ap\u00f3stoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; as\u00ed la Iglesia con su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb<span id='easy-footnote-2-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-2-125377' title='Const. dogm. &lt;i&gt; Dei Verbum&lt;\/i&gt;, sobre la divina revelaci\u00f3n, 8.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>En efecto, la fe necesita un \u00e1mbito en el que se pueda testimoniar y comunicar, un \u00e1mbito adecuado y proporcionado a lo que se comunica. Para transmitir un contenido meramente doctrinal, una idea, quiz\u00e1s ser\u00eda suficiente un libro, o la reproducci\u00f3n de un mensaje oral. Pero lo que se comunica en la Iglesia, lo que se transmite en su Tradici\u00f3n viva, es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el coraz\u00f3n, implicando su mente, su voluntad y su afectividad, abri\u00e9ndola a relaciones vivas en la comuni\u00f3n con Dios y con los otros. Para transmitir esta riqueza hay un medio particular, que pone en juego a toda la persona, cuerpo, esp\u00edritu, interioridad y relaciones. Este medio son los sacramentos, celebrados en la liturgia de la Iglesia. En ellos se comunica una memoria encarnada, ligada a los tiempos y lugares de la vida, asociada a todos los sentidos; implican a la persona, como miembro de un sujeto vivo, de un tejido de relaciones comunitarias. Por eso, si bien, por una parte, los sacramentos son sacramentos de la fe<span id='easy-footnote-3-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-3-125377' title='Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. &lt;i&gt; Sacrosanctum Concilium,&lt;\/i&gt; sobre la sagrada liturgia, 59.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>, tambi\u00e9n se debe decir que la fe tiene una estructura sacramental. El despertar de la fe pasa por el despertar de un nuevo sentido sacramental de la vida del hombre y de la existencia cristiana, en el que lo visible y material est\u00e1 abierto al misterio de lo eterno.<\/p>\n<p>41. La transmisi\u00f3n de la fe se realiza en primer lugar mediante el bautismo. Pudiera parecer que el bautismo es s\u00f3lo un modo de simbolizar la confesi\u00f3n de fe, un acto pedag\u00f3gico para quien tiene necesidad de im\u00e1genes y gestos, pero del que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, se podr\u00eda prescindir. Unas palabras de san Pablo, a prop\u00f3sito del bautismo, nos recuerdan que no es as\u00ed. Dice \u00e9l que \u00abpor el bautismo fuimos sepultados en \u00e9l en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucit\u00f3 de entre los muertos por la gloria del Padre, as\u00ed tambi\u00e9n nosotros andemos en una vida nueva\u00bb (<i>Rm<\/i> 6,4). Mediante el bautismo nos convertimos en criaturas nuevas y en hijos adoptivos de Dios. El Ap\u00f3stol afirma despu\u00e9s que el cristiano ha sido entregado a un \u00abmodelo de doctrina\u00bb (<i>typos didach\u00e9s<\/i>), al que obedece de coraz\u00f3n (cf. <i>Rm<\/i> 6,17). En el bautismo el hombre recibe tambi\u00e9n una doctrina que profesar y una forma concreta de vivir, que implica a toda la persona y la pone en el camino del bien. Es transferido a un \u00e1mbito nuevo, colocado en un nuevo ambiente, con una forma nueva de actuar en com\u00fan, en la Iglesia. El bautismo nos recuerda as\u00ed que la fe no es obra de un individuo aislado, no es un acto que el hombre pueda realizar contando s\u00f3lo con sus fuerzas, sino que tiene que ser recibida, entrando en la comuni\u00f3n eclesial que transmite el don de Dios: nadie se bautiza a s\u00ed mismo, igual que nadie nace por su cuenta. Hemos sido bautizados.<\/p>\n<p>42. \u00bfCu\u00e1les son los elementos del bautismo que nos introducen en este nuevo \u00abmodelo de doctrina\u00bb? Sobre el catec\u00fameno se invoca, en primer lugar, el nombre de la Trinidad: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. Se le presenta as\u00ed desde el principio un resumen del camino de la fe. El Dios que ha llamado a Abrah\u00e1n y ha querido llamarse su Dios, el Dios que ha revelado su nombre a Mois\u00e9s, el Dios que, al entregarnos a su Hijo, nos ha revelado plenamente el misterio de su Nombre, da al bautizado una nueva condici\u00f3n filial. As\u00ed se ve claro el sentido de la acci\u00f3n que se realiza en el bautismo, la inmersi\u00f3n en el agua: el agua es s\u00edmbolo de muerte, que nos invita a pasar por la conversi\u00f3n del \u00abyo\u00bb, para que pueda abrirse a un \u00abYo\u00bb m\u00e1s grande; y a la vez es s\u00edmbolo de vida, del seno del que renacemos para seguir a Cristo en su nueva existencia. De este modo, mediante la inmersi\u00f3n en el agua, el bautismo nos habla de la estructura encarnada de la fe. La acci\u00f3n de Cristo nos toca en nuestra realidad personal, transform\u00e1ndonos radicalmente, haci\u00e9ndonos hijos adoptivos de Dios, part\u00edcipes de su naturaleza divina; modifica as\u00ed todas nuestras relaciones, nuestra forma de estar en el mundo y en el cosmos, abri\u00e9ndolas a su misma vida de comuni\u00f3n. Este dinamismo de transformaci\u00f3n propio del bautismo nos ayuda a comprender la importancia que tiene hoy el catecumenado para la nueva evangelizaci\u00f3n, tambi\u00e9n en las sociedades de antiguas ra\u00edces cristianas, en las cuales cada vez m\u00e1s adultos se acercan al sacramento del bautismo. El catecumenado es camino de preparaci\u00f3n para el bautismo, para la transformaci\u00f3n de toda la existencia en Cristo.<\/p>\n<p>Un texto del profeta Isa\u00edas, que ha sido relacionado con el bautismo en la literatura cristiana antigua, nos puede ayudar a comprender la conexi\u00f3n entre el bautismo y la fe: \u00abTendr\u00e1 su alc\u00e1zar en un picacho rocoso\u2026 con provisi\u00f3n de agua\u00bb (<i>Is<\/i> 33,16)<span id='easy-footnote-4-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-4-125377' title='Cf. &lt;i&gt;Epistula Barnabae,&lt;\/i&gt; 11, 5: &lt;i&gt;SC&lt;\/i&gt; 172, 162.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>. El bautizado, rescatado del agua de la muerte, puede ponerse en pie sobre el \u00abpicacho rocoso\u00bb, porque ha encontrado algo consistente donde apoyarse. As\u00ed, el agua de muerte se transforma en agua de vida. El texto griego lo llama agua <i>pist\u00f3s<\/i>, agua \u00abfiel\u00bb. El agua del bautismo es fiel porque se puede confiar en ella, porque su corriente introduce en la din\u00e1mica del amor de Jes\u00fas, fuente de seguridad para el camino de nuestra vida.<\/p>\n<p>43. La estructura del bautismo, su configuraci\u00f3n como nuevo nacimiento, en el que recibimos un nuevo nombre y una nueva vida, nos ayuda a comprender el sentido y la importancia del bautismo de ni\u00f1os, que ilustra en cierto modo lo que se verifica en todo bautismo. El ni\u00f1o no es capaz de un acto libre para recibir la fe, no puede confesarla todav\u00eda personalmente y, precisamente por eso, la confiesan sus padres y padrinos en su nombre. La fe se vive dentro de la comunidad de la Iglesia, se inscribe en un \u00abnosotros\u00bb comunitario. As\u00ed, el ni\u00f1o es sostenido por otros, por sus padres y padrinos, y es acogido en la fe de ellos, que es la fe de la Iglesia, simbolizada en la luz que el padre enciende en el cirio durante la liturgia bautismal. Esta estructura del bautismo destaca la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la transmisi\u00f3n de la fe. A los padres corresponde, seg\u00fan una sentencia de san Agust\u00edn, no s\u00f3lo engendrar a los hijos, sino tambi\u00e9n llevarlos a Dios, para que sean regenerados como hijos de Dios por el bautismo y reciban el don de la fe<span id='easy-footnote-5-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-5-125377' title='Cf. &lt;i&gt;De nuptiis et concupiscentia,&lt;\/i&gt; I, 4, 5: &lt;i&gt;PL&lt;\/i&gt; 44,413: \u00ab&lt;i&gt;Habent quippe intentionem generandi regenerandos, ut qui ex eis saeculi filii nascuntur in Dei filios renascantur &lt;\/i&gt;\u00ab.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>. Junto a la vida, les dan as\u00ed la orientaci\u00f3n fundamental de la existencia y la seguridad de un futuro de bien, orientaci\u00f3n que ser\u00e1 ulteriormente corroborada en el sacramento de la confirmaci\u00f3n con el sello del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>44. La naturaleza sacramental de la fe alcanza su m\u00e1xima expresi\u00f3n en la eucarist\u00eda, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de s\u00ed mismo, que genera vida. En la eucarist\u00eda confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la eucarist\u00eda es un acto de memoria, actualizaci\u00f3n del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrecci\u00f3n, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. La liturgia nos lo recuerda con su <i>hodie,<\/i> el \u00abhoy\u00bb de los misterios de la salvaci\u00f3n. Por otra parte, confluye en ella tambi\u00e9n el eje que lleva del mundo visible al invisible. En la eucarist\u00eda aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creaci\u00f3n hacia su plenitud en Dios.<\/p>\n<p>45. En la celebraci\u00f3n de los sacramentos, la Iglesia transmite su memoria, en particular mediante la profesi\u00f3n de fe. \u00c9sta no consiste s\u00f3lo en asentir a un conjunto de verdades abstractas. Antes bien, en la confesi\u00f3n de fe, toda la vida se pone en camino hacia la comuni\u00f3n plena con el Dios vivo. Podemos decir que en el <i>Credo<\/i> el creyente es invitado a entrar en el misterio que profesa y a dejarse transformar por lo que profesa. Para entender el sentido de esta afirmaci\u00f3n, pensemos antes que nada en el contenido del <i>Credo.<\/i> Tiene una estructura trinitaria: el Padre y el Hijo se unen en el Esp\u00edritu de amor. El creyente afirma as\u00ed que el centro del ser, el secreto m\u00e1s profundo de todas las cosas, es la comuni\u00f3n divina. Adem\u00e1s, el <i>Credo<\/i> contiene tambi\u00e9n una profesi\u00f3n cristol\u00f3gica: se recorren los misterios de la vida de Jes\u00fas hasta su muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n al cielo, en la espera de su venida gloriosa al final de los tiempos. Se dice, por tanto, que este Dios comuni\u00f3n, intercambio de amor entre el Padre y el Hijo en el Esp\u00edritu, es capaz de abrazar la historia del hombre, de introducirla en su dinamismo de comuni\u00f3n, que tiene su origen y su meta \u00faltima en el Padre. Quien confiesa la fe, se ve implicado en la verdad que confiesa. No puede pronunciar con verdad las palabras del <i>Credo<\/i> sin ser transformado, sin inserirse en la historia de amor que lo abraza, que dilata su ser haci\u00e9ndolo parte de una comuni\u00f3n grande, del sujeto \u00faltimo que pronuncia el <i>Credo<\/i>, que es la Iglesia. Todas las verdades que se creen proclaman el misterio de la vida nueva de la fe como camino de comuni\u00f3n con el Dios vivo.<\/p>\n<h3><b><i>Fe, oraci\u00f3n y dec\u00e1logo<\/i><\/b><\/h3>\n<p>46. Otros dos elementos son esenciales en la transmisi\u00f3n fiel de la memoria de la Iglesia. En primer lugar, la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, el Padrenuestro. En ella, el cristiano aprende a compartir la misma experiencia espiritual de Cristo y comienza a ver con los ojos de Cristo. A partir de aquel que es luz de luz, del Hijo Unig\u00e9nito del Padre, tambi\u00e9n nosotros conocemos a Dios y podemos encender en los dem\u00e1s el deseo de acercarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, es tambi\u00e9n importante la conexi\u00f3n entre la fe y el dec\u00e1logo. La fe, como hemos dicho, se presenta como un camino, una v\u00eda a recorrer, que se abre en el encuentro con el Dios vivo. Por eso, a la luz de la fe, de la confianza total en el Dios Salvador, el dec\u00e1logo adquiere su verdad m\u00e1s profunda, contenida en las palabras que introducen los diez mandamientos: \u00abYo soy el Se\u00f1or, tu Dios, que te saqu\u00e9 de la tierra de Egipto\u00bb (<i>Ex<\/i> 20,2). El dec\u00e1logo no es un conjunto de preceptos negativos, sino indicaciones concretas para salir del desierto del \u00abyo\u00bb autorreferencial, cerrado en s\u00ed mismo, y entrar en di\u00e1logo con Dios, dej\u00e1ndose abrazar por su misericordia para ser portador de su misericordia. As\u00ed, la fe confiesa el amor de Dios, origen y fundamento de todo, se deja llevar por este amor para caminar hacia la plenitud de la comuni\u00f3n con Dios. El dec\u00e1logo es el camino de la gratitud, de la respuesta de amor, que es posible porque, en la fe, nos hemos abierto a la experiencia del amor transformante de Dios por nosotros. Y este camino recibe una nueva luz en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, en el Discurso de la Monta\u00f1a (cf. <i>Mt<\/i> 5-7).<\/p>\n<p>He tocado as\u00ed los cuatro elementos que contienen el tesoro de memoria que la Iglesia transmite: la confesi\u00f3n de fe, la celebraci\u00f3n de los sacramentos, el camino del dec\u00e1logo, la oraci\u00f3n. La catequesis de la Iglesia se ha organizado en torno a ellos, incluido el <i> Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica,<\/i> instrumento fundamental para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica el contenido completo de la fe, \u00abtodo lo que ella es, todo lo que cree\u00bb<span id='easy-footnote-6-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-6-125377' title='Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;i&gt; Dei Verbum&lt;\/i&gt;, sobre la divina revelaci\u00f3n, 8.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><b><i> Unidad e integridad de la fe<\/i><\/b><\/h3>\n<p>47. La unidad de la Iglesia, en el tiempo y en el espacio, est\u00e1 ligada a la unidad de la fe: \u00abUn solo cuerpo y un solo esp\u00edritu [\u2026] una sola fe\u00bb (<i>Ef<\/i> 4,4-5). Hoy puede parecer posible una uni\u00f3n entre los hombres en una tarea com\u00fan, en el compartir los mismos sentimientos o la misma suerte, en una meta com\u00fan. Pero resulta muy dif\u00edcil concebir una unidad en la misma verdad. Nos da la impresi\u00f3n de que una uni\u00f3n de este tipo se opone a la libertad de pensamiento y a la autonom\u00eda del sujeto. En cambio, la experiencia del amor nos dice que precisamente en el amor es posible tener una visi\u00f3n com\u00fan, que amando aprendemos a ver la realidad con los ojos del otro, y que eso no nos empobrece, sino que enriquece nuestra mirada. El amor verdadero, a medida del amor divino, exige la verdad y, en la mirada com\u00fan de la verdad, que es Jesucristo, adquiere firmeza y profundidad. En esto consiste tambi\u00e9n el gozo de creer, en la unidad de visi\u00f3n en un solo cuerpo y en un solo esp\u00edritu. En este sentido san Le\u00f3n Magno dec\u00eda: \u00abSi la fe no es una, no es fe\u00bb<span id='easy-footnote-7-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-7-125377' title='&lt;i&gt;In nativitate Domini sermo&lt;\/i&gt; 4, 6: SC 22, 110.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el secreto de esta unidad? La fe es \u00abuna\u00bb, en primer lugar, por la unidad del Dios conocido y confesado. Todos los art\u00edculos de la fe se refieren a \u00e9l, son v\u00edas para conocer su ser y su actuar, y por eso forman una unidad superior a cualquier otra que podamos construir con nuestro pensamiento, la unidad que nos enriquece, porque se nos comunica y nos hace \u00abuno\u00bb.<\/p>\n<p>La fe es una, adem\u00e1s, porque se dirige al \u00fanico Se\u00f1or, a la vida de Jes\u00fas, a su historia concreta que comparte con nosotros. San Ireneo de Lyon ha clarificado este punto contra los herejes gn\u00f3sticos. \u00c9stos distingu\u00edan dos tipos de fe, una fe ruda, la fe de los simples, imperfecta, que no iba m\u00e1s all\u00e1 de la carne de Cristo y de la contemplaci\u00f3n de sus misterios; y otro tipo de fe, m\u00e1s profundo y perfecto, la fe verdadera, reservada a un peque\u00f1o c\u00edrculo de iniciados, que se eleva con el intelecto hasta los misterios de la divinidad desconocida, m\u00e1s all\u00e1 de la carne de Cristo. Ante este planteamiento, que sigue teniendo su atractivo y sus defensores tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas, san Ireneo defiende que la fe es una sola, porque pasa siempre por el punto concreto de la encarnaci\u00f3n, sin superar nunca la carne y la historia de Cristo, ya que Dios se ha querido revelar plenamente en ella. Y, por eso, no hay diferencia entre la fe de \u00abaquel que destaca por su elocuencia\u00bb y de \u00abquien es m\u00e1s d\u00e9bil en la palabra\u00bb, entre quien es superior y quien tiene menos capacidad: ni el primero puede ampliar la fe, ni el segundo reducirla<span id='easy-footnote-8-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-8-125377' title='Cf. Ireneo, &lt;i&gt;Adversus haereses,&lt;\/i&gt; I, 10, 2: &lt;i&gt;SC&lt;\/i&gt; 264, 160.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la fe es una porque es compartida por toda la Iglesia, que forma un solo cuerpo y un solo esp\u00edritu. En la comuni\u00f3n del \u00fanico sujeto que es la Iglesia, recibimos una mirada com\u00fan. Confesando la misma fe, nos apoyamos sobre la misma roca, somos transformados por el mismo Esp\u00edritu de amor, irradiamos una \u00fanica luz y tenemos una \u00fanica mirada para penetrar la realidad.<\/p>\n<p>48. Dado que la fe es una sola, debe ser confesada en toda su pureza e integridad. Precisamente porque todos los art\u00edculos de la fe forman una unidad, negar uno de ellos, aunque sea de los que parecen menos importantes, produce un da\u00f1o a la totalidad. Cada \u00e9poca puede encontrar algunos puntos de la fe m\u00e1s f\u00e1ciles o dif\u00edciles de aceptar: por eso es importante vigilar para que se transmita todo el dep\u00f3sito de la fe (cf. <i>1 Tm<\/i> 6,20), para que se insista oportunamente en todos los aspectos de la confesi\u00f3n de fe. En efecto, puesto que la unidad de la fe es la unidad de la Iglesia, quitar algo a la fe es quitar algo a la verdad de la comuni\u00f3n. Los Padres han descrito la fe como un cuerpo, el cuerpo de la verdad, que tiene diversos miembros, en analog\u00eda con el Cuerpo de Cristo y con su prolongaci\u00f3n en la Iglesia<span id='easy-footnote-9-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-9-125377' title='Cf. &lt;i&gt;ib\u00edd.&lt;\/i&gt;, II, 27, 1: &lt;i&gt;SC&lt;\/i&gt; 294, 264.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>. La integridad de la fe tambi\u00e9n se ha relacionado con la imagen de la Iglesia virgen, con su fidelidad al amor esponsal a Cristo: menoscabar la fe significa menoscabar la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or<span id='easy-footnote-10-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-10-125377' title='Cf. Agust\u00edn, &lt;i&gt;De sancta virginitate,&lt;\/i&gt; 48, 48: &lt;i&gt;PL&lt;\/i&gt; 40, 424-425: \u00ab&lt;i&gt;Servatur et in fide inviolata quaedam castitas virginalis, qua Ecclesia uni viro virgo casta cooptatur&lt;\/i&gt;\u00ab.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>. La unidad de la fe es, por tanto, la de un organismo vivo, como bien ha explicado el beato John Henry Newman, que pon\u00eda entre las notas caracter\u00edsticas para asegurar la continuidad de la doctrina en el tiempo, su capacidad de asimilar todo lo que encuentra<span id='easy-footnote-11-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-11-125377' title='Cf. &lt;i&gt;An Essay on the Development of Christian Doctrine,&lt;\/i&gt; Uniform Edition: Longmans, Green and Company, London, 1868-1881, 185-189.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>, purific\u00e1ndolo y llev\u00e1ndolo a su mejor expresi\u00f3n. La fe se muestra as\u00ed universal, cat\u00f3lica, porque su luz crece para iluminar todo el cosmos y toda la historia.<\/p>\n<p>49. Como servicio a la unidad de la fe y a su transmisi\u00f3n \u00edntegra, el Se\u00f1or ha dado a la Iglesia el don de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. Por medio de ella, la continuidad de la memoria de la Iglesia est\u00e1 garantizada y es posible beber con seguridad en la fuente pura de la que mana la fe. Como la Iglesia transmite una fe viva, han de ser personas vivas las que garanticen la conexi\u00f3n con el origen. La fe se basa en la fidelidad de los testigos que han sido elegidos por el Se\u00f1or para esa misi\u00f3n. Por eso, el Magisterio habla siempre en obediencia a la Palabra originaria sobre la que se basa la fe, y es fiable porque se f\u00eda de la Palabra que escucha, custodia y expone<span id='easy-footnote-12-125377' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-3\/#easy-footnote-bottom-12-125377' title='Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;i&gt; Dei Verbum&lt;\/i&gt;, sobre la divina revelaci\u00f3n, 10.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>. En el discurso de despedida a los ancianos de \u00c9feso en Mileto, recogido por san Lucas en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, san Pablo afirma haber cumplido el encargo que el Se\u00f1or le confi\u00f3 de anunciar \u00abenteramente el plan de Dios\u00bb (<i>Hch<\/i> 20,27). Gracias al Magisterio de la Iglesia nos puede llegar \u00edntegro este plan y, con \u00e9l, la alegr\u00eda de poder cumplirlo plenamente.<\/p>\n<h2>Descarga la Enc\u00edclica \u00abLumen Fidei\u00bb en formato PDF aqu\u00ed:<\/h2>\n<table width=\"256\" border=\"0\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div>Formato P<em>DF:<\/em><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=267\" target=\"_blank\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"PDF\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/pdf.png?resize=256%2C256\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cap\u00edtulo tercero: Transmito lo que he recibido (cf. 1 Co 15,3) La Iglesia, madre de nuestra fe 37. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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