{"id":124906,"date":"2015-03-15T04:30:10","date_gmt":"2015-03-15T03:30:10","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=124906"},"modified":"2016-07-26T17:27:17","modified_gmt":"2016-07-26T15:27:17","slug":"luisa-de-marillac-encuentro-con-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-encuentro-con-los-pobres\/","title":{"rendered":"Luisa de Marillac: encuentro con los pobres"},"content":{"rendered":"<h2><i>Preparaci\u00f3n para el encuentro<\/i><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/St_Louise_de_Marillac_teaching.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-141522\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/St_Louise_de_Marillac_teaching-294x300.jpg?resize=294%2C300\" alt=\"St_Louise_de_Marillac_teaching\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>De 1625 a 1629, Luisa fue descubriendo su vocaci\u00f3n. Su vida espiritual continuaba la que llev\u00f3 de casada, con un fondo cercano a la llamada Escuela Abstracta que le inculca\u00adron sus primeros directores. Con el nuevo director, hizo un proyecto de vida sin romper su devoci\u00f3n anterior, centrada en ella y en Dios. Para estar m\u00e1s cerca del director de su conciencia, se instal\u00f3 en una vivienda alquilada en el barrio de San V\u00edctor, cerca del co\u00adlegio de Bons Enfants, donde viv\u00eda Vicente de Pa\u00fal. Abandonar el barrio arist\u00f3crata del Marais, en la margen derecha, residencia de nobles y burgueses, por la margen izquierda, repleta de conventos y de estudiantes, viene a ser el s\u00edmbolo del cambio que realiz\u00f3.<\/p>\n<p>Las dos primeras cartas, que conservamos dirigidas a San Vicente (3 y 4) nos presen\u00adtan a una viuda que lleva con su sirvienta una vida tranquila. Realiza para los pobres al\u00adgunas labores que le ha encargado su director, pero sus mayores preocupaciones son con\u00adservar la vocaci\u00f3n sacerdotal de su hijo y la b\u00fasqueda de Dios en la piedad. Se re\u00fane con una amiga y pariente lejana, la se\u00f1orita du Fay; con ella y con la superiora de la Visita\u00adci\u00f3n, habla de Dios y de la vida espiritual. Por las cartas, vemos cierta intimidad en Dios entre el director y las dos se\u00f1oritas. El director suele pedirles algo de dinero y de ropa pa\u00adra los pobres.<\/p>\n<p>A su director, Luisa lo trata de <i>padre m\u00edo, y <\/i>\u00e9l la llama <i>hija m\u00eda. <\/i>A su lado, la se\u00f1ori\u00adta Le Gras contempla sus obras y descubre un nuevo modo de seguir el evangelio y el cris\u00adtianismo. Junto a \u00e9l, examina el mundo con los mismos ojos que su director. Sin forzar\u00adla, s\u00f3lo mostr\u00e1ndole las calles y los pobres, se va haciendo un trasvase de sentimientos, de experiencias y de pensamientos. Al final de estos cuatro a\u00f1os, el viraje de esta mujer fue total. Hasta encontrar a Vicente de Pa\u00fal, ve\u00eda el mundo desde ella y en funci\u00f3n de su persona; despu\u00e9s de encontrarlo, se mirar\u00e1 ella desde el destino de los pobres. Fueron cua\u00adtro a\u00f1os de conversi\u00f3n. Gobillon los llam\u00f3 \u00abuna especie de noviciado\u00bb (pg. 30).<\/p>\n<h2><i>Comienzo del encuentro<\/i><\/h2>\n<p>En los primeros meses de 1629, la se\u00f1orita Le Gras tom\u00f3, por s\u00ed misma, una decisi\u00f3n que trastoc\u00f3 su vida entera y la convirti\u00f3 en otra mujer: decidi\u00f3 entregarse a los pobres y ofrecerse a Vicente de Pa\u00fal para ayudarle en la marcha de las Caridades. Vicente, aunque lo esperaba, se emocion\u00f3. El 6 de mayo de 1629, la env\u00eda a encontrarse con los pobres por primera vez. Propiamente, llevaba el encargo de visitar las Caridades, observarlas, animar\u00edas y hacer un informe de cada una de ellas. Enternecido, la anim\u00f3 con una carta pa\u00adra ella y otras para los p\u00e1rrocos de los pueblos y para las Caridades:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSe\u00f1orita: Le env\u00edo las cartas y la memoria que ser\u00e1n menester para su viaje. Vaya, pues, en nombre de nuestro Se\u00f1or. Ruego a su divina bondad que la acom\u00adpa\u00f1e, que sea su consuelo en el camino, su sombra contra el ardor del sol, el am\u00adparo de la lluvia y del fr\u00edo, lecho blando en su cansancio, fuerza en su trabajo y que, finalmente, la devuelva en perfecta salud y llena de buenas obras\u00bb. (I,c.38; to\u00admado del Itinerarium clericorum).<\/p>\n<p>Y a\u00f1ade una serie de recomendaciones prudentes y consejos cari\u00f1osos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Desde este d\u00eda, \u00e9l casi nunca m\u00e1s la llamar\u00e1 <i>hija m\u00eda, <\/i>sino <i>se\u00f1orita, y <\/i>ella no le dir\u00e1 ya <i>padre m\u00edo, <\/i>sino <i>se\u00f1or, <\/i>y desde comienzos de 1649 lo llamar\u00e1 <i>muy honorable padre. <\/i>Es la imagen del cambio realizado. Aunque siga siendo su director, para Vicente, Luisa es m\u00e1s que una dirigida.<\/p>\n<p>Es enviada por el Director a visitar las Caridades de los pueblos y es recibida por las Caridades como una <i>Visitadora <\/i>oficial de parte del fundador y promotor, Vicente de Pa\u00fal que reside en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Par\u00eds era la ciudad del rey y \u00e9ste la consideraba su ciudad. En su ciudad, se apoyaba en las necesidades del reino, como en 1636, el a\u00f1o de Corbie, y, cuando quer\u00eda castigar\u00adla o demostrar su enfado, hu\u00eda de Par\u00eds a otra ciudad, como en tiempo de las Frondas. Con\u00advendr\u00eda estudiar el papel de Par\u00eds en el desarrollo y expansi\u00f3n de las Caridades y de las Hijas de la Caridad. El rey y la corte sienten que toda obra de envergadura que se pro\u00adyecte sobre la naci\u00f3n debe programarse desde Par\u00eds y con Par\u00eds: las Damas del Gran Hos\u00adpital de Par\u00eds y las Hijas de la Caridad eran una cofrad\u00eda o unas compa\u00f1\u00edas centralizadas en Par\u00eds. En un documento atribuido a Luisa, se lee: \u00abLas Damas de la Compa\u00f1\u00eda han re\u00adconocido las necesidades de las provincias y Dios les ha hecho la gracia de socorrerlas tan caritativa y magn\u00edficamente que Par\u00eds ha servido de admiraci\u00f3n y ejemplo para todo el reino\u00bb (E 71).<\/p>\n<p>Par\u00eds era adem\u00e1s la capital de Francia. \u00abLutetia parisiorum urbs, toto orbe celeberrima notissimaque, caput regni Franciae\u00bb [Par\u00eds, ciudad de los parisinos, celeb\u00e9rrima y cono\u00adcid\u00edsima en todo el mundo, cabeza del reino de Francia] se lee en los mapas del siglo XVII. Para las provincias, era el centro del progreso y de la cultura, con la gran universidad, que irradiaba todo el saber y los modales a imitar por todo el reino. Su poblaci\u00f3n, masivamente, estaba alfabetizada casi en su totalidad.<\/p>\n<p>Par\u00eds, lo sab\u00eda toda la gente, era el estado con todo un mundo de cl\u00e9rigos, religiosos, nobles, burgueses, comerciantes y miles de personas empleadas en la administraci\u00f3n real y ciudadana. Para entonces, era una inmensa urbe de cuatrocientas mil personas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los provincianos la consideraban su ciudad por ser la ciudad de su rey. To\u00addo lo que ven\u00eda de Par\u00eds, adem\u00e1s de ser estimado como algo superior y moderno, se ad\u00admit\u00eda como algo de todos, como algo venido de su ciudad<sup>57<\/sup>.<\/p>\n<p>Y ahora desde Par\u00eds, una <i>visitadora, <\/i>enviada por el se\u00f1or Vicente, visitaba las Cari\u00addades de las provincias. A pesar de ser las mujeres m\u00e1s importantes del lugar quienes per\u00adtenec\u00edan a las Caridades, todas, excepci\u00f3n hecha acaso de la Se\u00f1ora del lugar, ante una se\u00f1ora de Par\u00eds se sent\u00edan provincianas. Y m\u00e1s, si esta se\u00f1ora de Par\u00eds, enviada por el se\u00ad\u00f1or Vicente, ten\u00eda la educaci\u00f3n y la cultura de Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Sin embargo, Luisa no se presentaba a las Caridades con aire de gran se\u00f1ora. Compa\u00adrando las notas que envi\u00f3 a San Vicente con la carta que la Presidenta Goussault escribi\u00f3 al mismo, el 16 de abril de 1633, aparece claramente la diferencia de comportamiento y hasta la diferencia de clase social (I,c.123).<\/p>\n<p>Luisa se presentaba sencilla; no llevaba carroza propia, por el contrario, viajaba en ca\u00adrruaje p\u00fablico o prestado. Su hospedaje era en un albergue o en una casa del pueblo. Las personas que no sab\u00edan qui\u00e9n era no la recib\u00edan como a una se\u00f1ora de la nobleza. As\u00ed, lo notaron las primeras Hermanas y lo reflej\u00f3 Gobillon.<\/p>\n<p>Pero las se\u00f1oras de las Caridades, los p\u00e1rrocos y los mismos obispos estaban atentos a su persona y a todo lo que realizaba. Todos sab\u00edan que era una colaboradora, la princi\u00adpal, y una enviada de Vicente de Pa\u00fal desde Par\u00eds: presentaba sus credenciales, sus car\u00adtas, sus memorias y sus \u00f3rdenes concretas. Estaban enterados que, desde Par\u00eds, Vicente de Pa\u00fal supervisaba, dirig\u00eda y controlaba los excesos de la nueva evangelizadora para que na\u00adda hiciese sin el parecer del obispo o del p\u00e1rroco.<\/p>\n<p>Fue pasmosa la actividad que despleg\u00f3, incre\u00edble, si consideramos los malos caminos y la lentitud de los transportes. En pocos meses, viaj\u00f3 sin prisas a Asnieres, Saint-Cloud, Villepreux, Montmirail, Beauvais, Montreuil, Mesnil, Bergi\u00e9res, Loisy, Souli\u00e9res, Sou\u00adderon, Villeneuve-Saint-George, Crosnel, Verneuil, Pont-Saint-Maxence, Gournay, Neuf\u00adville y Bulles<sup>59<\/sup>. Pendiente de Luisa, Vicente gozaba con las memorias que le enviaba aque\u00adlla mujer que hab\u00eda descubierto \u00e9l, y se alegraba porque se iba realizando como mujer y como cristiana. La historia de Luisa le daba pena y sent\u00eda por ella una mezcla de admira\u00adci\u00f3n y de ansia porque cumpliera felizmente la misi\u00f3n que Dios le hab\u00eda encomendado. Vicente la amaba en Nuestro Se\u00f1or y le recomendaba que cuidara su salud, necesaria pa\u00adra los pobres. Tambi\u00e9n, amaba a los pobres y present\u00eda que a Luisa le quedaban muchos a\u00f1os de vida para trabajar por ellos y le daba miedo que se destruyera por alguna impru\u00addencia o por el celo de una aprendiz.<\/p>\n<p>La labor de la se\u00f1orita Le Gras era cautivadora. Las se\u00f1oras acud\u00edan en su totalidad a las reuniones, y hasta los hombres ven\u00edan a escucharla, escondi\u00e9ndose para que no los vie\u00adran, pues era indecoroso que a un hombre le ense\u00f1ara la doctrina una mujer. Se la consi\u00adderaba una santa, de tal manera que surgi\u00f3 la aureola del milagro en el relato del ni\u00f1o que cay\u00f3 debajo de las ruedas de la diligencia y, gracias a las oraciones de Luisa, se levant\u00f3 milagrosamente sano. Todav\u00eda se recordaba cuarenta y seis a\u00f1os despu\u00e9s de sucedido. Gobillon lo recoge como cierto, sin analizar si fue un milagro (p.43; D 803).<\/p>\n<h2><i>Caridades y escuelas<\/i><\/h2>\n<p>Dos objetivos le hab\u00eda encomendado Vicente de Pa\u00fal: Visitar las Caridades de las pro\u00advincias y dar el catecismo a las ni\u00f1as de los pueblos.<\/p>\n<p>No era un trabajo c\u00f3modo: visitaba las Caridades y hablaba con las se\u00f1oras en plan de revisi\u00f3n y de animaci\u00f3n, comentando los reglamentos y dando ideas para renovar la vitalidad. Los informes que redact\u00f3 sobre la situaci\u00f3n de cada cofrad\u00eda son claros y atinados. Delante del papel, quer\u00eda ser objetiva, y escrib\u00eda convencida lo que hab\u00eda visto. Escog\u00eda detenidamente las palabras que indicaban si ella lo aprobaba o lo rechazaba. Sin timidez, suger\u00eda a su director lo que hab\u00eda que cambiar o mejorar, y le indicaba si las se\u00f1oras cumpl\u00edan o no el reglamento. Es decir, por las Memorias, Vicente de Pa\u00fal sab\u00eda si las Carida\u00addes viv\u00edan o languidec\u00edan. Y todo, en pocas l\u00edneas concisas.<\/p>\n<p>En estos informes, Luisa nos descubre su visi\u00f3n clara de las cosas y su inteligencia pr\u00e1ctica al dar soluciones, sin querer nunca influir en el Director de las cofrad\u00edas. Tres si\u00adglos y medio despu\u00e9s de escritos, dos aspectos nos impresionan a\u00fan hoy: La entrega total a los pobres y el trabajo incansable de una mujer que, hasta hac\u00eda poco, colocaba su per\u00adsona y la de su hijo en el centro de la espiritualidad; y, lo que es m\u00e1s llamativo hoy, la concepci\u00f3n moderna que ten\u00eda del pobre. No andaba buscando al m\u00e1s pobre, sino al ver\u00addaderamente pobre en el presente y en cada lugar: \u00abDicen que no ser\u00eda necesaria la Cari\u00addad en Sannoy, si no hay que admitir a nadie m\u00e1s que a los que no tienen absolutamente nada, porque son muy pocos o ninguno los que se hallan en tal situaci\u00f3n, y, en cambio, son muchos los que tienen hipotecados sus pocos bienes, que llegar\u00edan a morirse de ham\u00adbre antes de poder venderlos y ayudarse con ellos\u00bb (E 17). Luisa coincide con la superio\u00adra y, para cerciorarse en su delicadeza, lo consult\u00f3 con el P. de la Salle, compa\u00f1ero de Vi\u00adcente de Pa\u00fal, y \u00e9ste se manifiesta de acuerdo, sin ninguna duda, en que hay que atender a toda persona que \u00abest\u00e9 enferma en ese momento, con tal que sea pobre\u00bb (D 25).<\/p>\n<p>Desde Par\u00eds, no obstante, Vicente de Pa\u00fal le daba consignas y peque\u00f1as directrices a esta seglar, nueva en este modo in\u00e9dito de evangelizar. Aunque tiempo despu\u00e9s, cuando descubra maravillado los valores de esta compa\u00f1era, confiar\u00e1 absolutamente en ella, aho\u00adra, en los comienzos, organiza a distancia las Caridades hasta en los menores detalles: que el vicario no guarde el dinero, pues \u00abla experiencia nos hace ver que es absolutamente ne\u00adcesario que las mujeres no dependan en esto de los hombres, sobre todo en el dinero\u00bb; que las se\u00f1oras de las Caridades no descarguen en otras personas los pocos y peque\u00f1os traba\u00adjos que les quedan; que se clarifique y concretice el papel de cada miembro de las Caridades, en cuanto al servicio (I,c.42,62).<\/p>\n<p>Luisa llevaba otro objetivo en su apostolado rural: catequizar a las ni\u00f1as de los cam\u00adpos y, como fundamento indispensable, establecer escuelas femeninas en los pueblos. Si quince a\u00f1os antes, el cura Vicente de Pa\u00fal descubri\u00f3 que los pobres mor\u00edan de hambre y sin religi\u00f3n, andando por aquellos pueblos, la se\u00f1orita Le Gras contempl\u00f3 que tambi\u00e9n mo\u00adr\u00edan en la incultura. Las Caridades paliaban el hambre, las escuelas dar\u00edan el saber y la re\u00adligi\u00f3n a los pobres. Los ricos ten\u00edan dinero suficiente para comprar la cultura por medio de profesores particulares en las casas.<\/p>\n<p>Los pueblos estaban m\u00e1s desfavorecidos en comparaci\u00f3n a las ciudades. En las ciu\u00addades hab\u00eda colegios, ciertamente frecuentados por ricos, pero algunos colegios tambi\u00e9n daban becas a los pobres, con la ignominia de verse marginados por los chicos adinera\u00addos, temerosos de ser contagiados por las <i>miserias <\/i>y las enfermedades de los pobres. Si las muchachas ricas no asist\u00edan a los colegios o no recib\u00edan ense\u00f1anza en sus casas o en los conventos, se deb\u00eda a la mentalidad social y al deseo femenino de divertirse y no es\u00adforzarse en los estudios; no por falta de medios. Las ni\u00f1as pobres de los pueblos no ten\u00edan ni siquiera oportunidades. Era otra de las pobrezas de los campesinos. Es cierto que el Concilio de Trento hab\u00eda decretado que cada parroquia tuviera una escuela gratuita, pe\u00adro en los pueblos era un sue\u00f1o irrealizable. El cura, no profesor, era catequista y solamente durante el serm\u00f3n dominical, con un m\u00e9todo sencillo, apropiado a los analfabetos. Expli\u00adcaba la doctrina y la moral, vali\u00e9ndose de los art\u00edsticos retablos. Pero es que, adem\u00e1s, era corriente encontrar en los pueblos rurales a curas incultos y hasta casi analfabetos.<\/p>\n<p>Generalmente, quienes llevaban la escuela del pueblo eran personas autoformadas, mezcla de obreros, sacristanes y cantores, a quienes se les llamaba maestros. Se contrataban temporalmente y eran pagados conjuntamente por el municipio y los padres, seg\u00fan ense\u00f1aran solamente a leer o tambi\u00e9n a escribir o incluso cuentas. El curso iba de mitad de octubre o primeros de noviembre hasta Pascua. Los dem\u00e1s meses del a\u00f1o, era \u00e9poca de trabajo en el campo. La edad escolar comprend\u00eda de los 6-7 a\u00f1os hasta los 10-12 y, a ve\u00adces, hasta los catorce. Por texto, ten\u00edan cualquier libro religioso que encontraran en casa. En la escuela, se ense\u00f1aba, ante todo, a vivir cristianamente y, por ello, era el lugar pri\u00admordial para la catequesis. Instrucci\u00f3n en el siglo XVI significaba, sobre todo, instrucci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Los padres, cuanto m\u00e1s pobres, menos ilusi\u00f3n mostraban por enviar a sus hijos a la es\u00adcuela, ya que, adem\u00e1s de necesitarlos para el trabajo y tener que pagar las clases, sab\u00edan que sus hijos nunca saldr\u00edan de campesinos pobres. En general, era un campesinado sin ilusi\u00f3n y sin coraje emprendedor. Era la condena del pobre del campo: vivir siempre po\u00adbre y analfabeto en su mayor\u00eda. Prefer\u00edan, por ello mismo, enviar cuanto antes a sus hijos a aprender un oficio.<\/p>\n<p>En peor situaci\u00f3n, estaban las ni\u00f1as. Las familias consideraban un lujo innecesario las escuelas femeninas, y las clases mixtas estaban prohibidas, como un peligro para la mo\u00adralidad. Lo m\u00e1s \u00fatil para ellas y para las madres, que trabajaban en el campo, era emple\u00adarlas desde muy ni\u00f1as en las faenas dom\u00e9sticas. Se las privaba as\u00ed de cultura, de la cate\u00adquesis y del aprendizaje de peque\u00f1os oficios. No es falso que muchos estamentos de la Iglesia se preocuparon de las ni\u00f1as por motivos humanitarios, pero el objetivo preponde\u00adrante en la Iglesia fue extender la ense\u00f1anza a las ni\u00f1as, porque ser\u00edan ellas quienes edu\u00adcar\u00edan cristianamente a los hijos en el enfrentamiento con los hugonotes. Se las instru\u00eda m\u00e1s por su funci\u00f3n de maternidad que por su persona humana.<\/p>\n<p>Este fue el panorama que se le present\u00f3 a la se\u00f1orita Le Gras. Si a\u00f1os antes lo hubie\u00adra conocido, habr\u00eda acudido a Dios; ahora, despu\u00e9s de conocer a Vicente de Pa\u00fal, se me\u00adti\u00f3 de lleno en la evangelizaci\u00f3n de aquellas pobres muchachas, no s\u00f3lo por su potencia\u00adlidad maternal, sino porque las sent\u00eda abandonadas. Se constituy\u00f3 maestra y catequista de las ni\u00f1as en los d\u00edas escolares y, apremiada por la prisa de ir a otros pueblos, las tom\u00f3 tambi\u00e9n en los d\u00edas de descanso, con la aprobaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente, que le recordaba que, a trav\u00e9s de las ni\u00f1as, evangelizara a las madres, y que procurase \u00abhacer ir a la escuela aun a las que no ten\u00edan ninguna costumbre de ir\u00bb; y que esos d\u00edas lo tomara m\u00e1s como &#8216;ejercicio de piedad\u00bb que como escuela\u00bb (I,c.48).<\/p>\n<p>Preocupaci\u00f3n constante fue para Luisa asegurar la continuidad de las escuelas, buscando o preparando j\u00f3venes capaces de convertirse en maestras. San Vicente, que no que\u00adr\u00eda enfrentarse a las leyes, le especific\u00f3: \u00absolamente para ni\u00f1as\u00bb (I,c.117). A\u00f1os m\u00e1s tar\u00adde se presentar\u00e1 la situaci\u00f3n de pueblos donde no hay escuelas de ni\u00f1os. Con la mentali\u00addad de aquel siglo, Luisa se preguntar\u00e1 ingenuamente: \u00bfSe hace mixta la escuela en estos lugares? El tema lo presentar\u00e1 en el Consejo del 30 de octubre de 1647. Da la sensaci\u00f3n agradable de que la respuesta de Santa Luisa fue afirmativa, apoyada en estas razones:<\/p>\n<p>\u00abEn primer lugar, se puede hacer mucho bien ense\u00f1ando los principios de la piedad a unos ni\u00f1os que, sin ellos, se quedar\u00edan quiz\u00e1s sin instrucci\u00f3n. En segun\u00addo lugar, parece que hay necesidad de hacerlo as\u00ed, ya que en la mayor parte de los sitios no hay maestros de escuela. En tercer lugar, lo est\u00e1n deseando los padres y las madres y, al parecer, tienen grandes razones para ello, ya que ser\u00eda de desear que sus hijos tuvieran al menos tanta instrucci\u00f3n como sus hijas; por ese motivo, urgen a nuestras hermanas para que los reciban en la mayor parte de los lugares en que est\u00e1n. En cuarto lugar, parece que no hay ning\u00fan inconveniente que temer por parte de la maestra; no puede haber para ella ning\u00fan motivo de tentaci\u00f3n por parte de los ni\u00f1os, ya que son muy peque\u00f1os\u00bb. San Vicente a\u00f1adi\u00f3 otra: Que ya lo es\u00adtaban haciendo con los ni\u00f1os y ni\u00f1as exp\u00f3sitos; y finalmente, Luisa a\u00f1adi\u00f3 una quinta: \u00abque a veces una ni\u00f1a no puede venir a la escuela si no trae a su hermani\u00adto con ella, ya que la madre no est\u00e1 en casa para cuidar de \u00e9l\u00bb. \u00a1Se trataba de ad\u00admitir ni\u00f1os hasta los seis a\u00f1os! Ocho a\u00f1os, parec\u00eda ya mucho (SV,X,n\u00b0 239).<\/p>\n<p>Sin embargo, el Superior Vicente de Pa\u00fal lo rechaz\u00f3 con el sencillo argumento de que lo prohib\u00edan las leyes civiles y eclesi\u00e1sticas. Parece un argumento sin raz\u00f3n, viniendo del hombre que rompi\u00f3 con las leyes que estorbaban el progreso de los pobres. Pero San Vi\u00adcente ten\u00eda siempre presente, no s\u00f3lo cada uno de los casos de caridad o beneficencia, si\u00adno toda la obra social, en su conjunto, que hab\u00eda montado exclusivamente para todos los pobres. Era el a\u00f1o 1647, y la <i>empresa <\/i>pod\u00eda ser destruida con un simple decreto, o supri\u00admidas las Hijas de la Caridad. Val\u00eda m\u00e1s no crearse adversarios o tal vez enemigos (SV. X, n\u00b0 239).<\/p>\n<h2><i>El Catecismo de la se\u00f1orita Le Gras<\/i><\/h2>\n<p>No es seguro, pero s\u00ed probable, que el Catecismo que se conserva en los archivos de la Casa Madre de las Hijas de Caridad (Par\u00eds) escrito y, casi con toda certeza, compuesto por Luisa de Marillac, fuera para ense\u00f1ar la doctrina cristiana a las ni\u00f1as de los pueblos. Da la impresi\u00f3n que lo escribi\u00f3 a\u00f1os m\u00e1s tarde y no hay argumentos para negar que pu\u00addo redactarlo para ayudar a las Hijas de la Caridad a ense\u00f1ar la doctrina a los ni\u00f1os ex\u00adp\u00f3sitos o abandonados en los hogares que hab\u00edan creado con ayuda de las Damas de la Caridad del Gran Hospital. O, acaso tambi\u00e9n, para formar a las primeras Hermanas que llegaban de los pueblos.<\/p>\n<p>El catecismo es sencill\u00edsimo, a base de preguntas y respuestas breves y f\u00e1ciles, con un lenguaje y un estilo similar al de otros catecismos de la \u00e9poca para personas sin muchos conocimientos de su fe.<\/p>\n<p>Toma como inicio una pregunta que directamente suelen hacerse todos los ni\u00f1os: \u00ab\u00bfQui\u00e9n te ha creado y te ha puesto en el mundo?\u00bb De ah\u00ed, pasa a la fe, a Dios, a Jes\u00fas, al pecado original y personal, al infierno, al cielo, al bautismo, al signo de la cruz, etc. Gratamente, nos sorprende por su actualidad el inter\u00e9s que manifiesta por la imitaci\u00f3n y seguimiento de Jesucristo.<\/p>\n<p>Todo en tres p\u00e1ginas y media redactadas con soltura y rapidez; para hacerlo m\u00e1s ase\u00adquible, emplea frases corrientes y lo adorna con unos pocos ejemplos conocidos. Siguen las oraciones: el Padrenuestro y la Salutaci\u00f3n ang\u00e9lica. El Padrenuestro lo desmenuza pe\u00adtici\u00f3n a petici\u00f3n, tambi\u00e9n con unos pocos ejemplos de la vida popular. El Avemar\u00eda le sir\u00adve como apoyo para explicar el Misterio de la Encarnaci\u00f3n. Pasa al Credo, deteni\u00e9ndose en cada uno de los art\u00edculos, pero pocas y breves l\u00edneas; todo en algo m\u00e1s de una p\u00e1gina, para a\u00f1adir el enunciado de los mandamientos y los dos grandes Misterios de la Trinidad y de la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vienen despu\u00e9s los dos sacramentos tan populares y tan discutidos entonces por los protestantes y, a\u00f1os m\u00e1s tarde, por los jansenistas: la eucarist\u00eda y la confesi\u00f3n. Con un es\u00adtilo \u00e1gil, se detiene sin prisas en su conocimiento. Mientras lo va escribiendo manifiesta, sin decirlo, el inter\u00e9s por que lo practiquen y lo vivan valientemente. Termina el catecis\u00admo explicando todos los sacramentos y los ejercicios piadosos del cristiano.<\/p>\n<p>Este final est\u00e1 algo desordenado y, para publicarlo, ha sido necesario reordenar toda la parte final. Da la sensaci\u00f3n que o bien quiso completar, tiempo despu\u00e9s, las lagunas que fue descubriendo o bien que este aut\u00f3grafo es \u00fanicamente la redacci\u00f3n que hizo un d\u00eda de los apuntes que ten\u00eda guardados de anteriores catequesis.<\/p>\n<p>Todas las dificultades vienen del hecho de no estar fechado, y por la escritura es dif\u00ed\u00adcil sacar conclusi\u00f3n alguna.<\/p>\n<h2><i>Un nuevo modelo de apostolado<\/i><\/h2>\n<p>Santa Luisa de Marillac es el resumen del apostolado seglar tan corriente en el siglo XVII. Un apostolado seglar nuevo que encierra la vitalidad continuamente renovable del apostolado cristiano. No lo impone ni la di\u00f3cesis ni la parroquia, aunque se realiza den\u00adtro de sus t\u00e9rminos, teniendo en cuenta las directrices diocesanas y parroquiales. Sin na\u00adcer del obispo o del p\u00e1rroco, es asumido por ambos. No es un apostolado <i>oficial, <\/i>sino <i>pri\u00ad<\/i><i>vado y libre: <\/i>creado por un sacerdote y organizado desde San L\u00e1zaro, es realizado por la parroquia que acepta la supervisi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal. Y \u00e9ste se apoya enteramente en seglares, especialmente en las mujeres. Pieza clave en este apostolado seglar fue Luisa de Marillac. Visi\u00f3n atrevida de Vicente en una sociedad en la que las mujeres ocupaban un lugar subalterno.<\/p>\n<p>En adelante, y de una manera m\u00e1s definitiva desde noviembre de 1633, la persona del sacerdote Vicente de Pa\u00fal se desdobl\u00f3 en director de una mujer a la que dirig\u00eda desde ha\u00adc\u00eda unos a\u00f1os, con sus problemas personales, espirituales y de familia, y en el Director de una colosal obra de caridad hacia la principal colaboradora y, despu\u00e9s, cofundadora de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac asumi\u00f3 con dignidad esta nueva faceta de su vida. Fueron muchas las Caridades que reorganiz\u00f3 y dinamiz\u00f3, y fueron muchos los informes que envi\u00f3 a Vi\u00adcente de Pa\u00fal, tantos como los reglamentos que redact\u00f3 o corrigi\u00f3<sup>61<\/sup>. En 1630, fund\u00f3 la Caridad en su parroquia, San Nicol\u00e1s de Chardonnet. Ella fue su primera presidenta, pe\u00adro a\u00f1o y medio despu\u00e9s abandon\u00f3 el cargo de presidenta para no ser elegida ya m\u00e1s. Sin que aparezcan en ning\u00fan documento concreto las razones, por las expresiones y por el to\u00adno de las cartas, parece que las intenciones del Director Vicente era que se ocupase de to\u00addas las Caridades y fuera su colaboradora. Desde esta situaci\u00f3n, Luisa de Marillac co\u00admenz\u00f3 a ser protagonista al lado de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>La actividad se apoder\u00f3 de aquella mujer que, encerrada en s\u00ed misma a\u00f1os antes, no ten\u00eda m\u00e1s objetivo que estar unida individualmente a la divinidad. De todo era deudora a su director. En el \u00faltimo a\u00f1o de su vida, le recordar\u00e1 agradecida que, gracias a \u00e9l, desde hac\u00eda muchos a\u00f1os estaba segura de conocer la voluntad de Dios (c.685).<\/p>\n<p>Durante estos a\u00f1os agotadores, acaso por vivir la pobreza del pueblo, acaso fatigada y sintiendo la presencia de Dios en sus entra\u00f1as, la asalt\u00f3 punitivo el voto que hizo en su juventud de encerrarse en un convento. Era tranquilizar por fin a su alma atormentada por complejo de culpabilidad y aplacar as\u00ed al Dios todopoderoso. Lo consult\u00f3 con su di- actor, pero Vicente se opuso rotundamente: \u00abResista animosamente a todos los sentimientos que le lleguen contrarios a \u00e9ste, y est\u00e9 segura de que estar\u00e1 por este medio en el estado<b><i> <\/i><\/b>que Dios le pide para hacerla pasar a <i>otro, <\/i>para su mayor gloria, si as\u00ed lo juzga oportuno\u00bb (I, c.52). \u00abEstado\u00bb en esta \u00e9poca, quiere decir soltera, casada, viuda o religiosa. En este caso, s\u00f3lo se puede interpretar como el paso de viuda a religiosa.<\/p>\n<h2><i>La salud de Luisa de Marillac<\/i><\/h2>\n<p>Una mujer de tanta actividad debiera tener una salud robusta, y, sin embargo, ha pa\u00adsado a la historia como una mujer d\u00e9bil y enfermiza. La causa de esta leyenda la han sa\u00adcado los bi\u00f3grafos de los escritos de la \u00e9poca: ella misma habla de sus achaques y enfer\u00admedades; en los testimonios que escribieron sobre Luisa despu\u00e9s de muerta, sus compa\u00ad\u00f1eras B\u00e1rbara Bailly y Maturina Gu\u00e9rin, leemos c\u00f3mo su delicada salud se resinti\u00f3 al que\u00adrer vestir como todas las Hijas de la Caridad o al pretender vivir como la pobre gente del pueblo; en las cartas que le escribi\u00f3 San Vicente, se muestra constantemente preocupado por la salud de su entra\u00f1able dirigida y casi no hay carta en la que no se lea enfermedad, salud, poca salud, c\u00farese, cu\u00eddese \u2014en una ocasi\u00f3n le dijo que era hija de la cruz\u00ad(I,c.242)<sup>63<\/sup>.<\/p>\n<p>Un retrato minucioso de la salud de la santa lo hizo San Vicente al P. Blatiron en 1647:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;padding-left: 30px\">\u00abCon raz\u00f3n, me hace pensar que pasa a veces con usted como con la se\u00f1orita Le Gras, a la que considero como muerta en la naturaleza desde hace diez a\u00f1os; al verla, se dir\u00eda que sale de la tumba, tanta es la debilidad de su cuerpo y la palidez de su cara; pero Dios sabe qu\u00e9 fuerza de esp\u00edritu posee. No hace mucho tiempo que ha hecho un viaje de cien leguas, <i>y <\/i>sin las frecuentes enfermedades que padece y el respeto que tiene a la obediencia, a menudo ir\u00eda de un lado a otro a visitar a sus hijas y a trabajar con ellas, aunque no tiene m\u00e1s vida que la que recibe de la gra\u00adcia\u00bb (III, c.1044).<\/p>\n<p>Examinando detenidamente la vida de Luisa, no se puede sacar tal conclusi\u00f3n. Para determinar su salud, es necesario tener presente el significado del lenguaje en el siglo XVII: Muchas frases de San Vicente eran comunes a los directores de aquel siglo, espe\u00adcialmente cuando el santo la ve\u00eda trabajar desproporcionadamente y con peligro de su sa\u00adlud. Tem\u00eda por ella, por el \u00abpobre pueblo que tiene necesidad de que viva largo tiempo\u00bb, y por las Hijas de la Caridad, pues \u00bfqu\u00e9 llegar\u00edan a ser sin ella? (I, c.221, 267). Y a\u00f1adir que una mujer que viv\u00eda en una comodidad social delicada f\u00e1cilmente ca\u00eda enferma cuan\u00addo de golpe pretend\u00eda vestirse con poca ropa, como aquellas j\u00f3venes humildes, o intenta\u00adba comer como la gente pobre o alojarse y viajar malamente<\/p>\n<p>La misma sanidad de aquellos a\u00f1os puede igualmente ayudarnos a cambiar de juicio: Santa Luisa vivi\u00f3 hasta los 69 a\u00f1os en un siglo que eliminaba sin piedad a los hombres d\u00e9biles y s\u00f3lo sobreviv\u00edan los robustos. En aquel siglo, un ni\u00f1o menor de cinco a\u00f1os te\u00adn\u00eda esperanza de vivir \u00fanicamente veinte a\u00f1os; pasados los cinco a\u00f1os, su esperanza se alargaba hasta los cuarenta, y s\u00f3lo quien alcanzaba los diez a\u00f1os, esperaba llegar, como todos los hombres, hasta los cincuenta a\u00f1os. M\u00e1s all\u00e1, solamente los robustos. Luisa de Marillac vivi\u00f3 diecinueve a\u00f1os m\u00e1s que el com\u00fan de sus contempor\u00e1neos. \u00bfQue estaba frecuentemente enferma? \u00bfY qui\u00e9n no lo estaba entonces? San Vicente estuvo enfermo tanto como ella, y se lo considera de constituci\u00f3n fuerte.<\/p>\n<p>La enfermedad era casi tan corriente como la salud, en todos, desde el rey al \u00faltimo de los ciudadanos. La diferencia estaba en la muerte, que golpeaba m\u00e1s r\u00e1pidamente a las naturalezas indefensas. Por eso, la afici\u00f3n generalizada a los m\u00e9dicos. Entre los ricos, se procuraba tenerlos en casa o cerca para que estuvieran a su disposici\u00f3n en cada momen\u00adto. Sus dict\u00e1menes de dietas y remedios eran seguidos como si se trataran de un or\u00e1culo. La gente adinerada se imaginaba que tratando bien al m\u00e9dico ten\u00edan garant\u00eda de conser\u00advar una buena salud. La sociedad no ten\u00eda conocimientos de anatom\u00eda ni de enfermedades ni de medicinas. Las cartas de Luisa anunciando sin parar enfermedades de ella, de Vicente y de las Hermanas, sin pretenderlo, se asemejan a un registro de las Hijas de la Caridad difuntas. Y ella vivi\u00f3 69 a\u00f1os. El siglo XVII se ocup\u00f3 de una medicina atrasada, mezclada de superstici\u00f3n, magia y charlataner\u00eda. Era una medicina fundamentada en su\u00adposiciones de tradici\u00f3n antigua o medieval, con poco apoyo en la ciencia y en la expe\u00adriencia. Las recetas se hac\u00edan a base de lavativas, purgas y sangr\u00edas. Quien sobreviv\u00eda a las enfermedades, las hab\u00eda vencido generalmente por la sola fuerza de su constituci\u00f3n. Luisa de Marillac venci\u00f3 muchas enfermedades.<\/p>\n<p>Durante estos a\u00f1os, numerosas pestes o epidemias de gripe, disenter\u00eda y tisis cayeron sobre Par\u00eds y, m\u00e1s concretamente, sobre los barrios donde trabajaban ella y sus hijas. Mien\u00adtras fundaba la comunidad de Angers, en 1639, la ciudad sufr\u00eda una epidemia de disente\u00adr\u00eda, Luisa cay\u00f3 enferma, no se sabe de qu\u00e9, muchos murieron, pero ella san\u00f3 y su vida se alarg\u00f3 hasta el a\u00f1o 1660. Las enfermedades encontraban terreno apropiado para la muer\u00adte en los pobres, mal alimentados, mal defendidos del fr\u00edo y del calor, y sin higiene en su persona, en sus casas, en las comidas y en las bebidas. El pobre que no mor\u00eda durante la enfermedad, quedaba tan debilitado que fallec\u00eda con facilidad en la convalecencia. Luisa estuvo defendida desde ni\u00f1a: no pas\u00f3 hambre, tuvo habitaci\u00f3n acomodada y nunca le fal\u00adto la higiene de entonces. Por eso, vivi\u00f3 bastante m\u00e1s que la gente de su alrededor.<\/p>\n<p>Una naturaleza d\u00e9bil y enfermiza no podr\u00eda haber realizado la obra que hizo Luisa de Marillac. Y m\u00e1s, sabiendo que el tiempo de las visitas a los pueblos era en la \u00e9poca de in\u00advierno, cuando no se pod\u00eda trabajar en el campo. Tiempo de fr\u00edos, heladas y lluvias.<\/p>\n<p>Se puede concluir que Santa Luisa de Marillac fue una mujer como las mujeres sanas de entonces, sujeta a las enfermedades como la mayor\u00eda de las mujeres sanas que no se quedaban en casa para no enfermar. Mujer peque\u00f1a, delgada y vivaracha. Lo que con ca\u00adri\u00f1o suele decirse \u00abpoca cosa\u00bb, pero de salud fuerte.<\/p>\n<h2><i>Su hijo Miguel<\/i><\/h2>\n<p>Tantos viajes y actividades como emprendi\u00f3 no impidieron que se ocupara de su hijo Miguel, a quien amaba entra\u00f1ablemente. Durante muchos a\u00f1os, la vocaci\u00f3n sacerdotal de Miguel fue una cruz sicol\u00f3gica para Luisa.<\/p>\n<p>Estamos en 1631. Vicente ve\u00eda progresar a Miguel en los estudios y comunic\u00f3 a su madre que era un chico juicioso y con un futuro prometedor. Sin embargo, el joven de nuevo dudaba en su vocaci\u00f3n y manifest\u00f3 que no deseaba estudiar en un seminario. Vi\u00adcente aconsej\u00f3 que pasase interno, pero como seminarista, al cotizado colegio de Cler\u00admont, dirigido por los padres jesuitas; \u00e9l mismo se encarg\u00f3 de los tr\u00e1mites. Logr\u00f3 que el rector, el padre Lallemant, aceptase al alumno, y que, por las dificultades econ\u00f3micas de la viuda, pagase la pensi\u00f3n m\u00e1s baja. Con los padres jesuitas, termin\u00f3 4\u00b0.<\/p>\n<p>Casi con dieciocho a\u00f1os, comenz\u00f3 tercero. El joven iba bien en los estudios y abri\u00e9n\u00addose su car\u00e1cter. Todos estaban contentos con \u00e9l. Hasta el rector del colegio le hizo el pri\u00advilegio de ponerlo en una habitaci\u00f3n individual sin aumentarle la pensi\u00f3n. Durante las va\u00adcaciones o en los d\u00edas que no hab\u00eda clase o cuando ca\u00eda enfermo, se alojaba en casa de los padres pa\u00fales. Miguel asombr\u00f3 y admir\u00f3 a los misioneros pa\u00fales por su capacidad de es\u00adtudio: hasta seis horas diarias. Se encari\u00f1\u00f3 de tal manera con los padres que se conmovi\u00f3, cuando tuvo que dejarlos para volver al colegio.<\/p>\n<p>Al terminar tercero en 1632, su madre pretendi\u00f3 que se ordenase de Menores, pero se opuso Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Con veinte a\u00f1os, comenz\u00f3 1\u00b0, el \u00faltimo a\u00f1o de humanidades. Pero, cuando estaba pa\u00adra terminarlo, en abril de 1634, renacieron las dudas sobre su vocaci\u00f3n sacerdotal. Sab\u00eda que de una vez por todas ten\u00eda que elegir, que era una elecci\u00f3n trascendental, y \u00e9l, since\u00adro y responsable, no se ve\u00eda sacerdote. De nuevo, la herida, entre humana y espiritual, se abri\u00f3 en Luisa de Marillac. Miguel sigui\u00f3 frecuentando la comunidad de los misioneros pa\u00fales, y sigui\u00f3 dudando, atormentando a su madre que se alborotaba. Vicente de Pa\u00fal in\u00adcansable con ella, la animaba y aconsejaba: que estudie <i>Artes <\/i>\u2014la filosof\u00eda\u2014 pero con sotana, de seminarista, pues estaba convencido de que el estado eclesi\u00e1stico era lo mejor para el joven Miguel.<\/p>\n<h2><i>La tragedia de los Marillac<\/i><\/h2>\n<p>Mientras Luisa viajaba ilusionada por pueblos y aldeas, visitando las Caridades y for\u00admando maestras de escuelas, y su hijo estudiaba tranquilo en el seminario, su familia en\u00adtr\u00f3 fren\u00e9tica en la lucha pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En agosto de 1624, el cardenal Richelieu se convirti\u00f3 en Jefe del Consejo del Reino. Era un hombre de la camarilla de Mar\u00eda de M\u00e9dicis, como los Marillac; se sent\u00eda unido al \u00abpartido devoto\u00bb y a su pol\u00edtica: frenar a los protestantes franceses. Pero, desde fina\u00adles de 1627, sus aliados presenciaban un cambio en su programa pol\u00edtico, enfrentado a Mar\u00eda de M\u00e9dicis y a sus dos hombres de confianza: B\u00e9rulle y Miguel de Marillac. En los meses siguientes, Richelieu fue presentando en el consejo su programa: luchar por todos los medios contra la Casa de Austria, Madrid primero y luego Viena, que amena\u00adzaban con estrangular a Francia y convertirla en una naci\u00f3n sin gloria delante de Euro\u00adpa y de los turcos.<\/p>\n<p>El plan exig\u00eda romper la pol\u00edtica de alianzas matrimoniales llevada hasta entonces y enfrentar a Luis XIII, esposo de Ana de Austria, con Felipe IV de Espa\u00f1a, casado con Isa\u00adbel de Francia. Supon\u00eda adem\u00e1s enfrentarse a los cat\u00f3licos espa\u00f1oles y unirse a los pro\u00adtestantes: el Rey Cristian\u00edsimo contra el Rey Cat\u00f3lico. Parec\u00eda la obra del demonio diri\u00adgida por un obispo franc\u00e9s y cardenal de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Una guerra contra Espa\u00f1a espantaba a los franceses, que a\u00fan recordaban los horrores de las recientes Guerras de Religi\u00f3n y escandalizaba a los franceses devotos. Marillac con\u00adsider\u00f3 a Richelieu como un megal\u00f3mano que met\u00eda a Francia en una guerra sin sentido ni salida. Marillac, al igual que B\u00e9rulle, mayores que el rey y Richelieu, hab\u00eda vivido las guerras de religi\u00f3n, hab\u00eda visto en peligro la religi\u00f3n cat\u00f3lica y la unidad del reino, hab\u00eda co\u00adnocido por experiencia los horrores de la guerra, los sufrimientos soportados por el pue\u00adblo, la ruina de la agricultura y del comercio, la miseria del pueblo humilde. Se impon\u00eda buscar la paz para que florecieran la agricultura y el comercio, \u00fanicas fuentes de riqueza y de bienestar en aquella \u00e9poca. No necesitaba ser militar para saber que en una guerra la preocupaci\u00f3n \u00fanica ser\u00eda aumentar los impuestos consumidos r\u00e1pidamente por el ej\u00e9rci\u00adto. Propon\u00eda emplear los recursos y consagrar las energ\u00edas vitales a restaurar la naci\u00f3n. La aventura de una guerra era un camino ciego. La miseria del pueblo era real y las revuel\u00adtas populares se multiplicaban. En 1630, escribi\u00f3 a Richelieu palabras que constitu\u00edan una predicci\u00f3n de la Fronda:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;padding-left: 30px\">\u00abNo creo que se pueda imaginar nada m\u00e1s perjudicial a la autoridad del rey, sobre to\u00addo en la situaci\u00f3n actual. Todo est\u00e1 en plena sedici\u00f3n en Francia. Los parlamentos no cas\u00adtigan a nadie\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Richelieu era un hombre pol\u00edtico y solamente pol\u00edtico, insensible a las necesida\u00addes sociales.<\/p>\n<p>Richelieu silenciaba otro objetivo: hacer de Luis XIII un rey absolutista, abatir a los principes de sangre y dominar a la nobleza. Miguel de Marillac, por lo contrario, defen\u00add\u00eda las franquicias municipales y las libertades locales.<\/p>\n<p>Richelieu hu\u00eda del enfrentamiento. Intentaba, a medio camino entre la lisonja y el soborno, atraerse a los principales hombres del partido devoto: en agosto de 1626, in\u00adfluy\u00f3 ante el rey para nombrar <i>guardasellos <\/i>a Miguel; en noviembre de 1629, propuso dar el obispado de Saint-Malo al hijo de Miguel, Octavio de Marillac \u2014el Padre Mi\u00adchel\u2014 que lo rechaz\u00f3 por humildad; B\u00e9rulle fue nombrado cardenal el 30 de agosto de 1627, y Luis de Marillac, hermano de Miguel de Marillac, mariscal de Francia el 1 de julio de 1629.<\/p>\n<p>El primer conflicto abierto entre los dos hombres sucedi\u00f3 en el consejo del 26 de di\u00adciembre de 1628, a causa de la intervenci\u00f3n francesa en Italia. En setiembre de 1629, la lucha por el poder era agria, y en mayo de 1630, el enfrentamiento fue de destrucci\u00f3n. Las intrigas ante el rey se enmara\u00f1aron hasta llegar a una explosi\u00f3n de enga\u00f1os y trampas el 10 de noviembre de 1630. Este d\u00eda, la Reina Madre logr\u00f3 arrancar a su hijo el rey la sus\u00adtituci\u00f3n de Richelieu por Miguel de Marillac. Pero al d\u00eda siguiente, Luis XIII arrepentido asumi\u00f3 plenamente la pol\u00edtica del cardenal y le devolvi\u00f3 el poder.<\/p>\n<p>Richelieu actu\u00f3 r\u00e1pidamente en actitud vengativa. Encarcel\u00f3 a Miguel y a su her\u00adnano Luis, el mariscal, que estaba en Italia al mando de un ej\u00e9rcito. Los familiares y amigos fueron perseguidos, entre ellos los Attichy. La mujer de Luis, Catalina de M\u00e9\u00addicis, pariente de la reina madre, fue desterrada a Roul, en las afueras de Par\u00eds, el 27 de diciembre, y unos meses despu\u00e9s, su sobrina Ana fue confinada en sus tierras de At\u00adtichy.<\/p>\n<p>El 11 de noviembre \u2014la Journ\u00e9e des Dupes\u2014 sorprendi\u00f3 a Luisa en Montmirail, tie\u00adna de los Gond\u00ed, a menos de 100 kil\u00f3metros de Par\u00eds. Es f\u00e1cil que hasta all\u00e1 llegaran las asombrosas noticias de la desgracia de los Marillac, y Luisa, una Marillac, las escuchara de personas compadecidas. Aunque distante en la fortuna, vivi\u00f3 siete a\u00f1os en el palacio de Attichy-Marillac. Cuando viv\u00eda a\u00f1os de paz y de ilusi\u00f3n, reaparece la cruz de la ni\u00f1ez. En las desgracias, la sangre sufre por la familia.<\/p>\n<p>Luisa no abandon\u00f3 a aquellos labriegos. Sigui\u00f3 en Montmirail, luego pas\u00f3 Beauvais y retorn\u00f3 a Par\u00eds por las Navidades. El mes de abril de 1631, lo pas\u00f3 en Montreuil, cerca de Par\u00eds, siempre visitando Caridades y dando el catecismo a las ni\u00f1as. Cuando estaba en Pa\u00adr\u00eds, trabajaba en su Caridad, redactaba o correg\u00eda reglamentos de otras Caridades y se ocu\u00adpaba de su hijo. En septiembre de 1631, hizo nuevas salidas a Mesnil, Bergier, Loisy, Montmirail, Souli\u00e9res, Souderon y Villeseneux.<\/p>\n<p>No abandon\u00f3 a los pobres, aunque en su cuerpo llevaba un coraz\u00f3n roto por las des\u00adgracias familiares. Un d\u00eda, fuera de Par\u00eds, recibi\u00f3 una carta de Vicente, comunic\u00e1ndole que su t\u00eda, la esposa del Mariscal, estaba enferma de gravedad. Lo que no sab\u00eda Vicente de Pa\u00fal era que el mismo d\u00eda en que sali\u00f3 la carta, 13 de septiembre, muri\u00f3 Catalina. Se lo comunic\u00f3 una semana m\u00e1s tarde. El director sent\u00eda el dolor de Luisa, sab\u00eda que era fuer\u00adte, pero conmovido la consol\u00f3: \u00abEl hijo de Dios llor\u00f3 por L\u00e1zaro; \u00bfpor qu\u00e9 no va a llorar usted por esa buena se\u00f1ora?\u00bb (I, c.90,87).<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s tiempo pasaba, la familia Marillac-Attichy present\u00eda con terror el fin de los dos hermanos. No les asustaba la prisi\u00f3n o el destierro, tem\u00edan la muerte. Buscaron in\u00adfluencias, acudieron a personalidades amigas, se arrodillaron ante Richelieu y ante el rey, pidiendo clemencia o jueces imparciales. Llamaron a cualquiera que pudiera aportar al\u00adg\u00fan camino de salvaci\u00f3n y para ello se reunieron con frecuencia en el destierro de Attichy. A algunas reuniones, le pidieron a Luisa que asistiera. Ella pidi\u00f3 consejo a su director. San Vicente vio bien que acudiera, pero le aconsej\u00f3 prudencia y que \u00abcuidara no enre\u00addarse en nada\u00bb, y siempre que acudiese a Dios, pues \u00ab\u00c9l no le aconsejar\u00eda nada que no fuera perfecto\u00bb. Con todo, que no olvide que al presente est\u00e1 la cruz.<\/p>\n<p>Nada sirvi\u00f3 de nada. En un juicio celebrado en Rieul, en el palacio de Richelieu, con jueces escogidos meticulosamente por el cardenal, y que suena a corrupci\u00f3n, el mariscal fue condenado a muerte y decapitado el 10 de mayo de 1632 en la Plaza de Gr\u00e9ve, la Pla\u00adza mayor de Par\u00eds. Vicente manifest\u00f3 a Luisa su dolor y la confort\u00f3 no s\u00f3lo por la muer\u00adte sino tambi\u00e9n por la ignominia de aquella muerte (I, c. 113). El hermano mayor, Miguel, entregado a la oraci\u00f3n y al anonadamiento, muri\u00f3 en la prisi\u00f3n de Ch\u00e1teaudun el 7 de agos\u00adto de 1632.<\/p>\n<h2><em>Influencia vicenciana<\/em><\/h2>\n<p>Luisa de Marillac caminaba hacia su destino: el a\u00f1o de 1633, comienzo de una etapa nueva. En realidad, la nueva etapa hab\u00eda comenzado el a\u00f1o 1625, cuando se encontr\u00f3 con el sacerdote Vicente de Pa\u00fal. Desde este encuentro, todo fue cambiando en su vida. Se ve claro con la transformaci\u00f3n que sufre su vida espiritual.<\/p>\n<p>Las notas de sus Ejercicios espirituales del adviento de 1628, reconstruyen d\u00eda a d\u00eda los pensamientos y resoluciones de sus meditaciones. San Vicente se los hab\u00eda aprobado. Minuciosamente, le indic\u00f3 el orden y el modo de hacerlos, y \u00e9l se los revisar\u00eda cada dos d\u00edas (I,c.277; E 10). Le se\u00f1al\u00f3 las lecturas y las materias de la oraci\u00f3n: las que Monse\u00f1or de Ginebra pone al comienzo y al final de la Introducci\u00f3n a la Vida devota. La se\u00f1orita Le Gras obedeci\u00f3, y los cuatro primeros d\u00edas sigui\u00f3 fielmente a San Francisco de Sales, pero los dos \u00faltimos no pudo, dominada por los temas y las ideas de los primeros directores de tendencia n\u00f3rdica.<\/p>\n<p>Aun siguiendo las meditaciones de la Introducci\u00f3n, se escucha un lenguaje distinto del de San Francisco. En San Francisco, resuena el parecido con la <i>Devoci\u00f3n Moderna, <\/i>en Santa Luisa con la <i>Escuela Abstracta. <\/i>El obispo se dirige a la sicolog\u00eda y a la pr\u00e1ctica, la mujer penetra en la metaf\u00edsica y en la contemplaci\u00f3n. En la meditaci\u00f3n de la creaci\u00f3n, se respira un vaho de neoplatonismo leve, como de emanaci\u00f3n y retorno a la divinidad. El fin de la creaci\u00f3n de las almas es su posesi\u00f3n por parte de Dios y el abandono de aqu\u00e9llas en Dios. Cierto, presenta la Humanidad de Cristo como juez, pero unida a la divinidad.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos d\u00edas, se separa radicalmente del Obispo de Ginebra y aparece su pro\u00adpia espiritualidad personal de visi\u00f3n renanoflamenca. Se anonada meditando sobre la di\u00advinidad y la humildad. La formaci\u00f3n espiritual que acumulaba en su interior la empe\u00f1a\u00adba a contemplar la divinidad bajo una visi\u00f3n ejemplarista: \u00abLa infinita perfecci\u00f3n de Dios encierra en ella la perfecci\u00f3n de todas las criaturas, que no obran ni necesaria ni volunta\u00adriamente si no es por su s\u00f3lo poder\u00bb. S\u00f3lo existe un amor y es el amor divino. El amor hu\u00admano es tan s\u00f3lo una participaci\u00f3n del Amor divino: \u00abEl alma est\u00e1 libre para ir a sacar del amor de la infinita bondad y sabidur\u00eda de Dios todo el que ella puede contener, pues Dios es tan bueno que libremente se lo comunica a todos\u00bb (d\u00eda 6\u00b0).<\/p>\n<p>Ante la divinidad se vac\u00eda de todo y \u00abacepta todas las insensibilidades y privaciones de consuelo\u00bb para abandonarse enteramente en Dios. En un acto de la m\u00e1s pura m\u00edstica de las esencias, no quiere \u00abbuscar las ternuras ni consuelos espirituales para excitarse a servir a Dios\u00bb. Siente que \u00abvoluntariamente tiene que dejar todos los consuelos sensibles para unirse a la <i>Esencia de la divinidad\u00bb.<\/i><\/p>\n<p>Cuando se detiene en Cristo, acent\u00faa \u00abhonrar sus instrucciones\u00bb m\u00e1s que imitarlo. Los pobres a\u00fan no aparecen como una parte de su vida; parecen algo a\u00f1adido, accidental.<\/p>\n<p>Desde el a\u00f1o 1629, se nota un cambio constante en la espiritualidad de Santa Luisa de Marillac. San Vicente de Pa\u00fal la fue llevando lentamente y sin violencia a una vida de Dios, de presencia m\u00e1s humana, no tan especulativa, m\u00e1s centrada en Jes\u00fas, en los pobres y en la vida ordinaria.<\/p>\n<p>Son los apuntes de otros ejercicios, los de adviento de 1631, los que resumen las l\u00edne\u00adas del cambio en su vida espiritual. Su director Vicente tambi\u00e9n le puso los temas para el domingo, lunes y martes. Luisa hab\u00eda escogido los del s\u00e1bado, prefiriendo meditar sobre la muerte y el juicio. Su director le hab\u00eda indicado la vida de Jes\u00fas. Las meditaciones del s\u00e1bado tienen un enfoque m\u00e1s abstracto que las de los d\u00edas siguientes.<\/p>\n<p>Los tres \u00faltimos d\u00edas, nos parece asistir a unos ejercicios de otra \u00e9poca. Se posesiona de la vida de Jes\u00fas desde su nacimiento hasta la pasi\u00f3n. Jes\u00fas se presenta en todas las me\u00additaciones y, como una fiel hija piadosa de Vicente, saca resoluciones pr\u00e1cticas. Si antes tomaba las virtudes porque eran una participaci\u00f3n de las perfecciones divinas o porque as\u00ed honraba a la divinidad, ahora quiere adquirirlas para imitar a Jesucristo que vino a este mundo para cumplir la voluntad del Padre y para poner delante de nuestra vida los ejem\u00adplos de su vivir (SV. I, c.136; SL. E 23).<\/p>\n<p>La influencia vicenciana es predominante unos meses m\u00e1s tarde, en Pentecost\u00e9s de 1632: todas las meditaciones de los ejercicios se ocupan de Jes\u00fas. En la oraci\u00f3n, le inva\u00adde el asombro al considerar que Jes\u00fas se haya unido al hombre por amor, y saca la reso\u00adluci\u00f3n de seguirlo e imitarlo en su vida humana. Escoge a Jes\u00fas como modelo y toma la decisi\u00f3n de \u00abimitarlo como una esposa intenta imitar a su esposo\u00bb.<\/p>\n<p>Como lo que hoy admitimos por una ferviente disc\u00edpula de San Vicente de Pa\u00fal, la se\u00f1orita Le Gras decide dominar su orgullo y asumir la sencillez y la humildad. Pero lo m\u00e1s admirable es el motivo por el que desea imitar a Jes\u00fas: \u00abNo tanto para recibir la gra\u00adcia de Dios, cuanto para agradecer su amor en la recomendaci\u00f3n de esta virtud, al ense\u00ad\u00f1arnos que la practiquemos, no a causa de nuestra bajeza, sino porque \u00c9l mismo es hu\u00admilde de coraz\u00f3n\u00bb. La presencia de Jes\u00fas se alarga en Mar\u00eda y en los ap\u00f3stoles (SV.I, c.115; SL. E 22).<\/p>\n<h2><i>Desposorio M\u00edstico<\/i><\/h2>\n<p>Santa Luisa de Marillac hab\u00eda entrado en la contemplaci\u00f3n m\u00edstica a trav\u00e9s de la No\u00adche pasiva que le sobrevino de 1621 a 1623, humanamente motivada por la enfermedad de su esposo. Su nuevo director, el sacerdote Vicente de Pa\u00fal, supo guiarla hasta lo m\u00e1s alto de la contemplaci\u00f3n, al desposorio m\u00edstico, del que habla Santa Teresa de Jes\u00fas con tanto entusiasmo en la sexta Morada, y al que pocos m\u00edsticos han llegado. Como siem\u00adpre, se lo cont\u00f3 a su director con lenguaje tan natural y en una circunstancia tan ordina\u00adria que nos extra\u00f1a que una oraci\u00f3n sublime pueda presentarse as\u00ed de sencilla. Los bi\u00f3\u00adgrafos de Luisa no suelen reparar en este incidente y hasta han querido explicarlo como una prolongaci\u00f3n de su matrimonio con Antonio Le Gras, ya que sucedi\u00f3 en el aniver\u00adsario de su boda.<\/p>\n<p>Identific\u00e1ndose el signo con el carisma, el desposorio m\u00edstico \u2014cima apetecida de la contemplaci\u00f3n\u2014 se realiz\u00f3 en medio del servicio a los pobres \u2014cima humana de la pre\u00adsencia amorosa de Jesucristo en el pobre\u2014 <i>y, <\/i>cosa curiosa, hac\u00eda tan s\u00f3lo unos meses que se hab\u00eda entregado a los pobres. Iba camino de Asni\u00e9res y de Saint-Cloud, el 19 de diciembre y el 5 de febrero de 1630 (E 16). Luisa ten\u00eda 38 a\u00f1os de edad, llevaba 22 a\u00f1os de oraci\u00f3n y hac\u00eda unos 8 a\u00f1os que en la oraci\u00f3n recib\u00eda la experiencia de la presencia de Dios.<\/p>\n<p>De la visita a la Caridad de Asni\u00e9res, se\u00f1ala con candidez: \u00abY a lo largo de todo el via\u00adje, <i>me parec\u00eda obrar sin ninguna intervenci\u00f3n de m\u00ed misma\u00bb. <\/i>De la visita a Saint-Cloud, escribe embelesada en el incre\u00edble encuentro que hab\u00eda tenido lugar en su alma: \u00abEn la santa comuni\u00f3n, me pareci\u00f3 que nuestro Se\u00f1or me daba el pensamiento de recibirlo co\u00admo a esposo de mi alma, y aunque <i>esto me era ya una forma de desposorio, <\/i>y me sent\u00ed tan fuertemente unida a Dios en esta consideraci\u00f3n que para m\u00ed fue tan extraordinaria; y tuve el pensamiento de dejarlo todo para seguir a mi esposo y de mirarlo de aqu\u00ed en ade\u00adlante como a tal, y de soportar las dificultades que encontrar\u00eda como recibi\u00e9ndolas en <i>co\u00ad<\/i><i>municaci\u00f3n de bienes\u00bb.<\/i><\/p>\n<p>Todo se presenta como en un desposorio m\u00edstico. Adem\u00e1s del lenguaje impreciso pa\u00adra expresar una experiencia m\u00edstica <i>inefable: <\/i>\u00abme pareci\u00f3\u00bb.., y del sentimiento convenci\u00addo del desposorio realizado, est\u00e1n presentes las caracter\u00edsticas del acto contemplativo: apa\u00adrece el Otro que le comunica algo y Luisa experimenta una sensaci\u00f3n sobrenatural fuera de lo com\u00fan. Es un sentimiento de bienestar que le dura largo tiempo y que le ha graba\u00addo el Otro, Dios o nuestro Se\u00f1or. Luisa no interviene, es sujeto pasivo donde Dios reali\u00adza, y ella es consciente de que Dios ha realizado algo extraordinario en ella. Este <i>algo <\/i>le parece un desposorio espiritual y lo considera como ya realizado. Y recalca que, a ra\u00edz de este desposorio hay, como en el matrimonio humano, <i>una comunicaci\u00f3n de bienes. <\/i>En otro momento, igualmente trascendental, siente que el Otro la hab\u00eda pose\u00eddo y obraba en ella como sujeto de operaciones. \u00bfUni\u00f3n transformante?<\/p>\n<p>Desde 1633, la nueva mujer en que se hab\u00eda convertido la se\u00f1orita Le Gras al lado de Vicente de Pa\u00fal, entr\u00f3 de una manera natural y, al mismo tiempo, misteriosa, en un mun\u00addo hasta hac\u00eda poco extra\u00f1o para ella: el mundo de los pobres. Se har\u00e1 una santa tan acti\u00adva como contemplativa. En su vida espiritual, se introdujo el vicencianismo, pero nunca podr\u00e1 olvidar la formaci\u00f3n espiritual de su juventud. Es la marca que le dejaron su ni\u00f1ez y juventud. As\u00ed, naci\u00f3 su espiritualidad, la propia: una mezcla admirable de vicencianis\u00admo y de Escuela Abstracta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Preparaci\u00f3n para el encuentro De 1625 a 1629, Luisa fue descubriendo su vocaci\u00f3n. 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