{"id":12484,"date":"2011-09-10T08:00:57","date_gmt":"2011-09-10T06:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=12484"},"modified":"2011-09-10T08:00:57","modified_gmt":"2011-09-10T06:00:57","slug":"el-desarrollo-psico-espiritual-de-juan-gabriel-perboyre","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-desarrollo-psico-espiritual-de-juan-gabriel-perboyre\/","title":{"rendered":"El desarrollo psico-espiritual de Juan Gabriel Perboyre"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\"><em>\u00abLa \u00faltima tentaci\u00f3n es la mayor traici\u00f3n:<br \/>\nhacer la cosa justa por una equivocada raz\u00f3n\u00bb<\/em><br \/>\nT. S. Eliot, <em>Murder in the Cathedral<\/em><\/p>\n<p><em> <\/em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/03\/perboyre1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-49498\" title=\"perboyre\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/03\/perboyre1.jpg?resize=220%2C346\" alt=\"\" width=\"220\" height=\"346\" \/><\/a>Al final de un pasillo del Seminario de <em>All Hallows,<\/em> donde est\u00e1 mi despacho, hay una estatua de escayola de Juan Gabriel Perboyre. Es un modelo cl\u00e1sico de principios del siglo XX. Juan Gabriel est\u00e1 colgado, con la cabeza baja y tiene vestiduras chinas. La figura aparece relativamente fr\u00e1gil y apesadumbrada. Los colores son tenues, apagados. Se trata de una estatua que, con toda probabilidad, se repite en los establecimientos vicencianos a trav\u00e9s del mundo. Nos habla de un hombre que aguant\u00f3 el sufrimiento con paciencia, que acept\u00f3 la voluntad de Dios, que fue al martirio con mansedumbre y piedad. He aqu\u00ed un buen pastor que da su vida por las ovejas; he aqu\u00ed el grano de trigo molido hasta la blancura por su muerte.<\/p>\n<p>Un hiriente contraste fue la pintura del recientemente canonizado m\u00e1rtir expuesta en el presbiterio de San Pablo Extramuros el a\u00f1o pasado. En ella nuestro cohermano levanta la cabeza al cielo. Los colores son profundos y vibrantes, ricos azules y profundos malvas. Lo m\u00e1s llamativo, con todo, es el retrato de su cuerpo. No se trata de un hombre fr\u00e1gil sino de un \u00abmusculoso cristiano\u00bb en todos los sentidos. Los vestidos est\u00e1n rasgados para revelar su musculatura y fortaleza. Mi inmediata, quiz\u00e1s irreverente, reacci\u00f3n al verlo fue la de estar contemplando a Juan Gabriel como a un Rambo, como a un h\u00e9roe de acci\u00f3n. He aqu\u00ed el bravo y valiente h\u00e9roe que se enfrent\u00f3 a la muerte con coraje y fortaleza; he aqu\u00ed un guerrero, un h\u00e9roe.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l de los dos, en el caso de que sea uno de ellos, es el verdadero Juan Gabriel Perboyre? Sabemos que su salud f\u00edsica le caus\u00f3 siempre problemas y que por alg\u00fan tiempo temi\u00f3 que le impidiera alcanzar su sue\u00f1o de partir para la misi\u00f3n de China. Sabemos que sufri\u00f3 de una hernia que le ocasionaba grandes dolores y, algunas veces, hasta le imped\u00eda moverse. Pero sabemos tambi\u00e9n que, a diferencia de su hermano Luis, sobrevivi\u00f3 al viaje a China y a otros muchos en el interior de ese pa\u00eds. Sabemos que en realidad descubri\u00f3 que el ambiente chino le ven\u00eda mejor a su salud que el de la ciudad de Par\u00eds (Carta 69).<\/p>\n<h2><strong>Santos: iconos e im\u00e1genes<\/strong><\/h2>\n<p>C\u00f3mo representamos a nuestros santos indica tanto sobre ellos como sobre nosotros. Precisamente, porque ellos se nos ofrecen como modelos a los que nosotros debemos emular en nuestra fe, por eso los conformamos a imagen de lo que nosotros esperamos ser. Ellos son para nosotros iconos de lo divino; lo que Joan Chittister ha llamado \u00abfragmentos del rostro de Dios\u00bb. Pero, al mismo tiempo, las im\u00e1genes que de ellos pintamos y moldeamos, revelan lo que nosotros queremos que ellos sean para nosotros, y lo que nosotros queremos que ellos sean para nosotros puede y, de hecho, cambia con el correr del tiempo.<\/p>\n<p>El Juan Gabriel de la Devota Revoluci\u00f3n de finales del siglo XIX y el Juan Gabriel de la Iglesia del post-Vaticano II son la misma persona, vista, empero, desde muy distintas perspectivas. De la misma manera que el Vicente de Pa\u00fal de la \u00e9poca anterior a la Devota Revoluci\u00f3n era presentado (como en la bas\u00edlica de San Pedro en Roma) como el vigoroso misionero, blandiendo en su mano la cruz, apuntando al cielo y exhortando a los que lo contemplan a vivir la fe; as\u00ed como en la \u00c9poca Devota Vicente fue retratado como el bondadoso padre de hu\u00e9rfanos, arrostrando frecuentemente los elementos, cobijando a los ni\u00f1os bajo su manto, y actualmente es representado como el hombre \u00aben el medio\u00bb (como en el icono de Kurt Welter o en la estatua en <em>De Paul University,<\/em> Chicago), as\u00ed nuestras representaciones de Juan Gabriel Perboyre han cambiado.<\/p>\n<p>La inspiraci\u00f3n para el presente trabajo procede de un libro de Susan McMichaels. En <em>Out of the Garden, <\/em>habla ella de su deseo de presentar a San Francisco de As\u00eds como algo distinto de una estatua de jard\u00edn, \u00abun est\u00e1tico icono cultural de inalcanzable amabilidad y paz\u00bb. Como reacci\u00f3n a una visi\u00f3n sentimental de Francisco, dice ella que \u00abdebemos apreciar la batalla que \u00e9l tuvo que afrontar y estar dispuestos a sufrir nosotros la misma transformaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La metodolog\u00eda para este trabajo, que se expondr\u00e1 m\u00e1s adelante, la design\u00e9 para un trabajo anterior publicado en <em>Colloque,<\/em> en el n\u00famero de la primavera de 2000. \u00abLa Transfiguraci\u00f3n del Lugar Com\u00fan: el desarrollo psico-espiritual de Luisa de Marillac\u00bb, que ten\u00eda como subt\u00edtulo \u00ab\u00bfFue Luisa realmente una neur\u00f3tica?\u00bb.<\/p>\n<p>De la misma manera que con Luisa de Marillac, con Juan Gabriel Perboyre es necesario aplicar lo que Elizabeth Schusster Florenza llama \u00abuna hermen\u00e9utica de sospecha\u00bb. Tal que como con Francisco y Luisa, hay con Juan Gabriel un persistente mito, perpetuado en la tradici\u00f3n oral de la Congregaci\u00f3n y en los retratos a \u00e9l relativos en el arte: el de quien en una equivalencia paralela con la Pasi\u00f3n de Cristo, sufri\u00f3 su propio v\u00eda crucis. Fue traicionado por un disc\u00edpulo, soport\u00f3 la irrisi\u00f3n y el desprecio y muri\u00f3 en una cruz. Una hermen\u00e9utica de sospecha nos invita, de una parte, a ser precavidos en aceptar las cosas a primera vista y, de otra, a buscar una m\u00e1s amplia motivaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, trat\u00e1ndose de un m\u00e1rtir, nos inclinamos a leer su aceptaci\u00f3n del martirio como se\u00f1al de una profunda y desarrollada espiritualidad. Su santidad es atestiguada por la declaraci\u00f3n de su canonizaci\u00f3n, pero ello nos dice poco del hombre que fue martirizado. En algunas circunstancias, el martirio es una directa irrupci\u00f3n en la corriente de la vida de una persona, que requiere una respuesta inmediata. Que Juan Gabriel estuvo dispuesto a responder y a dar testimonio de su fe hasta la muerte es incontestable; lo que este trabajo intenta explorar es c\u00f3mo \u00e9l lleg\u00f3 a este punto, desde qu\u00e9 perspectiva pudo \u00e9l tomar esa decisi\u00f3n y c\u00f3mo su vida hasta ese momento lo prepar\u00f3 para la elecci\u00f3n que hizo. La cita de Elliot, <em>Murder in the Cathedral, <\/em>que trata del martirio de Tom\u00e1s Becket, nos recuerda que el hecho del martirio en s\u00ed mismo es poco indicativo de la motivaci\u00f3n para sufrir tal martirio.<\/p>\n<p>S\u00e9ame permitido establecer claramente mi posici\u00f3n desde el principio: la figura de Juan Gabriel me dejaba fr\u00edo e indiferente. Un cohermano franc\u00e9s muerto en China hace siglo y medio antes de mi nacimiento. Conoc\u00eda yo poco sobre \u00e9l y no intentaba conocer m\u00e1s. Las im\u00e1genes a \u00e9l relativas no me atra\u00edan; nada conoc\u00eda yo de c\u00f3mo \u00e9l pensaba o sent\u00eda. No ten\u00eda contornos personales para m\u00ed, desempe\u00f1aba s\u00f3lo un papel; fue martirizado, y el martirio no me atra\u00eda ni probablemente era parte de mi destino o del camino de mi fe. China estaba a miles de kil\u00f3metros de mi casa y a millones de mi conciencia. No me atra\u00eda como lo hac\u00edan Vicente, Luisa, Catalina y Federico. Estos eran personas que hab\u00edan vivido en un medio cercano al m\u00edo, que expresaron una fe que hablaba a la m\u00eda, que, aunque separados de m\u00ed por el tiempo y cultura, parec\u00edan reales, aut\u00e9nticos y vibrantes. Pod\u00eda identificarme con sus luchas y con el empe\u00f1o de unas vidas comprometidas y consagradas. En realidad, de verdad me fue dif\u00edcil suscitar en m\u00ed entusiasmo alguno por las celebraciones de la canonizaci\u00f3n de Juan Gabriel. Sent\u00ed m\u00e1s emoci\u00f3n por la canonizaci\u00f3n de Edith Stein de Auschwitz, por el mismo tiempo.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas se me pidi\u00f3 que escribiera este trabajo para <em>Vincentiana. <\/em>Deberes y tareas entre manos hicieron que tuviera que posponerlo y me retras\u00e9 en comenzar a leer sus cartas. Esas cartas me empujaron a una relaci\u00f3n con mi cohermano m\u00e1rtir. No puede uno leer las cartas de otro sin formarse una opini\u00f3n de ellas y sin entrar, aunque sea de lejos, en una relaci\u00f3n con su autor.<\/p>\n<h2><strong>Metodolog\u00eda<\/strong><\/h2>\n<p>En este texto , examinar\u00e9 al P. Perboyre a trav\u00e9s de la lente de sus cartas. Juan Gabriel no produjo alg\u00fan texto espiritual u otros escritos que pudieran revelarnos algo de su desarrollo espiritual. No tuvo conciencia de que sus cartas ser\u00edan le\u00eddas por futuras generaciones (aunque s\u00ed supo que muchas de ellas ser\u00edan le\u00eddas por otras personas que los destinatarios). Sus cartas est\u00e1n conscientemente elaboradas y no son un conjunto no estructurado de notas y divagaciones. Aunque escritas con un fin e intenci\u00f3n, son, sin embargo, reveladoras de sus estados de \u00e1nimo. Podr\u00edan cumplir las mismas funciones que las <em>Pruebas tem\u00e1ticas de percepci\u00f3n<\/em> (<em>Thematic Apperception Tests, TATs<\/em>) respecto al perfil o imagen psicol\u00f3gicos. En estas pruebas, se pide a los candidatos que redacten una corta historia o escrito acerca de una imagen o cuadro que se les presenta. Como las cartas, estos escritos son elaboraciones conscientes, pero son reveladores de ciertas necesidades fundamentales, de actitudes y deseos.<\/p>\n<p>Las cartas ser\u00e1n confrontadas con dos \u00abtextos estructurales\u00bb, que tratar\u00e1n de evaluar las respuestas del sujeto a la luz de algunos criterios externos. Los textos en este caso son <em>Los Ejercicios espirituales<\/em> de San Ignacio de Loyola y la <em>Antropolog\u00eda de la vocaci\u00f3n cristiana, <\/em>del jesuita Luis Rulla.<\/p>\n<h2><strong>Limitaciones y Presupuestos<\/strong><\/h2>\n<p>La limitaci\u00f3n fundamental de este trabajo es la del espacio; un somero estudio como el presente puede s\u00f3lo tocar ciertos aspectos de la vida de Juan Gabriel y \u00fanicamente, adem\u00e1s, los revelados en sus cartas. El estudio no puede intentar justificar extensamente los pilares antropol\u00f3gicos y psicol\u00f3gicos del trabajo de Rulla.<\/p>\n<p>Otra, y considerable limitaci\u00f3n, es la lengua. Juan Gabriel y el que esto escribe hablamos lenguas muy diferentes \u2013 no simplemente el franc\u00e9s parisino del siglo XIX y el ingl\u00e9s irland\u00e9s del siglo XX \u2013, sino tambi\u00e9n un lenguaje diferente en estructuras, visi\u00f3n del mundo e interpretaciones. Las traducciones son m\u00edas propias. Por muy aventajado que yo pueda ser en franc\u00e9s, no llegar\u00e9 a entender todos sus matices y sutilezas, al no ser el franc\u00e9s mi lengua materna.<\/p>\n<p>Juan Gabriel y yo somos miembros de la misma Congregaci\u00f3n, pero la suya fue la Congregaci\u00f3n refundada en Francia y China en un tiempo de crecimiento despu\u00e9s de la confusi\u00f3n de la Revoluci\u00f3n Francesa. La m\u00eda es la Congregaci\u00f3n del post-Concilio Vaticano II, en un tiempo de disminuci\u00f3n de efectivos en Europa y en otras partes del mundo occidental. Los modelos de vida comunitaria y autoridad en los que ambos vivimos son aparentemente semejantes pero, al mismo tiempo, radicalmente distintos.<\/p>\n<p>Las cartas que se conservan son necesariamente s\u00f3lo una fracci\u00f3n de todas las que Juan Gabriel escribi\u00f3 (aunque no parece que fuera \u00e9l un abundante escritor de cartas, a\u00fan en sus primeros a\u00f1os). Las cartas 1 a 64 en la edici\u00f3n de 1940 de Van den Brandt, son trascripciones de copias hechas por Jos\u00e9 Baros, C.M. Los originales se hab\u00edan perdido. Se atestigua que son verdaderas y exactas pero no podemos garantizar que no hayan sido alteradas en el proceso de trascripci\u00f3n por Baros a una ortograf\u00eda moderna (Prefacio). Sabemos que, al igual que Otto Frank edit\u00f3 y cambi\u00f3 el diario de su hija Ana, as\u00ed tambi\u00e9n las congregaciones religiosas han cambiado aspectos de la vida de sus fundadores, aspectos que no resultaban c\u00f3modos para las primeras generaciones, especialmente a la luz de la Revoluci\u00f3n Devota, mencionada anteriormente (v\u00e9ase mi art\u00edculo sobre Luisa de Marillac citado arriba y sobre Margaret Aylward, Cornelia Connolly y Margaret Anna Cusack, en <em>Colloque, <\/em>de oto\u00f1o de 1999).<\/p>\n<p>No pretendo que Juan Gabriel estuviera, en alguna manera significativa, al tanto de los <em>Ejercicios<\/em> de San Ignacio; m\u00e1s bien los tomo como un texto que da una estructura y perfil al camino cristiano en orden a seguir la voluntad de Dios y clarificar la presencia y la acci\u00f3n de Dios en la vida humana.<\/p>\n<p>Igualmente, mi presupuesto b\u00e1sico es que todos los cristianos est\u00e1n llamados a seguir a Cristo y a hacerlo con todo su ser: con sus dones y limitaciones de perspectiva, de psicolog\u00eda, personalidad y experiencia. M\u00e1s a\u00fan, pienso que respondemos no solamente desde el \u00ab\u00e1rea\u00bb de nuestras decisiones conscientes sino tambi\u00e9n desde otras motivaciones inconscientes. Es esta \u00e1rea, especialmente, la que trato de examinar en la vida de nuestro cohermano, Juan Gabriel: c\u00f3mo, llevando consigo el peso de sus inconscientes motivaciones y preocupaciones que, en cierta medida, limitaban su libertad, fue \u00e9l capaz de responder a la llamada de Dios cuando \u00e9l la reconoci\u00f3 en su vida y, de esa manera, pudo moverse a lo largo del camino de santidad.<\/p>\n<h2><strong>Mi objetivo al emprender este trabajo<\/strong><\/h2>\n<p>Es importante para un autor reconocer sus intereses y preocupaciones, sus tendencias y prejuicios, al menos en la medida en que se da cuenta de ellos.<\/p>\n<p>Emprend\u00ed este trabajo porque se me pidi\u00f3, pero tambi\u00e9n porque estoy intrigado por c\u00f3mo nuestra naturaleza y psicolog\u00eda contribuyen a la formaci\u00f3n y desarrollo de nuestra fe. Lo emprend\u00ed tambi\u00e9n porque ello supon\u00eda para m\u00ed un reto y me obligaba a conocer a un cohermano del que hab\u00eda o\u00eddo hablar con frecuencia pero del que no ten\u00eda conocimiento personal.<\/p>\n<p>Lo emprend\u00ed en unas circunstancias en las que pens\u00e9 que tendr\u00eda m\u00e1s tiempo a mi disposici\u00f3n del que en realidad tuve.<\/p>\n<p>Lo emprend\u00ed con la sospecha de que no me iba a gustar Juan Gabriel Perboyre. Me siento menos atra\u00eddo por los m\u00e1rtires que por quienes tratan de vivir su fe a trav\u00e9s de los a\u00f1os de una larga vida. Me siento menos atra\u00eddo por los misioneros <em>ad gentes <\/em>que por quienes permanecen sirviendo entre los suyos. Me siento menos atra\u00eddo por quienes expresan su fe en lugares \u00abex\u00f3ticos\u00bb que por quienes viven su compromiso en lo cotidiano y repetitivo de lo ordinario. Me siento m\u00e1s atra\u00eddo por lo ordinariamente sagrado que por las gestas del \u00abatr\u00e9vete a hacerlo\u00bb. Me inclinaba a ver a Juan Gabriel como uno que, en un momento de gracia, hab\u00eda ganado la corona del martirio, pero que no hab\u00eda sido probado en su fe por los a\u00f1os, por la monoton\u00eda y por la edad.<\/p>\n<h2><strong>Los cuatro \u00abyoes\u00bb<\/strong><\/h2>\n<p>Siempre me ha resultado muy \u00fatil a este respecto el trabajo de Jones y Harrington. Han presentado ellos la <em>Ventana de <span style=\"text-decoration: underline\">JoHari<\/span>,<\/em> que nos capacita para ver a trav\u00e9s de precisas im\u00e1genes que cada uno de nosotros es una combinaci\u00f3n de cuatro yoes.<\/p>\n<p>En el primer eje proponen ellos dos manifestaciones del sujeto: las cosas que son conocidas y accesibles y las que son desconocidas e inaccesibles. En el otro eje proponen los aspectos conocidos o desconocidos para los dem\u00e1s. Cuando estos ejes se encuentran Jones y Harrington enumeran cuatro diferentes yoes: As\u00ed, lo que es conocido y accesible para m\u00ed para los dem\u00e1s constituye el <em>yo p\u00fablico,<\/em> mientras que lo que es conocido para m\u00ed, pero oculto para los dem\u00e1s es el <em>yo privado.<\/em> Lo que los otros pueden observar pero es oculto para el propio yo es el <em>yo ciego,<\/em> mientras que lo que permanece inaccesible tanto al propio yo como a los dem\u00e1s es el <em>yo oculto.<\/em><\/p>\n<p>En el contexto de sus cartas, Juan Gabriel revela su <em>yo p\u00fablico<\/em> y, en algunas de ellas, ciertamente, su <em>yo privado.<\/em> Unas y otras se sit\u00faan en la esfera de lo consciente: Juan Gabriel escoge lo que quiere decir y c\u00f3mo decirlo. El lector, sin embargo, aplicando ciertas herramientas, puede adquirir alguna percepci\u00f3n del <em>yo oculto:<\/em> las subconscientes motivaciones, las necesidades e impulsos que actuaban en \u00e9l. Combinando todo esto, uno puede hacer sugerencias provisionales sobre su inconsciente, <em>yo ciego,<\/em> pero teniendo siempre en cuenta que tales sugerencias son siempre provisionales. La persona que emerge de un estudio, por profundo que sea, y realizado por las manos de un observador o bi\u00f3grafo, por experto e imparcial que sea, es siempre una mera p\u00e1lida sombra de la persona que emerge como resultado de la vida.<\/p>\n<h2><strong>La vida de Juan Gabriel examinada a la luz de las percepciones psicol\u00f3gicas modernas<\/strong><\/h2>\n<p>En su <em>Antropolog\u00eda de la vocaci\u00f3n cristiana<\/em><em>, <\/em>Rulla propone tres pruebas b\u00e1sicas en orden a evaluar los aspectos patol\u00f3gicos del estado mental de una persona. Son:<\/p>\n<ol>\n<li>La afectividad: el sentido personal del yo y las fronteras psicol\u00f3gicas;<\/li>\n<li>La percepci\u00f3n de la realidad: la capacidad de la persona para expresar y reconocer la realidad concreta.<\/li>\n<li>Las operaciones concretas: la capacidad de la persona para trabajar y relacionarse con los dem\u00e1s.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En estos t\u00e9rminos, aunque hay, como veremos, \u00e1reas de conflicto en la vida de Perboyre, nada se encuentra indicativo de patolog\u00eda. Como las cartas atestiguan, Juan Gabriel tuvo y mantuvo largas y duraderas relaciones con su familia, especialmente con su t\u00edo Santiago Perboyre, C.M., y con quienes entraron en la Familia Vicenciana: sus hermanos Luis (Pedro) y (Juan) Santiago, C.M.; y su hermana, Antonieta, H.C. Se sirvi\u00f3 de las cartas constantemente para enviar saludos a otros parientes, amigos y cohermanos, y sinti\u00f3 un evidente y gran placer al recibir carta de ellos: \u00abTres personas a las que igualmente amo y cada una de ellas me es tan querida como mi propia vida, llegaron a mi habitaci\u00f3n al mismo tiempo&#8230; tres cartas&#8230; desde Par\u00eds, Montdidier y Le Puech&#8230; Tres cartas firmadas: Luis, Santiago&#8230; Antonio Perboyre\u00bb (Carta 20).<\/p>\n<p>Su trabajo y sus \u00abascensos\u00bb (Superior en San Floro, un a\u00f1o despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n, a la edad de 25 a\u00f1os; subdirector del Seminario en Par\u00eds a los 30) indican que fue tenido en gran consideraci\u00f3n por sus Superiores. No hay indicios, ni en las cartas ni en la tradici\u00f3n oral o escrita, de que fuera o fuera tenido por fracasado en alg\u00fan campo.<\/p>\n<p>Rulla perfila tambi\u00e9n tres dimensiones de la persona humana y, para ello, como \u00e9l reconoce, se inspira en los <em>Ejercicios Espirituales <\/em>de su fundador:<\/p>\n<ol>\n<li>El \u00e1rea del bien y del mal; discernimiento entre los dos, que funciona en primer lugar a nivel de las estructuras conscientes. Se le puede llamar el <em>yo manifiesto.<\/em> La falta de madurez en este nivel, generalmente ser\u00e1 consciente; la persona que se da cuenta de las tensiones internas elige comportarse de una determinada manera;<\/li>\n<li>El \u00e1rea del bien real y del bien aparente: es el \u00e1rea de la acci\u00f3n concomitante de las estructuras conscientes e inconscientes. La falta de madurez aqu\u00ed es por lo general inconsciente, y muy probablemente el resultado de tensiones interiores no reconocidas;<\/li>\n<li>El \u00e1rea de la normalidad o de la patolog\u00eda: en este punto la libertad para actuar con madurez se halla seriamente minada por motivaciones inconscientes.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Hay que entender que Rulla ve estas dimensiones en toda vida humana y no como distinciones entre diferentes tipos de personas. Tampoco sugiere que las delimitaciones entre las \u00ab\u00e1reas\u00bb sean duras y firmes: a\u00fan lo que elijo conscientemente puede estar dictado en alguna medida por no reconocidas motivaciones inconscientes.<\/p>\n<p>La vida de Juan Gabriel y su decisi\u00f3n de abrazar el aislamiento de la misi\u00f3n (aunque manteniendo lazos con la patria) y, subsiguientemente, la de aceptar el martirio, indican que en la primera dimensi\u00f3n \u00e9l, con toda libertad y conscientemente, eligi\u00f3 \u00abel bien\u00bb y trat\u00f3 de discernir la voluntad de Dios en su vida.<\/p>\n<p>Hemos visto que en ello no hubo nada que indicara la existencia en \u00e9l de algo patol\u00f3gico o alguna manifestaci\u00f3n de desorden org\u00e1nico. Consiguientemente, podemos asumir que su libertad de elecci\u00f3n en manera alguna estuvo seriamente mermada.<\/p>\n<p>El \u00e1rea de inter\u00e9s, por lo tanto, es la de la segunda dimensi\u00f3n. En orden a clarificar las implicaciones de esta dimensi\u00f3n necesitamos volver de nuevo al trabajo de Rulla, a lo que \u00e9l llama <em>necesidades y actitudes,<\/em> que considera en su aspecto de direcci\u00f3n, de dar orientaciones o tendencias a la persona. En el caso de Juan Gabriel, examinaremos c\u00f3mo posibles motivaciones inconscientes pudieron estar influyendo en su vida y, lo que es m\u00e1s importante, c\u00f3mo obr\u00f3 \u00e9l dentro de su \u00abcampo de libertad\u00bb.<\/p>\n<p>Rulla define las necesidades como \u00abtendencias innatas en relaci\u00f3n con objetos importantes para uno mismo\u00bb, en contraste con los valores, que son \u00abtendencias innatas en orden a responder a objetos importantes en s\u00ed mismos\u00bb. Las actitudes son \u00abdisposiciones habituales\u00bb que pueden surgir directamente de una necesidad fundamental o como reacci\u00f3n a una necesidad fundamental. Una vez m\u00e1s, el espacio nos impide examinar profundamente la lista de tales necesidades y de las actitudes, pero una mirada a algunas de ellas podr\u00eda proporcionarnos una m\u00e1s \u00edntima percepci\u00f3n de Juan Gabriel.<\/p>\n<p>Al tratar de las necesidades y actitudes, Rulla las divide as\u00ed:<\/p>\n<ul>\n<li>Las consideradas importantes para la vocaci\u00f3n cristiana y, por lo tanto, vocacionalmente en consonancia.<\/li>\n<li>Las consideradas menos importantes para la vocaci\u00f3n cristiana y, por lo tanto, vocacionalmente neutrales.<\/li>\n<li><em>Abajamiento: <\/em>someterse pasivamente a una fuerza externa.<\/li>\n<\/ul>\n<p>A\u00fan teniendo en cuenta las costumbres del tiempo y el tono devoto del lenguaje, que le impulsaba a uno a hablar de s\u00ed mismo en registros de abajamiento, sorprende constantemente c\u00f3mo Juan Gabriel se abaja ante la autoridad. L\u00e9ase, por ejemplo, la carta 99 a Aladel, Asistente General en Par\u00eds: \u00abusted deseaba dirigirme dos palabras&#8230; su humildad lo lleva a pedir una participaci\u00f3n en las buenas obras de un pobre hombre que nunca las realiza y probablemente nunca las har\u00e1; m\u00e1s bien, tenga piedad de su pobreza y dele, por favor, una parte en las riquezas espirituales de usted\u00bb.A\u00fan teniendo en cuenta el estilo en boga entonces, el uso de esa terminolog\u00eda en relaci\u00f3n con Dios indica una actitud semejante ante lo divino. En su carta 19, a su hermano Luis, contrapone el celo de Luis con su pecaminosidad.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Realizaci\u00f3n: <\/em>realizar algo dif\u00edcil, dominar \/ organizar objetos, personas e ideas.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Perboyre fue ciertamente un organizador y llev\u00f3 a cabo muchas cosas. En la carta a su primo p\u00e1rroco en Caviole, describe lo que un sacerdote debe hacer, y en ese contexto cuenta expresamente lo que \u00e9l mismo ha hecho en China. La carta 10, al Rector de la Academia de Clermont, es una pieza claramente elaborada para subrayar \u00ablo absurdo de su tesis\u00bb, del Rector, en orden a regularizar la situaci\u00f3n de sus estudiantes, de Perboyre, que eran aspirantes al estado clerical.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Afiliaci\u00f3n: <\/em>acercarse y gozosamente colaborar con un compa\u00f1ero, con un asociado.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Algo que inmediatamente se nota en Juan Gabriel es su identificaci\u00f3n con la Congregaci\u00f3n. Termina muchas de sus cartas con saludos para los cohermanos en otras casas, o con la petici\u00f3n de informaci\u00f3n sobre ellos. En la Medalla Milagrosa, especialmente, ve una se\u00f1al del favor de Dios y de la protecci\u00f3n de Mar\u00eda sobre la comunidad (40, 44 a su t\u00edo); San Vicente, dice, \u00abconcede muchas bendiciones sobre su familia\u00bb (45), y durante los disturbios de 1834 informa, \u00abnuestro barrio ha permanecido muy tranquilo pues estamos bajo la protecci\u00f3n de nuestro buen padre, San Vicente de Pa\u00fal\u00bb (47). Es consciente de los privilegios y obligaciones de pertenecer a la CM (41, a su primo Gabriel CM). Como se ha hecho notar, est\u00e1 m\u00e1s unido a quienes de su propia familia han llegado a formar parte de la Familia Vicenciana y se alegra cuando Antonieta ingresa en las Hijas de las Caridad y se preocupa de que Mar\u00eda Ana pudiera no hacerlo (44). La familia, en s\u00ed misma, parece menos importante para \u00e9l. De las cartas que se conservan, 12 est\u00e1n dirigidas directamente a sus padres, 17 a su t\u00edo. Es m\u00e1s, los asuntos de los que quedaron en casa le preocupan menos, seg\u00fan parece; no conoc\u00eda el nombre de su cu\u00f1ado, esposo de su hermana Juana, la \u00fanica de los hermanos que se cas\u00f3.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Agresi\u00f3n: <\/em>vencer la oposici\u00f3n en\u00e9rgicamente.<\/li>\n<\/ul>\n<p>La carta al Rector en Clermont (10, arriba citada) nos muestra a un hombre que sabe encauzar en\u00e9rgicamente la agresi\u00f3n para afirmar un punto de vista. La agresi\u00f3n, sin embargo, no fue siempre tan bien encauzada. En unas primeras cartas a Luis (11, 13 y 17) corrige la ortograf\u00eda y la gram\u00e1tica de su hermano, cuando, como lo demuestran las correcciones en la edici\u00f3n de Van den Brandt, \u00e9l mismo tampoco era invariablemente correcto.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde en el curso de su vida, adopta una actitud parecida con Torrete, Superior en Macao, y presenta algunas correcciones a la carta de Torrete publicada en la 48 edici\u00f3n de los <em>Anales de Propaganda Fide <\/em>(96). Hab\u00eda intentado algo parecido en la carta 93 (\u00bf1838?), en la que expuso su no solicitada opini\u00f3n respecto al nombramiento de Vicarios Apost\u00f3licos. Esas dos cartas, en estilo y contenido, parecen indicar una agresi\u00f3n, expresada con cierta grandiosidad, una suposici\u00f3n de superioridad. Mientras Luis, a juzgar por el tono de posteriores cartas, parece que ech\u00f3 las correcciones a buena parte, Torrette no reaccion\u00f3 as\u00ed, como lo vamos a ver a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Evitar la censura: <\/em>ocultar o justificar una maldad, fracaso o humillaci\u00f3n. No hay evidencia en las cartas de que Juan Gabriel dijera nunca una mentira directa para ocultar algo humillante. Sin embargo, est\u00e1 claro que Torrette no acept\u00f3 amablemente la reprimenda y humillaci\u00f3n. Acus\u00f3 a Perboyre de \u00abentretenerse en trivialidades\u00bb y fijarse en peque\u00f1eces (98). La respuesta de Juan Gabriel nos lo muestra tratando de defenderse. M\u00e1s serias que las acusaciones de nimiedad y pedanter\u00eda fueron las que parecen impl\u00edcitas en las frases que Juan Gabriel emplea en su respuesta, de que trataba de situarse en una oposici\u00f3n a los procuradores de Macao en general y a Torrette en particular. Torrette parece que acus\u00f3 a Juan Gabriel de considerarse como un \u00abveterano misionero\u00bb (\u00e9l, un relativamente reciente llegado a China) y hasta de tratar de usurparle el puesto (98). Tambi\u00e9n, quiz\u00e1, acus\u00f3 a Juan Gabriel de informar de todo a Par\u00eds (\u00abNo tengo observaci\u00f3n alguna que hacer a Par\u00eds sobre este asunto\u00bb). En la carta 98, Perboyre se extiende considerablemente en justificarse, aun cuando se somete. Este mismo tono puede verse en la carta 101, cuando le comenta a Torrette: \u00abCuando yo le dije a usted el a\u00f1o pasado que las cosas que usted me hab\u00eda enviado (bragueros) no serv\u00edan, no tuve absolutamente intenci\u00f3n de quejarme, sino todo lo contrario, a\u00fan m\u00e1s, pues tengo con usted una gran deuda de gratitud por su amabilidad en ayudarme\u00bb.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Todav\u00eda en la anterior carta (98) insiste en hacer prevalecer su propia posici\u00f3n: \u00abActuando as\u00ed, \u00bfno teme usted que puede suscitar las sospechas del Gobierno Portugu\u00e9s&#8230;? \u00bfNo teme usted que este gobierno viendo que nuestros cohermanos P(ortugueses) no pueden hacer ellos ese trabajo aproveche la ocasi\u00f3n para quitarles sus posesiones?\u00bb<\/p>\n<ul>\n<li><em>Conocimiento<\/em>: conocer, investigar para adquirir informaci\u00f3n y conocimiento.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Perboyre, como se ve por sus cartas, pose\u00eda una aguda inteligencia. Su centrarse en los detalles (como en las cartas arriba citadas) es indicio de una personalidad ligeramente obsesiva a este respecto y de poner un gran \u00e9nfasis en la forma m\u00e1s que en el contenido. Vemos esto tambi\u00e9n en la carta 84, en la que cita un extracto en lat\u00edn de las facultades de los misioneros. La carta 89 a Pedro Mart\u00edn en Par\u00eds presenta con lucidez y sucintamente la situaci\u00f3n en China. Su carta del 24 de mayo de 1828 (11) a Luis, manifiesta su estima por los estudios y, quiz\u00e1s, tambi\u00e9n una cierta envidia de que Luis (a quien corrige su gram\u00e1tica) parece estar en una situaci\u00f3n \u00abacad\u00e9micamente\u00bb mejor que \u00e9l. La lista de autores que recomienda a Luis muestra su propia erudici\u00f3n, de una parte, y tambi\u00e9n, de nuevo, su toque de grandiosidad, arriba mencionado.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Sumisi\u00f3n (deferencia)<\/em>: admirar y apoyar a un superior.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Se diferencia esto del abajamiento (considerado anteriormente). No hay duda de que, combinando esta actitud con la de afiliaci\u00f3n a la Congregaci\u00f3n, Juan Gabriel apoy\u00f3 a los constituidos en autoridad, dentro y fuera de la Congregaci\u00f3n. Un tema recurrente en las cartas a su t\u00edo Santiago CM, es la deuda que para con \u00e9l tiene Juan Gabriel. Juan Gabriel acepta bien los nombramientos.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Dominaci\u00f3n<\/em>: controlar el propio entorno humano.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Juan Gabriel Perboyre fue ciertamente capaz de controlar su entorno. Algo de este deseo de controlar, quiz\u00e1s pueda verse como un s\u00edntoma de la tendencia a la grandiosidad; tal en su no solicitado consejo a Torrette. Lo mismo podemos notar, incluso, en su trabajo y actividades misioneras. Juan Gabriel comenta lo que observa (90 y 93), pero ha aprendido, sin duda, a dominar su entorno en el largo viaje por mar a China (Cf. su carta a Salhorne, Superior General, (59), y las cartas, que siguen, a su hermano, a su t\u00edo y a Torrette). De hecho, recrimina el esp\u00edritu de dominio y orgullo que ha permitido una situaci\u00f3n en la que \u00abUn Europeo&#8230; no puede caminar a pie o realizar cualquier trabajo servil sin deshonrarse a s\u00ed mismo\u00bb, lo que ha llevado a que los europeos miren a sus criados como \u00aba gente de otra clase que ellos\u00bb. Dicho eso, sugiere al mismo tiempo (79) que los chinos en el seminario deben tener \u00abesp\u00edritu de sumisi\u00f3n&#8230;. para con sus padres y cohermanos europeos\u00bb y cita el comentario de que \u00ab\u00a1en cuanto los chinos tienen el c\u00e1liz en los labios (ordenaci\u00f3n) ya nadie puede ser su maestro!\u00bb<\/p>\n<ul>\n<li><em>Exhibici\u00f3n<\/em>: causar impresi\u00f3n, maravillar, fascinar, o sorprender.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>No se encuentra rastro de exhibicionismo en Perboyre. En sus relatos del viaje mar\u00edtimo y de sus a\u00f1os en China, llenos de vivacidad y detalles, nunca se presenta en el papel de h\u00e9roe o salvador. Parece, sin embargo, que desea impresionar un tanto con sus descripciones sobre la situaci\u00f3n en China (Cf. la extensa carta 89 a Pedro Mart\u00edn, CM). Aunque redactadas en el estilo modesto al que nos hemos referido anteriormente (\u00aba pesar de ser yo el m\u00e1s in\u00fatil de todos los trabajadores que aqu\u00ed laboran&#8230;), es claro que intenta que sus opiniones sean consideradas como v\u00e1lidas e importantes.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Evitar el da\u00f1o<\/em>: evitar el dolor, el mal f\u00edsico, la enfermedad y la muerte.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Se ve claramente que Juan Gabriel no busca su propia comodidad. A\u00fan en el asunto del braguero, que aparece en unas cuantas cartas (96, 100, 101), no se aprovecha de su enfermedad como excusa para no trabajar (\u00a1le env\u00edan dos bragueros, uno demasiado peque\u00f1o, el otro para el lado izquierdo cuando su hernia estaba en el derecho!). Era consciente de su debilidad f\u00edsica y de sus enfermedades (94), pero nada de ello lo detuvo en el ejercicio de su misi\u00f3n (94, a su hermano Santiago). La carta 84 describe sus sufrimientos en una enfermedad que le dur\u00f3 desde la mitad de agosto hasta el 8 de septiembre de 1836, a la que siguieron dos per\u00edodos de fiebres: uno de \u00abtercianas\u00bb que le dur\u00f3 de la mitad de septiembre hasta principios de octubre, y el otro, de fiebre menos fuerte, con sudores durante la noche y que le afect\u00f3 la vista.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Crianza<\/em>: compadecerse, satisfacer las necesidades de los destituidos; alimentar, ayudar, apoyar, etc.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>En esto tampoco hay duda: Juan Gabriel ayud\u00f3 a los dem\u00e1s. Aunque su estilo de ayuda parezca dictado por las costumbres de su tiempo, trat\u00f3 de ayudar a sus padres y familia en la muerte de Luis (29, 30, 31), y sus cartas desde China hablan de algunas ayudas que \u00e9l proporcionaba (hasta dar un braguero casi nuevo a un chino, con el resultado de que el buen chino se march\u00f3 corriendo y cantando los mandamientos del Se\u00f1or, recibiendo el bautismo finalmente (100).<\/p>\n<ul>\n<li><em>Organizaci\u00f3n (orden)<\/em>: tener todo en limpieza, armon\u00eda, orden, pulcritud y precisi\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Como hemos visto, Juan Gabriel buscaba y admiraba el orden. Podemos descubrirlo en su atenci\u00f3n al detalle, por no decir hasta a las minucias, algunas veces; en la carta 78, hace notar que mientras ha o\u00eddo que San Bernardo ha sido declarado doctor, el a\u00f1alejo no lo menciona. En la misma carta, trata de conseguir una neta declaraci\u00f3n de los privilegios de la Congregaci\u00f3n en China. La carta 41, a su primo Gabriel CM, trata de los estipendios e intenciones de misa, asunto que expone claramente en seis apartados.<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n y el orden son cualidades que tambi\u00e9n admira en los otros. Le escribe a Nozo (70) y le dice que Torrette tiene dos cualidades muy apropiadas para su cargo, \u00abbuen criterio y voluntad eficaz de que se siga la Regla\u00bb.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Sentido l\u00fadico<\/em>: actuar \u00abdivertidamente\u00bb sin otra intenci\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Hay poco de divertido en Juan Gabriel, aunque la carta 20 (que relata la llegada de cartas de Luis, Santiago y Antonio) tiene un tono m\u00e1s jovial que otras muchas. Lo m\u00e1s sorprendente es que las cartas a su hermano m\u00e1s joven, Antonio, en contraste con las enviadas a sus hermanos en la Congregaci\u00f3n, Luis y Santiago, tienden a ser moralizadoras, y contienen poco de los toques de amistad y jovialidad que marcan a las otras (13, 34, 54, 65). Y , quiz\u00e1s, lo m\u00e1s indicativo es que las cartas a sus padres, aunque corteses, revelan poco de s\u00ed mismo y se centran en cosas pr\u00e1cticas y en dar saludos para los dem\u00e1s. Es digno de notarse que solamente la carta 29, que trata de la muerte de Luis, est\u00e1 dirigida juntamente a su padre y a su madre; todas las dem\u00e1s est\u00e1n dirigidas a su padre, con saludos, algunas veces como tard\u00eda ocurrencia, para su madre (7). Todas esas cartas est\u00e1n firmadas J. G. Perboyre: un signo de formalidad hasta en su conclusi\u00f3n.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Reconocimiento (aprobaci\u00f3n social)<\/em>: ganar prestigio, conseguir honores, alcanzar alabanzas y reconocimiento.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Juan Gabriel parece que no busc\u00f3 la aprobaci\u00f3n social en s\u00ed misma y tiene cuidado de evitar todo lo que pareciera implicar que buscaba el honor (hablando de su papel de Superior en San Floro dice: <em>quotidie morior<\/em> \u00abmuero cada d\u00eda\u00bb). Tiene, como se ha dicho, una muy alta opini\u00f3n del sacerdote y del misionero, que aplica (89) a los chinos. Dice: \u00abEl sacerdote&#8230; puede cumplir sus divinas funciones con toda la autoridad y toda la libertad propios de su car\u00e1cter\u00bb.<\/p>\n<p><em> <\/em>M\u00e1s adelante, reniega de todo inter\u00e9s en ser nombrado Superior en China o en buscar cualquier otro cargo (98). No obstante, tiene un elevado conocimiento de la funci\u00f3n y vocaci\u00f3n del sacerdote (algo com\u00fan entonces), y sus cartas a Torrette sobre la situaci\u00f3n de China parecen implicar que consideraba la suya como una voz que deb\u00eda ser escuchada: por ejemplo, cartas 90 y 91, que tratan del nombramiento de los Vicarios Apost\u00f3licos.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Gratificaci\u00f3n sexual<\/em>: establecer y desarrollar una relaci\u00f3n er\u00f3tica.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Aparte de su hermana Antonieta (Sor Josefina, HC), ninguna otra mujer fue la destinataria directa de una carta de Juan Gabriel. Antonieta y su prima Sor Apolonia Perboyre, HC, son mencionadas en las cartas (36 y otras) a Santiago y Gabriel, as\u00ed como su madre y hermanas, Juana y Mar\u00eda Ana, se nombran en las cartas que escribe a su casa y no siempre por su nombre. En la carta 18, a su padre, se refiere a Antonieta como \u00abmi hermana que est\u00e1 en el convento\u00bb. Algunas Hijas de la Caridad, Pellet (40) y Boulet (50), Superiora General, son mencionadas por su nombre, a las otras las saluda en general: \u00ablas Madres del Seminario\u00bb (40). Ninguna mujer de China es mencionada por su nombre, ni siquiera la posesa que \u00e9l cur\u00f3.<\/p>\n<p>Sus relaciones con los hombres, exceptuadas las mantenidas con los parientes, cohermanos, son afables, pero en modo alguno \u00edntimas; no hay ninguno, fuera de Luis y el t\u00edo Santiago, que reciba m\u00e1s cartas que otro. Muestra una conmovedora emoci\u00f3n en su carta de despedida a su hermano Luis, que part\u00eda para China: \u00abperd\u00f3name si te confieso que no he sido capaz de retener las l\u00e1grimas\u00bb (23). A su t\u00edo le escribe despu\u00e9s de la muerte de Luis (30):<\/p>\n<p><em>\u00bfQui\u00e9n me era tan querido entre los hombres como este pobre hermano? Estoy inconsolable. Mi coraz\u00f3n est\u00e1 hecho pedazos; torrentes de l\u00e1grimas corren incesantemente de mis ojos; humedezco el altar todos los d\u00edas&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Y contin\u00faa en tono como de predicaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a1Oh, mi querido hermano, por casi ya un a\u00f1o tu cuerpo descansa envuelto en el profundo abismo del mar y tu alma reposa en el seno de la eternidad. Comp\u00e9nsanos por nuestro dolor con tu bendita protecci\u00f3n y alc\u00e1nzanos a los que te lloramos la gracia de compartir un d\u00eda contigo tu gloria y felicidad.<\/p>\n<p>Se refiere al t\u00edo Santiago en cartas a Luis (8 y 9) como \u00abmi t\u00edo\u00bb, siendo tambi\u00e9n como era, t\u00edo de Luis. Como se ha observado, su relaci\u00f3n con su propio padre est\u00e1 marcada m\u00e1s por su deber de hijo que por el afecto. M\u00e1s indicativo (aunque ello podr\u00eda deberse a los modos convencionales del tiempo) es que trata de \u00abusted\u00bb en lugar del familiar \u00abtu\u00bb, a\u00fan a Luis, Santiago y Gabriel. S\u00f3lo Santiago (Santi) y Juana (Juanita) tienen diminutivos de cari\u00f1o.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Socorro<\/em>: tener las propias necesidades satisfechas por algo o por alguien con el que uno se siente unido; buscar constantemente ayuda.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Como hemos visto, en alg\u00fan sentido Juan Gabriel estaba muy unido a la Congregaci\u00f3n como a la fuente de apoyo emocional. Dentro de ese marco, sin embargo, no parece que fuera dependiente de ese apoyo de una manera particular.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Contra-acci\u00f3n<\/em>: esforzarse persistentemente en superar las dificultades o las experiencias humillantes.<\/li>\n<\/ul>\n<p><em> <\/em>Ya hemos visto su tendencia a evitar las cr\u00edticas. Ello, no obstante, es claro que la necesidad de ir en contra fue, en muchas circunstancias, la nota de su vida. Tuvo que esforzarse, particularmente en China, para superar limitaciones as\u00ed como su fragilidad f\u00edsica.<\/p>\n<h2><strong>Algunas conclusiones<\/strong><\/h2>\n<p>De todo lo anterior podemos concluir que, al mismo tiempo que en su vida hubo \u00e1reas de no insignificante conflicto, Juan Gabriel fue en conjunto un hombre apropiado para la vida a la que se sinti\u00f3 llamado. Sus defensas, en especial su tendencia a una cierta grandiosidad y, como consecuencia, la de abajar a los otros, ser\u00edan, quiz\u00e1s, indicios de alguna inmadurez, y eso pudiera, tal vez, confirmarse por su falta de intimidad con otros, aunque esto \u00faltimo ha de entenderse en el contexto de la \u00e9poca en que vivi\u00f3. Tambi\u00e9n aparece en alg\u00fan grado la tendencia a posponer algunas cosas: muchas cartas (1, 3, 4, 5, 11, etc.) empiezan con excusas por no haber escrito antes, y es claro que los dem\u00e1s se dieron cuenta de ello; \u00abhabr\u00e1 encontrado extra\u00f1o que haya tardado tanto en escribirle\u00bb (3, a su padre); \u00abadmito que he sido un tanto negligente\u00bb (4, a su padre); \u00abparece que te quejas de que no te escribo con m\u00e1s frecuencia\u00bb (11, a Luis). Ello pudiera ser indicio tambi\u00e9n de una cierta pasiva agresi\u00f3n (17, a Luis): \u00ab&#8230;calma tu enfado y, por favor, no excites el m\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>Parece tambi\u00e9n que se dio en \u00e9l un cierta distancia emocional; en la carta 18 escribe a su padre: \u00abAunque estoy muy ocupado actualmente, aprovechar\u00e9 esta ocasi\u00f3n&#8230; para escribirle dos palabras. Tengo que decirle, lo primero, que no ir\u00e9 a verle a usted este a\u00f1o&#8230;\u00bb El hecho se comunica torpemente y poco se hace para mitigarlo, y tampoco se expresa pesar alguno por el hecho de no poder ir a su casa. Juan Gabriel contin\u00faa: \u00abLe dir\u00e9 tambi\u00e9n que ser\u00e1 un placer proporcionarle un caballo\u00bb. Su carta 6 con la que anuncia su ordenaci\u00f3n est\u00e1 escrita el 2 de noviembre de 1826; hab\u00eda sido ordenado el 23 de septiembre de ese a\u00f1o.<\/p>\n<p>No obstante, no hay rechazo real, ni verdadera proyecci\u00f3n o cualquier otra de las m\u00e1s \u00abinfantiles\u00bb defensas, y las que usa: altruismo, humor y contra-acci\u00f3n, indican un grado de madurez. Conoce y se da cuenta del mundo en que vive, a\u00fan del de fuera de los confines de Francia: \u00ablos pobres cat\u00f3licos de Irlanda se est\u00e1n muriendo de hambre\u00bb (se trata del hambre de 1831, no de la famosa de Gorta Mor en 1847). Escribe esto en la carta 26 a Luis (Juan Gabriel desconoce que su hermano ya hab\u00eda muerto durante su viaje por mar); en la misma carta menciona tambi\u00e9n la situaci\u00f3n en Italia, Polonia, B\u00e9lgica y Holanda, casi siempre desde la perspectiva cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Dado que ya tenemos aqu\u00ed, con todas las cauciones mencionadas, una idea de la personalidad de Juan Gabriel y, en particular, cierto conocimiento de d\u00f3nde est\u00e1 situado en lo que Rulla llama <em>segunda dimensi\u00f3n<\/em> (<em>bien real<\/em> y <em>bien aparente<\/em>) \u00bfc\u00f3mo podemos entender su progreso en santidad?<\/p>\n<h2><strong>El camino de los <em>Ejercicios espirituales<\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Este trabajo, de manera alguna implica que Juan Gabriel estuviera impuesto en los <em>E<\/em><em>jercicios <\/em>de Ignacio de Loyola. Se consideran, m\u00e1s bien, como la gu\u00eda del progreso del alma hacia la santidad. Ignacio dividi\u00f3 los <em>Ejercicios<\/em> en cuatro semanas (semanas que no hay que tomar necesariamente en sentido cronol\u00f3gico), cada una con un objetivo particular. Es necesario recordar que los <em>Ejercicios<\/em> presuponen un previo compromiso con Jesucristo y de servicio a los dem\u00e1s, en la vida p\u00fablica o en la Iglesia. Podemos asumir este compromiso como un dato en el caso de Perboyre.<\/p>\n<p>Los <em>Ejercicios<\/em> de la primera semana \u00abdirigen la memoria, el entendimiento y la voluntad hacia &#8230; los pecados\u00bb. Ciertamente las primeras cartas de Juan Gabriel muestran esta convicci\u00f3n del pecado en su vida: \u00abTemo mucho, querido hermano, que he asfixiado con mi infidelidad a la gracia, las semillas de una vocaci\u00f3n (a China) semejante a la tuya\u00bb (19); ten compasi\u00f3n de este miserable que est\u00e1 \u00fanicamente acumulando tesoros de ira para la eternidad\u00bb (en la misma carta). \u00abTemo que no he sido fiel a la vocaci\u00f3n que el Se\u00f1or te ha dado a ti&#8230;. alc\u00e1nzame de su divina bondad, el perd\u00f3n por mi miseria&#8230; que yo pueda llegar a ser un buen cristiano, un buen sacerdote, un buen misionero\u00bb (23, a Luis). Desde Macao escribe a Antonieta en 1835:<\/p>\n<p>Ni siquiera temo al Emperador, ni a los Mandarines o sus lacayos. Pero tengo aqu\u00ed en este pa\u00eds un particular enemigo al que debo enfrentarme fuertemente. A este es al que hay que temer mucho; es el m\u00e1s malvado que conozco; no se trata de un chino, sino de un europeo. Fue bautizado de ni\u00f1o; posteriormente fue ordenado sacerdote. De Francia ha venido a China con nosotros en el mismo barco. No tengo la menor duda de que me seguir\u00e1 a todas las partes y me causar\u00e1 la ruina, ciertamente, si tengo la desgracia de caer plenamente en sus manos. No te dir\u00e9 su nombre, porque t\u00fa lo conoces. Si puedes alcanzar su conversi\u00f3n, le har\u00e1s un gran bien, y tu hermano te deber\u00e1 su felicidad.<\/p>\n<p>El lenguaje puede ser de otro tiempo, revestido de la piedad devota, pero es evidente que Juan Gabriel es consciente de sus pecados y limitaciones.<\/p>\n<p>Este sentido de la llamada a la fidelidad y a vivir santamente no lo limita a s\u00ed mismo; a Antonio (34) le dice: \u00abreconc\u00edliate con Dios de tiempo en tiempo por medio de una buena confesi\u00f3n\u00bb, y desde Macao escribe: \u00abNo dejar\u00e9 de exhortarte y animarte a la virtud y a la pr\u00e1ctica de todos tus deberes\u00bb (65).<\/p>\n<p>La segunda semana de los <em>Ejercicios<\/em> de Ignacio se centra en la Encarnaci\u00f3n y primeros a\u00f1os de la vida terrena de Jes\u00fas. Es notable que Juan Gabriel tiene un \u00abelevado\u00bb cristianismo; escribiendo a Jacou (31) le dice:<\/p>\n<p>Trata de evitar el escollo en el que los estudiantes de filosof\u00eda frecuentemente tropiezan: acostumbr\u00e1ndose a hablar de Dios con una libertad, que no siempre es respetuosa, debilitan en s\u00ed mismos los sentimientos religiosos que la idea de la adorable Majestad deber\u00eda suscitar en ellos.<\/p>\n<p>La enfermedad de su padre (43) es vista como para bien del propio enfermo y con el sufrimiento exp\u00eda las penas que hubiera tenido que soportar en el purgatorio:<\/p>\n<p>&#8230; por eso le ruego a \u00e9l que se aproveche de las gracias de la enfermedad con una santa resignaci\u00f3n y perfecta paciencia. Le pido encarecidamente que durante su convalecencia haga una confesi\u00f3n general de toda la vida.<\/p>\n<p>Dios es visto, ante todo, como el poderoso con autoridad sobre la vida y la muerte, el Eterno y Misterioso.<\/p>\n<p>La tercera semana se centra en la Pasi\u00f3n y Muerte de Jes\u00fas. Aunque las referencias directas a la vida de Jes\u00fas son pocas, podemos ver c\u00f3mo Juan Gabriel entiende el Misterio Pascual. Se fija m\u00e1s en el Viernes Santo que en la ma\u00f1ana de Pascua. Escribe a Juan Bautista Nozo, Superior General (70):<\/p>\n<p>Como un soldado en el que la temeridad ocupa el lugar de la valent\u00eda, he sentido mi coraz\u00f3n temblar al acercarse el combate. Nunca he estado tan contento como en tales circunstancias. Ignoro lo que me reserva el camino que se abre ante m\u00ed; ciertamente muchas cruces, que son el pan cotidiano del misionero. \u00bfY qu\u00e9 cosa mejor puede uno esperar cuando se va a predicar a un Dios crucificado? \u00a1Que \u00e9l me haga gustar la dulzura de su c\u00e1liz de amargura!&#8230; \u00a1Que nos conceda que ninguno de nosotros deje de estar a la altura de los hermosos modelos que nuestra Congregaci\u00f3n ha puesto delante de nosotros en estos lejanos pa\u00edses!<\/p>\n<p>La fe es considerada como participaci\u00f3n en este misterio y, en particular, en el sufrimiento. La evangelizaci\u00f3n es entendida en t\u00e9rminos de conversi\u00f3n de los paganos en orden a que sus almas no se condenen.<\/p>\n<p>Hay incomparablemente m\u00e1s paganos que cristianos. Debe usted rezar por su conversi\u00f3n. Cada a\u00f1o se convierte un buen n\u00famero (83, a su padre), pero los trabajadores no son todav\u00eda suficientes para atender a los solitarios cristianos que, en medio de esta inmensa poblaci\u00f3n de chinos que sirven al Demonio, parecen como esparcidos tallos que han escapado a la hoz del segador (86).<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>\u00bfQu\u00e9 podemos decir, consiguientemente, del desarrollo psico-espiritual de nuestro cohermano y reciente santo?<\/p>\n<p>Parece una personalidad un tanto remota, no cercana en realidad a nadie; no consciente, algunas veces, de las sensibilidades de los dem\u00e1s. Manifiesta ciertas defensas de inmadurez en el aspecto de su grandiosidad y, en verdad, suena algunas veces un tanto pomposo. La atenci\u00f3n al detalle y a las minucias puede ser indicio de una cierta dimensi\u00f3n obsesiva o compulsiva; parece m\u00e1s preocupado por la forma y el orden que por el contenido y esp\u00edritu. La autoridad es vista como jerarqu\u00eda y como algo a lo que hay que someterse. Aunque se aplica expresiones de \u00abempeque\u00f1ecimiento\u00bb, muestra poco conocimiento y percepci\u00f3n de su propio car\u00e1cter y, en muchos aspectos, parece ser, en el fondo, el mismo Juan Gabriel en la carta 101 que en la 1. Su imagen de Dios parece plenamente remota y majestuosa; en su pensamiento y en su expresi\u00f3n hay poco que sea encarnacional. Pienso que, como Torrette, hubiera yo encontrado a Juan Gabriel como \u00abun palo seco\u00bb y, sin embargo y al mismo tiempo, como un voluntarioso trabajador, un leal cohermano y un entusiasta misionero.<\/p>\n<p>Su martirio parece algo as\u00ed como una interrupci\u00f3n de su camino. Uno dif\u00edcilmente podr\u00eda afirmar que fue el m\u00e1s completo de los hombres o que su espiritualidad fue verdaderamente profunda. Esto en manera alguna disminuye el coraje, valor y fe que est\u00e1n en la ra\u00edz de su aceptaci\u00f3n del martirio. Dentro del \u00e1rea de libertad en que se mov\u00eda, escogi\u00f3 responder desde la fe, escogi\u00f3 trabajar con otros por el Reino de Dios y, cuando fue necesario, escogi\u00f3 entregar su vida por Dios, por la fe y por aquellos a los que serv\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abLa \u00faltima tentaci\u00f3n es la mayor traici\u00f3n: hacer la cosa justa por una equivocada raz\u00f3n\u00bb T. S. 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