{"id":12405,"date":"2009-10-13T20:57:54","date_gmt":"2009-10-13T19:57:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/10\/13\/vicente-de-paul-conferencia-135-conferencia-del-29-de-agosto-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:18","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:18","slug":"vicente-de-paul-conferencia-135-conferencia-del-29-de-agosto-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-135-conferencia-del-29-de-agosto-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 135: Conferencia Del 29 De Agosto De 1659"},"content":{"rendered":"<p>MAXIMAS CONTRARIAS A LAS MAXIMAS EVANGELICAS<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 15)<\/p>\n<p><em>Razones para combatir las m\u00e1ximas opuestas a las del evangelio. Explicaci\u00f3n de la regla. Examen de las m\u00e1ximas contrarias a las m\u00e1ximas evang\u00e9licas. Medios de combatirlas.<\/em><\/p>\n<p>Mis querid\u00edsimos hermanos, he aqu\u00ed el art\u00edculo decimoquinto del segundo cap\u00edtulo de nuestras reglas, que se refiere tambi\u00e9n a los consejos evang\u00e9licos:<\/p>\n<p>Este art\u00edculo habla de los vicios contrarios a las cinco virtudes que forman el resumen de las m\u00e1ximas evang\u00e9licas y que constituyen la perfecci\u00f3n del esp\u00edritu del misionero, del que hablamos el \u00faltimo viernes. Aunque hemos de hacer todo lo posible por guardar todas estas m\u00e1ximas evang\u00e9licas, por ser tan santas y tan \u00fatiles, hay entre ellas algunas que son m\u00e1s propias de nosotros que las dem\u00e1s, esto es, las que recomiendan especialmente la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo de las almas; por eso, nuestra congregaci\u00f3n se esforzar\u00e1 en ellas de una forma especial, de modo que esas cinco virtudes sean como las facultades del alma de toda la compa\u00f1\u00eda y que las acciones de cada uno vayan siempre animadas por ellas. Pues bien, he aqu\u00ed lo opuesto a estas virtudes, esto es, lo contrario, los vicios que combaten esas m\u00e1ximas evang\u00e9licas:<\/p>\n<p><em>Puesto que Satan\u00e1s procura siempre impedirnos la pr\u00e1ctica de estas m\u00e1ximas, oponi\u00e9ndoles las suyas totalmente contrarias, todos pondr\u00e1n mucha prudencia y vigilancia en combatirlas fuerte y animosamente, sobre todo las que m\u00e1s se oponen a nuestro instituto, que son: 1.\u00b0 la prudencia humana; 2.\u00b0 el deseo de bien parecer ante los hombres; 3.\u00b0 el deseo de hacer que los dem\u00e1s se sometan siempre a nuestro juicio y a nuestra voluntad; 4.\u00b0 la b\u00fasqueda de nuestra propia satisfacci\u00f3n en todas las cosas; 5.\u00b0 la insensibilidad por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo.<\/em><\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, hermanos m\u00edos, tenemos que hablar de las m\u00e1ximas contrarias a las m\u00e1ximas del evangelio; haremos un resumen de los vicios con los que se relacionan y diremos c\u00f3mo van contra la perfecci\u00f3n del esp\u00edritu de un misionero. Ya hemos dicho que las virtudes a las que se reducen las m\u00e1ximas evang\u00e9licas y que componen nuestro esp\u00edritu, esas cinco virtudes y esas m\u00e1ximas son contrarias a las malas m\u00e1ximas del mundo que hemos de combatir. Por eso dividiremos nuestro discurso en tres puntos: en el primero veremos las razones que tenemos para entregarnos a Dios a fin de combatir esas m\u00e1ximas opuestas a las del evangelio; en el segundo explicaremos la regla y diremos cu\u00e1les son sus adversarios, en el tercero buscaremos los medios y las armas para destruirlos. Hemos de esperar que Dios bendiga nuestra empresa.<\/p>\n<p>La primera raz\u00f3n que tenemos para entregarnos a Dios para combatir y resistir contra esos vicios, es que su autor es el esp\u00edritu maligno, como dice la regla, y que esas m\u00e1ximas son malas, ya que el esp\u00edritu maligno es el que las ha producido y es su padre. Por el contrario, las m\u00e1ximas que componen nuestro esp\u00edritu son santas, ya que nuestro Se\u00f1or es su autor, como dice tambi\u00e9n la regla. En efecto, lo mismo que de Dios vienen todos los bienes, tambi\u00e9n los males proceden del diablo y de nuestra naturaleza corrompida, que opone sus m\u00e1ximas a las del evangelio. La del evangelio dice: \u00abBienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos\u00bb (1) La m\u00e1xima del demonio pregona lo contrario; el diablo no ense\u00f1a que son bienaventurados los pobres: \u00abHay que tener bienes, nos dice, pues eso es lo que vale; \u00a1desgraciado de aquel que no trate de hacer fortuna!\u00bb. El evangelio dice que hay que ser bondadosos y mansos (2); el demonio dice que no hemos de soportar a nadie; que hemos de tener como enemigo al que atenta contra nuestra reputaci\u00f3n; que hay que vengarse, resistir; que uno est\u00e1 obligado a defenderse cuando ha sido atacado de palabra o por escrito; que va contra nuestro honor y nuestra fama el silencio en semejantes ocasiones. Esas son las m\u00e1ximas, pero \u00bfde d\u00f3nde han salido? No las encontramos ni en la Escritura ni en lo que nos ha dicho el Hijo de Dios; sin embargo, tienen que venir de alguna parte; no son del evangelio ni de Dios; por tanto, su autor tiene que ser el esp\u00edritu maligno.<\/p>\n<p>La segunda raz\u00f3n que tenemos para entregarnos a Dios para ser valientes y resistir contra esas m\u00e1ximas malvadas es que el diablo se sirve de nosotros mismos y toma en nosotros sus armas para hacer que abracemos sus m\u00e1ximas y dejemos las de muestro se\u00f1or Jesucristo. Ya sab\u00e9is que, desde el pecado original, aunque se borre el pecado por el bautismo, queda en nosotros el fomes peccati; todos tenemos la concupiscencia que nos incita al af\u00e1n y al deseo de ser ricos, de buscar nuestra satisfacci\u00f3n, de hacer nuestra propia voluntad; esto ha nacido con nosotros y no nos dejar\u00e1 nunca, a no ser por medio de las virtudes que componen el esp\u00edritu de la Misi\u00f3n. Si el diablo es, por tanto, el autor de estas malas m\u00e1ximas de que habla nuestra regla y encuentra en nosotros estas armas para destruirnos, es preciso que nos entreguemos a Dios generosamente para resistir y atacar esos vicios que intentan destruir el imperio que Jesucristo ha establecido en nosotros. All\u00ed es donde est\u00e1 el mal.<\/p>\n<p>Veamos ahora cu\u00e1les son esos adversarios. El primero es la prudencia humana; el segundo, el deseo de presumir, de adquirir fama y estima ante los hombres; el tercero, la pasi\u00f3n que tenemos de que todos se sometan a nuestro juicio; el cuarto, la b\u00fasqueda de nuestras satisfacciones en todas las cosas; el quinto, la insensibilidad por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>La prudencia humana se opone a la sencillez. La sencillez hace que una persona no obre nunca con doblez, que hable como piensa, que mire siempre a Dios en las cosas divinas y nunca a s\u00ed mismo, que mire a Dios en los actos de religi\u00f3n y de caridad que practica. Pues bien, la prudencia humana dice todo lo contrario. \u00bfQu\u00e9 es la prudencia humana? El af\u00e1n de buscar los medios il\u00edcitos para progresar y conseguir lo que se ambiciona; el anhelo y esfuerzo continuo por satisfacer las inclinaciones de la naturaleza corrompida; de hecho, es eso lo que vemos en las personas que viven seg\u00fan esta prudencia de la carne. \u00bfEn qu\u00e9 piensa, por ejemplo, una persona que no piensa en Dios? De ordinario, s\u00f3lo busca sus satisfacciones y s\u00f3lo sigue sus inclinaciones. \u00bfY ad\u00f3nde os llevan vuestras inclinaciones? A hacer sermones bonitos. \u00bfY ad\u00f3nde les llevan a otros? A llenarse de conocimientos, a formar colecciones de cosas bonitas, y cosas por el estilo, para buscar la admiraci\u00f3n de los dem\u00e1s. \u00a1Ay! Va contra la sencillez satisfacerse en todo, sentir ansias de ver cosas, de o\u00edr noticias, de informarse de lo que pasa por dentro y por fuera, darse gusto en la comida y la bebida, tener amistades particulares (creo que esto no se ve mucho en la compa\u00f1\u00eda, gracias a Dios), en fin, afanarse por granjearse el afecto de unos o de otros. Todo esto, hermanos m\u00edos, es miseria, miseria. \u00bfQu\u00e9 es lo que quiere decir prudencia humana? Seguir las ideas humanas. Pues bien, todo esto va directamente contra la virtud de la sencillez, que mira a Dios en todas las acciones, tanto cuando se dice o se oye la misa, como confesando o reconciliando a los enemigos. La sencillez mira siempre a Dios en todo, mientras que la prudencia de la carne se mira a s\u00ed misma siempre y en todas partes y hace que se usen medios indirectos para conseguir el fin propuesto. \u00a1Qu\u00e9 peligrosa es esta prudencia humana! \u00a1Quiera Dios que no exista jam\u00e1s en la compa\u00f1\u00eda!<\/p>\n<p>Esta es la primera clase de prudencia humana. Hay otra que no es tan extrema; cuando se quieren resolver las cosas divinas por las humanas. Una persona desea entrar en una comunidad; \u00a1qu\u00e9 prudencia tan peligrosa cuando se la quiere decidir por medios humanos! Por eso hemos de tener un deseo especial de resolver las cosas humanas por las divinas, aunque la naturaleza se oponga a ello y lo contradiga.<em> Ut quid perditio haec?<\/em> (4). Una persona viene a hacer el retiro para elegir un estado de vida; veis que uno va a los jesuitas, otro a los cartujos. Ir a los jesuitas; \u00a1c\u00f3mo! \u00bfes que la Misi\u00f3n no es tambi\u00e9n una compa\u00f1\u00eda santa, donde se puede conseguir la salvaci\u00f3n lo mismo que en otras partes? \u00a1Prudencia humana! Me acuerdo que en cierta ocasi\u00f3n uno de los mayores ingenios del mundo, que hab\u00eda sido abogado del consejo, me consult\u00f3 sobre su vocaci\u00f3n; vacilaba entre el deseo de hacerse cartujo o misionero; me sent\u00eda halagado; pero Dios me concedi\u00f3 la gracia de no hablarle nunca de hacerse misionero. Se fue a los cartujos. Le dije: \u00abDios le llama a los cartujos; v\u00e1yase adonde Dios le llama\u00bb. Eso no imped\u00eda que yo estuviese ilusionado; pero siempre le dije: \u00abVaya adonde Dios le llama\u00bb. Es verdad que yo creo que ten\u00eda razones para quedarse alg\u00fan tiempo en el mundo para solucionar sus asuntos y tomar la \u00faltima decisi\u00f3n. Procuremos, hermanos m\u00edos, que Dios tenga consejeros en esta compa\u00f1\u00eda que atiendan a la fuerza de la vocaci\u00f3n, juzgando seg\u00fan el esp\u00edritu y no seg\u00fan la carne.<\/p>\n<p>Por tanto, hemos de combatir contra esta prudencia con las armas que nos proporciona nuestra regla, esto es, con la sencillez, que resuelve las cosas humanas por las divinas, y no las divinas por las humanas.<\/p>\n<p>El segundo vicio y el segundo adversario que hemos de combatir es el af\u00e1n de presumir a los ojos de los hombres vicio opuesto a la virtud de la humildad, tan necesaria a los misioneros. Si por desgracia algunos se dejaran llevar por las cosas grandes, esos, hermanos, acabar\u00edan arruinando a la compa\u00f1\u00eda. Por tanto, humildad, querer nuestra propia humillaci\u00f3n, desear que el mundo conozca nuestros defectos: querer todo eso, alegrarse de ello, en eso consiste la perfecci\u00f3n del misionero. Pero desear lo contrario es carecer del esp\u00edritu de la Misi\u00f3n que se preocupa tan poco por lo que dicen de ella y le tiene sin cuidado. Que digan de ella lo que quieran, que digan que somos ignorantes, gentes de baja condici\u00f3n, unos canallas, si quer\u00e9is: todo hemos de recibirlo, hermanos m\u00edos, con esp\u00edritu de santa humildad. \u00a1Qu\u00e9 cosas dijeron de los ap\u00f3stoles! \u00a1Qu\u00e9 calumnias lanzaron contra ellos! Pero, \u00bfacaso devolvieron injuria por injuria? Al contrario, se serv\u00edan de todo ello como de ocasiones para merecer. Nosotros no somos ap\u00f3stoles, sino pecadores, nada m\u00e1s que pecado; humill\u00e9monos, ah\u00ed est\u00e1 todo.<\/p>\n<p>Pero \u00bfno vamos a defendernos? No tem\u00e1is; Dios nos defender\u00e1. Pero, padre, \u00bftan malo es replicar con una peque\u00f1a frase? \u00a1Dios nos guarde de ello! Es ese esp\u00edritu de orgullo el que os hace presumir de buen casu\u00edsta, de buen confesor, de buen predicador. Hermanos m\u00edos, apreciemos a los dem\u00e1s, pero humill\u00e9monos y miremos s\u00f3lo a Dios en nuestras acciones, acord\u00e1ndonos de lo que nuestro Se\u00f1or dec\u00eda a sus disc\u00edpulos: \u00abAlegraos, no de esas acciones brillantes que hac\u00e9is ante los hombres, sino de que vuestros nombres est\u00e1n escritos en el libro de la vida\u00bb. \u00bfDe qu\u00e9 os servir\u00e1 gozar de buena opini\u00f3n entre los hombres? \u00bfQu\u00e9 provecho y ventaja sacar\u00e9is de ese renombre? \u00bfQu\u00e9 es ese honor humano? Es cierta especie que hay en el esp\u00edritu de los hombres y que se ve casi tan pronto como se ha producido. Ciertamente, hermanos m\u00edos, si buscamos la estima, estamos enga\u00f1ados; los que corren tras el honor s\u00f3lo se encuentran de ordinario con la confusi\u00f3n, y la experiencia hace ver bastante bien que, si los hombres os alaban, lo hacen o por malicia, o por adulaci\u00f3n, diciendo todo lo contrario de lo que piensan. Despu\u00e9s de todo, el mundo est\u00e1 compuesto de buenos y de malos. Los buenos interpretar\u00e1n bien vuestras acciones, pero los malos, cuyo n\u00famero es casi infinito, se burlar\u00e1n de ellas; por consiguiente, al buscar el honor, s\u00f3lo encontrar\u00e9is desprecio y confusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Somos tan ruines y tan miserables que nos empe\u00f1amos en tener honor. Pero \u00bfqu\u00e9 es el honor? Una humareda que hay en el esp\u00edritu y que se disipa enseguida. La mayor parte se r\u00eden de nosotros, y a pesar de eso nos convertimos en id\u00f3latras de la estima; eso es ser un insensato, un loco, es ser como esos que imaginan que son papas o reyes; es una locura, un puro sue\u00f1o. Hemos de combatir todo esto; tomemos las armas para destruir a este enemigo; un\u00e1monos al Hijo de Dios, que combati\u00f3 el orgullo de una manera admirable. Esto resulta un poco duro para la naturaleza, pero seamos firmes, pidamos a Dios su luz para conocernos y arrancaremos de ra\u00edz esa maldita pasi\u00f3n. Combatamos el orgullo, hermanos m\u00edos; es un enemigo con el que nos encontraremos aqu\u00ed, fuera, en el campo, en la ciudad; en una palabra, nos sigue por todas partes; pero alcanzaremos la victoria si nos afincamos en la santa humildad. Tal es la segunda m\u00e1xima evang\u00e9lica y la segunda virtud que compone el esp\u00edritu de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El otro adversario es la pasi\u00f3n de querer que todo el mundo someta su juicio al nuestro y su voluntad a la nuestra; esto se opone a la mansedumbre, ya que vemos de ordinario que las personas que quieren que todo se someta a su parecer y que se haga en todo su voluntad, en la forma y el tiempo que a ellos les gusta, son duros, violentos, col\u00e9ricos y mandones: o sea, totalmente opuestos a la mansedumbre. Por el contrario, los mansos no tienen juicio propio, condescienden con la voluntad de los dem\u00e1s, no se afanan porque se haga la suya, como esos otros de los que acabamos de hablar.<\/p>\n<p>Por tanto, querer que todo el mundo someta su juicio y su voluntad a nosotros es un vicio opuesto a la mansedumbre. Salvador de mi alma, \u00bfhabr\u00e1 alg\u00fan vicio del que yo est\u00e9 libre? Salvador m\u00edo, perd\u00f3namelos, especialmente las faltas que he cometido contra esta m\u00e1xima que recomienda que sometamos nuestro juicio; conc\u00e9deme, Se\u00f1or, la gracia de que en el consejo que tenemos para tratar de los asuntos de la casa, refiera las cosas como son, sin pasi\u00f3n y sin deseo de que sigan mi opini\u00f3n, sino con el debido esp\u00edritu, y que si digo algo, sea para aclarar mejor las cosas y para que la verdad sea mejor conocida por los dem\u00e1s que por m\u00ed. Es \u00e9sta, Se\u00f1or, la gracia que te pido.<\/p>\n<p>Esta pasi\u00f3n, hermanos m\u00edos, procede en parte del orgullo y del deseo de la propia satisfacci\u00f3n. Uno est\u00e1 en un consejo; como es natural, desea que se siga su parecer; no le gusta que los dem\u00e1s se salgan con la suya; quiere imponerse a los dem\u00e1s; cree que tiene razones m\u00e1s convincentes que los dem\u00e1s. Si se obra seg\u00fan la naturaleza, habr\u00e1 que oponerse a todo y obstinarse en la propia opini\u00f3n; pero si se act\u00faa seg\u00fan la virtud del buen misionero, se prescindir\u00e1 del propio juicio, se ceder\u00e1 a los dem\u00e1s y se preferir\u00e1n sus opiniones a las nuestras. \u00a1Qu\u00e9 felicidad la nuestra si procedi\u00e9ramos as\u00ed! Tendr\u00edamos la satisfacci\u00f3n de que nuestro Se\u00f1or presidiera nuestros negocios. Conc\u00e9denos tambi\u00e9n, Se\u00f1or, la gracia de que en todas las cosas no queramos ser servidos u obedecidos a la fuerza ni que tenga que hacerse todo seg\u00fan nuestro gusto. Naturalmente, esto se entiende en el caso de que no se trate de un mandamiento de Dios o de la Iglesia, o de una de nuestras reglas; pues entonces no es nuestra voluntad lo que queremos, sino la voluntad de Dios, a la que es razonable obedecer, y obedecer en todas las circunstancias.<\/p>\n<p>El cuarto enemigo es la b\u00fasqueda de la propia satisfacci\u00f3n. \u00a1Salvador de mi alma! \u00bfQu\u00e9 es esto? Padres, \u00bfno es verdad que insensiblemente nos buscamos a nosotros mismos, nos halagamos, no nos oponemos a la naturaleza, que s\u00f3lo desea satisfacerse? En nombre de Dios, hermanos m\u00edos, acordaos de que hay que combatir este vicio por la mortificaci\u00f3n, que no atiende a los gustos de los sentidos exteriores ni interiores. Am\u00e9mosla, pues de lo contrario jam\u00e1s estaremos contentos de nuestra vocaci\u00f3n. Mirad, hay algunos que tienen la pasi\u00f3n de ver, de o\u00edr, de saber todo lo que ocurre dentro y fuera de casa; mortifiquemos ese deseo, no faltemos en esto. Lo hemos dejado todo por Dios; \u00bfpor qu\u00e9, pues, buscarnos a nosotros mismos? Son pocos los que en la compa\u00f1\u00eda siguen esta pasi\u00f3n de ver, de o\u00edr y de saber noticias; son pocos, y de ello le pido a la compa\u00f1\u00eda que d\u00e9 gracias a Dios; pero como hay algunos, que se mortifiquen. Hay que combatir con energ\u00eda a ese enemigo que quiere poner obst\u00e1culos a las gracias de Dios. El quinto y \u00faltimo enemigo es la insensibilidad por las cosas de Dios y del pr\u00f3jimo. Este vicio hace que el hombre insensible no sienta ning\u00fan afecto y ning\u00fan atractivo por las cosas de su salvaci\u00f3n; por eso san Bernardo ve en esta pasi\u00f3n una se\u00f1al de condenaci\u00f3n. Es verdad que van a la iglesia a rezar, a cantar, a decir la misa y a tener las dem\u00e1s funciones eclesi\u00e1sticas, pero todas esas cosas las hacen sin sentimiento, sin gusto, sin devoci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1l es la causa de esa insensibilidad? Es que no practican las ceremonias seg\u00fan su finalidad, que es la de mover a los pueblos a devoci\u00f3n. Cuando nos golpeamos el pecho en la misa, esto no nos conmueve. \u00a1Insensibilidad, hermanos m\u00edos, insensibilidad! Tengamos ese celo de edificar al pueblo, haci\u00e9ndole ver c\u00f3mo hay que tratar la palabra de Dios, trat\u00e1ndola nosotros mismos como es debido; pues, creedme, \u00e9l se porta con respeto en la iglesia y aprecia la palabra de Dios, si ve que nosotros la estimamos. Hermanos m\u00edos, si somos fieles en hacer las ceremonias y las oraciones, recibiremos de Dios esa sensibilidad, que har\u00e1 que nos animemos mutuamente en la devoci\u00f3n y saboreemos con gusto esas ceremonias; por el contrario, si no tenemos esa sensibilidad, desedificaremos al pr\u00f3jimo. \u00bfPor qu\u00e9 san Francisco dec\u00eda sus oraciones con los brazos extendidos? \u00bfPor qu\u00e9 se postraba con el rostro en tierra antes de subir al p\u00falpito? Al prepararse de esta forma, su postura impresionaba al pueblo, aquella acci\u00f3n arrebataba a todo el mundo y la bondad de Dios hac\u00eda tan eficaz su predicaci\u00f3n que todos quedaban edificados. Hermanos m\u00edos, entremos en ese esp\u00edritu, pues esto nos animar\u00e1 y, por este medio, nos veremos preservados de la insensibilidad.<\/p>\n<p>La insensibilidad hace tambi\u00e9n que no nos impresionen las miserias corporales y espirituales del pr\u00f3jimo; no se tiene caridad, no se tiene celo, no se sienten las ofensas contra Dios. No seamos de esos misioneros sin celo: cuando les mandan a las misiones, van; cuando hay que trabajar con los ordenandos, trabajan; cuando hay que atender a los ejercitantes, les atienden; pero, \u00bfc\u00f3mo lo hacen? \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 su celo? Su celo est\u00e1 apagado por la insensibilidad. Procuremos, pues, llenarnos del esp\u00edritu de fervor, desempe\u00f1emos todas las funciones de nuestro instituto y hag\u00e1moslo con celo, con coraje, con fervor; tengamos compasi\u00f3n de tantas almas que perecen y no dejemos que nuestra pereza e insensibilidad sean la causa de su perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Estos son, hermanos m\u00edos, los cinco enemigos que hemos de combatir: el primero, como hemos visto, la prudencia de la carne (6) el segundo, el deseo de presumir a los ojos de los hombres; el tercero, el deseo de hacer que todos se sometan a nuestro juicio y a nuestra voluntad; el cuarto, la b\u00fasqueda de nuestra propia satisfacci\u00f3n en todas las cosas; y el quinto, la insensibilidad por la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Hermanos m\u00edos, trabajemos con coraje por destruir a estos enemigos; arm\u00e9monos de sencillez y de candor; entregu\u00e9^ monos a Dios para tener mansedumbre, humildad, mortificaci\u00f3n<\/p>\n<p>y celo de las almas; seamos firmes en ello; encerr\u00e9monos en estas cinco virtudes, lo mismo que los caracoles en sus conchas. Esas virtudes nos guardar\u00e1n de todos los accidentes funestos; con ellas, iremos por todas partes, lo conseguiremos todo; sin ellas, no seremos m\u00e1s que misioneros en pintura.<\/p>\n<p>Animo, pues, hermanos m\u00edos; luchemos contra esos enemigos; pero veamos cu\u00e1les son los medios para conseguir la victoria.<\/p>\n<p>El primer medio consiste en que hagamos lo principal en todas nuestras obras, esto es, pedirle a nuestro Se\u00f1or las armas que necesitamos para la lucha contra estos cinco enemigos; y, para que sea eficaz nuestra oraci\u00f3n, hacerla con insistencia, ya que s\u00f3lo \u00e9l puede darnos la libertad y la paz de que gozan las almas justas. Esta gracia depende de su bondad y de su misericordia; por eso hemos de ped\u00edrsela.<\/p>\n<p>La regla nos indica un medio, que es velar sobre nosotros mismos para no dejarnos sorprender por el maligno esp\u00edritu. \u00bfEs \u00e9ste el esp\u00edritu de la Misi\u00f3n? \u00bfVa contra \u00e9l? No hacer nunca nada en contra de la sencillez; tambi\u00e9n nos ayudar\u00e1 mucho procurar discernir las ilusiones del demonio.<\/p>\n<p>Velad, pues, hermanos m\u00edos, velad continuamente con la debida prudencia; no hag\u00e1is nada por vosotros mismos, sino siempre por consejo del superior, de uno m\u00e1s antiguo en caso necesario; siempre as\u00ed; si no, el demonio os enga\u00f1ar\u00e1. Oh Salvador, se trata de combatir contra tu propio enemigo. Danos fuerzas para destruirle y para lograr tu triunfo en nuestros corazones.<\/p>\n<p>Hab\u00e9is visto, hermanos m\u00edos, las razones que tenemos para entregarnos a Dios a fin de combatir a los enemigos de la compa\u00f1\u00eda. La primera es que ha sido el esp\u00edritu maligno el que ha suscitado estos vicios; la segunda, que \u00e9l es m\u00e1s poderoso, que tiene sus armas y se aprovecha de nuestra debilidad, tan opuesta a las m\u00e1ximas evang\u00e9licas. T\u00fa mismo has dicho, Se\u00f1or, que nuestra naturaleza corrompida es la fuente de todas nuestras desdichas.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hermanos m\u00edos, hemos de luchar contra esos enemigos, contra esa prudencia de la carne, inimica mors, que da muerte. \u00bfY qu\u00e9 es lo que hemos de combatir? Ese esp\u00edritu de tener honores, que es la peor de todas las locuras. \u00a1Correr tras las mariposas! \u00a1Pero yo confieso bien! \u00bfY qu\u00e9 queda de ello? \u00a1Qu\u00e9 bien ha predicado! \u00bfY qu\u00e9 queda de ello? Dirige bien el catecismo; es un gran moralista; es un buen te\u00f3logo \u00bfY qu\u00e9 queda de ello? Humo. \u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s? Humo, y nada m\u00e1s que humo. \u00a1Luchemos contra todo esto!<\/p>\n<p>Por otra parte, hay que luchar contra la pasi\u00f3n de querer que prevalezca nuestra opini\u00f3n. Si tenemos cuidado con esto, si lo tenemos siempre presente, si nos entregamos a Dios para saborear estas m\u00e1ximas evang\u00e9licas, llegaremos a ser hombres espirituales y la compa\u00f1\u00eda se har\u00e1 pronto semejante a Jesucristo, lo mismo que la compa\u00f1\u00eda de los ap\u00f3stoles. As\u00ed pues, entregu\u00e9monos a Dios para combatir estos vicios. \u00a1Abajo el orgullo! \u00a1Abajo la prudencia humana! \u00a1Abajo la b\u00fasqueda de nuestras satisfacciones! \u00a1Abajo el apego a nuestro propio juicio! \u00a1Abajo toda doblez!<\/p>\n<p>Decid\u00e1monos, pues, a luchar con generosidad y digamos animosos: \u00ab\u00a1Viva la sencillez en la Misi\u00f3n! \u00a1Viva la mortificaci\u00f3n y el celo de las almas!\u00bb. Llen\u00e9monos de este esp\u00edritu ardoroso y marchemos al combate. Aunque el demonio sea el autor de esas m\u00e1ximas perversas, no tengamos miedo; pues, como dice san Agust\u00edn, latrare potest, mordere non potest; puede muy bien ladrar y armar ruido, pero es incapaz de morder y de hacer da\u00f1o, si uno no quiere; y vemos desde luego que las personas sencillas, humildes, mansas, mortificadas y celosas de las almas, se burlan de todos sus esfuerzos, ya que<em> mordere non potest nisi volentem<\/em>. Si somos humildes, sencillos y mortificados, no tenemos por qu\u00e9 temer: la victoria ser\u00e1 nuestra. Seamos valientes.<\/p>\n<p>Salvador de nuestras almas, deseamos abrazar tus m\u00e1ximas a pesar de los intentos del diablo. Salvador m\u00edo, es a ti a quien le interesa que salgamos vencedores, ya que combatimos contra tu enemigo; ay\u00fadanos. Te prometemos tomar las armas en la medida de nuestras fuerzas. Pero \u00bfqu\u00e9 podemos hacer si no nos asistes? Se\u00f1or, que por el eterno decreto que has dado de suscitar una compa\u00f1\u00eda que haga profesi\u00f3n de imitarte nos has asociado a tu misi\u00f3n, haz que esta pobre y humilde compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n siga tus m\u00e1ximas comunitaria e individualmente, que se empape de ellas y que crezca en sencillez, en humildad, mortificaci\u00f3n y celo por la salvaci\u00f3n de las almas, para ser cada vez m\u00e1s agradable a los ojos de tu divina majestad. Es la gracia que te pedimos, Se\u00f1or, con toda humildad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MAXIMAS CONTRARIAS A LAS MAXIMAS EVANGELICAS (Reglas comunes, cap. 2, art. 15) Razones para combatir las m\u00e1ximas opuestas a las del evangelio. Explicaci\u00f3n de la regla. 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