{"id":123920,"date":"2016-10-07T12:00:11","date_gmt":"2016-10-07T10:00:11","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=31503"},"modified":"2016-08-06T07:54:03","modified_gmt":"2016-08-06T05:54:03","slug":"san-vicente-de-paul-henri-lavedan-16-y-ultima","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-16-y-ultima\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (16 y \u00faltima)"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Sus \u00faltimos d\u00edas<\/strong><\/h3>\n<p>El se\u00f1or Vicente ya en el tiempo de su robusta ma\u00addurez, ofrec\u00eda aspecto de anciano.<\/p>\n<p>A los cincuenta a\u00f1os representaba mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>A los sesenta ten\u00eda el cabello completamente blanco.<\/p>\n<p>A medida que en sus h\u00e1bitos cada vez m\u00e1s amplios el cuerpo disgustado de la carne se consum\u00eda y desecaba, la cabeza ardiente aumentaba de volumen. La frente, de las m\u00e1s amplias que se han visto, tomaba una extensi\u00f3n im\u00adpresionante. Las orejas, como distendidas y cansadas por tantas confesiones, alargaban sus l\u00f3bulos hasta el borde del cuello. Las mejillas hundidas, hac\u00edan resaltar el hue\u00adso de los p\u00f3mulos como si fueran a traspasarlas. Del men\u00adt\u00f3n arrancaba una barba puntiaguda de viejo marino, y la bondadosa nariz, famosa y potente tra\u00eda a la memoria la del anciano angelical pintado por Ghirlandaio y hacia el cual un hermoso ni\u00f1o extiende los brazos en adem\u00e1n de abrazarlo.<\/p>\n<p>Pero este peque\u00f1o defecto pasaba inadvertido ante la formidable frente de m\u00e1rmol luminoso a la cual parec\u00eda haber ascendido el antiguo vigor del cuerpo, de sus huesos y m\u00e9dulas para refugiarse all\u00ed y juntarse con el del es\u00adp\u00edritu, como se hab\u00edan refugiado en la oquedad de sus ojos m\u00e1s profundos y vivaces que nunca los fuegos del cora\u00adz\u00f3n y los diamantes del alma.<\/p>\n<p>Tres veces, en 1616, 1644 y 1649, estuvo gravemente enfermo, pero las tres veces, gracias a su fuerte consti\u00adtuci\u00f3n y a su voluntad de vivir, se restableci\u00f3. Esta vo\u00adluntad iba en disminuci\u00f3n a medida que entraba en a\u00f1os, m\u00e1s en virtud de un deseo convertido en resoluci\u00f3n que como consecuencia de su debilitamiento. A medida que la vida lo abandonaba, \u00e9l no se abandonaba, pero se absten\u00eda de luchar. Hab\u00eda en \u00e9l una especie de resignaci\u00f3n particu\u00adlar y definitiva, un <em>f\u00edat <\/em>de serenidad. En el momento de recoger sus frutos, se recog\u00eda, para <em>merecer <\/em>hasta el \u00falti\u00admo segundo y para sobreponerse a las torturas de su po\u00adbre cuerpo convertido en un \u00abtejido de dolores\u00bb.<\/p>\n<p>Hac\u00eda treinta a\u00f1os que luchaba con sus piernas re\u00adcargadas sin compasi\u00f3n. Para recorrer la campa\u00f1a hubo de servirse de un caballo y m\u00e1s tarde para sus visitas en la ciudad debi\u00f3 usar la carroza que le impusiera la du\u00adquesa d&#8217;Aiguillon. Sub\u00eda golpe\u00e1ndose el pecho como acu\u00ads\u00e1ndose y diciendo:<\/p>\n<p>\u00abEsto es mi ignominia\u00bb. Pero lleg\u00f3 un d\u00eda en que sus piernas atormentadas y condenadas a tantas fatigas no le permitieron ni siquiera subir a la carroza. Hincha\u00addas y cubiertas de \u00falceras, formaban una horrible llaga que manten\u00eda oculta, impidiendo que le curasen. Verdad que era incurable. Sin embargo se procuraba curarlo de una manera poco apropiada para causarle mejor\u00eda.<\/p>\n<p>A fin de detener el curso de la fiebre perpetua que soportaba, sobre todo durante los grandes calores estiva\u00adles, se convirti\u00f3 su cuarto en una especie de estufa. No se sabe c\u00f3mo, estando tan extenuado, pudo soportar un ca\u00adlor capaz de ahogar a una persona joven y robusta. Cuan\u00addo sal\u00eda de este suplicio al cual se le obligaba tanto de d\u00eda como de noche, la cama y las ropas estaban empapa\u00addas. Era retirado de aquel lecho de hospital anegado de sudor, como de un ba\u00f1o de vapor. Los humores que se deten\u00edan en las articulaciones mientras permanec\u00eda acos\u00adtado, volv\u00edan a correr, caus\u00e1ndole dolores indecibles y re\u00addoblando sus sufrimientos. Con todo, m\u00e1s maltratado y dolorido que Job, tuvo durante mucho tiempo la energ\u00eda de levantarse todos los d\u00edas a las cuatro de la ma\u00f1ana, <em>su <\/em><em>hora, <\/em>para hacer oraci\u00f3n junto con la comunidad y para presidir las, conferencias del martes. Segu\u00eda recibiendo las damas de su amistad que acud\u00edan para tener el consuelo de escucharlo una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>En cada visita se dec\u00eda que pod\u00eda ser la \u00faltima. Pero en aquellos extremos, se sobreviv\u00eda, permaneciendo l\u00facido con una presencia y un dominio de esp\u00edritu como cuando se hallaba en plena presi\u00f3n de sus recursos. Dictaba o termi\u00adnaba cartas para las Misiones.<\/p>\n<p>Dos de sus \u00faltimas cartas est\u00e1n dirigidas a dos perso\u00adnajes, que por diferentes razones, le preocupaban gran\u00addemente: una a su protector y amigo el General de las Galeras, se\u00f1or de Gondi, ordenado despu\u00e9s de la muerte de su esposa; la otra a su antiguo y escandaloso disc\u00edpu\u00adlo el cardenal de Retz. El primero sufr\u00eda humildemente el destierro en Clermont ca\u00eddo en desgracia de Richelieu. El segundo, a la saz\u00f3n en Roma, avanzaba en el camino de la penitencia. No pod\u00edan estar junto a \u00e9l para recibir los \u00faltimos consejos del gran director como hubiese sido su deseo, pero ten\u00edan el consuelo, al recibir sus cartas, de ver que no los olvidaba.<\/p>\n<p>Recordaba todo y a todos, excepto al mal que le hu\u00adbieran deseado. Su renunciaci\u00f3n era cada vez mayor y rogaba a Dios que lo llevase pronto: \u00ab\u00bfPor cu\u00e1nto tiempo, Se\u00f1or, me sufrir\u00e9is todav\u00eda en la tierra?\u00bb. Y Dios parec\u00eda escucharlo, no s\u00f3lo despoj\u00e1ndolo de d\u00eda en d\u00eda del limo que envolv\u00eda su alma, sino tambi\u00e9n retir\u00e1ndole uno despu\u00e9s de otro los \u00faltimos puntos de apoyo que eran sus amistades m\u00e1s profundas, m\u00e1s tiernas y m\u00e1s antiguas\u2026<\/p>\n<p>La muerte del se\u00f1or Portail, su venerable y querido disc\u00edpulo, ocurrida poco despu\u00e9s del fallecimiento de la se\u00f1orita Le Gras, su hija predilecta, le advirtieron que el momento de partir se acercaba. Estos amigos le prece\u00add\u00edan para abrirle y mantener abierta la mansi\u00f3n del Padre. El cuerpo casi en ruinas, parec\u00eda irse acostumbrando al sepulcro, a la inmovilidad, a la corrupci\u00f3n. Vicente ya no pod\u00eda caminar. Se serv\u00eda de los brazos que a\u00fan pod\u00eda mover para hacer ademanes hacia Dios. Pidi\u00f3 muletas y empu\u00f1\u00e1ndolas con rigor de enfermo exaltado, sin tolerar ayuda, \u00e9l, el pastor de las Landas, ahora octogenario, se arrastraba victoriosos sobre estos otros zancos tan distin\u00adtos de los de la infancia. As\u00ed iba hasta la capilla para o\u00edr misa y comulgar de pie, en equilibrio. Pronto las muletas no bastaron; ca\u00edan de sus manos. Entonces se crey\u00f3 sa\u00adtisfacerlo convirtiendo su cuarto en capilla. Pero se opuso protestando contra un honor del que se juzgaba indigno. Como esto significaba para \u00e9l una gran privaci\u00f3n, accedi\u00f3 a ser transportado a los oficios en una silla, y aunque el trayecto era breve y pesase menos que \u00e9sta, ped\u00eda perd\u00f3n a los hermanos que lo llevaban, por la molestia causada.<\/p>\n<p>Hasta entonces, a pesar de sus sufrimientos, no los dejaba traslucir, pero llegaron a ser tan agudos que le arrancaban ayes, de los cuales se lamentaba m\u00e1s que del mismo mal. La imposibilidad de hacer el menor movimien\u00adto en el lecho sin ser atravesado de horribles dolores, era lo m\u00e1s molesto.<\/p>\n<p>Para que pudiera volverse le hab\u00edan puesto una cuer\u00adda a poca distancia de la cabeza, anudada a una viga del techo a la cual se as\u00eda para levantarse o cambiar de postura. Esta simple operaci\u00f3n era una verdadera tortura. Al ver\u00adlo aferrado al extremo de su cuerda balancearse desespe\u00adradamente, se le hubiera cre\u00eddo un prisionero suspendido por las manos sometido al interrogatorio en la tortura. \u00ab\u00a1Ah mi Dios, mi Salvador!\u00bb, suspiraba dulcemente co\u00admo si diera gracias a Dios por su martirio en vez de im\u00adplorar el fin. Gemir no es quejarse. El jam\u00e1s se quejaba ni quer\u00eda, que nadie lo hiciera. Cuando le ven\u00eda la tenta\u00adci\u00f3n de hacerlo, la apartaba humill\u00e1ndose, acus\u00e1ndose de su flaqueza y de estar demasiado apegado a los bienes de este mundo. \u00ab\u00a1Miserable de m\u00ed!\u00a1Yo que tuve caballo y carroza, y que tengo todav\u00eda una habitaci\u00f3n (paseaba su mirada sobre las paredes desnudas de su celda y sobre la chimenea) \u2026 una habitaci\u00f3n con calefacci\u00f3n! (Golpeaba su camastro como para castigarlo) \u2026 un lecho con gran\u00addes cortinas!\u00a1Yo que siempre he sido tan mimada y a quien nada falta, qu\u00e9 esc\u00e1ndalo doy, se\u00f1ores y hermanos, a la Congregaci\u00f3n!\u00a1Y todo por este cuerpo de viejo pe\u00adcador que un d\u00eda de estos ser\u00e1 enterrado y reducido a ce\u00adnizas y que vosotros hollar\u00e9is con los pies!\u00bb.<\/p>\n<p>Al decir estas severas palabras, no hac\u00eda como muchos enfermos que las pronuncian por pura f\u00f3rmula. No se hac\u00eda ninguna ilusi\u00f3n sobre su pr\u00f3ximo fin. \u00abDespu\u00e9s que Dios le sufr\u00eda sobre la tierra por m\u00e1s de ochenta arios\u00bb, sent\u00eda haber abusado de su bondad y que este favor no pod\u00eda prolongarse. Una prueba de esta creencia suya era la preocupaci\u00f3n de utilizar lo mejor posible los \u00faltimos instantes de su vida.<\/p>\n<p>El 27 de agosto, un mes antes de su muerte, reuni\u00f3 \u00aba sus hijas\u00bb para nombrarles una superiora en reempla\u00adzo de la se\u00f1orita Le Gras. Pidi\u00f3 perd\u00f3n a todos sus fa\u00admiliares por las faltas que cre\u00eda haber cometido contra ellos y por los disgustos que les hab\u00eda causado. A veces ca\u00eda en letargos tan profundos que era imposible volverlo en s\u00ed.<\/p>\n<p>Armado de la peque\u00f1a cruz de madera que siempre le acompa\u00f1aba y sobre la cual segu\u00edan fijos sus ojos cerra\u00addos, parec\u00eda no pertenecer m\u00e1s a este mundo, donde toda\u00adv\u00eda respiraba. Reflejos y brisas celestiales parec\u00edan venir a acariciar la calma de su rostro.<\/p>\n<p>Los que rodeaban el lecho o lo contemplaban tendien\u00addo el cuello por la puerta, permanec\u00edan sobrecogidos.<\/p>\n<p>Si los agonizantes reflexionan, piensan y meditan m\u00e1s de lo que se sospecha durante las p\u00e9rdidas de conocimien\u00adto exterior, cuando todo se concentra en el interior, \u00bfen qu\u00e9 pensar\u00eda sino en su vida maravillosa?<\/p>\n<p>Como Dios, que ve a la vez todas las cosas, ve\u00eda y abarc\u00e1bala en todos sus pormenores desde el comienzo al \u00faltimo instante. En esta visi\u00f3n adquir\u00eda la primera no\u00adci\u00f3n de eternidad. Todo su contenido desfilaba en el or\u00adden prescripto por el destino, no para inspirarle tristeza, escr\u00fapulos, c\u00e1ndidos remordimientos, inocentes desespera\u00adciones sino para tranquilizarlo y regocijarlo, ofreci\u00e9ndole los frutos de los \u00e1rboles que plantara y un poco de la miel celestial de la azul colmena por \u00e9l formada.<\/p>\n<p>Se ve\u00eda nacer all\u00e1 en las Landas y crecer\u2026 Ve\u00eda el peque\u00f1o cortijo de sus padres, sus manos, sus rostros, sus ovejas\u2026 el Adour. Su entrada en el colegio de los Fran\u00adciscanos\u2026 los libros\u2026 el lat\u00edn. Es un joven alumno, m\u00e1s tarde maestro, di\u00e1cono, sacerdote. Despu\u00e9s un hurac\u00e1n de sangre y de fuego lo lleva a la cautividad de Berber\u00eda de arenas candentes, de azul profundo, de se\u00f1ores con tur\u00adbantes. Aparecen las mujeres, la pagana tocada de la gra\u00adcia, arrodillada\u2026 el <em>Super flumina. . <\/em>Luego la libera\u00adci\u00f3n\u2026 Roma\u2026 Par\u00eds\u2026 dos mundos que ya no le atemorizan, de horizontes tan claros como los de Dax y de Pouy. A cada momento cruza un rostro amigo, alguna de aquellas personas que en una forma o en otra han sido los personajes de su historia. Laicos, religiosos, palacios, ciudades, campos, desfilan ante \u00e9l, y todos los campos don\u00adde labr\u00f3, sembr\u00f3 y dej\u00f3 tantas mieses que le ofrecieron sus espigas.<\/p>\n<p>A medida que el n\u00famero de rostros aumenta sucedi\u00e9ndose y en inmensa confusi\u00f3n, los va reconociendo t\u00edmida\u00admente como si temiera espantarlos y ponerlos en fuga con sus muestras de alegr\u00eda, porque no sabe con certeza si est\u00e1 despierto o no, si contin\u00faa en esta vida. Poco a poco la visi\u00f3n cobra contornos tan claros, que en su delirio aplica nombres y revive recuerdos: \u00ab\u00a1Se\u00f1ora de Gondi!\u00a1Se\u00f1or general!\u00a1Se\u00f1ora de Mignelais!\u00a1Mis antiguos alum\u00adnos, mis maestros!\u00a1Y nosotros, pastores y labradores jun\u00adto con los pr\u00edncipes y duques\u00a1He aqu\u00ed mis ministros, mis cancilleres, mis capitanes, mis mariscales, mis cardena\u00adles!\u00a1B\u00e9rulle, Retz, Richelieu, Mazarino!\u2026\u00a1Mis pre\u00adlados \u2014vestidos de rojo como mis galeotes!\u2014\u00a1Mis c\u00f3mi\u00adtres, mis enfermeros, mis carceleros!\u2026 Ilustre asam\u00adblea! \u00a1Aqu\u00ed est\u00e1n mis reinas! \u00a1Mis tres reinas! Margari\u00adta de la que fui capell\u00e1n, Mar\u00eda de M\u00e9dicis en cuyas bo\u00addas or\u00e9 tanto, Ana de Austria que me hizo de su Conse\u00adjo de Conciencia. \u00a1Buenas y generosas Majestades! \u00a1Dis\u00adpens\u00e1is demasiado honor al m\u00e1s vil y al \u00faltimo de vuestros s\u00fabditos; os saludo avergonzado! \u00bfEs posible? \u00bfTambi\u00e9n reyes?\u00a1Ah sois vos, Enrique tercero, bajo cuyo triste reinado nac\u00ed y a quien veo ahora por vez primera!\u00a1Y vos <em>mi <\/em>Bearn\u00e9s, mi rey preferido, que me recib\u00edais con tanta amabilidad, me dec\u00edas cosas tan bellas, y a quien contempl\u00e9 muerto despu\u00e9s que Ravaillac\u2026!\u00a1Y vos, p\u00e1\u00adlido rey Luis cuya peque\u00f1a mano tuve tantas veces entre las m\u00edas cuando vuestro padre os llevaba a presentar vues\u00adtras gentilezas a la reina Margarita!\u2026\u00a1Y vos, se\u00f1or Del\u00adf\u00edn, que ser\u00e9is Luis XIV!\u00a1Que el rey de los reyes, que im\u00adpera en la tierra y en el cielo os bendiga! Y ahora, \u00bfqui\u00e9n m\u00e1s puede venir? \u00a1Ah, Se\u00f1or, vuestra bondad es inefa\u00adble, vos no olvid\u00e1is ning\u00fan detalle! Despu\u00e9s de tantos fa\u00advores me reserv\u00e1is el m\u00e1s grande y precioso para el final, pues vos mismo cerr\u00e1is la marcha resplandeciente, rodea\u00addo de representantes de todas las obras que me permitisteis realizar a despecho de la Liga y la Fronda, de las guerras, <em>y <\/em>de tantos flagelos. No falta ninguna: las cofrad\u00edas de hombres y de mujeres\u2026 mis Hijas de la Caridad\u2026 mis buenas damas\u2026 mis buenos ricos\u2026 mis buenos pobres, mis misioneros, mis confesores, mis m\u00e1rtires, mis enfermos, mis galeotes, mis ancianos, mis ni\u00f1os abandonados!<\/p>\n<p>Si he podido hacer todo esto, Se\u00f1or, es porque vos me disteis los medios, las ideas, la fuerza. Mi misi\u00f3n est\u00e1 cum\u00adplida. Ahora voy a Vos. <em>Nunc dimittis\u2026\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Los circunstantes, entretanto, examinaban si a\u00fan res\u00adpiraba. Al fin abre los ojos con tal aire de bienaventuran\u00adza que parece descender del cielo cuando todos creen que acababa de subir a \u00e9l.<\/p>\n<p>Al salir del largo sopor, explica con fina sonrisa: \u00abEs el hermano que viene a esperar a la hermana\u00bb. La hermana se acercaba. Estaba ya en la casa, sub\u00eda lentamente las escaleras, deteni\u00e9ndose en cada pelda\u00f1o. Todos sab\u00edan qui\u00e9n era ella, pues no se ocultaba y la segu\u00edan de cerca. El 27 de setiembre lleg\u00f3 al piso de Vicente. Cuando entr\u00f3 en la peque\u00f1a celda, lo encontr\u00f3 sereno, sentado en su sill\u00f3n. Estaba preparado. Acababa de recibir la extremaunci\u00f3n. Al verla, despu\u00e9s de haberla llamado tanto tiempo, su rostro pas\u00f3 del rojo p\u00farpura al blanco de la nieve. Le acercan un crucifijo a los labios. Un beso\u2026 articula la palabra final: <em>Confido, <\/em>y muere <em>buena y sencillamente, <\/em>como si aplicase el humilde m\u00e9todo. En el reloj sonaban cuatro campanadas. Era la hora en que se sol\u00eda levantar.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de expirar su rostro no se alter\u00f3 y su cuerpo qued\u00f3 tan flexible como cuando viv\u00eda. \u00abLos cirujanos que le hicieron la autopsia discurrieron mucho acerca de un hueso que se le hab\u00eda formado en el bazo, semejante a una placa de marfil. Muchos que conoc\u00edan \u00edntimamente al sier\u00advo de Dios, atribu\u00edan esta curiosa formaci\u00f3n a la violen\u00adcia con que combat\u00eda el humor sombr\u00edo y melanc\u00f3lico que le era propio por temperamento\u00bb.<\/p>\n<p>Permaneci\u00f3 expuesto dos d\u00edas, con solideo y sobre\u00adpelliz, tal como siempre le hab\u00edan conocido. Las exequias fueron sencillas, como lo hab\u00eda deseado. \u00abLa muchedum\u00adbre se dirigi\u00f3 en masa a la capilla mortuoria de modo que la vida de Par\u00eds se interrumpi\u00f3 por un d\u00eda\u00bb. El pr\u00edncipe de Gonti, arzobispo de Cesarea, nuncio del Papa, nume\u00adrosos prelados, grandes se\u00f1ores, damas de la nobleza, en\u00adtre las cuales la duquesa d&#8217;Aguillon, asistieron en gran pompa; tras ellos le,\u201e ,dem\u00e1s nobleza: las buenas Hijas de la Caridad, los sacerdotes de la Misi\u00f3n, y todo el pueblo de los pobres que formaban la especial clientela del santo.<\/p>\n<p>Su coraz\u00f3n fue guardado en un vaso de plata (\u00e9l lo hubiera preferido de plomo) y su cuerpo depositado ante el altar, en la antigua iglesia g\u00f3tica de la leproser\u00eda.<\/p>\n<p>El epitafio reza as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Hie jacet<\/em><br \/>\n<em>Venerabilis vir, presbyter <\/em><em>Fundator, seu Institutor<\/em><br \/>\n<em>Et primus Superior Generalis <\/em><em>Congregationis Missionis<\/em><br \/>\n<em>Nec non Puellarum Charitatis.<\/em><br \/>\n<em>Obiit die <\/em>27 <em>septembris anni <\/em>1660<br \/>\n<em>Aetatis yero suae <\/em>85.<\/p>\n<p>La explosi\u00f3n de pesar fue un\u00e1nime. En Par\u00eds, Reims, y en otras ciudades tuvieron lugar servicios solemnes a los cuales acud\u00edan de muy lejos para o\u00edr y pronunciar los elogios f\u00fanebres de aquel que en vida sufr\u00eda tanto al ser alabado Ahora que no estaba presente, nadie se privaba de expresarlos. Entre otros, el obispo de Pouy, Mons. Enri\u00adque de Maupas du Tour, pronunci\u00f3 un discurso de dos ho\u00adras y baj\u00f3 del p\u00falpito sin haber terminado, \u00abpues la ma\u00adteria, seg\u00fan expres\u00f3, era tan abundante que diera lugar a predicar un&#8217; cuaresma, entera\u00bb. A pesar de su longitud, logr\u00f3 resumir y caracterizar excelentemente la obra de Vi\u00adcente de Pa\u00fal al decir que \u00abhab\u00eda cambiado la faz de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Las voces que se elevaron de todas partes para ex\u00adpresar su aflicci\u00f3n o para emitir un juicio acerca de esta gran figura, se pueden condensar en algunas frases defini\u00adtivas, tan justas como breves. \u00abLa Iglesia y los pobres, dijo la Reina madre, han sufrido una gran p\u00e9rdida\u00bb. \u00abNo he conocido a nadie, declara el pr\u00edncipe de Conti, en quien halla brillado tanta humildad, tanto desprendimiento, tan\u00adta generosidad de coraz\u00f3n. El se\u00f1or Piccolomini, nuncio en Francia, se expresa en los mismos t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>La reina de Polonia, el marqu\u00e9s de Pian\u00e9ze, los obis\u00adpos de Pamiers, de Alep, cuantos prelados y sacerdotes pretendieron formular su pesar y su admiraci\u00f3n se valie [\u2026].<\/p>\n<p>Hasta en los elogios, que Vicente no pod\u00eda impedir despu\u00e9s de su muerte, impon\u00eda la concisi\u00f3n y la simpli\u00adcidad. La desesperaci\u00f3n de los pobres que s\u00f3lo atinaban a gemir \u00abhemos perdido nuestro amigo\u00bb, la silueta sombr\u00eda de los galeotes murmurando entre cadenas: \u00abya no tene\u00admos padre\u00bb, hubieran sido, si los oyera, los m\u00e1s dulces a su coraz\u00f3n: los que sufr\u00edan m\u00e1s con esta p\u00e9rdida eran los que menos lo sospechaban y que sin embargo lloraban como si lo supieran\u2026 los pobres ni\u00f1os abandonados. \u00abEn fin, concluiremos con Bossuet, hubo en su muerte infini\u00addad de l\u00e1grimas\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>Lo que deja<\/strong><\/h3>\n<p>Los despojos de Vicente fueron depositados en el co\u00adro de la iglesia de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>Hasta 1712 reposaron en paz. En esa fecha, abierta la tumba, \u00abse hall\u00f3 el cuerpo en perfecto estado\u00bb.<\/p>\n<p>En 1724, cuando fue beatificado por Benedicto XIII, fue extra\u00eddo el sarc\u00f3fago en una ceremonia especial e im\u00adponente, presidida por el arzobispo de Par\u00eds. Los muros estaban cubiertos de tapices, y en medio de las luces y de los cantos se hallaban presentes los miembros de la Corte; la reina de Espa\u00f1a presenciaba bajo un dosel.<\/p>\n<p>El cuerpo fue depositado en la Cripta.<\/p>\n<p>En 1729, una infiltraci\u00f3n de agua causada por una inundaci\u00f3n apresur\u00f3 la descomposici\u00f3n del cad\u00e1ver, bas\u00adtante perjudicado en 1712 por el contacto del aire. Era, pues, necesario retirar de all\u00ed los restos del ap\u00f3stol que fueron encerrados en una caja de plata y colocados sobre el altar de la capilla, donde en 1737, a\u00f1o de su canoniza\u00adci\u00f3n, fueron objeto de insignes honores.<\/p>\n<p>Durante cincuenta a\u00f1os acuden de todas partes a ve\u00adnerarlos y a implorar gracias.<\/p>\n<p>En 1789 se desencadena, el cicl\u00f3n. La multitud amo\u00adtinada el 10 de julio, asalta las armer\u00edas se apodera del Palacio de los Inv\u00e1lidos. La noche del 12 al 13 se oyen los clamores de :\u2014\u00bb\u00a1A San L\u00e1zaro!\u00bb como vociferar\u00e1 algo m\u00e1s tarde: \u2014 \u00a1A la Bastilla!\u00bb.<\/p>\n<p>Un pu\u00f1ado de asaltantes, no m\u00e1s de doscientos, pero tan eficaces para el mal como un ej\u00e9rcito entero, invaden el edificio y se entregan a la destrucci\u00f3n m\u00e1s salvaje. Todo cuanto cae en sus manos es roto, destrozado, pisoteado, reducido a girones, arrojado por las ventanas, robado o llevado.<\/p>\n<p>La caja de plata maciza, que conten\u00eda los restos del santo, \u00bfno excitar\u00eda la codicia y el furor de los facinero\u00adsos? All\u00ed est\u00e1 sobre el altar, sin defensa alguna, expuesta imprudentemente a las miradas, en el esplendor del pre\u00adcioso metal, de los ornamentos, joyas y ofrendas que atra\u00edan los ojos, los brazos, los golpes, las hachas, el sacrilegio y la profanaci\u00f3n. Sin embargo all\u00ed queda intacta. <em>t, <\/em>C\u00f3mo y por qu\u00e9 ? \u00bfCasualidad, olvido, distracci\u00f3n, negligencia? \u00bfDesconocimiento del lugar o m\u00e1s bien milagro?<\/p>\n<p>El caso es que nadie toca la urna. En todas las na\u00adrraciones del <em>desastre de San L\u00e1zaro <\/em>y en el del Padre Lamourette que fue testigo de los hechos nada se dice de la iglesia ni de los restos de Vicente.<\/p>\n<p>Sin embargo todo lo referente a su persona y a la veneraci\u00f3n de su memoria era muy a prop\u00f3sito para enco\u00adlerizar a aquellos furiosos. Su estatua, esculpida poco an\u00adtes y destinada al Louvre para que perpetuase sus rasgos y su recuerdo, se hallaba ubicado en un vest\u00edbulo. Al des\u00adcubrirla, exhalan un rugido de rabia y alegr\u00eda; saltan so\u00adbre ella, la arrojan por tierra, la mutilan y la reducen a fragmentos. Le cortan la cabeza, aquella cabeza augusta y bondadosa, y la pasean en el (extremo de una pica despu\u00e9s de haberla pintarrajeado de rojo para impresionar a los viandantes.<\/p>\n<p>Cuando ya no es m\u00e1s que un mu\u00f1\u00f3n de m\u00e1rmol la arrojan en el estanque del palacio real.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo es invadida su celda. La reconocen inmediatamente, pues su pobreza la denuncia. En un rin\u00adc\u00f3n se conserva todav\u00eda el pobre lecho tan poco usado por \u00e9l para dormir, su \u00fanica silla vacilante como su due\u00f1o sus\u00adpendidos de un clavo est\u00e1n sus vestidos remendados que denuncian la, forma, del anciano cuerpo, su sombrero deste\u00f1ido por el sudor, su gran manto en el que tantos ni\u00ad\u00f1os fueron rescatados, las medias de sarga de talonea per\u00adforados, el rosario recorrido por sus dedos, el breviario car\u00adgado de im\u00e1genes y marcado por las yemas de sus pulga\u00adres. En el \u00e1ngulo descansa el bast\u00f3n y en el extremo de la mesa el candelero de hierro enmohecido en el que todav\u00eda quedan restos del cirio que alumbr\u00f3 su agon\u00eda y cuya lla\u00adma fue apagada en el instante en que \u00e9l <em>se <\/em>extingu\u00eda\u2026 Todos estos humildes objetos convertidos en reliquias y que conservados all\u00ed hablaban al coraz\u00f3n y hac\u00edan subir al cie\u00adlo las plegarias, fueron tambi\u00e9n despedazados, profana\u00addos, y arrojados al fango.<\/p>\n<p>Felizmente la urna se salv\u00f3 del diluvio. Pero en 1792 la Revoluci\u00f3n la confisc\u00f3 como propiedad nacional y los huesos, colocados en una peque\u00f1a caja, y remitidos a un notario, en cuyo estudio quedaron olvidados en dep\u00f3sito hasta 1804. De 1804 a 1830 fue encomendada la custodia de los mismos a las Hermanas de la Caridad, primero en la calle Vieux Colombier y m\u00e1s tarde en la calle Bac. En 1830, en solemne ceremonia son llevados a la casa madre de la Misi\u00f3n, calle de S\u00e9vres. Despu\u00e9s, de 1909, la ley de separaci\u00f3n los env\u00eda al destierro.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde encontrarles un lugar seguro?<\/p>\n<p>En B\u00e9lgica. En este pa\u00eds tranquilo y neutral, preser\u00advado de conmociones, nada ir\u00eda a turbar su reposo\u2026 Pero llega 1914 y la violaci\u00f3n de las fronteras. Los Padres La- zaristas consiguen atravesar con el sarc\u00f3fago las l\u00edneas enemigas y llevarlo a Inglaterra All\u00ed permanece hasta 1919, en que vuelve a ocupar su leg\u00edtimo sitial en la capi\u00adlla de la Misi\u00f3n de la calle de S\u00e9vres, sobre el altar.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber soportado tantas revoluciones y gue\u00adrras, tantos viajes por tierra y mar, entre la sangre y las bombas, tantas idas y venidas en carros, trenes, autos, barcos y tal vez aviones, \u00bfhabr\u00e1n encontrado los fr\u00e1giles despojos de Vicente el lugar de su reposo definitivo? Bien lo merecer\u00eda. Ojal\u00e1 pudi\u00e9ramos aplicarles las pala\u00adbras de aquel epitafio que se lee en las tumbas de las an\u00adtiguas catedrales:<\/p>\n<p><em>Hic <\/em><em>molliter ossa cubant in aeternum! <\/em><em>Cubant, <\/em>es ver\u00addad, \u00bfpero ser\u00e1 <em>in aeternunt?<\/em><\/p>\n<p>Qu\u00e9 es nuestro <em>aeternum, <\/em>el que nosotros concebi\u00admos y llamamos tal? Nada; menos que nada. El y nosotros somos incompatibles.<\/p>\n<p>\u00bfPero qu\u00e9 importa este menoscabo del cuerpo que vale tan poco? Lo que jam\u00e1s pasar\u00e1, aun cuando no quede un pu\u00f1ado de las cenizas de Vicente, ser\u00e1 su obra viviente e inmortal como su memoria. Hijo de la tierra, de <em>nuestra <\/em>tierra, pastor durante setenta a\u00f1os, sacerdote, educador, fundador incomparable y misionero incesante, director se\u00adguro del esp\u00edritu, orador \u00edntimo capaz de conmover sin ar\u00adtificio al auditorio, escritor elegante y castizo, fue en todos los \u00f3rdenes de ideas, de sentimientos, y de obras, un rea\u00adlizador acabado y magn\u00edfico\u2026 siempre sereno y constan\u00adte como un maestro d\u00f3cil a las \u00f3rdenes de la Providencia. Todas sus empresas alcanzaron el \u00e9xito. Admiremos y ve\u00adneremos en \u00e9l una de las mayores glorias de Francia. Cano\u00adnicemos a nuestro santo <em>nacional, <\/em>alma de oro y de lis, ma\u00adravilla de amor, que Dios cre\u00f3 pensando en su Hijo \u2014co\u00admo a\u00f1ade un \u00e1ngel a su Para\u00edso o una estrella a su fir\u00admamento\u2014 y que deja caer entre los hombres para pro\u00adbarles su existencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sus \u00faltimos d\u00edas El se\u00f1or Vicente ya en el tiempo de su robusta ma\u00addurez, ofrec\u00eda aspecto de anciano. A los cincuenta a\u00f1os representaba mucho m\u00e1s. A los sesenta ten\u00eda el cabello completamente blanco. 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