{"id":123916,"date":"2016-10-03T12:00:16","date_gmt":"2016-10-03T10:00:16","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=30749"},"modified":"2016-08-06T07:53:02","modified_gmt":"2016-08-06T05:53:02","slug":"san-vicente-de-paul-henri-lavedan-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-12\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (12)"},"content":{"rendered":"<h3><strong>En camino<\/strong><\/h3>\n<p>Habiendo Vicente roto los lazos familiares y munda\u00adnos, libre despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de sus protectores de toda obligaci\u00f3n para con la familia de los mismos, se en\u00adcontraba en plena libertad para dedicarse a la gran obra cuyos cimientos hab\u00eda echado con la ayuda de los se\u00f1ores de Gondi. La situaci\u00f3n no era muy brillante. El colegio de los Buenos Hijos albergaba escasos disc\u00edpulos. Estos formaban el n\u00facleo de la peque\u00f1a familia reci\u00e9n formada de la cual \u00e9l era, sin sospechar el m\u00e9rito y n\u00famero de los que le suceder\u00edan, su primero y humilde director. Pero no todos pod\u00edan prestar un concurso eficiente. Uno solo de ellos, Antonio Portail, sacerdote de la di\u00f3cesis de Arl\u00e9s, su disc\u00edpulo decidido desde hac\u00eda quince a\u00f1os, se declara\u00adba ahora dispuesto a imitarle activamente y a consagrarse sin desmayo a la evangelizaci\u00f3n de los campesinos. Dos hombres\u2026 para tantas almas, para toda Francia\u2026 Pero el hecho no descorazon\u00f3 a Vicente; s\u00f3lo le hizo reflexionar, Se contentaba con poco, como debe hacerlo el cristiano dos veces m\u00e1s que el sabio. \u00ab\u00a1Si al menos fu\u00e9semos tres!\u00bb, pensaba. Y lleg\u00f3 el tercero, quien por un tiempo consin\u00adti\u00f3 en reun\u00edrseles. Partieron, pues, los tres. Largo era el camino y no se vislumbraba el fin. Pero ellos no extend\u00edan su mirada a la lejan\u00eda, limitada por la aurora de cada etapa cotidiana. Por la tarde, donde la noche deten\u00eda sus pasos, se entregaban al reposo con el cuerpo quebrantado, pero con el alma en paz. No llevaban equipajes; s\u00f3lo un modesto paquete bajo el brazo que les serv\u00eda de dura al\u00admohada y unas pocas monedas de escaso valor estrictamen\u00adte administradas en la compra de alimentos.<\/p>\n<p>Era tal su pobreza que careciendo de medios para dejar un casero, entregaron a un vecino la llave del co\u00adlegio de los Buenos Hijos. Nada hab\u00eda en \u00e9l que sustraer, pues todo lo hab\u00edan dado a los pobres.<\/p>\n<p>Llenados do leg\u00edtima gratitud comenzaron por los do\u00adminios de la casa de Gondi. \u00ab\u00cdbamos, declara Vicente a\u00f1os m\u00e1s tarde, buena y sencillamente a evangelizar a los po\u00adbres como lo hizo Nuestro Se\u00f1or. Eso era todo. Dios por su parte hac\u00eda lo que ten\u00eda previsto desde toda la eter\u00adnidad\u00bb. <em>Buena y sencillamente; <\/em>estas palabras que vibra\u00adban sin cesar en sus labios podr\u00edan servir mejor que cua\u00adlesquiera otras para compendiar a la vez su vida y su obra. Ellas fueron su divisa terrestre y expresan toda la pacien\u00adcia y la confianza que constitu\u00edan su fuerza y su for\u00adtuna. El tiempo no les interesaba. No lo perd\u00edan, pero lo usaban como si tuvieran siglos por delante. Consideraban el tiempo con las aparentes decepciones de su duraci\u00f3n y la lentitud razonada de su empleo como un medio de \u00e9xito superior a su utilizaci\u00f3n atropellada. El tiempo era para ellos un amigo y un auxiliar que maduraba los asuntos a \u00e9l confiados. Era, pues, menester esperar su obra como se espera brotar el trigo, subir la plegaria, arder el cirio, como se respeta en toda la marcha y el orden de la natu\u00adraleza. El tiempo, como Dios, nunca tiene prisa. Tal era la teor\u00eda y en la pr\u00e1ctica la piadosa pol\u00edtica de Vicente seguida con campesina sabidur\u00eda; por eso en lugar de co\u00adrrer en pos del \u00e9xito, \u00e9ste corr\u00eda a su encuentro. Estos resultados podr\u00edan parecer de menor importancia a ca\u00adracteres m\u00e1s ardorosos, pero a \u00e9l le parec\u00edan buenos y aun excelentes para lo poco que hac\u00eda. Adelantar paso a paso significaba 4vanzar siempre, jam\u00e1s retroceder.<\/p>\n<p>Al principio fueron tres, despu\u00e9s ocho, m\u00e1s tarde on\u00adce\u2026<\/p>\n<p>Al cabo de diez a\u00f1os no eran m\u00e1s que treinta y cinco\u2026 Alguien exclamar\u00e1 sorprendido: \u00ab\u00bfNada m\u00e1s? I Qu\u00e9 escaso n\u00famero!\u00bb. Pero esos treinta y cinco pose\u00edan un extraordinario poder de multiplicaci\u00f3n moral. Renovaban ca\u00adda d\u00eda el eterno milagro de los panes <em>y <\/em>de los peces. Sus redes no eran de gran capacidad, pero bien manejadas y siempre llenas. Precisamente por ser pocos, pudo unirlos, instruirlos, modelarlos y convertirlos en escuadr\u00f3n mara\u00advilloso. Eran sacerdotes como \u00e9l los quer\u00eda, como los hab\u00eda so\u00f1ado, humildes, modestos, d\u00f3ciles, dulces, desprendidos de todo, devorados por el deseo de seguirle cumpliendo sus \u00f3rdenes, adornados de aquel esp\u00edritu campechano, de buen sentido y de gravedad tan apropiado para convencer a las gentes del campo. Vicente, hijo tambi\u00e9n de la tierra, guar\u00addaba por la campa\u00f1a y sus hijos desventurados una ter\u00adnura especial de predilecci\u00f3n. Sin duda los pobres de las ciudades recib\u00edan de \u00e9l can igual generosidad la misma parte &#8216;de sus desvelos y socorros, pero los del campo, m\u00e1s cercanos a \u00e9l por su origen le interesaban y conmov\u00edan mu\u00adcho m\u00e1s, parque entre ellos se encontraba en familia.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 forma ejercitaban su misi\u00f3n los abnegados servidores del santo? Ya lo hemos dicho en dos palabras: \u00abbuena y sencillamente\u00bb, conforme a su precepto. Marcha\u00adban de a tres, de aldea en aldea, deteni\u00e9ndose en cada una para hablar, confesar, exhortar. Estos fatigosos ejercicios les serv\u00edan de reposo. Eran los peregrinos, los gitanos de Dios que ni siquiera dispon\u00edan de carpas. Algunas veces su visita era anunciada con anticipaci\u00f3n, muy a su pesar. Entonces eran esperados con curiosidad, pero casi siempre se presentaban de improviso en las aldeas.<\/p>\n<p>Al ver llegar a los forasteros, mendigos polvorientos, con m\u00e1s aspecto de pedir limosna que de hacerla, las gen\u00adtes se sorprend\u00edan ben\u00e9volamente impresionados por la po\u00adbreza de su continente. Los portadores del pan y del vino invisibles inspiraban con su sola presencia un deseo: el de la grata acogida. Las puertas se abr\u00edan con un \u00ab\u00a1en\u00adtrad!\u00bb, pero ellos permanec\u00edan afuera porque all\u00ed hab\u00eda m\u00e1s lugar que bajo techo y porque la predicaci\u00f3n <em>es <\/em>m\u00e1s solemne bajo la b\u00f3veda del cielo y al soplo del aire que lleva sus acentos a trav\u00e9s de las paredes y por sobre los tejados hasta los surcos donde habr\u00e1 de germinar. Los sermones ten\u00edan lugar siempre a la intemperie. Apenas llegados, en la humildad y el exquisito candor de su re\u00adclamo se \u00abexhib\u00edan\u00bb imitando el procedimiento de los ti\u00adtiriteros ambulantes que ya por entonces recorr\u00edan el mun\u00addo. No podr\u00eda afirmar con seguridad si el tono o la canci\u00f3n eran id\u00e9nticas, pero s\u00ed la manera de comenzar. \u00ab\u2014 \u00bfQui\u00e9nes somos? \u00bfPara qu\u00e9 hemos venido?\u2026 \u00a1Pues bien, para esto! \u2026 \u00ab. Y lo explicaban empleando la f\u00f3r\u00admula adoptada por Vicente: el <em>Humilde M\u00e9todo. <\/em><\/p>\n<h3><strong>El humilde m\u00e9todo<\/strong><\/h3>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 consist\u00eda? En usar un lenguaje familiar, ca\u00adpaz de ser comprendido por el m\u00e1s rudo de los oyentes, lenguaje referido a su manera de vivir, con ejemplos entre\u00adsacados de los oficios y trabajos a que estaban habituados. \u00bfQu\u00e9 prescrib\u00eda a los oradores? (Digo <em>oradores <\/em>para no emplear un t\u00e9rmino menos adecuado, pues el sistema de Vicente ten\u00eda poco de <em>oratorio). <\/em>Tres cosas bien definidas: \u00abExponer los motivos que llevan a la virtud y apartan del mal; en qu\u00e9 consiste la virtud; c\u00f3mo se la adquiere\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente explicaba a sus sacerdotes la manera parti\u00adcular de desarrollar estos tres puntos sin abandonar nada al acaso o a la fantas\u00eda. En las conferencias \u00edntimas en que los reun\u00eda a su alrededor, les explicaba con todos los pormenores la manera correcta de predicar, de preparar y componer un discurso con sus divisiones y subdivisiones y el modo de pronunciarlo. La teor\u00eda era breve, la pr\u00e1ctica abundante. Una vez construida esta fuerte, sabia y sutil armadura, la ejecuci\u00f3n que hab\u00eda de recubrirla no deb\u00eda dejar traslucir su rigidez. Lo esencial era: <em>buenamente, sencillamente, <\/em>con bondad y sencillez. Recomendaba no ha\u00adblar muy alto. Era m\u00e1s conveniente el tono bajo porque a lo menos excita la atenci\u00f3n, mientras el estridente provoca deseos de taparse los o\u00eddos. Los buenos predicadores del Evangelio no necesitan alzar ni bajar demasiado la voz. Desde que se despliegan sus labios todos escuchan, pues su palabra es clara. Basta o\u00edrla para atenderla y retenerla. Nada de exclamaciones imponentes ni meneos exagerados. Cuanto menos gestos, mejor. La predicaci\u00f3n es una conversaci\u00f3n: miradas, sonrisas\u2026, una efusi\u00f3n constante del coraz\u00f3n y de las manos, que va expresando entre frase y frase la bondad que las anima.<\/p>\n<p>Si dispusi\u00e9ramos de espacio, reproducir\u00edamos aqu\u00ed la admirable conferencia de 1655, en que Vicente repet\u00eda los motivos de predicar seg\u00fan su \u00abHumilde M\u00e9todo\u00bb, el mis\u00admo, se\u00f1ala, de que se sirviera Jes\u00fas y los ap\u00f3stoles\u2026 Con malicioso donaire y mordaz benevolencia critica los conceptuosos sermones de los predicadores de su tiempo y el \u00e9nfasis tan de moda. \u00ab\u00bfA qu\u00e9 viene toda esa fanfa\u00adrria? \u00bfAlguien desea demostrar que es buen te\u00f3logo y buen ret\u00f3rico? Cosa extra\u00f1a, toma para ello el camino menos conducente: para granjearse la reputaci\u00f3n de sabio y la estima de hombre elocuente, es necesario persuadir al au\u00additorio y apartarlo de lo que debe evitar. Esto no se con\u00adsigue acicalando palabras ni construyendo per\u00edodos, ni pro\u00adnunciando el discurso en tono resonante que se pierde en la altura sin penetrar en el alma. \u00bfObtienen su fin los tales predicadores? \u00bfPersuaden el amor a la piedad? El pueblo al o\u00edrlos, \u00bfcorre conmovido en pos de la peniten\u00adcia? \u00a1Todo menos \u00e9sto!\u00bb. Y prosigue: \u00abMi predicaci\u00f3n es el m\u00e9todo del buen predicar\u2026 \u00ab. All\u00ed expone: 1.\u00b0 Los motivos que hacen aceptable este m\u00e9todo; 2.\u00b0 en qu\u00e9 con\u00adsiste y 3.\u00b0 los medios conducentes para su adquisici\u00f3n.<\/p>\n<p>La primera raz\u00f3n es \u00absu eficacia\u00bb (que comentar\u00e1 y probar\u00e1 continuamente) para inducir a la pr\u00e1ctica de la virtud. \u00ab\u00bfBasta acaso declarar las obligaciones de prac\u00adticar una virtud cuando se ignora esa virtud, en qu\u00e9 con\u00adsiste y cu\u00e1les son sus obras y sus funciones? He aqu\u00ed el segundo punto que subsana estas dificultades. Desc\u00fabrase la belleza esplendente de esta virtud, haciendo ver en qu\u00e9 consiste con sencillez y llaneza, y qu\u00e9 actos se han de prac\u00adticar, descendiendo siempre al particular\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed contin\u00faa el razonamiento preguntando y respon\u00addiendo, adelant\u00e1ndose a las preguntas de sus oyentes a quienes el respeto retiene mundos. \u00abPerfectamente, ahora veo qu\u00e9 es y en qu\u00e9 consiste tal virtud\u2026 en qu\u00e9 acciones resplandece\u2026 Todo ello muy necesario y conveniente, pe\u00adro, se\u00f1or, \u00a1cu\u00e1n dif\u00edcil! \u00bfY los medios para conseguirla? \u00bfPor qu\u00e9 medios y manera he de lograrlo? \u00bfC\u00f3mo he de hacer una cosa, por necesaria que me parezca si carezco de los medios conducentes? Imposible; pero dad a este hombre los medios\u2026 \u00a1Quedar\u00e1 satisfecho!\u00bb.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n los propone; y cuando los ha expues\u00adto, contin\u00faa: \u00ab\u00bfQu\u00e9 he de a\u00f1adir? Nada. Porque, \u00bfqu\u00e9 se hace cuando se quiere persuadir el amor y la pr\u00e1ctica de algo a alguien? Se le describen las grandes ventajas que de ello se siguen, las desventajas de lo contrario, se le hace ver cu\u00e1l es el objeto, su belleza; y en fin, puestos los medios a su alcance ya no queda m\u00e1s que hacer\u2026 He aqu\u00ed en qu\u00e9 consiste y a qu\u00e9 conduce nuestro m\u00e9todo. Os aseguro que en todos mis a\u00f1os, jam\u00e1s he o\u00eddo que sea me\u00adnester m\u00e1s para persuadir a un hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Enseguida vuelve sobre estas consideraciones, las apli\u00adca y las explica, como se disecciona una flor despu\u00e9s de haber ofrecido su aroma, separando sus p\u00e9talos para me\u00adjor estudiar sus particularidades. Todo ello sin perder de vista el \u00abHumilde M\u00e9todo\u00bb ni la consideraci\u00f3n de los grandes beneficios que de \u00e9l se siguen. \u00abTendr\u00eda para nun\u00adca acabar si hubiera de narrar una m\u00ednima parte de lo que Dios ha tenido a bien obrar por medio de este m\u00e9todo. Son tantos los ejemplos que me extender\u00eda toda la noche. He aqu\u00ed uno nunca visto hasta ahora. Casi todos vosotros sab\u00e9is, que en Italia existen compa\u00f1\u00edas de salteadores, que dominan la campa\u00f1a, roban y despojan donde pueden, mul\u00adtiplic\u00e1ndose los asesinatos a causa de las venganzas y de los odios imperdonables. Esta gente despu\u00e9s de despachar a sus enemigos para hacerse justicia, huye a los bosques donde asaltan y despojan a los viajeros indefensos. Se les llama bandidos y los hay en tan gran n\u00famero que Italia est\u00e1 llena de ellos; apenas hay aldea libre de bandidos.<\/p>\n<p>Pues bien, habi\u00e9ndose predicado la misi\u00f3n en uno de es\u00adtos villorrios, los bandidos que asistieron abandonaron aquel infame g\u00e9nero de vida convirti\u00e9ndose por la gracia de Dios que en aquella circunstancia quiso servirse del humil\u00adde m\u00e9todo. \u00a1Cosa hasta entonces inaudita! \u00a1Jam\u00e1s se vio a ning\u00fan bandido dejar a un lada <em>sus <\/em>correr\u00edas, sea cual fuere el motivo!\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces se dirige al se\u00f1or Martin, uno de sus prin\u00adcipales disc\u00edpulos: \u00ab\u00bfNo es cierto, se\u00f1or Martin, que los bandidos de Italia se convirtieron en nuestras Misiones? Vos estuvisteis presente. Ya que estamos en tertulia fami\u00adliar, decidnos, si os place, c\u00f3mo sucedi\u00f3 aquello. \u2014S\u00ed, se\u00ad\u00f1or, replica el se\u00f1or Martin, as\u00ed fu\u00e9. En las aldeas donde misionamos, tanto los bandidos como los que no lo eran, acu\u00addieron a confesarse. \u2014\u00a1Oh, prodigio, exclama Vicente, los bandidos convertidos! \u00a1Gracias al humilde m\u00e9todo!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abHe aqu\u00ed otro ejemplo, contin\u00faa entusiasmado. No hace mucho dos de nuestros seminaristas misionaban en una aldea de la costa junto a la cual hab\u00eda naufragado un nav\u00edo. Las mercanc\u00edas y equipajes hab\u00edan sido arrojados por la borda. Los habitantes de la aldea e inmediaciones acudieron al saqueo y se apoderaron de cuanto pudieron llevar, quien de un fardo, quien de telas, quien de otros bultos. Esto significaba el despojo de los infelices n\u00e1ufra\u00adgos. Predicada la misi\u00f3n seg\u00fan el humilde m\u00e9todo, se res\u00adtituy\u00f3 todo a sus due\u00f1os. \u00a1He aqu\u00ed, se\u00f1ores, los efectos del humilde m\u00e9todo! Buscad algo parecido en el aparato y la pompa de la vana elocuencia. Apenas si se convierte uno en adviento o cuaresma con tales predicadores, como lo vemos en Par\u00eds. Y sin embargo el humilde m\u00e9todo es tambi\u00e9n \u00fatil en la Corte. En dos ocasiones el humilde m\u00e9\u00adtodo ha hecho su aparici\u00f3n en la Corte y me atrevo a decir que ha sido bien recibido\u2026 que triunfa en ella, donde ha producido frutos maravillosos pese a todas las oposiciones. \u00bfDir\u00e1 alguno que s\u00f3lo es \u00fatil para gentes bastas de las aldeas? La experiencia dice que en Par\u00eds, en la Corte y en cualquier lugar no existe mejor m\u00e9todo ni m\u00e1s eficaz. \u00a1Sacad, pues, la, consecuencia y admit\u00e1moslo de una vez!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Con qu\u00e9 c\u00e1lida gracia resuenan sus acentos! Las pa\u00adlabras, las ideas, los sentimientos, los consejos, las instruc\u00adciones, parecen distribu\u00edas al acaso y sin embargo ocupan su lugar propio en el orden m\u00e1s conveniente.<\/p>\n<p>Es el lenguaje corriente y sencillo que se eleva hasta la elocuencia en alas de la sinceridad, del entusiasmo, de la te\u00adnacidad continua y serena. No teme incurrir en repeticio\u00adnes, por el contrario, parece emplearlas advertidamente a fin de inocular su convicci\u00f3n personal en lo m\u00e1s profun\u00addo del \u00e1nimo. Vuelve y revuelve su humilde m\u00e9todo pre\u00adsent\u00e1ndolo bajo todos los aspectos para probar que como quiera se lo considere es perfecto y sin defectos. Cuando creemos que ha terminado, vuelve a empezar; hasta tal punto lo lleva en la sangre y en su alma inagotable y fuerte. Es el pensamiento continuo que hace destilar del principio al fin de sus discursos como gota que al caer en el mismo sitio horada y traspasa la roca. No se con\u00adtenta con recomendar y propagar su humilde m\u00e9todo; sien\u00adte leg\u00edtimo orgullo al enterarse de los \u00e9xitos de los que lo practican. \u00abNuestro m\u00e9todo, del que se han servido y se sirven grandes personajes, es el m\u00e9todo de los predicado\u00adres que hacen maravillas. El obispo de\u2026 me dec\u00eda que aun cuando hubiese de predicar cien mil veces no se ser\u00advir\u00eda de otro. \u00a1Y Monse\u00f1or de Sales! Este gran var\u00f3n de Dios me dec\u00eda lo mismo. En la misi\u00f3n de Saint-Germain, las gentes acud\u00edan de todas partes, de todos los barrios de sata gran ciudad. Hab\u00eda all\u00ed personas de todas las parroquias, de toda condici\u00f3n y hasta doctores. Pues bien all\u00ed predicaba seg\u00fan al humilde m\u00e9todo. El se\u00f1or obispo Boulogne que predic\u00f3, lo sigui\u00f3 al pi\u00e9 de la letra. \u00a1Y, oh Dios, qu\u00e9 gran fruto se obtuvo! Hubo, tantas confesiones generales como en las aldeas. \u00a1Bendito sea Dios! \u00bfCu\u00e1ndo se vieron tantas conversiones en los sermones de predica\u00addores refinados? Sus palabras vuelan sobre los techos. To\u00addos los convertidos exclamaban \u00abEste s\u00ed que sabe y dice grandes cosas\u2026 \u00ab. Y esto es tan cierto que para pasar hoy por buen predicador en las iglesias de Par\u00eds y en la corte, es menester predicar sin afectaci\u00f3n. Entonces los oyen\u00adtes dicen: \u00abEste hombre es maravilloso: predica a <em>la mi\u00adsionera\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Quiz\u00e1s se diga que pecamos de extensos al comentar el famoso \u00abhumilde m\u00e9todo\u00bb y las conferencias en que renovaba sus ideas; pero hemos querido ofrecer un esbozo de la forma en que Vicente instru\u00eda en la privanza de sus reuniones. Gracias a la reproducci\u00f3n fiel de sus palabras nos es permitido conocer las vibraciones de su pensamien\u00adto junto con las de su voz. Con verdadero placer se escu\u00adchan las variadas inflexiones, la dulzura comunicativa, la incansable perseverancia, en fin, ese encanto especial tan propio suyo. Podr\u00edamos decir sin faltarle al respeto que charla, parlotea, machaca y repite; pero esas charlas, par\u00adloteos y repeticiones continuas y voluntarias del ideal que lo obsesiona poseen una fuerza, un poder de seducci\u00f3n y conquista inauditos. Sus pl\u00e1ticas, aparentemente deshilva\u00adnadas, tienen sin embargo tal trabaz\u00f3n, tal ilaci\u00f3n, los conceptos y argumentos presentan tal cohesi\u00f3n que muy pronto el oyente queda preso en su sereno engranaje; y el candor, la bondad, la fe, todas las gracias ingenuas de su alma, dan a sus lecciones el encanto luminoso de un rayo de luz.<\/p>\n<p>Estas p\u00e1ginas que podr\u00edan creerse heladas por el tiem\u00adpo, conservan hoy todo su ardoroso arrastre. Se leen con la sonrisa en los labios y placer subyugante.\u00a0 \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda \u00a0escucharlo teni\u00e9ndolo a pocos pasos, fijando la mirada en su asombrosa fisonom\u00eda? O\u00edrlo y contemplar en su vejez la vasta frente marm\u00f3rea, los rasgos en\u00e9rgicos, el semblan\u00adte terroso surcado por la reja de todos los sacrificios, ofre\u00adciendo el aspecto de uno de esos ancianos de apretada ves\u00adtidura, de robusta cabeza y dura barba rapada, de ojos brillantes refugiados en el nido de las cejas que con tanto fuego trazara el l\u00e1piz sombr\u00edo de Lagneau. Pero la ternu\u00adra y candor del alma que se echan de menos en los crue\u00adles retratos del artista, rayanos en lo burlesco, campean en la boca avellanada e indulgente del santo y en el venera\u00adble rostro con ment\u00f3n de abuelo. Al escucharlo lo vemos revivir al natural, mientras de pie como lo hac\u00eda casi siem\u00adpre, prosigue su pl\u00e1tica.<\/p>\n<p>Viste de negro, con sobrepelliz almidonado y corto co\u00admo nuestros ni\u00f1os de coro. Sin detener el discurso va y viene, camina de un lado a otro, observando y visitando, por decirlo as\u00ed, a cada uno de los oyentes, toc\u00e1ndoles el brazo, golpe\u00e1ndoles la espalda. Habla largo despacio y lo sabe. Cuando advierte la hora se excusa humildemente: \u00ab\u00a1Han pasado los tres cuartos, se\u00f1ores; soportadme un poco m\u00e1s, os lo ruego, soportad a este miserable!\u00bb. Al cabo de un instante, confuso otra vez, se golpea el pecho y pide perd\u00f3n, repitiendo el humilde \u00absoportadme\u00bb. Pe\u00adro nadie deja de seguir escuchando. Nada de catedr\u00e1tico en este maestro. Sus palabras eran las de un amigo que pien\u00adsa en voz alta, diciendo lo que el oyente piensa pero mucho mejor. \u00a1Qu\u00e9 delicia o\u00edr esta charla sublime, beber en esta fuente exquisita!<\/p>\n<h3><strong>La leproser\u00eda<\/strong><\/h3>\n<p>En 1630 el colegio de los Buenos Hijos result\u00f3 estrecho para el n\u00famero de misioneros que aumentaba cada a\u00f1o. A esto se a\u00f1adieron descalabros econ\u00f3micos tales que la dotaci\u00f3n de Gondi no bastaba para conjurarlos. Vicente no se atribul\u00f3 y puso todo en manos de Dios, quien le re\u00adcompens\u00f3 esta buena costumbre. La antigua leproser\u00eda de San L\u00e1zaro, ocupada desde el siglo XVI por cl\u00e9rigos re\u00adgulares a las \u00f3rdenes de un prior nombrado por el ar\u00adzobispo de Par\u00eds, era una rica se\u00f1or\u00eda eclesi\u00e1stica. Sus ren\u00adtas eran considerables.<\/p>\n<p>Establecida sobre el camino a Saint-Denis, compren\u00add\u00eda vastos edificios donde ya no moraban leprosos y s\u00f3lo al\u00adgunos can\u00f3nigos. En 1632 el superior, terminados sus com\u00adpromisos, decidi\u00f3 retirarse y ofreci\u00f3 su beneficio a Vicente. Este, a pesar de todas las ventajas que en \u00e9l ve\u00eda, lo rehu\u00ads\u00f3. La idea de que \u00absu peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda\u00bb y de que \u00e9l mismo pudieran ser objeto de tal fortuna y tama\u00f1o honor, lo confund\u00eda e inquietaba. As\u00ed lo confes\u00f3 con ingenuidad.<\/p>\n<p>\u00bfEs posible, se\u00f1or, tembl\u00e1is?\u00bb exclam\u00f3 el prior, Adri\u00e1n le Bon sorprendido ante su resistencia. \u2014\u00bbEs verdad, Padre, repuso el santo, que vuestra proposici\u00f3n me espanta y me parece tan sobre nosotros que no me atrevo a eleva hasta ella mi pensamiento. Somos pobres sacerdotes que vivimos en la simplicidad, sin m\u00e1s intenciones que servir a los pobres de la campa\u00f1a. Os quedarnos sobremanera obli\u00adgados y os damos humildemente las gracias, pero permitid\u00adnos declinar vuestra oferta\u00bb. Y se mantuvo firme.<\/p>\n<p>Hubo de transcurrir un a\u00f1o para que cayeran sus es\u00adcr\u00fapulos. Era siempre lento en decidirse por excesiva pru\u00addencia, pero una vez determinado lo dec\u00eda y lo hac\u00eda. El 7 de enero de 1632 tom\u00f3 resueltamente posesi\u00f3n del prio\u00adrato de San L\u00e1zaro con sus misioneros que de la noche a la ma\u00f1ana fueron bautizados con el nombre de lazaristas.<\/p>\n<p>El enorme establecimiento vac\u00edo y desierto que s\u00f3lo albergaba en el fondo de los jardines algunos pobres de\u00admentes encerrados en chozas, hubo de parecer a Vicente y a su congregaci\u00f3n, cuando hicieron su modesta entrada, una inmensidad triste y desconsoladora. \u00bfTendr\u00eda alguna vez sacerdotes como para colmarla? Lejos estaban de so\u00ad\u00f1ar que el colosal conjunto de construcciones semejantes ser\u00eda un d\u00eda reducido para albergar las obras de las cua\u00adles \u00e9sta ser\u00eda el centro y el hogar.<\/p>\n<p>Hoy, retrocediendo en la historia, nos preguntamos si el gigantesco priorato de San L\u00e1zaro no fue construido y dispuesto expresamente para ser, a su hora, la cuna y el domicilio titular, la casa madre de todas las \u00f3rdenes a las cuales Vicente deb\u00eda vincular su nombre y su gloria. En adelante ser\u00eda su residencia y su palacio; palacio sin ar\u00adtesonados de oro ni cielorrasos al \u00f3leo, de murallas des\u00adnudas y galer\u00edas embaldosadas, de patios y jardines seve\u00adros encuadrados por claustros, salas de estudio, refectorios, dormitorio, guardarropas, celdas\u2026 pero asimismo mora\u00adda y mansi\u00f3n real que ser\u00e1 convertida por Vicente, con ra\u00adpidez e inteligencia admirables, en Louvre de la caridad y Vaticano de su humilde genio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En camino Habiendo Vicente roto los lazos familiares y munda\u00adnos, libre despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de sus protectores de toda obligaci\u00f3n para con la familia de los mismos, se en\u00adcontraba en plena libertad para dedicarse &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-12\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":398801,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[119,172,127,143],"class_list":["post-123916","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-gondi","tag-pobreza","tag-portail","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (12) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-12\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (12) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"En camino Habiendo Vicente roto los lazos familiares y munda\u00adnos, libre despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de sus protectores de toda obligaci\u00f3n para con la familia de los mismos, se en\u00adcontraba en plena libertad para dedicarse ... 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