{"id":123907,"date":"2016-09-24T12:00:42","date_gmt":"2016-09-24T10:00:42","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=30205"},"modified":"2016-08-06T07:50:42","modified_gmt":"2016-08-06T05:50:42","slug":"san-vicente-de-paul-henri-lavedan-03","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-03\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (03)"},"content":{"rendered":"<h3><strong>El Se\u00f1or de Commet<\/strong><\/h3>\n<p>M. de Commet, c\u00e9lebre abogado de la corte presidial de Dax y juez al mismo tiempo del distrito de Pouy, por lo cual no conoc\u00eda a los Depaul, buscaba un preceptor para sus dos hijos. Habiendo o\u00eddo los continuos elogios de los PP. Menores acerca del alumno privilegiado, del cual esta\u00adban tan orgullosos, propuso a \u00e9ste que una vez termina\u00addos sus primeros estudios viniera a su casa para encargar\u00adse de la instrucci\u00f3n de sus hijos. Tal ofrecimiento tan \u00fatil como honorable fue muy del agrado de Vicente. Lo acep\u00adt\u00f3 como un beneficio, beneficio que dur\u00f3 cinco a\u00f1os, trata\u00addo por el abogado como un hijo y por todos como un amigo. Cuando los dos alumnos empezaron sus estudios pudo \u00e9l continuar los suyos, incansable en buscar siempre lo me\u00adjor. Se le ve\u00eda as\u00ed agasajado, escuchado, respetado, consi\u00adderado, \u2014a veces demasiado y contra su voluntad\u2014 en el seno de aquella honorable y antigua familia de magis\u00adtrados y de estimable aunque modesta nobleza, tantas de las cuales establecidas entonces en el coraz\u00f3n de nuestras provincias las un\u00edan e imped\u00edan su dislocaci\u00f3n a la mane\u00adra que las ra\u00edces profundas retienen en la pendiente las tierras movedizas. Estas familias viv\u00edan en casas hereda\u00addas, bien construidas, rodeadas de muros, de solidez a to\u00adda prueba, casas de trabajo y de reposo, de silencio y de paz, de alegr\u00edas tranquilas. Hogares de buenas costumbres y de buenos modales donde se perpetuaba la urbanidad, la discreci\u00f3n, la paciencia, la indulgencia, la consideraci\u00f3n y todas las formas de cortes\u00eda y de bondad que atenuando los defectos contribuyen a la quietud; casas mantenidas con magnificencia aunque sin lujos vanos y en las cuales en la verdadera econom\u00eda se viv\u00eda tan bien como s\u00f3lo es posible imaginarlo.<\/p>\n<p>Obligado a vivir en medio de aquellas comodidades, sin complacerse en ellas. Vicente observaba, llevado de su esp\u00edritu curioso y pr\u00e1ctico, los m\u00e9todos de administraci\u00f3n y vida y sus excelentes resultados. Es l\u00edcito pensar que all\u00ed, en el disfrute personal de aquel bienestar sabiamen\u00adte regulado y disciplinado, debi\u00f3 adquirir las primeras nociones de orden interior, de econom\u00eda, de conducci\u00f3n de los negocios, que m\u00e1s tarde le ser\u00edan de preciosa utilidad cuando empezase a trazar el plan de sus fundaciones. Tan\u00adto los Menores como la casa Commet le inspir\u00f3, cada cual en su g\u00e9nero, el mismo esp\u00edritu de comunidad.<\/p>\n<h3><strong>Zaragoza<\/strong><\/h3>\n<p>Han pasado nueve a\u00f1os desde que diera el adi\u00f3s a la llanura natal cuatro a\u00f1os de Colegio y cinco en casa del juez de Pouy. Actualmente el hijo de Guillermo Depaul tiene veinti\u00fan a\u00f1os. Es un hombre en plena juventud. iUn joven! Vale la pena imaginarse que lo fu\u00e9; tan distinta es la imagen, podernos decir la \u00fanica, que lo populariz\u00f3 e inmortaliz\u00f3: la de un anciano encorvado, de cabellos blancos y rudos, de nariz prominente y cuyos ojos, bajo la b\u00f3veda de la anchurosa frente nos miran suaves e inda\u00adgadores en un sonre\u00edr angelical\u2026<\/p>\n<p>Sin embargo, en esta \u00e9poca, debi\u00f3 ser un robusto mo\u00adzo trigue\u00f1o, de mejillas sonrosadas, de firmes p\u00f3mulos, de labios rojizos, de tesonera mand\u00edbula coronada de dientes que debi\u00f3 perder pronto, adquiriendo entonces una expre\u00adsi\u00f3n de mansedumbre infinita.<\/p>\n<p>Pero su piedad m\u00e1s madura que \u00e9l, precedi\u00e9ndolo y arrastr\u00e1ndolo, indicaba cada d\u00eda a todos que estaba desti\u00adnado solo a Dios. Se lo dicen; \u00e9l ya lo preve\u00eda. Pero fue necesario convencerlo para que aceptara con ardor y sin presunci\u00f3n a pesar de la t\u00edmida idea de no poder reali\u00adzarlas, las esperanzas, irrazonables a sus ojos, que sobre su porvenir le forjaban sus maestros. Tomada la determina\u00adci\u00f3n, la mantiene. El 20 de diciembre de 1596 recibe la tonsura y las \u00f3rdenes menores\u2026 la amplia tonsura de entonces practicada en los espesos cabellos, y que m\u00e1s tar\u00adde ampliada por la tijera de los a\u00f1os, brillar\u00e1 bajo el negro solideo como una aureola semioculta\u2026 el h\u00e1bito cuya aspereza le da br\u00edos, m\u00e1s suave a la piel que los an\u00adtiguos vestidos de pastor; y ci\u00f1e a su cintura con impetuoso entusiasmo el cord\u00f3n nuevo que a la larga le trazar\u00e1 un surco sobre los ri\u00f1ones.<\/p>\n<p>Todo esto sucede no en Dax sino en la Iglesia Cole\u00adgiata de Bidache, cerca de Bayona. Consagrado soldado de la Iglesia decide abandonar su familia y su patria para dedicarse exclusivamente a ella. \u00bfA d\u00f3nde ir\u00e1? No lo sabe pero lo indaga activamente. Todos los caminos que conducen al bien son buenos. El camino deseado en este caso es el que lo conduzca a la teolog\u00eda con la mayor rapi\u00addez y seguridad, en cuyas lecciones siente la necesidad de perfeccionarse, de armarse y acorazarse para los combates futuros.<\/p>\n<p>Con este intento Zaragoza lo invita y despu\u00e9s lo fas\u00adcina por completo. La distancia es larga pero no lo arre\u00addra. La salvar\u00eda aunque fuese el doble. Siempre en pos de esta idea, en la que cree escuchar un llamado de la providencia, vende un par de bueyes y en posesi\u00f3n del importe, m\u00e1s rico ahora que en tiempo de los treinta suel\u00addos, parte. A pie, por supuesto.<\/p>\n<p>En su vida posterior, recorrer\u00e1 a pie y entre el polvo, sus caminos de apostolado, de socorro y de limosna, esti\u00admando este medio de locomoci\u00f3n como el m\u00e1s r\u00e1pido y ade\u00adcuado para detenerse ante el necesitado, inclinarse hacia \u00e9l, interrogar, responder, escuchar, alentar, sostener los cuerpos debilitados, darles de comer y de beber y conso\u00adlarlos de cerca con m\u00e1s comodidad que desde lo alto de un asiento o- desde la ventanilla de un coche. Comprende que no es cristiano que mientras el pobre y el enfermo son socorridos permanezcan con el rostro al nivel de su estri\u00adbo. Jes\u00fas nunca anduvo a caballo. A lo m\u00e1s se sirvi\u00f3 del asno y del m\u00e1s peque\u00f1o que tuvo a mano, desde el cual casi tocaba la tierra con los pies. Tan humilde cabalga\u00addura le sirvi\u00f3 para todos sus recorridos: desde el establo hasta la hu\u00edda a Egipto y la entrada triunfal en Jerusal\u00e9n<\/p>\n<p>Entretanto Vicente se encamina a su destino a trav\u00e9s de los abruptos Pirineos y de sus senderos \u00e1ridos y roco\u00adsos. Su itinerario era: Saint-Palais, Maul\u00e9on, los desfila\u00adderos de Roncesvalles para llegar a Pamplona de Nava\u00adrra y desde all\u00ed, atravesando regiones siempre escarpadas, llegar a las vastas e infecundas llanuras de Arag\u00f3n. Este trayecto aunque el m\u00e1s corto era sin embargo largo y pe\u00adnoso. Cu\u00e1ntas veces debi\u00f3 preguntar a los arrieros, pere\u00adgrinos y monta\u00f1eses: \u00ab\u00bfZaragoza?\u00bb.<\/p>\n<p>Por fin pasa el Ebro. Admira la limpidez de sus aguas y las primeras aldeas: momento de emoci\u00f3n f\u00edsica e hist\u00f3rica. <em>Los nublados con que la Edad Media ensombreci\u00f3 el <\/em><em>noble y altivo pa\u00eds <\/em>asaltan su pensamiento. El rudo y ca\u00addencioso acento aragon\u00e9s llega a sus o\u00eddos como el despe\u00ad\u00f1arse de un torrente pirenaico. Los pa\u00f1uelos rojos anuda\u00addos en las cabezas a modo de turbantes, las mantas pen\u00addientes de los hombros que desciende en largos pliegues monacales hasta las r\u00fasticas alpargatas, las cinturas eri\u00adzadas de cuchillos y cruces, el oro de las joyas, el flamear de las banderas y estandartes, las calles sombr\u00edas y tor\u00adtuosas cuyas casas defendidas por rejas muestran rostros adustos, el fanatismo del ambiente pronto a estallar, ocu\u00adpan la imaginaci\u00f3n del joven cl\u00e9rigo. Entra en la ciudad y hacia la puesta de sol sube a la Torre Nueva. Desde all\u00ed su mirada abarca los campanarios, las c\u00fapulas, la verdu\u00adra sombr\u00eda de los paseos y la Universidad que alcanza a distinguir entre la abigarrada confusi\u00f3n de los techos.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s la fiebre de sus impresiones decae: se siente solo, desterrado, perdido. A la dulzura de los prados pastoriles y a la vida tranquila y familiar de Pouy y de Dax se sucede el tumulto abrumador que pretende ahogar la solemnidad de tantos silencios. Experimenta dolorosamente la manera \u00e1spera y brusca con que se reali\u00adzaban los estudios teol\u00f3gicos. Esperaba encontrar en la c\u00e9\u00adlebre universidad reflexi\u00f3n, gravedad, recogimiento, pru\u00addencia, respeto al parecer ajeno, atenta cortes\u00eda aun en la controversia. En su lugar se siente entre batallas de \u00e1speros discursos y disputas, en las cuales los clamores cu\u00adbren el sonido de las palabras y la raz\u00f3n es desalojada co\u00admo a fustazos. A veces faltaba poco para que los profeso\u00adres viniesen a las manos con motivo de la \u00abciencia media\u00bb o de \u00ablos decretos predeterminantes\u00bb. Los contendientes se mostraban el pu\u00f1o mientras argumentaban.<\/p>\n<p>Con creciente disgusto ve\u00eda Vicente que no era aquella la escuela de su vida espiritual. Entonces cerr\u00f3 sus libros para obedecer las lecciones de su coraz\u00f3n. Con todo deci\u00addi\u00f3 permanecer en aquel pa\u00eds que ofrec\u00eda ante sus ojos to\u00addos los problemas de la miseria, de una miseria que hasta entonces nunca hab\u00eda imaginado, y que le parec\u00eda descu\u00adbrir por primera vez.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a era en aquel tiempo el reino de la pobreza, del pillaje y de los grandes sufrimientos y plagas que afli\u00adg\u00edan el coraz\u00f3n del buen franciscano.<\/p>\n<p>Dotado de esp\u00edritu met\u00f3dico al que subordinaba to\u00addos sus actos, supo, a pesar suyo, diferir el d\u00eda de la com\u00adpasi\u00f3n. \u00bfPara qu\u00e9 hab\u00eda venido de tan lejos a Zaragoza? \u00bfPara socorrer a los indigentes y cuidar a los enfermos? No, sino para perfeccionarse en la doctrina religiosa y en las cosas divinas He ah\u00ed el objeto de su viaje, su primera <em>misi\u00f3n. <\/em>La caridad, el prodigarse a s\u00ed mismo ser\u00edan obra de d\u00edas futuros y con ellos los pobres nada perder\u00edan. Era necesario ante todo acabar lo comenzado.<\/p>\n<p>Vicente siempre se impuso esta norma de conducta en sus tareas, su lema fue \u00e9ste: \u00abVivo al d\u00eda\u00bb. Es el santo m\u00e1s acabado del <em>age quod agis.<\/em><\/p>\n<p>Viendo, pues, que dispon\u00eda en su patria de cuanto necesitaba para terminar sus estudios, se dirige a Tolosa, donde rodeado de una atm\u00f3sfera apropiada a sus deseos, obtiene al cabo de siete a\u00f1os de trabajo el t\u00edtulo de bachi\u00adller y seg\u00fan otros el de doctor.<\/p>\n<p>Pero el dinero del par de bueyes se disip\u00f3 pronto en Zaragoza y las peque\u00f1as sumas que recib\u00eda de su padre anciano, enfermo y pobre no le permit\u00edan afrontar las exigencias de la vida. Se dedica a la ense\u00f1anza: los alum\u00adnos afluyen.<\/p>\n<p>Ahora sus entradas le bastan y renuncia a los bie\u00adnes que su padre le legara al morir en virtud del mayo\u00adrazgo. Habiendo pues cumplido con su conciencia y con su deber ante su madre y hermanos, libre de todo y maes\u00adtro experimentado, s\u00f3lo le queda aprobar el examen final. El 13 de setiembre de 1600 se ordena sacerdote.<\/p>\n<h3><strong>Sacerdote y pastor<\/strong><\/h3>\n<p>No se sabe con certeza el d\u00eda y lugar en que cant\u00f3 su primera misa. Se dir\u00eda que por un exquisito pudor \u00e9l mis\u00admo quiso que esas circunstancias se ignorasen. Para estar m\u00e1s cerca de Dios se aparta de los hombres y se oculta en el seno de aquella naturaleza que le hab\u00eda abierto los ojos y h\u00e9chole mirar a lo alto.<\/p>\n<p>Seg\u00fan atestigua Abelly, \u00abante la idea de celebrar los divinos misterios, un terror sagrado lo invad\u00eda hasta el punto de hacerle temblar, y no atrevi\u00e9ndose a celebrar su primera misa p\u00fablicamente, eligi\u00f3 para ello una capi\u00adlla retirada\u00bb. Es casi indudable que pens\u00f3 en las ruinas de N. Se\u00f1ora de Buglose o en la b\u00f3veda de la vieja enci\u00adna convertida por \u00e9l en oratorio. Pero a pesar de la dul\u00adzura especial que evocaban en \u00e9l aquellos sencillos alta\u00adres de su infancia, eran demasiado pobres para el acto ca\u00adpital cuya majestad lo abrumaba. Cerca de Bazet se le\u00advantaba \u2014si es permitido hablar as\u00ed de tan humilde san\u00adtuario\u2014 una peque\u00f1a capilla solitaria, Nuestra Se\u00f1ora de la Gracia. De dif\u00edcil acceso, se ocultaba en la cumbre de una monta\u00f1a, semioculta en la maleza de un bosque. Tan ele\u00advado y alejado retiro era muy del agrado de Vicente De\u00adpaul. Seg\u00fan la tradici\u00f3n aqu\u00ed celebr\u00f3 por vez primera el santo sacrificio, de la manera que m\u00e1s le plugo, teniendo un sacerdote por asistente y un s\u00f3lo ac\u00f3lito, cuya presen\u00adcia podr\u00e1 olvidar. Nadie del mundo en torno a su Dios, que para \u00e9l era todo el mundo.<\/p>\n<p>Acompa\u00f1\u00e9mosle desde lejos mientras desciende aquel sendero que subi\u00f3 tantas veces para visitar la capilla de<\/p>\n<p>Nuestra Se\u00f1ora de la Gracia. Ahora se trata de emprender despu\u00e9s de \u00e9ste, otro camino m\u00e1s largo y tortuoso: el Gran Camino trazado por la Providencia en su destino.<\/p>\n<p>En este punto de su inaudita existencia en que los rasgos novelescos se entremezclan en juego prodigioso, ocu\u00adrre un incidente velado por el misterio y al parecer de escasa importancia pero que ser\u00eda lamentable no revelar porque muestra la admirable y aun excesiva reserva del religioso cuando trataba de su persona al par que su mo\u00addestia y su repugnancia por los honores.<\/p>\n<p>Le fue preciso viajar de Tolosa a Burdeos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bb\u00bfPara qu\u00e9? \u00ab.<\/p>\n<p>\u2014\u00bbPara un asunto, \u2014se limita a contestar en una carta llena de prudencia\u2014 que requer\u00eda grandes gastos y que juzga temerario declarar\u00bb.<\/p>\n<p>Pero de ciertas alusiones de un amigo suyo, M. de Saint-Martin, se deduce que el objeto del viaje era una entrevista con el duque de Epernon que hab\u00eda llamado <em>a <\/em>Vicente (qui\u00e9n lo hubiera adivinado) para ofrecerle un obispado. \u00a1Obispo \u00e9l! Caso inaudito. \u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda y orgu\u00adllo hubiera experimentado, si viviera, su padre, el viejo land\u00e9s, cuyas ilusiones jam\u00e1s hab\u00edan traspasado los l\u00edmi\u00adtes del priorato!<\/p>\n<p>Sin embargo el tal asunto no prosper\u00f3.<\/p>\n<p>Sin indagar los motivos, es f\u00e1cil conjeturar que el \u00fani\u00adco obst\u00e1culo consisti\u00f3 en la negativa del candidato. Pero no. Felizmente estaba escrito en el gran Libro de la San\u00adtidad que el se\u00f1or Vicente jam\u00e1s ser\u00eda llamado monse\u00f1or, que jam\u00e1s vestir\u00eda el h\u00e1bito violeta ni la p\u00farpura carde\u00adnalicia, aunque tuviera para ello todos los m\u00e9ritos requeri\u00addos. \u00bfEl usando medias de seda y de color, cuando siem\u00adpre las us\u00f3 de lana gris? Despu\u00e9s de usar tanto tiempo el cayado de pastor, su b\u00e1culo seria un simple bast\u00f3n; en lugar de mitra y de capelo<sup>,<\/sup> un solideo no mayor que una escu\u00addilla. Durante toda su vida no cubrir\u00e1 su enjuto cuerpo m\u00e1s que con una sotana negra de pa\u00f1o tosco y ra\u00eddo dentro de cuyos pliegues penar\u00e1, marchar\u00e1 y sudar\u00e1 en todo tiempo y bajo todos los cielos y a cuyo abrigo vivir\u00e1, res\u00adpirar\u00e1, envejecer\u00e1 y morir\u00e1, siempre de negro como un sencillo sacrist\u00e1n. Se dir\u00eda que cuando la ocasi\u00f3n le ofre\u00adc\u00eda aquel g\u00e9nero de vida sedentaria, se resuelve a renun\u00adciar por completo a ella y que la Providencia quisiera in\u00adtencionalmente prepararlo para m\u00e1s vastas actividades y adiestrarlo para las peripecias de su vida.<\/p>\n<h3><strong>Feliz viaje<br \/>\n<\/strong><\/h3>\n<p>Apenas vuelto a Tolosa, una sucesi\u00f3n inesperada y tal vez importuna a su parecer, lo obliga a volver a Mar\u00adsella. Felizmente no est\u00e1 lejos. Llega, pues, armado de aquella serenidad que previene lo inevitable. Todo resulta satisfactorio. Desinteresado por h\u00e1bito, se alegra de desentenderse pronto de los leguleyos. Se dispon\u00eda a regresar por tierra como hab\u00eda venido, cuando cierta persona a la cual hab\u00eda conocido durante su hospedaje en el mismo hotel, le invit\u00f3 a hacer el viaje por v\u00eda mar\u00edtima hasta Narbona. Ser\u00eda interesante conocer el nombre de este hotel que pro\u00adbablemente no pasar\u00eda de una vulgar posada con vista al puerto. Y m\u00e1s interesante saber el nombre de aquel perso\u00adnaje ca\u00eddo de las nubes. \u00abUn gentilhombre de Langue\u00addoc\u00bb, dice s\u00f3lo Vicente. Intentemos imagin\u00e1rnoslo: Segun\u00add\u00f3n de una familia gascona, saleroso y chispeante, alegre, seguro de s\u00ed mismo, locuaz y persuasivo. Es el mes de Ju\u00adlio; el sol resplandece entre el cielo azul y la mar tran\u00adquila. C\u00e1lida alegr\u00eda que se difunde por doquiera.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a1Qu\u00e9 tiempo para navegar, Padre, y con mil ven\u00adtajas a favor nuestro! Por ejemplo, con gasto m\u00ednimo, el m\u00e1ximum de placer; el trayecto se abrevia y el viaje se hace en menos de un suspiro. Hoy mismo estamos en Nar\u00adbona.<\/p>\n<p>Me parece imaginarlo hablar con el acento agridulce del mediod\u00eda. Cort\u00e9s y complaciente, Vicente acepta y tal vez \u00abel gentilhombre de Languedoc\u00bb lo abraza como si se tratara de un viejo amigo.<\/p>\n<p>Aquel agradable viaje de apenas un d\u00eda dej\u00f3 sin em\u00adbargo en los viajeros recuerdos tan imborrables que Vi\u00adcente experiment\u00f3 la necesidad de relatarlo y de enviar la narraci\u00f3n con los menores detalles a M. de Commet su antiguo protector. Pero esto ocurri\u00f3 s\u00f3lo dos a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 despu\u00e9s de tanto tiempo?<\/p>\n<p>La misma carta, de conmovedora y graciosa sencillez nos lo explicar\u00e1 con toda exactitud. Conservamos el estilo del original, pues cualquier cambio atentar\u00eda contra su pri\u00admitiva belleza.<\/p>\n<p>\u00abEstando a punto de partir por v\u00eda terrestre fui per\u00adsuadido por un gentilhombre con quien me albergaba, de embarcarme con \u00e9l hasta Narbona en vista del tiempo tan favorable, cosa que hice m\u00e1s por hacer alguna econom\u00eda o por mejor decir para no hacer ninguna y perderlo todo. El viento era tan favorable como lo ped\u00eda el viaje que era de 50 leguas. Pero permiti\u00f3 Dios que tres berganti\u00adnes turcos que custodiaban el golfo de Le\u00f3n para apresar los buques que ven\u00edan de Beaucaire, donde suelen tenerse ferias que dicen ser las mejor provistas de la cristiandad, nos persiguieran y atacaran con tal empe\u00f1o que dos o tres de los nuestros quedaron muertos y los dem\u00e1s heridos y yo mismo recib\u00ed un flechazo que me servir\u00e1 de reloj pa\u00adra el resto de mi vida. As\u00ed, pues, nos vimos obligados a entregarnos a aquellos piratas m\u00e1s feroces que tigres. Su primer estallido de furor consisti\u00f3 en hachar a nuestro pi\u00adloto en cien mil trozos por haber perdido ellos uno de sus principales cabecillas adem\u00e1s de cuatro o cinco remeros que los nuestros les mataron. Hecho esto nos encadenaron des\u00adpu\u00e9s de curarnos groseramente y prosiguieron su ruta ha\u00adciendo mil pirater\u00edas pero dando libertad a los que se entregaban sin combatir, despu\u00e9s de haberlos despojado. En fin, cargados de mercanc\u00edas, al cabo de una semana to\u00admaron rumbo a Berber\u00eda, madriguera y guarida de los la\u00addrones vagabundos del Gran Turco.<\/p>\n<p>Llegados a aquel lugar nos expusieron en venta des\u00adpu\u00e9s del proceso verbal de nuestra captura que dec\u00edan hecha de un nav\u00edo espa\u00f1ol porque sin tal mentira hubi\u00e9\u00adramos sido puestos en libertad por el c\u00f3nsul que el Rey mantiene all\u00ed para asegurar el comercio libre a los fran\u00adceses.<\/p>\n<p>\u00abPara proceder a nuestra venta nos despojaron de toda nuestra ropa y nos entregaron a cada uno un par de bombachas, una casaca de lino y un bonete, despu\u00e9s nos pasearon por la ciudad de T\u00fanez a donde hab\u00edan venido para vendernos. Habi\u00e9ndonos hecho dar cinco o seis vuel\u00adtas por la ciudad con la cadena al cuello nos volvieron al barco para que los mercaderes viesen que pod\u00edamos co\u00admer y que nuestras heridas no eran mortales.<\/p>\n<p>\u00abHecho esto nos llevaron a la plaza donde nos visita\u00adban los mercaderes como si se tratase de comprar un ca\u00adballo o un buey. Porque nos hac\u00edan abrir la boca para exa\u00adminarnos la dentadura, nos palpaban las costillas, nos son\u00addaban las heridas, nos hac\u00edan caminar al paso, trotar y correr; tambi\u00e9n nos hac\u00edan llevar cargas pesadas y luchar para ver la fuerza de cada cual y mil otras brutalidades.<\/p>\n<p>A m\u00ed me vendieron a un pescador que pronto se des\u00adhizo de m\u00ed, pues nunca tuve nada m\u00e1s contrario que el mar; y del pescador fui a manos de un viejo, m\u00e9dico y alqui\u00admista muy ducho en extraer quintas esencias, hombre muy humano y tratable, el cual seg\u00fan me dec\u00eda hab\u00eda trabaja\u00addo cincuenta a\u00f1os en la b\u00fasqueda de la piedra filosofal; y en lo de la piedra poco, pero muy versado en otras tras- mutaciones de metales. Yo mismo le vi muchas veces fun\u00addir oro y plata en cantidades iguales, y disponerlos en ca\u00adpas con un polvo especial en un crisol o vaso para fun\u00addir que usan los orfebres, tenerlo al fuego veinticuatro ho\u00adras, despu\u00e9s abrirlo y encontrar la plata convertida en oro.<\/p>\n<p>Otras veces lo vi hacer congelar o consolidar el azogue en plata fina que \u00e9l vend\u00eda para darlo a los pobres. Mi ocupaci\u00f3n consist\u00eda en mantener el fuego de los diez o doce hornos, cosa que a Dios gracias hac\u00eda sin pena ni gloria.<\/p>\n<p>Me quer\u00eda mucho y le causaba gran placer discurrir conmigo de alquimia y m\u00e1s aun de su ley, a la cual con grandes esfuerzos procuraba atraerme prometi\u00e9ndome grandes riquezas y todo su saber. Pero Dios me dispens\u00f3 su continua protecci\u00f3n por las asiduas plegarias que yo le dirig\u00eda, como tambi\u00e9n a la Virgen Mar\u00eda por cuya in\u00adtercesi\u00f3n creo firmemente que fui preservado.<\/p>\n<p>Estuve pues con dicho viejo desde el mes de setiem\u00adbre de 1605 hasta el mes de, agosto siguiente en que fue llevado al Sult\u00e1n para que trabajara para \u00e9l, pero en vano, porque muri\u00f3 de a\u00f1oranza en el camino.<\/p>\n<p>Qued\u00e9 como propiedad de su sobrino, verdadero an\u00adtropomorfita, que me vendi\u00f3 despu\u00e9s de la muerte d\u00e9su tfo porque oy\u00f3 decir que M. de Breve, embajador del Rey en Turqu\u00eda, ven\u00eda con credenciales del Gran Turco para libertar los esclavos cristianos.<\/p>\n<p>\u00abUn renegado de Niza en Saboya, enemigo de natura, me compr\u00f3 y me llev\u00f3 a su \u00abtemat\u00bb, como llaman a las posesiones que tienen en arriendo del Gran Se\u00f1or porque el pueblo nada posee; todo pertenece al Sult\u00e1n.<\/p>\n<p>El \u00abtemat\u00bb de este tal estaba en la monta\u00f1a, donde el pa\u00eds es extremadamente c\u00e1lido y desierto. Una de sus tres mujeres de origen griego y cristiana aunque cism\u00e1\u00adtica, de gran esp\u00edritu, me cobr\u00f3 gran aprecio; pero m\u00e1s otra de origen turco que sirvi\u00f3 de instrumento a la in\u00admensa misericordia de Dios para sacar a su marido de la apostas\u00eda y librarme a m\u00ed del cautiverio. Era muy curiosa por saber nuestro modo de vivir y me ven\u00eda a ver todos los d\u00edas a los campos donde yo cavaba, mand\u00e1ndome ante todo que cantase alabanzas a mi Dios. El recuerdo del <em>Quomodo cantabimus in terra aliena <\/em>de los hijos de Is\u00adrael cautivos en Babilonia me hizo comenzar con l\u00e1grimas en los ojos el salmo <em>Super flumina Babilonia <\/em>y despu\u00e9s la <em>Salve Regina <\/em>y muchas otras cosas, en todo lo cual se com\u00adplac\u00eda tanto que era de maravillarse. Una noche dijo a su marido que hab\u00eda hecho muy mal en abandonar su reli\u00adgi\u00f3n que ella estimaba muy buena por lo que yo le hab\u00eda dicho de nuestro Dios y por las alabanzas que yo hab\u00eda cantado en su presencia, oyendo las cuales la inund\u00f3 tan divino placer que no cre\u00eda fuese el para\u00edso de sus padres y el que a ella le esperaba, tan glorioso ni gozoso como el placer que sent\u00eda mientras yo alababa a mi Dios. Esta nueva burra de Balaam hizo con sus discursos que el ma\u00adrido me dijese al otro d\u00eda que por las circunstancias era di\u00adf\u00edcil escaparnos a Francia, pero que \u00e9l en pocos d\u00edas pon\u00addr\u00eda tales medios que ser\u00eda para alabar a Dios.<\/p>\n<p>Estos pocos d\u00edas fueron diez meses, pasados en vanas pero al fin ejecutadas esperanzas, al cabo de los cuales nos escapamos en una peque\u00f1a embarcaci\u00f3n, llegando el 28 de junio a Aiguesmortes y poco despu\u00e9s a Avi\u00f1\u00f3n donde mon\u00adse\u00f1or el Vicelegado recibi\u00f3 p\u00fablicamente al renegado con los ojos arrasados de l\u00e1grimas y la voz ahogada por los sollozos, para gloria de Dios y edificaci\u00f3n de los presen\u00adtes. Dicho monse\u00f1or nos retuvo a los dos para llevarnos a Roma a donde va para el trienio que se cumple el d\u00eda de San Juan. Ha prometido al penitente que lo har\u00e1 en\u00adtrar en el austero convento de los <em>fate bene fratelli <\/em>don\u00adde cumplir\u00e1 su voto, y a m\u00ed que me conseguir\u00e1 alguna pre\u00adbenda.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la lectura de esta admirable y deliciosa carta nos sentimos tentados de releerla para recoger una a una las flores de modestia, sencillez y suave esplendor que campean entre la resignaci\u00f3n, la gracia y la fina iro\u00adn\u00eda, dignas del buen estilo arom\u00e1tico y franc\u00e9s de Montaigne.<\/p>\n<p>En algunas de sus frases como \u00e9sta: <em>\u00abel pueblo nada <\/em><em>posee, todo pertenece, al Sult\u00e1n\u00bb, <\/em>se respira con un siglo de anticipaci\u00f3n el perfume de las <em>Cartas de Persia; <\/em>y toda esa pintoresca bara\u00fanda de caballero de Languedoc, ber\u00adgantines, alquimista, renegado, esclavitud y conversi\u00f3n, de ser pura invenci\u00f3n, dar\u00edan pretexto a Voltaire para al\u00adgunas de sus m\u00e1s irreverentes y entretenidas parodias<\/p>\n<p>Pero no se trata de historietas jocosas ni de cuentos de las <em>Mil y una Noches. <\/em>Nos hallamos a mayor altura que Aladino. La l\u00e1mpara que aqu\u00ed nos alumbra es la \u00fanica en verdad \u00abmaravillosa\u00bb que jam\u00e1s se extinguir\u00e1, alimen\u00adtada con las virtudes de Vicente, de rara belleza. La carta que comentamos las contiene todas en forma emocionante y es el prefacio de su obra y de sus trabajos futuros. En ella observamos el aprendizaje necesario a las empresas de su caridad a la vez que se vislumbra la extensa perspec\u00adtiva de su futuro apostolado.<\/p>\n<p>En el curso de esta larga prueba debi\u00f3 aceptar la es\u00adclavitud, y sus sacrificios, heridas, cadenas, ser vendido, revendido, pasar del fuego de los hornos al del sol, bajo cuyos rayos ardientes se vio obligado a cavar la tierra, a trasportar cargas y a extraer de su agotamiento el \u00e1nimo de entonar c\u00e1nticos para la mujer de su se\u00f1or\u2026 En esta escuela de <em>su <\/em>dolor despreciada y olvidado conoci\u00f3 y qui\u00adso sentir <em>el <\/em>dolor humano y concibi\u00f3 los medios de ali\u00adviarlo. <em>Su <\/em>esclavitud lo encamin\u00f3 hacia <em>los <\/em>esclavos de las ciudades y desiertos. Cuando m\u00e1s tarde se encontr\u00f3 ante los forzados de las galeras, nada nuevo vio en ellos; s\u00f3lo record\u00f3: \u00abTambi\u00e9n yo fui uno de ellos\u00bb. Y como hab\u00eda soportado en su cuello. y en sus pies el peso de las cade\u00adnas y conoc\u00eda en carne propia la mordedura de los esla\u00adbones, se convirti\u00f3 en protector y amigo de los galeotes y aun de aquellos turcos \u00abm\u00e1s feroces que tigres\u00bb que lo hab\u00eda apresado en el mar cuando pac\u00edfico y gozosa na\u00advegaba hacia Narbona en un pl\u00e1cido d\u00eda de julio.<\/p>\n<p>Examinemos lo m\u00e1s \u00edntimo de estas p\u00e1ginas, escritas en tan sobrio estilo, en las cuales se encierran tantos acon\u00adtecimientos. Cada l\u00ednea nos reserva una sorpresa, una ad\u00admiraci\u00f3n. Ni una protesta, ni un lamento. Vicente no pier\u00adde nunca la confianza. Se inclina ante su suerte sin que \u00e9sta lo abata. La saluda como orden de Dios \u00abque permi\u00adti\u00f3\u00bb que los tres diab\u00f3licos bergantines lo persiguiesen y capturasen. Si habla de s\u00ed es con la mayor parsimonia y sin poder evitarlo; en ese caso desliza alguna agudeza para que el lector no le atribuya importancia: \u00aby yo mis\u00admo recib\u00ed un flechazo que me servir\u00e1 de reloj para el resto de mis d\u00edas\u00bb. \u00a1Al hacer esa menci\u00f3n de s\u00ed mismo, cu\u00e1n\u00adto se empeque\u00f1ece! Se dir\u00eda que se excusa de su flecha y pide perd\u00f3n por haberla recibido.<\/p>\n<p>No es necesario poseer una imaginaci\u00f3n ardiente para suponer que aquel ataque naval debi\u00f3 ser una verdadera carnicer\u00eda: muertos y heridos por ambas partes, el piloto destrozado a hachazos; el barco est\u00e1 inundado de sangre donde resbalan los pies desnudos. El agua azul te\u00f1ida de rojo, muchos metros alrededor de los cascos de las naves.<\/p>\n<p>El, sin embargo, no intenta hacer descripciones. Se limita a narrar los hechos con prudencia y lealtad. Si pue\u00adde en alg\u00fan punto honrar a sus enemigos, lo hace, aunque se trate de sus verdugos y no duda en afirmar: <em>\u00abdando <\/em><em>libertad a los que se entregaban sin combatir\u00bb. <\/em>No los in\u00adjuria ni conjura sobre ellos el rayo divino. Cuando le in\u00adtroducen en la boca los dedos sucios para examinarle la dentadura como a un buey y le palpan los costados, ni si\u00adquiera al recordar estos incidentes expresa el menor sen\u00adtimiento de odio o de disgusto; y cuando le examinan las heridas ensanch\u00e1ndolas dolorosamente, no profiere una que\u00adja. No se indigna ante tales tratos que parece disimular y los designa sencillamente con el nombre de \u00abbrutalidades\u00bb. Cuando dice que su primer amo, un pescador, se vi\u00f3 obli\u00adgado a deshacerse de \u00e9l \u00abpues nunca tuvo nada m\u00e1s contrario que el mar\u00bb, parece confesar su falta de no tener es\u00adp\u00edritu ni coraz\u00f3n de marino. Y cuando puede hablar fa\u00advorablemente de aquellos a quienes serv\u00eda fielmente y di\u00adrigirles alg\u00fan cumplido, \u00a1cu\u00e1n feliz se siente! Su m\u00e9dico alquimista \u00abmuy ducho en extraer quintas esencias\u00bb le inspira t\u00e9rminos laudatorios de tierno reconocimiento a pesar de que en su frenes\u00ed por la piedra filosofal le hace abrazar junto a los doce hornos. De su \u00faltimo amo, el re\u00adnegado de Niza, se expresa con gran moderaci\u00f3n, aun antes de sospechar que podr\u00e1 un d\u00eda convertirlo.<\/p>\n<p>Entre este hombre \u00abenemigo de natura\u00bb y sus tres mujeres, j\u00fazguense las dificultades que su posici\u00f3n le ofre\u00adc\u00eda, a su edad de veintinueve a\u00f1os. Sin embargo las su\u00adpera de tal modo \u2014no teme expresarlo en la pureza de su coraz\u00f3n\u2014 que se atrae pronto las simpat\u00edas de la griega cism\u00e1tica que dotada <em>\u00abde gran esp\u00edritu le cobr\u00f3 mucho <\/em><em>aprecio\u00bb. <\/em>Y, cosa extraordinaria y rayana en milagro, llega a conmover a <em>la turca <\/em>tan profundamente que convertida secretamente obtiene de su marido que vuelva a la reli\u00adgi\u00f3n y se dedique a obtener la liberaci\u00f3n de aquel hom\u00adbre admirable, en el cual ve un enviado de Dios digno de ser su se\u00f1or en lugar de ser su esclavo.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed llegamos a lo pat\u00e9tico. La mujer, impelida por una fuerza irresistible, viene un d\u00eda, velada y ocult\u00e1ndo\u00adse, hasta los campos devorados por el sol donde Vicente, solitario y sudoroso se curva sobre la azada, mientras ella lo mira \u00abcavar\u00bb. De pronto, impulsada por la gracia, la ne\u00f3fita le ordena <em>\u00abcantar las alabanzas de su Dios\u00bb; <\/em>Vi\u00adcente deja en tierra la azada y con los brazos en cruz, y las mejillas ba\u00f1adas de l\u00e1grimas entona el <em>Super flumina <\/em>con voz temblorosa, mientras la turca cristiana lo escucha a sus pies ahogada por los sollozos. Sobre las notas del c\u00e1ntico se extiende el silencio africano y el cielo deslum\u00adbrante de azul como el manto de Mar\u00eda\u2026 las almas casi libradas de los cuerpos se elevan sobre la tierra que de\u00adsaparece.<\/p>\n<p>Aquellos minutos sobrenaturales permanecer\u00e1n impre\u00adsos en el alma de Vicente por todo el resto de sus d\u00edas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Se\u00f1or de Commet M. de Commet, c\u00e9lebre abogado de la corte presidial de Dax y juez al mismo tiempo del distrito de Pouy, por lo cual no conoc\u00eda a los Depaul, buscaba un preceptor &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-03\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":398801,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[218,172,117,116],"class_list":["post-123907","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-pobreza","tag-pouy","tag-tunez"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (03) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-03\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (03) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El Se\u00f1or de Commet M. de Commet, c\u00e9lebre abogado de la corte presidial de Dax y juez al mismo tiempo del distrito de Pouy, por lo cual no conoc\u00eda a los Depaul, buscaba un preceptor ... 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