{"id":123906,"date":"2024-08-11T08:01:12","date_gmt":"2024-08-11T06:01:12","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/08\/san-vicente-de-paul-y-la-caridad-05\/"},"modified":"2023-08-19T23:20:10","modified_gmt":"2023-08-19T21:20:10","slug":"san-vicente-de-paul-y-la-caridad-3-tradicion-e-inspiracion","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-y-la-caridad-3-tradicion-e-inspiracion\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal y la Caridad. 3.- Tradici\u00f3n e inspiraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h2><strong><strong>III.- Tradici\u00f3n e inspiraci\u00f3n<\/strong><\/strong><\/h2>\n<p>En aquel sill\u00f3n pr\u00f3ximo al fuego donde, el 27 de septiembre de 7660, se hab\u00eda dormido el Se\u00f1or Vicente, no podr\u00eda su esp\u00edritu permanecer en reposo. Comenzaba una nueva carrera. Continuaba activo<\/p>\n<ul>\n<li>en las instituciones que hab\u00eda fundado,<\/li>\n<li>en las orientaciones religiosas que guiar\u00eda,<\/li>\n<li>en los movimientos del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n que no cesar\u00eda de imantar.<\/li>\n<\/ul>\n<h3><strong>La tradici\u00f3n de las instituciones<\/strong><\/h3>\n<p>En aquel a\u00f1o de 1667, cuando el Se\u00f1or Ren\u00e9 Alm\u00e9ras sucedi\u00f3 al Se\u00f1or Vicente, la organizaci\u00f3n de las dos familias religiosas estaba pr\u00e1cticamente acabada. Los Superiores mayores de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y de las Hijas de la Caridad abrigaban por lo dem\u00e1s una devoci\u00f3n tal hacia el fundador, que hubiesen cre\u00eddo cometer un sacrilegio cambiando la menor pr\u00e1ctica querida o simplemente deseada por el santo \u00abInstitutor\u00bb. Fue su principal cuidado alimentar la devoci\u00f3n al Se\u00f1or Vicente, hacer se escribiera su vida y sobre todo mantener las instituciones en el esp\u00edritu que las hab\u00eda hecho vivir.<\/p>\n<h4><strong>1.- La expansi\u00f3n de las obras\u00a0 (1660-1960) <\/strong><\/h4>\n<p>Esta ambici\u00f3n fue com\u00fan a todos los superiores generales que se sucedieron hasta la Revoluci\u00f3n francesa en la Central de la Caridad en que se hab\u00eda convertido San L\u00e1zaro. Entre ellos, dos sobre todo aparecen como maestros de obras, y marcaron profundamente la vida de la doble familia religiosa. El primero, Se\u00f1or E. Jolly, a quien el Se\u00f1or Vicente hab\u00eda ya se\u00f1alado a la Duquesa de Aiguillon como su sucesor, tuvo durante 24 a\u00f1os el destino de las obras vicencianas en sus manos. Car\u00e1cter imperioso, capaz de encararse con Luis XIV y con Louvois, trasform\u00f3 totalmente la casa de San L\u00e1zaro y abri\u00f3 no menos de 40 nuevas casas<sup>,<\/sup> entre 1673 y 1697. El segundo, Jean Bonnet. (1711-1715), administrador consumado y pastor vigilante, tom\u00f3 netamente posici\u00f3n contra las formas m\u00e1s corrientes del Jansenismo y no dud\u00f3 en despedir a una veintena de s\u00fabditos. Presidi\u00f3 asimismo las fiestas de la beatificaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente (1729), Ia cual hab\u00eda sido preparada, en Par\u00eds y en Roma, por los trabajos del se\u00f1or Pierron (1697-1703). Pero fue el\u00a0 se\u00f1or Couty, s\u00e9ptimo general (1736-1713) quien asisti\u00f3 a la canonizaci\u00f3n del bienaventurado Vicente por el papa Inocencio XII. Sin ruido, pero sin interrupci\u00f3n,\u00a0 misioneros e Hijas de la Caridad entreg\u00e1ronse en las obras creadas por el se\u00f1or Vicente. La de los seminarios se desarroll\u00f3 considerablemente, y la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n aseguraba la direcci\u00f3n de 56 seminarios diocesanos. Muy deferentes con el poder real, los superiores generales se resignaron a aceptar algunas obras que juzgaron poco conformes a la primera orientaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. As\u00ed es como en 1661, los lazaristas, por petici\u00f3n de Ana de Austria, se establecieron en la Real Parroquia de Fontainebleau. En 1674, sirvieron la real parroquia de Notre-Dame de Versailles y, a este t\u00edtulo, fueron capellanes de la Corte. Los feligreses y cortesanos de esta \u00e9poca recordaron largo tiempo al se\u00f1or Fran\u00e7ois H\u00e9bert (1651-1730), que fue durante vente a\u00f1os el p\u00e1rroco del Gran rey. \u00abEs uno de los mejores predicadores del reino\u00bb, proclamada Boursaloue. Nadie sab\u00eda entonces que, adem\u00e1s, de los cuatro vol\u00famenes de sermones que public\u00f3, guardaba todav\u00eda sesenta vol\u00famenes de sermones redactados en lat\u00edn. En recompensa de su celo, Luis XIV le nombr\u00f3 obispo de Agen. Cosa que habr\u00eda ciertamente contrariado al Padre Vicente. Fue igualmente por orden del Rey como los lazaristas, \u00ablos barbiches\u00bb, como se les llamaba entonces, se hicieron capellanes del H\u00f3tel des Invalides (1674), y de la real casa de Saint-Cyr (1690). Tuvieron asimismo que aceptar el curato de Saint-Louis-deslnvalides (1727) y del hospital de Saint-Cloud (1688).<\/p>\n<p><strong>Fuera de Francia<\/strong><\/p>\n<p>Fuera de Francia, se abrieron numerosas casas. As\u00ed es como se fundaron en Italia 17 casas entre 1669 y 1734. En Polonia, en Rusia, en la Prusia polaca, se erigieron 17 casas entre 1677 y 1719. La misi\u00f3n espa\u00f1ola comenz\u00f3 en 1704 en Barcelona. Lisboa acogi\u00f3 a los misioneros en 1734, Hungr\u00eda en 1762, Heidelberg en 1781. Absorbida por las obras europeas, durante los 130 a\u00f1os que precedieron a la Revoluci\u00f3n no hab\u00eda desplegado su celo misionero m\u00e1s que en tres sectores. En T\u00fanez y en \u00c1frica del Norte. En Madagascar (le 1648 a 1674, de donde los misioneros emigraron a la Isla de Bourbon en 1712 y a la Isla Mauricio en 1722. En China, donde despu\u00e9s de las infructuosas tentativas de los Se\u00f1ores Appiani, Mullener y Pedrini, la Compa\u00f1\u00eda no ten\u00eda ni un misionero m\u00e1s en 1746. En 1791, la Misi\u00f3n contaba 168 casas. En Francia llevaba 55 seminarios, reforzados habitualmente pon una parroquia o por una casa-misi\u00f3n. Sumaba en Francia 990 personas (508 sacerdotes, 262 coadjutores y casi doscientos cl\u00e9rigos).<\/p>\n<p><strong>Las Hijas de la Caridad<\/strong><\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad hab\u00edan conocido un desarrollo de igual envergadura. En 1668, en el momento en que el cardenal de Vend\u00f3me, legado de la Santa Sede, aprobada una vez m\u00e1s las constituciones, se hab\u00edan establecido en 60 localidades. Medio siglo despu\u00e9s estaban presentes en 300 casas. En 1790, contaba la comunidad 450 casas, 20 de ellas en Polonia. 120 novicias hab\u00eda en la Casa-Madre de Par\u00eds y 4.300 hermanas en las casas de caridad. La Revoluci\u00f3n francesa y los disturbios que siguieron asestaron un terrible golpe a las dos familias religiosas. Aunque la Casa-Madre de las Hijas de la Caridad fue respetada, se entr\u00f3 a saco en el priorato de San L\u00e1zaro el 73 de julio de 1789. En 1792, en, el Seminario de Saint-Firmin, antiguo Colegio des Bons-Enfants, degollaron los \u00abseptembristas\u00bb a los misioneros y arrojaron sus cad\u00e1veres por las ventanas. Se ejecut\u00f3 a Hermanas en Arras, Angers, Mayenne, Dax. Al salir de la tormenta, fueron precisos a\u00f1os para que se reanudaran las actividades.<\/p>\n<p>Las Hijas de la caridad hab\u00edan abandonado la casa de SaintI-Laurent, casi enteramente destruida. Instal\u00e1ronse primero en la rue du Vieux-Colombier (en la casa que sirve actualmente como cuartel a los zapadores-bomberos). All\u00ed es donde P\u00edo VII vino a bendecirlas el 23 de diciembre de 7804, y donde tomaron de nuevo el \u00abh\u00e1bito\u00bb, y luego renovaron los votos en la misa del cardenal Fesch, el 25 de marzo de 1805. En raz\u00f3n de un reclutamiento particularmente floreciente (283 casas en 1806), se instalaron en el Hotel Chatillon, rue du Bac, el 28 de junio de 1815 (actualmente 140, rue du Bac). La uni\u00f3n de la Misi\u00f3n y de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, comprometida un momento por la voluntad de Napole\u00f3n I, quien hab\u00eda hecho encarcelar al vicario general de la Misi\u00f3n, Se\u00f1or Hanon, fue restablecida a la ca\u00edda del emperador, bajo el generalato de la madre Elisabeth Baudet.<\/p>\n<p><strong>La Misi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>La prueba impuesta a la Misi\u00f3n hab\u00eda sido particularmente cruel. Echado de San L\u00e1zaro, el Superior General hab\u00eda muerto en Roma el 12 de febrero de 1800. Hab\u00eda sido remplazado por un vicario general, el Se\u00f1or Fr. Brunet, a quien sucedi\u00f3 el se\u00f1or Hanon. Pero las reyertas de este \u00faltimo con Napole\u00f3n, que quer\u00eda confiar las Hijas de la Caridad a los obispos, retardaron Considerablemente la reorganizaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Sucesivamente, suprimida por la Convenci\u00f3n el 6 de abril de 1792, la Compa\u00f1\u00eda fue restablecida por un decreto de Napole\u00f3n el 27 de mayo de 1804. El 26 de septiembre de 1809, era de nuevo suprimida y se met\u00eda en la c\u00e1rcel al se\u00f1or Hanon. Hubo que esperar a la ca\u00edda del\u00a0 Emperador para que la Compa\u00f1\u00eda recobrara su existencia legal (3 de febrero de 1816). Un a\u00f1o despu\u00e9s, los misioneros se instalaron en el Hotel de Lorges, 95, rue de S\u00e9vres, el 9 de noviembre de 1817. En la capilla que hicieron edificar en 1826 se recibieron solemnemente las reliquias de san Vicente el 24 de abril de 1830. Tambi\u00e9n ellas hab\u00edan emigrado en 1792. Las p\u00e9rdidas sufridas por el personal no eran menos considerables. De los 508 sacerdotes que compon\u00edan en 1792, el personal de las provincias francesas, apenas un centenar estaba a disposici\u00f3n del Superior general en 1809.<\/p>\n<p><strong>Renacimiento<\/strong><\/p>\n<p>Tres superiores generales fueron los art\u00edfices del renacimiento en el siglo XIX: el Se\u00f1or J.B. Etienne, que fue llamado segundo fundador, el Se\u00f1or Eug\u00e9ne Bor\u00e9 y el Se\u00f1or Antoine Fiat. Por cuidados suyos, recobr\u00f3 la Congregaci\u00f3n no s\u00f3lo sus antiguas funciones, sino que adquiri\u00f3 una fisonom\u00eda misionera que apareci\u00f3 entonces como una de sus caracter\u00edsticas. En China, los Lazaristas recogieron parcialmente la sucesi\u00f3n de los Jesuitas cuya Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda sido disuelta por Clemente XIV. En Levante, abrieron casas en Constantinopla, Esmirna, Naxos, Santorin, Sal\u00f3nica, Damasco, Alepo, Tr\u00edpoli y Antoura. En 1815, entraron en Estados Unidos. En 1818, en Brasil, en 1S39 en Abisinia, en 1841 en Persia, en 1844 en Egipto y en M\u00e9jico, en 7835 en Chile, en 1858 en Per\u00fa, en 1859 en la Rep\u00fablica Argentina, en 1862 en Guatemala y Filipinas, en 7863 en las Antillas, en 1870 en Ecuador, en 1877 en Colombia, en Panam\u00e1 y en Costa Rica, en 1880 en Paraguay, en 1884 en Uruguay, en 1885 en Australia, en 1898 en San Salvador, en 1900 en Palestina. En 1896, el 28 de enero, la Santa Sede les confiaba la parte meridional de Madagascar.<\/p>\n<p>En 1905, penetraban en Bolivia, en 1910 en la Rep\u00fablica de Honduras, en 7921 en las Islas Brit\u00e1nicas, en 1923 en la Isla de Java, en 1925 en el Congo Belga, en 1955 en Canad\u00e1, en 1956 en Viet-Nam. Pese a las leyes de separaci\u00f3n, las guerras mundiales y la persecuci\u00f3n que caus\u00f3 estragos en los pa\u00edses de obediencia marxista, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en 1976, cuenta: 3.863 sacerdotes, 397 coadjutores, 587 miembros (cl\u00e9rigos y coadjutores) no vinculados a\u00fan definitivamente, es decir, 4.906 miembros, de los que una treintena son obispos. La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad cuenta, en 1960: 4.211 establecimientos y cerca de 45.000 s\u00fabditas. Representa 1\/20 de las religiosas del mundo entero.<\/p>\n<h4><strong>2. Las dos expresiones del esp\u00edritu vicenciano <\/strong><\/h4>\n<p>Retrocedamos ahora un poco. Los tres siglos de historia de la caridad, sostenidos por la misma inspiraci\u00f3n, dan origen sin embargo a dos tipos psicol\u00f3gicos, dos comportamientos de la gracia. Estos determinan dos maneras de prolongar la obra del Se\u00f1or Vicente y de serle profunda y totalmente fiel.<\/p>\n<p><strong>Tipo misionero<\/strong><\/p>\n<p>La primera manera caracteriza a un tipo de hombres y de mujeres a quienes se llamar\u00e1 f\u00e1cilmente misioneros, si se designa as\u00ed al esp\u00edritu de iniciativa y de aventura, al gusto del riesgo y al vigor en la adaptaci\u00f3n. Cualquiera que sea su tierra de origen, estos vicencianos ricos en gracias prevenientes, gravitan naturalmente hacia las obras arduas y las conquistas dif\u00edciles. Herederos de un s\u00f3lido temperamento, marcan su existencia con creaciones originales, y disfrazan sus actitudes innovadoras con una bondadosa sonrisa, expresi\u00f3n de una fundamental modestia que desarma. En este grupo que sospecha su fuerza e ignora su originalidad, encontramos a los grandes obispos misioneros de China y Etiop\u00eda, a pioneros tales como el Se\u00f1or Appiani, MullEner, los Padres Huc y Gahet, san Justino de Jacobis y el beato Chebra Miguel. Acompa\u00f1an a \u00e9stos sin esfuerzo, ciertos lazaristas de garbo proconsular como el Se\u00f1or Joseph Baetemann, el Se\u00f1or Lobry, Sarloutte. Coulbeaux. Si estos misioneros a toda vela tuvieran necesidad de patronos o de protectores, escoger\u00edan al Beato JuanGabriel Perboyre, martirizado en China en 1840, o al Beato Francisco-R\u00e9qis Clet. Pero no pensaron en ello siquiera, pues ten\u00edan la sensaci\u00f3n de su propia vida. Nunca carecer\u00e1n de admiradores, y si no encuentran memorialistas, es que bastar\u00e1 a la Iglesia con que hayan existido.<\/p>\n<p><strong>\u00abContemplativos\u00bb <\/strong><\/p>\n<p>Menos visible y menos encantador, un tipo psicol\u00f3gico de Lazarista traza en estos tres siglos una segunda tradici\u00f3n vicenciana. Los hombres que la forman se asemejan a los Cartujos cuyo silencio honran, y se confunden con los pedagogos que dan su existencia a cr\u00e9dito en fastidiosas repeticiones. Re\u00fanenlos los seminarios mayores y menores y ah\u00ed acuartelan ellos sus valores. Ah\u00ed se asumen los riesgos silenciosamente, y la aventura gira entre las cuatro paredes del cuarto y del aula. Exteriormente, estos vicencianos no tienen garbo valiente. Una presencia modesta y a menudo enjuta les aleja de los salones mundanos. Si se extrav\u00edan en \u00e9stos, son presa del tedio, pues saben que su gracia esta en otra parte. Criados por el trabajo, educados por la sencillez, sue\u00f1an siempre con ser los verdaderos amigos de los peque\u00f1os y de los pobres. Su vocaci\u00f3n consiste en acogida, apaciguamiento, renuncia de s\u00ed propio y tambi\u00e9n en la sencillez que facilita la comuni\u00f3n de los corazones. \u00bfTienen necesidad de antepasados? Pueden, si lo desean, apelar al buen Se\u00f1or du Coudray al que el Se\u00f1or Vicente prohibi\u00f3 traducir la biblia sir\u00edaca para la poliglota del Padre Morin. En todo caso, no osar\u00edan conversar mucho tiempo con el Se\u00f1or Jacques Corborand de la Fossc, hebra\u00edsta desatinado y original embarazoso. Fue el Desmarets de Saint-Sorlin de la naciente Compa\u00f1\u00eda. Pierre Collet -1693-1770- trabajador sa\u00f1udo, y te\u00f3logo estimado, les serena. Su oposici\u00f3n a la teolog\u00eda jansenista, su s\u00f3lida biograf\u00eda de san Vicente les permite imaginar la cultura de que daban prueba los mejores profesores del siglo XVIII. Y, a buen seguro, estos hombres se sienten como en familia con el Se\u00f1or Renato Rogue, ejecutado en 1796, con los Se\u00f1ores Fran\u00e7ois y Gruyer, degollados en 1792, pues estos beatos que ense\u00f1aron en los seminarios, estos colegas, podr\u00edan ser sus patronos y sus abogados. M\u00e1s cerca de nosotros, al alcance de la mano y del coraz\u00f3n, ciertas siluetas vicencianas prolongan a\u00fan y diversifican esta tradici\u00f3n. Piensa uno en el laborioso Padre Coste, infatigable editor de las obras de san Vicente, en el anciano Padre Parrang que se rejuvenec\u00edan en los Archivos Nacionales, en el entusiasta Padre Joseph Guichard y en el tenaz Padre C,h.-F. Jean, quien a los 42 a\u00f1os aprendi\u00f3 el babil\u00f3nico y ense\u00f1\u00f3 25 a\u00f1os en la Escuela del Louvre. Pero sobre todo, dos \u00abgrandes hombres\u00bb ilustran esta tradici\u00f3n contemplativa, que se nutre de esperanzas y de \u00e9xitos ocultos. Emplazados ambos en la conjunci\u00f3n de los siglos xix y xx, hab\u00edan nacido para ser mediadores. El primero, de tronco genov\u00e9s, Fernand Portal, se sent\u00eda llamado a un apostolado de la amistad. No se cree a uno porque sea muy sabio sino porque le juzgamos bueno y le amamos, hab\u00edale dicho el Se\u00f1or Vicente. Gracias a la amistad trabada con Lord Halifax, el Se\u00f1or Portal consigui\u00f3 que hablaran amigablemente los cat\u00f3licos y los protestantes en aquellas conversaciones de Malinas presididas por el cardenal Mercier. Los disc\u00edpulos del Se\u00f1or Portal, el abate Gratieux, el can\u00f3nigo Hemner, el Padre Viller, s. j., por no citar mas que a los desaparecidos, fueron amigos y obreros de esta unidad que ronda m\u00e1s que nunca al cristianismo contempor\u00e1neo. El segundo grande\u00bb, Guillaume Pouget, hijo de Auvergne, tuvo una carrera oscura y una vocaci\u00f3n de emparedado. Ciego enamorado de la luz, fascinaba por su fabulosa memoria. Pero era asimismo un sa\u00f1udo exegeta y un pensador\u2026 que se desconoc\u00eda. Este \u00abS\u00f3crates cristiano\u00bb, como le llama Claudel, hall\u00f3 por fortuna en Jean Guitton a un Plat\u00f3n simp\u00e1tico y seductor. Si se re\u00fanen los nombres de algunos de los que se honraron escuchando al Padre Pouget: Jacques Chevalier, Emmanuel Mounier, Maurice Legendre\u2026, se asombra uno de la profundidad y de los secretos de su caridad. Su encuentro con Lord Halifax y sus conversaciones con Henri Bergson quedan como acontecimientos simb\u00f3licos y reveladores de esa m\u00edstica y de la sencillez. Buenos y piadosos doctores, dec\u00eda el Se\u00f1or Vicente, evocando el recuerdo del buen Se\u00f1or Duval, son los tesoros de la Iglesia. Se podr\u00eda asimismo, sin gran esfuerzo, discernir en la historia de la Caridad femenina, el croquis y el esbozo de una doble tradici\u00f3n. La primera, emparentada con santa Luisa y santa Catalina Labour\u00e9, se ve invenciblemente empujada a honrar la humilde entrega de la Virgen, de aquella que al decir de san Vicente, habla y ruega por los que no saben hablar. La segunda tendencia, de estilo m\u00e1s \u00absocial\u00bb, invoca y secretamente recorta una mujer de gran coraz\u00f3n, sor Rosalie Rendu. Es \u00e9sta una patrona siempre disponible, pues en el barrio Mauffetard donde vivi\u00f3 hace casi un siglo y donde se entreg\u00f3 hasta expirar, contin\u00faa invisible su ronda.<\/p>\n<p><strong>La influencia religiosa<\/strong><\/p>\n<p>Si fuera de las dos congregaciones religiosas que hab\u00eda fundado, el Se\u00f1or Vicente hubiese cesado de trabajar, se acusar\u00eda a s\u00ed mismo eternamente de ser un hombre de peque\u00f1a periferia y un bienaventurado indolente. No pudo por lo dem\u00e1s a su muerte abandonar las obras que hab\u00eda apadrinado y su actividad en la vida religiosa de la Iglesia tom\u00f3 formas nuevas.<\/p>\n<h4><strong>3.- Las acciones de socorro <\/strong><\/h4>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurri\u00f3 con las obras de socorro organizadas por el Se\u00f1or Vicente? Las Damas de la Caridad no pudieron subsistir en medio de la Revoluci\u00f3n francesa, pero resucitaron en el siglo XIX. Actualmente, siempre bajo la direcci\u00f3n del sucesor de san Vicente de Pa\u00fal, y envueltas en la vida del mundo, cuentan 450.000 miembros (90.000 en Francia, 5.000 para la di\u00f3cesis de Par\u00eds). Act\u00faan especialmente en Italia, en Polonia, en B\u00e9lgica, en Estados Unidos, en M\u00e9jico y en Brasil. En 1911, se fund\u00f3 una filial de las Damas de la Caridad, \u00abLas Luisas de Marillac\u00bb, la alegr\u00eda de los abuelos y de las abuelas. Son actualmente 35.000. Las caridades masculinas, so\u00f1adas en otro tiempo por el Se\u00f1or Vicente, se convirtieron en 1833, por el esp\u00edritu, la tenacidad y la gracia de Federico de Ozanam, en una realidad viviente. Pese a los cr\u00edticos que peri\u00f3dicamente las asaltan, las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal han realizado una obra inmensa. En nuestro mundo c\u00ede 1975, en cl que se desarrollan 36.000 conferencias, se pueden contar m\u00e1s de 650.000 conferencistas repartidos por los cinco continentes (109 pa\u00edses). En todo caso, como el Se\u00f1or Vicente no pod\u00eda ya poner cuidadosamente a punto las obras que ayudaran a los pobres humanos a luchar contra las nuevas formas del pecado y de la miseria, discretamente, sin queja ni amargura, dio su \u00abconsejo\u00bb. Pueden sin juicio temerario, hacerse recaer sobre \u00e9l sospechas de que haya inspirado, sostenido, protegido las grandes iniciativas que responden a sus deseos. \u00bfQui\u00e9n no evoca hoy al Padre\u00a0 Vicente ante el Secours Catholique organizado por Mons. Rhodain, ante la ayuda a los sans-logis lanzada y valerosamente sostenida por el abb\u00e9 Pierre, ante la reorganizaci\u00f3n de las personnes d\u00e9plac\u00e9s emprendida por el P. Pire?<\/p>\n<h4><strong>4.- Las nuevas formas de vida religiosa <\/strong><\/h4>\n<p>En el terreno de las religiosas donde ejerci\u00f3 una vez su funci\u00f3n de animador y de reformador, el Se\u00f1or Vicente sigue pac\u00edficamente trabajando. No pudiendo gobernar las Comunidades o dirigir las conciencias, m\u00edsticamente, se adapta y renueva sus funciones. Previene y ense\u00f1a, sugiere y aconseja. Hay que proponer, dec\u00eda, a la manera de los \u00e1ngeles, como me lo ha ense\u00f1ado el cardenal de B\u00e9rulle. Gracias al Se\u00f1or Vicente, gracias a la tenacidad que despleg\u00f3 para hacer que se aprobasen las constituciones de los Iazaristas y de las Hijas de la Caridad, la mayor\u00eda de las congregaciones religiosas de los siglos XVII, XVIII y XIX adoptaron un nuevo estilo de existencia: las pr\u00e1cticas mon\u00e1sticas dejaron entre ellas de ser tan numerosas, la ascesis individual y colectiva se organiz\u00f3 a partir de las exigencias a menudo agotadoras del apostolado moderno. Cuando dej\u00e9is la oraci\u00f3n para asistir a un enfermo, precisaba el Se\u00f1or Vicente a las Hijas de lu Caridad, dej\u00e1is a Dios por Dios. Cuidad al enfermo, eso es oraci\u00f3n. Que estas nuevas comunidades de hombres o de mujeres copien o no las reglas de los misioneros o de las Hijas de la Caridad (Hermanas de la Caridad de Cl\u00e9ment-Auguste: 1808; Hermanas de Tilbourg) que tomen a san Vicente como patr\u00f3n o COMO protector (Hermanas de la Caridad de Besanpon &#8211; 7799, Hermanas de la divina Providencia de Ribeauvill\u00e9, Hermanas de san Vicente de Paffl del Padre Le Pr\u00e9vost &#8211; 1845; Hijos e Hijas de la Caridad del Padre Anizan &#8211; 1918) todos, prop\u00f3nense un fin que el Se\u00f1or Vicente hoy se propondr\u00eda y ponen en marcha m\u00e9todos y un esp\u00edritu que \u00e9l no negar\u00eda. Fue para transportar la Caridad vicenciana a otros dominios como fund\u00f3 san Alfonso de Ligorio, en 1732, la Congregaci\u00f3n del Sant\u00edsimo Redentor (7.200 miembros en 1975) y como cre\u00f3 san Juan Bosco, en 1841, los Salesianos (18.972 miembros en 1974). Actualmente, m\u00e1s de cien comunidades religiosas se orientan, de cerca o de lejos, por la barquilla del Se\u00f1or Vicente y observan su estela. Dejemos a Dios guiar nuestra barquilla, dec\u00eda a cuantos se asustaban, \u00e9l la preservar\u00e1 del naufragio.<\/p>\n<h4><strong>5.- Expresiones de la piedad <\/strong><\/h4>\n<p>Rebasando las estructuras sociales de la vida religiosa, es en el coraz\u00f3n mismo de la vida de piedad donde el se\u00f1or Vicente contin\u00faa presente y\u00a0 prosigue su vocaci\u00f3n de educador religioso. Existe en efecto una vida interior que se puede llamar vicenciana, no s\u00f3lo porque se ajusta invariablemente a los reglamentos dados por el Se\u00f1or Vicente, sino, m\u00e1s bien. porque adopta sus miras sobre el hombre y sobre Dios. Por fidelidad y por afinidad conjuntamente, gusta de sus temas de oraci\u00f3n y de pensamiento. Asume su psicolog\u00eda y se convierte en su prudencia. En una palabra, mira y modela su vida en ese espejo que es el alma viviente del Se\u00f1or Vicente. Algunos signos delatan r\u00e1pidamente su secreta pertenencia. Esa no testimonia sino una benevolencia limitada para las formas extraordinarias del sentimiento religioso. La oposici\u00f3n de Vicente y ciertos fen\u00f3menos presobrenaturales, su conducta para con los Iluminados de todo g\u00e9nero, arman en contra sus reflejos y vacunan su sensibilidad. La lectura peri\u00f3dica de la conferencia sobre las iIusiones, ser\u00eda, si hubiese necesidad, un rito simple, higi\u00e9nico y eficaz. Ante los fen\u00f3menos m\u00edsticos manifiesta una prolongada reserva. Sin duda los conoc\u00eda el Se\u00f1or Vicente por experiencia, pero le resultaban sospechosos por no tener bastante en cuenta las tretas del demonio y las Gttigus del servicio terrestre. Despu\u00e9s de todo \u00bfno puede creerse que los \u00e9xtasis son m\u00e1s nocivos que \u00fatiles? Concorde con el Se\u00f1or Vicente para oponerse a las tesis del Se\u00f1or Antoine Arnauld, preconiza una participaci\u00f3n frecuente en los misterios eucar\u00edsticos y en las purificaciones del sacramento de la penitencia. Ah\u00ed reconoce las dos fuentes y los dos signos de una excelente salud sobrenatural. Pero parad\u00f3jicamente, esta piedad vicenciana propone y conjuga dos actitudes que parecer\u00edan excluirse. De un lado, reclama un rigor racional, un cuidado de lo concreto y de lo pr\u00e1ctico que invoca a Descartes y transporta el Discurso del M\u00e9todo al sentimiento religioso. De otro lado, repele obstinadamente las alianzas con la naturaleza insidiosa. Si se escucha a la naturaleza, piensa con el se\u00f1or Vicente, la vida religiosa no ser\u00e1 m\u00e1s que un desarrollo humano. No hay que caer en la trampa. La vida de Cristo se desarrolla en r\u00e9gimen de oposici\u00f3n y en una atm\u00f3sfera de lucha. El esp\u00edritu de Dios que habita en el<\/p>\n<p>hombre pide sin cesar y du batalla: el celo, la humildad, luego la sencillez y la prudencia, la mortificaci\u00f3n son las armas de la panoplia espiritual. As\u00ed pues, m\u00e1s que ning\u00fan otro, en uni\u00f3n con su amigo Francisco de Sales, Vicente el(<sup>, <\/sup>Pa\u00fal da a la piedad de los suyos y sin duda a toda la piedad francesa, una marca caracter\u00edstica. Aprieta los v\u00ednculos entre la \u00e9tica y la religi\u00f3n. Piedad y devoci\u00f3n son a un mismo tiempo una expresi\u00f3n, una prueba y una prolongaci\u00f3n de la experiencia moral.<\/p>\n<h4><strong>6.- La devoci\u00f3n mariana <\/strong><\/h4>\n<p>Pleg\u00e1ndose a los principios de esta vida interior es como se ha desarrollado particularmente la devoci\u00f3n mariana dentro de la doble familia de san Vicente. Estaba en la l\u00ednea delos primeros sermones del Se\u00f1or Depaul y asimismo en la del patronato mariano reclamado por la primera Caridad de 7617. Se desarroll\u00f3 permaneciendo fiel al ritmo fundamental de la vida interior vicenciana. Se benefici\u00f3 sin duda del fervor mariano del siglo XIX, pero todav\u00eda m\u00e1s de las apariciones de 1830 a santa Catalina Labour\u00e9. Dos formas de culto mariano centradas en el Dogma de la Inmaculada Concepci\u00f3n, est\u00e1n hoy en plena prosperidad: la asociaci\u00f3n de Hijas de Mar\u00eda Inmaculada, la Novena de la Medalla Milagrosa. La primera, la asociaci\u00f3n de Hijas de Mar\u00eda Inmaculada, cuenta actualmente 100.000 miembros que encuentran en la revista Les Rayons un precioso instrumento de cultura religiosa. En cuanto a la pr\u00e1ctica de la Novena de la Medalla Milagrosa, ha hecho de la Capilla de las Hijas de la Caridad, de 140, rue du Bac, el lugar de culto mas frecuentado de la capital. En Estados Unidos, esta pr\u00e1ctica alcanza a 4 millones de fieles repartidos por 3.600 parroquias. La joven revista \u00abLa medalla milagrosa\u00bb, lanzada por el P. J. Henrion cuenta no menos de 170.000 lectores. Al invocar a la Madre de Dios y tomarla por patrona en las cosas de importancia, no puede sino in todo bien y redundar en la gloria del buen Jes\u00fas su Hijo.<\/p>\n<h2><strong>La leyenda y los valores del coraz\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>No basta, para conocer al Se\u00f1or Vicente, con clasificar sus estados de servicio ni con caracterizar su influencia religiosa. Para la memoria popular en la que se ha instalado, Vicente de Pa\u00fal es un \u00abgran hombre\u00bb. M\u00e1s humano que Richelieu, menos taimado que Mazarino al que no se logra amar, Vicente es la sonrisa de la bondad simple y familiar. Esta reputaci\u00f3n de bondad es bastante merecida. La mejor prueba de ello ser\u00edan tal vez, pues claro, los reproches de dureza que el Se\u00f1or Vicente se dirig\u00eda a s\u00ed mismo. Solos los tiernos tienen estos escr\u00fapulos. Suplicaba \u00e9l a Dios imprimiese bien hondo en su coraz\u00f3n esta dilecci\u00f3n, que sea, prosegu\u00eda, la vida y el alma de m\u00e1s acciones. Vigilaba su exterior: Hace falta, dec\u00eda, cierto atractivo y un rostro para no enfurecer a nadie. So\u00f1aba y rogaba pensando en los que Dios tiene prevenidos con su gracia, a los que ha dado un trata cordial, dulce, amable por el que parecen ofreceros el coraz\u00f3n y pedir<sup>&#8211;<\/sup>os el vuestro. Para ser ver\u00eddicos, el rostro y la biograf\u00eda del Se\u00f1or Vicente deben, pues, dejar adivinar la calidad de su ser, el amor que le impregnaba. Entre \u00e9l y la humanidad, al cabo de centenares de a\u00f1os, es una historia de amor la que transcurre. En su tiempo como hoy, pod\u00eda ser desconocido. Pod\u00eda tambi\u00e9n irritar, atraer el desprecio o el desd\u00e9n. No parece que haya sido fr\u00edamente detestado u odiado. No tuvo de golpe todas las simpat\u00edas. Conoci\u00f3 la oposici\u00f3n, de la gente de Port-Koyal y de buen n\u00famero de descontentos. Mezclado en los asuntos p\u00fablicos, fue salpicado por la pol\u00edtica. No pod\u00eda mientras viv\u00eda, atraer un afecto general e incondicionado. Los elogios y los agradecimientos oficiales que ascend\u00edan hacia \u00e9l, lo percibimos a distancia, ocultaban una puntilla de inter\u00e9s que pod\u00eda, en caso de decepci\u00f3n, revolverse y herir. Cuando los socorros y las limosnas bajaron, los buenos sentimientos pasaron al purgatorio y volv\u00edan a veces de \u00e9l abrasados de c\u00f3lera. Los insultos que asaltaron a Vicente durante las calamidades y la Fronda no eran tal vez de otra naturaleza. La muerte de Vicente en 1660 hizo gemir a muchas personas. Abr\u00eda tambi\u00e9n la era de las purificaciones y de las idealizaciones. Fluyen algunos a\u00f1os, antes de que Pitau, Van Scuppen, Lochon, Edelinck, provean de un apoyo imaginero al afecto de las multitudes. En el siglo XVIII, se desarroll\u00f3 una popularidad particularmente sentimental. Habiendo puesto Perrault al Se\u00f1or Vicente entre los hombres ilustres (1700) que deben suscitar la admiraci\u00f3n, la invitaci\u00f3n estaba formulada. Las fiestas de la beatificaci\u00f3n y de la canonizaci\u00f3n presentaron al Padre de los pobres como un modelo religioso y un patr\u00f3n sobrenatural. Pero todas estas consagraciones oficiales se hubiesen quedado en letra muerta sin este ascenso general del fervor sensible. El car\u00e1cter tan humano de la sensibilidad vicenciana no pod\u00eda sino beneficiarse de \u00e9l. La imagen de un Padre de la Patria, del amigo de los galeotes, del protector de los refugiados inflam\u00f3 de sentimiento el fantasma del Se\u00f1or Vicente. En una \u00e9poca en la que la fiebre contra el poder, los ricos, los tiranos era sabiamente orquestada, el Se\u00f1or Vicente apareci\u00f3 m\u00e1s simp\u00e1tico que nunca. Con suavidad tambi\u00e9n, se beneficio \u00e9l de la neutralidad de sus retratos. Sin duda, no era un revolucionario, pero tampoco se pensaba que era un devoto y mucho menos un hombre encerrado en la Iglesia. Ciertos retratos le revest\u00edan de una sobrepelliz, pero otros le rodeaban de una pobre capa de invierno. Con \u00e9l se sent\u00eda uno a gusto, en el calor protector de una buena compa\u00f1\u00eda. La aproximaci\u00f3n y la conversaci\u00f3n eran f\u00e1ciles: r\u00e1pidamente. Vicente fue representado en un grupo (a partir de 1717). Su vocaci\u00f3n de ir a todos tan ampliamente explotada. Se olvid\u00f3 que hab\u00eda predicado, misionado, confesado. Las im\u00e1genes le representaron \u00fanicamente en conversaci\u00f3n familiar o mejor, pasando a la posteridad en sus obras de caridad. En ning\u00fan cuadro est\u00e1 la Iglesia lejos. Se ve a menudo el campanario de una capilla en el horizonte, pero son los pobres quienes est\u00e1n en primer plano. Algo separado de su contexto religioso, el personaje de Vicente gran hombre comenz\u00f3 en el siglo XVIII una carrera que contin\u00faa hoy y que no est\u00e1 en su decadencia. Despu\u00e9s de todo, esta imagen cuadra perfectamente a los que sufren y a los sencillos que no se cuidan de las ideas ni de los principios. La religiosidad vaga de un Voltaire, y, m\u00e1s tarde, la de los cultos revolucionarios, quedo satisfecho de ella. En compa\u00f1\u00eda de F\u00e9n\u00e9lon y de<\/p>\n<p>B. Franklin, Vicente fue consagrado como \u00abgran bienhechor de la humanidad\u00bb. Es lo que de \u00e9l se hab\u00eda hecho, se hab\u00eda acabado el embalsamiento. Entre 1970 y 1800, los retratos de Vicente pierden su vitalidad. La blandura de los rasgos intenta traducir la bondad, pero no ofrece mas que un ser anciano y estandarizado. La imagen idealizada se sustituye al retrato, el gran hombre nacional eclipsa al hombre de Dios. Sobre estos frescos y t\u00edtulos sonoros, el romanticismo religioso trabaja en todos los dominios, y apasionadamente. Rivalizaron escultores, grabadores, imagineros de Epinal. Historiadores poetas como Cappefigue (1827) compusieron el \u00abconmovedor\u00bb diario de una Hija de la Caridad, que cotidianamente tomaba nota de las salidas nocturnas de san Vicente. Las colecciones de historia s moralizadoras, bordaron en sentimientos sobre los grandes frescos caritativos. Para adaptarse a los ni\u00f1os y a las personas piadosas que suspiraban por estas pastillas incendiarias, se reconstruyeron inocentemente los di\u00e1logos del Se\u00f1or Vicente con los verdugos, los forzados, los pobres. Todos estos personajes se limitaban por lo dem\u00e1s a recaudar los sentimientos que no reclamaban fatiga alguna. La gloria de un ni\u00f1o exp\u00f3sito, D&#8217;Alembert, resalt\u00f3 en este momento sobre todos los abandonados. Toda esta proliferaci\u00f3n -y las p\u00e1ginas de ciertos manuales son todav\u00eda buenos rebrotes de ella- se desarrolla a partir de tres grandes obras que se hab\u00edan convertido en las tres expresiones del Se\u00f1or Vicente: los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, los Galeotes, los socorros a los indigentes y a las v\u00edctimas de la guerra. Todo cuanto fuera de eso hab\u00eda hecho fue concienzudamente olvidado. Los tres grandes gestos merec\u00edan un reconocimiento y una celebraci\u00f3n, tuvieron un festival de im\u00e1genes, de palabras y de buenos sentimientos. No abr\u00eda la pantalla, en 1947, sobre otro espect\u00e1culo el film de Maurice Cloche. Pierre Fresnay dio al Se\u00f1or Vicente una mirada de fuego y una voz que cantaba. Iba escoltado por sus huestes legendarias: los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, los Galeotes, los refugiados. No era posible la duda: era por cierto el Se\u00f1or Vicente, el Se\u00f1or Vicente era por cierto aquel. Por lo dem\u00e1s hablaba correctamente la lengua de Jean Anouilh. Ingenuamente, los historiadores dieron voces de protesta. Los mejores y los mejor informados no ten\u00edan sin embargo raz\u00f3n. El Vicente de la historia era aun as\u00ed responsable del Vicente de Pa\u00fal de la leyenda. \u00bfQu\u00e9 quedar\u00eda, sin\u00a0 este \u00faltimo, despu\u00e9s de tres siglos, en la memoria y en la imaginaci\u00f3n de millones de seres? Torpemente, este ser legendario representa lo que se ha adquirido cotidianamente amando, pensando y tul vez rezando al Se\u00f1or Vicente. El encarna y protege valores imperecederos pero deteriorables: los del Coraz\u00f3n. El Vicente de la leyenda es pues tambi\u00e9n el Se\u00f1or Vicente, pues este \u00faltimo no es solamente lo que fue entre 1581 y 1660, sino tambi\u00e9n lo que nos invita a ser y a llegar a ser.<\/p>\n<h2><strong>Adios<\/strong><\/h2>\n<p>\u00abCambi\u00f3 casi la faz de la Iglesia\u00bb, declaraba solemnemente Mons. Henri Maupas du Tour, el 23 de noviembre de 1660, en el primer elogio f\u00fanebre de Messire Vincent de Paul. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda este rostro de la Iglesia sin la vida y la acci\u00f3n del Se\u00f1or Vicente`&#8217; Nadie lo sabe y el que quiere imaginarlo se pierde en ensue\u00f1os. \u00a1Qu\u00e9 importa! El se\u00f1or Vicente existi\u00f3. Hasta estamos seguros de que err\u00f3 completamente su \u00abhonroso retiro\u00bb. Pero estamos ciertos de que al atardecer de su servicio terrestre, se retir\u00f3 humildemente al fondo de la conciencia humana. De tiempo en tiempo, suavemente, se despierta. Viene humildemente hacia nosotros. No nos lanza reproche alguno, no nos dirige ning\u00fan serm\u00f3n. Es, con toda sencillez, un pobre de Dios. Para que podamos a\u00fan creer que \u00abel hombre sobrepasa infinitamente al hombre\u00bb, mendiga nuestro amor.<\/p>\n<p>FIN.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>III.- Tradici\u00f3n e inspiraci\u00f3n En aquel sill\u00f3n pr\u00f3ximo al fuego donde, el 27 de septiembre de 7660, se hab\u00eda dormido el Se\u00f1or Vicente, no podr\u00eda su esp\u00edritu permanecer en reposo. Comenzaba una nueva carrera. 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No se dobleg\u00f3 ni inmovi\u00adliz\u00f3 el esp\u00edritu, que el amor a Dios hac\u00eda\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]},{"id":126042,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-siervo-de-los-pobres-11\/","url_meta":{"origin":123906,"position":4},"title":"San Vicente de Pa\u00fal, siervo de los pobres (11)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"06\/12\/2013","format":false,"excerpt":"XI: Revoluci\u00f3n social La guerra en Par\u00eds En la plenitud de su vigor espiritual e intelectual y con fuertes energ\u00edas todav\u00eda, a pesar de la fiebre y los achaques, con m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os de edad, la obra de san. 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