{"id":123903,"date":"2016-09-22T12:00:23","date_gmt":"2016-09-22T10:00:23","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=29864"},"modified":"2016-08-06T07:49:36","modified_gmt":"2016-08-06T05:49:36","slug":"san-vicente-de-paul-henri-lavedan-01","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-01\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (01)"},"content":{"rendered":"<h2>Presentaci\u00f3n<\/h2>\n<p><em>Por el P. Pierre Coste, sacerdote de la Misi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Fue una excelente suerte para san Vicente de Pa\u00fal tener al Sr. Henri Lavedan como bi\u00f3grafo. La vida que el eminente acad\u00e9mico acaba de publicar en la colecci\u00f3n <em>La novela de las grandes existencias, <\/em>es de verdad nueva, no porque se halle cosa nueva sobre el gran reformador, sino por el encanto y el inter\u00e9s del relato. <em>Non nova, sed nove<\/em>,[No algo nuevo, sino por la novedad]. El libro est\u00e1 lleno de cuadros deliciosos que nos conmueven, nos encantan, nos atraen hacia el hombre cuya carrera sigue haci\u00e9ndonos admirar sus virtudes. El Sr. Lavedan es un artista incomparable. Cuando nos muestra a su h\u00e9roe en las Landas o en Berber\u00eda, en casa de los grandes de la tierra o en casa de los miserables, cuando nos cuenta sus creaciones magn\u00edficas o nos retiene a la vera de su lecho de agon\u00eda, es siempre el mismo encanto el que nos acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00abVicente, a la edad de doce a\u00f1os, va a abandonar a su familia, sus reba\u00f1os, su perro fiel para ir a estudiar al colegio de Dax. Se acerca el d\u00eda de la separaci\u00f3n. Como si estuvi\u00e9ramos all\u00ed. \u00bb Es <em>ma\u00f1ana<\/em> cuando Vicente debe partir.. .. Entonces, a la primera estrella, se levanta, entra. Pero antes, mientras est\u00e1 solo todav\u00eda, se despide [en} la piadosa oscuridad, un adi\u00f3s muy sencillo, muy tranquilo, a sus animales indiferentes. No son muchos. De siete a ocho. Acaba pronto. Los acaricia. Hunde la mano, como si fuera grato al ni\u00f1o Jes\u00fas, en la espesura de su cabellera. El cencerro que tintinea en su cuello le parece tener, en la sombra, un sonido m\u00e1s bonito que nunca. Y luego habla a su perro, que le comprende y se lo muestra ; le encomienda las ovejas, la gorda oveja perezosa y el corderito loco. El perro dice que s\u00ed. Ya nos vamos acercando a la casa. Se detiene para para dar un beso en la frente ardiendo al fiel amigo de su vieja infancia, con quien ha andado tanto, corrido tanto, bebido, dormido, y rezado, y que ha sido tambi\u00e9n con frecuencia \u2013que Dios me perdone esta confesi\u00f3n- el consolador de sus largos aburrimientos \u00ab.<\/p>\n<p>Hay que acostarse. \u00abSobre su peque\u00f1a y dura cama, que huele a establo, se tiende para la \u00faltima noche de pesebre y de familia y en ella se duerme. Calmado sue\u00f1o como un agua azul que fluye. Se despierta \u00e9l solo muy temprano, se viste de prisa. Mas, aunque sus ropas son las mismas, \u00e9l sin embargo ya no es el mismo que ayer. El escolar despide al pastor. Fuera las alforjas y el cayado. Ah\u00ed se quedan, colgados del clavo, donde seguir\u00e1n\u2026 Dios sabe cu\u00e1nto tiempo. Vamos, ha llegado la hora. Hay que acostarse\u00bb. Los grandes abrazos de todos, los besos de la madre\u2026 A un lado, qu\u00e9 bullicio. Ah, es el perro que ladra y rasca \u00abpara seguir \u00ab, y al que han encerrado, porque despu\u00e9s, ya le conocen, ya no se le podr\u00e1 retener. Querr\u00eda \u00e9l tambien entrar en el convento. Las ovejas balan. Es el peor minuto. Por fin Vicente se aleja con su padre. Desaparecen por el campo donde sale el sol\u00bb.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 cuadro m\u00e1s encantador. Nosotros querr\u00edamos citarlo todo, pues todo est\u00e1 escrito con la <em>misma<\/em> gracia ; pero hay que poner l\u00edmites ; este extracto dar\u00e1 una idea de lo que es la nueva vida del \u00bb Se\u00f1or Vicente \u00ab.<\/p>\n<p>Tras este homenaje tributado al artista, que lo merece y m\u00e1s todav\u00eda, pasemos al historiador. El c\u00e9lebre escitor no ha escapado a los peligros que acechan, en historia, a los artistas y a los romanceros. La b\u00fasqueda de la verdad pertenece a la raz\u00f3n, y todo el mundo sabe que cuanto m\u00e1s fuerte es la imaginaci\u00f3n, m\u00e1s debe luchar la raz\u00f3n para salir a flote en su empresa. Lo bello atrae a los artistas, los seduce, los fascina, los deslumbra, y este deslumbramiento les oculta la realidad. El coraz\u00f3n cautiva la voluntad, y esta, a su vez, arrastra a la inteligencia. Entre lo bello y la frialdad de los textos, la lucha no es larga ; es lo bello lo que triunfa.<\/p>\n<p>El romancero debe reaccionar contra otra tendencia. Habituado a crear sus personajes, a conducirlos como quiere y a donde quiere, se ve en estrecheces en el terreno en el que se mantienen los documentos, y el esp\u00edritu de libertad que le anima le lleva por donde salir de este espacio apretado para moverse en el dominio, mucho m\u00e1s distendido, -de la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para concederse el derecho de evolucionar m\u00e1s c\u00f3modamente, el Sr.Lavedan ha preferido elegir un <em>g\u00e9nero<\/em> de biograf\u00eda hoy de moda : la biograf\u00eda novelada. Bajo su pluma, el hecho hist\u00f3rico o supuesto como tal se rodea de las circunstancias que le sugieren, no los textos, sino su propio esp\u00edritu. Este hecho \u00e9l lo ve en su realidad concreta, como ha debido ocurrir, y nos lo cuenta como \u00e9l lo concibe, esforz\u00e1ndose por quedarse en el marco de la verdad hist\u00f3rica, o, m\u00e1s exactamente, de evitar la contradicci\u00f3n entre lo que escribe y lo que los libros le han ense\u00f1ado. M\u00e9todo peligroso, que no garantiza lo suficiente contra las inexactitudes. Los eruditos de nuestra regi\u00f3n landesa se aperciben de ello desde las primeras p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>Poco a poco se deslizaron leyendas en la vida de san Vicente. Es de temer que la obra del Sr. Lavedan no reafirme las que est\u00e1n en curso y que no aumente su n\u00famero.<\/p>\n<p>No podemos discutir aqu\u00ed todos los puntos, sobre los cuales su manera de obrar no concuerda con la nuestra ; content\u00e9monos con tres: el a\u00f1o que comienza la vida de san Vicente de Pa\u00fal, la leyenda de la esclavitud voluntaria y la de las excursiones nocturnas en busca de ni\u00f1os abandonados.<\/p>\n<p>Entre las dos fechas, hoy discutidas, del nacimiento del santo sacerdote -24 de abril de 1576 y el 24 de abril de 1581- prefiere la primera, porque, dice \u00e9l, <em>ha sido<\/em> \u00bb considerada durante tres siglos y medio como la buena \u00bb<\/p>\n<p>No, durante tres siglos y medio, ya que hasta en 1660 la segunda fecha fue solo la recibida. San Vicente ha dicho con frecuencia su edad y siempre esta edad parte del a\u00f1o 1581. \u00abNo <em>la<\/em> puedo hallar larga, escribe a uno de sus sacerdotes, el 12 de octubre pues entrar\u00e9 en el mes de abril pr\u00f3ximo en mis sesenta \u00ab.<\/p>\n<p>Veinte d\u00edas despu\u00e9s de la elecci\u00f3n de Alejandro VII, es decir Yo 27 de abril 1655, felicita al nuevo papa en estos t\u00e9rminos :\u00bb<em>Annum <\/em><em>ago septuagesimum (minium; multorum Summorum Pontificum <\/em><em>promotionem jam vidi; at qui tanto populorum et nationum con-<\/em><em>sensu lectus sit sane non adhuc vidi, \u00ab<\/em><\/p>\n<p>En otra carta, dirigida, el 15 de julio de 1659, al cardenal de Retz, arzobispo de Par\u00eds, habla de su fin pr\u00f3ximo \u00abteniendo ahora, declara, los setenta y nueve de edad\u00bb.<\/p>\n<p>La edad que se atribuye en sus conferencias a los misioneros y a las Hijas de la Caridad est\u00e1 de acuerdo con lo que leemos en su correspondencia y dem\u00e1s documentos.<\/p>\n<p>Su entorno no ten\u00eda ninguna raz\u00f3n de pensar de otra manera que \u00e9l. Pero, un avez muerto, se examinan los papeles encerrados en sus pupitres ; las cartas de ordenaci\u00f3n atestiguan que ha recibido el sacerdocio el 23 de setiembre de 1600 ; qu\u00e9 extra\u00f1o, pues entonces no ten\u00eda veinte a\u00f1os, la ley eclesi\u00e1stica reclama veinticuatro a\u00f1os cumplidos y se ignora que a finales del siglo [XVI] los obispos, o al menos unos obispos, no ten\u00edan en consideraci\u00f3n esta formalidad. Se empieza a dudar; \u00bfno habr\u00eda cometido error toda su vida sobre su edad? Los sobrinos o sobrinos segundos de Pouy podr\u00edan tal vez informar ; pero Pouy est\u00e1 lejosy hay que decir sin demora la edad del difunto.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer? Se razona. Este santo sacerdote, este fundador <em>del<\/em> clero no ha podido entrar en el sacerdocio por la puerta de la irregularidad ; se le otorgar\u00e1n pues cuatro o cinco a\u00f1os de, m\u00e1s, sin precisar demasiado. Se escribe sobre el registro mortuorio \u00bb de edad de unos ochenta y cinco a\u00f1os \u00ab, y en la placa <em>de cobre <\/em>clavada en el f\u00e9retro <em>aetatis <\/em>suce<em> circiter octogesimo cuarto\u00bb. <\/em>\u00bb alrededor de \u00ab, \u00bb m\u00e1s o menos \u00ab, era la confesi\u00f3n de una duda. Se estim\u00f3 que era mejor expresarse m\u00e1s categ\u00f3ricamente en la losa de piedra que encerraba la entrada de la tumba situada en medio del coro de la iglesia de San L\u00e1zaro, y las plabras \u00bb en su 85\u00ba a\u00f1o \u00bb fueran elegidas. Esta inscripci\u00f3n exterior, visible a los ojos de todos los que ven\u00edan a orar ante sus restos, fij\u00f3 la tradici\u00f3n. Abelly escribi\u00f3 que san Vicente hab\u00eda nacido el 24 de abril de 1576 y todos los dem\u00e1s bi\u00f3grafos le copiaron.<\/p>\n<p>\u00bfEste cambio de fecha se hizo sin recriminaci\u00f3n? Nos atrevemos a afirmarlo. Lo que hay de seguro es que despu\u00e9s de 1660 el secretario de san Vicente, que era al mismo tiempo archivista de la Compa\u00f1\u00eda, continuaba sosteniendo la antigua fecha por verdadera.<\/p>\n<p>En esta materia, ya que el acta de bautismo no exist\u00eda es la palabra de san Vicente la que da fe ; se ha de seguir y rechazar la tradici\u00f3n de dos siglos y medio, falseada por un primer error.<\/p>\n<p>Rechacemos tambi\u00e9n sin titubear la leyenda que nos representa a Vicente de Pa\u00fal at\u00e1ndose a los pies los hierros sueltos de los pies de un forzado.<\/p>\n<p>De dos cosas una \ud83d\ude2e esta sustituci\u00f3n se hizo al margen de las autoridades con la \u00fanica complicidad del guardi\u00e1n, complicidad necesaria, ya que solo \u00e9l ten\u00eda la llave que permit\u00eda soltar los lazos ; o el intendente de las galeras intervino para aprobar el intercambio.<\/p>\n<p>A primera hip\u00f3tesis apenas contribuir\u00eda a producirnos admiraci\u00f3n por la virtud de san Vicente. Veamos m\u00e1s bien : cree de palabra, sin examen previo de un forzado que se dice inocente o gime por la suerte <em>de<\/em> su desdichada familia ; aparta a un funcionario de sus deberes ; es causa de que sean condenados, ya que tales eran las sanciones, el primero, un avez pillado, a la amputaci\u00f3n de la nariz y de las orejas, el segundo, a la horca ; por \u00faltimo impide por s\u00ed la ejecuci\u00f3n de una sentencia judicial, lo que es una falta contra la obediencia debida al Estado. Ingenuo, mal consejero, descerebrado, as\u00ed nos parecer\u00eda Vicente de Pa\u00fal, si la primera hip\u00f3tesis fuera verdadera.<\/p>\n<p>Estas objeciones han parecido tan decisivas que los partidarios de la leyenda prefieren en general la segunda, adoptada por Abelly. Pero cu\u00e1ntas dificultades por ese lado tambi\u00e9n. \u00bfCu\u00e1l es pues el intendente de las galeras que habr\u00eda consentido en liberar a un forzado culpable para poner en su lugar a un sacerdote inocente de este m\u00e9rito y de este car\u00e1cter? La liberaci\u00f3n de un condenado sobrepasaba, adem\u00e1s, los poderes de las autoridades locales ; habr\u00eda sido necesario recurrir a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Supongamos por un instante la realidad de esta hip\u00f3tesis. Habr\u00eda sido f\u00e1cil, m\u00e1s tarde, establecer el hecho : se habr\u00eda encontrado el nombre de Vicente <em>de <\/em>Pa\u00fal en los registros, en la lista de los galeotes ; Felipe Manuel de Gondi, general de las galeras, en cuya casa el heroico cautivo ejerc\u00eda las funciones de capell\u00e1n, no habr\u00eda dejado de ser informado. Y entonces no se comprender\u00eda que Abelly no haya tenido m\u00e1s que una prueba que dar; y qu\u00e9 prueba. Interrogado un d\u00eda sobre este punto por uno <em>de<\/em> sus cohermanos, Vicente de Pa\u00fal, nos dice, desvi\u00f3 la conversaci\u00f3n \u00bb sonriendo\u00bb. Prueba vaga y fr\u00e1gil. Vaga, para nosotros al menos, la pregunta del cohermano, ya que no conocemos sus t\u00e9rminos. Vaga tambi\u00e9n la actitud del santo, ya que esta sonrisa caritativa puede corresponder a lo que ser\u00eda, entre los dem\u00e1s, un encogimiento de hombros. Sonriamos, nosotros tambi\u00e9n, y sigamos.<\/p>\n<p>Leyenda tambi\u00e9n los paseos de san Vicente por las calles de Par\u00eds, de noche, en busca de de los ni\u00f1os abandonados. No se necesita disertar mucho pasras demostrarlo. Nosotros conocemos a quien, el primero, ha imaginado estos recorridos nocturnos : es Capefigue, autor de una <em>Vida de san Vicente de Pa\u00fal, <\/em>publicada en 1827 : Invoca, es cierto, la autoridad de un manuscrito contempor\u00e1neo, a saber : el diario de una de sus hermanas empleada\/s hacia 1640 en el servicio de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos. Por desgracia, este diario que no se puede hallar que nadie ha visto antes de \u00e9l y despou\u00e9s de \u00e9l, est\u00e1 escrito, si juzgamos por las l\u00edneas citadas, en un estilo y con expresiones que recuerdan <em>al siglo XVII y no el XVIII. <\/em>En estas codiciones, in\u00fatil insistir.<\/p>\n<p>La vida de san Vicente es bastante rica en maravillas para no tener necesidad de leyendas. Que un artista y un novelista como el Sr. Lavedan se haya dejado seducir por relatos legendarios, no nos extra\u00f1a nada. No se propuso, por otra parte, pasar por la criba de la cr\u00edtica lo que otros cuentan de su h\u00e9roe, sino tan solo contarlo a su modo, en un estilo vivaz, imaginado y gracioso, que transmite fisonom\u00eda del buen \u00abSe\u00f1or Vicente\u00bb agradable y atractivo.<\/p>\n<h2>Nota introductoria<\/h2>\n<p><em>No ignoro que la fecha del nacimiento de Vicente, fijada hasta estos \u00faltimos tiempos en 1576, ha sido puesta en, duda por el P. Coste, sacerdote de la Mi\u00adsi\u00f3n, muy autorizado en la materia, seg\u00fan el cual el santo habr\u00eda nacido en 1581; no obstante, sin re\u00adchazar categ\u00f3ricamente esta opini\u00f3n, me atengo a la primera de estas fechas, que alega en su favor el haber sido juzgada durante tres siglos y medio co\u00admo la exacta.<\/em><\/p>\n<p><em>Finalmente, incurro con tanto menor escr\u00fapulo <\/em><em>en este error \u2014si error va en ello\u2014 cuanto que <\/em><em>\u00e9ste nada quita al ardiente y piadoso homenaje que <\/em><em>me propuse tributar a Vicente, lo cual para m\u00ed era lo principal.<\/em><\/p>\n<p><em>Esto dicho, s\u00f3lo me queda recomendar insistente\u00ad<\/em><em>mente a mis lectores \u00a1\u00e1vidos de documentarse acer\u00ad<\/em><em>ca de esta cuesti\u00f3n, las, hermosas y sabias obras del <\/em><em>R. P. Coste: Saint Vincent de Paul. Correspondan<\/em><em>ce, documents, <\/em>14 vol. in 8\u00b0, Gabalda.<\/p>\n<h2>Primera parte<\/h2>\n<h3>Las Landas<\/h3>\n<p>Nada existe sobre la tierra que a cada hora y aun a cada segundo no sufra incesante cambio <em>y <\/em>transformaci\u00f3n. Todo evoluciona en la naturaleza y en la historia, en el hombre y en su obra ef\u00edmera, en todo lo cual vemos cum\u00adplirse como en virtud de un orden necesario, un perpetuo y regular trabajo de construcci\u00f3n y destrucci\u00f3n, de ruina y restauraci\u00f3n en orden a un fin ignorado al par que exi\u00adgido, tan dif\u00edcil y lejano que parece fuera de alcance, ex\u00adceptuando a aquel Ser divino en quien encontramos \u00fani\u00adcamente lo inmutable y perfecto.<\/p>\n<p>Toda naturaleza, a\u00fan la m\u00e1s intangible, ofrece ejem\u00adplos perspicuos de las profundas modificaciones que en el decurso de las edades y a pesar de su aparente estabilidad realiza por s\u00ed misma o sufre bajo las manos de quien la reduce a servidumbre. Las regiones m\u00e1s aisladas y salva\u00adjes cuyos desiertos hab\u00edan opuesto durante muchos a\u00f1os barreras infranqueables a toda empresa humana, se han visto obligadas a ceder ante la ofensiva reiterada del \u00abma\u00advimiento\u00bb, misterioso como una ley venida de lo alto.<\/p>\n<p>Dos mapas del \u00c1frica con un siglo escaso de distancia nos asombran. En el de ayer medio continente se extiende l\u00fagubremente desierto ocupado por estas solas palabras: \u00abHic sunt leones\u00bb. En el de hoy la misma extensi\u00f3n desapa\u00adrece bajo un aluvi\u00f3n de nombres nuevos y bajo el trazo de las largas carreteras construidas a trav\u00e9s del desierto por el paso de los veh\u00edculos motorizados.<\/p>\n<p>En todos los pa\u00edses del mundo sucede lo mismo, y en Francia igual o m\u00e1s que en otras partes. Especialmente en algunas de sus regiones es m\u00e1s visible tal variaci\u00f3n de poblaci\u00f3n, de vida y de topograf\u00eda que el tiempo cons\u00adtruye, destruye y reconstruye.<\/p>\n<p>Las Landas, nuestro punto de partida, nos ofrece un ejemplo \u00fatil y adecuado de semejantes diferenciaciones hist\u00f3ricas. Aunque esta regi\u00f3n, poco afortunada a pesar de su especial belleza, se cuenta entre las menos evolucio\u00adnadas, no se asemeja actualmente en nada a lo que fuera en las postrimer\u00edas del siglo XVI, cuando ostentaba a la par de las provincias m\u00e1s favorecidas cierto aspecto de \u00abcontempor\u00e1neo\u00bb en el cual si la Francia de hoy d\u00eda se mirase le ser\u00eda imposible reconocerse. Aspecto inquietante y tenebroso, exacerbado por continuas preocupaciones y perpetuas angustias. D\u00edas aquellos vividos bajo el azote de las guerras civiles y religiosas, mutuamente agravadas y exacerbadas. Nadie se libraba de participar en ellas. Am\u00adbas acosaban a todos y siendo una y otra la misma reali\u00addad, acechaban al ciudadano, y lo embanderaban individual o colectivamente, de grado o por fuerza. \u00bfEra posible per\u00admanecer neutral y no decidirse por ninguno de los dos bandos? \u00a1Imposible!<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Adelante, levanta tu mano, jura sobre la Biblia o sobre la Cruz y dec\u00eddete inmediatamente! Est\u00e1s por la Iglesia o por la Reforma? No hay t\u00e9rmino medio, o cat\u00f3lico o protestante, pero dec\u00eddete por algo. De lo contrario sospechoso a ambos bandos, defendido por ninguno, te ha\u00adr\u00e1s dos veces acreedor a la muerte\u00bb.<\/p>\n<p>Vida de ansia en el espanto y la audacia cotidianas. En el umbral de cada puerta, en el oscuro hueco de la b\u00f3veda, en el \u00e1ngulo de la poterna, en lo profundo de la bodega la emboscada se agazapa invisible y segura, el cri\u00admen acecha <em>y <\/em>el asesinato merodea, Y de improviso , entre el revuelo de las capas, gritos, ayes, blasfemias y cla\u00admores. Nombres de santos y de caudillos vociferados con el de Dios entre el rel\u00e1mpago de las dagas; el fuego de los pistoletazos y de las espadas brota de alguna oculta grieta crepitando en el pu\u00f1o de gentes embozadas y des\u00adpu\u00e9s\u2026 la fuga inopinada a u\u00f1a de caballo, cosidos los jinetes a la cabalgadura, dejando tras de s\u00ed los cad\u00e1veres \u00aben cruz\u00bb del bando rival empapados en su sangre entre\u00admezclada.<\/p>\n<p>Tal era en esa \u00e9poca de fanatismo y de odio el curso de la existencia, no solo durante las horas de la noche sino a la luz del pleno d\u00eda. Los rayos del sol al alumbrar el tu\u00admultuoso cuadro parec\u00edan hacerlo m\u00e1s c\u00e1lido y extenso. Pero las gentes conclu\u00edan por habituarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>Los humildes quehaceres del vulgo apenas eran inte\u00adrrumpidos. Pasada la avalancha, volv\u00eda el trabajador al ca\u00adllej\u00f3n estrecho, teatro de emboscadas, para reparar los mu\u00adros batidos por los estoques, el vitral desmenuzado del cual pend\u00edan las guarniciones de plomo, o la muestra que se ba\u00adlanceaba maltrecha en el dintel de la tienda.<\/p>\n<p>\u2014Sin duda, pensar\u00e1 alguno, tal era la suerte fatal de las ciudades, de los lugares donde pululan las grandes mu\u00adchedumbres, donde forzosamente por inevitable contacto estallan al menor choque las pasiones siempre dispuestas a lo tr\u00e1gico, al tener como c\u00f3mplices la concupiscencia del crimen y la sed del incendio. Pero\u2026 en la campa\u00f1a, al menos en ciertos rincones donde la casi completa ausen\u00adcia de habitantes hac\u00eda imposible todo conflicto, afirmar tal no ser\u00eda un absurdo? \u00bfNo reinar\u00edan all\u00ed la paz y el bienestar?<\/p>\n<p>\u2014Tampoco. \u00bfPor qu\u00e9? Porque all\u00ed imperaba la mayor miseria, sin esperanza de recibir auxilio en toda la vaste\u00addad del horizonte, sin que nadie se acercara a remediarla trayendo v\u00edveres o limosnas, inexorablemente circundada de soledad postradora que alargando la duraci\u00f3n de los d\u00edas doblaba y agravaba el sufrimiento de las v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Tratemos de imaginarnos aquella regi\u00f3n de las Landas como era hace cerca de cuatrocientos a\u00f1os antes que va\u00adrios siglos de construcciones, de cultivos, de plantaciones, de cultura civilizadora, de mejoras de diversa \u00edndole, la transformaran en su casi totalidad. Aflig\u00eda y descorazo\u00adnaba el aspecto de su extensi\u00f3n des\u00e9rtica donde s\u00f3lo a tre\u00adchos brotaba una hierba corta y p\u00e1lida. Enseguida las estepas donde el agua, cuando no se estancaba en peque\u00ad\u00f1as marismas formaba vastas lagunas de tristeza infinita que bajo los cambiantes de la luz o la bruma cenicienta inundaban el alma de melancol\u00eda.<\/p>\n<p>Sin embargo tal desolaci\u00f3n no era general en toda la extensi\u00f3n del infausto pa\u00eds y afectaba principalmente las inmensidades pantanosas que se extienden desde Capbre\u00adt\u00f3n hasta los alrededores de Born y desde las dunas de la costa hasta los l\u00edmites del reino de Albret hasta el Adour ; pero hacia la costa, en la zona rodeada, dir\u00edase protegida por el r\u00edo, <em>se <\/em>extend\u00eda a la izquierda de su corriente una regi\u00f3n que guardando un car\u00e1cter de melanc\u00f3lica grave\u00addad y sin ser extraordinariamente rica, ofrec\u00eda en aquella \u00e9poca lejana un aspecto bastante amable y tales recursos que aunque modestos hac\u00edan all\u00ed la vida menos precaria. Al suelo inculto y llano suced\u00edase un terreno ligeramente accidentado, compacto y en comparaci\u00f3n casi rico, salpica\u00addo de ralos plant\u00edos, preludio del bosque, a trav\u00e9s de los cuales se divisaban claras lontananzas ornadas de peque\u00ad\u00f1as espesuras rumorosas. Tambi\u00e9n all\u00ed reina la soledad ine\u00advitable e indestructible pero tan distinta de aquella otra, la de las marismas muertas e inanimadas\u2026 Porque exis\u00adten, aunque parezca contradictorio, \u00absoledades animadas\u00bb que gracias a la presencia y a la particularidad de los se\u00adres que turban su quietud se vuelven m\u00e1s acabadas, m\u00e1s bellas y hasta dir\u00edanse dichosas\u2026<\/p>\n<p>Cuando el agua viviente alberga en su corriente rego\u00adcijada cambiantes azules y bullir de peces, cuando un ave furtiva se posa y trina en la rama del \u00e1rbol, cuando la bes\u00adtia hura\u00f1a, jabal\u00ed o raposa, deslumbrada un instante des\u00adgarra de s\u00fabito el matorral espeso, el rinc\u00f3n m\u00e1s oculto en el conf\u00edn del universo y m\u00e1s sumido en la soledad posee un alma que se revela y lo transfigura.<\/p>\n<p>En tales sitios el hombre adulto es raro como si te\u00admiera romper su secreto. S\u00f3lo se ven ni\u00f1os que lejos de ocultarse discurren libres, audaces y c\u00e1ndidos: los pas\u00adtores.<\/p>\n<h3>Un pastor de tantos<\/h3>\n<p>Tiene apenas siete a\u00f1os. Aunque robusto, es algo cur\u00advado de espaldas y de pesado andar. En la redondez de su cabeza fuerte y rudamente modelada se incrusta, tallada como a buril para los bustos de la historia, una nariz de\u00adprimida bajo dos pupilas negras que centellean en las \u00f3r\u00adbitas a la sombra de una frente prominente, roca de pa\u00adciencia y de voluntad. Se cubre con una gorra oscura, del color de los tejados, encasquetada hasta las orejas, que po\u00adsee privilegiadamente \u2014como los destinados a una larga ancianidad\u2014 de amplios pabellones, hechas para escuchar confidencialmente muchas cosas y para guardar con sigilo las palabras confiadas.<\/p>\n<p>Cubre sus piernas a modo de polainas con el \u00abtrabuch\u00bb de usanza inmemorial. Pende de sus espaldas una capa de lana a rayas de colores vivos y el zurr\u00f3n de lienzo donde ha puesto sin prisa y en confusi\u00f3n pintoresca una flauta, un cuchillo, tres monedas de cobre, y la peque\u00f1a cruz de madera que tallara mientras silbaba una melod\u00eda\u2026 jun\u00adto con el queso y la galleta que ser\u00e1n su almuerzo del me\u00addiod\u00eda, pues es de ma\u00f1ana, una ma\u00f1ana de primavera fres\u00adca y deliciosa adornada de neblina blanca que poco a poco se disipa dejando al descubierto el modesto reba\u00f1o, los abundantes copos de lana de los carneros y un perro ove\u00adjero de larga y pendiente lengua.<\/p>\n<p>A manera de cayado empu\u00f1a una vara terminada en horqueta en la cual se apoya andando a pasos cortos. Los carneros son de marchar lento y hay que darles tiempo de mordisquear a su placer las hierbas y<sup>.<\/sup> el musgo empapado en roc\u00edo.<\/p>\n<p>Al ver al muchacho avanzando, deteni\u00e9ndose, volvien\u00addo a marchar, dir\u00edase que erra al azar seg\u00fan su capricho o el de las bestias. Parece ir tras ellas y sin embargo las gu\u00eda. Y es que suavemente, con el adem\u00e1n y la voz, con el roce del bast\u00f3n y con el pensamiento que ellas adivinan, las dirige seg\u00fan su voluntad. Instintiva y decididamente sabe a d\u00f3nde va, adonde las lleva, lo m\u00e1s conveniente pa\u00adra sus ovejas y las ama y vive para ellas. Tiene presente que le han sido confiadas y que es su obligaci\u00f3n restituir\u00adlas al redil exentas de da\u00f1o. As\u00ed transcurre el tiempo has\u00adta la hora del mediod\u00eda, reconocida por la posici\u00f3n del sol; entonces se sienta sobre la tierra y come con apetito su pan y su queso. Entre bocado<sup>,<\/sup> y bocado obsequia alg\u00fan trozo a su perro, sentado tambi\u00e9n \u00e9l como un ser humano mientras en las inmediaciones los carneros, para quienes la vida es pacer, prosiguen con el extremo de sus hocicos segando el suelo eterno.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s el ni\u00f1o, el perro y el min\u00fasculo reba\u00f1o vuelven a partir a igual paso, prudente y lentamente hasta termi\u00adnar el recorrido cotidiano. Este itinerario no es id\u00e9ntico todos los d\u00edas. Ayer por el bosque, hoy por el llano, ma\u00f1a\u00adna por la ribera. Pero sea cual sea, a la hora en que la noche se eleva de la tierra hacia el cielo descolorido, el peque\u00f1o grupo entonces m\u00e1s compacto, se re\u00fane en el pun\u00adto habitual desde el cual vuelve a la casa paterna.<\/p>\n<h3>La casa<\/h3>\n<p>Es tan humilde, oculta y agazapada que s\u00f3lo se la dis\u00adtingue desde muy cerca. Muy baja y extendida, sin altos, est\u00e1 construida a base de paja y barro, con tabiques de ma\u00addera. Entre dos peque\u00f1as ventanas guarnecidas de posti\u00adgos, una puerta s\u00f3lida y r\u00fastica da acceso al vasto local con piso de tierra endurecida que sirviendo a la vez de cocina, sala y dormitorio, constituye todo el alojamiento de la familia.<\/p>\n<p>Frente a la entrada entreabre su boca de horno, en\u00adnegrecida por el fuego de tantos inviernos, la chimenea coronada por penachos de holl\u00edn. En el medio, la mesa maciza y larga, ocupada por un plato y un fuent\u00f3n, re\u00fane en torno suyo dos bancos y varios taburetes. Las herra\u00admientas penden de las paredes y sobre repisas descansan los utensilios dom\u00e9sticos. Por fin arrinconados en los \u00e1n\u00adgulos y en discreto alejamiento, los lechos extienden su si\u00adlueta augusta y reposante.<\/p>\n<p>La tela de sus doseles ondea al menor soplo como el vuelo de un manto. Y eso es todo.<\/p>\n<p>Pero no. \u00bfQu\u00e9 es ese rumor que se escucha tras la cocina a trav\u00e9s del tabique? \u00bfVive alguien all\u00ed? S\u00ed; son seres amigos, valiosos, necesarios. Es el establo que comu\u00adnica con la habitaci\u00f3n principal por medio de postigos co\u00adrredizos situados a la altura de un hombre para poder vi\u00adgilarlo y adem\u00e1s porque entre los campesinos de car\u00e1cter humano y bondadoso los animales forman parte de la fa\u00admilia por tradici\u00f3n perpetua.<\/p>\n<p>No ser\u00eda justo, estando ellos tan cerca y siendo pro\u00adpensos a resentirse, darles el disgusto de tenerlos aislados y como en penitencia. Por eso despu\u00e9s de oscurecer, desde fines de oto\u00f1o y durante el invierno cuando todos rodean el lugar donde se columpia y ensortija la llama y en verano cuando puertas y ventanas permanecen abiertas hasta el alba como ext\u00e1ticas ante el cielo :tachonado de estrellas, mientras la madre golondrina duerme en su nido prima\u00adveral cobijando a sus peque\u00f1uelos\u2026 entonces los posti\u00adgos de separaci\u00f3n se deslizan sobre las ranuras, el buey asoma su cabeza, mugiendo, no estrepitosamente como en el campo, sino s\u00f3lo para dar las gracias y los carneros de escasa altura pero deseosos tambi\u00e9n ellos de ver, se ende\u00adrezan sobre sus patas traseras para apoyar sobre el borde, al menos un instante, su mand\u00edbula siempre rumiante como entre sue\u00f1os\u2026<\/p>\n<p>Pero las dulzuras de tal intimidad y comunicaci\u00f3n se gustan m\u00e1s en invierno que en verano.<\/p>\n<p>En la bella estaci\u00f3n los reba\u00f1os no pasan de ordinario la noche en el redil y quedan fuera hasta la ma\u00f1ana siguien\u00adte, mientras que en la estaci\u00f3n rigurosa las prontas tinie\u00adblas y los d\u00edas breves con sus noches interminables reser\u00advan a la vida vesperal del campesino los m\u00e1s s\u00f3lidos en\u00adcantos siempre dispuestos a grabarse en los esp\u00edritus sen\u00adcillos. Tambi\u00e9n ellos debieron impresionar al extraordina\u00adrio ni\u00f1o cuya historia intentamos reanimar piadosamente hasta en sus m\u00e1s sencillos pormenores.<\/p>\n<h3>Su familia<\/h3>\n<p>Al regresar del pastoreo no encontraba un hogar fr\u00edo y triste. Su dulce claridad se insinuaba en el alma del ni\u00ad\u00f1o aun estando ausente. Se sab\u00eda esperado en su lugar ha\u00adbitual siempre reservado aunque se retrasara.<\/p>\n<p>Conservaba viviente en su coraz\u00f3n infantil las im\u00e1ge\u00adnes de los seres queridos que constitu\u00edan para \u00e9l toda la humanidad: su padre, su madre, sus tres hermanos y sus dos hermanas. Por eso apresuraba el paso conforme se acercaba a la intimidad alentadora del hogar y divisaba su lejana humareda. Al llegar, las bestias se encaminan por s\u00ed mismos al abrigo en procura del sue\u00f1o reconfortante.<\/p>\n<p>Vuelve a contemplar los mismos rostros que desde la ma\u00f1ana han cambiado tan poco como las cosas. Se sienta a la mesa. Durante la cena se habla poco.<\/p>\n<p>Cada cual narra seg\u00fan su edad y ocupaci\u00f3n los menores acontecimientos del d\u00eda. El a su vez cuenta los suyos: la espina extra\u00edda de la pata de su perro, la garza que pas\u00f3 tan alto que ni el pico se distingu\u00eda\u2026 Lo escuchan con atenci\u00f3n: esos hechos tienen su importancia. Despu\u00e9s s\u00ed no hay motivo especial para velar no permanecen inertes perdiendo el tiempo. A una se\u00f1al del padre que preside comienza de rodillas la oraci\u00f3n en com\u00fan. Los animales que escuchan el murmullo y que tal vez oscuramente per\u00adciben su sublimidad, retroceden bajando la cabeza. Des\u00adpu\u00e9s de la se\u00f1al de la cruz los postigos corredizos se cie\u00adrran como el ventanillo de un claustro; la peque\u00f1a l\u00e1m\u00adpara suspendida en la pared, de antigua forma y llama oscilante con evocaci\u00f3n de catacumbas, siente su luz apa\u00adgada de un solo soplo, y cada cual se tiende, seg\u00fan su sitio, en la oquedad de los viejos lechos o en el colch\u00f3n extendido en el suelo sobre la hojarasca de ma\u00edz.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1n bello es el sue\u00f1o en com\u00fan de esta familia! Sue\u00ad\u00f1o profundo de fatiga y de paz, puro y tranquilo, ininte\u00adrrumpido como el de los ni\u00f1os y durante el cual mientras el cuerpo reposa se recogen los pensamientos. Sue\u00f1o en que el alma contin\u00faa pidiendo y dando gracias mientras las plegarias musitadas cuando el esp\u00edritu y los ojos todav\u00eda vigilaban caminan silenciosas a su destino.<\/p>\n<p>No eran los Depaul gente basta y nada ten\u00edan de gro\u00adsero o brutal. Dios los hab\u00eda librado de la miseria y de sus males. Pose\u00edan el mayor de los bienes : un retazo de tierra. Eran modestos campesinos pero m\u00e1s amantes de la altivez y de la honra que un habitante de la ciudad, ricos en su pobreza con la fortuna sabia del que no ambiciona ni envidia, aparentemente desdichados pero realmente di\u00adchosos con la felicidad de quien se contenta con poco y to\u00addo lo agradece.<\/p>\n<p>Nobles, en fin, pero en la m\u00e1s alta acepci\u00f3n del vo\u00adcablo y del objeto, de las ideas y de los sentimientos con la prueba aut\u00e9ntica de ambo apellidos paterno y materno, \u00e9l Juan <em>de <\/em>Paul, ella Bertrade <em>de <\/em>Moras, nombres que hu\u00adbieran reclamado con justicia sus pergaminos y ejecuto\u00adrias. \u00bfPero c\u00f3mo hubiera sido posible a gente tan pobre enorgullecerse de su nobleza? Tan lejos de ellos estaban que para disipar toda duda y no aparecer estim\u00e1ndose por sobre su condici\u00f3n, el jefe de la familia no quiso hacerse llamar m\u00e1s que \u00abSe\u00f1or Vicente\u00bb. Estas dos palabras des\u00adpojadas as\u00ed de todo t\u00edtulo le bastaban para mantener su rango de simple<sup>,<\/sup> labrador. <em>Se\u00f1or Vicente\u2026<\/em><\/p>\n<p>Tal era el nombre que pensaba legar a sus hijos: os\u00adcuro, desconocido pero sin tacha, que el tercero de ellos, su preferido, habr\u00eda de coronar de gloria en los cuatro \u00e1ngulos del mundo, y con el honor de los altares en la eter\u00adnidad.<\/p>\n<p>En espera del futuro custodiaba el reba\u00f1o paterno. Genoveva, Juana de Arco, Vicente\u2026 Tr\u00edptico pastoril \u00edntimo y sublime que extiende su influjo m\u00e1s all\u00e1 de las tres tablas que lo componen sin limitarlo. Semejanza misteriosa, ense\u00f1anza y prueba que esclarece la mente y la sumerge en el ensue\u00f1o\u2026<\/p>\n<p>\u00bfNo es conmovedor y sobremanera instructivo consi\u00adderar que las m\u00e1s sublimes vocaciones han tenido su prin\u00adcipio en ocupaciones tan vulgares que apenas emergen de lo com\u00fan? \u00bf C\u00f3mo no percibir en ello intencionalmente oculta la necesidad, el honor de la elecci\u00f3n divina e invi\u00adsible Cu\u00e1nto echar\u00edamos de menos en esos tres salvado\u00adres si no hubiesen sido pastores! \u00bfNo nos parecer\u00edan faltos de poes\u00eda \u2014lo cual no disminuir\u00eda su m\u00e9rito\u2014 pero lo que es m\u00e1s grave por debajo de sus actuales grandezas? Su exaltaci\u00f3n a la apoteosis, \u00bfser\u00eda concebible sin semejante punto de partida? \u00bfHubiera sido posible sin \u00e9l? Pregun\u00adtas precipitadas y apasionantes surgen ante los pasos de estos tres adolescentes en su marcha pastoril por los bos\u00adques de Lutecia, de Lorena o por los campos arenosos de Las Landas en seguimiento de id\u00e9ntica ruta. \u00bfSer\u00e1 tal vez en virtud de un contraste efectivo y patente que la custodia de los hombres, de las almas, de la patria, haya de apren\u00adderse entre ovejas? Lo cierto es que siempre ser\u00e1 signi\u00adficativo el que estos tres modelos de energ\u00eda, de actividad f\u00edsica y moral ininterrumpida, de hero\u00edsmo entusiasta, ha\u00adyan tenido su preparaci\u00f3n en semejante escuela de lenti\u00adtud, de silencio y de inacci\u00f3n. Tal vez la tranquilidad pa\u00adc\u00edfica y casi deprimente de los prados los templ\u00f3 para el tumulto de sus existencias, para los &#8216;Choques de sus com\u00adbates futuros y la sujeci\u00f3n a innumerables pruebas. Sea como fuere, el hecho persiste soberano, ante el cual s\u00f3lo resta doblegarse o mejor arrodillarse.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tales reflexiones lo que parec\u00eda ofrecer as\u00adpectos contradictorios se desvanece. Lo asombroso se disi\u00adpa para transformarse en luminoso.<\/p>\n<p>Probablemente hacia el 6.\u00b0 a\u00f1o de su vida comenz\u00f3 Vi\u00adcente a guardar el reba\u00f1o y continu\u00f3 haci\u00e9ndolo hasta los doce. Seis a\u00f1os en compa\u00f1\u00eda de sus ovejas, de la ma\u00f1ana a la noche, viviendo a la intemperie y lejos de los hombres. Alejarse de los hombres es acercarse a Dios, se pensar\u00e1. Inmejorable educaci\u00f3n para tan cortos a\u00f1os. \u00bfPero c\u00f3mo a tal edad obtendr\u00eda provecho de la majestuosa y ben\u00e9fica compa\u00f1\u00eda? Dif\u00edcil suponerlo. Tal vez a\u00fan el ni\u00f1o lo igno\u00adra. S\u00f3lo Dios sabe que est\u00e1 muy cerca de aquel hombre del ma\u00f1ana y en camino hacia El.<\/p>\n<p>Examin\u00e9moslo sin embargo y observ\u00e9moslo vivir en \u00e9sta \u00e9poca de su vida carente de historia.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ve? Siempre los mismos paisajes limitados o prolongados por los mismos horizontes en variaci\u00f3n eter\u00adna seg\u00fan el colorido de los meses, los cambiantes de la luz o el capricho del viento en los matorrales de las parcelas vecinas, en el \u00e1rbol, en la nube.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 oye? El canto entrecortado del ave, el quebrar\u00adse de la rama, el rodar de la piedra, el balar de sus ove- judas, el rete\u00f1ir de cencerros en los cuellos oscilantes de las mismas, el extra\u00f1o vibrar de su propia voz dirigida al reba\u00f1o y el pisotear de menudas patas en la arena\u2026 Y dominando el conjunto, el rumor arrollador e imponente del silencio donde vibran los ecos del mar que en los leja\u00adnos confines de la llanura bate sus olas contra el Golfo de Gascu\u00f1a. All\u00ed no resuenan otros rumores. Ni siquiera el ladrido de su perro. \u00bfA qu\u00e9 ladrar en tama\u00f1a soledad? \u00bfA los lobos? Los hay en verdad, pero en lo profundo del bosque de donde no salen m\u00e1s que en las noches inverna les cuando los fr\u00edos rigurosos los aguijan y arrojan de sus escondrijos.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 pensar\u00eda Vicente en el curso de las horas mon\u00f3tonas en el correr de las cuales s\u00f3lo se le ofrec\u00eda la ocupaci\u00f3n de pensar? La respuesta es f\u00e1cil. A trav\u00e9s de las ondas de luz y de sonido que her\u00edan suavemente sus ojos y o\u00eddos, consideraba ante todo sus humildes deberes cotidianos, campestres y dom\u00e9sticos. Pensaba en el pese\u00adbre del establo, en el heno de las yacijas, en la hierba, la le\u00f1a y el agua fresca \u2026 insistiendo mentalmente para no olvidar ning\u00fan detalle. Despu\u00e9s arreaba el recuerdo de sus hermanos y hermanas reunidos en torno a los padres ve\u00adnerados a cuyos pies se pon\u00eda con ternura, desde la au\u00adsencia lejana, atento a lo que hab\u00edan conversado la v\u00edspe\u00adra y los d\u00edas anteriores.<\/p>\n<p>Por la noche, especialmente en la estaci\u00f3n invernal, la conversaci\u00f3n familiar reun\u00eda a todos en torno a la lum\u00adbre crepitante de los pi\u00f1ones. Siempre el mismo inagota\u00adble tema: la inmensa desolaci\u00f3n del reino de Francia, pre\u00adsa de la guerra civil y religiosa. Remontando el curso de los a\u00f1os anteriores a la falsa paz de Basilea evocaban des\u00adde el fondo de sus esp\u00edritus acontecimientos dolorosos e inolvidables, volviendo a trazar incansablemente la dolo\u00adrosa historia: cat\u00f3licos y protestantes despedazando la Igle\u00adsia, desgarr\u00e1ndola, oblig\u00e1ndola a seguir sus inspiraciones; los primeros para conservarla intacta y defenderla, los se\u00adgundos para reformarla y rejuvenecerla, sin otro recurso para lograr su intento que la violencia y el crimen. Con ellos se mancharon y degradaron en especial los Hugono\u00adtes. \u00a1Cu\u00e1ntas provincias mostraban al desnudo las heri\u00addas por ellos abiertas! Pero entre todas el B\u00e9arn y la re\u00adgi\u00f3n de Gascu\u00f1a habitada por los Depaul hab\u00eda soportado el furor de sus estragos. Evocaban, santigu\u00e1ndose de espanto, al Se\u00f1or de Montgomery, hombre nefasto y diab\u00f3\u00adlico, tal cual lo vieran pasar entre el estr\u00e9pito de sus ban das, a caballo, armado de pies a cabeza, cubierto de negro casco tudesco cuyo penacho de plumas negras y rojas le azotaba la espalda hasta la silla. As\u00ed debi\u00f3 mostrarse en otros tiempos el d\u00eda en que con lanzada furiosa y col\u00e9rica \u2014o tal vez traidora\u2014 hiri\u00f3 en la cabeza a su rey.<\/p>\n<p>\u00abEn esos endemoniados tiempos, declara el padre vol\u00advi\u00e9ndose a Vicente, nos viniste al mundo por el a\u00f1o 76. El 24 de abril\u00bb, completa la madre.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n hablaban de la Liga Santa, de su Jefe el se\u00f1or de Guisa y de aquel otro jefe protestante Enrique de Navarra, famoso despu\u00e9s de la paz de Bergerac y de Fleix. Simp\u00e1tico y popular en aquel pa\u00eds del mediod\u00eda por ser originario de all\u00ed cerca, se conciliaba los corazones a pesar de su religi\u00f3n. Su casamiento con la reina Margarita hab\u00eda sido grato. En fin, se buscaba excusarle y simpati\u00adzar con \u00e9l. Sin duda era necesario que estuviese dotado de dones singulares y de una atracci\u00f3n irresistible para ser tan popular despu\u00e9s de las atrocidades cometidas por sus partidarios.<\/p>\n<p>Estos formaban en la regi\u00f3n el bando m\u00e1s considerable y fuerte. Desde Orthez, lugar escogido por centro de operaciones, dominaban y atemorizaban en un extenso \u00e1m\u00adbito. Sus depredaciones exacerbadas por el choque de las represalias sembraban el temor por doquier. Granjas in\u00adcendiadas, ganado robado o degollado, violaciones de do\u00admicilios, saqueo de conventos, chozas y capillas entrega\u00addas por igual a las llamas o la piqueta, la abad\u00eda de Sorde destruida hasta los cimientos. Nuevos suplicios reno\u00advaban la era de los m\u00e1rtires. Se les mutilaba o vaciaba los ojos. Las pilas de agua bendita estaban secas o hume\u00addecidas de un l\u00edquido oscuro y sanguinolento que enro\u00adjec\u00eda los dedos y la frente. Las fuentes bautismales eran desmenuzadas por los imp\u00edos a golpes de maza o arranca\u00addas de sus pedestales y convertidas en comedero de las piaras. Intranquilidad y sobresalto durante la semana, batalla los domingos. Todos acud\u00edan armados a los oficios o al serm\u00f3n, los unos con la Biblia pendiente del pomo de la espada, los otros empu\u00f1ando el rosario y el pu\u00f1al. Las v\u00edsperas solemnes acababan casi siempre en esc\u00e1ndalo. A las miradas de los escasos fieles que indignados y temblo\u00adrosos se arriesgaban a misa, las iglesias ofrec\u00edan estatuas de\u00adcapitadas bajo p\u00f3rticos oscilantes, santos convertidos en San Dionisios diferenciados de su \u00abJefe\u00bb por las extremida\u00addes convertidas en mu\u00f1ones. Las p\u00e9treas manos orantes arrojadas entre la hierba eran recogidas de noche por las mujeres que afrontando el temor las guardaban en sus ca\u00adsas como reliquias. Entre los santuarios m\u00e1s azotados se contaba especialmente uno del mismo territorio de Pouy impotente para evitar el furor del sacrilegio. Era el m\u00e1s modesto y pobre pero el m\u00e1s venerado desde antiguo: la capilla de N. Se\u00f1ora de Buglose, lugar de innumerables peregrinaciones para los habitantes de Las Landas y los Piri\u00adneos. De \u00e9l solo quedaban ruinas informes. Los protestan\u00adtes lo hab\u00edan incendiado y la estatua milagrosa hab\u00eda desa\u00adparecido, seg\u00fan unos presa de las llamas, seg\u00fan otros ro\u00adbada y escondida. Tal destrucci\u00f3n e incertidumbre acerca de la santa imagen hab\u00eda enfervorizado m\u00e1s a\u00fan la fe de los habitantes en su protectora.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, en la incesante y let\u00e1nica evocaci\u00f3n de viejas calamidades, que sin \u201evislumbre del final, azotaban y sa\u00adcud\u00edan a los hombre<sup>&#8211;<\/sup>como espigas en la era\u2026 y en la exhortaci\u00f3n serena a la paz y confianza en Dios\u2026 trans\u00adcurr\u00edan las tardes y las vigilias en el tranquilo solar de los Depaul. Estas narraciones hogare\u00f1as casi siempre repeti\u00addas en los mismos t\u00e9rminos, a las misma&#8217; horas, eran es\u00adcuchadas por Vicente como por vez primera; entre sus im\u00e1\u00adgenes se adormec\u00eda, de ellas se nutr\u00edan sus sue\u00f1os, ante ellas despertaba, con ellas recorr\u00eda eriales y bosques don\u00adde persist\u00edan obsesion\u00e1ndolo. As\u00ed pasaron seis a\u00f1os de so\u00adl\u00edcita vida pastoril entre un grupo de ovejas, seis a\u00f1os de profundo silencio y soledad perfecta, implacable en su mo\u00adnoton\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 sospechar el contenido de planes fan\u00adt\u00e1sticos, de pensamientos l\u00fagubres, pesimistas, de recogi\u00admiento, de meditaci\u00f3n, capaz de encerrarse en ese per\u00edo\u00addo, aun en el caso de un ni\u00f1o cuyos proyectos, deseos, pa\u00adsiones apenas nacidas pugnan por manifestarse al exte\u00adrior? Mundo y abismo, sima o c\u00faspide que igualmente pro\u00adducen el v\u00e9rtigo. Tal g\u00e9nero de existencia abate y embo\u00adta a no ser que liber\u00e1ndose en alas del esp\u00edritu todo el ser se eleve a lo excelso. Entonces de un pastor puede nacer un artista, un m\u00fasico, un poeta, un soldado, un sabio, un genio o lo que es m\u00e1s un santo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Presentaci\u00f3n Por el P. Pierre Coste, sacerdote de la Misi\u00f3n. Fue una excelente suerte para san Vicente de Pa\u00fal tener al Sr. Henri Lavedan como bi\u00f3grafo. 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