{"id":123698,"date":"2016-09-03T12:00:35","date_gmt":"2016-09-03T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=123698"},"modified":"2016-08-06T07:34:11","modified_gmt":"2016-08-06T05:34:11","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-12\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 12"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XII: El doctorado en Letras<\/h2>\n<p><i>\u00abDante y la filosof\u00eda cat\u00f3lica\u00bb.\u2014Sustentaci\u00f3n de la tesis.\u2014Muerte de su madre.<\/i><\/p>\n<p>1839<\/p>\n<p>El viaje a Italia de 1836 y la estancia en Florencia que lo hab\u00eda coronado hab\u00eda puesto a Ozanam en presencia de Dante. Mas la figura del gran poeta no era a\u00fan para \u00e9l sino una de esas cosas vis\u00adlumbradas que sent\u00eda la necesidad y el deseo de volver a ver m\u00e1s de cerca. As\u00ed se expresaba en una carta, dos a\u00f1os despu\u00e9s de su regreso:<\/p>\n<p>\u00abNo podemos pasar por ninguna parte sin dejar jirones de nues\u00adtros afectos, como los corderos dejan su lana en las espinas. Duran\u00adte el breve viaje que hice hace dos a\u00f1os a Italia, comprob\u00e9 de sobra esta fatalidad de nuestra naturaleza. Todas las bellas cosas que contempl\u00e9 all\u00ed me causaron menos alegr\u00eda, en esa primera visita, que tristeza al tener que dejarlas. Entr\u00e9 en Roma bostezan\u00addo, sal\u00ed con los ojos llenos de l\u00e1grimas. Roma, Florencia, Loreto, Mil\u00e1n, G\u00e9nova, todos esos lugares han conservado algo de m\u00ed mis\u00admo; y cada vez que pienso en ello, me parece que debo regresar para llevarme ese algo que qued\u00f3 all\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Una de esas cosas entrevistas por \u00e9l, pero a\u00fan inexplicadas, es el amplio lugar que ocupaba en su memoria, no s\u00f3lo la patria ita\u00adliana, sino la propia Iglesia, ese Dante de quien vio la cabeza co\u00adronada de laurel por el pincel de Rafael surgir de entre la asam\u00adblea de los pont\u00edfices y de los doctores, en su c\u00e9lebre cuadro de la <i>Disputa del Santo Sacramento.<\/i><\/p>\n<p>\u00abCuando \u2014escribe\u2014 realizando una peregrinaci\u00f3n en que se ha so\u00f1ado mucho, va uno a visitar Roma y sube, estremecido de piadosa curiosidad, la gran escalera del Vaticano, despu\u00e9s de haber recorrido las maravillas de todas las \u00e9pocas y de todos los pa\u00edses del mundo, reunidas en la hospitalidad de esa magn\u00edfica morada, se llega a un lugar que puede llamarse el santuario del arte cristiano: son las Loggias de Rafael.<\/p>\n<p>\u00abEl pintor represent\u00f3 en una serie de frescos hist\u00f3ricos y sim\u00adb\u00f3licos las grandezas y los beneficios del catolicismo. Entre esos frescos, hay uno en que el ojo se detiene con m\u00e1s amor, ya sea por la magnificencia del tema o por la afortunada ejecuci\u00f3n. El Santo Sacramento aparece sobre un altar elevado entre el cielo y la tie\u00adrra. El cielo que se abre deja ver en su esplendor a la Trinidad divi\u00adna, a los \u00e1ngeles y los santos; en tanto que la tierra est\u00e1 coronada con una numerosa asamblea de pont\u00edfices y doctores. En medio de uno de los grupos, dist\u00ednguese una figura notable por la originali\u00addad de su car\u00e1cter, ce\u00f1ida la cabeza, no con una tiara y una mitra, sino con una guirnalda de laurel. Y, si recapacita uno, bajo esos rasgos poderosos y graves, reconoce a Dante Alighieri.<\/p>\n<p>\u00abEntonces se pregunta uno con qu\u00e9 derecho la imagen del poeta ha sido introducida entre la de los venerables testigos y defensores de la fe en ese divino Misterio, pintado a la vista de los papas y en la propia ciudadela de la ortodoxia\u00bb.<\/p>\n<p>Esa cuesti\u00f3n, una vez planteada en el esp\u00edritu de Ozanam, no le dej\u00f3 punto de reposo hasta que encontr\u00f3 su respuesta expl\u00edcita en la vida y las obras del gran florentino. Ese d\u00eda Dante y \u00e9l ce\u00adlebraron una alianza.<\/p>\n<p>Un estudio literario, filos\u00f3fico, hist\u00f3rico, que introducir\u00eda al es\u00adcritor en plena Edad Media, con sus creencias, sus santos, sus ins\u00adtituciones, sus costumbres, su poes\u00eda, sus artes no era para desagra\u00addar a un joven y apasionado disc\u00edpulo de aquella escuela arcaica de 1830 que, con Montalembert, R\u00edo, Overbeck, V\u00edctor Hugo, re\u00adsucitaba en todas partes sus monumentos olvidados, despreciados y hasta mutilados. De la Edad Media, Ozanam escrib\u00eda po\u00e9tica\u00admente a <sub>.<\/sub>Janmot que \u00abesos tiempos lejanos le daban la impresi\u00f3n de esas islas encantadas de que hablan los poetas, en que se cogen frutas y se bebe en r\u00edos que hacen olvidar la patria, con el encanto de las haza\u00f1as, de las leyendas, de las tradiciones y la opulenta ri\u00adqueza de los monumentos.<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto a m\u00ed \u2014a\u00f1ade\u2014 s\u00e9 que mis estudios sobre Dante me inspiraron algo parecido a mi viaje a Roma. Esa servidumbre dulce y voluntaria que se adue\u00f1a del alma entre las ruinas hace que tambi\u00e9n se complazca en medio de los recuerdos. \u00bf Y qu\u00e9 son los recuerdos sino otras ruinas m\u00e1s tristes y al mismo tiempo m\u00e1s cautivadoras que aquellas que cubren la hiedra y el musgo? \u00bf Y no es tan piadoso estudiar las leyendas y las tradiciones de nuestros ma\u00adyores como ir a sentarse sobre los escombros de los acueductos y de los templos con que la antig\u00fcedad ha sembrado el suelo?\u00bb<\/p>\n<p>No era a\u00fan sino el encanto intelectual. Mayor era para Ozanam el inter\u00e9s religioso de un estudio que iba a ofrecerle una amplia y bella materia para la exposici\u00f3n doctrinal e hist\u00f3rica de la acci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica a trav\u00e9s de las edades obscuras que se propo\u00adn\u00eda iluminar con la luz verdadera. Fue lo que lo decidi\u00f3 en primer lugar, como lo escrib\u00eda a Janmot desde noviembre de 1836: \u00abCreo que ya te dije que una de mis tesis versa sobre la filosof\u00eda de Dante. Esto me llev\u00f3 a un largo estudio de este poeta. Estudio tambi\u00e9n su \u00e9poca; y, esforz\u00e1ndome de ahondar un poco algunas cuestiones obs\u00adcuras, no me canso de admirar la acci\u00f3n de los papas en la Edad Media\u00bb. He aqu\u00ed para la historia.<\/p>\n<p>Mas, en el poema de Dante, lo que se hab\u00eda observado menos hasta entonces era su filosof\u00eda. Y, de la Edad Media, lo m\u00e1s descuidado, despreciado y por ende ignorado aun de los cat\u00f3licos es esa filosof\u00eda escol\u00e1stica considerada como abstrusa, abstracta, \u00e1rida, vac\u00eda y de una sutileza rayana en puerilidad. Ahora bien, esta filosof\u00eda se despliega en Dante en toda su amplitud y altura: amplio sistema de ideas que abarcan en su seno todos los conocimientos di\u00advinos y humanos; filosof\u00eda que culmina en teolog\u00eda; sabidur\u00eda de la naturaleza que llama la sabidur\u00eda de la gracia y la sabidur\u00eda de la gloria; cadena apretada y sublime que va de la tierra al cielo y que liga al tiempo con la eternidad.<\/p>\n<p>Tal es su grandeza, tal es su esplendor en Dante. Ah\u00ed, el inmenso sistema floreci\u00f3 en poema. La idea se manifest\u00f3 bajo s\u00edmbolos, encarnada en vivientes personalidades. El pensamiento se revisti\u00f3 con los colores m\u00e1s ricos de la naturaleza creada, reflejo de la na turaleza increada. Henos aqu\u00ed frente a la cosa m\u00e1s rara: una fi\u00adlosof\u00eda po\u00e9tica y popular y una poes\u00eda filos\u00f3fica y sabia; una filo\u00adsof\u00eda alada y una poes\u00eda armada. Se expresar\u00e1 en cambio en la lengua m\u00e1s melodiosa de Europa, que es tambi\u00e9n el idioma popu\u00adlar que comprenden las mujeres y los ni\u00f1os. Sus lecciones son can\u00adtos. Liberada de las f\u00f3rmulas de las escuelas, esa lengua se compla\u00adce, en Dante, en mezclarse a los m\u00e1s dulces misterios del coraz\u00f3n, a las luchas m\u00e1s ruidosas de la plaza p\u00fablica. Presentada en tal forma por su vate, nos reconciliar\u00e1 con quienes fueron sus maes\u00adtros: y los nombres de Alberto Magno, de Santo Tom\u00e1s de Aquino, de San Buenaventura volver\u00e1n a ser bellos nombres.<\/p>\n<p>\u00abEntonces, ser\u00e1 preciso confesar \u2014concluye Ozanam\u2014 que ya se conoc\u00eda el arte de pensar en aquel tiempo en que todav\u00eda se sab\u00eda creer y rezar. Tributaremos nuestro homenaje a esa hermosa ado\u00adlescencia de la humanidad cristiana hacia la cual, en nuestra \u00e9poca de tormentosa debilidad, necesitamos volver la mirada.<\/p>\n<p>\u00abEn fin \u2014dice\u2014 otro sentimiento nos ha sostenido mientras re\u00adcog\u00edamos los hechos y las ideas que se leer\u00e1n: el de la piedad filial. Eran otras flores para adornar las tumbas de nuestros padres que fueron buenos y grandes; unos granos de incienso que ofrendar so\u00adbre los altares de Aquel que los hizo buenos y grandes para sus designios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abFranqueando los l\u00edmites del espacio y del tiempo para entrar en el triple reino cuyas puertas abre la muerte, el <i>Infierno, el Pur\u00adgatorio <\/i>y el <i>Para\u00edso, <\/i>Dante coloca primero la escena de su poema en el infinito\u00bb. Es cierto; pero la acci\u00f3n del poema es humano. No, nadie de nosotros visit\u00f3 jam\u00e1s, si no es en sus meditaciones, ese triple lugar del remordimiento y de la condenaci\u00f3n, del arrepenti\u00admiento y de la expiaci\u00f3n, de la misericordia y de la eterna felicidad. Mas, detr\u00e1s de esa ficci\u00f3n, bajo los velos simb\u00f3licos y el lenguaje a menudo apocal\u00edptico en que se envuelve el pensamiento de Dante, una realidad palpita en el coraz\u00f3n de este poema: es el hombre expresado en toda su vida moral. El misterio del alma humana con sus aspiraciones, sus luchas, sus fallas, sus derrotas, sus regresos, sus divinos auxilios y sus fines eternos, tal es el espect\u00e1culo \u00edntimo que se desprende de esa prodigiosa acumulaci\u00f3n de incidentes, episo\u00addios, descripciones, disertaciones sin fin en que se corre el peligro de perderlo de vista, pero que al fin y al cabo se coordinan en esta psicolog\u00eda, como en el objeto central que los liga y les confiere o restituye su unidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, el hombre en escena no es aqu\u00ed el hombre abstrac\u00adto e imaginario de una ficci\u00f3n novelesca. Este poema es una his\u00adtoria, una historia vivida, y vivida por el mismo que la escribi\u00f3. El poeta no se inclin\u00f3 sobre esos abismos del mal y del dolor, de la expiaci\u00f3n y del perd\u00f3n, de la redenci\u00f3n y de la esperanza, sino para rememorarse, despu\u00e9s de los d\u00edas del extrav\u00edo, el retorno a esa paz perdida en el pecado, solicitada en el arrepentimiento, recuperada a los pies del Cristo misericordioso y en la cual va a reintegrarlo para siempre esa mensajera bajada del cielo y cuyo nombre amado implica ya la idea de beatitud.<\/p>\n<p>La vida del Dante, que forma el tema de uno de los cap\u00edtulos de Ozanam, nos lo representa primero enamorado, desde su juventud, del m\u00e1s puro ideal viviente de inocencia y de belleza, en la persona de una ni\u00f1a que simboliza para \u00e9l la virtud y que se la inspira: \u00abEran \u2014escribe Ozanam\u2014 sue\u00f1os celestiales en que Bea\u00adtriz se mostraba resplandeciente; era un deseo inefable y t\u00edmido de encontrarse a su paso. Era un saludo de ella, una inclinaci\u00f3n de su cabeza en que cifraba toda su felicidad; eran temores y esperanzas, que ejercitaban y depuraban su sensibilidad hasta una suma deli\u00adcadeza y lo apartaban poco a poco de las costumbres y de los cui\u00addados vulgares; m\u00e1s tarde, bastaba el pensamiento y la mirada de Beatriz para dar al joven florentino la energ\u00eda del bien y reducir el mal a la impotencia. Rodeada de sus compa\u00f1eras, mostr\u00e1base a \u00e9l como una inmortal bajada entre las mujeres de este mundo para honrar su debilidad y proteger su virtud. Arrodillada al pie de los altares, la ve\u00eda, ce\u00f1ida de una aureola, asociada al poder bienhe\u00adchor de los bienaventurados, mediadora en favor de los pecadores, y sent\u00eda la oraci\u00f3n fluir de sus labios m\u00e1s confiada y m\u00e1s f\u00e1cil\u00bb. \u00abCuando la noble mujer atravesaba las calles de la ciudad \u2014sigue escribiendo\u2014 aquellos a quienes se acercaba eran presa de un sen\u00adtimiento tan honesto que no se atrev\u00edan a levantar los ojos. Se en\u00advolv\u00eda en su humildad y su pudor como en un velo, pues parec\u00eda que no advert\u00eda esas atenciones. Y cuando hab\u00eda pasado, muchos exclamaban al retirarse: &#8216;Esta no es una mujer, sino uno de los m\u00e1s bellos \u00e1ngeles del cielo&#8217;.\u00bb<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde \u2014es la segunda fase de esa vida, la mala\u2014 Dante, sobre todo durante los a\u00f1os de su destierro, no teniendo ya la tute\u00adlar presencia de Beatriz, cae en el vicio y se hunde en \u00e9l. Lo confes\u00f3 en su poema. Al llegar a la cumbre del Purgatorio, se representa abatido, confundido, contrito ante esa Beatriz que se hace recono\u00adcer y que, desde ese elevado lugar, dice de \u00e9l en presencia de la asamblea de los \u00e1ngeles y de los santos: \u00abEste hombre cay\u00f3 tan bajo, que ya todos los medios de salvaci\u00f3n eran impotentes, excepto el de hacerle ver al pueblo de los condenados. Por eso he venido hasta la puerta de los muertos, con mis oraciones y mis l\u00e1grimas, acerc\u00e1ndome a \u00e9l\u00bb. Mientras habla as\u00ed, el gran acusado se repre\u00adsenta \u00abhumillado, llorando, cabizbajo, como un ni\u00f1ito a quien se castiga y que reconoce sus faltas\u00bb.<\/p>\n<p>Era poco. En el gran jubileo finisecular cuyos esplendores des\u00adcribe, Dante se traslad\u00f3 a Roma; y all\u00ed, postrado ante la omnipo\u00adtencia de la mano que abre o cierra el reino de los cielos, recibi\u00f3 piadosamente la absoluci\u00f3n de sus faltas. Se complace en describir uno por uno, en su poema, los actos o partes de ese sacramento de la penitencia, como otros tantos pelda\u00f1os que ha subido sucesiva\u00admente. La Dama del cielo le hab\u00eda dicho: \u00ab\u00a1Id, all\u00ed est\u00e1 la puerta: <i>Andate l\u00e1<\/i><i>, <\/i><i>quivi \u00e9 la porta!\u00bb <\/i>Era la puerta del perd\u00f3n. Beatriz ya no dejar\u00e1 al Dante hasta que lo haya introducido en el para\u00edso.<\/p>\n<p>Ah\u00ed culmina, en el poema, la triple peregrinaci\u00f3n de ultratumba. En la penitencia y la gracia de Dios termina Dante su tempestuosa existencia, pidiendo, ya cerca de expirar, que se le deje revestir la cogulla de los Hermanos Menores de R\u00e1vena.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es, en el fondo, ese poema en su raz\u00f3n de ser, en su trama y en todo el prop\u00f3sito del autor? Es el poema de la expiaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque as\u00ed fue, el ap\u00f3stol lo am\u00f3 e hizo de \u00e9l, primero el tema de su tesis y luego de su ense\u00f1anza; y es seguro que, en efecto, na\u00addie contribuy\u00f3 m\u00e1s que \u00e9l a sacar a Dante del olvido y del despre\u00adcio en que lo hab\u00edan dejado, en Francia, los tres siglos anteriores. Es preciso reconocer tambi\u00e9n que ese extra\u00f1o poema presenta tan\u00adtas oscuridades mezcladas con tan sublimes bellezas que no debe uno sorprenderse de los desprecios o antipat\u00edas que sufri\u00f3 mucho tiempo, en particular por parte del gusto franc\u00e9s. Es caracter\u00edstica del arte medieval ser a la vez infantil y sublime; lo propio ocurre con la <i>Divina Comedia, <\/i>como los p\u00f3rticos y los claustros de esas catedrales en que se mezclan a las figuras inspiradas y aureoleadas de los \u00e1ngeles y de los santos las monstruosidades y las brutales gro\u00adser\u00edas de los capiteles o de las g\u00e1rgolas.<\/p>\n<p>Por otra parte \u00bfno exager\u00f3 Ozanam el papel del simbolismo en su interpretaci\u00f3n de la gran obra dantesca? Adem\u00e1s, aunque es cierto, ciert\u00edsimo que Dante supo exponer en una hermosa luz la filosof\u00eda cristiana que fue la de su siglo \u00bf es esto una raz\u00f3n para hacer de \u00e9l un rival de Plat\u00f3n y de Arist\u00f3teles y un precursor de Bacon, de Descartes o de Leibnitz? \u00bf Hab\u00eda visto o siquiera vislum\u00adbrado Dante todo esto? Muchos se lo han preguntado. Y el joven fil\u00f3sofo \u00bf no prestaba a su h\u00e9roe la extensi\u00f3n de sus conocimientos y la amplitud de esp\u00edritu de que lo hab\u00eda dotado a \u00e9l mismo el cielo?<\/p>\n<p>En el orden pol\u00edtico, Ozanam descubre en el orgulloso patriota florentino un representante y un profeta de la democracia. \u00bfNo cede en esto a las tendencias y preocupaciones personales de su propio esp\u00edritu? Sea lo que fuere, no se confunda la democracia g\u00fcelfa y cat\u00f3lica de Dante con la democracia de los \u00absin Dios ni amo\u00bb de nuestra \u00e9poca. Ozanam viene a protestar aqu\u00ed con su m\u00e1s elocuente energ\u00eda: \u00abEn cuanto a Dante, no diviniz\u00f3 a la humani\u00addad, represent\u00e1ndola como si se bastara a s\u00ed misma, sin otra luz que la raz\u00f3n, sin otra regla que su voluntad. No la encerr\u00f3 en el c\u00edrculo vicioso de sus destinos terrenales. No coloc\u00f3 a la humanidad ni tan alto ni tan bajo. Vio que no est\u00e1 toda ella en el mundo, y le da cita en el otro, donde espera a las generaciones con la balanza del juicio final. Apoyado sobre la verdad que debieron creer y so\u00adbre la justicia que debieron servir, pesa sus obras con las pesas de la eternidad. Les muestra a derecha e izquierda el lugar que les han conquistado sus virtudes o sus cr\u00edmenes; y la muchedumbre, al o\u00edr su voz, se divide y afluye por la puerta de los infiernos o por los caminos de los cielos. As\u00ed pues, con el pensamiento de los des\u00adtinos eternos, la moralidad entra en la historia; la humanidad, hu\u00admillada bajo la ley de la muerte, se levanta por la ley del deber; y, si se le niegan los honores de una orgullosa apoteosis, se la salva tambi\u00e9n del oprobio de un fatalismo brutal\u00bb.<\/p>\n<p>Se planteaba una grave cuesti\u00f3n, que Ozanam no pod\u00eda dejar sin respuesta. Ese Dante que nos representa como uno de los fieles \u00f3rganos de la ortodoxia cat\u00f3lica romana \u00bf no habr\u00eda sido, al con\u00adtrario, por sus invectivas contra Roma y los Papas de su \u00e9poca, uno de los precursores y promotores de la Reforma? Era la interpreta\u00adci\u00f3n de la cr\u00edtica protestante. En un cap\u00edtulo de su tesis sobre <i>La ortodoxia de Dante, <\/i>Ozanam venga victoriosamente al poeta de la pretensi\u00f3n her\u00e9tica de quienes se apresuraron demasiado a saludar en \u00e9l a un antepasado. No disimula los ciegos arrebatos del deste\u00adrrado contra aquellos a quienes considera como enemigos de su patria. Mas de su ortodoxia, a pesar de todo, dan fe toda la vida del hombre, todas las p\u00e1ginas del poeta a quien cita mil veces. Luego dice: \u00abSi es cierto que Dante ha perseguido con sus invec\u00adtivas a la corte romana y a los soberanos pont\u00edfices, derramando la injuria sobre la cabeza de aquellos cuyos pies deber\u00eda haber besa\u00addo; si, arrastrado por su parcialidad, repiti\u00f3 contra los papas las calumnias de los insurrectos, si no supo estimar la piedad de San Celestino, el celo impetuoso de Bonifacio VIII, la ciencia de Juan XXII, fue por imprudencia y c\u00f3lera, por error y falta, pero no por herej\u00eda. Ese mismo Bonifacio VIII a quien inmol\u00f3 en aras de su venganza de poeta, cuando cay\u00f3, v\u00edctima augusta, en manos de los sectarios de Felipe el Hermoso, Dante no ve en \u00e9l sino al vicario y a la imagen de Cristo crucificado por segunda vez. Si estigmatiza duramente el pecado en la persona de un hombre, se inclina con respeto bajo el poder del sumo sacerdote. Para \u00e9l, el Papa sigue siendo Pedro que tiene en sus manos las llaves del reino de los cie\u00adlos, y la Santa Sede romana, el fundamento sobre el cual Dios hace descansar los destinos del mundo. El papado es una monarqu\u00eda de derecho divino a la que la otra monarqu\u00eda debe un respeto filial. La verdadera Roma, dice el poeta, es aquella cuyo Cristo es ro\u00admano: <i>Quella Roma, onde Cristo \u00e9 romano. <\/i>Esa Iglesia romana, esposa, int\u00e9rprete, secretaria de Jesucristo es incapaz de mentira y de error. Dante le reconoce la soberan\u00eda de las conciencias. Des\u00adcribe complacido la econom\u00eda del sacramento de la penitencia ; no duda ni del valor de la excomuni\u00f3n ni de la legitimidad de las indulgencias, ni del m\u00e9rito de obras satisfactorias. No se cansa de recomendar a los sufragios de los vivos las almas dolientes; pone su confianza en la intercesi\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda y de los santos. Celebra las \u00f3rdenes religiosas en el incomparable San Francisco de As\u00eds: \u00abAs\u00eds donde naci\u00f3 un sol para iluminar el mundo, como el otro sol parece a veces nacer en las bocas del Ganges\u00bb. Tal es tam\u00adbi\u00e9n Santo Domingo, defensor oficial de la ortodoxia a quien llama \u00abel amante celoso de la fe cristiana, lleno de dulzura para sus dis\u00adc\u00edpulos, terrible para sus enemigos&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Dante cuenta c\u00f3mo, en el umbral del Para\u00edso, antes de admi\u00adtirlo, San Pedro lo somete a un examen en regla sobre los funda\u00admentos y los principales art\u00edculos de la fe; y declara que el Pr\u00edncipe de los ap\u00f3stoles qued\u00f3 tan satisfecho de sus respuestas que lo abraz\u00f3 tres veces.<\/p>\n<p>En fin, aquel a quien el protestantismo quisiera convertir en un hereje, dej\u00f3 a la posteridad, como legado testamentario, un himno a la Virgen en que ofrec\u00eda las l\u00e1grimas de su coraz\u00f3n como rescate de los malos d\u00edas que hab\u00eda vivido: <i>O madre di virtute, tu del ciel donna e del mondo superna, <\/i>etc. Es uno de los m\u00e1s bellos homena\u00adjes que la Madre de Dios haya recibido de sus fieles.<\/p>\n<p>La tesis de Ozanam naci\u00f3 y se aliment\u00f3 en el dolor. En Par\u00eds, hab\u00eda tenido que abrirse camino entre las espinas de sus estudios de derecho, y defenderla contra el perpetuo asedio de las reunio\u00adnes, de las arengas, de las visitas y de los peri\u00f3dicos. De regreso a Lyon, hab\u00eda esperado encontrar en su hogar la paz y ratos libres.<\/p>\n<p>Aun se hab\u00eda hecho la ilusi\u00f3n de que la provincia pondr\u00eda mejor en su pensamiento y en su estilo su sello propio y personal que la promiscuidad literaria de Par\u00eds. Escribe de Lyon: \u00abCreo que, para quien estuviera dotado de m\u00e1s robusta constituci\u00f3n intelectual, mejor provisto de estudios anteriores, esa labor solitaria tendr\u00eda su ventaja: conservar\u00eda una originalidad que se pierde en la especie de contagio de estilo al que se encuentra uno expuesto en Par\u00eds&#8230; El esp\u00edritu se pule mejor entre vosotros, parisienses, pero s\u00f3lo a condici\u00f3n de usarlo\u00bb.<\/p>\n<p>Por otra parte, si Lyon era la soledad recogida, significaba a la par la ausencia de documentos y de informes: \u00abLa biblioteca mu\u00adnicipal es pobre en literatura extranjera. En cuanto a consejeros, s\u00f3lo tengo a mi viejo y fiel maestro de filosof\u00eda, el Padre Noirot\u00bb. Adem\u00e1s, su madre enferma, los asuntos de familia, la prosecuci\u00f3n de su candidatura a la c\u00e1tedra de derecho, y los estudios prepara\u00adtorios a esa c\u00e1tedra hipot\u00e9tica y eventual. . . En tal caso \u00bf por qu\u00e9 Dante, esa tesis, ese doctorado, esas letra? \u00abMuchas veces me he preguntado si siento apego a esta pluma ingrata por otra cosa que por amor propio y que tal vez lo mejor ser\u00eda romperla\u00bb. No, sin embargo: pues era un instrumento \u00fatil al servicio de Dios.<\/p>\n<p>El 17 de mayo, se resolvi\u00f3. Envi\u00f3 su tesis a esa Sorbona en que suplic\u00f3 a Lallier que la entregara al se\u00f1or Le Clerc, \u00abaunque la Sorbona no sea un lugar extra\u00f1o para el viejo poeta \u2014dec\u00eda el autor a su amigo\u2014. Consta que, en vida suya, hacia el a\u00f1o de gracia de 1230, Dante fue a pasar alg\u00fan tiempo en Par\u00eds; aun asist\u00eda a las clases de un tal Sigier \u2014el Cousin de entonces\u2014 en la calle du Fouarre. Vero me parece que la capital ha cambiado un poco desde entonces; que, por lo dem\u00e1s, el poeta en la actualidad est\u00e1 muy viejo y a duras penas podr\u00eda orientarse solo. A\u00f1ada usted a esto que la Sorbona de ahora se parece poco a la de San Luis; y que Dante probablemente se portar\u00eda torpemente si llegara solo a la puerta del se\u00f1or Le Clerc, que no es un Santo Tom\u00e1s de Aquino\u00bb.<\/p>\n<p>Era demasiado cierto. Cuando menos, Dante le gustaba al se\u00f1or decano, por la raz\u00f3n de que Dante le deb\u00eda un informe sobre su maestro Sigier, <i>Sigieri, <\/i>inserto en el tomo XXI de la <i>Historia li\u00adteraria de Francia. <\/i>As\u00ed pues, se enamor\u00f3 de esa tesis en que se ci\u00adtaba su nombre; y con particular benevolencia, sugiri\u00f3 a Ozanam algunas mejoras, que necesariamente exigir\u00edan tiempo. No hab\u00eda de ser la \u00fanica demora.<\/p>\n<p>Para su madre y para \u00e9l, Ozanam hab\u00eda alquilado, el verano de 1838, \u00abuna deliciosa casita en la isla Barbe\u00bb. All\u00ed debemos represent\u00e1rnoslo dando el brazo a su madre vacilante y casi ciega, en cortos paseos y largas paradas a orillas del Salirle, mientras su pensamiento volaba con Dante, de Virgilio a Beatriz y de los c\u00edrculos del <i>Inferno <\/i>a las visiones de la rosa viva de los elegidos del <i>Para\u00addiso. <\/i>Convidaba a sus amigos, llamaba con insistencia a Lallier. \u00abA su regreso de Ru\u00e1n, s\u00edrvase usted bajar a lo largo de este her\u00admoso Sa8ne hasta esta isla Barbe que le ense\u00f1\u00e9 una vez. All\u00ed, en una casita que hemos alquilado, habr\u00eda bastante lugar para reci\u00adbirlo bien, lo mismo que hay en toda mi familia amistad suficiente para alegrarnos mucho tiempo de su llegada. Sabe usted que un poco m\u00e1s lejos, all\u00ed donde este mismo r\u00edo va a perder su color y su nombre, otra hospitalidad, no menos antigua, lo esperar\u00eda: Mecido en tal forma por la dulce corriente de las aguas, entre nuestras mo\u00adradas y nuestros afectos, saludado por otros que lo aman aqu\u00ed, aco\u00adgido en nuestras Conferencias aun por aquellos que no lo conocen, pasar\u00eda entre nosotros algunos d\u00edas; y yo lo acompa\u00f1ar\u00eda a su re\u00adgreso, dichoso de prolongar nuestra reuni\u00f3n hasta esa capital que lo ha fascinado y que lo tiene encadenado, a pesar de nuestros deseos\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam llamaba a su amigo, no s\u00f3lo por el placer de la amis\u00adtad sino tambi\u00e9n en aras de la caridad y por el inter\u00e9s de su obra com\u00fan de San Vicente de Pa\u00fal. Esas dos Conferencias de Lyon que quer\u00eda presentar a Lallier, ya las conocemos: volveremos a hablar de ellas. . . La sola historia completa y fiel de Ozanam, si fuera posible, ser\u00eda aquella en que las mismas p\u00e1ginas mostrasen al mismo hombre llevando de frente, al mismo tiempo, su vida de ciencia y de caridad, de doctor y de ap\u00f3stol, de hijo y de amigo, por esos mismos senderos regados con sudor y l\u00e1grimas que son las huellas que ha dejado el Dios de la cruz.<\/p>\n<p>El 7 de enero de 1839, despu\u00e9s de varios meses pasados en Pa\u00adr\u00eds para la impresi\u00f3n y la correcci\u00f3n final de sus tesis, Ozanam las sustent\u00f3 solemnemente. El tema de la tesis latina era: <i>\u00abDe fre\u00adquenti apud veteres poetas heroum ad inferos descensu <\/i>(Del fre\u00adcuente descenso de los h\u00e9roes a los infiernos en los poetas de la an\u00adtig\u00fcedad) \u00ab. Estaba dedicada a su padre<span id='easy-footnote-1-123698' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-12\/#easy-footnote-bottom-1-123698' title='Par\u00eds, Edici\u00f3n Bailly, 1839. Con la siguiente dedicatoria: &lt;i&gt;D. O. M. Et memoriae aeternae &amp;#8211; Patris amantissimi &amp;#8211; Joannis Antonii Francisci Ozanam, &amp;#8211; Christiana fides, pauperum caritate publicae utilitatis studio commendatissimi &amp;#8211; Filius maerens. &amp;#8211; Hu\u00admanarum disciplinarum quarum semina ab eo susceperat &amp;#8211; fructus nimium seros. &amp;#8211; D. D. D. &lt;\/i&gt;(A Dios Nuestro Se\u00f1or y a la eterna memoria &amp;#8211; de mi amant\u00edsimo padre &amp;#8211; Juan Antonio Francisco Ozanam, &amp;#8211; estimabil\u00edsimo por su fe cristiana y por su caridad ha\u00adcia los pobres en aras de la utilidad p\u00fablica &amp;#8211; su afligido hijo. &amp;#8211; De las disciplinas humanistas cuya semilla recibi\u00f3 de \u00e9l &amp;#8211; son estos frutos demasiado tard\u00edos. &amp;#8211; D. D. D.).'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. La tesis francesa llevaba el t\u00edtulo: <i>De la Divine Com\u00e9die et de la Philosophie de Dante. <\/i>Estaba dedicada al se\u00f1or de Lamartine, al se\u00f1or Amp\u00e9re hijo y al se\u00f1or Noirot, su antiguo profesor de filosof\u00eda.<\/p>\n<p>Esa sustentaci\u00f3n se celebr\u00f3 con una pompa extraordinaria. Ade\u00adm\u00e1s de un p\u00fablico muy abundante, agolpado en el anfiteatro, com\u00adpuesto en gran parte de estudiantes, sesionaban nueve profesores: era la Facultad en su totalidad: el decano, se\u00f1or Le Clerc, presi\u00addente, los se\u00f1ores Saint-Marc-Girardin, jouffroy, Damiron, Guig\u00adnaut, Patin, Lacretelle y Fauriel. Los se\u00f1ores Cousin y Villemain, quienes, desde 1830, no impart\u00edan cursos fueron a ocupar su lu\u00adgar entre los jueces, todos ellos afamados, algunos ilustres. Era un jurado excepcional.<\/p>\n<p>El candidato que ten\u00edan ante ellos era un joven de suma mo\u00addestia, que mucho desconfiaba de s\u00ed mismo; pero no era t\u00edmido, ni timorato, cuando sab\u00eda que pose\u00eda la verdad, con el deber de de\u00adfenderla. Las dificultades de una interpelaci\u00f3n o de un examen, las emociones de la palabra p\u00fablica, que experimentaba con suma vivacidad, aguzaban su ingenio y serv\u00edan de acicate a sus faculta\u00addes, lejos de embotarlas; y acabamos de o\u00edrle confesar a un amigo que, mucho m\u00e1s que la palabra escrita, la palabra hablada, el sonido de un alma ten\u00eda el poder de elevarlo e inspirarlo: era todo un orador.<\/p>\n<p>El se\u00f1or de Lacretelle a quien, a pesar de su edad avanzada, se\u00adgu\u00edan llamando Lacretelle junior, profesor de historia en la Fa\u00adcultad desde 1809, figuraba entre sus examinadores. Ten\u00eda a la saz\u00f3n 74 a\u00f1os de edad, y no hab\u00eda de renunciar a su c\u00e1tedra sino hasta los 87. Hizo a Ozanam la siguiente pregunta: \u00ab\u00bf Cu\u00e1les fue\u00adron, en el siglo XVI, los maestros de la lengua y de la literatura francesa?\u00bb El candidato, en su respuesta, coloc\u00f3 en primer lugar a San Francisco de Sales; luego, por orden de fechas, con su car\u00e1cter diverso, a Rabelais, Michel Montaigne, Charron, Etienne Pasquier, etc. Inmediatamente, el viejo profesor, que probablemente jam\u00e1s hab\u00eda le\u00eddo a San Francisco de Sales, protest\u00f3 contra la primac\u00eda otorgada a ese obispo. Ozanam adujo sus razones. El se\u00f1or de La\u00adcretelle multiplic\u00f3 las objeciones, que discuti\u00f3 denodadamente el brillante y bien armado argumentista. La lucha se caldeaba. Tor\u00adn\u00f3se enconada respecto a las convicciones y los m\u00e9ritos de ese obis\u00adpo saboyense, hombre de Iglesia y de letras. Federico se encontr\u00f3 en sus posiciones m\u00e1s favorables: sucesivamente filolog\u00eda y filoso\u00adf\u00eda; doctrina y literatura. Luego, or\u00edgenes de nuestra lengua: sus oscilaciones en el siglo XV, sus fuentes en los idiomas griego, lat\u00edn, germ\u00e1nico, y su primitiva derivaci\u00f3n de las lenguas orientales: el candidato lo explot\u00f3 todo con una fuerza de dial\u00e9ctica y afortuna\u00addas citas que redundaron en el triunfo del obispo de Ginebra. El anciano profesor, acorralado, se par\u00f3 <i>ex abrupto, <\/i>no teniendo que invocar de la asistencia, .conquistada por el joven luchador, otra cosa que el respeto debido a sus canas.<\/p>\n<p>Pero el gran \u00e9xito del d\u00eda fue la argumentaci\u00f3n acerca de <i>Dante y <\/i>su filosof\u00eda. Ozanam fue inagotable sobre ese tema en que hab\u00eda meditado seis a\u00f1os. En un momento dado, se elev\u00f3 a tales alturas, que interrumpiendo la discusi\u00f3n, el se\u00f1or Cousin exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Ah, se\u00f1or Ozanam, no es posible ser m\u00e1s elocuente!\u00bb A estas palabras, la sala respondi\u00f3 con estruendosos aplausos. \u00abEra m\u00e1s que un \u00e9xi\u00adto: era una revelaci\u00f3n\u00bb, dijo el Padre Lacordaire. La dram\u00e1tica figura de Dante evocada desde el siglo XIII, con su triple aureola de poeta, de doctor y de proscrito hab\u00eda a su vez despertado su ge\u00adnio. La Sorbona no conservaba el recuerdo de un examen tan glo\u00adrioso.<\/p>\n<p>Pero las cartas de Ozanam no dicen palabra de esto. El mismo desapareci\u00f3 en silencio al d\u00eda siguiente. Lo llamaba la salud de su madre.<\/p>\n<p>Digamos inmediatamente que la respuesta de Ozanam a tantos aplausos consisti\u00f3 en esforzarse en hacer algo mejor a\u00fan, al dar a su tesis su forma definitiva, en un libro m\u00e1s completo bajo este t\u00edtulo m\u00e1s amplio: <i>Dante o la filosof\u00eda cat\u00f3lica en el siglo XIII: <\/i>\u00abMi tesis sobre Dante se ha convertido en volumen \u2014escribe a un amigo\u2014. Y si no me paro, temo que se convierta en dos. Reconoce usted en esto a su amigo\u00bb. Cuando se public\u00f3 el libro, no tardaron en salir una traducci\u00f3n inglesa, una traducci\u00f3n alemana y cuatro traducciones italianas, simult\u00e1neamente.<\/p>\n<p>El ruido de este \u00e9xito tuvo inmediata repercusi\u00f3n en la opini\u00f3n lionesa. Desde los primeros d\u00edas de febrero, el concejo municipal, con una mayor\u00eda de 24 votos sobre 36, nombr\u00f3 a Ozanam profesor de derecho comercial. S\u00f3lo faltaba que confirmara el nombramien\u00adto el ministro de educaci\u00f3n p\u00fablica. Este era el se\u00f1or Cousin. To\u00addav\u00eda bajo la impresi\u00f3n de la tesis y de la palabra que hab\u00eda aplau\u00addido, \u00e9l mismo se apresur\u00f3 a ofrecer al nuevo doctor en letras la c\u00e1tedra de filosof\u00eda del colegio de Orl\u00e9ans. Ozanam ten\u00eda, pues, opci\u00f3n entre uno y otro puesto. \u00abAqu\u00ed mismo, en Lyon \u2014escribe\u2014, todos estaban de acuerdo en creer que mis verdaderos intereses pa\u00adra el porvenir se hallaban a orillas del Loire. En cuanto a m\u00ed, con\u00adfieso que me halagaba esta perspectiva de una carrera exclusiva\u00admente intelectual, de una existencia en lo sucesivo m\u00e1s apacible y menos dividida, en fin de la proximidad de Par\u00eds. En cambio, ve\u00eda en esto mayor dependencia, el aislamiento en una ciudad descono\u00adcida; y sobre todo, la necesidad de abandonar a mi madre diez meses por a\u00f1o, con el peligro de una sorpresa como la del 12 de mayo de 1837. As\u00ed pues, respond\u00ed al se\u00f1or Cousin agradeci\u00e9ndole la c\u00e1tedra de filosof\u00eda de Orl\u00e9ans y dici\u00e9ndole que me ve\u00eda obliga\u00addo, por mis deberes familiares, a optar por la c\u00e1tedra de Lyon\u00bb.<\/p>\n<p>Por desgracia, ya s\u00f3lo pocos d\u00edas hab\u00eda de pasar con su madre. En agosto, Ozanam tuvo que ir a Par\u00eds para esos \u00faltimos asuntos; permaneci\u00f3 all\u00ed unos cuantos d\u00edas. A su regreso, el 14, la encontr\u00f3 afectada por una violenta crisis que la dej\u00f3 sumamente abatida. Estaba desahuciada. Vivi\u00f3 hasta el 14 de octubre, que fue su \u00faltimo d\u00eda. \u00abEsta larga enfermedad \u2014cuenta a Lallier\u2014 me hab\u00eda ins\u00adpirado el temor de que al apagarse poco a poco sus facultades men\u00adtales, desairara el sacrificio supremo antes de consumarlo. No tuvo que pasar por esa prueba. En los \u00faltimos momentos, se hab\u00eda rea\u00adnimado su energ\u00eda interior; y Cristo, al bajar por vez postrera en el coraz\u00f3n de su amada sierva, le dio la fuerza de los supremos combates.<\/p>\n<p>\u00abSigui\u00f3 tranquila, serena aproximadamente tres d\u00edas. Respond\u00eda cpn algunas palabras de inefable bondad maternal a nuestras cari\u00adcias y a nuestros cuidados. En fin, lleg\u00f3 la noche fatal. Yo la ve\u00adlaba. Suger\u00ed, llorando, a mi pobre madre, los actos de fe, de espe\u00adranza y de caridad que anta\u00f1o, cuando yo era ni\u00f1o, me hab\u00eda he\u00adcho balbucear. A eso de la una, me espantaron nuevos s\u00edntomas; llam\u00e9 a mi hermano mayor que descansaba en el cuarto contiguo. Carlos nos oy\u00f3 y se levant\u00f3: las criadas acudieron. Nos arrodilla\u00admos en torno de la cama. Alfonso rez\u00f3 las desgarradoras oraciones a las que nosotros contest\u00e1bamos con sollozos. Todos los socorros que reserva la religi\u00f3n para esa hora solemne, la absoluci\u00f3n, las indulgencias se le aplicaron de nuevo. El recuerdo de una vida in\u00admaculada, las buenas obras que, demasiado multiplicadas y can\u00adsadas, hab\u00edan apresurado el fin; tres hijos conservados en la fe en una \u00e9poca tan atormentada y reunidos all\u00ed por una coincidencia casi providencial; y por \u00faltimo las esperanzas ya pr\u00f3ximas de la feliz inmortalidad: todas estas circunstancias parec\u00edan unirse para mitigar el horror, para iluminar las tinieblas de la muerte. Ni con\u00advulsiones, ni agon\u00eda, sino un sue\u00f1o que dejaba en su rostro casi una sonrisa; un leve aliento que iba debilit\u00e1ndose: lleg\u00f3 el instante en que se apag\u00f3, nos levantamos hu\u00e9rfanos&#8230; \u00a1Dichoso el hombre a quien Dios da una santa madre!<\/p>\n<p>\u00abEsta grata memoria no habr\u00e1 de abandonarnos. En mi soledad actual, el pensamiento de esta escena sagrada vuelve en m\u00ed para sostenerme, para fortalecerme. Al considerar cu\u00e1n corta es la vida, cu\u00e1n pr\u00f3xima ser\u00e1 sin duda la reuni\u00f3n de los seres separados por la muerte, siento esfumarse las tentaciones del amor propio y los mal\u00advados instintos de la carne. Todos mis deseos se confunden en uno solo: \u00a1Morir como mi madre!\u00bb<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Ozanam, como su marido, muri\u00f3 al servicio de los pobres a quienes hab\u00eda dedicado todo su tiempo, desde que sus hi\u00adjos ya no la necesitaban. As\u00ed como Federico se sinti\u00f3 edificado al enterarse, por los papeles de su padre, de que \u00e9ste cuidaba gratis a la tercera parte de sus enfermos, lo mismo ocurri\u00f3 cuando encon\u00adtr\u00f3 entre los papeles de su madre apuntes para las instrucciones re\u00adligiosas que daba a la asociaci\u00f3n de las obreras que velaban a los enfermos pobres, de quienes era presidenta y modelo.<\/p>\n<p>Ozanam ve\u00eda ahora \u00abreunidos en Dios, en una misma dicha \u2014es\u00adcribe\u2014 a los que hab\u00eda visto unidos en esta tierra en los mismos trabajos y las mismas aflicciones\u00bb. \u00abOjal\u00e1 \u2014dice\u2014 pueda unirme con ellos por el pensamiento, la virtud, la fe y proseguir esta charla que ya nada habr\u00e1 de interrumpir, y ojal\u00e1 nada haya cambiado en la familia, si no es que habr\u00e1 dos santos m\u00e1s en ella!\u00bb<\/p>\n<p>Pero no tendr\u00e1 ya la dulzura de su presencia sensible que era para \u00e9l como la de la divinidad. Se queja con otro amigo, el se\u00f1or Reverdy: \u00ab\u00a1Ou\u00e9 p\u00e9rdida para los intereses religiosos de mi alma! ; Dulces exhortaciones, poderosos ejemplos, fervor que calentaba mi coraz\u00f3n tibio, alientos que aumentaban mis fuerzas! Ella, cuyas primeras ense\u00f1anzas me hab\u00edan dado la fe, era la viva representa\u00adci\u00f3n de la Santa Iglesia, que es tambi\u00e9n una madre. A veces creo que me siento m\u00e1s o menos como los disc\u00edpulos despu\u00e9s de la as\u00adcensi\u00f3n del Salvador: algo de la divinidad se ha retirado de m\u00ed[\/note]. . \u00a1Oh! rezad por m\u00ed para que el Se\u00f1or me env\u00ede, como a sus disc\u00ed\u00adpulos hu\u00e9rfanos, el Esp\u00edritu que consuela, el Paracleto. No tengo como ellos que cumplir una misi\u00f3n extraordinaria, y no deseo las dotes milagrosas que les prodig\u00f3. S\u00f3lo quisiera obtener la fuerza de terminar mi peregrinaci\u00f3n de unos a\u00f1os, acaso de unos d\u00edas, pa\u00adra terminar en fin como termin\u00f3 mi santa madre\u00bb.<\/p>\n<p>En realidad, ella nunca lo abandon\u00f3: el pensamiento de esa madre fue para \u00e9l como una especie de conversaci\u00f3n habitual de su alma con aquella alma. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, el 31 de enero de 1842, al consolar a su amigo Falconnet que sufr\u00eda el mismo lu\u00adto, le hizo la confidencia de esa sociedad espiritual. Esta carta es admirable:<\/p>\n<p>\u00abDespu\u00e9s de este golpe de la muerte en que, en el exceso de mi dolor, todo pensamiento de consuelo me parec\u00eda imposible y hasta injurioso para su memoria, llegaron otros d\u00edas y empec\u00e9 a presentir que no estaba solo. Entonces ocurri\u00f3 en el fondo de&#8217; m\u00ed mismo algo de una dulzura infinita. Era como una seguridad de que no estaba abandonado. Era como una vecindad bienhechora, aunque invisible. Era como si un alma querida, al pasar, me hubiese acariciado con sus alas. Y as\u00ed como anta\u00f1o reconoc\u00eda los pa\u00adsos, la voz, la respiraci\u00f3n de mi madre, del mismo modo, cuando un soplo reanimaba mis fuerzas, cuando una idea virtuosa se hac\u00eda escuchar en mi esp\u00edritu, no pod\u00eda dejar de creer que era siem\u00adpre ella.<\/p>\n<p>\u00abHoy sigo experimentando lo mismo. Hay instantes de s\u00fabito estremecimiento, como si ella estuviera a mi lado. Hay sobre todo, cuando m\u00e1s las necesito, horas de conversaci\u00f3n maternal y filial; y entonces lloro acaso m\u00e1s que los primeros meses; pero se mezcla a esta melancol\u00eda una paz inefable. Cuando soy bueno, cuando hice algo para los pobres a quienes am\u00f3 tanto; cuando estoy en paz con Dios a quien sirvi\u00f3 tambi\u00e9n, veo que me sonr\u00ede de lejos. A veces, si rezo, creo escuchar su oraci\u00f3n que acompa\u00f1a la m\u00eda como lo ha\u00adc\u00edamos juntos por la noche, al pie del crucifijo.<\/p>\n<p>\u00abEn fin, a menudo \u2014y esto no se lo dir\u00eda a nadie, pero bien puedo dec\u00edrtelo a ti\u2014 cuando he tenido la felicidad de comulgar, cuando viene a visitarme el Salvador, me parece que ella lo acom\u00adpa\u00f1a en mi miserable coraz\u00f3n, como lo acompa\u00f1\u00f3 tantas veces, cuando llevaban el vi\u00e1tico a casas indigentes. Entonces, tengo la firme creencia de la presencia real de mi madre cerca de m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Esta carta admirable termina con la seguridad de que sigue siend\u00f3 objeto de sus cuidados en el cielo. \u00abPero \u00bf para las madres hay acaso en este mundo otra gloria que sus hijos, otra felicidad que la nuestra? \u00bf Y el cielo mismo, qu\u00e9 es para ellas, si no estamos all\u00ed nosotros? Estoy, pues, profundamente persuadido de que toda\u00adv\u00eda se ocupan de nosotros, que viven para nosotros, all\u00e1 como aqu\u00ed. 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