{"id":123695,"date":"2016-09-04T12:00:35","date_gmt":"2016-09-04T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=123695"},"modified":"2016-08-06T07:35:47","modified_gmt":"2016-08-06T05:35:47","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-13","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-13\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 13"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XIII: EL curso de Derecho COmercial. La vocaci\u00f3n<\/h2>\n<p><i>\u00bfEl claustro o el siglo?\u2014El Padre Lacordaire.\u2014Derecho comercial.\u2014La agregaci\u00f3n de Letras.<\/i><\/p>\n<p>1839-1840<\/p>\n<p>A ra\u00edz de la muerte de su madre, vemos a Ozanam como atur\u00addido por ese golpe, vacilar en sus proyectos, desorientado en sus v\u00edas. Mira detr\u00e1s de \u00e9l. Hace cinco o seis a\u00f1os que va de decep\u00adci\u00f3n en decepeci\u00f3n y hoy, en el momento en que acaba de alcan\u00adzar la meta deseada, no encuentra ya en torno suyo a ninguno de los seres que se la hac\u00edan deseable. \u00bfA d\u00f3nde lo lleva Dios? \u00bfQu\u00e9 quiere de \u00e9l? Entonces surge, sublime, pero angustiosa y torturan\u00adte, la cuesti\u00f3n vital de su vocaci\u00f3n: \u00bf servir\u00e9 mejor a Dios en el claustro o en el siglo? Oigamos lo que dice al respecto en sus car\u00adtas:<\/p>\n<p>\u00abEn el momento de elegir un estado \u2014escrib\u00eda\u2014 viendo a mis padres a\u00fan j\u00f3venes, acept\u00e9 para complacerlos la carrera de abo\u00adgado. Apenas obtuve mis grados cuando mi pobre padre muri\u00f3 y no pudo gozar de los frutos de sus sacrificios. Intent\u00e9 luego una nueva carrera para llenar las necesidades pecuniarias de mi ma\u00addre a quien no pod\u00eda dejar; y cuando, despu\u00e9s de dos arios, con\u00adsegu\u00ed mi nombramiento, mi madre ya no estaba all\u00ed para gozar de lo que yo hab\u00eda hecho para ella. En verdad, esta doble y seve\u00adra decepci\u00f3n me desconcierta, trastorna todos mis planes y me arroja, respecto a mi vocaci\u00f3n, en dolorosas incertidumbres de las que no veo el fin\u00bb.<\/p>\n<p>Diez meses hab\u00edan de transcurrir entre su nombramiento oficial para la c\u00e1tedra de derecho comercial y la apertura del curso en diciembre de 1839. En ese intervalo, le llegaron ofertas y solicitudes de Par\u00eds. Montalembert hubiese querido contratarlo para la redacci\u00f3n de <i>El Universo religioso, <\/i>que se hund\u00eda entonces en el escollo de sus deudas. Ozanam detestaba encadenarse a lo que llamaba \u00abla gleba del periodismo\u00bb. Montalembert insisti\u00f3: \u00abLe su\u00adplico que nos d\u00e9 cuando menos unos fragmentos de sus trabajos, unos pedazos del monumento que est\u00e1 esculpiendo. Le pido este servicio como a un amigo y un hermano de armas con cuya sim\u00adpat\u00eda cuento, como usted puede contar conmigo. Adi\u00f3s. Dejo es\u00adte pensamiento a su conciencia y su coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Asimismo, Lacordaire impondr\u00e1 a su joven amigo el deber de escribir, m\u00e1s o menos en la misma \u00e9poca. \u00abHay que tener buen cuidado de no abandonar la pluma. Sin duda, el oficio del escri\u00adtor es duro; pero la prensa se ha vuelto demasiado poderosa para abandonar el puesto. Escribamos, no por la gloria, sino para Je\u00adsucristo. Crucifiqu\u00e9monos a nuestra pluma. Aunque nadie nos lee\u00adr\u00e1 dentro de cien arios \u00bf qu\u00e9 importa? La gota de agua que llega al mar no por eso dej\u00f3 de contribuir a formar el r\u00edo, y el r\u00edo no muere. . . En cuanto a usted, nada, en lo que ha publicado, debe desalentar su pluma. Tiene usted un estilo dotado de nervio, bri\u00adllo, y una erudici\u00f3n que pone de relieve lo esencial. Le aconsejo que trabaje; y, si yo fuera su director de conciencia, se lo impon\u00addr\u00eda como una obligaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam escribir\u00e1, pues. Prestar\u00e1 a la prensa cat\u00f3lica una co\u00adlaboraci\u00f3n cuando menos intermitente. Por aquel tiempo public\u00f3 en <i>El Universo <\/i>una serie de art\u00edculos sobre <i>El Protestantismo en sus relaciones con la libertad <\/i>en que demostraba que el protestantis\u00admo estaba, de hecho y de derecho, al servicio del despotismo opre\u00adsor de las conciencias cuando no estaban defendidas por la indepen\u00addencia de su fe cat\u00f3lica. Escrib\u00eda esto en el momento en que el en\u00adcarcelamiento del arzobispo de Colonia acababa de conmover, <b>no <\/b>s\u00f3lo a las orillas del Rhin, sino a toda la Europa pol\u00edtica. Y Oza\u00adnam no tuvo dificultad para demostrar, por un hecho nuevo, la alianza opresora de la herej\u00eda y la tiran\u00eda contra la Iglesia, \u00fanica madre y guardiana de la verdadera libertad.<\/p>\n<p>Ozanam ser\u00e1 profesor, est\u00e1 ahora preparando urgentemente su curso de derecho comercial, y sue\u00f1a ya con ensanchar, en estudios m\u00e1s generales, la esfera de esa ense\u00f1anza. \u00abSi Dios me da vida y valor \u2014escribe\u2014 y me fija por una vocaci\u00f3n definitiva en estas fun\u00adciones jur\u00eddicas, creer\u00e9 obrar bien al poner mis trabajos personales en armon\u00eda <i>con mis deberes p\u00fablicos. Una Filosof\u00eda <\/i>y una <i>His\u00adtoria del derecho <\/i>tratadas desde el punto de vista cristiano me pa\u00adrecer\u00edan colmar una laguna muy amplia de la ciencia, y bastar\u00edan para emplear con provecho los a\u00f1os que habr\u00e9 de pasar en la tie\u00adrra\u00bb.<\/p>\n<p>Pero \u00bfbastar\u00edan esos estudios literarios, filos\u00f3ficos y jur\u00eddicos pa\u00adra llenar la vida y el coraz\u00f3n del hombre que, en la misma carta, asigna como deber a la juventud la regeneraci\u00f3n del pa\u00eds, la re\u00adconciliaci\u00f3n de las clases, el reino de la justicia y de la caridad de Cristo en el mundo? \u00bf La ense\u00f1anza del derecho comercial, aun cristianizado, encumbrado y amplificado, pod\u00eda prometer seme\u00adjantes resultados?<\/p>\n<p>Ozanam sent\u00eda el llamado del apostolado, que clamaban todas las voces interiores de la naturaleza y de la gracia. Era notoria\u00admente un orador de raza. Pose\u00eda en sumo grado el don de la pa\u00adlabra; y se reconoc\u00eda que su palabra hablada era m\u00e1s arrebatado\u00adra a\u00fan que su palabra escrita. Su verdadero lugar no estaba en la barra, sino en la tribuna o la c\u00e1tedra; pero \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s en la c\u00e1\u00adtedra, puesto que su palabra, aun laica, tenia ya la resonancia de la palabra sagrada! Era sobre todo, por la gracia de Dios, un ap\u00f3s\u00adtol; ten\u00eda su celo conquistador, su entusiasmo, su caridad, &#8216;su ter\u00adnura. Ard\u00eda del mismo deseo de predicar la verdad y de salvar las almas.<\/p>\n<p>Por eso parec\u00edale escuchar en sus adentros una vocaci\u00f3n supe\u00adrior del cielo. Adem\u00e1s de lo que acabamos de decir, esa vocaci\u00f3n proced\u00eda de su piedad, de su amor a Jesucristo y de su deseo de imitarlo mejor en un estado de perfecci\u00f3n. Le ven\u00eda tambi\u00e9n de la profund\u00e1 pureza de su vida entera y del sentimiento elevado que ten\u00eda de semejante integridad virginal en un joven. Pocos me\u00adses antes, escribi\u00f3 a Lallier para disuadirlo de casarse prematura\u00admente. Lallier ten\u00eda un a\u00f1o menos que \u00e9l: \u00abAmigo m\u00edo, para ex\u00adponerle todo mi pensamiento \u00bfla virginidad es acaso una virtud reservada a las hijas de Eva? \u00bfNo es ella, al contrario, la que cons\u00adtituye una de las principales glorias de la humanidad del Salva\u00addor? \u00bfNo es la que precia por encima de todo en su Disc\u00edpulo ama\u00addo? \u00bfNo es la m\u00e1s bella flor que se cultiva en el jard\u00edn de la Igle\u00adsia? \u00bfNo siente usted pena al dejarla marchitarse antes de la hora meridiana? \u00bfY no se sentir\u00eda usted feliz de llev\u00e1rsela al cielo, si lo llamaran durante estos a\u00f1os que preceden a la madurez perfecta?\u00bb<\/p>\n<p>En 1837, cuando ya se agita la cuesti\u00f3n de su nombramiento a la c\u00e1tedra de derecho, se plantea a s\u00ed mismo la cuesti\u00f3n previa de su vida en el mundo o en otra parte: \u00abMe parece \u2014escribe el 5 de octubre\u2014 que el \u00e9xito feliz o desgraciado de este asunto habr\u00e1 de resolver si permanecer\u00e9 en el mundo o saldr\u00e9 de \u00e9l, cuando me li\u00adberen los acontecimientos. Ve usted en esto cu\u00e1l es la temeridad de mis ensue\u00f1os y en qu\u00e9 terreno sagrado se atreven a penetrar. En verdad, envidio la suerte de quienes se dedican enteramente a Dios y a la humanidad\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 orden religiosa se inclinaba esa santa vocaci\u00f3n? Las cir\u00adcunstancias fijaron el rumbo de la br\u00fajula. El 9 de febrero de 1839, el Padre Lacordaire comunic\u00f3 desde Par\u00eds a Ozanam la noticia de su determinaci\u00f3n de ingresar en la orden de Santo Domingo. Le anunciaba la fecha en que saldr\u00eda para Roma, su llegada, su para\u00adda en Lyon, donde le suplicaba que apartara lugares en la diligen\u00adcia para \u00e9l y dos compa\u00f1eros suyos: \u00abEl jueves 7 de marzo, fiesta de Santo Tom\u00e1s de Aquino, saldremos de Par\u00eds. Por consiguiente, estaremos en Lyon el domingo 10. El martes 12, podr\u00edamos, pues, embarcarnos para Mil\u00e1n en las diligencias Bonfous; seremos tres, nada m\u00e1s. Estar\u00e9, encantado de volveros a ver, a usted y a todos sus amigos; y espero que nos ayude a hacer las peregrinaciones que to\u00addo buen cat\u00f3lico no debe omitir en Lyon\u00bb.<\/p>\n<p>El viaje del Padre Lacordaire a Roma hab\u00eda sido precedido por su <i>Memoria sobre el Restablecimiento de la Orden de los Herma\u00adnos Predicadores en Francia, <\/i>que hab\u00eda sido, para el esp\u00edritu de\u00adOzanam, una voz de alerta. Ese restablecimiento era una revivis\u00adcencia de la Edad Media, de ese siglo XIII que Ozanam acababa de glorificar. Durante sus a\u00f1os de estudiante en Par\u00eds, el Padre La\u00adcordaire no s\u00f3lo hab\u00eda sido uno de sus entusiasmos, sino uno de los grandes afectos de su vida. Lo llamaba \u00abel Pedro el Ermita\u00f1o\u00bb de la nueva cruzada religiosa. Por eso se apresur\u00f3 a convocar en tor\u00adno suyo a la juventud de las conferencias de Lyon, para escuchar esa voz elocuente, desgraciadamente acaso por \u00faltima vez.<\/p>\n<p>\u00abFue una solemne y conmovedora reuni\u00f3n \u2014refiere un testigo\u2014. El mismo Lacordaire estaba vivamente conmovido, y su emoci\u00f3n inspir\u00f3 su discurso. Habl\u00f3, sin embargo, con mucha sencillez y fa\u00admiliaridad, como un hermano que se dirige a sus hermanos. Expli\u00adc\u00f3 la meta mal compr\u00e9ndida de su obra. Habl\u00f3 de Santo Domingo y del apostolado de esos frailes predicadores en cuya Orden iba a ingresar. Insisti\u00f3 en la necesidad de que regresaran a Francia las Ordenes religiosas. Pero sobre todo expres\u00f3 su amistad a los miembros de esa Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal que hab\u00eda vis\u00adto nacer y por \u00faltimo les pidi\u00f3 sus oraciones para \u00e9l y para sus j\u00f3\u00advenes compa\u00f1eros que, seg\u00fan dec\u00eda, hab\u00eda arrebatado al carbona\u00adrismo. Hip\u00f3lito Requedat, uno de ellos, estaba a su lado. Seme\u00adjantes palabras, semejante espect\u00e1culo jam\u00e1s saldr\u00e1n del coraz\u00f3n de esa asamblea de j\u00f3venes; casi todos los ojos estaban arrasados en l\u00e1grimas\u00bb.<\/p>\n<p>En el coraz\u00f3n de Ozanam esta entrevista y esta charla dejaron un rayo de luz. Poco tiempo despu\u00e9s de su llegada a Roma, Fray Lacordaire, revestido entonces con el h\u00e1bito de Santo Domingo, escribi\u00f3 a su joven amigo una carta llena de amenidad en que le informaba de la buena acogida del Santo Padre, de la dicha de su vocaci\u00f3n y de su vida nueva; pero sin hacer alusi\u00f3n alguna a la posibilidad de una gracia parecida para &#8216;su corresponsal. Esta dis\u00adcreci\u00f3n fue oportuna. El 26 de agosto, Ozanam, que por aquel en\u00adtonces todav\u00eda se hallaba a la cabecera de su madre, terminaba su respuesta al gran novicio romano con confidencias como \u00e9stas: \u00abSiento m\u00e1s que nunca la necesidad de una direcci\u00f3n espiritual que ayude mi flaqueza y descargue mi responsabilidad. Y, para hablar con franqueza, ya m\u00e1s de una vez, al ver la enfermedad de mi madre progresar lastimosamente y cuando la posibilidad de tan terrible p\u00e9rdida se presenta a mi esp\u00edritu, no veo ya razones para seguir en un puesto que s\u00f3lo por deber hab\u00eda solicitado. En\u00adtonces la incertidumbre de mi vocaci\u00f3n vuelve a manifestarse, m\u00e1s inquietante que nunca. Ese mal interior, de que sufro hace mucho, es lo que vengo a encomendar a sus caritativas oraciones; pues, si Dios quisiera llamarme, no veo milicia en que me fuese m\u00e1s grato servir que esa en que usted se ha alistado\u00bb. Y dec\u00eda que \u00abdeseaba conocer de antemano la regla de los Frailes predicadores, para que lo ayudara, con el consejo de su .confesor, a tomar un\u00e1 decisi\u00f3n al respecto\u00bb.<\/p>\n<p>En una respuesta del 2 de octubre, Lacordaire, a falta del tex\u00adto de la Regla daba a conocer a su amigo su esp\u00edritu y su meta: <i>la predicaci\u00f3n <\/i>y la <i>ciencia divina; <\/i>los medios: <i>la oraci\u00f3n, la mor\u00adtificaci\u00f3n de los sentidos, el estudio; <\/i>todo ello en pocas palabras: \u00abUna semana pasada con nosotros, cuando tengamos un novicia\u00addo, le ense\u00f1ar\u00e1 m\u00e1s que diez vol\u00famenes\u00bb. De la observancia plenaria a la cual se hab\u00edan prescrito conformarse, \u00e9l y sus hermanos, dice: \u00abCuando nos hacemos frailes, es con la intenci\u00f3n de serlo hasta el cuello\u00bb. Y todo terminaba as\u00ed: \u00abLo abrazo cordialmente, con un gran deseo de llamarlo un d\u00eda mi hermano y mi padre\u00bb.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 esta respuesta s\u00f3lo doce d\u00edas antes de la muerte de la se\u00f1ora Ozanam. Encuentro una breve menci\u00f3n de ella en tres l\u00ed\u00adneas de una carta del 12 de octubre en que, despu\u00e9s de decir que \u00abesa muerte lo arrojaba en dolorosas incertidumbres acerca de su vocaci\u00f3n\u00bb, Ozanam a\u00f1ade sencillamente: \u00abAntes de ayer, me lle\u00adg\u00f3 una carta del Padre Lacordaire. Sigue contento en la Orden de Santo Domingo, siempre lleno de magn\u00edficas esperanzas\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto tenemos que esperar dos meses, hasta Navidad, para encontrar, esta vez bajo forma dubitativa y muy atenuada, una nueva menci\u00f3n de esa perspectiva de vida religiosa. Estas l\u00ed\u00adneas van dirigidas a Lallier: \u00abEl Padre Lacordaire regresar\u00e1 a Francia dentro de unos meses; y entonces, si antiguas veleidades se cambian en vocaci\u00f3n real, tratar\u00e9 de obedecer. Mi perplejidad es grande\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, por \u00faltima vez, en la primavera siguiente: \u00abQuiero es\u00adperar. Bien debo a la memoria de mi pobre madre un a\u00f1o tran\u00adquilo de luto. Tendr\u00e9 tiempo para ver al Padre Lacordaire regre\u00adsar de Roma y para saber si la Divina Providencia quiere o no abrirme las puertas de la Orden de Santo Domingo. De aqu\u00ed a en\u00adtonces, quisiera por una conducta m\u00e1s religiosa, por costumbres m\u00e1s austeras, conquistar cierto derecho a las luces del cielo y cier\u00adto dominio sobre las pasiones terrenales. Ruego a mis amigos que me ayuden con sus oraciones en estas grandes y decisivas circuns\u00adtancias\u00bb.<\/p>\n<p>Al terminar el a\u00f1o de luto que se hab\u00eda reservado, la reflexi\u00f3n, los acontecimientos, la seguridad que le dio el Padre Noirot de, que no estaba hecho para la vida mon\u00e1stica, y el sentimiento de una gran misi\u00f3n laica personal que le incumb\u00eda, decidieron\u00a0 a Ozanam a permanecer en el siglo. Entre varias razones de orden priva\u00addo y dom\u00e9stico, la m\u00e1s considerable a los ojos de su conciencia y de su fe era que no estaba moralmente libre de entrar en religi\u00f3n: hab\u00eda contra\u00eddo un lazo indisoluble con la Sociedad de San Vi\u00adcente de Paul. A ella deb\u00eda entregarse, esforz\u00e1ndose por organi\u00adzarla y extenderla en ese terreno secular en que la hab\u00eda hecho na\u00adcer: obra de apostolado, pero de apostolado laico, sagrado tambi\u00e9n \u00e9l, cuyo abandono ser\u00eda una traici\u00f3n; y esto en la hora en que, aunque alejado de Par\u00eds, era su primera luz y su mejor fuerza.<\/p>\n<p>En efecto, lo que Ozanam describi\u00f3 al Padre Lacordaire, en respuesta a la invitaci\u00f3n que \u00e9ste le hac\u00eda de ir a ensayar un noviciado en la Quercia, era esa obra de San Vicente de Pa\u00fal, en pleno auge: \u00abLa peque\u00f1a sociedad de San Vicente de Pa\u00fal ha crecido de modo sorprendente \u2014le escrib\u00eda\u2014. Una nueva conferencia se form\u00f3 con disc\u00edpulos de la escuela normal y de la polit\u00e9cnica: quince j\u00f3venes, que forman aproximadamente la tercera parte de ese seminario de la Universidad, pidieron como un favor que se les dejara pasar dos horas, cada domingo, su \u00fanico d\u00eda de liber\u00adtad, ocup\u00e1ndose de Dios y de los pobres. El a\u00f1o pr\u00f3ximo, habr\u00e1 en Par\u00eds catorce conferencias. Tendremos un n\u00famero igual en pro\u00advincia. Representar\u00e1n un total de m\u00e1s de mil cat\u00f3licos, impacien\u00adtes -de emprender la cruzada intelectual, que usted predique\u00bb. \u00bf Si el Padre Lacordaire era el Pedro el Ermita\u00f1o de esa cruzada, Oza\u00adnam no era su Godofredo de Bouillon?<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s tarde, en 1840, Ozanam, habiendo ido a Par\u00eds, pod\u00eda dar fe de un progreso que ya superaba en m\u00e1s del doble el n\u00fa\u00admero que se acaba de leer: \u00abEstando all\u00ed el segundo domingo de Pas\u00adcuas, d\u00eda de una de las solemnidades anuales de la Sociedad, pu\u00adde verla reunida en toda la extensi\u00f3n de su r\u00e1pido acrecentamien\u00adto. Vi reunidos en el anfiteatro de sus sesiones a m\u00e1s de seiscientos miembros que no forman siquiera el total de su personal en Pa\u00adr\u00eds. La masa est\u00e1 compuesta de pobres estudiantes, sin duda, pero elevada en cierto modo por el acceso a las m\u00e1s altas posiciones so\u00adciales. All\u00ed pude codearme con un par de Francia, un diputado, un consejero de Estado, varios generales, distinguidos escritores. Cont\u00e9 25 alumnos de la Escuela normal, de un total de 75, 10 de la Escuela polit\u00e9cnica, uno o dos de la Escuela del Estado ma\u00adyor. Por la ma\u00f1ana, cerca de ciento cincuenta asociados se acer\u00adcaron juntos a la Santa Mesa, al pie del arca del santo patrono. Se hab\u00edan recibido cartas de m\u00e1s de quince ciudades de Francia que ya tienen florecientes conferencias; un n\u00famero casi igual se organiz\u00f3 este a\u00f1o. Somos ya cerca de <i>dos mil j\u00f3venes <\/i>alistados en esta apacible cruzada de la caridad cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>De este maravilloso progreso, Ozanam se declaraba no s\u00f3lo fe\u00adliz, sino que tambi\u00e9n expresaba el deber que esa obra les impon\u00eda a \u00e9l y a los promotores de esa acci\u00f3n caritativa: \u00abLa obligaci\u00f3n de ser mediadores entre los dos bandos de la sociedad, para lle\u00advar a uno palabras de resignaci\u00f3n, a otro consejos de misericor\u00addia. El santo y se\u00f1a ser\u00e1: <i>Reconciliaci\u00f3n y amor\u00bb.<\/i><\/p>\n<p>En Lyon, las propias dificultades que encontraba la acci\u00f3n de las dos conferencias era un motivo para no abandonar el comba\u00adte, por incapaz que creyera ser de encabezarlo: \u00abBien siento \u2014es\u00adcribe\u2014 que necesitar\u00eda m\u00e1s energ\u00eda y libertad de esp\u00edritu de los que me dejan mi temperamento y mis negocios para hacer fren\u00adte a todas mis obligaciones. Y sin embargo hay circunstancias que me impiden renunciar a una presidencia que tan mal ocupo\u00bb. Estas circunstancias son las que prohiben a un capit\u00e1n romper su es\u00adpada en el campo de batalla.<\/p>\n<p>El invierno de 1840 vino a estrechar m\u00e1s a\u00fan esos v\u00ednculos por las exigencias mismas de su laborioso mandato. \u00abLas extraordina\u00adrias necesidades de este invierno \u2014escribe\u2014 han reanimado la actividad de nuestras limosnas. Hacemos progresos en el arte de estafar a los ricos en provecho de los pobres. Muchos de nosotros ofrecieron sus servicios para el patrocinio de los j\u00f3venes libera\u00addos. El excelente La Perri\u00e9re se ocupa de fundar un patrocinio preventivo. Pero \u00a1cu\u00e1n poco es todo esto, amigo m\u00edo, en presen\u00adcia de una poblaci\u00f3n de sesenta mil obreros, desmoralizada por la indigencia y por la propagaci\u00f3n de las malas doctrinas! La franc\u00admasoner\u00eda y el republicanismo explotan los dolores y las c\u00f3leras de esta doliente muchedumbre; \u00a1Dios sabe qu\u00e9 porvenir nos espe\u00adra, si la caridad cat\u00f3lica no interviene a tiempo para detener la Guerra de Esclavos que est\u00e1 a nuestras puertas!\u00bb<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s tarde, Ozanam procura a la conferencia el honor y el aliento de una palabra inflamada: la de Monse\u00f1or Dupuch, obispo de Argel. \u00abAbrasa las almas\u00bb. Y dos meses despu\u00e9s: \u00abLa propagaci\u00f3n de los buenos libros entre los militares y el patrocinio de los j\u00f3venes aprendices prosperan a las mil maravillas\u00bb. Mas lo que regocija su coraz\u00f3n de cristiano, es la piedad manifiesta de Lyon en las procesiones de Corpus: \u00abLyon est\u00e1 todo \u00e9l en olor de santidad, en estos d\u00edas \u2014escribe en junio\u2014. Acabamos de hacer nuestras procesiones que fueron magn\u00edficas y particularmente bien recibidas por el pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>En frente, paralelamente a ese movimiento de piedad y cari\u00addad se produc\u00eda en Lyon un movimiento intelectual generalizado, que Ozanam describ\u00eda a Lacordaire en los siguientes t\u00e9rminos: \u00abUn cambio afortunado se efect\u00faa aqu\u00ed en los esp\u00edritus. Tres fa\u00adcultades de teolog\u00eda, de ciencias, de letras, fundadas hace poco, han despertado, a pesar de la imperfecci\u00f3n de su ense\u00f1anza, la afici\u00f3n por los estudios especulativos que las preocupaciones com\u00adpletamente positivas de nuestros conciudadanos parec\u00edan haber so\u00adfocado. Todos los d\u00edas crece en el clero el n\u00famero de los que com\u00adprenden que la virtud sin la ciencia no basta para el ministerio sacerdotal\u00bb.<\/p>\n<p>El nombramiento de Ozanam a la c\u00e1tedra de derecho comer\u00adcial se ligaba con ese movimiento general de los esp\u00edritus. Fue el tema de las \u00faltimas l\u00edneas de su respuesta a Lacordaire: \u00abEn cuanto a m\u00ed, humilde testigo de tantas cosas llenas de esperan\u00adza, heme aqu\u00ed establecido probablemente en el puesto que tanto tiempo hab\u00eda deseado. Soy profesor de derecho comercial, y me alegro de una funci\u00f3n que, al vincularme con Lyon, no me arran\u00adca sin embargo a mis desdichadas inclinaciones por los trabajos filos\u00f3ficos y literarios, en que mucho me temo que perder\u00e9 en esfuerzos in\u00fatiles un tiempo que podr\u00eda emplear con mayor mo\u00addestia y seguridad en salvar mi alma y servir a mi pr\u00f3jimo\u00bb. \u00bfEs\u00adtas \u00faltimas palabras no eran una postrer mirada de adi\u00f3s y de pesar dirigida al claustro, su para\u00edso perdido?<\/p>\n<p>El 16 de diciembre de 1839, el Profesor Ozanam pronunci\u00f3 su discurso de apertura del <i>Curso de derecho comercial, <\/i>con un \u00e9xito que describ\u00eda confidencialmente as\u00ed a su amigo Pessonneaux: \u00abEl curso de derecho comercial, seg\u00fan parece, tendr\u00e1 \u00e9xito. Una inmensa muchedumbre asisti\u00f3 al curso inaugural. Se rompieron puertas y vidrios. Desde entonces, la sala no ha dejado de estar atestada; contiene, sin embargo, m\u00e1s de doscientos cincuenta lu\u00adgares. Con todo, me permit\u00ed todas las digresiones filos\u00f3ficas e hist\u00f3ricas que se aven\u00edan con las materias. No me niego la oportu\u00adnidad de hacer sonre\u00edr a los oyentes; y, como dice de Maistre, la aguja hace pasar el hilo\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, en esta primera lecci\u00f3n, consider\u00f3 como fil\u00f3sofo e historiador el tema de su curso, del q\u00fce dio una idea general, enu\u00admer\u00f3 las diferentes partes y expuso el esp\u00edritu que animar\u00eda a ese estudio. No falt\u00f3 al deber cristiano de colocar la ley de Dios en la fuente de toda justicia, criterio supremo de lo justo y de lo injus\u00adto: \u00abCuando la jurisprudencia nos remita a la ley suprema de la moral, no vacilaremos: s\u00f3lo consultaremos a aquella que, desde los primeros d\u00edas del mundo, visit\u00f3 al hombre en el secreto de su conciencia; y que, desde hace mil ochocientos a\u00f1os, renovada por una promulgaci\u00f3n m\u00e1s solemne, preside, sin flaquear, todos los desarrollos de la civilizaci\u00f3n moderna\u00bb.<\/p>\n<p>De todas las nobles pasiones que agitaban el alma de Ozanam, la \u00fanica que logr\u00f3 hacer vibrar aquel d\u00eda fue la fibra lionesa, en el cuadro liminar que traz\u00f3 del poder\u00edo comercial de la ciudad desde los tiempos m\u00e1s remotos. Mas lo que iba a ense\u00f1ar en ese curso no era ni la historia, ni la filosof\u00eda sino el derecho, y espec\u00ed\u00adficamente el derecho comercial, no s\u00f3lo en su teor\u00eda, sino en su aplicaci\u00f3n actual, positiva, pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Ya se ver\u00eda. Las cuarenta y siete lecciones, cuyo plan y apuntes se han conservado, abarcan todo el curso del primer a\u00f1o, y al ser publicados al cuidado del se\u00f1or Te\u00f3filo Foissent, consejero en la Corte de Apelaciones de Dijon, han sorprendido aun a este emi\u00adnente jurisconsulto: \u00abCuando, a los veintis\u00e9is a\u00f1os, el joven profesor subi\u00f3 a la c\u00e1tedra que acababa de crearse para \u00e9l, estaba armado de punta en blanco no s\u00f3lo de filosof\u00eda y de historia, sino de la teor\u00eda positiva de la porci\u00f3n de la ciencia que ten\u00eda la misi\u00f3n de ense\u00f1ar. No estaba menos preparado en materia de jurisprudencia de las sentencias. Pero profundamente penetrado de la ver\u00addadera misi\u00f3n del profesor, no se extravi\u00f3 en interminables discusiones de objetos controvertidos. Prefiri\u00f3 ense\u00f1ar principios, en vez de dudas, inculcar las reglas del derecho, y poner de manifiesto la sabidur\u00eda en vez de iniciar a sus oyentes en el doble esc\u00e1ndalo \u2014son los t\u00e9rminos que emplea de la oscuridad de las leyes y de la contrariedad de las sentencias. \u00a1Qu\u00e9 elevaci\u00f3n y qu\u00e9 amplitud de esp\u00edritu en estos apuntes; qu\u00e9 perspectivas abiertas sobre las grandes l\u00edneas del tema! Se encuentra ah\u00ed todo Ozanam, su erudici\u00f3n tan s\u00f3lida, su esp\u00edritu tan penetrante, su coraz\u00f3n tan recto, su con\u00adciencia tan alta y aun ciertos rel\u00e1mpagos de su elocuencia. Todo est\u00e1 ah\u00ed, como el fruto est\u00e1 en la flor\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam era menos elogioso al hablar de sus primeras clases y de la acogida que hab\u00edan recibido. \u00abFelizmente para m\u00ed, la amistad, muy h\u00e1bil en fomentar \u00e9xitos, el respeto de muchos conciu\u00addadanos m\u00edos por el nombre de mi padre, y sobre todo Dios que mide el viento a la oveja esquilmada, me han puesto a salvo de una ca\u00edda. El \u00e9xito no dej\u00f3 nada que desear, a no ser la ausencia de aquellos por cuya felicidad lo hab\u00eda deseado tanto tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>A la par, anticip\u00e1ndose mucho a las iniciativas universitarias, Ozanam escrib\u00eda desde 1840, en <i>El Contempor\u00e1neo, <\/i>una Memoria considerable sobre <i>La Ense\u00f1anza especial superior <\/i>que las trans\u00adformaciones del siglo en el orden econ\u00f3mico obligaban a ofrecer a los j\u00f3venes que se preparaban a ingresar en la industria y el co\u00admercio, paralelamente a la antigua y tradicional educaci\u00f3n cl\u00e1sica reservada a las profesiones llamadas liberales. \u00abSer\u00eda \u2014dec\u00eda ge\u00adnerosamente\u2014 la industria recibiendo oficialmente la consagraci\u00f3n de la ciencia ; y, sin desertar la posici\u00f3n social que le ha asignado la naturaleza, saldr\u00eda sin embargo de su estado plebeyo y se en\u00adnoblecer\u00eda por una alianza p\u00fablica con las altas disciplinas in\u00adtelectuales\u00bb. El se\u00f1or Agust\u00edn Cochin pondr\u00e1 m\u00e1s tarde de mani\u00adfiesto la precoz sabidur\u00eda y el sentido profundamente pr\u00e1ctico de estas p\u00e1ginas, inspiradas por el deseo de la elevaci\u00f3n progresiva de las clases: \u00abLos conceptos y los deseos de Ozanam se adelanta\u00adron a los intentos de nuestros gobernantes y de nuestros ministros. Es un precursor\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque se dedicaba al derecho, como era su deber, Ozanam no se aten\u00eda exclusivamente a \u00e9l. No pod\u00eda olvidar que al nombrarlo para esa c\u00e1tedra, el 6 de julio de 1839, el se\u00f1or Cousin, ministro de la instrucci\u00f3n p\u00fablica, le hab\u00eda escrito estas l\u00edneas: \u00abMe hubiera gustado mucho verlo alistado en mi regimiento. Pero no pierdo las esperanzas, y, en todo caso, estoy seguro de que conmigo o sin m\u00ed, usted amar\u00e1 y servir\u00e1 siempre a la verdadera filosof\u00eda. No me ol\u00advide demasiado, pues tiene la seguridad de encontrar siempre en m\u00ed a un amigo\u00bb.<\/p>\n<p>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s de la muerte de su madre, el 8 de enero de 1840: \u00abEst\u00e1 usted m\u00e1s libre; cuando pueda volver conmigo, estar\u00e9 a su disposici\u00f3n. D\u00edgame lo que hace, sus trabajos, sus ne\u00adgocios y el estado de la buena causa filos\u00f3fica en Lyon. Mil salu\u00addos cordiales\u00bb.<\/p>\n<p>Con no menos benevolencia el rector de la Academia de Lyon, el se\u00f1or Soulacroix, gran simpatizador de Ozanam, bien informado de sus preferencias por la ense\u00f1anza de las letras, pero, por otro lado, deseando mucho conservarlo en esa ciudad, hab\u00eda imaginado, para vincularlo m\u00e1s s\u00f3lidamente a\u00fan, asignarle, adem\u00e1s de su curso municipal de derecho comercial, la c\u00e1tedra de literatura extran\u00adjera en la facultad de letras recientemente fundada. La desempe \u00f1aba entonces Edgar Quinet; pero \u00e9ste hab\u00eda sido nombrado para una c\u00e1tedra en el Colegio de Francia. En tal forma, para Ozanam, la aridez del derecho quedar\u00eda mitigada por el atractivo de las letras, y adem\u00e1s el modesto salario de una de esas c\u00e1tedras quedar\u00eda compensado con la retribuci\u00f3n superior de la otra. \u00abSe su\u00admar\u00edan los dos sueldos \u2014explicaba Ozanam a su amigo\u2014. Con tal que el pecho y la cabeza puedan resistir. Adem\u00e1s \u00bf aceptar\u00e1 el ministro?\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam escribi\u00f3 a Juan Jacobo Amp\u00e9re sobre el particular. Era el 21 de febrero de 1840. Comunic\u00f3 a ese hombre a quien llamaba todav\u00eda \u00abSe\u00f1or\u00bb, la favorable acogida y el resultado obtenido por sus diecisiete primeras clases de derecho comercial. Pero confiesa que \u00ablos instintos y los gustos naturales de su esp\u00edritu lo inclinan hacia otro rumbo. De otro modo, ser\u00eda preciso, para vivir, instalar un bufete de consultas y dedicarse as\u00ed a los negocios, renunciando para siempre a los trabajos intelectuales, pasi\u00f3n tal vez desgracia\u00adda, pero de la que no espera curarse.<\/p>\n<p>\u00abEl se\u00f1or Quinet \u2014escribe\u2014 nos abandona en Pascuas. La c\u00e1\u00adtedra de literatura extranjera, divulgada por su talento, tiene ahora un p\u00fablico lo bastante seguro para permitir el intento de una ense\u00f1anza menos brillante, pero acaso m\u00e1s s\u00f3lida\u00bb. V\u00e1stago de Italia por su nacimiento, conociendo el alem\u00e1n, leyendo bastante espa\u00f1ol e ingl\u00e9s, escuchado con simpat\u00eda por el p\u00fablico \u00bfqu\u00e9 le falta a Ozanam para substituir a Quinet en literatura extranjera? S\u00f3lo parecerse a \u00e9l por sus opiniones revolucionarias y su impiedad. \u00bfEs \u00e9sta la objeci\u00f3n que oponen a su nombramiento? \u00bf Es al cristiano a quien rechazan? Ozanam escribe: \u00abS\u00e9 que han trabajado fuer\u00adtemente contra m\u00ed. Han desacreditado mis opiniones pol\u00edticas e incriminado mis convicciones religiosas. \u00bf Ser\u00edan acaso esas convic\u00adciones las que, habr\u00edan de cerrarme las puertas de las Facultades de Letras? Francamente empiezo a temer lo que mucho tiempo no pude creer real\u00bb.<\/p>\n<p>Pero sobre ese punto de fe religiosa, el cristiano se declara abso\u00adlutamente irreductible, cueste lo que cueste: \u00abPues bien \u2014prosigue su carta a Amp\u00e9re\u2014 si se pronuncia el ostracismo contra los cat\u00f3licos, ser\u00eda bueno decirlo una buena vez. Los cat\u00f3licos estar\u00edan en\u00adterados; y en cuanto a m\u00ed no me abandonar\u00eda a enga\u00f1osas ilusiones. Pero al interrogarme, con m\u00e1s severidad que nunca, respecto a mis aptitudes y mis inclinaciones m\u00e1s \u00edntimas, o bien me resigna\u00adr\u00eda a los deberes rutinarios de la vida, tratando de olvidar los sue\u00f1os de una juventud decepcionada; o, si realmente o\u00eda resonar en m\u00ed el llamado imperioso de una vocaci\u00f3n intelectual, en tal caso ir\u00eda a buscar, a la sombra de los claustros de Santo Domingo o de San Benito, lo que Dios o la humanidad nunca niegan a quienes trabajan para ellos: la independencia y el pan. Ya muchos as\u00ed lo hicieron; y no debe decirse que desertaron el puesto sagrado de la vida p\u00fablica; no hay que acusarlos de rehu\u00edr, por injustas re\u00adpugnancias, las funciones universitarias. Cuando llaman a la puer\u00adta y no se les abre, o les abren una puerta tan baja que s\u00f3lo pueden entrar por ella inclin\u00e1ndose, no es de sorprender que permanezcan afuera\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso se le comunic\u00f3 al ministro esa carta dirigida a Amp\u00e9re? Sea lo que fuere, sus declaraciones de buena voluntad hab\u00edan sido formales: \u00abCuente usted conmigo. Cuando pueda volver, estar\u00e9 a su disposici\u00f3n\u00bb. As\u00ed pues, Ozanam fue a Par\u00eds. Vio al se\u00f1or Cousin que lo recibi\u00f3 cari\u00f1osamente, lo invit\u00f3 a comer, se inform\u00f3 de sus proyectos, le prometi\u00f3 la c\u00e1tedra del se\u00f1or Quinet para el a\u00f1o si\u00adguiente; pero con una condici\u00f3n: que se presentara en un concurso de agregaci\u00f3n que acababa de instituir para una c\u00e1tedra de litera\u00adtura extranjera en la Sorbona. La \u00e9poca se hab\u00eda fijado en septiem\u00adbre, y el candidato s\u00f3lo ten\u00eda unos cinco o seis meses para preparar\u00adse; sus competidores se preparaban desde hac\u00eda m\u00e1s de un a\u00f1o. \u00ab\u00a1Oh! \u2014respondi\u00f3 Cousin\u2014 no tenga usted muchas esperanzas de que lo nombren; pero deseo que, la primera vez que funciona, este concurso sea brillante, y que una hermosa \u00e9lite de j\u00f3venes de talento se presente. \u00a1D\u00e9me usted ese gusto! Despu\u00e9s, pase lo que pase, se le nombrar\u00e1 a usted en Lyon\u00bb.<\/p>\n<p>Es un milagro que, en menos de seis meses, Ozanam haya podido aunque sea rozar el programa de tres literaturas cl\u00e1sicas y de cua\u00adtro literaturas extranjeras. Sufr\u00eda \u00abde no poder pasar sino de ca\u00adrrera por todas esas admirables cosas. Es preciso coger con mano apresurada y con el riesgo de marchitarlas y deshonrarlas, tantas bellezas po\u00e9ticas; es preciso hacer con ellas un paquete, en vez de un ramo\u00bb. Sacrific\u00f3 a esos estudios de repaso un viaje a Suiza y a Alemania, en que so\u00f1aba hac\u00eda mucho. Se impuso el <i>surmenage <\/i>de dieciocho horas de trabajo diario, sin perjuicio de su curso y de sus obras. \u00abTodas mis horas est\u00e1n ocupadas \u2014confiesa\u2014 al punto que corro el peligro de perder el sentido com\u00fan, si Dios no me ayuda\u00bb\u2014. Dije: \u00abSin perjuicio de sus obras\u00bb, pues, aunque pa\u00adrezca incre\u00edble, en esta disputa de sus horas, el incansable trabaja\u00addor encontraba tiempo, todav\u00eda para ir a dar, por la noche, clases de escritura y de c\u00e1lculo a unos soldados.<\/p>\n<p>Se present\u00f3 al concurso, en el d\u00eda fijado, extenuado, calentu\u00adriento, despu\u00e9s de tres d\u00edas de viaje casi insomne, lleno de valor, pero sin esperanza. Siete concursantes estaban en presencia, nor\u00admalistas o ya afamados profesores de colegios de Par\u00eds: Par\u00eds, es decir la fuente de documentos de primera mano en que se hab\u00edan abrevado desde hac\u00eda a\u00f1os.<\/p>\n<p>La interminable serie de pruebas se abri\u00f3. Las composiciones escritas consist\u00edan en una disertaci\u00f3n latina y una disertaci\u00f3n fran\u00adcesa que duraban ocho horas cada una. El tema de la disertaci\u00f3n latina fue: <i>Las causas que detuvieron el desarrollo de la tragedia entre los romanos. <\/i>La disertaci\u00f3n francesa, el d\u00eda siguiente, vers\u00f3 sobre <i>El valor hist\u00f3rico de las oraciones f\u00fanebres de Bossuet. <\/i>Oza\u00adnam conoc\u00eda las respuestas; pero sorprendido por la brevedad del tiempo y acostumbrado a pulir holgadamente su redacci\u00f3n, s\u00f3lo alcanz\u00f3 a esbozar dos borradores informes que, al \u00faltimo minuto, tuvo por fuerza que entregar. Desesperado, se hubiera retirado es\u00adpont\u00e1neamente del concurso, abandonando la lucha, si su amigo Amp\u00e9re no le hubiera revelado en secreto que no estaba perdida; al contrario.<\/p>\n<p>Luego, hubo tres d\u00edas de argumentaci\u00f3n, de tres horas cada una, sobre textos de autores griegos, latinos y franceses: esos d\u00edas le resultaron favorables. Otro d\u00eda de gran labor estuvo dedicado a cuatro literaturas, la alemana, la inglesa, la italiana y la espa\u00f1ola: Ozanam fue el \u00fanico candidato que respondi\u00f3 a esta parte especial del programa, Schiller, Klopstock, Shakespeare, Dante y Calder\u00f3n le sirvieron de modo diverso, pero todos con provecho.<\/p>\n<p>Quedaban, para cada uno de los concursantes, dos clases que te\u00adn\u00edan que impartir sobre temas designados por sorteo, uno con vein\u00adticuatro horas, otro con una hora de anticipaci\u00f3n. La malicia de la suerte quiso que le tocara a Ozanam un tema inveros\u00edmil: <i>La historia de los escoliastas griegos y latinos. <\/i>El p\u00fablico sonri\u00f3, Fe\u00adderico se crey\u00f3 perdido: no se pod\u00eda imaginar una especialidad filol\u00f3gica m\u00e1s ignorada y m\u00e1s \u00e1rida que \u00e9sa. Y, aunque uno de sus rivales, el se\u00f1or Emilio Egger, tuvo la caballerosidad de prestar\u00adle excelentes libros, Ozanam, despu\u00e9s de una noche en vela y de un d\u00eda angustioso, lleg\u00f3 m\u00e1s muerto que vivo al momento de tomar la palabra.<\/p>\n<p>Puso toda su confianza en Dios: nunca fue mejor auxiliado. Habl\u00f3, pues, de los escoliastas. Dijo cu\u00e1les hab\u00edan sido sus servi\u00adcios: \u00abLos escoliastas, esos hombres cuyo comentario acucioso pa\u00adrece adherirse como un gusano roedor a los escritos del pasado, son al contrario precisamente los que habr\u00e1n de mantener la pureza de los textos, los que habr\u00e1n de aclarar las alusiones mal compren\u00addidas y de consagrar el recuerdo de los usos abandonados. Les de\u00adbemos el beneficio de poder leer a los grandes hombres que fueron sus maestros y los nuestros\u00bb. Habl\u00f3 sobre ese tema durante siete cuartos de hora con una competencia, una seguridad y una soltura que lo sorprendieron a \u00e9l mismo; y, todo el tiempo, con un en\u00adcanto de elocuci\u00f3n que le granje\u00f3 la simpat\u00eda de los jueces, la ad\u00admiraci\u00f3n de los asistentes y hasta el perd\u00f3n de los normalistas, un momento antes ensa\u00f1ados con el intruso que llegaba de su remota provincia para disputar y robar a la escuela, de quien era el pri\u00advilegio, la palma del combate.<\/p>\n<p>El escrutinio definitivo clasific\u00f3 al se\u00f1or Ozanam como <i>primero en el concurso, <\/i>sin que siquiera fuera preciso tomar en cuenta la aportaci\u00f3n de las lenguas extranjeras. Los que llegaron despu\u00e9s de \u00e9l fueron los se\u00f1ores Egger y Berger, dos nombres gratos a las le\u00adtras. Los jueces del concurso hab\u00edan sido el se\u00f1or Le Clerc, decano, el se\u00f1or Alexandre, sinodales de lengua y literatura griegas, el se\u00f1or Patin, de lengua y literatura latina; el se\u00f1or Fauriel, de las cuatro literaturas extranjeras; en fin, el se\u00f1or Amp\u00e9re, profesor en el Co\u00adlegio de Francia, para la literatura francesa: \u00e9ste fue, despu\u00e9s de Ozanam, el que m\u00e1s goz\u00f3 de ese triunfo.<\/p>\n<p>El informe oficial del decano al ministro de instrucci\u00f3n p\u00fablica, el 3 de octubre de 1840, conclu\u00eda as\u00ed: \u00abPor sus extens\u00edsimos cono\u00adcimientos cl\u00e1sicos, por su modo amplio y firme de comprender a un autor y de concebir un tema, por la claridad de sus comentarios <i>y <\/i>de sus planes, por sus conceptos audaces y justos, y por una lengua en que se unen la originalidad a la raz\u00f3n y la imaginaci\u00f3n a la gra\u00advedad, el se\u00f1or Ozanam parece convenir eminentemente al profe\u00adsorado p\u00fablico.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed pues, Se\u00f1or Ministro, el concurso que acaba de inaugurarse bajo vuestros auspicios y que abre una nueva era para las faculta\u00addes, <i>acaso no sea superado en mucho tiempo\u00bb.<\/i><\/p>\n<p>Se hab\u00eda observado, durante ese examen, con qu\u00e9 franqueza y libertad Ozanam hab\u00eda afirmado el cristianismo de sus pensamien\u00adtos y de sus opiniones. A prop\u00f3sito de Montesquieu y del <i>Esp\u00edritu de las Leyes, <\/i>refiri\u00f3 la definici\u00f3n de la ley por Santo Tom\u00e1s de Aquino; a prop\u00f3sito de la cr\u00edtica literaria en el siglo de Luis XIV, hizo un brillante ataque contra la escuela jansenista y su funesta in\u00adfluencia sobre la poes\u00eda francesa. Ante todo se mostr\u00f3, tambi\u00e9n ah\u00ed, lleno de religiosa admiraci\u00f3n para San Francisco de Sales; y esto, sin ocuparse en lo m\u00e1s m\u00ednimo de lo que pensar\u00edan cualquie\u00adra de sus jueces, para quienes la <i>Vida Devota <\/i>no era precisamente familiar.<\/p>\n<p>Lo explic\u00f3 as\u00ed a su hermano, que lo refiere: \u00abConvencido de la deficiencia de mi preparaci\u00f3n, y persuadido, como me lo hab\u00eda dicho el se\u00f1or Cousin, de que en ning\u00fan caso ser\u00eda recibido, me present\u00e9 al combate seguro de que, no teniendo nada que arries\u00adgar, ni que halagar a nadie, deb\u00eda permanecer libre de mis senti\u00admientos y manifestarlos. As\u00ed pude hablar con m\u00e1s audacia y mos\u00adtrarme cristiano sin reparos. Hubo un momento en que yo mismo me asust\u00e9 de mi audacia. Tem\u00ed haberme propasado. Por fortuna, no vieron en esto sino el entusiasmo de mis convicciones. Y es que, persuadido hasta el final de que no ten\u00eda que luchar por la victo\u00adria, seg\u00fan me lo hab\u00eda anunciado el se\u00f1or Cousin, deb\u00eda por lo tan\u00adto combatir m\u00e1s libremente por el honor: ante todo el de Dios. Lo dem\u00e1s me fue dado por a\u00f1adidura\u00bb.<\/p>\n<p>Apenas se anunci\u00f3 el resultado del concurso cuando uno de los jueces, el se\u00f1or Fauriel, profesor de literatura extranjera en la Sor-bona, pidi\u00f3 y consigui\u00f3 que Ozanam lo supliera en esa c\u00e1tedra, desde la apertura del curso. Ozanam pertenec\u00eda, pues, desde en\u00adtonces, a las letras, a Par\u00eds y, m\u00e1s que nunca, a Dios.<\/p>\n<p>\u00abAmigo m\u00edo \u2014escrib\u00eda a Lallier\u2014, si todo esto no es un sue\u00f1o, s\u00f3lo puede explicarse de un solo modo: Dios me hab\u00eda dado la gracia de empe\u00f1ar en esta lucha la fe, que, sin tratar de exhibirse, anima y afianza el pensamiento, mantiene en la inteligencia la ar\u00admon\u00eda de las ideas y alienta el entusiasmo y la vida en el discurso. As\u00ed es como puedo decir: <i>In hoc vici; <\/i>y este pensamiento, que me humilla, es sin embargo el que me da seguridad\u00bb.<\/p>\n<p>A Dios, pues, dirigi\u00f3 su acci\u00f3n de gracias, por medio de la co\u00admuni\u00f3n, y una carta r\u00e1pida, escrita inmediatamente a Lallier el 3 de octubre, terminaba as\u00ed: \u00abEstos acontecimientos superan todas mis esperanzas. Ahora ruego a Dios que me ilumine. Unase usted a m\u00ed; y tenga la plena seguridad de que, en cuanto a m\u00ed, al comul\u00adgar ma\u00f1ana, no olvidar\u00e9 su afectuosa solicitud; ni tampoco a nues\u00adtros amigos, nuestras esperanzas comunes y nuestro deber de sentir, todos nosotros, un poco de valor frente a las cosas severas que la situaci\u00f3n actual de la patria y de la Iglesia impone a los m\u00e1s d\u00e9\u00adbiles de sus hijos\u00bb.<\/p>\n<p>Ese deber que se impon\u00eda m\u00e1s que nunca a su flaqueza y para el cual ped\u00eda a su amigo que rezara con \u00e9l, pidiendo que su valor estuviese a la altura de la actual situaci\u00f3n de la patria y de la Iglesia, ser\u00eda para \u00e9l en lo sucesivo el de la alta ense\u00f1anza, cuyo ideal le parec\u00eda tan sublime cuando escrib\u00eda: \u00abNo es empresa mediocre la de instruir a los hombres acerca de la verdad. Los m\u00e1s firmes es\u00adp\u00edritus s\u00f3lo lo intentan vacilantes. Descartes, agitado en sus medi\u00adtaciones solitarias por esa idea que habr\u00e1 de cambiar toda la filo\u00adsof\u00eda, sale en peregrinaci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de Liesse, para ob\u00adtener la gracia de no enga\u00f1ar al g\u00e9nero humano\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XIII: EL curso de Derecho COmercial. 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