{"id":123680,"date":"2016-08-26T12:00:35","date_gmt":"2016-08-26T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=123680"},"modified":"2016-08-06T07:30:39","modified_gmt":"2016-08-06T05:30:39","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-04","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-04\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 04"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IV: La obra de verdad<\/h2>\n<p><i>Los amigos.\u2014Protestas en la Sorbona.\u2014Solicitud para las conferencias en Nuestra Se\u00f1ora.\u2014Monse\u00f1or de Quelen.\u2014Suscripci\u00f3n en la Universidad Cat\u00f3lica de Lovaina.<\/i><\/p>\n<p>1832-1834<\/p>\n<p>Estamos a\u00fan en el a\u00f1o de 1832, el primero de la estancia de Ozanam en Par\u00eds. La agrupaci\u00f3n de la juventud cat\u00f3lica que vimos efectuarse en torno de ciertos centros de atracci\u00f3n, como la casa de estudios del se\u00f1or Bailly o el sal\u00f3n literario y pol\u00edtico del se\u00f1or de Montalembert o las conferencias de la Escuela de Dere\u00adcho, empieza entonces a distinguir, en sus propias filas, a alguien que ejerce una gran atracci\u00f3n de coraz\u00f3n m\u00e1s que de esp\u00edritu y de palabra y que, sin que \u00e9l mismo ni nadie lo piense o lo quiera, resulta ser el compa\u00f1ero a quien se escucha, el modelo que se imita y el gu\u00eda a quien se sigue.<\/p>\n<p>Ozanam no ten\u00eda el prestigio de la belleza, ni el del porte y la autoridad. Era la atracci\u00f3n natural de la bondad dentro de la sen\u00adcillez lo que le granjeaba simpat\u00edas. Era en segundo lugar su alta distinci\u00f3n de inteligencia y el acento de su coraz\u00f3n el que se las conquistaba para siempre. Ve\u00edase en toda su persona un aire de ensue\u00f1o distra\u00eddo que se debe a la costumbre de las meditaciones interiores. Sin embargo, no era hosquedad de su parte: ten\u00eda un humor suave, se complac\u00eda entre gente risue\u00f1a; y se le o\u00eda decir \u00abque no ten\u00eda peor sociedad que \u00e9l mismo\u00bb. Sinceramente humil\u00adde, no gustaba de alardear. Bastaba con que se dejara ver incons\u00adciente y sinceramente \u00e9l mismo para inspirar a almas honestas el deseo de conocerlo y la necesidad de frecuentarlo. As\u00ed conquist\u00f3 a sus primeros amigos en Par\u00eds.<\/p>\n<p>El primer n\u00facleo estuvo formado, como era natural, por j\u00f3ve\u00adnes estudiantes lioneses que se un\u00edan entre s\u00ed a fuer de paisanos; entre ellos, los sentimientos religiosos tra\u00eddos de sus buenas fami\u00adlias formaban otro lazo de uni\u00f3n. Ozanam menciona a menudo a Enrique Pessonneaux, el afectuoso primo, que, no pudiendo pres\u00adcindir de \u00e9l, no vacilaba en atravesar todas las tardes Par\u00eds a pie, desde la calle de Courcelles hasta la Monta\u00f1a de Santa Genoveva, para cerciorarse un instante de que Federico estaba en buena sa\u00adlud; hecho esto, regresaba discretamente a su casa sin tardanza, para no interrumpir el trabajo del joven estudioso. Lion\u00e9s tam\u00adbi\u00e9n era el pintor Janmot, amigo de infancia de Ozanam y com\u00adpa\u00f1ero de su primera comuni\u00f3n. Nada hab\u00eda olvidado. Alumno muy distinguido del se\u00f1or Ingres, esp\u00edritu encantador, sumamen\u00adte culto, su alma de artista, pero de artista cristiano, estaba ena\u00admorada de la Belleza divina que adoraba. Lion\u00e9s tambi\u00e9n era el se\u00f1or Velay, a la saz\u00f3n en la escuela polit\u00e9cnica. Ozanam no lo vio sin dolor dejar Par\u00eds para hacer su servicio preparatorio en la escuela de artiller\u00eda de Metz a donde le escrib\u00eda: \u00abYa no oire\u00admos, pues, tu paso militar en la escalera de la Casa de las Escue\u00adlas, ni tu gloriosa espada resonar en el piso de nuestras habitacio\u00adnes. Pero te extra\u00f1arnos, hablarnos de ti, vives en nuestras memo\u00adrias; y cuando llega una carta tuya a alguno de nosotros, le hace\u00admos la corte para que nos la lea\u00bb. Lion\u00e9s tambi\u00e9n era Dufieux, grande y hermoso coraz\u00f3n m\u00e1s tarde sometido a pruebas crueles y que no hab\u00eda de conocer mejor consolador que el amigo que le escrib\u00eda: \u00abLe quiero a usted en Aquel que nos ama a los dos. Ofr\u00e9zcale por m\u00ed una parte de las cosas santas que lo hacen a usted tan valioso para El y para m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Hubiera sido preciso nombrar al principio a Edmundo Le Jou\u00adteux a quien Ozanam llama durante sus po\u00e9ticas vacaciones en Turena con tan graciosas palabras y para tan hermosas citas. Y Chaurand, a quien encontraremos con Ozanam en la fundaci\u00f3n de las conferencias de San Vicente de Pa\u00fal de Lyon. \u00a1Y Pablo Brac de la Parri\u00e9re! Federico se sorprende y se reprocha no ha\u00adberlo conocido primero en Lyon, siendo \u00e9l lion\u00e9s, antes de su estan\u00adcia de estudiante en Par\u00eds. \u00abPero Dios, que acerca las nubes para que de ellas brote el rayo \u2014escribe\u2014 es tambi\u00e9n El que acerca las almas, cuando Le place, para que de ellas brote el amor\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda que asist\u00eda al curso de arqueolog\u00eda oriental en el Cole\u00adgio de Francia, el profesor Letronne, ge\u00f3grafo, egipt\u00f3logo, crono\u00adlogista, la m\u00e1s alta autoridad cient\u00edfica de entonces en ese ramo, se afanaba en destruir lo que llamaba despectivamente \u00abla leyenda del G\u00e9nesis\u00bb. Ozanam, silencioso, pero impacientado, opon\u00eda a sus palabras movimientos de cabeza que ten\u00edan su expresiva signifi\u00adcaci\u00f3n. Lo not\u00f3 otro estudiante que pensaba como \u00e9l, y que, al salir del curso trat\u00f3 de acerc\u00e1rsele, para simpatizar con \u00e9l. Oza\u00adnam hab\u00eda desaparecido, pero no para siempre. Volvieron a en\u00adcontrarse.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed c\u00f3mo Lallier \u2014pues era \u00e9l\u2014 contaba m\u00e1s tarde sus relaciones a un amigo que nos lo refiere textualmente: \u00abComo yo sal\u00eda siempre solo de la Escuela de Derecho, observ\u00e9 que, a orillas de la acera, hacia la calle Soufflot, un peque\u00f1o grupo de j\u00f3venes, siempre los mismos, se formaba diariamente despu\u00e9s de la clase. En medio, hab\u00eda uno que hablaba con animaci\u00f3n y que todos es\u00adcuchaban. \u2014\u00bfQui\u00e9n es \u2014me pregunt\u00e9\u2014 ese gallito <i>(sic) <\/i>que estos rodean con tanta atenci\u00f3n? \u2014Reconoc\u00ed a Ozanam. Impulsado por la curiosidad y ya por la simpat\u00eda, me acerqu\u00e9 al grupo y parti\u00adcip\u00e9 con algunas palabras en la conversaci\u00f3n. Ozanam me contes\u00adt\u00f3. Luego, despu\u00e9s de una interrupci\u00f3n y de la dispersi\u00f3n de los dem\u00e1s, reanudamos la conversaci\u00f3n entre \u00e9l y yo, caminando jun\u00adtos, charlando juntos, comprendi\u00e9ndonos cada vez m\u00e1s; en tal for\u00adma, llegamos a acompa\u00f1arnos y reacompa\u00f1arnos interminablemen\u00adte de una casa a otra\u00bb. En Lallier, Ozanam hab\u00eda encontrado un hermano<span id='easy-footnote-1-123680' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-04\/#easy-footnote-bottom-1-123680' title='Carta del se\u00f1or Joseph Parrin, abogado en Sens, presidente de la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal, 4 de febrero de 1911'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Otra vez, sobre las gradas del anfiteatro de derecho un compa\u00ad\u00f1ero se fija en Ozanam y se pregunta qui\u00e9n es ese joven silencioso, atento, inteligente, con modales tan decentes. As\u00ed las cosas, ocurri\u00f3 que al salir de la iglesia de Saint-Etienne-du-Mont, se encontr\u00f3 cara a cara con \u00e9l y lo reconoci\u00f3: \u00ab\u00a1Vaya! \u00bf Con que es usted cat\u00f3\u00adlico? \u00a1Y yo que lo cre\u00eda tan lejos de serlo!\u00bb Y le ofreci\u00f3 la mano: \u00ab\u00a1Seamos amigos\u00bb Este joven era el se\u00f1or de Goy. Hac\u00eda seis meses que viv\u00eda en Par\u00eds, resuelto a precaverse contra el mal y los malvados, y hab\u00eda vivido sin compa\u00f1ero alguno.<\/p>\n<p>Afinidades de otro g\u00e9nero formaban el lazo de la amistad: los del nacimiento, de la educaci\u00f3n, de la profesi\u00f3n y ante todo la comunidad de convicciones. Un estudiante de segundo a\u00f1o de De\u00adrecho, Pablo Lamache, de Saint-Pierre-Eglise, en la Mancha, ten\u00eda un padre m\u00e9dico, como Ozanam, un hermano sacerdote, como Ozanam, dos hermanas dedicadas a Dios y a los pobres, como anta\u00f1o la joven hermana de Ozanam. Hab\u00eda sido, en el colegio de Ru\u00e1n, lo que Federico hab\u00eda sido en el de Lyon, un defensor y un ap\u00f3stol de su fe. Hab\u00eda encontrado un amigo y un maestro en el director del colegio, el se\u00f1or Faucon, como Ozanam en su director, el se\u00f1or Noirot. \u00abAdem\u00e1s ___ dice su bi\u00f3grafo\u2014 hab\u00eda en uno y en otro, lo mismo en el robusto normando que en el fr\u00e1gil y delicado lion\u00e9s, un fondo secreto de ensue\u00f1o que se tra\u00adduce en sus cartas por una similitud de acento. Todos \u00e9stos eran signos de parentesco intelectual y moral\u00bb. Desde el d\u00eda en que se encontraron al pie de las mismas c\u00e1tedras, se reconocieron, tam\u00adbi\u00e9n ellos, como hermanos. Los tres nombres de Ozanam, de Lallier y de Lamache no volver\u00e1n a separarse en el primer per\u00edodo de esta historia.<\/p>\n<p>Otros no tardaron en llegar por caminos semejantes. Tend\u00edan necesariamente hacia la misma meta. Ozanam escrib\u00eda que era tiempo de reunirlos en torno de una misma bandera: la de la defen\u00adsa religiosa, frente a la irreligi\u00f3n audaz y triunfante.<\/p>\n<p>Urg\u00eda poner manos a la obra. El ataque era violento. El anti\u00adcristianismo arreciaba en la prensa, en la escuela, en la tribuna, al amparo de las doctrinas llamadas liberales que, bajo el r\u00e9gimen de Julio, daban rienda suelta a todo el libertinaje de las ideas y la violencia de los partidos. Sobre todo, la Universidad ejerc\u00eda con\u00adtra la Iglesia las represalias de la opresi\u00f3n que hab\u00eda sufrido bajo la restauraci\u00f3n. La Sorbona, el Colegio de Francia eran particu\u00adlarmente agresivos; y aquellos de nuestros j\u00f3venes cat\u00f3licos que no se sent\u00edan perturbados o desalentados, volv\u00edan de all\u00ed adolori\u00addos, provocados, irritados, heridos y rebeldes.<\/p>\n<p>Pero formaban una minor\u00eda. El descorazonamiento cund\u00eda en todas partes, aun en los consejos de la Iglesia de Francia. Entre el silencio de unos y la mentira de otros \u00bf qu\u00e9 pod\u00edan hacer, ellos que no eran sino un pu\u00f1ado de ni\u00f1os, contra la voz de esos maes\u00adtros de la ciencia y de la elocuencia, apoyados en el favor del po\u00adder y de las muchedumbres? \u00bfDejar decir, dejar pasar? No que\u00adr\u00edan. \u00bf Escribir en los peri\u00f3dicos? Nadie los leer\u00eda. Resolvieron oponer la palabra a la palabra, frente a frente, en el mismo terre\u00adno, ante el mismo auditorio, por el cual se har\u00edan perdonar, acep\u00adtar, escuchar a fuerza de valor, de raz\u00f3n y tambi\u00e9n de respeto, en nombre de la verdad y de la libertad.<\/p>\n<p>En una carta del 10 de febrero de 1832, es decir \u2014hay que notarlo\u2014 s\u00f3lo cuatro meses despu\u00e9s de su llegada a Par\u00eds, Ozanam nos inicia en el prop\u00f3sito y ya desde entonces en la acci\u00f3n de esa resistencia contra la ense\u00f1anza anticristiana de la Sorbona: \u00abTenemos en nuestras filas que se han vuelto m\u00e1s numerosas, j\u00f3venes generosos que se han dedicado a esta elevada misi\u00f3n, que es tambi\u00e9n la nuestra. Cada vez que un profesor alza la voz contra la revelaci\u00f3n, se alzan voces cat\u00f3licas para protestar. Muchos esta\u00admos unidos con ese fin. En cuanto a m\u00ed, ya he participado dos veces en esa noble labor al dirigir mis objeciones escritas a los se\u00f1ores maestros. Nuestras respuestas, le\u00eddas en p\u00fablico, han pro\u00adducido el mejor efecto, tanto sobre el profesor (el se\u00f1or Letronne) que casi se retract\u00f3, como sobre los oyentes que aplaudieron. Lo m\u00e1s \u00fatil en esa obra es mostrar a la juventud estudiantil que se puede ser cat\u00f3lico y tener sentido com\u00fan, que es posible amar a la vez la religi\u00f3n y la libertad; en fin, es sacarla de la indiferencia religiosa y acostumbrarla a la grave discusi\u00f3n de cuestiones serias\u00bb.<\/p>\n<p>La siguiente carta, dirigida tambi\u00e9n a Ernesto Falconnet, a\u00f1a\u00adde: \u00abLa causa que sostenemos es la causa del Evangelio. Te ente\u00adrar\u00e9 de todo lo que se realice en torno nuestro en favor del honor y del triunfo de esta divina causa\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, menos de dos meses despu\u00e9s, el 25 de marzo escribe que los primeros encuentros \u00abs\u00f3lo eran escaramuzas\u00bb. Y prosi\u00adgue: \u00abHoy, tengo el gusto de comunicarte que acabamos de li\u00adbrar un combate m\u00e1s serio. Nuestro campo de batalla ha sido la c\u00e1tedra de filosof\u00eda y el curso del se\u00f1or Jouffroy\u00bb.<\/p>\n<p>Profesor adjunto en la Sorbona, maestro de conferencias en la Escuela Normal, titular de una c\u00e1tedra en el Colegio de Francia, diputado de su distrito en Pontarlier desde 1831, Teodoro Jouffroy, a la edad de treinta y seis a\u00f1os, .era ya por la elevaci\u00f3n de su esp\u00ed\u00adritu y la solemnidad de su palabra, uno de los pr\u00edncipes del libre pensamiento. Pero era tambi\u00e9n el hombre nefasto y grave que, en su famoso art\u00edculo del <i>Globe: C\u00f3mo terminan los Dogmas, <\/i>sonaba sin ruido el toque de agon\u00eda del cristianismo. Era, en fin, el psic\u00f3logo inquieto e inquietante que planteaba en t\u00e9rminos mag\u00adn\u00edficos <i>el Problema del destino humano, <\/i>cuya soluci\u00f3n s\u00f3lo que\u00adr\u00eda pedir a una raz\u00f3n que lo entregaba como una presa&#8217; a un es\u00adcepticismo impotente y gemebundo. En suma, bajo esas flores del discurso, Ozanam declara que s\u00f3lo percibe ruinas: las de la fe, y de la raz\u00f3n, a un tiempo mismo, sobre las cuales el fil\u00f3sofo, con mano incierta, se dispone a construir el templo de la religi\u00f3n del porvenir. Por fin exclama: \u00abEsto es, pues, lo que el se\u00f1or jouffroy nos predica en la Sorbona, esa antigua Sorbona que fund\u00f3 el cris\u00adtianismo y cuya c\u00fapula corona todav\u00eda el signo de la cruz\u00bb.<\/p>\n<p>De su protesta, Ozanam escribe lo siguiente, aunque no se nom\u00adbra a s\u00ed mismo, ni siquiera a ese confidente: \u00abEl se\u00f1or Jouffroy, habi\u00e9ndose permitido atacar hasta la mera posibilidad de la Re\u00advelaci\u00f3n, un joven cat\u00f3lico (el se\u00f1or Gorse, m\u00e1s tarde abogado en Tulle) le dirigi\u00f3 algunas observaciones por escrito. El fil\u00f3sofo pro\u00admeti\u00f3 contestar; esper\u00f3 quince d\u00edas, sin duda para preparar sus armas; y terminado ese lapso, sin leer la .carta, la analiz\u00f3 a su modo y trat\u00f3 de refutarla. El cat\u00f3lico, viendo que no lo hab\u00eda en\u00adtendido, present\u00f3 una segunda carta al profesor. Este no la tom\u00f3 en cuenta, ni la mencion\u00f3 y sigui\u00f3 atacando, jurando que el cato\u00adlicismo repudiaba la ciencia y la libertad.<\/p>\n<p>\u00abEntonces, nos reunimos; redactamos una protesta en que se expon\u00edan nuestros verdaderos sentimientos: apresuradamente, pu\u00adsimos al calce quince firmas y la dirigimos al se\u00f1or jouffroy. Esta vez, no pudo negarse a leernos. El numeroso auditorio, compuesto de m\u00e1s de doscientas personas, escuch\u00f3 con respeto nuestra profe\u00adsi\u00f3n de fe. El fil\u00f3sofo se esforz\u00f3 en vano en contestar. Se deshizo en disculpas, asegurando que no hab\u00eda querido atacar al cristia\u00adnismo en particular; que sent\u00eda por \u00e9l gran veneraci\u00f3n, que trata\u00adr\u00eda en lo sucesivo de no herir las creencias. Pero sobre todo, reco\u00adnoci\u00f3 un hecho muy notable y alentador para la \u00e9poca actual: `Se\u00f1ores \u2014nos dijo\u2014, hace cinco a\u00f1os, s\u00f3lo recib\u00eda yo objeciones dictadas por el materialismo; las doctrinas espiritualistas encontra\u00adban la m\u00e1s viva resistencia: hoy, los esp\u00edritus han cambiado mu\u00adcho; la oposici\u00f3n es completamente cat\u00f3lica&#8217;.\u00bb<\/p>\n<p>Lo que le opon\u00eda Ozanam eran sus propias confesiones: la im\u00adpotencia de la ciencia para satisfacer las necesidades intelectuales del hombre; la deficiencia de los conocimientos naturales para llenar el anhelo de luces sobrenaturales inherente al esp\u00edritu huma\u00adno, el de la deficiencia actual de la raz\u00f3n para asentar la base de nuestra conducta moral. Mas lo que resulta con toda evidencia de esos tres hechos \u00bf no es la necesidad de la Revelaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Es el fin de su carta. Luego, esta conclusi\u00f3n piadosamente fra\u00adternal dirigida al joven lion\u00e9s a quien espera en Par\u00eds: \u00abEn cuan\u00adto a ti, querido amigo, prep\u00e1rate a la lucha Por la pr\u00e1ctica de este Evangelio que est\u00e1s llamado a defender. Reza, reza por nos\u00adotros, que empezamos a emprender la carrera y que extendemos la mano con gran y fraternal amistad, esperando el d\u00eda en que vendr\u00e1s a tomar tu lugar en nuestras filas\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed profetizaba nuestro joven Daniel, en nombre del Dios verda\u00addero, frente a los pr\u00edncipes y los magos. As\u00ed los profesores de la Sorbona aprendieron a conocer al que, diez a\u00f1os despu\u00e9s, hab\u00eda de sentarse en medio de ellos y convertirse en su colega. Entre tanto, se les vio mostrarse m\u00e1s moderados en su lenguaje. Y el que ma\u00adyor provecho sac\u00f3 de ello fue acaso ese Teodoro Jouffroy que hab\u00eda de decir poco antes de su muerte: \u00abTodos esos sistemas no conducen a nada; m\u00e1s vale mil y mil veces un buen acto de fe cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>En verdad, la gracia de Dios y su luz se hallaban, en aquellos d\u00edas, sobre ese joven de apenas veinte a\u00f1os cuyos labios hab\u00eda tocado la mano de Dios, a la par,que santificaba su coraz\u00f3n. En aquellos d\u00edas de su primer trimestre de estancia en Par\u00eds ocurri\u00f3 tambi\u00e9n que, a ra\u00edz de sus protestas tan s\u00f3lidamente fundadas, tan gallardamente expuestas en la Sorbona, las mismas cartas a\u00f1aden el 10 de febrero: \u00abLo m\u00e1s dulce y consolador para la juventud cris\u00adtiana son las <i>Conferencias <\/i>inauguradas, a solicitud nuestra, por el Padre Gerbet\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam y sus amigos fueron, pues, a buscar en la Sorbona don\u00adde viv\u00eda a ese sacerdote que entonces ten\u00eda treinta y cuatro a\u00f1os de edad y de quien dec\u00eda Cousin que era \u00abun \u00e1ngel m\u00edstico\u00bb. Pro\u00adfesor suplente de Sagrada Escritura en la Facultad de teolog\u00eda de Par\u00eds, fundador de la recopilaci\u00f3n mensual <i>El Memorial cat\u00f3lico, <\/i>fil\u00f3sofo erudito, te\u00f3logo profundo, escritor delicado, el Padre Ger\u00adbet acababa de publicar en 1829, sus <i>Consideraciones <\/i>a la vez dog\u00adm\u00e1ticas y m\u00edsticas sobre lo que \u00e9l llama el <i>Dogma generador de la piedad cat\u00f3lica, <\/i>que es la Eucarist\u00eda. Por la direcci\u00f3n de su pen\u00adsamiento, que lo impulsaba a buscar las trazas de la Revelaci\u00f3n primitiva en la tradici\u00f3n universal y en el testimonio hist\u00f3rico de los pueblos, le era particularmente simp\u00e1tico a Ozanam que, tam\u00adbi\u00e9n \u00e9l, dirig\u00eda sus estudios en el mismo sentido. Por eso escri\u00adbe de \u00e9l:<\/p>\n<p>\u00abAhora es cuando puede decirse que la luz brilla en las tinie\u00adblas. Cada quince d\u00edas, el se\u00f1or Gerbet nos da una clase de filo\u00adsof\u00eda de la historia. Jam\u00e1s ha escuchado nuestro o\u00eddo palabra m\u00e1s penetrante, doctrina m\u00e1s profunda. S\u00f3lo ha habido hasta aho\u00adra tres sesiones y la sala est\u00e1 llena, llena de hombres c\u00e9lebres y de j\u00f3venes \u00e1vidos. Entre ellos he visto a los se\u00f1ores de Potter, Sainte-Beuve, Amp\u00e8re hijo, acogiendo con entusiasmo las ense\u00ad\u00f1anzas del joven sacerdote\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam ha observado que \u00abel sistema de Lamennais expuesto por \u00e9l ya no era el de sus partidarios provincianos\u00bb. Ni siquiera segu\u00eda siendo el que el maestro hab\u00eda pretendido poner de funda\u00admento en la demostraci\u00f3n evang\u00e9lica, sino que era s\u00f3lo un p\u00f3rtico de pruebas inductivas que conduc\u00edan hacia la verdad de la Reve\u00adlaci\u00f3n. \u00abEs \u2014prosigue Ozanam\u2014 el cuadro de la alianza inmor\u00adtal de ala fe y de la ciencia, de la caridad y de la industria, del poder y de la libertad. Aplicado a la historia, la ilumina, descubre en ella los destinos del porvenir. Por lo dem\u00e1s, ning\u00fan charlatanismo: una voz d\u00e9bil, ademanes torpes, una improvisaci\u00f3n suave y apa\u00adcible. Pero al fin de sus discursos, su coraz\u00f3n se inflama, su cara resplandece, tiene un rayo en la frente y la profec\u00eda en los labios\u00bb. En ese retrato de Gerbet \u00bfno se encuentra ya, por anticipaci\u00f3n, el del mismo Ozanam tal como habr\u00e1n de recordarlo quienes lo escu\u00adcharon en la Sorbona?<\/p>\n<p>Pero esas conferencias a puerta cerrada, por decirlo as\u00ed, susten\u00adtadas en una sala \u2014la de la plaza de la Estrapada\u2014 que no pod\u00eda contener m\u00e1s de trescientas personas, eran, en verdad, la antorcha bajo el celem\u00edn. Ozanam se pregunt\u00f3 si no ser\u00eda posible extender su beneficio a toda la juventud de las escuelas. \u00bfPor qu\u00e9 Par\u00eds no tendr\u00eda en alguna parte su c\u00e1tedra de alta ense\u00f1anza apolog\u00e9- \u2022 tica que respondiera, en una lengua nueva, a todas las preguntas y a todas las necesidades del tiempo actual? Tal era el lamento y el tema de conversaci\u00f3n de esos j\u00f3venes cristianos de buena volun\u00adtad. Mas \u00bf qui\u00e9n se atrever\u00eda a formular la solicitud y a presentarla en las esferas superiores?<\/p>\n<p>La hora era propicia. Era aquella en que, a consecuencia de deplorables conflictos, se hab\u00eda cerrado, en la iglesia de la Mag\u00addalena, la Academia de San Jacinto, en que el Padre Dupanloup daba su brillante ense\u00f1anza apolog\u00e9tica a los j\u00f3venes del catecismo de perseverancia. Su dispersi\u00f3n afligi\u00f3 el coraz\u00f3n de Ozanam, que hab\u00eda asistido por curiosidad una que otra vez a sus sesiones. Qui\u00adso manifestar su pesar asistiendo a la \u00faltima sesi\u00f3n que fue con\u00admovedora. Se preguntaba al salir de all\u00ed: \u00ab\u00bfNo habr\u00e1 en ninguna parte, en Par\u00eds, una sola c\u00e1tedra doctrinal al pie de la cual poda\u00admos ir a ilustrarnos y calmar nuestra sed?\u00bb \u2014\u00bb\u00bf Recuerda usted \u2014escrib\u00eda m\u00e1s tarde a Lallier\u2014, recuerda usted aquella famosa velada en que asistimos a los adioses de la Academia de San Jacinto y volvimos inmediatamente a redactar la solicitud a Monse\u00ad\u00f1or de Quelen?\u00bb<\/p>\n<p>Era en los primeros d\u00edas de junio de 1833. La solicitud redac\u00adtada por Ozanam fue cubierta con cien firmas cat\u00f3licas. Se pidi\u00f3 una audiencia al Arzobispo, quien la concedi\u00f3 inmediatamente a una delegaci\u00f3n compuesta de tres miembros: los se\u00f1ores Ozanam, Le Jouteux y de Montazet, sobrino nieto del Arzobispo de ese nom\u00adbre. Sab\u00edan que el mismo Monse\u00f1or estaba muy afectado por el cierre de la Academia de San Jacinto y por el perjuicio que iba a sufrir una parte de la juventud. Pero no era un simulacro de academia en una capilla de iniciados lo que ven\u00edan a pedir: era la instituci\u00f3n, en la propia Nuestra Se\u00f1ora, de una predicaci\u00f3n que fuese a la vez, para toda la juventud de las escuelas, un arma y una luminaria.<\/p>\n<p>El Arzobispo, que desde el saqueo de su arzobispado, viv\u00eda en el convento de las Damas de San Miguel, calle Saint-Jacques, recibi\u00f3 a los j\u00f3venes con benevolencia. Animados por tan buena acogida, le pintaron un vivo cuadro de la inquietud de los esp\u00ed\u00adritus y de la necesidad \u00abde una predicaci\u00f3n que, nueva en su for\u00adma y bajando al terreno de las controversias actuales, luchara cuer\u00adpo a cuerpo con los adversarios del cristianismo para responder a las objeciones ense\u00f1adas diariamente en los cursos p\u00fablicos y repro\u00adducidas, divulg\u00e1das por los libros y los peri\u00f3dicos\u00bb.<\/p>\n<p>El Arzobispo respondi\u00f3 que pensaba como ellos; y, al fin, ele\u00adv\u00e1ndose, al parecer, al nivel de su entusiasmo comunicativo: \u00abS\u00ed \u2014dijo\u2014, yo tambi\u00e9n tengo el presentimiento de que se prepara algo grande. Dios se reserva en este siglo una contundente victoria\u00bb. Les dio la seguridad de que se ocupar\u00eda de su solicitud. Luego, habi\u00e9ndolos bendecido y ayudado afectuosamente a levantarse, reu\u00adni\u00f3 sus tres cabezas sobre su coraz\u00f3n Y les dijo conmovido: \u00abAbra\u00adzo en vuestras personas a toda la juventud cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>Nada se hizo entonces; pero el recuerdo de semejante recibi\u00admiento hab\u00eda dejado en Ozanam y en sus amigos cada vez m\u00e1s numerosos la vaga esperanza de que pronto se les dar\u00eda satisfac\u00adci\u00f3n. As\u00ed pues, poco antes de la cuaresma del a\u00f1o siguiente de 1834, tuvo la respetuosa confianza de entrevistar a Monse\u00f1or por segunda vez. En esta ocasi\u00f3n, la nueva solicitud se autorizaba con doscientas firmas. El 15 de febrero, Ozanam, Lallier y Lamache fueron admitidos, en virtud de esa solicitud, en presencia de su paternal Grandeza.<\/p>\n<p>Esa solicitud era bella. Despu\u00e9s de recordar \u00abel recibimiento tan bondadoso y las palabras de esperanza concedidas el a\u00f1o anterior, conmovidos por las necesidades crecientes y m\u00e1s sensibles despu\u00e9s de una larga espera, los j\u00f3venes cristianos de las escuelas, reconociendo cada vez m\u00e1s cu\u00e1n seco es el estudio para el coraz\u00f3n y cu\u00e1n est\u00e9ril para la inteligencia cuando no lo anima el esp\u00edritu religioso, ven\u00edan a solicitar una ense\u00f1anza que, para ellos, santificara la ciencia y la mostrara como la hermana de la fe\u00bb.<\/p>\n<p>Hablaban de esa edad, la suya, en que el hombre siente la ne\u00adcesidad de una doctrina cierta que coordine sus conocimientos vin\u00adcul\u00e1ndolos con un orden de ideas superior; que establezca, por otra parte, bajo sus pasos las bases del deber y trace ante \u00e9l los sende\u00adros de la vida. S\u00f3lo la religi\u00f3n es capaz de hacerlo ; pero es preciso<\/p>\n<p>conocerla. \u00abPor eso, Monse\u00f1or, hubi\u00e9ramos deseado <i>Conferencias <\/i>que, sin detenerse en refutar objeciones de hecho, en la actualidad despreciadas, hubieran desplegado ante los ojos el cristianismo en toda su grandeza y en su armon\u00eda con las aspiraciones y las nece\u00adsidades del hombre y de la sociedad\u00bb.<\/p>\n<p>En esta demostraci\u00f3n, ped\u00edan \u00abcabida para una filosof\u00eda de las ciencias y de las artes que descubriera en el catolicismo la fuen\u00adte de todo lo que es verdadero y de todo lo que es bello; para una filosof\u00eda de la vida que mostrara su principio, su marcha y su des\u00adtino. Hab\u00edan deseado que esa ense\u00f1anza procediera de la c\u00e1tedra cristiana, porque de los labios del sacerdote fluye, con la luz, la gracia que fortifica y que convierte. Hubieran deseado que, al pie de esa c\u00e1tedra, y en el mismo recinto, hubiese lugar para todos, creyentes o incr\u00e9dulos, que recogieran en silencio g\u00e9rmenes de las convicciones que fructificar\u00e1n despu\u00e9s. Ya hemos visto a varios de nuestros condisc\u00edpulos volver a esa luz, de la que s\u00f3lo se hab\u00edan alejado porque no la conoc\u00edan. \u00a1Oh, si pudi\u00e9ramos ver ese ejem\u00adplo seguido por esa juventud de las escuelas, a la que s\u00f3lo le falta, para amar al cristianismo, conocer su belleza!\u00bb<\/p>\n<p>La solicitud dejaba vislumbrar la obra de caridad que empezaba entonces a constituirse entre esos j\u00f3venes reunidos en un fraternal amor en torno de los mismos altares. Terminaba as\u00ed: \u00abEntonces, de todas esas almas apaciguadas por la fe o consoladas por la caridad se elevar\u00eda un concierto de alabanzas para Dios, de filial gra\u00adtitud para la Iglesia y de bendiciones para El que hubiera sido autor de todo ese bien\u00bb.<\/p>\n<p>Al fin de ese trabajo, esos j\u00f3venes cristianos pod\u00edan decirse: \u00abDe su Ilustr\u00edsima los muy humildes y obedientes servidores y los devotos hijos en Jesucristo\u00bb ; pues lo eran, en verdad.<\/p>\n<p>El Arzobispo, dulcemente conmovido, alent\u00f3 a Ozanam, su vo\u00adcero, para que le hablara confiado, sorprendido como estaba por una lucidez de concepto que le parec\u00eda admirable en un esp\u00edritu de veinte a\u00f1os. Este se atrevi\u00f3 a pronunciar el nombre de dos con\u00adferenciantes capaces de tener \u00e9xito en la empresa. No pod\u00eda tratarse del Padre Gerbet, cuya d\u00e9bil voz no hubiera logrado trans\u00admitirse a una amplia asamblea. Uno de sus dos candidatos era el Padre Bautain que, brillante alumno del se\u00f1or Cousin en la Es\u00adcuela Normal, acababa de convertirse, armando gran revuelo, de la filosof\u00eda racionalista a la fe. El otro, y visiblemente el preferido, era el Padre Lacordaire: su defensa de la escuela libre, sostenida por Montalembert ante la C\u00e1mara de los Pares, y su elocuente cola\u00adboraci\u00f3n en el peri\u00f3dico <i>L&#8217;Avenir <\/i>lo hab\u00edan hecho muy grato a la juventud.<\/p>\n<p>Mas lo que entonces lo designaba a su elecci\u00f3n eran sus brillan\u00adtes conferencias en el colegio Estanislao. Desde el 19 de enero, en que se hab\u00eda inaugurado, la ola de admiraci\u00f3n, acrecentada por las m\u00e1s altas celebridades acad\u00e9micas y pol\u00edticas, se hab\u00eda dirigido hacia esa capilla demasiado angosta, al pie de esa modesta c\u00e1tedra ya c\u00e9lebre, en que acababa de revelarse a Par\u00eds su primer orador sagrado y a la juventud de las escuelas el apologista que esperaba.<\/p>\n<p>Pero las cualidades mismas con que Lacordaire seduc\u00eda a la ju\u00adventud, la originalidad de un pensamiento y de una palabra adap\u00adtada a las nuevas corrientes de la opini\u00f3n, eran, por lo contrario, lo que lo hac\u00edan sospechoso a los antiguos miembros del Santuario, defensores interesados de las tradiciones cl\u00e1sicas y de las antiguas formas eclesi\u00e1sticas. El hecho de haber colaborado en la redac\u00adci\u00f3n de <i>L&#8217;Avenir <\/i>tampoco era una recomendaci\u00f3n, en aquella ho\u00adra de las primeras defecciones de Lamennais; y los esp\u00edritus par\u00adciales no establec\u00edan distinci\u00f3n alguna entre los que permane\u00adc\u00edan obstinados en el error y los que hab\u00edan cortado lealmente sus v\u00ednculos con \u00e9l, a costa de todos los sacrificios. \u00bf El candor de Oza\u00adnam acaso sospechaba la monta\u00f1a de prejuicios que hubiese teni\u00addo que derribar para que Lacordaire llegara de plano a la c\u00e1tedra de Nuestra Se\u00f1ora?<\/p>\n<p>Sin pronunciar un juicio acerca de los nombres, Monse\u00f1or de Duelen, vacilante y perplejo, anunci\u00f3 a los tres delegados que iba a hacer un intento de tal \u00edndole, que los dejar\u00eda contentos, seg\u00fan cre\u00eda. Ese intento consist\u00eda en darles, no un solo predicador, sino siete, escogidos entre la \u00e9lite de su clero. Todos ellos se dividir\u00edan los domingos de cuaresma, en la c\u00e1tedra de Nuestra Se\u00f1ora, y pre\u00addicar\u00edan conforme al deseo expresado. Era la respuesta que un hombre de 1804 daba a unos j\u00f3venes de 1834. Le ped\u00edan a Lacor\u00addaire y ofrec\u00eda la moneda de Monse\u00f1or Frayssinous.<\/p>\n<p>Mientras la conversaci\u00f3n prosegu\u00eda sobre ese tema delicado, en tanto que los delegados presentaban respetuosamente sus obje\u00adciones y el prelado persist\u00eda en su prop\u00f3sito, se abri\u00f3 la puerta de la sala y apareci\u00f3 Lamennais. Monse\u00f1or corri\u00f3 a recibirlo, lo abraz\u00f3, le tom\u00f3 la mano y, volvi\u00e9ndose hacia los j\u00f3venes: \u00abHe aqu\u00ed, se\u00f1ores, el hombre que necesit\u00e1is. Si su voz le permitiera hacerse escuchar en Nuestra Se\u00f1ora, las grandes puertas de la metr\u00f3poli ser\u00edan demasiado peque\u00f1as para recibir las muchedumbres que su nombre atraer\u00eda\u00bb. En esto \u2014Lacordaire lo relata en una carta\u2014 \u00aba\u00fan veo a Lamennais alzar sus ojos llenos de una indecible y amar\u00adga tristeza: Ay, Monse\u00f1or, mi carrera ha terminado!&#8217; \u00bb<\/p>\n<p>Y en efecto, era cierto; pues (cosa que a\u00fan ignoraban) en ese momento, las <i>Palabras de un Creyente <\/i>estaban ya impresas y en v\u00edsperas de publicarse. Los tres j\u00f3venes se levantaron y se despidie\u00adron del prelado.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, el relato de la entrevista se public\u00f3 en <i>El Uni\u00adverso, <\/i>debido a una indiscreci\u00f3n, de la cual Ozanam y Lallier, que la deploraban, se creyeron obligados a disculparse ante el Arzobis\u00adpo. Monse\u00f1or de Quelen los recibi\u00f3 como la v\u00edspera, y para de\u00admostrarles el inter\u00e9s que ten\u00eda en darles satisfacci\u00f3n, les dijo que hab\u00eda mandado llamar inmediatamente a los predicadores desig\u00adnados, quienes celebraban una conferencia en el sal\u00f3n vecino, don\u00adde iba a ponerlos en contacto con ellos. As\u00ed lo hizo, dej\u00e1ndolos con esos siete personajes entre los cuales los m\u00e1s conocidos eran el Pa\u00addre Dupanloup y el Padre P\u00e9teot. Los otros eran los Padres Frays\u00adse, Dessance, Thibaut, James, Annat. Se entabl\u00f3 la conversaci\u00f3n, primero reservada, luego animada, con tres de ellos, a fin de con\u00advencerlos de que m\u00e1s val\u00eda que renunciaran a su prop\u00f3sito. Pese a sus esfuerzos, no se dejaron persuadir. La ardiente convicci\u00f3n de Ozanam llev\u00f3 muy lejos el asalto, sin lograr arrebatar ni debilitar la formidable posici\u00f3n. En resumidas cuentas, se separaron sin ha\u00adberse comprendido. De vuelta a su casa, Ozanam envi\u00f3 al Arzo\u00adbispo una peque\u00f1a rese\u00f1a que completaba su palabra: era su \u00falti\u00admo cartucho. Lo quem\u00f3 sin resultado alguno. La estaci\u00f3n de los siete se abri\u00f3 en Nuestra Se\u00f1ora el 16 de febrero de 1834. Tuvo poco \u00e9xito. La juventud segu\u00eda agolp\u00e1ndose en la capilla del Cole\u00adgio Estanislao, en torno del Padre Lacordaire.<\/p>\n<p>En esos mismos d\u00edas, Lacordaire recibi\u00f3 de Ozanam aquella pri\u00admera visita de la que escribe en 1854: \u00abTengo que atravesar mu\u00adchos a\u00f1os para encontrar la hora en que vi por primera vez a Oza\u00adnam. Todav\u00eda no hab\u00eda inaugurado yo la ense\u00f1anza que me vali\u00f3 tantos disc\u00edpulos y amigos. Erraba dentro de m\u00ed mismo, presa de dolorosas incertidumbres. En aquella hora, Ozanam vino a m\u00ed como la vanguardia que, al rodear mi c\u00e1tedra, hab\u00eda de levantar mi \u00e1nimo afligido. [\/note]. Esto suced\u00eda en el invierno de 1833 a 1834. Ten\u00eda unos veinte a\u00f1os de edad. No se ve\u00eda en \u00e9l la belleza de la juventud. P\u00e1lido como los lioneses, de una estatura mediocre y sin elegancia, sus ojos lanzaban rel\u00e1mpagos y su rostro conservaba, sin embargo, en todo lo dem\u00e1s, una expresi\u00f3n de serenidad. Llevaba sobre una frente que no carec\u00eda de nobleza, una cabellera obscu\u00adra, espesa y larga, que le daba ese aire un tanto salvaje que los lati\u00adnos expresaban con el vocablo <i>incomptus. <\/i>. \u00bfQu\u00e9 ven\u00eda a pedir\u00adme? Ozanam acud\u00eda a m\u00ed, porque era cristiano y porque yo era un ministro de su fe. Mas ven\u00eda tambi\u00e9n, quiz\u00e1s, por la simpat\u00eda que se un\u00eda, en su esp\u00edritu, con lo que m\u00e1s quer\u00eda en este mundo, su fe, su patria, el servicio del bien, el porvenir del cristianismo y el porvenir de la verdad. El joven hab\u00eda llegado la v\u00edspera a Par\u00eds s\u00f3lo para encontrar las ruinas amontonadas por una impiedad que se cubr\u00eda con la imagen generosa de la libertad. El fr\u00e1gil edificio (la Congregaci\u00f3n) , que alojaba a algunas almas escapadas por casualidad, ya no subsist\u00eda; la Revoluci\u00f3n de 1830 lo hab\u00eda de\u00adrrumbado; y Ozanam llegaba puro, sincero, ardiente, en medio de un abismo vac\u00edo y mudo.<\/p>\n<p>\u00abNo sospechaba que la Providencia lo enviaba para colmarlo. Iba a ser, a ra\u00edz de la derrota, uno de los primeros que, en nombre de Jesucristo, llegar\u00eda al santo poder\u00edo de una popularidad sin man\u00adcilla. En cuanto a nosotros, que fuimos de una y otra \u00e9poca, que vimos el desprecio y que vimos el honor, nuestros ojos se humede\u00adcen, al pensar en ello, con l\u00e1grimas involuntarias, y elevamos accio\u00adnes de gracias a Aquel que es <i>inenarrable en sus d\u00e1divas\u00bb.<\/i><\/p>\n<p><i>\u00bf C\u00f3mo <\/i>decir ahora que las conferencias del colegio Estanislao fueron suspendidas; y que, cuando Lacordaire quiso reanudarlas, le impusieron condiciones que su dignidad y su libertad le prohi\u00adb\u00edan aceptar? Lo hab\u00edan denunciado ante el gobierno \u00abcomo a un republicano fan\u00e1tico, capaz de trastornar el esp\u00edritu de una parte de la juventud\u00bb. Lo d\u00e9nunciaron tambi\u00e9n ante el Arzobispo como un predicador de peligrosas novedades. Lacordaire se retir\u00f3 y guar\u00add\u00f3 silencio.<\/p>\n<p>Nadie sufri\u00f3 m\u00e1s dolorosamente de ese golpe que el joven cris\u00adtiano que fundaba en esa palabra tan altas esperanzas. Pero nadie supo mejor que \u00e9l elevar su esperanza y su fe por encima de su do\u00adlor. El lamento que brota de ese coraz\u00f3n de ap\u00f3stol es un acto ad\u00admirable de compasi\u00f3n para sus hermanos y de adoraci\u00f3n generosa y sumisa a esa mano de Dios que seguir\u00e1 siendo su \u00fanico, pero om\u00adnipotente apoyo. Escribe al se\u00f1or Velay:<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed pues, no habremos de escuchar al Padre Lacordaire; es un gran dolor para nosotros que necesit\u00e1bamos del pan de la palabra y que nos hab\u00edamos acostumbrado a ese alimento excelente y fuer\u00adte, vernos privados de \u00e9l de repente, sin que nada lo substituya. Es una pena a\u00fan mayor ver aquellos de nuestros hermanos extravia\u00addos y que hab\u00edan vuelto a tomar el camino de la verdad hundirse de nuevo en sus errores, moviendo la cabeza y encogi\u00e9ndose de hombros.<\/p>\n<p>\u00abAcaso el cielo quiere ese silencio, esa abstenci\u00f3n de los cat\u00f3li\u00adcos, como un sacrificio m\u00e1s. Acaso hab\u00edamos levantado la frente demasiado pronto. Pon\u00edamos nuestro orgullo en la palabra de un hombre; y Dios ha puesto la mano sobre la boca de ese hombre, para que aprendamos a ser cristianos sin \u00e9l, para que tratemos de prescindir de todo, salvo de la fe y de la virtud\u00bb. Esa media p\u00e1\u00adgina es de oro.<\/p>\n<p>Ozanam supo esperar; pero no por eso envain\u00f3 el arma de la defensa religiosa. Exactamente dos meses despu\u00e9s, la misma juven\u00adtud cat\u00f3lica, los mismos j\u00f3venes que hab\u00edan protestado contra la ense\u00f1anza filos\u00f3fica de la Sorbona, los mismos que hab\u00edan firmado la petici\u00f3n para la instituci\u00f3n de las conferencias de Nuestra Se\u00f1o\u00adra volvieron a encontrarse en pie de guerra para la defensa de la libertad y de la verdad religiosa, contra los agresores de la nacien\u00adte universidad cat\u00f3lica de Lovaina.<\/p>\n<p>Ozanam lo anunciaba as\u00ed a un amigo: \u00abEs preciso, querido ami\u00adgo, que le saque unos veinte centavos y su firma para el asunto si\u00adguiente: usted sabe sin duda que los obispos de B\u00e9lgica han funda\u00addo una universidad cat\u00f3lica. Ante el \u00e9xito que semejante institu\u00adci\u00f3n hab\u00eda de encontrar en un pa\u00eds tan cat\u00f3lico como B\u00e9lgica, se conmovi\u00f3 la impiedad; algunas bandas de estudiantes de la uni\u00adversidad oficial de Lovaina vociferaron insultos bajo las ventanas de dos obispos; y a esto a\u00f1adieron invectivas en un peri\u00f3dico. Cre\u00edmos que era nuestro deber contestar, en nombre de la juventud cat\u00f3lica de la Universidad de Francia, y hemos redactado una pro\u00adtesta que se ha publicado en la <i>Gaceta de Francia, l&#8217;Univers reli\u00adgieux <\/i>y tres peri\u00f3dicos belgas. Todos nuestros amigos comunes han firmado y suscrito .\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam hab\u00eda escrito la protesta el 15 de abril de 1834. Dec\u00eda primero: \u00abEl episcopado belga ha fundado una universidad libre y cat\u00f3lica. Universidad <i>cat\u00f3lica: <\/i>esta noticia deber\u00eda ser motivo de alegr\u00eda para la Iglesia, dichosa de ver que surge en su seno un monumento m\u00e1s de la inmortal alianza de la ciencia y de la fe; otro ment\u00eds a quienes anuncian la pr\u00f3xima muerte del cristianis\u00admo. Universidad <i>libre: <\/i>deb\u00eda ser tambi\u00e9n un motivo de orgullo pa\u00adra todos los amigos de la nacionalidad belga, orgullosos de ver fun\u00addarse, en un suelo tanto tiempo sojuzgado, una instituci\u00f3n virgen de toda protecci\u00f3n extranjera, virgen de toda intervenci\u00f3n del go\u00adbierno, digna de un pueblo verdaderamente amigo de las luces y de la libertad\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam alud\u00eda despu\u00e9s a las infames vociferaciones, a los insul\u00adtos de arrabal, proferidos por estudiantes indignos de su \u00e9poca y de su pa\u00eds, tristes vestigios de la impiedad del siglo XVIII. A la juventud estudiosa de la Universidad de Par\u00eds, le dec\u00eda que, soli\u00addario de los actos de hombres de la misma edad, hablando el mis\u00admo idioma que ellos, entregado a los mismos estudios, no pod\u00eda desinteresarse de sus hechos y de sus actos. \u00abProtestamos \u2014dec\u00eda\u2014hasta en nombre de aquellos que, no teniendo nuestras creencias, abogan por el desarrollo libre de todos los grandes prop\u00f3sitos, de todas las intenciones generosas, de todas las obras \u00fatiles\u00bb.<\/p>\n<p>Ciertamente, Ozanam no olvida que \u00e9l mismo es alumno de la Universidad del Estado, ni tampoco lo olvidan sus amigos. \u00abPero \u2014dice\u2014 somos ante todo hijos de la Iglesia; y sin ser ingratos con el <i>Alma Mater, <\/i>envidiamos a nuestros hermanos de B\u00e9lgica la di\u00adcha de recibir el pan de la ciencia de la misma mano que les dis\u00adtribuye el pan de la palabra santa, sin tener que hacer dos partes en la ense\u00f1anza de sus maestros: la del error y la de la verdad\u00bb. Tal es su acto de fe.<\/p>\n<p>En fin, \u00abespera que un d\u00eda tambi\u00e9n Francia gozar\u00e1 del mismo privilegio\u00bb. Mientras, al expresar su fraternal afecto, \u00e9l y sus ami\u00adgos suscriben algunas acciones de la obra. \u00abEse nombre de &#8216;acci\u00f3n&#8217; es una gran palabra; pero nada tiene de terrible para el bolsillo aun de un estudiante, puesto que, como cada acci\u00f3n vale un <i>franco,<\/i> no hay uno solo que no pueda volverse accionista, sin por eso mer\u00admar su capital en forma apreciable\u00bb.<\/p>\n<p>Hoy, setenta y seis a\u00f1os despu\u00e9s, la Universidad cat\u00f3lica de Lo-vaina cuenta dos mil estudiantes. Y Francia posee cinco universi\u00addades cat\u00f3licas. Se han cumplido los deseos de Ozanam.<\/p>\n<p>El a\u00f1o siguiente de 1835, el 8 de marzo, Lacordaire tomaba po\u00adsesi\u00f3n de la c\u00e1tedra de Nuestra Se\u00f1ora para mayor gloria de Dios. \u00bf Cu\u00e1nto contribuy\u00f3 Ozanam estudiante y luego profesor en esa palabra magistral? Lo diremos en su oportunidad.<\/p>\n<p>Era tiempo de que la verdad encontrara esa compensaci\u00f3n en un \u00f3rgano digno de ella. Por aquella misma \u00e9poca, una carta de Oza\u00adnam anunciaba que Lamennais acababa de entregar a los vientos iracundos las <i>Palabras de un Creyente. <\/i>\u00abS\u00f3lo se habla de esa publi\u00adcaci\u00f3n \u2014escribe dolorosamente\u2014. El Padre Lacordaire la juzga se\u00adveramente, y espera una rebeli\u00f3n declarada en la pr\u00f3xima obra. Los disc\u00edpulos \u00edntimos del gran escritor, los se\u00f1ores Gerbet, de Coux, Montalembert, rompen con \u00e9l definitivamente; de modo que est\u00e1 solo: \u00a1Dios tenga misericordia de \u00e9l!\u00bb<\/p>\n<p>\u00abAdi\u00f3s, amigo m\u00edo, quer\u00e1monos unos a otros. Se acercan gran\u00addes fiestas: reun\u00e1monos cuando menos delante de Dios, puesto que no podemos encontrarnos unidos ante los hombres. No pudien\u00addo conversar juntos, recemos el uno por el otro: \u00a1Ser\u00e1 a\u00fan mejor!\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: La obra de verdad Los amigos.\u2014Protestas en la Sorbona.\u2014Solicitud para las conferencias en Nuestra Se\u00f1ora.\u2014Monse\u00f1or de Quelen.\u2014Suscripci\u00f3n en la Universidad Cat\u00f3lica de Lovaina. 1832-1834 Estamos a\u00fan en el a\u00f1o de 1832, el primero &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-04\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149294,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[11],"tags":[164,305,161,259,297],"class_list":["post-123680","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-federico-ozanam","tag-bailly","tag-chaurand","tag-etienne","tag-falconnet","tag-pessonneaux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Federico Ozanam (por Mons. 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