{"id":1223,"date":"2015-01-10T03:07:19","date_gmt":"2015-01-10T02:07:19","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=1223"},"modified":"2016-07-27T12:11:45","modified_gmt":"2016-07-27T10:11:45","slug":"momentos-dificiles-9-manila-la-tragedia-de-san-marcelino","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-9-manila-la-tragedia-de-san-marcelino\/","title":{"rendered":"Momentos dif\u00edciles 9: Manila, la tragedia de san Marcelino"},"content":{"rendered":"<h2><strong>I.- Detalles de la tragedia <\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-42743\" title=\"ESCUDOCM\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a>El d\u00eda 26 de marzo pude localizar a los chinos, al parecer, testigos cercanos. Calle Legarda, 502, int. (Sampaloc), es el cobijo actual de Tan Chiu y Co Ching. Este \u00faltimo lleva sobre su cuerpo las cicatrices de una cuarentena de heridas menores y el ap\u00f3sito de una m\u00e1s profunda en la nalga izquierda.<\/p>\n<p>A m\u00ed me daba que con ellos no podr\u00eda entenderme ni en ingl\u00e9s ni en espa\u00f1ol. Busqu\u00e9 int\u00e9rprete; una vez m\u00e1s vino en mi ayuda mi fiel Legionaria de Mar\u00eda D\u00f1a. Isabel de Jer\u00f3nimo; con ella fui y con su buen humor.<\/p>\n<p>El cobijo de nuestros chinos es oscuro y mugriento, como suelen ser los cobijos que acostumbran los chinos de Manila. Seg\u00fan se animaba la narraci\u00f3n, crec\u00eda el n\u00famero de chinos, hasta llenarse el cobijo. Isabel, con su gr\u00e1fico tagalo, los chinos, con el suyo, a\u00fan m\u00e1s gr\u00e1fico, mascullaban las palabras, gesticulaban y braceaban, dando m\u00e1s colorido a su contar.<\/p>\n<p>Cuando los americanos llegaron a Manila el s\u00e1bado 3 de febrero, anochecido ya, y comenzado el tiroteo, fueron los Padres confinados a una nona parte de nuestra Casa Central, en el piso bajo, el trozo que ocupaba la cocina, el comedor y tres aposentos de los Hermanos. Con centinela de vista y bayoneta calada. Ya no les permitieron salir m\u00e1s en los pocos d\u00edas que hab\u00edan de vivir. S\u00f3lo a un peque\u00f1o, un ac\u00f3lito, le permit\u00edan salir, por breve tiempo cada d\u00eda, para recoger la verdura que los chinos mandaban a los Padres.<\/p>\n<p>Los chinos cuidaban de los animales que pose\u00edan los Padres, unas cabritas y unos cerdillos. Heridos los animales por el ca\u00f1oneo, los remataron los chinos, y as\u00ed procuraron carne a los Padres.<\/p>\n<p>El bombardeo arreciaba. Los chinos, escondidos en el refugio cercano a su casita. Los Padres, presos en su casa. El d\u00eda 9 de febrero la cosa se pon\u00eda m\u00e1s seria para los japoneses; ya los americanos hab\u00edan, para entonces, dominado Pandacan y la parte de la Concordia. En ese d\u00eda avanzaron hasta el mercado de Paco. \u00bfQu\u00e9 no har\u00edan los \u00abjaps\u00bb en ese d\u00eda, esperando que los americanos, al siguiente, se les echaran por San Marcelino?. A las diez de la ma\u00f1ana, diez chinos buscaron refugio en nuestra casa, llevando sus maletas y provisiones. El ca\u00f1oneo arreciaba. Tan Chiu y Co Ching se quedaron en su refugio con algunos filipinos; en total, ocho, m\u00e1s sus tres perros.<\/p>\n<p>En la tarde de ese d\u00eda 9 los \u00abjaps\u00bb hicieron que Padres y chinos cenaran antes. Entre diez y once de la noche, los \u00abjaps\u00bb se llevaron a Padres y chinos pasillo adelante; los sacaron por la puerta principal; y, atadas las manos a la espalda, con una ametralladora dieron fin a sus vidas. Los cuerpos fueron al estero.<\/p>\n<p>El chino Ching Co qued\u00f3 con una herida que le perfor\u00f3 el cuello; arrastr\u00e1ndose en la oscuridad, lleg\u00f3 al <em>shelter o <\/em>refugio donde estaban sus compa\u00f1eros Tan Chiu y Co Ching y les cont\u00f3 esto. El chino herido se fue luego; y ya los dos no le han visto m\u00e1s.<\/p>\n<p>Tan Chiu y Co Ching me aseguraron que con los Padres no hab\u00eda m\u00e1s gente ni refugiados, sino los diez chinos, el cocinero viejo, el Seminarista, dos ac\u00f3litos y tres muchachos; \u00e9stos y un ac\u00f3lito desaparecieron. \u00bfMurieron estos cuatro \u00faltimos? No lo sabemos.<\/p>\n<p>En nuestra iglesia no hubo refugiados. Estuvo cerrada; y solamente la usaron los japoneses desde el d\u00eda 3. De las torres hicieron punto de observaci\u00f3n. Dos o tres d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de los Padres ardi\u00f3 la iglesia, como a las seis de la tarde.<\/p>\n<p>No saben los chinos si el fuego provino de los ca\u00f1onazos o fue provocado por los \u00abjaps\u00bb; ellos vieron el humo y fuego, cuando comenz\u00f3.<\/p>\n<p>Los cad\u00e1veres de los Padres, Seminarista ac\u00f3lito estuvieron, por consiguiente, en el agua del estero por espacio de veinticuatro d\u00edas: desde la noche del 9 de febrero hasta el 6 de marzo, d\u00eda en que los enterramos.<\/p>\n<p>Tan Chiu y Co Ching estuvieron escondidos en el <em>shelt <\/em>veinticinco d\u00edas, del 3 de febrero al 1 de marzo. En el <em>shelte <\/em>fueron ametrallados; murieron cinco de sus compa\u00f1eros y dos de sus tres perros. Comieron carne seca (mojama o tapa, como en Filipinas se dice); ara\u00f1ando la tierra, lograron agua. Para entonces ya hab\u00edamos nosotros estado en casa. El 24 de febrero fueron los PP. Arana y Juguera. E1 25 intent\u00e9 yo pasar; no me dejaron los soldados. El 26 estuve en San Marcelino.<\/p>\n<p><strong>Casa Central <\/strong><\/p>\n<p>Los pobres chinos, agazapados con el susto y las heridas, ignoraban lo que en esos d\u00edas de fin de febrero ocurr\u00eda a cuatro pasos de su <em>shelter. <\/em>Y nosotros ignor\u00e1bamos que a cuatro pasos de nosotros hubiera testigos de nuestra tragedia, la tragedia de San Marcelino.<\/p>\n<p>Al fin, di con ellos en su cobijo actual, y all\u00ed me contaron lo que te cuento. Las caras de aquella docena de chinos reflejaban, la satisfacci\u00f3n de hallar copart\u00edcipes en la tragedia suya y nuestra. Dios se lo pague.<\/p>\n<h2><strong>II .- Nuestros Padres fueron enterrados <em>(2-6 marzo 1945) <\/em><\/strong><\/h2>\n<p>Termina febrero. El Hno. Wenceslao Yonson, C. M., viene por este lado del r\u00edo y deja la noticia de que han hallado los cad\u00e1veres.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo es eso, si nosotros tres (los PP. Arana, Juguera y Gracia) hab\u00edamos estado aquella ma\u00f1ana en San Marcelino, lo recorrimos todo y nada hallamos?<\/p>\n<p>&#8211; No, Padre; est\u00e1n en el estero. Un soldado americano vio c\u00f3mo un japon\u00e9s se deslizaba hacia el estero; le dispar\u00f3 el americano, y el japon\u00e9s fue de cabeza al estero. Corri\u00f3 el americano, para cerciorarse de si lo hab\u00eda matado; y hall\u00f3 los cad\u00e1veres de los nuestros. Me avis\u00f3 de lo visto, y son ellos; los diez y el Seminarista. Con las manos atadas por detr\u00e1s y boca abajo.<\/p>\n<p>El chico, es, al parecer, el Seminarista Menor del Conciliar de Manila, Ram\u00f3n Santos, que viv\u00eda con los Padres por aquellos d\u00edas. Apareci\u00f3 luego uno de nuestros ac\u00f3litos entre las v\u00edctimas. Hab\u00eda que darse prisa por recoger los restos, que ya llevaban veintitantos d\u00edas en el agua.<\/p>\n<p>El d\u00eda 2 de marzo, el P. Juguera se me puso enfermo con disenter\u00eda. Le visit\u00e9 por la tarde; y me fui a buscar ayuda de los Padres Jesu\u00edtas, a <em>Nazareth, <\/em>calle Guipit. El P. Jos\u00e9 Sigui\u00f3n, S. J., con gusto se ofreci\u00f3 para cuanto necesitara y ellos pudieran. Hasta el Hno. Malumbres, con sus a\u00f1os, se ofreci\u00f3 a trabajar \u00a1 Dios se lo pague !<\/p>\n<p>Fuimos por la ma\u00f1ana del 3 en busca de nuestros queridos difuntos. Nuestro buen amigo D. Marino Ol\u00f3ndriz fue mi ayuda primera. El me sugiri\u00f3 ir a la Ignaciana, residencia actual del Exmo. Sr. Delegado Apost\u00f3lico; me procur\u00f3 coche y vino conmigo. Hallamos alguna dificultad de la Polic\u00eda Militar, que exig\u00eda pases, y no ten\u00edamos. El Sr. Delegado me dio una carta, que traducida del ingl\u00e9s, dice as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00ab3 de marzo de 1945. El abajo firmante, Delegado Apost\u00f3lico de Filipinas, pide respetuosamente la ayuda de las Fuerzas Militares Americanas para el R. P. Gracia, C. M., y sus cohermanos, con el fin de dar conveniente sepultura y los Padres de San Marcelino v\u00edctimas de la crueldad de la soldadesca japonesa. Gracias\u00bb.<\/p>\n<p>Bajamos; y en la puerta de La Ignaciana para el cochecito <em>(jeep) <\/em>del Sr. Capell\u00e1n Castrense D. Fernando EvansI). Le ense\u00f1o la carta. Le\u00edda&#8230;<\/p>\n<p>-Bien, Padre; ma\u00f1ana, a las nueve, tendr\u00e1 <em>truck, <\/em>palas y picos. Cuanto necesite, diga. [\u2026]\n<p>El domingo, d\u00eda 4, a las nueve en punto, el <em>truck <\/em>en La Ignaciana; la brigada, lista; y yo, a punto, con D. Mariano Ol\u00f3ndriz y su hijo, que nos d\u00e1bamos otra caminata m\u00e1s. La brigada la formaban los Escol\u00e1sticos Hnos. Jaime Neri y Francisco Araneta, con cinco Juniores de la Compa\u00f1\u00eda. Llegamos a casa; examinaron el lugar, la posici\u00f3n de los cad\u00e1veres; trataron de extraerlos. Con los medios que ten\u00edamos&#8230; Con pena en el alma, nos volvimos. Nada pudimos hacer.<\/p>\n<p>Por la tarde quise verme con el P. Evans. Hab\u00eda ido a Malolos. Le dej\u00e9 una nota, para cuando volviera. Y oscurecido volv\u00ed al refugio de mi Hospicio.<\/p>\n<p>A primera hora del d\u00eda siguiente, P. Evans.<\/p>\n<p>-\u00bfRecibi\u00f3, Padre, la notita que ayer le dej\u00e9?<\/p>\n<p>-S\u00ed; y he pensado bastante sobre ello. Creo imposible el Ej\u00e9rcito nos preste ni gr\u00faa, ni cosa semejante; que todo lo tiene empleado en la limpieza del puerto y de los muelles.<\/p>\n<p>-Bueno, mejor ser\u00e1 que vayamos a San Marcelino. D\u00edgame en el mapa cu\u00e1l es la ruta. Se la ense\u00f1\u00e9.<\/p>\n<p>-\u00bf Cree usted que en cuarenta y cinco minutos podemos ir, ver y volver?<\/p>\n<p>-S\u00ed, Padre.<\/p>\n<p>Subimos a su <em>jeep; y <\/em>a toda marcha, camino del pont\u00f3n de Nagtahan. En unos minutos est\u00e1bamos los dos a la orilla de estero&#8230;<\/p>\n<p>-\u00a1 Oh, my, my!&#8230;-Esa exclamaci\u00f3n tan gr\u00e1fica de los americanos, que, sin decir nada, dicen tanto-. Es casi imposible sacar estos cad\u00e1veres&#8230;-y se llev\u00f3 la mano a la cabeza.<\/p>\n<p>Casi en silencio, volv\u00edamos. Paramos, como parado se hallaba un tren de coches militares. \u00bfQu\u00e9 planear\u00eda mi buen P. Evans Y vi yo, entre los coches que iban en sentido contrario, uno con este letrero sobre el motor: <em>Burial Squad. <\/em>Se lo hice notar De pronto, al cabo de unos minutos, vuelve grupas a su <em>jeep <\/em>(valga el dicho), y a cazar al <em>burial squad, <\/em>a toda marcha. Lo alcanzamos y paramos.<\/p>\n<p>-\u00bfNos seguir\u00e1n ustedes? -pregunt\u00f3-. He hallado los cad\u00e1veres de diez Sacerdotes; y es preciso enterrarlos.<\/p>\n<p>Nos siguieron al estero de San Marcelino. Vieron, planearon Contratados, con un extra, que les dar\u00eda el P. Evans.<\/p>\n<p>-\u00bf Ma\u00f1ana a las nueve?<\/p>\n<p>-Ma\u00f1ana a las nueve.<\/p>\n<p>Amaneci\u00f3 el d\u00eda 6. Uno de los m\u00e1s penosos para m\u00ed. A las nueve y minutos, en San Marcelino se empezaba la tarea: El Padre Evans les di\u00f3 algunas instrucciones. Al cabo de un rato llegaron el Hno. Escol\u00e1stico, Francisco Araneta, y cinco Juniores de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. \u00a1Cu\u00e1nta diferencia entre el asalariado y el que por caridad verdadera trabaja! \u00a1Siempre igual!. El Padre Evans y aquellos j\u00f3venes, Jesu\u00edtas en ciernes&#8230; i Dios se lo pagar\u00e1 con creces! Yo no s\u00e9 expresar el agradecimiento que yo y nuestra Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, la de los pobres espigadores de San Vicente, les debemos a ellos y a D. Marino Ol\u00f3ndriz y a su hijo \u00abTito\u00bb, Jos\u00e9.<\/p>\n<p>En el pozo donde colocamos a nuestros difuntos pusimos, como base o cama, una cantidad de piedras, tierra y unas planchas de cinc. Bendije el sepulcro o fosa com\u00fan.<\/p>\n<p>Trataron hasta con mimo los restos, que no ya los cuerpos. Tan desintegrados se hallaban, con haber estado veinticuatro d\u00edas en el agua y al sol quemante de Filipinas, que, al menor roce, se desencuadernaban.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 pena, qu\u00e9 pena! Ni uno entero, ni f\u00e1cil de identificar a la fecha; s\u00ed, en d\u00edas anteriores. Recobramos los restos de los diez.<\/p>\n<p>A las doce cuarenta y cinco rec\u00e9 por ellos un Responso. Se les cubri\u00f3 de tierra; y all\u00ed, entre la Casa Central y nuestra iglesia, descansan en com\u00fan los diez miembros de la Comunidad, alcanzados por el hurac\u00e1n de bestialidad, que tantas l\u00e1grimas arranc\u00f3 a Manila, en febrero de 1945.<\/p>\n<p>-Padre -me dec\u00eda el Sr. Ol\u00f3ndriz-, se me ha quitado un peso del alma. Ya est\u00e1n los diez como Dios manda. Guardemos los nombres de los caritativos Juniores: Sres. Expedito Jim\u00e9nez, Lucio Codilla, Rodolfo Malasmas, Roque Feriols, Catalino Ar\u00e9valo.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a casa con el Sr. Ol\u00f3ndriz; y con la pesadumbre de nuestros difuntos, de la iglesia incendiada y ca\u00f1oneada, de la Casa Central, ca\u00f1oneada, incendiada y sola, acaso a merced del saqueo.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 pena! Pero el Se\u00f1or nos lo dio; El dispuso de lo que era suyo, como Se\u00f1or. Sea por siempre bendito.<\/p>\n<h2><strong>III.- Las v\u00edctimas<\/strong>. <strong>Algunas notas biogr\u00e1ficas <\/strong><\/h2>\n<h3><strong>a) P. Jos\u00e9 Tejada <\/strong><\/h3>\n<p>Hab\u00eda nacido en Covarrubias (Burgos), el d\u00eda 18 de marzo de 1892. Sus estudios de Latinidad los hizo en la Escuela Apost\u00f3lica de Tardajos. Ingres\u00f3 en el Seminario Interno el d\u00eda 15 de septiembre de 1907.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a Filipinas el d\u00eda 8 de diciembre de 1916. Estuvo alg\u00fan tiempo en nuestra casa de San Marcelino. Tambi\u00e9n fue Profesor en el Seminario o Colegio de Bauan.<\/p>\n<p>Donde ejerci\u00f3 su vida de Profesor fue en el Seminario de Mandaloyong, a donde lleg\u00f3 el d\u00eda 11 de junio de 1917. Le o\u00ed recordar sus d\u00edas de Maestro de Ceremonias y de Procurador. Al separarse el Seminario Menor del Mayor, de Manila, en 1927, qued\u00f31 como Rector del de Mandaloyong. Aqu\u00ed, desconocido de la mayor\u00eda, ocupado en sus oficios con la seriedad con que lo iba todo, le sorprendi\u00f3 el nombramiento de Visitador de nuestra Provincia, en febrero de 1932.<\/p>\n<p>Recuerdo que, al volver nosotros a casa aquella tarde, despu\u00e9s de un d\u00eda de campo, nos dio la noticia. Le felicitamos; con toda serenidad, a quien le dijo si pensaba renunciar o qu\u00e9, respondi\u00f3: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9? Si busco razones, no las encuentro; alguno tiene qu\u00e9 llevar la carga. Los Superiores as\u00ed lo han hecho; adelante, y sea lo que Dios quiera.\u00bb<\/p>\n<p>Para nuestra Provincia ha sido su desempe\u00f1o del cargo una verdadera bendici\u00f3n de Dios. Los que conocemos un poco la vida de la misma, en su intimidad, no cesamos de agradecer a Dios el bien que nos mand\u00f3 con el P. Tejada como Visitador. Recto, al principio hasta con alguna dureza; dureza que la experiencia y su crecer en el gobierno dulcificaron muy mucho. Sent\u00f3 mano donde y cuando deb\u00eda, sin importarle nada m\u00e1s que su deber y el bien de la Provincia. Era prudent\u00edsimo hasta el extremo. La prudencia le cerraba la boca en cosas de gobierno como jam\u00e1s vi en mi vida; y as\u00ed exigi\u00f3 y ense\u00f1\u00f3 con el ejemplo. Amant\u00edsimo del estudio como pocos. A diario ten\u00eda sus horas bien llenas de arrimo y querencia a los libros, que los ten\u00eda pocos y riqu\u00edsimos, pertinentes a ciencias puramente eclesi\u00e1sticas. Era hombre que estudiaba y pensaba y consultaba los negocios. Piadoso y fiel con su Dios hasta en lo m\u00e1s menudo; eso creo era su vida espiritual.<\/p>\n<h3><strong>b) P. Luis Egeda <\/strong><\/h3>\n<p>El P. Luis Egeda era natural de Albarrac\u00edn (Teruel). Naci\u00f3 el d\u00eda 18 de agosto de 1881. Ingres\u00f3 en el Seminario Interno el d\u00eda 17 de septiembre de 1898.<\/p>\n<p>Ordenado de Sacerdote, fue destinado a Filipinas. Embarc\u00f3 en Barcelona el d\u00eda 12 de octubre de 1907; y lleg\u00f3 a Manila el Iunes 15 de noviembre siguiente. De Manila sali\u00f3 para Calbayog (Samar) el 1 de mayo de 1908. Un a\u00f1o estuvo aqu\u00ed, pues, en julio del a\u00f1o siguiente, 1909, fue destinado al Seminario de Jaro.<\/p>\n<p>A principios de abril de 1914 volvi\u00f3 otra vez a Calbayog. Y otra vez fue a Jaro, en cuyo Seminario pas\u00f3 la mayor parte de su vida. Hace cosa de dos a\u00f1os vino a Manila enfermizo. Parece tuvo que sufrir de parte de los japoneses. A \u00e9l le o\u00ed contar en San Marcelino esta ocurrencia, instructiva de lo que nos esperaba a todos :<\/p>\n<p>Un Oficial japon\u00e9s, en presencia de algunos de nuestros Padres, se dej\u00f3 decir esto en Jaro, all\u00e1 por 1942:<\/p>\n<p>\u00abConv\u00e9nzanse ustedes; esto ha terminado para ustedes. Primero ser\u00e1 lo de Filipinas para nosotros. De lo que quede, participar\u00e1n los filipinos. Si aun algo quedara, ser\u00eda para nuestros liados. Por fin, de haber alguna migaja, entonces vendr\u00edan los blancos restantes\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>c)<\/strong> <strong>P. Adolfo Soto <\/strong><\/h3>\n<p>Era de Rebolledo (Burgos), d\u00f3nde naci\u00f3 el d\u00eda 17 de marzo de 1884. El d\u00eda de su Vocaci\u00f3n es el 21 de junio de 1900.<\/p>\n<p>A Filipinas lleg\u00f3 el 16 de diciembre de 1909, siendo destinado aI Colegio-Seminario de Ceb\u00fa. Aqu\u00ed pas\u00f3 ocho a\u00f1os; y el a\u00f1o de 1917 fue destinado al Seminario de Calbayog. Luego, en 1921, le enviaron a la escuelilla de Jagna (Bohol), donde estuvo un solo a\u00f1o; volviendo en 1922 al Seminario de Calbayog.<\/p>\n<p>Donde m\u00e1s a\u00f1os estuvo ocupado como Profesor fue en el Seminario de San Pablo (Laguna). En este Seminario permaneci\u00f3 hasta el a\u00f1o 1932, en que fue al de Manila. Aqu\u00ed estuvo un par de a\u00f1os, volviendo a San Pablo. Por fin, vino a quedar rendido por la debilidad de su cuerpo; y retirado estaba, hac\u00eda a\u00f1os, en San Marcelino.<\/p>\n<p>En el per\u00edodo de nuestra guerra, enterado de lo admirable de la vida y muerte del requet\u00e9 Antonio Molle Lazo, se prendi\u00f3 de \u00e9l, y se hizo el mayor propagandista de cuanto con el requet\u00e9 se relacionara. Desde entonces llevaba consigo la reliquia de su requet\u00e9.<\/p>\n<p>Al entrar nosotros por primera vez en nuestra Central, despu\u00e9s del enorme crimen del japon\u00e9s, era cosa muy notable en el cuarto de nuestro P. Soto y cercan\u00edas el n\u00famero de hojita de propaganda de Molle y Lazo, que hab\u00edan aquellos salvajes des-parramado por el suelo.<\/p>\n<h3><strong> d) P. Jos\u00e9 Aguirreche <\/strong><\/h3>\n<p>Era natural de R\u00e9gil (Guip\u00fazcoa); all\u00ed vio la luz primera el d\u00eda 27 de agosto de 1891. Ingres\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 29 de agosto de 1911. (En el libro del personal de Mandaloyong dice ser septiembre.)<\/p>\n<p>A Manila lleg\u00f3 el d\u00eda 5 de mayo de 1913. Como se ve, vino a Filipinas, siendo a\u00fan Novicio, con la Misi\u00f3n que ven\u00eda a reforzar aquel a\u00f1o el personal de Filipinas; aquel a\u00f1o se volv\u00eda a hacer cargo del Seminario de Manila nuestra Congregaci\u00f3n. Qued\u00f3 en Manila nuestro Novicio. El a\u00f1o de 1915 fue destinado a Bauan ; volviendo al a\u00f1o siguiente a Manila.<\/p>\n<p>Sacerdote ya, le enviaron al Seminario de Mandaloyong, en Junio de 1920. Aqu\u00ed fue Profesor hasta junio de 1922.<\/p>\n<p>Donde principalmente gast\u00f3 su vida fue en nuestra Parroquia de Manila. Callado y paciente, como pocos he conocido. Su mayor cari\u00f1o era el confesonario. Horas y horas pasaba en la Parroquia y en las casas de las Hermanas, confesando; as\u00ed un d\u00eda y otro. Ver\u00edasle tambi\u00e9n con su caja para administrar los \u00faltimos Sacramentos, casi a todas las horas. Era el hombre sufrido y del trabajo callado y constante. Grande corona le habr\u00e1 valido su celo.<\/p>\n<h3><strong>e) P. Julio Ruiz <\/strong><\/h3>\n<p>Natural de Villarrodrigo, provincia de Palencia y Di\u00f3cesis de Burgos. Nacido en el d\u00eda 22 de mayo de 1890. Ingres\u00f3 en el Seminario Interno en septiembre de 1906. Fue ordenado Sacerdote en 1915. El 22 de octubre del mismo a\u00f1o lleg\u00f3 a Filipinas. A su llegada, fue a San Pablo (Laguna). Cuando se fund\u00f3 la casa de Bauan, a ella fue destinado. Aqu\u00ed permaneci\u00f3 por un a\u00f1o; y en 1917 fue al Seminario de Calbayog. En el permaneci\u00f3 hasta 1925.<\/p>\n<p>En mayo de 1925 fue trasladado al Seminario de Naga, donde por nueve a\u00f1os fue Profesor. Tambi\u00e9n por bastantes a\u00f1os fue Procurador del Seminario. En 1934 fue al Seminario de la Di\u00f3cesis de Lipa.<\/p>\n<p>A la entrada de los japoneses en Filipinas vino a Manila, donde fue por alg\u00fan tiempo Procurador de la Comunidad y Capell\u00e1n del Hospicio de San Jos\u00e9.<\/p>\n<h3><strong>f) P. Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez <\/strong><\/h3>\n<p>Nuestro P. Fern\u00e1ndez hab\u00eda nacido en Madrid el d\u00eda 24 de octubre de 1891. Y naci\u00f3 para la Congregaci\u00f3n, en el Seminario Interno, el d\u00eda 6 de septiembre de 1907. Muchas veces le he o\u00eddo hablar con cari\u00f1o de su Escuela Apost\u00f3lica, Murgu\u00eda. Ya su vena literaria dej\u00f3 recuerdos, durante su Estudiantado, en nuestras revistas, en ANALES, por ejemplo.<\/p>\n<p>Ordenado de Sacerdote, lleg\u00f3 a Filipinas el d\u00eda 8 de diciembre de 1916, con nuestro llorado P. Tejada y con nuestro buen P. Juguera. A poco de llegar, fue destinado al Seminario de Mandaloyong, donde recuerdo que explic\u00f3 Ret\u00f3rica, Filosof\u00eda, Derecho Can\u00f3nico. Sus alumnos de Lat\u00edn fueron de lo mejorcito que hoy tiene la Di\u00f3cesis de Manila como latinistas.<\/p>\n<p>Pero, en abril de 1922, los Superiores tuvieron el grande acierto de encargarle de la Parroquia de San Vicente de Pa\u00fal, nuestra Parroquia. Desde entonces, ha sido en Manila el P\u00e1rroco. Esta palabra llena toda su vida en los \u00faltimos veintitr\u00e9s a\u00f1os. Llen\u00f3 \u00e9l por manera sin igual su oficio; y su oficio le habr\u00e1 sido de muy grande corona ante el Se\u00f1or. Consejero, pa\u00f1o de l\u00e1grimas, padre de cuantos necesitados a \u00e9l acud\u00edan, amigo sin igual, fino y atento siempre y con todos; ten\u00eda puerta abierta desde Malaca\u00f1ong al \u00faltimo tugurio. En una palabra, era el P\u00e1rroco de Manila.<\/p>\n<p>Su predicaci\u00f3n, siempre evang\u00e9lica, pulida y fina, como pulido y fino era \u00e9l en todo. Bien pose\u00eddo siempre de la dignidad de la predicaci\u00f3n cristiana; siempre que en las Islas se buscara algo muy digno en el p\u00falpito, hab\u00eda de ser el P. Fern\u00e1ndez quien lo dijera. Bastaba su nombre, para saber que a uno le predicar\u00edan pura sustancia doctrinal, envuelta en sencillo y muy elegante decir. Era maestro del p\u00falpito cristiano.<\/p>\n<p>Su obra literaria, principalmente po\u00e9tica; fue pasmosa y en multitud de ocasiones laureada. Guardaba, con cari\u00f1o celoso, copia de cuanto escrib\u00eda en una preciosa caja de narra. \u00a1Cu\u00e1ntas veces la abri\u00f3 en mi presencia y con qu\u00e9 cari\u00f1o!. Cuando pudimos entrar en nuestra Central, despu\u00e9s del ca\u00f1oneo y saqueo, celosos fuimos el P. Juguera y yo en busca de la cajita, sabiendo lo que val\u00eda para nuestra Congregaci\u00f3n y para sus admiradores sin cuento. No dimos con ella. Es una de las penas mayores que nos ha proporcionado la barbarie japonesa. Nos consuela \u00e9l pensamiento de que mucho, no todo, se ha publicado en diarios y revistas, y con paciencia algo podremos reconstruir y rescatar de su numen po\u00e9tico. De entre los escombros de su cuarto pude sacar buena parte de la correspondencia recibida por \u00e9l y guardada; no guardaba toda la que recib\u00eda; s\u00ed, la de sus mejores amigos.<\/p>\n<p>La figura de nuestro P. Fern\u00e1ndez pide m\u00e1s tiempo para decir siquiera un poco. Esto poco, que adelanto, sea un tribut\u00f3 a tan buen amigo y gu\u00eda.<\/p>\n<p>Dios habr\u00e1 ya coronado a tan fiel siervo suyo y Pastor de sus fieles de Manila. De entre los Sacerdotes asesinados por el japon\u00e9s, nadie tan llorado como nuestro P. Jos\u00e9 Fern\u00e1ndez. \u00a1Descanse en paz!<\/p>\n<h3><strong>g) Hno. Gregorio Indurain <\/strong><\/h3>\n<p>Naci\u00f3 en Ozcoidi, provincia y Obispado de Navarra, en 1870. En la Congregaci\u00f3n ingres\u00f3 el a\u00f1o de 1897.<\/p>\n<p>Llegado a Filipinas, en 1903, fue destinado al Seminario de Jaro. Aqu\u00ed permaneci\u00f3 hasta el mes de mayo de 1908, en que fue al de Calbayog. Un a\u00f1o estuvo en Manila, desde enero de 1917 a febrero de 1918, en que volvi\u00f3 a Calbayog. En San Pablo (Laguna) es donde m\u00e1s tiempo estuvo. Yo conoc\u00ed al buen Hermano San Pablo, all\u00e1 por 1929, y desde entonces me dio siempre su sonrisa la impresi\u00f3n de ser un mucho bonach\u00f3n y otro mucho socarr\u00f3n; acaso los a\u00f1os y la experiencia habr\u00edan ense\u00f1ado tanto al buen Hermano&#8230; Siempre he visto a los Padres tratarle con mucha, confianza y cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Estos \u00faltimos a\u00f1os hab\u00eda quedado retirado en San Marcelino cuando trasladaron a Lipa el Seminario Menor de la Di\u00f3cesis radicado en San Pablo desde 1926. El buen viejo ayudaba cuanto pod\u00eda en su blanquer\u00eda, pasito a paso.<\/p>\n<h3><strong>h) Hno. Marcos Pardo Antol\u00edn <\/strong><\/h3>\n<p>Era su pueblo natal Pedrosa de R\u00edo Urbel, en la provincia de Burgos. Naci\u00f3 el d\u00eda 1 de septiembre de 1879. Ingres\u00f3 en el Seminario Intern\u00f3 el 13 de mayo de 1896. Lleg\u00f3 a Filipinas, siendo a\u00fan Novicio, el d\u00eda 2 de enero de 1898. El 22 del mismo mes le destinaron al Seminario de San Carlos, de Manila; en \u00e9l estuvo hasta cerrarse \u00e9ste, aquel mismo a\u00f1o. Desde entonces ha permanecido toda su vida en la Casa Central.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo recordaba \u00e9l aquellos d\u00edas, cuando nuestros soldados entregaron las armas en la hoy Plaza McKinley al Ej\u00e9rcito americano, y que \u00e9l presenci\u00f3! &#8230;<\/p>\n<p>All\u00e1 por 1914 hizo un viaje por Espa\u00f1a, del que guardaba buenos recuerdos.<\/p>\n<p>Su habilidad para los negocios le hizo ser siempre una muy grande ayuda para nuestros Superiores. Igual le ver\u00edas en Ia cocina, mercado, que en el Banco. \u00c1gil para caminar, aun con sus a\u00f1os y enfermedad, que le ocasion\u00f3 varios fallos en el coraz\u00f3n. Callado en el sufrir. Piadoso era nuestro Hermano Marcos. De su caridad saben mucho las Misiones y el Asilo de Looban donde iban a parar sus haberes.<\/p>\n<h3><strong>i) Hno. Valent\u00edn Santidri\u00e1n <\/strong><\/h3>\n<p>Hab\u00eda nacido en Villadiego (Burgos), el d\u00eda 12 de febrero de 1901. Su Vocaci\u00f3n data del 28 de julio de 1917. Lleg\u00f3 a Filipinas el 7 de enero de 1920. Desde entonces su vida qued\u00f3 escondida en la sacrist\u00eda de nuestra Parroquia. Su bregar fue con los ac\u00f3litos y muchachos, al servicio de la iglesia. De su fidelidad en el cumplir con el deber dice bastante el hecho de que nuestro P. Fernando no hubo menester de m\u00e1s Sacrist\u00e1n en los a\u00f1os que, juntos, pasaron al servicio de la Parroquia. Ordenad\u00edsimo, como era el Padre Fern\u00e1ndez. Esta creo es la estampa de nuestro Sacrist\u00e1n. Tambi\u00e9n el Se\u00f1or le habr\u00e1 adornado como \u00e9l orden\u00f3 su altar.<\/p>\n<h3><strong>j) Hno. Alejandro Garc\u00eda <\/strong><\/h3>\n<p>Del Hermano Alejandro no tengo esa precisi\u00f3n de fecha. Muy conocido, sobre todo de nuestras Hermanas. Pas\u00f3 sus mejores a\u00f1os en la casita de Jes\u00fas. Vino a Filipinas all\u00e1 por 1932, qued\u00f3 en el Seminario de Manila. De 1936 a 1937, mientras edificaba nuestra Casa Central, el Seminario Mayor volvi\u00f3 a Mandaloyong; el Hermano qued\u00f3 en San Marcelino. De 1937 a 1941 volvi\u00f3 a ser el Hermano del Seminario Mayor de Manila. En ese a\u00f1o fue destinado al Seminario de Naga, donde pas\u00f3 poco m\u00e1s de dos a\u00f1os. Sirvi\u00f3 muy bien en nuestro Seminario; y Dios habr\u00e1 premiado sus servicios. \u00a1Descanse en paz!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I.- Detalles de la tragedia El d\u00eda 26 de marzo pude localizar a los chinos, al parecer, testigos cercanos. Calle Legarda, 502, int. (Sampaloc), es el cobijo actual de Tan Chiu y Co Ching. 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