{"id":122159,"date":"2013-05-10T07:54:18","date_gmt":"2013-05-10T05:54:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=122159"},"modified":"2016-07-26T17:01:00","modified_gmt":"2016-07-26T15:01:00","slug":"el-orden-social","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-orden-social\/","title":{"rendered":"El orden social"},"content":{"rendered":"<h2><b>I. La centralidad de la persona humana<\/b><\/h2>\n<p>118. El principio capital, sin duda alguna, de esta doctrina afirma que el hombre en necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales; el hombre, repetimos, en cuanto es sociable por naturaleza y ha sido elevado a un orden sobrenatural. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 219)<\/p>\n<p>119. Tambi\u00e9n en la vida econ\u00f3mico-social deben respetarse y promoverse la dignidad de la persona humana, su entera vocaci\u00f3n y el bien de toda la sociedad. Porque el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida econ\u00f3mico-social. (<i>Gaudium et Spes<\/i>, n. 63)<\/p>\n<p>120. El hombre en su realidad singular (porque es \u00abpersona\u00bb) tiene una historia propia de su vida y sobre todo una historia propia de su alma. El hombre, conforme a la apertura interior de su esp\u00edritu y al mismo tiempo a tantas y tan diversas necesidades de su cuerpo y de su existencia temporal, escribe esta historia suya personal por medio de numerosos lazos, contactos, situaciones, estructuras sociales que lo unen a otros hombres; y esto lo hace desde el primer momento de su existencia sobre la tierra, desde el momento de su concepci\u00f3n y de su nacimiento. El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social\u2014en el \u00e1mbito de la propia familia, en el \u00e1mbito de la sociedad y de contextos tan diversos, en el \u00e1mbito de la propia naci\u00f3n, o pueblo (y posiblemente s\u00f3lo a\u00fan del clan o tribu), en el \u00e1mbito de toda la humanidad\u2014 este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misi\u00f3n, \u00e9l es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo v\u00eda que inmutablemente conduce a trav\u00e9s del misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n. (<i>Redemptor Hominis<\/i>, n. 14)<\/p>\n<p>121. Fundamento y fin del orden social es la persona humana, como sujeto de derechos inalienables, que no recibe desde fuera sino que brotan de su misma naturaleza; nada ni nadie puede destruirlos; ninguna constricci\u00f3n externa puede anularlos, porque tienen su ra\u00edz en lo que es m\u00e1s profundamente humano. De modo an\u00e1logo, la persona no se agota en los condicionamientos sociales, culturales e hist\u00f3ricos, pues es propio del hombre, que tiene un alma espiritual, tender hacia un fin que trasciende las condiciones mudables de su existencia. Ninguna potestad humana puede oponerse a la realizaci\u00f3n del hombre como persona. (<i>Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz<\/i>, 1988, n. 1)<\/p>\n<h2><b>II. La sociedad fundada en la verdad<\/b><\/h2>\n<p>122.Por eso, la convivencia civil s\u00f3lo puede juzgarse ordenada, fruct\u00edfera y congruente con la dignidad humana si se funda en la verdad. Es una advertencia del ap\u00f3stol San Palo: \u00abDespoj\u00e1ndoos de la mentira, hable cada uno verdad con su pr\u00f3jimo, pues que todos somos miembros unos de otros\u00bb (Efe 4, 25). Esto ocurrir\u00e1, ciertamente, cuando cada cual reconozca, en la debida forma, los derechos que le son propios y los deberes que tiene para con los dem\u00e1s. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 35)<\/p>\n<p>123. S\u00f3lo Dios, el Bien supremo, es la base inamovible y la condici\u00f3n insustituible de la moralidad, y por tanto de los mandamientos, en particular los negativos, que prohiben siempre y en todo caso el comportamiento y los actos incompatibles con la dignidad personal de cada hombre. As\u00ed, el Bien supremo y el bien moral se encuentran en la verdad: la verdad de Dios Creador y Redentor, y la verdad del hombre creado y redimido por \u00e9l. Unicamente sobre esta verdad es posible construir una sociedad renovada y resolver los problemas complejos y graves que la afectan, ante todo el de vencer las formas m\u00e1s diversas de totalitarismo para abrir el camino a la aut\u00e9ntica libertad de la persona. \u00abEl totalitarismo nace de la negaci\u00f3n de la verdad en sentido objetivo. Si no existe una verdad trascendente, con cuya obediencia el hombre conquista su plena identidad, tampoco existe ning\u00fan principio seguro que garantice relaciones justas entre los hombres\u00bb (CA, n. 44). (<i>Veritatis Splendor<\/i>, n. 99)<\/p>\n<p>124. Hay que establecer como primer principio que las relaciones internacionales deben regirse por la verdad. Ahora bien, la verdad exige que en estas relaciones se evite toda discriminaci\u00f3n racial y que, por consiguiente, se reconozca como principio sagrado e inmutable que todas las comunidades pol\u00edticas son iguales en dignidad natural. De donde se sigue que cada una de ellas tiene derecho a la existencia, al propio desarrollo, a los medios necesarios para este desarrollo y a ser, finalmente, la primera responsable en procurar y alcanzar todo lo anterior; de igual manera, cada naci\u00f3n tiene tambi\u00e9n el derecho a la buena fama y a que se le rindan los debidos honores. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 86)<\/p>\n<p>125. A la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a s\u00ed mima, al revestirse de las dimensiones espec\u00edficamente cristianas de gratuidad total, perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n. Entonces el pr\u00f3jimo no es solamente un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acci\u00f3n permanente del Esp\u00edritu Santo. Por tanto, debe ser amado, aunque sea enemigo, con el mismo amor con que le ama el Se\u00f1or, y por \u00e9l se debe estar dispuesto al sacrificio, incluso extremo: \u00abdar la vida por los hermanos\u00bb (cf. 1 Jn 3, 16).<\/p>\n<p>Entonces la conciencia de la paternidad com\u00fan de Dios, de la hermandad de todos los hombres de Cristo, \u00abhijos en el Hijo\u00bb, de la presencia y acci\u00f3n vivificadora del Esp\u00edritu Santo, conferir\u00e1 a nuestra mirada sobre el mundo un nuevo criterio para interpretarlo. Por encima de los v\u00ednculos humanos y naturales, tan fuertes y profundos, se percibe a la luz de la fe un nuevo modelo de unidad del g\u00e9nero humano, en el cual debe inspirarse en \u00faltima instancia la solidaridad. Este supremo modelo de unidad, reflejo de la vida \u00edntima de Dios, Uno en tres Personas, es lo que los cristianos expresamos con la palabra \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, Esta comuni\u00f3n, espec\u00edficamente cristiana, celosamente custodiada, extendida y enriquecida con la ayuda del Se\u00f1or, es el alma de la vocaci\u00f3n de la Iglesia a ser \u00absacramento\u00bb, en el sentido ya indicado. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 40)<\/p>\n<h2><b>III. Solidaridad<\/b><\/h2>\n<p>126. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinaci\u00f3n firme y perseverante de empe\u00f1arse por el bien com\u00fan; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinaci\u00f3n se funda en la firme convicci\u00f3n de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel af\u00e1n de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha hablado. Tales \u00abactitudes y estructuras de pecado\u00bb solamente se vencen\u2014con la ayuda de la gracia divina\u2014mediante una actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del pr\u00f3jimo que est\u00e1 dispuesto a \u00abperderse\u00bb, en sentido evang\u00e9lico, por el otro en lugar de explotarlo, y a \u00abservirlo\u00bb en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10, 40\u201342; 20, 25; Mc 10, 42\u201345; Lc 22, 25\u201327). (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 38)<\/p>\n<p>127. En el esp\u00edritu de la solidaridad y mediante los instrumentos del di\u00e1logo aprendemos a:<\/p>\n<ul>\n<li>respetar a todo ser humano;<\/li>\n<li>respetar los aut\u00e9nticos valores y las culturas de los dem\u00e1s;<\/li>\n<li>respetar la leg\u00edtima autonom\u00eda y la autodeterminaci\u00f3n de los dem\u00e1s;<\/li>\n<li>mirar m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos para entender y apoyar lo bueno de los dem\u00e1s;<\/li>\n<li>contribuir con nuestros propios recursos a la solidaridad social en favor del desarrollo y crecimiento que se derivan de la equidad y la justicia;<\/li>\n<li>construir unas estructuras que aseguren la solidaridad social y el di\u00e1logo como rasgos del mundo en que vivimos.<\/li>\n<\/ul>\n<p>(<i>Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz<\/i>, 1986, n. 5)<\/p>\n<p>128. El deber de solidaridad de las personas es tambi\u00e9n el de los pueblos: \u00abLos pueblos ya desarrollados tienen la obligaci\u00f3n grav\u00edsima de ayudar a los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo\u00bb (GS, n. 86). Se debe poner en pr\u00e1ctica esta ense\u00f1anza conciliar. Si es normal que una poblaci\u00f3n sea el primer beneficiario de los dones otorgados por la Providencia como fruto de su trabajo, no puede ning\u00fan pueblo, sin embargo, pretender reservar sus riquezas para su uso exclusivo. Cada pueblo debe producir m\u00e1s y mejor, a la vez para dar a sus s\u00fabditos un nivel de vida verdaderamente humano y para contribuir tambi\u00e9n al desarrollo solidario de la humanidad. Ante la creciente indigencia de los pa\u00edses subdesarrollados, se debe considerar como normal el que un pa\u00eds desarrollado consagre una parte de su producci\u00f3n a satisfacer las necesidades de aqu\u00e9llos; igualmente normal que forme educadores, ingenieros, t\u00e9cnicos, sabios que pongan su ciencia y su competencia al servicio de ellos. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 48)<\/p>\n<p>129. Para superar la mentalidad individualista, hoy d\u00eda tan difundida, se requiere un compromiso concreto de solidaridad y caridad, que comienza dentro de la familia con la mutua ayuda de los esposos y, luego, con las atenciones que las generaciones se prestan entre s\u00ed. De este modo la familia se cualifica como comunidad de trabajo y de solidaridad. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 49)<\/p>\n<p>130. En esta marcha, todos somos solidarios. A todos hemos querido Nos recordar la amplitud del drama y la urgencia de la obra que hay que llevar a cabo. La hora de la acci\u00f3n ha sonado ya; la supervivencia de tantos ni\u00f1os inocentes, el acceso a una condici\u00f3n humana de tantas familias desgraciadas, la paz del mundo, el porvenir de la civilizaci\u00f3n, est\u00e1n en juego. Todos los hombres y todos los pueblos deben asumir sus responsabilidades. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 80)<\/p>\n<p>131. El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es v\u00e1lido s\u00f3lo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas. Los que cuentan m\u00e1s, al disponer de una porci\u00f3n mayor de bienes y servicios comunes, han de sentirse responsables de los m\u00e1s d\u00e9biles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. Estos, por su parte, en la misma l\u00ednea de solidaridad, no deben adoptar una actitud meramente pasiva o destructiva del tejido social y, aunque reivindicando sus leg\u00edtimos derechos, han de realizar lo que les corresponde, para el bien de todos. Por su parte, los grupos intermedios no han de insistir ego\u00edsticamente en sus intereses particulares, sino que deben respetar los intereses de los dem\u00e1s. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 39)<\/p>\n<p>132. De esta manera el principio que hoy llamamos de solidaridad y cuya validez, ya sea en el orden interno de cada naci\u00f3n, ya sea en el orden internacional, he recordado en la <i>Sollicitudo Rei Socialis <\/i>(cf. SRS, nn. 38\u201340), se demuestra como uno de los principios b\u00e1sicos de la concepci\u00f3n cristiana de la organizaci\u00f3n social y pol\u00edtica. Le\u00f3n XIII lo enuncia varias veces con el nombre de \u00abamistad\u00bb, que encontramos ya en la filosof\u00eda griega; por P\u00edo XI es designado con la expresi\u00f3n no menos significativa de \u00abcaridad social\u00bb, mientras que Pablo VI, ampliando el concepto, de conformidad con las actuales y m\u00faltiples dimensiones de la cuesti\u00f3n social, hablaba de \u00abcivilizaci\u00f3n del amor\u00bb (cf. RN, n. 25; QA, n. 3; Pablo VI, <i>Homil\u00eda para la Clausura del A\u00f1o Santo<\/i>, 1975). (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 10)<\/p>\n<p>133. La solidaridad nos ayuda a ver al \u00abotro\u00bb\u2014persona, pueblo o naci\u00f3n\u2014no como un instrumento cualquiera para explotar a poco coste su capacidad de trabajo y resistencia f\u00edsica, abandon\u00e1ndolo cuando ya no sirve, sino como un \u00absemejante\u00bb nuestro, una \u00abayuda\u00bb (cf. Gn 2, 18\u201320), para hacerlo part\u00edcipe como nosotros, del banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por Dios. (<i>Sollicitudo Rei Socialis, <\/i>n. 39<i>)<\/i><\/p>\n<h2><b>IV. Subsidiariedad<\/b><\/h2>\n<p>134. La socializaci\u00f3n presenta tambi\u00e9n peligros. Una intervenci\u00f3n demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Seg\u00fan \u00e9ste, \u00abuna estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, priv\u00e1ndole de sus competencias, sino que m\u00e1s bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acci\u00f3n con la de los dem\u00e1s componentes sociales, con miras al bien com\u00fan\u00bb (CA, n. 48; cf. QA, nn. 184\u2013186). Dios no ha querido retener para \u00c9l solo el ejercicio de todos los poderes. Entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer, seg\u00fan las capacidades de su naturaleza. Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social. El comportamiento de Dios en el gobierno del mundo, que manifiesta tanto respeto a la libertad humana, debe inspirar la sabidur\u00eda de los que gobiernan las comunidades humanas. Estos deben comportarse como ministros de la providencia divina. El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los l\u00edmites de la intervenci\u00f3n del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional. (CIC, nn. 1883\u20131885)<\/p>\n<p>135. Adem\u00e1s, as\u00ed como en cada Estado es preciso que las relaciones que median entre la autoridad p\u00fablica y los ciudadanos, las familias y los grupos intermedios, se regulen y gobiernen por el principio de la acci\u00f3n subsidiaria, es justo que las relaciones entre la autoridad p\u00fablica mundial y las autoridades p\u00fablicas de cada naci\u00f3n se regulen y rijan por el mismo principio. Esto significa que la misi\u00f3n propia de esta autoridad mundial es examinar y resolver los problemas relacionados con el bien com\u00fan universal en el orden econ\u00f3mico, social, pol\u00edtico o cultural, ya que estos problemas, por su extrema gravedad, amplitud extraordinaria y urgencia inmediata, presentan dificultades superiores a las que pueden resolver satisfactoriamente los gobernantes de cada naci\u00f3n. Es decir, no corresponde a esta autoridad mundial limitar la esfera de acci\u00f3n o invadir la competencia propia de la autoridad p\u00fablica de cada Estado. Por el contrario, la autoridad mundial debe procurar que en todo el mundo se cree un ambiente dentro del cual no s\u00f3lo los poderes p\u00fablicos de cada naci\u00f3n, sino tambi\u00e9n los individuos y los grupos intermedios, puedan con mayor seguridad realizar sus funciones, cumplir sus deberes y defender sus derechos. (<i>Pacem in Terris<\/i>, nn. 140\u2013141)<\/p>\n<p>136. Como tesis inicial, hay que establecer que la econom\u00eda debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya act\u00faen \u00e9stos por s\u00ed solos, ya se asocien entre s\u00ed de m\u00faltiples maneras para procurar sus intereses comunes. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 51)<\/p>\n<p>137. Pero mant\u00e9ngase siempre a salvo el principio de que la intervenci\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas en el campo econ\u00f3mico, por dilatada y profunda que sea, no s\u00f3lo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansi\u00f3n de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, inc\u00f3lumes los derechos esenciales de la persona humana. Entre \u00e9stos hay que incluir el derecho y la obligaci\u00f3n que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutenci\u00f3n y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas econ\u00f3micos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producci\u00f3n. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 55)<\/p>\n<p>138. A este respecto, la <i>Rerum Novarum <\/i>se\u00f1ala la v\u00eda de las justas reformas, que devuelven al trabajo su dignidad de libre actividad del hombre. Son reformas que suponen, por parte de la sociedad y del Estado, asumirse las responsabilidades en orden a defender al trabajador contra el \u00edncubo del desempleo. Hist\u00f3ricamente esto se ha logrado de dos modos convergentes: con pol\u00edticas econ\u00f3micas, dirigidas a asegurar el crecimiento equilibrado y la condici\u00f3n de pleno empleo; con seguros contra el desempleo obrero y con pol\u00edticas de cualificaci\u00f3n profesional, capaces de facilitar a los trabajadores el paso de sectores en crisis a otros en desarrollo&#8230;. Para conseguir estos fines el Estado debe participar directa o indirectamente. Indirectamente y seg\u00fan el principio de subsidiariedad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio do la actividad econ\u00f3mica, encauzada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente y seg\u00fan el principio de solidaridad, poniendo, en defensa do los m\u00e1s d\u00e9biles, algunos l\u00edmites a la autonom\u00eda de las partes que deciden las condiciones de trabajo, y asegurando en todo caso un m\u00ednimo vital al trabajador en paro. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 15)<\/p>\n<h2><b>V. Participaci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>139. La doble aspiraci\u00f3n hacia la igualdad y la participaci\u00f3n trata de promover un tipo de sociedad democr\u00e1tica. Diversos modelos han sido propuestos; algunos de ellos han sido ya experimentados; ninguno satisface completamente, y la b\u00fasqueda queda abierta entre las tendencias ideol\u00f3gicas y pragm\u00e1ticas. El cristiano tiene la obligaci\u00f3n de participar en esta b\u00fasqueda, al igual que en la organizaci\u00f3n y en la vida pol\u00edticas. El hombre, ser social, construye su destino a trav\u00e9s de una serie de agrupaciones particulares que requieren, para su perfeccionamiento y como condici\u00f3n necesaria para su desarrollo, una sociedad m\u00e1s vasta, de car\u00e1cter universal, la sociedad pol\u00edtica. Toda actividad particular debe colocarse en esta sociedad ampliada, y adquiere con ello la dimensi\u00f3n del bien com\u00fan. (<i>Octogesima Adveniens<\/i>, n. 24)<\/p>\n<p>140. Es esencial que todo hombre tenga un sentido de participaci\u00f3n, de tomar parte en las decisiones y en los esfuerzos que forjan el destino del mundo. En el pasado la violencia y la injusticia han arraigado frecuentemente en el sentimiento que la gente tiene de estar privada del derecho a forjar sus propias vidas. No se podr\u00e1n evitar nuevas violencias e injusticias all\u00ed donde se niegue el derecho b\u00e1sico a participar en las decisiones de la sociedad. (<i>Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz<\/i>, 1985, n. 9)<\/p>\n<p>141. Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas. Adem\u00e1s, es preciso que se ayude a estos hombres necesitados a conseguir los conocimientos, a entrar en el c\u00edrculo de las interrelaciones, a desarrollar sus aptitudes para poder valorar mejor sus capacidades y recursos. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 34)<\/p>\n<p>142. Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras pol\u00edtico-jur\u00eddicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminaci\u00f3n alguna y con perfecci\u00f3n creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijaci\u00f3n de los fundamentos jur\u00eddicos de la comunidad pol\u00edtica, en el gobierno de la cosa p\u00fablica, en la determinaci\u00f3n de los campos de acci\u00f3n y de los l\u00edmites de las diferentes instituciones y en la elecci\u00f3n de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien com\u00fan. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa p\u00fablica y aceptan las cargas de este oficio. Para que la cooperaci\u00f3n ciudadana responsable pueda lograr resultados felices en el curso diario de la vida p\u00fablica, es necesario un orden jur\u00eddico positivo que establezca la adecuada divisi\u00f3n de las funciones institucionales de la autoridad pol\u00edtica, as\u00ed como tambi\u00e9n la protecci\u00f3n eficaz e independiente de los derechos. Recon\u00f3zcanse, resp\u00e9tense y promu\u00e9vanse los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, as\u00ed como su ejercicio, no menos que los deberes c\u00edvicos de cada uno. Entre estos \u00faltimos es necesario mencionar el deber de aportar a la vida p\u00fablica el concurso material y personal requerido por el bien com\u00fan. Cuiden los gobernantes de no entorpecer las asociaciones familiares, sociales o culturales, los cuerpos o las instituciones intermedias, y de no privarlos de su leg\u00edtima y constructiva acci\u00f3n, que m\u00e1s bien deben promover con libertad y de manera ordenada. Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, eviten atribuir a la autoridad pol\u00edtica todo poder excesivo y no pidan al Estado de manera inoportuna ventajas o favores excesivos, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales. (<i>Gaudium et Spes<\/i>, n. 75)<\/p>\n<p>143. Cada ciudadano tiene el derecho a participar en la vida de la propia comunidad. Esta es una convicci\u00f3n generalmente compartida hoy en d\u00eda. No obstante, este derecho se desvanece cuando el proceso democr\u00e1tico pierde su eficacia a causa del favoritismo y los fen\u00f3menos de corrupci\u00f3n, los cuales no solamente impiden la leg\u00edtima participaci\u00f3n en la gesti\u00f3n del poder, sino que obstaculizan el acceso mismo a un disfrute equitativo de los bienes y servicios comunes. (<i>Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz<\/i>, 1999, n. 6)<\/p>\n<p>144. Al mismo tiempo que el progreso cient\u00edfico y t\u00e9cnico contin\u00faa transformando el marco territorial del hombre, sus modos de conocimiento, de trabajo, de consumo y de relaciones, se manifiesta siempre en estos contextos nuevos una doble aspiraci\u00f3n m\u00e1s viva a medida que se desarrolla su informaci\u00f3n y su educaci\u00f3n: aspiraci\u00f3n a la igualdad, aspiraci\u00f3n a la participaci\u00f3n; formas ambas de la dignidad del hombre y de su libertad. (<i>Octogesima Adveniens<\/i>, n. 22)<\/p>\n<p>145. A\u00f1\u00e1dese a lo dicho que con la dignidad de la persona humana concuerda el derecho a tomar parte activa en la vida p\u00fablica y contribuir al bien com\u00fan. Pues, como dice nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII, \u00abel hombre, como tal, lejos de ser objeto y elemento puramente pasivo de la vida social, es, por el contrario, y debe ser y permanecer su sujeto, fundamento y fin\u00bb (<i>Mensaje por radio en la V\u00edspera de Navidad, <\/i>1944). (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 26<b>)<\/b><\/p>\n<h2><b>VI. Alienaci\u00f3n y marginaci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>146. El marxismo ha criticado las sociedades burguesas y capitalistas, reproch\u00e1ndoles la mercantilizaci\u00f3n y la alienaci\u00f3n de la existencia humana. Ciertamente, este reproche est\u00e1 basado sobre una concepci\u00f3n equivocada e inadecuada de la alienaci\u00f3n, seg\u00fan la cual \u00e9sta depende \u00fanicamente de la esfera de las relaciones de producci\u00f3n y propiedad, esto es, atribuy\u00e9ndole un fundamento materialista y negando, adem\u00e1s, la legitimidad y la positividad de las relaciones de mercado incluso en su propio \u00e1mbito. El marxismo acaba afirmando as\u00ed que s\u00f3lo en una sociedad de tipo colectivista podr\u00eda erradicarse la alienaci\u00f3n. Ahora bien, la experiencia hist\u00f3rica de los pa\u00edses socialistas ha demostrado tristemente que el colectivismo no acaba con la alienaci\u00f3n, sino que m\u00e1s bien la incrementa, al a\u00f1adirle la penuria de las cosas necesarias y la ineficacia econ\u00f3mica. La experiencia hist\u00f3rica de Occidente, por su parte, demuestra que, si bien el an\u00e1lisis y el fundamento marxista de la alienaci\u00f3n son falsas, sin embargo la alienaci\u00f3n, junto con la p\u00e9rdida del sentido aut\u00e9ntico de la existencia, es una realidad incluso en las sociedades occidentales. En efecto, la alienaci\u00f3n se verifica en el consumo, cuando el hombre se ve implicado en una red de satisfacciones falsas y superficiales, en vez de ser ayudado a experimentar su personalidad aut\u00e9ntica y concreta. La alienaci\u00f3n se verifica tambi\u00e9n en el trabajo, cuando se organiza de manera tal que \u00abmaximaliza\u00bb solamente sus frutos y ganancias y no se preocupa de que el trabajador, mediante el propio trabajo, se realice como hombre, seg\u00fan que aumente su participaci\u00f3n en una aut\u00e9ntica comunidad solidaria, o bien su aislamiento en un complejo de relaciones de exacerbada competencia y de rec\u00edproca exclusi\u00f3n, en la cual es considerado s\u00f3lo como un medio y no como un fin. Es necesario iluminar, desde la concepci\u00f3n cristiana, el concepto de alienaci\u00f3n, descubriendo en \u00e9l la inversi\u00f3n entre los medios y los fines: el hombre, cuando no reconoce el valor y la grandeza de la persona en s\u00ed mismo y en el otro, se priva de hecho de la posibilidad de gozar de la propia humanidad y de establecer una relaci\u00f3n de solidaridad y comuni\u00f3n con los dem\u00e1s hombres, para lo cual fue creado por Dios. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 41)<\/p>\n<p>147. El hombre actual parece estar siempre amenazado por lo que produce, es decir, por el resultado del trabajo de sus manos y m\u00e1s a\u00fan por el trabajo de su entendimiento, de las tendencias de su voluntad. Los frutos de esta m\u00faltiple actividad del hombre se traducen muy pronto y de manera a veces imprevisible en objeto de \u00abalienaci\u00f3n\u00bb, es decir, son pura y simplemente arrebatados a quien los ha producido; pero al menos parcialmente, en la l\u00ednea indirecta de sus efectos, esos frutos se vuelven contra el mismo hombre. (<i>Redemptor Hominis<\/i>, n. 15)<\/p>\n<p>148. La pregunta moral, a la que responde Cristo, no puede prescindir del problema de la libertad, es m\u00e1s, lo considera central, porque no existe moral sin libertad: \u00abEl hombre puede convertirse al bien s\u00f3lo en la libertad\u00bb (GS, n. 17). Pero, \u00bfqu\u00e9 libertad? El Concilio\u2014 frente a aquellos contempor\u00e1neos nuestros que \u00abtanto defienden\u00bb la libertad y que la \u00abbuscan ardientemente\u00bb, pero que \u00aba menudo la cultivan de mala manera, como si fuera l\u00edcito todo con tal de que guste, incluso el mal\u00bb\u2014presenta la verdadera libertad: \u00abLa verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre. Pues quiso Dios \u00abdejar al hombre en manos de su propia decisi\u00f3n\u00bb (cf. Si 15, 14), de modo que busque sin coacciones a su Creador y, adhiri\u00e9ndose a \u00e9l, llegue libremente a la plena y feliz perfecci\u00f3n\u00bb (GS, n. 17). Si existe el derecho de ser respetados en el propio camino de b\u00fasqueda de la verdad, existe a\u00fan antes la obligaci\u00f3n moral, grave para cada uno, de buscar la verdad y de seguirla una vez conocida. (<i>Veritatis Splendor<\/i>, n. 34)<\/p>\n<p>149. No s\u00f3lo no es l\u00edcito desatender desde el punto de vista \u00e9tico la naturaleza del hombre que ha sido creado para la libertad, sino que esto ni siquiera es posible en la pr\u00e1ctica. Donde la sociedad se organiza reduciendo de manera arbitraria o incluso eliminando el \u00e1mbito en que se ejercita leg\u00edtimamente la libertad, el resultado es la desorganizaci\u00f3n y la decadencia progresiva de la vida social. (<i>Centesimus Annus, <\/i>n. 25)<\/p>\n<p>150. La libertad es la medida de la dignidad y de la grandeza del hombre. Vivir la libertad que los individuos y los pueblos buscan es un gran desaf\u00edo para el crecimiento espiritual del hombre y para la vitalidad moral de las naciones. (<i>Discurso a la L Asamblea General de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas<\/i>, 1995, n. 12)<\/p>\n<p>151. La libertad no es simplemente ausencia de tiran\u00eda o de opresi\u00f3n, ni es licencia para hacer todo lo que se quiera. La libertad posee una \u00abl\u00f3gica\u00bb interna que la cualifica y la ennoblece: est\u00e1 ordenada a la verdad y se realiza en la b\u00fasqueda y en el cumplimiento de la verdad. Separada de la verdad de la persona humana, la libertad decae en la vida individual en libertinaje y en la vida pol\u00edtica, en la arbitrariedad de los m\u00e1s fuertes y en la arrogancia del poder. (<i>Discurso a la L Asamblea General de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas<\/i>, 1995, n. 12)<\/p>\n<h2><b>VII. Libertad social<\/b><\/h2>\n<p>152. Al no ser ideol\u00f3gica, la fe cristiana no pretende encuadrar en un r\u00edgido esquema la cambiante realidad socio-pol\u00edtica y reconoce que la vida del hombre se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas. La Iglesia, por tanto, al ratificar constantemente la trascendente dignidad de la persona, utiliza como m\u00e9todo propio el respeto de la libertad. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 46)<\/p>\n<p>153. Hay que indicar otro principio: el de que las relaciones internacionales deben ordenarse seg\u00fan una norma de libertad. El sentido de este principio es que ninguna naci\u00f3n tiene derecho a oprimir injustamente a otras o a interponerse de forma indebida en sus asuntos. Por el contrario, es indispensable que todas presten ayuda a las dem\u00e1s, a fin de que estas \u00faltimas adquieran una conciencia cada vez mayor de sus propios deberes, acometan nuevas y \u00fatiles empresas y act\u00faen como protagonistas de su propio desarrollo en todos los sectores. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 120)<\/p>\n<p>154. Por esto, la relaci\u00f3n inseparable entre verdad y libertad\u2014 que expresa el v\u00ednculo esencial entre la sabidur\u00eda y la voluntad de Dios\u2014tiene un significado de suma importancia para la vida de las personas en el \u00e1mbito socioecon\u00f3mico y socio-pol\u00edtico. (<i>Veritatis Splendor, <\/i>n. 99)<\/p>\n<h2><b>VIII. Cultura<\/b><\/h2>\n<p>155. M\u00faltiples son los v\u00ednculos que existen entre el mensaje de salvaci\u00f3n y la cultura humana. Dios, en efecto, al revelarse a su pueblo hasta la plena manifestaci\u00f3n de s\u00ed mismo en el Hijo encarnado, habl\u00f3 seg\u00fan los tipos de cultura propios de cada \u00e9poca. De igual manera, la Iglesia, al vivir durante el transcurso de la historia en variedad de circunstancias, ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el mensaje de Cristo en su predicaci\u00f3n a todas las gentes, para investigarlo y comprenderlo con mayor profundidad, para expresarlo mejor en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica y en la vida de la multiforme comunidad de los fieles. Pero al mismo tiempo, la Iglesia, enviada a todos los pueblos sin distinci\u00f3n de \u00e9pocas y regiones, no est\u00e1 ligada de manera exclusiva e indisoluble a raza o naci\u00f3n alguna, a alg\u00fan sistema particular de vida, a costumbre alguna antigua o reciente. Fiel a su propia tradici\u00f3n y consciente a la vez de la universalidad de su misi\u00f3n, puede entrar en comuni\u00f3n con las diversas formas de cultura; comuni\u00f3n que enriquece al mismo tiempo a la propia Iglesia y las diferentes culturas. La buena nueva de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre, ca\u00eddo, combate y elimina los errores y males que provienen de la seducci\u00f3n permanente del pecado. Purifica y eleva incesantemente la moral de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda como desde sus entra\u00f1as las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo y de cada edad, las consolida, perfecciona y restaura en Cristo. As\u00ed, la Iglesia, cumpliendo su misi\u00f3n propia, contribuye, por lo mismo, a la cultura humana y la impulsa, y con su actividad, incluida la lit\u00fargica, educa al hombre en la libertad interior. (<i>Gaudium et Spes<\/i>, n. 58)<\/p>\n<p>156. Toda la actividad humana tiene lugar dentro de una cultura y tiene una rec\u00edproca relaci\u00f3n con ella. Para una adecuada formaci\u00f3n de esa cultura se requiere la participaci\u00f3n directa de todo el hombre, el cual desarrolla en ella su creatividad, su inteligencia, su conocimiento del mundo y de los dem\u00e1s hombres. A ella dedica tambi\u00e9n su capacidad de autodominio, de sacrificio personal, de solidaridad y disponibilidad para promover el bien com\u00fan. Por esto, la primera y m\u00e1s importante labor se realiza en el coraz\u00f3n del hombre, y el modo como \u00e9ste se compromete a construir el propio futuro depende de la concepci\u00f3n que tiene de s\u00ed mismo y de su destino. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 51)<\/p>\n<p>157. Rico o pobre, cada pa\u00eds posee una civilizaci\u00f3n, recibida de sus mayores: instituciones exigidas por la vida terrena y manifestaciones superiores\u2014art\u00edsticas, intelectuales y religiosas\u2014de la vida del esp\u00edritu. Mientras que \u00e9stas contengan verdaderos valores humanos, ser\u00eda un grave error sacrificarlas a aquellas otras. Un pueblo que lo permitiera perder\u00eda con ello lo mejor de s\u00ed mismo y sacrificar\u00eda, para vivir, sus razones de vivir. La ense\u00f1anza de Cristo vale tambi\u00e9n para los pueblos. \u00bfDe qu\u00e9 le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? (Mt 16, 26) (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 40)<\/p>\n<p>158.La cultura es el espacio vital con el cual, la persona humana se coloca cara a cara con el Evangelio. As\u00ed como la cultura es el resultado de la vida y de la actividad de un grupo humano, del mismo modo, las personas que pertenecen a ese grupo, est\u00e1n orientadas hacia un largo alcance por la cultura en la cual ellas viven. Como las personas y la sociedad cambian, as\u00ed tambi\u00e9n, muchas son las personas y las sociedades transformadas por esta. Desde esta perspectiva, se llega a aclarar porqu\u00e9 la evangelizaci\u00f3n y la inculturaci\u00f3n son natural e \u00edntimamente relacionadas entre s\u00ed. El Evangelio y la evangelizaci\u00f3n no son, ciertamente, id\u00e9nticos a la cultura; ellos son independientes de ella. Sin embargo, el Reino de Cristo llega a la gente que est\u00e1 profundamente vinculada a la cultura, y la construcci\u00f3n del Reino no puede eludir el tomar prestados elementos de las culturas humanas. (<i>Ecclesia in Asia<\/i>, n. 21)<\/p>\n<p>159. Al desarrollar su actividad misionera entre las gentes, la Iglesia encuentra diversas culturas y se ve comprometida en el proceso de inculturaci\u00f3n&#8230;. Transmite a las mismas sus propias calores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renovando las desde dentro. (<i>Redemptoris Missio<\/i>, n. 52)<\/p>\n<p>160. No es posible comprender al hombre, consider\u00e1ndolo unilateralmente a partir del sector de la econom\u00eda, ni es posible definirlo simplemente tomando como base su pertenencia a una clase social. Al hombre se le comprende de manera m\u00e1s exhaustiva si es visto en la esfera de la cultura a trav\u00e9s de la lengua, la historia y las actitudes que asume ante los acontecimientos fundamentales de la existencia, como son nacer, amar, trabajar, morir. El punto central de toda cultura lo ocupa la actitud que el hombre asume ante el misterio m\u00e1s grande: el misterio de Dios. Las culturas de las diversas naciones son, en el fondo, otras tantas maneras diversas de plantear la pregunta acerca del sentido de la existencia personal. Cuando esta pregunta es eliminada, se corrompen la cultura y la vida moral de las naciones. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 24)<\/p>\n<h2><b>IX. Genuino desarrollo humano<\/b><\/h2>\n<p>161. As\u00ed, pues, el tener m\u00e1s, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin \u00faltimo. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea m\u00e1s hombre, lo encierra como en una prisi\u00f3n desde el momento en que se convierte en el bien supremo, que impide mirar m\u00e1s all\u00e1. Entonces los corazones se endurecen y los esp\u00edritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad, sino por inter\u00e9s, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La b\u00fasqueda exclusiva del poseer se convierte en un obst\u00e1culo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma m\u00e1s evidente de un subdesarrollo moral. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 19)<\/p>\n<p>162. En pocas palabras, el subdesarrollo de nuestros d\u00edas no es s\u00f3lo econ\u00f3mico, sino tambi\u00e9n cultural, pol\u00edtico y simplemente humano, como ya indicaba hace veinte a\u00f1os la Enc\u00edclica <i>Populorum Progressio<\/i>. Por consiguiente, es menester preguntarse si la triste realidad de hoy no sea, al menos en parte, el resultado de una concepci\u00f3n demasiado limitada, es decir, prevalentemente econ\u00f3mica, del desarrollo. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 15)<\/p>\n<p>163.El desarrollo humano integral\u2014desarrollo de todo hombre y de todo el hombre, especialmente de quien es m\u00e1s pobre y marginado en la comunidad\u2014constituye el centro mismo de la evangelizaci\u00f3n. Entre evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana\u2014desarrollo, liberaci\u00f3n\u2014 existen efectivamente lazos muy fuertes. V\u00ednculos de orden antropol\u00f3gico, porque, el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y econ\u00f3micos. (<i>Ecclesia in Africa<\/i>, n. 68)<\/p>\n<p>164. El progreso de la t\u00e9cnica y el desarrollo de la civilizaci\u00f3n de nuestro tiempo, que est\u00e1 marcado por el dominio de la t\u00e9cnica, exigen un desarrollo proporcional de la moral y de la \u00e9tica. Mientras tanto, \u00e9ste \u00faltimo parece, por desgracia, haberse quedado atr\u00e1s. Por eso, este progreso, por lo dem\u00e1s tan maravilloso, en el que es dif\u00edcil no descubrir tambi\u00e9n aut\u00e9nticos signos de la grandeza del hombre, que nos han sido revelados en sus g\u00e9rmenes creativos en las p\u00e1ginas del Libro del G\u00e9nesis, en la descripci\u00f3n de la creaci\u00f3n, no puede menos de engendrar m\u00faltiples inquietudes. La primera inquietud se refiere a la cuesti\u00f3n esencial y fundamental: \u00bfeste progreso, cuyo autor y autor es el hombre, hace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos, \u00abm\u00e1s humana\u00bb?; \u00bfla hace m\u00e1s \u00abdigna del hombre\u00bb? No puede dudarse de que, bajo muchos aspectos, lo haga as\u00ed. No obstante, esta pregunta vuelve a plantearse obstinadamente por lo que se refiere a lo verdaderamente esencial: si el hombre, en cuanto hombre, en el contexto de este progreso, se hace de veras mejor, es decir, m\u00e1s maduro espiritualmente, m\u00e1s consciente de la dignidad de su humanidad, m\u00e1s responsable, m\u00e1s abierto a los dem\u00e1s, particularmente a los m\u00e1s necesitados y a los m\u00e1s d\u00e9biles, m\u00e1s disponible a dar y prestar ayuda a todos. (<i>Redemptor Hominis<\/i>, n. 15)<\/p>\n<p>165.Pero al mismo tiempo ha entrado en crisis la misma concepci\u00f3n \u00abecon\u00f3mica\u00bb o \u00abeconomicista\u00bb vinculada a la palabra desarrollo. En efecto, hoy se comprende mejor que la mera acumulaci\u00f3n de bienes y servicios, incluso en favor de una mayor\u00eda, no basta para proporcionar la felicidad humana. Ni, por consiguiente, la disponibilidad de m\u00faltiples beneficios reales, aportados en los tiempos recientes por la ciencia y la t\u00e9cnica, incluida la inform\u00e1tica, traen consigo la liberaci\u00f3n de cualquier forma de esclavitud. Al contrario, la experiencia de los \u00faltimos a\u00f1os demuestra que si toda esta considerable masa de recursos y potencialidades, puesta a disposici\u00f3n del hombre, no es regida por un objetivo moral y por una orientaci\u00f3n que vaya dirigida al verdadero bien del g\u00e9nero humano, se vuelve f\u00e1cilmente contra \u00e9l para oprimirlo. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 28)<\/p>\n<p>166. Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan t\u00e9cnicos, cada vez en mayor n\u00famero, para este mismo desarrollo se exige m\u00e1s todav\u00eda pensadores de reflexi\u00f3n profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a s\u00ed mismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oraci\u00f3n y de la contemplaci\u00f3n. As\u00ed podr\u00e1 realizar, en toda su plenitud, el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a condiciones m\u00e1s humanas. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 20)<\/p>\n<h2><b>X. El bien com\u00fan<\/b><\/h2>\n<p>167. Por bien com\u00fan, es preciso entender \u00abel conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir m\u00e1s plena y f\u00e1cilmente su propia perfecci\u00f3n\u00bb (GS, n. 26). El bien com\u00fan afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y m\u00e1s a\u00fan por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales: Supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien com\u00fan, las autoridades est\u00e1n obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocaci\u00f3n. En particular, el bien com\u00fan reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocaci\u00f3n humana: \u00abderecho a &#8230; actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protecci\u00f3n de la vida privada y a la justa libertad, tambi\u00e9n en materia religiosa\u00bb (GS, n. 26). En segundo lugar, el bien com\u00fan exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien com\u00fan, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educaci\u00f3n y cultura, informaci\u00f3n adecuada, derecho de fundar una familia, etc. El bien com\u00fan implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien com\u00fan fundamenta el derecho a la leg\u00edtima defensa individual y colectiva. (CIC, nn. 1906\u20131909)<\/p>\n<p>168.La interdependencia, cada vez m\u00e1s estrecha, y su progresiva universalizaci\u00f3n hacen que el bien com\u00fan\u2014esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro m\u00e1s pleno y m\u00e1s f\u00e1cil de la propia perfecci\u00f3n\u2014se universalice cada vez m\u00e1s, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el g\u00e9nero humano. Todo grupo social debe tener en cuanta las necesidades y las leg\u00edtimas aspiraciones de los dem\u00e1s grupos; m\u00e1s a\u00fan, debe tener muy en cuanta el bien com\u00fan de toda la familia humana. Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que \u00e9ste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elecci\u00f3n de estado ya fundar una familia, a la educaci\u00f3n, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada informaci\u00f3n, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protecci\u00f3n de la vida privada y a la justa libertad tambi\u00e9n en materia religiosa.<\/p>\n<p>El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Se\u00f1or lo advirti\u00f3 cuando dijo que el s\u00e1bado hab\u00eda sido hecho para el hombre, y no el hombre para el s\u00e1bado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada d\u00eda m\u00e1s humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovaci\u00f3n de los esp\u00edritus y a profundas reformas de la sociedad. El Esp\u00edritu de Dios, que con admirable providencia gu\u00eda el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evoluci\u00f3n. Y, por su parte, el fermento evang\u00e9lico ha despertado y despierta en el coraz\u00f3n del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad. (<i>Gaudium et Spes<\/i>, n. 26)<\/p>\n<p>169. La autoridad s\u00f3lo se ejerce leg\u00edtimamente si busca el bien com\u00fan del grupo en cuesti\u00f3n y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente l\u00edcitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. \u00abEn semejante situaci\u00f3n, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa\u00bb (PT, n. 51). (CIC, n. 1903)<\/p>\n<p>170.Ahora bien, si se examinan con atenci\u00f3n, por una parte, el contenido intr\u00ednseco del bien com\u00fan, y por otra, la naturaleza y el ejercicio de la autoridad p\u00fablica, todos habr\u00e1n de reconocer que entre ambos existe una imprescindible conexi\u00f3n. Porque el orden moral, de la misma manera que exige una autoridad p\u00fablica para promover el bien com\u00fan en la sociedad civil, as\u00ed tambi\u00e9n requiere que dicha autoridad pueda lograrlo efectivamente. De aqu\u00ed nace que las instituciones civiles\u2014en medio de las cuales la autoridad p\u00fablica se desenvuelve, act\u00faa y obtiene su fin\u2014deben poseer una forma y eficacia tales, que puedan alcanzar el bien com\u00fan por las v\u00edas y los procedimientos m\u00e1s adecuados a las distintas situaciones de la realidad. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 136)<\/p>\n<p>171.Por lo que concierne al primer aspecto, han de considerarse como exigencias del bien com\u00fan nacional: facilitar trabajo al mayor n\u00famero posible de obreros; evitar que se constituyan, dentro de la naci\u00f3n e incluso entre los propios trabajadores, categor\u00edas sociales privilegiadas; mantener una adecuada proporci\u00f3n entre salario y precios; hacer accesibles al mayor n\u00famero de ciudadanos los bienes materiales y los beneficios de la cultura; suprimir o limitar al menos las desigualdades entre los distintos sectores de la econom\u00eda\u2014agricultura, industria y servicios\u2014equilibrar adecuadamente el incremento econ\u00f3mico con el aumento de los servicios generales necesarios, principalmente por obra de la autoridad p\u00fablica; ajustar, dentro de lo posible, las estructuras de la producci\u00f3n a los progresos de las ciencias y de la t\u00e9cnica; lograr, en fin, que el mejoramiento en el nivel de vida no s\u00f3lo sirva a la generaci\u00f3n presente, sino que prepare tambi\u00e9n un mejor porvenir a las futuras generaciones. Son, por otra parte, exigencias del bien com\u00fan internacional: evitar toda forma de competencia desleal entre los diversos pa\u00edses en materia de expansi\u00f3n econ\u00f3mica; favorecer la concordia y la colaboraci\u00f3n amistosa y eficaz entre las distintas econom\u00edas nacionales, y, por \u00faltimo, cooperar eficazmente al desarrollo econ\u00f3mico de las comunidades pol\u00edticas m\u00e1s pobres. (<i>Mater et Magistra<\/i>, nn. 79\u201380)<\/p>\n<p>172. En la \u00e9poca actual se considera que el bien com\u00fan consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana. De aqu\u00ed que la misi\u00f3n principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes. Tutelar el campo intangible de los derechos de la persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes debe ser oficio esencial de todo poder p\u00fablico. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 60)<\/p>\n<p>173. Para dar cima a esta tarea con mayor facilidad, se requiere, sin embargo, que los gobernantes profesen un sano concepto del bien com\u00fan. Este concepto abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfecci\u00f3n. Juzgamos adem\u00e1s necesario que los organismos o cuerpos y las m\u00faltiples asociaciones privadas, que integran principalmente este incremento de las relaciones sociales, sean en realidad aut\u00f3nomos y tiendan a sus fines espec\u00edficos con relaciones de leal colaboraci\u00f3n mutua y de subordinaci\u00f3n a las exigencias del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Es igualmente necesario que dichos organismos tengan la forma externa y la sustancia interna de aut\u00e9nticas comunidades, lo cual s\u00f3lo podr\u00e1 lograrse cuando sus respectivos miembros sean considerados en ellos como personas y llamados a participar activamente en las tareas comunes. En el progreso creciente que las relaciones sociales presentan en nuestros d\u00edas, el recto orden del Estado se conseguir\u00e1 con tanta mayor facilidad cuanto mayor sea el equilibrio que se observe entre estos dos elementos: de una parte, el poder de que est\u00e1n dotados as\u00ed los ciudadanos como los grupos privados para regirse con autonom\u00eda, salvando la colaboraci\u00f3n mutua de todos en las obras; y de otra parte, la acci\u00f3n del Estado que coordine y fomente a tiempo la iniciativa privada. (<i>Mater et Magistra<\/i>, nn. 65\u201366)<\/p>\n<p>174.El bien com\u00fan tambi\u00e9n demanda que los autoridades civiles deben de hacer verdaderos esfuerzos para crear una situaci\u00f3n donde los ciudadanos individuales puedan ejercitar sus derechos y cumplir con sus deberes f\u00e1cilmente. Porque, la experiencia nos ha ense\u00f1ado que si estos autoridades no tomen acci\u00f3n adecuada en relaci\u00f3n a los asuntos econ\u00f3micas, pol\u00edticas, y culturales, el desequilibrio entre los ciudadanos suele ser cada vez mas definido sobre todo en el mundo, y como resulta los derechos humanos quedan totalmente ineficaces&#8230;. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 63)<\/p>\n<h2><b>XI. \u00abEl pecado social\u00bb<\/b><\/h2>\n<p>175. No obstante, es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos econ\u00f3micos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi autom\u00e1tico, haciendo m\u00e1s r\u00edgida las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros. Estos mecanismos, maniobrados por los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen a causa de su mismo funcionamiento los intereses de los que los maniobran, aunque terminan por sofocar o condicionar las econom\u00edas de los pa\u00edses menos desarrollados. Es necesario someter en el futuro estos mecanismos a un an\u00e1lisis atento bajo el aspecto \u00e9tico-moral. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 16)<\/p>\n<p>176. Hablar de pecado social quiere decir, ante todo, reconocer que, en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los dem\u00e1s. En \u00e9sta la otra cara de aquella solidaridad que, a nivel religioso, se desarrolla en el misterio profundo y magn\u00edfico de la comuni\u00f3n de los santos, merced a la cual se ha podido decir que \u00abtoda alma que se eleva, eleva al mundo\u00bb. A esta ley de la elevaci\u00f3n corresponde, pro desgracia, la ley del descenso, de suerte que se puede hablar de una comuni\u00f3n del pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero. En otras palabras, no existe pecado alguno, aun el m\u00e1s \u00edntimo y secreto, el m\u00e1s estrictamente individual, que afecte exclusivamente a aquel que lo comete. Todo pecado repercute, con mayo o menor intensidad, con mayor o menor da\u00f1o en todo el conjunto eclesial y en toda la familia humana. Seg\u00fan esta primera acepci\u00f3n, se puede atribuir indiscutiblemente a cada pecado el car\u00e1cter de pecado social. Algunos pecados, sin embargo, constituyen, por su mismo objeto, una agresi\u00f3n directa contra el pr\u00f3jimo y\u2014m\u00e1s exactamente seg\u00fan el lenguaje evang\u00e9lico\u2014contra el hermano. Son una ofensa a Dios, porque ofenden al pr\u00f3jimo. A estos pecados se suele dar el nombre de sociales, y \u00e9sta es la segunda acepci\u00f3n de la palabra. En este sentido es social el pecado contra el amor del pr\u00f3jimo, que viene a ser mucho m\u00e1s grave en la ley de Cristo porque est\u00e1 en juego el segundo mandamiento que es \u00absemejante al primero\u00bb. Es igualmente social todo pecado cometido contra la justicia en las relaciones tanto interpersonales como en las de la persona con la sociedad y aun de la comunidad con la persona. Es social todo pecado cometido contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, sin excluir la del que est\u00e1 por nacer, o contra la integridad f\u00edsica de alguno; todo pecado contra la libertad ajena, especialmente contra la suprema libertad de creer en Dios y de adorarlo; todo pecado contra la dignidad y el honor del pr\u00f3jimo. Es social todo pecado contra el bien com\u00fan y sus exigencias, dentro del amplio panorama de los derechos y deberes de los ciudadanos. (<i>Reconciliatio et Paenitentia<\/i>, n. 16)<\/p>\n<p>177. Si la situaci\u00f3n actual hay que atribuirla a dificultades de diversa \u00edndole, se debe hablar de \u00abestructuras de pecado\u00bb, las cuales\u2014 como ya he dicho en la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica <i>Reconciliatio et Paenitentia<\/i>\u2014se fundan en el pecado personal y, por consiguiente, est\u00e1n unidas siempre a actos concretos de las personas, que las introducen, y hacen dif\u00edcil su eliminaci\u00f3n. Y as\u00ed estas mismas estructuras se refuerzan, se difunden y son fuente de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 36)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. La centralidad de la persona humana 118. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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