{"id":122157,"date":"2022-08-27T07:54:18","date_gmt":"2022-08-27T05:54:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=122157"},"modified":"2022-08-09T18:21:58","modified_gmt":"2022-08-09T16:21:58","slug":"la-economia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-economia\/","title":{"rendered":"La econom\u00eda"},"content":{"rendered":"<h2><b>I. El destino universal de los bienes materiales<\/b><\/h2>\n<p>202. \u00abLlenad la tierra y sometedla\u00bb (Gn 1, 28). La Biblia, desde sus primeras p\u00e1ginas, nos ense\u00f1a que la creaci\u00f3n entera es para el hombre, quien tiene que aplicar su esfuerzo inteligente para valorizarla y, mediante su trabajo, perfeccionarla, por decirlo as\u00ed poni\u00e9ndola a su servicio. Si la tierra est\u00e1 hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso, todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que necesita. El reciente Concilio lo ha recordado: \u00abDios ha destinado la tierra, y todo lo que en ella se contiene, para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma justa, seg\u00fan la regla de la justicia, inseparable de la caridad\u00bb (GS, n. 69). Todos los dem\u00e1s derechos, sean los que sean, comprendidos en ellos los de propiedad y comercio libre, a ello est\u00e1n subordinados: no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realizaci\u00f3n, y es un deber social grave y urgente hacerlos volver a su finalidad primera. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 22)<\/p>\n<p>203. Los sucesores de Le\u00f3n XIII han repetido esta doble afirmaci\u00f3n: la necesidad y, por tanto, la licitud de la propiedad privada, as\u00ed como los l\u00edmites que pesan sobre ella. Tambi\u00e9n el Concilio Vaticano II ha propuesto de nuevo la doctrina tradicional con palabras que merecen ser citadas aqu\u00ed textualmente: \u00abEl hombre, usando estos bienes, no debe considerar las cosas exteriores que leg\u00edtimamente posee como exclusivamente suyas, sino tambi\u00e9n como comunes, en el sentido de que, no le aprovechen a \u00e9l solamente, sino tambi\u00e9n a los dem\u00e1s\u00bb (GS, n. 69). Y un poco m\u00e1s adelante: \u00abLa propiedad privada o un cierto dominio sobre los bienes externos aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria de autonom\u00eda personal y familiar, y deben ser considerados como una ampliaci\u00f3n de la libertad humana&#8230;. La propiedad privada, por su misma naturaleza, tiene tambi\u00e9n una \u00edndole social, cuyo fundamento reside en el destino com\u00fan de los bienes\u00bb (GS, n. 71). (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 30)<\/p>\n<p>204. Poseer bienes en privado, seg\u00fan hemos dicho poco antes, es derecho natural del hombre; y usar de este derecho sobre todo en la sociedad de la vida, no s\u00f3lo es l\u00edcito, sino incluso necesario en absoluto. \u00abEs l\u00edcito que el hombre posea cosas propias. Y es necesario tambi\u00e9n para la vida humana\u00bb (Santo Tom\u00e1s de Aquino, <i>STh<\/i>, II\u2013II, 66, 2, c). Y si se pregunta cu\u00e1l es necesario que sea el uso de los bienes. La Iglesia responder\u00e1 sin vacilaci\u00f3n alguna: \u00abEn cuanto a esto, el hombre no debe considerar las cosas externas como propias, sino como comunes, es decir, de modo que las comparta f\u00e1cilmente con otros en sus necesidades\u00bb (Santo Tom\u00e1s de Aquino, <i>STh<\/i>, II\u2013II, 66, 2, c). De donde el Ap\u00f3stol dice: \u00abManda a los ricos de este siglo &#8230; que den, que compartan con facilidad\u00bb (Lc 11, 41). A nadie se manda socorrer a los dem\u00e1s con lo necesario para sus usos personales o de los suyos; ni siquiera a dar a otro lo que \u00e9l mismo necesita para conservar lo que convenga a la persona, a su decoro: \u00abNadie debe vivir de una manera inconveniente\u00bb. Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra. \u00abLo que sobra, dadlo de limosna\u00bb (Hech 20, 25). No son \u00e9stos, sin embargo, deberes de justicia, salvo en los casos de necesidad extrema, sino de caridad cristiana, la cual ciertamente no hay derecho de exigirla por la ley. Pero antes que la ley y el juicio de los hombres est\u00e1n la ley y el juicio de Cristo Dios, que de modos diversos y suavemente aconseja la pr\u00e1ctica de dar:<\/p>\n<p>\u00abEs mejor dar que recibir\u00bb, y que juzgar\u00e1 la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a \u00e9l en persona: \u00abCuanto hicisteis a uno de estos hermanos m\u00edos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed me lo hicisteis\u00bb (Mt 25, 40). Todo lo cual se resume en que todo el que ha recibido abundancia de bienes, sean \u00e9stos del cuerpo y externos, sean del esp\u00edritu, los ha recibido para perfeccionamiento propio y, al mismo tiempo, para que, como ministro de la Providencia divina, los emplee en beneficio de los dem\u00e1s. \u00abPor lo tanto, el que tenga talento, que cuide mucho de no estarse callado; el que tenga abundancia de bienes, que no se deje entorpecer para la largueza de la misericordia; el que tenga un oficio con que se desenvuelve, que se afane en compartir su uso y su utilidad con el pr\u00f3jimo\u00bb (San Gregorio Magno, <i>Evangelium Homiliae<\/i>, 9, 7). (<i>Rerum Novarum<\/i>, n. 22)<\/p>\n<h2><b>II. Propiedad privada<\/b><\/h2>\n<p>205. El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del g\u00e9nero humano, no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en com\u00fan al g\u00e9nero humano no porque quisiera que su posesi\u00f3n fuera indivisa para todos, sino porque no asign\u00f3 a nadie la parte que habr\u00eda de poseer, dejando la delimitaci\u00f3n de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos. Por lo dem\u00e1s, a pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la com\u00fan utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con lo que los campos producen. Los que carecen de propiedad, lo suplen con el trabajo; de modo que cabe afirmar con verdad que el medio universal de procurarse la comida y el vestido est\u00e1 en el trabajo, el cual, rendido en el fundo propio o en un oficio mec\u00e1nico, recibe, finalmente, como merced no otra cosa que los m\u00faltiples frutos de la tierra o algo que cambia por ellos. Con lo que de nuevo viene a demostrarse que las posesiones privadas son conforme a la naturaleza. (<i>Rerum Novarum, <\/i>nn. 8\u20139)<\/p>\n<p>206. Hay, por consiguiente, que evitar con todo cuidado dos escollos contra los cuales se puede chocar. Pues, igual que negando o suprimiendo el car\u00e1cter social y p\u00fablico del derecho de propiedad se cae o se incurre en peligro de caer en el \u00abindividualismo\u00bb, rechazando o disminuyendo el car\u00e1cter privado e individual de tal derecho, se va necesariamente a dar en el \u00abcolectivismo\u00bb o, por lo menos, a rozar con sus errores. Si no se tiene en cuanta esto, se ir\u00e1 l\u00f3gicamente a naufragar en los escollos del modernismo moral, jur\u00eddico y social, denunciado por Nos en la enc\u00edclica (<i>Ubi Arcano Dei Consilio<\/i>) dada a comienzos de nuestro pontificado; y de esto han debido darse perfect\u00edsima cuenta quienes, deseosos de novedades, no temen acusar a la Iglesia con criminales calumnias, cual si hubiera consentido que en la doctrina de los te\u00f3logos se infiltrara un concepto pagano del dominio, que ser\u00eda preciso sustituir por otro, que ellos, con asombrosa ignorancia, llaman \u00abcristiano\u00bb. (<i>Quadragesimo Anno<\/i>, n. 46)<\/p>\n<p>207.Es necesario recordar una vez m\u00e1s aquel principio peculiar de la doctrina cristiana: los bienes de este mundo est\u00e1n originariamente destinados todos. El derecho a la propiedad privada es v\u00e1lido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, sobre ella grava \u00abuna hipoteca social\u00bb, es decir, posee, como cualidad intr\u00ednseca, una funci\u00f3n social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 42)<\/p>\n<p>208.A la luz de las \u00abcasas nuevas\u00bb de hoy ha sido considerada nuevamente la relaci\u00f3n entre la propiedad individual o privada y el destino universal de los bienes. El hombre se realiza a s\u00ed mismo por medio de su inteligencia y su libertad y, obrando as\u00ed, asume como objecto e instrumento las cosas del mundo, a la vez que se apropia de ellas. En este modo de actuar se encuentra el fundamento del derecho a la iniciativa y a la propiedad individual. Mediante su trabajo el hombre se compromete no s\u00f3lo <i>en favor suyo, sino tambi\u00e9n en favor de los dem\u00e1s y con los dem\u00e1s<\/i>: cada uno colabora en el trabajo y en el bien de los otros. El hombre trabaja para cubrir las necesidades de su familia, de la comunidad de la que forma parte, de la naci\u00f3n y, en definitiva, de toda la humanidad (<i>Laborem Exercens<\/i>, n. 10). Colabora, asimismo, en la actividad de los que trabajan en la misma empresa e igualmente en el trabajo de los proveedores o en el consumo de los clientes, en una cadena de solidaridad que se extiende progresivamente. La propiedad de los medios de producci\u00f3n, tanto en el campo industrial como agr\u00edcola, es justa y leg\u00edtima cuando se emplea para trabajo \u00fatil; pero resulta ileg\u00edtima cuando no es valorada o sirve para impedir el trabajo de los dem\u00e1s u obtener unas ganancias que no son fruto de la expansi\u00f3n global del trabajo y de la riqueza social, sino m\u00e1s bien de su compresi\u00f3n, de la explotaci\u00f3n il\u00edcita, de la especulaci\u00f3n y de la solidaridad en el mundo laboral (<i>Laborem Exercens<\/i>, n. 14). Este tipo de propiedad no tiene ninguna justificaci\u00f3n y constituye un abuso ante Dios y los hombres. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 43)<\/p>\n<p>209.Ante todo, pues, debe tenerse por cierto y probado que ni Le\u00f3n XIII ni los te\u00f3logos que han ense\u00f1ado bajo la direcci\u00f3n y magisterio de la Iglesia han negado jam\u00e1s ni puesto en duda ese doble car\u00e1cter del derecho de propiedad llamado social e individual, seg\u00fan se refiera a los individuos o mire al bien com\u00fan, sino que siempre han afirmado un\u00e1nimemente que por la naturaleza o por el Creador mismo se ha conferido al hombre el derecho de dominio privado, tanto para que los individuos puedan atender a sus necesidades propias y a las de su familia, cuanto para que, por medio de esta instituci\u00f3n, los medios que el Creador destin\u00f3 a toda la familia humana sirvan efectivamente para tal fin, todo lo cual no puede obtenerse, en modo alguno, a no ser observando un orden firme y determinado. (<i>Quadragesimo Anno<\/i>, n. 45)<\/p>\n<h2><b>III. Sistemas econ\u00f3micos<\/b><\/h2>\n<p>210. La Iglesia ha rechazado las ideolog\u00edas totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al \u00abcomunismo\u00bb o \u00absocialismo\u00bb. Por otra parte, ha rechazado en la pr\u00e1ctica del \u00abcapitalismo\u00bb el individualismo y la primac\u00eda absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano. La regulaci\u00f3n de la econom\u00eda por la sola planificaci\u00f3n centralizada pervierte en su base los v\u00ednculos sociales; su regulaci\u00f3n \u00fanicamente por la ley de mercado quebranta la justicia social, porque \u00abexisten numerosas necesidades humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado\u00bb (CA, n. 34). Es preciso promover una regulaci\u00f3n razonable del mercado y de las iniciativas econ\u00f3micas, seg\u00fan una justa jerarqu\u00eda de valores y con vistas al bien com\u00fan. (CIC, n. 2425)<\/p>\n<p>211. Volviendo ahora a la pregunta inicial, \u00bfse puede decir quiz\u00e1 que, despu\u00e9s del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia \u00e9l est\u00e9n dirigidos los esfuerzos de los pa\u00edses que tratan de reconstruir su econom\u00eda y su sociedad? \u00bfEs quiz\u00e1 \u00e9ste el modelo que es necesario proponer a los pa\u00edses del Tercer Mundo, que buscan la v\u00eda del verdadero progreso econ\u00f3mico y civil? La respuesta obviamente es compleja. Si por \u00abcapitalismo\u00bb se entiende un sistema econ\u00f3mico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producci\u00f3n, de la libre creatividad humana en el sector de la econom\u00eda, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quiz\u00e1 ser\u00eda m\u00e1s apropiado hablar de \u00abeconom\u00eda de empresa\u00bb, \u00abeconom\u00eda de mercado\u00bb, o simplemente de \u00abeconom\u00eda libre\u00bb. Pero si por \u00abcapitalismo\u00bb se entiende un sistema en el cual la libertad, en el \u00e1mbito econ\u00f3mico, no est\u00e1 encuadrada en un s\u00f3lido contexto jur\u00eddico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensi\u00f3n de la misma, cuyo centro es \u00e9tico y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 42)<\/p>\n<p>212. El desarrollo de las actividades econ\u00f3micas y el crecimiento de la producci\u00f3n est\u00e1n destinados a satisfacer las necesidades de los seres humanos. La vida econ\u00f3mica no tiende solamente a multiplicar los bienes producidos y a aumentar el lucro o el poder; est\u00e1 ordenada ante todo al servicio de las personas, del hombre entero y de toda la comunidad humana. La actividad econ\u00f3mica dirigida seg\u00fan sus propios m\u00e9todos, debe moverse no obstante dentro de los l\u00edmites del orden moral, seg\u00fan la justicia social, a fin de responder al plan de Dios sobre el hombre. (CIC, n. 2426)<\/p>\n<p>213.Da la impresi\u00f3n de que, tanto a nivel de naciones, como de relaciones internacionales, el libre mercado es el instrumento m\u00e1s eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades. Sin embargo, esto vale s\u00f3lo para aquellas necesidades que son \u00absolventables\u00bb, con poder adquisitivo, y para aquellos recursos que son \u00abvendibles\u00bb, esto es, capaces de alcanzar un precio conveniente. Pero existen numerosas necesidades humanas que no tienen salida en el mercado. Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer las necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos por ellas. Adem\u00e1s, es preciso que se ayude a estos hombres necesitados a conseguir los conocimientos, a entrar en el c\u00edrculo de las interrelaciones, a desarrollar sus aptitudes para poder valorar mejor sus capacidades y recursos. Por encima de la l\u00f3gica de los intercambios a base de los par\u00e1metros y de sus formas justas, existe algo que es debido al hombre porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad. Este algo debido conlleva inseparablemente la posibilidad de sobrevivir y de participar activamente en el bien com\u00fan de la humanidad. En el contexto del Tercer Mundo conservan toda su validez\u2014y en ciertos casos son todav\u00eda una meta por alcanzar\u2014los objetivos indicados por la <i>Rerum Novarum<\/i>, para evitar que el trabajo del hombre y el hombre mismo se reduzcan al nivel de simple mercanc\u00eda: el salario suficiente para la vida de familia, los seguros sociales para la vejez y el desempleo, la adecuada tutela de las condiciones de trabajo. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 34)<\/p>\n<p>214. Hay que subrayar tambi\u00e9n que la justicia de un sistema socio-econ\u00f3mico y, en todo caso, su justo funcionamiento merecen en definitiva ser valorados seg\u00fan el modo como se remunera justamente el trabajo humano dentro de tal sistema. A este respecto volvemos de nuevo al primer principio de todo el ordenamiento \u00e9ticosocial: el principio del uso com\u00fan de los bienes. En todo sistema que no tenga en cuenta las relaciones fundamentales existentes entre el capital y el trabajo, el salario, es decir, la remuneraci\u00f3n del trabajo, sigue siendo una v\u00eda concreta, a trav\u00e9s de la cual la gran mayor\u00eda de los hombres puede acceder a los bienes que est\u00e1n destinados al uso com\u00fan: tanto los bienes de la naturaleza como los que son fruto de la producci\u00f3n. Los unos y los otros se hacen accesibles al hombres del trabajo gracias al salario que recibe como remuneraci\u00f3n por su trabajo. De aqu\u00ed que, precisamente el salario justo se convierta en todo caso en la verificaci\u00f3n concreta de la justicia de todo el sistema socioecon\u00f3mico y, de todos modos, de su justo funcionamiento. No es esta la \u00fanica verificaci\u00f3n, pero es particularmente importante y es en cierto sentido la verificaci\u00f3n-clave. (<i>Laborem Exercen<\/i>, n. 19)<\/p>\n<p>215.Estas iniciativas tratan, en general, de mantener los mecanismos de libre mercado, asegurando, mediante la estabilidad monetaria y la seguridad de las relaciones sociales, las condiciones para un crecimiento econ\u00f3mico estable y sano, dentro del cual los hombres, gracias a su trabajo, puedan construirse un futuro mejor para s\u00ed y para sus hijos. Al mismo tiempo, se trata de evitar que los mecanismos de mercado sean el \u00fanico punto de referencia de la vida social y tienden a someterlos a un control p\u00fablico que haga valer el principio del destino com\u00fan de los bienes de la tierra. Una cierta abundancia de ofertas de trabajo, un s\u00f3lido sistema de seguridad social y de capacitaci\u00f3n profesional, la libertad de asociaci\u00f3n y la acci\u00f3n incisiva del sindicato, la previsi\u00f3n social en caso de desempleo, los instrumentos de participaci\u00f3n democr\u00e1tica en la vida social, dentro de este contexto deber\u00edan preservar el trabajo de la condici\u00f3n de \u00abmercanc\u00eda\u00bb y garantizar la posibilidad de realizarlo dignamente. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 19)<\/p>\n<p>216. Queda por tratar otro punto estrechamente unido con el anterior. Igual que la unidad del cuerpo social no puede basarse en la lucha de \u00abclases\u00bb, tampoco el recto orden econ\u00f3mico puede dejarse a la libre concurrencia de las fuerzas. Pues de este principio, como de una fuente envenenada, han mando todos los errores de la econom\u00eda \u00abindividualista\u00bb, que, suprimiendo, por olvido o por ignorancia, el car\u00e1cter social y moral de la econom\u00eda, estim\u00f3 que \u00e9sta deb\u00eda ser considerada y tratada como totalmente independiente de la autoridad del Estado, ya que ten\u00eda su principio regulador en el mercado o libre concurrencia de los competidores, y por el cual podr\u00eda regirse mucho mejor que por la intervenci\u00f3n de cualquier entendimiento creado. Mas la libre concurrencia, aun cuando dentro de ciertos l\u00edmites es justa e indudablemente beneficiosa, no puede en modo alguno regir la econom\u00eda, como qued\u00f3 demostrado hasta la saciedad por la experiencia, una vez que entraron en juego los principios del funesto individualismo. Es de todo punto necesario, por consiguiente, que la econom\u00eda se atenga y someta de nuevo a un verdadero y eficaz principio rector. Y mucho menos a\u00fan pueda desempe\u00f1ar esta funci\u00f3n la dictadura econ\u00f3mica, que hace poco ha sustituido a la libre concurrencia, pues trat\u00e1ndose de una fuerza impetuosa y de una enorme potencia, para ser provechosa a los hombres tiene que ser frenada poderosamente y regirse con gran sabidur\u00eda, y no puede ni frenarse ni regirse por s\u00ed misma. Por tanto, han de buscarse principios m\u00e1s elevados y m\u00e1s nobles, que regulen severa e \u00edntegramente a dicha dictadura, es decir, la justicia social y la caridad social. Por ello conviene que las instituciones p\u00fablicas y toda la vida social est\u00e9n imbuidas de esa justicia, y sobre todo es necesario que sea suficiente, esto es, que constituya un orden social y jur\u00eddico, con que quede como informada toda la econom\u00eda. Y la caridad social debe ser como el alma de dicho orden, a cuya eficaz tutela y defensa deber\u00e1 atender sol\u00edcitamente la autoridad p\u00fablica, a lo que podr\u00e1 dedicarse con mucha mayor facilidad si se descarga de esos cometidos que, como antes dijimos, no son de su incumbencia. (<i>Quadragesimo Anno<\/i>, n. 88)<\/p>\n<p>217. La moderna econom\u00eda de empresa comporta aspectos positivos, cuya ra\u00edz es la libertad de la persona, que se expresa en el campo econ\u00f3mico y en otros campos. En efecto, la econom\u00eda es un sector de la m\u00faltiple actividad humana y en ella, como en todos los dem\u00e1s campos, es tan v\u00e1lido el derecho a la libertad como el deber de hacer uso responsable del mismo. Hay, adem\u00e1s, diferencias espec\u00edficas entre estas tendencias de la sociedad moderna y las del pasado incluso reciente. Si en otros tiempos el factor decisivo de la producci\u00f3n era la tierra y luego lo fue el capital, entendido como conjunto masivo de maquinaria y de bienes instrumentales, hoy d\u00eda el factor decisivo es cada vez m\u00e1s el hombre mismo, es decir, su capacidad de conocimiento, que se pone de manifiesto mediante el saber cient\u00edfico, y su capacidad de organizaci\u00f3n solidaria, as\u00ed como la de intuir y satisfacer las necesidades de los dem\u00e1s. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 32)<\/p>\n<h2><b>IV. Moralidad, justicia y orden econ\u00f3mico<\/b><\/h2>\n<p>218. Pues, aun cuando la econom\u00eda y la disciplina moral, cada cual en su \u00e1mbito, tienen principios propios, a pesar de ello es err\u00f3neo que el orden econ\u00f3mico y el moral est\u00e9n tan distanciados y ajenos entre s\u00ed, que bajo ning\u00fan aspecto dependa aqu\u00e9l de \u00e9ste. Las leyes llamadas econ\u00f3micas, fundadas sobre la naturaleza de las cosas y en la \u00edndole del cuerpo y del alma humanos, establecen, desde luego, con toda certeza qu\u00e9 fines no y cu\u00e1les s\u00ed, y con qu\u00e9 medios, puede alcanzar la actividad humana dentro del orden econ\u00f3mico; pero la raz\u00f3n tambi\u00e9n, apoy\u00e1ndose igualmente en la naturaleza de las cosas y del hombre, individual y socialmente considerado, demuestra claramente que a ese orden econ\u00f3mico en su totalidad le ha sido prescrito un fin por Dios Creador. (<i>Quadragesimo Anno<\/i>, n. 42)<\/p>\n<p>219. Los deberes de la justicia han de respetarse no solamente en la distribuci\u00f3n de los bienes que el trabajo produce, sino tambi\u00e9n en cuanto afecta a las condiciones generales en que se desenvuelve la actividad laboral. Porque en la naturaleza humana est\u00e1 arraigada la exigencia de que, en el ejercicio de la actividad econ\u00f3mica, le sea posible al hombre sumir la responsabilidad de lo que hace y perfeccionarse a s\u00ed mismo. De donde se sigue que si el funcionamiento y las estructuras econ\u00f3micas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresi\u00f3n de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden econ\u00f3mico es injusto, aun en el caso de que, por hip\u00f3tesis, la riqueza producida en \u00e9l alcance un alto nivel y se distribuya seg\u00fan criterios de justicia y equidad. (<i>Mater et Magistra<\/i>, nn. 82\u201383)<\/p>\n<p>220. Pero, si consideramos m\u00e1s atenta y profundamente la cuesti\u00f3n, veremos con toda claridad que es necesario que a esta tan deseada restauraci\u00f3n social preceda la renovaci\u00f3n del esp\u00edritu cristiano, del cual tan lamentablemente se han alejado por doquiera, tantos economistas, para que tantos esfuerzos no resulten est\u00e9riles ni se levante el edificio sobre arena, en vez de sobre roca. Y ciertamente, venerables hermanos y amados hijos, hemos examinado la econom\u00eda actual y la hemos encontrado plagada de vicios grav\u00edsimos. Otra vez hemos llamado a juicio tambi\u00e9n al comunismo y al socialismo, y hemos visto que todas sus formas, aun las m\u00e1s moderadas, andan muy lejos de los preceptos evang\u00e9licos. (<i>Quadragesimo Anno<\/i>, nn. 127\u2013128)<\/p>\n<p>221. Quisiera aqu\u00ed invitar a los que se dedican a la ciencia econ\u00f3mica y a los mismos trabajadores de este sector, as\u00ed como a los responsables pol\u00edticos, a que tomen nota de la urgencia de que la pr\u00e1xis econ\u00f3mica y las pol\u00edticas correspondientes miren al bien de todo hombre y de todo el hombre. Lo exige no s\u00f3lo la \u00e9tica, sino tambi\u00e9n una sana econom\u00eda. En efecto, parece confirmado por la experiencia que el desarrollo econ\u00f3mico est\u00e1 cada vez m\u00e1s condicionado por el hecho de que sean valoradas las personas y sus capacidades, que se promueva la participaci\u00f3n, se cultiven m\u00e1s y mejor los conocimientos y las informaciones y se incremente la solidaridad. (<i>Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz<\/i>, 2000, n. 16)<\/p>\n<p>222.Por lo dem\u00e1s, la misma evoluci\u00f3n hist\u00f3rica pone de relieve, cada vez con mayor claridad, que es imposible una convivencia fecunda y bien ordenada sin la colaboraci\u00f3n, en el campo econ\u00f3mico, de los particulares y de los poderes p\u00fablicos, colaboraci\u00f3n que debe prestarse con un esfuerzo com\u00fan y concorde, y en la cual ambas partes han de ajustar ese esfuerzo a las exigencias del bien com\u00fan en armon\u00eda con los cambios que el tiempo y las costumbres imponen. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 56)<\/p>\n<h2><b>V. Una genuina Teolog\u00eda de la Liberaci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>223. El evangelio de Jesucristo es un mensaje de libertad y una fuerza de liberaci\u00f3n. En los \u00faltimos a\u00f1os, esta verdad esencial ha sido objeto de reflexi\u00f3n para los te\u00f3logos, con un nuevo tipo de atenci\u00f3n, la cual, en s\u00ed misma est\u00e1 llena de esperanza. Liberaci\u00f3n es, en primer lugar y de modo m\u00e1s importante, liberaci\u00f3n radical de la esclavitud del pecado. Es el fin y el objetivo la libertad de los hijos de Dios, como un don de la gracia. Como l\u00f3gica consecuencia esto llama a liberar de los diversos tipos de esclavitud en lo cultural, econ\u00f3mico, social y en las esferas pol\u00edticas, todo de lo cual proviene \u00faltimamente el pecado, y que, con frecuencia impide a la gente vivir de un modo acorde con su dignidad&#8230;. De frente a la urgencia de ciertos problemas, algunos han tratado de enfatizar, unilateralmente, la liberaci\u00f3n de la servidumbre del poder terreno temporal. Ellos lo han hecho a trav\u00e9s de un camino en el que tratan de poner la liberaci\u00f3n del pecado en un segundo lugar y ello impide darle la mayor la mayor importancia que le es debida. (<i>Libertatis Nuntius<\/i>, Introducci\u00f3n)<\/p>\n<p>224. Ante la urgencia de compartir el pan, algunos han tratado de poner la evangelizaci\u00f3n entre par\u00e9ntesis, as\u00ed fue, y la pospusieron para el ma\u00f1ana: primero el pan, luego el Mundo del Se\u00f1or. Se trata de un terrible error, el de separar estas dos realidades, y quiz\u00e1 peor, el oponer una a la otra. De hecho, la perspectiva cristiana muestra naturalmente que ellos tienen un gran pacto que realizar con otro. (<i>Libertatis Nuntius<\/i>, VI, n. 3)<\/p>\n<p>225. Por el alcance Marxista del que ellos permanecen llenos, estas corrientes siguen existiendo basadas en un cierto principio fundamental el cual no es compatible con la concepci\u00f3n cristiana de la humanidad y de la sociedad&#8230;. Nos permitimos citar el hecho de que el ate\u00edsmo y la negaci\u00f3n de la persona humana, su libertad y sus derechos, est\u00e1n en el elenco de la teor\u00eda Marxista. Esta teor\u00eda, por lo tanto, contiene errores, los cuales, directamente, amenazan las verdades de la fe en lo que se refiere al destino eterno de cada persona en particular. Por otra parte, por tratar de integrarla en la teolog\u00eda con un an\u00e1lisis cuyos criterios de interpretaci\u00f3n dependen de esta concepci\u00f3n ate\u00edstica, es caer uno mismo en una terrible contradicci\u00f3n. (<i>Libertatis Nuntius<\/i>, VII, nn. 8\u20139)<\/p>\n<p>226. No podemos ignorar el hecho de que muchos, incluso cristianos generosos que son sensibles a las cuestiones dram\u00e1ticas que envuelven el problema de la liberaci\u00f3n, en su deseo de dedicar a la Iglesia la lucha de la liberaci\u00f3n, son con frecuencia tentados a reducir su misi\u00f3n a las dimensiones de un simple proyecto temporal. Ellos querr\u00edan reducir sus aspiraciones finales centradas en el hombre; la salvaci\u00f3n de la cual ella es mensajera quedar\u00eda reducida el bienestar material. Su actividad, completamente olvidada de toda preocupaci\u00f3n religiosa y espiritual, se convertir\u00eda en iniciativas de orden social y pol\u00edtico. Pero si esto fuera as\u00ed, la Iglesia perder\u00eda su significado fundamental. Su mensaje de liberaci\u00f3n carecer\u00eda de toda originalidad y podr\u00eda estar abierto f\u00e1cilmente a la monopolizaci\u00f3n y a la manipulaci\u00f3n por parte de los sistemas ideol\u00f3gicos y de los partidos pol\u00edticos. (<i>Evangelii Nuntiandi<\/i>, n. 32)<\/p>\n<p>227. La Iglesia, por lo tanto, cuando predica la liberaci\u00f3n y la asociaci\u00f3n, ella misma est\u00e1 con aquellos que est\u00e1n trabajando y sufriendo por ello, ciertamente, no quiere restringir su misi\u00f3n, solamente al campo espiritual y disociarse de los problemas temporales del hombre. No obstante, ella afirma la supremac\u00eda de su vocaci\u00f3n espiritual y rechaza sustituir la proclamaci\u00f3n del Reino por la proclamaci\u00f3n de formas humanas de liberaci\u00f3n: m\u00e1s a\u00fan, ella proclama que su contribuci\u00f3n a la liberaci\u00f3n estar\u00eda incompleta si ella se negase a proclamar la salvaci\u00f3n en Jesucristo. (<i>Evangelii Nuntiandi<\/i>, n. 34)<\/p>\n<p>228. Es muy grande la diversidad de situaciones y problemas que hoy existen en el mundo, y que adem\u00e1s est\u00e1n caracterizadas por el creciente aceleraci\u00f3n del cambio. Por esto es absolutamente necesario guardarse de las generalizaciones y simplificaciones indebidas. Sin embargo, es posible advertir algunas l\u00edneas <i>de tendencia que sobresalen en la sociedad actual<\/i>. As\u00ed como en el campo evang\u00e9lico crecen juntamente la ciza\u00f1a y el buen grano, tambi\u00e9n en la historia, teatro cotidiano de un ejercicio a menudo contradictorio de la libertad humana, se encuentran, arrimados el uno al otro y a veces profundamente entrelazados, el mal y el bien, la injusticia y la justicia, la angustia y la esperanza. (<i>Christifideles Laici<\/i>, n. 3)<\/p>\n<h2><b>VI. La intervenci\u00f3n del Estado y la econom\u00eda<\/b><\/h2>\n<p>229. Otra incumbencia del Estado es la de vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos humanos en el sector econ\u00f3mico; pero en este campo la primera responsabilidad no es del Estado, sino de cada persona y de los diversos grupos y asociaciones en que se articula la sociedad. El Estado no podr\u00eda asegurar directamente el derecho a un puesto de trabajo de todos los ciudadanos, sin estructurar r\u00edgidamente toda la vida econ\u00f3mica y sofocar la libre iniciativa de los individuos. Lo cual, sin embargo, no significa que el Estado no tenga ninguna competencia en este \u00e1mbito, como han afirmado quienes propugnan la ausencia de reglas en la esfera econ\u00f3mica. Es m\u00e1s, el Estado tiene el deber de secundar la actividad de las empresas, creando condiciones que aseguren oportunidades de trabajo, estimul\u00e1ndola donde sea insuficiente o sosteni\u00e9ndola en momentos de crisis. El Estado tiene, adem\u00e1s, el derecho a intervenir, cuando situaciones particulares de monopolio creen r\u00e9moras u obst\u00e1culos al desarrollo. Pero, aparte de estas incumbencias de armonizaci\u00f3n y direcci\u00f3n del desarrollo, el Estado puede ejercer funciones de suplencia en situaciones excepcionales, cuando sectores sociales o sistemas de empresas, demasiado d\u00e9biles o en v\u00edas de formaci\u00f3n, sean inadecuados para su cometido. Tales intervenciones de suplencia, justificadas por razones urgentes que ata\u00f1en al bien com\u00fan, en la medida de lo posible deben ser limitadas temporalmente, para no privar establemente de sus competencias a dichos sectores sociales y sistemas de empresas y para no ampliar excesivamente el \u00e1mbito de intervenci\u00f3n estatal de manera perjudicial para la libertad tanto econ\u00f3mica como civil. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 48)<\/p>\n<p>230.Cada uno tiene el derecho de iniciativa econ\u00f3mica, y podr\u00e1 usar leg\u00edtimamente de sus talentos para contribuir a una abundancia provechosa para todos, y para recoger los justos frutos de sus esfuerzos. Deber\u00e1 ajustarse a las reglamentaciones dictadas por las autoridades leg\u00edtimas con miras al bien com\u00fan. (CIC, n. 2429)<\/p>\n<p>231. En este sentido se puede hablar justamente de lucha contra un sistema econ\u00f3mico, entendido como m\u00e9todo que asegura el predominio absoluto del capital, la posesi\u00f3n de los medios de producci\u00f3n y la tierra, respecto a la libre subjetividad del trabajo del hombre (cf. <i>Laborem Exercens<\/i>, n. 7). En la lucha contra este sistema no se pone, como modelo alternativo, el sistema socialista, que de hecho es un capitalismo de Estado, sino <i>una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y en la participaci\u00f3n<\/i>. Esta sociedad tampoco se opone al mercado, sino que exige que \u00e9ste sea controlado oportunamente por las fuerzas sociales y por el Estado, de manera que se garantice la satisfacci\u00f3n de las exigencias fundamentales de toda la sociedad. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 35)<\/p>\n<p>232.La sola iniciativa individual y el simple juego de la competencia no ser\u00edan suficientes para asegurar el \u00e9xito del desarrollo. No hay que arriesgarse a aumentar todav\u00eda m\u00e1s la riqueza de los ricos y la potencia de los fuertes, confirmando as\u00ed la miseria de los pobres y a\u00f1adi\u00e9ndola a la servidumbre de los oprimidos. Los programas son necesarios para \u00abanimar, estimular, coordinar, suplir e integrar\u00bb (MM, n. 44) la acci\u00f3n de los individuos y de los cuerpos intermedios. Toca a los poderes p\u00fablicos escoger y ver el modo de imponer los objetivos que hay que proponerse, las metas que hay que fijar, los medios para llegar a ellas, estimulando al mismo tiempo todas las fuerzas agrupadas a esta acci\u00f3n com\u00fan. Pero han de tener cuidado de asociar a esta empresa las iniciativas privadas y los cuerpos intermedios. Evitar\u00e1n as\u00ed el riesgo de una colectivizaci\u00f3n integral o de una planificaci\u00f3n arbitraria que, al negar la libertad, excluir\u00eda el ejercicio de los derechos fundamentales de la persona humana. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 33)<\/p>\n<p>233. F\u00e1cil es comprobar, ciertamente, hasta qu\u00e9 punto los actuales progresos cient\u00edficos y los avances de las t\u00e9cnicas de producci\u00f3n ofrecen hoy d\u00eda al poder p\u00fablico mayores posibilidades concretas para reducir el desnivel entre los diversos sectores de la producci\u00f3n, entre las distintas zonas de un mismo pa\u00eds y entre las diferentes naciones en el plano mundial; para frenar, dentro de ciertos l\u00edmites, las perturbaciones que suelen surgir en el incierto curso de la econom\u00eda y para remediar, en fin, con eficacia los fen\u00f3menos del paro masivo. Por todo lo cual, a los gobernantes, cuya misi\u00f3n es garantizar el bien com\u00fan, se les pide con insistencia que ejerzan en el campo econ\u00f3mico una acci\u00f3n multiforme mucho m\u00e1s amplia y m\u00e1s ordenada que antes y ajusten de modo adecuado a este prop\u00f3sito las instituciones, los cargos p\u00fablicos, los medios y los m\u00e9todos de actuaci\u00f3n. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 54)<\/p>\n<p>234. Como tesis inicial, hay que establecer que la econom\u00eda debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya act\u00faen \u00e9stos por s\u00ed solos, ya se asocien entre s\u00ed de m\u00faltiples maneras para procurar sus intereses comunes. Sin embargo, por las razones que ya adujeron nuestros predecesores, es necesaria tambi\u00e9n la presencia activa del poder civil en esta materia, a fin de garantizar, como es debido, una producci\u00f3n creciente que promueva el progreso social y redunde en beneficio de todos los ciudadanos. Esta acci\u00f3n del Estado, que fomenta, estimula, ordena, suple y completa, est\u00e1 fundamentada en el principio de la funci\u00f3n subsidiaria, formulado por P\u00edo XI en la enc\u00edclica <i>Quadragesimo Anno<\/i>: \u00abSigue en pie en la filosof\u00eda social un grav\u00edsimo principio, inamovible e inmutable: as\u00ed como no es l\u00edcito quitar a los individuos y traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e iniciativa, as\u00ed tampoco es justo, porque da\u00f1a y perturba gravemente el recto orden social, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar y ofrecer por s\u00ed mismas, y atribuirlo a una comunidad mayor y m\u00e1s elevada, ya que toda acci\u00f3n de la sociedad, en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos\u00bb (QA, n. 23). <em>(<\/em><i>Mater et Magistra<\/i>, nn. 51\u201353)<\/p>\n<p>235. La socializaci\u00f3n presenta tambi\u00e9n peligros. Una intervenci\u00f3n demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Seg\u00fan \u00e9ste, \u00abuna estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, priv\u00e1ndole de sus competencias, sino que m\u00e1s bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acci\u00f3n con la de los dem\u00e1s componentes sociales, con miras al bien com\u00fan\u00bb (CA, n. 48). (CIC, n. 1883)<\/p>\n<p>236. Es deber del Estado proveer a la defensa y tutela de los bienes colectivos, como son el ambiente natural y el ambiente humano, cuya salvaguardia no puede estar asegurada por los simples mecanismos de mercado. As\u00ed como en tiempos del viejo capitalismo el Estado ten\u00eda el deber de defender los derechos fundamentales del trabajo, as\u00ed ahora con el nuevo capitalismo el Estado y la sociedad tienen el deber de defender los bienes colectivos que, entre otras cosas, constituyen el \u00fanico marco dentro del cual es posible para cada uno conseguir leg\u00edtimamente sus fines individuales. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 40)<\/p>\n<p>237. El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los l\u00edmites de la intervenci\u00f3n del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional. (CIC, n. 1885)<\/p>\n<p>238. Estas consideraciones generales se reflejan tambi\u00e9n sobre el papel del Estado en el sector de la econom\u00eda. La actividad econ\u00f3mica, en particular la econom\u00eda de mercado, no puede desenvolverse en medio de un vac\u00edo institucional, jur\u00eddico y pol\u00edtico. Por el contrario, supone una seguridad que garantiza la libertad individual y la propiedad, adem\u00e1s de un sistema monetario estable y servicios p\u00fablicos eficientes. La primera incumbencia del Estado es, pues, la de garantizar esa seguridad, de manera que quien trabaja y produce pueda gozar de los frutos de su trabajo y, por tanto, se sienta estimulado a realizarlo eficiente y honestamente. La falta de seguridad, junto con la corrupci\u00f3n de los poderes p\u00fablicos y la proliferaci\u00f3n de fuentes impropias de enriquecimiento y de beneficios f\u00e1ciles, basados en actividades ilegales o puramente especulativas, es uno de los obst\u00e1culos principales para el desarrollo y para el orden econ\u00f3mico. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 48)<\/p>\n<p>239. Estos esfuerzos, a fin de obtener su plena eficacia, no deber\u00edan permanecer dispersos o aislados, y menos a\u00fan opuestos por razones de prestigio o poder: la situaci\u00f3n exige programas concertados. En efecto, un programa es m\u00e1s y es mejor que una ayuda ocasional dejada a la buena voluntad de cada uno. Supone, Nos lo hemos dicho ya antes, estudios profundos, fijar los objetivos, determinar los medios, aunar los esfuerzos, a fin de reponder a las necesidades presentes y a las exigencias previsibles. M\u00e1s a\u00fan, sobrepasa las perspectivas del crecimiento econ\u00f3mico y del progreso social: da sentido y valor a la obra que debe realizarse. Arreglando el mundo, consolida y dignifica cada vez m\u00e1s al hombre. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 50)<\/p>\n<h2><b>VII. Negocios<\/b><\/h2>\n<p>240. Se ha aludido al hecho de que el hombre trabaja con los otros hombres, tomando parte en un \u00abtrabajo social\u00bb que abarca c\u00edrculos progresivamente m\u00e1s amplios. Quien produce una cosa lo hace generalmente\u2014aparte del uso personal que de ella pueda hacer\u2014 para que otros puedan disfrutar de la misma, despu\u00e9s de haber pagado el justo precio, establecido de com\u00fan acuerdo mediante una libre negociaci\u00f3n. Precisamente la capacidad de conocer oportunamente las necesidades de los dem\u00e1s hombres y el conjunto de los factores productivos m\u00e1s apropiados para satisfacerlas es otra fuente importante de riqueza en una sociedad moderna. Por lo dem\u00e1s, muchos bienes no pueden ser producidos de manera adecuada por un solo individuo, sino que exigen la colaboraci\u00f3n de muchos. Organizar ese esfuerzo productivo, programar su duraci\u00f3n en el tiempo, procurar que corresponda de manera positiva a las necesidades que debe satisfacer, asumiendo los riesgos necesarios: todo esto es tambi\u00e9n una fuente de riqueza en la sociedad actual. As\u00ed se hace cada vez m\u00e1s evidente y determinante el papel del trabajo humano, disciplinado y creativo, y el de las capacidades de iniciativa y de esp\u00edritu emprendedor, como parte esencial del mismo trabajo. Dicho proceso, que pone concretamente de manifiesto una verdad sobre la persona, afirmada sin cesar por el cristianismo, debe ser mirado con atenci\u00f3n y positivamente. En efecto, el principal recurso del hombre es, junto con la tierra, el hombre mismo. Es su inteligencia la que descubre las potencialidades productivas de la tierra y las m\u00faltiples modalidades con que se pueden satisfacer las necesidades humanas. Es su trabajo disciplinado, en solidaria colaboraci\u00f3n, el que permite la creaci\u00f3n de comunidades de trabajo cada vez m\u00e1s amplias y seguras para llevar a cabo la transformaci\u00f3n del ambiente natural y la del mismo ambiente humano. En este proceso est\u00e1n comprometidas importantes virtudes, como son la diligencia, la laboriosidad, la prudencia en asumir los riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales, la resoluci\u00f3n de \u00e1nimo en la ejecuci\u00f3n de decisiones dif\u00edciles y dolorosas, pero necesarias para el trabajo com\u00fan de la empresa y para hacer frente a los eventuales reveses de fortuna. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 32)<\/p>\n<p>241. Si se prescinde de esta consideraci\u00f3n no se puede comprender el significado de la virtud de la laboriosidad y m\u00e1s en concreto no se puede comprender por qu\u00e9 la laboriosidad deber\u00eda ser una virtud: en efecto, la virtud, como actitud moral, es aquello por lo que el hombre llega a ser bueno como hombre. Este hecho no cambia para nada nuestra justa preocupaci\u00f3n, a fin de que en el trabajo, mediante el cual la materia es ennoblecida, el hombre mismo no sufra mengua en su propia dignidad. Es sabido adem\u00e1s, que es posible usar de diversos modos el trabajo contra el hombre, que se puede castigar al hombre con el sistema de trabajos forzados en los campos de concentraci\u00f3n, que se puede hacer del trabajo un medio de opresi\u00f3n del hombre, que, en fin, se puede explotar de diversos modos el trabajo humano, es decir, al hombre del trabajo. Todo esto da testimonio en favor de la obligaci\u00f3n moral de unir la laboriosidad como virtud con el orden social del trabajo, que permitir\u00e1 al hombre \u00abhacerse m\u00e1s hombre\u00bb en el trabajo, y no degradarse a causa del trabajo, perjudicando no s\u00f3lo sus fuerzas f\u00edsicas (lo cual al menos hasta un cierto punto, es inevitable), sino, sobre todo, menoscabando su propia dignidad y subjetividad. (<i>Laborem Exercens<\/i>, n. 9)<\/p>\n<p>242.La Iglesia reconoce la justa funci\u00f3n de los beneficios, como \u00edndice de la buena marcha de la empresa. Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente. Sin embargo, los beneficios no son el \u00fanico \u00edndice de las condiciones de la empresa. Es posible que los balances econ\u00f3micos sean correctos y que al mismo tiempo los hombres, que constituyen el patrimonio m\u00e1s valioso de la empresa, sean humillados y ofendidos en su dignidad. Adem\u00e1s de ser moralmente inadmisible, esto no puede menos de tener reflejos negativos para el futuro, hasta para la eficiencia econ\u00f3mica de la empresa. En efecto, finalidad de la empresa no es simplemente la producci\u00f3n de beneficios, sino m\u00e1s bien la existencia misma de la empresa como comunidad de hombres que, de diversas maneras, buscan la satisfacci\u00f3n de sus necesidades fundamentales y constituyen un grupo particular al servicio de la sociedad entera. Los beneficios son un elemento regulador de la vida de la empresa, pero no el \u00fanico; junto con ellos hay que considerar otros factores humanos y morales que, a largo plazo, son por lo menos igualmente esenciales para la vida de la empresa. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 35)<\/p>\n<p>243.Cada uno tiene el derecho de iniciativa econ\u00f3mica, y podr\u00e1 usar leg\u00edtimamente de sus talentos para contribuir a una abundancia provechosa para todos, y para recoger los justos frutos de sus esfuerzos. Deber\u00e1 ajustarse a las reglamentaciones dictadas por las autoridades leg\u00edtimas con miras al bien com\u00fan. (CIC, n. 2429)<\/p>\n<p>244. La ense\u00f1anza cat\u00f3lica social reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que \u00e9stos han de estar orientados hacia el bien com\u00fan. Esta doctrina reconoce tambi\u00e9n la legitimidad de los esfuerzos de los trabajadores por conseguir el pleno respeto de su dignidad y espacios m\u00e1s amplios de participaci\u00f3n en la vida de la empresa, de manera que, aun trabajando juntamente con otros y bajo la direcci\u00f3n de otros, puedan considerar en cierto sentido que \u00abtrabajan en algo propio\u00bb (cf. <i>Laborem Exercens<\/i>, n. 15), al ejercitar su inteligencia y libertad. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 43)<\/p>\n<p>245. Es menester indicar que en el mundo actual, entre otros derechos, es reprimido a menudo el derecho de iniciativa econ\u00f3mica. No obstante eso, se trata de un derecho importante no s\u00f3lo para el individuo en particular, sino adem\u00e1s para el bien com\u00fan. La experiencia nos demuestra que la negaci\u00f3n de tal derecho o su limitaci\u00f3n en nombre de una pretendida \u00abigualdad\u00bb de todos en la sociedad, reduce o, sin m\u00e1s, destruye de hecho el esp\u00edritu de iniciativa, es decir, la subjetividad creativa del ciudadano. En consecuencia, surge, de este modo, no s\u00f3lo una verdadera igualdad, sino una \u00abnivelaci\u00f3n descendente\u00bb. En lugar de la iniciativa creadora nace la pasividad, la dependencia y la sumisi\u00f3n al aparato burocr\u00e1tico que, como \u00fanico \u00f3rgano que \u00abdispone\u00bb y \u00abdecide\u00bb\u2014aunque no sea \u00abposeedor\u00bb\u2014de la totalidad de los bienes y medios de producci\u00f3n, pone a todos en una posici\u00f3n de dependencia casi absoluta, similar a la tradicional dependencia del obrero-proletario en el sistema capitalista. Esto provoca un sentido de frustraci\u00f3n o desesperaci\u00f3n y predispone a la despreocupaci\u00f3n de la vida nacional, empujando a mucho a la emigraci\u00f3n y favoreciendo, a la vez, una forma de emigraci\u00f3n \u00abpsicol\u00f3gica\u00bb. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 15)<\/p>\n<p>246. Ante todo, hay que advertir que ambas empresas, si quieren alcanzar una situaci\u00f3n econ\u00f3mica pr\u00f3spera, han de ajustarse incesantemente, en su estructura, funcionamiento y m\u00e9todos de producci\u00f3n, a las nuevas situaciones que el progreso de las ciencias y de la t\u00e9cnica y las mudables necesidades y preferencias de los consumidores plantean conjuntament: acci\u00f3n de ajuste que principalmente han de realizar los propios artesanos y los miembros de las cooperativas. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 87)<\/p>\n<p>247. Ahora bien, ordenar las disposiciones que m\u00e1s favorezcan la situaci\u00f3n general de la econom\u00eda no es asunto de las empresas particulares, sino funci\u00f3n propia de los gobernantes del Estado y de aquellas instituciones que, operando en un plano nacional o supranacional, act\u00faan en los diversos sectores de la econom\u00eda. De aqu\u00ed se sigue la conveniencia o la necesidad de que en tales autoridades e instituciones, adem\u00e1s de los empresarios o de quienes les representan, se hallen presentes tambi\u00e9n los trabajadores o quienes por virtud de su cargo defienden los derechos, las necesidades y las aspiraciones de los mismos. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 99)<\/p>\n<h2><b>VII. Eonomismo y consumismo<\/b><\/h2>\n<p>248. Se trata del desarrollo de las personas y no solamente de la multiplicaci\u00f3n de las cosas de que los hombres pueden servirse. Se trata\u2014como ha dicho un fil\u00f3sofo contempor\u00e1neo y como ha afirmado el Concilio\u2014no tanto de \u00abtener m\u00e1s\u00bb cuanto de \u00abser m\u00e1s\u00bb (cf. GS, 35). En efecto, existe ya un peligro real y perceptible de que, mientras avanza enormemente el dominio por parte del hombre sobre el mundo de las cosas, pierde los hilos esenciales de ese mismo dominio y de diversos modos su humanidad est\u00e9 sometida a ese mundo, y \u00e9l mismo se haga objeto de m\u00faltiple manipulaci\u00f3n, aunque a veces no directamente perceptible, a trav\u00e9s de toda la organizaci\u00f3n de la vida comunitaria, a trav\u00e9s del sistema de producci\u00f3n, a trav\u00e9s de la presi\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n social. El hombre no puede renunciar a s\u00ed mismo, ni al puesto que le es propio en el mundo visible, no puede hacerse esclavo de las cosas, de los sistemas econ\u00f3micos, de la producci\u00f3n y de sus propios productos. (<i>Redemptor Hominis<\/i>, n. 16)<\/p>\n<p>249. En efecto, este superdesarrollo, consistente en la excesiva disponibilidad de toda clase de bienes materiales para algunas categor\u00edas sociales, f\u00e1cilmente hace a los hombres esclavos de la \u00abposesi\u00f3n\u00bb y del goce inmediato, sin otro horizonte que la multiplicaci\u00f3n o la continua sustituci\u00f3n de los objetos que se poseen por otros todav\u00eda m\u00e1s perfectos. Es la llamada civilizaci\u00f3n del \u00abconsumo\u00bb o consumismo, que comporta tantos \u00abdesechos\u00bb o \u00abbasuras\u00bb&#8230;. \u00abTener\u00bb objetos y bienes no perfecciona de por s\u00ed al sujeto, si no contribuye a la maduraci\u00f3n y enriquecimiento de su \u00abser\u00bb, es decir, a la realizaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n humana como tal. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 28)<\/p>\n<p>250. La demanda de una existencia cualitativamente m\u00e1s satisfactoria y m\u00e1s rica es algo en s\u00ed leg\u00edtimo; sin embargo hay que poner de relieve las nuevas responsabilidades y peligros anejos a esta fase hist\u00f3rica. En el mundo, donde surgen y se delimitan nuevas necesidades, se da siempre una concepci\u00f3n m\u00e1s o menos adecuada del hombre y de su verdadero bien. A trav\u00e9s de las opciones de producci\u00f3n y de consumo se pone de manifiesto una determinada cultura, como concepci\u00f3n global de la vida. De ah\u00ed nace el fen\u00f3meno del consumismo. Al descubrir nuevas necesidades y nuevas modalidades para su satisfacci\u00f3n, es necesario dejarse guiar por una imagen integral del hombre, que respete todas las dimensiones de su ser y que subordine las materiales e instintivas a las interiores y espirituales&#8230;. No es malo el deseo de vivir mejor, pero es equivocado el estilo de vida que se presume como mejor, cuando est\u00e1 orientado a tener y no a ser, y que quiere tener m\u00e1s no para ser m\u00e1s, sino para consumir la existencia en un goce que se propone como fin en s\u00ed mismo. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 36)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. El destino universal de los bienes materiales 202. \u00abLlenad la tierra y sometedla\u00bb (Gn 1, 28). 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