{"id":122153,"date":"2022-09-17T07:54:18","date_gmt":"2022-09-17T05:54:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=122153"},"modified":"2022-08-09T20:39:54","modified_gmt":"2022-08-09T18:39:54","slug":"la-comunidad-internacional","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-comunidad-internacional\/","title":{"rendered":"La comunidad internacional"},"content":{"rendered":"<h2><b>I. La familia humana<\/b><\/h2>\n<p>324. Seg\u00fan la Revelaci\u00f3n b\u00edblica, Dios <i>ha creado el ser humano<\/i>\u2014 hombre y mujer\u2014<i>a su imagen y semejanza<\/i>. Este v\u00ednculo del hombre con su Creador funda su dignidad y sus derechos humanos inalienables, con Dios mismo como garante. A esos derechos personales corresponden evidentemente deberes hacia los dem\u00e1s hombres. Ni el individuo, ni la sociedad, ni el Estado, ni ninguna otra instituci\u00f3n humana, pueden reducir al hombre\u2014o a un grupo de hombres\u2014al estado de objeto&#8230;.<\/p>\n<p>La Revelaci\u00f3n insiste, en efecto, igualmente, <i>en la unidad de la familia humana<\/i>: todos los hombres creados tienen en Dios un mismo <i>origen<\/i>. Cualquiera sea, en el curso de la historia, su dispersi\u00f3n geogr\u00e1fica o la acentuaci\u00f3n de sus diferencias, est\u00e1n siempre <i>destinados <\/i>a formar una sola familia, seg\u00fan el plan de Dios establecido \u00abal principio\u00bb&#8230;. San Pablo declarar\u00e1 a los atenienses: \u00abDios cre\u00f3, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra\u00bb; de manera que todos puedan decir con el poeta que son del \u00ablinaje\u00bb mismo de Dios (cf. Hech 17, 26, 28, 29). (<i>La Iglesia ante el Racismo<\/i>, nn. 19\u201320)<\/p>\n<p>325. La Iglesia pertenece por derecho divino a todas las naciones. Su universalidad est\u00e1 probada en realidad por el hecho de su presencia actual en todo el mundo y por su voluntad a acoger a todos los pueblos. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 178)<\/p>\n<p>326. Entonces la conciencia de la paternidad com\u00fan de Dios, de la hermandad de todos los hombres de Cristo, \u00abhijos en el Hijo\u00bb, de la presencia y acci\u00f3n vivificadora del Esp\u00edritu Santo, conferir\u00e1 a nuestra mirada sobre el mundo un nuevo criterio para interpretarlo. Por encima de los v\u00ednculos humanos y naturales, tan fuertes y profundos, se percibe a la luz de la fe un nuevo modelo de unidad del g\u00e9nero humano, en el cual debe inspirarse en \u00faltima instancia la solidaridad. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 40)<\/p>\n<h2><b>II. Libre comercio<\/b><\/h2>\n<p>327.La ense\u00f1anza de Le\u00f3n XIII en la <i>Rerum Novarum <\/i>conserva su validez: el consentimiento de las partes, si est\u00e1n en situaciones demasiado desiguales, no basta para garantizar la justicia del contrario; y la regla del libre consentimiento queda subordinada a las exigencias del derecho natural. Lo que era verdadero acerca del justo salario individual, lo es tambi\u00e9n respecto a los contratos internacionales: una econom\u00eda de intercambio no puede seguir descansando sobre la sola ley de la libre concurrencia, que engendra tambi\u00e9n demasiado a menudo una dictadura econ\u00f3mica. El libre intercambio s\u00f3lo es equitativo si est\u00e1 sometido a las exigencias de la justicia social. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 59)<\/p>\n<p>328. Queda por instaurar una mayor justicia en la distribuci\u00f3n de los bienes, tanto en el interior de las comunidades nacionales como en el plano internacional. En el comercio mundial es necesario superar las relaciones de fuerza para llegar a tratados concertados con la mirada puesta en el bien de todos. Las relaciones de fuerza no han logrado jam\u00e1s establecer efectivamente la justicia de una manera durable y verdadera, por m\u00e1s que en algunos momentos la alternancia en el equilibrio de posiciones puede permitir frecuentemente hallar condiciones m\u00e1s f\u00e1ciles de di\u00e1logo. El uso de la fuerza suscita, por lo dem\u00e1s, la puesta en acci\u00f3n de fuerzas contrarias, y de ah\u00ed el clima de lucha, que da lugar a situaciones extremas de violencia y abusos. Pero\u2014lo hemos afirmado frecuentemente\u2014el deber m\u00e1s importante de la justicia es el de permitir a cada pa\u00eds promover su propio desarrollo, dentro del marco de una cooperaci\u00f3n exenta de todo esp\u00edritu de dominio econ\u00f3mico y pol\u00edtico. Ciertamente la complejidad de los problemas planteados es grande en el conflicto actual de las interdependencias. Se ha de tener, por tanto, la fortaleza de \u00e1nimo necesaria para revisar las relaciones actuales entre las naciones, ya se trate de la distribuci\u00f3n internacional de la producci\u00f3n de la estructura del comercio, del control de los beneficios, de la ordenaci\u00f3n del sistema monetario\u2014sin olvidar las acciones de solidaridad humanitaria\u2014y as\u00ed se logre que los modelos de crecimiento de las naciones ricas sean cr\u00edticamente analizados, se transformen las mentalidades para abrirlas a la prioridad del derecho internacional y, finalmente, se renueven los organismos internacionales para lograr una mayor eficacia. (<i>Octogesima Adveniens<\/i>, n. 43)<\/p>\n<p>329. No estar\u00eda bien usar aqu\u00ed dos pesos y dos medidas. Lo que vale en econom\u00eda nacional, lo que se admite entre pa\u00edses desarrollados, vale tambi\u00e9n en las relaciones comerciales entre pa\u00edses ricos y pa\u00edses pobres. Sin abolir el mercado de concurrencia, hay que mantenerlo dentro de los l\u00edmites que lo hacen justo y moral, y, por tanto, humano. En el comercio entre econom\u00edas desarrolladas y subdesarrolladas, las situaciones son demasiado dispares, y las libertades reales demasiado desiguales. La justicia social exige que el comercio internacional, para ser humano y moral, restablezca entre las partes al menos una cierta igualdad de oportunidades. Esta \u00faltima es un objetivo a largo plazo. Mas para llegar a \u00e9l es preciso crear desde ahora una igualdad real en las discusiones y negociaciones. Aqu\u00ed tambi\u00e9n ser\u00edan \u00fatiles convenciones internacionales de radio suficientemente vasto: ellas establecer\u00edan normas generales con vistas a regularizar ciertos precios, garantizar determinadas producciones, sostener ciertas industrias nacientes. \u00bfQui\u00e9n no ve que un tal esfuerzo com\u00fan hacia una mayor justicia en las relaciones comerciales entre los pueblos aportar\u00eda a los pa\u00edses en v\u00eda de desarrollo una ayuda positiva, cuyos efectos no ser\u00edan solamente inmediatos, sino duraderos? (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 61)<\/p>\n<h2><b>III. Paz y guerra<\/b><\/h2>\n<p>330. La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemon\u00eda desp\u00f3tica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una m\u00e1s perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien com\u00fan del g\u00e9nero humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, est\u00e1 cometido a continuos cambios; por eso la paz jam\u00e1s es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de s\u00ed mismo y vigilancia por parte de la autoridad leg\u00edtima. Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicaci\u00f3n espont\u00e1nea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme prop\u00f3sito de respetar a los dem\u00e1s hombres y pueblos, as\u00ed como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. As\u00ed, la paz es tambi\u00e9n fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar. La paz sobre la tierra, nacida del amor al pr\u00f3jimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Pr\u00edncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del g\u00e9nero humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, despu\u00e9s del triunfo de su resurrecci\u00f3n, ha infundido el Esp\u00edritu de amor en el coraz\u00f3n de los hombres. Por lo cual, se llama insistentemente la atenci\u00f3n de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Efe 4, 15), se unan con los hombres realmente pac\u00edficos para implorar y establecer la paz. Movidos por el mismo Esp\u00edritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, est\u00e1n al alcance incluso de los m\u00e1s d\u00e9biles, con tal que esto sea posible sin lesi\u00f3n de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad. (<i>Gaudium et Spes<\/i>, n. 78)<\/p>\n<p>331. El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es s\u00f3lo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicaci\u00f3n entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la pr\u00e1ctica asidua de la fraternidad. Es la \u00abtranquilidad del orden\u00bb (San August\u00edn, <i>De Civ. Dei<\/i>, IX.13.1). Es obra de la justicia y efecto de la caridad. (CIC, n. 2304)<\/p>\n<p>332.Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden econ\u00f3mico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos des\u00f3rdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra: En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazar\u00e1 hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan tambi\u00e9n las violencias hasta que se cumpla la palabra: \u00abDe sus espadas forjar\u00e1n arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna naci\u00f3n levantar\u00e1 ya m\u00e1s la espada contra otra y no se adiestrar\u00e1n m\u00e1s para el combate\u00bb (GS, n. 78; cf. Is 2, 4). (CIC, n. 2317)<\/p>\n<p>333.Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros. Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que las ordenan, son cr\u00edmenes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. As\u00ed, el exterminio de un pueblo, de una naci\u00f3n o de una minor\u00eda \u00e9tnica debe ser condenado como un pecado mortal. Existe la obligaci\u00f3n moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios. (CIC, n. 2313)<\/p>\n<h2><b>IV. Armas<\/b><\/h2>\n<p>334. En sentido opuesto vemos, con gran dolor, c\u00f3mo en las naciones econ\u00f3micamente m\u00e1s desarrolladas se han estado fabricando, y se fabrican todav\u00eda, enormes armamentos, dedicando a su construcci\u00f3n una suma inmensa de energ\u00edas espirituales y materiales. Con esta pol\u00edtica resulta que, mientras los ciudadanos de tales naciones se ven obligados a soportar sacrificios muy graves, otros pueblos, en cambio, quedan sin las ayudas necesarias para su progreso econ\u00f3mico y social. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 109)<\/p>\n<p>335.\u00bbTuve hambre, y no me disteis de comer &#8230; estuve desnudo y no me vestisteis &#8230; en la c\u00e1rcel, y no me visitasteis\u00bb (Mt 25, 42). Estas palabras adquieren una mayor carga amonestadora, si pensamos que, en vez del pan y de la ayuda cultural de los nuevos estados y naciones que se est\u00e1n despertando a la vida independiente, se le ofrece a veces en abundancia armas modernas y medios de destrucci\u00f3n, puestos al servicio de conflictos armados y de guerras que no son tanto una exigencia de la defensa de sus justos derechos y de su soberan\u00eda, sino m\u00e1s bien una forma de \u00abpatrioter\u00eda\u00bb, de imperialismo, de neocolonialismo de distinto tipo. (<i>Redemptor Hominis<\/i>, n. 16)<\/p>\n<p>336. La ense\u00f1anza de la Iglesia cat\u00f3lica es, pues, clara y coherente. Deplora la carrera de armamentos, pide, al menos, una progresiva reducci\u00f3n mutua y comprobable, as\u00ed como mayores precauciones contra los posibles errores en el uso de las armas nucleares. Al mismo tiempo, la Iglesia reclama para cada naci\u00f3n el respeto a su independencia, libertad y legitima seguridad. (<i>Mensaje a la II Sesi\u00f3n especial de las Naciones Unidas sobre el Desarme<\/i>, n. 5)<\/p>\n<p>337. Una carrera desenfrenada a los armamentos absorbe los recursos necesarios para el desarrollo de las econom\u00edas internas y para ayudar a las naciones menos favorecidas. El progreso cient\u00edfico y tecnol\u00f3gico, que debiera contribuir al bienestar del hombre, se transforma en instrumento de guerra: ciencia y t\u00e9cnica son utilizadas para producir armas cada vez m\u00e1s perfeccionadas y destructivas. (<i>Centesimus Annus<\/i>, n. 18)<\/p>\n<h2><b>V. El bien com\u00fan universal<\/b><\/h2>\n<p>338. Las interdependencias humanas se intensifican. Se extienden poco a poco a toda la tierra. La unidad de la familia humana que agrupa a seres que poseen una misma dignidad natural, implica un bien com\u00fan universal. Este requiere una organizaci\u00f3n de la comunidad de naciones capaz de \u00abproveer a las diferentes necesidades de los hombres, tanto en los campos de la vida social, a los que pertenecen la alimentaci\u00f3n, la salud, la educaci\u00f3n &#8230; como en no pocas situaciones particulares que pueden surgir en algunas partes, como son &#8230; socorrer en sus sufrimientos a los refugiados dispersos por todo el mundo o de ayudar a los emigrantes y a sus familias\u00bb (GS, n. 84). (CIC, n. 1911)<\/p>\n<p>339.As\u00ed como no se puede juzgar del bien com\u00fan de una naci\u00f3n sin tener en cuenta la persona humana, lo mismo debe decirse del bien com\u00fan general; por lo que la autoridad p\u00fablica mundial ha de tender principalmente a que los derechos de la persona humana se reconozcan, se tengan en el debido honor, se conserven inc\u00f3lumes y se aumenten en realidad. Esta protecci\u00f3n de los derechos del hombre puede realizarla o la propia autoridad mundial por s\u00ed misma, si la realidad lo permite, o bien creando en todo el mundo un ambiente dentro del cual los gobernantes de los distintos pa\u00edses puedan cumplir sus funciones con mayor facilidad. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 139)<\/p>\n<h2><b>VI. Organizaciones transnacionales e internacionales<\/b><\/h2>\n<p>340. Deseamos, pues, vehementemente, que la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas pueda ir acomodando cada vez mejor sus estructuras y medios a la amplitud y nobleza de sus objetivos. Ojal\u00e1 llegue pronto el tiempo en que esta Organizaci\u00f3n pueda garantizar con eficacia los derechos del hombre, derechos que, por brotar inmediatamente de la dignidad de la persona humana, son universales, inviolables e inmutables. Tanto m\u00e1s cuanto que hoy los hombres, por participar cada vez m\u00e1s activamente en los asuntos p\u00fablicos de sus respectivas naciones, siguen con creciente inter\u00e9s la vida de los dem\u00e1s pueblos y tienen una conciencia cada d\u00eda m\u00e1s honda de pertenecer como miembros vivos a la gran comunidad mundial. (<i>Pacem in Terris<\/i>, n. 145)<\/p>\n<p>341. Esta colaboraci\u00f3n internacional de alcance mundial requiere unas instituciones que la prepare, la coordinen y la rijan hasta constituir un orden jur\u00eddico universalmente reconocido. De todo coraz\u00f3n, Nos alentamos las organizaciones que han puesto mano en esta colaboraci\u00f3n para el desarrollo, y deseamos que crezca su autoridad. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 78)<\/p>\n<p>342. Las relaciones entre los distintos pa\u00edses, por virtud de los adelantos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos, en todos los aspectos de la convivencia humana, se han estrechado mucho m\u00e1s en estos \u00faltimos a\u00f1os. Por ello, necesariamente la interdependencia de los pueblos se hace cada vez mayor. As\u00ed, pues, los problemas m\u00e1s importantes del d\u00eda en el \u00e1mbito cient\u00edfico y t\u00e9cnico, econ\u00f3mico y social, pol\u00edtico y cultural, por rebasar con frecuencia las posibilidades de un solo pa\u00eds, afectan necesariamente a muchas y algunas veces a todas las naciones. Sucede por esto que los Estados aislados, aun cuando descuellen por su cultura y civilizaci\u00f3n, el n\u00famero e inteligencia de sus ciudadanos, el progreso de sus sistemas econ\u00f3micos, la abundancia de recursos y la extensi\u00f3n territorial, no pueden, sin embargo, separados de los dem\u00e1s, resolver por si mismos de manera adecuada sus problemas fundamentales. Por consiguiente, las naciones, al hallarse necesitadas, de unas de ayudas complementarias y las otras de ulteriores perfeccionamientos, s\u00f3lo podr\u00e1n atender a su propia utilidad mirando simult\u00e1neamente al provecho de los dem\u00e1s. Por lo cual es de todo punto preciso que los Estados se entiendan bien y se presten ayuda mutua. (<i>Mater et Magistra<\/i>, nn. 200\u2013202)<\/p>\n<p>343. Har\u00e1 falta ir m\u00e1s lejos a\u00fan. Nos pedimos en Bombay la constituci\u00f3n de una gran Fondo mundial alimentado con una parte de los gastos militares, a fin de ayudar a los m\u00e1s desheredados (Pablo VI, <i>Mensaje al Mundo, entregado a los Periodistas<\/i>). Esto que vale para la lucha inmediata contra la miseria, vale igualmente a escala del desarrollo. S\u00f3lo una colaboraci\u00f3n mundial, de la cual un fondo com\u00fan ser\u00eda al mismo tiempo s\u00edmbolo e instrumento, permitir\u00eda superar las rivalidades est\u00e9riles y suscitar un di\u00e1logo pac\u00edfico y fecundo entre todos los pueblos. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 51)<\/p>\n<h2><b>VII. Emigraci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>344. El paterno amor con que Dios nos mueve a amar a todos los hombres nos hace sentir una profunda aflicci\u00f3n ante el infortunio de quienes se ven expulsados de su patria por motivos pol\u00edticos. La multitud de estos exiliados, innumerables sin duda en nuestra \u00e9poca, se ve acompa\u00f1ada constantemente por muchos e incre\u00edbles dolores. Tan triste situaci\u00f3n de muestra que los gobernantes de ciertas naciones restringen excesivamente los l\u00edmites de la justa libertad, dentro de los cuales es l\u00edcito al ciudadano vivir con decoro una vida humana. M\u00e1s a\u00fan: en tales naciones, a veces, hasta el derecho mismo a la libertad se somete a discusi\u00f3n o incluso queda totalmente suprimido. Cuando esto sucede, todo el recto orden de la sociedad civil se subvierte; porque la autoridad p\u00fablica est\u00e1 destinada, por su propia naturaleza, a asegurar el bien de la comunidad, cuyo deber principal es reconocer el \u00e1mbito justo de la libertad y salvaguardar santamente sus derechos. (<i>Pacem in Terris<\/i>, nn. 103\u2013104)<\/p>\n<p>345.El Continente americano ha conocido en su historia muchos movimientos de inmigraci\u00f3n, que llevaron multitud de hombres y mujeres a las diversas regiones con la esperanza de un futuro mejor. El fen\u00f3meno contin\u00faa tambi\u00e9n hoy y afecta concretamente a numerosas personas y familias procedentes de Naciones latinoamericanas del Continente, que se han instalado en las regiones del Norte, constituyendo en algunos casos una parte considerable de la poblaci\u00f3n. A menudo llevan consigo un patrimonio cultural y religioso, rico de significativos elementos cristianos. La Iglesia es consciente de los problemas provocados por esta situaci\u00f3n y se esfuerza en desarrollar una verdadera atenci\u00f3n pastoral entre dichos inmigrados, para favorecer su asentamiento en el territorio y para suscitar, al mismo tiempo, una actitud de acogida por parte de las poblaciones locales, convencida de que la mutua apertura ser\u00e1 un enriquecimiento para todos. Las comunidades eclesiales procurar\u00e1n ver en este fen\u00f3meno un llamado espec\u00edfico a vivir el valor evang\u00e9lico de la fraternidad y a la vez una invitaci\u00f3n a dar un renovado impulso a la propia religiosidad para una acci\u00f3n evangelizadora m\u00e1s incisiva. En este sentido, los Padres sinodales consideran que la Iglesia en Am\u00e9rica debe ser abogada vigilante que proteja, contra todas las restricciones injustas, el derecho natural de cada persona a moverse libremente dentro de su propia naci\u00f3n y de una naci\u00f3n a otra. Hay que estar atentos a los derechos de los emigrantes y de sus familias, y al respeto de su dignidad humana, tambi\u00e9n en los casos de inmi-graciones no legales. Con respecto a los inmigrantes, es necesaria una actitud hospitalaria y acogedora, que los aliente a integrarse en la vida eclesial, salvaguardando siempre su libertad y su peculiar identidad cultural. A este fin es muy importante la colaboraci\u00f3n entre las di\u00f3cesis de las que proceden y aquellas en las que son acogidos, tambi\u00e9n mediante las espec\u00edficas estructuras pastorales previstas en la legislaci\u00f3n y en la praxis de la Iglesia. Se puede asegurar as\u00ed la atenci\u00f3n pastoral m\u00e1s adecuada posible e integral. La Iglesia enAm\u00e9rica debe estar impulsada por la constante solicitud de que no falte una eficaz evangelizaci\u00f3n a los que han llegado recientemente y no conocen todav\u00eda a Cristo. (<i>Ecclesia in America<\/i>, n. 65)<\/p>\n<p>346.Por amarga experiencia, por tanto, sabemos que el miedo a la \u00abdiferencia\u00bb, especialmente cuando se expresa mediante un reductivo y excluyente nacionalismo que niega cualquier derecho al \u00abotro\u00bb, puede conducir a una verdadera pesadilla de violencia y de terror. Y sin embargo, si nos esforzamos en valorar las cosas con objetividad, podemos ver que, m\u00e1s all\u00e1 de todas las diferencias que caracterizan a los individuos y los pueblos, hay una fundamental dimensi\u00f3n com\u00fan, ya que las varias culturas no son en realidad sino modos diversos de afrontar la cuesti\u00f3n del significado de la existencia personal. Precisamente aqu\u00ed podemos identificar una fuente del respeto que es debido a cada cultura y a cada naci\u00f3n. (<i>Discurso a la L Asamblea General de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas<\/i>, 1995, n. 9)<\/p>\n<h2><b>VIII. Deuda externa<\/b><\/h2>\n<p>347. La existencia de una deuda externa que asfixia a muchos pueblos del Continente americano es un problema complejo. Aun sin entrar en sus numerosos aspectos, la Iglesia en su solicitud pastoral no puede ignorar este problema, ya que afecta a la vida de tantas personas. Por eso, diversas Conferencias Episcopales de Am\u00e9rica, conscientes de su gravedad, han organizado estudios sobre el mismo y publicado documentos para buscar soluciones eficaces. Yo he expresado tambi\u00e9n varias veces mi preocupaci\u00f3n por esta situaci\u00f3n, que en algunos casos se ha hecho insostenible. En la perspectiva del ya pr\u00f3ximo Gran Jubileo del a\u00f1o 2000 y recordando el sentido social que los Jubileos ten\u00edan en el Antiguo Testamento, escrib\u00ed: \u00abAs\u00ed, en el esp\u00edritu del Libro del Lev\u00edtico (25, 8\u201312), los cristianos deber\u00e1n hacerse voz de todos los pobres del mundo, proponiendo el Jubileo como un tiempo oportuno para pensar entre otras cosas en una notable reducci\u00f3n, si no en una total condonaci\u00f3n, de la deuda internacional que grava sobre el destino de muchas naciones\u00bb (TMA, n. 36). Reitero mi deseo, hecho propio por los Padres sinodales, de que el Pontificio Consejo \u00abJusticia y Paz\u00bb, junto con otros organismos competentes, como es la secci\u00f3n para las Relaciones con los Estados de la Secretar\u00eda de Estado, busque, en el estudio y el di\u00e1logo con representantes del Primer Mundo y con responsables del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, v\u00edas de soluci\u00f3n para el problema de la deuda externa y normas que impidan la repetici\u00f3n de tales situaciones con ocasi\u00f3n de futuros pr\u00e9stamos. Al nivel m\u00e1s amplio posible, ser\u00eda oportuno que expertos en econom\u00eda y cuestiones monetarias, de fama internacional, procedieran a un an\u00e1lisis cr\u00edtico del orden econ\u00f3mico mundial, en sus aspectos positivos y negativos, de modo que se corrija el orden actual, y propongan un sistema y mecanismos capaces de promover el desarrollo integral y solidario de las personas y los pueblos. (<i>Ecclesia in America<\/i>, n. 59)<\/p>\n<p>348. De igual modo, en su lucha por la justicia en un mundo marcado por la desigualdades sociales y econ\u00f3micas, la Iglesia no puede ignorar el duro peso de la deuda, contra\u00edda por muchas naciones asi\u00e1ticas en v\u00edas de desarrollo, con su consecuente impacto sobre su presente y su futuro. En muchos casos, estos pa\u00edses se ven obligados a recortar los gastos dispensados a las necesidades vitales como la alimentaci\u00f3n, la salud, la vivienda y la educaci\u00f3n, para poder saldar las deudas con las agencias monetarias internacionales y con los bancos. Esto significa que muchas personas est\u00e1n destinadas vivir en condiciones de vida que est\u00e1n en confronto con la dignidad humana. (<i>Ecclesia in Asia<\/i>, n. 40)<\/p>\n<p>349.Los Padres sinodales han manifestado su preocupaci\u00f3n por la deuda externa que afecta a muchas naciones americanas, expresando de este modo su solidaridad con las mismas. Ellos llaman justamente la atenci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica sobre la complejidad del tema, reconociendo que la deuda es frecuentemente fruto de la corrupci\u00f3n y de la mala administraci\u00f3n. En el esp\u00edritu de la reflexi\u00f3n sinodal, este reconocimiento no pretende concentrar en un s\u00f3lo polo las responsabilidades de un fen\u00f3meno que es sumamente complejo en su origen y en sus soluciones. En efecto, entre las m\u00faltiples causas que han llevado a una deuda externa abrumadora deben se\u00f1alarse no s\u00f3lo los elevados intereses, fruto de pol\u00edticas financieras especulativas, sino tambi\u00e9n la irresponsabilidad de algunos gobernantes que, al contraer la deuda, no reflexionaron suficientemente sobre las posibilidades reales de pago, con el agravante de que sumas ingentes obtenidas mediante pr\u00e9stamos internacionales se han destinado a veces al enriquecimiento de personas concretas, en vez de ser dedicadas a sostener los cambios necesarios para el desarrollo del pa\u00eds. Por otra parte, ser\u00eda injusto que las consecuencias de estas decisiones irresponsables pesaran sobre quienes no las tomaron. La gravedad de la situaci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s comprensible, si se tiene en cuenta que ya el mero pago de los intereses es un peso sobre la econom\u00eda de las naciones pobres, que quita a las autoridades la disponibilidad del dinero necesario para el desarrollo social, la educaci\u00f3n, la sanidad y la instituci\u00f3n de un dep\u00f3sito para crear trabajo. (<i>Ecclesia in America<\/i>, n. 22)<\/p>\n<h2><b>IX. Tensionas nacionalistas y \u00e9tnicas<\/b><\/h2>\n<p>350. Otros obst\u00e1culos se oponen tambi\u00e9n a la formaci\u00f3n de un mundo m\u00e1s justo y m\u00e1s estructurado dentro de una solidaridad universal: nos referimos al nacionalismo y al racismo. Es natural que comunidades recientemente llegadas a su independencia pol\u00edtica sean celosas de una unidad nacional a\u00fan fr\u00e1gil y se esfuercen por protegerla. Es normal tambi\u00e9n que naciones de vieja cultura est\u00e9n orgullosas del patrimonio que les ha legado su historia. Pero estos leg\u00edtimos sentimientos deben ser sublimados por la caridad universal, que engloba a todos los miembros de la familia humana. El nacionalismo a\u00edsla los pueblos en contra de lo que es su verdadero bien. Ser\u00eda particularmente nocivo all\u00ed en donde la debilidad de las econom\u00edas nacionales exige, por el contrario, la puesta en com\u00fan de los esfuerzos, de los conocimientos y de los medios financieros, para realizar los programas de desarrollo e incrementar los intercambios comerciales y culturales. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 62)<\/p>\n<p>351. El primer principio es la inalienable dignidad de cada persona humana, sin distinciones relativas a su origen racial, \u00e9tnico, cultural, nacional o a su creencia religiosa. Ninguna persona existe por s\u00ed sola, sino que halla su plena identidad en su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. Lo mismo se puede afirmar de los grupos humanos. (<i>Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz<\/i>, 1989, n. 3)<\/p>\n<p>352.Todav\u00eda hoy queda mucho por hacer para superar la intolerancia religiosa, la cual, en diversas partes del mundo, va estrechamente ligada a la opresi\u00f3n de las minor\u00edas. Por desgracia, hemos asistido a intentos de imponer una particular convicci\u00f3n religiosa, bien directamente mediante un proselitismo que recurre a medios de coacci\u00f3n verdadera y propia, bien indirectamente mediante la negaci\u00f3n de ciertos derechos civiles o pol\u00edticos. (<i>Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz<\/i>, 1991, n. 4)<\/p>\n<p>353. El racismo no es patrimonio exclusivo de las naciones j\u00f3venes, en las que, a veces, se disfraza bajo las rivalidades de clases y de partidos pol\u00edticos, con gran perjuicio de la justicia y con peligro de la paz civil. Durante la era colonial ha creado a menudo un muro de separaci\u00f3n entre colonizadores e ind\u00edgenas, poniendo obst\u00e1culos a una fecunda inteligencia rec\u00edproca y provocando muchos rencores como consecuencia de verdaderas injusticias. Es tambi\u00e9n un obst\u00e1culo a la colaboraci\u00f3n entre naciones menos favorecidas y un fermento de divisi\u00f3n y menosprecio de los derechos imprescriptibles de la persona humana, individuos y familias se ven injustamente sometidos a un r\u00e9gimen de excepci\u00f3n por raz\u00f3n de su raza o de su color. (<i>Populorum Progressio<\/i>, n. 63)<\/p>\n<p>354. Si la Iglesia en Am\u00e9rica, fiel al Evangelio de Cristo, desea recorre el camino de la solidaridad, debe dedicar una especial atenci\u00f3n a aquellas etnias que todav\u00eda hoy son objeto de discriminaciones injustas. En efecto, hay que erradicar todo intento de marginaci\u00f3n contra las poblaciones ind\u00edgenas. Ello implica, en primer lugar, que se deben respetar sus tierras y los pactos contra\u00eddos con ellos; igualmente, hay que atender a sus leg\u00edtimas necesidades sociales, sanitarias y culturales. \u00bfHabr\u00e1 que recordar la necesidad de reconciliaci\u00f3n entre los pueblos ind\u00edgenas y las sociedades en las que viven? (<i>Ecclesia in America<\/i>, n. 64)<\/p>\n<p>355. La condenaci\u00f3n del racismo y de los hechos racistas es necesaria. La aplicaci\u00f3n de medidas legislativas, disciplinares y administrativas contra lo uno y lo otro, sin excluir las adecuadas presiones exteriores, puede ser oportuna. Los pa\u00edses y las organizaciones internacionales disponen, en orden a ello, de todo un \u00e1mbito de iniciativas por tomar o suscitar. Y es igualmente responsabilidad de los ciudadanos afectados, sin que por eso se deba llegar a reemplazar, mediante la violencia, una situaci\u00f3n injusta por otra. Hay que procurar siempre soluciones constructivas. (<i>La Iglesia ante el Racismo<\/i>, n. 33)<\/p>\n<p>356. El laico, cuya vocaci\u00f3n particular lo coloca en el medio del mundo y cargado de las m\u00e1s variadas tareas, debe por est\u00e1 verdadera raz\u00f3n, ejercer una forma realmente especial de evangelizaci\u00f3n&#8230;. Su propio campo de actividad de evangelizaci\u00f3n es el vasto y complejo mundo de la pol\u00edtica, de la sociedad y de la econom\u00eda, pero tambi\u00e9n, el mundo de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicaci\u00f3n social. Esto incluye tambi\u00e9n, otras realidades, que est\u00e1n abiertas a la evangelizaci\u00f3n, tales como el amor al hombre, la familia, la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os y adolescentes, el trabajo profesional, el sufrimiento. (<i>Evangelii Nuntiandi<\/i>, n. 70)<\/p>\n<h2><b>X. La econom\u00eda global<\/b><\/h2>\n<p>357. Una caracter\u00edstica del mundo actual es la tendencia a la globalizaci\u00f3n, fen\u00f3meno que, aun no siendo exclusivamente americano, es m\u00e1s perceptible y tiene mayores repercusiones en Am\u00e9rica. Se trata de un proceso que se impone debido a la mayor comunicaci\u00f3n entre las diversas partes del mundo, llevando pr\u00e1cticamente a la superaci\u00f3n de las distancias, con efectos evidentes en campos muy diversos. Desde el punto de vista \u00e9tico, puede tener una valoraci\u00f3n positiva o negativa. En realidad, hay una globalizaci\u00f3n econ\u00f3mica que trae consigo ciertas consecuencias positivas, como el fomento de la eficiencia y el incremento de la producci\u00f3n, y que, con el desarrollo de las relaciones entre los diversos pa\u00edses en lo econ\u00f3mico, puede fortalecer el proceso de unidad de los pueblos y realizar mejor el servicio a la familia humana. Sin embargo, si la globalizaci\u00f3n se rige por las meras leyes del mercado aplicadas seg\u00fan las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas. Tales son, por ejemplo, la atribuci\u00f3n de un valor absoluto a la econom\u00eda, el desempleo, la disminuci\u00f3n y el deterioro de ciertos servicios p\u00fablicos, la destrucci\u00f3n del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situaci\u00f3n de inferioridad cada vez m\u00e1s acentuada. La Iglesia, aunque reconoce los valores positivos que la globalizaci\u00f3n comporta, mira con inquietud los aspectos negativos derivados de ella. (<i>Ecclesia in America<\/i>, n. 20)<\/p>\n<p>358. Para establecer un aut\u00e9ntico orden econ\u00f3mico universal hay que acabar con las pretensiones de lucro excesivo, las ambiciones nacionalistas, el af\u00e1n de dominaci\u00f3n pol\u00edtica, los c\u00e1lculos de car\u00e1cter militarista y las maquinaciones para difundir e imponer las ideolog\u00edas. (<i>Gaudium et Spes<\/i>, n. 85)<\/p>\n<p>359. El complejo fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n, como he recordado m\u00e1s arriba, es una de las caracter\u00edsticas del mundo actual, perceptible especialmente en Am\u00e9rica. Dentro de esta realidad polifac\u00e9tica, tiene gran importancia el aspecto econ\u00f3mico. Con su doctrina social, la Iglesia ofrece una valiosa contribuci\u00f3n a la problem\u00e1tica que presenta la actual econom\u00eda globalizada. Su visi\u00f3n moral en esta materia se apoya en las tres piedras angulares fundamentales de la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiariedad. La econom\u00eda globalizada debe ser analizada a la luz de los principios de la justicia social, respetando la opci\u00f3n preferencial por los pobres, que han de ser capacitados para protegerse en una econom\u00eda globalizada, y ante las exigencias del bien com\u00fan internacional. En realidad, la doctrina social de la Iglesia es la visi\u00f3n moral que intenta asistir a los gobiernos, a las instituciones y las organizaciones privadas para que configuren un futuro congruente con la dignidad de cada persona. A trav\u00e9s de este prisma se pueden valorar las cuestiones que se refieren a la deuda externa de las naciones, a la corrupci\u00f3n pol\u00edtica interna y a la discriminaci\u00f3n dentro [de la propia naci\u00f3n] y entre las naciones. La Iglesia en Am\u00e9rica est\u00e1 llamada no s\u00f3lo a promover una mayor integraci\u00f3n entre las naciones, contribuyendo de este modo a crear una verdadera cultura globalizada de la solidaridad, sino tambi\u00e9n a colaborar con los medios leg\u00edtimos en la reducci\u00f3n de los efectos negativos de la globalizaci\u00f3n, como son el dominio de los m\u00e1s fuertes sobre los m\u00e1s d\u00e9biles, especialmente en el campo econ\u00f3mico, y la p\u00e9rdida de los valores de las culturas locales en favor de una mal entendida homogeneizaci\u00f3n. (<i>Ecclesia in America<\/i>, n. 55)<\/p>\n<p>360.A pesar de que la sociedad mundial ofrezca aspectos fragmentarios expresados con los nombres convencionales de Primero, Segundo, Tercero y tambi\u00e9n Cuarto mundo, permanece m\u00e1s profunda su interdependencia la cual, cuando se separa de las exigencias \u00e9ticas, tiene unas consecuencias funestas para los m\u00e1s d\u00e9biles. M\u00e1s a\u00fan, esta interdependencia, por una especie de din\u00e1mica interior y, bajo el empuje de mecanismos que no puedan dejar de ser calificados como perversos, provoca efectos negativos hasta en los pa\u00edses ricos. Precisamente dentro de estos pa\u00edses se encuentra, aunque en menor medida, las manifestaciones m\u00e1s espec\u00edficas del subdesarrollo. De suerte que deber\u00eda ser una cosa sabida que el desarrollo o se convierte en un hecho com\u00fan a todas las partes del mundo, o sufre un proceso de retroceso aun en las zonas marcadas por un constante progreso. Fen\u00f3meno este particularmente indicador de la naturaleza del aut\u00e9ntico desarrollo: o participan de \u00e9l todas las naciones del mundo o no ser\u00e1 tal ciertamente. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 17)<\/p>\n<p>361. Habiendo cambiado las circunstancias tanto en los pa\u00edses endeudados como en el mercado internacional financiero, el instrumento elegido para dar una ayuda al desarrollo se ha transformado en un mecanismo contraproducente. Y esto ya sea porque los pa\u00edses endeudados, para satisfacer los compromisos de la deuda, se van obligados a exportar los capitales que ser\u00edan necesarios para aumentar o, incluso, para mantener su nivel de vida, ya sea porque, por la misma raz\u00f3n, no pueden obtener nuevas fuentes de financiaci\u00f3n indispensables igualmente. (<i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, n. 19)<\/p>\n<p>362.Otro campo importante en el que la Iglesia est\u00e1 presente en todo Am\u00e9rica el de las asistencia caritativa y social. Las m\u00faltiples iniciativas para atenci\u00f3n de los ancianos, los enfermos y de cuanto est\u00e1n necesitados de auxilio en asilos, hospitales, dispensarios, comedores gratuitos y otros centros sociales, son testimonio palpable del amor a su Se\u00f1or y consciente de que \u00abJes\u00fas se ha identificado con ellos\u00bb (cf. Mt 25, 31\u201346). En esta tarea, que no conoce fronteras, la Iglesia ha sabido crear una conciencia de solidaridad concreta entre las diversas comunidades del Continente y mundo entero, manifestando as\u00ed la fraternidad que debe caracterizar a los cristianos de todo tiempo y lugar.<\/p>\n<p>El servicio a los pobres, para que sea evang\u00e9lico y evangelizador, ha de ser fiel reflejo de la actitud de Jes\u00fas, que vino \u00abpara anunciar a los pobres la Buena Nueva\u00bb (Lc 4, 18). Realizado con este esp\u00edritu, llega a ser manifestaci\u00f3n del amor infinito de Dios por todos los hombres y un modo elocuente de transmitir la esperanza de la salvaci\u00f3n que Cristo ha tra\u00eddo al mundo, y que resplandece de manera particular cuando es comunicada a los abandonados de la sociedad.<\/p>\n<p>Esta constante dedicaci\u00f3n a los pobres y desheredados se refleja en el Magisterio social de la Iglesia, que no se cansa de invitar a la comunidad cristiana a comprometerse en la superaci\u00f3n de toda forma de explotaci\u00f3n y opresi\u00f3n. En efecto, se trata no s\u00f3lo de aliviar las necesidades m\u00e1s graves y urgentes mediante acciones individuales y espor\u00e1dicas, sino de poner de relieve las ra\u00edces del mal, proponiendo intervenciones que den a las estructuras sociales, pol\u00edticas y econ\u00f3micas una configuraci\u00f3n m\u00e1s justa y solidaria. (<i>Ecclesia in America<\/i>, n. 18)<\/p>\n<p>363. Una de las notas m\u00e1s caracter\u00edsticas de nuestra \u00e9poca es el incremento de las relaciones sociales, o de la progresiva multiplicaci\u00f3n de las relaciones de convivencia, con la formaci\u00f3n consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayor\u00eda de las veces, por el derecho p\u00fablico o por el derecho privado. Entre los numerosos factores que han contribuido actualmente a la existencia de este hecho deben enumerarse el progreso cient\u00edfico y t\u00e9cnico, el aumento de la productividad econ\u00f3mica y el auge del nivel de vida del ciudadano. (<i>Mater et Magistra<\/i>, n. 59)<\/p>\n<p>364. Las relaciones entre los distintos pa\u00edses, por virtud de los adelantos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos, en todos los aspectos de la convivencia humana, se han estrechado mucho m\u00e1s en estos \u00faltimos a\u00f1os. Por ello, necesariamente la interdependencia de los pueblos se hace cada vez mayor. As\u00ed, pues, los problemas m\u00e1s importantes del d\u00eda en el \u00e1mbito cient\u00edfico y t\u00e9cnico, econ\u00f3mico y social, pol\u00edtico y cultural, por rebasar con frecuencia las posibilidades de un solo pa\u00eds, afectan necesariamente a muchas y algunas veces a todas las naciones. (<i>Mater et Magistra<\/i>, nn. 200\u2013201)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. La familia humana 324. Seg\u00fan la Revelaci\u00f3n b\u00edblica, Dios ha creado el ser humano\u2014 hombre y mujer\u2014a su imagen y semejanza. 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