{"id":1221,"date":"2015-01-08T03:06:30","date_gmt":"2015-01-08T02:06:30","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=1221"},"modified":"2016-07-27T12:11:45","modified_gmt":"2016-07-27T10:11:45","slug":"momentos-dificiles-8-hortaleza-detencion-prision-y-trabajos-de-los-misioneros","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-8-hortaleza-detencion-prision-y-trabajos-de-los-misioneros\/","title":{"rendered":"Momentos dif\u00edciles 8: Hortaleza, detenci\u00f3n, prisi\u00f3n y trabajos de los misioneros"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-42743\" title=\"ESCUDOCM\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a>Mi estimado Sr. Albiol: Ante el reiterado deseo manifestado por V. de que escriba algo sobre la detenci\u00f3n y prisi\u00f3n de los Padres y Hermanos de la Casa de Hortaleza, voy a hacerlo, aunque, como gorri\u00f3n sin plumas, no pueda extender mucho el vuelo, para hacer una cr\u00f3nica completa de los hechos, de las emociones, de los sobresaltos que sufrimos en los primeros momentos y en los d\u00edas de nuestra prisi\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>I.- A\u00d1O 1936 <\/strong><\/h2>\n<p>Ya, <strong>desde las elecciones \u00faltimas<\/strong>, los Superiores, con muy buen acuerdo, determinaron que el Noviciado pasase a Tardajos, quedando para custodia de la Casa los Padres Pampliega, Castizo y servidor, m\u00e1s doce Hermanos, para cuidar de la hacienda y servicio de la Casa y que fueron los Hermanos Gelabert, Armend\u00e1riz, Pato y Trachiner, profesos; y novicios Hermanos Corral, Yruretagoyena, Sobrino, Lucia, Ac\u00edn, Garc\u00eda, Espluga y Araujo, y a este n\u00famero se sum\u00f3 eI P. P\u00e9rez (Anacario) que estuvo el \u00faltimo mes.<\/p>\n<p>Como en los \u00faltimos d\u00edas se masticaba ya la revoluci\u00f3n, cada uno procur\u00f3 poner salvo aquello que m\u00e1s le interesaba. Dios quiso que yo lo perdiera todo; pues, ante los registros minuciosos, aquellos objetos propios de sacerdote pod\u00edan comprometer y as\u00ed todo lo quemaron. A otros, en parte, les sucedi\u00f3 lo propio,<\/p>\n<p><strong>18 de Julio<\/strong><strong>:<\/strong> o\u00edmos desde casa los disparos de ca\u00f1\u00f3n y vimos que desde el aer\u00f3dromo de Barajas los aviones se dirig\u00edan, por la ma\u00f1ana, al centro de Madrid y por la tarde a Vic\u00e1lvaro, donde descargaban sus bombas. Pero, como las comunicaciones estaban cortadas, nada sab\u00edamos en concreto de lo que acontec\u00eda, hasta que al d\u00eda siguiente corrieron noticias del levantamiento y rendici\u00f3n de las tropas de Madrid.<\/p>\n<p><strong>19 de Julio, a las dos de la tarde<\/strong><strong>:<\/strong> se present\u00f3 un grupo de milicianos armados con fusiles y pistolas, mandados por el Ayuntamiento de Madrid a los que acompa\u00f1aban algunos milicianos del pueblo de Hortaleza (que, como hab\u00edan comido el pan de casa, parec\u00edan un poco avergonzados) para registrar la casa y ver si, efectivamente, ten\u00edamos armas, como se les hab\u00eda dicho.<\/p>\n<p><strong>Ya por la ma\u00f1ana<\/strong> se hab\u00edan presentado en casa el Presidente y Secretario del Comit\u00e9 que se hab\u00eda formado en Hortaleza, como en todos los pueblos y, llamando el Sr. Superior, le preguntaron si ten\u00edamos armas en casa y, como se les dijera que no, contestaron<em>: \u00abaunque sabemos que las tienen, nos atenemos a su palabra\u00bb<\/em> y se marcharon sin decir m\u00e1s.<\/p>\n<p>Los milicianos de Madrid iban dirigidos por un joven de buen porte y en\u00e9rgico, armado tambi\u00e9n de fusil y pistola. Hac\u00edan alarde de haber rendido a los fascistas del Cuartel de la Monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Nos ordenaron que estuvi\u00e9ramos todos en la puerta principal que da a la galer\u00eda y, al ver que no \u00e9ramos m\u00e1s que quince, el que hac\u00eda de jefe dijo: \u00ab\u00bfEn una casa tan grande no hay m\u00e1s personal?\u00bb. En el Ayuntamiento de Madrid nos han dicho que aqu\u00ed hay mucha gente. Contest\u00e9 que hab\u00eda habido, efectivamente, m\u00e1s personal; pero que el 19 de febrero, despu\u00e9s de las elecciones, trasladaron a los que faltaban a la provincia de Burgos. Qued\u00f3 conforme y acto seguido mand\u00f3 que el que hac\u00eda de Superior le acompa\u00f1ase, para registrar la casa.<\/p>\n<p>No tem\u00edamos que encontraran nada que pudiera comprometernos; pero, al vernos entre gente tan armada y de tan mala catadura, la verdad, que no eran momentos para estar muy tranquilos, aunque cada uno procuraba aparentarlo.<\/p>\n<p>Como hab\u00eda algunas puertas cerradas cuyas llaves estaban en mi poder por pertenecer a la Procura, me mandaron subir, siempre acompa\u00f1ado de milicianos armados. Todo se les franque\u00f3, sin perderles de vista, para que no echaran mano de lo ajeno; puesto que con el registro no ten\u00edan otro fin que averiguar, si ten\u00edamos armas.<\/p>\n<p>En las habitaciones donde no hab\u00eda personas que los observase o se descuidaron, all\u00ed quitaron lo que pudieron y les pod\u00eda ser \u00fatil. Al Padre Pampliega, sin apercibirse, le sustrajeron un reloj bueno de bolsillo, un despertador, unos prism\u00e1ticos y unas monedas de plata, y a otros Padres y Hermanos, otros objetos. As\u00ed comenzaban ya a poner en pr\u00e1ctica el comunismo.<\/p>\n<p>Hecho el registro minuciosamente, y cerciorados de que no ten\u00edamos armas, levantaron Acta en la que se hac\u00eda constar: c\u00f3mo, verificado el registro, no se hab\u00edan encontrado armas; y no se hab\u00eda opuesto resistencia alguna. Esta Acta fue firmada por el P. Pampliega y el que hac\u00eda de jefe, a fin de llevarla al Ayuntamiento de Madrid. Acto seguido, reunidos todos, nos ley\u00f3 un decreto en que se hac\u00eda constar que estaba declarado el Estado de Guerra y que cualquier oposici\u00f3n, de palabra o de obra, a las autoridades o falta de respeto a los milicianos ser\u00eda castigada con la pena de muerte y con esto termin\u00f3 aquel largo y desagradable rato entre fusiles y pistolas.<\/p>\n<p>Al despedirse esta Comisi\u00f3n, se present\u00f3 otra, de Ventas con el mismo fin, seg\u00fan dec\u00edan, de registrar la casa. Se les hizo ver c\u00f3mo acababan de registrarla y que no hab\u00eda lo que buscaban que eran armas. No hubo medio de hacerles desistir. La registraron otra vez. Nada encontraron, salvo algunas cosas de comer que las aprovecharon.<\/p>\n<p>Al terminar \u00e9stos, llegaron otros, y nuevo registro.<\/p>\n<p>Estas dos \u00faltimas Comisiones eran, al parecer, de peor catadura, pues, por su aspecto y actitud, parec\u00edan dispuestos a cometer cualquier atropello con nosotros.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1, a pesar de lo que son los de Hortaleza, los milicianos de dicho pueblo, mandados por su Comit\u00e9 nos libraron con su presencia de un serio disgusto. Lo cierto es que aquella noche volvieron de nuevo con intenci\u00f3n de quemar la casa y matarnos a todos, seg\u00fan nos enteramos al d\u00eda siguiente; pero el Comit\u00e9 puso centinelas para guardar los conventos y para que nadie saliese de ellos y estos centinelas fueron los que, cumpliendo \u00f3rdenes del Comit\u00e9, amenazaron hacer fuego sobre los que ven\u00edan, si no desist\u00edan de su intento, y se marchaban. As\u00ed nos libramos aquella noche de un serio peligro.<\/p>\n<p>Con las malas impresiones que nos dejaron aquellas Comisiones de milicianos, y sin saber lo que pasaba en Madrid, nos fuimos a cenar y a acostarnos; aunque vestidos, por si asaltaban la casa y poder escapar por donde Dios le diera a entender a cada uno.<\/p>\n<p>Todos form\u00e1bamos c\u00e1lculos; pero todos hubieran salido fallidos; pues est\u00e1 visto, que la revoluci\u00f3n la ten\u00edan ya bien preparada y nadie se pod\u00eda escapar y menos en los pueblos.<\/p>\n<p><strong>20 de julio:<\/strong> yo celebr\u00e9 el Santo Sacrificio en la capilla del Noviciado. La Misa la oyeron los Hermanos Gelabert y Armend\u00e1riz. Este, apenas terminada, se sali\u00f3 por la puerta baja de la huerta, para que nadie lo notara, dirigi\u00e9ndose por el Colegio de Hu\u00e9rfanos de Tel\u00e9grafos, o sea, por la finca conocida por el nombre de \u00abEl Quinto\u00bb a la carretera de Canillas. Si hubiera salido por la puerta principal, le hubieran detenido los milicianos de Hortaleza que hac\u00edan guardia en el transmisor de la luz y le hubieran hecho volver a casa y se hubiera evitado el susto que se llev\u00f3; aunque as\u00ed pudo enterarse y darnos cuenta de lo mal que estaba el asunto.<\/p>\n<p>Como digo, saliendo por la puerta baja de la huerta, pudo despistar a los milicianos de Hortaleza y llegar a la carretera de Canillas, donde estaba formado un Comit\u00e9. Se le pidi\u00f3 la filiaci\u00f3n y el objeto de su viaje que, seg\u00fan les dijo, era para arreglar la compra de una vaca cerca del Puente de Toledo. Como algunos del Comit\u00e9 le conoc\u00edan como Hermano de los Frailes de Hortaleza, mand\u00f3 el Presidente que le condujeran a dicho pueblo, para que el Comit\u00e9 all\u00ed constituido le juzgara.<\/p>\n<p>Vuelta al coche en direcci\u00f3n a Hortaleza. Al llegar donde le hab\u00edan detenido la primera vez, le mandaron bajar del coche y le presentaron de nuevo al Comit\u00e9. Al entrar, qued\u00f3 sorprendido al ver a los Hermanos Trachiner y Luc\u00eda, los dos de oficio carpintero, muy buenos Hermanos: el primero profeso hac\u00eda cuatro meses y el segundo, novicio. Le preguntaron si les conoc\u00eda, dio sus nombres, diciendo que eran de casa. El Presidente orden\u00f3 que condujeran al Hermano Armend\u00e1riz al Comit\u00e9 de Hortaleza, seg\u00fan lo hab\u00edan dispuesto en Ventas, qued\u00e1ndose los dos Hermanos muy tristes, al parecer, y sentados en el banquillo.<\/p>\n<p>Conducido el Hermano Armend\u00e1riz a Hortaleza, no hicieron con \u00e9l otra cosa que tenerle detenido hasta las once de la ma\u00f1ana, hora en que llamaron al se\u00f1or Superior para otro asunto y, al volver a casa, le dijeron que se llevara al Hermano Armend\u00e1riz y que nadie sali\u00e9ramos de casa, lament\u00e1ndose de que se hubiera salido, despint\u00e1ndoles a ellos que ten\u00edan montada la guardia, para que nadie saliera ni entrara en el pueblo.<\/p>\n<p>Como cada Comit\u00e9 ten\u00eda su jurisdicci\u00f3n, no quer\u00edan, por lo visto, que nadie invadiera la suya. Aunque para aquella hora deb\u00edan saber lo sucedido a los Hermanos Trachiner y Luc\u00eda, no se lo manifestaron.<\/p>\n<p>A los Hermanos Novicios se les hab\u00eda entregado dinero para hacer el viaje a sus casas, si las cosas estaban mal y para esto, se les orden\u00f3 que fueran de dos en dos a la casa de Madrid, que all\u00ed se enteraran y, por lo que les dijese el Superior, tomaran la determinaci\u00f3n de quedarse o marcharse a sus casas. Se les orden\u00f3 que dejaran las sotanas y salieran por la carretera de Hortaleza en direcci\u00f3n al tranv\u00eda. Si esto hubieran cumplido, seguramente no hubieran tenido la suerte tr\u00e1gica, humanamente hablando, que tuvieron. Les ocurri\u00f3 salir por el mismo camino que el Hermano Armend\u00e1riz, llevando adem\u00e1s en la maleta la sotana.<\/p>\n<p>Las referencias que hemos tenido han sido: que los llevaron a Ventas y que aquel Comit\u00e9, o los conden\u00f3 a muerte por el \u00fanico delito de ser religiosos, o los mand\u00f3 conducir a Hortaleza, como lo hab\u00eda hecho con el Hermano Armend\u00e1riz y, al llegar al cementerio de Canillas, en un campo pr\u00f3ximo al camino, los fusilaron y despu\u00e9s a uno de ellos le cortaron la cabeza. Fueron los primeros m\u00e1rtires qu\u00e9 desde el cielo habr\u00e1n intercedido por los que quedamos en medio de tanto peligro.<\/p>\n<p>Una vez en casa el Hermano Armend\u00e1riz, nos cont\u00f3 sus impresiones y manifest\u00f3 lo mal que estaban las cosas, seg\u00fan lo que hab\u00eda visto. Como el Comit\u00e9 hab\u00eda dicho al P. Pampliega que nadie saliera de casa y los milicianos del pueblo nos vigilaban, seg\u00fan pudimos observar, aunque sin saber si con fines buenos o malos, resolvimos esperar los acontecimientos y, dispuestos a morir, escapar, si pod\u00edamos.<\/p>\n<p><strong>20 de julio, a las tres de la tarde:<\/strong> nos trajeron la noticia de que hab\u00eda llegado al pueblo una patrulla de milicianos con el fin de quemar el convento y matarnos a todos. Como el Comit\u00e9 del pueblo hab\u00eda dicho que no nos movi\u00e9ramos y que estar\u00edamos seguros, no se le daba mucho cr\u00e9dito a dicha noticia; pero a la media hora, se present\u00f3 un grupo de milicianos armados entre los que hab\u00eda algunos del pueblo, intim\u00e1ndonos a abandonar la casa. El Presidente del Comit\u00e9 mand\u00f3 al Alguacil para decirnos que, si nos pon\u00edamos a sus \u00f3rdenes y entreg\u00e1bamos todo, ellos se cuidar\u00edan de nosotros. No hab\u00eda que dudar en este caso. Se les entregaron las llaves de la casa y hacienda. Acto seguido, con lo poco que cada uno pudo llevar, fuimos conducidos en fila entre fusiles y pistolas, como facinerosos, a la casa del Ayuntamiento donde estaba constituido el Comit\u00e9. Una vez en presencia del Comit\u00e9 el que hac\u00eda de Jefe de los que hab\u00edan llegado de fuera con el prop\u00f3sito de quemar y matar, dirigi\u00e9ndose al Presidente y dem\u00e1s, les dice con desenfado y mal humor: <em>\u00abCamaradas aqu\u00ed os entregamos a los frailes. Vosotros los juzgar\u00e9is. Si se han portado bien con vosotros, vosotros lo ver\u00e9is. Si no se han portado bien, entreg\u00e1dnoslos a nosotros y nosotros sabremos lo que hemos de hacer con ellos\u00bb<\/em>. El Presidente del Comit\u00e9 le contest\u00f3 con energ\u00eda <em>\u00abque ellos se hac\u00edan cargo de nuestras personas, que el Comit\u00e9 ten\u00eda jurisdicci\u00f3n sobre todo el t\u00e9rmino de Hortaleza, que el sabr\u00eda juzgar, sin que nadie de fuera pretendiera mermarle su autoridad ni mezclarse en asuntos de su jurisdicci\u00f3n, que a quien \u00fanicamente ten\u00eda que dar cuenta en asuntos de Hortaleza era al Comit\u00e9 principal de Madrid y lo que \u00e9l resolviera, eso se har\u00eda\u00bb<\/em>. Desde luego se pudo comprender que, antes de llamarnos, hab\u00eda habido discusi\u00f3n entre ellos y seguramente, por la actitud del Comit\u00e9 de Hortaleza, ni quemaron la casa, ni nos asesinaron y, por lo que despu\u00e9s sucedi\u00f3, se ve claro que a ello, les debimos por entonces el conservar nuestras vidas.<\/p>\n<p>Terminado aquel episodio con un <em>\u00abCamaradas, salud\u00bb,<\/em> se despidieron. As\u00ed que salieron los de fuera, el Secretario del Comit\u00e9, conocido entre nosotros por el hijo del Sr. Eusebio y principal elemento de los rojos de Hortaleza a quien se debi\u00f3, sin duda, aquella actitud del Comit\u00e9 en nuestro favor, tom\u00f3 el tel\u00e9fono y, hablando con el Centro de Seguridad de Madrid, les dijo<em>: \u00abAqu\u00ed el Comit\u00e9 de Hortaleza. Est\u00e1n aqu\u00ed los frailes de Hortaleza. No han opuesto resistencia, ni se han encontrado armas ni municiones. Nos han entregado las llaves del convento de modo que todo es nuestro. Manden un carro de asalto para trasladarnos para trasladarlos a \u00e9sa\u00bb<\/em>. La contestaci\u00f3n fue que en aquellos momentos no pod\u00edan disponer de ning\u00fan Carro de Asalto, que cuando pudieran lo mandar\u00edan. Acto seguido nos tomaron la filiaci\u00f3n y nos metieron en un cuartito peque\u00f1o con dos bancos, donde apenas cab\u00edamos.<\/p>\n<p>Luego llevaron a dos Padres Oblatos, capellanes de las religiosas de la Sagrada Familia de Hortaleza y a las nueve al Sr. Cura y a su hermano. A las Religiosas las aconsejaron, sin duda, por temor a que fuera asaltado el convento, sin poder evitarlo, que marcharan hacia el monte de la Moraleja. Aqu\u00ed se fueron unas cincuenta, donde pasaron tres d\u00edas con sus noches, sin que nadie las socorriera. Hab\u00edan corrido rumores de que los fascistas hab\u00edan llegado a la sierra de Guadarrama y se dirig\u00edan hacia Madrid y con esos rumores las gentes estaban alteradas y se pod\u00eda temer cualquier atropello.<\/p>\n<p><strong>20 de Julio,<\/strong> <strong>a eso de las seis:<\/strong> llego una patrulla de gente de fuera, pretendiendo que el Comit\u00e9 nos entregara; pero el Comit\u00e9 se defendi\u00f3 y pudo conseguir que se marcharan. <strong>A las siete y<\/strong><strong>&#8211;<\/strong><strong> a las ocho<\/strong> volvieron con la misma petici\u00f3n. Las palabras que se cruzaban entre el Presidente y los que iban al frente de la turba eran en\u00e9rgicas y como las o\u00edamos desde el cuartito donde est\u00e1bamos recluidos, desde luego nos dinos cuenta de la gravedad de las circunstancias.<\/p>\n<p>Por otra parte el Sr. Cura y su hermano que entraron <strong>a las nueve<\/strong> nos contaron c\u00f3mo hab\u00edan quemado im\u00e1genes, altares, ropas, armonium, y todo lo de la iglesia, haciendo con ello una gran hoguera, tomando parte en ello los del pueblo y los de fuera y en los conventos hab\u00edan puesto la bandera comunista. Con estas impresiones y con las palabras que al entrar despu\u00e9s en el cuartito nos dijo el Secretario del Comit\u00e9: <em>\u00abYa ven ustedes los esfuerzos que hemos tenido que hacer para librarlos de la muerte. Nosotros procuraremos defenderles, pero pudiera ser que viniera una avalancha que a todos arrollara\u00bb,<\/em> nos derterminamos todos aprovechar el tiempo, para prepararnos para morir, confes\u00e1ndonos todos. La Comisi\u00f3n insisti\u00f3 varias veces por tel\u00e9fono, para que Seguridad mandara el Carro de Asalto prometido y, viendo que se retrasaba, mand\u00f3 dos veces con oficio al Alguacil, para conseguirlo, y la \u00faltima vez, que fue a la una de la ma\u00f1ana, volvi\u00f3 la contestaci\u00f3n de que, no pudiendo disponer de, no pudiendo disponer de ning\u00fan Carro de Asalto, arreglaran en el pueblo un cami\u00f3n y nos mandaran.<\/p>\n<p>Mientras tanto levantaron un Acta en que se hac\u00eda constar el agradecimiento por lo bien que se hab\u00eda conducido con nosotros el Comit\u00e9 porque, como dec\u00edan, aunque esperamos que la victoria ser\u00e1 nuestra en esta guerra que se ha iniciado, pero pudiera no ser as\u00ed, y en ese caso esperamos que ustedes se portar\u00e1n con nosotros, como nosotros nos hemos portado con ustedes. Luego nos indicaron que, como el dinero que llev\u00e1semos nos lo hab\u00edan de quitar al entrar en la c\u00e1rcel, si quer\u00edamos voluntariamente favorecer al pueblo, ya que en bastante tiempo no hab\u00edan podido ganar jornales, nos lo agradecer\u00edan. Nos fueron llamando uno por uno y creo que todos fueron entregando la mayor parte del dinero que ten\u00edan; ya del peculio propio; va de la casa.<\/p>\n<p>Ellos nos entregaron despu\u00e9s a cada uno cincuenta pesetas, para que pudi\u00e9ramos gastarlo en la c\u00e1rcel y as\u00ed pudimos proveernos de algunas cosas en el Economato de la c\u00e1rcel. Desde luego se ve que aquello fue un timo que nos hicieron en Hortaleza; pues, al entrar en la c\u00e1rcel, el dinero que cada uno llevaba, quedaba en dep\u00f3sito, hasta que recobrara la libertad, excepto el que gastara durante su permanencia en la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p><strong>21 de Julio, a las cuatro de la ma\u00f1ana:<\/strong> estaba preparado el cami\u00f3n descubierto que ocupamos los trece que \u00e9ramos de casa, con dos Padres Oblatos, el se\u00f1or Cura y su hermano. El Hermano Espluga, novicio, que se encontraba en la casa de Madrid lo mataron los primeros d\u00edas de la revoluci\u00f3n, seg\u00fan referencias, sin que hasta ahora se tengan noticias de las circunstancias de su muerte.<\/p>\n<p>Para defender nuestras personas se pusieron en los costados del cami\u00f3n seis milicianos del pueblo armados con fusiles y pistolas, en actitud de disparar, si hac\u00edan fuego desde las azoteas o balcones sobre el convoy. Poca defensa, hubi\u00e9ramos tenido, si hubieran hecho fuego sobre nosotros, porque iba el cami\u00f3n completamente ocupado y el blanco hubiera sido seguro. Pero, como era tan temprano, no se encontraba mucha gente al pasar por la Prosperidad y L\u00f3pez de Hoyos que era donde se tem\u00eda alguna agresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Al pasar por los sitios donde hab\u00eda guardias milicianos, las que iban en el cami\u00f3n, para defendernos, levantaban el pu\u00f1o en alto, diciendo: <em>\u00abViva Rusia Segunda\u00bb<\/em>. Dos veces nos pararon en el camino y, con el volante que manifestaban, nos dejaban el paso libre. Bajamos por la Castellana, Alcal\u00e1, hasta la calle de la Reina, donde los balcones estaban ocupados por gente curiosa que esperaba, sin duda, nuestra llegada.<\/p>\n<p>El Secretario del Comit\u00e9 que iba en la cabina nos present\u00f3 al jefe de Seguridad. Nos tomaron la filiaci\u00f3n, nos quitaron todos los objetos cortantes y nos bajaron al s\u00f3tano. Encontramos todo atestado de gente de todas clases, hombres, mujeres, religiosos, religiosas, t\u00edtulos de la nobleza, el mare magnum, con un solo retrete y en muy malas condiciones. Est\u00e1bamos de pie casi todos, pues no hab\u00eda lugar para sentarse ni moverse por la aglomeraci\u00f3n de gente, y, como eran d\u00edas tan calurosos, y no hab\u00eda apenas ventilaci\u00f3n, la respiraci\u00f3n se hac\u00eda dif\u00edcil.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos sin comer desde el d\u00eda anterior, a excepci\u00f3n de un pedacito de pan y un poco de chorizo que nos hab\u00edan llevado de nuestra casa los milicianos de Hortaleza. <strong>As\u00ed estuvimos todo el d\u00eda<\/strong> con un calor sofocante <strong>hasta las ocho y media de la noche en que nos llamaron a todos los de Hortaleza para trasladarnos a la c\u00e1rcel Modelo. <\/strong><\/p>\n<p>Nos apretujamos todos en el coche, con algunos m\u00e1s y tomamos la direcci\u00f3n, por la Gran V\u00eda, hacia la Plaza de Espa\u00f1a. En la misma direcci\u00f3n se ve\u00edan camionetas llenas de milicianos, con el pu\u00f1o en alto, cantando \u00abLa Internacional\u00bb, que se dirig\u00edan hacia la Sierra, para aniquilar a los Fascistas. Una de estas camionetas, con milicianos, que iba en direcci\u00f3n opuesta, conociendo el coche celular, se atraviesa para hacerle parar, diciendo a los pasajeros: \u00abhay que matar a los presos\u00bb. Dos Guardias de Asalto encargados de su custodia y que iban la cabina les amenazaban, dici\u00e9ndoles que, si no dejan el paso libre, les hacen fuego y, ante esta amenaza, desisten de su intento. Sin m\u00e1s novedad llegamos a la C\u00e1rcel Modelo.<\/p>\n<p>Nos conducen a la sala de visitas de los presos y nos disponemos a descansar y respirar a gusto, ya que sal\u00edamos de aquel l\u00fagubre calabozo donde la atm\u00f3sfera se masticaba. Nos sacaron dos calderos de agua fresca, al menos nos lo parec\u00eda, con dos vasos para unos sesenta. La agradecimos, como agua bajada del cielo. All\u00ed estuvimos hasta las once en que nos lleg\u00f3 el turno, para tomarnos la filiaci\u00f3n y huellas dactilares, como si fu\u00e9ramos criminales.<\/p>\n<p>Terminados los tr\u00e1mites con la entrega del dinero que nos quedaba, nos llevaron a las celdas, a descansar en el santo suelo, sirvi\u00e9ndome de colch\u00f3n un peri\u00f3dico que por casualidad llevaba y de almohada un peque\u00f1o cab\u00e1s (cestillo). Las celdas est\u00e1n hechas para un recluso, con tres metros y medio de largas y un metro noventa cent\u00edmetros de anchas. En la que me toc\u00f3 a mi nos colocaron a cinco: El Sr. Cura del Salvador; el Sr. Cura del Carmen, el Hermano Pato, el Hermano Garc\u00eda, novicio, y un servidor. En algunas colocaban hasta seis y siete detenidos. A todos nos ten\u00edan por fascistas.<\/p>\n<p><strong>22 de Julio, por la ma\u00f1ana a eso de las seis:<\/strong> abren los cerrojos de las ventanillas, para que la gente se desperece, saque la basura a la puerta de la celda, que un ordenanza cuida de recoger, y se preparen a recibir el desayuno que consiste en un peque\u00f1o bollito y un cazo de lo que llamaban caf\u00e9 con leche. Algo ten\u00eda de ello, pero, como en el pabell\u00f3n o galer\u00eda hecho para trescientos, hab\u00eda ordinariamente de ochocientos a novecientos, la cantidad destinada para trescientos se extend\u00eda para los ochocientos, por lo visto. El que pod\u00eda hacerse con latas de leche, lo tomaba menos mal. Para los presos, reci\u00e9n llegados, no hab\u00eda desayuno; pues hab\u00eda que repartir antes plato cuchara y vaso, todo de lat\u00f3n. Pasamos, pues, dos d\u00edas sin comer ya que hasta medio d\u00eda no nos dieron nada.<\/p>\n<p>A mediod\u00eda nos daban una libreta de pan aceptable, para todo el d\u00eda, un cazo de sopa y otro de garbanzos y por la noche un cazo de jud\u00edas o lentejas.<\/p>\n<p>A las nueve de la ma\u00f1ana nos sacaban a los patios a tomar y sol y comunicarnos con los presos del mismo pabell\u00f3n o galer\u00eda. Todos los d\u00edas entraban nuevos presos de la capital y de los pueblos y por ellos nos enteramos de las atrocidades que comet\u00edan los rojos por todas partes.<\/p>\n<p>A las doce sub\u00edamos a las celdas, para comer; a las dos y media, de nuevo a los patios, con el sol abrasador que hac\u00eda, hasta las siete. A las ocho, la cena y a las nueve, se apagaban las luces, para dormir, el que pod\u00eda con las malas noticias que continuamente recib\u00edamos.<\/p>\n<p>A los ocho d\u00edas pudimos conseguir un petate de esparto y una manta para cada uno, gracias a un Oficial tildado de derechas, paisano de don Antonio Mart\u00ednez que tanto me ha favorecido en esta ocasi\u00f3n. As\u00ed ya se pod\u00eda descansar con relativa comodidad.<\/p>\n<p><strong>De esta manera pasamos el primer mes en la c\u00e1rcel<\/strong>, durante el cual llegaban noticias de que quer\u00edan asaltar la c\u00e1rcel y asesinar a los presos, como lo hab\u00edan hecho en varias c\u00e1rceles de provincias. Aunque todo esto no era muy a prop\u00f3sito para inspirarnos ninguna tranquilidad, sin embargo, como se hab\u00edan pasado las horas angustiosas en que tanto peligro corri\u00f3 nuestra vida en Hortaleza, all\u00ed nos cre\u00edamos m\u00e1s seguros; puesto que, por lo que nos hab\u00eda sucedido a nosotros y por lo que contaban otros que llegaban, de asesinatos, etc., la c\u00e1rcel era el refugio que ofrec\u00eda alguna seguridad.<\/p>\n<p>El Capell\u00e1n Mayor del Carmen que estaba en mi celda y ten\u00eda mucha amistad con D. Am\u00f3s Salvador, pol\u00edtico destacado de la Monarqu\u00eda y de la Rep\u00fablica, recibi\u00f3 un recado de \u00e9l, desde el Ministerio de la Gobernaci\u00f3n, en que le dec\u00eda que se interesaba por \u00e9l, pero que no hiciera nada por salir, porque cre\u00eda la c\u00e1rcel como el lugar m\u00e1s seguro. Esto nos tranquilizaba algo, en medio de las malas impresiones que cada d\u00eda se recib\u00edan.<\/p>\n<p>Ten\u00edamos el consuelo de comunicarnos todos los de casa y, paseando por el patio, recibir el sacramento de la Penitencia, como lo hac\u00edan tambi\u00e9n los seglares, Sacerdotes y Religiosos. All\u00ed rez\u00e1bamos nuestros rosarios, para suplir el rezo divino, si todos los que hab\u00eda en las celdas no inspiraban confianza, para rezarlo en ellas.<\/p>\n<p><strong>A mediados de agosto<\/strong> comenzaron a correr voces poco tranquilizadoras para los presos. Algunos milicianos se permit\u00edan subir a la garita del guardia profiriendo blasfemias, y amenazas, llam\u00e1ndonos fascistas, diciendo que nos iban a matar. Habla algunos destacados fascistas all\u00ed; pero como a todos los presos de derechas nos comprend\u00edan bajo ese nombre, todos ca\u00edamos bajo la amenaza. Por otra parte, a algunos, protegidos por personalidades de la situaci\u00f3n, <strong>los d\u00edas 19 y 20<\/strong> los hab\u00edan puesto en libertad, y en <strong>la noche del 19<\/strong> hab\u00edan matado en los s\u00f3tanos a tres y cuatro funcionarios tildados de derechistas.<\/p>\n<p><strong>21 de agosto, por la ma\u00f1ana:<\/strong> despu\u00e9s del desayuno, sin bajarnos, como de costumbre, a los patios, entraron los milicianos con fusiles y bayoneta calada, acompa\u00f1ados de polic\u00eda y de un Oficial de Prisiones. Nos echaron, quit\u00e1ndonos todo lo que tuviese algo de valor, incluso medallas, rosarios, que muchas veces arrojaban al suelo, diciendo que ya no nos hac\u00edan falta. Al P. Pampliega que, al cogerle una parte del Breviario que ten\u00eda, les dijo que para qu\u00e9 quer\u00edan aquello, que de nada les serv\u00eda, le contestaron: a t\u00ed lo que te hace falta en lugar de libro son dos balazos de \u00e9sta, ense\u00f1\u00e1ndole la pistola. Despojaron a todos los presos de todo, salvo a los presos comunes, dej\u00e1ndonos una impresi\u00f3n profundamente desagradable. Aquel d\u00eda no repartieron comida, pues por lo que se vio despu\u00e9s, la intenci\u00f3n era matarnos a todos aquella tarde, excepto a los presos comunes; pero la divina Providencia vel\u00f3 por nosotros.<\/p>\n<p><strong>A las cuatro y media<\/strong> dieron orden, para que todos los presos de las Galer\u00edas o pabellones, que sumar\u00edan unos cuatro o cinco mil baj\u00e1semos a los patios, lugar destinado para el sacrificio. Los presos comunes, que ser\u00edan unos trescientos, quedaron en su galer\u00eda y en sus celdas, para luego darles libertad, con el compromiso de alistarse en las milicias para seis meses.<\/p>\n<p>Todo lo ten\u00edan planeado, seg\u00fan se vio. Para ello se prepar\u00f3 a los presos comunes, para que \u00e9stos prendieran fuego dentro de la c\u00e1rcel y tener pretexto para atribuirlo a los presos pol\u00edticos, o sea, fascistas, que pretend\u00edan huir y as\u00ed entrar y matarlos a todos, excepto a los presos comunes.<\/p>\n<p>Ya aquella tarde se hab\u00edan colocado algunos milicianos armados en las azoteas de las casas, desde donde dominaban algunos patios de la c\u00e1rcel, entre ellos el nuestro, y hab\u00edan colocado ametralladoras, con el objeto de que nadie escapase, si del fuego que nos hicieran de dentro pretendiera alguno librarse. Otros milicianos tomaron posiciones desde las ventanas interiores de los s\u00f3tanos de la c\u00e1rcel, que daban a los patios, para hacer fuego desde ellas, y finalmente, la misi\u00f3n de otros era entrar por la puerta que da acceso al patio y con ametralladoras segarnos a todos. Pero semejante plan diab\u00f3lico no les sali\u00f3 bien, debido, \u00fanicamente, a la Providencia de Dios. Ya en el patio, todos comentaban y manifestaban la mala impresi\u00f3n que les hab\u00eda causado el registro en que se nos despoj\u00f3 de todo, las palabras soeces, blasfemias y amenazas de los milicianos, sin que ni la Polic\u00eda ni los Oficiales que lo presenciaban dijeran una palabra. Todo presagiaba alg\u00fan acontecimiento desagradable. En efecto, a las <strong>cinco y cuarto<\/strong> se observa que del centro de la c\u00e1rcel se eleva una gran columna de humo (hab\u00edan prendido fuego a la le\u00f1a destinada para el horno del pan), al mismo tiempo se oyen en la galer\u00eda de presos comunes grandes gritos de: <em>\u00a1Viva la anarqu\u00eda! \u00a1Viva el comunismo!<\/em>, acompa\u00f1ados de grandes golpes que, sin duda, daban en las puertas. Al principio se crey\u00f3 que no los habr\u00edan sacado de las celdas y por eso se revolucionaban; pero, no; era la se\u00f1al convenida, para darles libertad y llevarlos al cuartel pr\u00f3ximo y algunos que ya en la calle pretendieron escabullirse lo pagaron con la vida, creyendo que eran fascistas que escapaban. El fuego iba en aumento, llen\u00e1ndonos de ansiedad. Los milicianos, desde las azoteas y, encaramados en las tapias, junto a la guardia, nos insultan y amenazan. Corri\u00f3 la voz entre los presos de que nadie hiciera adem\u00e1n alguno de protesta; pues es, al parecer, lo que se busca para hacernos fuego. Mientras tanto, llegan los bomberos, penetran en el interior los carros y con el fuego y el agua las cristaler\u00edas del centro cayeron, hechas a\u00f1icos, y el piso que da acceso a las galer\u00edas, debajo del cual estaba el fuego, se derrumb\u00f3, impidiendo que los milicianos penetrasen en los patios con las ametralladoras. Ya, al principio del fuego, uno de oficiales, viendo el cariz que tomaban las cosas, cerr\u00f3 la puerta principal hierro que da acceso a las galer\u00edas, tirando la llave no se sabe a donde y huyendo. Lo que de momento les impidi\u00f3 penetrar, y despu\u00e9s, el fuego fue el obst\u00e1culo principal. De modo que lo que les iba a servir de pretexto para entrar en la c\u00e1rcel y matarnos fue cambiado por la Providencia en nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre tanto, impacientes los milicianos apostados en las azoteas, al ver que del interior de la c\u00e1rcel no asoman en los patios, para terminar con nosotros, amenazan con hacernos fuego. El centinela, encargado de nuestra custodia, les contesta desde la garita que, si hacen fuego, \u00e9l lo har\u00e1 sobre ellos. Se contienen por alg\u00fan tiempo; hasta que <strong>a eso de las ocho y media<\/strong> comenzaron con una lluvia de fuego espantosa. Los inocentes presos que ya est\u00e1bamos apretujados, junto a la tapia que nos defend\u00eda de la vista de ellos, ca\u00edmos en tierra, procurando cada uno esconder la cabeza. Un lego Agustino que se encontraba en la orilla se puso de rodillas, en oraci\u00f3n, dando las balas a su lado, sin que ni una le rozara, lo cual todos consideraron providencial. Solamente hubo dos heridos y al advertirles que no hicieran fuego, que hab\u00edan herido a dos, uno de ellos sacerdote extranjero, contestaron: s\u00e1quenlos al medio, y los remataremos. Hab\u00eda entre nosotros veinte de los presos comunes y \u00e9stos, que la mayor parte estaban en el secreto, les rogaron que no tiraran, porque hab\u00eda presos comunes y, en atenci\u00f3n a ellos, suspendieron el tiroteo; pero advirtiendo que a ellos los sacar\u00edan libres al d\u00eda siguiente y a los dem\u00e1s nos matar\u00edan, y que no nos quedaba de vida m\u00e1s que hasta las seis de la ma\u00f1ana. Se dijo que las Embajadas hab\u00edan influido, para que no se llevara a efecto aquella amenaza y proyecto de matanza. Sea lo que fuere, el proyecto de matarnos no se realiz\u00f3. Sin embargo, todos se prepararon aquella noche para morir y, salvo raras excepciones, todos se confesaron. El efecto fu\u00e9 como el de una Misi\u00f3n que despu\u00e9s se not\u00f3 mucho.<\/p>\n<p>Aunque en nuestro patio no pudieron entrar, debido al derrumbamiento del piso por el fuego, pudieron sin embargo, penetrar en algunos departamentos, como en la enfermer\u00eda, donde se encontraban los Generales Villegas y Navarro, algunos sacerdotes y otros varios, donde, a unos en sus celdas y a otros en el patio en grupos, a todos los fusilaron o los mataron con la bayoneta. En uno de los patios donde los presos se hab\u00edan podido librar de la lluvia de balas, como nosotros, encontr\u00e1ndose descansando en filas sobre el duro suelo, penetraron a la una de la ma\u00f1ana un miliciano y una miliciana y, como nadie diera se\u00f1ales de vida, la miliciana dijo: estos ya son cad\u00e1veres; pero el que la acompa\u00f1aba, por si alguno pudiera vivir, a\u00f1adi\u00f3: hay <em>que darles el tiro de gracia. <\/em>Entonces un comunista de los que se hab\u00edan hecho cargo de la c\u00e1rcel y que estaba custodi\u00e1ndolos, llevado de su buen coraz\u00f3n, les dijo: como hagan un <em>disparo, les <\/em>levanto la tapa <em>de los <\/em>sesos, y as\u00ed se libraron de la muerte por aquel momento.<\/p>\n<p>Aquella noche ha quedado bautizada entre los presos con el de noche tr\u00e1gica. Muchas promesas se hicieron y muchas visitas la Virgen del Pilar de los que sobrevivan.<\/p>\n<p>Aunque la mayor\u00eda de los presos se libr\u00f3 aquella noche de la muerte, sin embargo; se calculaba por los que lo observaron, que fueron unos cuatrocientos los que mataron en la enfermer\u00eda, s\u00f3tanos y patios aquella noche y d\u00eda siguiente. Entre ellos: Ruiz de Alda, un hermano de Jos\u00e9 Antonio Primo de Ribera, un primo suyo, Albi\u00f1ana, Melquiades Alvarez, etc., etc. A todos los despojaron de la ropa, como pudo observarlo, al ver sus cad\u00e1veres en el Cementerio del Este, uno que despu\u00e9s entr\u00f3 preso. Sobre el pavimento de los s\u00f3tanos aparec\u00eda mucha cantidad de serr\u00edn, para que se empapara la sangre, seg\u00fan testimonio de los que fueron mandados para limpiar dichos s\u00f3tanos.<\/p>\n<p>Desde los primeros d\u00edas de hacerse cargo los milicianos de la c\u00e1rcel, se form\u00f3 en ella en Tribunal popular y todas las ma\u00f1anas, a la una, a las tres y a las cinco, se o\u00edan descargas, con el consiguiente tiro de gracia; se cre\u00eda que era de los sentenciados. De nueve a once de la noche y por la ma\u00f1ana temprano, se sacaban diariamente presos que no se sab\u00eda a d\u00f3nde iban a parar, aunque, por los indicios, iban a la muerte.<\/p>\n<p>D\u00eda hubo en que se presentaron los milicianos en el pabell\u00f3n o galer\u00eda que yo ocupaba, con una lista de ochenta y tres presos, para que se los entregaran, por orden del Tribunal o Junta de Defensa y, al copiar los Ordenanzas la lista de los que ped\u00edan y entreg\u00e1rsela al que estaba encargado de nuestra custodia, Comandante Bergara, Comunista, \u00e9ste meti\u00e9ndosela en el bolsillo, exclam\u00f3: se acabaron las matanzas; y se march\u00f3, no apareciendo en la c\u00e1rcel durante once horas, y como no pod\u00edan entregarles los presos, sin su orden, por m\u00e1s que los milicianos insistieron en pedirlos, al fin, aburridos, viendo que el Jefe no llegaba, se marcharon y as\u00ed se libraron de la muerte aquellos ochenta y tres presos, entre los cuales pudiera habernos tocado a alguno de casa. De otros pabellones no se pudo saber cuantos se llevaron aquel d\u00eda. De un modo parecido se libr\u00f3 otro grupo, otro d\u00eda. De la noche para la ma\u00f1ana, desaparecieron muchos conocidos, entrando otros nuevos a ocupar las celdas que ellos hab\u00edan dejado.<\/p>\n<p><strong>Mediados de octubre:<\/strong> los que est\u00e1bamos en la galer\u00eda cuarta supimos que hab\u00edan ingresado en la c\u00e1rcel, galer\u00eda tercera, los se\u00f1ores Mart\u00edn, El\u00edas Fuente, Reguero y el Hermano Garc\u00edas (Portero), y a los pocos d\u00edas el P. P\u00e9rez (Laureano). Este se\u00f1or, seg\u00fan nos dijo el Hermano Corral que estaba con ellos y con quien pod\u00edamos comunicarnos por pertenecer a la brigada de alba\u00f1iles y como tal pod\u00eda andar por todas las galer\u00edas, andaba muy reservado, para que no le conocieran. A este se\u00f1or le sacaron pronto, como al P. Reguero, sin saber a d\u00f3nde los llevaron y se les considera como fusilados.<\/p>\n<p><strong>Primeros de noviembre<\/strong> : sucedi\u00f3 que un d\u00eda entraron en la c\u00e1rcel ciento cincuenta Polic\u00edas de la Secreta y al d\u00eda siguiente otros ciento cincuenta o doscientos, todos ellos, al ir a presentarse en Seguridad, para hacer el relevo fueron despojados del Carnet y llevaron a la c\u00e1rcel. En mi celda entraron dos, buenos al parecer, muy preocupados por su suerte, porque, como eran de la Polic\u00eda antigua, ten\u00edan que deshacerse de ella, por conocer al personal pues hab\u00edan entrado muchos.<\/p>\n<p>Unos ocho d\u00edas antes de salir de Madrid me encontr\u00e9 con uno de ellos y me dijo que de todos aquellos Polic\u00edas que hab\u00edan entrado en la c\u00e1rcel no quedaban m\u00e1s que ocho. Muchos sal\u00edan de la c\u00e1rcel preparados para la muerte, con la confesi\u00f3n y \u00faltimamente con la Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>En la c\u00e1rcel se suprimi\u00f3 completamente la Misa, aunque se pidi\u00f3, permiti\u00e9ndose solamente cuando, la ejecuci\u00f3n del General Fanjul y Salazar Alonso que lo pidieron y se les concedi\u00f3 esta gracia. Para dicha nuestra, un se\u00f1or muy piadoso que, por la ocupaci\u00f3n que ten\u00eda en la c\u00e1rcel, pod\u00eda tener visita particular de su esposa, buena como \u00e9l, pudo conseguir, burIando la vigilancia del miliciano que estaba siempre presente que le llevara, por dos veces, una cajita con cincuenta formas consagradas. Este se\u00f1or, acompa\u00f1ado de otro que, seg\u00fan referencias, es considerado como el mejor arquitecto de Espa\u00f1a, en hora en que se encontraban solos en la celda, puestos de rodillas divid\u00edan cada forma en seis y ocho pedacitos que envolv\u00edan en papel de fumar, para que pudieran recibir a Jes\u00fas Sacramentado el mayor n\u00famero posible. No hay que decir que esto exig\u00eda la mayor reserva, pues cualquier indiscreci\u00f3n pod\u00eda costar la vida. Solamente a los que les inspiraban confianza y con la mayor reserva se lo comunicaban. As\u00ed pude yo recibir dos veces a Jes\u00fas Sacramentado, guardando la Sagrada Forma en una peque\u00f1a cajita de m\u00e1quina de afeitar.<\/p>\n<p>As\u00ed pasamos tres meses bajo la custodia de los comunistas y de los de la C. N. T., despu\u00e9s del incendio de la c\u00e1rcel con las impresiones que es de suponer. Todav\u00eda nos confesamos y preparamos para morir dos veces m\u00e1s, pues los intentos de asalto a la c\u00e1rcel se repitieron. Y otra vez que pas\u00f3 desapercibida para los presos en los primeros momentos y en todos se vi\u00f3 la Providencia de Dios que nos sac\u00f3 libres.<\/p>\n<p>En este intervalo consigui\u00f3 el P. Castillo la libertad que trabaj\u00f3 por medio de su cu\u00f1ado, Cabo de la Guardia civil y un miliciano. Le llamaron a las cuatro de la tarde, cuando todos est\u00e1bamos en el patio y, como no daban tiempo para despedirse de cada uno, a todos, desde la escalerilla, di\u00f3 un adi\u00f3s con la mano. Sal\u00eda muy contento y m\u00e1xime en aquella hora en que se dec\u00eda que no hab\u00eda peligro. Ten\u00eda, por lo visto, convenido con su cu\u00f1ado que le esperar\u00eda en la puerta, cuando saliera; pero se encontr\u00f3 decepcionado. Con permiso habl\u00f3 por tel\u00e9fono al cuartel y nadie le contest\u00f3. Al salir de la puerta de la c\u00e1rcel en direcci\u00f3n a los Cuatro Caminos, a los pocos pasos, dos milicianos lo pararon, dici\u00e9ndole: \u00bfT\u00fa eres de los frailes de Hortaleza?. Uno de ellos hab\u00eda estado en el primer registro de la casa. Como les contestara que efectivamente era de ellos, le preguntaron d\u00f3nde estaban los otros. Recibida la contestaci\u00f3n de que nos encontr\u00e1bamos en la c\u00e1rcel, le comunicaron que al cuartel no pod\u00eda ir; que eligiera una pensi\u00f3n, y all\u00ed le acompa\u00f1ar\u00edan. As\u00ed lo hicieron, por lo visto, d\u00e1ndole orden de que de all\u00ed no saliera. A los pocos d\u00edas le llevaron al cuartel y all\u00ed le encerraron, juntamente con su cu\u00f1ado y el miliciano que hab\u00eda intervenido en su libertad y, a los tres d\u00edas, a las cinco de la ma\u00f1ana, los sacaron y junto a los muros del cuartel a los tres los fusilaron. Estas son en s\u00edntesis las referencias que se tuvieron de la muerte del P. Castillo (q. e. p. d.). Todo hace sospechar que, al darle libertad estaba ya sentenciado, como sucedi\u00f3 en otros casos. Dos d\u00edas antes nos hab\u00edamos confesado para morir; pues los indicios todos eran de que iban a asaltar la c\u00e1rcel, como el d\u00eda del incendio; pero que lo evit\u00f3 la entereza del que ten\u00eda el cargo de su custodia, cerrando las puertas de la verja que dan a la calle y colocando tres ametralladoras por la parte de dentro, en disposici\u00f3n de disparar, si pretend\u00edan asaltarla.<\/p>\n<p>En continuas emociones y ansiedades pasamos cuatro meses en la C\u00e1rcel Modelo, hasta que llegaron las tropas nacionales a las proximidades de Madrid, haci\u00e9ndose fuertes en la Ciudad Universitaria y comenzando los ataques, tan pr\u00f3ximos, que parec\u00eda que todo tocaba a su fin, puesto que con sus carros de asalto llegaban por las noches a las mismas puertas de la c\u00e1rcel y hasta la calle de Arg\u00fcelles.<\/p>\n<p><strong>Hacia el 12 de noviembre <\/strong>se apresuraron a sacar gente de la c\u00e1rcel para alojar a la columna internacional que llegaba a Madrid y al mismo tiempo comenzaron a hacer parapetos y trincheras, para defender la c\u00e1rcel y la entrada de Madrid. Debieron tener noticia de esto los nacionales, puesto que luego comenzaron a hacer fuego de ca\u00f1\u00f3n sobre ella y sus alrededores y a arrojar bombas la aviaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>17 de Noviembre<\/strong>: un avi\u00f3n arroj\u00f3 una bomba sobre el centro de la c\u00e1rcel matando a dos j\u00f3venes de Falange, quienes murieron, dando un \u00a1Viva Espa\u00f1a! que enterneci\u00f3 e hizo llorar a los milicianos que estaban presentes.<\/p>\n<p>Se dijo que el Gobierno de Franco, en vista de que la Columna Internacional se alojaba en la c\u00e1rcel. hab\u00eda pasado comunicaci\u00f3n para que sacaran los presos, porque no la respetar\u00edan y que el 15 la Radio de Madrid hab\u00eda dicho que los presos hab\u00edan sido evacuados.<\/p>\n<p>En vista de! peligro, el encargado de la c\u00e1rcel se apresur\u00f3 a hacer las diligencias para trasladarnos a otras c\u00e1rceles de la capital, pues, para llevarnos fuera, no hab\u00eda medios, y <strong>a las cinco del 17<\/strong> comenzaron a sacar apresuradamente, por grupos de 500. <strong>A las ocho y media<\/strong> nos tocaba el turno a los Padres Pampliega,Mart\u00edn y un servidor, con los Hermanos Gelabert y Sobrino. Salimos cuando se daba un fuerte ataque en las proximidades de la c\u00e1rcel; pero, gracias a Dios, no nos toc\u00f3 ning\u00fan proyectil de los que muy cerca se estrellaron. No tuvieron esa suerte parte de los que salieron despu\u00e9s, a quienes estando montando en el coche, se acerc\u00f3 un avi\u00f3n el cual, dejando caer un bomba sobre la puerta de la c\u00e1rcel, entre muertes y heridos de los presos dej\u00f3 veintid\u00f3s en tierra. A ninguno de los nuestros toc\u00f3 esta desgracia y fueron a diferentes c\u00e1rceles.<\/p>\n<p>A nosotros nos condujeron al Colegio de Padres Escolapios de la calle de Porlier o Torrijos, convertido en c\u00e1rcel. Nos colocaron en un \u00e1ngulo de un piso, donde \u00e9ramos setecientos. Est\u00e1bamos, como piojos en costura, y por los que est\u00e1bamos en ese departamento, se calcula que estar\u00edamos en la casa unos cinco mil<\/p>\n<p>Las condiciones higi\u00e9nicas eran bastante p\u00e9simas, los alimentos muy escasos y, como los medios de transporte no abundaban, se apresuraron a dar libertad a los de sesenta a\u00f1os para adelante a quienes de nada se les pudiera acusar, salvo el ser de derechas.<\/p>\n<p><strong>21 de noviembre: a las cuatro de la tarde<\/strong>, les lleg\u00f3 la libertad deseada al Sr. Mart\u00edn y al H. Gelabert y, a las cinco, a m\u00ed. Mi salida mee parec\u00eda un sue\u00f1o. Al verme en libertad, me llenaba de gozo, por otra parte, un empleado de prisiones, al entregarme en la puerta el documento en que consta mi libertad me dice: v\u00e1yase de prisa a casa, porque a esta hora es peligroso andar por la calle. <strong>Eran las cinco y pico.<\/strong> No ten\u00eda se\u00f1alada ninguna casa donde recogerme. Un poco apurada era mi situaci\u00f3n, porque, al pedir el dinero que me quedaba en la Administraci\u00f3n de la c\u00e1rcel, me contestaron que no hab\u00eda y que volviera dentro de dos d\u00edas por ello.<\/p>\n<p>Entonces me record\u00e9 del ofrecimiento de una casa de un amigo, Don Antonio Mart\u00ednez, para un caso apurado y all\u00ed me dirig\u00ed, que por cierto estaba lejos y en zona de guerra, cerca de la c\u00e1rcel Modelo.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a las <strong>seis de la tarde<\/strong>, en el momento en que el amigo desped\u00eda al \u00faltimo inquilino de los catorce que hab\u00eda en la casa, pues todos hab\u00edan evacuado de los siete pisos, en vista de los obuses que ca\u00edan cerca y hab\u00edan causado algunas v\u00edctimas.<\/p>\n<p>Fue providencial que hasta la portera hubiese abandonado la casa, pues era muy de izquierdas y ya hab\u00edan sacado de la casa a tres hombres de derechas para matarlos, con aplauso de las vecinas de las casas pr\u00f3ximas. Solo mis amigos se hab\u00edan quedado en casa, para el cuidado de ella. As\u00ed pudo recibirme y yo estar oculto con aquella buena familia cuatro meses.<\/p>\n<p><strong>22 de Noviembre<\/strong>: al d\u00eda siguiente de llegar cay\u00f3 un ob\u00fas haciendo un gran destrozo en el \u00faltimo piso y en pocos d\u00edas cayeron seis u ocho que, gracias a Dios, no hicieron m\u00e1s que da\u00f1os materiales. Aqu\u00ed tuve noticia por persona bien enterada, c\u00f3mo, a mediados de febrero del 1937, un d\u00eda hab\u00edan entrado en la c\u00e1rcel de Alcal\u00e1 500 milicianos y hab\u00edan pasado a cuchillo a seiscientos sesenta y cuatro presos, muchos de los cuales eran de los trasladados de la C\u00e1rcel Modelo de Madrid.<\/p>\n<p>Por entonces no se encontraba ningunode casa en ella. Despu\u00e9s supe que hab\u00edan levado a esa c\u00e1rcel al H. Pato y que en el juicio que se le form\u00f3 hab\u00eda sido condenado a un a\u00f1o de prisi\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>II.- A\u00d1O 1937 <\/strong><\/h2>\n<p>Durante mi permanencia en casa de los amigos, pude celebrar unos doce d\u00edas, aunque con alguna repugnancia de ellos, por temor a alguna denuncia. No s\u00e9 si por esto o por que buscasen otra persona que se hab\u00eda refugiado en ella, es el caso que, <strong>el 23 de marzo<\/strong>, se present\u00f3 la Polic\u00eda y me detuvo conduci\u00e9ndome a la Comisar\u00eda.<\/p>\n<p>Los amigos; que ten\u00edan buenas influencias, dieron los pasos y se consigui\u00f3 que me dejaran en libertad; pero oblig\u00e1ndome a salir de Madrid, pues como me dijeron, ni a mi me conven\u00eda estar en Madrid, ni a ellos les conven\u00eda que yo estuviese, a\u00f1adiendo que no me escondiera, porque ser\u00eda peor para m\u00ed. Rogu\u00e9 y supliqu\u00e9 que me dejaran tiempo, para sacar el pasaporte para Francia, pero, con buenas formas, me contestaron que lo podr\u00eda hacer eso en Valencia o en Barcelona o donde me llevar\u00edan el d\u00eda siguiente; pero, en fin que me presentara al jefe de Evacuaci\u00f3n y me entendiera con \u00e9l.<\/p>\n<p>Sin p\u00e9rdida de tiempo, me dirig\u00ed a la Plaza de Santa B\u00e1rbara donde se encontraba la oficina de Evacuaci\u00f3n. Encontr\u00e9 al Jefe muy condescendiente, dej\u00e1ndome en libertad de hacerlo por cuenta del Gobierno o por la Delegaci\u00f3n Vasca, como yo deseaba, el sacar un pasaporte para Francia.<\/p>\n<p>Como el se\u00f1or El\u00edas Fuente me dijo que no ten\u00eda ninguna pensi\u00f3n donde poder colocarme, aprovech\u00e9 esta buena ocasi\u00f3n del jefe de Evacuaci\u00f3n para trabajar, por medio de un hermano de Sor Jes\u00fas Moleres, mi ingreso en el Refugio Vasco, <strong>donde pude estar cuatro meses<\/strong>, trabajando mi pasaporte para el Extranjero. Durante este tiempo pude hacer mi ministerio, aunque muy reservada-mente. Administr\u00e9 a tres personas el Santo Vi\u00e1tico, a dos la Extrema Unci\u00f3n y un Bautismo con todas las solemnidades de la Iglesia.<\/p>\n<p>En una de estas ocasiones conoc\u00ed a D. Horacio Echevarrieta, quien se interes\u00f3 con la Embajada inglesa para que me sacara en una de las Evacuaciones que hac\u00eda y, conseguido al fin mi pasaporte, despu\u00e9s de muchos pasos, quiso la Providencia que llegara el d\u00eda en que pude salir de Madrid por medio de dicha Embajada.<\/p>\n<p>No todos los de la expedici\u00f3n pudimos llegar a tiempo para tomar el vapor que nos hab\u00eda de conducir a Marsella, porque algunos coches, sea por sabotaje o por lo que fuere, se estropearon en el camino; pero al fin, despu\u00e9s de mil peripecias y sobresaltos, llegamos a Valencia, donde la Embajada Inglesa nos coloc\u00f3 a tres millas del puerto en un crucero de Guerra, donde estuvimos d\u00eda y medio muy bien atendidos. Luego nos trasladaron a un Destroyer que en 18 horas nos puso en Marsella. Aunque, como se adivinaba, la tripulaci\u00f3n de los buques simpatizaba con los rojos, estuvieron muy atentos con nosotros, quedando muy agradecidos a sus atenciones que manifestamos por escrito.<\/p>\n<p>Al llegar a Marsella me encontr\u00e9 con el P. Sierra y Sor Rosa, sobrina del P. Orzanco, que sal\u00edan para ver si llegaban los Padres Arnao, Mont\u00f3n y Orzanco. Una desilusi\u00f3n, pues no llegaba m\u00e1s que uno a quien no se le esperaba. Estuve descansando unos d\u00edas en Marsella, en compa\u00f1\u00eda del P. Sierra y Superior de la Casa; siendo muy bien atendido.<\/p>\n<p>Omitiendo muchas cosas que har\u00edan demasiado extensa esta rese\u00f1a, esto es, Sr. Albiol lo que puedo manifestarle de la detenci\u00f3n y prisi\u00f3n y trabajos de los Padres y Hermanos de la Casa de Hortaleza. Supe que los Hermanos Gelagert y Armend\u00e1riz, despu\u00e9s que salieron de la c\u00e1rcel, los conocieron y los mataron.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi estimado Sr. Albiol: Ante el reiterado deseo manifestado por V. de que escriba algo sobre la detenci\u00f3n y prisi\u00f3n de los Padres y Hermanos de la Casa de Hortaleza, voy a hacerlo, aunque, como &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-8-hortaleza-detencion-prision-y-trabajos-de-los-misioneros\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":42743,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[252],"tags":[],"class_list":["post-1221","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-la-congregacion-de-la-mision-en-espana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Momentos dif\u00edciles 8: Hortaleza, detenci\u00f3n, prisi\u00f3n y trabajos de los misioneros - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-8-hortaleza-detencion-prision-y-trabajos-de-los-misioneros\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Momentos dif\u00edciles 8: Hortaleza, detenci\u00f3n, prisi\u00f3n y trabajos de los misioneros - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Mi estimado Sr. Albiol: Ante el reiterado deseo manifestado por V. de que escriba algo sobre la detenci\u00f3n y prisi\u00f3n de los Padres y Hermanos de la Casa de Hortaleza, voy a hacerlo, aunque, como ... 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