{"id":121931,"date":"2013-05-02T02:11:26","date_gmt":"2013-05-02T00:11:26","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=121931"},"modified":"2016-07-26T19:08:07","modified_gmt":"2016-07-26T17:08:07","slug":"el-credo-en-el-ano-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-credo-en-el-ano-de-la-fe\/","title":{"rendered":"El Credo en el A\u00f1o de la fe"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/05\/credo.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-121932\" alt=\"credo\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/05\/credo-240x300.jpg?resize=240%2C300\" width=\"240\" height=\"300\" \/><\/a>En la carta de convocatoria del A\u00f1o de la Fe, \u00abPorta fidei\u00bb, Benedicto XVI invitaba a \u00ablas comunidades religiosas, as\u00ed como a las parroquiales, y a todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas (&#8230;) a profesar p\u00fablicamente el Credo. Deseamos \u2013dice\u2013 que este A\u00f1o suscite en todo creyente la aspiraci\u00f3n a confesar la fe con plenitud y renovada convicci\u00f3n, con confianza y esperanza\u00bb.<\/p>\n<p>Antes de adentrarnos en cada uno de los art\u00edculos del Credo, es importante que nos preguntemos: \u00bfQu\u00e9 estamos diciendo cuando decimos \u00abcreo\u00bb o \u00abcreemos\u00bb? \u00bfQu\u00e9 es el Credo o s\u00edmbolo de la fe?<\/p>\n<p>El Catecismo lo explica as\u00ed: \u00abQuien dice \u00abYo creo\u00bb, dice: \u00abYo me\u00a0adhiero a lo que nosotros creemos\u00bb. La comuni\u00f3n en la fe necesita\u00a0un lenguaje com\u00fan de la fe, normativo para todos y que nos una\u00a0en la misma confesi\u00f3n de fe.<\/p>\n<p>Desde su origen, la Iglesia apost\u00f3lica\u00a0expres\u00f3 y transmiti\u00f3 su propia fe en f\u00f3rmulas breves y normativas\u00a0para todos. Pero muy pronto, la Iglesia quiso tambi\u00e9n recoger lo\u00a0esencial de su fe en res\u00famenes org\u00e1nicos y articulados destinados\u00a0sobre todo a los candidatos al bautismo.<\/p>\n<p>A estas s\u00edntesis de la fe se\u00a0les llama \u00abprofesiones de fe\u00bb porque resumen la fe que profesan los\u00a0cristianos. Se les llama \u00abCredo\u00bb por raz\u00f3n de que en ellas la primera\u00a0palabra es normalmente: \u00abCreo\u00bb. Se les denomina igualmente\u00a0\u00abs\u00edmbolos de la fe\u00bb\u00bb (CIC, art\u00edculos 185-187).<\/p>\n<h2><strong>El Symbolon<\/strong><\/h2>\n<p>La palabra griega symbolon significaba la mitad de un objeto partido (por ejemplo, un sello) que se presentaba como una se\u00f1al para darse a conocer. Las partes rotas se pon\u00edan juntas para verificar la identidad del portador. El \u00abs\u00edmbolo de la fe\u00bb es, pues, un signo de identificaci\u00f3n y de comuni\u00f3n entre los creyentes.<\/p>\n<h2>Creo en Dios<\/h2>\n<p>La primera afirmaci\u00f3n del Credo es tambi\u00e9n la m\u00e1s fundamental: \u00abCreo en Dios\u00bb. Todos los art\u00edculos del s\u00edmbolo de la fe dependen del primero al igual que todos los mandamientos son explicaciones del primero de ellos.<\/p>\n<p>Creemos en un solo Dios que se revel\u00f3 como el \u00danico: \u00abEscucha, Israel: el Se\u00f1or nuestro Dios es\u00a0el \u00fanico Se\u00f1or. Amar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma y con toda tu fuerza\u00bb\u00a0(Dt 6, 4-5). Por eso, el catecismo nos recuerda que la \u00abfe en Dios nos mueve a volvernos s\u00f3lo a \u00c9l\u00a0como a nuestro primer origen y nuestro fin \u00faltimo; y a no preferirle a nada ni sustituirle con nada\u00bb.<\/p>\n<p>Y \u00bfc\u00f3mo es Dios? \u00bfQu\u00e9 podemos saber de \u00c9l? A pesar de que sigue siendo un \u00abMisterio inefable\u00bb,\u00a0es decir, que no se puede explicar con palabras, el Dios de nuestra fe se ha revelado como \u00abEl que\u00a0es\u00bb \u2013\u00c9l es la plenitud del ser y todas las criaturas hemos recibido de \u00c9l todo nuestro ser\u2013 y como \u00abrico\u00a0en amor y fidelidad\u00bb.<\/p>\n<p>Creer en el Dios \u00danico tiene unas consecuencias pr\u00e1cticas en nuestra vida como \u00abvivir en acci\u00f3n\u00a0de gracias\u00bb, \u00abreconocer la dignidad de todos los hombres que han sido hechos a imagen y semejanza\u00a0de Dios\u00bb,\u00bbusar bien las cosas creadas\u00bb y \u00abconfiar en \u00c9l en todas circunstancias, incluso en la adversidad\u00bb.\u00a0(Art\u00edculos 199-231 del CIC)<\/p>\n<h2>Padre<\/h2>\n<p>Llamar a Dios padre no es patrimonio exclusivo de los cat\u00f3licos. Muchas religiones lo invocan as\u00ed, aunque no en el mismo sentido que nosotros.<\/p>\n<p>Cuando llamamos a Dios padre, desde el lenguaje de la fe, estamos indicando dos aspectos: que Dios es origen de todo y autoridad, y que es al mismo tiempo bondad y amor para sus hijos. \u00abEsta ternura paternal de Dios puede ser expresada tambi\u00e9n mediante la imagen de la maternidad que indica m\u00e1s expresivamente la intimidad entre Dios y su criatura. El lenguaje de la fe se sirve as\u00ed de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice tambi\u00e9n que los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad. Conviene recordar, entonces, que Dios trasciende la distinci\u00f3n humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDios es Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se esclarecen mutuamente. Muestra su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades, por la adopci\u00f3n filial que nos da (\u00abYo ser\u00e9 para vosotros padre y vosotros ser\u00e9is para m\u00ed hijos e hijas, dice el Se\u00f1or todopoderoso\u00bb, 2Co 6,18)\u00bb y por su misericordia y poder en el m\u00e1s alto grado perdon\u00e1ndonos libremente los pecados. (Art\u00edculos 232-267; 270 CIC)<\/p>\n<h2>Todopoderoso<\/h2>\n<p>De todos los atributos divinos, s\u00f3lo la omnipotencia de Dios es nombrada en el S\u00edmbolo. Confesarla tiene un gran alcance para nuestra vida.<\/p>\n<p>Como proclama el Catecismo Romano: \u00abNada es, pues, m\u00e1s propio para afianzar nuestra fe y nuestra esperanza que la convicci\u00f3n profundamente arraigada en nuestras almas de que nada es imposible para Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, la constataci\u00f3n del mal en el mundo ha cuestionado seriamente la fe de generaciones de cristianos. El catecismo reconoce que \u00aba veces, Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Ahora bien, Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera m\u00e1s misteriosa en la humillaci\u00f3n voluntaria y en la Resurrecci\u00f3n de su Hijo, por los cuales ha vencido al mal\u00bb. S\u00f3lo desde una fe que se glor\u00eda de sus debilidades (2 Co 12, 9) puede entenderse este aparente silencio de Dios. De esta fe, la Virgen Mar\u00eda es el modelo supremo: ella crey\u00f3 que \u00abnada es imposible para Dios\u00bb y pudo proclamar las grandezas del Se\u00f1or: \u00abEl Poderoso ha hecho grandes cosas en m\u00ed, su nombre es santo\u00bb.<br \/>\n\u00abLa fe nos da la certeza de que Dios no permitir\u00eda el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros s\u00f3lo conoceremos plenamente en la vida eterna\u00bb. (Art\u00edculos 268-278; 309-324 CIC)<\/p>\n<h2>Creador<\/h2>\n<p>\u00abEn el principio, Dios cre\u00f3 el cielo y la tierra\u00bb (Gn 1,1). Con estas palabras solemnes comienza la Sagrada Escritura. La creaci\u00f3n es el fundamento, el comienzo de la historia de la salvaci\u00f3n que culmina en la nueva creaci\u00f3n en Cristo.<\/p>\n<p>\u00abLa catequesis sobre la Creaci\u00f3n reviste una importancia capital. Se refiere a los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana: explicita la respuesta de la fe cristiana a la pregunta b\u00e1sica que los hombres de todos los tiempos se han formulado: \u00bfDe d\u00f3nde venimos? \u00bfA d\u00f3nde vamos? \u00bfCu\u00e1l es nuestro origen? \u00bfCu\u00e1l es nuestro fin? \u00bfDe d\u00f3nde viene y a d\u00f3nde va todo lo que existe? Las dos cuestiones, la del origen y la del fin, son inseparables. Son decisivas para el sentido y la orientaci\u00f3n de nuestra vida y nuestro obrar\u00bb. (Art. 282 CIC)<\/p>\n<p>\u00abLa cuesti\u00f3n sobre los or\u00edgenes del mundo y del hombre es objeto de numerosas investigaciones\u00a0cient\u00edficas que han enriquecido magn\u00edficamente nuestros conocimientos sobre la edad y las dimensiones del cosmos, el devenir\u00a0de las formas vivientes, la aparici\u00f3n del hombre. Estos descubrimientos nos invitan a admirar m\u00e1s la grandeza del Creador, a darle gracias\u00a0por todas sus obras y por la inteligencia y la sabidur\u00eda que da a los sabios e investigadores\u00bb. (Art. 283 CIC).<\/p>\n<h2>Del cielo y de la tierra<\/h2>\n<p>\u00abEn la Sagrada Escritura, la expresi\u00f3n \u00abcielo y tierra\u00bb significa: todo lo que existe, la creaci\u00f3n entera.<\/p>\n<p>Indica tambi\u00e9n el v\u00ednculo que, en el interior de la creaci\u00f3n, a la vez une y distingue cielo y tierra:\u00a0\u00abLa tierra\u00bb, es el mundo de los hombres. \u00abEl cielo\u00bb o \u00ablos cielos\u00bb puede designar el firmamento\u00a0pero tambi\u00e9n el \u00ablugar\u00bb propio de Dios: \u00abnuestro Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb y por consiguiente\u00a0tambi\u00e9n el \u00abcielo\u00bb, que es la gloria escatol\u00f3gica. Finalmente, la palabra \u00abcielo\u00bb indica el \u00ablugar\u00bb de\u00a0las criaturas espirituales \u2014los \u00e1ngeles\u2014 que rodean a Dios\u00bb. (Art. 326 CIC)<\/p>\n<p>La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente\u00a0\u00e1ngeles, es una verdad de fe. Los \u00e1ngeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar,\u00a0rodean a Cristo, su Se\u00f1or y le sirven. Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana est\u00e1\u00a0rodeada de su custodia y de su intercesi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el mundo visible, \u00abla tierra\u00bb, Dios quiso la diversidad de sus criaturas y la bondad peculiar\u00a0de cada una, su interdependencia y su orden. Destin\u00f3 todas las criaturas materiales al bien del g\u00e9nero humano. \u00abRespetar las leyes inscritas en la creaci\u00f3n y las relaciones que derivan de la\u00a0naturaleza de las cosas es un principio de sabidur\u00eda y un fundamento de la moral\u00bb. (Art. 354 CIC)<\/p>\n<h2>Creo en Jesucristo<\/h2>\n<p>\u00abJes\u00fas quiere decir en hebreo: \u00abDios salva\u00bb. En el momento de la anunciaci\u00f3n, el \u00e1ngel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jes\u00fas que expresa a la vez su identidad y su misi\u00f3n. Ya que \u00ab\u00bfqui\u00e9n puede perdonar pecados, sino s\u00f3lo Dios?\u00bb, es \u00c9l quien, en Jes\u00fas, su Hijo eterno hecho hombre \u00absalvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados\u00bb. En Jes\u00fas, Dios recapitula as\u00ed toda la historia de la salvaci\u00f3n en favor de los hombres\u00bb. (Art 430 CIC)<\/p>\n<p>\u00abCristo viene de la traducci\u00f3n griega del t\u00e9rmino hebreo \u00abMes\u00edas\u00bb que quiere decir\u00a0\u00abungido\u00bb. Pasa a ser nombre propio de Jes\u00fas porque \u00c9l cumple perfectamente la misi\u00f3n\u00a0divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios\u00a0los que le eran consagrados para una misi\u00f3n que hab\u00edan recibido de \u00c9l. Este era el caso\u00a0de los reyes, de los sacerdotes y, excepcionalmente, de los profetas. Este deb\u00eda ser por excelencia el caso del Mes\u00edas que Dios enviar\u00eda para instaurar definitivamente su Reino.<\/p>\n<p>El Mes\u00edas deb\u00eda ser ungido por el Esp\u00edritu del Se\u00f1or a la vez como rey y sacerdote pero\u00a0tambi\u00e9n como profeta. Jes\u00fas cumpli\u00f3 la esperanza mesi\u00e1nica de Israel en su triple funci\u00f3n\u00a0de sacerdote, profeta y rey\u00bb. (Art 436 CIC).<\/p>\n<h2>Su \u00fanico Hijo<\/h2>\n<p>Los evangelios narran en dos momentos solemnes, el Bautismo y la Transfiguraci\u00f3n de Cristo, que la voz del Padre lo designa como su \u00abHijo amado\u00bb. Jes\u00fas se designa a s\u00ed mismo como \u00abel Hijo \u00danico de Dios\u00bb y afirma mediante este t\u00edtulo su preexistencia eterna.<\/p>\n<p>Pide la fe en \u00abel Nombre del Hijo \u00danico de\u00a0Dios\u00bb. Esta confesi\u00f3n cristiana aparece ya en la exclamaci\u00f3n del centuri\u00f3n delante de Jes\u00fas en la cruz:\u00a0\u00abVerdaderamente este hombre era Hijo de Dios\u00bb, porque es solamente en el misterio pascual donde el creyente puede alcanzar el sentido pleno del t\u00edtulo \u00abHijo de Dios\u00bb. (Art. 444 CIC)<br \/>\nPor su parte, Pedro confiesa a Jes\u00fas como \u00abel Cristo, el Hijo de Dios vivo\u00bb, a lo que Jes\u00fas le responde\u00a0con solemnidad: \u00abno te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en\u00a0los cielos\u00bb. Si Pedro pudo reconocer el car\u00e1cter transcendente de la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas Mes\u00edas\u00a0es porque \u00e9ste lo dej\u00f3 entender claramente. Ante el Sanedr\u00edn, a la pregunta de sus acusadores:\u00a0\u00abEntonces, \u00bft\u00fa eres el Hijo de Dios?\u00bb, Jes\u00fas ha respondido: \u00abVosotros lo dec\u00eds: yo soy\u00bb.<\/p>\n<p>Ya mucho\u00a0antes, distingui\u00f3 su filiaci\u00f3n de la de sus disc\u00edpulos, no diciendo jam\u00e1s \u00abnuestro Padre\u00bb salvo para\u00a0ordenarles \u00abvosotros, pues, orad as\u00ed: Padre Nuestro\u00bb; y subray\u00f3 esta distinci\u00f3n: \u00abMi Padre y vuestro\u00a0Padre\u00bb (Jn 20, 17).<\/p>\n<h2>Nuestro Se\u00f1or<\/h2>\n<p>En la traducci\u00f3n griega de los libros del Antiguo Testamento, el nombre inefable con el cual Dios se revel\u00f3 a Mois\u00e9s: \u00abYHWH\u00bb, es traducido por \u00abKyrios\u00bb, \u00abSe\u00f1or\u00bb. Se\u00f1or se convierte desde entonces en el nombre m\u00e1s habitual para designar la divinidad misma del Dios de Israel.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento utiliza en este sentido\u00a0fuerte el t\u00edtulo \u00abSe\u00f1or\u00bb para el Padre, pero lo emplea tambi\u00e9n, y aqu\u00ed est\u00e1 la novedad, para Jes\u00fas reconoci\u00e9ndolo\u00a0como Dios. (Art. 446 CIC).<\/p>\n<p>A lo largo de toda su vida p\u00fablica, Jes\u00fas mostr\u00f3 su dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades,\u00a0sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostrando su soberan\u00eda divina. Con mucha frecuencia,\u00a0en los evangelios, hay personas que se dirigen a Jes\u00fas llam\u00e1ndole \u00abSe\u00f1or\u00bb. Este t\u00edtulo expresa el respeto y\u00a0la confianza de los que se acercan a Jes\u00fas y esperan de \u00c9l socorro y curaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmaci\u00f3n del se\u00f1or\u00edo de Jes\u00fas sobre el mundo y sobre\u00a0la historia significa tambi\u00e9n reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto,\u00a0a ning\u00fan poder terrenal sino s\u00f3lo a Dios Padre y al Se\u00f1or Jesucristo: C\u00e9sar no es el \u00abSe\u00f1or\u00bb. \u00bb La\u00a0Iglesia cree que la clave, el centro y el fin de toda historia humana se encuentra en su Se\u00f1or y Maestro\u00bb\u00a0(Art. 450 CIC).<\/p>\n<h2>Que fue concebido por obra y gracia del Esp\u00edritu Santo<\/h2>\n<p>La Anunciaci\u00f3n a Mar\u00eda inaugura \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb, es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. La respuesta divina a su \u00ab\u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no conozco var\u00f3n?\u00bb se dio mediante el poder del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La fe en la verdadera encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana: \u00abPodr\u00e9is conocer en esto el Esp\u00edritu de Dios: todo esp\u00edritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La Anunciaci\u00f3n a Mar\u00eda inaugura \u00abla plenitud de los tiempos\u00bb, es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. La respuesta divina a su \u00ab\u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no conozco var\u00f3n?\u00bb se dio mediante el poder del Esp\u00edritu: \u00abEl Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo est\u00e1 siempre unida y ordenada a la del Hijo. El Esp\u00edritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen Mar\u00eda y fecundarla por obra divina, \u00e9l que es \u00abel Se\u00f1or que da la vida\u00bb, haciendo que ella conciba al Hijo eterno del Padre en una humanidad tomada de la suya\u00bb. (Art 485 CIC)<\/p>\n<p>El Hijo \u00fanico del Padre, al ser concebido como hombre en el seno de la Virgen Mar\u00eda es \u00abCristo\u00bb, es decir, el ungido por el Esp\u00edritu Santo, desde el principio de su existencia humana, aunque su manifestaci\u00f3n no tuviera lugar sino progresivamente: a los pastores (cf. Lc 2,8-20), a los magos (cf. Mt2, 1-12), a Juan Bautista (cf. Jn 1, 31-34), a los disc\u00edpulos (cf. Jn2, 11).<\/p>\n<h2>Naci\u00f3 de Santa Mar\u00eda Virgen<\/h2>\n<p>\u00abMar\u00eda \u00abfue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante el embarazo, Virgen en el parto, Virgen despu\u00e9s del parto, Virgen siempre\u00bb; ella, con todo su ser, es \u00abla esclava del Se\u00f1or\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDe la descendencia de Eva, Dios eligi\u00f3 a la Virgen Mar\u00eda para ser la Madre de su Hijo. Ella, \u00abllena de gracia\u00bb, es \u00abel fruto m\u00e1s excelente de la redenci\u00f3n\u00bb; desde el primer instante de su concepci\u00f3n, fue totalmente preservada de la mancha del pecado original y permaneci\u00f3 pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida\u00bb. (Art 508 CIC). \u00abMar\u00eda es verdaderamente \u00abMadre de Dios\u00bb porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo\u00bb. (Art 509 CIC)<\/p>\n<p>\u00abMar\u00eda \u00abfue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante el embarazo, Virgen en el parto, Virgen despu\u00e9s del parto, Virgen siempre\u00bb; ella, con todo su ser, es \u00abla esclava del Se\u00f1or\u00bb.\u00bb (Art 510 CIC)<\/p>\n<p>Mar\u00eda es virgen porque su virginidad es el signo de su fe no adulterada por duda alguna y de su entrega total a la voluntad de Dios. Su fe es la que le hace llegar a ser la madre del Salvador.<\/p>\n<p>\u00abMar\u00eda es a la vez virgen y madre porque ella es la figura y la m\u00e1s perfecta realizaci\u00f3n de la Iglesia, como se\u00f1ala la Lumen Gentium: \u00abLa Iglesia [&#8230;] se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicaci\u00f3n y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios. Tambi\u00e9n ella es virgen que guarda \u00edntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo\u00bb\u00bb (Art 507 CIC).<\/p>\n<h2>Padeci\u00f3 bajo el poder de Poncio Pilato<\/h2>\n<p>La Iglesia permanece fiel a \u00abla interpretaci\u00f3n de todas las Escrituras\u00bb dada por Jes\u00fas mismo, tanto antes como despu\u00e9s de su Pascua ((Lc 24, 27. 44-45): \u00ab\u00bfNo era necesario que Cristo padeciera eso y entrara as\u00ed en su gloria?\u00bb (Lc 24, 26).<\/p>\n<p>Los padecimientos de Jes\u00fas han tomado una forma hist\u00f3rica\u00a0concreta por el hecho de haber sido \u00abreprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los\u00a0escribas\u00bb (Mc 8, 31), que lo \u00abentregaron a los gentiles, para burlarse de \u00e9l, azotarle y crucificarle\u00bb (Mt 20, 19). (Art. 572 CIC)<\/p>\n<p>Desde los comienzos del ministerio p\u00fablico de Jes\u00fas, fariseos y partidarios de Herodes, junto\u00a0con sacerdotes y escribas, se pusieron de acuerdo para perderle.<\/p>\n<p>Para Dios, todos los momentos del tiempo est\u00e1n presentes en su actualidad. Por tanto establece\u00a0su designio eterno de \u00abpredestinaci\u00f3n\u00bb incluyendo en \u00e9l la respuesta libre de cada hombre a su\u00a0gracia: \u00abS\u00ed, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jes\u00fas, que t\u00fa\u00a0has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel, de tal suerte\u00a0que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabidur\u00eda, hab\u00edas predestinado\u00bb. Dios ha\u00a0permitido los actos nacidos de su ceguera para realizar su designio de salvaci\u00f3n. (Art. 600 CIC).<\/p>\n<h2>Fue crucificado, muerto y sepultado<\/h2>\n<p>La muerte violenta de Jes\u00fas en la cruz no fue fruto del azar en una desgraciada constelaci\u00f3n de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los jud\u00edos de Jerusal\u00e9n ya en su primer discurso de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>La muerte redentora de Jes\u00fas cumple, en particular, la profec\u00eda del Siervo doliente (cf. Is 53, 7-8 y Hch 8, 32-35). La Iglesia ense\u00f1a que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepci\u00f3n: \u00abno hay, ni hubo ni habr\u00e1 hombre alguno por quien no haya padecido Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPor la gracia de Dios, gust\u00f3 la muerte para bien de todos\u00bb (Hb 2, 9). En su designio de salvaci\u00f3n, Dios dispuso que su Hijo no solamente \u00abmuriese por nuestros pecados\u00bb (1 Co 15, 3) sino tambi\u00e9n que \u00abgustase la muerte\u00bb, es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separaci\u00f3n entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que \u00c9l expir\u00f3 en la Cruz y el momento en que resucit\u00f3. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del S\u00e1bado Santo en el que Cristo depositado en la tumba (cf. Jn 19, 42) manifiesta el gran reposo sab\u00e1tico de Dios (cf. Hb 4, 4-9) despu\u00e9s de realizar (cf. Jn 19, 30) la salvaci\u00f3n de los hombres, que establece en la paz el universo entero (cf. Col 1, 18-20)\u00bb. (Art 624 CIC).<\/p>\n<h2>Descendi\u00f3 a los infiernos<\/h2>\n<p>\u00abLas frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento seg\u00fan las cuales Jes\u00fas \u00abresucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb presuponen que, antes de la resurrecci\u00f3n, permaneci\u00f3 en la morada de los muertos.<\/p>\n<p>Es el primer sentido\u00a0que dio la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica al descenso de Jes\u00fas a los infiernos; Jes\u00fas conoci\u00f3 la muerte como\u00a0todos los hombres y se reuni\u00f3 con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como\u00a0Salvador proclamando la buena nueva a los esp\u00edritus que estaban all\u00ed detenidos\u00bb. (Art 632 CIC).\u00a0\u00abLa Escritura llama infiernos, sheol, o hades a la morada de los muertos donde baj\u00f3 Cristo\u00a0despu\u00e9s de muerto, porque los que se encontraban all\u00ed estaban privados de la visi\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo\u00a0que no quiere decir que su suerte sea id\u00e9ntica como lo ense\u00f1a Jes\u00fas en la par\u00e1bola del pobre\u00a0L\u00e1zaro recibido en el \u00abseno de Abraham\u00bb (cf. Lc 16, 22-26). \u00abSon precisamente estas almas\u00a0santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liber\u00f3\u00a0cuando descendi\u00f3 a los infiernos\u00bb. Jes\u00fas no baj\u00f3 a los infiernos para liberar a los condenados\u00a0ni para destruir el infierno de la condenaci\u00f3n sino para liberar a los justos que le hab\u00edan\u00a0precedido\u00bb. (Art. 633 CIC).<\/p>\n<h2>Al tercer d\u00eda resucit\u00f3 de entre los muertos<\/h2>\n<p>La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la verdad, culminante de nuestra fe en Cristo, cre\u00edda y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradici\u00f3n y establecida en los documentos del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>El misterio de la Resurrecci\u00f3n de Cristo\u00a0 es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones hist\u00f3ricamente comprobadas.<\/p>\n<p>La Resurrecci\u00f3n de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las resurrecciones de la hija de Jairo o L\u00e1zaro . Estas personas, en cierto momento, volver\u00e1n a morir. La Resurrecci\u00f3n de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa del estado de la muerte a otra vida m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y del espacio.<\/p>\n<p>\u00abSi no resucit\u00f3 Cristo, vana es nuestra predicaci\u00f3n, vana tambi\u00e9n vuestra fe\u00bb (1 Co 15,14) . La Resurrecci\u00f3n constituye ante todo la confirmaci\u00f3n de todo lo que Cristo hizo y ense\u00f1\u00f3 y es principio y fuente de nuestra resurrecci\u00f3n futura. En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el coraz\u00f3n de sus fieles. En \u00c9l, los cristianos saborean los prodigios del mundo futuro \u00abpara que ya no vivan para s\u00ed los que viven, sino para aquel que muri\u00f3 y resucit\u00f3 por ellos\u00bb (2 Co 5, 15).<\/p>\n<h2><strong><\/strong>Subi\u00f3 a los cielos y est\u00e1 sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso<\/h2>\n<p>Durante el tiempo entre la Resurrecci\u00f3n y la Ascensi\u00f3n a los cielos, la gloria del Resucitado no ha terminado de manifestarse en su totalidad.<\/p>\n<p>De ah\u00ed las palabras misteriosas que dirige a Mar\u00eda Magdalena: \u00abTodav\u00eda [&#8230;]\u00a0no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro\u00a0Dios\u00bb (Jn 20, 17). Esto indica una diferencia de manifestaci\u00f3n entre la gloria de Cristo resucitado y la de\u00a0Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez hist\u00f3rico y transcendente de la Ascensi\u00f3n\u00a0marca la transici\u00f3n de una a otra.<\/p>\n<p>\u00abNadie ha subido al cielo sino el que baj\u00f3 del cielo, el Hijo del hombre\u00bb (Ef 4, 8-10). Dejada a sus fuerzas\u00a0naturales, la humanidad no tiene acceso a la \u00abCasa del Padre\u00bb, a la vida y a la felicidad de Dios. S\u00f3lo Cristo\u00a0ha podido abrir este acceso al hombre. Cristo, desde entonces, est\u00e1 sentado a la derecha del Padre: \u00abPor\u00a0derecha del Padre \u2013explica San Juan Damasceno\u2013 entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde\u00a0el que exist\u00eda como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, est\u00e1 sentado corporalmente despu\u00e9s de que se encarn\u00f3 y de que su carne fuera glorificada\u00bb.<\/p>\n<h2>Desde all\u00ed ha de venir a juzgar a vivos y muertos<\/h2>\n<p>Cristo reina ya mediante la Iglesia. \u00c9l \u00abmuri\u00f3 y volvi\u00f3 a la vida para eso, para ser Se\u00f1or de muertos y vivos\u00bb (Rm 14, 9). Posee todo poder en los cielos y en la tierra. Sin embargo, este Reino no est\u00e1 todav\u00eda acabado.<\/p>\n<p>Hasta que todo le haya sido sometido y, como se\u00f1ala el Concilio \u00a0Vaticano II, \u00abmientras no [&#8230;] haya nuevos\u00a0cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones,\u00a0que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen\u00a0en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios\u00bb. Por esta raz\u00f3n los cristianos\u00a0piden, sobre todo en la Eucarist\u00eda, que se apresure el retorno de Cristo cuando suplican: \u00abMaranatha\u00bb (Ven,\u00a0Se\u00f1or Jes\u00fas).<\/p>\n<p>Jes\u00fas anunci\u00f3 en su predicaci\u00f3n el juicio del \u00faltimo d\u00eda. Entonces, se pondr\u00e1n a la luz la conducta de cada\u00a0uno y el secreto de los corazones. \u00abPues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar y para dar la vida\u00a0que hay en \u00c9l. Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a s\u00ed mismo; es retribuido\u00a0seg\u00fan sus obras y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Esp\u00edritu de amor\u00bb. (Art 679 CIC)<\/p>\n<h2>Creo en el Esp\u00edritu Santo<\/h2>\n<p>\u00abEsp\u00edritu Santo\u00bb, tal es el nombre propio de Aquel que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. El t\u00e9rmino \u00abEsp\u00edritu\u00bb traduce el t\u00e9rmino hebreo Ruah, que en su primera acepci\u00f3n significa soplo, aire, viento&#8230;<\/p>\n<p>\u00abAquel al que el Padre ha enviado a nuestros corazones, el Esp\u00edritu de su Hijo (cf. Ga 4, 6) es\u00a0realmente Dios. Consubstancial con el Padre y el Hijo, es inseparable de ellos, tanto en la vida\u00a0\u00edntima de la Trinidad como en su don de amor para el mundo. Pero al adorar a la Sant\u00edsima Trinidad vivificante, consubstancial e indivisible, la fe de la Iglesia profesa tambi\u00e9n la distinci\u00f3n de las\u00a0Personas. Cuando el Padre env\u00eda su Verbo, env\u00eda tambi\u00e9n su Aliento: misi\u00f3n conjunta en la que el\u00a0Hijo y el Esp\u00edritu Santo son distintos pero inseparables. Sin ninguna duda, Cristo es quien se manifiesta,\u00a0Imagen visible de Dios invisible, pero es el Esp\u00edritu Santo quien lo revela\u00bb. (Art. 689 CIC)<\/p>\n<p>\u00ab\u00bbDios es Amor\u00bb. Este amor \u00abDios lo ha derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo\u00a0que nos ha sido dado\u00bb El primer efecto del don del Amor es la remisi\u00f3n de nuestros pecados. La\u00a0comuni\u00f3n con el Esp\u00edritu Santo es la que, en la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza\u00a0divina perdida por el pecado.<\/p>\n<h2>Creo en la Santa Iglesia Cat\u00f3lica<\/h2>\n<p>\u00abCristo es la luz de los pueblos. Por eso, este sacrosanto S\u00ednodo, reunido en el Esp\u00edritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia (LG 1), anunciando el Evangelio a todas las criaturas.\u00bb<\/p>\n<p>Con estas\u00a0palabras comienza la \u00abConstituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Iglesia\u00bb del Concilio Vaticano II. As\u00ed, el\u00a0Concilio, muestra que el art\u00edculo de la fe sobre la Iglesia depende enteramente de los art\u00edculos\u00a0que se refieren a Cristo Jes\u00fas. La Iglesia no tiene otra luz que la de Cristo; ella es, seg\u00fan una\u00a0imagen predilecta de los Padres de la Iglesia, comparable a la luna cuya luz es reflejo del sol\u00bb.\u00a0(Art 748 CIC)<\/p>\n<p>\u00abCreer que la Iglesia es \u00abSanta\u00bb y \u00abCat\u00f3lica\u00bb, y que es \u00abUna\u00bb y \u00abApost\u00f3lica\u00bb (como a\u00f1ade el\u00a0S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano) es inseparable de la fe en Dios, Padre, Hijo y Esp\u00edritu\u00a0Santo. En el S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles, hacemos profesi\u00f3n de creer que existe una Iglesia Santa\u00a0(Credo [&#8230;] Ecclesiam), y no de creer en la Iglesia para no confundir a Dios con sus obras y\u00a0para atribuir claramente a la bondad de Dios todos los dones que ha puesto en su Iglesia (cf.\u00a0Catecismo Romano, 1, 10, 22)\u00bb. (Art 750 CIC)<\/p>\n<h2>Creo en la comuni\u00f3n de los santos<\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de haber confesado \u00abla Santa Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb, el s\u00edmbolo de los ap\u00f3stoles a\u00f1ade \u00abla comuni\u00f3n de los santos\u00bb. Este art\u00edculo es, en cierto modo, una explicitaci\u00f3n del anterior: \u00bfQu\u00e9 es la Iglesia, sino la asamblea de todos los santos? La comuni\u00f3n de los santos es precisamente la Iglesia.<\/p>\n<p>Asimismo, \u00abhasta que el Se\u00f1or venga en su esplendor con todos sus \u00e1ngeles y, destruida la\u00a0muerte, tenga sometido todo, sus disc\u00edpulos peregrinan, unos en la tierra; otros, ya difuntos, se\u00a0purifican; mientras otros est\u00e1n glorificados, contemplando \u00abclaramente a Dios mismo, uno y trino,\u00a0tal cual es\u00bb. Pues todos ellos, los que son de Cristo, que tienen su Esp\u00edritu, forman una misma\u00a0Iglesia y est\u00e1n unidos entre s\u00ed en \u00c9l\u00bb.<\/p>\n<p>Pablo VI lo resumi\u00f3 muy bien en el \u00abCredo del Pueblo de Dios\u00bb: \u00abCreemos en la comuni\u00f3n\u00a0de todos los fieles cristianos, es decir, de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican\u00a0despu\u00e9s de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en\u00a0una sola Iglesia; y creemos igualmente que en esa comuni\u00f3n est\u00e1 a nuestra disposici\u00f3n el amor\u00a0misericordioso de Dios y de sus santos, que siempre ofrecen o\u00eddos atentos a nuestras oraciones\u00bb.<\/p>\n<h2>Creo en el perd\u00f3n de los pecados<\/h2>\n<p>\u00abEl S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles vincula la fe en el perd\u00f3n de los pecados a la fe en el Esp\u00edritu Santo, pero tambi\u00e9n a la fe en la Iglesia y en la comuni\u00f3n de los santos. Al dar el Esp\u00edritu Santo a sus Ap\u00f3stoles, Cristo resucitado les confiri\u00f3 su propio poder divino de perdonar los pecados: \u00abRecibid el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is, les quedan retenidos\u00bb (Jn 20, 22-23)\u00bb. (Art 976 CIC)<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or vincul\u00f3 el perd\u00f3n de los pecados a la fe y al Bautismo: \u00abId por\u00a0todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci\u00f3n. El que crea y\u00a0sea bautizado se salvar\u00e1\u00bb (Mc 16, 15-16). El Bautismo es el primero y principal\u00a0sacramento del perd\u00f3n de los pecados. Sin embargo, la gracia del Bautismo no\u00a0libra a la persona de todas las debilidades de la naturaleza. Al contrario [&#8230;] todav\u00eda nosotros tenemos que combatir los movimientos de la\u00a0concupiscencia. Por medio del sacramento de la Penitencia, el bautizado puede reconciliarse con Dios y con la Iglesia.<\/p>\n<p>No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar. \u00abNo hay nadie, tan perverso y tan culpable que, si verdaderamente\u00a0est\u00e1 arrepentido de sus pecados, no pueda contar con la esperanza cierta de perd\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<h2>Creo en la vida eterna<\/h2>\n<p>El catecismo afirma que \u00abCada hombre, despu\u00e9s de morir, recibe en su alma inmortal su retribuci\u00f3n eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo\u00bb, bien a trav\u00e9s de una purificaci\u00f3n (Purgatorio), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del Cielo; bien para condenarse inmediatamente para siempre (Infierno)\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAl fin de los tiempos el Reino de Dios llegar\u00e1 a su plenitud. Despu\u00e9s del Juicio final, los justos\u00a0reinar\u00e1n para siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo ser\u00e1 renovado:\u00a0La Iglesia [&#8230;] \u00abs\u00f3lo llegar\u00e1 a su perfecci\u00f3n en la gloria del cielo [&#8230;] cuando llegue el tiempo de la\u00a0restauraci\u00f3n universal y cuando, con la humanidad, tambi\u00e9n el universo entero, que est\u00e1 \u00edntimamente\u00a0unido al hombre y que alcanza su meta a trav\u00e9s del hombre, quede perfectamente renovado\u00a0en Cristo\u00bb (LG 48)\u00bb. (Art 1042 CIC)<\/p>\n<p>\u00abLa sagrada Escritura llama \u00abcielos nuevos y tierra nueva\u00bb a esta renovaci\u00f3n misteriosa que trasformar\u00e1\u00a0la humanidad y el mundo. En este \u00abuniverso nuevo\u00bb, la Jerusal\u00e9n celestial, Dios tendr\u00e1 su\u00a0morada entre los hombres. \u00abY enjugar\u00e1 toda l\u00e1grima de sus ojos, y no habr\u00e1 ya muerte ni habr\u00e1\u00a0llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado\u00bb.<\/p>\n<h2>Am\u00e9n<\/h2>\n<p>Cerramos esta secci\u00f3n con la que durante 25 semanas hemos profundizado en lo que significa cada uno de los art\u00edculos del s\u00edmbolo de nuestra fe, el Credo.<\/p>\n<p>El Credo, como la Biblia, como la mayor\u00eda de las oraciones cristianas, termina con\u00a0la palabra hebrea Am\u00e9n. En hebreo, Am\u00e9n pertenece a la misma ra\u00edz que la palabra\u00a0\u00abcreer\u00bb. Esta ra\u00edz expresa la solidez, la fiabilidad, la fidelidad.\u00a0As\u00ed pues, el \u00abAm\u00e9n\u00bb final del Credo recoge y confirma su primera palabra: \u00abCreo\u00bb.<\/p>\n<p>Creer es decir \u00abAm\u00e9n\u00bb a las palabras, a las promesas, a los mandamientos de Dios,\u00a0es fiarse totalmente de \u00c9l, que es el Am\u00e9n de amor infinito y de perfecta fidelidad.<\/p>\n<p>Este domingo, tambi\u00e9n llamado de Santo Tom\u00e1s por el Evangelio de la Misa de hoy, escucharemos al ap\u00f3stol recitar su particular y resumida\u00a0proclamaci\u00f3n de fe: \u00a1Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo! En este A\u00f1o de la Fe, proclamemos con su misma pasi\u00f3n este tesoro que hemos recibido de quienes\u00a0nos precedieron en la fe, el Credo. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la carta de convocatoria del A\u00f1o de la Fe, \u00abPorta fidei\u00bb, Benedicto XVI invitaba a \u00ablas comunidades religiosas, as\u00ed como a las parroquiales, y a todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas (&#8230;) a &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-credo-en-el-ano-de-la-fe\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":121932,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[29],"tags":[],"class_list":["post-121931","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-cristiana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El Credo en el A\u00f1o de la fe - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-credo-en-el-ano-de-la-fe\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El Credo en el A\u00f1o de la fe - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"En la carta de convocatoria del A\u00f1o de la Fe, \u00abPorta fidei\u00bb, Benedicto XVI invitaba a \u00ablas comunidades religiosas, as\u00ed como a las parroquiales, y a todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas (&#8230;) a ... 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