{"id":1219,"date":"2015-01-06T03:05:50","date_gmt":"2015-01-06T02:05:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=1219"},"modified":"2016-07-27T12:11:45","modified_gmt":"2016-07-27T10:11:45","slug":"momentos-dificiles-7-madrid-primeros-meses-de-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-7-madrid-primeros-meses-de-la-guerra\/","title":{"rendered":"Momentos dif\u00edciles 7: Madrid, primeros meses de la guerra"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-42743\" title=\"ESCUDOCM\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a>Me ruega encarecidamente el Se\u00f1or Director de los ANALES que escriba algo sobre mi estancia en la zona roja desde que estall\u00f3 la revoluci\u00f3n hasta mi llegada a la Espa\u00f1a Nacional, que diga relaci\u00f3n con nuestra Congregaci\u00f3n o con las Hijas de !a Caridad.<\/p>\n<h2><strong>1.- El 19 de Julio, Fiesta de San Vicente <\/strong><\/h2>\n<p>La revoluci\u00f3n estaba en su apogeo, y desgraciadamente llegaban noticias muy alarmantes. Nuestra Bas\u00edlica, como todas las iglesias, estaba cerrada [\u2026]. Nos reunimos todos los de la Comunidad, para implorar el auxilio de nuestro Santo Fundador a favor de Espa\u00f1a y de su doble familia. No olvidar\u00e9 jam\u00e1s aquella fiesta \u00edntima y tan llena de impresiones. \u00a1Estaba el horizonte tan negro y amenazador para nosotros!. Con todo, no pod\u00edas sospechar que llegara a ser tan deshecha y tan espantosa la tormenta que estaba encima, ni tan horrible la pedrea que nos iba a caer. La Santa Misa, celebrada por el R. P. Jos\u00e9 Ib\u00e1\u00f1ez, (q. e. d.) fue rezada, y sin armonizar. La solemnidad exterior de otros a\u00f1os fue suplida con creces por nuestro fervor y las oraciones que elev\u00e1bamos al cielo ante las reliquias de San Vicente.<\/p>\n<h2><strong>2.- El Hermano Roque Catal\u00e1n <\/strong><\/h2>\n<p>Quiero hacer aqu\u00ed particular menci\u00f3n de este fervoroso y santo Hermano coadjutor de nuestra Casa de Madrid [\u2026]. Su anhelo constante en estos \u00faltimos a\u00f1os era el de ser m\u00e1rtir, y Dios se lo ha concedido indudablemente.<\/p>\n<p>Ten\u00eda costumbre cada a\u00f1o de visitar el Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en el Cerro de los \u00c1ngeles; y lo hac\u00eda de una manera muy particular, muy suya. Obtenido el permiso del padre Superior, sal\u00eda muy de ma\u00f1ana de casa, y luego de pasar el puente de los mataderos, se descalzaba, y as\u00ed, en actitud penitente, se iba hasta la cumbre del Cerro, es decir, unos siete kil\u00f3metros de carretera. Acostumbraba luego pasar todo el d\u00eda en obras de piedad, unas veces orando ante la imagen del divino Coraz\u00f3n, otras oyendo todas las misas que celebraban, en las que procuraba ayudar, si le era posible, otras haciendo el v\u00edacrucis, otras rezando varias partes del santo Rosario. Era aquel d\u00eda para \u00e9l un d\u00eda de jubileo, de expiaci\u00f3n y de penitencia. Quiso celebrar en este a\u00f1o la fiesta de nuestro Santo Fundador en el Cerro de los \u00c1ngeles. Yo fui confidente de su disposici\u00f3n espiritual: <em>\u00abhe ido al Cerro de los \u00c1ngeles, me dec\u00eda al volver, y he pasado todo el d\u00eda haciendo penitencia, ayunando a pan y agua, por Espa\u00f1a, porque tiene gran necesidad de misericordia. He rogado tambi\u00e9n con insistencia por nuestra Congregaci\u00f3n y por las Hijas de la Caridad, para que nos llene el Se\u00f1or del esp\u00edritu de nuestro Santo Padre y nos llene de fortaleza en esta revoluci\u00f3n que tenemos encima. He pedido sobre todo al Divino Coraz\u00f3n que me conceda la gracia de morir por su amor, o ser m\u00e1rtir, y espero firmemente que me lo ha de conceder\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Y cosa admirable; al d\u00eda siguiente se cumplieron sus deseos. Se nos comunic\u00f3 que nuestros Padres y Hermanos de nuestra casa de Hortaleza hab\u00edan sido apresados por los rojos, y que dos hab\u00edan sido muertos a tiros en el camino de Canilleja cuando iban huyendo de los milicianos. Nada m\u00e1s sab\u00edamos del paradero de nuestros queridos hermanos de Congregaci\u00f3n, ni pudimos saber m\u00e1s, y esta noticia, tra\u00edda a la Casa de Madrid, no la d\u00e1bamos mucho cr\u00e9dito, por ser muy vaga y sin detalles de ning\u00fan g\u00e9nero. \u00a1Qu\u00e9 hace entonces nuestro buen Hermano Catal\u00e1n!. Pedir permiso al P. Superior para ir a Hortaleza para cerciorarse del paradero de nuestra Comunidad, y ver si pod\u00eda hacer algo en su favor. Obtenido el permiso, [\u2026], nos dice: <em>\u00abVoy con la bendici\u00f3n de Dios a enterarme de nuestros hermanos de Hortaleza, y determinado a confesar altamente mi fe si sale el caso, que con seguridad me saldr\u00e1. Si no vuelvo, no se preocupen de m\u00ed, sino canten un Tedeum al Se\u00f1or en acci\u00f3n de gracias, porque me habr\u00e1n martirizado, y estar\u00e9 en el cielo\u00bb<\/em>. Esta fue su despedida. El buen Hermano Catal\u00e1n no volvi\u00f3 a casa, ni supimos ya nada de \u00e9l. Pasados unos d\u00edas se nos dijo que le hab\u00edan fusilado, y que su cad\u00e1ver lo vieron tendido en la carretera de Hortaleza. [\u2026].<\/p>\n<h2><strong>3.- Atacan los milicianos a nuestra Casa Central. Horas angustiosas <\/strong><\/h2>\n<p>Hab\u00edan abandonado ya sus residencias todos los religiosos y religiosas, quedando sus casas a merced de la chusma. [\u2026]. La situaci\u00f3n de nuestros Misioneros era mucho m\u00e1s cr\u00edtica (que la de las Hermanas), por aquello de ser perseguidos los religiosos y Sacerdotes, con mucha m\u00e1s sa\u00f1a. Con seguridad que fuimos nosotros los que permanecimos m\u00e1s tiempo en nuestra residencia por excesivo optimismo, aunque viv\u00edamos realmente en continuo sobresalto. Aquello no era vivir, y <strong>el 25 de julio<\/strong> hubimos de abandonar la casa apenas amaneci\u00f3, saliendo con vida de verdadero milagro. El haber aguardado tanto se deb\u00eda a la seguridad que cre\u00edamos tener en nuestra casa, estando en ella hospedados ciento quince Guardias Civiles que hab\u00edan venido de los pueblos de la provincia y que nos pidieron alojamiento como en otras ocasiones. \u00bfD\u00f3nde vamos a estar m\u00e1s seguros, nos dec\u00eda repetidas veces el P. Jos\u00e9 Ib\u00e1\u00f1ez, que hac\u00eda de Superior, con un regimiento de Guardias que tenemos en casa, puesto que est\u00e1 convertida en cuartel?. Esto parec\u00eda l\u00f3gico, pero \u00a1ay! fallaron todos los c\u00e1lculos humanos. A pesar de la guardia constante que defend\u00eda la casa, no impidi\u00f3 que <strong>los rojos atacaran con verdadera furia a nuestro edificio el d\u00eda 23 por la tarde<\/strong>. Bajo el f\u00fatil pretexto de que hab\u00eda salido un disparo de la casa, seg\u00fan aseguraba un mal vecino nuestro, nos atacaron los milicianos con tal furor, que cre\u00edamos hab\u00eda llegado nuestra \u00faltima hora. Nos bajamos todos a la Bas\u00edlica para orar ante el Sant\u00edsimo [\u2026].<\/p>\n<p>Al ver la Guardia Civilque aquello se pon\u00eda tan feo, y que peligraban sus vidas si continuaba por m\u00e1s tiempo el ataque salieron cuatro de ellos, fusil en brazo, y en actitud de hacer frente, dieron el alto a los milicianos. Esta actitud, valiente y decidida contuvo a los atacantes, y cesaron totalmente los disparos al asegurarles los guardias que no hab\u00eda salido un solo tiro del convento. El asunto estaba muy feo para nosotros. Harto comprendimos que esto no hab\u00eda de quedar as\u00ed; que no era sino un peque\u00f1o comp\u00e1s de espera para arremeter con m\u00e1s sa\u00f1a contra nosotros.<\/p>\n<p>Nuestra salida definitiva de la casa se impon\u00eda urgentemente; y as\u00ed lo hicieron aquella misma tarde algunos de nuestros Misioneros y Hermanos coadjutores, aunque los m\u00e1s permanecimos todav\u00eda en casa, pero con un miedo m\u00e1s que regular en nuestro cuerpo y un \u00e1nimo abatido ante la tormenta que se cern\u00eda imponente y amenazadora sobre nuestras cabezas.<\/p>\n<h2><strong>4.- Entrada de los rojos en nuestra Casa<\/strong>.<\/h2>\n<p><strong>El d\u00eda 24<\/strong> fue, sin duda alguna, el d\u00eda m\u00e1s angustioso para nosotros. A las once de la noche se oye una enorme detonaci\u00f3n en el interior de la casa, que nos alarm\u00f3 sobremanera. Estaban ya dentro de ella unos 50 milicianos y una docena de milicianas. Armaban un griter\u00edo infernal. El disparo fue se\u00f1al para empezar el registro de los cuartos y dependencias de la residencia. Mientras tanto otro grupo de milicianos entraba por la calle de Fern\u00e1ndez de la Hoz en el otro edificio de la casa en donde est\u00e1n la cocina, despensa, refectorio otras dependencias, saqueando totalmente cuanto hab\u00eda ellos, sobre todo, la despensa, de la que se llevaron todo lo que encontraron, que deb\u00eda de ser bastante, puesto, que los Guardias trajeron una buena cantidad de subsistencias para toda la temporada.<\/p>\n<p>Como est\u00e1bamos ya acostados, a excepci\u00f3n de dos o tres que cada noche velaban para llamar a la Comunidad si viniera el enemigo, el sobresalto que nos produjo la turbamulta fue enorme e indescriptible, sobre todo cuando o\u00edamos los fuertes golpes que daban contra las puertas de las habitaciones con las culatas de los fusiles y los martillos que tra\u00edan. A muchos los sorprendieron en la misma cama, pues subieron precipitadamente a los pisos, ante el temor, seg\u00fan parec\u00eda, de que alguien se escapase o huyera.<\/p>\n<p>Ten\u00edan bien estudiada la maniobra. Cuando \u00edbamos saliendo de nuestros respectivos cuartos, enfilaban los fusiles contra nosotros, y en esta actitud permanec\u00edan hasta que llegaban a nuestro lado. Calculen nuestros lectores qu\u00e9 impresi\u00f3n ser\u00eda la nuestra al ver aquella actitud de nuestros visitantes. Unos tra\u00edan fusil, que eran los m\u00e1s; otros ten\u00edan en sus manos la browin con el gatillo levantado; otros llevaban hoces afilad\u00edsimas y brillantes, que era lo que m\u00e1s me impresion\u00f3 a m\u00ed, porque hac\u00edan adem\u00e1s el adem\u00e1n de que nos iban a cortar el cuello: otros, en fin, tra\u00edan el cl\u00e1sico martillo comunista, con el cual golpeaban fuertemente las puertas de las habitaciones y romp\u00edan los cristales de los montantes, aumentando con ello mucho m\u00e1s nuestro pavor y miedo. Aquello parec\u00eda un infierno. No creo presenciar en mi vida un espect\u00e1culo m\u00e1s horroroso. Hab\u00eda, sin embargo, entre ellos algunos menos exaltados y m\u00e1s humanitarios. Hubo uno sobre todo que lleg\u00f3 a decirnos que no temi\u00e9ramos, que nada hab\u00eda contra nosotros, y acerc\u00e1ndose al pobrecito P. Reguero, que estaba enfermo, le ayud\u00f3 a levantarse y hasta a colocarse el cors\u00e9 ortop\u00e9dico que llevaba.<\/p>\n<p>Y, a pesar de las fuertes detonaciones de fusil con que entraron en casa; a pesar del infernal griter\u00edo, que armaban fuera y dentro del edificio, la Guardia civil no se enter\u00f3, o no quiso enterarse de lo que pasaba, consintiendo a ciencia y paciencia que se nos atropellase de una manera tan vil e inhumana con nosotros que con tan buena voluntad les hab\u00edamos acogido que todo nos parec\u00eda poco para servirles. [\u2026].<\/p>\n<h2><strong>5.- Nos cierran en una habitaci\u00f3n para matarnos <\/strong><\/h2>\n<p>Al salir de nuestras habitaciones para presentarnos a los asaltantes nos recib\u00edan, por lo general, con el m\u00e1user o las \u00abbrowins\u00bb enfilados contra nosotros. Ante aquella actitud amenazadora, trat\u00e9 de volver a la habitaci\u00f3n, movido por un instinto de conservaci\u00f3n, para refugiarme en ella. Pero, en vano; una voz aguardentosa y potente grita: <em>\u00ab\u00a1Alto!\u00bb,<\/em> ante la cual me qued\u00e9 inm\u00f3vil temiendo por mi vida. <em>\u2013\u00bb\u00bfPor qu\u00e9 has querido huir?\u00bb<\/em>, me dicen, y <em>\u00ab\u00bfpor qu\u00e9 temes: Nosotros no venimos a mataros, sino a registrar el convento, porque sabemos que aqu\u00ed hay armas\u00bb<\/em>. <em>\u00abNo he querido huir<\/em>, (les digo, haci\u00e9ndome el fuerte y fingiendo serenidad) <em>porque, aunque lo intentase ser\u00eda in\u00fatil. He temido, s\u00ed, y \u00bfqui\u00e9n<\/em> <em>no teme, al encontrarse uno de sopet\u00f3n con unos hombres que enfilan sus m\u00e1useres contra m\u00ed en adem\u00e1n de querer descargar? \u00bfQu\u00e9 har\u00edais vosotros en mi lugar?\u00bb<\/em>. \u00ab<em>Tienes raz\u00f3n, camarada<\/em>, dice uno de ellos, <em>no temas\u00bb. <\/em>[\u2026]\n<h2><strong>6.- Nos cierran en un cuarto a varios de la Comunidad <\/strong><\/h2>\n<p>Una hora habr\u00eda pasado desde que comenz\u00f3 el registro en las habitaciones. En ninguna hallaron cosa que pudiera comprometernos. Todos est\u00e1bamos seguros, al o\u00edr que s\u00f3lo se trataba de ver si hab\u00eda armas en la casa, seg\u00fan nos dec\u00edan. Sin embargo, observamos muy pronto que sus intentos eran otros, y muy siniestros por cierto; se trataba de apoderarse de la casa y obligarnos a salir de ella y encarcelarnos a todos a la postre. Como eran las doce de la noche, no pudimos salir de casa a una hora tan intempestiva que hubiera sido adem\u00e1s temerario, estando el edificio rodeado materialmente de milicianos, que se encargar\u00edan de prendernos o de asesinarnos \u00a1Para qu\u00e9 querr\u00edan m\u00e1s!.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un peque\u00f1o consejillo, compuesto de cuatro individuos asaltantes, nos encerraron en el cuartito del tel\u00e9fono, que est\u00e1 junto a la porter\u00eda. \u00c9ramos unos catorce, entre sacerdotes y hermanos coadjutores. Aquello se pon\u00eda muy feo. Al ir a cerrar la puerta uno de ellos, que parecer\u00eda ser el jefe a juzgar por la importancia que se daba, le dice el P. Franco: <em>\u00abquiero advertirle que, estando aqu\u00ed el tel\u00e9fono, ha ordenado la Guardia Civil que est\u00e9 abierta la habitaci\u00f3n por si les llaman o precisamos hablar con alguien\u00bb<\/em>. <em>\u00ab\u00bfEl tel\u00e9fono?<\/em>, responde fr\u00edamente, <em>para morir no necesit\u00e1is tel\u00e9fono<\/em>\u00ab. Y acto seguido cierra la puerta.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos, al parecer, sentenciados. Cre\u00edmos que pronto nos sacar\u00edan para darnos el \u00abpase\u00edto\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 momentos aquellos de angustia, de preocupaci\u00f3n y de ansiedad! Fue entonces el mismo P. Franco el que nos dijo a todos: \u00ab<em>Acabamos de o\u00edr que para morir no precisamos tel\u00e9fono. Estos quieren asesinarnos y aqu\u00ed nos tienen presos. Va a llegar, pues, nuestra hora. Que el sacerdote m\u00e1s antiguo de vocaci\u00f3n nos d\u00e9 la absoluci\u00f3n y luego que la reciba de otro<\/em>\u00ab. As\u00ed fue, en efecto. Puestos todos de rodillas y pasados unos instantes de silencio para ofrecer nuestras vidas al Se\u00f1or y hacer un acto de contrici\u00f3n, yo di la absoluci\u00f3n a todos, por ser el mayor de vocaci\u00f3n, y luego me la dio a m\u00ed el P. Zabala.<\/p>\n<p>Apenas hab\u00eda terminado \u00e9ste de recitar la f\u00f3rmula de absoluci\u00f3n, cuando o\u00edmos los pasos de nuestro carcelero, y abre la puerta. Aumentan nuestros temores y nuestra ansiedad. No era para menos. Cre\u00edmos haber llegado nuestro \u00faltimo momento. Pero Nuestro Se\u00f1or se apiad\u00f3 de nosotros. Aquel, que se hab\u00eda mostrado tan inhumano, ahora nos dice con voz sosegada y compasiva: <em>\u00abPod\u00e9is salir al pasillo y aun retiraros, si quer\u00e9is, a vuestras habitaciones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 aqu\u00ed?. No lo supimos, ni lo pudimos averiguar. Se nos dijo que cuando est\u00e1bamos encerrados, vino de la ciudad un caballero y que sabedor de lo que quer\u00edan hacer con nosotros, les persuadi\u00f3 a no realizarlo, porque ser\u00eda un borr\u00f3n inmenso para los milicianos asesinar a una Comunidad que hab\u00eda abierto con la mejor voluntad las puertas de su casa para hospedar a la Guardia civil y que para \u00e9sta resultar\u00eda a la vez infamante, estando acuartelada en ella. Nosotros lo atribuimos \u00fanicamente a una protecci\u00f3n especial del Cielo.<\/p>\n<p>Al poco tiempo de pasar esto, o de ponernos en libertad, nos sometieron al R.P. Jos\u00e9 Ib\u00e1\u00f1ez, al P. Alberto y a m\u00ed a un minucioso interrogatorio en uno de los recibimientos de la casa. Fuimos citados los tres; el primero como Superior de la Comunidad, el segundo como Director de la Juventud Cat\u00f3lica de la Bas\u00edlica y yo como Consejero provincial. A cada uno de nosotros se nos interrog\u00f3 por separado. Los que m\u00e1s sufrieron aqu\u00ed fueron los primeros, por estar uno al frente de la casa y dirigir el otro a los j\u00f3venes. Eran cuatro los que formaban el tribunal. Uno hac\u00eda de presidente y, por cierto, que sab\u00eda hacerse respetar de los otros, a quienes apenas dejaba hablar. El interrogatorio vers\u00f3: 1\u00ba Sobre el dinero que pose\u00edamos. De d\u00f3nde lo sac\u00e1bamos, d\u00f3nde lo ten\u00edamos y cu\u00e1nto gan\u00e1bamos cada uno. 2\u00ba Cu\u00e1les eran nuestros ministerios, cu\u00e1les los asuntos de nuestra predicaci\u00f3n&#8230; y si de \u00e9sta nos serv\u00edamos para atacar a la Rep\u00fablica o ir contra el r\u00e9gimen. 3\u00ba Que fines nos propon\u00edamos al admitir en nuestra casa tantos j\u00f3venes, como la frecuentaban. Est\u00e9 fue el cap\u00edtulo m\u00e1s dif\u00edcil y donde pusieron en un grave aprieto al pobre P. Alberto, que por m\u00e1s que les hac\u00eda ver que \u00e9l no era de hecho Director de las juventudes, sino un mero consejero, y esto por haber cesado en su cargo el Director, no quer\u00edan atenderle. Yo llegu\u00e9 a temer por su vida en aquellos instantes, pues le amenazaron con ser detenido en el acto si no les entregaba el fichero. Al verse en aquel trance tan apurado, les dice: <em>\u00abEntren en mi cuarto, y vean lo que hay\u00bb.<\/em> All\u00ed se fueron, sin saber luego c\u00f3mo se las hubo con aquellas fieras.<\/p>\n<p>A las preguntas y acusaciones que nos hicieron supimos contestar con toda libertad, haci\u00e9ndoles ver que no explot\u00e1bamos al pueblo, sino que viv\u00edamos de nuestro trabajo, y que nadie ser\u00eda capaz de probarnos que hab\u00edamos hecho pol\u00edtica con nuestra predicaci\u00f3n, ni en la Bas\u00edlica ni fuera de ella.<\/p>\n<p>Sonaron las dos de la ma\u00f1ana. El interrogatorio dur\u00f3 poco m\u00e1s de una hora, que nos pareci\u00f3 un d\u00eda. \u00a1Vaya apuro el que tuvimos! Ya nos ve\u00edamos camino de la c\u00e1rcel o de alguna <em>cheka. <\/em>Tem\u00edamos, y con raz\u00f3n, que el final hab\u00eda de ser catastr\u00f3fico para nosotros. Dios nos libr\u00f3 nuevamente de aquellos enemigos. Al levantarnos del banquillo de los reos se despidieron de nosotros cort\u00e9smente y hasta nos ofrecieron un pitillo. [\u2026].<\/p>\n<p>Al poco tiempo sal\u00edan todos de la casa a celebrar, seguramente, el bot\u00edn que se llevaron, porque la despensa de la Guardia civil estaba muy repleta, seg\u00fan dec\u00edan los enterados. Nosotros nos retiramos tambi\u00e9n a nuestras habitaciones, no a dormir, que no era posible, sino a cavilar sobre nuestra suerte y sobre el camino que ten\u00edamos que tomar al rayar el alba, pues era una temeridad tentar a Dios el permanecer por m\u00e1s tiempo en la casa.<\/p>\n<h2><strong>8.- La Huida. En Busca de Alojamiento <\/strong><\/h2>\n<p>A las cuatro de la <strong>ma\u00f1ana del d\u00eda 25<\/strong>, fiesta de Santiago baj\u00e1bamos los sacerdotes y hermanos coadjutores a la Bas\u00edlica para celebrar y despedirnos de Nuestro Se\u00f1or y de la Virgen Milagrosa. Llev\u00e1bamos en la frente impreso el sello de nuestra zozobra. Terminada la Santa Misa abandonamos nuestra residencia, saliendo en busca de un refugio en donde podernos esconder. A muchos les fue dif\u00edcil el conseguirlo. Las familias, a\u00fan nuestros mismos parientes, ten\u00edan mucha dificultad en recibirnos, ante las represalias, la persecuci\u00f3n de los marxistas, que en aquellos d\u00edas llevaban todo a sangre y fuego.<\/p>\n<p>\u00a1Oh!.\u00a1No es posible escribir las amargas odiseas por las que hubimos de pasar en aquellos d\u00edas! Por otra parte, la falta de documentaci\u00f3n nos hac\u00eda estar en continua zozobra, porque, aun los que ten\u00edamos c\u00e9dula, era para nosotros un gran peligro, toda vez que ella nos delataba a las claras como Sacerdotes o Misioneros, y los cacheos se suced\u00edan uno tras otro. Aquello no era vivir. Est\u00e1bamos en un continuo sobresalto, sobre todo al saber que las detenciones estaban a la orden del d\u00eda y que eran miles y miles los cat\u00f3licos que a diario eran encarcelados y fusilados en la Pradera de S. Isidro, en la Dehesa de la Villa, Puerta de Hierro y afueras de Madrid, que eran verdaderos cementerios.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l fue la suerte de nuestros queridos hermanos de Comunidad?. No lo s\u00e9 ni es posible saberlo, porque cada uno se agazap\u00f3 donde pudo y como supo. S\u00f3lo se sabe que anduvieron un calvario penos\u00edsimo y que muchos de ellos cayeron muy pronto en poder de los rojos, siendo fusilados. Y como todos viv\u00edamos escondidos, ignor\u00e1bamos el paradero de los dem\u00e1s. A la vuelta de algunos meses \u00edbamos sabiendo los hospedajes de unos y los fusilamientos de otros.<\/p>\n<h2><strong>9.- Mi refugio y mi defensa <\/strong><\/h2>\n<p>A cada uno de los que quedamos con vida toca ahora el referir sus episodios, si queremos aportar datos para la historia de nuestra doble familia en la \u00e9poca de esta revoluci\u00f3n. Yo voy a contar los m\u00edos, aunque de corrida. En ellos van unidas otras noticias que pueden servir un d\u00eda de mucha utilidad para el historiador que quiera hacer este gran bien a la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A las seis y media del d\u00eda 25 sal\u00eda de casa en busca de hospedaje. En la plaza de la iglesia de Chamber\u00ed me piden la documentaci\u00f3n. Hago adem\u00e1n de sacarla y al verme decidido, me dicen que contin\u00fae. Fortuna grande, pues iba a presentar mi c\u00e9dula personal, \u00fanico documento que llevaba, y \u00e9sta me compromet\u00eda bien a las claras. Cacheaban a todos los transe\u00fantes. Yo iba a correr la misma suerte. Antes de acercarme levanto espont\u00e1neamente mis brazos y digo: <em>\u00abNada, j\u00f3venes, nada; soy un ciudadano pac\u00edfico<\/em>\u00ab. Y fingiendo desconocer las calles de Madrid, ni vivir en la capital, pregunto: <em>\u00ab\u00bfEstoy lejos del Hospital de la Princesa? \u00bfVoy bien por aqu\u00ed?\u00bb. \u00abS\u00ed, camarada, vas bien\u00bb<\/em>, y tuvo uno de eIlos la amabilidad de acompa\u00f1arme hasta divisar el edificio. No quer\u00eda ir all\u00ed; lo hice para despistarlos mejor y entrar en la casa a donde me dirig\u00eda. Los vecinos de \u00e9sta muy conocidos e \u00edntimos, despu\u00e9s del saludo obligado, me hablan de su situaci\u00f3n angustiosa en que estaban y me dicen sin rodeos<em>: \u00abPadre Orzanco, vaya, vaya a otra casa menos comprometida que \u00e9sta; estamos fichados y tememos mucho por nuestras vidas\u00bb.<\/em> Salgo sin p\u00e9rdida de tiempo y me dirijo a un buen amigo padre de uno de nuestros Hermanos Estudiantes, que me recibe con la mayor cordialidad. Le expongo mi situaci\u00f3n, mi temor, mi peligro. Sabes, le digo, que soy muy conocido en Madrid, sobre todo por estas calles tan cercanas a la Bas\u00edlica de la Milagrosa, y quiero esconderme en tu casa. Te pido un gran sacrificio, comprendo, pero no creo que pueda sobrevenirte ning\u00fan da\u00f1o, porque, como obrero y afiliado a la C. N. T., nadie se ha de meter contigo. Me expone sus dificultades; era a mayor la \u00edndole de la casa, que era excesivamente peque\u00f1a para tanta gente. No hay caso, le digo, dormir\u00e9 aunque sea en el pasillo. Tampoco te preocupe la comida, me acomodar\u00e9 en todo a la vuestra. Un plato m\u00e1s, s\u00f3lo un plato m\u00e1s. Accede gustoso y me instalan inmediatamente en el mejor cuartito de la casa bien a pesar m\u00edo.<\/p>\n<p>Vaya desde aqu\u00ed mi m\u00e1s sincera acci\u00f3n de gracias a tan insigne bienhechor, extensiva a su buena esposa e hijos. Jam\u00e1s olvidar\u00e9 el trato cari\u00f1oso y familiar que recib\u00ed de todos ellos. Estuve admirablemente. Dios le pague todo lo que hicieron conmigo. Esta familia fue mi Providencia. De haber aceptado otros ofrecimientos que en d\u00edas anteriores de familias de viso y de gran posici\u00f3n, me hubieran prendido como a ellas. Nadie sospechaba, en cambio, de la familia que me recogi\u00f3. Pas\u00e9 completamente desapercibido en ella.<\/p>\n<p>Dos meses estuve con esta familia y m\u00e1s tiempo hubiese podido estar, si no hubiese salido el decreto del tristemente c\u00e9lebre Sr. Galarza, ministro de Gobernaci\u00f3n, por el cual se ordenaba que todos los inquilinos dieran cuenta de las personas, extra\u00f1as a sus familias, que tuvieran hospedadas.<\/p>\n<h2><strong>10.- Nuevos Apuros <\/strong><\/h2>\n<p>Segu\u00eda indocumentado. Hube de romper mi c\u00e9dula de Misionero, que me compromet\u00eda todav\u00eda m\u00e1s desde que se apoderaron de nuestra Casa Central y de la Bas\u00edlica, sin haber podido sacar otra con distinto nombre y otro domicilio. Era peligrosisimo salir a la calle en esta forma y, sin embargo, la salida se impon\u00eda. Dios se apiad\u00f3 de m\u00ed, d\u00e1ndome, como a otro Tob\u00edas, un joven oficinista de alguna influencia entre los milicianos, que se apiad\u00f3 de mi situaci\u00f3n y quiso acompa\u00f1arme. Me dirig\u00ed a casa de otra familia muy conocida m\u00eda, cuyo due\u00f1o me la hab\u00eda ofrecido en otro tiempo, pero que estaba en la c\u00e1rcel desde que estall\u00f3 la revoluci\u00f3n. Fui sin embargo recibido en ella con la mejor voluntad, aunque advirti\u00e9ndome que estaban expuestos a nuevos regis-tros; hab\u00edan sufrido ya dos. Instalado en el nuevo domicilio, continu\u00e9 el mismo m\u00e9todo de vida que en el anterior, a\u00f1adiendo a las oraciones y pr\u00e1cticas piadosas ahora la Santa Misa, porque se me notific\u00f3 el privilegio del Papa para los sacerdotes que viv\u00edamos en la zona roja.<\/p>\n<p>Segu\u00edan los registros de la polic\u00eda con verdadera sa\u00f1a, encarcelando a los indocumentados y a cuentos ofrec\u00edan alguna sospecha de catolicismo o desafecto al r\u00e9gimen. Yo ca\u00eda de lleno en estas bases. De sufrir un registro era segura mi detenci\u00f3n. No tuve m\u00e1s remedio que ahuecar nuevamente e irme a otra parte, porque me dijo el portero que se rumoreaba que aquella misma noche se efectuar\u00eda el registro en todas las casas de nuestra calle. Dos horas anduve buscando alojamiento y por fin di con \u00e9l, aunque fui recibido a rega\u00f1adientes y con muestras de verdadero disgusto, por puro compromiso.<\/p>\n<p>Vi luego que tem\u00edan con fundamento, pues aquella misma noche entraron los milicianos en uno de los pisos de la casa. O\u00edamos desde el nuestro sus pasos, sin saber ni poder tomar providencia alguna para ocultarnos. \u00a1Qu\u00e9 momentos aquellos!. Afortunadamente no entraron los polic\u00edas en nuestro cuarto. Por haberse entretenido bastante tiempo en la detenci\u00f3n de un pobre joven, que llevaron luego a la c\u00e1rcel, dejaron de revisar el piso donde yo estaba, y, pies para que os quiero; tan pronto como amaneci\u00f3, sal\u00ed de casa, ante el temor de que volviesen a continuar el itinerario. Pasadas dos horas, que anduve paseando para matar el tiempo, por estar todas las casas cerradas, vuelvo a la casa estaba hospedado. Al abrirme, gritan alborozadas las ni\u00f1as de la casa: <em>\u00abNo tema, no tema, P. Orzanco; esta misma noche ha sido el registro un nuestro piso y nada nos ha pasado. Ya podemos estar seguros\u00bb.<\/em> Apenas pude contestarles por la emoci\u00f3n. No pod\u00eda ver m\u00e1s claramente la protecci\u00f3n de Dios sobre m\u00ed. Vamos, vamos, a ofrecer al Se\u00f1or la Misa en acci\u00f3n de gracias, les dije, por este beneficio. Ayudadme a agradecer al Se\u00f1or tanto favor.<\/p>\n<h2><strong>11.- Las bombas y los obuses <\/strong><\/h2>\n<p>Ya me cre\u00eda seguro de los milicianos, pero se encargaron las bombas de aviaci\u00f3n y los obuses de aumentar mis temores. El mes de <strong>Noviembre de 1936<\/strong> fue mes de prueba para los que est\u00e1bamos en Madrid. <strong>El d\u00eda 17<\/strong>, sobre todo, fue el d\u00eda de mayor actividad a\u00e9rea que conocimos. Muy de ma\u00f1ana cay\u00f3 una enorme bomba a veinte metros de la casa, que hizo a\u00f1icos todos los cristales de los pisos, y tir\u00f3 varios tabiques. Por otra parte, los ca\u00f1ones no cesaban un momento, pasando los obuses a poca distancia de mi cabeza. Aquello impon\u00eda al m\u00e1s valiente, y parec\u00eda que los nacionales ten\u00edan empe\u00f1o en tirar muy cerquita de la casa. Luego supimos que en aquella calle ten\u00edan los rusos montada una oficina y que en ella funcionaba una checa. Quise ponerme a salvo y juzgu\u00e9 oportuno irme a otro sitio m\u00e1s seguro. As\u00ed lo creyeron tambi\u00e9n todos los de la casa. Ellos mismos cambiaron de domicilio. Mi salida de esta casa fue verdaderamente providencial, porque a las pocas horas de salir cay\u00f3 un ob\u00fas en la cama donde yo dorm\u00eda, destrozando por completo la habitaci\u00f3n con todo lo que hab\u00eda en ella.<\/p>\n<p>Otra nueva prueba de la protecci\u00f3n divina sobre m\u00ed. No pod\u00eda verla m\u00e1s clara.<\/p>\n<h2><strong>12.- Rectorado de San Luis de los Franceses <\/strong><\/h2>\n<p>Otra vez me ve\u00eda con la misma dificultad del hospedaje, y ahora la situaci\u00f3n era m\u00e1s cr\u00edtica, porque escaseaban enormemente las subsistencias y nadie quer\u00eda cargar con un hu\u00e9sped en su casa, aunque quisiera pagarle bien la estancia. No val\u00edan ya las amistades. Imperaba la necesidad y \u00e9sta se impon\u00eda. En vista de ello me determin\u00e9 a ir al Rectorado de San Luis de los Franceses, de la calle de Tres Cruces, y exponer al P. Andr\u00e9s Azemar, cohermano nuestro de Congregaci\u00f3n, mi situaci\u00f3n angustiosa, rog\u00e1ndole me admitiese en su casa hasta que hallase pensi\u00f3n. Esa casa, adem\u00e1s, por ser francesa, ofrec\u00eda una gran seguridad respecto de los milicianos. Me recibi\u00f3 con el mayor cari\u00f1o ofreci\u00e9ndome su casa con la m\u00e1s fina voluntad, favor que jam\u00e1s podr\u00e9 agradecer suficientemente. All\u00ed se hospedaba ya el P. Pedro Mont\u00f3n, que hab\u00eda corrido casi la misma suerte que yo.<\/p>\n<p>Horas contadas llevar\u00eda en San Luis de los Franceses, cuando empez\u00f3 un bombardeo a\u00e9reo y terrestre tan fenomenal que nos oblig\u00f3 a refugiarnos en el cuartito de la calefacci\u00f3n de la iglesia, el lugar m\u00e1s seguro por la fuerte b\u00f3veda que ten\u00eda. Este d\u00eda, el <strong>17 de noviembre<\/strong>, fue el d\u00eda m\u00e1s intenso de la aviaci\u00f3n, en que fueron destruidos muchos edificios de Madrid, entre ellos el Noviciado de nuestras Hermanas. Aquello era imponente. Al caer la tarde hubo un ratito de calma, que quisimos utilizar para tomar un poco de alimento y bajarnos luego al mismo sitio para pasar la noche, que present\u00edamos iba a ser de prueba. Ello fue as\u00ed.<\/p>\n<h2><strong>13.- Bajo los escombros de la Iglesia de San Luis <\/strong><\/h2>\n<p>Pronto nos bajamos al referido s\u00f3tano pana pasar all\u00ed la noche. El P. Mont\u00f3n y el f\u00e1mulo de los PP. Franceses subieron luego al piso de la casa para bajar dos colchones y dos almohadas para prepararnos la cama; yo me qued\u00e9 en el s\u00f3tano para barrer un poco el piso y alfombrarlo de papel para evitar alg\u00fan tanto la humedad. Estaban de vuelta ya de vuelta mis queridos compa\u00f1eros en el presbiterio a la puerta del s\u00f3tano. En esto que sentimos la aviaci\u00f3n encima de nosotros, y en un abrir y cerrar de ojos, descarga una bomba sobre la Iglesia, que cae inmediatamente, quedando ellos sepultados bajo los escombros y yo envuelto en espesisimo humo de trilita en el s\u00f3tano y sin poder salir, porque los escombros hab\u00edan interceptado la puerta do salida. Ellos resultan heridos levemente y no s\u00e9 c\u00f3mo no quedaron muertos; yo, en cambio, sin poder salir del estrecho recinto del s\u00f3tano, me sent\u00eda morirme por momentos asfixiado por el humo de la trilita, cada vez m\u00e1s espeso e inaguantable, y hubiera muerto seguramente si hubiese permanecido unos minutos m\u00e1s en aquel lugar. Los dos heridos salieron de los escombros por su propio esfuerzo y a\u00fan pudieron franquear un poco la puerta del s\u00f3tano para poder salir.<\/p>\n<h2><strong>14.- Consigo documentaci\u00f3n y puedo acudir en socorro de nuestras Hermanas <\/strong><\/h2>\n<p>El P. Azemar consigui\u00f3 del c\u00f3nsul de Francia, Mr. Neveill, dos documentos a favor del P. Mont\u00f3n y de mi persona, nombr\u00e1ndonos vigilantes de la casa de san Luis y del Colegio, por el cual nos adher\u00eda al servicio de la Embajada francesa. Este documento, como luego dir\u00e9, me libr\u00f3 de una muerte segura. Despu\u00e9s consegu\u00ed otro del ministro Irujo, y a \u00e9ste otro de un pol\u00edtico influyente de Acci\u00f3n Republicana, luego otro m\u00e1s importante, del Embajador de Chile, nombr\u00e1ndome Delegado de una Delegaci\u00f3n Chilena. \u00a1Cualquiera me tos\u00eda a m\u00ed con este lujo de documentaci\u00f3n! Yo me cre\u00eda m\u00e1s seguro que el Director de Seguridad. Armado con ellos, cre\u00ed que Dios me los pon\u00eda en las manos para atender, en lo posible, a nuestras buenas Hermanas, tan necesitadas de alientos y de socorro. Acompa\u00f1ado de mi querida sobrina Sor Rosa, \u00edbamos todas las tardes a visitarlas, para enterarnos personalmente de cuanto necesitaban.<\/p>\n<p>Un mes estar\u00edamos ocupados en esta hermosa, obra de caridad, con-siguiendo por fin dar con el paradero de casi todas las Hermanas, y saber c\u00f3mo viv\u00edan y qu\u00e9 precisaban. Hab\u00edamos conseguido lo principal. Despu\u00e9s de esto formamos una especie de Conferencia de Caridad. Todos los martes nos reun\u00edamos en Tres Cruces. En ella se entregaba el dinero que pod\u00eda cada visitante para su secci\u00f3n, consiguiendo de este modo remediar las necesidades mas apremiantes y enterarnos a la vez de c\u00f3mo lo pasaban en sus respectivos hospedajes. Llegamos hasta donde se pudo, con grave exposici\u00f3n, en ocasiones, de nuestras personas.<\/p>\n<p>Quiero hacer menci\u00f3n aqu\u00ed de la actuaci\u00f3n brillantisima de nuestro querido P. El\u00edas Fuente en favor de los Padres y Hermanas, que ha sido, sin duda alguna, el que ha trabajado con m\u00e1s ardor y el que m\u00e1s se ha distinguido en atender a todos. Me complazco en publicarlo en estas p\u00e1ginas, como tributo de admiraci\u00f3n y reconocimiento. Dios quiera, que salga libre de la zona roja y que pueda historiar su actuaci\u00f3n en esta tragedia, porque ha de poder referir datos curios\u00edsimos e interesantes.<\/p>\n<h2><strong>15.- Visita a la c\u00e1rcel de mujeres <\/strong><\/h2>\n<p>Estaba \u00e9sta instalada en el Asilo de San Rafael de los Hermanos de San Juan de Dios, uno de los mejores edificios de Madrid. Aqu\u00ed segu\u00edan presas 50 Hermanas nuestras. Consagramos una de las tardes a visitarlas, aunque no pudimos conseguir ver sino a unas pocas. \u00a1Era de ver Ia tranquilidad y la fortaleza de esp\u00edritu que reinaba en ellas! Nadie dir\u00eda que estaban encarceladas. Con sus sonrisas parec\u00edan hacer suyas aquellas palabras de los Hechos de los Ap\u00f3stoles que nos refiere San Lucas: \u00abIban contentos al tribunal de los jud\u00edos, porque eran dignos de padecer por el nombre de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Ellas se olvidaban de sus padecimientos, para acordarse de sus queridas Hermanas; porque nos acosaban las pobrecitas a preguntas sobre su situaci\u00f3n y la de los Padres. Para mi en cambio result\u00f3 la visita de lo m\u00e1s doloroso, al verlas en aquel estado, con tantas privaciones y tratadas con tan poca consideraci\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>16.- Otra vez expuesto a la muerte <\/strong><\/h2>\n<p>Regresaba a Madrid en el tranv\u00eda de Chamart\u00edn de la Rosa, que ven\u00eda de gente hasta los topes. Cuatro milicianos malague\u00f1os ven\u00edan blasfemando horriblemente. A cada palabra, soltaban una inmunda blasfemia, y as\u00ed todo el trayecto desde Chamart\u00edn al Banco de Espa\u00f1a. No pude contener por m\u00e1s tiempo mi indignaci\u00f3n; me levanto del asiento y dirigi\u00e9ndome a ellos, exclamo: <em>\u00abHombres, ya basta de tanta m\u2026<\/em>\u00bb pronunciando totalmente la palabra<em>. \u00abNo hay derecho a que veng\u00e1is as\u00ed atormentando nuestros o\u00eddos y nuestra religi\u00f3n con ese modo de hablar tan impropio de unos ciudadanos\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Quedan todos los del tranv\u00eda en silencio, mir\u00e1ndome con estupor, como diciendo: Pero, \u00a1qu\u00e9 dice este hombre!. \u00a1Est\u00e1 haciendo oposiciones al paseito! \u00a1Hablar as\u00ed a estos milicianos!<\/p>\n<p>Estaba dado el paso y no tenia mas remedio que hacerme el valiente y continuar saliendo por los fueros de Dios.<\/p>\n<p>Al o\u00edr mi reprensi\u00f3n, se encararon indignados contra m\u00ed, y barboteando nuevas blasfemias, me dicen textualmente:<\/p>\n<p>-Qu\u00e9, camarada, \u00bfte hemos molestado?<\/p>\n<p>-S\u00ed, me hab\u00e9is molestado, \u00bfc\u00f3mo no?. No se puede hablar as\u00ed contra Dios?-<\/p>\n<p>-Pero, infeliz, \u00bftodav\u00eda crees en esas patra\u00f1as?. Eso de Dios ha pasado a la historia y nosotros nos vamos a encargar de hacer que desaparezcan estas ideas.<\/p>\n<p>-Pues intent\u00e1is un imposible. De grado o por fuerza tendr\u00e9is que reconocerle.<\/p>\n<p>Vuelven a sus blasfemias y yo, viendo que aquello se empeoraba, salgo del tranv\u00eda como una protesta, y me bajo. No habr\u00eda andado veinte metros, cuando se bajan ellos tambi\u00e9n y sigui\u00e9ndome, oigo que me gritan: camarada, camarada, detente, y se llegan a m\u00ed hechos unas fieras, apunt\u00e1ndome con sus \u00abbrowins\u00bb.<\/p>\n<p>-T\u00fa nos has ofendido, me dicen, baj\u00e1ndote del tranv\u00eda en esa forma.<\/p>\n<p>-\u00bfYo ofenderos? No hay tal. Por lo menos no ha sido esa mi voluntad, a no ser que llam\u00e9is ofensa el salir por los fueros de Dios.<\/p>\n<p>-\u00bfOtra vez vienes con las mismas?. Te hemos dicho que eso de Dios ha desaparecido, y segu\u00edan con las \u00abbrowins\u00bb en la mano en actitud amenazadora. Sus ojos centellean ira contra m\u00ed, y vi\u00e9ndome perdido les digo:<\/p>\n<p>-Vuelvo a repetiros que yo no he tenido la menor intenci\u00f3n de ofenderos. Dispensadme si os he molestado. Esto les calm\u00f3 un poco pero segu\u00edan en la misma actitud.<\/p>\n<p>&#8211; Entr\u00e9ganos, dice uno, la documentaci\u00f3n. Sepamos qui\u00e9n eres.<\/p>\n<p>&#8211; Tomadla, les digo, y ved; soy un dependiente de la Embajada de Francia. Me refer\u00eda al documento que nos hab\u00eda sacado d\u00edas antes el P. Azemar, como he dicho, documento que fue mi salvaci\u00f3n. Y para que se fijasen bien, les indiqu\u00e9 con el dedo el membrete de la Embajada y la firma del c\u00f3nsul. Lo miran atentamente y se persuaden de la verdad que les digo, Me lo entregan luego y me dicen: puedes seguir, pero merec\u00edas la muerte.<\/p>\n<p>Me acompa\u00f1aba tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n mi sobrina, que temblaba de pies a cabeza. Otra vez la protecci\u00f3n visible del Se\u00f1or sobre m\u00ed. [\u2026].<\/p>\n<p>En donde se estaba mejor era, indudablemente, en las Embajadas, pero, \u00bfc\u00f3mo conseguir esta ganga para tantas Hermanas? \u00bfC\u00f3mo poder pagar su estancia en ellas, dada la escasez de fondos que hab\u00eda? Por m\u00e1s que daba vueltas a mi cabeza para solucionar, en lo posible, este problema magno, no hallaba manera de realizarlo o conseguirlo.<\/p>\n<p>Quiso el Se\u00f1or que diera un d\u00eda con la casa donde viv\u00eda Sor Soledad Su\u00e1rez, Superiora del Colegio de la Uni\u00f3n de Carabanchel, a quien expuse la idea de ver de conseguir una Delegaci\u00f3n, de cualquier nacionalidad que fuera, exclusivamente para Hijas de la Caridad. Yo conozco, dice un se\u00f1or que interviene en el Consulado de Chile. Voy a exponerle el caso.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hizo, y fue tan afortunada que, a los pocos d\u00edas, ten\u00edamos a nuestra disposici\u00f3n un hermoso palacio de un chileno, en la calle de Casta\u00f1\u00f3n, 3, cerca de la Castellana, del cual cuidaba la Embajada chilena. El c\u00f3nsul de Chile, D. Enrique Rafols, habl\u00f3 al Sr. Embajador sobre esto, el cual accedi\u00f3 gustos\u00edsimo a nuestros deseos. Y para que no entrase en esta Delegaci\u00f3n nadie, Sor Soledad Su\u00e1rez qued\u00f3 nombrada por el Embajador Directora de la casa y yo Delegado de la misma.<\/p>\n<p><strong>El 9 de enero de 1937<\/strong> inaugur\u00f3 el referido c\u00f3nsul en nombre del Em-bajador esta Delegaci\u00f3n, para Hijas de la Caridad exclusivamente, entre-g\u00e1ndonos a la vez nuestros nombramientos.<\/p>\n<p>Todo se hizo con la aprobaci\u00f3n de la Rvda. M. Visitadora, Sor Justa Dom\u00ednguez, la cual nombr\u00f3 a Sor Joaquina para que estuviese al frente del orden interior de la casa. Ella fue tambi\u00e9n la que nos entreg\u00f3 la lista de las primeras Hermanas que hab\u00edan de entrar en esta Delegaci\u00f3n, ingresando en menos de una semana 26 Hermanas, ancianas en su mayor parte. El n\u00famero subi\u00f3 poco despu\u00e9s a 102. Viv\u00edan en Comunidad, teniendo el inmenso consuelo de o\u00edr todos los d\u00edas la Santa Misa, recibir la Comuni\u00f3n y tener exposici\u00f3n menor con el Sant\u00edsimo todas las tardes.[\u2026].<\/p>\n<h2><strong>17.- Mi prisi\u00f3n <\/strong><\/h2>\n<p>Todo nos iba saliendo a pedir de boca. La Delegaci\u00f3n nos hab\u00eda resuelto un gran problema. Aquello parec\u00eda ya una casa religiosa. Yo estaba la mar de contento al ver que en la Delegaci\u00f3n se llevaba vida de comunidad, con dos capellanes nada memos, para atender espiritualmente a. las Sores, el P. Moso y el que suscribe.<\/p>\n<p>Pero, iqu\u00e9 poco tiempo dur\u00f3 para m\u00ed este consuelo! Hab\u00eda terminado sin duda mi misi\u00f3n, y tuve que separarme de tan buena compa\u00f1\u00eda, o mejor, me separaron violentamente de ella para tenerme en el calabozo.<\/p>\n<p>\u00a1Vaya cambio el m\u00edo! Al salir el 20 de enero de la Delegaci\u00f3n para un encargo que me hab\u00edan encomendado, observo que un joven segu\u00eda cons-tantemente mis pasos sin perderme un momento de vista. Entr\u00e9 en el Metro para ir a la Puerta del Sol; \u00e9l saca tambi\u00e9n billete junto a m\u00ed, Y se baja conmigo. No llegu\u00e9, sin embargo, a sospechar nada malo. Al subir a la primera galer\u00eda de salida, un polic\u00eda miliciano se acerca a mi, y d\u00e1ndome un golpecito con el hombro me dice: <em>\u00abVenga conmigo\u00bb<\/em>. Yo, creyendo que el miliciano me hab\u00eda confundido con otro, y que quer\u00eda saludarme, sin sospechar lo m\u00e1s m\u00ednimo, le digo tranquilamente: <em>\u00abSi no te conozco. \u00bfA qui\u00e9n buscas?. \u00abA usted, a usted. Queda detenido. S\u00edgame\u00bb.<\/em> Y veo que el referido joven est\u00e1 junto al polic\u00eda, y que luego nos acompa\u00f1a a Seguridad. Era el que me iba a delatar, y el que hab\u00eda dicho al miliciano que me prendiese bajo su responsabilidad. \u00bfQui\u00e9n era esta joven?. No sabr\u00e9 decir su nombre, y aunque as\u00ed fuera, la caridad me lo impedir\u00eda, pero s\u00ed puedo decir que era uno de los que frecuentaban la Bas\u00edlica y que me conoc\u00eda perfectamente, a juzgar por las acusaciones que luego formul\u00f3 contra m\u00ed.<\/p>\n<p>Vengo a delatar a este se\u00f1or, dice a los dos que recib\u00edan las denuncias porque siendo espa\u00f1ol, sacerdote, y hasta fraile pa\u00fal, se presenta como miembro chileno, ostentando la insignia nacional de Chile. Despu\u00e9s me acus\u00f3 de que manejaba dinero y que era uno de los que predicaba mucho en Madrid y fuera de Madrid.<\/p>\n<p>Trat\u00e9 de defenderme, pero v\u00ed que era in\u00fatil. El joven estaba enterado de mi vida y milagros. No era posible negar, ni lo quer\u00eda, que era Padre Pa\u00fal, y tom\u00e9 la determinaci\u00f3n de callar.<\/p>\n<p>Escrita la denuncia, llaman a dos polic\u00edas, y me llevan al calabozo. Estaban algunos detenidos, a quienes saludo por pura cortes\u00eda, los cuales me contestan fr\u00edamente. Nadie habla. Estamos todos pensativos, cariacontecidos, tristes. Yo, sobre todo, he de confesarlo ingenuamente, estaba muy abatido, pensando en lasuerte que me aguardaba. La tristeza deb\u00eda de reflejarse en mi rostro, y hube de causar l\u00e1stima a mis compa\u00f1eros de infortunio. Ser\u00e1 para poco tiempo, me dice uno; tal vez esta misma noche nos suelten. Yo, dice otro, que era un pobre calderero h\u00fangaro, pienso salir dentro de dos horas, porque tengo un miliciano muy amigo y de influencia, que me ha dicho que vendr\u00e1n a sacarme a media tarde. Pues, si es as\u00ed, le digo, hazme el favor de ir a Tres Cruces, 8, que est\u00e1 cerquita de aqu\u00ed, y diles que estoy en el calabozo, escribi\u00e9ndole en un papelito la direcci\u00f3n y mi nombre y apellido para que no olvidara las se\u00f1as. El aviso era para el P. Andr\u00e9s Az\u00e9mar, Rector de San Luis, sabiendo positivamente que no hab\u00eda de dejar piedra por mover para pomerme en libertad. As\u00ed fue efectivamente. El bueno del calderero sali\u00f3 aquella tarde, y cumpli\u00f3 a maravilla mi encargo.<\/p>\n<p>Sabedor el P. Az\u00e9mar de mi detenci\u00f3n, se presenta al se\u00f1or C\u00f3nsul de Francia, y notifica a la vez al de Chile esta noticia, los cuales tomaron cartas en el asunto, consiguiendo a los dos d\u00edas mi libertad.<\/p>\n<p>Pero estos dos d\u00edas fueron de prueba para m\u00ed. Sufr\u00ed la primera noche un interrogatorio minucioso ante el Delegado civil, se\u00f1or Domingo, \u00e1spero y de un car\u00e1cter impetuoso, que me trat\u00f3 con extraordinario dureza. _<\/p>\n<p>-Con que fraile, \u00bfhe? me dice.<\/p>\n<p>-Fraile, no, le digo; sacerdote, s\u00ed.<\/p>\n<p>-Los documentos que traes son los que m\u00e1s te denuncian.<\/p>\n<p>-Usted dir\u00e1 porqu\u00e9.<\/p>\n<p>-Porque has sabido evadir con ellos la acci\u00f3n de la polic\u00eda, apareciendo como chileno, franc\u00e9s y adicto al r\u00e9gimen, y no tienes nada de esto. Adem\u00e1s, en ninguno de ellos apareces como sacerdote. Veo que eres un hombre pernicioso para la rep\u00fablica, y que por algo ocultas tu personalidad.<\/p>\n<p>Quise defenderme, y pod\u00eda hacerlo f\u00e1cilmente, pero v\u00ed que era perder lastimosamente el tiempo, y que podr\u00eda poner mas feo el asunto, ya perdido para m\u00ed. Resolv\u00ed, pues, callar.<\/p>\n<p>Molestado por mi silencio, me increpa con dureza, y me dice: \u00abNo hablas, porque no tienes defensa, Has ca\u00eddo en mis manos, pater, y quedas detenido judicialmente; vete al calabozo de donde has venido y ma\u00f1ana pasar\u00e1s a la c\u00e1rcel que se te indique.\u00bb<\/p>\n<p>Me levanto, y hecha una peque\u00f1a inclinaci\u00f3n sal\u00ed de su presencia, sin decirle una palabra siquiera.<\/p>\n<p>Eran las nueve de la noche. A mi vuelta al calabozo me encuentro con una manta y un poco de de cena que mi buena sobrina Sor Rosa me hab\u00eda tra\u00eddo, seg\u00fan me dijo uno de los carceleros. Me alegr\u00f3 mucho el obsequio, pero mucho m\u00e1s al ver que sab\u00edan en casa mi detenci\u00f3n. El bueno del calderero hab\u00eda cumplido su palabra. Esto me tranquiliz\u00f3, porque estaba cierto de que trabajar\u00edan por sacarme pronto de all\u00ed.<\/p>\n<p>La noche aquella fue toledana. \u00c9ramos seis los que est\u00e1bamos en la celda, sin podernos apenas revolver. Para confortar mi esp\u00edritu, meditaba constantemente en la prisi\u00f3n de Jes\u00fas, en el calabozo de casa de Caif\u00e1s, harto m\u00e1s angosto y l\u00f3brego que el m\u00edo.<\/p>\n<p><strong>Amanece el d\u00eda 21<\/strong>, y nos anuncian que vamos a ser trasladados a los calabozos de la Direcci\u00f3n de Seguridad. As\u00ed fue, en efecto; a eso de las diez en un coche celular fuimos llevados con las manos atadas, como unos criminales, a dichos calabozos, que eran inmensamente peores que el hab\u00edamos dejado. Ser\u00edan unos 70 los que estaban all\u00ed. Un d\u00eda m\u00e1s de sufrimiento y de ansiedad.<\/p>\n<p>Mientras tanto los c\u00f3nsules de Chile, de Francia y Grecia segu\u00edan tra-bajando mi libertad, y la consiguieron en definitiva, a pesar de las dificultades que hallaron en la persona del Delegado civil y otros que se opon\u00edan a ella. Y muy poca deb\u00eda de ser la confianza que ten\u00edan de mi seguridad, cuando el C\u00f3nsul de Francia aconsej\u00f3 al P. Az\u00e9mar que entrase en la Embajada francesa, como lo hice aquel misma d\u00eda. La idea que ten\u00eda la polic\u00eda de que yo manejaba dinero, seg\u00fan la denuncia del d\u00eda anterior, era para m\u00ed un gran peligro, y lo vi confirmado, pues a las pocas horas de salir del calabozo llegaron dos polic\u00edas a Tres Cruces, 8, a preguntar al P. Az\u00e9mar si era verdad que yo repart\u00eda dinero, y de donde me ven\u00eda. Esta visita apresur\u00f3 mi entrada en la Embajada, y as\u00ed escap\u00e9 de las manos de los rojos.<\/p>\n<h2><strong>18.- En la Embajada <\/strong><\/h2>\n<p>Entraba aqu\u00ed el <strong>23 de enero de 1937<\/strong>, permaneciendo seis meses justos. Estaba apenado, porque ya no pod\u00eda hacer nada en favor de nuestras Hermanas. La embajada era una especie de prisi\u00f3n, aminorada, claro es, pero al fin prisi\u00f3n, porque se nos prohib\u00eda en absoluto recibir visitas, escribir cartas, y comunicarnos lo m\u00e1s m\u00ednimo con los de fuera.<\/p>\n<p>Estaban en ella mi querido P. Arnao, siendo este el \u00fanico atractivo que ten\u00eda para m\u00ed este refugio, Pero la Embajada, con todas sus grandes privaciones e inconvenientes, ten\u00eda un marcado beneficio para todos, el de vivir tranquilos en ella, libres de la polic\u00eda, de registros, y dem\u00e1s inquietudes a que est\u00e1bamos sujetos en la poblaci\u00f3n, que no era poco. Me parec\u00eda al principio haber llegado a un peque\u00f1o oasis.<\/p>\n<p>Nada tengo que contar digno de menci\u00f3n. Llev\u00e1bamos una vida mon\u00f3tona e inactiva. Vino a suavizar esta vida el permiso obtenido de la Direcci\u00f3n para poder celebrar la santa Misa en nuestra habitaci\u00f3n, en la cual dorm\u00edamos cuatro sacerdotes y tres Hermanos de la Doctrina Cristiana, circunstancia que nos permit\u00eda este gran consuelo.<\/p>\n<p>Muy pronto obtuvieron tambi\u00e9n permiso unas religiosas para tener misaen su habitaci\u00f3n, convertida durante el d\u00eda en capilla. Desde entonces los de la Embajada ten\u00edan dos misas diariamente y cinco en los d\u00edas de fiesta, a las que asist\u00edan la mayor parte de los refugiados.<\/p>\n<p>En Cuaresma dimos ejercicios espirituales a caballeros, se\u00f1oras y ni\u00f1os, con gran contento de todos. <strong>En mayo<\/strong> celebramos el ejercicio de las flores, con pl\u00e1tica diaria, y el mes del Sagrado Coraz\u00f3n. En fin, aquello se convirti\u00f3 en una peque\u00f1a parroquia, celebr\u00e1ndose los cultos religiosos con toda regularidad.<\/p>\n<h2><strong>19.- Salimos para Valencia <\/strong><\/h2>\n<p>No cesaban las expediciones para Francia, aunque en peque\u00f1os grupos. Empezamos a trabajar tambi\u00e9n el P. Arnao y yo para salir, y lo concluimos, a fuerza de insistir en la direcci\u00f3n. Nos alistamos para la expedici\u00f3n del <strong>23 de julio,<\/strong> la mayor de las que hab\u00eda organizado la Embajada. Pasaban de 350 los expedicionarios. A \u00e9sta se uni\u00f3 tambi\u00e9n el P. Pedro Mont\u00f3n.<\/p>\n<p>Cre\u00edamos haber conseguido ya nuestra libertad, y poder pasar a la zona liberada, y as\u00ed lo comunicamos al R. P. Sierra, que esperaba con ansiedad nuestra llegada a Francia. Pero, \u00a1ay! nos sali\u00f3 la criada respondona; de la Embajada francesa de Madrid pasamos a la c\u00e1rcel de Valencia. \u00a1Vaya chasco el nuestro! iY vaya disgusto!<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de nuestra llegada a Valencia, el P. Arnao, el P. Mont\u00f3n y el que suscribe fuimos al puerto para embarcar.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 felices nos juzg\u00e1bamos!. Pero al llegar a la Aduana, y terminada la revisi\u00f3n de las maletas, nos prenden a los tres, y con otros se\u00f1ores m\u00e1s, compa\u00f1eros de viaje, nos llevaron a la Comisar\u00eda, y de aqu\u00ed, despu\u00e9s de prestar declaraci\u00f3n, al calabozo, en el que pasamos la noche. Como est\u00e1bamos faltos de ropa, y de todo, pues las maletas nos hab\u00edan llevado al buque<strong>, <\/strong>sufrimos bastante, porque hubimos de estar sentados toda la noche en un banco de porlan, o echados en el duro suelo, cuando el sue\u00f1o y en cansancio nos rindieron.<\/p>\n<p>A las diez de la ma\u00f1ana del <strong>d\u00eda 25<\/strong> nos trasladaron a la c\u00e1rcel. Un mes estuvimos en la c\u00e1rcel celular de Valencia, que se nos hizo un siglo. Como llev\u00e1bamos pasaporte franc\u00e9s, abrig\u00e1bamos la seguridad que el Gobierno de Francia tomar\u00eda cartas en nuestro asunto. As\u00ed fue, efectivamente, aunque tarde. El <strong>25 de agosto<\/strong>, fiesta de San Luis, sal\u00edamos de la c\u00e1rcel para el Liceo, siendo recibidos con gran entusiasmo y alegr\u00eda por los compa\u00f1eros de viaje y Embajada. Yo fui, sin embargo, el m\u00e1s desafortunado de todos por un descuido de no s\u00e9 qui\u00e9n, omitieron mi nombre en la lista de los libertados, qued\u00e1ndome s\u00f3lo en la c\u00e1rcel. El no saber por qu\u00e9 me dejaban a mi s\u00f3lo en la prisi\u00f3n, fue un disgusto de los m\u00e1s grandes de mi vida. Por fin al anochecer vino un polic\u00eda a sacarme, que me llev\u00f3 en un auto de seguridad a donde estaban los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Todav\u00eda permanecimos en el Liceo franc\u00e9s cuarenta d\u00edas despu\u00e9s de nuestra salida de la c\u00e1rcel, en donde padecimos mucho, por lo mal instalados que est\u00e1bamos y la escasez de alimento que hab\u00eda.<\/p>\n<h2><strong>20.- Salida para Francia <\/strong><\/h2>\n<p>Este era nuestro deseo constante, salir de la zona roja, y entrar en la Espa\u00f1a nacional. Eran muchos meses de continuo sufrimiento.<\/p>\n<p>Al ver que los pasaportes franceses no nos hab\u00edan servido sino para entrar en la c\u00e1rcel de Valencia, los dirigentes del Liceo empezaron a trabajar con el Gobierno para que sali\u00e9ramos con un pasaporte colectivo, pero oblig\u00e1ndonos a dar nuestros verdaderos nombres y apellidos. Y aqu\u00ed cayeron muchos desgraciadamente. Nos dijeron antes que este requisito lo exig\u00eda Francia para ver qui\u00e9n entraba en su pa\u00eds.<\/p>\n<p>Presentada la lista en esta forma, desde 45 a\u00f1os para arriba, fueron eliminados porla polic\u00eda varios de los refugiados. Los dem\u00e1s cre\u00edmos c\u00e1n-didamente que podr\u00edamos salir sin dificultad. Pero, \u00bfcu\u00e1nta fue nuestra desilusi\u00f3n al ver que el d\u00eda mismo de salir para Francia son desechados por la polic\u00eda 29 individuos m\u00e1s, y que se ve\u00edan obligados a quedarse en Valencia!<\/p>\n<p>Entre estos estaba nuestro querido P. Arnao. El P. Mont\u00f3n y yo salimos de Valencia <strong>el 1 de octubre<\/strong>, llegando a San Sebasti\u00e1n <strong>el d\u00eda 3<\/strong>, siendo recibidos por nuestro amado Visitador, por el Superior de la casa de San Sebasti\u00e1n y por toda la Comunidad con extraordinaria alegr\u00eda.<\/p>\n<p>No quiero terminar este mi \u00faltimo art\u00edculo sobre nuestra situaci\u00f3n en Madrid durante el per\u00edodo de la revoluci\u00f3n sin hacer constar mi profunda gratitud a Hermanas y Misioneros nuestros que me escribieron para felicitarme con motivo de mi libertad. S\u00e9 que me han encomendado muy de veras al Se\u00f1or. Dios les pague esta caridad para conmigo\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me ruega encarecidamente el Se\u00f1or Director de los ANALES que escriba algo sobre mi estancia en la zona roja desde que estall\u00f3 la revoluci\u00f3n hasta mi llegada a la Espa\u00f1a Nacional, que diga relaci\u00f3n con &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-7-madrid-primeros-meses-de-la-guerra\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":42743,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[252],"tags":[],"class_list":["post-1219","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-la-congregacion-de-la-mision-en-espana"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Momentos dif\u00edciles 7: Madrid, primeros meses de la guerra - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-7-madrid-primeros-meses-de-la-guerra\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Momentos dif\u00edciles 7: Madrid, primeros meses de la guerra - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Me ruega encarecidamente el Se\u00f1or Director de los ANALES que escriba algo sobre mi estancia en la zona roja desde que estall\u00f3 la revoluci\u00f3n hasta mi llegada a la Espa\u00f1a Nacional, que diga relaci\u00f3n con ... 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