{"id":121767,"date":"2022-04-23T08:09:04","date_gmt":"2022-04-23T06:09:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=121767"},"modified":"2022-02-14T09:29:10","modified_gmt":"2022-02-14T08:29:10","slug":"enciclica-mater-et-magistra","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-mater-et-magistra\/","title":{"rendered":"Enc\u00edclica Mater et Magistra"},"content":{"rendered":"<h3><b>Contexto<\/b><\/h3>\n<p>Ya hab\u00edan pasado setenta a\u00f1os de que Le\u00f3n XIII hab\u00eda escrito la enc\u00edclica conocida como la Carta Magna del Trabajo , cuando el 15 de mayo de 1961 Juan XXIII dio a conocer su ense\u00f1anza social en Mater et Magistra .<\/p>\n<p>Los problemas sociales de m\u00e1s de un siglo todav\u00eda persist\u00edan y despu\u00e9s de setenta a\u00f1os se requer\u00eda m\u00e1s precisi\u00f3n en las ense\u00f1anzas de Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>\u00bfHasta d\u00f3nde a de darse la intervenci\u00f3n de Estado en la Econom\u00eda?, \u00bfEl deseo de participar responsablemente en la vida econ\u00f3mica y social por parte de los trabajadores es legitimo? Mater et Magistra tambi\u00e9n ten\u00eda que abordar la cuesti\u00f3n de la explosi\u00f3n demogr\u00e1fica, pues se necesitaba la voz defensora que resguardara la dignidad de la persona.<\/p>\n<p>Se daba todav\u00eda la confrontaci\u00f3n de unas naciones contra otras, por lo que se esperaba que el Romano Pont\u00edfice se pronunciara por el entendimiento internacional de car\u00e1cter \u00e9tico ya que sin moral y sin Dios, la violencia podr\u00eda traer el aniquilamiento de la humanidad con el empleo de armas de destrucci\u00f3n masiva.<\/p>\n<h3><b>Contenido<\/b><\/h3>\n<p>Mater et Magistra revisa los puntos m\u00e1s importantes de las enc\u00edclicas anteriores Rerum Novarum y Quadragesimo Anno . Ante las necesidades de su \u00e9poca SS. Juan XXIII, advierte que la cuesti\u00f3n social tiene una dimensi\u00f3n mundial y que as\u00ed como se puede hablar de personas pobres, tambi\u00e9n se ha de hablar de naciones pobres. Insiste categ\u00f3ricamente en la importancia y trascendencia de la dignidad de la persona humana, en la valoraci\u00f3n del trabajo y en su justa remuneraci\u00f3n. Reconoce que la econom\u00eda es ante todo obra de la iniciativa de los particulares, pero que se necesita la intervenci\u00f3n subsidiaria de los poderes p\u00fablicos. Subraya la importancia de la creciente sociabilidad humana en sus diversas manifestaciones en el mundo.<\/p>\n<p>Reafirma las ense\u00f1anzas anteriores sobre el salario, cuyos par\u00e1metros para fijar un monto menciona: la dignidad de la persona humana y de su familia la aportaci\u00f3n efectiva del trabajador; la posibilidad econ\u00f3mica de la empresa; la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de la naci\u00f3n y la situaci\u00f3n de la econom\u00eda a nivel mundial. Ense\u00f1a una vez m\u00e1s la dimensi\u00f3n \u00e9tica de las estructuras econ\u00f3micas de la propiedad con funci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Muestra el derecho de los trabajadores de sindicalizarse. Reafirma lo inaceptable del liberalismo. Reconoce la importancia de la familia. Resalta el destino universal de los bienes y la opci\u00f3n del orden social fundado en la justicia y en la caridad. Por primera vez destaca el problema del campo y sugiere algunas soluciones. Recuerda que la Doctrina Social de la Iglesia tiene como fundamento, causa y fin al hombre integral. En todo el documento aparece la necesidad de la justicia en los diversos niveles de la convivencia social. Pugna porque las relaciones humanas se construyan en la verdad, la justicia y el amor fraterno.<\/p>\n<h3><b>Actualidad<\/b><\/h3>\n<p>Por esta breve rese\u00f1a se entiende su importancia, tambi\u00e9n hoy. Los problemas de orden social que toca est\u00e1n vivos. El del campo es la gran verg\u00fcenza de nuestra tierra. Pobreza y migraci\u00f3n son dos indicadores de su gran magnitud. El hombre de empresa encuentra en ella una motivaci\u00f3n para actuar con sentido social.<\/p>\n<p>Los valores y principios de la Doctrina Social reafirmados y explicitados han de urgir a la acci\u00f3n para que la voz de SS. Juan XXIII no se pierda en el vac\u00edo. Hay que tomar conciencia de nuestra responsabilidad. Para motivarnos a la cristianizaci\u00f3n de familia, empresa y sociedad a la mediada del hombre nos es muy \u00fatil leer esta enc\u00edclica.<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\"><b>\u00abMater et Magistra\u00bb<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><b>Carta enc\u00edclica de Su Santidad Juan XXIII<br \/>\nsobre el reciente desarrollo de la cuesti\u00f3n social<br \/>\na la luz de la doctrina cristiana<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center\">A los venerables hermanos Patriarcas, Primados,<br \/>\nArzobispos, Obispos y dem\u00e1s ordinarios de lugar<br \/>\nen paz y comuni\u00f3n con esta Sede Apost\u00f3lica,<br \/>\na todos los sacerdotes y fieles del orbe cat\u00f3lico<\/p>\n<p><i>Venerables hermanos y queridos hijos, salud y bendici\u00f3n apost\u00f3lica<\/i><\/p>\n<h2><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p><b>1.<\/b> Madre y Maestra de pueblos, la Iglesia cat\u00f3lica fue fundada como tal por Jesucristo para que, en el transcurso de los siglos, encontraran su salvaci\u00f3n, con la plenitud de una vida m\u00e1s excelente, todos cuantos hab\u00edan de entrar en el seno de aqu\u00e9lla y recibir su abrazo. A esta Iglesia, <i>columna y fundamento de la verdad <\/i>(<i>1Tm<\/i> 3,15), confi\u00f3 su divino fundador una doble misi\u00f3n, la de engendrar hijos para s\u00ed, y la de educarlos y dirigirlos, velando con maternal solicitud por la vida de los individuos y de los pueblos, cuya superior dignidad mir\u00f3 siempre la Iglesia con el m\u00e1ximo respeto y defendi\u00f3 con la mayor vigilancia.<\/p>\n<p><b>2.<\/b> La doctrina de Cristo une, en efecto, la tierra con el cielo, ya que considera al hombre completo, alma y cuerpo, inteligencia y voluntad, y le ordena elevar su mente desde las condiciones transitorias de esta vida terrena hasta las alturas de la vida eterna, donde un d\u00eda ha de gozar de felicidad y de paz imperecederas.<\/p>\n<p><b>3.<\/b> Por tanto, la santa Iglesia, aunque tiene como misi\u00f3n principal santificar las almas y hacerlas part\u00edcipes de los bienes sobrenaturales, se preocupa, sin embargo, de las necesidades que la vida diaria plantea a los hombres, no s\u00f3lo de las que afectan a su decoroso sustento, sino de las relativas a su inter\u00e9s y prosperidad, sin exceptuar bien alguno y a lo largo de las diferentes \u00e9pocas.<\/p>\n<p><b>4.<\/b> Al realizar esta misi\u00f3n, la Iglesia cumple el mandato de su fundador, Cristo, quien, si bien atendi\u00f3 principalmente a la salvaci\u00f3n eterna del hombre, cuando dijo en una ocasi\u00f3n: \u00abYo soy el camino, la verdad y la vida\u00bb (<i>Jn <\/i>14,6); y en otra: \u00abYo soy la luz del mundo\u00bb (<i>Jn <\/i>8,12), al contemplar la multitud hambrienta, exclam\u00f3 conmovido: \u00abSiento compasi\u00f3n de esta muchedumbre\u00bb (<i>Mc <\/i>8,2), demostrando que se preocupaba tambi\u00e9n de las necesidades materiales de los pueblos. El Redentor manifest\u00f3 este cuidado no s\u00f3lo con palabras, sino con hechos, y as\u00ed, para calmar el hambre de las multitudes, multiplic\u00f3 m\u00e1s de una vez el pan milagrosamente.<\/p>\n<p><b>5.<\/b> Con este pan dado como alimento del cuerpo, quiso significar de antemano aquel alimento celestial de las almas que hab\u00eda de entregar a los hombres en la <i>v\u00edspera de su pasi\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><b>6.<\/b> Nada, pues, tiene de extra\u00f1o que la Iglesia cat\u00f3lica, siguiendo el ejemplo y cumpliendo el mandato de Cristo, haya mantenido constantemente en alto la antorcha de la caridad durante dos milenios, es decir, desde la instituci\u00f3n del antiguo diaconado hasta nuestros d\u00edas, as\u00ed con la ense\u00f1anza de sus preceptos como con sus ejemplos innumerables; caridad que, uniendo armoniosamente las ense\u00f1anzas y la pr\u00e1ctica del mutuo amor, realiza de modo admirable el mandato de ese doble dar que compendia por entero la doctrina y la acci\u00f3n social de la Iglesia.<\/p>\n<p><b>7.<\/b> Ahora bien, el testimonio m\u00e1s insigne de esta doctrina y acci\u00f3n social, desarrolladas por la Iglesia a lo largo de los siglos, ha sido y es, sin duda, la luminosa enc\u00edclica <i>Rerum novarum, <\/i>promulgada hace setenta a\u00f1os por nuestro predecesor de inmortal memoria Le\u00f3n XIII para definir los principios que hab\u00edan de resolver el problema de la situaci\u00f3n de los trabajadores en armon\u00eda con las normas de la doctrina cristiana <i>(Acta Leonis XIII, <\/i>XI, 1891, pp. 97-144).<\/p>\n<p><b>8.<\/b> Pocas veces la palabra de un Pont\u00edfice ha obtenido como entonces resonancia tan universal por el peso y alcance de su argumentaci\u00f3n y la fuerza expresiva de sus afirmaciones. En realidad, las normas y llamamientos de Le\u00f3n XIII adquirieron tanta importancia que de ning\u00fan modo podr\u00e1n olvidarse ya en lo sucesivo.<\/p>\n<p>Se abri\u00f3 con ellos un camino m\u00e1s amplio a la acci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, cuyo Pastor supremo, sintiendo como propios los da\u00f1os, los dolores y las aspiraciones de los humildes y de los oprimidos, se consagr\u00f3 entonces completamente a vindicar y rehabilitar sus derechos.<\/p>\n<p><b>9.<\/b> No obstante el largo per\u00edodo transcurrido desde la publicaci\u00f3n de la admirable enc\u00edclica <i>Rerum novarum, <\/i>su influencia se mantiene vigorosa aun en nuestros d\u00edas. Primero, en los documentos de los Sumos Pont\u00edfices que han sucedido a Le\u00f3n XIII, todos los cuales, cuando abordan materias econ\u00f3micas y sociales, toman siempre algo de la enc\u00edclica leoniana para aclarar su verdadero significado o para a\u00f1adir nuevo est\u00edmulo a la voluntad de los cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>Pero, adem\u00e1s, la <i>Rerum novarum <\/i>mantiene su influjo en la organizaci\u00f3n p\u00fablica de no pocas naciones. Tales hechos constituyen evidente prueba de que tanto los principios cuidadosamente analizados como las normas pr\u00e1cticas y las advertencias dadas con paternal cari\u00f1o en la gran enc\u00edclica de nuestro predecesor conservan tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas su primitiva autoridad.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, pueden proporcionar a los hombres de nuestra \u00e9poca nuevos y saludables criterios para comprender realmente las proporciones concretas de la cuesti\u00f3n social, como hoy se presenta, y para decidirlos a asumir las responsabilidades necesarias.<\/p>\n<h2><b>I.<\/b>\u2014<b> Ense\u00f1anzas de la enc\u00edclica <i>Rerum novarum <\/i>y su desarrollo posterior en el magisterio de P\u00edo XI y P\u00edo XII<\/b><\/h2>\n<p><b>10.<\/b> Las ense\u00f1anzas que aquel sapient\u00edsimo Pont\u00edfice dio a la humanidad brillaron con una luz tanto m\u00e1s clara cuanto m\u00e1s espesas eran las tinieblas de aquella \u00e9poca de profundas transformaciones en lo econ\u00f3mico y en lo pol\u00edtico y de terribles convulsiones en lo social.<\/p>\n<h3><b>Situaci\u00f3n econ\u00f3mica y social<\/b><\/h3>\n<p><b>11.<\/b> Como es sabido, por aquel entonces la concepci\u00f3n del mundo econ\u00f3mico que mayor difusi\u00f3n te\u00f3rica y vigencia pr\u00e1ctica hab\u00eda alcanzado era una concepci\u00f3n que lo atribu\u00eda absolutamente todo a las fuerzas necesarias de la naturaleza y negaba, por tanto, la relaci\u00f3n entre las leyes morales y las leyes econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>Motivo \u00fanico de la actividad econ\u00f3mica, se afirmaba, es el exclusivo provecho individual. La \u00fanica ley suprema reguladora de las relaciones econ\u00f3micas entre los hombres es la libre e ilimitada competencia. Intereses del capital, precios de las mercanc\u00edas y de los servicios, beneficios y salarios han de determinarse necesariamente, de modo casi mec\u00e1nico, por virtud exclusiva de las leyes del mercado.<\/p>\n<p>El poder p\u00fablico debe abstenerse sobre todo de cualquier intervenci\u00f3n en el campo econ\u00f3mico. El tratamiento jur\u00eddico de las asociaciones obreras variaba seg\u00fan las naciones: en unas estaban prohibidas, en otras se toleraban o se las reconoc\u00eda simplemente como entidades de derecho privado.<\/p>\n<p><b>12.<\/b> En el mundo econ\u00f3mico de aquel entonces se consideraba leg\u00edtimo el imperio del m\u00e1s fuerte y dominaba completamente en el terreno de las relaciones comerciales. De este modo, el orden econ\u00f3mico qued\u00f3 radicalmente perturbado.<\/p>\n<p><b>13.<\/b> Porque mientras las riquezas se acumulaban con exceso en manos de unos pocos, las masas trabajadoras quedaban sometidas a una miseria cada d\u00eda m\u00e1s dura. Los salarios eran insuficientes e incluso de hambre; los proletarios se ve\u00edan obligados a trabajar en condiciones tales que amenazaban su salud, su integridad moral y su fe religiosa.<\/p>\n<p>Inhumanas sobre todo resultaban las condiciones de trabajo a las que eran sometidos con excesiva frecuencia los ni\u00f1os y las mujeres. Siempre amenazador se cern\u00eda ante los ojos de los asalariados el espectro del paro, la familia viv\u00eda sujeta a un proceso paulatino de desintegraci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>14.<\/b> Como consecuencia, ocurr\u00eda, naturalmente, que los trabajadores, indignados de su propia suerte, pensaban rechazar p\u00fablicamente esta injusta situaci\u00f3n; y cund\u00edan de igual modo entre ellos con mayor amplitud los designios de los revolucionarios, quienes les propon\u00edan remedios muchos peores que los males que hab\u00eda que remediar.<\/p>\n<h3><b>La <i>Rerum novarum,<\/i> suma de la doctrina social cat\u00f3lica<\/b><\/h3>\n<p><b>15.<\/b> Llegada la situaci\u00f3n a este punto, public\u00f3 Le\u00f3n XIII, con la <i>Rerum novarum, <\/i>su mensaje social fundado en las exigencias de la propia naturaleza humana e inspirado en los principios y en el esp\u00edritu del Evangelio, mensaje que, si bien suscit\u00f3, como es frecuente, algunas discrepancias, obtuvo, sin embargo, universal admiraci\u00f3n y general aplauso.<\/p>\n<p>En realidad, no era la primera vez que la Sede Apost\u00f3lica, en lo relativo a intereses temporales, acud\u00eda a la defensa de los necesitados. Otros documentos de nuestro predecesor Le\u00f3n XIII, de feliz memoria, hab\u00edan ya abierto camino al que acabamos de mencionar.<\/p>\n<p>Fue, sin embargo, la enc\u00edclica <i>Rerum novarum, <\/i>la que formul\u00f3, por primera vez, una construcci\u00f3n sistem\u00e1tica de los principios y una perspectiva de aplicaciones para el futuro. Por lo cual, con toda raz\u00f3n juzgamos que hay que considerarla como verdadera suma de la doctrina cat\u00f3lica en el campo econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<p><b>16.<\/b> Se ha de reconocer que la publicaci\u00f3n de esta enc\u00edclica demostr\u00f3 no poca audacia. Porque mientras algunos no ten\u00edan reparos en acusar a la Iglesia cat\u00f3lica, como si \u00e9sta, ante la cuesti\u00f3n social, se limitase a predicar a los pobres la resignaci\u00f3n y a los ricos la generosidad, Le\u00f3n XIII no vacil\u00f3 en proclamar y defender abiertamente los sagrados derechos de los trabajadores.<\/p>\n<p>Al iniciar la exposici\u00f3n de los principios de la doctrina cat\u00f3lica en materia social, declar\u00f3 paladinamente: \u00abConfiados y con pleno derecho nuestro iniciamos el tratamiento de esta cuesti\u00f3n, ya que se trata de un problema cuya soluci\u00f3n viable ser\u00e1 absolutamente nula si no se busca bajo los auspicios de la religi\u00f3n y de la Iglesia\u00bb (cf. <i>Acta Leonis XIII, <\/i>XI, 1891, p. 107).<\/p>\n<p><b>17.<\/b> Os son perfectamente conocidos, venerables hermanos, los principios b\u00e1sicos expuestos por aquel eximio Pont\u00edfice con tanta claridad como autoridad, a tenor de los cuales debe reconstruirse, por completo, la convivencia humana en lo que se refiere a las realidades econ\u00f3micas y sociales.<\/p>\n<p><b>18.<\/b> Primeramente, con relaci\u00f3n al trabajo, ense\u00f1a que \u00e9ste de ninguna manera puede considerarse como una mercanc\u00eda cualquiera, porque procede directamente de la persona humana. Para la gran mayor\u00eda de los hombres, el trabajo es, en efecto, la \u00fanica fuente de su decoroso sustento.<\/p>\n<p>Por esto no puede determinar su retribuci\u00f3n la mera pr\u00e1ctica del mercado, sino que han de fijarla las leyes de la justicia y de la equidad; en caso contrario, la justicia quedar\u00eda lesionada por completo en los contratos de trabajo, aun cuando \u00e9stos se hubiesen estipulado libremente por ambas partes.<\/p>\n<p><b>19.<\/b> A lo dicho ha de a\u00f1adirse que el derecho de poseer privadamente bienes, incluidos los de car\u00e1cter instrumental, lo confiere a cada hombre la naturaleza, y el Estado no es due\u00f1o en modo alguno de abolirlo.<\/p>\n<p>Y como la propiedad privada lleva naturalmente intr\u00ednseca una funci\u00f3n social, por eso quien disfruta de tal derecho debe necesariamente ejercitarlo para beneficio propio y utilidad de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><b>20.<\/b> Por lo que toca al Estado, cuyo fin es proveer al bien com\u00fan en el orden temporal, no puede en modo alguno permanecer al margen de las actividades econ\u00f3micas de los ciudadanos, sino que, por el contrario, la de intervenir a tiempo, primero, para que aqu\u00e9llos contribuyan a producir la abundancia de bienes materiales, \u00abcuyo uso es necesario para el ejercicio de la virtud\u00bb (Santo Tom\u00e1s de Aquino, <i>De regimine<\/i> <i>principum, <\/i>I, 15), y, segundo, para tutelar los derechos de todos los ciudadanos, sobre todo de los m\u00e1s d\u00e9biles, cuales son los trabajadores, las mujeres y los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Por otra parte, el Estado nunca puede eximirse de la responsabilidad que le incumbe de mejorar con todo empe\u00f1o las condiciones de vida de los trabajadores.<\/p>\n<p><b>21.<\/b> Adem\u00e1s, constituye una obligaci\u00f3n del Estado vigilar que los contratos de trabajo se regulen de acuerdo con la justicia y la equidad, y que, al mismo tiempo, en los ambientes laborales no sufra mengua, ni en el cuerpo ni en el esp\u00edritu, la dignidad de la persona humana.<\/p>\n<p>A este respecto, en la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII se exponen las bases fundamentales del orden justo y verdadero de la convivencia humana, que han servido para estructurar, de una u otra manera, la legislaci\u00f3n social de los Estados en la \u00e9poca contempor\u00e1nea, bases que, como ya observaba P\u00edo XI, nuestro predecesor de inmortal memoria, en la enc\u00edclica <i>Quadragesimo anno, <\/i>han contribuido no poco al nacimiento y desarrollo de una nueva disciplina jur\u00eddica, el llamado <i>derecho laboral.<\/i><\/p>\n<p><b>22.<\/b> Se afirma, por otra parte, en la misma enc\u00edclica que los trabajadores tienen el derecho natural no s\u00f3lo de formar asociaciones propias o mixtas de obreros y patronos, con la estructura que consideren m\u00e1s adecuada al car\u00e1cter de su profesi\u00f3n, sino, adem\u00e1s, para moverse sin obst\u00e1culo alguno, libremente y por propia iniciativa, en el seno de dichas asociaciones, seg\u00fan lo exijan sus intereses.<\/p>\n<p><b>23.<\/b> Por \u00faltimo, trabajadores y empresarios deben regular sus relaciones mutuas inspir\u00e1ndose en los principios de solidaridad humana y cristiana fraternidad, ya que tanto la libre competencia ilimitada que el <i>liberalismo <\/i>propugna como la lucha de clases que el <i>marxismo <\/i>predica son totalmente contrarias a la naturaleza humana y a la concepci\u00f3n cristiana de la vida.<\/p>\n<p><b>24.<\/b> He aqu\u00ed, venerables hermanos, los principios fundamentales que deben servir de base a un sano orden econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<p><b>25.<\/b> No ha de extra\u00f1arnos, por tanto, que los cat\u00f3licos m\u00e1s cualificados, sensibles al llamamiento de la enc\u00edclica, hayan dado vida a m\u00faltiples obras para convertir en realidad pr\u00e1ctica el contenido de aquellos principios. En la misma l\u00ednea se han movido tambi\u00e9n, impulsados por exigencias objetivas de la naturaleza, hombres eminentes de todos los pa\u00edses del mundo.<\/p>\n<p><b>26.<\/b> Con toda raz\u00f3n, pues, ha sido y es reconocida hasta hoy la enc\u00edclica <i>Rerum novarum <\/i>como la Carta Magna de la instauraci\u00f3n del nuevo orden econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<h3><b>La enc\u00edclica <i>Quadragesimo anno<\/i><\/b><\/h3>\n<p><b>27.<\/b> P\u00edo XI, nuestro predecesor de feliz memoria, al cumplirse los cuarenta a\u00f1os de la publicaci\u00f3n de aquel insigne c\u00f3digo, conmemor\u00f3 esta solemnidad con la enc\u00edclica <i>Quadragesimo anno.<\/i><\/p>\n<p><b>28.<\/b> En este documento, el Sumo Pont\u00edfice confirma, ante todo, el derecho y el deber de la Iglesia cat\u00f3lica de contribuir primordialmente a la adecuada soluci\u00f3n de los grav\u00edsimos problemas sociales que tanto angustian a la humanidad; corrobora despu\u00e9s los principios y criterios pr\u00e1cticos de la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, inculcando normas ajustadas a los nuevos tiempos; y aprovecha, en fin, la ocasi\u00f3n para aclarar ciertos puntos doctrinales sobre los que dudaban incluso algunos cat\u00f3licos y para ense\u00f1ar c\u00f3mo hab\u00eda de aplicarse la doctrina cat\u00f3lica en el campo social, en consonancia con los cambios de la \u00e9poca.<\/p>\n<p><b>29.<\/b> Dudaban algunos entonces sobre el criterio que deb\u00edan sostener realmente los cat\u00f3licos acerca de la propiedad privada, la retribuci\u00f3n obligatoria de la mano de obra y, finalmente, la tendencia moderada del socialismo.<\/p>\n<p><b>30.<\/b> En lo que toca al primer punto, nuestro predecesor reitera el origen natural del derecho de propiedad privada, analizando y aclarando, adem\u00e1s, el fundamento de su funci\u00f3n social.<\/p>\n<p><b>31.<\/b> En cuanto al r\u00e9gimen del asalariado, rechaza primero el augusto Pont\u00edfice la tesis de los que lo consideran esencialmente injusto; reprueba a continuaci\u00f3n las formas inhumanas o injustas con que no pocas veces se ha llevado a la pr\u00e1ctica, y expone, por ultimo, los criterios y condiciones que han de observarse para que dicho r\u00e9gimen no se aparte de la justicia y de la equidad.<\/p>\n<p><b>32.<\/b> Ense\u00f1a de forma clara, en esta materia, nuestro predecesor, que en las presentes circunstancias conviene suavizar el contrato de trabajo con algunos elementos tomados del contrato de sociedad, de tal manera que <i>los obreros y los empleados compartan el dominio y la administraci\u00f3n o participen en cierta medida de los beneficios obtenidos <\/i>(cf. <i>Acta Apsotolica Sedis, <\/i>23 [1931], p. 199).<\/p>\n<p><b>33.<\/b> Es asimismo de suma importancia doctrinal y pr\u00e1ctica la afirmaci\u00f3n de P\u00edo XI de que <i>el trabajo no se puede valorar justamente ni retribuir con equidad si no se tiene en cuenta su doble naturaleza, social e individual <\/i>(<i>ib\u00edd., <\/i>p. 200). Por consiguiente, al determinar la remuneraci\u00f3n del trabajo, la justicia exige que se consideren las necesidades de los propios trabajadores y de sus respectivas familias, pero tambi\u00e9n la situaci\u00f3n real de la empresa en que trabajan y las exigencias del bien com\u00fan econ\u00f3mico (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 201).<\/p>\n<p><b>34.<\/b> El Sumo Pont\u00edfice manifiesta adem\u00e1s que la oposici\u00f3n entre el comunismo y el cristianismo es radical. Y a\u00f1ade que los cat\u00f3licos no pueden aprobar en modo alguno la doctrina del socialismo moderado. En primer lugar, porque la concepci\u00f3n socialista del mundo limita la vida social del hombre dentro del marco temporal, y considera, por tanto, como supremo objetivo de la sociedad civil el bienestar puramente material; y en segundo t\u00e9rmino, porque, al proponer como meta exclusiva de la organizaci\u00f3n social de la convivencia humana la producci\u00f3n de bienes materiales, limita extraordinariamente la libertad, olvidando la genuina noci\u00f3n de autoridad social.<\/p>\n<h3><b>Cambio hist\u00f3rico<\/b><\/h3>\n<p><b>35.<\/b> No olvid\u00f3, sin embargo, P\u00edo XI que, a lo largo de los cuarenta a\u00f1os transcurridos desde la publicaci\u00f3n de la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, la realidad de la \u00e9poca hab\u00eda experimentado profundo cambio. Varios hechos lo probaban, entre ellos la libre competencia, la cual, arrastrada por su dinamismo intr\u00ednseco, hab\u00eda terminado por casi destruirse y por acumular enorme masa de riquezas y el consiguiente poder econ\u00f3mico en manos de unos pocos, \u00ablos cuales, la mayor\u00eda de las veces, nos son due\u00f1os, sino s\u00f3lo depositarios y administradores de bienes, que manejan al arbitrio de su voluntad\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 201 ss).<\/p>\n<p><b>36.<\/b> Por tanto, como advierte con acierto el Sumo Pont\u00edfice, \u00abla dictadura econ\u00f3mica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambici\u00f3n del poder; la econom\u00eda toda se ha hecho horriblemente dura, inexorable, cruel\u00bb (<i>ib\u00edd.,<\/i> p. 211). De aqu\u00ed se segu\u00eda l\u00f3gicamente que hasta las funciones p\u00fablicas se pusieran al servicio de los econ\u00f3micamente poderosos; y de esta manera las riquezas acumuladas tiranizaban en cierto modo a todas las naciones.<\/p>\n<p><b>37.<\/b> Para remediar de modo eficaz esta decadencia de la vida p\u00fablica, el Sumo Pont\u00edfice se\u00f1ala como criterios pr\u00e1cticos fundamentales la reinserci\u00f3n del mundo econ\u00f3mico en el orden moral y la subordinaci\u00f3n plena de los intereses individuales y de grupo a los generales del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Esto exige, en primer lugar, seg\u00fan las ense\u00f1anzas de nuestro predecesor, la reconstrucci\u00f3n del orden social mediante la creaci\u00f3n de organismos intermedios de car\u00e1cter econ\u00f3mico y profesional, no impuestos por el poder del Estado, sino aut\u00f3nomos; exige, adem\u00e1s, que las autoridades, restableciendo su funci\u00f3n, atiendan cuidadosamente al bien com\u00fan de todos, y exige, por \u00faltimo, en el plano mundial, la colaboraci\u00f3n mutua y el intercambio frecuente entre las diversas comunidades pol\u00edticas para garantizar el bienestar de los pueblos en el campo econ\u00f3mico.<\/p>\n<p><b>38.<\/b> Mas los principios fundamentales que caracterizan la enc\u00edclica de P\u00edo XI pueden reducirse a dos. Primer principio: prohibici\u00f3n absoluta de que en materia econ\u00f3mica se establezca como ley suprema el inter\u00e9s individual o de grupo, o la libre competencia ilimitada, o el predominio abusivo de los econ\u00f3micamente poderosos, o el prestigio de la naci\u00f3n, o el af\u00e1n de dominio, u otros criterios similares.<\/p>\n<p><b>39.<\/b> Por el contrario, en materia econ\u00f3mica es indispensable que toda actividad sea regida por la justicia y la caridad como leyes supremas del orden social.<\/p>\n<p><b>40.<\/b> El segundo principio de la enc\u00edclica de P\u00edo XI manda que se establezca un orden jur\u00eddico, tanto nacional como internacional, que, bajo en influjo rector de la justicia social y por medio de un cuadro de instituciones p\u00fablicas y privadas, permita a los hombres dedicados a las tareas econ\u00f3micas armonizar adecuadamente su propio inter\u00e9s particular con el bien com\u00fan.<\/p>\n<h3><b>El radiomensaje \u00abLa Solemnit\u00e1\u00bb<\/b><\/h3>\n<p><b>41.<\/b> Tambi\u00e9n ha contribuido no poco nuestro predecesor de inmortal memoria P\u00edo XI a esta labor de definir los derechos y obligaciones de la vida social. El 1 de junio de 1941, en la fiesta de Pentecost\u00e9s, dirigi\u00f3 un radiomensaje al orbe entero \u00abpara llamar la atenci\u00f3n del mundo cat\u00f3lico sobre un acontecimiento digno de ser esculpido con caracteres de oro en los fastos de la Iglesia; el quincuag\u00e9simo aniversario de la publicaci\u00f3n de la trascendental enc\u00edclica <i>Rerum novarum, <\/i>de Le\u00f3n XIII\u00bb (cf.<i> Acta Apostolicae Sedis, <\/i>33 [1941], p. 196); y para rendir humildes gracias a Dios omnipotente por el don que, hace cincuenta a\u00f1os, ofrend\u00f3 a la Iglesia con aquella enc\u00edclica de su Vicario en la tierra, y para alabarle por el aliento del Esp\u00edritu renovador que por ella, desde entonces en manera siempre creciente, derram\u00f3 sobre todo el g\u00e9nero humano (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 197).<\/p>\n<p><b>42.<\/b> En este radiomensaje, aquel gran Pont\u00edfice reivindica \u00abpara la Iglesia la indiscutible competencia de juzgar si las bases de un orden social existente est\u00e1n de acuerdo con el orden inmutable que Dios, Creador y Redentor, ha promulgado por medio del derecho natural y de la revelaci\u00f3n\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 196); confirma la vitalidad perenne y fecundidad inagotable de las ense\u00f1anzas de la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, y aprovecha la ocasi\u00f3n para explicar m\u00e1s profundamente las ense\u00f1anzas de la Iglesia cat\u00f3lica \u00absobre tres cuestiones fundamentales de la vida social y de la realidad econ\u00f3mica, a saber: el uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia, cuestiones todas que, por estar mutuamente entrelazadas y unidas, se apoyan unas a otras\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 198 s).<\/p>\n<p><b>43.<\/b> Por lo que se refiere a la primera cuesti\u00f3n, nuestro predecesor ense\u00f1a que el derecho de todo hombre a usar de los bienes materiales para su decoroso sustento tiene que ser estimado como superior a cualquier otro derecho de contenido econ\u00f3mico y, por consiguiente, superior tambi\u00e9n al derecho de propiedad privada.<\/p>\n<p>Es cierto, como advierte nuestro predecesor, que el derecho de propiedad privada sobre los bienes se basa en el propio derecho natural; pero, seg\u00fan el orden establecido por Dios, el derecho de propiedad privada no puede en modo alguno constituir un obst\u00e1culo \u00abpara que sea satisfecha la indestructible exigencia de que los bienes creados por Dios para provecho de todos los hombres lleguen con equidad a todos, de acuerdo con los principios de la justicia y de la caridad\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 199).<\/p>\n<p><b>44.<\/b> En orden al trabajo, P\u00edo XII, reiterando un principio que se encuentra en la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, ense\u00f1a que ha de ser considerado como un deber y un derecho de todos y cada uno de los hombres. En consecuencia, corresponde a ellos, en primer t\u00e9rmino, regular sus mutuas relaciones de trabajo. S\u00f3lo en el caso de que los interesados no quieran o no puedan cumplir esta funci\u00f3n, \u00abes deber del Estado intervenir en la divisi\u00f3n y distribuci\u00f3n del trabajo, seg\u00fan la forma y medida que requiera el bien com\u00fan, rectamente entendido\u00bb (cf.<i> Acta Apostolicae Sedis, <\/i>33 [1941], p. 201).<\/p>\n<p><b>45.<\/b> Por lo que toca a la familia, el Sumo Pont\u00edfice afirma claramente que la propiedad privada de los bienes materiales contribuye en sumo grado a garantizar y fomentar la vida familiar, \u00abya que asegura oportunamente al padre la genuina libertad que necesita para poder cumplir los deberes que le ha impuesto Dios en lo relativo al bienestar f\u00edsico, espiritual y religioso de la familia\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 202). De aqu\u00ed nace precisamente el derecho de la familia a emigrar, punto sobre el cual nuestro predecesor advierte a los gobernantes, lo mismo a los de los pa\u00edses que permiten la emigraci\u00f3n que a los que aceptan la inmigraci\u00f3n, \u00abque rechacen cuanto disminuya o menoscabe la mutua y sincera confianza entre sus naciones\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 203). Si unos y otros ponen en pr\u00e1ctica esta pol\u00edtica, se seguir\u00e1n necesariamente grandes beneficios para todos, con el aumento de los bienes temporales y el progreso de la cultura humana.<\/p>\n<h3><b>Ulteriores cambios<\/b><\/h3>\n<p><b>46.<\/b> El Estado de cosas, que, al tiempo de la conmemoraci\u00f3n de P\u00edo XII, hab\u00eda ya cambiado mucho con relaci\u00f3n a la \u00e9poca inmediatamente anterior, en estos \u00faltimos veinte a\u00f1os ha sufrido profundas transformaciones en el interior de los pa\u00edses y en la esfera de sus relaciones mutuas.<\/p>\n<p><b>47.<\/b> En el campo cient\u00edfico, t\u00e9cnico y econ\u00f3mico se registran en nuestros d\u00edas las siguientes innovaciones: el descubrimiento de la energ\u00eda at\u00f3mica y sus progresivas aplicaciones, primero en la esfera militar y despu\u00e9s en el campo civil; las casi ilimitadas posibilidades descubiertas por la qu\u00edmica en el \u00e1rea de las producciones sint\u00e9ticas; la extensi\u00f3n de la automatizaci\u00f3n, sobre todo en los sectores de la industria y de los servicios; la modernizaci\u00f3n progresiva de la agricultura; la casi desaparici\u00f3n de las distancias entre los pueblos, sobre todo por obra de la radio y de la televisi\u00f3n; la velocidad creciente de los transportes de toda clase y, por \u00faltimo, la conquista ya iniciada de los espacios interplanetarios.<\/p>\n<p><b>48.<\/b> En el campo social, he aqu\u00ed los avances de \u00faltima hora: se han desarrollado los seguros sociales; en algunas naciones econ\u00f3micamente m\u00e1s ricas, la previsi\u00f3n social ha cubierto todos los riesgos posibles de los ciudadanos; en los movimientos sindicales se ha acentuado la conciencia de responsabilidad del obrero ante los problemas econ\u00f3micos y sociales m\u00e1s importantes.<\/p>\n<p>Asimismo se registran la elevaci\u00f3n de la instrucci\u00f3n b\u00e1sica de la inmensa mayor\u00eda de los ciudadanos; el auge, cada vez m\u00e1s extendido, del nivel de vida; la creciente frecuencia con que actualmente pasan los hombres de un sector de la industria a otro y la consiguiente reducci\u00f3n de separaciones entre las distintas clases sociales; el mayor inter\u00e9s del hombre de cultura media por conocer los hechos de actualidad mundial.<\/p>\n<p>Pero, simult\u00e1neamente, cualquiera puede advertir que el gran incremento econ\u00f3mico y social experimentado por un creciente n\u00famero de naciones ha acentuado cada d\u00eda m\u00e1s los evidentes desequilibrios que existen, primero entre la agricultura y la industria y los servicio generales; luego, entre zonas de diferente prosperidad econ\u00f3mica en el interior de cada pa\u00eds, y, por \u00faltimo, en el plano mundial, entre los pa\u00edses de distinto desarrollo econ\u00f3mico.<\/p>\n<p><b>49.<\/b> En el campo pol\u00edtico son igualmente numerosas las innovaciones recientes: en muchos pa\u00edses todas las clases sociales tienen acceso en la actualidad a los cargos p\u00fablicos; la intervenci\u00f3n de los gobernantes en el campo econ\u00f3mico y social es cada d\u00eda m\u00e1s amplia; los pueblos afroasi\u00e1ticos, despu\u00e9s de rechazar el r\u00e9gimen administrativo propio del colonialismo, han obtenido su independencia pol\u00edtica; las relaciones internacionales han experimentado un notable incremento, y la interdependencia de los pueblos se est\u00e1 acentuando cada d\u00edas m\u00e1s; han surgido con mayor amplitud organismos de dimensiones mundiales que, superando un criterio estrictamente nacional, atienden a la utilidad colectiva de todos los pueblos en el campo econ\u00f3mico, social, cultural, cient\u00edfico o pol\u00edtico.<\/p>\n<h3><b>Motivos de esta nueva enc\u00edclica<\/b><\/h3>\n<p><b>50.<\/b> Nos, por tanto, a la vista de lo anteriormente expuesto, sentimos el deber de mantener encendida la antorcha levantada por nuestros grandes predecesores y de exhortar a todos a que acepten como luz y est\u00edmulo las ense\u00f1anzas de sus enc\u00edclicas, si quieren resolver la cuesti\u00f3n social por los caminos m\u00e1s ajustados a las circunstancias de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Juzgamos, por tanto, necesaria la publicaci\u00f3n de esta nuestra enc\u00edclica, no ya s\u00f3lo para conmemorar justamente la <i>Rerum novarum, <\/i>sino tambi\u00e9n para que, de acuerdo con los cambios de la \u00e9poca, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las ense\u00f1anzas de nuestros predecesores, y por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y m\u00e1s importantes problemas del momento.<\/p>\n<h2><b>II.<\/b>\u2014<b> Puntualizaci\u00f3n y desarrollo de las ense\u00f1anzas sociales de los Pont\u00edfices anteriores<\/b><\/h2>\n<h3><b>Iniciativa privada e intervenci\u00f3n de los poderes p\u00fablicos en el campo econ\u00f3mico<\/b><\/h3>\n<p><b>51.<\/b> Como tesis inicial, hay que establecer que la econom\u00eda debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos, ya act\u00faen \u00e9stos por s\u00ed solos, ya se asocien entre s\u00ed de m\u00faltiples maneras para procurar sus intereses comunes.<\/p>\n<p><b>52.<\/b> Sin embargo, por las razones que ya adujeron nuestros predecesores, es necesaria tambi\u00e9n la presencia activa del poder civil en esta materia, a fin de garantizar, como es debido, una producci\u00f3n creciente que promueva el progreso social y redunde en beneficio de todos los ciudadanos.<\/p>\n<p><b>53.<\/b> Esta acci\u00f3n del Estado, que fomenta, estimula, ordena, suple y completa, est\u00e1 fundamentada en el <i>principio de la funci\u00f3n subsidiaria <\/i>(cf. <i>Acta Apostolicae Sedis, <\/i>23 [1931], p. 203), formulado por P\u00edo XI en la enc\u00edclica <i>Quadragesimo anno: <\/i>\u00abSigue en pie en la filosof\u00eda social un grav\u00edsimo principio, inamovible e inmutable: as\u00ed como no es l\u00edcito quitar a los individuos y traspasar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e iniciativa, as\u00ed tampoco es justo, porque da\u00f1a y perturba gravemente el recto orden social, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden realizar y ofrecer por s\u00ed mismas, y atribuirlo a una comunidad mayor y m\u00e1s elevada, ya que toda acci\u00f3n de la sociedad, en virtud de su propia naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni absorberlos\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 203).<\/p>\n<p><b>54.<\/b> F\u00e1cil es comprobar, ciertamente, hasta qu\u00e9 punto los actuales progresos cient\u00edficos y los avances de las t\u00e9cnicas de producci\u00f3n ofrecen hoy d\u00eda al poder p\u00fablico mayores posibilidades concretas para reducir el desnivel entre los diversos sectores de la producci\u00f3n, entre las distintas zonas de un mismo pa\u00eds y entre las diferentes naciones en el plano mundial, para frenar, dentro de ciertos l\u00edmites, las perturbaciones que suelen surgir en el incierto curso de la econom\u00eda y para remediar, en fin, con eficacia los fen\u00f3menos del paro masivo.<\/p>\n<p>Por todo lo cual, a los gobernantes, cuya misi\u00f3n es garantizar el bien com\u00fan, se les pide con insistencia que ejerzan en el campo econ\u00f3mico una acci\u00f3n multiforme mucho m\u00e1s amplia y m\u00e1s ordenada que antes y ajusten de modo adecuado a este prop\u00f3sito las instituciones, los cargos p\u00fablicos, los medios y los m\u00e9todos de actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>55.<\/b> Pero mant\u00e9ngase siempre a salvo el principio de que la intervenci\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas en el campo econ\u00f3mico, por dilatada y profunda que sea, no s\u00f3lo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que, por el contrario, ha de garantizar la expansi\u00f3n de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, inc\u00f3lumes los derechos esenciales de la persona humana.<\/p>\n<p>Entre \u00e9stos hay que incluir el derecho y la obligaci\u00f3n que a cada persona corresponde de ser normalmente el primer responsable de su propia manutenci\u00f3n y de la de su familia, lo cual implica que los sistemas econ\u00f3micos permitan y faciliten a cada ciudadano el libre y provechoso ejercicio de las actividades de producci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>56.<\/b> Por lo dem\u00e1s, la misma evoluci\u00f3n hist\u00f3rica pone de relieve, cada vez con mayor claridad, que es imposible una convivencia fecunda y bien ordenada sin la colaboraci\u00f3n, en el campo econ\u00f3mico, de los particulares y de los poderes p\u00fablicos; colaboraci\u00f3n que debe prestarse con un esfuerzo com\u00fan y concorde, y en la cual ambas partes han de ajustar ese esfuerzo a las exigencias del bien com\u00fan en armon\u00eda con los cambios que el tiempo y las costumbres imponen.<\/p>\n<p><b>57.<\/b> La experiencia diaria, prueba, en efecto, que cuando falta la actividad de la iniciativa particular surge la tiran\u00eda pol\u00edtica. No s\u00f3lo esto. Se produce, adem\u00e1s, un estancamiento general en determinados campos de la econom\u00eda, ech\u00e1ndose de menos, en consecuencia, muchos bienes de consumo y m\u00faltiples servicios que se refieren no s\u00f3lo a las necesidades materiales, sino tambi\u00e9n, y principalmente, a las exigencias del esp\u00edritu; bienes y servicios cuya obtenci\u00f3n ejercita y estimula de modo extraordinario la capacidad creadora del individuo.<\/p>\n<p><b>58.<\/b> Pero cuando en la econom\u00eda falta totalmente, o es defectuosa, la debida intervenci\u00f3n del Estado, los pueblos caen inmediatamente en des\u00f3rdenes irreparables y surgen al punto los abusos del d\u00e9bil por parte del fuerte moralmente despreocupado. Raza \u00e9sta de hombres que, por desgracia, arraiga en todas las tierras y en todos los tiempos, como la ciza\u00f1a entre el trigo.<\/p>\n<h3><b>La socializaci\u00f3n. Definici\u00f3n, naturaleza y causas<\/b><\/h3>\n<p><b>59.<\/b> Una de las notas m\u00e1s caracter\u00edsticas de nuestra \u00e9poca es el incremento de las relaciones sociales, o la progresiva multiplicaci\u00f3n de las relaciones de convivencia, con la formaci\u00f3n consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada, que han sido recogidas, la mayor\u00eda de las veces, por el derecho p\u00fablico o por el derecho privado.<\/p>\n<p>Entre los numerosos factores que han contribuido actualmente a la existencia de este hecho deben enumerarse el progreso cient\u00edfico y t\u00e9cnico, el aumento de la productividad econ\u00f3mica y el auge del nivel de vida del ciudadano.<\/p>\n<p><b>60.<\/b> Este progreso de la vida social es indicio y causa, al mismo tiempo, de la creciente intervenci\u00f3n de los poderes p\u00fablicos, aun en materias que, por pertenecer a la esfera m\u00e1s \u00edntima de la persona humana, son de indudable importancia y no carecen de peligros.<\/p>\n<p>Tales son, por ejemplo, el cuidado de la salud, la instrucci\u00f3n, y educaci\u00f3n de las nuevas generaciones, la orientaci\u00f3n profesional, los m\u00e9todos para la reeducaci\u00f3n y readaptaci\u00f3n de los sujetos inhabilitados f\u00edsica o mentalmente.<\/p>\n<p>Pero es tambi\u00e9n fruto y expresi\u00f3n de una tendencia natural, casi incoercible, de los hombres, que los lleva a asociarse espont\u00e1neamente para la consecuci\u00f3n de los objetivos que cada cual se propone y superan la capacidad y los medios de que puede disponer el individuo aislado.<\/p>\n<p>Esta tendencia ha suscitado por doquier, sobre todo en los \u00faltimos a\u00f1os, una serie numerosa de grupos, de asociaciones y de instituciones para fines econ\u00f3micos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y pol\u00edticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial.<\/p>\n<h3><b>Valoraci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p><b>61.<\/b> Es indudable que este progreso de las relaciones sociales acarrea numerosas ventajas y beneficios. En efecto, permite que se satisfagan mejor muchos derechos de la persona humana, sobre todo los llamados econ\u00f3mico-sociales, los cuales atienden fundamentalmente a las exigencias de la vida humana: el cuidado de la salud, una instrucci\u00f3n b\u00e1sica m\u00e1s profunda y extensa, una formaci\u00f3n profesional m\u00e1s completa, la vivienda, el trabajo, el descanso conveniente y una honesta recreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, gracias a los incesantes avances de los modernos medios de comunicaci\u00f3n \u2014prensa, cine, radio, televisi\u00f3n\u2014, el hombre de hoy puede en todas partes, a pesar de las distancias, estar casi presente en cualquier acontecimiento.<\/p>\n<p><b>62.<\/b> Pero, simult\u00e1neamente con la multiplicaci\u00f3n y el desarrollo casi diario de estas nuevas formas de asociaci\u00f3n, sucede que, en muchos sectores de la actividad humana, se detallan cada vez m\u00e1s la regulaci\u00f3n y la definici\u00f3n jur\u00eddicas de las diversas relaciones sociales.<\/p>\n<p>Consiguientemente, queda reducido el radio de acci\u00f3n de la libertad individual. Se utilizan, en efecto, t\u00e9cnicas, se siguen m\u00e9todos y se crean situaciones que hacen extremadamente dif\u00edcil pensar por s\u00ed mismo, con independencia de los influjos externos, obrar por iniciativa propia, asumir convenientemente las responsabilidades personales y afirmar y consolidar con plenitud la riqueza espiritual humana.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 que deducir de esto que el continuo aumento de las relaciones sociales har\u00e1 necesariamente de los hombres meros aut\u00f3matas sin libertad propia? He aqu\u00ed una pregunta a la que hay que dar respuesta negativa.<\/p>\n<p><b>63.<\/b> El actual incremento de la vida social no es, en realidad, producto de un impulso ciego de la naturaleza, sino, como ya hemos dicho, obra del hombre, ser libre, din\u00e1mico y naturalmente responsable de su acci\u00f3n, que est\u00e1 obligado, sin embargo, a reconocer y respetar las leyes del progreso de la civilizaci\u00f3n y del desarrollo econ\u00f3mico, y no puede eludir del todo la presi\u00f3n del ambiente.<\/p>\n<p><b>64.<\/b> Por lo cual, el progreso de las relaciones sociales puede y, por lo mismo, debe verificarse de forma que proporcione a los ciudadanos el mayor n\u00famero de ventajas y evite, o al menos aminore, los inconvenientes.<\/p>\n<p><b>65.<\/b> Para dar cima a esta tarea con mayor facilidad, se requiere, sin embargo, que los gobernantes profesen un sano concepto del bien com\u00fan. Este concepto abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Juzgamos adem\u00e1s necesario que los organismos o cuerpos y las m\u00faltiples asociaciones privadas, que integran principalmente este incremento de las relaciones sociales, sean en realidad aut\u00f3nomos y tiendan a sus fines espec\u00edficos con relaciones de leal colaboraci\u00f3n mutua y de subordinaci\u00f3n a las exigencias del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Es igualmente necesario que dichos organismos tengan la forma externa y la sustancia interna de aut\u00e9nticas comunidades, lo cual s\u00f3lo podr\u00e1 lograrse cuando sus respectivos miembros sean considerados en ellos como personas y llamados a participar activamente en las tareas comunes.<\/p>\n<p><b>66.<\/b> En el progreso creciente que las relaciones sociales presentan en nuestros d\u00edas, el recto orden del Estado se conseguir\u00e1 con tanta mayor facilidad cuanto mayor sea el equilibrio que se observe entre estos dos elementos: de una parte, el poder de que est\u00e1n dotados as\u00ed los ciudadanos como los grupos privados para regirse con autonom\u00eda, salvando la colaboraci\u00f3n mutua de todos en las obras; y de otra parte, la acci\u00f3n del Estado que coordine y fomente a tiempo la iniciativa privada.<\/p>\n<p><b>67.<\/b> Si las relaciones sociales se mueven en el \u00e1mbito del orden moral y de acuerdo con los criterios se\u00f1alados, no implicar\u00e1n, por su propia naturaleza, peligros graves o excesivas cargas sobre los ciudadanos: todo lo contrario, contribuir\u00e1n no s\u00f3lo a fomentar en \u00e9stos la afirmaci\u00f3n y el desarrollo de la personalidad humana, sino tambi\u00e9n a realizar satisfactoriamente aquella deseable trabaz\u00f3n de la convivencia entre los hombres, que, como advierte nuestro predecesor P\u00edo XI, de grata memoria, en la enc\u00edclica <i>Quadrasesimo anno, <\/i>es absolutamente necesaria para satisfacer los derechos y las obligaciones de la vida social.<\/p>\n<h3><b>La remuneraci\u00f3n del trabajo. Situaci\u00f3n actual<\/b><\/h3>\n<p><b>68.<\/b> Una profunda amargura embarga nuestro esp\u00edritu ante el espect\u00e1culo inmensamente doloroso de innumerables trabajadores de muchas naciones y de continentes enteros a los que se remunera con salario tan bajo, que quedan sometidos ellos y sus familias a condiciones de vida totalmente infrahumana. Hay que atribuir esta lamentable situaci\u00f3n al hecho de que, en aquellas naciones y en aquellos continentes, el proceso de la industrializaci\u00f3n est\u00e1 en sus comienzos o se halla todav\u00eda en fase no suficientemente desarrollada.<\/p>\n<p><b>69.<\/b> En algunas de estas naciones, sin embargo, frente a la extrema pobreza de la mayor\u00eda, la abundancia y el lujo desenfrenado de unos pocos contrastan de manera abierta e insolente con la situaci\u00f3n de los necesitados; en otras se grava a la actual generaci\u00f3n con cargas excesivas para aumentar la productividad de la econom\u00eda nacional, de acuerdo con ritmos acelerados que sobrepasan por entero los l\u00edmites que la justicia y la equidad imponen; finalmente, en otras naciones un elevado tanto por ciento de la renta nacional se gasta en robustecer m\u00e1s de lo justo el prestigio nacional o se destinan presupuestos enormes a la carrera de armamentos.<\/p>\n<p><b>70.<\/b> Hay que a\u00f1adir a esto que en las naciones econ\u00f3micas m\u00e1s desarrolladas no raras veces se observa el contraste de que mientras se fijan retribuciones altas, e incluso alt\u00edsimas, por prestaciones de poca importancia o de valor discutible, al trabajo, en cambio, asiduo y provechoso de categor\u00edas enteras de ciudadanos honrados y diligentes se le retribuye con salarios demasiado bajos, insuficientes para las necesidades de la vida, o, en todo caso, inferiores a lo que la justicia exige, si se tiene en la debida cuenta su contribuci\u00f3n al bien de la comunidad, a las ganancias de la empresa en que trabajan y a la renta total del pa\u00eds.<\/p>\n<p><b>71.<\/b> En esta materia, juzgamos deber nuestro advertir una vez m\u00e1s que, as\u00ed como no es l\u00edcito abandonar completamente la determinaci\u00f3n del salario a la libre competencia del mercado, as\u00ed tampoco es l\u00edcito que su fijaci\u00f3n quede al arbitrio de los poderosos, sino que en esta materia deben guardarse a toda costa las normas de la justicia y de la equidad.<\/p>\n<p>Esto exige que los trabajadores cobren un salario cuyo importe les permita mantener un nivel de vida verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a sus obligaciones familiares. Pero es necesario, adem\u00e1s, que al determinar la remuneraci\u00f3n justa del trabajo se tengan en cuenta los siguientes puntos: primero, la efectiva aportaci\u00f3n de cada trabajador a la producci\u00f3n econ\u00f3mica; segundo, la situaci\u00f3n financiera de la empresa en que se trabaja; tercero, las exigencias del bien com\u00fan de la respectiva comunidad pol\u00edtica, principalmente en orden a obtener el m\u00e1ximo empleo de la mano de obra en toda la naci\u00f3n; y, por \u00faltimo, las exigencias del bien com\u00fan universal, o sea de las comunidades internacionales, diferentes entre s\u00ed en cuanto a su extensi\u00f3n y a los recursos naturales de que disponen.<\/p>\n<p><b>72.<\/b> Es evidente que los criterios expuestos tienen un valor permanente y universal; pero su grado de aplicaci\u00f3n a las situaciones concretas no puede determinarse si no se atiende como es debido a la riqueza disponible; riqueza que, en cantidad y calidad, puede variar, y de hecho var\u00eda, de naci\u00f3n a naci\u00f3n y, dentro de una misma naci\u00f3n, de un tiempo a otro.<\/p>\n<h3><b>Necesidad de adaptaci\u00f3n entre el desarrollo econ\u00f3mico y el progreso social<\/b><\/h3>\n<p><b>73.<\/b> Dado que en nuestra \u00e9poca las econom\u00edas nacionales evolucionan r\u00e1pidamente, y con ritmo a\u00fan m\u00e1s acentuado despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, consideramos oportuno llamar la atenci\u00f3n de todos sobre un precepto grav\u00edsimo de la justicia social, a saber: que el desarrollo econ\u00f3mico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categor\u00edas sociales tengan participaci\u00f3n adecuada en el aumento de la riqueza de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>En orden a lo cual hay que vigilar y procurar, por todos los medios posibles, que las discrepancias que existen entre las clases sociales por la desigualdad de la riqueza no aumenten, sino que, por el contrario, se aten\u00faen lo m\u00e1s posible.<\/p>\n<p><b>74.<\/b> \u00abLa econom\u00eda nacional \u2014como justamente ense\u00f1a nuestro predecesor, de feliz memoria P\u00edo XII\u2014, de la misma manera que es fruto de la actividad de los hombres que trabajan unidos en la comunidad del Estado, as\u00ed tambi\u00e9n no tiene otro fin que el de asegurar, sin interrupci\u00f3n, las condiciones externas que permitan a cada ciudadano desarrollar plenamente su vida individual. Donde esto se consiga de modo estable, se dir\u00e1 con verdad que el pueblo es econ\u00f3micamente rico, porque el bienestar general y, por consiguiente, el derecho personal de todos al uso de los bienes terrenos se ajusta por completo a las normas establecidas por Dios Creador\u00bb (cf. <i>Acta Apostolicae Sedis, <\/i>33 [1941], p. 200).<\/p>\n<p>De aqu\u00ed se sigue que la prosperidad econ\u00f3mica de un pueblo consiste, m\u00e1s que en el n\u00famero total de los bienes disponibles, en la justa distribuci\u00f3n de los mismos, de forma que quede garantizado el perfeccionamiento de los ciudadanos, fin al cual se ordena por su propia naturaleza todo el sistema de la econom\u00eda nacional.<\/p>\n<p><b>75.<\/b> En este punto hay que hacer una advertencia: hoy en muchos Estados las estructuras econ\u00f3micas nacionales permiten realizar no pocas veces a las empresas de grandes o medianas proporciones r\u00e1pidos e ingentes aumentos productivos, a trav\u00e9s del autofinanciamiento, que renueva y completa su equipo industrial. Cuando esto ocurra, juzgamos puede establecerse que las empresas reconozcan por la misma raz\u00f3n, a sus trabajadores un t\u00edtulo de cr\u00e9dito, especialmente si les pagan una remuneraci\u00f3n que no exceda la cifra del salario m\u00ednimo vital.<\/p>\n<p><b>76.<\/b> En tales casos conviene recordar el principio propuesto por nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XI en la enc\u00edclica <i>Quadragesimo anno: <\/i>\u00abEs completamente falso atribuir s\u00f3lo al capital, o s\u00f3lo al trabajo, lo que es resultado conjunto de la eficaz cooperaci\u00f3n de ambos; y es totalmente injusto que el capital o el trabajo, negando todo derecho a la otra parte, se apropie la totalidad del beneficio econ\u00f3mico\u00bb.<\/p>\n<p><b>77.<\/b> Este deber de justicia puede cumplirse de diversas maneras, como la experiencia demuestra. Una de ellas, y de las m\u00e1s deseables en la actualidad, consiste en hacer que los trabajadores, en la forma y el grado que parezcan m\u00e1s oportunos, puedan llegar a participar poco a poco en la propiedad de la empresa donde trabajan, puesto que hoy, m\u00e1s a\u00fan, que en los tiempos de nuestro predecesor, \u00abcon todo el empe\u00f1o posible se ha de procurar que, al manos para el futuro, se modere equitativamente la acumulaci\u00f3n de las riquezas en manos de los ricos, y se repartan tambi\u00e9n con la suficiente profusi\u00f3n entre los trabajadores\u00bb (<i>ib\u00edd., <\/i>p. 198).<\/p>\n<h3><b>Exigencias del bien com\u00fan nacional e internacional<\/b><\/h3>\n<p><b>78.<\/b> Pero hay que advertir, adem\u00e1s, que la proporci\u00f3n entre la retribuci\u00f3n del trabajo y los beneficios de la empresa debe fijarse de acuerdo con las exigencias del bien com\u00fan, tanto de la propia comunidad pol\u00edtica como de la entera familia humana.<\/p>\n<p><b>79.<\/b> Por lo que concierne al primer aspecto, han de considerarse como exigencias del bien com\u00fan nacional: facilitar trabajo al mayor n\u00famero posible de obreros; evitar que se constituyan, dentro de la naci\u00f3n e incluso entre los propios trabajadores, categor\u00edas sociales privilegiadas; mantener una adecuada proporci\u00f3n entre salario y precios; hacer accesibles al mayor n\u00famero de ciudadanos los bienes materiales y los beneficios de la cultura; suprimir o limitar al menos las desigualdades entre los distintos sectores de la econom\u00eda \u2014agricultura, industria y servicios\u2014; equilibrar adecuadamente el incremento econ\u00f3mico con el aumento de los servicios generales necesarios, principalmente por obra de la autoridad p\u00fablica; ajustar, dentro de lo posible, las estructuras de la producci\u00f3n a los progresos de las ciencias y de la t\u00e9cnica; lograr, en fin, que el mejoramiento en el nivel de vida no s\u00f3lo sirva a la generaci\u00f3n presente, sino que prepare tambi\u00e9n un mejor porvenir a las futuras generaciones.<\/p>\n<p><b>80.<\/b> Son, por otra parte, exigencias del bien com\u00fan internacional: evitar toda forma de competencia desleal entre los diversos pa\u00edses en materia de expansi\u00f3n econ\u00f3mica; favorecer la concordia y la colaboraci\u00f3n amistosa y eficaz entre las distintas econom\u00edas nacionales, y, por \u00faltimo, cooperar eficazmente al desarrollo econ\u00f3mico de las comunidades pol\u00edticas m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p><b>81.<\/b> Estas exigencias del bien com\u00fan, tanto en el plano nacional como en el mundial, han de tenerse en cuenta tambi\u00e9n cuando se trata de determinar la parte de beneficios que corresponde asignar, en forma de retribuci\u00f3n, a los dirigentes de empresas, y en forma de intereses o dividendos, a los que aportan el capital.<\/p>\n<h3><b>Estructuras econ\u00f3micas. Deben ajustarse a la dignidad del hombre<\/b><\/h3>\n<p><b>82.<\/b> Los deberes de la justicia han de respetarse no solamente en la distribuci\u00f3n de los bienes que el trabajo produce, sino tambi\u00e9n en cuanto afecta a las condiciones generales en que se desenvuelve la actividad laboral.<\/p>\n<p>Porque en la naturaleza humana est\u00e1 arraigada la exigencia de que, en el ejercicio de la actividad econ\u00f3mica, le sea posible al hombre asumir la responsabilidad de lo que hace y perfeccionarse a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p><b>83.<\/b> De donde se sigue que si el funcionamiento y las estructuras econ\u00f3micas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresi\u00f3n de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden econ\u00f3mico es injusto, aun en el caso de que, por hip\u00f3tesis, la riqueza producida en \u00e9l alcance un alto nivel y se distribuya seg\u00fan criterios de justicia y equidad.<\/p>\n<p><b>84.<\/b> No es posible definir de manera gen\u00e9rica en materia econ\u00f3mica las estructuras m\u00e1s acordes con la dignidad del hombre y m\u00e1s id\u00f3neas para estimular en el trabajador el sentido de su responsabilidad. Esto no obstante, nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII traz\u00f3 con acierto tales normas pr\u00e1cticas: \u00abLa peque\u00f1a y la mediana propiedad en la agricultura, en el artesanado, en el comercio y en la industria deben protegerse y fomentarse; las uniones cooperativas han de asegurar a estas formas de propiedad las ventajas de la gran empresa; y por lo que a las grandes empresas se refiere, ha de lograrse que el contrato de trabajo se suavice con algunos elementos del contrato de sociedad\u00bb <i>(Radiomensaje del 1 de septiembre de 1944; <\/i>cf. <i>Acta Apostolicae Sedis, <\/i>36 [1944], p. 254).<\/p>\n<h3><b>La empresa artesana y la empresa cooperativa<\/b><\/h3>\n<p><b>85.<\/b> Deben, pues, asegurarse y promoverse, de acuerdo con las exigencias del bien com\u00fan y las posibilidades del progreso t\u00e9cnico, las empresas artesanas, y las agr\u00edcolas de dimensi\u00f3n familiar, y las cooperativas, las cuales pueden servir tambi\u00e9n para completar y perfeccionar las anteriores.<\/p>\n<p><b>86.<\/b> M\u00e1s adelante hablaremos de la empresa agr\u00edcola. Aqu\u00ed creemos oportuno hacer algunas indicaciones sobre la empresa artesana y la empresa cooperativa.<\/p>\n<p><b>87.<\/b> Ante todo, hay que advertir que ambas empresas, si quieren alcanzar una situaci\u00f3n econ\u00f3mica pr\u00f3spera, han de ajustarse incesantemente, en su estructura, funcionamiento y m\u00e9todos de producci\u00f3n, a las nuevas situaciones que el progreso de las ciencias y de la t\u00e9cnica y las mudables necesidades y preferencias de los consumidores plantean conjuntamente: acci\u00f3n de ajuste que principalmente han de realizar los propios artesanos y los miembros de las cooperativas.<\/p>\n<p><b>88.<\/b> De aqu\u00ed la gran conveniencia de dar a unos y otros formaci\u00f3n id\u00f3nea, tanto en el aspecto puramente t\u00e9cnico como en el cultural, y de que ellos mismos se agrupen en organizaci\u00f3n de tipo profesional. Es asimismo indispensable que por parte del Estado se lleve a cabo una adecuada pol\u00edtica econ\u00f3mica en los cap\u00edtulos referentes a la ense\u00f1anza, la imposici\u00f3n fiscal, el cr\u00e9dito, la seguridad y los seguros sociales.<\/p>\n<p><b>89.<\/b> Por lo dem\u00e1s, esta acci\u00f3n del Estado en favor del artesanado y del movimiento cooperativo halla tambi\u00e9n su justificaci\u00f3n en el hecho de que estas categor\u00edas laborales son creadoras de aut\u00e9nticos bienes y contribuyen eficazmente al progreso de la cultura.<\/p>\n<p><b>90.<\/b> Invitamos, por ello, con paternal amor a nuestros querid\u00edsimos hijos del artesanado y del cooperativismo, esparcidos por todo el mundo, a que sientan claramente la nobil\u00edsima funci\u00f3n social que se les ha confiado en la sociedad, ya que con su trabajo pueden despertar cada d\u00eda m\u00e1s en todas las clases sociales el sentido de la responsabilidad y el esp\u00edritu de activa colaboraci\u00f3n y encender en todos el entusiasmo por la originalidad, la elegancia y la perfecci\u00f3n del trabajo.<\/p>\n<h3><b>Presencia activa de los trabajadores en las empresas grandes y medianas<\/b><\/h3>\n<p><b>91.<\/b> Adem\u00e1s, siguiendo en esto la direcci\u00f3n trazada por nuestros predecesores, Nos estamos convencido de la raz\u00f3n que asiste a los trabajadores en la vida de las empresas donde trabajan. No es posible fijar con normas ciertas y definidas las caracter\u00edsticas de esta participaci\u00f3n, dado que han de establecerse, m\u00e1s bien, teniendo en cuenta la situaci\u00f3n de cada empresa; situaci\u00f3n que var\u00eda de unas a otras y que, aun dentro de cada una, est\u00e1 sujeta muchas veces a cambios radicales y rapid\u00edsimos.<\/p>\n<p>No dudamos, sin embargo, en afirmar que a los trabajadores hay que darles una participaci\u00f3n activa en los asuntos de la empresa donde trabajan, tanto en las privadas como en las p\u00fablicas; participaci\u00f3n que, en todo caso, debe tender a que la empresa sea una aut\u00e9ntica comunidad humana, cuya influencia bienhechora se deje sentir en las relaciones de todos sus miembros y en la variada gama de sus funciones y obligaciones.<\/p>\n<p><b>92.<\/b> Esto exige que las relaciones mutuas entre empresarios y dirigentes, por una parte, y los trabajadores por otra, lleven el sello del respeto mutuo, de la estima, de la comprensi\u00f3n y, adem\u00e1s, de la leal y activa colaboraci\u00f3n e inter\u00e9s de todos en la obra com\u00fan; y que el trabajo, adem\u00e1s de ser concebido como fuente de ingresos personales, lo realicen tambi\u00e9n todos los miembros de la empresa como cumplimiento de un deber y prestaci\u00f3n de un servicio para la utilidad general.<\/p>\n<p>Todo ello implica la conveniencia de que los obreros puedan hacer o\u00edr su voz y aporten su colaboraci\u00f3n para el eficiente funcionamiento y desarrollo de la empresa. Observaba nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII que \u00abla funci\u00f3n econ\u00f3mica y social que todo hombre aspira a cumplir exige que no est\u00e9 sometido totalmente a una voluntad ajena el despliegue de la iniciativa individual\u00bb <i>(Alocuci\u00f3n del 8 de octubre de 1956; <\/i>cf.<i> Acta Apostolicae Sedis, <\/i>48 [1956], pp. 799-800).<\/p>\n<p>Una concepci\u00f3n de la empresa que quiere salvaguardar la dignidad humana debe, sin duda alguna, garantizar la necesaria unidad de una direcci\u00f3n eficiente; pero de aqu\u00ed no se sigue que pueda reducir a sus colaboradores diarios a la condici\u00f3n de meros ejecutores silenciosos, sin posibilidad alguna de hacer valer su experiencia, y enteramente pasivos en cuanto afecta a las decisiones que contratan y regulan su trabajo.<\/p>\n<p><b>93.<\/b> Hay que hacer notar, por \u00faltimo, que el ejercicio de esta responsabilidad creciente por parte de los trabajadores en las empresas no solamente responde a las leg\u00edtimas exigencias propias de la naturaleza humana, sino que est\u00e1 de perfecto acuerdo con el desarrollo econ\u00f3mico, social y pol\u00edtico de la \u00e9poca contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p><b>94.<\/b> Aunque son grandes los desequilibrios econ\u00f3micos y sociales que en la \u00e9poca moderna contradicen a la justicia y a la humanidad, y profundos errores se deslizan en toda la econom\u00eda, perturbando gravemente sus actividades, fines, estructura y funcionamiento, es innegable, sin embargo, que los modernos sistemas de producci\u00f3n, impulsados por el progreso cient\u00edfico y t\u00e9cnico han avanzado extraordinariamente y su ritmo de crecimiento es mucho m\u00e1s r\u00e1pido que en \u00e9pocas anteriores.<\/p>\n<p>Esto exige de los trabajadores una aptitud y unas cualidades profesionales m\u00e1s elevadas. Como consecuencia, es necesario poner a su disposici\u00f3n mayores medios y m\u00e1s amplios m\u00e1rgenes de tiempo para que puedan alcanzar una instrucci\u00f3n m\u00e1s perfecta y una cultura religiosa, moral y profana m\u00e1s adecuada.<\/p>\n<p><b>95.<\/b> Se hace as\u00ed tambi\u00e9n posible un aumento de los a\u00f1os destinados a la instrucci\u00f3n b\u00e1sica y a la formaci\u00f3n profesional de las nuevas generaciones.<\/p>\n<p><b>96.<\/b> Con la implantaci\u00f3n de estas medidas se ir\u00e1 creando un ambiente que permitir\u00e1 a los trabajadores tomar sobre s\u00ed las mayores responsabilidades aun dentro de sus empresas. Por lo que al Estado toca, es de sumo inter\u00e9s que los ciudadanos, en todos los sectores de la convivencia, se sientan responsables de la defensa del bien com\u00fan.<\/p>\n<h3><b>Presencia activa de los trabajadores en todos los niveles<\/b><\/h3>\n<p><b>97.<\/b> Es una realidad evidente que, en nuestra \u00e9poca, las asociaciones de trabajadores han adquirido un amplio desarrollo, y, generalmente han sido reconocidas como instituciones jur\u00eddicas en los diversos pa\u00edses e incluso en el plano internacional. Su finalidad no es ya la de movilizar al trabajador para la lucha de clases, sino la de estimular m\u00e1s bien la colaboraci\u00f3n, lo cual se verifica principalmente por medio de acuerdos establecidos entre las asociaciones de trabajadores y de empresarios.<\/p>\n<p>Hay que advertir, adem\u00e1s, que es necesario, o al menos muy conveniente, que a los trabajadores se les d\u00e9 la posibilidad de expresar su parecer e interponer su influencia fuera del \u00e1mbito de su empresa, y concretamente en todos los \u00f3rdenes de la comunidad pol\u00edtica.<\/p>\n<p><b>98.<\/b> La raz\u00f3n de esta presencia obedece a que las empresas particulares, aunque sobresalgan en el pa\u00eds por sus dimensiones, eficiencia e importancia, est\u00e1n, sin embargo, estrechamente vinculadas a la situaci\u00f3n general econ\u00f3mica y social de cada naci\u00f3n, ya que de esta situaci\u00f3n depende su propia prosperidad.<\/p>\n<p><b>99.<\/b> Ahora bien, ordenar las disposiciones que m\u00e1s favorezcan la situaci\u00f3n general de la econom\u00eda no es asunto de las empresas particulares, sino funci\u00f3n propia de los gobernantes del Estado y de aquellas instituciones que, operando en un plano nacional o supranacional, act\u00faan en los diversos sectores de la econom\u00eda.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed se sigue la conveniencia o la necesidad de que en tales autoridades e instituciones, adem\u00e1s de los empresarios o de quienes les representan, se hallen presentes tambi\u00e9n los trabajadores o quienes por virtud de su cargo defienden los derechos, las necesidades y las aspiraciones de los mismos.<\/p>\n<p><b>100.<\/b> Es natural, por tanto, que nuestro pensamiento y nuestro paterno afecto se dirijan de modo principal a las asociaciones que abarcan profesiones diversas y a los movimientos sindicales que, de acuerdo con los principios de la doctrina cristiana, est\u00e1n trabajando en casi todos los continentes del mundo.<\/p>\n<p>Conocemos las muchas y graves dificultades en medio de las cuales estos queridos hijos nuestros han procurado con eficacia y siguen procurando con energ\u00eda la reivindicaci\u00f3n de los derechos del trabajador, as\u00ed como su elevaci\u00f3n material y moral, tanto en el \u00e1mbito nacional como en el plano mundial.<\/p>\n<p><b>101.<\/b> Pero, adem\u00e1s, queremos tributar a la labor de estos hijos nuestros la alabanza que merece, porque no se limita a los resultados inmediatos y visibles que obtiene, sino que repercute tambi\u00e9n en todo el inmenso mundo del trabajo humano, con la propagaci\u00f3n general de un recto modo de obrar y de pensar y con el aliento vivificador de la religi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p><b>102.<\/b> Id\u00e9ntica alabanza paternal queremos rendir asimismo a aquellos de nuestros amados hijos que, imbuidos en las ense\u00f1anzas cristianas, prestan un admirable concurso en otras asociaciones profesionales y movimientos sindicales que siguen las leyes de la naturaleza y respetan la libertad personal en materia de religi\u00f3n y moral.<\/p>\n<p><b>103.<\/b> No podemos dejar de felicitar aqu\u00ed y de manifestar nuestro cordial aprecio por la Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo \u2014conocida com\u00fanmente con las siglas OLL, ILO u OIT\u2014, la cual, desde hace ya muchos a\u00f1os, viene prestando eficaz y valiosa contribuci\u00f3n para instaurar en todo el mundo un orden econ\u00f3mico y social inspirado en los principios de justicia y de humanidad, dentro del cual encuentran reconocimiento y garant\u00eda los leg\u00edtimos derechos de los trabajadores.<\/p>\n<h3><b>La propiedad. Nuevos aspectos de la econom\u00eda moderna<\/b><\/h3>\n<p><b>104.<\/b> En estos \u00faltimos a\u00f1os, como es sabido, en las empresas econ\u00f3micas de mayor importancia se ha ido acentuando cada vez m\u00e1s la separaci\u00f3n entre la funci\u00f3n que corresponde a los propietarios de los bienes de producci\u00f3n y la responsabilidad que incumbe a los directores de la empresa.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n crea grandes dificultades a las autoridades del Estado, las cuales han de vigilar cuidadosamente para que los objetivos que pretenden los dirigentes de las grandes organizaciones, sobre todo de aqu\u00e9llas que mayor influencia ejercen en la vida econ\u00f3mica de todo el pa\u00eds, no se desv\u00eden en modo alguno de las exigencias del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Son dificultades que, como la experiencia demuestra, se plantean igualmente tanto si los capitales necesarios para las grandes empresas son la propiedad privada como si pertenecen a entidades p\u00fablicas.<\/p>\n<p><b>105.<\/b> Es cosa tambi\u00e9n sabida que, en la actualidad, son cada d\u00eda m\u00e1s los que ponen en los modernos seguros sociales y en los m\u00faltiples sistemas de la seguridad social la raz\u00f3n de mirar tranquilamente el futuro, el cual en otros tiempos se basaba en la propiedad de un patrimonio, aunque fuera modesto.<\/p>\n<p><b>106.<\/b> Por \u00faltimo, es igualmente un hecho de nuestros d\u00edas que el hombre prefiere el dominio de una profesi\u00f3n determinada a la propiedad de los bienes y antepone el ingreso cuya fuente es el trabajo, o derechos derivados de \u00e9ste, al ingreso que proviene del capital o de derechos derivados del mismo.<\/p>\n<p><b>107.<\/b> Esta nueva actitud coincide plenamente con el car\u00e1cter natural del trabajo, el cual, por su procedencia inmediata de la persona humana, debe anteponerse a la posesi\u00f3n de los bienes exteriores, que por su misma naturaleza son de car\u00e1cter instrumental; y ha de ser considerada, por tanto, como una prueba del progreso de la humanidad.<\/p>\n<p><b>108.<\/b> Tales nuevos aspectos de la econom\u00eda moderna han contribuido a divulgar, la duda sobre si, en la actualidad, ha dejado de ser v\u00e1lido, o ha perdido, al menos, importancia, un principio de orden econ\u00f3mico y social ense\u00f1ado y propugnado firmemente por nuestros predecesores; esto es, el principio que establece que los hombres tienen un derecho natural a la propiedad privada de bienes, incluidos los de producci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>Reafirmaci\u00f3n del car\u00e1cter natural del derecho de propiedad<\/b><\/h3>\n<p><b>109.<\/b> Esta duda carece en absoluto de fundamento. Porque el derecho de propiedad privada, a\u00fan en lo tocante a bienes de producci\u00f3n, tiene un valor permanente, ya que es un derecho contenido en la misma naturaleza, la cual nos ense\u00f1a la prioridad del hombre individual sobre la sociedad civil, y, por consiguiente, la necesaria subordinaci\u00f3n teol\u00f3gica de la sociedad civil al hombre.<\/p>\n<p>Por otra parte, en vano se reconocer\u00eda al ciudadano el derecho de actuar con libertad en el campo econ\u00f3mico si no le fuese dada al mismo tiempo la facultad de elegir y emplear libremente las cosas indispensables para el ejercicio de dicho derecho.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la historia y la experiencia demuestran que en los reg\u00edmenes pol\u00edticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producci\u00f3n, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas m\u00e1s fundamentales, lo cual demuestra con evidencia que el ejercicio de la libertad tiene su garant\u00eda y al mismo tiempo su est\u00edmulo en el derecho de propiedad.<\/p>\n<p><b>110.<\/b> Esto es lo que explica el hecho de que ciertos movimientos pol\u00edticos y sociales que quieren conciliar la libertad con la justicia, y que eran, hasta ahora, contrarios al derecho de propiedad privada de los bienes de producci\u00f3n, hoy, aleccionados m\u00e1s ampliamente por la evoluci\u00f3n social, han rectificado algo sus propias opiniones y mantienen respecto de aquel derecho una actitud positiva.<\/p>\n<p><b>111.<\/b> Nos es grato, por tanto, repetir las observaciones que en esta materia hizo nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII: \u00abAl defender la Iglesia el principio de la propiedad privada, persigue un alto fin \u00e9tico-social. No pretende sostener pura y simplemente el actual estado de cosas, como si viera en \u00e9l la expresi\u00f3n de la voluntad divina; ni proteger por principio al rico y al plut\u00f3crata contra el pobre e indigente. Todo lo contrario: la Iglesia mira sobre todo a lograr que la instituci\u00f3n de la propiedad privada sea lo que debe ser, de acuerdo con los designios de la divina Sabidur\u00eda y con lo dispuesto por la naturaleza\u00bb <i>(Radiomensaje del 1 de septiembre de 1944; <\/i>cf.<i> Acta Apostolicae Sedis, <\/i>36 [1944], p. 253). Es decir, la propiedad privada debe asegurar los derechos que la libertad concede a la persona humana y, al mismo tiempo, prestar su necesaria colaboraci\u00f3n para restablecer el recto orden de la sociedad.<\/p>\n<p><b>111.<\/b> Como ya hemos dicho, en no pocas naciones los sistemas econ\u00f3micos m\u00e1s recientes progresan con rapidez y consiguen una producci\u00f3n de bienes cada d\u00eda m\u00e1s eficaz. En tal situaci\u00f3n, la justicia y la equidad exigen que, manteniendo a salvo el bien com\u00fan, se incremente tambi\u00e9n la retribuci\u00f3n del trabajo, lo cual permitir\u00e1 a los trabajadores ahorrar con mayor facilidad y formarse as\u00ed un patrimonio.<\/p>\n<p><b>112.<\/b> Resulta, por tanto, extra\u00f1a la negaci\u00f3n que algunos hacen del car\u00e1cter natural del derecho de propiedad, que halla en la fecundidad del trabajo la fuente perpetua de la eficacia; constituye, adem\u00e1s, un medio eficiente para garantizar la dignidad de la persona humana y el ejercicio libre de la propia misi\u00f3n en todos los campos de la actividad econ\u00f3mica; y es, finalmente, un elemento de tranquilidad y de consolidaci\u00f3n para la vida familiar, con el consiguiente aumento de paz y prosperidad en el Estado.<\/p>\n<h3><b>La difusi\u00f3n de la propiedad privada es necesaria<\/b><\/h3>\n<p><b>113.<\/b> No basta, sin embargo, afirmar que el hombre tiene un derecho natural a la propiedad privada de los bienes, incluidos los de producci\u00f3n, si, al mismo tiempo, no se procura, con toda energ\u00eda, que se extienda a todas las clases sociales el ejercicio de este derecho.<\/p>\n<p><b>114.<\/b> Como acertadamente afirma nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII, por una parte, la dignidad de la persona humana \u00abexige necesariamente, como fundamento natural para vivir, el derecho al uso de los bienes de la tierra, al cual corresponde la obligaci\u00f3n fundamental de otorgar una propiedad privada, en cuanto sea posible, a todos\u00bb <i>(Radiomensaje de Navidad, <\/i>24 de diciembre de 1942; cf. <i>Acta Apostolicae Sedis, <\/i>34 [1942], p. 17), y, por otra parte, la nobleza intr\u00ednseca del trabajo exige, <i>adem\u00e1s de otras cosas, la conservaci\u00f3n y el perfeccionamiento de un orden social que haga<\/i> <i>posible una propiedad segura, aunque sea modesta, a todas las clases del pueblo <\/i>(<i>ib\u00edd., <\/i>p. 20).<\/p>\n<p><b>115.<\/b> Hoy, m\u00e1s que nunca, hay que defender la necesidad de difundir la propiedad privada, porque, en nuestros tiempos, como ya hemos recordado, los sistemas econ\u00f3micos de un creciente n\u00famero de pa\u00edses est\u00e1n experimentando un r\u00e1pido desarrollo.<\/p>\n<p>Por lo cual, con el uso prudente de los recursos t\u00e9cnicos, que la experiencia aconseje, no resultar\u00e1 dif\u00edcil realizar una pol\u00edtica econ\u00f3mica y social, que facilite y ampl\u00ede lo m\u00e1s posible el acceso a la propiedad privada de los siguientes bienes: bienes de consumo duradero; vivienda; peque\u00f1a propiedad agraria; utillaje necesario para la empresa artesana y para la empresa agr\u00edcola familiar; acciones de empresas grandes o medianas; todo lo cual se est\u00e1 ya practicando con pleno \u00e9xito en algunas naciones, econ\u00f3micamente desarrolladas y socialmente avanzadas.<\/p>\n<h3><b>Propiedad p\u00fablica<\/b><\/h3>\n<p><b>116.<\/b> Lo que hasta aqu\u00ed hemos expuesto no excluye, como es obvio, que tambi\u00e9n el Estado y las dem\u00e1s instituciones p\u00fablicas posean leg\u00edtimamente bienes de producci\u00f3n, de modo especial cuanto \u00e9stos \u00abllevan consigo tal poder econ\u00f3mico, que no es posible dejarlo en manos de personas privadas sin peligro del bien com\u00fan\u00bb <i>(Quadragesimo anno).<\/i><\/p>\n<p><b>117.<\/b> Nuestra \u00e9poca registra una progresiva ampliaci\u00f3n de la propiedad del Estado y de las dem\u00e1s instituciones p\u00fablicas. La causa de esta ampliaci\u00f3n hay que buscarla en que el bien com\u00fan exige hoy de la autoridad p\u00fablica el cumplimiento de una serie creciente de funciones.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n en esta materia ha de observarse \u00edntegramente el principio de la funci\u00f3n subsidiaria, ya antes mencionado, seg\u00fan el cual la ampliaci\u00f3n de la propiedad del Estado y de las dem\u00e1s instituciones p\u00fablicas s\u00f3lo es l\u00edcita cuando la exige una manifiesta y objetiva necesidad del bien com\u00fan y se excluye el peligro de que la propiedad privada se reduzca en exceso, o, lo que ser\u00eda a\u00fan peor, se la suprima completamente.<\/p>\n<p><b>118.<\/b> Hay que afirmar, por \u00faltimo, que las empresas econ\u00f3micas del Estado o de las instituciones p\u00fablicas deben ser confiadas a aquellos ciudadanos que sobresalgan por su competencia t\u00e9cnica y su probada honradez y que cumplan con suma fidelidad sus deberes con el pa\u00eds.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, la labor de estos hombres debe quedar sometida a un ciudadano y asiduo control, a fin de evitar que, en el seno de la administraci\u00f3n del propio Estado, el poder econ\u00f3mico quede en manos de unos pocos, lo cual ser\u00eda totalmente contrario al bien supremo de la naci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>Funci\u00f3n social de la propiedad<\/b><\/h3>\n<p><b>119.<\/b> Pero nuestros predecesores han ense\u00f1ado tambi\u00e9n de modo constante el principio de que al derecho de propiedad privada le es intr\u00ednsecamente inherente una funci\u00f3n social. En realidad, dentro del plan de Dios Creador, todos los bienes de la tierra est\u00e1n destinados, en primer lugar, al decoroso sustento de todos los hombres, como sabiamente ense\u00f1a nuestro predecesor de feliz memoria Le\u00f3n XIII en la enc\u00edclica <i>Rerum novarum: <\/i>\u00abLos que han recibido de Dios mayor abundancia de bienes, ya sean corporales o externos, ya internos y espirituales, los han recibido para que con ellos atiendan a su propia perfecci\u00f3n y, al mismo tiempo, como ministros de la divina Providencia, al provecho de los dem\u00e1s. \u00abPor lo tanto, el que tenga aliento, cuide de no callar; el que abunde en bienes, cuide de no ser demasiado duro en el ejercicio de la misericordia; quien posee un oficio de qu\u00e9 vivir, af\u00e1nese por compartir su uso y utilidad con el pr\u00f3jimo\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p><b>120.<\/b> Aunque, en nuestro tiempo, tanto el Estado como las instituciones p\u00fablicas han extendido y siguen extendiendo el campo de su intervenci\u00f3n, no se debe concluir en modo alguno que ha desaparecido, como algunos err\u00f3neamente opinan, la funci\u00f3n social de la propiedad privada, ya que esta funci\u00f3n toma su fuerza del propio derecho de propiedad.<\/p>\n<p>A\u00f1\u00e1dase a esto el hecho complementario de que hay siempre una amplia gama de situaciones angustiosas, de necesidades ocultas y al mismo tiempo graves, a las cuales no llegan las m\u00faltiples formas de la acci\u00f3n del Estado, y para cuyo remedio se halla \u00e9sta totalmente incapacitada; por lo cual, siempre quedar\u00e1 abierto un vasto campo para el ejercicio de la misericordia y de la caridad cristiana por parte de los particulares. Por \u00faltimo, es evidente que para el fomento y est\u00edmulo de los valores del esp\u00edritu resulta m\u00e1s fecunda la iniciativa de los particulares o de los grupos privados que la acci\u00f3n de los poderes p\u00fablicos.<\/p>\n<p><b>121.<\/b> Es esta ocasi\u00f3n oportuna para recordar, finalmente, c\u00f3mo la autoridad del sagrado Evangelio sanciona, sin duda, el derecho de propiedad privada de los bienes, pero, al mismo tiempo, presenta, con frecuencia, a Jesucristo ordenando a los ricos que cambien en bienes espirituales los bienes materiales que poseen y los den a los necesitados: \u00abNo allegu\u00e9is tesoros en la tierra, donde la polilla y el or\u00edn los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el or\u00edn corroen y donde los ladrones no horadan ni roban\u00bb (<i>Mt <\/i>6,19-20). Y el Divino Maestro declara que considera como hecha o negada a s\u00ed mismo la caridad hecha o negada a los necesitados: \u00abCuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a m\u00ed me lo hicisteis\u00bb (<i>Mt <\/i>25,40).<\/p>\n<h2><b>III.<\/b>\u2014<b> Los aspectos recientes m\u00e1s importantes de la cuesti\u00f3n social<\/b><\/h2>\n<p><b>122.<\/b> El desarrollo hist\u00f3rico de la \u00e9poca actual demuestra, con evidencia cada vez mayor, que los preceptos de la justicia y de la equidad no deben regular solamente las relaciones entre los trabajadores y los empresarios, sino adem\u00e1s las que median entre los distintos sectores de la econom\u00eda, entre las zonas de diverso nivel de riqueza en el interior de cada naci\u00f3n y, dentro del plano mundial, entre los pa\u00edses que se encuentran en diferente grado de desarrollo econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<h3><b>Relaciones entre los distintos sectores de la econom\u00eda. La agricultura, sector deprimido<\/b><\/h3>\n<p><b>123.<\/b> Comenzaremos exponiendo algunos puntos sobre la agricultura. Advertimos, ante todo, que la poblaci\u00f3n rural, en cifras absolutas, no parece haber disminuido. Sin embargo, indudablemente son muchos los campesinos que abandonan el campo para dirigirse a poblaciones mayores e incluso centros urbanos. Este \u00e9xodo rural, por verificarse en casi todos los pa\u00edses y adquirir a veces proporciones multitudinarias, crea problemas de dif\u00edcil soluci\u00f3n por lo que toca a nivel de vida digno de los ciudadanos.<\/p>\n<p><b>124.<\/b> A la vista de todos est\u00e1 el hecho de que, a medida que progresa la econom\u00eda, disminuye la mano de obra dedicada a la agricultura, mientras crece el porcentaje de la consagrada a la industria y al sector de los servicios. Juzgamos, sin embargo, que el \u00e9xodo de la poblaci\u00f3n agr\u00edcola hacia otros sectores de la producci\u00f3n se debe frecuentemente a motivos derivados del propio desarrollo econ\u00f3mico. Pero en la inmensa mayor\u00eda de los casos responde a una serie de est\u00edmulos, entre los que han de contarse como principales el ansia de huir de un ambiente estrecho sin perspectivas de vida m\u00e1s c\u00f3moda; el prurito de novedades y aventuras de que tan pose\u00edda est\u00e1 nuestra \u00e9poca; el af\u00e1n por un r\u00e1pido enriquecimiento; la ilusi\u00f3n de vivir con mayor libertad, gozando de los medios y facilidades que brindan las poblaciones m\u00e1s populosas y los centros urbanos. Pero tambi\u00e9n es indudable que el \u00e9xodo del campo se debe al hecho de que el sector agr\u00edcola es, en casi todas partes, un sector deprimido, tanto por lo que toca al \u00edndice de productividad del trabajo como por lo que respecta al nivel de vida de las poblaciones rurales.<\/p>\n<p><b>125.<\/b> Por ello, ante un problema de tanta importancia que afecta a casi todos los pa\u00edses, es necesario investigar, primeramente, los procedimientos m\u00e1s id\u00f3neos para reducir las enormes diferencias que en materia de productividad se registran entre el sector agr\u00edcola y los sectores de la industria y de los servicios; hay que buscar, en segundo t\u00e9rmino, los medios m\u00e1s adecuados para que el nivel de vida de la poblaci\u00f3n agr\u00edcola se distancie lo menos posible del nivel de vida de los ciudadanos que obtienen sus ingresos trabajando en los otros sectores aludidos; hay que realizar, por \u00faltimo, los esfuerzos indispensables para que los agricultores no padezcan un complejo de inferioridad frente a los dem\u00e1s grupos sociales, antes, por el contrario, vivan persuadidos de que tambi\u00e9n dentro del ambiente rural pueden no solamente consolidar y perfeccionar su propia personalidad mediante el trabajo del campo, sino adem\u00e1s mirar tranquilamente el provenir.<\/p>\n<p><b>126.<\/b> Nos parece, por lo mismo, muy oportuno indicar en esta materia algunas normas de valor permanente, a condici\u00f3n de que se apliquen, como es obvio, en consonancia con lo que las circunstancias concretas de tiempo y de lugar permitan, aconsejen o absolutamente exijan.<\/p>\n<h3><b>Desarrollo adecuado de los servicios p\u00fablicos m\u00e1s fundamentales<\/b><\/h3>\n<p><b>127.<\/b> En primer lugar, es necesario que todos, y de modo especial las autoridades p\u00fablicas, procuren con eficacia que en el campo adquieran el conveniente grado de desarrollo los servicios p\u00fablicos m\u00e1s fundamentales, como, por ejemplo, caminos, transportes, comunicaciones, agua potable, vivienda, asistencia m\u00e9dica y farmac\u00e9utica, ense\u00f1anza elemental y ense\u00f1anza t\u00e9cnica y profesional, condiciones id\u00f3neas para la vida religiosa y para un sano esparcimiento y, finalmente, todo el conjunto de productos que permitan al hogar del agricultor estar acondicionado y funcionar de acuerdo con los progresos de la \u00e9poca moderna.<\/p>\n<p>Cuando en los medios agr\u00edcolas faltan estos servicios, necesarios hoy para alcanzar un nivel de vida digno, el desarrollo econ\u00f3mico y el progreso social vienen a ser en aqu\u00e9llos o totalmente nulos o excesivamente lentos, lo que origina como consecuencia la imposibilidad de frenar el \u00e9xodo rural y la dificultad de controlar num\u00e9ricamente la poblaci\u00f3n que huye del campo.<\/p>\n<h3><b>Desarrollo gradual y arm\u00f3nico de todo el sistema econ\u00f3mico<\/b><\/h3>\n<p><b>128.<\/b> Es indispensable, en segundo lugar, que el desarrollo econ\u00f3mico de los Estados se verifique de manera gradual, observando la debida proporci\u00f3n entre los diversos sectores productivos. Hay que procurar as\u00ed con especial insistencia que, en la medida permitida o exigida por el conjunto de la econom\u00eda, tengan aplicaci\u00f3n tambi\u00e9n en la agricultura los adelantos m\u00e1s recientes en lo que ata\u00f1e a las t\u00e9cnicas de producci\u00f3n, la variedad de los cultivos y la estructura de la empresa agr\u00edcola, aplicaci\u00f3n que ha de efectuarse manteniendo en lo posible la proporci\u00f3n adecuada con los sectores de la industria y de los servicios.<\/p>\n<p><b>129.<\/b> La agricultura, en consecuencia, no s\u00f3lo consumir\u00e1 una mayor cantidad de productos de la industria, sino que exigir\u00e1 una m\u00e1s cualificada prestaci\u00f3n de servicios generales. En justa reciprocidad, la agricultura ofrecer\u00e1 a la industria, a los servicios y a toda la naci\u00f3n una serie de productos que en cantidad y calidad responder\u00e1n mejor a las exigencias del consumo, contribuyendo as\u00ed a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda, la cual es uno de los elementos m\u00e1s valiosos para lograr un desarrollo ordenado de todo el conjunto de la econom\u00eda.<\/p>\n<p><b>130.<\/b> Con estas medidas se obtendr\u00e1, entre otras, las siguientes ventajas: la primera, la de controlar con mayor facilidad, tanto en la zona de salida como en la de llegada, el movimiento de las fuerzas laborales que abandonan el campo a consecuencia de la progresiva modernizaci\u00f3n de la agricultura; la segunda, la de proporcionarles una formaci\u00f3n profesional adecuada para su provechosa incorporaci\u00f3n a otros sectores productivos, y la tercera, la de brindarles ayuda econ\u00f3mica y asistencia espiritual para su mejor integraci\u00f3n en los nuevos grupos sociales.<\/p>\n<h3><b>Necesidad de una adecuada pol\u00edtica econ\u00f3mica agraria<\/b><\/h3>\n<p><b>131.<\/b> Ahora bien, para conseguir un desarrollo proporcionado entre los distintos sectores de la econom\u00eda es tambi\u00e9n absolutamente imprescindible una cuidadosa pol\u00edtica econ\u00f3mica en materia agr\u00edcola por parte de las autoridades p\u00fablicas, pol\u00edtica econ\u00f3mica que ha de atender a los siguientes cap\u00edtulos: imposici\u00f3n fiscal, cr\u00e9dito, seguros sociales, precios, promoci\u00f3n de industrias complementarias y, por \u00faltimo, el perfeccionamiento de la estructura de la empresa agr\u00edcola.<\/p>\n<h4><b><i>1\u00ba. Imposici\u00f3n fiscal<\/i><\/b><\/h4>\n<p><b>132.<\/b> Por lo que se refiere a los impuestos, la exigencia fundamental de todo sistema tributario justo y equitativo es que las cargas se adapten a la capacidad econ\u00f3mica de los ciudadanos.<\/p>\n<p><b>133.<\/b> Ahora bien, en la regulaci\u00f3n de los tributos de los agricultores, el bien com\u00fan exige que las autoridades tengan muy presente el hecho de que los ingresos econ\u00f3micos del sector agr\u00edcola se realizan con mayor lentitud y mayores riesgos, y, por tanto, es m\u00e1s dif\u00edcil obtener los capitales indispensables para el aumento de estos ingresos.<\/p>\n<h4><b><i> 2\u00ba. Capitales a conveniente inter\u00e9s<\/i><\/b><\/h4>\n<p><b>134.<\/b> De lo dicho se deriva una consecuencia: la de que los propietarios del capital prefieren colocarlo en otros negocios antes que en la agricultura. Por esta raz\u00f3n, los agricultores no pueden pagar intereses elevados. M\u00e1s a\u00fan, ni siquiera pueden pagar, por lo regular, los intereses normales del mercado para procurarse los capitales que necesitan el desarrollo y funcionamiento normal de sus empresas. Se precisa, por tanto, por razones de bien com\u00fan, establecer una particular pol\u00edtica crediticia para la agricultura y crear adem\u00e1s instituciones de cr\u00e9dito que aseguren a los agricultores los capitales a un tipo de inter\u00e9s asequible.<\/p>\n<h4><b><i> 3\u00ba. Seguros sociales y seguridad social<\/i><\/b><\/h4>\n<p><b>135.<\/b> Es necesario tambi\u00e9n que en la agricultura se implanten dos sistemas de seguros: el primero, relativo a los productos agr\u00edcolas, y el segundo, referente a los propios agricultores y a sus respectivas familias. Porque, como es sabido, la <i>renta per capita <\/i>del sector agr\u00edcola es generalmente inferior a la <i>renta per capita <\/i>de los sectores de la industria y de los servicios, y, por esto, no parece ajustado plenamente a las normas de la justicia social y de la equidad implantar sistemas de seguros sociales o de seguridad social en los que el trato dado a los agricultores sea substancialmente inferior al que se garantiza a los trabajadores de la industria y de los servicios. Las garant\u00edas aseguradoras que la pol\u00edtica social establece en general, no deben presentar diferencias notables entre s\u00ed, sea el que sea el sector econ\u00f3mico donde el ciudadano trabaja o de cuyos ingresos vive.<\/p>\n<p><b>136.<\/b> Por otra parte, como los sistemas de los seguros sociales y de seguridad social, pueden contribuir eficazmente a una justa y equitativa redistribuci\u00f3n de la renta total de la comunidad pol\u00edtica, deben, por ello mismo, considerarse como v\u00eda adecuada para reducir las diferencias entre las distintas categor\u00edas de los ciudadanos.<\/p>\n<h4><b><i> 4\u00ba. Tutela de los precios<\/i><\/b><\/h4>\n<p><b>137.<\/b> Dada la peculiar naturaleza de los productos agr\u00edcolas, resulta indispensable garantizar la seguridad de sus precios, utilizando para ello los m\u00faltiples recursos que tienen hoy a su alcance los economistas. En este punto, aunque es sumamente eficaz que los propios interesados ejerzan esta tutela, imponi\u00e9ndose a s\u00ed mismos las normas oportunas, no debe, sin embargo, faltar la acci\u00f3n moderadora de los poderes p\u00fablicos.<\/p>\n<p><b>138.<\/b> No ha de olvidarse tampoco que el precio de los productos agr\u00edcolas constituye generalmente una retribuci\u00f3n del trabajo, m\u00e1s bien que una remuneraci\u00f3n del capital empleado.<\/p>\n<p><b>139.<\/b> Por esto observa con raz\u00f3n nuestro predecesor de feliz memoria P\u00edo XI, en la enc\u00edclica <i>Quadragesimo anno, <\/i>que a la realizaci\u00f3n del bien de la comunidad \u00abcontribuye en gran manera la justa proporci\u00f3n entre los salarios\u00bb; pero a\u00f1ade a rengl\u00f3n seguido: \u00abCon ello se relaciona a su vez estrechamente la justa proporci\u00f3n de los precios de venta de los productos obtenidos por los distintos sectores de la econom\u00eda, cuales son la agricultura, la industria y otros semejantes\u00bb.<\/p>\n<p><b>140.<\/b> Y como los productos del campo est\u00e1n ordenados principalmente a satisfacer las necesidades humanas m\u00e1s fundamentales, es necesario que sus precios se determinen de tal forma que se hagan asequibles a la totalidad de los consumidores. De lo cual, sin embargo, se deduce evidentemente que ser\u00eda sin duda injusto forzar a toda una categor\u00eda de ciudadanos, la de los agricultores, a un estado permanente de inferioridad econ\u00f3mica y social, priv\u00e1ndoles de un poder de compra imprescindible para mantener un decoroso nivel de vida, lo cual evidentemente est\u00e1 en abierta contradicci\u00f3n con el bien com\u00fan.<\/p>\n<h4><b><i> 5\u00ba. Completar los ingresos de la familia agr\u00edcola<\/i><\/b><\/h4>\n<p><b>141.<\/b> Es oportuno tambi\u00e9n promover, en las zonas campesinas, las industrias y los servicios relacionados con la conservaci\u00f3n, transformaci\u00f3n y transporte de los productos agr\u00edcolas. A lo cual hay que a\u00f1adir necesariamente en dichas zonas la creaci\u00f3n de actividades relacionadas con otros sectores de la econom\u00eda y de las profesiones. Con la implantaci\u00f3n de estas medidas se da a la familia agr\u00edcola la posibilidad de completar sus ingresos en los mismos ambientes en que vive y trabaja.<\/p>\n<h4><b><i> 6\u00ba. Reforma de la empresa agr\u00edcola<\/i><\/b><\/h4>\n<p><b>142.<\/b> Por \u00faltimo, nadie puede establecer en t\u00e9rminos gen\u00e9ricos las l\u00edneas fundamentales a que debe ajustarse la empresa agr\u00edcola, dada la extremada variedad que en este sector de la econom\u00eda presentan las distintas zonas agrarias de una misma naci\u00f3n y, sobre todo, los diversos pa\u00edses del mundo. Esto no obstante, quienes tienen una concepci\u00f3n natural y, sobre todo, cristiana de la dignidad del hombre y de la familia, consideran a la empresa agr\u00edcola, y principalmente a la familiar, como una comunidad de personas en la cual las relaciones internas de los diferentes miembros y la estructura funcional de la misma han de ajustarse a los criterios de la justicia y al esp\u00edritu cristiano, y procuran, por todos los medios, que esta concepci\u00f3n de la empresa agr\u00edcola llegue a ser pronto una realidad, seg\u00fan las circunstancias concretas de lugar y de tiempo.<\/p>\n<p><b>143.<\/b> La firmeza y la estabilidad de la empresa familiar dependen, sin embargo, de que puedan obtenerse de ella ingresos suficientes para mantener un decoroso nivel de vida en la respectiva familiar. Para lo cual es de todo punto preciso que los agricultores est\u00e9n perfectamente instruidos en cuanto concierne a sus trabajos, puedan conocer los nuevos inventos y se hallen asistidos t\u00e9cnicamente en el ejercicio de su profesi\u00f3n. Es indispensable, adem\u00e1s, que los hombres del campo establezcan una extensa red de empresas cooperativas, constituyan asociaciones profesionales e intervengan con eficacia en la vida p\u00fablica, tanto en los organismos de naturaleza administrativa como en las actividades de car\u00e1cter pol\u00edtico.<\/p>\n<h3><b>Los agricultores deben ser los protagonistas de su elevaci\u00f3n econ\u00f3mica y social<\/b><\/h3>\n<p><b>144.<\/b> Estamos persuadidos, sin embargo, de que los autores principales del desarrollo econ\u00f3mico, de la elevaci\u00f3n cultural y del progreso social del campo deben ser los mismos interesados, es decir, los propios agricultores. \u00c9stos deben poseer una conciencia clara y profunda de la nobleza de su profesi\u00f3n. Trabajan, en efecto, en el templo majestuoso de la Creaci\u00f3n, y realizan su labor, generalmente, entre \u00e1rboles y animales, cuya vida, inagotable en su capacidad expresiva e inflexible en sus leyes, es rica en recuerdos del Dios creador y providente. Adem\u00e1s, la agricultura no s\u00f3lo produce la rica gama de alimentos con que se nutre la familia humana, sino proporciona tambi\u00e9n un n\u00famero cada vez mayor de materias primas a la industria.<\/p>\n<p><b>145.<\/b> M\u00e1s a\u00fan, el trabajo del campo est\u00e1 dotado de una espec\u00edfica dignidad, ya que utiliza y pone a su servicio una serie de productos elaborados por la mec\u00e1nica, la qu\u00edmica y la biolog\u00eda, productos que han de ponerse al d\u00eda, sin interrupci\u00f3n alguna, de acuerdo con las necesidades de la \u00e9poca, dada la repercusi\u00f3n que en la agricultura alcanzan los progresos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos.<\/p>\n<p>Y no es esto todo. Es un trabajo que se caracteriza tambi\u00e9n por una intr\u00ednseca nobleza, ya que exige del agricultor conocimiento certero del curso del tiempo, capacidad de f\u00e1cil adaptaci\u00f3n al mismo, paciente espera del futuro, sentido de la responsabilidad y esp\u00edritu perseverante y emprendedor.<\/p>\n<h3><b>Solidaridad y colaboraci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p><b>146.<\/b> Hay que advertir tambi\u00e9n que en el sector agr\u00edcola, como en los dem\u00e1s sectores de la producci\u00f3n, es muy conveniente que los agricultores se asocien, sobre todo si se trata de empresas agr\u00edcolas de car\u00e1cter familiar. Los cultivadores del campo deben sentirse solidarios los unos de los otros y colaborar todos a una en la creaci\u00f3n de empresas cooperativas y asociaciones profesionales, de todo punto necesarias, porque facilitan al agricultor las ventajas de los progresos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos y contribuyen de modo decisivo a la defensa de los precios de los productos del campo.<\/p>\n<p>Con la adopci\u00f3n de estas medidas, los agricultores quedar\u00e1n situados en un plano de igualdad respecto a las categor\u00edas econ\u00f3micas profesionales, generalmente organizadas, de los otros sectores productivos, y podr\u00e1n hacer sentir todo el peso de su importancia econ\u00f3mica en la vida pol\u00edtica y en la gesti\u00f3n administrativa. Porque, como con raz\u00f3n se ha dicho, en nuestra \u00e9poca las voces aisladas son como voces dadas al viento.<\/p>\n<h3><b>Subordinaci\u00f3n a las exigencias del bien com\u00fan<\/b><\/h3>\n<p><b>147.<\/b> Con todo, los trabajadores agr\u00edcolas, de la misma manera que los de los restantes sectores de la producci\u00f3n, al hacer sentir todo el peso de su importancia econ\u00f3mica deben proceder necesariamente sin quebranto alguno del orden moral y del derecho establecido, procurando armonizar sus derechos y sus intereses con los derechos y los intereses de las dem\u00e1s categor\u00edas econ\u00f3micas profesionales, y subordinar los unos y los otros a las exigencias del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, los agricultores que viven consagrados a elevar la riqueza del campo, pueden pedir con todo derecho que los gobernantes ayuden y completen sus esfuerzos, con tal que ellos, por su parte, se muestren sensibles a las exigencias del bien com\u00fan y contribuyan a su realizaci\u00f3n efectiva.<\/p>\n<p><b>148.<\/b> Por esta raz\u00f3n, nos es grato expresar nuestra complacencia a aquellos hijos nuestros que, en diversas partes del mundo, se esfuerzan por crear y consolidar empresas cooperativas y asociaciones profesionales para que todos los que cultivan la tierra, al igual que los dem\u00e1s ciudadanos, disfruten del debido nivel de vida econ\u00f3mico y de una justa dignidad social.<\/p>\n<h3><b>Nobleza del trabajo agr\u00edcola<\/b><\/h3>\n<p><b>149.<\/b> En el trabajo del campo encuentra el hombre todo cuanto contribuye al perfeccionamiento decoroso de su propia dignidad. Por eso, el agricultor debe concebir su trabajo como un mandato de Dios y una misi\u00f3n excelsa. Es preciso, adem\u00e1s, que consagre esta tarea al Dios providente, que dirige la historia hacia la salvaci\u00f3n eterna del hombre. Finalmente, ha de tomar sobre s\u00ed la tarea de contribuir con su personal esfuerzo a la elevaci\u00f3n de s\u00ed mismo y de los dem\u00e1s, como una aportaci\u00f3n a la civilizaci\u00f3n humana.<\/p>\n<h3><b>Relaciones entre las zonas de desigual desarrollo de un pa\u00eds. Servicios p\u00fablicos fundamentales y pol\u00edtica econ\u00f3mica adecuada<\/b><\/h3>\n<p><b>150.<\/b> Con mucha frecuencia, en el seno de una misma naci\u00f3n se observan diferencias econ\u00f3micas y sociales entre las distintas clases de ciudadanos, debidas, principalmente, al hecho de que unos y otros viven y trabajan en zonas de desigual desarrollo econ\u00f3mico. En situaciones como \u00e9sta, la justicia y la equidad piden que los gobernantes procuren suprimir del todo, o a lo menos disminuir, tales diferencias. A este fin se debe intentar que en las zonas econ\u00f3micamente menos desarrolladas se garanticen los servicios p\u00fablicos fundamentales m\u00e1s adecuados a las circunstancias del tiempo y lugar y de acuerdo, en lo posible, con la com\u00fan manera de vida. Para ello, es absolutamente imprescindible que se emprenda la pol\u00edtica apropiada, que atienda con diligencia a la ordenaci\u00f3n de los siguientes puntos: la contrataci\u00f3n laboral, la emigraci\u00f3n interior, los salarios, los impuestos, los cr\u00e9ditos y las inversiones industriales destinadas principalmente a favorecer el desarrollo de otras actividades. Todas estas medidas son plenamente id\u00f3neas, no s\u00f3lo para promover el empleo rentable de la mano de obra y estimular la iniciativa empresarial, sino para explotar tambi\u00e9n los recursos locales de cada zona.<\/p>\n<h3><b>Iniciativa privada e intervenci\u00f3n del Estado<\/b><\/h3>\n<p><b>151.<\/b> Sin embargo, es preciso que los gobernantes se limiten a adoptar tan s\u00f3lo aquellas medidas que parezcan ajustadas al bien com\u00fan de los ciudadanos. Las autoridades deben cuidar asiduamente, con la mira puesta en la utilidad de todo el pa\u00eds, de que el desarrollo econ\u00f3mico de los tres sectores de la producci\u00f3n \u2014agricultura, industria y servicios\u2014 sea, en lo posible, simult\u00e1neo y proporcionado; con el prop\u00f3sito constante de que los ciudadanos de las zonas menos desarrolladas se sientan protagonistas de su propia elevaci\u00f3n econ\u00f3mica, social y cultural. Porque el ciudadano tiene siempre el derecho de ser el autor principal de su propio progreso.<\/p>\n<p><b>152.<\/b> Por consiguiente, es indispensable que tambi\u00e9n la iniciativa privada contribuya, en cuanto est\u00e1 de su parte, a establecer una regulaci\u00f3n equitativa de la econom\u00eda del pa\u00eds. M\u00e1s a\u00fan, las autoridades, en virtud del principio de la funci\u00f3n subsidiaria, tienen que favorecer y auxiliar a la iniciativa privada de tal manera, que sea \u00e9sta, en la medida que la realidad permita, la que contin\u00fae y concluya el desarrollo econ\u00f3mico por ella iniciado.<\/p>\n<h3><b>Eliminar o disminuir la desproporci\u00f3n entre tierra y poblaci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p><b>153.<\/b> Es \u00e9sta ocasi\u00f3n oportuna para advertir que no son pocas las naciones en las cuales existe una manifiesta desproporci\u00f3n entre el terreno cultivable y la poblaci\u00f3n agr\u00edcola. Efectivamente, en algunas naciones hay escasez de brazos y abundancia de tierra laborables, mientras que en otras abunda la mano de obra y escasean las tierras de cultivo.<\/p>\n<p><b>154.<\/b> M\u00e1s a\u00fan, hay naciones en las cuales, a pesar de la riqueza potencial de su suelo, el estado rudimentario y anticuado de sus sistemas de cultivo no permite producir la cantidad de bienes suficientes para satisfacer las necesidades m\u00e1s elementales de las respectivas poblaciones; en otros pa\u00edses, por el contrario, el alto grado de modernizaci\u00f3n alcanzado por la agricultura determina una superproducci\u00f3n de bienes agr\u00edcolas que provoca efectos negativos en las respectivas econom\u00edas nacionales.<\/p>\n<p><b>155.<\/b> Es evidente, por tanto, que as\u00ed la universal solidaridad humana como el sentimiento de la fraternidad cristiana exigen, de manera absoluta, que los pueblos se presten activa y variada ayuda mutua, de la cual se seguir\u00e1 no s\u00f3lo un m\u00e1s f\u00e1cil intercambio de bienes, capitales y hombres, sino adem\u00e1s una reducci\u00f3n de las desigualdades que existen entre las diversas naciones. Pero de este problema hablaremos luego con mayor atenci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>156.<\/b> Queremos, sin embargo, expresar aqu\u00ed nuestra gran estima por la obra que la FAO viene realizando para alimentar a los pueblos y estimular el desarrollo de la agricultura. Las finalidades espec\u00edficas de este organismo son fomentar las relaciones mutuas entre los pueblos, promover la modernizaci\u00f3n del campo en las naciones poco desarrolladas y ayudar a los pa\u00edses que sufren el azote del hambre.<\/p>\n<h3><b>Relaciones entre los pa\u00edses de desigual desarrollo econ\u00f3mico. Es el problema mayor de nuestros d\u00edas<\/b><\/h3>\n<p><b>157.<\/b> Pero el problema tal vez mayor de nuestros d\u00edas es el que ata\u00f1e a las relaciones que deben darse entre las naciones econ\u00f3micamente desarrolladas y los pa\u00edses que est\u00e1n a\u00fan en v\u00edas de desarrollo econ\u00f3mico: las primeras gozan de una vida c\u00f3moda; los segundos, en cambio, padecen dur\u00edsima escasez. La solidaridad social que hoy d\u00eda agrupa a todos los hombres en una \u00fanica y sola familia impone a las naciones que disfrutan de abundante riqueza econ\u00f3mica la obligaci\u00f3n de no permanecer indiferentes ante los pa\u00edses cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de los derechos fundamentales del hombre. Esta obligaci\u00f3n se ve aumentada por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias econ\u00f3micas y sociales entre ellos resultan excesivas.<\/p>\n<p><b>158.<\/b> Nos, por tanto, que amamos a todos los hombres como hijos, juzgamos deber nuestro repetir en forma solemne la afirmaci\u00f3n manifestada otras veces: \u00abTodos somos solidariamente responsables de las poblaciones subalimentadas <i>(Alocuci\u00f3n del 3 de mayo de 1960; <\/i>cf. <i>Acta Apostolicae Sedis, <\/i>52 [1960], p. 465)&#8230; \u00ab(Por lo cual) es necesario despertar la conciencia de esta grave obligaci\u00f3n en todos y en cada uno y de modo muy principal en los econ\u00f3micamente poderosos\u00bb (<i>ib\u00edd.<\/i>).<\/p>\n<p><b>159.<\/b> Como es evidente, el grave deber, que la Iglesia siempre ha proclamado, de ayudar a los que sufren la indigencia y la miseria, lo han de sentir de modo muy principal los cat\u00f3licos, por ser miembros del Cuerpo m\u00edstico de Cristo. \u00abEn esto \u2014proclama Juan el ap\u00f3stol\u2014 hemos conocido la caridad de Dios, en que dio \u00c9l su vida por nosotros, y as\u00ed nosotros debemos estar prontos a dar la vida por nuestros hermanos. Quien tiene bienes de este mundo y viendo a su hermano en necesidad le cierra las entra\u00f1as, \u00bfc\u00f3mo es posible que habite en \u00e9l la caridad de Dios?\u00bb (<i>Jn<\/i> 3,16-17).<\/p>\n<p><b>160.<\/b> Vemos, pues, con agrado c\u00f3mo las naciones que disponen de m\u00e1s avanzados sistemas econ\u00f3micos prestan ayuda a los pa\u00edses subdesarrollados para facilitarles el mejoramiento de su situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<h3><b>Las ayudas de emergencia son obligatorias<\/b><\/h3>\n<p><b>161.<\/b> Como es sabido, hay naciones que tienen sobreabundancia de bienes de consumo, y particularmente de productos agr\u00edcolas. Existen otras, en cambio, en las cuales grandes masas de poblaci\u00f3n luchan contra la miseria y el hambre. Por ello, tanto la justicia como la humanidad exigen que las naciones ricas presten su ayuda a las naciones pobres. Por lo cual, destruir por completo o malgastar bienes que son indispensables para la vida de los hombres es tan contrario a los deberes de la justicia como a los que impone la humanidad.<\/p>\n<p><b>162.<\/b> Sabemos bien que la producci\u00f3n de excedentes, particularmente de los agr\u00edcolas, en un pa\u00eds, puede perjudicar a determinadas categor\u00edas de ciudadanos. Pero de esto no se sigue en modo alguno que las naciones que tienen exceso de bienes queden dispensadas del deber de ayudar a las v\u00edctimas de la miseria y del hambre cuando surge una especial necesidad; sino que, por el contrario, hay que procurar con toda diligencia que esas dificultades nacidas de la superproducci\u00f3n de bienes se disminuyan y las soporten de manera equitativa todos y cada uno de los ciudadanos.<\/p>\n<h3><b>Pero es tambi\u00e9n necesaria la cooperaci\u00f3n cient\u00edfica, t\u00e9cnica y financiera<\/b><\/h3>\n<p><b>163.<\/b> Con todo, estas ayudas no pueden eliminar de modo inmediato en muchos pa\u00edses las causas permanentes de la miseria o del hambre. Generalmente, la causa reside en el retraso que acusan los sistemas econ\u00f3micos de esos pa\u00edses. Para remediar este atraso hay que movilizar todos los medios posibles, de suerte que, por una parte, los ciudadanos de estas naciones se instruyan perfectamente en el ejercicio de las t\u00e9cnicas y en el cumplimiento de sus oficios, y, por otra, puedan poseer los capitales que les permitan realizar por s\u00ed mismos el desarrollo econ\u00f3mico, con los criterios y m\u00e9todos propios de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p><b>164.<\/b> Sabemos perfectamente c\u00f3mo en estos \u00faltimos a\u00f1os ha ido profundiz\u00e1ndose en muchos hombres la conciencia de la obligaci\u00f3n que tienen de ayudar a los pa\u00edses pobres, que se hallan todav\u00eda en situaci\u00f3n de subdesarrollo, a fin de lograr que en \u00e9stos se faciliten los avances del desarrollo econ\u00f3mico y del progreso social.<\/p>\n<p><b>165.<\/b> Con objeto de alcanzar tan anhelados fines, vemos c\u00f3mo organismos supranacionales y estatales, fundaciones particulares y sociedades privadas ofrecen a diario con creciente liberalidad a dichos pa\u00edses ayuda t\u00e9cnica para aumentar su producci\u00f3n. Por ello, se dan facilidades a much\u00edsimos j\u00f3venes para que, estudiando en las grandes universidades de las naciones m\u00e1s desarrolladas, adquieran una formaci\u00f3n cient\u00edfica y t\u00e9cnica al nivel exigido por nuestro tiempo. Hay que a\u00f1adir que determinadas instituciones bancarias mundiales, algunos Estados por separado y la misma iniciativa privada facilitan con frecuencia pr\u00e9stamos de capitales a los pa\u00edses subdesarrollados, para montar en ellos una amplia serie de instituciones cuya finalidad es la producci\u00f3n econ\u00f3mica. Nos complace aprovechar la ocasi\u00f3n para expresar nuestro sincero aprecio por tan excelente obra. Es de desear, sin embargo, que en adelante las naciones m\u00e1s ricas mantengan con ritmo creciente su esfuerzo por ayudar a los pa\u00edses que est\u00e1n iniciando su desarrollo, para promover as\u00ed el progreso cient\u00edfico, t\u00e9cnico y econ\u00f3mico de estos \u00faltimos.<\/p>\n<h3><b>Hay que evitar los errores del pasado<\/b><\/h3>\n<p><b>166.<\/b> En este punto juzgamos oportunas algunas advertencias.<\/p>\n<p><b>167.<\/b> La primera es que las naciones que todav\u00eda no han iniciado o acaban de iniciar su desarrollo econ\u00f3mico, obrar\u00e1n prudentemente si examinan la trayectoria general que han recorrido las naciones econ\u00f3micamente ya desarrolladas.<\/p>\n<p><b>168.<\/b> Producir mayor n\u00famero de bienes, y producirlo por el procedimiento m\u00e1s id\u00f3neo, son exigencias de un planeamiento razonable y de las muchas necesidades que existen. Sin embargo, tanto las necesidades existentes como la justicia exigen que las riquezas producidas se repartan equitativamente entre todos los ciudadanos del pa\u00eds. Por lo cual, hay que esforzarse para que el desarrollo econ\u00f3mico y el progreso social avancen simult\u00e1neamente. Este proceso, a su vez, debe efectuarse de manera similar en los diferentes sectores de la agricultura, la industria y los servicios de toda clase.<\/p>\n<h3><b>Respetar las caracter\u00edsticas de cada pueblo<\/b><\/h3>\n<p><b>169.<\/b> Es tambi\u00e9n un hecho de todos conocido que las naciones cuyo desarrollo econ\u00f3mico est\u00e1 en curso presentan ciertas notas caracter\u00edsticas, nacidas del medio natural en que viven, de tradiciones nacionales de aut\u00e9ntico valor humano y del car\u00e1cter peculiar de sus propios miembros.<\/p>\n<p><b>170.<\/b> Las naciones econ\u00f3micamente desarrolladas, al prestar su ayuda, deben reconocer y respetar el legado tradicional de cada pueblo, evitando con esmero utilizar su cooperaci\u00f3n para imponer a dichos pa\u00edses una imitaci\u00f3n de su propia manera de vida.<\/p>\n<h3><b>Ayudar sin incurrir en un nuevo colonialismo<\/b><\/h3>\n<p><b>171.<\/b> Es necesario, asimismo, que las naciones econ\u00f3micamente avanzadas eviten con especial cuidado la tentaci\u00f3n de prestar su ayuda a los pa\u00edses pobres con el prop\u00f3sito de orientar en su propio provecho la situaci\u00f3n pol\u00edtica de dichos pa\u00edses y realizar as\u00ed sus planes de hegemon\u00eda mundial.<\/p>\n<p><b>172.<\/b> Si en alguna ocasi\u00f3n se pretende llevar a cabo este prop\u00f3sito, d\u00e9bese denunciar abiertamente que lo que se pretende, en realidad, es instaurar una nueva forma de colonialismo, que, aunque cubierto con honesto nombre, constituye una visi\u00f3n m\u00e1s del antiguo y anacr\u00f3nico dominio colonial, del que se acaban de despojar recientemente muchas naciones; lo cual, por ser contrario a las relaciones que normalmente unen a los pueblos entre s\u00ed, crear\u00eda una grave amenaza para la tranquilidad de todos los pa\u00edses.<\/p>\n<p><b>173.<\/b> Razones de necesidad y de justicia exigen, por consiguiente, que los Estados que prestan ayuda t\u00e9cnica y financiera a las naciones poco desarrolladas lo hagan sin intenci\u00f3n alguna de dominio pol\u00edtico y con el solo prop\u00f3sito de ponerlas en condiciones de realizar por s\u00ed mismas su propia elevaci\u00f3n econ\u00f3mica y social.<\/p>\n<p><b>174.<\/b> Si se procede de esta manera, se contribuir\u00e1 no poco a formar una especie de comunidad de todos los pueblos, dentro de la cual cada Estado, consciente de sus deberes y de sus derechos, colaborar\u00e1, en plano de igualdad, en pro de la prosperidad de todos los dem\u00e1s pa\u00edses.<\/p>\n<h3><b>Salvaguardar el sentido moral de los pueblos subdesarrollados<\/b><\/h3>\n<p><b>175.<\/b> No hay duda de que, si en una naci\u00f3n los progresos de la ciencia, de la t\u00e9cnica, de la econom\u00eda y de la prosperidad de los ciudadanos avanzan a la par, se da un paso gigantesco en cuanto se refiere a la cultura y a la civilizaci\u00f3n humana. Mas todos deben estar convencidos de que estos bienes no son los bienes supremos, sino solamente medios instrumentales para alcanzar estos \u00faltimos.<\/p>\n<p><b>176.<\/b> Por esta raz\u00f3n, observamos con dolorosa amargura c\u00f3mo en las naciones econ\u00f3micamente desarrolladas son pocos los hombres que viven despreocupados en absoluto de la justa ordenaci\u00f3n de los bienes, despreciando sin escr\u00fapulos, olvidando por completo o negando con pertinacia los bienes del esp\u00edritu, mientras apetecen ardientemente el progreso cient\u00edfico, t\u00e9cnico y econ\u00f3mico, y sobrestiman de tal manera el bienestar material, que lo consideran, por lo com\u00fan, como el supremo bien de su vida. Esta desordenada apreciaci\u00f3n acarrea como consecuencia que la ayuda prestada a los pueblos subdesarrollados no est\u00e9 exenta de perniciosos peligros, ya que en los ciudadanos de estos pa\u00edses, por efecto de una antigua tradici\u00f3n, tiene vigencia general todav\u00eda e influjo pr\u00e1ctico en la conducta la conciencia de los bienes fundamentales en que se basa la moral humana.<\/p>\n<p><b>177.<\/b> Por consiguiente, quienes intentan destruir, de la manera que sea, la integridad del sentido moral de estos pueblos, realizan, sin duda, una obra inmoral. Por el contrario, este sentido moral, adem\u00e1s de ser honrado dignamente, debe cultivarse y perfeccionarse porque constituye el fundamento de la verdadera civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>La aportaci\u00f3n de la Iglesia<\/b><\/h3>\n<p><b>178.<\/b> La Iglesia pertenece por derecho divino a todas las naciones. Su universalidad est\u00e1 probada en realidad por el hecho de su presencia actual en todo el mundo y por su voluntad a acoger a todos los pueblos.<\/p>\n<p><b>179.<\/b> Ahora bien, la Iglesia, al ganar a los pueblos para Cristo, contribuye necesariamente a su bienestar temporal, as\u00ed en el orden econ\u00f3mico como en el campo de las relaciones sociales. La historia de los tiempos pasados y de nuestra propia \u00e9poca demuestran con plenitud esta eficacia. Todos los que profesan en p\u00fablico el cristianismo aceptan y prometen contribuir personalmente al perfeccionamiento de las instituciones civiles y esforzarse por todos los medios posibles para que no s\u00f3lo no sufra deformaci\u00f3n alguna la dignidad humana, sino que adem\u00e1s se superen los obst\u00e1culos de toda clase y se promuevan aquellos medios que conducen y estimulan a la bondad moral y a la virtud.<\/p>\n<p><b>180.<\/b> M\u00e1s a\u00fan, la Iglesia, una vez que ha inyectado en las venas de un pueblo su propia vitalidad, no es ni se siente como una instituci\u00f3n impuesta desde fuera a dicho pueblo. Esto se debe al hecho de que su presencia se manifiesta en el renacer o resucitar de cada hombre en Cristo; ahora bien, quien renace o resucita en Cristo no se siente coaccionado jam\u00e1s por presi\u00f3n exterior alguna; todo lo contrario, al sentir que ha logrado la libertad perfecta, se encamina hacia Dios con el \u00edmpetu de su libertad, y de esta manera se consolida y ennoblece cuanto en \u00e9l hay de aut\u00e9ntico bien moral.<\/p>\n<p><b>181.<\/b> \u00abLa Iglesia de Jesucristo \u2014ense\u00f1a acertadamente nuestro predecesor P\u00edo XII\u2014, como fidel\u00edsima depositar\u00eda de la vivificante sabidur\u00eda divina, no pretende menoscabar o menospreciar las caracter\u00edsticas particulares que constituyen el modo de ser de cada pueblo; caracter\u00edsticas que con raz\u00f3n defienden los pueblos religiosa y celosamente como sagrada herencia. La Iglesia busca la profunda unidad, configurada por un amor sobrenatural, en el que todos los pueblos se ejerciten intensamente; no busca una uniformidad absoluta, exclusivamente externa, que debilite las propias fuerzas naturales, todas las normas y disposiciones que sirven para el desenvolvimiento prudente y para el aumento equilibrado de las propias energ\u00edas y facultades \u2014que nacen de las m\u00e1s rec\u00f3nditas entra\u00f1as de toda estirpe\u2014, la Iglesia las aprueba y favorece con amor de madre, con tal que no se opongan a las obligaciones que impone el origen com\u00fan y el com\u00fan destino de todos los hombres\u00bb (Enc\u00edclica <i>Summi Pontificatus; <\/i>cf. <i>Acta Apostolicae Sedis, <\/i>31<i> <\/i>[1939], pp. 428-429).<\/p>\n<p><b>182.<\/b> Vemos, por tanto, con gran satisfacci\u00f3n de nuestro esp\u00edritu c\u00f3mo los ciudadanos cat\u00f3licos de las naciones subdesarrolladas no ceden, en modo alguno, a nadie el primer puesto en el esfuerzo que sus pa\u00edses verifican para progresar, de acuerdo con sus posibilidades, en el orden econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<p><b>183.<\/b> Por otra parte, observamos c\u00f3mo los cat\u00f3licos de los Estados m\u00e1s ricos multiplican sus iniciativas y esfuerzos para conseguir que la ayuda prestada por sus pa\u00edses a las naciones econ\u00f3micamente d\u00e9biles facilite lo m\u00e1s posible su progreso econ\u00f3mico y social. Dignas de aplauso son, en este aspecto, la m\u00faltiple y creciente asistencia que vienen dispensando a los estudiantes afroasi\u00e1ticos esparcidos por las grandes Universidades de Europa y de Am\u00e9rica para su mejor formaci\u00f3n literaria y t\u00e9cnica, y la atenci\u00f3n que dedican a la formaci\u00f3n de individuos de todas las profesiones para que est\u00e9n dispuestos a trasladarse a las naciones subdesarrolladas y ejercer all\u00ed sus actividades t\u00e9cnicas y profesionales.<\/p>\n<p><b>184.<\/b> A estos queridos hijos nuestros, que en toda la tierra demuestran claramente la perenne eficacia y vitalidad de la Iglesia con su esfuerzo extraordinario en promover el genuino progreso de las naciones e inspirar la fuerza saludable de la aut\u00e9ntica civilizaci\u00f3n, queremos expresar nuestro aplauso y nuestro agradecimiento.<\/p>\n<h3><b>Incremento demogr\u00e1fico y desarrollo econ\u00f3mico. Desnivel entre poblaci\u00f3n y medios de subsistencia<\/b><\/h3>\n<p><b>185.<\/b> En estos \u00faltimos tiempos se plantea a menudo el problema de c\u00f3mo coordinar los sistemas econ\u00f3micos y los medios de subsistencia con el intenso incremento de la poblaci\u00f3n humana, as\u00ed en el plano mundial como en relaci\u00f3n con los pa\u00edses necesitados.<\/p>\n<p><b>186.<\/b> En el plano mundial observan algunos que, seg\u00fan c\u00e1lculos estad\u00edsticos, la humanidad, dentro de algunos decenios, alcanzar\u00e1 una cifra total de poblaci\u00f3n muy elevada, mientras que la econom\u00eda avanzar\u00e1 con mucha mayor lentitud. De esto deducen que, si no se pone freno a la procreaci\u00f3n humana, aumentar\u00e1 notablemente en un futuro pr\u00f3ximo la desproporci\u00f3n entre la poblaci\u00f3n y los medios indispensables de subsistencia.<\/p>\n<p><b>187.<\/b> Como es sabido, las estad\u00edsticas de los pa\u00edses econ\u00f3micamente menos desarrollados demuestran que, a causa de la general difusi\u00f3n de los modernos adelantos de la higiene y de la medicina, se ha prolongado la edad media del hombre al reducirse notablemente la mortalidad infantil. Y la natalidad en los pa\u00edses en que ya es crecida permanece estacionaria, al menos durante un no corto per\u00edodo de tiempo. Por otra parte, mientras las cifras de la natalidad exceden cada a\u00f1o a las de la mortalidad, los sistemas de producci\u00f3n al incremento demogr\u00e1fico. Por ello, en los pa\u00edses m\u00e1s pobres lo peor no es que no mejore el nivel de vida, sino que incluso empeore continuamente. Hay as\u00ed quienes estiman que, para que tal situaci\u00f3n no llegue a extremos peligrosos, es preciso evitar la concepci\u00f3n o reprimir, del modo que sea, los nacimientos humanos.<\/p>\n<h3><b>Situaci\u00f3n exacta del problema<\/b><\/h3>\n<p><b>188.<\/b> A decir verdad, en el plano mundial la relaci\u00f3n entre el incremento demogr\u00e1fico, de una parte, y los medios de subsistencia, de otra, no parece, al menos por ahora e incluso en un futuro pr\u00f3ximo, crear graves dificultades. Los argumentos que se hacen en esta materia son tan dudosos y controvertidos que no permiten deducir conclusiones ciertas.<\/p>\n<p><b>189.<\/b> A\u00f1\u00e1dese a esto que Dios, en su bondad y sabidur\u00eda, ha otorgado a la naturaleza una capacidad casi inagotable de producci\u00f3n y ha enriquecido al hombre con una inteligencia tan penetrante que le permite utilizar los instrumentos id\u00f3neos para poner todos los recursos naturales al servicio de las necesidades y del provecho de su vida. Por consiguiente, la soluci\u00f3n clara de este problema no ha de buscarse fuera del orden moral establecido por Dios, violando la procreaci\u00f3n de la propia vida humana, sino que, por el contrario, debe procurar el hombre, con toda clase de procedimientos t\u00e9cnicos y cient\u00edficos, el conocimiento profundo y el dominio creciente de las energ\u00edas de la naturaleza. Los progresos hasta ahora realizados por la ciencia y por la t\u00e9cnica abren en este campo una esperanza casi ilimitada para el porvenir.<\/p>\n<p><b>190.<\/b> No se nos oculta que en algunas regiones, y tambi\u00e9n en los pa\u00edses de escasos recursos, adem\u00e1s de estos problemas se plantean a menudo otras dificultades, debidas a que su organizaci\u00f3n econ\u00f3mica y social est\u00e1 montada de tal forma, que no pueden disponer de los medios precisos de subsistencia para hacer frente al crecimiento demogr\u00e1fico anual, ya que los pueblos no manifiestan en sus relaciones mutuas la concordia indispensable.<\/p>\n<p><b>191.<\/b> Aun concediendo que estos hechos sean reales, declaramos, sin embargo, con absoluta claridad, que estos problemas deben plantearse y resolverse de modo que no recurra el hombre a m\u00e9todos y procedimientos contrarios a su propia dignidad, como son los que ense\u00f1an sin pudor quienes profesan una concepci\u00f3n totalmente materialista del hombre y de la vida.<\/p>\n<p><b>192.<\/b> Juzgamos que la \u00fanica soluci\u00f3n del problema consiste en un desarrollo econ\u00f3mico y social que conserve y aumente los verdaderos bienes del individuo y de toda la sociedad. Trat\u00e1ndose de esta cuesti\u00f3n hay que colocar en primer t\u00e9rmino cuanto se refiere a la dignidad del hombre en general y a la vida del individuo, a la cual nada puede aventajar. Hay que procurar, adem\u00e1s, en este punto la colaboraci\u00f3n mutua de todos los pueblos, a fin de que, con evidente provecho colectivo, pueda organizarse entre todas las naciones un intercambio de conocimientos, capitales y personas.<\/p>\n<h3><b>El respeto a las leyes de la vida<\/b><\/h3>\n<p><b>193.<\/b> En esta materia hacemos una grave declaraci\u00f3n: la vida humana se comunica y propaga por medio de la familia, la cual se funda en el matrimonio uno e indisoluble, que para los cristianos ha sido elevado a la dignidad de sacramento. Y como la vida humana se propaga a otros hombres de una manera consciente y responsable, se sigue de aqu\u00ed que esta propagaci\u00f3n debe verificarse de acuerdo con las leyes sacrosantas, inmutables e inviolables de Dios, las cuales han de ser conocidas y respetadas por todos. Nadie, pues, puede l\u00edcitamente usar en esta materia los medidos o procedimientos que es l\u00edcito emplear en la gen\u00e9tica de las plantas o de los animales.<\/p>\n<p><b>194.<\/b> La vida del hombre, en efecto, ha de considerarse por todos como algo sagrado, ya que desde su mismo origen exige la acci\u00f3n creadora de Dios. Por tanto, quien se aparta de lo establecido por \u00c9l, no s\u00f3lo ofende a la majestad divina y se degrada a s\u00ed mismo y a la humanidad entera, sino que, adem\u00e1s, debilita las energ\u00edas \u00edntimas de su propio pa\u00eds.<\/p>\n<h3><b>Educaci\u00f3n del sentido de la responsabilidad<\/b><\/h3>\n<p><b>195.<\/b> Por estos motivos es de suma importancia que no s\u00f3lo se eduque a las nuevas generaciones con una formaci\u00f3n cultural y religiosa cada d\u00eda m\u00e1s perfecta \u2014lo cual constituye un derecho y un deber de los padres\u2014, sino que, adem\u00e1s, es necesario que se les inculque un profundo sentido de responsabilidad en todas las manifestaciones de la vida y, por tanto, tambi\u00e9n en orden a la constituci\u00f3n de la familia y a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos.<\/p>\n<p>\u00c9stos, en efecto, deben recibir de sus padres una confianza permanente en la divina providencia y, adem\u00e1s, un esp\u00edritu firme y dispuesto a soportar las fatigas y los sacrificios, que no puede l\u00edcitamente eludir quien ha recibido la noble y grave misi\u00f3n de colaborar personalmente con Dios en la propagaci\u00f3n de la vida humana y en la educaci\u00f3n de la prole.<\/p>\n<p>Para esta misi\u00f3n trascendental nada hay comparable a las ense\u00f1anzas y a los medios sobrenaturales que la Iglesia ofrece, a la cual, tambi\u00e9n por este motivo, se le debe reconocer el derecho de realizar su misi\u00f3n con plena libertad.<\/p>\n<h3><b>Al servicio de la vida<\/b><\/h3>\n<p><b>196.<\/b> Ahora bien, como se recuerda en el G\u00e9nesis, el Creador dio a la primera pareja humana dos mandamientos, que se complementan mutuamente: el primero, propagar la vida, \u00abcreced y multiplicaos\u00bb (<i>Gen <\/i>1,28); el segundo, dominar la naturaleza: \u00abLlenad la tierra y ense\u00f1oreaos de ella\u00bb (<i>ib\u00edd.<\/i>).<\/p>\n<p><b>197.<\/b> El segundo de estos preceptos no se dio para destruir los bienes naturales, sino para satisfacer con ellos las necesidades de la vida humana.<\/p>\n<p><b>198.<\/b> Con gran tristeza, por tanto, de nuestro esp\u00edritu observamos en la actualidad una contradicci\u00f3n entre dos hechos: de una parte las estrecheces econ\u00f3micas se presentan a los ojos de todos en tal cerraz\u00f3n, que parece como si la vida humana estuviese a punto de fenecer bajo la miseria y el hambre; de otra parte, los \u00faltimos descubrimientos de las ciencias, los avances de la t\u00e9cnica y los crecientes recursos econ\u00f3micos se convierten en instrumentos con los que se expone a la humanidad a extrema ruina y horrible matanza.<\/p>\n<p><b>199.<\/b> Dios, en su providencia, ha otorgado al g\u00e9nero humano suficientes recursos para afrontar de forma digna las cargas inherentes a la procreaci\u00f3n de los hijos. Mas esto puede resultar de soluci\u00f3n dif\u00edcil o totalmente imposible si los hombres, desvi\u00e1ndose del recto camino y con perversas intenciones, utilizan tales recursos contra la raz\u00f3n humana o contra la naturaleza social de estos \u00faltimos y, por consiguiente, contra los planes del mismo Dios.<\/p>\n<h3><b>Colaboraci\u00f3n en el plano mundial. Dimensi\u00f3n mundial de los problemas humanos m\u00e1s importantes<\/b><\/h3>\n<p><b>200.<\/b> Las relaciones entre los distintos pa\u00edses, por virtud de los adelantos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos, en todos los aspectos de la convivencia humana, se han estrechado mucho m\u00e1s en estos \u00faltimos a\u00f1os. Por ello, necesariamente la interdependencia de los pueblos se hace cada vez mayor.<\/p>\n<p><b>201.<\/b> As\u00ed, pues, los problemas m\u00e1s importantes del d\u00eda en el \u00e1mbito cient\u00edfico y t\u00e9cnico, econ\u00f3mico y social, pol\u00edtico y cultural, por rebasar con frecuencia las posibilidades de un solo pa\u00eds, afectan necesariamente a muchas y algunas veces a todas las naciones.<\/p>\n<p><b>202.<\/b> Sucede por esto que los Estados aislados, aun cuando descuellen por su cultura y civilizaci\u00f3n, el n\u00famero e inteligencia de sus ciudadanos, el progreso de sus sistemas econ\u00f3micos, la abundancia de recursos y la extensi\u00f3n territorial, no pueden, sin embargo, separados de los dem\u00e1s resolver por s\u00ed mismos de manera adecuada sus problemas fundamentales. Por consiguiente, las naciones, al hallarse necesitadas. unas de ayudas complementarias y las otras de ulteriores perfeccionamientos, s\u00f3lo podr\u00e1n atender a su propia utilidad mirando simult\u00e1neamente al provecho de los dem\u00e1s. Por lo cual es de todo punto preciso que los Estados se entiendan bien y se presten ayuda mutua.<\/p>\n<h3><b>Desconfianza rec\u00edproca<\/b><\/h3>\n<p><b>203.<\/b> Aunque en el \u00e1nimo de todos los hombres y de todos los pueblos va ganando cada d\u00eda m\u00e1s terreno el convencimiento de esta doble necesidad, con todo, los hombres, y principalmente los que en la vida p\u00fablica descuellan por su mayor autoridad, parecen en general incapaces de realizar esa inteligencia y esa ayuda mutua tan deseadas por los pueblos. La raz\u00f3n de esta incapacidad no proviene de que los pueblos carezcan de instrumentos cient\u00edficos, t\u00e9cnicos o econ\u00f3micos, sino de que m\u00e1s bien desconf\u00edan unos de otros. En realidad, los hombres, y tambi\u00e9n los Estados, se temen rec\u00edprocamente. Cada uno teme, en efecto, que el otro abrigue prop\u00f3sitos de dominaci\u00f3n y aceche el momento oportuno de conseguirlos. Por eso los pa\u00edses hacen todos los preparativos indispensables para defender sus ciudades y territorio, esto es, se rearman con el objeto de disuadir, as\u00ed lo declaran, a cualquier otro Estado de toda agresi\u00f3n efectiva.<\/p>\n<p><b>204.<\/b> De aqu\u00ed procede claramente el hecho de que los pueblos utilicen en gran escala las energ\u00edas humanas y los recursos naturales en detrimento m\u00e1s bien que en beneficio de la humanidad y de que, adem\u00e1s, se cree en los individuos y en las naciones un sentimiento profundo de angustia que retrasa el debido ritmo de las empresas de mayor importancia.<\/p>\n<h3><b>Falta el reconocimiento com\u00fan de un orden moral objetivo<\/b><\/h3>\n<p><b>205.<\/b> La causa de esta situaci\u00f3n parece provenir de que los hombres, y principalmente las supremas autoridades de los Estados, tienen en su actuaci\u00f3n concepciones de vida totalmente distintas. Hay, en efecto, quienes osan negar la existencia de una ley moral objetiva, absolutamente necesaria y universal y, por \u00faltimo, igual para todos. Por esto, al no reconocer los hombres una \u00fanica ley de justicia con valor universal, no pueden llegar en nada a un acuerdo pleno y seguro.<\/p>\n<p><b>206.<\/b> Porque, aunque el <i>t\u00e9rmino justicia <\/i>y la expresi\u00f3n <i>exigencias de la justicia <\/i>anden en boca de todos, sin embargo, estas palabras no tienen en todos la misma significaci\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, con much\u00edsima frecuencia, la tienen contraria. Por tanto, cuando esos hombres de Estado hacen un llamamiento a <i>la justicia o <\/i>a las <i>exigencias de la justicia, <\/i>no solamente discrepan sobre el significado de tales palabras, sino que adem\u00e1s les sirven a menudo de motivo para graves altercados; de todo lo cual se sigue que arraigue en ellos la convicci\u00f3n de que, para conseguir los propios derechos e intereses, no queda ya otro camino que recurrir a la violencia, semilla siempre de grav\u00edsimos males.<\/p>\n<h3><b>El Dios verdadero, \u00fanico fundamento del orden moral estable<\/b><\/h3>\n<p><b>207.<\/b> Para que la confianza rec\u00edproca entre los supremos gobernantes de las naciones subsista y se afiance m\u00e1s en ellos, es imprescindible que ante todo reconozcan y mantengan unos y otros las leyes de la verdad y de la justicia.<\/p>\n<p><b>208.<\/b> Ahora bien, la base \u00fanica de los preceptos morales es Dios. Si se niega la idea de Dios, esos preceptos necesariamente se desintegran por completo. El hombre, en efecto, no consta s\u00f3lo de cuerpo, sino tambi\u00e9n de alma, dotada de inteligencia y libertad. El alma exige, por tanto, de un modo absoluto, en virtud de su propia naturaleza, una ley moral basada en la religi\u00f3n, la cual posee capacidad muy superior a la de cualquier otra fuerza o utilidad material para resolver los problemas de la vida individual y social, as\u00ed en el interior de las naciones como en el seno de la sociedad internacional.<\/p>\n<p><b>209.<\/b> Sin embargo, no faltan hoy quienes afirmen que, gracias al extraordinario florecimiento de la ciencia y de la t\u00e9cnica, pueden los hombres, prescindiendo de Dios y solamente con sus propias fuerzas, alcanzar la cima suprema de la civilizaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>La realidad es, sin embargo, que ese mismo progreso cient\u00edfico y t\u00e9cnico plantea con frecuencia a la humanidad problemas de dimensiones mundiales que solamente pueden resolverse si los hombres reconocen la debida autoridad de Dios, autor y rector del g\u00e9nero humano y de toda la naturaleza.<\/p>\n<p><b>210.<\/b> La verdad de esta afirmaci\u00f3n se prueba por el propio progreso cient\u00edfico, que est\u00e1 abriendo horizontes casi ilimitados y haciendo surgir en la inteligencia de muchos la convicci\u00f3n de que las ciencias matem\u00e1ticas no pueden penetrar en la entra\u00f1a de la materia y de sus transformaciones ni explicarlas con palabras adecuadas, sino todo lo m\u00e1s analizarlas por medio de hip\u00f3tesis.<\/p>\n<p>Los hombres de hoy, que ven aterrados con sus propios ojos c\u00f3mo las gigantescas energ\u00edas de que disponen la t\u00e9cnica y la industria pueden emplearse tanto para provecho de los pueblos como para su propia destrucci\u00f3n, deben comprender que el esp\u00edritu y la moral han de ser antepuestos a todo si se quiere que el progreso cient\u00edfico y t\u00e9cnico no sirva para la aniquilaci\u00f3n del g\u00e9nero humano sino para coadyuvar a la obra de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>S\u00edntomas esperanzadores<\/b><\/h3>\n<p><b>211.<\/b> Entretanto, en las naciones m\u00e1s ricas, los hombres, insatisfechos cada vez m\u00e1s por la posesi\u00f3n de los bienes materiales, abandonan la utop\u00eda de un para\u00edso perdurable aqu\u00ed en la tierra. Al mismo tiempo, la humanidad entera no solamente est\u00e1 adquiriendo una conciencia cada d\u00eda m\u00e1s clara de los derechos inviolables y universales de la persona humana, sino que adem\u00e1s se esfuerza con toda clase de recursos por establecer entre los hombres relaciones mutuas m\u00e1s justas y adecuadas a su propia dignidad. De aqu\u00ed se deriva el hecho de que actualmente los hombres empiecen a reconocer sus limitaciones naturales y busquen las realidades del esp\u00edritu con el af\u00e1n superior al de antes.<\/p>\n<p>Todos estos hechos parecen infundir cierta esperanza de que tanto los individuos como las naciones lleguen por fin a un acuerdo para prestarse m\u00faltiple y eficac\u00edsima ayuda mutua.<\/p>\n<h2><b>IV.<\/b><b>&#8211;<\/b><b> La reconstrucci\u00f3n de las relaciones de convivencia en la verdad, en la justicia y en el amor<\/b><\/h2>\n<h3><b>Ideolog\u00edas defectuosas y err\u00f3neas<\/b><\/h3>\n<p><b>212.<\/b> Como en el tiempo pasado, tambi\u00e9n en el nuestro los progresos de la ciencia y de la t\u00e9cnica influyen poderosamente en las relaciones sociales del ciudadano. Por ello es preciso que, tanto en la esfera nacional como en la internacional, dichas relaciones se regulen con un equilibrio m\u00e1s humano.<\/p>\n<p><b>213.<\/b> Con este fin se han elaborado y difundido por escrito muchas ideolog\u00edas. Algunas de ellas han desaparecido ya, como la niebla ante el sol. Otras han sufrido hoy un cambio completo. Las restantes van perdiendo actualmente, poco a poco, su influjo en los hombres.<\/p>\n<p>Esta desintegraci\u00f3n proviene de hecho de que son ideolog\u00edas que no consideran la total integridad del hombre y no comprenden la parte m\u00e1s importante de \u00e9ste. No tienen, adem\u00e1s, en cuenta las indudables imperfecciones de la naturaleza humana, como son, por ejemplo, la enfermedad y el dolor, imperfecciones que no pueden remediarse en modo alguno evidentemente, ni siquiera por los sistemas econ\u00f3micos y sociales m\u00e1s perfectos. Por \u00faltimo, todos los hombres se sienten movidos por un profundo e invencible sentido religioso, que no puede ser jam\u00e1s conculcado por la fuerza u oprimido por la astucia.<\/p>\n<h3><b>El sentido religioso, natural en el hombre<\/b><\/h3>\n<p><b>214.<\/b> Porque la teor\u00eda m\u00e1s falsa de nuestros d\u00edas es la que afirma que el sentido religioso, que la naturaleza ha infundido en los hombres, ha de ser considerado como pura ficci\u00f3n o mera imaginaci\u00f3n, la cual debe, por tanto, arrancarse totalmente de los esp\u00edritus por ser contraria en absoluto al car\u00e1cter de nuestra \u00e9poca y al progreso de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lejos de ser as\u00ed, esa \u00edntima inclinaci\u00f3n humana hacia la religi\u00f3n, resulta prueba convincente de que el hombre ha sido, en realidad, creado por Dios y tiende irrevocablemente hacia \u00c9l, como leemos en San Agust\u00edn: \u00abNos hiciste, Se\u00f1or, para ti, y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u00bb<i> (Confesiones <\/i>I, 1.).<\/p>\n<p><b>215.<\/b> Por lo cual, por grande que llegue a ser el progreso t\u00e9cnico y econ\u00f3mico, ni la justicia ni la paz podr\u00e1n existir en la tierra mientras los hombres no tengan conciencia de la dignidad que poseen como seres creados por Dios y elevados a la filiaci\u00f3n divina; por Dios, decimos, que es la primera y \u00faltima causa de toda la realidad creada. El hombre, separado de Dios, se torna inhumano para s\u00ed y para sus semejantes, porque las relaciones humanas exigen de modo absoluto la relaci\u00f3n directa de la conciencia del hombre con Dios, fuente de toda verdad, justicia y amor.<\/p>\n<p><b>216.<\/b> Es bien conocida la cruel persecuci\u00f3n que durante muchos a\u00f1os vienen padeciendo en numerosos pa\u00edses, algunos de ellos de rancia civilizaci\u00f3n cristiana, tantos hermanos e hijos nuestros, para Nos querid\u00edsimos. Esta persecuci\u00f3n, que demuestra a los ojos de todos los hombres la superioridad moral de los perseguidos y la refinada crueldad de los perseguidores, aun cuando todav\u00eda no ha despertado en \u00e9stos el arrepentimiento, sin embargo, les ha infundido gran preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>217.<\/b> Con todo, la insensatez m\u00e1s caracterizada de nuestra \u00e9poca consiste en el intento de establecer un orden temporal s\u00f3lido y provechoso sin apoyarlo en su fundamento indispensable o, lo que es lo mismo, prescindiendo de Dios, y querer exaltar la grandeza del hombre cegando la fuente de la que brota y se nutre, esto es, obstaculizando y, si posible fuera, aniquilando la tendencia innata del alma hacia Dios.<\/p>\n<p>Los acontecimientos de nuestra \u00e9poca, sin embargo, que han cortado en flor las esperanzas de muchos y arrancado l\u00e1grimas a no pocos, confirman la verdad de la Escritura: \u00abSi el Se\u00f1or no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen\u00bb (<i>Sal<\/i> 127 (126), 1).<\/p>\n<h3><b>Perenne eficacia de la doctrina social de la Iglesia<\/b><\/h3>\n<p><b>218.<\/b> La Iglesia cat\u00f3lica ense\u00f1a y proclama una doctrina de la sociedad y de la convivencia humana que posee indudablemente una perenne eficacia.<\/p>\n<p><b>219.<\/b> El principio capital, sin duda alguna, de esta doctrina afirma que el hombre es necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales; el hombre, repetimos, en cuanto es sociable por naturaleza ya ha sido elevado a un orden sobrenatural.<\/p>\n<p><b>220.<\/b> De este trascendental principio, que afirma y defiende la sagrada dignidad de la persona, la santa Iglesia, con la colaboraci\u00f3n de sacerdotes y seglares competentes, ha deducido, principalmente en el \u00faltimo siglo, una luminosa doctrina social para ordenar las mutuas relaciones humanas de acuerdo con los criterios generales, que responden tanto a las exigencias de la naturaleza y a las distintas condiciones de la convivencia humana como el car\u00e1cter espec\u00edfico de la \u00e9poca actual; criterios que precisamente por esto pueden ser aceptados por todos.<\/p>\n<p><b>221.<\/b> Sin embargo, hoy m\u00e1s que nunca, es necesario que esta doctrina social sea no solamente conocida y estudiada, sino adem\u00e1s llevada a la pr\u00e1ctica en la forma y en la medida que las circunstancias de tiempo y de lugar permitan o reclamen. Misi\u00f3n ciertamente ardua, pero excelsa, a cuyo cumplimiento exhortamos no s\u00f3lo a nuestros hermanos e hijos de todo el mundo, sino tambi\u00e9n a todos los hombres sensatos.<\/p>\n<h3><b>Instrucci\u00f3n social cat\u00f3lica<\/b><\/h3>\n<p><b>222.<\/b> Ante todo, confirmamos la tesis de que la doctrina social profesada por la Iglesia cat\u00f3lica es algo inseparable de la doctrina que la misma ense\u00f1a sobre la vida humana.<\/p>\n<p><b>223.<\/b> Por esto deseamos intensamente que se estudie cada vez m\u00e1s esta doctrina. Exhortamos, en primer lugar, a que se ense\u00f1e como disciplina obligatoria en los colegios cat\u00f3licos de todo grado, y principalmente en los seminarios, aunque sabemos que en algunos centros de este g\u00e9nero se est\u00e1 dando dicha ense\u00f1anza acertadamente desde hace tiempo.<\/p>\n<p>Deseamos, adem\u00e1s, que esta disciplina social se incluya en el programa de ense\u00f1anza religiosa de las parroquias y de las asociaciones de apostolado de los seglares y se divulgue tambi\u00e9n por todos los procedimientos modernos de difusi\u00f3n, esto es, ediciones de diarios y revistas, publicaci\u00f3n de libros doctrinales, tanto para los entendidos como para el pueblo, y, por \u00faltimo, emisiones de radio y televisi\u00f3n.<\/p>\n<p><b>224.<\/b> Ahora bien, para la mayor divulgaci\u00f3n de esta doctrina social de la Iglesia cat\u00f3lica juzgamos que pueden prestar valiosa colaboraci\u00f3n los cat\u00f3licos seglares si la aprenden y la practican personalmente y, adem\u00e1s, procuran con empe\u00f1o que los dem\u00e1s se convenzan tambi\u00e9n de su eficacia.<\/p>\n<p><b>225.<\/b> Los cat\u00f3licos seglares han de estar convencidos de que la manera de demostrar la bondad y la eficacia de esta doctrina es probar que puede resolver los problemas sociales del momento.<\/p>\n<p>Porque por este camino lograr\u00e1n atraer hacia ella la atenci\u00f3n de quienes hoy la combaten por pura ignorancia. M\u00e1s a\u00fan, quiz\u00e1 consigan tambi\u00e9n que estos hombres saquen con el tiempo alguna orientaci\u00f3n de la luz de esta doctrina.<\/p>\n<h3><b>Educaci\u00f3n social cat\u00f3lica<\/b><\/h3>\n<p><b>226.<\/b> Pero una doctrina social no debe ser materia de mera exposici\u00f3n. Ha de ser, adem\u00e1s, objeto de aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica. Esta norma tiene validez sobre todo cuando se trata de la doctrina social de la Iglesia, cuya luz es la verdad, cuyo fin es la justicia y cuyo impulso primordial es el amor.<\/p>\n<p><b>227.<\/b> Es, por tanto, de suma importancia que nuestros hijos, adem\u00e1s de instruirse en la doctrina social, se eduquen sobre todo para practicarla.<\/p>\n<p><b>228.<\/b> La educaci\u00f3n cristiana, para que pueda calificarse de completa, ha de extenderse a toda clase de deberes. Por consiguiente, es necesario que los cristianos, movidos por ella, ajusten tambi\u00e9n a la doctrina de la Iglesia sus actividades de car\u00e1cter econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<p><b>229.<\/b> El paso de la teor\u00eda a la pr\u00e1ctica resulta siempre dif\u00edcil por naturaleza; pero la dificultad sube de punto cuando se trata de poner en pr\u00e1ctica una doctrina social como la de la Iglesia cat\u00f3lica. Y esto principalmente por varias razones: primera, por el desordenado amor propio que anida profundamente en el hombre; segunda, por el materialismo que actualmente se infiltra en gran escala en la sociedad moderna, y tercera, por la dificultad de determinar a veces las exigencias de la justicia en cada caso concreto.<\/p>\n<p><b>230.<\/b> Por ello no basta que la educaci\u00f3n cristiana, en armon\u00eda con la doctrina de la Iglesia, ense\u00f1e al hombre la obligaci\u00f3n que le incumbe de actuar cristianamente en el campo econ\u00f3mico y social, sino que, al mismo tiempo, debe ense\u00f1arle la manera pr\u00e1ctica de cumplir convenientemente esta obligaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>Intervenci\u00f3n de las asociaciones del apostolado seglar en esta educaci\u00f3n<\/b><\/h3>\n<p><b>231.<\/b> Juzgamos, sin embargo, insuficiente esta educaci\u00f3n del cristiano si al esfuerzo del maestro no se a\u00f1ade la colaboraci\u00f3n del disc\u00edpulo y si a la ense\u00f1anza no se une la pr\u00e1ctica a t\u00edtulo de experimento.<\/p>\n<p><b>232.<\/b> As\u00ed como proverbialmente suele decirse que, para disfrutar honestamente de la libertad, hay que saberla usar con rectitud, del mismo modo nadie aprende a actuar de acuerdo con la doctrina cat\u00f3lica en materia econ\u00f3mica y social si no es actuando realmente en este campo y de acuerdo con la misma doctrina.<\/p>\n<p><b>233.<\/b> Por este motivo, en la difusi\u00f3n de esta educaci\u00f3n pr\u00e1ctica del cristiano hay que atribuir una gran parte a las asociaciones consagradas al apostolado seglar, especialmente a las que se proponen como objetivo la restauraci\u00f3n de la moral cristiana como tarea fundamental del momento presente, ya que sus miembros pueden servirse de sus experiencias diarias para educarse mejor primero a s\u00ed mismos, y despu\u00e9s a los j\u00f3venes, en el cumplimiento de estos deberes.<\/p>\n<p><b>234.<\/b> No es ajeno a este prop\u00f3sito recordar aqu\u00ed a todos, tanto a los poderosos como a los humildes, que es absolutamente inseparable del sentido que la sabidur\u00eda cristiana tiene de la vida la voluntad de vivir sobriamente y de soportar, con la gracia de Dios, el sacrificio.<\/p>\n<p><b>235.<\/b> Mas, por desgracia, hoy se ha apoderado de muchos un af\u00e1n inmoderado de placeres. No son pocos, en efecto, los hombres para quienes el supremo objeto de la vida en anhelar los deleites y saciar la sed de sus pasiones, con grave da\u00f1o indudablemente del esp\u00edritu y tambi\u00e9n del cuerpo. Ahora bien, quien considere esta cuesti\u00f3n, aun en el plano meramente natural del hombre, ha de confesar que es medida sabia y prudente usar de reflexi\u00f3n y templanza en todas las cosas y refrenar las pasiones.<\/p>\n<p>Quien, por su parte, considera dicha cuesti\u00f3n desde el punto de vista sobrenatural, sabe que el Evangelio, la Iglesia cat\u00f3lica y toda la tradici\u00f3n asc\u00e9tica exigen de los cristianos intensa mortificaci\u00f3n de las pasiones y paciencia singular frente a las adversidades de la vida, virtudes ambas que, adem\u00e1s de garantizar el dominio firme y equilibrado del esp\u00edritu sobre la carne, ofrecen medio eficaz de expiar la pena del pecado, del que ninguno est\u00e1 inmune, salvo Jesucristo y su Madre inmaculada.<\/p>\n<h3><b>Necesidad de la acci\u00f3n social cat\u00f3lica<\/b><\/h3>\n<p><b>236.<\/b> Ahora bien, los principios generales de una doctrina social se llevan a la pr\u00e1ctica com\u00fanmente mediante tres fases: primera, examen completo del verdadero estado de la situaci\u00f3n; segunda, valoraci\u00f3n exacta de esta situaci\u00f3n a la luz de los principios, y tercera, determinaci\u00f3n de lo posible o de lo obligatorio para aplicar los principios de acuerdo con las circunstancias de tiempo y lugar. Son tres fases de un mismo proceso que suelen expresarse con estos tres verbos: ver, juzgar y obrar.<\/p>\n<p><b>237.<\/b> De aqu\u00ed se sigue la suma conveniencia de que los j\u00f3venes no s\u00f3lo reflexionen sobre este orden de actividades, sino que, adem\u00e1s, en lo posible, lo practiquen en la realidad. As\u00ed evitar\u00e1n creer que los conocimientos aprendidos deben ser objeto exclusivo de contemplaci\u00f3n, sin desarrollo simult\u00e1neo en la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p><b>238.<\/b> Puede, sin embargo, ocurrir a veces que, cuando se trata de aplicar los principios, surjan divergencias aun entre cat\u00f3licos de sincera intenci\u00f3n. Cuando esto suceda, procuren todos observar y testimoniar la mutua estima y el respeto rec\u00edproco, y al mismo tiempo examinen los puntos de coincidencia a que pueden llegar todos, a fin de realizar oportunamente lo que las necesidades pidan. Deben tener, adem\u00e1s, sumo cuidado en no derrochar sus energ\u00edas en discusiones interminables, y, so pretexto de lo mejor, no se descuiden de realizar el bien que les es posible y, por tanto, obligatorio.<\/p>\n<p><b>239.<\/b> Pero los cat\u00f3licos, en el ejercicio de sus actividades econ\u00f3micas o sociales, entablan a veces relaciones con hombres que tienen de la vida una concepci\u00f3n distinta. En tales ocasiones, procuren los cat\u00f3licos ante todo ser siempre consecuentes consigo mismos y no aceptar compromisos que puedan da\u00f1ar a la integridad de la religi\u00f3n o de la moral. Deben, sin embargo, al mismo tiempo, mostrarse animados de esp\u00edritu de comprensi\u00f3n para las opiniones ajenas, plenamente desinteresados y dispuestos a colaborar lealmente en la realizaci\u00f3n de aquellas obras que sean por su naturaleza buenas o, al menos, puedan conducir al bien. Mas si en alguna ocasi\u00f3n la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica dispone o decreta algo en esta materia, es evidente que los cat\u00f3licos tienen la obligaci\u00f3n de obedecer inmediatamente estas \u00f3rdenes. A la Iglesia corresponde, en efecto, el derecho y el deber de tutelar la integridad de los principios de orden \u00e9tico y religioso y, adem\u00e1s, el dar a conocer, en virtud de su autoridad, p\u00fablicamente su criterio, cuando se trata de aplicar en la pr\u00e1ctica estos principios.<\/p>\n<h3><b>Responsabilidad de los seglares en el campo de la acci\u00f3n social<\/b><\/h3>\n<p><b>240.<\/b> Las normas que hemos dado sobre la educaci\u00f3n hay que observarlas necesariamente en la vida diaria. Es \u00e9sta una misi\u00f3n que corresponde principalmente a nuestros hijos del laicado, por ocuparse generalmente en el ejercicio de las actividades temporales y en la creaci\u00f3n de instituciones de id\u00e9ntica finalidad.<\/p>\n<p><b>241.<\/b> Al ejercitar tan noble funci\u00f3n, es imprescindible que los seglares no s\u00f3lo sean competentes en su profesi\u00f3n respectiva y trabajen en armon\u00eda con las leyes aptas para la consecuci\u00f3n de sus prop\u00f3sitos, sino que ajusten su actividad a los principios y normas sociales de la Iglesia, en cuya sabidur\u00eda deben confiar sinceramente y a cuyos mandatos han de obedecer con filial sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Consideren atentamente los seglares que si no observan con diligencia los principios y las normas sociales dictadas por la Iglesia y confirmadas por Nos, faltan a sus inexcusables deberes, lesionan con frecuencia los derechos de los dem\u00e1s y pueden llegar a veces incluso a desacreditar la misma doctrina, como si fuese en verdad la mejor, pero sin fuerza eficazmente orientadora para la vida pr\u00e1ctica.<\/p>\n<h3><b>Un grave peligro: el olvido del hombre<\/b><\/h3>\n<p><b>242.<\/b> Como ya hemos recordado, los hombres de nuestra \u00e9poca han profundizado y extendido la investigaci\u00f3n de las leyes de la naturaleza; han creado instrumentos nuevos para someter a su dominio las energ\u00edas naturales; han producido y siguen produciendo obras gigantescas y espectaculares.<\/p>\n<p>Sin embargo, mientras se empe\u00f1an en dominar y transformar el mundo exterior, corren el peligro de incurrir por negligencia en el olvido de s\u00ed mismos y de debilitar las energ\u00edas de su esp\u00edritu y de su cuerpo.<\/p>\n<p>Nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XI ya advirti\u00f3 con amarga tristeza este hecho, y se quejaba de \u00e9l en su enc\u00edclica <i>Quadragesimo anno <\/i>con estas palabras: \u00abY as\u00ed el trabajo corporal, que la divina Providencia hab\u00eda establecido a fin de que se ejerciese, incluso despu\u00e9s del pecado original, para bien del cuerpo y del alma humana, se convierte por doquier en instrumento de perversi\u00f3n; es decir, que de las f\u00e1bricas sale ennoblecida la inerte materia, pero los hombres se corrompen y envilecen\u00bb.<\/p>\n<p><b>243.<\/b> Con raz\u00f3n afirma tambi\u00e9n nuestro predecesor P\u00edo XII que la \u00e9poca actual se distingue por un claro contraste entre el inmenso progreso realizado por las ciencias y la t\u00e9cnica y el asombroso retroceso que ha experimentado el sentido de la dignidad humana. \u00abLa obra maestra y monstruosa, al mismo tiempo, de esta \u00e9poca, ha sido la de transformar al hombre en un gigante del mundo f\u00edsico a costa de su esp\u00edritu, reducido a pigmeo en el mundo sobrenatural y eterno\u00bb <i>(Radiomensaje navide\u00f1o del 24 de diciembre de 1943; <\/i>cf. <i>Acta Apostolicae Sedis, <\/i>36 [1944], p. 10).<\/p>\n<p><b>244.<\/b> Una vez m\u00e1s se verifica hoy en proporciones ampl\u00edsimas lo que afirmaba el Salmista de los id\u00f3latras: que los hombres se olvidan muchas veces de s\u00ed mismos en su conducta pr\u00e1ctica, mientras admiran sus propias obras hasta adorarlas como dioses: \u00abSus \u00eddolos son plata y oro, obra de la mano de los hombres\u00bb (<i>Sal <\/i>114 (115), 4).<\/p>\n<h3><b>Reconocimiento y respeto de la jerarqu\u00eda de los valores<\/b><\/h3>\n<p><b>245.<\/b> Por este motivo, nuestra preocupaci\u00f3n de Pastor universal de todas las almas nos obliga a exhortar insistentemente a nuestros hijos para que en el ejercicio de sus actividades y en el logro de sus fines no permitan que se paralice en ellos el sentido de la responsabilidad u olviden el orden de los bienes supremos.<\/p>\n<p><b>246.<\/b> Es bien sabido que la Iglesia ha ense\u00f1ado siempre, y sigue ense\u00f1ando, que los progresos cient\u00edficos y t\u00e9cnicos y el consiguiente bienestar material que de ellos se sigue son bienes reales y deben considerarse como prueba evidente del progreso de la civilizaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Pero la Iglesia ense\u00f1a igualmente que hay que valorar ese progreso de acuerdo con su genuina naturaleza, esto es, como bienes instrumentales puestos al servicio del hombre, para que \u00e9ste alcance con mayor facilidad su fin supremo, el cual no es otro que facilitar su perfeccionamiento personal, as\u00ed en el orden natural como en el sobrenatural.<\/p>\n<p><b>247.<\/b> Deseamos, por ello, ardientemente que resuene como perenne advertencia en los o\u00eddos de nuestros hijos el aviso del divino Maestro: \u00ab\u00bfQu\u00e9 aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? \u00bfO qu\u00e9 podr\u00e1 dar el hombre a cambio de su alma?\u00bb (<i>Mt <\/i>16,26).<\/p>\n<h3><b>Santificaci\u00f3n de las fiestas<\/b><\/h3>\n<p><b>248.<\/b> Semejante a las advertencias anteriores es la que hace la Iglesia con relaci\u00f3n al descanso obligatorio de los d\u00edas festivos.<\/p>\n<p><b>249.<\/b> Para defender la dignidad del hombre como ser creado por Dios y dotado de un alma hecha a imagen divina, la Iglesia cat\u00f3lica ha urgido siempre la fiel observancia del tercer mandamiento del Dec\u00e1logo: \u00abAcu\u00e9rdate del d\u00eda del s\u00e1bado para santificarlo\u00bb (<i>Ex <\/i>20,8).<\/p>\n<p>Es un derecho y un poder de Dios exigir del hombre que dedique al culto divino un d\u00eda a la semana, para que as\u00ed su esp\u00edritu liberado de las ocupaciones de la vida diaria, pueda elevarse a los bienes celestiales y examinar en la secreta intimidad de su conciencia en qu\u00e9 situaci\u00f3n se hallan sus relaciones personales, obligatorias y inviolables, con Dios.<\/p>\n<p><b>250.<\/b> Mas constituye tambi\u00e9n un derecho y una necesidad para el hombre hacer una pausa en el duro trabajo cotidiano, no ya s\u00f3lo para proporcionar reposo a su fatigado cuerpo y honesta distracci\u00f3n a sus sentidos, sino tambi\u00e9n para mirar por la unidad de su familia, la cual reclama de todos sus miembros contacto frecuente y serena convivencia.<\/p>\n<p><b>251.<\/b> La religi\u00f3n, la moral y la higiene exigen, pues, conjuntamente el descanso peri\u00f3dico. La Iglesia cat\u00f3lica, por su parte, desde hace ya muchos siglos, ha ordenado que los fieles observen el descanso dominical y asistan al santo sacrificio de la misa, que es el mismo tiempo memorial y aplicaci\u00f3n a las almas de la obra redentora de Cristo.<\/p>\n<p><b>252.<\/b> Sin embargo, con vivo dolor de nuestro esp\u00edritu observamos un hecho que debemos condenar. Son muchos los que, tal vez sin prop\u00f3sito de conculcar esta santa ley, incumplen con frecuencia la santificaci\u00f3n de los d\u00edas festivos, lo cual necesariamente origina graves da\u00f1os, as\u00ed a la salud espiritual como al vigor corporal de nuestros queridos trabajadores.<\/p>\n<p><b>253.<\/b> En nombre de Dios, y teniendo a la vista el bienestar espiritual y material de la humanidad, Nos hacemos un llamamiento a todos, autoridades, empresarios y trabajadores, para que se esmeren en la observancia de este precepto de Dios y de la Iglesia y recuerden la grave responsabilidad que en esta materia contraen ante Dios y ante la sociedad.<\/p>\n<h3><b>La perfecci\u00f3n cristiana y el dinamismo temporal son compatibles<\/b><\/h3>\n<p><b>254.<\/b> Nadie, sin embargo, debe deducir de cuanto acabamos de exponer con brevedad, que nuestros hijos, sobre todo los seglares, obrar\u00edan prudentemente si colaborasen con desgana en la tarea espec\u00edfica de los cristianos, ordenada a las realidades de esta vida temporal; por el contrario, declaramos una vez m\u00e1s que esta tarea debe cumplirse y prestarse con af\u00e1n cada d\u00eda m\u00e1s intenso.<\/p>\n<p><b>255.<\/b> En realidad de verdad, Jesucristo, en la solemne oraci\u00f3n por la unidad de su Iglesia hizo al Padre esta petici\u00f3n en favor de sus disc\u00edpulos: \u00abNo pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal\u00bb (<i>Jn <\/i>17,15).<\/p>\n<p>Nadie debe, por tanto, enga\u00f1arse imaginando una contradicci\u00f3n entre dos cosas perfectamente compatibles, esto es, la perfecci\u00f3n personal propia y la presencia activa en el mundo, como si para alcanzar la perfecci\u00f3n cristiana tuviera uno que apartarse necesariamente de toda actividad terrena, o como si fuera imposible dedicarse a los negocios temporales sin comprometer la propia dignidad de hombre y de cristiano.<\/p>\n<p><b>256.<\/b> Por el contrario, responde plenamente al plan de la Providencia que cada hombre alcance su propia perfecci\u00f3n mediante el ejercicio de su diario trabajo, el cual para la casi totalidad de los seres humanos entra\u00f1a un contenido temporal. Por esto, actualmente la ardua misi\u00f3n de la Iglesia consiste en ajustar el progreso de la civilizaci\u00f3n presente con las normas de la cultura humana y del esp\u00edritu evang\u00e9lico. Esta misi\u00f3n la reclama nuestro tiempo, m\u00e1s a\u00fan, la est\u00e1 exigiendo a voces, para alcanzar metas m\u00e1s altas y consolidar sin da\u00f1o alguno las ya conseguidas. Para ello, como ya hemos dicho, la Iglesia pide sobre todo la colaboraci\u00f3n de los seglares, los cuales, por esto mismo, est\u00e1n obligados a trabajar de tal manera en la resoluci\u00f3n de los problemas temporales, que al cumplir sus obligaciones para con el pr\u00f3jimo lo hagan en uni\u00f3n espiritual con Dios por medio de Cristo y para aumento de la gloria divina, como manda el ap\u00f3stol san Pablo: \u00abOra, pues, com\u00e1is, ora beb\u00e1is, ora hag\u00e1is cualquier otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios\u00bb (<i>1Co <\/i>10,31). Y en otro lugar: \u00abTodo cuanto hiciereis, de palabra o de obra, hacedlo en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas, dando gracias a Dios Padre por mediaci\u00f3n de \u00c9l\u00bb (<i>Col <\/i>3,17).<\/p>\n<h3><b>Es necesaria una mayor eficacia en las actividades temporales<\/b><\/h3>\n<p><b>257.<\/b> Cuando las actividades e instituciones humanas de la vida presente coadyuvan tambi\u00e9n al provecho espiritual y a la bienaventuranza eterna del hombre, es necesario reconocer que se desarrollan con mayor eficacia para la consecuci\u00f3n de los fines a que tienden inmediatamente por su propia naturaleza. La luminosa palabra del divino Maestro tiene un valor permanente: \u00abBuscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo dem\u00e1s se os dar\u00e1 por a\u00f1adidura\u00bb (<i>Mt <\/i>6,33). Porque, quien ha sido hecho como luz en el Se\u00f1or (<i>Ef<\/i> 5,8), y camina cual hijo de la luz (<i>ib\u00edd.<\/i>),<i> <\/i>capta con juicio m\u00e1s certero las exigencias de la justicia en las distintas esferas de la actividad humana, aun en aqu\u00e9llas que ofrecen mayores dificultades a causa de los ego\u00edsmos tan generalizados de los individuos, de las naciones o de las razas.<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir a esto que, cuando se est\u00e1 animado de la caridad de Cristo, se siente uno vinculado a los dem\u00e1s, experimentando como propias las necesidades, los sufrimientos y las alegr\u00edas extra\u00f1as, y la conducta personal en cualquier sitio es firme, alegre, humanitaria, e incluso cuidadosa del inter\u00e9s ajeno, \u00abporque la caridad es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descort\u00e9s, no es interesada; no se irrita, no piensa mal; no se alegra de la injusticia, se complace en la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera\u00bb (<i>1Co <\/i>13,4-7).<\/p>\n<h3><b>Miembros vivos del Cuerpo m\u00edstico de Cristo<\/b><\/h3>\n<p><b>258.<\/b> No queremos, sin embargo, concluir esta nuestra enc\u00edclica sin recordaros, venerables hermanos, un cap\u00edtulo sumamente trascendental y verdadero de la doctrina cat\u00f3lica, por el cual se nos ense\u00f1a que somos miembros vivos del Cuerpo m\u00edstico de Cristo, que es la Iglesia: \u00abPorque as\u00ed como, siendo el cuerpo uno, tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo \u00fanico, as\u00ed es tambi\u00e9n Cristo\u00bb (<i>1Co <\/i>12,12).<\/p>\n<p><b>259.<\/b> Exhortamos, pues, insistentemente a nuestros hijos de todo el mundo, tanto del clero como del laicado, a que procuren tener una conciencia plena de la gran nobleza y dignidad que poseen por el hecho de estar injertados en Cristo como los sarmientos en la vid: \u00abYo soy la vid, vosotros los sarmientos\u00bb (<i>Jn <\/i>15,5), y porque se les permite participar de la vida divina de Aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>De esta incorporaci\u00f3n se sigue que, cuando el cristiano est\u00e1 unido espiritualmente al divino Redentor, al desplegar su actividad en las empresas temporales, su trabajo viene a ser como una continuaci\u00f3n del de Jesucristo, del cual toma fuerza y virtud salvadora: \u00abEl que permanece en m\u00ed y yo en \u00e9l, \u00e9se da mucho fruto\u00bb (<i>ib\u00edd.<\/i>).<i> <\/i>As\u00ed el trabajo humano se eleva y ennoblece de tal manera que conduce a la perfecci\u00f3n espiritual al hombre que lo realiza y, al mismo tiempo, puede contribuir a extender a los dem\u00e1s los frutos de la redenci\u00f3n cristiana y propagarlos por todas partes. Tal es la causa de que la doctrina cristiana, como levadura evang\u00e9lica, penetre en las venas de la sociedad civil en que vivimos y trabajamos.<\/p>\n<p><b>260.<\/b> Aunque hay que reconocer que nuestro siglo padece grav\u00edsimos errores y est\u00e1 agitado por profundos des\u00f3rdenes, sin embargo, es una \u00e9poca la nuestra en la cual se abren inmensos horizontes de apostolado para los operarios de la Iglesia, despertando gran esperanza en nuestros esp\u00edritus.<\/p>\n<p><b>261.<\/b> Venerables hermanos y queridos hijos hemos deducido una serie de principios y de normas a cuya intensa meditaci\u00f3n y realizaci\u00f3n, en la medida posible a cada uno, os exhortamos insistentemente. Porque, si todos y cada uno de vosotros prest\u00e1is con \u00e1nimo decidido esta colaboraci\u00f3n, se habr\u00e1 dado necesariamente un gran paso en el establecimiento del reino de Cristo en la tierra, el cual \u00abes reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz \u00bb <i>(Prefacio de la festividad de Cristo Rey); <\/i>reino del cual partiremos alg\u00fan d\u00eda hacia la felicidad eterna, para la que hemos sido creados por Dios y a la cual deseamos ardientemente llegar.<\/p>\n<p><b>262.<\/b> Se trata, en efecto, de la doctrina de la Iglesia cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, madre y maestra de todos los pueblos, cuya luz ilumina, enciende, inflama; cuya voz amonestadora, por estar llena de eterna sabidur\u00eda, sirve para todos los tiempos; cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para las crecientes necesidades de la humanidad y para las preocupaciones y ansiedades de la vida presente.<\/p>\n<p>Con esta voz concuerda admirablemente la antigua palabra del Salmista, la cual no cesa de confirmar y levantar los esp\u00edritus: \u00abYo bien s\u00e9 lo que dir\u00e1 Dios: que sus palabras ser\u00e1n palabras de paz para su pueblo y para sus santos y para cuantos se vuelven a \u00c9l de coraz\u00f3n. S\u00ed, su salvaci\u00f3n est\u00e1 cercana a los que le temen, y bien pronto habitar\u00e1 la gloria en nuestra tierra. Se han encontrado la benevolencia y la fidelidad, se han dado el abrazo la justicia y la paz. Brota de la tierra la fidelidad, y mira la justicia desde lo alto de los cielos. S\u00ed; el Se\u00f1or nos otorgar\u00e1 sus bienes, y la tierra dar\u00e1 sus frutos. Va delante de su faz la justicia, y la paz sigue sus pasos\u00bb (<i>Sal <\/i>85 [84], 9-14).<\/p>\n<p><b>263.<\/b> \u00c9stos son los deseos, venerables hermanos, que Nos formulamos al terminar esta carta, a la cual hemos consagrado durante mucho tiempo nuestra solicitud por la Iglesia universal; los formulamos, a fin de que el divino Redentor de los hombres, \u00abque ha venido a ser para nosotros, de parte de Dios, sabidur\u00eda, justicia, santificaci\u00f3n y redenci\u00f3n\u00bb (<i>1Co <\/i>1,30), reine y triunfe felizmente a lo largo de los siglos, en todos y sobre todo; los formulamos tambi\u00e9n para que, restaurado el recto orden social, todos los pueblos gocen, al fin, de prosperidad, de alegr\u00eda y de paz.<\/p>\n<p><b>264.<\/b> Sea presagio de estas deseables realidades y prenda de nuestra paterna benevolencia la bendici\u00f3n apost\u00f3lica que a vosotros, venerables hermanos, a todos los fieles confiados a vuestra vigilancia, y particularmente a cuantos responder\u00e1n con generosa voluntad a nuestras exhortaciones, impartimos de coraz\u00f3n en el Se\u00f1or.<\/p>\n<p><i>Dado en Roma, junto a San Pedro, el d\u00eda 15 de mayo del a\u00f1o 1961, tercero de nuestro pontificado.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><b>Juan PP. XXIII<\/b><\/p>\n<hr \/>\n<h2>Descarga el Documento completo en formato Word:<\/h2>\n<table border=\"0\" width=\"256\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>Formato DOC <em>(Microsoft Word):<\/em><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=255\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/doc.png?resize=256%2C256\" alt=\"DOC\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contexto Ya hab\u00edan pasado setenta a\u00f1os de que Le\u00f3n XIII hab\u00eda escrito la enc\u00edclica conocida como la Carta Magna del Trabajo , cuando el 15 de mayo de 1961 Juan XXIII dio a conocer su &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-mater-et-magistra\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":404150,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[100],"tags":[172],"class_list":["post-121767","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos-pontificios","tag-pobreza"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Enc\u00edclica Mater et Magistra - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-mater-et-magistra\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Enc\u00edclica Mater et Magistra - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Contexto Ya hab\u00edan pasado setenta a\u00f1os de que Le\u00f3n XIII hab\u00eda escrito la enc\u00edclica conocida como la Carta Magna del Trabajo , cuando el 15 de mayo de 1961 Juan XXIII dio a conocer su ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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