{"id":121548,"date":"2022-04-13T08:06:04","date_gmt":"2022-04-13T06:06:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=121548"},"modified":"2022-02-14T09:19:35","modified_gmt":"2022-02-14T08:19:35","slug":"enciclica-quadragesimo-anno","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-quadragesimo-anno\/","title":{"rendered":"Enc\u00edclica Quadragesimo anno"},"content":{"rendered":"<p>Cuando se public\u00f3 la enc\u00edclica <em>Quadragesimo anno<\/em> se hab\u00eda producido un notable cambio en las circunstancias sociales y econ\u00f3micas respecto a las que reg\u00edan cuando se public\u00f3 la enc\u00edclica <em>Rerum novarum.<\/em> Tres eran los principales datos de ese cambio:<\/p>\n<ol>\n<li>El mal padecido por la sociedad en 1891 era la lucha de clases, entendida como \u00abpugnatio classium\u00bb y no como mera \u00abdisceptatio classium\u00bb, esto es, entendida como lucha vital, agonal, no como mera contienda de intereses. En 1931, la lucha de clases no ha desaparecido a\u00fan -como desaparecer\u00e1 de hecho a fin de la guerra 1939-45-; pero el mal ya no radica en ella, sino que se centra en la progresiva desintegraci\u00f3n de la sociedad, mal mucho m\u00e1s vasto que el que representaba aquella lucha.<\/li>\n<li>El r\u00e9gimen econ\u00f3mico de 1891 estaba presidido por un capitalismo liberal de peque\u00f1as unidades econ\u00f3micas, respecto al cual era pensable que pudiera funcionar con arreglo al \u00abmodelo\u00bb. El r\u00e9gimen econ\u00f3mico de 1931 era el capitalismo de los grandes monopolios, que representaban ya una forma de socializaci\u00f3n -por supuesto, no estatificaci\u00f3n-, al menos en el terreno social.<\/li>\n<li>El socialismo de 1891 era una cosa, y el de 1931 otra distinta. Aqu\u00e9l era, sin distinci\u00f3n y sustancialmente, materialista y antirreligioso; si exist\u00eda alguna otra forma de socialismo, apenas si ten\u00eda peso sensible ni era conocida como tal. En 1931, como advierte el propio Pont\u00edfice, si bien la esencia del socialismo sigue siendo materialista y arreligiosa, hay muchos que se llaman socialistas s\u00f3lo por precisar un conjunto de medidas econ\u00f3micas contra las que nada tiene que oponer la Iglesia; o, si son discutibles, no son materialistas ni exigen una actitud arreligiosa en medida distinta que el capitalismo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Esta diferenciaci\u00f3n de circunstancias preside del desarrollo de la enc\u00edclica. La primera diferencia apuntada es aludida expresamente en el cambio de tema abordado por la enc\u00edclica; \u00e9sta es la cuesti\u00f3n social, en tanto que en la enc\u00edclica <em>Rerum novarum<\/em> el objeto era la cuesti\u00f3n obrera.<\/p>\n<p>La tercera diferenciaci\u00f3n tambi\u00e9n es recogida expresamente en los p\u00e1rrafos que el Pont\u00edfice dedica a la evoluci\u00f3n del socialismo. La segunda, no aludida de modo expl\u00edcito, constituye, sin embargo, la trama misma de la enc\u00edclica.<\/p>\n<p>A estas diferencias, producidas en las circunstancias exteriores, se une un cambio en el horizonte contemplado: la <em>Rerum novarum<\/em> contempla las relaciones patrono-obrero en el interior de cada empresa; la <em>Quadragesimo anno<\/em> considera ya la complejidad de la vida econ\u00f3mica nacional, que condiciona, m\u00e1s o menos severamente, las libres decisiones de aqu\u00e9llos; por eso, en lo que respecta a las posibles soluciones, la enc\u00edclica <em>Quadragesimo anno<\/em> ofrece una visi\u00f3n org\u00e1nica del orden econ\u00f3mico-social, que falta en la Rerum Novarum<em>,<\/em> dedicada m\u00e1s bien a apuntar correcciones concretas de instituciones singulares. Alg\u00fan autor autorizado -el P. Nell Breuning- enlaza el programa positivo de la enc\u00edclica con la doctrina del solidarismo cristiano del P. Pesch, elaborado de uno de los esquemas cient\u00edficos m\u00e1s cumplidos dentro del catolicismo social.<\/p>\n<p>La ocasi\u00f3n de la enc\u00edclica fue, como es sabido, el 40 aniversario de la <em>Rerum novarum.<\/em> En la magna recepci\u00f3n celebrada el d\u00eda 15 de mayo de 1931 en el patio de San D\u00e1maso, el Papa anunci\u00f3 al mundo la inmediata aparici\u00f3n de esta enc\u00edclica, que, en efecto, fue publicada el d\u00eda 23.<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\"><b>Carta Enc\u00edclica<br \/>\nde Su Santidad P\u00edo <\/b><b>XI<br \/>\nsobre la restauraci\u00f3n del orden social<br \/>\nen perfecta conformidad con la ley evang\u00e9lica<\/b><b><br \/>\nal celebrarse el 40\u00ba aniversario de la Enc\u00edclica<br \/>\n\u00abRerum novarum\u00bb de Le\u00f3n XIII.<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center\">A los venerables hermanos Patriarcas,<br \/>\nPrimados, Arzobispos, Obispos y dem\u00e1s ordinarios de lugar<br \/>\nen paz y comuni\u00f3n con esta Sede Apost\u00f3lica,<br \/>\na todos los sacerdotes y fieles del orbe cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Venerables hermanos y queridos hijos:<\/p>\n<p><b>1.<\/b> En el cuadrag\u00e9simo aniversario de publicada la egregia enc\u00edclica <i>Rerum novarum, <\/i>debida a Le\u00f3n XIII, de feliz recordaci\u00f3n, todo el orbe cat\u00f3lico se siente conmovido por tan grato recuerdo y se dispone a conmemorar dicha carta con la solemnidad que se merece.<\/p>\n<p><b>2.<\/b> Y con raz\u00f3n, ya que, aun cuando a este insigne documento de pastoral solicitud le hab\u00edan preparado el camino, en cierto modo, las enc\u00edclicas de este mismo predecesor nuestro sobre el fundamento de la sociedad humana, que es la familia, y el venerando sacramento del matrimonio (Enc. <i>Arcanum, <\/i>10 de febrero de 1880), sobre el origen del poder civil (Enc. <i>Diuturnum, <\/i>29 de junio de 1881) y sus relaciones con la Iglesia (Enc. <i>Immortale Dei, <\/i>1 de noviembre de 1885), sobre los principales deberes de los ciudadanos cristianos (Enc. <i>Sapientiae christianae, <\/i>10 de enero de 1890), contra los errores de los \u00absocialistas\u00bb (Enc. <i>Quod apostolici muneris, <\/i>28 de diciembre de 1878) y la funesta doctrina sobre la libertad humana (Enc. <i>Libertas, <\/i>20 de junio de 1888), y otras de este mismo orden, que hab\u00edan expresado ampliamente el pensamiento de Le\u00f3n XIII, la enc\u00edclica <i>Rerum novarum <\/i>tiene de peculiar entre todas las dem\u00e1s el haber dado al g\u00e9nero humano, en el momento de m\u00e1xima oportunidad e incluso de necesidad, normas las m\u00e1s seguras para resolver adecuadamente ese dif\u00edcil problema de humana convivencia que se conoce bajo el nombre de \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb.<\/p>\n<p><b>Ocasi\u00f3n<\/b><\/p>\n<p><b>3.<\/b> Pues, a finales del siglo XIX, el planteamiento de un nuevo sistema econ\u00f3mico y el desarrollo de la industria hab\u00edan llegado en la mayor parte de las naciones al punto de que se viera a la sociedad humana cada vez m\u00e1s dividida en dos clases: una, ciertamente poco numerosa, que disfrutaba de casi la totalidad de los bienes que tan copiosamente proporcionaban los inventos modernos, mientras la otra, integrada por la ingente multitud de los trabajadores, oprimida por angustiosa miseria, pugnaba en vano por liberarse del agobio en que viv\u00eda.<\/p>\n<p><b>4.<\/b> Soportaban f\u00e1cilmente la situaci\u00f3n, desde luego, quienes, abundando en riquezas, juzgaban que una tal situaci\u00f3n ven\u00eda impuesta por leyes necesarias de la econom\u00eda y pretend\u00edan, por lo mismo, que todo af\u00e1n por aliviar las miserias deb\u00eda confiarse exclusivamente a la caridad, cual si la caridad estuviera en el deber de encubrir una violaci\u00f3n de la justicia, no s\u00f3lo tolerada, sino incluso sancionada a veces por los legisladores.<\/p>\n<p>Los obreros, en cambio, afligidos por una m\u00e1s dura suerte, soportaban esto con suma dificultad y se resist\u00edan a vivir por m\u00e1s tiempo sometidos a un tan pesado yugo, recurriendo unos, arrebatados por el ardor de los malos consejos, al desorden y aferr\u00e1ndose otros, a quienes su formaci\u00f3n cristiana apartaba de tan perversos intentos, a la idea de que hab\u00eda muchos puntos en esta materia que estaban pidiendo una reforma profunda y urgente.<\/p>\n<p><b>5.<\/b> Y no era otra la convicci\u00f3n de muchos cat\u00f3licos, sacerdotes y laicos, a quienes una admirable caridad ven\u00eda impulsando ya de tiempo a aliviar la injusta miseria de los proletarios, los cuales no alcanzaban a persuadirse en modo alguno que una tan enorme y tan inicua diferencia en la distribuci\u00f3n de los bienes temporales pudieran estar efectivamente conforme con los designios del sapient\u00edsimo Creador.<\/p>\n<p><b>6.<\/b> \u00c9stos, en efecto, buscaban sinceramente el remedio inmediato para el lamentable desorden de los pueblos y una firme defensa contra males peores; pero \u2014debilidad propia de las humanas mentes, aun de las mejores\u2014, rechazados aqu\u00ed cual perniciosos innovadores, obstaculizados all\u00e1 por los propios compa\u00f1eros de la buena obra partidarios de otras soluciones, inciertos entre pareceres encontrados, se quedaban perplejos sin saber a d\u00f3nde dirigirse.<\/p>\n<p><b>7.<\/b> En medio de tan enorme desacuerdo, puesto que las discusiones no se desarrollaban siempre pac\u00edficamente, como ocurre con frecuencia en otros asuntos, los ojos de todos se volv\u00edan a la C\u00e1tedra de Pedro, a este sagrado dep\u00f3sito de toda verdad, del que emanan palabras de salvaci\u00f3n para todo el orbe, y, afluyendo con ins\u00f3lita frecuencia a los pies del Vicario de Cristo en la tierra, no s\u00f3lo los peritos en materia social y los patronos, sino incluso los mismos obreros, las voces de todos se confund\u00edan en la demanda de que se les indica, finalmente, el camino seguro.<\/p>\n<p><b>8.<\/b> El prudent\u00edsimo Pont\u00edfice medit\u00f3 largamente acerca de todo esto ante la presencia de Dios, solicit\u00f3 el asesoramiento de los m\u00e1s doctos, examin\u00f3 atentamente la importancia del problema en todos sus aspectos y, por fin, urgi\u00e9ndole \u00abla conciencia de su apost\u00f3lico oficio\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>1), para que no pareciera que, permaneciendo en silencio, faltaba a su deber (<i>Rerum novarum, <\/i>13), resolvi\u00f3 dirigirse, con la autoridad del divino magisterio a \u00e9l confiado, a toda la Iglesia de Cristo y a todo el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p><b>9.<\/b> Reson\u00f3, pues, el d\u00eda 15 de mayo de 1891 aquella tan deseada voz, sin aterrarse por la dificultad del tema ni debilitada por la vejez, ense\u00f1ando con renovada energ\u00eda a toda la humana familia a emprender nuevos caminos en materia social.<\/p>\n<p><b>Puntos capitales<\/b><b><\/b><\/p>\n<p><b>10.<\/b> Conoc\u00e9is, venerables hermanos y amados hijos, y os hac\u00e9is cargo perfectamente de la admirable doctrina que hizo siempre c\u00e9lebre la enc\u00edclica <i>Rerum novarum. <\/i>En ella, el \u00f3ptimo Pastor, doli\u00e9ndose de que una parte tan grande de los hombres \u00abse debatiera inmerecidamente en una situaci\u00f3n miserable y calamitosa\u00bb, tom\u00f3 a su cargo personalmente, con toda valent\u00eda, la causa de los obreros, a quienes \u00abel tiempo fue insensiblemente entregando, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>9), sin recurrir al auxilio ni del liberalismo ni del socialismo, el primero de los cuales se hab\u00eda mostrado impotente en absoluto para dirimir adecuadamente la cuesti\u00f3n social, y el segundo, puesto que propone un remedio mucho peor que el mal mismo, habr\u00eda arrojado a la humanidad a m\u00e1s graves peligros.<\/p>\n<p><b>11.<\/b> El Pont\u00edfice, en cambio, haciendo uso de su pleno derecho y sosteniendo con toda rectitud que la custodia de la religi\u00f3n y la dispensaci\u00f3n de aquellas cosas a ella estrechamente vinculadas le han sido confiadas principal\u00edsimamente a \u00e9l, puesto que se trataba de una cuesti\u00f3n \u00abcuya soluci\u00f3n aceptable ser\u00eda verdaderamente nula si no se buscara bajo los auspicios de la religi\u00f3n y de la Iglesia\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>13), fundado exclusivamente en los inmutables principios derivados de la recta raz\u00f3n y del tesoro de la revelaci\u00f3n divina, indic\u00f3 y proclam\u00f3 con toda firmeza y \u00abcomo teniendo potestad\u00bb (<i>Mt<\/i> 7,29) \u00ablos derechos y deberes a que han de atenerse los ricos y los proletarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>1), as\u00ed como tambi\u00e9n lo que corresponde hacer a la Iglesia, a los poderes p\u00fablicos y a los mismos interesados directamente en el problema.<\/p>\n<p><b>12.<\/b> Y no reson\u00f3 en vano la voz apost\u00f3lica, pues la escucharon, estupefactos, y le prestaron el m\u00e1ximo apoyo no s\u00f3lo los hijos sumisos de la Iglesia, sino tambi\u00e9n muchos de entre los m\u00e1s distanciados de la verdad y de la unidad de la fe, as\u00ed como casi todos los que posteriormente se han ocupado, sea como investigadores particulares o como legisladores, de materia social y econ\u00f3mica.<\/p>\n<p><b>13.<\/b> Pero sobre todo recibieron con j\u00fabilo esta enc\u00edclica los trabajadores cristianos, que se sintieron reivindicados y defendidos por la suprema autoridad sobre la tierra, e igualmente aquellos generosos varones que, dedicados ya de mucho tiempo a aliviar la condici\u00f3n de los trabajadores, apenas hab\u00edan logrado hasta la fecha otra cosa que indiferencia en muchos y odiosas sospechas en la mayor parte, cuando no una abierta hostilidad. Con raz\u00f3n, por consiguiente, todos ellos han distinguido siempre con tantos honores esta enc\u00edclica, celebr\u00e1ndose en todas partes el aniversario de su aparici\u00f3n con diversas manifestaciones de gratitud, seg\u00fan los diversos lugares.<\/p>\n<p><b>14.<\/b> No faltaron, sin embargo, en medio de tanta concordia, quienes mostraron cierta inquietud; de lo que result\u00f3 que una tan noble y elevada doctrina como la de Le\u00f3n XIII, totalmente nueva para los o\u00eddos mundanos, fuera considerada sospechosa para algunos, incluso cat\u00f3licos, y otros la vieran hasta peligrosa. Audazmente atacados por ella, en efecto, los errores del liberalismo se vinieron abajo, quedaron relegados los inveterados prejuicios y se produjo un cambio que no se esperaba; de forma de los tardos de coraz\u00f3n tuvieron a menos aceptar esta nueva filosof\u00eda social y los cortos de esp\u00edritu temieron remontarse a tales alturas. Hubo quienes admiraron esa luz, pero juzg\u00e1ndola m\u00e1s como un ideal de perfecci\u00f3n ut\u00f3pico, capaz, s\u00ed, de despertar anhelos, pero imposible de realizar.<\/p>\n<p><b>Finalidad de esta enc\u00edclica<\/b><\/p>\n<p><b>15.<\/b> Por ello, hemos considerado oportuno, venerables hermanos y amados hijos, puesto que todos por doquier, y especialmente los obreros cat\u00f3licos, que desde todas partes se re\u00fanen en esta ciudad santa de Roma, conmemoran con tanto fervor de alma y tanta solemnidad el cuadrag\u00e9simo aniversario de la enc\u00edclica <i>Rerum novarum, <\/i>aprovechar esta ocasi\u00f3n para recordar los grandes bienes que de ella se han seguido, tanto para la Iglesia cat\u00f3lica como para toda la sociedad humana; defender de ciertas dudas la doctrina de un tan gran maestro en materia social y econ\u00f3mica, desarrollando m\u00e1s algunos puntos de la misma, y, finalmente, tras un cuidadoso examen de la econom\u00eda contempor\u00e1nea y del socialismo, descubrir la ra\u00edz del presente desorden social y mostrar el mismo tiempo el \u00fanico camino de restauraci\u00f3n salvadora, es decir, la reforma cristiana de las costumbres. Todo esto que nos proponemos tratar comprender\u00e1 tres cap\u00edtulos, cuyo desarrollo ocupar\u00e1 por entero la presente enc\u00edclica.<\/p>\n<h2><b>I.<\/b>\u2014<b> Beneficios de la enc\u00edclica <i>\u00abRerum novarum\u00bb<\/i><\/b><\/h2>\n<p><b>16.<\/b> Comenzando por lo que hemos propuesto tratar en primer t\u00e9rmino, fieles al consejo de San Ambrosio, seg\u00fan el cual \u00abning\u00fan deber mayor que el agradecimiento\u00bb, no podemos menos de dar las m\u00e1s fervorosas gracias a Dios omnipotente por los inmensos beneficios que de la enc\u00edclica Le\u00f3n XIII se han seguido para la Iglesia y para la sociedad humana.<\/p>\n<p>Beneficios que, de querer recordarlos siquiera superficialmente, tendr\u00edamos que repasar toda la historia de las cuestiones sociales de estos \u00faltimos cuarenta a\u00f1os. Pueden, sin embargo, reducirse f\u00e1cilmente a tres puntos principales, seg\u00fan los tres tipos de ayuda que nuestro predecesor deseaba para realizar su gran obra de restauraci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>1. La obra de la Iglesia<\/b><\/h3>\n<p><b>17.<\/b> El propio Le\u00f3n XIII hab\u00eda ense\u00f1ado ya claramente qu\u00e9 se deb\u00eda esperar de la Iglesia: \u00abEn efecto, es la Iglesia la que saca del Evangelio las ense\u00f1anzas en virtud de las cuales se puede resolver por completo el conflicto o, limando sus asperezas, hacerlo m\u00e1s soportable; ella es la que trata no s\u00f3lo de instruir las inteligencias, sino tambi\u00e9n de encauzar la vida y las costumbres de cada uno con sus preceptos; ella la que mejora la situaci\u00f3n de los proletarios con muchas util\u00edsimas instituciones\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>13).<\/p>\n<p><b><i> En materia doctrinal<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>18.<\/b> Ahora bien, la Iglesia no dej\u00f3, en modo alguno, que estos manantiales quedaran estancados en su seno, sino que bebi\u00f3 copiosamente de ellos para bien com\u00fan de la tan deseada paz.<\/p>\n<p>La doctrina sobre materia social y econ\u00f3mica de la enc\u00edclica <i>Rerum novarum <\/i>hab\u00eda sido ya proclamada una y otra vez, de palabra y por escrito, por el mismo Le\u00f3n XIII y por sus sucesores, que no dejaron de insistir sobre ella y adaptarla convenientemente a las circunstancias de los tiempos cuando se present\u00f3 la ocasi\u00f3n, poniendo siempre por delante, en la defensa de los pobres y de los d\u00e9biles, una caridad de padres y una constancia de pastores; y no fue otro el comportamiento de tantos obispos, que, interpretando asidua y prudentemente la misma doctrina, la ilustraron con comentarios y procuraron acomodarla a las circunstancias de las diversas regiones, seg\u00fan la mente y las ense\u00f1anzas de la Santa Sede.<\/p>\n<p><b>19.<\/b> Nada de extra\u00f1o, por consiguiente, que, bajo la direcci\u00f3n y el magisterio de la Iglesia, muchos doctos varones, as\u00ed eclesi\u00e1sticos como seglares, se hayan consagrado con todo empe\u00f1o al estudio de la ciencia social y econ\u00f3mica, conforme a las exigencias de nuestro tiempo, impulsados sobre todo por el anhelo de que la doctrina inalterada y absolutamente inalterable de a Iglesia saliera eficazmente al paso a las nuevas necesidades.<\/p>\n<p><b>20.<\/b> De este modo, mostrando el camino y llevando la luz que trajo la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, surgi\u00f3 una verdadera doctrina social de la Iglesia, que esos eruditos varones, a los cuales hemos dado el nombre de cooperadores de la Iglesia, fomentan y enriquecen de d\u00eda en d\u00eda con inagotable esfuerzo, y no la ocultan ciertamente en las reuniones cultas, sino que la sacan a la luz del sol y a la calle, como claramente lo demuestran las tan provechosas y celebradas escuelas instituidas en universidades cat\u00f3licas, en academias y seminarios, las reuniones o \u00absemanas sociales\u00bb, tan numerosas y colmadas de los mejores frutos; los c\u00edrculos de estudios y, por \u00faltimo, tantos oportunos y sanos escritos divulgados por doquiera y por todos los medios.<\/p>\n<p><b>21.<\/b> Y no queda reducido a estos l\u00edmites el beneficio derivado de la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, pues la doctrina ense\u00f1ada en la <i>Rerum novarum <\/i>ha sido insensiblemente adue\u00f1\u00e1ndose incluso de aqu\u00e9llos que, apartados de la unidad cat\u00f3lica, no reconocen la potestad de la Iglesia; con lo cual, los principios cat\u00f3licos en materia social han pasado poco a poco a ser patrimonio de toda peri\u00f3dicos y libros, incluso acat\u00f3licos, sino tambi\u00e9n en los organismos legislativos o en los tribunales de justicia.<\/p>\n<p><b>22.<\/b> \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s que, despu\u00e9s de una guerra terrible, los gobernantes de las naciones m\u00e1s poderosas, restaurando la paz y luego de haber restablecido las condiciones sociales, entre las normas dictadas para atemperar a la justicia y a la equidad el trabajo de los obreros, dictaron muchas cosas que est\u00e1n tan de acuerdo con los principios y admoniciones de Le\u00f3n XIII, que parecen deducidas de \u00e9stos?<\/p>\n<p>La enc\u00edclica <i>Rerum novarum <\/i>ha quedado, en efecto, consagrada como un documento memorable, pudiendo aplic\u00e1rsele con justicia las palabras de Isa\u00edas: \u00a1Levant\u00f3 una bandera entre las naciones! (<i>Is <\/i>11,12)<\/p>\n<p><b><i> En la aplicaci\u00f3n de la doctrina<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>23.<\/b> Entre tanto, mientras con el avance de las investigaciones cient\u00edficas los preceptos de Le\u00f3n XIII se difund\u00edan ampliamente entre los hombres, se procedi\u00f3 a la puesta en pr\u00e1ctica de los mismos.<\/p>\n<p>Ante todo, se dedicaron con diligente benevolencia los m\u00e1s sol\u00edcitos cuidados a elevar esa clase de hombres que, a consecuencia del enorme progreso de las industrias modernas, no hab\u00edan logrado todav\u00eda un puesto o grado equitativo en el consorcio humano y permanec\u00eda, por ello, poco menos que olvidada y menospreciada: nos referimos a los obreros, a quienes no pocos sacerdotes del clero tanto secular como regular, aun cuando ocupados en otros menesteres pastorales, siguiendo el ejemplo de los obispos, tendieron inmediatamente la mano para ayudarlos, con gran fruto de esas almas.<\/p>\n<p>Labor constante emprendida para imbuir los \u00e1nimos de los obreros en el esp\u00edritu cristiano, que ayud\u00f3 mucho tambi\u00e9n para darles a conocer su verdadera dignidad y capacitarlos, mediante la clara ense\u00f1anza de los derechos y deberes de su clase, para progresar leg\u00edtima y pr\u00f3speramente y aun convertirlos en gu\u00edas de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><b>24.<\/b> De ello obtuvieron con mayor seguridad m\u00e1s exuberantes ayudas en todos los aspectos de la vida, pues no s\u00f3lo comenzaron a multiplicarse, conforme a las exhortaciones del Pont\u00edfice, las obras de beneficencia y de caridad, sino que de d\u00eda en d\u00eda fueron surgiendo por todas partes nuevas y provechosas instituciones, mediante las cuales, bajo el consejo de la Iglesia y de la mayor parte de los sacerdotes, los obreros, los artesanos, los agricultores y los asalariados de toda \u00edndole se prestan mutuo auxilio y ayuda.<\/p>\n<h3><b>2. Labor del Estado<\/b><\/h3>\n<p><b>25.<\/b> Por lo que se refiere al poder civil, Le\u00f3n XIII, desbordando audazmente los l\u00edmites impuestos por el liberalismo, ense\u00f1a valientemente que no debe limitarse a ser un mero guardi\u00e1n del derecho y del recto orden, sino que, por el contrario, debe luchar con todas sus energ\u00edas para que \u00abcon toda la fuerza de las leyes y de las instituciones, esto es, haciendo que de la ordenaci\u00f3n y administraci\u00f3n misma del Estado brote espont\u00e1neamente la prosperidad, tanto de la sociedad como de los individuos\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>26).<\/p>\n<p>Lo mismo a los individuos que a las familias debe permit\u00edrseles una justa libertad de acci\u00f3n, pero quedando siempre a salvo el bien com\u00fan y sin que se produzca injuria para nadie. A los gobernantes de la naci\u00f3n compete la defensa de la comunidad y de sus miembros, pero en la protecci\u00f3n de esos derechos de los particulares deber\u00e1 sobre todo velarse por los d\u00e9biles y los necesitados.<\/p>\n<p>Puesto que \u00abla gente rica, protegida por sus propios recursos, necesita menos de la tutela p\u00fablica, la clase humilde, por el contrario, carente de todo recurso, se conf\u00eda principalmente al patrocinio del Estado. \u00c9ste deber\u00e1, por consiguiente, rodear de singulares cuidados y providencia a los asalariados, que se cuentan entre la muchedumbre desvalida\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>29).<\/p>\n<p><b>26.<\/b> No negamos, desde luego, que algunos gobernantes, aun antes de la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, atendieron algunas necesidades de los trabajadores y reprimieron atroces injurias a ellos inferidas. Pero, una vez que hubo resonado desde la C\u00e1tedra de Pedro para todo el orbe la voz apost\u00f3lica, los gobernantes, con una m\u00e1s clara conciencia de su cometido, pusieron el pensamiento y el coraz\u00f3n en promover una pol\u00edtica social m\u00e1s fecunda.<\/p>\n<p><b>27.<\/b> La enc\u00edclica <i>Rerum novarum, <\/i>efectivamente, al vacilar los principios del liberalismo, que desde hac\u00eda mucho tiempo ven\u00edan impidiendo una labor eficaz de los gobernantes, impuls\u00f3 a los pueblos mismos a fomentar m\u00e1s verdadera e intensamente una pol\u00edtica social e incit\u00f3 a algunos \u00f3ptimos varones cat\u00f3licos a prestar una valiosa colaboraci\u00f3n en esta materia a los dirigentes del Estado, siendo con frecuencia ellos los m\u00e1s ilustres promotores de esta nueva pol\u00edtica en los parlamentos; m\u00e1s a\u00fan, esas mismas leyes sociales recientemente dictadas fueron no pocas veces sugeridas por los sagrados ministros de la Iglesia, profundamente imbuidos en la doctrina de Le\u00f3n XIII, a la aprobaci\u00f3n de los oradores populares, exigiendo y promoviendo despu\u00e9s en\u00e9rgicamente la ejecuci\u00f3n de las mismas.<\/p>\n<p><b>28.<\/b> De esta labor ininterrumpida e incansable surgi\u00f3 una nueva y con anterioridad totalmente desconocida rama del derecho, que con toda firmeza defiende los sagrados derechos de los trabajadores, derechos emanados de su dignidad de hombres y de cristianos: el alma, la salud, el vigor, la familia, la casa, el lugar de trabajo, finalmente, a la condici\u00f3n de los asalariados, toman bajo su protecci\u00f3n estas leyes y, sobre todo, cuanto ata\u00f1e a las mujeres y a los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Y si estas leyes no se ajustan estrictamente en todas partes y en todo a las ense\u00f1anzas de Le\u00f3n XIII, no puede, sin embargo, negarse que en ellas se advierten muchos puntos que saben fuertemente a <i>Rerum novarum, <\/i>enc\u00edclica a la que debe sobremanera el que haya mejorado tanto la condici\u00f3n de los trabajadores.<\/p>\n<h3><b>3. Labor de las partes interesadas<\/b><\/h3>\n<p><b>29.<\/b> Finalmente, el provident\u00edsimo Pont\u00edfice demuestra que los patronos y los mismos obreros pueden mucho en este campo, \u00abesto es, con esas instituciones, mediante las cuales puedan atender convenientemente a las necesidades y acercar m\u00e1s una clase a la otra\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>36).<\/p>\n<p>Y afirma que el primer lugar entre estas instituciones debe atribuirse a las asociaciones que comprenden, ya sea a s\u00f3lo obreros, ya juntamente a obreros y patronos, y se detiene largamente en exponerlas y recomendarlas, explicando, con una sabidur\u00eda verdaderamente admirable, su naturaleza, su motivo, su oportunidad, sus derechos, sus deberes y sus leyes.<\/p>\n<p><b>30.<\/b> Ense\u00f1anzas publicadas muy oportunamente, pues en aquel tiempo los encargados de regir los destinos p\u00fablicos de muchas naciones, totalmente adictos al liberalismo, no prestaban apoyo a tales asociaciones, sino que m\u00e1s bien eran opuestos a ellas y, reconociendo sin dificultades asociaciones similares de otras clases de personas, patrocin\u00e1ndolas incluso, denegaban a los trabajadores, con evidente injusticia, el derecho natural de asociarse, siendo ellos los que m\u00e1s lo necesitaban para defenderse de los abusos de los poderosos; y no faltaban aun entre los mismos cat\u00f3licos quienes miraran con recelo este af\u00e1n de los obreros por constituir tales asociaciones, como si \u00e9stas estuvieran resabiadas de socialismo y sedici\u00f3n.<\/p>\n<p><b><i>Asociaciones de obreros<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>31.<\/b> Deben tenerse, por consiguiente, en la m\u00e1xima estimaci\u00f3n las normas dadas por Le\u00f3n XIII en virtud de su autoridad, que han podido superar estas contrariedades y desvanecer tales sospechas; pero su m\u00e9rito principal radica en que incitaron a los trabajadores a la constituci\u00f3n de asociaciones profesionales, les ense\u00f1aron el modo de llevar esto a cabo y confirmaron en el camino del deber a much\u00edsimos, a quienes atra\u00edan poderosamente las instituciones de los socialistas, que, alardeando de redentoras, se presentaban a s\u00ed mismas como la \u00fanica defensa de los humildes y de los oprimidos.<\/p>\n<p><b>32.<\/b> Con una gran oportunidad declaraba la enc\u00edclica <i>Rerum novarum <\/i>que estas asociaciones \u00abse han de constituir y gobernar de tal modo que proporcionen los medios m\u00e1s id\u00f3neos y convenientes para el fin que se proponen, consistente en que cada miembro consiga de la sociedad, en la medida de lo posible, un aumento de los bienes del cuerpo, del alma y de la familia. Pero es evidente que se ha de tender, como a fin principal, a la perfecci\u00f3n de la piedad y de las costumbres y, asimismo, que a este fin habr\u00e1 de encaminarse toda la disciplina social\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>42).<\/p>\n<p>Ya que \u00abpuesto el fundamento de las leyes sociales en la religi\u00f3n, el camino queda expedito para establecer las mutuas relaciones entre los asociados, para llegar a sociedades pac\u00edficas y a un florecimiento del bienestar\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>43).<\/p>\n<p><b>33.<\/b> Con una ciertamente laudable diligencia se han consagrado por todas partes a la constituci\u00f3n de estas asociaciones tanto el clero como los laicos, deseosos de llevar \u00edntegramente a su realizaci\u00f3n el proyecto de Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>Asociaciones de esta \u00edndole han formado trabajadores verdaderamente cristianos, que, uniendo amigablemente el diligente ejercicio de su oficio con los saludables preceptos religiosos, fueran capaces de defender eficaz y decididamente sus propios asuntos temporales y derechos, con el debido respeto a la justicia y el sincero anhelo de colaborar con otras clases de asociaciones en la total renovaci\u00f3n de la vida cristiana.<\/p>\n<p><b>34.<\/b> Los consejos y advertencias de Le\u00f3n XIII han sido llevados a la pr\u00e1ctica de manera diferente, conforme a las exigencias de cada lugar. En algunas partes asumi\u00f3 la realizaci\u00f3n de todos los fines indicados por el Pont\u00edfice una asociaci\u00f3n \u00fanica; en cambio, en otras, por aconsejarlo o imponerlo as\u00ed las circunstancias, se crearon asociaciones diferentes: unas, que dedicaran su atenci\u00f3n a la defensa de los derechos y a los leg\u00edtimos intereses de los asociados en el mercado del trabajo; otras, que cuidaran de las prestaciones de ayuda mutua en materia econ\u00f3mica; otras, finalmente, que se ocuparan s\u00f3lo de los deberes religiosos y morales y dem\u00e1s obligaciones de este tipo.<\/p>\n<p><b>35.<\/b> Este segundo procedimiento se sigui\u00f3 principalmente all\u00ed donde las leyes nacionales, determinadas instituciones econ\u00f3micas o ese lamentable desacuerdo de \u00e1nimos y voluntades, tan difusamente extendido en nuestra sociedad contempor\u00e1nea, as\u00ed como la urgente necesidad de resistir en bloque cerrado de anhelos y de fuerzas contra los apretados escuadrones de los deseosos de novedades, constitu\u00edan un impedimento para la formaci\u00f3n de sindicatos cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>En tales circunstancias es poco menos que obligado adscribirse a los sindicatos neutros, los cuales, no obstante, profesan siempre la equidad y la justicia y dejan a sus socios cat\u00f3licos en plena libertad de cumplir con su conciencia y obedecer los mandatos de la Iglesia.<\/p>\n<p>Pero toca a los obispos aprobar, all\u00ed donde vean que las circunstancias hacen necesarias estas asociaciones y no peligrosas para la religi\u00f3n, que los obreros cat\u00f3licos se inscriban en ellas, teniendo siempre ante los ojos, sin embargo, los principios y cautelas que recomendaba nuestro predecesor P\u00edo X, de santa memoria (P\u00edo X, Enc. <i>Singulari quadam, <\/i>24 de septiembre de 1912); de las cuales cautelas la primera y principal es \u00e9sta: que haya, simult\u00e1neamente con dichos sindicatos, asociaciones que se ocupen afanosamente en imbuir y formar a los socios en la disciplina de la religi\u00f3n y de las costumbres, a fin de que \u00e9stos puedan entrar luego en las asociaciones sindicales con ese buen esp\u00edritu con que deben gobernarse en todas sus acciones; de donde resultar\u00e1 que tales asociaciones fructifiquen incluso fuera del \u00e1mbito de sus seguidores.<\/p>\n<p><b>36.<\/b> Debe atribuirse a la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, por consiguiente, que estas asociaciones de trabajadores hayan prosperado por todas partes, hasta el punto de que ya ahora, aun cuando lamentablemente las asociaciones de socialistas y de comunistas las superan en n\u00famero, engloban una gran multitud de obreros y son capaces, tanto dentro de las fronteras de cada naci\u00f3n cuanto en un terreno m\u00e1s amplio, de defender poderosamente los derechos y los leg\u00edtimos postulados de los obreros cat\u00f3licos e incluso imponer a la sociedad los saludables principios cristianos.<\/p>\n<p><b><i> Asociaciones de otros tipos<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>37.<\/b> Lo que tan sabiamente ense\u00f1\u00f3 y tan valientemente defendi\u00f3 Le\u00f3n XIII sobre el derecho natural de asociaci\u00f3n, comenz\u00f3 a aplicarse f\u00e1cilmente a otras asociaciones, no ya s\u00f3lo a los obreros; por ello debe atribuirse igualmente a la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII un no peque\u00f1o influjo en el hecho de que aun entre los agricultores y otras gentes de condici\u00f3n media hayan florecido tanto y prosperen de d\u00eda en d\u00eda unas tan ventajosas asociaciones de esta \u00edndole y otras instituciones de este g\u00e9nero, en que felizmente se hermana el beneficio econ\u00f3mico con el cuidado de las almas.<\/p>\n<p><b><i> Asociaciones de patronos<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>38.<\/b> Si no puede afirmarse lo mismo de las asociaciones que nuestro mismo predecesor deseaba tan vehementemente que se instituyeran entre patronos y los jefes de industria, y que ciertamente lamentamos que sean tan pocas, esto no debe atribuirse exclusivamente a la voluntad de los hombres, sino a las dificultades muchos mayores que obstaculizan estas asociaciones, y que Nos conocemos perfectamente y estimamos en su justo valor.<\/p>\n<p>Abrigamos, no obstante, la firme esperanza de que dentro de muy poco estos estorbos desaparecer\u00e1n, y ya saludamos con \u00edntimo gozo de nuestro \u00e1nimo ciertos no vanos ensayos de este campo, cuyos copiosos frutos prometen ser mucho m\u00e1s exuberantes en el futuro.<\/p>\n<h3><b>Conclusi\u00f3n: La <i>\u00abRerum novarum\u00bb, <\/i>carta magna del orden social<\/b><\/h3>\n<p><b>39.<\/b> Pero, venerables hermanos y amados hijos, todos estos beneficios de la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, que, apuntando m\u00e1s que describiendo, hemos recordado, son tantos y son tan grandes, que prueban plenamente que en ese inmortal documento no se pinta un ideal quim\u00e9rico, por m\u00e1s que bell\u00edsimo, de la sociedad humana, sino que, por el contrario, nuestro predecesor bebi\u00f3 del Evangelio, y por tanto de una fuente siempre viva y vivificante, las doctrinas que pueden, si no acabar en el acto, por lo menos suavizar grandemente esa ruinosa e intestina lucha que desgarra la familia humana.<\/p>\n<p>Que parte de esta buena semilla, tan copiosamente sembrada hace ya cuarenta a\u00f1os, ha ca\u00eddo en tierra buena, lo atestiguan los ricos frutos que la Iglesia de Cristo y el g\u00e9nero humano, con el favor de Dios, cosechan de ella para bien de todos.<\/p>\n<p>No es temerario afirmar, por consiguiente, que la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, por la experiencia de largo tiempo, ha demostrado ser la carta magna que necesariamente deber\u00e1 tomar como base toda la actividad cristiana en material social.<\/p>\n<p>Y quienes parecen despreciar dicha carta pontificia y su conmemoraci\u00f3n, o blasfeman de lo que ignoran, o nada entienden de lo que de cualquier modo han conocido, o, si lo entienden, habr\u00e1n de reconocerse reos de injuria y de ingratitud.<\/p>\n<p><b>40.<\/b> Ahora bien, como en el curso de estos a\u00f1os no s\u00f3lo han ido surgiendo algunas dudas sobre la interpretaci\u00f3n de algunos puntos de la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII o sobre las consecuencias que de ella pueden sacarse, lo que ha dado pie incluso entre los cat\u00f3licos a controversias no siempre pac\u00edficas, sino que tambi\u00e9n, por otro lado, las nuevas necesidades de nuestros tiempos y la diferente condici\u00f3n de las cosas han hecho necesaria una m\u00e1s cuidadosa aplicaci\u00f3n de la doctrina de Le\u00f3n XIII e incluso algunas ediciones, hemos aprovechado con sumo agrado la oportunidad de satisfacer, en cuanto est\u00e9 de nuestra parte, estas dudas y estas exigencias de nuestra edad, conforme a nuestro ministerio apost\u00f3lico, por el cual a todos somos deudores (cf. <i>Rm <\/i>1,14).<\/p>\n<h2><b>II.<\/b>\u2014<b> <\/b><b>Doctrina econ\u00f3mica y social de la Iglesia<\/b><\/h2>\n<p><b>41.<\/b> Pero antes de entrar en la explicaci\u00f3n de estos puntos hay que establecer lo que hace ya tiempo confirm\u00f3 claramente Le\u00f3n XIII: que Nos tenemos el derecho y el deber de juzgar con autoridad suprema sobre estas materias sociales y econ\u00f3micas (<i>Rerum novarum, <\/i>13).<\/p>\n<p>Cierto que no se le impuso a la Iglesia la obligaci\u00f3n de dirigir a los hombres a la felicidad exclusivamente caduca y temporal, sino a la eterna; m\u00e1s a\u00fan, \u00abla Iglesia considera impropio inmiscuirse sin raz\u00f3n en estos asuntos terrenos\u00bb (<i>Ubi arcano, <\/i>23 de diciembre de 1992). Pero no puede en modo alguno renunciar al cometido, a ella confiado por Dios, de interponer su autoridad, no ciertamente en materias t\u00e9cnicas, para las cuales no cuenta con los medios adecuados ni es su cometido, sino en todas aquellas que se refieren a la moral.<\/p>\n<p>En lo que ata\u00f1e a estas cosas, el dep\u00f3sito de la verdad, a Nos confiado por Dios, y el grav\u00edsimo deber de divulgar, de interpretar y aun de urgir oportuna e importunamente toda la ley moral, somete y sujeta a nuestro supremo juicio tanto el orden de las cosas sociales cuanto el de las mismas cosas econ\u00f3micas.<\/p>\n<p><b>42.<\/b> Pues, aun cuando la econom\u00eda y la disciplina moral, cada cual en su \u00e1mbito, tienen principios propios, a pesar de ello es err\u00f3neo que el orden econ\u00f3mico y el moral est\u00e9n tan distanciados y ajenos entre s\u00ed, que bajo ning\u00fan aspecto dependa aqu\u00e9l de \u00e9ste.<\/p>\n<p>Las leyes llamadas econ\u00f3micas, fundadas sobre la naturaleza de las cosas y en la \u00edndole del cuerpo y del alma humanos, establecen, desde luego, con toda certeza qu\u00e9 fines no y cu\u00e1les s\u00ed, y con qu\u00e9 medios, puede alcanzar la actividad humana dentro del orden econ\u00f3mico; pero la raz\u00f3n tambi\u00e9n, apoy\u00e1ndose igualmente en la naturaleza de las cosas y del hombre, individual y socialmente considerado, demuestra claramente que a ese orden econ\u00f3mico en su totalidad le ha sido prescrito un fin por Dios Creador.<\/p>\n<p><b>43.<\/b> Una y la misma es, efectivamente, la ley moral que nos manda buscar, as\u00ed como directamente en la totalidad de nuestras acciones nuestro fin supremo y ultimo, as\u00ed tambi\u00e9n en cada uno de los \u00f3rdenes particulares esos fines que entendemos que la naturaleza o, mejor dicho, el autor de la naturaleza, Dios, ha fijado a cada orden de cosas factibles, y someterlos subordinadamente a aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>Obedeciendo fielmente esta ley, resultar\u00e1 que los fines particulares, tanto individuales como sociales, perseguidos por la econom\u00eda, quedan perfectamente encuadrados en el orden total de los fines, y nosotros, ascendiendo a trav\u00e9s de ellos como por grados, conseguiremos el fin \u00faltimo de todas las cosas, esto es, Dios, bien sumo e inexhausto de s\u00ed mismo y nuestro.<\/p>\n<h3><b>1. Del dominio o derecho de propiedad<\/b><\/h3>\n<p><b>44.<\/b> Y para entrar ya en los temas concretos, comenzamos por el dominio o derecho de propiedad. Bien sab\u00e9is, venerables hermanos y amados hijos, que nuestro predecesor, de feliz recordaci\u00f3n, defendi\u00f3 con toda firmeza el derecho de propiedad contra los errores de los socialistas de su tiempo, demostrando que la supresi\u00f3n de la propiedad privada, lejos de redundar en beneficio de la clase trabajadora, constituir\u00eda su m\u00e1s completa ruina contra los proletarios, lo que constituye la m\u00e1s atroz de las injusticias, y, adem\u00e1s, los cat\u00f3licos no se hallan de acuerdo en torno al aut\u00e9ntico pensamiento de Le\u00f3n XIII, hemos estimado necesario no s\u00f3lo refutar las calumnias contra su doctrina, que es la de la Iglesia en esta materia, sino tambi\u00e9n defenderla de falsas interpretaciones.<\/p>\n<p><b><i> Su car\u00e1cter individual y social<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>45.<\/b> Ante todo, pues, debe tenerse por cierto y probado que ni Le\u00f3n XIII ni los te\u00f3logos que han ense\u00f1ado bajo la direcci\u00f3n y magisterio de la Iglesia han negado jam\u00e1s ni puesto en duda ese doble car\u00e1cter del derecho de propiedad llamado social e individual, seg\u00fan se refiera a los individuos o mire al bien com\u00fan, sino que siempre han afirmado un\u00e1nimemente que por la naturaleza o por el Creador mismo se ha conferido al hombre el derecho de dominio privado, tanto para que los individuos puedan atender a sus necesidades propias y a las de su familia, cuanto para que, por medio de esta instituci\u00f3n, los medios que el Creador destin\u00f3 a toda la familia humana sirvan efectivamente para tal fin, todo lo cual no puede obtenerse, en modo alguno, a no ser observando un orden firme y determinado.<\/p>\n<p><b>46.<\/b> Hay, por consiguiente, que evitar con todo cuidado dos escollos contra los cuales se puede chocar. Pues, igual que negando o suprimiendo el car\u00e1cter social y p\u00fablico del derecho de propiedad se cae o se incurre en peligro de caer en el \u00abindividualismo\u00bb, rechazando o disminuyendo el car\u00e1cter privado e individual de tal derecho, se va necesariamente a dar en el \u00abcolectivismo\u00bb o, por lo menos, a rozar con sus errores.<\/p>\n<p>Si no se tiene en cuenta esto, se ir\u00e1 l\u00f3gicamente a naufragar en los escollos del modernismo moral, jur\u00eddico y social, denunciado por Nos en la enc\u00edclica dada a comienzos de nuestro pontificado (<i>Ubi arcano, <\/i>23 de diciembre de 1992); y de esto han debido darse perfect\u00edsima cuenta quienes, deseosos de novedades, no temen acusar a la Iglesia con criminales calumnias, cual si hubiera consentido que en la doctrina de los te\u00f3logos se infiltrara un concepto pagano del dominio, que ser\u00eda preciso sustituir por otro, que ellos, con asombrosa ignorancia, llaman \u00abcristiano\u00bb.<\/p>\n<p><b><i> Obligaciones inherentes al dominio<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>47.<\/b> Y, para poner l\u00edmites precisos a las controversias que han comenzado a suscitarse en torno a la propiedad y a los deberes a ella inherentes, hay que establecer previamente como fundamento lo que ya sent\u00f3 Le\u00f3n XIII, esto es, que el derecho de propiedad se distingue de su ejercicio (<i>Rerum novarum, <\/i>19).<\/p>\n<p>La justicia llamada conmutativa manda, es verdad, respetar santamente la divisi\u00f3n de la propiedad y no invadir el derecho ajeno excediendo los l\u00edmites del propio dominio; pero que los due\u00f1os no hagan uso de lo propio si no es honestamente, esto no ata\u00f1e ya dicha justicia, sino a otras virtudes, el cumplimiento de las cuales \u00abno hay derecho de exigirlo por la ley\u00bb <i>(ib\u00edd.).<\/i><\/p>\n<p>Afirman sin raz\u00f3n, por consiguiente, algunos que tanto vale propiedad como uso honesto de la misma, distando todav\u00eda mucho m\u00e1s de ser verdadero que el derecho de propiedad perezca o se pierda por el abuso o por el simple no uso.<\/p>\n<p><b>48.<\/b> Por ello, igual que realizan una obra saludable y digna de todo encomio cuantos tratan, a salvo siempre la concordia de los esp\u00edritus y la integridad de la doctrina tradicional de la Iglesia, de determinar la \u00edntima naturaleza de estos deberes y los l\u00edmites dentro de los cuales deben hallarse circunscritos por las necesidades de la convivencia social tanto el derecho de propiedad cuanto el uso o ejercicio del dominio, as\u00ed, por el contrario, se equivocan y yerran quienes pugnan por limitar tanto el car\u00e1cter individual del dominio, que pr\u00e1cticamente lo anulan.<\/p>\n<p><i> <\/i><b><i>Atribuciones del Estado<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>49.<\/b> De la \u00edndole misma individual y social del dominio, de que hemos hablado, se sigue que los hombres deben tener presente en esta materia no s\u00f3lo su particular utilidad, sino tambi\u00e9n el bien com\u00fan. Y puntualizar esto, cuando la necesidad lo exige y la ley natural misma no lo determina, es cometido del Estado.<\/p>\n<p>Por consiguiente, la autoridad p\u00fablica puede decretar puntualmente, examinada la verdadera necesidad el bien com\u00fan y teniendo siempre presente la ley tanto natural como divina, qu\u00e9 es l\u00edcito y qu\u00e9 no a los poseedores en el uso de sus bienes. El propio Le\u00f3n XIII hab\u00eda ense\u00f1ado sabiamente que \u00abDios dej\u00f3 la delimitaci\u00f3n de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>7).<\/p>\n<p>Nos mismo, en efecto, hemos declarado que, como atestigua la historia, se comprueba que, del mismo modo que los dem\u00e1s elementos de la vida social, el dominio no es absolutamente inmutable, con estas palabras: \u00abCuan diversas formas ha revestido la propiedad desde aquella primitiva de los pueblos rudos y salvajes, que a\u00fan nos es dado contemplar en nuestros d\u00edas en algunos pa\u00edses, hasta la forma de posesi\u00f3n de la era patriarcal, y luego en las diversas formas tir\u00e1nicas (y usamos este t\u00e9rmino en su sentido cl\u00e1sico), as\u00ed como bajo los reg\u00edmenes feudales y mon\u00e1rquicos hasta los tiempos modernos\u00bb (<i>Discurso al Comit\u00e9 de Acci\u00f3n Cat\u00f3lica de Italia, <\/i>16 de mayo de 1926).<\/p>\n<p>Ahora bien, est\u00e1 claro que al Estado no le es l\u00edcito desempe\u00f1ar este cometido de una manera arbitraria, pues es necesario que el derecho natural de poseer en privado y de transmitir los bienes por herencia permanezca siempre intacto e inviolable, no pudiendo quitarlo el Estado, porque \u00abel hombre es anterior al Estado\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>6), y tambi\u00e9n \u00abla familia es l\u00f3gica y realmente anterior a la sociedad civil\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>10).<\/p>\n<p>Por ello, el sapient\u00edsimo Pont\u00edfice declar\u00f3 il\u00edcito que el Estado gravara la propiedad privada con exceso de tributos e impuestos. Pues \u00abel derecho de poseer bienes en privado no ha sido dado por la ley, sino por la naturaleza, y, por tanto, la autoridad p\u00fablica no puede abolirlo, sino solamente moderar su uso y compaginarlo con el bien com\u00fan\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>35).<\/p>\n<p>Ahora bien, cuando el Estado armoniza la propiedad privada con las necesidades del bien com\u00fan, no perjudica a los poseedores particulares, sino que, por el contrario, les presta un eficaz apoyo, en cuanto que de ese modo impide vigorosamente que la posesi\u00f3n privada de los bienes, que el provident\u00edsimo Autor de la naturaleza dispuso para sustento de la vida humana, provoque da\u00f1os intolerables y se precipite en la ruina: no destruye la propiedad privada, sino que la defiende; no debilita el dominio particular, sino que lo robustece.<\/p>\n<p><b><i> Obligaciones sobre la renta libre<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>50.<\/b> Tampoco quedan en absoluto al arbitrio del hombre los r\u00e9ditos libres, es decir, aqu\u00e9llos que no le son necesarios para el sostenimiento decoroso y conveniente de su vida, sino que, por el contrario, tanto la Sagrada Escritura como los Santos Padres de la Iglesia evidencian con un lenguaje de toda claridad que los ricos est\u00e1n obligados por el precepto grav\u00edsimo de practicar la limosna, la beneficencia y la liberalidad.<\/p>\n<p><b>51.<\/b> Ahora bien, partiendo de los principios del Doctor Ang\u00e9lico (cf. <i>Sum. Theol. <\/i>II-II q. 134), Nos colegimos que el empleo de grandes capitales para dar m\u00e1s amplias facilidades al trabajo asalariado, siempre que este trabajo se destine a la producci\u00f3n de bienes verdaderamente \u00fatiles, debe considerarse como la obra m\u00e1s digna de la virtud de la liberalidad y sumamente apropiada a las necesidades de los tiempos.<\/p>\n<p><b><i> T\u00edtulos de dominio<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>52.<\/b> Tanto la tradici\u00f3n universal cuanto la doctrina de nuestro predecesor Le\u00f3n XIII atestiguan claramente que son t\u00edtulos de dominio no s\u00f3lo la ocupaci\u00f3n de una cosa de nadie, sino tambi\u00e9n el trabajo o, como suele decirse, la especificaci\u00f3n. A nadie se le hace injuria, en efecto, cuando se ocupa una cosa que est\u00e1 al paso y no tiene due\u00f1o; y el trabajo, que el hombre pone de su parte y en virtud del cual la cosa recibe una nueva forma o aumenta, es lo \u00fanico que adjudica esos frutos al que los trabaja.<\/p>\n<h3><b>2. Riqueza (\u00abcapital\u00bb) y trabajo<\/b><\/h3>\n<p><b>53.<\/b> Car\u00e1cter muy diferente tiene el trabajo que, alquilado a otros, se realiza sobre cosa ajena. A \u00e9ste se aplica principalmente lo dicho por Le\u00f3n XIII: \u00abes verdad incuestionable que la riqueza nacional proviene no de otra cosa que del trabajo de los obreros\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>27).<\/p>\n<p>\u00bfNo vemos acaso con nuestros propios ojos c\u00f3mo los incalculables bienes que constituyen la riqueza de los hombres son producidos y brotan de las manos de los trabajadores, ya sea directamente, ya sea por medio de m\u00e1quinas que multiplican de una manera admirable su esfuerzo?<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, nadie puede ignorar que jam\u00e1s pueblo alguno ha llegado desde la miseria y la indigencia a una mejor y m\u00e1s elevada fortuna, si no es con el enorme trabajo acumulado por los ciudadanos \u2014tanto de los que dirigen cuanto de los que ejecutan\u2014. Pero est\u00e1 no menos claro que todos esos intentos hubieran sido nulos y vanos, y ni siquiera habr\u00edan podido iniciarse, si el Creador de todas las cosas, seg\u00fan su bondad, no hubiera otorgado generosamente antes las riquezas y los instrumentos naturales, el poder y las fuerzas de la naturaleza.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es, en efecto, trabajar, sino aplicar y ejercitar las energ\u00edas espirituales y corporales a los bienes de la naturaleza o por medio de ellos? Ahora bien, la ley natural, es decir, la voluntad de Dios promulgada por medio de aqu\u00e9lla, exige que en la aplicaci\u00f3n de las cosas naturales a los usos humanos se observe el recto orden, consistente en que cada cosa tenga su due\u00f1o.<\/p>\n<p>De donde se deduce que, a no ser que uno realice su trabajo sobre cosa propia, capital y trabajo deber\u00e1n unirse en una empresa com\u00fan, pues nada podr\u00e1n hacer el uno sin el otro. Lo que tuvo presente, sin duda, Le\u00f3n XIII cuando escribi\u00f3: \u00abNi el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>15).<\/p>\n<p>Por lo cual es absolutamente falso atribuir \u00fanicamente al capital o \u00fanicamente al trabajo lo que es resultado de la efectividad unida de los dos, y totalmente injusto que uno de ellos, negada la eficacia del otro, trate de arrogarse para s\u00ed todo lo que hay en el efecto.<\/p>\n<p><b><i> Injustas pretensiones del capital<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>54.<\/b> Durante mucho tiempo, en efecto, las riquezas o \u00abcapital\u00bb se atribuyeron demasiado a s\u00ed mismos. El capital reivindicaba para s\u00ed todo el rendimiento, la totalidad del producto, dejando al trabajador apenas lo necesario para reparar y restituir sus fuerzas.<\/p>\n<p>Pues se dec\u00eda que, en virtud de una ley econ\u00f3mica absolutamente incontrastable, toda acumulaci\u00f3n de capital correspond\u00eda a los ricos, y que, en virtud de esa misma ley, los trabajadores estaban condenados y reducidos a perpetua miseria o a un sumamente escaso bienestar. Pero es lo cierto que ni siempre ni en todas partes la realidad de los hechos estuvo de acuerdo con esta opini\u00f3n de los liberales vulgarmente llamados manchesterianos, aun cuando tampoco pueda negarse que las instituciones econ\u00f3mico-sociales se inclinaban constantemente a este principio.<\/p>\n<p>Por consiguiente, nadie deber\u00e1 extra\u00f1arse que esas falsas opiniones, que tales enga\u00f1osos postulados haya sido atacados duramente y no s\u00f3lo por aqu\u00e9llos que, en virtud de tales teor\u00edas, se ve\u00edan privados de su natural derecho a conseguir una mejor fortuna.<\/p>\n<p><b><i> Injustas reivindicaciones del trabajo<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>55.<\/b> Fue debido a esto que se acercaran a los oprimidos trabajadores los llamados \u00abintelectuales\u00bb, proponi\u00e9ndoles contra esa supuesta ley un principio moral no menos imaginario que ella, es decir, que, quitando \u00fanicamente lo suficiente para amortizar y reconstruir el capital, todo el producto y el rendimiento restante corresponde en derecho a los obreros.<\/p>\n<p>El cual error, mientras m\u00e1s tentador se muestra que el de los socialistas, seg\u00fan los cuales todos los medios de producci\u00f3n deben transferirse al Estado, esto es, como vulgarmente se dice, \u00absocializarse\u00bb, tanto es m\u00e1s peligroso e id\u00f3neo para enga\u00f1ar a los incautos: veneno suave que bebieron \u00e1vidamente muchos, a quienes un socialismo desembozado no hab\u00eda podido seducir.<\/p>\n<p><b><i> Principio regulador de la justa distribuci\u00f3n<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>56.<\/b> Indudablemente, para que estas falsas doctrinas no cerraran el paso a la paz y a la justicia, unos y otros tuvieron que ser advertidos por las palabras de nuestro sapient\u00edsimo predecesor: \u00abA pesar de que se halle repartida entre los particulares, la tierra no deja por ello de servir a la com\u00fan utilidad de todos\u00bb.<\/p>\n<p>Y Nos hemos ense\u00f1ado eso mismo tambi\u00e9n poco antes, cuando afirmamos que esa participaci\u00f3n de los bienes que se opera por medio de la propiedad privada, para que las cosas creadas pudieran prestar a los hombres esa utilidad de un modo seguro y estable, ha sido establecida por la misma naturaleza. Lo que siempre se debe tener ante los ojos para no apartarse del recto camino de la verdad.<\/p>\n<p><b>57.<\/b> Ahora bien, no toda distribuci\u00f3n de bienes y riquezas entre los hombres es id\u00f3nea para conseguir, o en absoluto o con la perfecci\u00f3n requerida, el fin establecido por Dios. Es necesario, por ello, que las riquezas, que se van aumentando constantemente merced al desarrollo econ\u00f3mico-social, se distribuyan entre cada una de las personas y clases de hombres, de modo que quede a salvo esa com\u00fan utilidad de todos, tan alabada por Le\u00f3n XIII, o, con otras palabras, que se conserve inmune el bien com\u00fan de toda la sociedad.<\/p>\n<p>Por consiguiente, no viola menos esta ley la clase rica cuando, libre de preocupaci\u00f3n por la abundancia de sus bienes, considera como justo orden de cosas aqu\u00e9l en que todo va a parar a ella y nada al trabajador; que la viola la clase proletaria cuando, enardecida por la conculcaci\u00f3n de la justicia y dada en exceso a reivindicar inadecuadamente el \u00fanico derecho que a ella le parece defendible, el suyo, lo reclama todo para s\u00ed en cuanto fruto de sus manos e impugna y trata de abolir, por ello, sin m\u00e1s raz\u00f3n que por ser tales, el dominio y r\u00e9ditos o beneficios que no se deben al trabajo, cualquiera que sea el g\u00e9nero de \u00e9stos y la funci\u00f3n que desempe\u00f1en en la convivencia humana.<\/p>\n<p>Y no deben pasarse por alto que a este prop\u00f3sito algunos apelan torpe e infundadamente al Ap\u00f3stol, que dec\u00eda: Si alguno no quiere trabajar, que no coma (<i>2Ts <\/i>3,10); pues el Ap\u00f3stol se refiere en esa frase a quienes, pudiendo y debiendo trabajar, no lo hacen, y nos exhorta a que aprovechemos diligentemente el tiempo, as\u00ed como las energ\u00edas del cuerpo y del esp\u00edritu, para nos ser gravosos a los dem\u00e1s, pudiendo valernos por nosotros mismos. Pero el Ap\u00f3stol no ense\u00f1a en modo alguno que el \u00fanico t\u00edtulo que da derecho a alimento o a rentas sea el trabajo (<i>2Ts <\/i>3,8-10).<\/p>\n<p><b>58.<\/b> A cada cual, por consiguiente, debe d\u00e1rsele lo suyo en la distribuci\u00f3n de los bienes, siendo necesario que la partici\u00f3n de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien com\u00fan o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cu\u00e1n grav\u00edsimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados.<\/p>\n<h3><b>3. La redenci\u00f3n del proletariado<\/b><\/h3>\n<p><b>59.<\/b> He aqu\u00ed el fin que nuestro predecesor manifest\u00f3 que deb\u00eda conseguirse necesariamente: la redenci\u00f3n del proletariado. Y esto debemos afirmarlo tanto m\u00e1s en\u00e9rgicamente y repetirlo con tanta mayor insistencia cuanto que estos saludables mandatos del Pont\u00edfice fueron no pocas veces echados en olvido, ya con un estudiado silencio, ya por estimar que eran irrealizables, siendo as\u00ed que no s\u00f3lo pueden, sino que deben llevarse a la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Y no cabe decir que, por haber disminuido aquel pauperismo que Le\u00f3n XIII ve\u00eda en todos sus horrores, tales preceptos han perdido en nuestro tiempo su vigor y su sabidur\u00eda. Es cierto que ha mejorado y que se ha hecho m\u00e1s equitativa la condici\u00f3n de los trabajadores, sobre todo en las naciones m\u00e1s cultas y populosas, en que los obreros no pueden ser ya considerados por igual afligidos por la miseria o padeciendo escasez.<\/p>\n<p>Pero luego que las artes mec\u00e1nicas y la industria del hombre han invadido extensas regiones, tanto en las llamadas tierras nuevas cuanto en los reinos del Extremo Oriente, de tan antigua civilizaci\u00f3n, ha crecido hasta la inmensidad el n\u00famero de los proletarios necesitados, cuyos gemidos llegan desde la tierra hasta el cielo; a\u00f1\u00e1dase a \u00e9stos el ej\u00e9rcito enorme de los asalariados rurales, reducidos a las m\u00e1s \u00ednfimas condiciones de vida y privados de toda esperanza de adquirir jam\u00e1s \u00abalgo vinculado por el suelo\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>35), y, por tanto, si no se aplican los oportunos y eficaces remedios, condenados para siempre a la triste condici\u00f3n de proletarios.<\/p>\n<p><b>60.<\/b> Y aun siendo muy verdad que la condici\u00f3n de proletario debe distinguirse en rigor del pauperismo, no obstante, de un lado, la enorme masa de proletarios, y, de otro, los fabulosos recursos de unos pocos sumamente ricos, constituyen argumento de mayor excepci\u00f3n de que las riquezas tan copiosamente producidas en esta \u00e9poca nuestra, llamada del \u00abindustrialismo\u00bb, no se hallan rectamente distribuidas ni aplicadas con equidad a las diversas clases de hombres.<\/p>\n<p><b>61.<\/b> Hay que luchar, por consiguiente, con todo vigor y empe\u00f1o para que, al menos en el futuro, se modere equitativamente la acumulaci\u00f3n de riquezas en manos de los ricos, a fin de que se repartan tambi\u00e9n con la suficiente profusi\u00f3n entre los trabajadores, no para que \u00e9stos se hagan remisos en el trabajo \u2014pues que el hombre ha nacido para el trabajo, como el ave para volar\u2014, sino para que aumenten con el ahorro el patrimonio familiar; administrando prudentemente estos aumentados ingresos, puedan sostener m\u00e1s f\u00e1cil y seguramente las cargas familiares, y, liberados de la incierta fortuna de la vida, cuya inestabilidad tiene en constante inquietud a los proletarios, puedan no s\u00f3lo soportar las vicisitudes de la existencia, sino incluso confiar en que, al abandonar este mundo, quedar\u00e1n convenientemente provistos los que dejan tras s\u00ed.<\/p>\n<p><b>62.<\/b> Todo esto, que no s\u00f3lo insin\u00faa, sino que clara y abiertamente proclama nuestro predecesor, Nos lo inculcamos m\u00e1s y m\u00e1s en esta nuestra enc\u00edclica, pues, si no se pone empe\u00f1o en llevarlo varonilmente y sin demora a su realizaci\u00f3n, nadie podr\u00e1 abrigar la convicci\u00f3n de que quepa defender eficazmente el orden p\u00fablico, la paz y la tranquilidad de la sociedad humana contra los promotores de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>4. El salario justo<\/b><b><\/b><\/h3>\n<p><b>63.<\/b> Mas no podr\u00e1 tener efectividad si los obreros no llegan a formar con diligencia y ahorro su peque\u00f1o patrimonio, como ya hemos indicado, insistiendo en las consignas de nuestro predecesor. Pero \u00bfde d\u00f3nde, si no es del pago por su trabajo, podr\u00e1 ir apartando algo quien no cuenta con otro recurso para ganarse la comida y cubrir sus otras necesidades vitales fuera del trabajo?<\/p>\n<p>Vamos, pues, a acometer esta cuesti\u00f3n del salario, que Le\u00f3n XIII consider\u00f3 \u00abde la mayor importancia\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>34), explicando y, donde fuere necesario, ampliando su doctrina y preceptos.<\/p>\n<p><em><b>El salario no es injusto de suyo<\/b><b><\/b><\/em><\/p>\n<p><b>64.<\/b> Y, en primer lugar, quienes sostienen que el contrato de arriendo y alquiler de trabajo es de por s\u00ed injusto y que, por tanto, debe ser sustituido por el contrato de sociedad, afirman indudablemente una inexactitud y calumnian gravemente a nuestro predecesor, cuya enc\u00edclica no s\u00f3lo admite el \u00absalariado\u00bb, sino que incluso se detiene largamente a explicarlo seg\u00fan las normas de la justicia que han de regirlo.<\/p>\n<p><b>65.<\/b> De todos modos, estimamos que estar\u00eda m\u00e1s conforme con las actuales condiciones de la convivencia humana que, en la medida de lo posible, el contrato de trabajo se suavizara algo mediante el contrato de sociedad, como ha comenzado a efectuarse ya de diferentes maneras, con no poco provecho de patronos y obreros. De este modo, los obreros y empleados se hacen socios en el dominio o en la administraci\u00f3n o participan, en cierta medida, de los beneficios percibidos.<\/p>\n<p><b>66.<\/b> Ahora bien, la cuant\u00eda del salario habr\u00e1 de fijarse no en funci\u00f3n de uno solo, sino de diversos factores, como ya expresaba sabiamente Le\u00f3n XIII con aquellas palabras: \u00abPara establecer la medida del salario con justicia, hay que considerar muchas razones\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>17).<\/p>\n<p><b>67.<\/b> Declaraci\u00f3n con que queda rechazada totalmente la ligereza de aqu\u00e9llos seg\u00fan los cuales esta dificil\u00edsima cuesti\u00f3n puede resolverse con el f\u00e1cil recurso de aplicar una regla \u00fanica, y \u00e9sta nada conforme con la verdad.<\/p>\n<p><b>68.<\/b> Se equivocan de medio a medio, efectivamente, quienes no vacilan en divulgar el principio seg\u00fan el cual el valor del trabajo y su remuneraci\u00f3n debe fijarse en lo que se tase el valor del fruto por \u00e9l producido y que, por lo mismo, asiste al trabajo el derecho de reclamar todo aquello que ha sido producido por su trabajo, error que queda evidenciado s\u00f3lo con lo que antes dijimos acerca del capital y del trabajo.<\/p>\n<p><b><i> Car\u00e1cter individual y social del trabajo<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>69.<\/b> Mas, igual que en el dominio, tambi\u00e9n en el trabajo, sobre todo en el que se alquila a otro por medio de contrato, adem\u00e1s del car\u00e1cter personal o individual, hay que considerar evidentemente el car\u00e1cter social, ya que, si no existe un verdadero cuerpo social y org\u00e1nico, si no hay un orden social y jur\u00eddico que garantice el ejercicio del trabajo, si los diferentes oficios, dependientes los unos de los otros, no colaboran y se completan entre s\u00ed y, lo que es m\u00e1s todav\u00eda, no se asocian y se funden como en una unidad la inteligencia, el capital y el trabajo, la eficiencia humana no ser\u00e1 capaz de producir sus frutos. Luego el trabajo no puede ser valorado justamente ni remunerado equitativamente si no se tiene en cuenta su car\u00e1cter social e individual.<\/p>\n<p><b><i> Tres puntos que se deben considerar<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>70.<\/b> De este doble car\u00e1cter, implicado en la naturaleza misma del trabajo humano, se siguen consecuencias de la mayor gravedad, que deben regular y determinar el salario.<\/p>\n<p><i> a) Sustento del obrero y de su familia<\/i><\/p>\n<p><b>71.<\/b> Ante todo, al trabajador hay que fijarle una remuneraci\u00f3n que alcance a cubrir el sustento suyo y el de su familia (cf. <i>Casti connubii<\/i>)<i>. <\/i>Es justo, desde luego, que el resto de la familia contribuya tambi\u00e9n al sostenimiento com\u00fan de todos, como puede verse especialmente en las familias de campesinos, as\u00ed como tambi\u00e9n en las de muchos artesanos y peque\u00f1os comerciantes; pero no es justo abusar de la edad infantil y de la debilidad de la mujer.<\/p>\n<p>Las madres de familia trabajar\u00e1n principal\u00edsimamente en casa o en sus inmediaciones, sin desatender los quehaceres dom\u00e9sticos. Constituye un horrendo abuso, y debe ser eliminado con todo empe\u00f1o, que las madres de familia, a causa de la cortedad del sueldo del padre, se vean en la precisi\u00f3n de buscar un trabajo remunerado fuera del hogar, teniendo que abandonar sus peculiares deberes y, sobre todo, la educaci\u00f3n de los hijos.<\/p>\n<p>Hay que luchar denodadamente, por tanto, para que los padres de familia reciban un sueldo lo suficientemente amplio para tender convenientemente a las necesidades dom\u00e9sticas ordinarias. Y si en las actuales circunstancias esto no siempre fuera posible, la justicia social postula que se introduzcan lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible las reformas necesarias para que se fije a todo ciudadano adulto un salario de este tipo.<\/p>\n<p>No est\u00e1 fuera de lugar hacer aqu\u00ed el elogio de todos aquellos que, con muy sabio y provechoso consejo, han experimentado y probado diversos procedimientos para que la remuneraci\u00f3n del trabajo se ajuste a las cargas familiares, de modo que, aumentando \u00e9stas, aumente tambi\u00e9n aqu\u00e9l; e incluso, si fuere menester, que satisfaga a las necesidades extraordinarias.<\/p>\n<p><i> b) Situaci\u00f3n de la empresa<\/i><\/p>\n<p><b>72.<\/b> Para fijar la cuant\u00eda del salario deben tenerse en cuenta tambi\u00e9n las condiciones de la empresa y del empresario, pues ser\u00eda injusto exigir unos salarios tan elevados que, sin la ruina propia y la consiguiente de todos los obreros, la empresa no podr\u00eda soportar. No debe, sin embargo, reputarse como causa justa para disminuir a los obreros el salario el escaso r\u00e9dito de la empresa cuando esto sea debido a incapacidad o abandono o a la despreocupaci\u00f3n por el progreso t\u00e9cnico y econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Y cuando los ingresos no son lo suficientemente elevados para poder atender a la equitativa remuneraci\u00f3n de los obreros, porque las empresas se ven gravadas por cargas injustas o forzadas a vender los productos del trabajo a un precio no remunerador, quienes de tal modo las agobian son reos de un grave delito, ya que privan de su justo salario a los obreros, que, obligados por la necesidad, se ven compelidos a aceptar otro menor que el justo.<\/p>\n<p><b>73.<\/b> Unidos fuerzas y prop\u00f3sitos, traten todos, por consiguiente, obreros y patronos, de superar las dificultades y obst\u00e1culos y pr\u00e9steles su ayuda en una obra tan beneficiosa la sabia previsi\u00f3n de la autoridad p\u00fablica.<\/p>\n<p>Y si la cosa llegara a una dificultad extrema, entonces habr\u00e1 llegado, por fin, el momento de someter a deliberaci\u00f3n si la empresa puede continuar o si se ha de mirar de alguna otra manera por los obreros. En este punto, verdaderamente grav\u00edsimo, conviene que act\u00fae eficazmente una cierta uni\u00f3n y una concordia cristiana entre patronos y obreros.<\/p>\n<p><i> c) Necesidad del bien com\u00fan<\/i><\/p>\n<p><b>74.<\/b> Finalmente, la cuant\u00eda del salario debe acomodarse al bien p\u00fablico econ\u00f3mico. Ya hemos indicado lo importante que es para el bien com\u00fan que los obreros y empleados apartando algo de su sueldo, una vez cubiertas sus necesidades, lleguen a reunir un peque\u00f1o patrimonio; pero hay otro punto de no menor importancia y en nuestros tiempos sumamente necesario, o sea, que se d\u00e9 oportunidad de trabajar a quienes pueden y quieren hacerlo.<\/p>\n<p>Y esto depende no poco de la determinaci\u00f3n del salario, el cual, lo mismo que, cuando se le mantiene dentro de los justos l\u00edmites, puede ayudar, puede, por el contrario, cuando los rebasa, constituir un tropiezo. \u00bfQui\u00e9n ignora, en efecto, que se ha debido a los salarios o demasiado bajos o excesivamente elevados el que los obreros se hayan visto privados de trabajo?<\/p>\n<p>Mal que, por haberse desarrollado especialmente en el tiempo de nuestro pontificado, Nos mismo vemos que ha perjudicado a muchos, precipitando a los obreros en la miseria y en las m\u00e1s duras pruebas, arruinando la prosperidad de las naciones y destruyendo el orden, la paz y la tranquilidad de todo el orbe de la tierra.<\/p>\n<p>Es contrario, por consiguiente, a la justicia social disminuir o aumentar excesivamente, por la ambici\u00f3n de mayores ganancias y sin tener en cuenta el bien com\u00fan, los salarios de los obreros; y esa misma justicia pide que, en uni\u00f3n de mentes y voluntades y en la medida que fuere posible, los salarios se rijan de tal modo que haya trabajo para el mayor n\u00famero y que puedan percibir una remuneraci\u00f3n suficiente para el sostenimiento de su vida.<\/p>\n<p><b>75.<\/b> A esto contribuye grandemente tambi\u00e9n la justa proporci\u00f3n entre los salarios, con la cual se relaciona estrechamente la proporci\u00f3n de los precios a que se venden los diversos productos agr\u00edcolas, industriales, etc. Si tales proporciones se guardan de una manera conveniente, los diversos ramos de la producci\u00f3n se complementar\u00e1n y ensamblar\u00e1n, aport\u00e1ndose, a manera de miembros, ayuda y perfecci\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>Ya que la econom\u00eda social lograr\u00e1 un verdadero equilibrio y alcanzar\u00e1 sus fines s\u00f3lo cuando a todos y a cada uno les fueren dados todos los bienes que las riquezas y los medios naturales, la t\u00e9cnica y la organizaci\u00f3n pueden aportar a la econom\u00eda social; bienes que deben bastar no s\u00f3lo para cubrir las necesidades y un honesto bienestar, sino tambi\u00e9n para llevar a los hombres a una feliz condici\u00f3n de vida, que, con tal de que se lleven prudentemente las cosas, no s\u00f3lo no se opone a la virtud, sino que la favorece notablemente (cf. Santo Tom\u00e1s, <i>De regimine principium <\/i>I, 15; <i>Rerum novarum, <\/i>27).<\/p>\n<h3><b>5. Restauraci\u00f3n del orden social<\/b><\/h3>\n<p><b>76.<\/b> Todo cuanto llevamos dicho hasta aqu\u00ed sobre la equitativa distribuci\u00f3n de los bienes y sobre el justo salario se refiere a las personas particulares y s\u00f3lo indirectamente toca al orden social, a cuya restauraci\u00f3n, en conformidad con los principios de la sana filosof\u00eda y con los alt\u00edsimos preceptos de la ley evang\u00e9lica, dirigi\u00f3 todos sus afanes y pensamientos nuestro predecesor Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p><b>77.<\/b> Mas para dar consistencia a lo felizmente iniciado por \u00e9l, perfeccionar lo que a\u00fan queda por hacer y conseguir frutos a\u00fan m\u00e1s exuberantes y felices para la humana familia, se necesitan sobre todo dos cosas: la reforma de las instituciones y la enmienda de las costumbres.<\/p>\n<p><b>78.<\/b> Y, al hablar de la reforma de las instituciones, se nos viene al pensamiento especialmente el Estado, no porque haya de esperarse de \u00e9l la soluci\u00f3n de todos los problemas, sino porque, a causa del vicio por Nos indicado del \u00abindividualismo\u00bb, las cosas hab\u00edan llegado a un extremo tal que, postrada o destruida casi por completo aquella exuberante y en otros tiempos evolucionada vida social por medio de asociaciones de la m\u00e1s diversa \u00edndole, hab\u00edan quedado casi solos frente a frente los individuos y el Estado, con no peque\u00f1o perjuicio del Estado mismo, que, perdida la forma del r\u00e9gimen social y teniendo que soportar todas las cargas sobrellevadas antes por las extinguidas corporaciones, se ve\u00eda oprimido por un sinf\u00edn de atenciones diversas.<\/p>\n<p><b>79.<\/b> Pues aun siendo verdad, y la historia lo demuestra claramente, que, por el cambio operado en las condiciones sociales, muchas cosas que en otros tiempos pod\u00edan realizar incluso las asociaciones peque\u00f1as, hoy son posibles s\u00f3lo a las grandes corporaciones, sigue, no obstante, en pie y firme en la filosof\u00eda social aquel grav\u00edsimo principio inamovible e inmutable: como no se puede quitar a los individuos y dar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria, as\u00ed tampoco es justo, constituyendo un grave perjuicio y perturbaci\u00f3n del recto orden, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y d\u00e1rselo a una sociedad mayor y m\u00e1s elevada, ya que toda acci\u00f3n de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos.<\/p>\n<p><b>80.<\/b> Conviene, por tanto, que la suprema autoridad del Estado permita resolver a las asociaciones inferiores aquellos asuntos y cuidados de menor importancia, en los cuales, por lo dem\u00e1s perder\u00eda mucho tiempo, con lo cual lograr\u00e1 realizar m\u00e1s libre, m\u00e1s firme y m\u00e1s eficazmente todo aquello que es de su exclusiva competencia, en cuanto que s\u00f3lo \u00e9l puede realizar, dirigiendo, vigilando, urgiendo y castigando, seg\u00fan el caso requiera y la necesidad exija.<\/p>\n<p>Por lo tanto, tengan muy presente los gobernantes que, mientras m\u00e1s vigorosamente reine, salvado este principio de funci\u00f3n \u00absubsidiaria\u00bb, el orden jer\u00e1rquico entre las diversas asociaciones, tanto m\u00e1s firme ser\u00e1 no s\u00f3lo la autoridad, sino tambi\u00e9n la eficiencia social, y tanto m\u00e1s feliz y pr\u00f3spero el estado de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p><b><i> Mutua colaboraci\u00f3n de las \u00abprofesiones\u00bb<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>81.<\/b> Tanto el Estado cuanto todo buen ciudadano deben tratar y tender especialmente a que, superada la pugna entre las \u00abclases\u00bb opuestas, se fomente y prospere la colaboraci\u00f3n entre las diversas \u00abprofesiones\u00bb.<\/p>\n<p><b>82.<\/b> La pol\u00edtica social tiene, pues, que dedicarse a reconstruir las profesiones. Hasta ahora, en efecto, el estado de la sociedad humana sigue a\u00fan violento y, por tanto, inestable y vacilante, como basado en clases de tendencias diversas, contrarias entre s\u00ed, y por lo mismo inclinadas a enemistades y luchas.<\/p>\n<p><b>83.<\/b> Efectivamente, aun cuando el trabajo, como claramente expone nuestro predecesor en su enc\u00edclica (cf.<i> Rerum novarum, <\/i>16), no es una vil mercanc\u00eda, sino que es necesario reconocer la dignidad humana del trabajador y, por lo tanto, no puede venderse ni comprarse al modo de una mercanc\u00eda cualquiera, lo cierto es que, en la actual situaci\u00f3n de cosas, la contrataci\u00f3n y locaci\u00f3n de la mano de obra, en lo que llaman mercado del trabajo, divide a los hombres en dos bandos o ej\u00e9rcitos, que con su rivalidad convierten dicho mercado como en un palenque en que esos dos ej\u00e9rcitos se atacan rudamente.<\/p>\n<p>Nadie dejar\u00e1 de comprender que es de la mayor urgencia poner remedio a un mal que est\u00e1 llevando a la ruina a toda la sociedad humana. La curaci\u00f3n total no llegar\u00e1, sin embargo, sino cuando, eliminada esa lucha, los miembros del cuerpo social reciban la adecuada organizaci\u00f3n, es decir, cuando se constituyan unos \u00ab\u00f3rdenes\u00bb en que los hombres se encuadren no conforme a la categor\u00eda que se les asigna en el mercado del trabajo, sino en conformidad con la funci\u00f3n social que cada uno desempe\u00f1a.<\/p>\n<p>Pues se hallan vinculados por la vecindad de lugar constituyen municipios, as\u00ed ha ocurrido que cuantos se ocupan en un mismo oficio o profesi\u00f3n \u2014sea \u00e9sta econ\u00f3mica o de otra \u00edndole\u2014 constituyeran ciertos colegios o corporaciones, hasta el punto de que tales agrupaciones, regidas por un derecho propio, llegaran a ser consideradas por muchos, si no como esenciales, s\u00ed, al menos, como connaturales a la sociedad civil.<\/p>\n<p><b>84.<\/b> Ahora bien, siendo el orden, como egregiamente ense\u00f1a Santo Tom\u00e1s (cf Santo Tom\u00e1s, <i>Contra Genes <\/i>III, 71; <i>Sum. Theol. <\/i>I, q. 65 a. 2), una unidad que surge de la conveniente disposici\u00f3n de muchas cosas, el verdadero y genuino orden social postula que los distintos miembros de la sociedad se unan entre s\u00ed por alg\u00fan v\u00ednculo fuerte.<\/p>\n<p>Y ese v\u00ednculo se encuentra ya tanto en los mismos bienes a producir o en los servicios a prestar, en cuya aportaci\u00f3n trabajan de com\u00fan acuerdo patronos y obreros de un mismo \u00abramo\u00bb, cuanto en ese bien com\u00fan a que debe colaborar en amigable uni\u00f3n, cada cual dentro de su propio campo, los diferentes \u00abramos\u00bb. Uni\u00f3n que ser\u00e1 tanto m\u00e1s fuerte y eficaz cuanto con mayor exactitud tratan, as\u00ed los individuos como los \u00abramos\u00bb mismos, de ejercer su profesi\u00f3n y de distinguirse en ella.<\/p>\n<p><b>85.<\/b> De donde se deduce f\u00e1cilmente que es primer\u00edsima misi\u00f3n de estos colegios velar por los intereses comunes de todo el \u00abramo\u00bb, entre los cuales destaca el de cada oficio por contribuir en la mayor medida posible al bien com\u00fan de toda la sociedad.<\/p>\n<p>En cambio, en los negocios relativos al especial cuidado y tutela de los peculiares intereses de los patronos y de los obreros, si se presentara el caso, unos y otros podr\u00e1n deliberar o resolver por separado, seg\u00fan convenga.<\/p>\n<p><b>86.<\/b> Apenas es necesario recordar que la doctrina de Le\u00f3n XIII acerca del r\u00e9gimen pol\u00edtico puede aplicarse, en la debida proporci\u00f3n, a los colegios o corporaciones profesionales; esto es, que los hombres son libres para elegir la forma de gobierno que les plazca, con tal de que queden a salvo la justicia y las exigencias del bien com\u00fan (cf <i>Immortale Dei, <\/i>1 de noviembre de 1885).<\/p>\n<p><b>87.<\/b> Ahora bien, as\u00ed como los habitantes de un municipio suelen crear asociaciones con fines diversos con la m\u00e1s amplia libertad de inscribirse en ellas o no, as\u00ed tambi\u00e9n los que profesan un mismo oficio pueden igualmente constituir unos con otros asociaciones libres con fines en alg\u00fan modo relacionados con el ejercicio de su profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y puesto que nuestro predecesor, de feliz memoria, describi\u00f3 con toda claridad tales asociaciones, Nos consideramos bastante con inculcar s\u00f3lo esto: que el hombre es libre no s\u00f3lo para fundar asociaciones de orden y derecho privado, sino tambi\u00e9n para \u00abelegir aquella organizaci\u00f3n y aquellas leyes que estime m\u00e1s conducentes al fin que se ha propuesto\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>42).<\/p>\n<p>Y esa misma libertad ha de reivindicarse para constituir asociaciones que se salgan de los l\u00edmites de cada profesi\u00f3n. Las asociaciones libres que ya existen y disfrutan de saludables beneficios disp\u00f3nganse a preparar el camino a esas asociaciones u \u00ab\u00f3rdenes\u00bb m\u00e1s amplios, de que hablamos, y a llevarlas a cabo decididamente conforme a la doctrina social cristiana<i><b>.<\/b><\/i><\/p>\n<p><b><i> Restauraci\u00f3n del principio rector de la econom\u00eda<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>88.<\/b> Queda por tratar otro punto estrechamente unido con el anterior. Igual que la unidad del cuerpo social no puede basarse en la lucha de \u00abclases\u00bb, tampoco el recto orden econ\u00f3mico puede dejarse a la libre concurrencia de las fuerzas.<\/p>\n<p>Pues de este principio, como de una fuente envenenada, han manado todos los errores de la econom\u00eda \u00abindividualista\u00bb, que, suprimiendo, por olvido o por ignorancia, el car\u00e1cter social y moral de la econom\u00eda, estim\u00f3 que \u00e9sta deb\u00eda ser considerada y tratada como totalmente independiente de la autoridad del Estado, ya que ten\u00eda su principio regulador en el mercado o libre concurrencia de los competidores, y por el cual podr\u00eda regirse mucho mejor que por la intervenci\u00f3n de cualquier entendimiento creado.<\/p>\n<p>Mas la libre concurrencia, aun cuando dentro de ciertos l\u00edmites es justa e indudablemente beneficiosa, no puede en modo alguno regir la econom\u00eda, como qued\u00f3 demostrado hasta la saciedad por la experiencia, una vez que entraron en juego los principios del funesto individualismo.<\/p>\n<p>Es de todo punto necesario, por consiguiente, que la econom\u00eda se atenga y someta de nuevo a un verdadero y eficaz principio rector. Y mucho menos a\u00fan pueda desempe\u00f1ar esta funci\u00f3n la dictadura econ\u00f3mica, que hace poco ha sustituido a la libre concurrencia, pues trat\u00e1ndose de una fuerza impetuosa y de una enorme potencia, para ser provechosa a los hombres tiene que ser frenada poderosamente y regirse con gran sabidur\u00eda, y no puede ni frenarse ni regirse por s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Por tanto, han de buscarse principios m\u00e1s elevados y m\u00e1s nobles, que regulen severa e \u00edntegramente a dicha dictadura, es decir, la justicia social y la caridad social. Por ello conviene que las instituciones p\u00fablicas y toda la vida social est\u00e9n imbuidas de esa justicia, y sobre todo es necesario que sea suficiente, esto es, que constituya un orden social y jur\u00eddico, con que quede como informada toda la econom\u00eda.<\/p>\n<p>Y la caridad social debe ser como el alma de dicho orden, a cuya eficaz tutela y defensa deber\u00e1 atender sol\u00edcitamente la autoridad p\u00fablica, a lo que podr\u00e1 dedicarse con mucha mayor facilidad si se descarga de esos cometidos que, como antes dijimos, no son de su incumbencia.<\/p>\n<p><b>89.<\/b> M\u00e1s a\u00fan: es conveniente que las diversas naciones, uniendo sus afanes y trabajos, puesto que en el orden econ\u00f3mico dependen en gran manera unas de otras y mutuamente se necesitan, promuevan, por medio de sabios tratados e instituciones, una fecunda y feliz cooperaci\u00f3n de la econom\u00eda internacional.<\/p>\n<p><b>90.<\/b> Por consiguiente, si los miembros del cuerpo social se restauran del modo indicado y se restablece el principio rector del orden econ\u00f3mico-social, podr\u00e1n aplicarse en cierto modo a este cuerpo tambi\u00e9n las palabras del Ap\u00f3stol sobre el cuerpo m\u00edstico de Cristo: \u00abTodo el cuerpo compacto y unido por todos sus vasos, seg\u00fan la proporci\u00f3n de cada miembro, opera el aumento del cuerpo para su edificaci\u00f3n en la caridad\u00bb (<i>Ef<\/i> 4,16).<\/p>\n<p><b>91.<\/b> Como todos saben, recientemente se ha iniciado una especial manera de organizaci\u00f3n sindical y corporativa, que, dada la materia de esta enc\u00edclica, debe ser explicada aqu\u00ed brevemente, a\u00f1adiendo algunas oportunas observaciones.<\/p>\n<p><b>92.<\/b> La propia potestad civil constituye al sindicato en persona jur\u00eddica, de tal manera, que al mismo tiempo le otorga cierto privilegio de monopolio, puesto que s\u00f3lo el sindicato, aprobado como tal, puede representar (seg\u00fan la especie de sindicato) los derechos de los obreros o de los patronos, y s\u00f3lo \u00e9l estipular las condiciones sobre la conducci\u00f3n y locaci\u00f3n de mano de obra, as\u00ed como garantizar los llamados contratos de trabajo.<\/p>\n<p>Inscribirse o no a un sindicato es potestativo de cada uno, y s\u00f3lo en este sentido puede decirse libre un sindicato de esta \u00edndole, puesto que, por lo dem\u00e1s, son obligatorias no s\u00f3lo la cuota sindical, sino tambi\u00e9n algunas otras peculiares aportaciones absolutamente para todos los miembros de cada oficio o profesi\u00f3n, sean \u00e9stos obreros o patronos, igual que todos est\u00e1n ligados por los contratos de trabajo estipulados por el sindicato jur\u00eddico.<\/p>\n<p>Si bien es verdad que ha sido oficialmente declarado que este sindicato no se opone a la existencia de otras asociaciones de la misma profesi\u00f3n, pero no reconocidas en derecho.<\/p>\n<p><b>93.<\/b> Los colegios o corporaciones est\u00e1n constituidos por delegados de ambos sindicatos (es decir, de obreros y patronos) de un mismo oficio o profesi\u00f3n y, como verdaderos y propios instrumentos e instituciones del Estado, dirigen esos mismos sindicatos y los coordinan en las cosas de inter\u00e9s com\u00fan.<\/p>\n<p><b>94.<\/b> Quedan prohibidas las huelgas; si las partes en litigio no se ponen de acuerdo, interviene la magistratura.<\/p>\n<p><b>95.<\/b> Con poco que se medite sobre ello, se podr\u00e1 f\u00e1cilmente ver cu\u00e1ntos beneficios reporta esta instituci\u00f3n, que hemos expuesto muy sumariamente: la colaboraci\u00f3n pac\u00edfica de las diversas clases, la represi\u00f3n de las organizaciones socialistas, la supresi\u00f3n de des\u00f3rdenes, una magistratura especial ejerciendo una autoridad moderadora.<\/p>\n<p>No obstante, para no omitir nada en torno a un asunto de tanta importancia, y de acuerdo con los principios generales anteriormente expuestos y con los que a\u00f1adiremos despu\u00e9s, nos vemos en la precisi\u00f3n de reconocer que no faltan quienes teman que el Estado, debiendo limitarse a prestar una ayuda necesaria y suficiente, venga a reemplazar a la libre actividad, o que esa nueva organizaci\u00f3n sindical y corporativa sea excesivamente burocr\u00e1tica y pol\u00edtica, o que (aun admitiendo esos m\u00e1s amplios beneficios) sirva m\u00e1s bien a particulares fines pol\u00edticos que a la restauraci\u00f3n y fomento de un mejor orden social.<\/p>\n<p><b>96.<\/b> Mas para conseguir este nobil\u00edsimo fin y beneficiar al m\u00e1ximo, de una manera estable y segura, al bien com\u00fan, juzgamos en primer lugar y, ante todo, absolutamente necesario que Dios asista propicio y luego que aporten su colaboraci\u00f3n a dicho fin todos los hombres de buena voluntad.<\/p>\n<p>Estamos persuadidos, adem\u00e1s, y lo deducimos de lo anterior, que ese fin se lograr\u00e1 con tanta mayor seguridad cuanto m\u00e1s copioso sea el n\u00famero de aqu\u00e9llos que est\u00e9n dispuestos a contribuir con su pericia t\u00e9cnica, profesional y social, y tambi\u00e9n (cosa m\u00e1s importante todav\u00eda) cuanto mayor sea la importancia concedida a la aportaci\u00f3n de los principios cat\u00f3licos y su pr\u00e1ctica, no ciertamente por la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica (que no se permite a s\u00ed misma actividad propiamente sindical o pol\u00edtica) sino por parte de aquellos hijos nuestros que esa misma Acci\u00f3n Cat\u00f3lica forma en esos principios y a los cuales prepara para el ejercicio del apostolado bajo la direcci\u00f3n y el magisterio de la Iglesia; de la Iglesia, decimos, que tambi\u00e9n en este campo de que hablamos, como dondequiera que se plantean cuestiones y discusiones sobre moral, jam\u00e1s puede olvidar ni descuidar el mandato de vigilancia y de magisterio que le ha sido impuesto por Dios.<\/p>\n<p><b>97.<\/b> Cuanto hemos ense\u00f1ado sobre la restauraci\u00f3n y perfeccionamiento del orden social no puede llevarse a cabo, sin embargo, sin la reforma de las costumbres, como con toda claridad demuestra la historia.<\/p>\n<p>Existi\u00f3, efectivamente, en otros tiempos un orden social que, aun no siendo perfecto ni completo en todos sus puntos, no obstante, dadas las circunstancias y las necesidades de la \u00e9poca, estaba de alg\u00fan modo conforme con la recta raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Y si aquel orden cay\u00f3, es indudable que no se debi\u00f3 a que no pudiera, evolucionando y en cierto modo ampli\u00e1ndose, adaptarse a las nuevas circunstancias y necesidades, sino m\u00e1s bien a que los hombres, o endurecidos por el exceso de ego\u00edsmo, rehusaron ampliar los l\u00edmites de ese orden en la medida que hubiera convenido al n\u00famero creciente de la muchedumbre, o seducidos por una falsa apariencia de libertad y por otros errores, rebeldes a cualquier potestad, trataron de quitarse de encima todo yugo.<\/p>\n<p><b>98.<\/b> Queda, pues, una vez llamados de nuevo a juicio tanto el actual r\u00e9gimen econ\u00f3mico cuanto el socialismo, su ac\u00e9rrimo acusador, y dictado acerca de ellos una clara y justa sentencia, por investigar profundamente cu\u00e1l sea la ra\u00edz de tantos males y por indicar que el primero y m\u00e1s necesario remedio consiste en la reforma de las costumbres.<\/p>\n<h2><b>III.<\/b>\u2014<b> <\/b><b>Cambio profundo operado despu\u00e9s de Le\u00f3n <\/b><b>XIII<\/b><\/h2>\n<p><b>99.<\/b> Grandes cambios han sufrido tanto la econom\u00eda como el socialismo desde los tiempos de Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<h3><b>1. En la econom\u00eda<\/b><\/h3>\n<p><b>100.<\/b> En primer lugar, est\u00e1 a los ojos de todos que la estructura de la econom\u00eda ha sufrido una transformaci\u00f3n profunda. Sab\u00e9is, venerables hermanos y amados hijos, que nuestro predecesor, de feliz recordaci\u00f3n, se refiri\u00f3 especialmente en su enc\u00edclica a ese tipo de econom\u00eda en que se procede poniendo unos el capital y otros el trabajo, cual lo defin\u00eda \u00e9l mismo sirvi\u00e9ndose de una frase feliz: \u00abNi el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>52).<\/p>\n<p><b>101.<\/b> Le\u00f3n XIII puso todo su empe\u00f1o en ajustar este tipo de econom\u00eda a las normas del recto orden, de lo que se deduce que tal econom\u00eda no es condenable por s\u00ed misma. Y realmente no es viciosa por naturaleza, sino que viola el recto orden s\u00f3lo cuando el capital abusa de los obreros y de la clase proletaria con la finalidad y de tal forma que los negocios e incluso toda la econom\u00eda se plieguen a su exclusiva voluntad y provecho, sin tener en cuenta para nada ni la dignidad humana de los trabajadores, ni el car\u00e1cter social de la econom\u00eda, ni aun siquiera la misma justicia social y bien com\u00fan.<\/p>\n<p><b>102.<\/b> Es verdad que ni aun hoy es \u00e9ste el \u00fanico r\u00e9gimen econ\u00f3mico vigente en todas partes: existe otro, en efecto, bajo el cual vive todav\u00eda una ingente multitud de hombres, poderosa no s\u00f3lo por su n\u00famero, sino tambi\u00e9n por su peso, como, por ejemplo, la clase agr\u00edcola, en que la mayor parte del g\u00e9nero humano se gana honesta y honradamente lo necesario para su sustento y bienestar.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n \u00e9ste tiene sus estrecheces y dificultades, que nuestro predecesor toca en no pocos lugares de su enc\u00edclica, y Nos mismo tocamos en esta nuestra m\u00e1s de una vez.<\/p>\n<p><b>103.<\/b> De todos modos, el r\u00e9gimen \u00abcapitalista\u00bb de la econom\u00eda, por haber invadido el industrialismo todo el orbe de la tierra, se ha extendido tanto tambi\u00e9n, despu\u00e9s de publicada la enc\u00edclica de Le\u00f3n XIII, por todas partes, que ha llegado a invadir y penetrar la condici\u00f3n econ\u00f3mica y social incluso de aqu\u00e9llos que viven fuera de su \u00e1mbito, imponi\u00e9ndole y en cierto modo inform\u00e1ndola con sus ventajas o desventajas, lo mismo que con sus vicios.<\/p>\n<p><b>104.<\/b> As\u00ed, pues, atendemos al bien no s\u00f3lo de aqu\u00e9llos que viven en regiones dominadas por el \u00abcapital\u00bb y la industria, sino en absoluto de todos los hombres, cuando dedicamos nuestra atenci\u00f3n de una manera especial a los cambios que ha experimentado a partir de los tiempos de Le\u00f3n XIII el r\u00e9gimen econ\u00f3mico capitalista.<\/p>\n<p><b><i> A la libre concurrencia sucede la dictadura econ\u00f3mica<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>105.<\/b> Salta a los ojos de todos, en primer lugar, que en nuestros tiempos no s\u00f3lo se acumulan riquezas, sino que tambi\u00e9n se acumula una descomunal y tir\u00e1nica potencia econ\u00f3mica en manos de unos pocos, que la mayor parte de las veces no son due\u00f1os, sino s\u00f3lo custodios y administradores de una riqueza en dep\u00f3sito, que ellos manejan a su voluntad y arbitrio.<\/p>\n<p><b>106.<\/b> Dominio ejercido de la manera m\u00e1s tir\u00e1nica por aqu\u00e9llos que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre \u00e9l, se apoderan tambi\u00e9n de las finanzas y se\u00f1orean sobre el cr\u00e9dito, y por esta raz\u00f3n administran, dir\u00edase, la sangre de que vive toda la econom\u00eda y tienen en sus manos as\u00ed como el alma de la misma, de tal modo que nadie puede ni aun respirar contra su voluntad.<\/p>\n<p><b>107.<\/b> Esta acumulaci\u00f3n de poder y de recursos, nota casi caracter\u00edstica de la econom\u00eda contempor\u00e1nea, es el fruto natural de la limitada libertad de los competidores, de la que han sobrevivido s\u00f3lo los m\u00e1s poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los m\u00e1s violentos y los m\u00e1s desprovistos de conciencia.<\/p>\n<p><b>108.<\/b> Tal acumulaci\u00f3n de riquezas y de poder origina, a su vez, tres tipos de lucha: se lucha en primer lugar por la hegemon\u00eda econ\u00f3mica; es entable luego el rudo combate para adue\u00f1arse del poder p\u00fablico, para poder abusar de su influencia y autoridad en los conflictos econ\u00f3micos; finalmente, pugnan entre s\u00ed los diferentes Estados, ya porque las naciones emplean su fuerza y su pol\u00edtica para promover cada cual los intereses econ\u00f3micos de sus s\u00fabditos, ya porque tratan de dirimir las controversias pol\u00edticas surgidas entre las naciones, recurriendo a su poder\u00edo y recursos econ\u00f3micos.<\/p>\n<p><b><i> Consecuencias funestas<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>109.<\/b> \u00daltimas consecuencias del esp\u00edritu individualista en econom\u00eda, venerables hermanos y amados hijos, son \u00e9sas que vosotros mismos no s\u00f3lo est\u00e1is viendo, sino tambi\u00e9n padeciendo: la libre concurrencia se ha destruido a s\u00ed misma; la dictadura econ\u00f3mica se ha adue\u00f1ado del mercado libre; por consiguiente, al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambici\u00f3n de poder\u00edo; la econom\u00eda toda se ha hecho horrendamente dura, cruel, atroz.<\/p>\n<p>A esto se a\u00f1aden los da\u00f1os grav\u00edsimos que han surgido de la deplorable mezcla y confusi\u00f3n entre las atribuciones y cargas del Estado y las de la econom\u00eda, entre los cuales da\u00f1os, uno de los m\u00e1s graves, se halla una cierta ca\u00edda del prestigio del Estado, que, libre de todo inter\u00e9s de partes y atento exclusivamente al bien com\u00fan a la justicia deber\u00eda ocupar el elevado puesto de rector y supremo \u00e1rbitro de las cosas; se hace, por el contrario, esclavo, entregado y vendido a la pasi\u00f3n y a las ambiciones humanas.<\/p>\n<p>Por lo que ata\u00f1e a las naciones en sus relaciones mutuas, de una misma fuente manan dos r\u00edos diversos: por un lado, el \u00abnacionalismo\u00bb o tambi\u00e9n el \u00abimperialismo econ\u00f3mico\u00bb; del otro, el no menos funesto y execrable \u00abinternacionalismo\u00bb o \u00abimperialismo\u00bb internacional del dinero, para el cual, donde el bien, all\u00ed la patria.<\/p>\n<p><i> <b>Remedios<\/b><\/i><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>110.<\/b> Los remedios para unos males tan enormes han sido indicados en la segunda parte de esta enc\u00edclica, donde hemos tratado doctrinalmente la materia, de modo que consideramos suficiente recordarla aqu\u00ed brevemente.<\/p>\n<p>Puesto que el sistema actual descansa principalmente sobre el capital y el trabajo, es necesario que se conozcan y se lleven a la pr\u00e1ctica los principios de la recta raz\u00f3n o de la filosof\u00eda social cristiana sobre el capital y el trabajo y su mutua coordinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ante todo, para evitar los escollos tanto del individualismo como del colectivismo, debe sopesarse con toda equidad y rigor el doble car\u00e1cter, esto es, individual y social, del capital o dominio y del trabajo.<\/p>\n<p>Las relaciones mutuas entre ambos deben ser reguladas conforme a las leyes de la m\u00e1s estricta justicia, llamada conmutativa, con la ayuda de la caridad cristiana. La libre concurrencia, contenida dentro de l\u00edmites seguros y justos, y sobre todo la dictadura econ\u00f3mica, deben estar imprescindiblemente sometidas de una manera eficaz a la autoridad p\u00fablica en todas aquellas cosas que le competen.<\/p>\n<p>Las instituciones p\u00fablicas deben conformar toda la sociedad humana a las exigencias del bien com\u00fan, o sea, a la norma de la justicia social, con lo cual ese important\u00edsimo sector de la vida social que es la econom\u00eda no podr\u00e1 menos de encuadrarse dentro de un orden recto y sano.<\/p>\n<h3><b>2. Transformaci\u00f3n del socialismo<\/b><\/h3>\n<p><b>111.<\/b> No menos profundamente que la estructura de la econom\u00eda ha cambiado, despu\u00e9s de Le\u00f3n XIII, el propio socialismo, con el cual hubo principalmente de luchar nuestro predecesor.<\/p>\n<p>El que entonces pod\u00eda considerarse, en efecto, casi \u00fanico y propugnaba unos principios doctrinales definidos y en un cuerpo compacto, se fraccion\u00f3 despu\u00e9s principalmente en dos bloques de ordinario opuestos y a\u00fan en la m\u00e1s enconada enemistad, pero de modo que ninguno de esos dos bloques renunciara al fundamento anticristiano propio del socialismo.<\/p>\n<p><b><i> Bloque violento o comunismo<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>112.<\/b> Uno de esos bloques del socialismo sufri\u00f3 un cambio parecido al que antes hemos indicado respecto de la econom\u00eda capitalista, y fue a dar en el \u00abcomunismo\u00bb, que ense\u00f1a y persigue dos cosas, y no oculta y disimuladamente, sino clara y abiertamente, recurriendo a todos los medios, aun los m\u00e1s violentos: la encarnizada lucha de clases y la total abolici\u00f3n de la propiedad privada.<\/p>\n<p>Para lograr estas dos cosas no hay nada que no intente, nada que lo detenga; y con el poder en sus manos, es incre\u00edble y hasta monstruoso lo atroz e inhumano que se muestra. Ah\u00ed est\u00e1n pregon\u00e1ndolo las horrendas matanzas y destrucciones con que han devastado inmensas regiones de la Europa oriental y de Asia; y cu\u00e1n grande y declarado enemigo de la santa Iglesia y de Dios sea, demasiado, \u00a1oh dolor!, demasiado lo aprueban los hechos y es de todos conocido.<\/p>\n<p>Por ello, aun cuando estimamos superfluo prevenir a los hijos buenos y fieles de la Iglesia acerca del car\u00e1cter imp\u00edo e inicuo del comunismo, no podemos menos de ver, sin embargo, con profundo dolor la incuria de aqu\u00e9llos que parecen despreciar estos inminentes peligros y con cierta pasiva desidia permiten que se propaguen por todas partes unos principios que acabar\u00e1n destrozando por la violencia y la muerte a la sociedad entera; ya tanto m\u00e1s condenable es todav\u00eda la negligencia de aqu\u00e9llos que no se ocupan de eliminar o modificar esas condiciones de cosas, con que se lleva a los pueblos a la exasperaci\u00f3n y se prepara el camino a la revoluci\u00f3n y ruina de la sociedad.<\/p>\n<p><b><i>Bloque moderado, que ha conservado el nombre de socialismo<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>113.<\/b> M\u00e1s moderado es, indudablemente, el otro bloque, que ha conservado el nombre de \u00absocialismo\u00bb. No s\u00f3lo profesa \u00e9ste la abstenci\u00f3n de toda violencia, sino que, aun no rechazando la lucha de clases ni la extinci\u00f3n de la propiedad privada, en cierto modo la mitiga y la modera.<\/p>\n<p>Dir\u00edase que, aterrado de sus principios y de las consecuencias de los mismos a partir del comunismo, el socialismo parece inclinarse y hasta acercarse a las verdades que la tradici\u00f3n cristiana ha mantenido siempre inviolables: no se puede negar, en efecto, que sus postulados se aproximan a veces mucho a aqu\u00e9llos que los reformadores cristianos de la sociedad con justa raz\u00f3n reclaman.<\/p>\n<p><b><i> Se aparta algo de la lucha de clases y de la abolici\u00f3n de la propiedad<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>114.<\/b> La lucha de clases, efectivamente, siempre que se abstenga de enemistades y de odio mutuo, insensiblemente se convierte en una honesta discusi\u00f3n, fundada en el amor a la justicia, que, si no es aquella dichosa paz social que todos anhelamos, puede y debe ser el principio por donde se llegue a la mutua cooperaci\u00f3n \u00abprofesional\u00bb.<\/p>\n<p>La misma guerra contra la propiedad privada, cada vez m\u00e1s suavizada, se restringe hasta el punto de que, por fin, algunas veces ya no se ataca la posesi\u00f3n en s\u00ed de los medios de producci\u00f3n, sino cierto imperio social que contra todo derecho se ha tomado y arrogado la propiedad.<\/p>\n<p>Ese imperio realmente no es propio de los due\u00f1os, sino del poder p\u00fablico. Por este medio puede llegarse insensiblemente a que estos postulados del socialismo moderado no se distingan ya de los anhelos y postulados de aqu\u00e9llos que, fundados en los principios cristianos, tratan de reformar la humana sociedad.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n, en efecto, se pretende que se reserve a la potestad p\u00fablica ciertos g\u00e9neros de bienes que comportan consigo una tal preponderancia, que no pueden dejarse en manos de particulares sin peligro para el Estado.<\/p>\n<p><b>115.<\/b> Estos justos postulados y apetencias de esta \u00edndole ya nada tienen contrario a la verdad cristiana ni mucho menos son propios del socialismo. Por lo cual, quienes persiguen s\u00f3lo esto no tienen por qu\u00e9 afiliarse a este sistema.<\/p>\n<p><i> <b>\u00bfCabe un camino intermedio?<\/b><\/i><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>116.<\/b> No vaya, sin embargo, a creer cualquiera que las sectas o facciones socialistas que no son comunistas se contenten de hecho o de palabra solamente con esto. Por lo general, no renuncian ni a la lucha de clases ni a la abolici\u00f3n de la propiedad, sino que s\u00f3lo las suavizan un tanto.<\/p>\n<p>Ahora bien, si los falsos principios pueden de este modo mitigarse y de alguna manera desdibujarse, surge o m\u00e1s bien se plantea indebidamente por algunos la cuesti\u00f3n de si no cabr\u00eda tambi\u00e9n en alg\u00fan aspecto mitigar y amoldar los principios de la verdad cristiana, de modo que se acercaran algo al socialismo y encontraran con \u00e9l como un camino intermedio.<\/p>\n<p>Hay quienes se ilusionan con la est\u00e9ril esperanza de que por este medio los socialistas vendr\u00edan a nosotros. \u00a1Vana esperanza! Los que quieran ser ap\u00f3stoles entre los socialistas es necesario que profesen abierta y sinceramente la verdad cristiana plena e \u00edntegra y no est\u00e9n en connivencia bajo ning\u00fan aspecto con los errores.<\/p>\n<p>Si de verdad quieren ser pregoneros del Evangelio, esfu\u00e9rcense ante todo en mostrar a los socialistas que sus postulados, en la medida en que sean justos, pueden ser defendidos con mucho m\u00e1s vigor en virtud de los principios de la fe y promovidos mucho m\u00e1s eficazmente en virtud de la caridad cristiana.<\/p>\n<p><b>117.<\/b> Pero \u00bfqu\u00e9 decir si, en lo tocante a la lucha de clases y a la propiedad privada, el socialismo se suaviza y se enmienda hasta el punto de que, en cuanto a eso, ya nada haya de reprensible en \u00e9l? \u00bfAcaso abdic\u00f3 ya por eso de su naturaleza, contraria a la religi\u00f3n cristiana?<\/p>\n<p>Es \u00e9sta una cuesti\u00f3n que tiene perplejos los \u00e1nimos de muchos. Y son muchos los cat\u00f3licos que, sabiendo perfectamente que los principios cristianos jam\u00e1s pueden abandonarse ni suprimirse, parecen volver los ojos a esta Santa Sede y pedir con insistencia que resolvamos si un tal socialismo se ha limpiado de falsas doctrinas lo suficientemente, de modo que pueda ser admitido y en cierta manera bautizado sin quebranto de ning\u00fan principio cristiano.<\/p>\n<p>Para satisfacer con nuestra paternal solicitud a estos deseos, declaramos los siguiente: consid\u00e9rese como doctrina, como hecho hist\u00f3rico o como \u00abacci\u00f3n\u00bb social, el socialismo, si sigue siendo verdadero socialismo, aun despu\u00e9s de haber cedido a la verdad y a la justicia en los puntos indicados, es incompatible con los dogmas de la Iglesia cat\u00f3lica, puesto que concibe la sociedad de una manera sumamente opuesta a la verdad cristiana.<\/p>\n<p><b> <i>Concibe la sociedad y la naturaleza humana de un modo contrario a la verdad cristiana<\/i><\/b><\/p>\n<p><b>118.<\/b> El hombre, en efecto, dotado de naturaleza social seg\u00fan la doctrina cristiana, es colocado en la tierra para que, viviendo en sociedad y bajo una autoridad ordenada por Dios (cf. <i>Rm<\/i> 13,1), cultive y desarrolle plenamente todas sus facultades para alabanza y gloria del Creador y, desempe\u00f1ando fielmente los deberes de su profesi\u00f3n o de cualquiera vocaci\u00f3n que sea la suya, logre para s\u00ed juntamente la felicidad temporal y la eterna.<\/p>\n<p>El socialismo, en cambio, ignorante y despreocupado en absoluto de este sublime fin tanto del hombre como de la sociedad, pretende que la sociedad humana ha sido instituida exclusivamente para el bien terreno.<\/p>\n<p><b>119.<\/b> Del hecho de que la ordenada divisi\u00f3n del trabajo es mucho m\u00e1s eficaz en orden a la producci\u00f3n de los bienes que el esfuerzo aislado de los particulares, deducen, en efecto, los socialistas que la actividad econ\u00f3mica, en la cual consideran nada m\u00e1s que los objetos materiales, tiene que proceder socialmente por necesidad.<\/p>\n<p>En lo que ata\u00f1e a la producci\u00f3n de los bienes, estiman ellos que los hombres est\u00e1n obligados a entregarse y someterse por entero a esta necesidad. M\u00e1s a\u00fan, tan grande es la importancia que para ellos tiene poseer la abundancia mayor posible de bienes para servir a las satisfacciones de esta vida, que, ante las exigencias de la m\u00e1s eficaz producci\u00f3n de bienes, han de preterirse y a\u00fan inmolarse los m\u00e1s elevados bienes del hombre, sin excluir ni siquiera la libertad.<\/p>\n<p>Sostienen que este perjuicio de la dignidad humana, necesario en el proceso de producci\u00f3n \u00absocializado\u00bb, se compensar\u00e1 f\u00e1cilmente por la abundancia de bienes socialmente producidos, los cuales se derramar\u00e1n profusamente entre los individuos, para que cada cual pueda hacer uso libremente y a su benepl\u00e1cito de ellos para atender a las necesidades y al bienestar de la vida.<\/p>\n<p>Pero la sociedad que se imagina el socialismo ni puede existir ni puede concebirse sin el empleo de una enorme violencia, de un lado, y por el otro supone una no menos falsa libertad, al no existir en ella una verdadera autoridad social, ya que \u00e9sta no puede fundarse en bienes temporales y materiales, sino que proviene exclusivamente de Dios, Creador y fin \u00faltimo de todas las cosas (<i>Diuturnum, <\/i>29 de junio de 1881).<\/p>\n<p><b><i> Socialista y cat\u00f3lico son t\u00e9rminos contradictorios<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>120.<\/b> Aun cuando el socialismo, como todos los errores, tiene en s\u00ed algo de verdadero (cosa que jam\u00e1s han negado los Sumos Pont\u00edfices), se funda sobre una doctrina de la sociedad humana propia suya, opuesta al verdadero cristianismo. Socialismo religioso, socialismo cristiano, implican t\u00e9rminos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen cat\u00f3lico y verdadero socialista.<\/p>\n<p><b><i> Socialismo educador<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>121.<\/b> Cuanto hemos recordado y confirmado con nuestra solemne autoridad debe aplicarse de igual modo a una nueva forma de socialismo, poco conocido hasta ahora, pero que se est\u00e1 extendiendo entre diferentes n\u00facleos socialistas. Se dedica ante todo a la educaci\u00f3n de los esp\u00edritus y de las costumbres; se atrae especialmente a los ni\u00f1os, bajo capa de amistad, y los arrastra consigo, pero hace tambi\u00e9n a toda clase de personas, para formar hombres socialistas, que amolden a sus principios de la sociedad humana.<\/p>\n<p><b>122.<\/b> Habiendo tratado ampliamente en nuestra enc\u00edclica <i>Divini illius Magistri <\/i>sobre qu\u00e9 principios descansa y qu\u00e9 fines persigue la pedagog\u00eda cristiana, es tan claro y evidente cuan opuesto a ello es lo que hace y pretende este socialismo invasor de las costumbres y de la educaci\u00f3n que no hace falta declararlo.<\/p>\n<p>Parecen, no obstante, o ignorar o no conceder importancia a los grav\u00edsimos peligros que tal socialismo trae consigo quienes no se toman ning\u00fan inter\u00e9s por combatirlo con energ\u00eda y decisi\u00f3n, dada la gravedad de las cosas. Corresponde a nuestra pastoral solicitud advertir a \u00e9stos sobre la inminencia de un mal tan grave; tengan presente todos que el padre de este socialismo educador es el liberalismo, y su heredero, el bolchevismo.<\/p>\n<p><i> <b>Desertores cat\u00f3licos al socialismo<\/b><\/i><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>123.<\/b> Siendo las cosas as\u00ed, venerables hermanos, bien pod\u00e9is entender con qu\u00e9 dolor veremos que, sobre todo en algunas regiones, no pocos de nuestros hijos, los cuales no podemos persuadirnos de que hayan abandonado la verdadera fe ni su recta voluntad, han desertado del campo de la Iglesia y volado a las filas del socialismo: unos, para gloriarse abiertamente del nombre de socialistas y profesar los principios del socialismo; otros, indolentes o incluso contra su voluntad, para adherirse a asociaciones que ideol\u00f3gicamente o de hecho son socialistas.<\/p>\n<p><b>124.<\/b> Nos, angustiados por nuestra paternal solicitud, examinamos y tratamos de averiguar qu\u00e9 ha podido ocurrir para llevarlos a tal aberraci\u00f3n, y nos parece o\u00edr que muchos de ellos responden y se excusan con que la Iglesia y los que se proclaman adictos a ella favorecen a los ricos, desprecian a los trabajadores y que para nada se cuidan de ellos, y que ha sido la necesidad de velar por s\u00ed mismos lo que los ha llevado a encuadrarse y alistarse en las filas del socialismo.<\/p>\n<p><b>125.<\/b> Es verdaderamente lamentable, venerables hermanos, que haya habido y siga habiendo todav\u00eda quienes, confes\u00e1ndose cat\u00f3licos, apenas si se acuerdan de esa sublime ley de justicia y de caridad, en virtud de la cual estamos obligados no s\u00f3lo a dar a cada uno lo que es suyo, sino tambi\u00e9n a socorrer a nuestros hermanos necesitados como si fuera al propio Cristo Nuestro Se\u00f1or (cf. <i>Sant <\/i>c.2), y, lo que es a\u00fan m\u00e1s grave, no temen oprimir a los trabajadores por esp\u00edritu de lucro.<\/p>\n<p>No faltan incluso quienes abusan de la religi\u00f3n misma y tratan de encubrir con el nombre de ella sus injustas exacciones, para defenderse de las justas reclamaciones de los obreros. Conducta que no dejaremos jam\u00e1s de reprochar en\u00e9rgicamente.<\/p>\n<p>Ellos son la causa, en efecto, de que la Iglesia, aunque inmerecidamente, haya podido parecer y ser acusada de favorecer a los ricos, sin conmoverse, en cambio, lo m\u00e1s m\u00ednimo ante las necesidades y las angustias de aqu\u00e9llos que se ve\u00edan como privados de su natural heredad.<\/p>\n<p>La historia entera de la Iglesia demuestra claramente que tal apariencia y tal acusaci\u00f3n es inmerecida e injusta, y la misma enc\u00edclica cuyo aniversario celebramos es un testimonio elocuent\u00edsimo de la suma injusticia con que esas calumnias y ofensas se dirigen contra la Iglesia y su doctrina.<\/p>\n<p><b><i> Invitaci\u00f3n a que vuelvan<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>126.<\/b> No obstante, aun cuando, afligidos por la injuria y oprimidos por el dolor paterno, estamos tan lejos de repeler y rechazar a los hijos lastimosamente enga\u00f1ados y tan alejados de la verdad y de la salvaci\u00f3n, que no podemos menos de invitarlos, con toda la solicitud de que somos capaces, a que vuelvan al seno maternal de la Iglesia. \u00a1Ojal\u00e1 presten o\u00eddo atento a nuestras palabras! \u00a1Ojal\u00e1 vuelvan al lugar de donde salieron, esto es, a la casa paterna, y perseveren en ella, donde tienen su lugar propio, es decir, en las filas de aqu\u00e9llos que, siguiendo afanosamente los consejos promulgados por Le\u00f3n XIII y por Nos solemnemente renovados, tratan de renovar la sociedad seg\u00fan el esp\u00edritu de la Iglesia, afianzando la justicia y la caridad sociales!<\/p>\n<p>Persu\u00e1danse de que en ninguna otra parte podr\u00e1n hallar una m\u00e1s completa felicidad, aun en la tierra, como junto a Aqu\u00e9l que por nosotros se hizo pobre siendo rico, para que con su pobreza fu\u00e9ramos ricos nosotros (<i>2Co <\/i>8,9); que fue pobre y trabajador desde su juventud; que llama a s\u00ed a todos los agobiados por sufrimientos y trabajos para reconfortarlos plenamente con el amor de su coraz\u00f3n (<i>Mt <\/i>11,28); que, finalmente, sin ninguna acepci\u00f3n de personas, exigir\u00e1 m\u00e1s a quienes m\u00e1s se haya dado (cf. <i>Lc <\/i>12,48) y dar\u00e1 a cada uno seg\u00fan sus m\u00e9ritos (<i>Mt <\/i>16,27).<\/p>\n<h3><b>3. Reforma de las costumbres<\/b><\/h3>\n<p><b>127.<\/b> Pero, si consideramos m\u00e1s atenta y profundamente la cuesti\u00f3n, veremos con toda claridad que es necesario que a esta tan deseada restauraci\u00f3n social preceda la renovaci\u00f3n del esp\u00edritu cristiano, del cual tan lamentablemente se han alejado por doquier, tantos economistas, para que tantos esfuerzos no resulten est\u00e9riles ni se levante el edificio sobre arena, en vez de sobre roca (cf. <i>Mt<\/i> 7,24).<\/p>\n<p><b>128.<\/b> Y ciertamente, venerables hermanos y amados hijos, hemos examinado la econom\u00eda actual y la hemos encontrado plagada de vicios grav\u00edsimos. Otra vez hemos llamado a juicio tambi\u00e9n al comunismo y al socialismo, y hemos visto que todas sus formas, aun las m\u00e1s moderadas, andan muy lejos de los preceptos evang\u00e9licos.<\/p>\n<p><b>129.<\/b> \u00abPor lo tanto \u2014y nos servimos de las palabras de las palabras de nuestro predecesor\u2014, si hay que curar a la sociedad humana, s\u00f3lo podr\u00e1 curarla el retorno a la vida y a las costumbres cristianas\u00bb (<i>Rerum novarum, <\/i>22). S\u00f3lo \u00e9sta, en efecto, puede aportar el remedio eficaz contra la excesiva solicitud por las cosas caducas, que es el origen de todos los vicios; \u00e9sta la \u00fanica que puede apartar los ojos fascinados de los hombres y clavados en las cosas mudables de la tierra y hacer que los levanten al cielo. \u00bfQui\u00e9n negar\u00e1 que es \u00e9ste el remedio que m\u00e1s necesita hoy el g\u00e9nero humano?<\/p>\n<p><i> <b>El desorden actual trae sobre todo la ruina de las almas<\/b><\/i><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>130.<\/b> Los \u00e1nimos de todos, efectivamente, se dejan impresionar exclusivamente por las perturbaciones, por los desastres y por las ruinas temporales. Y \u00bfqu\u00e9 es todo eso, si miramos las cosas con los ojos cristianos, como debe ser, comparado con la ruina de las almas? Y, sin embargo, puede afirmarse sin temeridad que son tales en la actualidad las condiciones de la vida social y econ\u00f3mica, que crean a muchos hombres las mayores dificultades para preocuparse de lo \u00fanico necesario, esto es, de la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p><b>131.<\/b> Constituido ciertamente en pastor y defensor de estas ovejas por el Pr\u00edncipe de los pastores, que las redimi\u00f3 con su sangre, no podemos ver sin l\u00e1grimas en los ojos este enorme peligro en que se hallan, sino que m\u00e1s bien, consciente de nuestro pastoral deber, meditamos constantemente con paternal solicitud no s\u00f3lo en c\u00f3mo podremos ayudarlas, sino invocando tambi\u00e9n el incansable celo de aqu\u00e9llos a quienes en justicia y en caridad les interesa.<\/p>\n<p>Pues \u00bfqu\u00e9 les aprovechar\u00eda a los hombres hacerse capaces, con un m\u00e1s sabio uso de las riquezas, de conquistar aun el mundo entero si con ello padecen da\u00f1o de su alma? (cf. <i>Mt <\/i>15,26). \u00bfDe qu\u00e9 sirve ense\u00f1arles los seguros principios de la econom\u00eda, si por una s\u00f3rdida y desenfrenada codicia se dejan arrastrar de tal manera por la pasi\u00f3n de sus riquezas, que, oyendo los mandatos del Se\u00f1or, hacen todo lo contrario? (cf. <i>Judas<\/i> 2,17).<\/p>\n<p><i> <b>Causas de este mal<\/b><\/i><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>132.<\/b> Ra\u00edz y origen de esta descristianizaci\u00f3n del orden social y econ\u00f3mico, as\u00ed como de la apostas\u00eda de gran parte de los trabajadores que de ella se deriva, son las desordenadas pasiones del alma, triste consecuencia del pecado original, el cual ha perturbado de tal manera la admirable armon\u00eda de las facultades, que el hombre, f\u00e1cilmente arrastrado por los perversos instintos, se siente vehementemente incitado a preferir los bienes de este mundo a los celestiales y permanentes.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed esa sed insaciable de riquezas y de bienes temporales, que en todos los tiempos inclin\u00f3 a los hombres a quebrantar las leyes de Dios ya a conculcar los derechos del pr\u00f3jimo, pero que por medio de la actual organizaci\u00f3n de la econom\u00eda tiende lazos mucho m\u00e1s numerosos a la fragilidad humana.<\/p>\n<p>Como la inestabilidad de la econom\u00eda y, sobre todo, su complejidad exigen, de quienes se consagran a ella, una m\u00e1xima y constante tensi\u00f3n de \u00e1nimo, en algunos se han embotado de tal modo los est\u00edmulos de la conciencia, que han llegado a tener la persuasi\u00f3n de que les es l\u00edcito no s\u00f3lo sus ganancias como quiera que sea, sino tambi\u00e9n defender unas riquezas ganadas con tanto empe\u00f1o y trabajo, contra los reveses de la fortuna, sin reparar en medios.<\/p>\n<p>Las f\u00e1ciles ganancias que un mercado desamparado de toda ley ofrece a cualquiera, incitan a much\u00edsimos al cambio y tr\u00e1fico de mercanc\u00edas, los cuales, sin otra mira que lograr pronto las mayores ganancias con el menor esfuerzo, es una especulaci\u00f3n desenfrenada, tan pronto suben como bajan, seg\u00fan su capricho y codicia, los precios de las mercanc\u00edas, desconcertando las prudentes previsiones de los fabricantes.<\/p>\n<p>Las instituciones jur\u00eddicas destinadas a favorecer la colaboraci\u00f3n de capitales, repartiendo o limitando los riesgos, han dado pie a las m\u00e1s condenables licencias. Vemos, en efecto, que los \u00e1nimos se dejan impresionar muy poco por esta d\u00e9bil obligaci\u00f3n de rendici\u00f3n de cuentas; adem\u00e1s, al amparo de un nombre colectivo se perpetran abominables injusticias y fraudes; por otra parte, los encargados de estas sociedades econ\u00f3micas, olvidados de su cometido, traicionan los derechos de aqu\u00e9llos cuyos ahorros recibieron en administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y no debe olvidarse, por \u00faltimo, a esos astutos individuos que, bien poco cuidadosos del beneficio honesto de su negocio, no temen aguijonear las ambiciones de los dem\u00e1s y, cuando los ven lanzados, aprovecharse de ellos para su propio lucro.<\/p>\n<p><b>133.<\/b> Eliminar estos grav\u00edsimos peligros, o incluso prevenirlos, hubiera podido hacerlo una severa y firme disciplina moral, inflexiblemente aplicada por los gobernantes; pero, desdichadamente, \u00e9sta ha faltado con exceso de frecuencia.<\/p>\n<p>Pues, habiendo hecho su aparici\u00f3n los primeros g\u00e9rmenes de este nuevo sistema econ\u00f3mico cuando los errores del racionalismo se hab\u00edan posesionado y arraigado profundamente en las mentes de muchos, surgi\u00f3 en poco tiempo una cierta doctrina econ\u00f3mica apartada de la verdadera ley moral, con lo que vinieron a soltarse por completo las riendas de las pasiones humanas.<\/p>\n<p><b>134.<\/b> As\u00ed ocurri\u00f3 que creciera mucho m\u00e1s que antes el n\u00famero de los que no se ocupaban ya sino de aumentar del modo que fuera sus riquezas, busc\u00e1ndose a s\u00ed mismos, ante todo y por encima de todo, sin que nada, ni aun los m\u00e1s graves delitos contra el pr\u00f3jimo fuera capaz de hacerlos volverse a la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los primeros que emprendieron este camino espacioso hacia la perdici\u00f3n (cf. <i>Mt<\/i> 7,13) encontraron muchos imitadores de su iniquidad, fuera por el ejemplo de su aparente \u00e9xito, ya por el presuntuoso alarde de sus riquezas, ora por su mofa de la conciencia de los dem\u00e1s, cual si la acometieran escr\u00fapulos vanos, o tambi\u00e9n, finalmente, por su triunfo sobre competidores m\u00e1s timoratos.<\/p>\n<p><b>135.<\/b> Siguiendo los dirigentes de la econom\u00eda un camino tan desviado de la rectitud, fue natural que los trabajadores rodaran en masa a id\u00e9ntico abismo, y tanto m\u00e1s cuanto que los patronos se serv\u00edan de sus obreros como de meras herramientas, sin preocuparse lo m\u00e1s m\u00ednimo de su alma y sin pensar siquiera en los m\u00e1s elevados intereses.<\/p>\n<p>Ciertamente, el \u00e1nimo se siente horrorizado cuando se piensa en los grav\u00edsimos peligros a que est\u00e1n expuestas las costumbres de los trabajadores (sobre todo los j\u00f3venes), as\u00ed como el pudor de las doncellas y dem\u00e1s mujeres; cuando se considera con cu\u00e1nta frecuencia el moderno r\u00e9gimen del trabajo y, sobre todo, las inadecuadas condiciones de la vivienda crean obst\u00e1culos a la uni\u00f3n y a la intimidad familiar; cuando se reflexiona en cu\u00e1ntos y cu\u00e1n graves impedimentos se ponen a la conveniente santificaci\u00f3n de las fiestas, cuando se constata el universal debilitamiento de ese sentido cristiano, que ha hecho encumbrarse a tan altos misterios aun a los hombres rudos e indoctos, suplantado hoy por el exclusivo af\u00e1n de procurarse, como quiera que sea, el sustento cotidiano.<\/p>\n<p>Providencia hab\u00eda establecido que se ejerciera, incluso despu\u00e9s del pecado original, para bien justamente del cuerpo y del alma humanos, es convertido por doquiera en instrumento de perversi\u00f3n; es decir, que de las f\u00e1bricas sale ennoblecida la materia inerte, pero los hombres se corrompen y se hacen m\u00e1s viles.<\/p>\n<p><b><i> Remedios<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><i> a) Cristianizaci\u00f3n de la vida econ\u00f3mica<\/i><\/p>\n<p><b>136.<\/b> A esta lamentable ruina de las almas, persistiendo la cual ser\u00e1 vano todo intento de regeneraci\u00f3n social, no puede aplicarse remedio alguno eficaz, como no sea haciendo volver a los hombres abierta y sinceramente a la doctrina evang\u00e9lica, es decir, a los principios de Aqu\u00e9l que es el \u00fanico que tiene palabras de vida eterna (cf. <i>Jn <\/i>6,70), y palabras tales que, aun cuando pasen el cielo y la tierra, ellas jam\u00e1s pasar\u00e1n (cf. <i>Mt <\/i>16,35).<\/p>\n<p>Los verdaderamente enterados sobre cuestiones sociales piden insistentemente una reforma ajustada a los principios de la raz\u00f3n, que pueda llevar a la econom\u00eda hacia un orden recto y sano. Pero ese orden, que Nos mismo deseamos tan ardientemente y promovemos con tanto af\u00e1n, quedar\u00e1 en absoluto manco e imperfecto si las actividades humanas todas no cooperan en amigable acuerdo a imitar y, en la medida que sea dado a las fuerzas de los hombres, reproducir esa admirable unidad del plan divino; o sea, que se dirijan a Dios, como a t\u00e9rmino primero y supremo de toda actividad creada, y que por bajo de Dios, cualesquiera que sean los bienes creados, no se los considere m\u00e1s que como simples medios, de los cuales se ha de usar nada m\u00e1s que en la medida en que lleven a la consecuci\u00f3n del fin supremo.<\/p>\n<p>No se ha de pensar, sin embargo, que con esto se hace de menos a las ocupaciones lucrativas o que rebajen la dignidad humana, sino que, todo lo contrario, en ellas se nos ense\u00f1a a reconocer con veneraci\u00f3n la clara voluntad del divino Hacedor, que puso al hombres sobre la tierra para trabajarla y hacerla servir a sus m\u00faltiples necesidades.<\/p>\n<p>No se proh\u00edbe, en efecto, aumentar adecuada y justamente su fortuna a quienquiera que trabaja para producir bienes, sino que aun es justo que quien sirve a la comunidad y la enriquece, con los bienes aumentados de la sociedad se haga \u00e9l mismo tambi\u00e9n, m\u00e1s rico, siempre que todo esto se persiga con el debido respeto para con las leyes de Dios y sin menoscabo de los derechos ajenos y se emplee seg\u00fan el orden de la fe y de la recta raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Si estas normas fueran observadas por todos, en todas partes y siempre, pronto volver\u00edan a los l\u00edmites de la equidad y de la justa distribuci\u00f3n tanto la producci\u00f3n y adquisici\u00f3n de las cosas cuanto el uso de las riquezas, que ahora se nos muestra con frecuencia tan desordenado; a ese s\u00f3rdido apego a lo propio, que es la afrenta y el gran pecado de nuestro siglo, se opondr\u00eda en la pr\u00e1ctica y en los hechos la suav\u00edsima y a la vez poderos\u00edsima ley de la templanza cristiana, que manda al hombre buscar primero el reino de Dios y su justicia, pues sabe ciertamente, por la segura promesa de la liberalidad divina, que los bienes temporales se le dar\u00e1n por a\u00f1adidura en la medida que le fueren necesarios (cf. <i>Mt<\/i> 6,33).<\/p>\n<p><i> b) Funci\u00f3n de la caridad<\/i><\/p>\n<p><b>137.<\/b> En la prestaci\u00f3n de todo esto, sin embargo, es conveniente que se d\u00e9 la mayor parte a la ley de la caridad, que es v\u00ednculo de perfecci\u00f3n (<i>Col <\/i>3,14). \u00a1Cu\u00e1nto se enga\u00f1an, por consiguiente, esos incautos que, atentos s\u00f3lo al cumplimiento de la justicia, y de la conmutativa nada m\u00e1s, rechazan soberbiamente la ayuda de la caridad! La caridad, desde luego, de ninguna manera puede considerarse como un suced\u00e1neo de la justicia, debida por obligaci\u00f3n e inicuamente dejada de cumplir.<\/p>\n<p>Pero, aun dado por supuesto que cada cual acabar\u00e1 obteniendo todo aquello a que tiene derecho, el campo de la caridad es mucho m\u00e1s amplio: la sola justicia, en efecto, por fielmente que se la aplique, no cabe duda alguna que podr\u00e1 remover las causas de litigio en materia social, pero no llegar\u00e1 jam\u00e1s a unir los corazones y las almas.<\/p>\n<p>Ahora bien, todas las instituciones destinadas a robustecer la paz y a promover la mutua ayuda entre los hombres, por perfectas que parezcan, tienen su m\u00e1s fuerte fundamento en la vinculaci\u00f3n mutua de las almas, con que los socios se unen entre s\u00ed, faltando el cual, como frecuentemente ha ense\u00f1ado la experiencia, los ordenamientos m\u00e1s perfectos acaban en nada.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la verdadera uni\u00f3n de todo en orden al bien com\u00fan \u00fanico podr\u00e1 lograrse s\u00f3lo cuando las partes de la sociedad se sientan miembros de una misma familia e hijos todos de un mismo Padre celestial, y todav\u00eda m\u00e1s, un mismo cuerpo en Cristo, siendo todos miembros los unos de los otros (<i>Rm <\/i>12,5), de modo que, si un miembro padece, todos padecen con \u00e9l (<i>1Co <\/i>12,26).<\/p>\n<p>Entonces los ricos y los dem\u00e1s pr\u00f3ceres cambiar\u00e1n su anterior indiferencia para con sus hermanos pobres en un sol\u00edcito y eficiente amor, escuchar\u00e1n con el coraz\u00f3n abierto sus justas reclamaciones y perdonar\u00e1n espont\u00e1neamente sus posibles culpas y errores. Y los obreros, depuesto sinceramente todo sentido de odio y de animosidad, de que tan astutamente abusan los agitadores de la lucha social, no s\u00f3lo no aceptar\u00e1n con fastidio el puesto que la divina Providencia les ha asignado en la convivencia social, sino que har\u00e1n lo posible, en cuanto bien conscientes de s\u00ed mismos, por colaborar de una manera verdaderamente \u00fatil y honrosa, cada cual en su profesi\u00f3n y deber, al bien com\u00fan, siguiendo muy de cerca las huellas de Aqu\u00e9l que, siendo Dios, quiso ser carpintero entre los hombres y ser tenido por hijo de un carpintero.<\/p>\n<p><i> <b>La tarea es dif\u00edcil<\/b><\/i><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>138.<\/b> De esta nueva difusi\u00f3n por el mundo, pues, del esp\u00edritu evang\u00e9lico, que es esp\u00edritu de templanza cristiana y de universal caridad, confiamos que ha de surgir la tan sumamente deseada y plena restauraci\u00f3n de la sociedad humana en Cristo y esa \u00abpaz de Cristo en el reino de Cristo\u00bb, a la cual resolvimos y nos propusimos firmemente desde el comienzo de nuestro pontificado consagrar todo nuestro esfuerzo y solicitud pastoral <i>(Ubi arcano); <\/i>y vosotros, venerables hermanos, que por mandato del Esp\u00edritu Santo reg\u00eds con Nos la Iglesia de Dios (cf. <i>Hch<\/i> 20,28), colabor\u00e1is con muy laudable celo a este mismo principal y en los presentes tiempos tan necesario fin, en todas las regiones del orbe, incluso en las de sagradas misiones entre infieles.<\/p>\n<p>Recibid todos vosotros el merecido elogio, as\u00ed como todos esos cotidianos part\u00edcipes y magn\u00edficos colaboradores, tanto cl\u00e9rigos como laicos, de esta misma gran obra, a los cuales vemos con alegr\u00eda, amados hijos nuestros, adscritos a la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, que con peculiar af\u00e1n comparte con Nos el cuidado de la cuesti\u00f3n social, en cuanto compete e incumbe a la Iglesia por su misma instituci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>A todos \u00e9stos los exhortamos una y otra vez en el Se\u00f1or a que no regateen trabajo, a que no se dejen vencer por ninguna dificultad, sino que de d\u00eda en d\u00eda crezcan en valor y fortaleza (cf. <i>Dt <\/i>31,7). Es sin duda arduo el trabajo que les proponemos acometer; en efecto, conocemos muy bien los muchos obst\u00e1culos e impedimentos que por ambas partes, tanto en las clases superiores cuanto en las inferiores de la sociedad, hay que vencer.<\/p>\n<p>Que no se desanimen, sin embargo: es propio de cristianos afrontar rudas batallas; propio de los que, como buenos soldados de Cristo, le siguen m\u00e1s de cerca, soportar los m\u00e1s graves dolores.<\/p>\n<p><b>139.<\/b> Confiados, por consiguiente, s\u00f3lo en el omnipotente auxilio de Aqu\u00e9l que <i>quiere que todos los hombres se salven <\/i>(cf. <i>2Tm <\/i>2,3), tratemos de ayudar con todas nuestras fuerzas a esas miserables almas apartadas de Dios y, apart\u00e1ndolas de los cuidados temporales, a que se entregan con exceso, ense\u00f1\u00e9moslas a aspirar confiadamente a los eternos.<\/p>\n<p>A veces esto se lograr\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cilmente de lo que a primera vista pudiera parecer. Pues si en lo \u00edntimo de los hombres aun m\u00e1s perversos se esconden, como brasas entre la ceniza, energ\u00edas espirituales admirables, testimonios indudables del alma naturalmente cristiana, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s en los corazones de aquellos incontables que han sido llevado al error m\u00e1s bien por ignorancia y por las circunstancias exteriores de las cosas!<\/p>\n<p><b>140.<\/b> Por lo dem\u00e1s, dan felices muestras de cierta restauraci\u00f3n social esos mismos ej\u00e9rcitos de obreros, entre los cuales, con gozo grande de nuestro \u00e1nimo, vemos apretados haces de j\u00f3venes obreros que no s\u00f3lo reciben con o\u00eddos atentos las inspiraciones de la divina gracia, sino que tratan, adem\u00e1s, con admirable celo, de ganar para Cristo a sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Y no son menos dignos de elogio los jefes de las asociaciones obreras, los cuales, posponiendo sus propios intereses y atentos exclusivamente al bien de los asociados, tratan prudentemente de compaginar sus justas reclamaciones con la prosperidad de todo el gremio y de promoverlas, sin dejarse acobardar en este noble cometido ni por impedimentos ni suspicacias.<\/p>\n<p>Es de ver, adem\u00e1s, a muchos j\u00f3venes, que luego han de ocupar elevados puestos entre las clases superiores, tanto por su talento cuanto por sus riquezas, dedicados con todo af\u00e1n a los estudios sociol\u00f3gicos, lo que hace concebir la feliz esperanza de que se entregar\u00e1n por entero a la restauraci\u00f3n social.<\/p>\n<p><i> <b>Camino que se debe seguir<\/b><\/i><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>141.<\/b> As\u00ed, pues, venerables hermanos, las presentes circunstancias marcan claramente el camino que se ha de seguir. Nos toca ahora, como ha ocurrido m\u00e1s de una vez en la historia de la Iglesia, enfrentarnos con un mundo que ha reca\u00eddo en gran parte en el paganismo.<\/p>\n<p>Para que todas estas clases tornen a Cristo, a quien han negado, hay que elegir de entre ellos mismos y formar los soldados auxiliares de la Iglesia, que conozcan bien sus ideas y sus apetencias, los cuales puedan adentrarse en sus corazones mediante cierta suave caridad fraternal.<\/p>\n<p>O sea, que los primeros e inmediatos ap\u00f3stoles de los obreros han de ser obreros, y los ap\u00f3stoles del mundo industrial y comercial deben ser de sus propios gremios.<\/p>\n<p><b>142.<\/b> Buscar diligentemente a estos laicos, as\u00ed obreros como patronos; elegirlos prudentemente, educarlos adecuadamente e instruirlos, \u00e9se es cometido vuestro, venerables hermanos, y de vuestro clero. Obligaci\u00f3n dif\u00edcil, sin duda alguna, la que se impone a los sacerdotes, para realizar la cual tendr\u00e1n que prepararse con un intenso estudio de las cuestiones sociales cuantos constituyen la esperanza de la Iglesia; pero sobre todo es necesario que aqu\u00e9llos a quienes especialmente vais a confiar esta misi\u00f3n se muestren tales que, dotados de un exquisito sentido de la justicia, se opongan en absoluto, con viril constancia, a todo el que pide algo inicuo o hace algo injusto; sobresalgan en una prudencia y discreci\u00f3n, ajena a todo extremismo, y est\u00e9n penetrados sobre todo por la caridad de Cristo, que es la \u00fanica capaz de someter, a la vez suave y fuertemente, los corazones y las voluntades de los hombres a las leyes de la justicia y de la equidad.<\/p>\n<p>No hay que dudar en emprender decididamente este camino, que una feliz experiencia ha comprobado m\u00e1s de una vez.<\/p>\n<p><b>143.<\/b> A estos amados hijos nuestros, elegidos para una obra de tanta responsabilidad, los exhortamos insistentemente en el Se\u00f1or a que se entreguen por entero a la educaci\u00f3n de los hombres que les han sido confiados, y que en el cumplimiento de ese deber verdaderamente sacerdotal y apost\u00f3lico se sirvan oportunamente de todos los medios de educaci\u00f3n cristiana, ense\u00f1ando a los j\u00f3venes, creando asociaciones cristianas, fundando c\u00edrculos de estudio, que deben llevarse seg\u00fan las normas de la fe.<\/p>\n<p>En primer lugar, estimen mucho y apliquen asiduamente, para bien de sus alumnos, ese valios\u00edsimo instrumento de renovaci\u00f3n, tanto privada como social, que son los ejercicios espirituales, como ya ense\u00f1amos en nuestra enc\u00edclica <i>Mens nostra.<\/i><\/p>\n<p>En esa enc\u00edclica hemos recordado expresamente y recomendado con insistencia tanto los ejercicios para toda clase de laicos cuanto tambi\u00e9n los retiros, tan provechosos para los obreros; en esa escuela del esp\u00edritu, en efecto, no s\u00f3lo se forman \u00f3ptimos cristianos, sino tambi\u00e9n verdaderos ap\u00f3stoles para toda condici\u00f3n de vida, y se inflaman en el fuego del coraz\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>De esta escuela saldr\u00e1n, como los ap\u00f3stoles del cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, fuertes en la fe, robustecidos por una invicta constancia en las persecuciones, ardiendo en celo, atentos s\u00f3lo a extender el reino de Cristo por todas partes.<\/p>\n<p><b>144.<\/b> Y de veras que hoy se necesita de unos tales robustos soldados de Cristo, que luchen con todas sus fuerzas para conservar inc\u00f3lume a la familia humana de la tremenda ruina en que caer\u00eda si, despreciadas las doctrinas del Evangelio, se dejara prevalecer un orden de cosas que conculca no menos las leyes naturales que las divinas.<\/p>\n<p>La Iglesia de Cristo, fundada sobre una piedra inconmovible, nada tiene que temer por s\u00ed, puesto que sabe ciertamente que jam\u00e1s las puertas del infierno prevalecer\u00e1n contra ella (<i>Mt <\/i>16,18); antes bien, por la experiencia de todos los siglos, tiene claramente demostrado que siempre ha salido m\u00e1s fuerte de las mayores borrascas y coronado por nuevos triunfos.<\/p>\n<p>Pero sus maternales entra\u00f1as no pueden menos de conmoverse a causa de los incontables males que en medio de estas borrascas maltratan a miles de hombres y, sobre todo, por los grav\u00edsimos da\u00f1os espirituales que de ello habr\u00edan de seguirse, que causar\u00edan la ruina de tantas almas redimidas por la sangre de Cristo.<\/p>\n<p><b>145.<\/b> Nada deber\u00e1 dejar de intentarse, por consiguiente, para alejar tan grandes males de la sociedad humana: tiendan a ello los trabajos, los esfuerzos todos, las constantes y fervorosas oraciones de Dios. Puesto que, con el auxilio de la gracia divina, la suerte de la humana familia est\u00e1 en nuestras manos.<\/p>\n<p><b>146.<\/b> No permitamos, venerables hermanos y amados hijos, que los hijos de este siglo se muestren en su generaci\u00f3n m\u00e1s prudentes que nosotros, que por la divina bondad somos hijos de la luz (cf. <i>Lc <\/i>8). Los vemos, efectivamente, elegir con la m\u00e1xima sagacidad adeptos decididos e instruirlos para que vayan extendiendo cada d\u00eda m\u00e1s sus errores por todas las clases de hombres y en todas las naciones de la tierra.<\/p>\n<p>Y siempre que se proponen atacar con m\u00e1s vehemencia a la Iglesia, los vemos deponer sus luchas intestinas, formar un solo frente en la mayor concordia y lanzarse en un haz compacto al logro de sus fines.<\/p>\n<p><b><i> Se recomienda estrecha uni\u00f3n y colaboraci\u00f3n<\/i><\/b><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<p><b>147.<\/b> Ahora bien, no hay nadie ciertamente que ignore cu\u00e1ntas y cu\u00e1n grandes obras crea el incansable celo de los cat\u00f3licos, tanto en orden al bien social y econ\u00f3mico cuanto en materia docente y religiosa. Esta acci\u00f3n admirable y laboriosa, sin embargo, no pocas veces resulta menos eficaz por la excesiva dispersi\u00f3n de las fuerzas.<\/p>\n<p>\u00dananse, por tanto, todos los hombres de buena voluntad, cuantos quieran participar, bajo la conducta de los pastores de la Iglesia, en esta buena y pac\u00edfica batalla de Cristo, y todos, bajo la gu\u00eda y el magisterio de la Iglesia, en conformidad con el ingenio, las fuerzas y la condici\u00f3n de cada uno, traten de hacer algo por esa restauraci\u00f3n cristiana de la sociedad humana, que Le\u00f3n XIII propugn\u00f3 por medio de su inmortal enc\u00edclica <i>Rerum novarum; <\/i>no se busquen a s\u00ed mismos o su provecho, sino los intereses de Cristo (cf. <i>Flp <\/i>2,21); no pretendan imponer en absoluto sus propios pareceres, sino mu\u00e9strense dispuestos a renunciar a ellos, por buenos que sean, si el bien com\u00fan as\u00ed parezca requerirlo, para que en todo y sobre todo reine Cristo, impere Cristo, a quien se deben <i>el honor y la gloria y el poder por los siglos <\/i>(<i>Ap<\/i> 5,13).<\/p>\n<p><b>148.<\/b> Y para que todo esto tenga feliz realizaci\u00f3n, a vosotros todos, venerables hermanos y amados hijos, cuantos sois miembros de esta grandiosa familia cat\u00f3lica a Nos confiada, pero con particular afecto de nuestro coraz\u00f3n a los obreros y dem\u00e1s trabajadores manuales, encomendados especialmente a Nos por la divina Providencia, as\u00ed como tambi\u00e9n a los patronos y administradores de obras cristianas, impartimos paternalmente la bendici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p><i> Dada en Roma, junto a San Pedro, a 15 de mayo de 1931, a\u00f1o d\u00e9cimo de nuestro pontificado.<\/i><i><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><b>P\u00edo<\/b><b> PP. <\/b><b>X<\/b><b>I<\/b><\/p>\n<hr \/>\n<h2 align=\"left\">Descarga el Documento completo en formato Word:<\/h2>\n<table border=\"0\" width=\"256\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>Formato DOC <em>(Microsoft Word):<\/em><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=244\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/doc.png?resize=256%2C256\" alt=\"DOC\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando se public\u00f3 la enc\u00edclica Quadragesimo anno se hab\u00eda producido un notable cambio en las circunstancias sociales y econ\u00f3micas respecto a las que reg\u00edan cuando se public\u00f3 la enc\u00edclica Rerum novarum. 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