{"id":121336,"date":"2022-05-01T08:01:04","date_gmt":"2022-05-01T06:01:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=121336"},"modified":"2022-02-14T09:32:09","modified_gmt":"2022-02-14T08:32:09","slug":"enciclica-pacem-in-terris","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/","title":{"rendered":"Enc\u00edclica Pacem in terris"},"content":{"rendered":"<p>La Pacem in terris es una enc\u00edclica de Juan XXIII, promulgada en 1963, que trata del problema de la paz como actuaci\u00f3n de una pol\u00edtica nacional e internacional, basada en los derechos de la persona e inspirada en las exigencias ineludibles de la justicia y de la libertad. Tras una breve introducci\u00f3n, dedicada a resaltar el v\u00ednculo tan estrecho que existe entre el orden del universo y el orden interior de los seres humanos, el papa articula su reflexi\u00f3n en cuatro partes. En la primera se enuncian los derechos y los deberes fundamentales del hombre, que tienen que constituir la base de la construcci\u00f3n de todo ordenamiento social; en la segunda se examinan los problemas que nacen de las relaciones entre los hombres y los poderes p\u00fablicos en el \u00e1mbito de cada una de las comunidades pol\u00edticas; la tercera parte est\u00e1 dedicada a las relaciones entre las comunidades pol\u00edticas: la \u00faltima, finalmente, tiene por objeto trazar los presupuestos para la construcci\u00f3n de una comunidad internacional.<\/p>\n<p>La enc\u00edclica, que se inserta en el cauce del Magisterio tradicional de la Iglesia, presenta algunos aspectos interesantes de novedad. Entre \u00e9stos el m\u00e1s significativo est\u00e1 constituido por la historizaci\u00f3n de la idea de paz a trav\u00e9s del concepto de los derechos del hombre. La aceptaci\u00f3n de estos derechos, en cuanto que se basan en la dignidad intr\u00ednseca del hombre, y su concreta promoci\u00f3n por parte de todos los pueblos del mundo es la condici\u00f3n fundamental para la realizaci\u00f3n de la paz en la tierra seg\u00fan los designios de Dios.<\/p>\n<p>Reviste, adem\u00e1s, especial importancia el tema de la comunidad mundial, que tiene su fundamento en una \u00abnecesidad de naturaleza\u00bb (nn. 98 y 125), de la que dimana el compromiso de todos los seres humanos de servir al \u00abbien com\u00fan universal\u00bb (nn. 98 y 125).<\/p>\n<p>De esta manera la Pacem in terris relativiza el valor de los estados soberanos, insistiendo en la necesidad de que se abran a las exigencias de la comunidad internacional y subrayando la instancia del nacimiento de una autoridad pol\u00edtica mundial, constituida de com\u00fan acuerdo y dirigida a asegurar el respeto efectivo de los derechos del hombre para toda la familia humana (nn. 137-139).<\/p>\n<p>G. Piana<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\"><b><i>PACEM IN TERRIS<\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center\">CARTA ENC\u00cdCLICA<br \/>\nDE SU SANTIDAD<br \/>\nJUAN XXIII<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><b><i>Sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse<br \/>\nen la verdad, la justicia, el amor y la libertad.<\/i><\/b><\/p>\n<p><i>A los venerables hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos,<br \/>\nObispos y otros Ordinarios en paz y comuni\u00f3n con la Sede Apost\u00f3lica,<br \/>\nal clero y fieles de todo el mundo y a todos los hombres de buena voluntad<\/i><\/p>\n<h2><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<h3><i><b>El orden en el universo<\/b><\/i><\/h3>\n<p>1. La paz en la tierra, suprema aspiraci\u00f3n de toda la humanidad a trav\u00e9s de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.<\/p>\n<p>2. El progreso cient\u00edfico y los adelantos t\u00e9cnicos ense\u00f1an claramente que en los seres vivos y en las fuerzas de la naturaleza impera un orden maravilloso y que, al mismo tiempo, el hombre posee una intr\u00ednseca dignidad, por virtud de la cual puede descubrir ese orden y forjar los instrumentos adecuados para adue\u00f1arse de esas mismas fuerzas y ponerlas a su servicio.<\/p>\n<p>3. Pero el progreso cient\u00edfico y los adelantos t\u00e9cnicos lo primero que demuestran es la grandeza infinita de Dios, creador del universo y del propio hombre. Dios hizo de la nada el universo, y en \u00e9l derram\u00f3 los tesoros de su sabidur\u00eda y de su bondad, por lo cual el salmista alaba a Dios en un pasaje con estas palabras: <i>\u00a1Oh Yahv\u00e9, Se\u00f1or nuestro, cu\u00e1n admirable es tu nombre en toda la tierra!<\/i><span id='easy-footnote-1-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-1-121336' title='&lt;i&gt; Sal&lt;\/i&gt; 8,1.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><i>. Y <\/i>en otro texto dice: <i>\u00a1Cu\u00e1ntas son tus obras, oh Se\u00f1or, cu\u00e1n sabiamente ordenadas!<\/i><span id='easy-footnote-2-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-2-121336' title='&lt;i&gt;Sal&lt;\/i&gt; 104 (V. 103), 24.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> <i> <\/i>De igual manera, Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen y semejanza<span id='easy-footnote-3-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-3-121336' title='Cf. &lt;i&gt; G\u00e9n&lt;\/i&gt; 1,26.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><\/a>, dot\u00e1ndole de inteligencia y libertad, y le constituy\u00f3 se\u00f1or del universo, como el mismo salmista declara con esta sentencia: <i>Has hecho al hombre poco menor que los \u00e1ngeles, 1e has coronado de gloria y de honor. Le diste el se\u00f1or\u00edo sobre las obras de tus manos. Todo lo has puesto debajo de sus pies<\/i><span id='easy-footnote-4-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-4-121336' title='&lt;i&gt;Sal&lt;\/i&gt; 8,5-6.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><b><i>El orden en la humanidad<\/i><\/b><\/h3>\n<p>4. Resulta, sin embargo, sorprendente el contraste que con este orden maravilloso del universo ofrece el desorden que reina entre los individuos y entre los pueblos. Parece como si las relaciones que entre ellos existen no pudieran regirse m\u00e1s que por 1a fuerza.<\/p>\n<p>5. Sin embargo, en lo m\u00e1s \u00edntimo del ser humano, el Creador ha impreso un orden que la conciencia humana descubre y manda observar estrictamente. <i>Los hombres muestran que los preceptos de la ley est\u00e1n escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia<\/i><span id='easy-footnote-5-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-5-121336' title='&lt;i&gt;Rom&lt;\/i&gt; 2,15.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><i>. <\/i>Por otra parte, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda ser de otro modo? Todas las obras de Dios son, en efecto, reflejo de su infinita sabidur\u00eda, y reflejo tanto m\u00e1s luminoso cuanto mayor es el grado absoluto de perfecci\u00f3n de que gozan<span id='easy-footnote-6-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-6-121336' title='Cf. &lt;i&gt; Sal&lt;\/i&gt; 18,8-11.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>6. Pero una opini\u00f3n equivocada induce con frecuencia a muchos al error de pensar que las relaciones de los individuos con sus respectivas comunidades pol\u00edticas pueden regularse por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del universo, siendo as\u00ed que tales leyes son de otro g\u00e9nero y hay que buscarlas solamente all\u00ed donde las ha grabado el Creador de todo, esto es, en la naturaleza del hombre.<\/p>\n<p>7. Son, en efecto, estas leyes las que ense\u00f1an claramente a los hombres, primero, c\u00f3mo deben regular sus mutuas relaciones en la convivencia humana; segundo, c\u00f3mo deben ordenarse las relaciones de los ciudadanos con las autoridades p\u00fablicas de cada Estado; tercero, c\u00f3mo deben relacionarse entre s\u00ed los Estados; finalmente, c\u00f3mo deben coordinarse, de una parte, los individuos y los Estados, y de otra, la comunidad mundial de todos los pueblos, cuya constituci\u00f3n es una exigencia urgente del bien com\u00fan universal.<\/p>\n<h2><b>I. Ordenaci\u00f3n de las relaciones civiles<\/b><\/h2>\n<p>8. Hemos de hablar primeramente del orden que debe regir entre los hombres.<\/p>\n<h3><i><b>La persona humana, sujeto de derechos y deberes<\/b><\/i><\/h3>\n<p>9. En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedr\u00edo, y que, por tanto, el hombre tiene por s\u00ed mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ning\u00fan concepto<span id='easy-footnote-7-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-7-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 35 (1943) 9-24; Juan XXIII, discurso del 4 de enero de 1963: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 55 (1963) 89-91.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><\/a>.<\/p>\n<p>10. Si, por otra parte, consideramos la dignidad de la persona humana a la luz de las verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado a\u00fan esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo, hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria eterna.<\/p>\n<h3><b><i>Los derechos del hombre<\/i><\/b><\/h3>\n<h4><i>Derecho a la existencia<\/i><i> <\/i><i>y a un decoroso nivel de vida<\/i><\/h4>\n<p>11. Puestos a desarrollar, en primer t\u00e9rmino, el tema de los derechos del hombre, observamos que \u00e9ste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal<b>, <\/b>a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia m\u00e9dica y, finalmente, los servicios indispensables que <b> <\/b>a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee tambi\u00e9n el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por \u00faltimo, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento<span id='easy-footnote-8-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-8-121336' title='Cf P\u00edo XI, &lt;i&gt;Di\u03c5ini Redemptoris: AAS&lt;\/i&gt; 29 (1937) 78; y P\u00edo XII, mensaje del 1 de junio de 1941, en la fiesta de Pentecost\u00e9s: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 33 (1941) 195-202.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Derecho a la buena fama, a la verdad y a la cultura<\/i><\/h4>\n<p>12. El hombre exige, adem\u00e1s,, por derecho natural el debido respeto a su persona, la buena reputaci\u00f3n social, la posibilidad de buscar la verdad libremente y, dentro de los l\u00edmites del orden moral y del bien com\u00fan, manifestar y difundir sus opiniones y ejercer una profesi\u00f3n cualquiera, y, finalmente, disponer de una informaci\u00f3n objetiva de los sucesos p\u00fablicos.<\/p>\n<p>13. Tambi\u00e9n es un derecho natural del hombre el acceso a los bienes de la cultura. Por ello, es igualmente necesario que reciba una instrucci\u00f3n fundamental com\u00fan y una formaci\u00f3n t\u00e9cnica o profesional de acuerdo con el progreso de la cultura en su propio pa\u00eds. Con este fin hay que esforzarse para que los ciudadanos puedan subir, s\u00ed su capacidad intelectual lo permite, a los m\u00e1s altos grados de los estudios, de tal forma que, dentro de lo posible, alcancen en la sociedad los cargos y responsabilidades adecuados a su talento y a la experiencia que hayan adquirido<span id='easy-footnote-9-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-9-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 35 (1943) 9-24.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Derecho al culto divino<\/i><\/h4>\n<p>14. Entre los derechos del hombre d\u00e9 bese enumerar tambi\u00e9n el de poder venerar a Dios, seg\u00fan la recta norma de su conciencia, y profesar la religi\u00f3n en privado y en p\u00fablico. Porque, como bien ense\u00f1a Lactancio, <i>para esto nacemos, para ofrecer a Dios, que nos crea, el justo y debido homenaje; para buscarle a El solo, para seguirle. Este es el v\u00ednculo de piedad que a El nos somete y nos liga, y del cual deriva el nombre mismo de religi\u00f3n<\/i><span id='easy-footnote-10-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-10-121336' title='&lt;i&gt;Divinae Institutiones &lt;\/i&gt;1.4 c.28 n.2: ML 6,535.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn10\" name=\"_ftnref10\"><\/a><i>. <\/i>A<b> <\/b>prop\u00f3sito de este punto, nuestro predecesor, de inmortal memoria, Le\u00f3n XIII afirma: <i>Esta libertad, la libertad verdadera, digna de los hijos de Dios, que protege tan gloriosamente la dignidad de la persona humana, est\u00e1 por encima de toda violencia y de toda opresi\u00f3n y ha sido siempre el objeto de los deseos y del amor de la Iglesia. Esta es la libertad que reivindicaron constantemente para s\u00ed los ap\u00f3stoles, la que confirmaron con <\/i>sus <i>escritos los apologistas, la que consagraron con su sangre los innumerables m\u00e1rtires cristianos<\/i><span id='easy-footnote-11-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-11-121336' title='Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Libertas praestantissimum: &lt;\/i&gt;AL 8,237-238 (Roma 1888).'><sup>11<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn11\" name=\"_ftnref11\"><\/a><i>.<\/i><\/p>\n<h4><i>Derechos familiares<\/i><\/h4>\n<p>15. Adem\u00e1s tienen los hombres pleno derecho a elegir el estado de vida que prefieran, y, por consiguiente, a fundar una familia, en cuya creaci\u00f3n el var\u00f3n y la mujer tengan iguales derechos y deberes, o seguir la vocaci\u00f3n del sacerdocio o de la vida religiosa<span id='easy-footnote-12-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-12-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 35 (1943) 9-24.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>16. Por lo que toca a la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contra\u00eddo, uno e indisoluble, es necesario considerarla como la semilla primera y natural dela sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto econ\u00f3mico y social como en la esfera cultural y \u00e9tica; todas estas medidas tienen como fin consolidar la familia y ayudarla a cumplir su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>17. A los padres, sin embargo, corresponde antes que a nadie el derecho de mantener y educar a los hijos<span id='easy-footnote-13-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-13-121336' title='Cf. P\u00edo XI, &lt;i&gt;Casti connubii: AAS &lt;\/i&gt; 22 (1930) 539-592; y P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 35 (1943) 9-24.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn13\" name=\"_ftnref13\"><\/a>.<\/p>\n<h4><i>Derechos econ\u00f3micos<\/i><\/h4>\n<p>18. En lo relativo al campo de la econom\u00eda, es evidente que el hombre tiene derecho natural a que se le facilite la posibilidad de trabajar y a la libre iniciativa en el desempe\u00f1o del trabajo<span id='easy-footnote-14-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-14-121336' title='Cf. P\u00edo XII, mensaje del 1 de junio de 1941, en la fiesta de Pentecost\u00e9s: &lt;i&gt;AAS&lt;\/i&gt; 33 (1941) 201.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>19. Pero con estos derechos econ\u00f3micos est\u00e1 ciertamente unido el de exigir tales condiciones de trabajo que no debiliten las energ\u00edas del cuerpo, ni comprometan la integridad moral, ni da\u00f1en el normal desarrollo de la juventud. Por lo que se refiere a la mujer, hay quedarle la posibilidad de trabajar en condiciones adecuadas a las exigencias y los deberes de esposa y de madre<span id='easy-footnote-15-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-15-121336' title='Cf. Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Rerum novarum: &lt;\/i&gt;AL 11,128-129 (Roma 1891).'><sup>15<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>20. De la dignidad de la persona humana nace tambi\u00e9n el derecho a ejercer las actividades econ\u00f3micas, salvando el sentido de la responsabilidad<span id='easy-footnote-16-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-16-121336' title='Cf. Juan XXIII, &lt;i&gt;Mater et magistra: AAS &lt;\/i&gt; 53 (1961) 422.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn16\" name=\"_ftnref16\"><\/a>. Por tanto, no debe silenciarse que ha de retribuirse al trabajador con un salario establecido conforme a las normas de la justicia, y que, por lo mismo, seg\u00fan las posibilidades de la empresa, le permita, tanto a \u00e9l como a su familia, mantener un g\u00e9nero de vida adecuado a la dignidad del hombre. Sobre este punto, nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII afirma: <i>Al deber de trabajar, impuesto al hombre por la naturaleza, corresponde asimismo un derecho natural en virtud del cual puede pedir, a cambio de su trabajo, lo necesario para la vida propia y de sus hijos. Tan profundamente est\u00e1 mandada por la naturaleza la conservaci\u00f3n del hombre<\/i><span id='easy-footnote-17-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-17-121336' title='Cf. P\u00edo XII, mensaje del 1 de junio de 1941,en la fiesta de Pentecost\u00e9s: &lt;i&gt;AAS&lt;\/i&gt; 33 (1941) 201.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span><i>.<\/i><\/p>\n<h4><i>Derecho a la propiedad privada<\/i><\/h4>\n<p>21. Tambi\u00e9n surge de la naturaleza humana el derecho a la propiedad privada de los bienes, incluidos los de producci\u00f3n, derecho que, como en otra ocasi\u00f3n hemos ense\u00f1ado, <i>constituye un medio eficiente para garantizar la dignidad de la persona humana y el ejercicio libre de la propia misi\u00f3n en todos los campos de la actividad econ\u00f3mica, y es, finalmente, un elemento de tranquilidad y de consolidaci\u00f3n para la vida familiar, con el consiguiente aumento de paz y prosperidad en el Estado<\/i><span id='easy-footnote-18-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-18-121336' title='Cf. Juan XXIII, &lt;i&gt;Mater et magistra:&lt;\/i&gt; &lt;i&gt;AAS&lt;\/i&gt; 53 (1961) 428.'><sup>18<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn18\" name=\"_ftnref18\"><\/a><i>.<\/i><\/p>\n<p>22. Por \u00faltimo, y es \u00e9sta una advertencia necesaria, el derecho de propiedad privada entra\u00f1a una funci\u00f3n social<span id='easy-footnote-19-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-19-121336' title='Cf. ibid., 430.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn19\" name=\"_ftnref19\"><\/a>.<\/p>\n<h4><i>Derecho de reuni\u00f3n y asociaci\u00f3n<\/i><\/h4>\n<p>23. De la sociabilidad natural de los hombres se deriva el derecho de reuni\u00f3n y de asociaci\u00f3n; el de dar a las asociaciones que creen la forma m\u00e1s id\u00f3nea para obtener los fines propuestos; el de actuar dentro de ellas libremente y con propia responsabilidad, y el de conducirlas a los resultados previstos<span id='easy-footnote-20-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-20-121336' title='Cf. Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Rerum novarum: &lt;\/i&gt;AL 11,134-142 (Roma 1891); P\u00edo XI, &lt;i&gt;Quadragesimo anno: AAS&lt;\/i&gt; 23 (1931) 199-200; y P\u00edo XII, &lt;i&gt;Sertum laetitiae: AAS&lt;\/i&gt; 31 (1939) 635-644.'><sup>20<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn20\" name=\"_ftnref20\"><\/a>.<\/p>\n<p>24. Como ya advertimos con gran insistencia en la enc\u00edclica <i>Mater et magistra, <\/i>es absolutamente preciso que se funden muchas asociaciones u organismos intermedios, capaces de alcanzar los fines que os particulares por s\u00ed solos no pueden obtener eficazmente. Tales asociaciones y organismos deben considerarse como instrumentos indispensables en grado sumo para defender la dignidad y libertad de la persona humana, dejando a salvo el sentido de la responsabilidad<span id='easy-footnote-21-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-21-121336' title='Cf. &lt;i&gt;AAS&lt;\/i&gt; 53 (1961) 430.'><sup>21<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn21\" name=\"_ftnref21\"><\/a>.<\/p>\n<h4><i>Derecho de residencia y emigraci\u00f3n<\/i><\/h4>\n<p>25. Ha de respetarse \u00edntegramente tambi\u00e9n el derecho de cada hombre a conservar o cambiar su residencia dentro de los l\u00edmites geogr\u00e1ficos del pa\u00eds; m\u00e1s a\u00fan, es necesario que le sea l\u00edcito, cuando lo aconsejen justos motivos, emigrar a otros pa\u00edses y fijar all\u00ed su domicilio<span id='easy-footnote-22-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-22-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1952: &lt;i&gt;AAS&lt;\/i&gt; 45 (1953) 33-46.'><sup>22<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn22\" name=\"_ftnref22\"><\/a>. El hecho de pertenecer como ciudadano a una determinada comunidad pol\u00edtica no impide en modo alguno ser miembro de la familia humana y ciudadano de la sociedad y convivencia universal, com\u00fan a todos los hombres.<\/p>\n<h4><i>Derecho a intervenir en la vida p\u00fablica<\/i><\/h4>\n<p>26. A\u00f1\u00e1dese a lo dicho que con la dignidad de la persona humana concuerda el derecho a tomar parte activa en la vida p\u00fablica y contribuir al bien com\u00fan. Pues, como dice nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII, el <i>hombre como tal, lejos de ser objeto y elemento puramente pasivo de la vida social, es, por el contrario, y debe ser y permanecer su sujeto, fundamento <\/i>y <i>fin<\/i><span id='easy-footnote-23-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-23-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1944: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 37 (1945) 12.'><sup>23<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn23\" name=\"_ftnref23\"><\/a>.<\/p>\n<h4><i>Derecho a la seguridad jur\u00eddica<\/i><\/h4>\n<p>27. A la persona humana corresponde tambi\u00e9n la defensa leg\u00edtima de sus propios derechos; defensa eficaz, igual para todos y regida por las normas objetivas de la justicia, como advierte nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII con estas palabras: <i>Del ordenamiento jur\u00eddico querido por Dios deriva el inalienable derecho del hombre a la seguridad jur\u00eddica y, con ello, a una esfera concreta de derecho, protegida contra todo ataque arbitrario<\/i><span id='easy-footnote-24-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-24-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 35 (1943) 21.'><sup>24<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><b><i>Los deberes del hombre<\/i><\/b><\/h3>\n<h4><i>Conexi\u00f3n necesaria entre derechos y deberes<\/i><\/h4>\n<p>28. Los derechos naturales que hasta aqu\u00ed hemos recordado est\u00e1n unidos en el hombre que los posee con otros tantos deberes, y unos y otros tienen en la ley natural, que los confiere o los impone, su origen, mantenimiento y vigor indestructible.<\/p>\n<p>29. Por ello, para poner alg\u00fan ejemplo, al derecho del hombre a la existencia corresponde el deber de conservarla; al derecho a un decoroso nivel de vida, el deber de vivir con decoro; al derecho de buscar libremente la verdad, el deber de buscarla cada d\u00eda con mayor profundidad y amplitud.<\/p>\n<h4><i>El deber de respetar los derechos ajenos<\/i><\/h4>\n<p>30. Es asimismo consecuencia de lo dicho que, en la sociedad humana, a un determinado derecho natural de cada hombre corresponda en los dem\u00e1s el deber de reconocerlo y respetarlo. Porque cualquier derecho fundamental del hombre deriva su fuerza moral obligatoria de la ley natural, que lo confiere e impone el correlativo deber. Por tanto, quienes, al reivindicar sus derechos, olvidan por completo sus deberes o no les dan la importancia debida, se asemejan a los que derriban con una mano lo que con la otra construyen.<\/p>\n<h4><i>El deber de colaborar con los dem\u00e1s<\/i><\/h4>\n<p>31. Al ser los hombres por naturaleza sociables, deben convivir unos con otros y procurar cada uno el bien de los dem\u00e1s. Por esto, una convivencia humana rectamente ordenada exige que se reconozcan y se respeten mutuamente los derechos y los deberes. De aqu\u00ed se sigue tambi\u00e9n el que cada uno deba aportar su colaboraci\u00f3n generosa para procurar una convivencia civil en la que se respeten los derechos y los deberes con diligencia y eficacia crecientes.<\/p>\n<p>32. No basta, por ejemplo, reconocer al hombre el derecho a las cosas necesarias para la vida si no se procura, en la medida posible, que el hombre posea con suficiente abundancia cuanto toca a su sustento.<\/p>\n<p>33. A esto se a\u00f1ade que la sociedad, adem\u00e1s de tener un orden jur\u00eddico, ha de proporcionar al hombre muchas utilidades. Lo cual exige que todos reconozcan y cumplan mutuamente sus derechos y deberes e intervengan unidos en las m\u00faltiples empresas que la civilizaci\u00f3n actual permita, aconseje o reclame.<\/p>\n<h4><i>El deber de actuar con sentido de responsabilidad<\/i><\/h4>\n<p>34. La dignidad de la persona humana requiere, adem\u00e1s, que el hombre, en sus actividades, proceda por propia iniciativa y libremente. Por lo cual, trat\u00e1ndose de la convivencia civil, debe respetar los derechos, cumplir las obligaciones y prestar su colaboraci\u00f3n a los dem\u00e1s en una multitud de obras, principalmente en virtud de determinaciones personales. De esta manera, cada cual ha de actuar por su propia decisi\u00f3n, convencimiento y responsabilidad, y no movido por la coacci\u00f3n o por presiones que la mayor\u00eda de las veces provienen de fuera. Porque una sociedad que se apoye s\u00f3lo en la raz\u00f3n de la fuerza ha de calificarse de inhumana. En ella, efectivamente, los hombres se ven privados de su libertad, en vez de sentirse estimulados, por el contrario, al progreso de la vida y al propio perfeccionamiento.<\/p>\n<h3><b><i>La convivencia civil<\/i><\/b><\/h3>\n<h4><i>Verdad, justicia, amor y libertad, fundamentos de la convivencia humana<\/i><\/h4>\n<p>35. Por esto, la convivencia civil s\u00f3lo puede juzgarse ordenada, fruct\u00edfera y congruente con la dignidad humana si se funda en la verdad. Es una advertencia del ap\u00f3stol San Pablo: <i>Despoj\u00e1ndoos de la mentira, hable cada uno verdad con su pr\u00f3jimo, pues que todos somos miembros unos de otros<\/i><span id='easy-footnote-25-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-25-121336' title='&lt;i&gt;Ef&lt;\/i&gt; 4,25.'><sup>25<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn25\" name=\"_ftnref25\"><\/a><i>. <\/i>Esto ocurrir\u00e1, ciertamente, cuando cada cual reconozca, en la debida forma, los derechos que le son propios y los deberes que tiene para con los dem\u00e1s. M\u00e1s todav\u00eda: una comunidad humana ser\u00e1 cual la hemos descrito cuando los ciudadanos, bajo la gu\u00eda de la justicia, respeten los derechos ajenos y cumplan sus propias obligaciones; cuando est\u00e9n movidos por el amor de tal manera, que sientan como suyas las necesidades del pr\u00f3jimo y hagan a los dem\u00e1s part\u00edcipes de sus bienes, y procuren que en todo el mundo haya un intercambio universal de los valores m\u00e1s excelentes del esp\u00edritu humano. Ni basta esto s\u00f3lo, porque la sociedad humana se va desarrollando conjuntamente con la libertad, es decir, con sistemas que se ajusten a la dignidad del ciudadano, ya que, siendo \u00e9ste racional por naturaleza, resulta, por lo mismo, responsable de sus acciones.<\/p>\n<h4><i>Car\u00e1cter espiritual de la sociedad humana<\/i><\/h4>\n<p>36. La sociedad humana, venerables hermanos y queridos hijos, tiene que ser considerada, ante todo, como una realidad de orden principalmente espiritual: que impulse a los hombres, iluminados por la verdad, a comunicarse entre s\u00ed los m\u00e1s diversos conocimientos; a defender sus derechos y cumplir sus deberes; a desear los bienes del esp\u00edritu; a disfrutar en com\u00fan del justo placer de la belleza en todas sus manifestaciones; a sentirse inclinados continuamente a compartir con los dem\u00e1s lo mejor de s\u00ed mismos; a asimilar con af\u00e1n, en provecho propio, los bienes espirituales del pr\u00f3jimo. Todos estos valores informan y, al mismo tiempo, dirigen las manifestaciones de la cultura, de la econom\u00eda, de la convivencia social, del progreso y del orden pol\u00edtico, del ordenamiento jur\u00eddico y, finalmente, de cuantos elementos constituyen la expresi\u00f3n externa de la comunidad humana en su incesante desarrollo.<\/p>\n<p>37. El orden vigente en la sociedad es todo \u00e9l de naturaleza espiritual. Porque se funda en la verdad, debe practicarse seg\u00fan los preceptos de la justicia, exige ser vivificado y completado por el amor mutuo, y, por \u00faltimo, respetando \u00edntegramente la libertad, ha de ajustarse a una igualdad cada d\u00eda m\u00e1s humana.<\/p>\n<h4><i>La convivencia tiene que fundarse en el orden moral establecido por Dios<\/i><\/h4>\n<p>38. Sin embargo, este orden espiritual, cuyos principios son universales, absolutos e inmutables, tiene su origen \u00fanico en un Dios verdadero, personal y que trasciende a la naturaleza humana. Dios, en efecto, por ser la primera verdad y el sumo bien, es la fuente m\u00e1s profunda de la cual puede extraer su vida verdadera una convivencia humana rectamente constituida, provechosa y adecuada a la dignidad del hombre<span id='easy-footnote-26-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-26-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 35 (1943) 14.'><sup>26<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn26\" name=\"_ftnref26\"><\/a>. A esto se refiere el pasaje de Santo Tom\u00e1s de Aquino: <i> El<\/i> <i>que la raz\u00f3n humana sea norma de la humana voluntad, por la que se mida su bondad, es una derivaci\u00f3n de la ley eterna, la cual se identifica con la raz\u00f3n divina&#8230; Es, por consiguiente, claro que la bondad de la voluntad humana depende mucho m\u00e1s de la ley eterna que de la raz\u00f3n humana<\/i><span id='easy-footnote-27-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-27-121336' title='&lt;i&gt;Summa Theologiae I-II &lt;\/i&gt;q.19 a.4; cf. etiam a.9.'><sup>27<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn27\" name=\"_ftnref27\"><\/a>.<\/p>\n<h3><b><i>Caracter\u00edsticas de nuestra \u00e9poca<\/i><\/b><\/h3>\n<p>39. Tres son las notas caracter\u00edsticas de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<h4><i>La elevaci\u00f3n del mundo laboral<\/i><\/h4>\n<p>40. En primer lugar contemplamos el avance progresivo realizado por las clases trabajadoras en lo econ\u00f3mico y en lo social. Inici\u00f3 el mundo del trabajo su elevaci\u00f3n con la reivindicaci\u00f3n de sus derechos, principalmente en el orden econ\u00f3mico y social. Extendieron despu\u00e9s los trabajadores sus reivindicaciones a la esfera pol\u00edtica. Finalmente, se orientaron al logro de las ventajas propias de una cultura m\u00e1s refinada. Por ello, en la actualidad, los trabajadores de todo el mundo reclaman con energ\u00eda que no se les considere nunca simples objetos carentes de raz\u00f3n y libertad, sometidos al uso arbitrario de los dem\u00e1s, sino como hombres en todos los sectores de la sociedad; esto es, en el orden econ\u00f3mico y social, en el pol\u00edtico y en el campo de la cultura.<\/p>\n<h4><i>La presencia de la mujer en la vida p\u00fablica<\/i><\/h4>\n<p>41. En segundo lugar, es un hecho evidente la presencia de la mujer en la vida p\u00fablica. Este fen\u00f3meno se registra con mayor rapidez en los pueblos que profesan la fe cristiana, y con m\u00e1s lentitud, pero siempre en gran escala, en pa\u00edses de tradici\u00f3n y civilizaciones distintas. La mujer ha adquirido una conciencia cada d\u00eda m\u00e1s clara de su propia dignidad humana. Por ello no tolera que se la trate como una cosa inanimada o un mero instrumento; exige, por el contrario, que, tanto en el \u00e1mbito de la vida dom\u00e9stica como en el de la vida p\u00fablica, se le reconozcan los derechos y obligaciones propios de la persona humana.<\/p>\n<h4><i>La emancipaci\u00f3n de los pueblos<\/i><\/h4>\n<p>42. Observamos, por \u00faltimo, que, en la actualidad, la convivencia humana ha sufrido una total transformaci\u00f3n en lo social y en lo pol\u00edtico. Todos los pueblos, en efecto, han adquirido ya su libertad o est\u00e1n a punto de adquirirla. Por ello, en breve plazo no habr\u00e1 pueblos dominadores ni pueblos dominados.<\/p>\n<p>43. Los hombres de todos los pa\u00edses o son ya ciudadanos de un Estado independiente, o est\u00e1n a punto de serlo. No hay ya comunidad nacional alguna que quiera estar sometida al dominio de otra. Porque en nuestro tiempo resultan anacr\u00f3nicas las teor\u00edas, que duraron tantos siglos, por virtud de las cuales ciertas clases recib\u00edan un trato de inferioridad, mientras otras exig\u00edan posiciones privilegiadas, a causa de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica y social, del sexo o de la categor\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>44. Hoy, por el contrario, se ha extendido y consolidado por doquiera la convicci\u00f3n de que todos los hombres son, por dignidad natural, iguales entre s\u00ed. Por lo cual, las discriminaciones raciales no encuentran ya justificaci\u00f3n alguna, a lo menos en el plano de la raz\u00f3n y de la doctrina. Esto tiene una importancia extraordinaria para lograr una convivencia humana informada por los principios que hemos recordado. Porque cuando en un hombre surge la conciencia de los propios derechos, es necesario que aflore tambi\u00e9n la de las propias obligaciones; de forma que aquel que posee determinados derechos tiene asimismo, como expresi\u00f3n de su dignidad, la obligaci\u00f3n de exigirlos, mientras los dem\u00e1s tienen el deber de reconocerlos y respetarlos.<\/p>\n<p>45. Cuando la regulaci\u00f3n jur\u00eddica del ciudadano se ordena al respeto de los derechos y de los deberes, los hombres se abren inmediatamente al mundo de las realidades espirituales, comprenden la esencia de la verdad, de la justicia, de la caridad, de la libertad, y adquieren conciencia de ser miembros de tal sociedad. Y no es esto todo, porque, movidos profundamente por estas mismas causas, se sienten impulsados a conocer mejor al verdadero Dios, que es superior al hombre y personal. Por todo lo cual juzgan que las relaciones que los unen con Dios son el fundamento de su vida, de esa vida que viven en la intimidad de su esp\u00edritu o unidos en sociedad con los dem\u00e1s hombres.<\/p>\n<h2><b>II. Ordenaci\u00f3n de las relaciones pol\u00edticas<\/b><\/h2>\n<h3><b><i>La autoridad<\/i><\/b><\/h3>\n<h4><i>Es necesaria<\/i><\/h4>\n<p>46. Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de leg\u00edtima autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad y sus desvelos al provecho com\u00fan del pa\u00eds. Toda la autoridad que los gobernantes poseen proviene de Dios, seg\u00fan ense\u00f1a San Pablo: <i>Porque no hay autoridad que no venga de Dios<\/i><span id='easy-footnote-28-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-28-121336' title='&lt;i&gt; Rom&lt;\/i&gt; 13,1-6.'><sup>28<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn28\" name=\"_ftnref28\"><\/a>.Ense\u00f1anza del Ap\u00f3stol que San Juan Cris\u00f3stomo desarrolla en estos t\u00e9rminos: <i>\u00bfQu\u00e9 dices? \u00bfAcaso todo gobernante ha <\/i> <i>sido establecido por Dios? No digo esto -a\u00f1ade-, no hablo de cada uno de los que mandan, sino de la autoridad misma. Porque el que existan las autoridades, y haya gobernantes y s\u00fabditos, y todo suceda sin obedecer a un azar completamente fortuito, digo que es obra de la divina sabidur\u00eda<\/i><span id='easy-footnote-29-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-29-121336' title='&lt;i&gt;In Epist. ad Rom. &lt;\/i&gt;c.13,1-2 hom.23: MG 60,615.'><sup>29<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn29\" name=\"_ftnref29\"><\/a>.En efecto, como Dios ha creado a los hombres sociales por naturaleza y ninguna sociedad puede <i>conservarse sin un jefe supremo que mueva a todos y a cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien com\u00fan,<\/i> <i>resulta necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija; autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor<\/i><span id='easy-footnote-30-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-30-121336' title='Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Immortale Dei: &lt;\/i&gt;AL 5,120 (Roma 1885).'><sup>30<\/sup><\/a><\/span><i>.<\/i><\/p>\n<h4><i>Debe estar sometida al orden moral<\/i><\/h4>\n<p>47. La autoridad, sin embargo, no puede considerarse exenta de sometimiento a otra superior. M\u00e1s a\u00fan, la autoridad consiste en la facultad de mandar seg\u00fan la recta raz\u00f3n. Por ello, se sigue evidentemente que su fuerza obligatoria procede del orden moral, que tiene a Dios como primer principio y \u00faltimo fin. Por eso advierte nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII: <i>El mismo orden absoluto de los seres y de los fines, que muestra al hombre como persona aut\u00f3noma, es decir, como sujeto de derechos y de deberes inviolables, ra\u00edz y t\u00e9rmino de su propia vida social, abarca tambi\u00e9n al Estado como sociedad necesaria, revestida de autoridad, sin la cual no podr\u00eda ni existir ni vivir&#8230; Y como ese orden absoluto, a la luz de la sana raz\u00f3n, y m\u00e1s particularmente a la luz de la fe cristiana, no puede tener otro origen que un Dios personal, Creador nuestro, s\u00edguese que&#8230; la dignidad de la autoridad pol\u00edtica es la dignidad de su participaci\u00f3n en la autoridad de Dios<\/i><span id='easy-footnote-31-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-31-121336' title='P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1944:&lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 37 (1945) 15.'><sup>31<\/sup><\/a><\/span><i>.<\/i><\/p>\n<h4><i>S\u00f3lo as\u00ed obliga en conciencia<\/i><\/h4>\n<p>48. Por este motivo, el derecho de mandar que se funda exclusiva o principalmente en la amenaza o el temor de las penas o en la promesa de premios, no tiene eficacia alguna para mover al hombre a laborar por el bien com\u00fan, y, aun cuando tal vez tuviera esa eficacia, no se ajustar\u00eda en absoluto a la dignidad del hombre, que es un ser racional y libre. La autoridad no es, en su contenido sustancial, una fuerza f\u00edsica; por ello tienen que apelar los gobernantes a la conciencia del ciudadano, esto es, al deber que sobre cada uno pesa de prestar su pronta colaboraci\u00f3n al bien com\u00fan. Pero como todos los hombres son entre s\u00ed iguales en dignidad natural, ninguno de ellos, en consecuencia, puede obligar a los dem\u00e1s a tomar una decisi\u00f3n en la intimidad de su conciencia. Es \u00e9ste un poder exclusivo de Dios, por ser el \u00fanico que ve y juzga los secretos m\u00e1s ocultos del coraz\u00f3n humano.<\/p>\n<p>49. Los gobernantes, por tanto, s\u00f3lo pueden obligar en conciencia al ciudadano cuando su autoridad est\u00e1 unida a la de Dios y constituye una participaci\u00f3n de la misma<span id='easy-footnote-32-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-32-121336' title='Cf Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Diuturnum illud: &lt;\/i&gt;AL 2,274 (Roma1881).'><sup>32<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Y se salva la dignidad del ciudadano<\/i><\/h4>\n<p>50. Sentado este principio, se salva la dignidad del ciudadano, ya que su obediencia a las autoridades p\u00fablicas no es, en modo alguno, sometimiento de hombrea hombre, sino, en realidad, un acto de culto a Dios, creador sol\u00edcito de todo, quien ha ordenado que las relaciones de la convivencia humana se regulen por el orden que El mismo ha establecido; por otra parte, al rendir a Dios la debida reverencia, el hombre no se humilla, sino m\u00e1s bien se eleva y ennoblece, ya que <i>servir a Dios es reinar<\/i><span id='easy-footnote-33-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-33-121336' title='Cf &lt;i&gt;ib\u00edd&lt;\/i&gt;., 278; &lt;i&gt;e Immortale Dei: &lt;\/i&gt;AL 5,130 (Roma1885).'><sup>33<\/sup><\/a><\/span><i>.<\/i><\/p>\n<h4><i>La ley debe respetar<\/i><i> <\/i><i>el ordenamiento divino<\/i><\/h4>\n<p>51. El derecho de mandar constituye una exigencia del orden espiritual y dimana de Dios. Por ello, si los gobernantes promulgan una ley o dictan una disposici\u00f3n cualquiera contraria a ese orden espiritual y, por consiguiente, opuesta a la voluntad de Dios, en tal caso ni la ley promulgada ni la disposici\u00f3n dictada pueden obligar en conciencia al ciudadano, ya que <i>es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres<\/i><span id='easy-footnote-34-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-34-121336' title='&lt;i&gt;Hech&lt;\/i&gt; 5,29.'><sup>34<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn34\" name=\"_ftnref34\"><\/a>)<i>; <\/i>m\u00e1s a\u00fan, en semejante situaci\u00f3n, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa. As\u00ed lo ense\u00f1a Santo Tom\u00e1s: <i>En cuanto a lo segundo, la ley humana tiene raz\u00f3n de ley s\u00f3lo en cuanto se ajusta a la recta <\/i>raz\u00f3n. <i>Y as\u00ed considerada, es manifiesto que procede de la ley eterna. Pero, en cuanto se aparta de la recta raz\u00f3n, <\/i>es una <i>ley injusta, y <\/i>as\u00ed no <i>tiene car\u00e1cter de ley, sino m\u00e1s bien de violencia<\/i><span id='easy-footnote-35-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-35-121336' title='&lt;i&gt;Summa Theologiae &lt;\/i&gt;I-II q.93 a.3 ad 2; cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1944: &lt;i&gt;AAS&lt;\/i&gt; 37 (1945) 5-23.'><sup>35<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn35\" name=\"_ftnref35\"><\/a><i>.<\/i><\/p>\n<h4><i>Autoridad y democracia<\/i><\/h4>\n<p>52. Ahora bien, del hecho de que la autoridad proviene de Dios no debe en modo alguno deducirse que los hombres no tengan derecho a elegir los gobernantes de la naci\u00f3n, establecer la forma de gobierno y determinar los procedimientos y los l\u00edmites en el ejercicio de la autoridad. De aqu\u00ed que la doctrina que acabamos de exponer pueda conciliarse con cualquier clase de r\u00e9gimen aut\u00e9nticamente democr\u00e1tico<span id='easy-footnote-36-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-36-121336' title='Cf. Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Diuturnum illud: &lt;\/i&gt;AL 2,271-272 (Roma1881); y P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1944: &lt;i&gt; AAS&lt;\/i&gt; 37 (1945) 5-23.'><sup>36<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><i><b>El bien com\u00fan<\/b><\/i><\/h3>\n<h4><i>Obliga al ciudadano<\/i><\/h4>\n<p>53. Todos los individuos y grupos intermedios tienen el deber de prestar su colaboraci\u00f3n personal al bien com\u00fan. De donde se sigue la conclusi\u00f3n fundamental de que todos ellos han de acomodar sus intereses a las necesidades de los dem\u00e1s, y la de que deben enderezar sus prestaciones en bienes o servicios al fin que los gobernantes han establecido, seg\u00fan normas de justicia y respetando los procedimientos y l\u00edmites fijados para el gobierno. Los gobernantes, por tanto, deben dictar aquellas disposiciones que, adem\u00e1s de su perfecci\u00f3n formal jur\u00eddica, se ordenen por entero al bien de la comunidad o puedan conducir a \u00e9l.<\/p>\n<h4><i>Obliga tambi\u00e9n al gobernante<\/i><\/h4>\n<p>54. La raz\u00f3n de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el bien com\u00fan. De donde se deduce claramente que todo gobernante debe buscarlo, respetando la naturaleza del propio bien com\u00fan y ajustando al mismo tiempo sus normas jur\u00eddicas a la situaci\u00f3n real de las circunstancias<span id='easy-footnote-37-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-37-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: AAS 35 (1943)&lt;sub&gt;.&lt;\/sub&gt; 13; y Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Immortale Dei: &lt;\/i&gt;AL 5,120 (Roma 1885).'><sup>37<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Est\u00e1 ligado a la naturaleza humana<\/i><\/h4>\n<p>55. Sin duda han de considerarse elementos intr\u00ednsecos del bien com\u00fan las propiedades caracter\u00edsticas de cada naci\u00f3n<span id='easy-footnote-38-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-38-121336' title='Cf. P\u00edo XII, &lt;i&gt;Summi Pontificatus: &lt;\/i&gt;AAS 31 (1939)412-453.'><sup>38<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn38\" name=\"_ftnref38\"><\/a>; pero estas propiedades no definen en absoluto de manera completa el bien com\u00fan. El bien com\u00fan, en efecto, est\u00e1 \u00edntimamente ligado a la naturaleza humana. Por ello no se puede mantener su total integridad m\u00e1s que en el supuesto de que, atendiendo a la \u00edntima naturaleza y efectividad del mismo, se tenga siempre en cuenta el concepto de la persona humana<span id='easy-footnote-39-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-39-121336' title='Cf. P\u00edo XI, &lt;i&gt;Mil brennender Sorge: &lt;\/i&gt;AAS 29 (1937) 159; &lt;i&gt;y Divini Redemptoris;&lt;\/i&gt; AAS 29 (1937) 65-106.'><sup>39<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Debe redundar en provecho de todos<\/i><\/h4>\n<p>56. A\u00f1\u00e1dase a esto que todos los miembros de la comunidad deben participar en el bien com\u00fan por raz\u00f3n de su propia naturaleza, aunque en grados diversos, seg\u00fan las categor\u00edas, m\u00e9ritos y condiciones de cada ciudadano. Por este motivo, los gobernantes han de orientar sus esfuerzos a que el bien com\u00fan redunde en provecho de todos, sin preferencia alguna por persona o grupo social determinado, como lo establece ya nuestro predecesor, de inmortal memoria, Le\u00f3n XIII: <i>No se puede permitir en modo alguno que la autoridad civil sirva el inter\u00e9s de uno o de pocos, porque est\u00e1 constituida para el bien com\u00fan de todos<\/i><span id='easy-footnote-40-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-40-121336' title='Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Immortale Dei: &lt;\/i&gt;AL 5,121 (Roma 1885).'><sup>40<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn40\" name=\"_ftnref40\"><\/a><i>. <\/i>Sin embargo, razones de justicia y de equidad pueden exigir, a veces, que los hombres de gobierno tengan especial cuidado de los ciudadanos m\u00e1s d\u00e9biles, que puedan hallarse en condiciones de inferioridad, para defender sus propios derechos y asegurar sus leg\u00edtimos intereses<span id='easy-footnote-41-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-41-121336' title='Cf. Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Rerum novarum: &lt;\/i&gt;AL 11,133-134 (Roma 1891).'><sup>41<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Abarca a todo el hombre<\/i><\/h4>\n<p>57. Hemos de hacer aqu\u00ed una advertencia a nuestros hijos: el bien com\u00fan abarca a todo el hombre, es decir, tanto las exigencias del cuerpo como las del esp\u00edritu. De lo cual se sigue que los gobernantes deben procurar dicho bien por las v\u00edas adecuadas y escalonadamente, de tal forma que, respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del esp\u00edritu<span id='easy-footnote-42-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-42-121336' title='Cf. P\u00edo XII, &lt;i&gt; Summi&lt;\/i&gt; &lt;i&gt;Pontificatus: &lt;\/i&gt;AAS 31 (1939) 433.'><sup>42<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>58. Todos estos principios est\u00e1n recogidos con exacta precisi\u00f3n en un pasaje de nuestra enc\u00edclica <i>Mater et magistra, <\/i>donde establecimos que el bien com\u00fan <i>abarca todo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos e1 desarrollo expedito y pleno de su propia perfecci\u00f3n<\/i><span id='easy-footnote-43-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-43-121336' title='AAS 53 (1961) 19.'><sup>43<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn43\" name=\"_ftnref43\"><\/a>.<\/p>\n<p>59. El hombre, por tener un cuerpo y un alma inmortal, no puede satisfacer sus necesidades ni conseguir en esta vida mortal su perfecta felicidad. Esta es 1a raz\u00f3n de que el bien com\u00fan deba procurarse por tales v\u00edas y con tales medios que no s\u00f3lo no pongan obst\u00e1culos a la salvaci\u00f3n eterna del hombre, sino que, por el contrario, le ayuden a conseguirla<span id='easy-footnote-44-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-44-121336' title='Cf&lt;i&gt;. &lt;\/i&gt;P\u00edo XI, &lt;i&gt;Quadragesimo anno: &lt;\/i&gt;AAS&lt;i&gt; &lt;\/i&gt;23 (1931) 215.'><sup>44<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn44\" name=\"_ftnref44\"><\/a>.<\/p>\n<h3><i><b>Deberes de los gobernantes en orden al bien com\u00fan<\/b><\/i><\/h3>\n<h4><i>1. Defender los derechos y deberes del hombre<\/i><\/h4>\n<p>60. En 1a \u00e9poca actual se considera que el bien com\u00fan consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de 1a persona humana. De aqu\u00ed que la misi\u00f3n principal de los hombres de gobierno deba tender a dos cosas: de un lado, reconocer, respetar, armonizar, tutelar y promover tales derechos; de otro, facilitar a cada ciudadano el cumplimiento de sus respectivos deberes. <i>Tutelar el campo intangible de los derechos de 1a persona humana y hacerle llevadero el cumplimiento de sus deberes debe ser oficio esencial de todo poder p\u00fablico<\/i><span id='easy-footnote-45-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-45-121336' title='Cf. P\u00edo XII&lt;i&gt;, &lt;\/i&gt;mensaje del 1 de junio de 1941&lt;i&gt;, &lt;\/i&gt;en la fiesta de Pentecost\u00e9s: AAS 33 (1941) 200.'><sup>45<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn45\" name=\"_ftnref45\"><\/a>.<\/p>\n<p>61. Por eso, los gobernantes que no reconozcan los derechos del hombre o los violen faltan a su propio deber y carecen, adem\u00e1s, de toda obligatoriedad las disposiciones que dicten<span id='easy-footnote-46-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-46-121336' title='Cf. P\u00edo XI,&lt;i&gt; Mit brennender Sorge&lt;\/i&gt;: AAS 29 (1937) 159;&lt;i&gt; Divini Redemptoris:&lt;\/i&gt; AAS 29 (1937) 79; y P\u00edo XII,&lt;i&gt; &lt;\/i&gt;radiomensaje navide\u00f1o de &lt;i&gt;1&lt;\/i&gt;942: AAS 35 (1943) 9-24&lt;i&gt;. &lt;\/i&gt;'><sup>46<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn46\" name=\"_ftnref46\"><\/a>.<\/p>\n<h4>2. <i>Armonizarlos y regularlos<\/i><\/h4>\n<p>62. M\u00e1s a\u00fan, los gobernantes tienen como deber principal el de armonizar y regular de una manera adecuada y conveniente los derechos que vinculan entre s\u00ed a los hombres en el seno de la sociedad, de tal forma que, en primer lugar, los ciudadanos, al procurar sus derechos, no impidan el ejercicio de los derechos de los dem\u00e1s; en segundo lugar, que el que defienda su propio derecho no dificulte a los otros 1a pr\u00e1ctica de sus respectivos deberes, y, por \u00faltimo, hay que mantener eficazmente 1a integridad de los derechos de todos y restablecerla en caso de haber sido violada<span id='easy-footnote-47-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-47-121336' title='Cf. P\u00edo XI,&lt;i&gt; Divini Redemptoris&lt;\/i&gt;: AAS 29 (1937) 81; y P\u00edo XII&lt;i&gt;, &lt;\/i&gt;radiomensaje navide\u00f1o de 1942: AAS 35 (1943) 9-24.'><sup>47<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4>3. <i>Favorecer su ejercicio<\/i><\/h4>\n<p>63. Es adem\u00e1s deber de quienes est\u00e1n a la cabeza del pa\u00eds trabajar positivamente para crear un estado de cosas que permita y facilite al ciudadano la defensa de sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones. De hecho, la experiencia ense\u00f1a que, cuando falta una acci\u00f3n apropiada de los poderes p\u00fablicos en 1o econ\u00f3mico, lo pol\u00edtico o lo cultural, se produce entre los ciudadanos, sobre todo en nuestra \u00e9poca, un mayor n\u00famero de desigualdades en sectores cada vez m\u00e1s amplios, resultando as\u00ed que los derechos y deberes de 1a persona humana carecen de toda eficacia pr\u00e1ctica.<\/p>\n<h4><i>4. Exigencias concretas en esta materia<\/i><\/h4>\n<p>64. Es por ello necesario que los gobiernos pongan todo su empe\u00f1o para que el desarrollo econ\u00f3mico y el progreso social avancen a mismo tiempo y para que, a medida que se desarrolla la productividad de los sistemas econ\u00f3micos, se desenvuelvan tambi\u00e9n los servicios esenciales, como son, por ejemplo, carreteras, transportes, comercio, agua potable, vivienda, asistencia sanitaria, medios que faciliten la profesi\u00f3n de la fe religiosa y, finalmente, auxilios para el descanso del esp\u00edritu. Es necesario tambi\u00e9n que las autoridades se esfuercen por organizar sistemas econ\u00f3micos de previsi\u00f3n para que al ciudadano, en el caso de sufrir una desgracia o sobrevenirle una carga mayor en las obligaciones familiares contra\u00eddas, no le falte lo necesario para llevar un tenor de vida digno. Y no menor empe\u00f1o deber\u00e1n poner las autoridades en procurar y en lograr que a los obreros aptos para el trabajo se les d\u00e9 la oportunidad de conseguir un empleo adecuado a sus fuerzas; que se pague a cada uno el salario que corresponda seg\u00fan las leyes de la justicia y de la equidad; que en las empresas puedan los trabajadores sentirse responsables de la tarea realizada; que se puedan constituir f\u00e1cilmente organismos intermedios que hagan m\u00e1s fecunda y \u00e1gil la convivencia social; que, finalmente, todos, por los procedimientos y grados oportunos, puedan participar en los bienes de la cultura.<\/p>\n<h4><i>5. Guardar un perfecto equilibrio en la regulaci\u00f3n y tutela de los derechos<\/i><\/h4>\n<p>65<i>. <\/i>Sin embargo, el bien general del pa\u00eds tambi\u00e9n exige que los gobernantes, tanto en la tarea de coordinar y asegurar los derechos de los ciudadanos como en la funci\u00f3n de irlos perfeccionando, guarden un pleno equilibrio para evitar, por un lado, que la preferencia dada a los derechos de algunos particulares o de determinados grupos venga a ser origen de una posici\u00f3n de privilegio en la naci\u00f3n, y para soslayar, por otro, el peligro de que, por defender los derechos de todos, incurran en la absurda posici\u00f3n de impedir el pleno desarrollo de los derechos de cada uno. <i>Mant\u00e9ngase siempre a salvo el principio de que la intervenci\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas en el campo econ\u00f3mico, por dilatada y profunda que sea, no s\u00f3lo no debe coartar la libre iniciativa de los particulares, sino que,<\/i><b><i> <\/i> <\/b><i>por el contrario, ha de garantizar la expansi\u00f3n de esa libre iniciativa, salvaguardando, sin embargo, inc\u00f3lumes los derechos esenciales de la persona humana<\/i><span id='easy-footnote-48-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-48-121336' title='Juan XXIII&lt;i&gt;, Mater et magistra&lt;\/i&gt;:&lt;i&gt; &lt;\/i&gt;AAS 53 (1961) 415.'><sup>48<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">66<i>. <\/i>Id\u00e9ntica finalidad han de tener las iniciativas de todo g\u00e9nero del gobierno dirigidas a facilitar al ciudadano tanto la defensa de sus derechos como e1 cumplimiento de sus deberes en todos los sectores de la vida social.<\/p>\n<h3><i><b>La constituci\u00f3n jur\u00eddico-pol\u00edtica de la sociedad<\/b><\/i><\/h3>\n<p>67<i>. <\/i>Pasando a otro tema, no puede establecerse una norma universal sobre cu\u00e1l sea la forma mejor de gobierno ni sobre los sistemas m\u00e1s adecuados para el ejercicio de las funciones p\u00fablicas, tanto en la esfera legislativa como en 1a administrativa y en la judicial.<\/p>\n<h4><i>Divisi\u00f3n de funciones y de poderes<\/i><\/h4>\n<p>68. En realidad, para determinar cu\u00e1l haya de ser la estructura pol\u00edtica de un pa\u00eds o el procedimiento apto para el ejercicio de las funciones p\u00fablicas, es necesario tener muy en cuenta la situaci\u00f3n actual y las circunstancias de cada pueblo; situaci\u00f3n y circunstancias que cambian en funci\u00f3n de los lugares y de las \u00e9pocas. Juzgamos, sin embargo, que concuerda con la propia naturaleza del hombre una organizaci\u00f3n de la convivencia compuesta por las tres clases de magistraturas que mejor respondan a la triple funci\u00f3n principal de 1a autoridad p\u00fablica; porque en una comunidad pol\u00edtica as\u00ed organizada, las funciones de cada magistratura y las relaciones entre el ciudadano y los servidores de la cosa p\u00fablica quedan definidas en t\u00e9rminos jur\u00eddicos. Tal estructura pol\u00edtica ofrece, sin duda, una eficaz garant\u00eda al ciudadano tanto en el ejercicio de sus derechos como en el cumplimiento de sus deberes.<\/p>\n<h4><i>Normas generales para el ejercicio de los tres poderes<\/i><\/h4>\n<p>69. Sin embargo, para que esta organizaci\u00f3n jur\u00eddica y pol\u00edtica de la comunidad rinda las ventajas que le son propias, es exigencia de la misma realidad que las autoridades act\u00faen y resuelvan las dificultades que surjan con procedimientos y medios id\u00f3neos, ajustados a las funciones espec\u00edficas de su competencia y a la situaci\u00f3n actual del pa\u00eds. Esto implica, adem\u00e1s, la obligaci\u00f3n que el poder legislativo tiene, en el constante cambio que 1a realidad impone, de no descuidar jam\u00e1s en su actuaci\u00f3n las normas morales, las bases constitucionales del Estado y las exigencias del bien com\u00fan. Reclama, en segundo lugar, que la administraci\u00f3n p\u00fablica resuelva todos los casos en consonancia con el derecho, teniendo a la vista la legislaci\u00f3n vigente y con cuidadoso examen cr\u00edtico de la realidad concreta. Exige, por \u00faltimo, que el poder judicial d\u00e9 a cada cual su derecho con imparcialidad plena y sin dejarse arrastrar por presiones de grupo alguno. Es tambi\u00e9n exigencia de la realidad que tanto el ciudadano como los grupos intermedios tengan a su alcance los medios legales necesarios para defender sus derechos y cumplir sus obligaciones, tanto en el terreno de las mutuas relaciones privadas como en sus contactos con los funcionarios p\u00fablicos<span id='easy-footnote-49-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-49-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: AAS 35 (1943) 21.'><sup>49<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Cautelas y requisitos que deben observar los gobernantes<\/i><\/h4>\n<p>70. Es indudable que esta ordenaci\u00f3n jur\u00eddica del Estado, la cual responde a las normas de la moral y de la justicia y concuerda con el grado de progreso de la comunidad pol\u00edtica, contribuye en gran manera al bien com\u00fan del pa\u00eds.<\/p>\n<p>71. Sin embargo, en nuestros tiempos, la vida social es tan variada, compleja y din\u00e1mica, que cualquier ordenaci\u00f3n jur\u00eddica, aun la elaborada con suma prudencia y previsora intenci\u00f3n, resulta muchas veces inadecuada frente a las necesidades.<\/p>\n<p>72. Hay que a\u00f1adir un hecho m\u00e1s: el de que las relaciones rec\u00edprocas de los ciudadanos, de los ciudadanos y de los grupos intermedios con las autoridades y, finalmente, de las distintas autoridades del Estado entre s\u00ed, resultan a veces tan inciertas y peligrosas, que no pueden encuadrarse en determinados moldes jur\u00eddicos. En tales casos, la realidad pide que los gobernantes, para mantener inc\u00f3lume la ordenaci\u00f3n jur\u00eddica del Estado en s\u00ed misma y en los principios que la inspiran, satisfacer las exigencias fundamentales de la vida social, acomodar las leyes y resolver los nuevos problemas de acuerdo con los h\u00e1bitos de la vida moderna, tengan, lo primero, una recta idea de la naturaleza de sus funciones y de los l\u00edmites de su competencia, y posean, adem\u00e1s, sentido de la equidad, integridad moral, agudeza de ingenio y constancia de voluntad en grado bastante para descubrir sin vacilaci\u00f3n lo que hay que hacer y para llevarlo a cabo a tiempo y con valent\u00eda<span id='easy-footnote-50-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-50-121336' title='Cf. Pio XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1944: AAS 37 (1945) 15-16.'><sup>50<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h4><i>Acceso del ciudadano a la vida p\u00fablica<\/i><\/h4>\n<p>73. Es una exigencia cierta de la dignidad humana que los hombres puedan con pleno derecho dedicarse a la vida p\u00fablica, si bien solamente pueden participar en ella ajust\u00e1ndose a las modalidades que concuerden con la situaci\u00f3n real de la comunidad pol\u00edtica a la que pertenecen.<\/p>\n<p>74. Por otra parte, de este derecho de acceso a la vida p\u00fablica se siguen para los ciudadanos nuevas y ampl\u00edsimas posibilidades de bien com\u00fan. Porque, primeramente, en las actuales circunstancias, los gobernantes, al ponerse en contacto y dialogar con mayor frecuencia con los ciudadanos, pueden conocer mejor los medios que m\u00e1s interesan para el bien com\u00fan, y, por otra parte, la renovaci\u00f3n peri\u00f3dica de las personas en los puestos p\u00fablicos no s\u00f3lo impide el envejecimiento de la autoridad, sino que adem\u00e1s le da la posibilidad de rejuvenecerse en cierto modo para acometer el progreso de la sociedad humana<span id='easy-footnote-51-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-51-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1942: AAS 35 (1943) 12.'><sup>51<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><i><b>Exigencias de la \u00e9poca<\/b><\/i><\/h3>\n<h4><i>Carta de los derechos del hombre<\/i><\/h4>\n<p>75. De todo 1o expuesto hasta aqu\u00ed se deriva con plena claridad que, en nuestra \u00e9poca, lo primero que se requiere en la organizaci\u00f3n jur\u00eddica del Estado es redactar, con f\u00f3rmulas concisas y claras, un compendio de los derechos fundamentales del hombre e incluirlo en la constituci\u00f3n general del Estado.<\/p>\n<h4><i>Organizaci\u00f3n de poderes<\/i><\/h4>\n<p>76. Se requiere, en segundo lugar, que, en t\u00e9rminos estrictamente jur\u00eddicos, se elabore una constituci\u00f3n p\u00fablica de cada comunidad pol\u00edtica, en la que se definan los procedimientos para designar a los gobernantes, los v\u00ednculos con los que necesariamente deban aquellos relacionarse entre s\u00ed, las esferas de sus respectivas competencias y, por \u00faltimo, las normas obligatorias que hayan de dirigir el ejercicio de sus funciones.<\/p>\n<h4><i>Relaciones autoridad-ciudadanos<\/i><\/h4>\n<p>77. Se requiere, finalmente, que se definan de modo espec\u00edfico los derechos y deberes del ciudadano en sus relaciones con las autoridades y que se prescriba de forma clara como misi\u00f3n principal delas autoridades el reconocimiento, respeto, acuerdo mutuo, tutela y desarrollo continuo de los derechos y deberes del ciudadano.<\/p>\n<h4><i>Juicio cr\u00edtico<\/i><\/h4>\n<p>78. Sin embargo, no puede aceptarse la doctrina de quienes afirman que la voluntad de cada individuo o de ciertos grupos es la fuente primaria y \u00fanica de donde brotan los derechos y deberes del ciudadano, proviene la fuerza obligatoria de la constituci\u00f3n pol\u00edtica y nace, finalmente, el poder de los gobernantes del Estado para mandar<span id='easy-footnote-52-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-52-121336' title='Cf. Le\u00f3n&lt;b&gt; &lt;\/b&gt;XIII, &lt;i&gt;Annum&lt;\/i&gt; &lt;i&gt;ingressi: &lt;\/i&gt;AL 22.52-80 (Roma 1902-1903).'><sup>52<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>79. No obstante, estas tendencias de que hemos hablado constituyen tambi\u00e9n un testimonio indudable de que en nuestro tiempo los hombres van adquiriendo una conciencia cada vez m\u00e1s viva de su propia dignidad y se sienten, por tanto, estimulados a intervenir en la ida p\u00fablica y a exigir que sus derechos personales e inviolables se defiendan en la constituci\u00f3n pol\u00edtica del pa\u00eds. No basta con esto; los hombres exigen hoy, adem\u00e1s, que las autoridades se nombren de acuerdo con las normas constitucionales y ejerzan sus funciones dentro de los t\u00e9rminos establecidos por las mismas.<\/p>\n<h2><b><i>III. Ordenaci\u00f3n de las relaciones internacionales<\/i><\/b><\/h2>\n<h3><i><b>Las relaciones internacionales deben regirse por la ley moral<\/b><\/i><\/h3>\n<p>80. Nos complace confirmar ahora con nuestra autoridad las ense\u00f1anzas que sobre el Estado expusieron repetidas veces nuestros predecesores, esto es, que las naciones son sujetos de derechos y deberes mutuos y, por consiguiente, sus relaciones deben regularse por las normas de la verdad, la justicia, la activa solidaridad y la libertad. Porque la misma ley natural que rige las relaciones de convivencia entre los ciudadanos debe regular tambi\u00e9n las relaciones mutuas entre las comunidades pol\u00edticas.<\/p>\n<p>81. Este principio es evidente para todo el que considere que los gobernantes, cuando act\u00faan en nombre de su comunidad y atienden al bien de la misma, no pueden, en modo alguno, abdicar de su dignidad natural, y, por tanto, no les es l\u00edcito en forma alguna prescindir de la ley natural, a la que est\u00e1n sometidos, ya que \u00e9sta se identifica con la propia ley moral.<\/p>\n<p>82. Es, por otra parte, absurdo pensar que los hombres, por el mero hecho de gobernar un Estado, puedan verse obligados a renunciar a su condici\u00f3n humana. Todo lo contrario, han sido elevados a tan encumbrada posici\u00f3n porque, dadas sus egregias cualidades personales, fueron considerados como los miembros m\u00e1s sobresalientes de la comunidad.<\/p>\n<p>83. M\u00e1s a\u00fan, el mismo orden moral impone dos consecuencias: una, la necesidad de una autoridad rectora en el seno de la sociedad; otra, que esa autoridad no pueda rebelarse contra tal orden moral sin derrumbarse inmediatamente, al quedar privada de su propio fundamento. Es un aviso del mismo Dios: <i>O\u00edd, pues, \u00a1oh reyes!, y entended; aprended vosotros los que domin\u00e1is los confines de la tierra. Aplicad el o\u00eddo los que imper\u00e1is sobre las muchedumbres y los que os engre\u00eds sobre la multitud de las naciones. Porque el poder os fue dado por el Se\u00f1or, y la soberan\u00eda por el Alt\u00edsimo, el cual examinar\u00e1 vuestras obras y escudri\u00f1ar\u00e1 vuestros pensamientos<\/i><span id='easy-footnote-53-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-53-121336' title='Sab 6,2-4.'><sup>53<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>84. Finalmente, es necesario recordar que tambi\u00e9n en la ordenaci\u00f3n de las relaciones internacionales la autoridad debe ejercerse de forma que promueva el bien com\u00fan de todos, ya que para esto precisamente se ha establecido.<\/p>\n<p>85. Entre las exigencias fundamentales del bien com\u00fan hay que colocar necesariamente el principio del reconocimiento del orden moral y de la inviolabilidad de sus preceptos. <i>El nuevo orden que todos los pueblos anhelan&#8230; hade alzarse sobre la roca indestructible e inmutable de la ley moral, manifestada por el mismo Creador mediante el orden natural y esculpida por El en los corazones de los hombres con caracteres indelebles&#8230; Como faro resplandeciente, la ley moral debe, con los rayos de sus principios, dirigir la ruta de la actividad de los hombres y de los Estados, los cuales habr\u00e1n de seguir <\/i><i>sus<\/i> <i>amonestadoras, saludables y provechosas indicaciones, <\/i>s\u00ed <i>no quieren condenar a la tempestad y al naufragio todo trabajo y esfuerzo para establecer un orden nuevo<\/i><span id='easy-footnote-54-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-54-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1941: AAS34 (1942) 16.'><sup>54<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><i><b>Las relaciones internacionales deben regirse por la verdad<\/b><\/i><\/h3>\n<p>86. Hay que establecer como primer principio que las relaciones internacionales deben regirse por la verdad. Ahora bien, la verdad exige que en estas relaciones se evite toda discriminaci\u00f3n racial y que, por consiguiente, se reconozca como principio sagrado e inmutable que todas las comunidades pol\u00edticas son iguales en dignidad natural. De donde se sigue que cada una de ellas tiene derecho a la existencia, al propio desarrollo, a los medios necesarios para este desarrollo y a ser, finalmente, la primera responsable en procurar y alcanzar todo lo anterior; de igual manera, cada naci\u00f3n tiene tambi\u00e9n el derecho a la buena fama y a que se le rindan los debidos honores.<\/p>\n<p>87. La experiencia ense\u00f1a que son muchas y muy grandes las diferencias entre los hombres en ciencia, virtud, inteligencia y bienes materiales. Sin embargo, este hecho no puede justificar nunca el prop\u00f3sito de servirse de la superioridad propia para someter de cualquier modo a los dem\u00e1s. Todo lo contrar\u00edo: esta superioridad implica una obligaci\u00f3n social m\u00e1s grave para ayudar a los dem\u00e1s a que logren, con el esfuerzo com\u00fan, la perfecci\u00f3n propia.<\/p>\n<p>88. De modo semejante, puede suceder que algunas naciones aventajen a otras en el grado de cultura, civilizaci\u00f3n y desarrollo econ\u00f3mico. Pero esta ventaja, lejos de ser una causa l\u00edcita para dominar injustamente a las dem\u00e1s, constituye m\u00e1s bien una obligaci\u00f3n para prestar una mayor ayuda al progreso com\u00fan de todos los pueblos.<\/p>\n<p>89. En realidad, no puede existir superioridad alguna por naturaleza entre los hombres, ya que todos ellos sobresalen igualmente por su dignidad natural. De aqu\u00ed se sigue que tampoco existen diferencias entre las comunidades pol\u00edticas por lo que respecta a su dignidad natural. Cada Estado es como un cuerpo, cuyos miembros son los seres humanos. Por otra parte, 1a experiencia ense\u00f1a que los pueblos son sumamente sensibles, y no sin raz\u00f3n, en todas aquellas cosas quede alguna manera ata\u00f1en a su propia dignidad.<\/p>\n<p>90. Exige, por \u00faltimo, la verdad que en el uso de los medios de informaci\u00f3n que la t\u00e9cnica moderna ha introducido, y que tanto sirve para fomentar y extender el mutuo conocimiento de los pueblos, se observen de forma absoluta las normas de una serena objetividad. Lo cual no proh\u00edbe, ni mucho menos, a los pueblos subrayar los aspectos positivos de su vida. Pero han de rechazarse por entero los sistemas de informaci\u00f3n que, violando los preceptos de la verdad y de la justicia, hieren la fama de cualquier pa\u00eds<span id='easy-footnote-55-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-55-121336' title='Cf P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1940: AAS33 (1941) 5-14.'><sup>55<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn55\" name=\"_ftnref55\"><\/a>.<\/p>\n<h3><i><b>Las relaciones internacionales deben regirse por la justicia<\/b><\/i><\/h3>\n<p>91. Segundo principio: las relaciones internacionales deben regularse por las normas de la justicia, lo cual exige dos cosas: el reconocimiento de los mutuos derechos y el cumplimiento de los respectivos deberes.<\/p>\n<p>92. Y como las comunidades pol\u00edticas tienen derecho a la existencia, al propio desarrollo, a obtener todos los medios necesarios para su aprovechamiento, a ser los protagonistas de esta tarea y a defender su buena reputaci\u00f3n y los honores que les son debidos, de todo ello se sigue que las comunidades pol\u00edticas tienen igualmente el deber de asegurar de modo eficaz tales derechos y de evitar cuanto pueda lesionarlos. As\u00ed como en las relaciones privadas los hombres no pueden buscar sus propios intereses con da\u00f1o injusto de los ajenos, de la misma manera, las comunidades pol\u00edticas no pueden, sin incurrir en delito, procurarse un aumento de riquezas que constituya injuria u opresi\u00f3n injusta de las dem\u00e1s naciones. Oportuna es a este respecto la sentencia de San Agust\u00edn: <i>Si se abandona la justicia, \u00bfqu\u00e9 son los reinos sino grandes latrocinios?<\/i><span id='easy-footnote-56-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-56-121336' title='&lt;i&gt;De civitate Dei&lt;\/i&gt;1.4 c.4: ML 41,115. Cf P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1939: AAS(1940) 5-13.'><sup>56<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>93. Puede suceder, y de hecho sucede, que pugnen entre s\u00ed las ventajas y provechos que las naciones intentan procurarse. Sin embargo, las diferencias quede ello surjan no deben zanjarse con las armas ni por el fraude o el enga\u00f1o, sino, como corresponde a seres humanos, por la razonable comprensi\u00f3n rec\u00edproca, el examen cuidadoso y objetivo de la realidad y un compromiso equitativo de los pareceres contrarios.<\/p>\n<h4><i>El problema de las minor\u00edas \u00e9tnicas<\/i><\/h4>\n<p>94. A este cap\u00edtulo de las relaciones internacionales pertenece de modo singular la tendencia pol\u00edtica quedes de el siglo XIX se ha ido generalizando e imponiendo, por virtud de la cual los grupos \u00e9tnicos aspiran a ser due\u00f1os de s\u00ed mismos y a constituir una sola naci\u00f3n. Y como esta aspiraci\u00f3n, por muchas causas, no siempre puede realizarse, resulta de ello la frecuente presencia de minor\u00edas \u00e9tnicas dentro de los l\u00edmites de una naci\u00f3n de raza distinta, lo cual plantea problemas de extrema gravedad.<\/p>\n<p>95. En esta materia hay que afirmar claramente que todo cuanto se haga para reprimir la vitalidad y el desarrollo de tales minor\u00edas \u00e9tnicas viola gravemente los deberes de la justicia. Violaci\u00f3n que resulta mucho m\u00e1s grave a\u00fan si esos criminales atentados van dirigidos al aniquilamiento de la raza.<\/p>\n<p>96. Responde, por el contrario, y plenamente, a lo que la justicia demanda: que los gobernantes se consagren a promover con eficacia los valores humanos de dichas minor\u00edas, especialmente en lo tocante a su lengua, cultura, tradiciones, recursos e iniciativas econ\u00f3micas<span id='easy-footnote-57-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-57-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1941: AAS34 (1942) 10-21.'><sup>57<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>97. Hay que advertir, sin embargo, que estas minor\u00edas \u00e9tnicas, bien por la situaci\u00f3n que tienen que soportar a disgusto, bien por la presi\u00f3n de los recuerdos hist\u00f3ricos, propenden muchas veces a exaltar m\u00e1s de lo debido sus caracter\u00edsticas raciales propias, hasta el punto de anteponerlas a los valores comunes propios de todos los hombres, como si el bien de la entera familia humana hubiese de subordinarse al bien de una estirpe. Lo razonable, en cambio, es que tales grupos \u00e9tnicos reconozcan tambi\u00e9n las ventajas que su actual situaci\u00f3n les ofrece, ya que contribuye no poco a su perfeccionamiento humano el contacto diario con los ciudadanos de una cultura distinta, cuyos valores propios puedan ir as\u00ed poco a poco asimilando. Esta asimilaci\u00f3n s\u00f3lo podr\u00e1 lograrse cuando las minor\u00edas se decidan a participar amistosamente en los usos y tradiciones de los pueblos que las circundan; pero no podr\u00e1 alcanzarse si las minor\u00edas fomentan los mutuos roces, que acarrean da\u00f1os innumerables y retrasan el progreso civil de las naciones.<\/p>\n<h3><i><b>Las relaciones internacionales deben regirse por el principio de la solidaridad activa<\/b><\/i><\/h3>\n<h4><i>Asociaciones, colaboraci\u00f3n e intercambios<\/i><\/h4>\n<p>98. Como las relaciones internacionales deben regirse por las normas de la verdad y de la justicia, por ello han de incrementarse por medio de una activa solidaridad f\u00edsica y espiritual. Esta puede lograrse mediante m\u00faltiples formas de asociaci\u00f3n, como ocurre en nuestra \u00e9poca, no sin \u00e9xito, en lo que ata\u00f1e a la econom\u00eda, la vida social y pol\u00edtica, la cultura, la salud y el deporte. En este punto es necesario tener a la vista que la autoridad p\u00fablica, por su propia naturaleza, no se ha establecido para recluir forzosamente al ciudadano dentro de los l\u00edmites geogr\u00e1ficos de la propia naci\u00f3n, sino para asegurar ante todo el bien com\u00fan, el cual no puede ciertamente separarse del bien propio de toda la familia humana.<\/p>\n<p>99. Esto implica que las comunidades pol\u00edticas, al procurar sus propios intereses, no solamente no deben perjudicar a las dem\u00e1s, sino que tambi\u00e9n todas ellas han de unir sus prop\u00f3sitos y esfuerzos, siempre que la acci\u00f3n aislada de alguna no baste para conseguirlos fines apetecidos; en esto hay que prevenir con todo empe\u00f1o que lo que es ventajoso para ciertas naciones no acarree a las otras m\u00e1s da\u00f1os que utilidades.<\/p>\n<p>100. Por \u00faltimo, el bien com\u00fan universal requiere que en cada naci\u00f3n se fomente toda clase de intercambios entre los ciudadanos y los grupos intermedios. Porque, existiendo en muchas partes del mundo grupos \u00e9tnicos m\u00e1s o menos diferentes, hay que evitar que se impida la comunicaci\u00f3n mutua entre las personas que pertenecen a unas u otras razas; lo cual est\u00e1 en abierta oposici\u00f3n con el car\u00e1cter de nuestra \u00e9poca, que ha borrado, o casi borrado, las distancias internacionales. No ha de olvidarse tampoco que los hombres de cualquier raza poseen, adem\u00e1s de los caracteres propios que los distinguen de los dem\u00e1s, otros e important\u00edsimos que les son comunes con todos los hombres, caracteres que pueden mutuamente desarrollarse y perfeccionarse, sobre todo en lo que concierne a los valores del esp\u00edritu. Tienen, por tanto, el deber y el derecho de convivir con cuantos est\u00e1n socialmente unidos a ellos.<\/p>\n<p>101. Es un hecho de todos conocido que en algunas regiones existe evidente desproporci\u00f3n entre la extensi\u00f3n de tierras cultivables y el n\u00famero de habitantes; en otras, entre las riquezas del suelo y los instrumentos disponibles para el cultivo; por consiguiente, es preciso que haya una colaboraci\u00f3n internacional para procurar un f\u00e1cil intercambio de bienes, capitales y personas<span id='easy-footnote-58-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-58-121336' title='Cf. Juan XXIII, &lt;i&gt;Mater et magistra: &lt;\/i&gt;AAS53 (1961) 439.'><sup>58<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>102. En tales casos, juzgamos lo m\u00e1s oportuno que, en la medida posible, el capital busque al trabajador, y no al contrario. Porque as\u00ed se ofrece a muchas personas la posibilidad de mejorar su situaci\u00f3n familiar, sin verse constre\u00f1idas a emigrar penosamente a otros pa\u00edses, abandonando el suelo patrio, y emprender una nueva vida, adapt\u00e1ndose a las costumbres de un medio distinto.<\/p>\n<h4><i>La situaci\u00f3n de los exiliados pol\u00edticos<\/i><\/h4>\n<p>103. El paterno amor con que Dios nos mueve a amar a todos los hombres nos hace sentir una profunda aflicci\u00f3n ante el infortunio de quienes se ven expulsados de su patria por motivos pol\u00edticos. La multitud de estos exiliados, innumerables sin duda en nuestra \u00e9poca, se ve acompa\u00f1ada constantemente por muchos e incre\u00edbles dolores.<\/p>\n<p>104. Tan triste situaci\u00f3n demuestra que los gobernantes de ciertas naciones restringen excesivamente los l\u00edmites de la justa libertad, dentro de los cuales es l\u00edcito al ciudadano vivir con decoro una vida humana. M\u00e1s a\u00fan: en tales naciones, a veces, hasta el derecho mismo a la libertad se somete a discusi\u00f3n o incluso queda totalmente suprimido. Cuando esto sucede, todo el recto orden de la sociedad civil se subvierte; por que la autoridad p\u00fablica est\u00e1 destinada, por su propia naturaleza, a asegurar el bien de la comunidad, cuyo deber principal es reconocer el \u00e1mbito justo de la libertad y salvaguardar santamente sus derechos.<\/p>\n<p>105. Por esta causa, no est\u00e1 dem\u00e1s recordar aqu\u00ed a todos que los exiliados pol\u00edticos poseen la dignidad propia de la persona y se les deben reconocer los derechos consiguientes, los cuales no han podido perder por haber sido privados de la ciudadan\u00eda en su naci\u00f3n respectiva.<\/p>\n<p>106. Ahora bien, entre los derechos de la persona humana debe contarse tambi\u00e9n el de que pueda l\u00edcitamente cualquiera emigrar a la naci\u00f3n donde espere que podr\u00e1 atender mejor a s\u00ed mismo y a su familia. Por lo cual es un deber de las autoridades p\u00fablicas admitir a los extranjeros que llegan y, en cuanto lo permita el verdadero bien de su comunidad, favorecerlos prop\u00f3sitos de quienes pretenden incorporarse a ella como nuevos miembros.<\/p>\n<p>107. Por estas razones, aprovechamos la presente oportunidad para alabar p\u00fablicamente todas las iniciativas promovidas por la solidaridad humana o por la cristiana caridad y dirigidas a aliviarlos sufrimientos de quienes se ven forzados a abandonar sus pa\u00edses.<\/p>\n<p>108. Y no podemos dejar de invitara todos los hombres de buen sentido a alabar las instituciones internacionales que se consagran \u00edntegramente a tan trascendental problema.<\/p>\n<h4><i>La carrera de armamentos y el desarme<\/i><\/h4>\n<p>109. En sentido opuesto vemos, con gran dolor, c\u00f3mo en las naciones econ\u00f3micamente m\u00e1s desarrolladas se han estado fabricando, y se fabrican todav\u00eda, enormes armamentos, dedicando a su construcci\u00f3n una suma inmensa de energ\u00edas espirituales y materiales. Con esta pol\u00edtica resulta que, mientras los ciudadanos de tales naciones se ven obligados a soportar sacrificios muy graves, otros pueblos, en cambio, quedan sin las ayudas necesarias para su progreso econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<p>110. La raz\u00f3n que suele darse para justificar tales preparativos militares es que hoy d\u00eda la paz, as\u00ed dicen, no puede garantizarse s\u00ed no se apoya en una paridad de armamentos. Por lo cual, tan pronto como en alguna parte se produce un aumento del poder\u00edo militar, se provoca en otras una desenfrenada competencia para aumentar tambi\u00e9n las fuerzas armadas. Y si una naci\u00f3n cuenta con armas at\u00f3micas, las dem\u00e1s procuran dotarse del mismo armamento, con igual poder destructivo.<\/p>\n<p>111. La consecuencia es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con \u00edmpetu horrible. No les falta raz\u00f3n, porque las armas son un hecho. Y si bien parece dif\u00edcilmente cre\u00edble que haya hombres con suficiente osad\u00eda para tomar sobre s\u00ed la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucci\u00f3n que acarrear\u00eda una guerra, resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e inesperadamente provocar el incendio b\u00e9lico. Y, adem\u00e1s, aunque el poder\u00edo monstruoso de los actuales medios militares disuada hoy a los hombres de emprender una guerra, siempre se puede, sin embargo, temer que los experimentos at\u00f3micos realizados con fines b\u00e9licos, si no cesan, pongan en grave peligro toda clase de vida en nuestro planeta.<\/p>\n<p>112. Por lo cual la justicia, la recta raz\u00f3n y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simult\u00e1neamente; que se proh\u00edban las armas at\u00f3micas; que, por \u00faltimo, todos los pueblos, en virtud de un acuerdo, lleguen a un desarme simult\u00e1neo, controlado por mutuas y eficaces garant\u00edas. <i>No se debe permitir <\/i>-advert\u00eda nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII- <i>que la tragedia de una guerra mundial, con <\/i>sus <i>ruinas econ\u00f3micas y sociales y sus aberraciones y perturbaciones morales, caiga por tercera vez sobre la humanidad<\/i><span id='easy-footnote-59-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-59-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje de 1941: AAS 34 (1942) 25; y Benedicto XV, &lt;i&gt;Exhortaci\u00f3n a los gobernantes de las naciones en guerra, &lt;\/i&gt;1 de agosto de 1917: AAS 9 (1917) 18.'><sup>59<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>113<b>. <\/b>Todos deben, sin embargo, convencerse que ni el cese en la carrera de armamentos, ni la reducci\u00f3n de las armas, ni, lo que es fundamental, el desarme general son posibles si este desarme no es absolutamente completo y llega hasta las mismas conciencias; es decir, si no se esfuerzan todos por colaborar cordial y sinceramente en eliminar de los corazones el temor y la angustiosa perspectiva de la guerra. Esto, a su vez, requiere que esa norma suprema que hoy se sigue para mantenerla paz se sustituya por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino \u00fanicamente en la confianza rec\u00edproca. Nos confiamos que es \u00e9ste un objetivo asequible. Se trata, en efecto, de una exigencia que no s\u00f3lo est\u00e1 dictada por las normas de la recta raz\u00f3n, sino que adem\u00e1s es en s\u00ed misma deseable en grado sumo y extraordinariamente fecunda en bienes.<\/p>\n<p>114. Es, en primer lugar, una exigencia dictada por la raz\u00f3n. En realidad, como todos saben, o deber\u00edan saber, las relaciones internacionales, como las relaciones individuales, han de regirse no por la fuerza de las armas, sino por las normas de la recta raz\u00f3n, es decir, las normas de la verdad, de la justicia y de una activa solidaridad.<\/p>\n<p>115. Decimos, en segundo lugar, que es un objetivo sumamente deseable. \u00bfQui\u00e9n, en efecto, no anhela con ardent\u00edsimos deseos que se eliminen los peligros de una guerra, se conserve inc\u00f3lume la paz y se consolide \u00e9sta con garant\u00edas cada d\u00eda m\u00e1s firmes?<\/p>\n<p>116. Por \u00faltimo, este objetivo es extraordinariamente fecundo en bienes, porque sus ventajas alcanzan a todos sin excepci\u00f3n, es decir, a cada persona, a los hogares, a los pueblos, a la entera familia humana. Como lo advert\u00eda nuestro predecesor P\u00edo XII con palabras de aviso que todav\u00eda resuenan vibrantes en nuestros o\u00eddos: <i>Nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra<\/i><span id='easy-footnote-60-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-60-121336' title='Cf. P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1939: AAS31 (1939) 334.'><sup>60<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn60\" name=\"_ftnref60\"><\/a>.<\/p>\n<p>117. Por todo ello, Nos, como vicario de Jesucristo, Salvador del mundo y autor de la paz, interpretando los m\u00e1s ardientes votos de toda la familia humana y movido por un paterno amor hacia todos los hombres, consideramos deber nuestro rogar y suplicar a 1a humanidad entera, y sobre todo a los gobernantes, que no perdonen esfuerzos ni fatigas hasta lograr que el desarrollo de la vida humana concuerde con la raz\u00f3n y la dignidad del hombre.<\/p>\n<p>118. Que en las asambleas m\u00e1s previsoras y autorizadas se examine a fondo la manera de lograr que las relaciones internacionales se ajusten en todo el mundo a un equilibrio m\u00e1s humano, o sea a un equilibrio fundado en la confianza rec\u00edproca, la sinceridad en los pactos y el cumplimiento de las condiciones acordadas. Exam\u00ednese el problema en toda su amplitud, de forma que pueda lograrse un punto de arranque s\u00f3lido para iniciar una serie de tratados amistosos, firmes y fecundos.<\/p>\n<p>119.Por nuestra parte, Nos no cesaremos de rogar a Dios para que su sobrenatural ayuda d\u00e9 prosperidad fecunda a estos trabajos.<\/p>\n<h3><i><b>Las relaciones internacionales deben regirse por la libertad<\/b><\/i><\/h3>\n<p>120. Hay que indicar otro principio: el de que las relaciones internacionales deben ordenarse seg\u00fan una norma de libertad. El sentido de este principio es que ninguna naci\u00f3n tiene derecho a oprimir injustamente a otras o a interponerse de forma indebida en sus asuntos. Por el contrario, es indispensable que todas presten ayuda a las dem\u00e1s, a fin de que estas \u00faltimas adquieran una conciencia cada vez mayor de sus propios deberes, acometan nuevas y \u00fatiles empresas y act\u00faen como protagonistas de su propio desarrollo en todos los sectores.<\/p>\n<p>121. Habida cuenta de la comunidad de origen, de redenci\u00f3n cristiana y de fin sobrenatural que vincula mutuamente a todos los hombres y los llama a constituir una sola familia cristiana, hemos exhortado en la enc\u00edclica <i>Mater et magistra <\/i>a las comunidades pol\u00edticas econ\u00f3micamente m\u00e1s desarrolladas a colaborar de m\u00faltiples formas con aquellos pa\u00edses cuyo desarrollo econ\u00f3mico est\u00e1 todav\u00eda en curso<span id='easy-footnote-61-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-61-121336' title='Cf. AAS 53 (1961) 440-441.'><sup>61<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>122. Reconocemos ahora, con gran consuelo nuestro, que tales invitaciones han tenido amplia acogida, y confiamos que seguir\u00e1n encontrando aceptaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s extensa todav\u00eda en el futuro, de tal manera que aun los pueblos m\u00e1s necesitados alcancen pronto un desarrollo econ\u00f3mico tal, que permita a sus ciudadanos llevar una vida m\u00e1s conforme con la dignidad humana.<\/p>\n<p>123. Pero siempre ha de tenerse muy presente una cautela: que esa ayuda a las dem\u00e1s naciones debe prestarse de tal forma que su libertad quede inc\u00f3lume y puedan ellas ser necesariamente las protagonistas decisivas y las principales responsables de la labor de su propio desarrollo econ\u00f3mico y social.<\/p>\n<p>124. En este punto, nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII dej\u00f3 escrito un saludable aviso: <i>Un nuevo orden, fundado sobre los principios morales, proh\u00edbe absolutamente la lesi\u00f3n de la libertad, de la integridad y de la seguridad de otras naciones, cualesquiera que sean su extensi\u00f3n territorial y su capacidad defensiva. Si es inevitable que los grandes Estados, por sus mayores posibilidades y su poder\u00edo, tracen el camino para la constituci\u00f3n de grupos econ\u00f3micos entre ellos y naciones m\u00e1s peque\u00f1as y m\u00e1s d\u00e9biles, es, sin embargo, indiscutible -como para todos en el marco del inter\u00e9s general- el derecho de \u00e9stas al respeto de su libertad en el campo pol\u00edtico, a la eficaz guarda de aquella neutralidad en los conflictos entre los Estados que les corresponde seg\u00fan el derecho natural y de gentes, a la tutela de su propio desarrollo econ\u00f3mico, pues tan s\u00f3lo as\u00ed podr\u00e1n conseguir adecuadamente el bien com\u00fan, el bienestar material y espiritual del propio pueblo<\/i><span id='easy-footnote-62-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-62-121336' title='P\u00edo XII, radiomensaje navide\u00f1o de 1941: AAS 34 (1942) 16-17.'><sup>62<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn62\" name=\"_ftnref62\"><\/a>.<\/p>\n<p>125. As\u00ed, pues, es necesario que las naciones m\u00e1s ricas, al socorrer de m\u00faltiples formas a las m\u00e1s necesitadas, respeten con todo esmero las caracter\u00edsticas propias de cada pueblo y sus instituciones tradicionales, e igualmente se abstengan de cualquier intento de dominio pol\u00edtico. Haci\u00e9ndolo as\u00ed, se contribuir\u00e1 no poco a formar una especie de comunidad de todos los pueblos, dentro de la cual cada Estado, consciente de sus deberes y de sus derechos, colaborar\u00e1, en plano de igualdad, en pro de la prosperidad de todos los dem\u00e1s pa\u00edses<span id='easy-footnote-63-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-63-121336' title='Juan XXIII, &lt;i&gt;Mater et magistra: &lt;\/i&gt;AAS 53 (1961) 443.'><sup>63<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><i><b>Convicciones y esperanzas de la hora actual<\/b><\/i><\/h3>\n<p>126. Se ha ido generalizando cada vez m\u00e1s en nuestros tiempos la profunda convicci\u00f3n de que las diferencias que eventualmente surjan entre los pueblos deben resolverse no con las armas, sino por medio de negociaciones y convenios.<\/p>\n<p>127. Esta convicci\u00f3n, hay que confesarlo, nace, en la mayor parte de los casos, de la terrible potencia destructora que los actuales armamentos poseen y del temor a las horribles calamidades y ruinas que tales armamentos acarrear\u00edan. Por esto, en nuestra \u00e9poca, que se jacta de poseer la energ\u00eda at\u00f3mica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado.<\/p>\n<p>128. Sin embargo, vemos, por desgracia, muchas veces c\u00f3mo los pueblos se ven sometidos al temor como a ley suprema, e invierten, por lo mismo, grandes presupuestos en gastos militares. justifican este proceder -y no hay motivo para ponerlo en duda- diciendo que no es el prop\u00f3sito de atacar el que los impulsa, sino el de disuadir a los dem\u00e1s de cualquier ataque.<\/p>\n<p>129. Esto no obstante, cabe esperar que los pueblos, por medio de relaciones y contactos institucionalizados, lleguen a conocer mejor los v\u00ednculos sociales con que la naturaleza humana los une entre s\u00ed y a comprender con claridad creciente que entre los principales deberes de la com\u00fan naturaleza humana hay que colocar el de que las relaciones individuales e internacionales obedezcan al amor y no al temor, porque ante todo es propio del amor llevar a los hombres a una sincera y m\u00faltiple colaboraci\u00f3n material y espiritual, de la que tantos bienes pueden derivarse para ellos.<\/p>\n<h2><b><i>IV. Ordenaci\u00f3n de las relaciones mundiales<\/i><\/b><\/h2>\n<h3><i><b>La interdependencia de los Estados en lo social, pol\u00edtico y econ\u00f3mico<\/b><\/i><\/h3>\n<p>130. Los recientes progresos de la ciencia y de la t\u00e9cnica, que han logrado repercusi\u00f3n tan profunda en la vida humana, estimulan a los hombres, en todo el mundo, a unir cada vez m\u00e1s sus actividades y asociarse entre s\u00ed. Hoy d\u00eda ha experimentado extraordinario aumento el intercambio de productos, ideas y poblaciones. Por esto se han multiplicado sobremanera las relaciones entre los individuos, las familias y las asociaciones intermedias de las distintas naciones, y se han aumentado tambi\u00e9n los contactos entre los gobernantes de los diversos pa\u00edses. Al mismo tiempo se ha acentuado la interdependencia entre las m\u00faltiples econom\u00edas nacionales; los sistemas econ\u00f3micos de los pueblos se van cohesionando gradualmente entre s\u00ed, hasta el punto de quede todos ellos resulta una especie de econom\u00eda universal; en fin, el progreso social, el orden, la seguridad y la tranquilidad de cualquier Estado guardan necesariamente estrecha relaci\u00f3n con los<b> <\/b>de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>131. En tales circunstancias es evidente que ning\u00fan pa\u00eds puede, separado de los otros, atender como es debido a su provecho y alcanzar de manera completa su perfeccionamiento. Porque la prosperidad o el progreso de cada pa\u00eds son en parte efecto y en parte causa de la prosperidad y del progreso de los dem\u00e1s pueblos.<\/p>\n<h3><b><i>La autoridad pol\u00edtica es hoy insuficiente para lograr el bien com\u00fan universal<\/i><\/b><\/h3>\n<p>132. Ninguna \u00e9poca podr\u00e1 borrar la unidad social de los hombres, puesto que consta de individuos que poseen con igual derecho una misma dignidad natural. Por esta causa, ser\u00e1 siempre necesario, por imperativos de la misma naturaleza, atender debidamente al bien universal, es decir, al que afecta a toda la familia humana.<\/p>\n<p>133. En otro tiempo, los jefes de los Estados pudieron, al parecer, velar suficientemente por el bien com\u00fan universal; para ello se val\u00edan del sistema de las embajadas, las reuniones y conversaciones de sus pol\u00edticos m\u00e1s eminentes, los pactos y convenios internacionales. En una palabra, usaban los m\u00e9todos y procedimientos que se\u00f1alaban el derecho natural, el derecho de gentes o el derecho internacional com\u00fan.<\/p>\n<p>134. En nuestros d\u00edas, las relaciones internacionales han sufrido grandes cambios. Porque, de una parte, el bien com\u00fan de todos los pueblos plantea problemas de suma gravedad, dif\u00edciles y que exigen inmediata soluci\u00f3n, sobre todo en lo referente a la seguridad y la paz del mundo entero; de otra, los gobernantes de los diferentes Estados, como gozan de igual derecho, por m\u00e1s que multipliquen las reuniones y los esfuerzos para encontrar medios jur\u00eddicos m\u00e1s aptos, no lo logran en grado suficiente, no porque les falten voluntad y entusiasmo, sino porque su autoridad carece del poder necesario.<\/p>\n<p>135. Por consiguiente, en las circunstancias actuales de la sociedad, tanto la constituci\u00f3n y forma de los Estados como el poder que tiene la autoridad p\u00fablica en todas las naciones del<b> <\/b>mundo deben considerarse insuficientes para promover el bien com\u00fan de los pueblos.<\/p>\n<h3><b><i>Es necesaria una autoridad p\u00fablica de alcance mundial<\/i><\/b><\/h3>\n<p>136. Ahora bien, si se examinan con atenci\u00f3n, por una parte, el contenido intr\u00ednseco del bien com\u00fan, y, por otra, la naturaleza y el ejercicio de la autoridad p\u00fablica, todos habr\u00e1n de reconocer que entre ambos existe una imprescindible conexi\u00f3n. Porque el orden moral, de la misma manera que exige una autoridad p\u00fablica para promover el bien com\u00fan en la sociedad civil, as\u00ed tambi\u00e9n requiere que dicha autoridad pueda lograrlo efectivamente. De aqu\u00ed nace que las instituciones civiles -en medio de las cuales la autoridad p\u00fablica se desenvuelve, act\u00faa y obtiene su fin- deben poseer una forma y eficacia tales que puedan alcanzar el bien com\u00fan por las v\u00edas y los procedimientos m\u00e1s adecuados a las distintas situaciones de la realidad.<\/p>\n<p>137.Y como hoy el bien com\u00fan de todos los pueblos plantea problemas que afectan a todas las naciones<b>, <\/b>y como semejantes problemas solamente puede afrontarlos una autoridad p\u00fablica cuyo poder, estructura y medios sean suficientemente amplios y cuyo radio de acci\u00f3n tenga un alcance mundial, resulta, en consecuencia, que, por imposici\u00f3n del mismo orden moral, es preciso constituir una autoridad p\u00fablica general.<\/p>\n<h3><b><i>La autoridad mundial debe establecerse por acuerdo general de las naciones<\/i><\/b><\/h3>\n<p>138. Esta autoridad general, cuyo poder debe alcanzar vigencia en el mundo entero y poseer medios id\u00f3neos para conducir al bien com\u00fan universal, ha de establecerse con el consentimiento de todas las naciones y no imponerse por la fuerza. La raz\u00f3n de esta necesidad reside en que, debiendo tal autoridad desempe\u00f1ar eficazmente su funci\u00f3n, es menester que sea imparcial para todos, ajena por completo a los partidismos y dirigida al bien com\u00fan de todos los pueblos. Porque si las grandes potencias impusieran por la fuerza esta autoridad mundial, con raz\u00f3n ser\u00eda de temer que sirviese al provecho de unas cuantas o estuviese del lado de una naci\u00f3n determinada, y por ello el valor y la eficacia de su actividad quedar\u00edan comprometidos. Aunque las naciones presenten grandes diferencias entre s\u00ed en su grado de desarrollo econ\u00f3mico o en su potencia militar, defienden, sin embargo, con singular energ\u00eda la igualdad jur\u00eddica y la dignidad de su propia manera de vida. Por esto, con raz\u00f3n, los Estados no se resignan a obedecer a los poderes que se les imponen por la fuerza, o a cuya constituci\u00f3n no han contribuido, o a los que no se han adherido libremente.<\/p>\n<h3><b><i>La autoridad mundial debe proteger los derechos de la persona humana<\/i><\/b><\/h3>\n<p>139. As\u00ed como no se puede juzgar del bien com\u00fan de una naci\u00f3n sin tener en cuenta la persona humana, lo mismo debe decirse del bien com\u00fan general; por lo que la autoridad p\u00fablica mundial ha de tender principalmente a que los derechos de la persona humana se reconozcan, se tengan en el debido honor, se conserven inc\u00f3lumes y se aumenten en realidad. Esta protecci\u00f3n de los derechos del hombre puede realizarla o la propia autoridad mundial por s\u00ed misma, si la realidad lo permite, o bien creando en todo el mundo un ambiente dentro del cual los gobernantes de los distintos pa\u00edses puedan cumplir sus funciones con mayor facilidad.<\/p>\n<h3><b><i>El principio de subsidiariedad en el plano mundial<\/i><\/b><\/h3>\n<p>140. Adem\u00e1s, as\u00ed como en cada Estado es preciso que las relaciones que median entre la autoridad p\u00fablica y los ciudadanos, las familias y los grupos intermedios, se regulen y gobiernen por el principio de la acci\u00f3n subsidiaria, es justo que las relaciones entre la autoridad p\u00fablica mundial y las autoridades p\u00fablicas de cada naci\u00f3n se regulen y rijan por el mismo principio. Esto significa que la misi\u00f3n propia de esta autoridad mundial es examinar y resolver los problemas relacionados con el bien com\u00fan universal en el orden econ\u00f3mico, social, pol\u00edtico o cultural, ya que estos problemas, por su extrema gravedad, amplitud extraordinaria y urgencia inmediata, presentan dificultades superiores a las que pueden resolver satisfactoriamente los gobernantes de cada naci\u00f3n.<\/p>\n<p>141. Es decir, no corresponde a esta autoridad mundial limitar la esfera de acci\u00f3n o invadir la competencia propia de la autoridad p\u00fablica de cada Estado. Por el contrario, la autoridad mundial debe procurar que en todo el mundo se cree un ambiente dentro del cual no s\u00f3lo los poderes p\u00fablicos de cada naci\u00f3n, sino tambi\u00e9n los individuos y los grupos intermedios, puedan con mayor seguridad realizar sus funciones, cumplir sus deberes y defender sus derechos<span id='easy-footnote-64-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-64-121336' title='P\u00edo XII, alocuci\u00f3n a los j\u00f3venes de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Italiana, 12 de septiembre de 1948: AAS 40 (1948) 412.'><sup>64<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><b><i>La organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas<\/i><\/b><\/h3>\n<p>142. Como es sabido, e1 26 de junio de 1945 se cre\u00f3 1a Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas, conocida con la sigla ONU, a la que se agregaron despu\u00e9s otros organismos inferiores, compuestos de miembros nombrados por la autoridad p\u00fablica de las diversas naciones; a \u00e9stos les han sido confiadas misiones de gran importancia y de alcance mundial en lo referente a la vida econ\u00f3mica y social, cultural, educativa y sanitaria. Sin embargo, el objetivo fundamental que se confi\u00f3 a la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas es asegurar y consolidar la paz internacional, favorecer y desarrollar las relaciones de amistad entre los pueblos, basadas en los principios de igualdad, mutuo respeto y m\u00faltiple colaboraci\u00f3n en todos los sectores de la actividad humana.<\/p>\n<p>143. Argumento decisivo de la misi\u00f3n de la ONU es la <i>Declaraci\u00f3n universal de los derechos del hombre, <\/i>que la Asamblea general ratific\u00f3 el 10 de diciembre de 1948. En el pre\u00e1mbulo de esta <i>Declaraci\u00f3n <\/i>se proclama como objetivo b\u00e1sico, que deben proponerse todos los pueblos y naciones, el reconocimiento y el respeto efectivo de todos los derechos y todas las formas de la libertad recogidas en tal<b> <\/b><i>Declaraci\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p>144. No se nos oculta que ciertos cap\u00edtulos de esta <i>Declaraci\u00f3n <\/i>han suscitado algunas objeciones fundadas. juzgamos, sin embargo, que esta <i>Declaraci\u00f3n <\/i>debe considerarse un primer paso introductorio para el establecimiento de una constituci\u00f3n jur\u00eddica y pol\u00edtica de todos los pueblos del mundo. En dic<i>ha Declaraci\u00f3n <\/i>se reconoce solemnemente a todos los hombres sin excepci\u00f3n la dignidad de la persona humana y se afirman todos los derechos que todo hombre tiene a buscar libremente la verdad, respetar las normas morales, cumplir los deberes de la justicia, observar una vida decorosa y otros derechos \u00edntimamente vinculados con \u00e9stos.<\/p>\n<p>145. Deseamos, pues, vehementemente que la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas pueda ir acomodando cada vez mejor sus estructuras y medios a la amplitud y nobleza de sus objetivos. \u00a1Ojal\u00e1 llegue pronto el tiempo en que esta Organizaci\u00f3n pueda garantizar con eficacia los derechos del hombre!, derechos que, por brotar inmediatamente de la dignidad de la persona humana, son universales, inviolables e inmutables. Tanto mas cuanto que hoy los hombres, por participar cada vez m\u00e1s activamente en los asuntos p\u00fablicos de sus respectivas naciones, siguen con creciente inter\u00e9s la vida de los dem\u00e1s pueblos y tienen una conciencia cada d\u00eda m\u00e1s honda de pertenecer como miembros vivos a la gran comunidad mundial.<\/p>\n<h2><b>V. Normas para la acci\u00f3n temporal del cristiano<\/b><\/h2>\n<h3><b><i>Presencia activa en todos los campos<\/i><\/b><\/h3>\n<p>146. Al llegar aqu\u00ed exhortamos de nuevo a nuestros hijos a participar activamente en la vida p\u00fablica y colaborar en el progreso del bien com\u00fan de todo el g\u00e9nero humano y de su propia naci\u00f3n. Iluminados por la luz de la fe cristiana y guiados por la caridad, deben procurar con no menor esfuerzo que las instituciones de car\u00e1cter econ\u00f3mico, social, cultural o pol\u00edtico, lejos de crear a los hombres obst\u00e1culos, les presten ayuda positiva para su personal perfeccionamiento, as\u00ed en el orden natural como en el sobrenatural.<\/p>\n<h4><i>Cultura, t\u00e9cnica y experiencia<\/i><\/h4>\n<p>147. Sin embargo, para imbuir la vida p\u00fablica de un pa\u00eds con rectas normas y principios cristianos, no basta que nuestros hijos gocen de la luz sobrenatural de la fe y se muevan por el deseo de promover el bien; se requiere, adem\u00e1s, que penetren en las instituciones de la misma vida p\u00fablica y act\u00faen con eficacia desde dentro de ellas.<\/p>\n<p>148. Pero como la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea se caracteriza sobre todo por un elevado \u00edndice cient\u00edfico y t\u00e9cnico, nadie puede penetrar en las instituciones p\u00fablicas<b> <\/b>si no posee cultura cient\u00edfica, idoneidad t\u00e9cnica y experiencia profesional.<\/p>\n<h4><i>Virtudes morales y valores del esp\u00edritu<\/i><\/h4>\n<p>149. Todas estas cualidades deben ser consideradas insuficientes por completo para dar a las relaciones de la vida diaria un sentido m\u00e1s humano, ya que este sentido requiere necesariamente como fundamento la verdad; como medida, la justicia; como fuerza impulsora, la caridad, y como h\u00e1bito normal, la libertad.<\/p>\n<p>150. Para que los hombres puedan practicar realmente estos principios han de esforzarse, lo primero, por observar, en el desempe\u00f1o de sus actividades temporales, las leyes propias de cada una y los m\u00e9todos que responden a su espec\u00edfica naturaleza; lo segundo, han de ajustar sus actividades personales al orden moral y, por consiguiente, han de proceder como quien ejerce un derecho o cumple una obligaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan: la raz\u00f3n exige que los hombres, obedeciendo a los designios providenciales de Dios relativos a nuestra salvaci\u00f3n y teniendo muy en cuenta los dictados de la propia conciencia, se consagren a la acci\u00f3n temporal, conjugando plenamente las realidades cient\u00edficas, t\u00e9cnicas y profesionales con los bienes superiores del esp\u00edritu.<\/p>\n<h3><i><b>Coherencia entre la fe y la conducta<\/b><\/i><\/h3>\n<p>151. Es tambi\u00e9n un hecho evidente que, en las naciones de antigua tradici\u00f3n cristiana, las instituciones civiles florecen hoy con un indudable progreso cient\u00edfico y poseen en abundancia los instrumentos precisos para llevar a cabo cualquier empresa; pero con frecuencia se observa en ellas un debilitamiento del est\u00edmulo y de la inspiraci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>152. Hay quien pregunta, con raz\u00f3n, c\u00f3mo puede haberse producido este hecho. Porque a la instituci\u00f3n de esas leyes contribuyeron no poco, y siguen contribuyendo a\u00fan, personas que profesan la fe cristiana y que, al menos en parte, ajustan realmente su vida a las normas evang\u00e9licas. La causa de este fen\u00f3meno creemos que radica en la incoherencia entre su fe y su conducta. Es, por consiguiente, necesario que se restablezca en ellos la unidad del pensamiento y de la voluntad, de tal forma que su acci\u00f3n quede anima da al mismo tiempo por la luz de la fe y el impulso de la caridad.<\/p>\n<p>153. La inconsecuencia que demasiadas veces ofrecen los cristianos entre su fe y su conducta, juzgamos que nace tambi\u00e9n de su insuficiente formaci\u00f3n en la moral y en la doctrina cristiana. Porque sucede con demasiada frecuencia en muchas partes que los fieles no dedican igual intensidad a la instrucci\u00f3n religiosa y a la instrucci\u00f3n profana; mientras en \u00e9sta llegan a alcanzar los grados superiores, en aqu\u00e9lla no pasan ordinariamente del grado elemental. Es, por tanto, del todo indispensable que la formaci\u00f3n de la juventud sea integral, continua y pedag\u00f3gicamente adecuada, para que la cultura religiosa y la formaci\u00f3n del sentido moral vayan a la par con el conocimiento cient\u00edfico y con el incesante progreso de la t\u00e9cnica. Es, adem\u00e1s, necesario que los j\u00f3venes se formen para el ejercicio adecuado de sus tareas en el orden profesional<span id='easy-footnote-65-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-65-121336' title='Cf. Juan XXIII, &lt;i&gt;Mater et magistra&lt;\/i&gt;: AAS 53 (1961) 454.'><sup>65<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn65\" name=\"_ftnref65\"><\/a>.<\/p>\n<h3><i><b>Dinamismo creciente en la acci\u00f3n temporal<\/b><\/i><\/h3>\n<p>154. Es \u00e9sta, sin embargo, ocasi\u00f3n oportuna para hacer una advertencia acerca de las grandes dificultades que supone el comprender correctamente las relaciones que existen entre los hechos humanos y las exigencias de la justicia; esto es, la determinaci\u00f3n exacta de las medidas graduales y de las formas seg\u00fan las cuales deban aplicarse los principios doctrinales y los criterios pr\u00e1cticos a la realidad presente de la convivencia humana.<\/p>\n<p>155. La exactitud en la determinaci\u00f3n de esas medidas graduales y de esas formas es hoy d\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil, porque nuestra \u00e9poca, en la que cada uno debe prestar su contribuci\u00f3n al bien com\u00fan universal, es una \u00e9poca de agitaci\u00f3n acelerada. Por esta causa, el esfuerzo por ver c\u00f3mo se ajustan cada vez mejor las realidades sociales a las normas de la justicia es un trabajo de cada d\u00eda. Y, por lo mismo, nuestros hijos deben prevenirse frente al peligro de creer que pueden ya detenerse y descansar satisfechos del camino recorrido.<\/p>\n<p>156. Por el contrario, todos los hombres han de pensar que lo hasta aqu\u00ed hecho no basta para lo que las necesidades piden, y, por tanto, deben acometer cada d\u00eda empresas de mayor volumen y m\u00e1s adecuadas en los siguientes campos: empresas productoras, asociaciones sindicales, corporaciones profesionales, sistemas p\u00fablicos de seguridad social, instituciones culturales, ordenamiento jur\u00eddico, reg\u00edmenes pol\u00edticos, asistencia sanitaria, deporte y, finalmente, otros sectores semejantes. Son todas ellas exigencias de esta nuestra \u00e9poca, \u00e9poca del \u00e1tomo y de las conquistas espaciales, en la que la humanidad ha iniciado un nuevo camino con perspectivas de una amplitud casi infinita.<\/p>\n<h3><b><i>Relaciones de los cat\u00f3licos con los no-cat\u00f3licos<\/i><\/b><\/h3>\n<h4><i>Fidelidad y colaboraci\u00f3n<\/i><\/h4>\n<p>157. Los principios hasta aqu\u00ed expuestos brotan de la misma naturaleza de las cosas o proceden casi siempre de la esfera de los derechos naturales. Por ello sucede con bastante frecuencia que los cat\u00f3licos, en la aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica de estos principios, colaboran d\u00e9 m\u00faltiples maneras con los cristianos separados de esta Sede Apost\u00f3lica o con otros hombres que, aun careciendo por completo de la fe cristiana, obedecen, sin embargo, a la raz\u00f3n y poseen un recto sentido de la moral natural. <i>En tales ocasiones procuren los cat\u00f3licos ante todo ser siempre consecuentes consigo mismos y no aceptar jam\u00e1s compromisos que puedan da\u00f1ar la integridad de la religi\u00f3n o de la moral. Deben, sin embargo, al mismo tiempo, mostrarse animados de esp\u00edritu de comprensi\u00f3n para las opiniones ajenas, plenamente desinteresados y dispuestos a colaborar lealmente en la realizaci\u00f3n de aquellas obras que sean por naturaleza buenas o al menos puedan conducir al<\/i> bien<span id='easy-footnote-66-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-66-121336' title='Juan XXIII, &lt;i&gt;Mater et magistra: &lt;\/i&gt;AAS 53 (1961) 456.'><sup>66<\/sup><\/a><\/span>.<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn66\" name=\"_ftnref66\"><\/a><\/p>\n<h4><i>Distinguir entre el error y el que lo profesa<\/i><\/h4>\n<p>158. Importa distinguir siempre entre el error y el hombre que lo profesa, aunque se trate de personas que desconocen por entero la verdad o la conocen s\u00f3lo a medias en el orden religioso o en el orden de la moral pr\u00e1ctica. Porque el hombre que yerra no que da por ello despojado de su condici\u00f3n de hombre, ni autom\u00e1ticamente pierde jam\u00e1s su dignidad de persona, dignidad que debe ser tenida siempre en cuenta. Adem\u00e1s, en la naturaleza humana nunca desaparece la capacidad de superar el error y de buscar el camino de la verdad. Por otra parte, nunca le faltan al hombre las ayudas de la divina Providencia en esta materia. Por lo cual bien puede suceder que quien hoy carece de la luz de la fe o profesa doctrinas equivocadas, pueda ma\u00f1ana, iluminado por la luz divina, abrazar la verdad. En efecto, si los cat\u00f3licos, por motivos puramente externos, establecen relaciones con quienes o no creen en Cristo o creen en El deforma equivocada, porque viven en el error, pueden ofrecerles una ocasi\u00f3n o un est\u00edmulo para alcanzarla verdad.<\/p>\n<h3><i><b>Distinguir entre filosof\u00edas y corrientes hist\u00f3ricas<\/b><\/i><\/h3>\n<p>159. En segundo lugar, es tambi\u00e9n completamente necesario distinguir entre las teor\u00edas filos\u00f3ficas falsas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre y las corrientes de car\u00e1cter econ\u00f3mico y social, cultural o pol\u00edtico, aunque tales corrientes tengan su origen e impulso en tales teor\u00edas filos\u00f3ficas. Porque una doctrina, cuando ha sido elaborada y definida, ya no cambia. Por el contrario, las corrientes referidas, al desenvolverse en medio de condiciones mudables, se hallan sujetas por fuerza a una continua mudanza. Por lo dem\u00e1s, \u00bfqui\u00e9n puede negar que, en la medida en que tales corrientes se ajusten a los dictados de la recta raz\u00f3n y reflejen fielmente las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos moralmente positivos dignos de aprobaci\u00f3n?<\/p>\n<h4><i>Utilidad de estos contactos<\/i><\/h4>\n<p>160. Por las razones expuestas, puede a veces suceder que ciertos contactos de orden pr\u00e1ctico que hasta ahora parec\u00edan totalmente in\u00fatiles, hoy, por el contrario, sean realmente provechosos o se prevea que pueden llegar a serlo en el futuro. Pero determinar si tal momento ha llegado o no, y adem\u00e1s establecer las formas y las etapas con las cuales deban realizarse estos contactos en orden a conseguir metas positivas en el campo econ\u00f3mico y social o en el campo cultural o pol\u00edtico, son decisiones que s\u00f3lo puede dar la prudencia, virtud moderadora de todas las que rigen la vida humana, as\u00ed en el plano individual como en la esfera social. Por lo cual, cuando se trata delos cat\u00f3licos, la decisi\u00f3n en estas materias corresponde principalmente a aquellas personas que ocupan puestos de mayor influencia en el plano pol\u00edtico y en el dominio espec\u00edfico en que se plantean estas cuestiones. S\u00f3lo se les impone una condici\u00f3n: la de que respeten los principios del derecho natural, observen la doctrina social que la Iglesia ense\u00f1a y obedezcan las directrices de las autoridades eclesi\u00e1sticas. Porque nadie debe olvidar que la Iglesia tiene el derecho y al mismo tiempo el deber de tutelarlos principios de la fe y de la moral, y tambi\u00e9n el de interponer su autoridad cerca de los suyos, aun en la esfera del orden temporal, cuando es necesario juzgar c\u00f3mo deben aplicarse dichos principios a los casos concretos<span id='easy-footnote-67-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-67-121336' title='Cf. Juan XXIII, &lt;i&gt;Mater et magistra: &lt;\/i&gt;AAS 53 (1961) 456. Cf. etiam Le\u00f3n XIII, &lt;i&gt;Immortale Dei: &lt;\/i&gt;AL 5,128 (Roma 1885); P\u00edo XI, &lt;i&gt;Ubi arcano: &lt;\/i&gt;AAS14 (1922) 698; y P\u00edo XII, alocuci\u00f3n al Congreso internacional de mujeres cat\u00f3licas, 11 de septiembre de 1947: AAS39 (1947) 486.'><sup>67<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><b><i>Evoluci\u00f3n, no revoluci\u00f3n<\/i><\/b><\/h3>\n<p>161. No faltan en realidad hombres magn\u00e1nimos que, ante situaciones que concuerdan poco o nada con las exigencias de la justicia, se sienten encendidos por un deseo de reforma total y se lanzan a ella con tal \u00edmpetu, que casi parece una revoluci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>162. Queremos que estos hombres tengan presente que el crecimiento paulatino de todas las cosas es una ley impuesta por la naturaleza y que, por tanto, en el campo de las instituciones humanas no puede lograrse mejora alguna si no es partiendo paso a paso desde el interior delas instituciones. Es \u00e9ste precisamente el aviso queda nuestro predecesor, de feliz memoria, P\u00edo XII, con las siguientes palabras: <i>No en la revoluci\u00f3n, sino en una evoluci\u00f3n concorde, est\u00e1n la salvaci\u00f3n y la justicia. La violencia jam\u00e1s ha hecho otra cosa<\/i> <i>que destruir, no edificar; encender las pasiones, no calmarlas; acumular odio y escombros, no hacer fraternizar a los contendientes, y ha precipitado a los hombres y a los partidos a la dura necesidad de reconstruir lentamente, despu\u00e9s de pruebas dolorosas, sobre los destrozos de la discordia<\/i><span id='easy-footnote-68-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-68-121336' title='P\u00edo XII, alocuci\u00f3n a los trabajadores italianos en la fiesta de Pentecost\u00e9s, 13 de juniode 1943: AAS35 (1943) 175.'><sup>68<\/sup><\/a><\/span><i>.<\/i><\/p>\n<h3><b><i>Llamamiento a una tarea gloriosa y necesaria<\/i><\/b><\/h3>\n<p>163. Por tanto, entre las tareas m\u00e1s graves de los hombres de esp\u00edritu generoso hay que incluir, sobre todo, la de establecer un nuevo sistema de relaciones en la sociedad humana, bajo el magisterio y la \u00e9gida de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad: primero, entre los individuos; en segundo lugar, entre los ciudadanos y sus respectivos Estados; tercero, entre los Estados entre s\u00ed, y, finalmente, entre los individuos, familias, entidades intermedias y Estados particulares, de un lado, y de otro, la comunidad mundial. Tarea sin duda gloriosa, porque con ella podr\u00e1 consolidarse la paz verdadera seg\u00fan el orden establecido por Dios.<\/p>\n<p>164. De estos hombres, demasiado pocos sin duda para las necesidades actuales, pero extraordinariamente benem\u00e9ritos de la convivencia humana, es justo que Nos hagamos un p\u00fablico elogio y al mismo tiempo les invitemos con urgencia a proseguir tan fecunda empresa. Pero al mismo tiempo abrigamos la esperanza de que otros muchos hombres, sobre todo cristianos, acuciados por un deber de conciencia y por la caridad, se unir\u00e1n a ellos. Porque es sobremanera necesario que en la sociedad contempor\u00e1nea todos los cristianos sin excepci\u00f3n sean como centellas de luz, viveros de amor y levadura para toda la masa. Efecto que ser\u00e1 tanto mayor cuanto m\u00e1s estrecha sea la uni\u00f3n de cada alma con Dios.<\/p>\n<p>165. Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre, es decir, si primero no guarda cada uno en s\u00ed mismo el orden que Dios ha establecido. A este respecto pregunta San Agust\u00edn: <i>\u00bfQuiere tu alma ser capaz de vencer las pasiones? Que se someta al que est\u00e1 arriba y vencer\u00e1 al que est\u00e1 abajo; y se har\u00e1 la paz en ti; una paz verdadera, cierta, ordenada. \u00bfCu\u00e1l es el orden de esta paz? Dios manda sobre el alma; el alma, sobre la carne; no hay orden mejor<\/i><span id='easy-footnote-69-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-69-121336' title='&lt;i&gt;Miscelanea Augusti\u043fiana&amp;#8230;: &lt;\/i&gt;Sancti Augustini,&lt;b&gt; &lt;\/b&gt;&lt;i&gt;Sermones post Maurino reperti &lt;\/i&gt;p.633 (Roma 1930).'><sup>69<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3><i><b>Es necesario orar por la paz<\/b><\/i><\/h3>\n<p>166. Las ense\u00f1anzas que hemos expuesto sobre los problemas que en la actualidad preocupan tan profundamente a la humanidad, y que tan estrecha conexi\u00f3n guardan con el progreso de la sociedad, nos las ha dictado el profundo anhelo del que sabemos participan ardientemente todos los hombres de buena voluntad; esto es, la consolidaci\u00f3n de la paz en el mundo.<\/p>\n<p>167. Como vicario, aunque indigno, de Aquel a quien el anuncio prof\u00e9tico proclam\u00f3<i> Pr\u00edncipe de la Paz<\/i><span id='easy-footnote-70-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-70-121336' title='Cf. Is 9,6.'><sup>70<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn70\" name=\"_ftnref70\"><\/a>, consideramos deber nuestro consagrar todos nuestros pensamientos, preocupaciones y energ\u00edas a procurar este bien com\u00fan universal. Pero la paz ser\u00e1 palabra vac\u00eda mientras no se funde sobre el orden cuyas l\u00edneas fundamentales, movidos por una gran esperanza, hemos como esbozado en esta nuestra enc\u00edclica: un orden basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad y, finalmente, realizado bajo los auspicios de la libertad.<\/p>\n<p>168. D\u00e9bese, sin embargo, tener en cuenta que la grandeza y la sublimidad de esta empresa son tales, que su realizaci\u00f3n no puede en modo alguno obtenerse por las solas fuerzas naturales del hombre, aunque est\u00e9 movido por una buena y loable voluntad. Para que la sociedad humana constituya un reflejo lo m\u00e1s perfecto posible del reino de Dios, es de todo punto necesario el auxilio sobrenatural del cielo.<\/p>\n<p>169. Exige, por tanto, la propia realidad que en estos d\u00edas santos nos dirijamos con preces suplicantes a Aquel que con sus dolorosos tormentos y con su muerte no s\u00f3lo borr\u00f3 los pecados, fuente principal de todas las divisiones, miserias y desigualdades, sino que, adem\u00e1s, con el derramamiento de su sangre, reconcili\u00f3 al g\u00e9nero humano con su Padre celestial, aport\u00e1ndole los dones de la paz: <i>Pues El es nuestra Paz, que hizo de los pueblos uno&#8230; Y viniendo nos anunci\u00f3 la paz a los de lejos y la paz a los de cerca<\/i><span id='easy-footnote-71-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-71-121336' title='Ef 2,14-17'><sup>71<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>170. En la sagrada liturgia de estos d\u00edas resuena el mismo anuncio: <i>Cristo resucitado, present\u00e1ndose en medio de sus disc\u00edpulos, les salud\u00f3 diciendo: \u00abLa paz sea con vosotros. Aleluya\u00bb. Y los disc\u00edpulos se gozaron viendo al Se\u00f1or<\/i><span id='easy-footnote-72-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-72-121336' title='Responsorio de maitines del viernes de la semana de Pascua.'><sup>72<\/sup><\/a><\/span><a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_11041963_pacem_sp.html#_ftn72\" name=\"_ftnref72\"><\/a>. Cristo, pues, nos ha tra\u00eddo la paz, nos ha dejado la paz: <i>La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da os la doy yo<\/i><span id='easy-footnote-73-121336' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/#easy-footnote-bottom-73-121336' title='Jn 14,27.'><sup>73<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>171. Pidamos, pues, con instantes s\u00faplicas al divino Redentor esta paz que El mismo nos trajo. Que El borre de los hombres cuanto pueda poner en peligro esta paz y convierta a todos en testigos de la verdad, de la justicia y del amor fraterno. Que El ilumine tambi\u00e9n con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que les procuran una digna prosperidad, aseguren a sus compatriotas el don hermos\u00edsimo de la paz. Que, finalmente, Cristo encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrecharlos v\u00ednculos de la mutua caridad, para fomentar la rec\u00edproca comprensi\u00f3n, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz.<\/p>\n<p>172. Por \u00faltimo, deseando, venerables hermanos, que esta paz penetre en la grey que os ha sido confiada, para beneficio, sobre todo, de los m\u00e1s humildes, que necesitan ayuda y defensa, a vosotros, a los sacerdotes de ambos cleros, a los religiosos y a las v\u00edrgenes consagradas a Dios, a todos los fieles cristianos y nominalmente a aquellos que secundan con entusiasmo estas nuestras exhortaciones, impartimos con todo afecto en el Se\u00f1or la bendici\u00f3n apost\u00f3lica. Para todos los hombres de buena voluntad, a quienes va tambi\u00e9n dirigida esta nuestra enc\u00edclica, imploramos de Dios salud y prosperidad.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>Dado en Roma, junto a San Pedro, el d\u00eda de jueves Santo, 11 de abril del a\u00f1o1963, quinto de nuestro pontificado<\/i>.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><b>IOANNES PP. XXIII<\/b><\/p>\n<hr \/>\n<h2>Descarga el Documento completo en formato Word:<\/h2>\n<table border=\"0\" width=\"256\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div>Formato DOC <em>(Microsoft Word):<\/em><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=242\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/doc.png?resize=256%2C256\" alt=\"DOC\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Pacem in terris es una enc\u00edclica de Juan XXIII, promulgada en 1963, que trata del problema de la paz como actuaci\u00f3n de una pol\u00edtica nacional e internacional, basada en los derechos de la persona &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":404156,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[100],"tags":[],"class_list":["post-121336","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos-pontificios"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Enc\u00edclica Pacem in terris - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-pacem-in-terris\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Enc\u00edclica Pacem in terris - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La Pacem in terris es una enc\u00edclica de Juan XXIII, promulgada en 1963, que trata del problema de la paz como actuaci\u00f3n de una pol\u00edtica nacional e internacional, basada en los derechos de la persona ... 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