{"id":1209,"date":"2014-12-23T02:20:43","date_gmt":"2014-12-23T01:20:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=1209"},"modified":"2016-07-27T12:11:47","modified_gmt":"2016-07-27T10:11:47","slug":"momentos-dificiles-2-martires-de-gijon-1936","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/momentos-dificiles-2-martires-de-gijon-1936\/","title":{"rendered":"Momentos dif\u00edciles 2: M\u00e1rtires de Gij\u00f3n, 1936"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-42743\" title=\"ESCUDOCM\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/06\/ESCUDOCM3-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a>Un laurel sobre las sienes de mis hermanos, una flor sobre su tumba, un altar a su memoria augusta en el templo glorioso de la Congregaci\u00f3n quisiera que fuese esta primera cr\u00f3nica. Si no hay en ella aroma, color e incienso suficientes, culpa ser\u00e1 de mis l\u00e1grimas, tributo personal m\u00edo, que caen a torrenteras sobre sus nombres y sus cuerpos a sola su evocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los Padres Amado, Guti\u00e9rrez, Atanes y Granado han muerto por Dios y por Espa\u00f1a. No han muerto en la guerra. Los han hecho m\u00e1rtires la herej\u00eda y el odio, los torbellinos iconoclastas y sacr\u00edlegos en que la Masoner\u00eda y el Bolchevismo pretendieron ahogar la fe y la Historia de la vieja Espa\u00f1a creyente y civilizadora. La Congregaci\u00f3n est\u00e1 de luto pero solo en su interior. Ante Dios y ante la Patria se ha vestido de gloria porque, si la muerte les hizo m\u00e1rtires, el triunfo de la Religi\u00f3n y de Espa\u00f1a se visten con su p\u00farpura para cantarles h\u00e9roes.<\/p>\n<h2><strong>I.- El P. Ricardo Atanes <\/strong><\/h2>\n<p>Venerable y bondadoso, la piedad y el recogimiento vestidos de blanco en su cabeza de anciano y en su coraz\u00f3n de ni\u00f1o, fue la primera v\u00edctima; como si esas virtudes que \u00e9l encarnaba sublimemente fueran el mayor estorbo al triunfo del libertinaje que en rey quer\u00eda erigir el Comunismo.<\/p>\n<p>Despojado de sus h\u00e1bitos sacerdotales a instancias m\u00edas y bien a su pesar sali\u00f3 de casa el mismo d\u00eda 19, fiesta del Santo Padre, para refugiarse junto con el Hermano Jim\u00e9nez en una casa amiga. A su salida herv\u00edan ya en las calles y en las plazas de Gij\u00f3n las m\u00e1s exaltadas pasiones. Los primeros rugidos de la fiera desatada y hambrienta hab\u00edan paralizado toda la vida de la ciudad y helado todas sus actividades. Convertidas las calles en selva, los que todav\u00eda se sent\u00edan racionales, se hab\u00edan encerrado en sus casas convertidas en cavernas. A merced de la confusi\u00f3n el anciano venerable pudo llegar en paz a su escondite, si bien con el alma asaeteada de blasfemias y de insultos los m\u00e1s crueles a todo lo sagrado. Solo tres d\u00edas pudo estar all\u00ed. La fiera bolchevique, temerosa de perder su triunfo y verse encadenada de nuevo, comenzaba a romper todo lo que otro tiempo fue para ella cadenas y como consecuencia a tender sus garras de muerte sobre todas las gentes justas y honradas, y los due\u00f1os caritativos de aquella casa eran de los m\u00e1s destacados por su espa\u00f1olismo y por sus actividades sociales.<\/p>\n<p>Amistosamente avisados por ellos, cuando ya preparaban su propia fuga, salieron de all\u00ed cuidadosamente el Hermano para nuestra casa y el P. Atanes en direcci\u00f3n a otra casa amiga m\u00e1s humilde y menos se\u00f1alada. Frente a sus puertas, el Hospital, el Dep\u00f3sito de Cad\u00e1veres y el Cuartel de Seguridad mostraban a nuestro Hermano lo mas hediondo de la tragedia que ya hab\u00eda comenzado; la muerte espeluznante de los primeros fascistas, la macabra cabalgata de los Padres Capuchinos con sus manos cargadas de bombas, etc. etc.<\/p>\n<p>Desde una casa trasera yo segu\u00eda esta espantosa pel\u00edcula v miraba por la suerte del Hermano, que me parec\u00eda relativamente segura. Por las noches en mis correr\u00edas de observaci\u00f3n pasaba con \u00e9l algunos ratos de mutuo consuelo. Una noche, no s\u00e9 si la cuarta o quinta de su encierro, cuando intentaba verle, me comunicaron que hab\u00eda sido detenido, \u00a1qu\u00e9 sarcasmo Dios m\u00edo..! <em>\u00a1por \u00abpaco\u00bb!<\/em> Un anciano que no hab\u00eda visto m\u00e1s armas que sus rezos.<\/p>\n<p>As\u00ed hab\u00eda sido sin embargo. De las infinitas balas que los h\u00e9roes sublevados del Cuartel de Simancas lanzaban como una lluvia sobre la ciudad para tener en jaque a los asesinos, algunas hab\u00edan estallado en los tejados de su albergue. Los rojos, a quienes hasta los dedos se les antojaban \u00abpacos\u00bb, entraron a saco en aquella casa, y entre befas y amenazas se llevaron al \u00fanico hombre que hab\u00eda en ella. Era el P, Atanes. Locos, enfurecidos ante sus protestas de inocencia, dudaren si fusilarle o no en el acto mismo, pero ante las reflexiones de alguno menos cruel decidieron llevarle detenido a la Iglesia de la Compa\u00f1\u00eda. Tendido en el suelo, enfermo, maltratado y escarnecido, estuvo all\u00ed algunos d\u00edas sin ni siquiera darle de comer, hasta que por medio de las Hermanas de la cocina tuvimos que atenderle nosotros mismos, no sin acudir a toda clase de subterfugios. Hab\u00eda comenzado su calvario.<\/p>\n<p>Poco a poco se fue agudizando m\u00e1s y m\u00e1s. Arrojadas de la cocina las Hermanas por el enorme delito de cuidar con esmero la comida de los infortunados presos, algunos d\u00edas despu\u00e9s, volv\u00eda a sufrir el hambre y el abandono. Ocasi\u00f3n hubo en que durante cincuenta y seis horas no se proporcion\u00f3 ni un vaso de agua. En cambio, se le regalaba de d\u00eda y de noche con exquisitas torturas morales y abundantes malos tratos. Otro d\u00eda, insuficiente ya la Iglesia de la Compa\u00f1\u00eda para contener ni a\u00fan de pie tantos detenidos, fue llevado el P. Atanes con un grupo a la Iglesia de San Jos\u00e9. Fr\u00eda de suyo y hedionda por las circunstancias higi\u00e9nicas deplorables en que se les ten\u00eda, result\u00f3 para nuestro anciano un terrible calaboza. Hasta la guardia se conjur\u00f3 para hacerlo m\u00e1s infernal. En la primera prisi\u00f3n hab\u00edan tenido para custodiarlos carabineros y Guardias de asalto. Malos y todo, eran hombres algo edu-cados. En San Jos\u00e9 los atormentaban m\u00e1s que custodiaban esbirros comunistas de los m\u00e1s bajos fondos sociales. Al cabo, en los primeros d\u00edas de Agosto, Dios quiso galardonar su martirio.<\/p>\n<p>Con motivo de un bombardeo a\u00e9reo por los militares, el populacho ya enfangado en todos los cr\u00edmenes, irresponsable, ebrio de sangre y de venganza, con alaridos y convulsiones de epil\u00e9ptico, rode\u00f3 la prisi\u00f3n mandando m\u00e1s que pidiendo la muerte de los inocentes presos. Hubo dudas, cabildeos, arengas por parte de las autoridades a\u00fan no bolchevizadas absolutamente, se intentaron convenios, se prodigaron promesas; pero al fin se impuso la voluntad de aquellas mujeres desgre\u00f1adas y de aquellos hombres alcoholizados, que como voz del pueblo soberano, las autoridades tuvieron que acatar, y el inocente anciano, con la blancura de su bondad iluminando su cabeza y su rostro sonriente, fue arrojado en uno de los camiones, y entre maldiciones y golpes, a merced de los m\u00e1s desharrapados, fue llevado a fusilar con los dem\u00e1s presos a una de las colinas que rodean la ciudad, mientras en \u00e9sta los nuevos Pilatos con excusas y lamentaciones se lavaban las manos salpicadas de sangre y cieno. Nada m\u00e1s pudimos saber de \u00e9l a pesar de insistentes investigaciones.<\/p>\n<p><strong>\u00abNatural de Cualedro (Orense), fue fusilado junto con 300 compa\u00f1eros el 14 de agosto de 1936, en un pinar situado en una de las bellas colinas que circundan Gij\u00f3n, en el t\u00e9rmino designado com\u00fanmente\u00a0 con el nombre de \u00abLlantones\u00bb. Su cad\u00e1ver, a pesar de las diligencias efectuadas, no pudo ser identificado, y se ha dado por desaparecido\u00bb. (Anales Madrid, 1969, p. 273) <\/strong><\/p>\n<h2><strong>II.- El P. Pelayo Granado <\/strong><\/h2>\n<p>Corri\u00f3 bien pronto una suerte semejante. Hab\u00eda salido a predicar a un pueblecito de las cercan\u00edas de Luarca. El d\u00eda de San Vicente deb\u00eda un\u00edrseme en otro pueblo, para volver a Gij\u00f3n antes de las cuatro de la tarde con el fin de que yo pudiera predicar el cuarto de mi novena de la Eucarist\u00eda; pero ni yo pude ya salir, ni el P. Granado pudo volver. D\u00edas y d\u00edas pasaron sin tener de \u00e9l una sola noticia. In\u00fatilmente multiplicaba mis visitas al Dep\u00f3sito de cad\u00e1veres esperando encontrar el suyo en todo momento. Una noche, en un cafetucho hediondo supe por los milicianos llegados del frente de Luarca despu\u00e9s de una gran derrota, que a causa del avance de las tropas nacionales el pueblo en que hab\u00eda predicado el P. Granado hab\u00eda sido evacuado forzosamente por los rojos, y que de all\u00ed se hab\u00edan tra\u00eddo a un cura cuyas se\u00f1as coincid\u00edan con las de nuestro buen Hermano. A la ma\u00f1ana siguiente, se pusieron en movimiento algunas mujeres en busca de algunos de los refugiados de aquel pueblo. Pronto tuvimos noticias. El P. Granado hab\u00eda sido tra\u00eddo a fusilar en Gij\u00f3n. Sublevados y desconcertados los rojos de aquel pueblo por las continuas derrotas que hab\u00edan sufrido en sus cercan\u00edas, comenzaron a descargar su c\u00f3lera en las gentes pac\u00edficas de las aldeas. Avisado por el P\u00e1rroco, el P. Granado, con sus h\u00e1bitos sacerdotales, pues no hab\u00eda llevado ning\u00fan traje a prevenci\u00f3n, se dispuso a ocultarse. Sali\u00f3 de casa en compa\u00f1\u00eda del mismo P\u00e1rroco, que ya se hab\u00eda vestido de aldeano, y a trav\u00e9s de los campos se dirigieron a una casita aislada. \u00abVaya usted a aquella casita, le dijo el P\u00e1rroco, que yo ir\u00e9 a esconderme en otra\u00bb. Como un mendigo, con la zozobra y la ansiedad pintadas en su bondadoso, nuestro Hermano llam\u00f3 a las puertas de aquella casa que no conoc\u00eda, mendigando cobijo. Triste y amargante realidad. Los que el Sr. Cura cre\u00eda amigos como tantos otros en las horas de bonanza, se negaron a recibirle. Ten\u00edan miedo de verse comprometidos. El pobre Padre tuvo que volver a la casa rectoral. Ninguna m\u00e1s conoc\u00eda en el pueblo, a donde hab\u00eda ido por primera vez. Estaba sola la hermana del Sr. P\u00e1rroco. Sola y atemorizada, se siente desfallecer, cuando vio llegar al que para seguridad suya hab\u00eda despedido hacia un momento. Lo recibi\u00f3 como las circunstancias le permitieron, y se dispuso a esconderle. Todo in\u00fatil. Apenas hab\u00edan recorrido la casa en busca de alg\u00fan escondite seguro, una turba de foragidos comenz\u00f3 a golpear la puerta entre amenazas y blasfemias. Ven\u00edan a por el P\u00e1rroco y el Fraile.<\/p>\n<p>Valiente, casi terror\u00edfica la buena mujer, puesta en jarras en medio de la puerta se opuso al paso de aquellos energ\u00famenos, increp\u00e1ndoles vigorosamente. Aquellos rid\u00edculos aldeanos, que iban arrastrados y sin mandato judicial ninguno, entonces aun se usaban ciertos tr\u00e1mites, lanzaron a la casa una mirada siniestra y volvieron sobre sus pasos. Iban seguramente en busca de una autorizaci\u00f3n del Comit\u00e9 de Guerra. As\u00ed lo entendi\u00f3 la pobre se\u00f1ora. Se lo comunic\u00f3 al Padre, y le inst\u00f3 a que inmediatamente se escondiera en otra casa o en el monte. Fuera por falta de valor o por exceso de confianza, el P. Granado se neg\u00f3 a salir a la calle.<\/p>\n<p>Horas despu\u00e9s los energ\u00famenos en mayor n\u00famero, y m\u00e1s exaltados, con el documento rid\u00edculo en las manos y perfectamente armados, entraban en la casa arrollando a su defensora, se echaban sobre el pobre padre desamparado, y lo cargaban en una camioneta para llevarle a Gij\u00f3n a fusilarle.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo muri\u00f3? Lo ignoramos. Solo nos han podido comunicar la sarta de insultos que le prodigaron, al llevarle como un cordero al lugar del suplicio.<\/p>\n<p><strong>\u00abNatural de Santa Mar\u00eda de los Llanos (Cuenca) fue conducido la noche del 27 de Agosto a la orilla del r\u00edo Nal\u00f3n, que pasa por Soto del Barco (Asturias) y all\u00ed mismo le acuchillaron por la espalda hasta que expir\u00f3, y su cuerpo arrojado al r\u00edo jam\u00e1s apareci\u00f3\u00bb. (Anales Madrid, 1969, p. 273). <\/strong><\/p>\n<h2><strong>III.- El P. Andr\u00e9s Guti\u00e9rrez <\/strong><\/h2>\n<p>Fue la tercera v\u00edctima. Junto con el P. Amado y el Hermano continu\u00f3 todo el tiempo en casa sin decidirse a salir de ella pese a mis diarias s\u00faplicas y a las llamadas de las Hermanas y de algunas mujeres buenas a quienes encomend\u00e9 encarecidamente su suerte. Despu\u00e9s de varias semanas de haberse dado \u00f3rdenes de detenci\u00f3n y fusilamiento contra mi y de los infinitos registros in\u00fatiles que para ello se llevaron a cabo con verdadera fiebre, debieron pensar los esbirros de la CHECA que era m\u00e1s seguro prepararme un cebo en nuestra propia casa. Al efecto comenzaron a visitar insistentemente en ella a los padres y a mimarles de una manera en ellos desusada. Se comenz\u00f3 a llevarles comida abundante de los Comit\u00e9s, les hac\u00edan visitas poco menos que protocolarias varias veces al d\u00eda; por la ma\u00f1ana y por la tarde llegaban pescadores o chiquillos preguntando si estaban los curas y llev\u00e1ndoles la mejor pesca que encontraban.<\/p>\n<p>Si no consiguieron que yo fuera, consiguieron al menos que los compa\u00f1eros se confiaran y se creyeran seguros.<\/p>\n<p>En este estado de cosas el P. Guti\u00e9rrez fue un d\u00eda llamado por tel\u00e9fono. \u00bfFue una penitenta? As\u00ed le dijeron y \u00e9l se lo crey\u00f3 cumplidamente. Quien quiera que fuese, comenz\u00f3 por preguntarle si estaba en el puerto el Crucero Cervera. El barco en cuesti\u00f3n era entonces el terror de Gij\u00f3n. Sin darse cuenta de ello y de que los tel\u00e9fonos todos estaban perfectamente interve-nidos, el Sr. Guti\u00e9rrez contest\u00f3 al interlocutor dando toda suerte de detalles sobre la presencia del barco y algunas de sus caracter\u00edsticas t\u00e9cnicas. Media hora despu\u00e9s los rid\u00edculos milicianos que tantos d\u00edas les hab\u00edan visitado, se presentaban en casa preguntando por \u00e9l y se lo llevaban para no volver. Por la noche ya se comentaba de corro en corro la caza y fusilamiento de un fraile esp\u00eda que hab\u00eda estado en complicidad con el Cervera.<\/p>\n<p>En vano se procur\u00f3 conseguir por algunos comunistas detalles de ning\u00fan g\u00e9nero sobre lo que de \u00e9l se hizo. Ni en las c\u00e1rceles ni en los Comit\u00e9s sab\u00edan o quer\u00edan decirnos nada. Nuestra confianza en su salvaci\u00f3n se fue perdiendo poco a poco.<\/p>\n<p><strong>\u00abNatural de Salazar de Amaya (Burgos) fue fusilado el 3 de agosto de 1936, en el monte de San Justo (Asturias), y trasladado m\u00e1s tarde al cementerio de aquella parroquia, donde fue inhumado al d\u00eda siguiente. El 14 de febrero de 1940 fueron trasladados sus restos definitivamente al cementerio municipal de Gij\u00f3n (Suco, Ceares), donde reposan en la urna 97 de la primera serie, izquierda\u00bb. (Anales Madrid, 1969, 9, 273) <\/strong><\/p>\n<h2><strong>IV.- El P. Amado Garc\u00eda<\/strong><\/h2>\n<p>Quedaba ya solo en casa con el Hermano Jim\u00e9nez. Herido profundamente por estas desgracias y temiendo por los que aun quedaban, redobl\u00e9 mis trabajos para hacerles salir y evitar que la cat\u00e1strofe tomara m\u00e1s proporciones. Todo in\u00fatil. Nuestro buen\u00edsimo superior hab\u00eda llegado a convencerse de que como sacerdote no se le persegu\u00eda. Uno tras otro hab\u00edan ido ya cayendo m\u00e1s de sesenta sacerdotes y religiosos de distintas \u00f3rdenes; todos los que hab\u00edan sido encontrados. El sin embargo continuaba siendo asistido mimosamente todos los d\u00edas, pero en realidad perfectamente vigilado. En alguna ocasi\u00f3n lleg\u00f3 a instarme a que me fuera con \u00e9l a casa, en donde me consideraba m\u00e1s seguro.<\/p>\n<p>Hab\u00edan pasado ya cuatro meses. Las detenciones y los cr\u00edmenes aumentaban d\u00eda por d\u00eda. Solo diez o doce sacerdotes quedaban perfectamente escondidos. Por mi mente pas\u00f3 la idea de ir personalmente a casa, aprovechando uno de mis disfraces y sac\u00e1rmelo a viva fuerza. Con mucho trabajo consiguieron disuadirme, pero solo a condici\u00f3n de que una Hermana perfectamente disfrazada, fuera inmediatamente a suplicarle en mi nombre que no esperase un momento m\u00e1s. En efecto, aquella ma\u00f1ana perfectamente desfigurado sali\u00f3 de casa por fin, y fue a esconderse en una casita humilde perteneciente a un izquierdista amable que hac\u00eda ya meses serv\u00eda de amparo al \u00fanico p\u00e1rroco que quedaba con vida; el p\u00e1rroco de S. Lorenzo.<\/p>\n<p>Apenas si tuve tiempo de celebrar este triunfo. No hab\u00edan pasado 24 horas cuando cansado, crey\u00e9ndose una carga en aquea casa acogedora, excesivamente confiado o delicado en demas\u00eda, volv\u00eda a la residencia sin que fueran bastantes a detenerlo w antas s\u00faplicas y lamentos se le opusieron. Era quiz\u00e1s m\u00e1s fuerte la voz de Dios que le llamaba al martirio. Los suyos se lo hab\u00edamos querido evitar, y la Providencia quiso, torciendo todas\u00a0 nuestras previsiones, que fuera precisamente uno de los suyos el que se lo facilitara. En la tarde de aquel mismo d\u00eda nuestro buen\u00edsimo hermano Jim\u00e9nez sal\u00eda camino de una aldea pr\u00f3xima en busca de alguna cosa que comer, pues ya el hambre se hab\u00eda ense\u00f1oreado de la poblaci\u00f3n civil. Pasaba por un puente sobre la r\u00eda en que termina la magn\u00edfica playa de Gij\u00f3n cuando unos centinelas dieron el alto apunt\u00e1ndole con el fusil. Tr\u00e9mulo y confuso fue contestando sin darse cuenta apenas, a las preguntas que le fueron haciendo.<\/p>\n<p>&#8211;<em>\u00bfQui\u00e9n eres?<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Un pobre lego.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>\u00bfDe qu\u00e9 convento?<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>De los Padres Pa\u00fales.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>\u00bfDonde est\u00e1n los frailes?<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Algunos han sido fusilados y otros no sabemos donde est\u00e1n<\/em>.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Y tu \u00bfd\u00f3nde vives?<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>En nuestra casa con el P. Superior<\/em>.<\/p>\n<p>&#8211;<em>S\u00edguenos <\/em>-terminaron-y en medio de ellos como un criminal el buen anciano fue llevado a la CHECA y sometido a un sagaz y minucioso interrogatorio.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s era detenido en casa el P. Amado y llevado con \u00e9l a la Iglesia de la Compa\u00f1\u00eda. 290 individuos hab\u00edan sido detenidos aquella misma tarde.<\/p>\n<p>\u00bfQue pas\u00f3 en la prisi\u00f3n? Con l\u00e1grimas en los ojos me lo contaba d\u00edas despu\u00e9s el que hab\u00eda sido compa\u00f1ero de lecho de nuestro buen\u00edsimo superior en aquella noche postrera.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHoras y horas se pas\u00f3 en confesarnos a todos, \u2013me dec\u00eda\u2013 \u00abTen\u00edamos tan segura la muerte&#8230;.\u00bb Cuando todos estuvimos confesados el buen\u00edsimo Padre, radiante de alegr\u00eda, nos invit\u00f3 a rezar el rosario a la Milagrosa. M\u00e1s que rezar, declamaba las oraciones de tal modo que sus palabras, rebotando en las b\u00f3vedas de la magn\u00edfica Iglesia, convertida en Catacumba, ca\u00edan sobre todos nosotros como riada de optimismo y de valor. Al cabo, despu\u00e9s de bendecidnos, nos recostamos para descansar y esperar tranquilos la muerte pr\u00f3xima. Casi todos nos hab\u00edamos proporcionado una manta, un colch\u00f3n y una almohada para no dormir en el duro suelo, que infinitos presos hab\u00edan dejado a su paso infecto y sucio. Yo observ\u00e9 que el P. Amado no ten\u00eda en d\u00f3nde acostarse y se recog\u00eda en un rinconcito.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Le llam\u00e9 y obligu\u00e9 a que se acostara conmigo. Poco despu\u00e9s dorm\u00eda profundamente. Tal era su tranquilidad. A las doce de la noche nuestra magn\u00edfica Iglesia prisi\u00f3n desmantelada, sin luz apenas, con cerca de trescientos hombres tirados por el suelo en la m\u00e1s rara y pol\u00edcroma confusi\u00f3n, se estremec\u00eda todav\u00eda con las plegarias de muchos hombres. S\u00f3lo el Padre dorm\u00eda profundamente. Hacia las dos de la madrugada nuestros verdugos aparecieron como una visi\u00f3n siniestra en el presbiterio. Fueron nombrando uno a uno y poniendo en libertad a muchos que nunca pensaron en recobrarla. Al llegar al P. Amado, el que parec\u00eda jefe de aquella chusma cant\u00f3 su nombre con una mezcla de odio y de sarcasmo. \u00abAmado Garc\u00eda. Fraile\u00bb. Tuve que despertarlo con alg\u00fan esfuerzo. Se present\u00f3 ante ellos, y como a los dem\u00e1s tambi\u00e9n le dijeron, aunque con un tono bien distinto: \u00abTambi\u00e9n a ti te vamos a dar la libertad. Esp\u00e9rate aqu\u00ed a la izquierda\u00bb. Su tono sarc\u00e1stico daba a entender bien claro lo que aquella libertad significaba para \u00e9l. Se acerc\u00f3 a mi y visiblemente emocionado, me dijo abraz\u00e1ndome: \u00abAdi\u00f3s. Hasta la eternidad\u00bb. Despu\u00e9s se acerc\u00f3 de nuevo a los jocosos esbirros y les dijo present\u00e1ndoles al Hermano: \u00abMatadme a m\u00ed, pero no hag\u00e1is nada a este pobre viejo que nada tiene que ver. Es solo un criado nuestro\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00fan no hab\u00eda amanecido. A las puertas del cementerio lleg\u00f3 un coche, y de \u00e9l descendieron unos cuantos asesinos trayendo a un detenido. Joven, resignado, tranquilo. Era el P. Amado, condenado a muerte por el enorme delito de ser un santo sacerdote. De su muerte edificante dec\u00edan al d\u00eda siguiente en un suelto del peri\u00f3dico los mismos rojos algunas alabanzas, que hoy, por no tener a mano el peri\u00f3dico, no puedo transcribir al pie de la letra. Por alguno de los que asistieron a su fusilamiento, pudimos recoger sus \u00faltimas palabras, cortas, sentidas, terminantes. \u00abMatadme cuanto antes, pero no me martiric\u00e9is. Dios os perdone como yo tambi\u00e9n os perdono\u00bb.<\/p>\n<p>El primer disparo debi\u00f3 cogerle en el acto de bendecidles, pues el proyectil, despu\u00e9s de atravesar su antebrazo, fue a alojarse en el cr\u00e1neo a la altura de la frente. Un nuevo disparo en el parietal derecho le arranc\u00f3 para siempre de entre nosotros.<\/p>\n<p>Por medio de algunas buenas mujeres conseguimos rescatar su cuerpo y enterrarlo en una sepultura particular; se hicieron algunas fotograf\u00edas de los lugares de su martirio, y se recogi\u00f3 una toalla empapada en su sangre preciosa.<\/p>\n<p>Permitidme que desde estas cuartillas levante esa toalla santificada y ennoblecida como un s\u00edmbolo y como una r\u00fabrica. La r\u00fabrica de esa p\u00e1gina maravillosa que en los anales de la Congregaci\u00f3n ha escrito nuestra casita de Gij\u00f3n; y el s\u00edmbolo de un porvenir magn\u00edfico que sobre esta flagelada tierra de Asturias se abre a nuestra peque\u00f1a residencia coronada por Dios con esa bandera de pur\u00edsima y nov\u00edsima libertad\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00abNatural de Moscard\u00f3n (Teruel), fue llevado en coche, juntamente con varios compa\u00f1eros, al amanecer del d\u00eda 24 de octubre de 1936, al cementerio municipal de Gij\u00f3n. Dejaron en la entrada al P. Amado y\u00a0 a otros tres compa\u00f1eros y los fusilaron inmediatamente a los cuatro. Fue sepultado en el cementerio municipal de Gij\u00f3n, el 26 de Octubre de 1939 en sepultura individual\u00bb. <\/strong><\/p>\n<p><em><br \/>\n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un laurel sobre las sienes de mis hermanos, una flor sobre su tumba, un altar a su memoria augusta en el templo glorioso de la Congregaci\u00f3n quisiera que fuese esta primera cr\u00f3nica. 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