{"id":119259,"date":"2013-04-21T01:59:33","date_gmt":"2013-04-20T23:59:33","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=119259"},"modified":"2016-07-27T12:05:43","modified_gmt":"2016-07-27T10:05:43","slug":"sor-consuelo-lejarraga-garcia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-consuelo-lejarraga-garcia\/","title":{"rendered":"Sor Consuelo Lejarraga Garc\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/03\/30\/sor-rafaela-echevarria\/biografias_hijas_caridad-2\/\" rel=\"attachment wp-att-118926\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-118926\" alt=\"biografias_hijas_caridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/03\/biografias_hijas_caridad.jpg?resize=243%2C314\" width=\"243\" height=\"314\" \/><\/a>Sesenta a\u00f1os de vida religiosa repartidos entre muy pocas cosas. Esta de Villada se lleva la mayor parte de esos seis decenios, principal precio con que compr\u00f3 la \u00abPerla de gran valor\u00bb. Bien supo gastarlo y consumirlos en su totalidad a cambio del gran logro y adquisici\u00f3n, que era su sue\u00f1o. Todos cuantos la conocieron dir\u00edan lo mismo: su conversaci\u00f3n no era m\u00e1s que cuando hablaba del cielo o preguntaba, cosa muy frecuente, algo de la visi\u00f3n beat\u00edfica, gozo y alegr\u00eda de los bienaventurados. Esto, que pudiera llamarse su santa obsesi\u00f3n, dio vida pujante y vigorosa a todas sus actividades, en las que dejaba traslucir la grandeza de su alma, las virtudes caracter\u00edsticas de la Hija de la Caridad con la mayor sencillez, \u00a0como si todo aquello no tuviese la m\u00e1s m\u00ednima importancia.<\/p>\n<p>ESP\u00cdRITU DE TRABAJO.\u2014Yo s\u00e9 que en sus primeros oficios, all\u00e1 en las \u00abEscuelas de la Reina\u00bb, del Hospicio Leon\u00e9s, en las que trabajaba con la Directora y otra Hermana, ella, a t\u00edtulo oficial, era la verdadera maestra y directora oculta que se multiplicaba en la ense\u00f1anza de las distintas asignaturas, especialmente el franc\u00e9s, que con plena satisfacci\u00f3n y contento del Prelado de la Di\u00f3cesis, que subvencionaba aquellas clases y la consiguiente alegr\u00eda y gratulaci\u00f3n de las com\u00adpa\u00f1eras. Esp\u00edritu de trabajo, que de las clases saltaba a los pacientes zurcidos con que transformaba lo viejo y roto en nuevo y bien fortalecido, a las labores delicadas y art\u00edsticas del bordado y la pintura; y en los domingos u otros d\u00edas de vacaci\u00f3n le llevaba hasta la cocina, donde aparte de suplir el trabajo de la Hermana encargada derrochaba sus habilida\u00addes. Es curioso consignar en este aspecto el recuerdo de aque\u00adlla rica y suculenta sopa tantas veces gustadas y alabada en el hospedaje a Prelados con motivo de la visita pastoral.<\/p>\n<p>TRES EN UNA.\u2014Con la mirada puesta en la eternidad desempe\u00f1aba todas esas actividades, y reflejo de este mirar era la caridad que en todas ellas le mov\u00eda e impulsaba. Con \u00ablas dos alas del amor gemelo\u00bb a Dios y al pr\u00f3jimo volaba por la capilla, por las clases, tr\u00e1nsitos, salas de ni\u00f1as o ancianas, cocina y piezas de recreaci\u00f3n, y con tanta destreza y altura que a todas edificaba e imped\u00eda que en torno suyo naciese o prosperase la conversaci\u00f3n, escasa de aquella virtud; a\u00fan m\u00e1s, lograba con ello tal uni\u00f3n y tanta cordialidad entre las com\u00adpa\u00f1eras de trabajo, que en las escuelas antes citadas logr\u00f3 el que las chicas mayores distinguieran al grupo de sus pro\u00adfesoras con el remoquete piadoso de \u00abla Sant\u00edsima Trinidad\u00bb. Tres en una. Con todo, yo recog\u00ed en sus \u00faltimos momentos aspiraciones sublimes de amor a Dios, humildemente expre\u00adsadas en forma que pudiera llamarse negativa, porque afir\u00admaba que nunca le hab\u00eda amado bien a causa de sus muchas miserias y pecados, a la vez que en un supremo esfuerzo, fren\u00adte a la asfixia que la ahogaba, su alma se fortalec\u00eda aceptan\u00addo la voluntad de Dios y ofreciendo tanta fatiga porque en , todos los hombres reinase aquella voluntad. \u00abAqu\u00ed tiene un alma en pena\u00bb, dec\u00eda. A lo que repuse: \u00abNo; alma en pena, no; cuerpo en pena, pero alma vigilante y tensa en el amor di\u00advino\u00bb.<\/p>\n<p>HUMILDAD Y POBREZA.\u2014Muchas veces vimos c\u00f3mo se dibujaba en su rostro una leve y suave sonrisa, mujer de po\u00adcas palabras, con que respond\u00eda ante una labor suya por to\u00addos alabada. Otras, era frase sencilla y sincera exigida por la cortes\u00eda y la y buena educaci\u00f3n, y siempre su gesto y su expre\u00adsi\u00f3n reflejaban una presencia divina que manten\u00eda el equilibrio de su alma sin que gustase el sabor humano de la Vanagloria\u00ad.<\/p>\n<p>Durante m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os en el cargo de Superiora, bien conocieron sus Hermanas y gustaron aquel trato humilde con que suaviz\u00f3 su gobierno. La primera en la obediencia \u00a0y en el servicio jam\u00e1s movieron su toca aires de mando, ni su actitud denot\u00f3 impulsos o movimientos de imposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Dentro siempre de la Regla, que para ella era algo sagrado, manifestaba profunda y delicadamente maternal e imprim\u00eda, al distribuir oficios, tanta bondad en sus decisiones que nac\u00edan ya con el resorte de un f\u00e1cil cumplimiento, y la obediencia, lejos de resultar costosa, se plegaba d\u00f3cil y suavemente aquella amabilidad. Pertenec\u00eda a ese grupo de superioras de hace cincuenta a\u00f1os, bien definido, en quienes se destacaban con magn\u00edfico relieve el esp\u00edritu de mansedumbre y de bondad de San Vicente.<\/p>\n<p>Su gesto de pobreza para cuanto girase en torno a su persona, convert\u00edase en generosidad cuando se trataba de aten\u00adciones para las dem\u00e1s. \u00abNo tengo necesidad de brasero. Esta habitaci\u00f3n, que el sol ba\u00f1a todo el d\u00eda, resulta confortable y&#8217; no paso fr\u00edo, aun cuando mis ocupaciones en ella no exijan movimiento.\u00bb Pero todo aquel confort solar dej\u00f3 de ser suficiente cuando una compa\u00f1era suya vino a la Casa y tuvo que hacer su vida en la misma pieza, y la camilla escond\u00eda ya de modo permanente en cada invierno, el calor permanente familiar del brasero que ella no hab\u00eda querido, hasta entonces, echar de menos. Para los otros, cuanto fuese conveniente. Para ella&#8230;, a\u00fan de \u00ablas bombonas de ox\u00edgeno or\u00addenadas por prescripci\u00f3n facultativa se pod\u00eda prescindir; por\u00adque si resultan caras&#8230;\u00bb; hasta el punto que se hizo preciso repetirla: \u00ab\u00bfPero no sabe que tiene pagadas todas las medicinas?\u00bb Y ella respondi\u00f3 a\u00fan: \u00abS\u00ed, \u00bfpero si resultan caras?\u00bb<\/p>\n<p>ULTIMOS PRESENTIMIENTOS.&#8211;El largo per\u00edodo de su enfermedad vino a ser como el crisol donde se purificaron y enriquecieron todas sus virtudes a trav\u00e9s de la edificante paciencia que Dios le concedi\u00f3 para gustar y saborear tantas angustias y fatigas. Una hora antes de morir me dijo: \u00ab\u00bfCree usted que mi alma ir\u00e1 al cielo?\u00bb Le respond\u00ed con la sugeren\u00adcia de algunos actos de amor de Dios y aceptaci\u00f3n sobrena\u00adtural de la muerte, y luego a\u00f1ad\u00ed: \u00abS\u00ed, creo que ir\u00e1 al cielo, y me parece que va a ser la Sant\u00edsima Virgen Milagrosa quien la lleve en los pr\u00f3ximos d\u00edas de su novena.\u00bb \u00abEn esto \u00faltimo se equivoca&#8211;me respondi\u00f3\u2014; no, no es la Milagrosa, es San Mart\u00edn quien me lleva y pronto.\u00bb Faltaban treinta y seis ho\u00adras para la fiesta del santo Obispo. \u00bfSan Mart\u00edn? \u00bfQu\u00e9 tiene usted con este santo? \u00abi Ah! Que as\u00ed me paga los peque\u00f1os trabajos que realic\u00e9 de joven en su iglesia parroquial de Le\u00f3n, a donde iba para ense\u00f1ar el catecismo a los ni\u00f1os.\u00bb Y San Mart\u00edn, que todav\u00eda catec\u00fameno era ya maestro en el amo al pobre, desnudo, efectivamente, recogi\u00f3 el alma de la anti\u00adgua catequista que supo tambi\u00e9n mucho del amor al nece\u00adsitado y la ense\u00f1\u00f3 a conocer y gozar de Dios eternamente desde aquella hora en que aqu\u00ed abajo, en su iglesia de Le\u00f3n, tocaban a las primeras v\u00edsperas de su fiesta.<\/p>\n<p>EL P\u00c1RROCO DE VILLADA<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El P. Miguel Domingo<\/p>\n<p>El d\u00eda 6 de enero de 1963 la estrella de los Magos se pres\u00adt\u00f3 a guiar los pasos del P. Miguel Domingo en su viaje a la Casa, de su eternidad, porque en la festividad de los Santos Reyes, cuando el P. Domingo, casi a los ochenta y cinco a\u00f1os de edad, se le qued\u00f3 muerto al Hermano Benito Garc\u00eda en sus propios brazos en el momento en que proced\u00eda a mudar\u00adle de pijama. Hab\u00eda metido ya un brazo, y cuando estaba me\u00adtiendo el otro not\u00f3 el Hermano que el brazo se le ca\u00eda; luego todo el cuerpo. Lo que \u00e9l ten\u00eda en sus brazos ya era un cad\u00e1ver. Momentos antes todav\u00eda el P. Domingo bromeaba afirmaba que no estaba tan mal como se cre\u00edan. Un poco c\u00e1rdenos not\u00f3 el Hermano que se quedaron los p\u00f3mulos; pero al amortajarle se qued\u00f3 tan natural, que parec\u00eda que la muer\u00adte hab\u00eda pasado por all\u00ed sin dejar la marca de su mueca.<\/p>\n<p>Sus facciones, duras y angulosas, delatoras de su car\u00e1cter celt\u00edbero, se hab\u00edan quedado suaves, distendidas y hasta son\u00adrientes. Dir\u00edase que despu\u00e9s del rudo batallar de la vida este gran luchador, que siempre fue el P. Domingo, hab\u00eda encontrado la paz definitiva.<\/p>\n<p>Hab\u00eda nacido el d\u00eda 30 de abril de 1877 en el pueblo de Barrachina, provincia de Teruel y Di\u00f3cesis de Zaragoza; in\u00adgres\u00f3 en la escuela apost\u00f3lica de Teruel, desde donde lleg\u00f3 a Madrid para hacer el ingreso en el Seminario interno de la Congregaci\u00f3n, que efectu\u00f3 el 30 de octubre de 1893, hacien\u00addo los votos el 31 del mismo mes de 1895. Ordenado sacerdote en las t\u00e9mporas de septiembre de 1902, tuvo los siguient\u00ades destinos: Profesor durante tres a\u00f1os en el Colegio del Sagrado Coraz\u00f3n, que nuestros Padres reg\u00edan en la ciudad le Matanzas; otros tres de misionero en la Merced de La Habana, a\u00f1o y medio en San Juan de Puerto pico y siete a\u00f1os de profesor del Seminario de Oajaca, en M\u00e9jico. Como conse\u00adcuencia de las revoluciones de Pancho Villa y Venustiano Ca\u00adrranza hubo de regresar a Espa\u00f1a, desde donde, al cabo de tres a\u00f1os pasados en actos de culto y misiones en Orense, regres\u00f3 de nuevo a M\u00e9jico, recorriendo en esta segunda etapa mejicana las Casas de Chihuahua, con dos a\u00f1os de profe\u00adsorado y misiones; Puebla, como ocho meses de Superior; Tacubaya, con seis a\u00f1os de Superior del famoso Colegio de San Jos\u00e9, llamado en su \u00e9poca de Alfonso XIII para disimular su car\u00e1cter religioso; Guadalajara, con cinco a\u00f1os de Superior; Oajaca, con cuatro a\u00f1os de Superior; otros cuatro de<\/p>\n<p>profesor en la Escuela Apost\u00f3lica de Uruap\u00e1n; desde 1941 a 1948 Superior de Chihuahua, y, por fin, procurador y misio\u00adnero en Guadalajara hasta 1954, regresando en este a\u00f1o a la Pen\u00ednsula para dejar sus huesos en la madre patria, en la cual despu\u00e9s de pasar unos meses en las Casas de Sevilla y San Pedro, de Madrid, form\u00f3 parte, desde 1955, de esta Com\u00adunidad central, en la que \u00abpost tot et ten diuturnos labore\u00ads, sancto fine quievit\u00bb, a los setenta a\u00f1os de su vida misio\u00adnera y a los ochenta y seis de su edad.<\/p>\n<p>Estos lugares y estos ministerios no son m\u00e1s que el esqueleto y el hilo conductor de una vida tan variada como prolongada. Especialmente durante su casi medio siglo de trabajos en la naci\u00f3n mejicana le enfrentaron con situaciones tan dram\u00e1ticas como llenas de peligros, en que s\u00f3lo por milagro pudo salvar la vida al igual que otros compa\u00f1eros. El conoci\u00f3 los \u00faltimos a\u00f1os tranquilos de la dictadura de Porfirio D\u00edaz y los prolongados a\u00f1os tormentosos de los tira\u00adnos de turno, casi todos ellos perseguidores de la Iglesia, ta\u00adles como Madero, Villa, Carranza, Obreg\u00f3n y, sobre todos, Plu\u00adtarco El\u00edas Calles. Tambi\u00e9n hubo de enfrentarse con los ro\u00adjos espa\u00f1oles acogidos y protegidos por los gobiernos mas\u00f3\u00adnicos de aquella rep\u00fablica, vi\u00e9ndose obligado a sostener con ellos no pocas escaramuzas vindicativas de los valores hisp\u00e1\u00adnicos y religiosos que ellos combat\u00edan.<\/p>\n<p>Un roble fu\u00e9 el P. Domingo, que se mantuvo fuerte y en\u00adhiesto durante el medio siglo largo de peripecia mejicana, desafiando todos los vientos. Durante ella conoci\u00f3 la vida clan\u00addestina y errante, el zafarse de los perseguidores, el paso fur\u00adtivo de fronteras, el enfrentarse con soldados y generalitos de calles y hasta el hacerse simp\u00e1tico por su car\u00e1cter abier\u00adto y valiente a no pocos de ellos, y recibir de uno de ellos la confidencia de que lo que \u00abnecesitaba era un Franco\u00bb. En 1947 qu\u00e9 nombrado por la Provincia mejicana para representarle en la Asamblea General de aquel ario. En esta saz\u00f3n nues\u00adtros vecinos estaban a partir un pi\u00f1\u00f3n con Rusia y el pi\u00edsi\u00admo De Gaulle y el no menos pi\u00edsimo Bidault, entonces tan amigos como hoy enemigos, no ten\u00edan escr\u00fapulos en dar la mano al comunismo ateo de Stalin con el pacto franco-sovi\u00e9\u00adtico, pero lo ten\u00edan en d\u00e1rsela al catolicismo franc\u00e9s. Neg\u00e1n\u00addole la sal y el agua hasta el punto de echar un cierre her\u00adm\u00e9tico a la frontera franco-espa\u00f1ola, como si los espa\u00f1oles, por el delito de haber defendido con las armas nuestro cato\u00adlicismo y hecho morder el polvo a las mesnadas comunistas, fu\u00e9ramos los leprosos de Europa, que era preciso poner en cuarentena. Cuando el P. Domingo se enter\u00f3 de lo del cierre, se dijo para s\u00ed que no estaba dispuesto a respetarle y se resolvi\u00f3 a salt\u00e1rselo a la torera. Recal\u00f3 en Hendaya, husme\u00f3, busc\u00f3 y encontr\u00f3 una peque\u00f1a embarcaci\u00f3n que alquil\u00f3 a un vasco franc\u00e9s, quien a espalda de la polic\u00eda fronteriza le llevo a la costa espa\u00f1ola; mas como no pudiera arrimar la barca a la orilla hubo de cargar con \u00e9l a las espaldas y depositarlo entre unos maizales aleda\u00f1os a la costa, en donde estuvo a punto de perecer a manos de nuestros soldados que andaban por aquellos parajes a caza de maquis y malhechores internacionales que trataban de infiltrarse en Espa\u00f1a. Como ven\u00eda de paisano le cost\u00f3 identificarse como sacerdote; mas sus argumentos fueron convincentes y fue guiado hasta San Se\u00adbasti\u00e1n. Por tercera vez se embarc\u00f3 para M\u00e9jico, y todav\u00eda fue Superior y dio ejercicios y sali\u00f3 de misiones, hasta que 1954 regres\u00f3 a Espa\u00f1a, recalando en la Casa Central en 1955.<\/p>\n<p>Donde su vida fue m\u00e1s tranquila, aunque no del todo. Parec\u00eda que su recia vitalidad necesitaba un enemigo, y lo encontr\u00f3 en los j\u00f3venes. Entre ellos y \u00e9l hab\u00eda una distancia de sesenta a\u00f1os, entre su noviciado y el de ellos y entre la Casa Central de 1893 a 1902, que \u00e9l conoci\u00f3, y la de 1955 a 1962 en que le toc\u00f3 pasar sus \u00faltimos a\u00f1os, la distancia se med\u00eda por una regularidad a ultranza y por un silencio \u00abmultitudinario\u00bb y valga la paradoja, que alude a los 300 individuos que le guardaban con realismo tal, que parec\u00eda mascarse y tocarse; de suerte que su presencia s\u00f3lo se notaba cuando la campana pon\u00eda en movimiento sus pies para alg\u00fan acto de Comunidad. Se comprende cuando en esta su \u00faltima etapa ve\u00eda a los j\u00f3venes bajar o subir las escaleras de dos en dos o de tres en tres y comunicarse ruidosamente sus impresiones, dar alg\u00fan portazo o correr por los pasillos, estallara su indignaci\u00f3n, alzara sus brazos, crespara sus manos, apretar\u00e1 sus mand\u00edbulas y borbotara alguna expresi\u00f3n dura e inapta para transcribirse. Dir\u00edasele un El\u00edas o un pro\u00adfeta cualquiera del Antiguo Testamento. Los j\u00f3venes, por su parte, le comprend\u00edan y parec\u00edan no enterarse, aunque no siempre. En cierta ocasi\u00f3n, ante un gesto de \u00e9stos, uno de los j\u00f3venes me dijo:<\/p>\n<p>-Mire, P. Herrera, si cuando yo sea viejo hago una ra\u00adreza enci\u00e9rreme en la enfermer\u00eda y no me deje salir de all\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando usted sea viejo &#8211;le repliqu\u00e9\u2014, \u00bfd\u00f3nde estar\u00e9 yo entonces? Si yo viviera cuando usted tuviera la edad del P. Domingo, tendr\u00eda yo ciento veinte a\u00f1os y \u00bfqu\u00e9 rarezas no har\u00eda?<\/p>\n<p>Cinco d\u00edas despu\u00e9s el joven, rotos sus compromisos con Dios y con la Congregaci\u00f3n, abandonaba la casa y se pasaba con sus t\u00edtulos universitarios y con todo su bagaje de elegancia y finura a la tienda de los pecadores.<\/p>\n<p>iEsta s\u00ed que es rareza, coment\u00e9 por mi capote, y gran extravagancia y locura merecedoras del encierro perpetuo!<\/p>\n<p>Eran muchas veces preferibles aquellas rarezas que es insigne locura, que el P. Domingo jam\u00e1s hubiera sido capaz de cometer. Su amor a la vocaci\u00f3n, lo mismo que su fe, era como eran de car\u00e1cter enterizo, a la usanza antigua, a machamartillo, sin compromisos ni componendas. Sus mismas rarezas le ven\u00edan de ah\u00ed. Nunca dej\u00f3 vac\u00edo su puesto en meditaci\u00f3n de la ma\u00f1ana desde el primer minuto hasta \u00faltimo. La meditaci\u00f3n es el nudo de la vocaci\u00f3n, y el que n la pierde, dir\u00eda San Vicente, no perder\u00e1 la vocaci\u00f3n. Y a ella acud\u00eda todos los d\u00edas el P. Domingo, en invierno, en prior vera, en verano y en oto\u00f1o, a cuerpo limpio, sin dulleta abrigo, como iba siempre, porque en aguantar el fr\u00edo ganaba los j\u00f3venes. Su actitud pol\u00e9mica en defensa de la fe de la regla o de Espa\u00f1a no admit\u00eda paliativos. Era como si en \u00e9l hubiera habido un cura carlista frustrado. Es seguro que de haber estado en Espa\u00f1a en los d\u00edas de la Cruzada de liberaci\u00f3n nacional, cuyas incidencias sigui\u00f3 con gran emoci\u00f3n desde M\u00e9jico, no se hubiera contentado con ser capell\u00e1n de la Legi\u00f3n. Hubiera sido una segunda edici\u00f3n del cura Merino.<\/p>\n<p>A pesar de todo esto, el P. Domingo ten\u00eda su coranz\u00f3ncito, y si buceamos un poco, su gran coraz\u00f3n. Amaba extraordinariamente a Espa\u00f1a, a M\u00e9jico y a la Congregaci\u00f3n. Especialmente en M\u00e9jico tuvo muy buenos amigos, y de M\u00e9jico no sab\u00eda parar de hablar cuando alguien, tir\u00e1ndole de la lengua, le abr\u00eda las v\u00e1lvulas, que \u00e9l soltaba en catarata de an\u00e9cdotas y de historia de los personajes de la Rep\u00fablica. Entre las apost\u00f3licas distingu\u00eda a la de Teruel, por estar enclavado en su provincia de origen. Y aquello no era un amor plat\u00f3nico; lo prueban estas l\u00edneas de una carta que el Superior R. P. Jes\u00fas G\u00f3mez le escribi\u00f3 con fecha del 7 de febrero 1955: \u00abMa\u00f1ana, d\u00eda 8, se cumple el a\u00f1o en que usted, habi\u00e9ndonos honrado con su grata compa\u00f1\u00eda durante unos d\u00edas nos dej\u00f3 al marchar un cuantioso donativo para esta apost\u00f3lica. Altamente agradecidos entonces, le queremos demostrar hoy que no ech\u00f3 en \u00absaco roto\u00bb tan pr\u00f3diga generosidad. Nunca, P. Domingo, hemos conocido una tal generosidad para<\/p>\n<p>con esta apost\u00f3lica, cosa que aqu\u00ed quiero hacer constar para ponderar el gesto que usted tuvo con ella. Los sacrificios y privaciones que esa generosidad de usted supone en los d\u00edas pas\u00f3 en M\u00e9jico, eso s\u00f3lo Dios lo sabe\u00bb.<\/p>\n<p>Todav\u00eda m\u00e1s cuantiosa fue su generosidad cuando unos d\u00edas antes de meterse en cama hizo un viaje a Teruel en compa\u00f1\u00eda del M. R. P. Domingo Garc\u00eda, port\u00e1ndose como un abuelo con sus nietos al dejar para la formaci\u00f3n de los \u00abFuturos \u00a0Ap\u00f3stoles\u00bb la cantidad de 100.000 pesetas.<\/p>\n<p>Por fin, su coraz\u00f3n de viejo luchador, como un le\u00f3n que se rinde, se le neg\u00f3 a seguir ayud\u00e1ndole, y ante las \u00f3rdenes perentorias del m\u00e9dico hubo de internarse en la enfermer\u00eda para poder ser controlado. En las \u00faltimas semanas el Herma\u00adno Benito Garc\u00eda ten\u00eda que hac\u00e9rselo todo, y hasta fue el que le convenci\u00f3 que estaba grave y que deb\u00eda de recibir los \u00faltimos sacramentos, que recibi\u00f3 de manos del P. Albendea, rog\u00e1ndole que pidiera en su nombre perd\u00f3n a la Comunidad.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s, como quien no quiere la cosa, sin esfuerzo, sin agon\u00eda ni espasmos, su cuerpo se qued\u00f3 en los brazos del hermano Benito, mientras su alma sigui\u00f3 el rumbo de la estrella de los Magos que le condujo, como dice el \u00abManual de Meditaciones\u00bb: \u00abin regionem suam\u00bb.<\/p>\n<p>J. HERRERA, C. M.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sesenta a\u00f1os de vida religiosa repartidos entre muy pocas cosas. Esta de Villada se lleva la mayor parte de esos seis decenios, principal precio con que compr\u00f3 la \u00abPerla de gran valor\u00bb. 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