{"id":119197,"date":"2013-04-15T02:31:36","date_gmt":"2013-04-15T00:31:36","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=119197"},"modified":"2016-07-27T12:10:48","modified_gmt":"2016-07-27T10:10:48","slug":"manuel-valero","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/manuel-valero\/","title":{"rendered":"Manuel Valero"},"content":{"rendered":"<div><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2013\/03\/21\/el-p-jose-cervera\/biografias-paules-337\/\" rel=\"attachment wp-att-118287\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-118287\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/02\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>Ha muerto el P. Valero. A medida que esta noticia haya ido cayendo en el alma de tantos que un d\u00eda fuimos sus disc\u00edpulos, un escalofr\u00edo espiritual habr\u00e1 ido recorriendo el campo \u00edntimo de nues\u00adtro sentimiento. Para unos, la muerte del P. Valero ser\u00e1 una noti\u00adcia, f\u00e1cilmente asimilable, porque podr\u00e1n enlazar el \u00faltimo suspiro de este anciano de, setenta a\u00f1os, con los a\u00f1os de su propia adoles\u00adcencia en algunas de nuestras escuelas apost\u00f3licas. Para ellos, la muerte de este hombre, en quien recordar\u00e1n, adem\u00e1s de su huma\u00adnismo ling\u00fc\u00edstico, un humanismo moral v paternal, tendr\u00e1 s\u00f3lo la sonoridad de la piedra ca\u00edda en la profundidad de un pozo. Para otros, que adem\u00e1s de esa experiencia escolar, de disc\u00edpulo a maes\u00adtro, han tenido la suerte de una convivencia posterior con \u00e9l, la muerte del P. Valero significar\u00e1 la p\u00e9rdida de alguien sublimado por el trabajo diario y la p\u00e9rdida de una cima de perseverancia di\u00adf\u00edcilmente superable.Pero no es desde este punto de vista individual desde donde la figura del. P. Valero adquiere su total resonancia. Individualmente todos habremos quemado ante su tumba el homenaje de nuestro do\u00adlor. Y este dolor, por su ausencia, ser\u00e1 la mejor prueba de su pre\u00adsencia. Una presencia viva que supera la realidad del sentimiento y recuerdo individuales, para llegar a alcanzar la presencia infatiga\u00adble dentro de la realidad estructural de la propia Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y es aqu\u00ed, en el marco mismo de la Congregaci\u00f3n, donde la figu\u00adra del P. Valero adquiere su completa extensi\u00f3n. No hace mucho que un pensador famoso hablaba de los hombres-cimiento. Estos hombres, sencillos, trabajadores, humildes, que d\u00eda tras d\u00eda, con perseverancia suprema, cumplen el deber de cada hora. Esos hombres representan en la sociedad el papel que los cimientos representan en las casas. Hoy hombres de tejado. Hombres que aguantan las grandes lluvias, las nieves, los duros hielos, pero tambi\u00e9n <i>se <\/i>ven con<sup>&#8211;<\/sup>menea\u00addos por el brillo y el resplandor en los d\u00edas de sol. Estos hombres son necesarios en la sociedad y son tambi\u00e9n necesarios en la Con\u00adgregaci\u00f3n. Hombres que en cada minuto de su vida tienen una res\u00adponsabilidad trascendental, como si su vivir fuera una sucesi\u00f3n de campeonatos. Son los hombres del d\u00eda, los hombres de los que se habla, los hombres noticia. Hay, por el contrario, otros hombres ante quien un periodista sensacional se dejar\u00eda caer la pluma. Son esos hombres que encontraron en su vida un puesto de trabajo y permanecieron hincados en \u00e9l, sin preocuparse de la vistosidad, pero in\u00adcansablemente preocupados de su efectividad. Como los cimientos.<\/p>\n<p>Este ha sido el caso del P. Manuel Valero. Por eso bien podemos calificarle, dentro de los l\u00edmites de la Congregaci\u00f3n, como un hom\u00adbre-cimiento. Quiz\u00e1 no aparezcan en su vida grandes despliegues de vistosidad. Tampoco en los cimientos de un edificio interesa la ornamentaci\u00f3n lujosa. Interesa- \u00fanicamente su funci\u00f3n: b\u00e1sica y sos\u00adtenedora. Ah\u00ed, en los cimientos de la Provincia de Madrid, ha esta\u00addo el P. Valero durante cincuenta a\u00f1os, sereno, sin rendirse, sin exenciones de ninguna clase, sosteniendo este edificio que nace y empieza a crecer en nuestras Casas de formaci\u00f3n. La cubierta de un edificio puede ablandarse por la sequ\u00eda y el calor, puede resque\u00adbrajarse por hielo. No es una p\u00e9rdida irreparable. Pero eso no se le puede permitir a un cimiento, ni pod\u00eda permit\u00edrselo el P. Valero. Cada d\u00eda, cada hora de su vida, \u00e9l ha estado en contacto con la ra\u00edz y la tierra de la Congregaci\u00f3n, en contacto con ese hacer del hombre, del misionero, del sacerdote. No se ha quejado de su pues\u00adto, no ha sacudido jam\u00e1s el hombro de su responsabilidad. El Pa\u00addre Valero ha tenido una vocaci\u00f3n m\u00edstica de hombre-cimiento.<\/p>\n<p>P. VALERO, HOMBRE SERENO<\/p>\n<p>Al asomarse al cristal que cubr\u00eda su f\u00e9retro, cualquier vivo po\u00addr\u00eda sentirse impaciente ante la impresi\u00f3n de esa excesiva serenidad que brota de todos los cad\u00e1veres. Tambi\u00e9n el cad\u00e1ver del. P. Vale\u00adro, con su absoluta serenidad, con su alarmante paciencia, con su aplastante seguridad, era algo que inquietaba ver desde nuestra vida arrolladora, desde nuestro agitado obrar. El cad\u00e1ver del Pa\u00addre Valero reflejaba esa serenidad, esa paciencia agotadora, esa condescendencia con el misterio, no como algo impuesto por ese \u00fal\u00adtimo gesto de la vida que es la muerte. Esta serenidad, esa pacien\u00adcia, esa condescendencia con el misterio, le ven\u00edan a su cad\u00e1ver de muy atr\u00e1s. Le ven\u00edan no de su muerte, sino de su vida. Los que le han conocido en su vivir <i>y <\/i>en su convivir, en su mandar y en su obedecer, en su ense\u00f1ar y en su aprender, habr\u00e1n sentido mucho antes del d\u00eda siguiente a su muerte esa paz que en el \u00e1nimo de los que le trataron con un poco de intimidad, produc\u00eda la seguridad de su fe, la paciencia de su obra, la serenidad de su hablar. A veces, confes\u00e9moslo, le hubi\u00e9ramos querido m\u00e1s aventurado, m\u00e1s insegu\u00adro, incluso. Ahora, ante su cad\u00e1ver, volvemos a leer otra vez y a experimentar ese desenlace natural de su vida serena, segura, pa\u00adciente. Otra vez le quisi\u00e9ramos al P. Valera m\u00e1s fogoso, m\u00e1s lanza\u00addo, o como dir\u00edamos en nuestro lenguaje de hombres vivos, m\u00e1s ac\u00adtivo. Pero no, el P. Valero no llamar\u00e1 la atenci\u00f3n tampoco despu\u00e9s de su muerte. El misterio de su vida s\u00f3lo lo comprender\u00e1n los que hayan<sub><\/sub>saboreado el gusto y el amargor del silenciar y ser silencia\u00addos, el gusto y el amargor del mandar, del obedecer y del convivir por encima de las diferencias, el gusto y el amargor de la fe en su propia vocaci\u00f3n. La espesura de su ciencia s\u00f3lo la comprender\u00e1n los que hayan intentado asimilarla. La ilusi\u00f3n por el estudio s\u00f3lo la captar\u00e1n los que hayan participado en su gozo vi\u00e9ndole descu\u00adbrir, a los sesenta y nueve a\u00f1os, significados de una lengua nueva para \u00e9l.<\/p>\n<p>Ha, muerto el P. Valero. Ha muerto como \u00e9l quer\u00eda: sin queha\u00adcer. \u00abSiempre le pido a Dios la gracia de morir sin dar trabajo a mis compa\u00f1eros.\u00bb No ser\u00eda \u00e9ste un sentimiento ego\u00edsta cuando Dios le ha escuchado. Muri\u00f3 sin dar quehacer. Muri\u00f3 sencillamente sin grandes frases. Hac\u00eda ya casi medio a\u00f1o que hab\u00eda dicho \u00abHoy me he confesado para morir.\u00bb \u00abEntonces, \u00bfest\u00e1 usted tranquilo.\u00bb \u00abGozo de una paz que casi es la felicidad.\u00bb Todav\u00eda m\u00e1s paz, todav\u00eda m\u00e1s serenidad. As\u00ed se explica que en aquellos momentos en que el cora\u00adz\u00f3n le brincaba incontrolable, \u00e9l ayudara a su respiraci\u00f3n imposi\u00adble con una sonrisa: \u00abEsto se acaba. Esto se acaba.\u00bb Ahora estar\u00e1 en el cielo, cubierto de amplia risa y diciendo con un peque\u00f1o sus\u00adto: \u00abEsto empieza. Esto empieza.\u00bb<\/p>\n<p>III.\u2014EL P. VALERO, HOMBRE DE COMUNIDAD<\/p>\n<p>Esos setenta a\u00f1os de vida que acaban de ser enterrados hab\u00edan tejido sobre la vida del P. Valero un rostro tan sencillo, que hu\u00eda a toda definici\u00f3n. De algunos de nuestros grandes misioneros ha dicho la gente que, por su grandeza y su personalidad, escapaban a los marcos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Al P. Puget le han ne\u00adgado algunos el t\u00edtulo de lazarista porque, dec\u00edan, su car\u00e1cter excep\u00adcional, su estilo de ser, desbordan por propio derecho los l\u00edmites de la Comunidad. Cierto que la gente al hablar as\u00ed cae en un tremen\u00addo defecto de perspectiva. Pero tambi\u00e9n es cierto, que al P. Valero no se le pod\u00edan atribuir esas exenciones, y aun as\u00ed conserva inc\u00f3lu\u00adme <i>su <\/i>grandeza humana. Su car\u00e1cter, su genio, su estilo de ser le involucraban, naturalmente, dentro de la. Comunidad. Esto no sig\u00adnifica que \u00e9l tuviera un estilo de ser gregario. Significa que era un hombre que hac\u00eda comunidad, un hombre en el que esa dualidad sacerdote y misionero hab\u00eda llegado a una perfecta unificaci\u00f3n. Ese esfuerzo que muchos se ven obligados a hacer para insertarse en el engranaje de una comunidad, no hab\u00eda dejado en su modo de vida ninguna apariencia de haber existido. El ideal impuesto por la Con\u00adgregaci\u00f3n se hab\u00eda confundido tan exactamente con el ideal sico\u00adl\u00f3gico de su inclinaci\u00f3n personal que no hab\u00eda dejado ninguna fuer\u00adza a la reserva ni extraviada. No cabe duda de que es este bloque perfectamente s\u00f3lido v unificado entre el ideal natural de su sico\u00adlog\u00eda y el ideal impuesto para la Congregaci\u00f3n, lo que hace que la vida del P. Valero sea tan seguida y nivelada, tan exenta de la m\u00e1s m\u00ednima excentricidad .<\/p>\n<p>El P. Dod\u00edn nos habla de dos t\u00e9cnicas de pertenecer a la Con\u00adgregaci\u00f3n: T\u00e9cnica de envejecimiento ,y t\u00e9cnica de rejuvenecimien\u00adto. La primera consiste en prolongar hasta nuestra vida, de una ma\u00adnera correcta y sensata, la vida de San Vicente de Pa\u00fal, haci\u00e9ndo\u00adle pronunciar, las palabras que encuadran dentro de su esp\u00edritu abri\u00e9ndole camino en las obras que le caracterizan, aunque sean obras modern\u00edsimas. La segunda t\u00e9cnica de pertenencia a la Con\u00adgregaci\u00f3n consiste en alargar nuestra vida hasta la vida de San Vi\u00adcente de Pa\u00fal, beber y vivir las purezas de las fuentes, concentrar\u00adse en las obras primitivamente vicencianas. \u00bfCu\u00e1l de estas dos t\u00e9c\u00adnicas predomina en la vida del P. Valero? Si la distancia que nos separa de \u00e9l fuera mayor y nos permitiese una cr\u00edtica de este trozo de historia vicenciana que cubren los cincuenta y cuatro a\u00f1os de su vocaci\u00f3n, si tuvi\u00e9semos cierto manejo del an\u00e1lisis hist\u00f3rico, po\u00addr\u00edamos certeramente colocar al P. alero en ese puesto que le per\u00adtenece dentro de a la tradici\u00f3n vicenciana. Ojal\u00e1 alguien se encuentre ya trabajando en una verdadera biograf\u00eda con fechas y todo. Estas l\u00edneas necesariamente han de ir impensadas, salidas del s\u00fabito do\u00adlor que su muerte nos ha causado.<\/p>\n<p>Nos aventuramos a colocar al P. Manuel Valero en el centro de estas dos t\u00e9cnicas con una inclinaci\u00f3n y preferencia hacia la segun\u00adda. En el centro, porque el P. Valero no fue extremista en ning\u00fan sentido. Y agarrarse exclusivamente a una de esas dos t\u00e9cnicas de pertenencia a la Congregaci\u00f3n produce extremismos Con inclina\u00adci\u00f3n a la segunda, porque el P. Valero honraba la estabilidad y la continuidad, aunque nunca se cerrara a La amplitud de movimien\u00adtos. No podemos hablar en su vida de esos cl\u00e1sicos achaques atri\u00adbuidos a la vejez y que autom\u00e1ticamente delimitan el horizonte. Los \u00faltimos a\u00f1os de su vida ha sabido enlazar sin la m\u00e1s m\u00ednima es\u00adtridencia con la generaci\u00f3n m\u00e1s joven de la provincia. La m\u00edstica del magistrado que le ha absorbido durante toda su vida, su respon\u00adsabilidad, la tenacidad con que estaba pose\u00eddo por la c\u00e1tedra y que le ha durado hasta el \u00faltimo d\u00eda, le han obligado a convivir y a compartir su tarea con j\u00f3venes, sin que entre \u00e9l y ellos hubiera lazos de generaciones intermedias. A pesar de esto, nadie que haya con\u00advivido con \u00e9l estos \u00faltimos a\u00f1os podr\u00e1 negar que era gran anima\u00addor y admirador de los j\u00f3venes y nov\u00edsimos educadores. Con ellos repart\u00eda gozosamente su ciencia y sus m\u00e9todos, y con ellos compar\u00adt\u00eda las innovaciones.<\/p>\n<p>Esta juventud conservada en sus setenta a\u00f1os es fruto exclusivo de hombres flexibles ante los dem\u00e1s y r\u00edgidos consigo mismo. Saint\u00adBeuve dice que la \u00abvejez endurece algunos rasgos del car\u00e1cter, co\u00adrrompe otros, pero en ning\u00fan aspecto madura\u00bb. De esta ley de vejez, ley de endurecimiento y (de corrupci\u00f3n, s\u00f3lo se salvan quienes ad\u00adquirieron madurez total antes de llegar a la ancianidad. Los ras\u00adgos que llevemos a la vejez sin madurar son los que no endurece\u00adr\u00e1n el car\u00e1cter cuando seamos viejos. He aqu\u00ed el secreto del Pa\u00addre Valero: Todo \u00e9l lleg\u00f3 maduro a la vejez. \u00bfCu\u00e1ntos hay que pu\u00addieran subrayar esta frase: \u00abAl P. Valero siempre le he conocido igual, siempre le he conocido anciano.\u00bb Este dato fisiol\u00f3gico es un s\u00edntoma de su esp\u00edritu: madur\u00f3 siendo tan joven que pudo entrar en la vejez temprano y sin resentimientos, es decir, pudo entrar en la vejez siendo joven. La madurez en \u00e9l hab\u00eda sido tan natural y tan (completa que pudo llegar al oto\u00f1o de su vida con tiempo so\u00adbrante, con acoplamiento perfecto, con la suficiente dulzura y luz como para esperar que la muerte arrancara los frutos sin que le desgajara ninguna rama. Se ha dicho: vio hay propiamente edad de la vejez.; se es viejo cuando se comienza a actuar como viejo. \u00bfC\u00f3mo actuaba el P. Valero? En el cementerio de Murgu\u00eda ha que\u00addado sembrado su cuerpo, pero en el Seminario de Murgu\u00eda est\u00e1 la clase donde \u00e9l ense\u00f1aba. Ah\u00ed est\u00e1n, sobre todo, sus \u00faltimos disc\u00ed\u00adpulos, los que le quer\u00edan verdaderamente\u2014qu\u00e9 f\u00e1cil es decirlo\u2014, los que le visitaban en su habitaci\u00f3n los cinco \u00fanicos d\u00edas de su en\u00adfermedad corno se visita a un amigo paternal. El cari\u00f1o de esos j\u00f3\u00advenes habla de juventud. En Murgu\u00eda hay una decena de sacerdotes j\u00f3venes a quienes la \u00faltima ausencia del P. Valero les ha dejado un tremendo vac\u00edo moral. Este sentimiento, este desgarr\u00f3n exigen en el P. Valero algo m\u00e1s de setenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>IV.\u2014M\u00cdSTICA DEL P. VALERO<\/p>\n<p>En este conjunto de rasgos deshilvanados que estamos Ofrecien\u00addo sobre la figura del P. Valoro, perm\u00edtasenos ofrecer uno m\u00e1s. El m\u00e1s importante. El m\u00e1s dif\u00edcil. Por encima de sus rasgos sicol\u00f3gi\u00adcos y morales, por encima de su m\u00edstica de ense\u00f1ar y de aprender, est\u00e1 su m\u00edstica de ser santo. \u00bfQu\u00e9 ideolog\u00eda espiritual, qu\u00e9 apoyos de vida interior han estado cimentando estos setenta a\u00f1os de entre\u00adga a un ideal y de consagraci\u00f3n a Dios? Cu\u00e1nto agradecer\u00edamos que alguno de los Padres que tienen la perspicacia del esp\u00edritu nos ofreciera una radiograf\u00eda espiritual y m\u00edstica del P. Velero. De lo contrario tendremos que contentarnos con recubrir esta parte esen\u00adcial de su vida con ese mismo velo con que \u00e9l la cubri\u00f3.<\/p>\n<p>S\u00f3lo una cosa podremos decir con absoluta seguridad, aunque ser\u00e1 a fuerza de ser vulgares. As\u00ed como su vocaci\u00f3n personal form\u00f3 un bloque perfecto con la vocaci\u00f3n funcional impuesta por la obediencia, tambi\u00e9n su apoyatura individual del esp\u00edritu estuvo confun\u00addida con las pr\u00e1cticas de piedad y la ideolog\u00eda vicenciana. Funcio\u00adnalmente gast\u00f3 todas sus energ\u00edas en los Seminarios de la propia Congregaci\u00f3n. Este ministerio, expresamente vicenciano, model\u00f3 tambi\u00e9n su esp\u00edritu de modo vicenciano. Apenas tuvo ocasi\u00f3n de po\u00adnerse en contacto con ese mundo ancho del apostolado misionero. Pero la asimilaci\u00f3n de todo lo vicenciano le permit\u00edan educar apos\u00adt\u00f3lica y misioneramente. Forzosamente estas frases han de parecer inexpresivas. Y es que nada raro, nada que se saliese de los sen\u00adderos vicencianos, aparec\u00eda en sus formas espirituales y de piedad. Ya hemos dicho que su propia sicolog\u00eda estaba formada a la medi\u00adda de la vida de Comunidad. No podemos imaginarnos al P. Vale\u00adro haci\u00e9ndose su vida, ni intelectual, ni funcional, ni espiritualmen\u00adte desligado de una Comunidad. Hay hombres cuya sicolog\u00eda es una permanente tentaci\u00f3n a descentrarles del vivir comunitario. El modo de ser del P. Valero era una constante que le empujaba, hacia el ser y el estar de la Comunidad. Por eso su configuraci\u00f3n espiritual, sus maneras de santidad eran efectos propios, casi dir\u00edamos \u00abex opere operato\u00bb, de este cuasi sacramento, que es el caminar al ritmo lento, pesado y seguro de un grupo comunitario.<\/p>\n<p>Ya tenemos al P. Valero centrado en una Comunidad, su puesto propio por exigencia de car\u00e1cter. \u00bfQu\u00e9 tipo de Comunidad elegir\u00e1? No debemos perder tiempo en buscar posibles soluciones a esta pre\u00adgunta. Sicol\u00f3gicamente el P. Valero no era un hombre rebuscado. No era un hombre ni introvertido &#8216;ni extravertido. Supo conservar y .aumentar su mentalidad individual, poni\u00e9ndola al servicio de su Mentalidad colectiva. \u00bb \u00bfQu\u00e9 pecados puede tener usted, P. Valero?\u00bb Le consol\u00e1bamos en aquellos momentos en que el coraz\u00f3n le daba campanadas de agon\u00eda. \u00abQue yo recuerde\u2014nos respond\u00eda\u2014, me pa\u00adrece que no he dado grandes disgustos a ning\u00fan superior.\u00bb Es un detalle de su m\u00edstica de instituto.<\/p>\n<p>Pero esta m\u00edstica ten\u00eda un barniz fundamental: la sencillez. La sencillez era otra necesidad que brotaba de su persona. No era un hombre de grandes ademanes. Sab\u00eda hacer historia de cualquier pe\u00adque\u00f1o detalle de su vida, y lo hac\u00eda con agudeza, con golpes de in\u00adter\u00e9s, pero nunca daba la impresi\u00f3n de estar exagerando. Que nadie achaque esto a vulgaridad, sino a sencillez. Ese detalle de oro que a veces resulta inapreciable. La vida humana tiene muchas veces, in\u00adcluso dentro de la Congregaci\u00f3n, aspectos de reptil: exageraciones, boato, posturas, pol\u00edtica de&#8217; grupo, mentira. Todo contribuye a rom\u00adper en nosotros ese equilibrio de la sencillez. Busquemos un hom\u00adbre exento de todo eso y apostemos por \u00e9l sin miedo. Al final de su ida nada admiraremos tanto en ese hombre. Por no ser hombre mentiroso, por no ser hombre de postura ni de pol\u00edtica ni de boato, por no ser un hombre exagerado, por ser un hombre sincero y sen\u00adcillo, por ser un hombre que ten\u00eda todas sus palabras y todos sus gestos al nivel del coraz\u00f3n, nosotros, ante el cad\u00e1ver que contemplamos el d\u00eda 27 de enero en una habitaci\u00f3n de la Casa de Murgu\u00eda, ya hemos apostado por un hombre: el P. Manuel Valero.<\/p>\n<p>Y con este permiso de la sencillez ya no ten\u00eda el P. Valero ning\u00fan problema para elegir la clase de comunidad a la que deb\u00eda consagrar la carga de trabajo y de responsabilidad que brotaba de su car\u00e1cter. En su ministerio fu\u00e9 un Hijo de San Vicente por su perpetua tarea docente en los Seminarios; en su alma fu\u00e9 tambi\u00e9n vicenciano por la claridad de su persona y la sencillez de todas sus expresiones. La m\u00eds\u00adtica de su piedad, sost\u00e9n de sus funciones y defensa de su propia si\u00adcolog\u00eda, ten\u00eda que ser tambi\u00e9n m\u00edstica vicenciana. Esas cinco virtu\u00addes que personalizan nuestro ser religioso, y que el P. Dodin llama muy pl\u00e1cidamente la \u00abeconom\u00eda particular\u00bb que ha de alimentar nuestra moral, nuestro gobierno y nuestras reflexiones, tuvieron en ci P. Valero un asilo seguro, callado, paciente. En sus obras y en su temperamento, el P. Valero no refleja el exhausto dinamismo de su Padre San Vicente de Pa\u00fal. Pero en sus obras y en su temperamen\u00adto y en su vida de piedad refleja meridianamente esa parte contem\u00adplativo y m\u00edstica de la piedad vicenciana.<\/p>\n<p>Un estudio m\u00e1s detallado sobre este tema, a base de consultas a los que m\u00e1s \u00edntimamente le conocieron, con lectura de los apuntes y conferencias que haya dejado escritos, nos dar\u00eda resultados concre\u00adtos y sin duda interesantes sobre su m\u00edstica vicenciana.<\/p>\n<p>Junto a San Vicente, junto al esp\u00edritu que brotaba de su traba\u00adjo diario, debemos se\u00f1alar, s\u00f3lo se\u00f1alar, las fuentes espirituales de la Biblia. No era un titulado en Sagrada Escritura, pero tampoco po\u00addemos contentarnos con decir que era un simple aficionado. En cuan\u00adto a su extensi\u00f3n, su dominio de la. Sagrada Escritura, podemos ca\u00adlificarlo de extraordinario. En cuanto a la intensidad en su interpre\u00adtaci\u00f3n no ser\u00eda un especialista de \u00faltima hora, pero en sus caracter\u00edsticas, en sus comentarios agudizaba y fundamentaba fielmen\u00adte cualquier sentido real o acomodaticio. El conocimiento profundo de las lenguas latina y griega le asist\u00edan admirablemente en esta la\u00adbor. Por eso sol\u00eda decir: \u00abEl saber griego me salv\u00f3 cuando me envia\u00adron a Cuenca como profesor de Sagrada Escritura\u00bb. La Sagrada Bi\u00adblia, eje y base de todas sus conferencias en los largos a\u00f1os de su\u00adperior, tuvo que ser tambi\u00e9n el fundamento <i>y <\/i>la pista por donde aumentaba su vida espiritual.<\/p>\n<p>Es duro terminar esta parte de la m\u00edstica espiritual del P. Valero habiendo dicho \u00fanicamente cosas generales. Repetimos, que acaso algunos de los Padres que m\u00e1s \u00edntimamente le trataron y que poseen cierta discreci\u00f3n de esp\u00edritus, nos de rasgos vivos v concretos de su piedad, de su santidad.<\/p>\n<p>V.\u2014SOBREVIDA DEL P. VALERO<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s nos viene al recuerdo el cad\u00e1ver del P. Valero. Es casi justo que se nos haya clavado aquel ambiente de misterio y de serenidad que alumbraba su rostro a una distancia que parec\u00eda in\u00adfinita. En medio de, todo esto se nos ocurri\u00f3 pensar que el P. Valero hab\u00eda &#8216;pertenecido a una especie de hombres cada d\u00eda m\u00e1s rara. Esa especie que parecen unilaterales, porque no poseen una evoluci\u00f3n pomposa; pero que, sin embargo, poseen todas las riquezas humanas conseguidas no por su evoluci\u00f3n, sino por involuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por evoluci\u00f3n, las semillas llegan a flores y frutos, los ni\u00f1os a hombres y viejos, las nebulosas <i>se <\/i>concretizan en estrellas y planetas. Pero se da tambi\u00e9n un sentido inverso, la ley del retorno al origen. La historia se recapitula en sus or\u00edgenes, los planetas y estrellas se concentrar\u00edan en nebulosas. Estos dos caminos se dan tambi\u00e9n en nuestra vida espiritual. \u00abSi no os hac\u00e9is como ni\u00f1os&#8230;\u00bb Y aquellas palabras de San Pablo que ante un cad\u00e1ver tienen completo senti\u00addo: \u00abSe siembra un cuerpo que estuvo informado por un alma y nace un cuerno que est\u00e1 animado por el Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>En el edificio de la vida, ministerial y espiritual del P. Valero tuvo m\u00e1s vigencia la ley de involuci\u00f3n que la ley de evoluci\u00f3n, aun\u00adque sea demasiado rebuscada esta idea para aplic\u00e1rsela al P. Va\u00adlero que fu\u00e9 tan claro en sus conceptos y tan sencillo en sus ex\u00adpresiones. Su vida se reduce a la b\u00fasqueda del ni\u00f1o. Sus clases hasta morir, su ilusi\u00f3n por el disc\u00edpulo le retratan como el profesor nato. Y hasta estos \u00faltimos a\u00f1os, sus disc\u00edpulos ve\u00edamos manar de su persona el respeto de la ancianidad y la confianza de la ni\u00f1ez perfectamente conjugadas. La mala salud, la vejez prematura que le hab\u00eda asaltado le impidieron durante su vida los movimientos para nuevos y modernos caminos did\u00e1cticos que acaso le hubieran hecho evolucionar en alg\u00fan aspecto sus m\u00e9todos. \u00c9l supo explotar los medios did\u00e1cticos de que dispuso hasta convertir su clase en una ilusi\u00f3n para el alumno. Intelectualmente fu\u00e9 autodidacta, y en sus m\u00e9todos de ense\u00f1anza se hizo tambi\u00e9n maestro de su propia clase. Hoy pod\u00edan estudiarse sus m\u00e9todos y hacerlos progresar. No admi\u00adte, sin embargo, cr\u00edtica el hecho de que a los setenta a\u00f1os, sus dis\u00adc\u00edpulos amaban su asignatura y la estudiaban con ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Si el P. Valero volviera a la tierra en busca de s\u00ed mismo, entra\u00adr\u00eda, en una clase v se encontrar\u00eda a s\u00ed mismo. Ah\u00ed es donde nosotros debemos tambi\u00e9n buscarle ahora que ha desaparecido. Toda la au\u00adreola que deja en el mundo, toda esta, sobrevenida que exhalan sus setenta a\u00f1os, naci\u00f3 en una clase, aunque hoy se extienda por todo el mundo. El P. Velero sobrevivir\u00e1 otros setenta a\u00f1os en sus alum\u00adnos. \u00c9l se reir\u00e1 de esta supervivencia, pero en el cielo conservar\u00e1 esa grata, alegr\u00eda que mostraba ante el brillar de cualquiera de sus disc\u00edpulos, en este ancho mapa de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El P. Valero se ha ido. Su esp\u00edritu de profesor, de compa\u00f1ero, de sacerdote, de hijo fiel de San Vicente de Pa\u00fal, quedo entre nos\u00adotros Ese esp\u00edritu que \u00e9l sembr\u00f3 en la tierra, seguir\u00e1 reg\u00e1ndolo desde el cielo. Ha dejado sus libros, su aula, sus cl\u00e1sicos. No ha abandonado a sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>El P. Valero sobrevive en los disc\u00edpulos y debe sobrevivir tam\u00adbi\u00e9n en los profesores. Esos hombres que viven perseguidos por la monoton\u00eda del texto y del encerado y el disc\u00edpulo. A ellos el P Valero les ense\u00f1a .a convertir la monoton\u00eda de sus clases en algo bello.<\/p>\n<p>Les ense\u00f1a a hacer de la repetici\u00f3n tiempo superado, no tiempo es\u00adterilizado. \u00abLa circunferencia es el s\u00edmbolo de la bella, monoton\u00eda La oscilaci\u00f3n pendular es el s\u00edmbolo de la monoton\u00eda atroz.\u00bb La vida del P. Valero es mon\u00f3tona, pero con monoton\u00eda de circunferencia. Sus cursos repetidos a\u00f1o tras a\u00f1o, van curvando suavemente la l\u00ed\u00adnea de su vida hasta buscar el origen. Su primera clase como pro\u00adfesor la dio en Murgu\u00eda, y a Murgu\u00eda volvi\u00f3 a dar su \u00faltima, clase, cerrando as\u00ed esa bella monoton\u00eda de su circunferencia.<\/p>\n<p>La desaparici\u00f3n del P. Valero pide a todos los profesores un ho\u00admenaje. Pide que los profesores, desde su vida quieta, levanten la, voz y esculpan la figura del P. Valoro para las futuras generaciones.<\/p>\n<p>Estas l\u00edneas, deshiladas bajo la impresi\u00f3n del vac\u00edo dejado por este hombre afectuoso que hemos perdido, no son m\u00e1s que un insig\u00adnificante pre\u00e1mbulo a lo que otros puedan decir. Hemos perdido al P. Velero, pero el P. Valero no nos ha perdido a nosotros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ha muerto el P. Valero. 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