{"id":118345,"date":"2021-12-17T08:14:35","date_gmt":"2021-12-17T07:14:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=118345"},"modified":"2021-07-15T12:17:02","modified_gmt":"2021-07-15T10:17:02","slug":"historia-de-los-paules-en-cuba-capitulo-ii-a","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/historia-de-los-paules-en-cuba-capitulo-ii-a\/","title":{"rendered":"Historia de los Pa\u00fales en Cuba (Cap\u00edtulo II A)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: left\" align=\"center\">Cap\u00edtulo II (A): Primeros pasos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en Cuba<\/h2>\n<h3><b>1. Breve historia de la Iglesia de La Merced y su Convento.<\/b><\/h3>\n<p>Cuando llegaron los Padres Mercedarios a la Habana en el a\u00f1o 1637 adquirieron a precios muy bajos unos solares en el barrio de Campeche, en un sitio deshabitado donde quedaban solamente las ruinas de algunas casas. Fray Ger\u00f3nimo compr\u00f3 solares que colindaban con el sitio donde pensaba levantar la Iglesia y el Convento. El Obispo autoriz\u00f3 por s\u00ed mismo a Fray Jer\u00f3nimo de Alfaro que iniciara la construcci\u00f3n. Pero el gobernador, Bitri\u00e1n de Viamonte, se quej\u00f3 al rey y se detuvo la obra. Desde ese momento, Bitri\u00e1n de Viamonte se encarg\u00f3 de hacer fracasar todas las gestiones que en los a\u00f1os siguientes realizaron los Frailes para reiniciar la construcci\u00f3n, El 15 de abril del a\u00f1o siguiente, 1639, el Rey, a ra\u00edz de los problemas entre los mercedarios, el obispo y el gobernador, firmaba una Real C\u00e9dula prohibi\u00e9ndoles fundar convento, ni hospeder\u00eda, ni poner campana:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>Que se notifique al Rev. Fr. Jer\u00f3nimo Alfaro q<\/i><i><sup>e<\/sup><\/i><i> no funde Convento, ni Hospederia, ni ponga campana, ni use de otra ninguna Insignia de Convento por las causas referidas y otras que estan alega.<\/i><\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s el Rey recibi\u00f3 noticias de que si bien los mercedarios no fundaban Convento ni Iglesia, se manten\u00edan en Cuba aguardando la oportunidad de realizar sus prop\u00f3sitos, y reaccion\u00f3 con otra Real C\u00e9dula firmada el 7 de junio de 1652, ordenando de forma perentoria, que el Comendador de la Merced, Fray Ger\u00f3nimo de Alfaro, fuera embarcado para Espa\u00f1a:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">y <i>al dho Fr, Geronimo de Alfaro le embarcareis luego p<sup>a<\/sup> estos Reynos o p<sup>a<\/sup> la Ysla Espa\u00f1ola donde es Conventual y lo mismo hareis de otro qualquier Religioso o Religiosos q<sup>e<\/sup> en su lugar quisieren Intentar semejantes resoluciones por ser contra mi R<sup>1<\/sup> Patronazgo a cuya defensa Saldreis como teneis obligaci\u00f3n, procurando la observancia de las C\u00e9dulas que estan dadas sin admitir escusa, ni ottra interpretaci\u00f3n ninguna, y sino cumplieredes.<\/i><\/p>\n<p>Pero los mercedarios se las arreglaron para mantenerse en Cuba. Viv\u00edan de forma precaria, atend\u00edan a los m\u00e1s necesitados en aquel barrio tan humilde y los vecinos admiraban su abnegada labor. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1647, volv\u00edan a la carga a trav\u00e9s del Procurador Fray Atilano de San Jos\u00e9, y su petici\u00f3n era tomada en cuenta por los miembros del Cabildo de San Crist\u00f3bal de La Habana:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>En este Cavildo se present\u00f3 petici\u00f3n del Padre Fray Atilano de San <\/i><i>Jos\u00e9, Procurador General de la Orden de Nuestra Se\u00f1ora de la Merced, y por las causas que en ella refiere pide se haga informe <\/i><i>por este Cavildo a S.M. para que sea servido dar licencia para la <\/i><i>fundaci\u00f3n que pretende de un convento de su orden en esta Ciudad y tratado sobre ello se acord\u00f3 que si acaso sobre lo referido hubiere otro pedimiento presentado en este Cavildo por parte del antecesor de dho Padre se busque con lo que se hubiere acordado sobre ello y se traiga \u00e1 el primer cabildo.<\/i><\/p>\n<p>Ante la actitud persuasiva y firme de los mercedarios, los Capitulares de La Habana, por unanimidad, acordaron escribir al Rey solicitando el permiso para fundar un convento de la orden, el 2 de marzo de 1647:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>un\u00e1nimes y conformes acordaron se suplique a S.M. conceda <\/i><i>licencia para la fundaci\u00f3n del dicho convento y se comete la carta que sobre ello se ha de escribir al Sr Licenciado D Pedro de Pedroso y habi\u00e9ndolo fecho esta Ciudad lo ,firme.<\/i><\/p>\n<p>Pero la voluntad real se mantuvo firme y los Mercedarios siguieron aguantando el castigo. El 26 de mayo de 1654, el Procurador General de la Provincia Mercedaria de San Lorenzo, Fray Francisco de Roxas, presentaba una solicitud en el mismo sentido que tampoco fue escuchada.<sup>5<\/sup> El Cabildo de La Habana, por su parte, volv\u00eda a escribir al Rey el 3 de julio de 1655 solicitando la fundaci\u00f3n del Convento, pero esta solicitud, como las anteriores, tampoco obtuvo resultado.<sup>6<\/sup><\/p>\n<p>M\u00e1s de medio siglo despu\u00e9s, el 20 de julio de 1708, el Padre Presentador de la Orden de la Merced, Fray Pedro de Mora volv\u00eda a presentar al Cabildo de San Crist\u00f3bal de La Habana un detallado Memorial donde hac\u00eda el recuento de los sucesos ocurridos despu\u00e9s del primer intento de fundaci\u00f3n fracasado, renovando la firme voluntad de los Frailes de obtener su anhelado objetivo, y solicitando otra vez la licencia de fundaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>El Pres\u00ba<\/i><i><\/i><i> Fray Pedro de Mora del \u00f3rden de Nira Sra de la Merced <\/i><i>calzada redenci\u00f3n de cautivos y Presidente de la Casa hospederia de esta Ciudad<\/i><i><\/i><i> perezco ante V S&#8217; por mi y en nombre de mi Sagrada Religi\u00f3n, y digo que abr\u00e1 mas de sesenta a\u00f1os que por el Sor Govr q entonces era, fund\u00f3 convento de dha relixi\u00f3n en esta Ciu<sup>d<\/sup> por tener sitio y alguna congrua con que se mantener los relixiosos y por la grande y conocida utilidad q se seguia \u00e1 los vezinos y en especial \u00e1 todos los del barrio de dho Convento en la administraci\u00f3n de los Sacramentos y en la asistencia de las misas ademas de ser ness\u00b0 el dho convento por ser este puerto principal de todos estos Reynos y del pasto preciso de unos \u00e1 otros. <\/i><\/p>\n<p>Los Mercedarios tuvieron que esperar otro medio siglo m\u00e1s para obtener finalmente, en 1746, los permisos que hicieron posible la construcci\u00f3n del Convento de San Ram\u00f3n Nonato y la Iglesia de la Merced, aunque estas obras no comenzar\u00edan sino a partir del a\u00f1o 1755 y se concluyeron en el a\u00f1o 1799 como consta en la tarja original de madera, que se encuentra actualmente en la biblioteca de La Merced, y una copia, en piedra, a la izquierda de la puerta de la oficina seg\u00fan se sale a la Calle Cuba.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1763, al ser atacada y tomada la Habana por las fuerzas Inglesas que capitaneaba el Conde de Albemarle, se paralizaron las obras permaneciendo paradas hasta el a\u00f1o 1773, el a\u00f1o en que el Obispo Echevarr\u00eda dio nuevos impulsos a los trabajos bendici\u00e9ndose nuevamente aunque no se dieron por terminadas hasta el a\u00f1o 1792.<\/p>\n<p>La fachada principal de este templo mira a la calle de Cuba en una de las esquinas con la calle Merced, que tom\u00f3 su denominaci\u00f3n con la del mismo templo. La Iglesia mide 50 varas de ancho por 100 de largo. Al suprimirse en el a\u00f1o 1820 todos los conventos de la Isla, qued\u00f3 tambi\u00e9n suprimido el de la Merced. En el a\u00f1o 1841 sufrieron estos Religiosos una nueva secularizaci\u00f3n, emigrando en su mayor\u00eda a la Am\u00e9rica del Sur. La Iglesia permaneci\u00f3 cerrada al culto y el convento fue ocupado para establecer en sus celdas las oficinas de la Real Hacienda.<\/p>\n<p>La Iglesia levantada por los mercedarios, a costa de m\u00e1s de un siglo de espera paciente y abnegada, se convertir\u00eda con el tiempo, en la sede de la primera Comunidad de Padres Pa\u00fales en la Isla de Cuba.<\/p>\n<h3><b>2. Los Pa\u00fales en el Convento de San Ram\u00f3n Nonato y en La Iglesia de la <\/b><b>Merced: un proceso largo y dif\u00edcil.<\/b><\/h3>\n<p>En el a\u00f1o 1851 el Obispo Claret pidi\u00f3 a la Reina de Espa\u00f1a Isabel 11 que enviase a Cuba un grupo de Hijos de San Vicente de Pa\u00fal, lo que le fue concedido por Real Orden de 26 de Noviembre de 1852, come hemos visto en el cap\u00edtulo anterior. Sin embargo, la Real Orden de Do\u00f1a Isabel II estaba sin cumplir y tuvieron que pasar diez a\u00f1os desde la firma de la Real Orden hasta que los PP. Pa\u00fales llegaron a La Habana.<\/p>\n<p>El 12 de Noviembre del a\u00f1o 1862 la revoluci\u00f3n de M\u00e9jico trajo a las playas cubanas a los Misioneros Sres. Joaqu\u00edn Alab\u00e1n, Joaqu\u00edn Pi\u00f1ol, Ignacio Rocha y Eduardo Monta\u00f1o, quienes bajo la direcci\u00f3n del P. Vilad\u00e1s, habitaron en una casa que aun se ve hoy en la Calzada de San L\u00e1zaro, n\u00famero 338. A principios del siguiente a\u00f1o vinieron tambi\u00e9n los Sres. Juan Masnou y Francisco Javier Jaquemet, el primero Visitador de la Provincia mejicana y el segundo procedente de los Estados Unidos.<\/p>\n<p>Los primeros pa\u00fales hab\u00edan llegado a Cuba exclusivamente como directores de las Hijas de la Caridad, el 18 de enero de 1847. Se trataba de los Padres Francisco Bosch y Ram\u00f3n Vila. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s lleg\u00f3 el P. Pedro Planas con dieciocho Hermanas junto con el Arzobispo Antonio Mar\u00eda Claret y Clar\u00e1, que ven\u00eda para tomar posesi\u00f3n de la Sede Primada de Santiago de Cuba. El n\u00famero de Hermanas aument\u00f3 con gran rapidez. Entre 1847 y 1857 entraron en la Isla un total de 54 Hijas de la Caridad distribuidas entre la Casa de Beneficencia, el Colegio de San Francisco de Sales, entre los hospitales de San Francisco de Paula y el Hospital Militar y el colegio de Santa Isabel, todos ellos en La Habana y el Hospital de Guanabacoa.<\/p>\n<p>Los Padres Bosch y Vila, residiendo en la calle San L\u00e1zaro, N. 338, en la Habana Vieja, por encargo del Obispo de la Habana, ejercieron como capellanes de la Casa de Beneficencia. El P. Vila falleci\u00f3 antes de 1850 y vino a sustituirlo el P. Pablo Planas en 1851.<sup>9<\/sup> Pero el hecho de que llegaran estos Pa\u00fales no significaba que existiera en Cuba la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n como tal, porque su instalaci\u00f3n no tuvo lugar hasta que se cumplieron todos los requisitos civiles, eclesi\u00e1sticos y can\u00f3nicos. Todos estos requerimientos no se cumplir\u00edan hasta el 19 de Julio de 1863, fiesta de San Vicente de Pa\u00fal; precisamente por eso fue elegida como fecha de la instalaci\u00f3n Can\u00f3nica en el Convento e Iglesia de La Merced.<\/p>\n<p>Con la firma del Concordato de 1851 y de la Real C\u00e9dula del 26 de noviembre de 1852, parec\u00eda que todas las dificultades estaban allanadas, pero en Espa\u00f1a hab\u00edan surgido dificultades que demorar\u00edan la venida de los Pa\u00fales a Cuba, a pesar de las gestiones realizadas por el Obispo de la Habana, Monse\u00f1or Francisco Fleix y Solans y por las del Arzobispo de Santiago de Cuba, Monse\u00f1or Claret.<\/p>\n<p>El 23 de julio de 1852 el Ministro de Gracia y Justicia, Don Buenaventura Gonz\u00e1lez Romero, firmaba el Real Decreto por el que se restablec\u00eda en Espa\u00f1a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, dando cumplimiento al art\u00edculo 29 del Concordato de 1851, rubricado por Su Majestad. El Art\u00edculo 29 reza as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>A fin de que en toda la Pen\u00ednsula haya el n\u00famero suficiente de ministros y <\/i><i>operarios evang\u00e9licos de quienes puedan valerse los Prelados para hacer <\/i><i>misiones en los pueblos de sus di\u00f3cesis, auxiliar a los P\u00e1rrocos, asistir a <\/i><i>los enfermos y otras obras de caridad y utilidad p\u00fablica, el Gobierno de <\/i><i>Su Majestad, que se propone mejorar oportunamente los Colegios de Misiones para Ultramar, tomar\u00e1 desde luego las disposiciones convenientes para que se establezcan donde sea necesario, oyendo previamente a los Prelados diocesanos, Casas y Congregaciones Religiosas de San Vicente de Pa\u00fal, San Felipe Neri y otra Orden de las aprobadas por la Santa Sede.<\/i><\/p>\n<p>Cuando el P. Buenaventura Armengol, Visitador de la Provincia de Espa\u00f1a y Director de las Hijas de la Caridad, desembarc\u00f3 en Santander el 3 de junio de 1853, llevaba buenas noticias de las que dio cuenta el 30 de octubre del mismo a\u00f1o al Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, P. Juan Bautista Etienne, del n\u00famero de misioneros que hab\u00eda en la Pen\u00ednsula y con optimismo le anunciaba que:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>nuestro seminario pronto estar\u00e1 lleno; hay un crecido n\u00famero de <\/i><i>vocaciones.<\/i><\/p>\n<p>Aquellas vocaciones garantizaban el refuerzo de los primeros misioneros y la continuidad de la reci\u00e9n fundada comunidad de los PP. Pa\u00fales en Cuba.<\/p>\n<p>Como la fundaci\u00f3n de la Comunidad de La Habana hab\u00eda sido el sue\u00f1o, tanto del Obispo Fleix como del Arzobispo Claret, Fleix escribi\u00f3 al P. Armengol para decirle que<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>En pocas partes tienen ustedes un campo m\u00e1s hermoso, y en <\/i><i>ninguna un Obispo que se entregue a ustedes con m\u00e1s afecto y <\/i><i>esperanzas.<\/i><i><\/i><\/p>\n<p>El P. Armengol solicit\u00f3 a Mons. Fleix que enviara a Espa\u00f1a un representante \u00abpara establecer la base de la fundaci\u00f3n de los Misioneros en La Habana\u00bb e incluso tuvo la idea de ir \u00e9l mismo a esta ciudad para tratar el asunto, pero la situaci\u00f3n de la Provincia de Espa\u00f1a se complic\u00f3 y la fundaci\u00f3n habanera se fue postergando. Tiempo despu\u00e9s, el 16 de diciembre de 1856, el Obispo Fleix escrib\u00eda estas l\u00edneas al P. Ig\u00fces, uno de los Pa\u00fales espa\u00f1oles:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>siento infinito no se hayan conservado en el archivo mis cartas y <\/i><i>oficios. Por dichos documentos, ver\u00eda V. R. que he reclamado el cumplimiento de la Real C\u00e9dula de 26 de noviembre de 1852, relativa al establecimiento de la Congregaci\u00f3n en \u00e9sta, para la que se cuenta, adem\u00e1s de los fondos y casa, con la buena voluntad del Prelado y dem\u00e1s autoridades, pero no se me ha contestado, o se ha verificado evasivamente.<\/i><\/p>\n<p>Parece probable que las cartas y oficios de Mons. Fleix hab\u00edan sido le\u00eddas pero su cumplimiento permaneci\u00f3 congelado esperando tiempos mejores. En esa larga espera, como dec\u00eda el Obispo, pudieron perderse algunos documentos. Pero en el momento en que el Obispo Fleix hizo el mencionado reclamo, la situaci\u00f3n hab\u00eda variado en Espa\u00f1a:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>Ahora que ya parece hay Superior reclamo otra vez m\u00e1s lo mismo, <\/i><i>esto es, el Instituto, esperando que V. R. me diga para cu\u00e1ndo, poco m\u00e1s o menos, podr\u00e1 verificarse esto.<\/i><\/p>\n<p>Desde la pen\u00ednsula, el P. Masnou se apresur\u00f3 en contestar a Fleix explicando que no hab\u00eda sido posible realizar la fundaci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>&#8230;ya por no tener formada la juventud, ya tambi\u00e9n por el trastorno <\/i><i>ocurrido en el seno del Instituto.<\/i><\/p>\n<p>En otra parte de su carta, agregaba que la fundaci\u00f3n habanera se llevar\u00eda a cabo lo antes posible, y no demor\u00f3 en ponerse en acci\u00f3n para conseguirla. El Visitador, P. Masnou<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>&#8230;dirigi\u00f3 una solicitud al Ministro de Estado, encargado de la <\/i><i>Direcci\u00f3n de Ultramar, rog\u00e1ndole que expida las \u00f3rdenes <\/i><i>convenientes al Gobernador y Capit\u00e1n General de Cuba, para que se disponga el edificio que han de ocupar los Misioneros, y trat\u00f3 verbalmente del asunto con el Director de Ultramar, que le prometi\u00f3 poner pronto en ejecuci\u00f3n lo que le ped\u00eda.<\/i><\/p>\n<p>Mientras ocurr\u00eda todo esto en Espa\u00f1a, los locales del Convento e Iglesia de la Merced que iban a constituir la sede de la. Comunidad de la Congregaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal en Cuba, estaban ocupados por los congregados de la extinguida Orden de la Merced. El 17 de diciembre de 1853, uno a\u00f1o despu\u00e9s de firmada la Real C\u00e9dula que autoriz\u00f3 el establecimiento de los Padres Pa\u00fales en La Habana, el Capit\u00e1n General y Gobernador de Cuba, Don Juan de la Pezuela, escribi\u00f3 un oficio al Obispo Fleix donde le dec\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>Creo que ser\u00eda conveniente reunir en el Convento de Sn. Francisco, <\/i><i>antiguo de Sn. Agust\u00edn, los religiosos que en \u00e9l se encuentran, y los que residen en el de la Merced, para que este \u00faltimo local quede <\/i><i>expedito para recibir a los de S. Vicente.<\/i><\/p>\n<p>El prelado contest\u00f3 el oficio con fecha 23 de diciembre. No estaba de acuerdo con la idea del Capit\u00e1n General, que fue la que se adopt\u00f3 a final de cuentas, porque en este momento el Obispo Fleix pensaba que el Convento de Santo Domingo ser\u00eda m\u00e1s ventajoso para albergar a los Pa\u00fales:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>El Convento de Sto. Domingo est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3ximo al Seminario <\/i><i>Conciliar, a cuya direcci\u00f3n y ense\u00f1anza destina el Art\u00edculo 1\u00b0 de la <\/i><i>Real C\u00e9dula de 26 de Noviembre de 1852 a los cl\u00e9rigos de S. <\/i><i>Vicente de Pa\u00fal. La reuni\u00f3n de los seis sacerdotes congregados <\/i><i>existentes hoy en el de la Merced en el de S. Francisco ofrece los <\/i><i>inconvenientes de que no hay local suficiente al efecto; ser diversas <\/i><i>y por consiguiente incompatibles, las obligaciones que practican los Religiosos de una y otra religi\u00f3n; y suprimir la devoci\u00f3n fervorosa y general a la Virgen de la Merced, existente desde su fundaci\u00f3n en el Convento de su mismo nombre. <\/i><\/p>\n<p>En contra de lo que pensaba Mons. Fleix, el tiempo demostr\u00f3 que la devoci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora la Virgen de la Merced, muy lejos de desaparecer, se hizo m\u00e1s profunda y sentida desde que los PP. Pa\u00fales pasaron a residir a ese Convento y a regir la Iglesia. Pocas semanas despu\u00e9s, en enero de 1854, el d\u00eda 13, el Obispo oficiaba de la forma siguiente al Presidente de Regulares de San Francisco, establecidos en el Convento de San Agust\u00edn:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>Ha dispuesto el Capit\u00e1n General que se destine para los Pa\u00fales el <\/i><i>Convento de S. Agust\u00edn que ha ocupado hasta ahora la <\/i><i>Congregaci\u00f3n de Regulares de S. Fco.; y que la Congregaci\u00f3n de S. <\/i><i>Francisco, hoy en el Convento de S. Agust\u00edn, se traslade a la Capilla <\/i><i>de la Tercera Orden con claustros independientes del Convento de S. Fco., lo que se le comunica ya que Nos hemos tambi\u00e9n dispuesto <\/i><i>se haga n\u00f3mina de los gastos que ocasione el traslado.<\/i><\/p>\n<p>A pesar de que el Obispo se inclinaba por la idea de que los Pa\u00fales fundaran su comunidad en el Convento de San Juan de Letr\u00e1n o de Santo Domingo, el Capit\u00e1n General insisti\u00f3 en darles por morada el de San Agust\u00edn. Los Congregados Regulares de San Francisco estuvieron de acuerdo, pero era necesario aprobar un presupuesto de $23,000 para realizar las reparaciones indispensables.<\/p>\n<p>Sin embargo, todo el mecanismo que se hab\u00eda puesto en acci\u00f3n se detuvo, a pesar de las presiones que realiz\u00f3 el Obispo de La Habana, por los problemas que surgieron en la Pen\u00ednsula y las contradicciones entre los Pa\u00fales.<\/p>\n<p>Casi tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 29 de febrero de 1857, Mons. Francisco Fleix y Solans ordenaba desalojar el Convento de la Merced, porque los congregados hab\u00edan permitido que un grupo de seglares pasaran a residir en sus locales. Unos meses m\u00e1s tarde, el 12 de octubre de 1859, Fray Francisco Carrero, de la extinguida Orden de la Merced, present\u00f3 su renuncia por razones de edad y fue nombrado en su lugar el Pbro. Jos\u00e9 Mar\u00eda Bergaz y Sol\u00f3rzano, quien recibi\u00f3 el cargo de Presidente de los Congregados Mercedarios bajo formal inventario de los \u00fatiles, enseres y ornamentos del culto y del templo, as\u00ed como de los documentos y archivos de la Congregaci\u00f3n. Este nuevo Presidente, Jos\u00e9 Mar\u00eda Bergaz, era el que se encontraba en funciones en 1863 cuando se extingui\u00f3 finalmente la Congregaci\u00f3n establecida en el Convento de la Merced para ser sustituida por la Comunidad de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>De nada vali\u00f3 que el Obispo se inclinara por el Convento de Santo Domingo y que el Capit\u00e1n General prefiriera el de San Agust\u00edn para residencia de los PP. Pa\u00fales. Por encima de los deseos y aspiraciones humanas, la Providencia hab\u00eda dispuesto que los Padres de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, no sin antes pasar por muchos a\u00f1os de dificultades de todo tipo, se establecieran en el Convento e Iglesia puestos bajo la advocaci\u00f3n de Mar\u00eda, Nuestra Se\u00f1ora, la <b>Virgen de la Merced.<\/b><\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 el momento de elegir entre los Conventos de Santo Domingo, de San Felipe Neri y de la Merced, el P. Ger\u00f3nimo Vilad\u00e1s, Superior de la Comunidad de los Pa\u00fales de La Habana, y el P. Juan Masnau, Visitador optaron, sin vacilaciones, por el Convento y la Iglesia de la <b>Virgen Mar\u00eda de la Merced.<\/b><\/p>\n<h3><b>3. El P. Ger\u00f3nimo Vilad\u00e1s, C.M., primer Superior de los Pa\u00fales en Cuba<\/b><\/h3>\n<p>El P. Jer\u00f3nimo Vilad\u00e1s, por ser el primer superior <b>de <\/b>los Padres Pa\u00fales en Cuba y por ser el gran restaurador tanto del templo como de la Iglesia, y sobre todo por su labor apost\u00f3lica y misionera, merece un cap\u00edtulo aparte. Nos basta por el momento con las notas biogr\u00e1ficas que nos dej\u00f3 escritas tanto Fernando de Casanova como el P. Benito Paradela. En muy poco tiempo desde su llegada a Cuba se har\u00eda realidad la profec\u00eda del P. Sanz, quien en una carta al P. Muller, escrita <b>el 10 <\/b>de Marzo de 1863, hab\u00eda escrito:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>En la Habana se necesita una virtud a toda prueba y aun con esta se <\/i><i>corre peligro. Ser\u00eda bueno que al Sr. Vilad\u00e1s le tiren ustedes el freno, tiene un genio muy emprendedor y puede ponerse en compromisos de los que no sea f\u00e1cil salir.<\/i><\/p>\n<p>Naci\u00f3 el 3 de octubre de 1820, en Catalu\u00f1a, en la provincia de L\u00e9rida, en la villa de Agramunt y fue bautizado al d\u00eda siguiente, 4 de octubre con el nombre de Ger\u00f3nimo Jaime Pedro Vilad\u00e1s Lamich, hijo de Don Pablo Vilad\u00e1s y Do\u00f1a Rosa Lamich. El peque\u00f1o era el \u00faltimo de cuatro descendientes varones.<\/p>\n<p>Su vocaci\u00f3n religiosa comenzaba a manifestarse. En 1847 \u2014 1848 llegaron desde Australia dos famosos misioneros Benedictinos, los Padres Serra y Salvado. Sus narraciones sobre los vastos desiertos, las extensiones inacabables y las selvas inh\u00f3spitas, que tanto llamaron la atenci\u00f3n en la pen\u00ednsula, inflamaron los deseos que ya se insinuaban en el alma del joven.<\/p>\n<p>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s hizo acto de presencia en L\u00e9rida el P. Antonio Mar\u00eda Claret, que estaba dando misiones por los pueblos de Catalu\u00f1a. Ger\u00f3nimo acudi\u00f3 para escuchar la santa palabra del ap\u00f3stol, que lo conmovi\u00f3 profundamente, y<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>al o\u00edr la santa palabra del Ilustrado P. Claret y enardecido por el <\/i><i>celo cat\u00f3lico, despertada su verdadera vocaci\u00f3n por las elocuentes <\/i><i>pl\u00e1ticas que conmov\u00edan y atra\u00edan sus sentidos, corri\u00f3 a consultar al <\/i><i>Pastor, el cual le escuch\u00f3 atentamente y comprendiendo que las <\/i><i>grat\u00edsimas sensaciones que el joven Vilad\u00e1s experimentaba, no <\/i><i>dud\u00f3 en aconsejarle que abandonase la vida mundana para <\/i><i>dedicarse al servicio de Dios.<\/i><\/p>\n<p>De inmediato, Jer\u00f3nimo emprendi\u00f3 el que iba a ser desde entonces el camino de su vida. Desde L\u00e9rida, pas\u00f3 a Barcelona, y all\u00ed solicit\u00f3 el ingreso en la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, cuyas reglas hab\u00eda conocido durante su estancia en Manresa. Ocurri\u00f3 entonces que el Superior de la Compa\u00f1\u00eda aplaz\u00f3 su ingreso considerando que era necesario que el aspirante profundizara en sus estudios de lat\u00edn y filosof\u00eda. Ger\u00f3nimo acept\u00f3 con humildad y resignaci\u00f3n el dictamen del Superior y ya se preparaba para perfeccionar aquellos estudios cuando tuvo conocimiento que el Superior de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal reun\u00eda un plantel de j\u00f3venes ilustrados y decididos para llevar el evangelio a las vastas comarcas de la Rep\u00fablica de M\u00e9jico.<\/p>\n<p>En M\u00e9jico, el 28 de junio de 1845, se hab\u00eda fundado una Provincia de San Vicente de Pa\u00fal con la autorizaci\u00f3n del Superior General, el P. Etienne, y con la aprobaci\u00f3n inmediata del Arzobispo de M\u00e9jico junto con el decreto fundacional civil otorgado en esa fecha por Don Joaqu\u00edn Herrera, presidente de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese momento el P. Buenaventura Armengol era el Visitador de M\u00e9jico, y hab\u00eda llevado al extenso pa\u00eds los primeros misioneros encomendados al P. Jos\u00e9 Puig. El P. Jos\u00e9 comenz\u00f3 a reunir a todos los j\u00f3venes con vocaci\u00f3n que quisieran marchar a las misiones mejicanas, y entre estos figur\u00f3 el joven Vilad\u00e1s, que enseguida escribi\u00f3 una carta al P. Puig manifest\u00e1ndole su vocaci\u00f3n y su deseo de partir al lejano pa\u00eds.<\/p>\n<p>Ger\u00f3nimo Vilad\u00e1s hizo sus votos a los 33 a\u00f1os, dos a\u00f1os despu\u00e9s de llegar a M\u00e9jico, una vez que cumpli\u00f3 las estipulaciones establecidas por la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Los Superiores no demoraron mucho en ordenar la preparaci\u00f3n de Vilad\u00e1s <i>y <\/i>de otros doce misioneros para que recibieran las \u00f3rdenes mayores <i>y <\/i>el 24 de septiembre de 1853, d\u00eda de Nuestra Se\u00f1ora de la Merced, la advocaci\u00f3n de la Virgen que parec\u00eda estar ligada para siempre a la existencia de Vilad\u00e1s. Le orden\u00f3 de subdi\u00e1cono el Se\u00f1or Arzobispo de M\u00e9jico, quien tambi\u00e9n le confiri\u00f3 el diaconado el d\u00eda 2 del mes siguiente, octubre de 1853.<\/p>\n<p>Muy pronto comenzaron a manifestarse las singulares cualidades del P. Vilad\u00e1s, que desde muy joven pose\u00eda un gran poder de convicci\u00f3n. Estas cualidades hicieron posible que despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n sacerdotal el 11 de marzo de 1854, por decisi\u00f3n de los Superiores, Vilad\u00e1s entrara de lleno en el trabajo de las misiones. Jer\u00f3nimo ten\u00eda entonces treinta y cuatro a\u00f1os.<\/p>\n<p>Fue tan destacado el trabajo de Vilad\u00e1s, que el 26 de junio de 1856 sus superiores lo pusieron al frente de la comunidad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en Puebla de los \u00c1ngeles, apenas dos a\u00f1os despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>No disminuy\u00f3 su celo apost\u00f3lico con el t\u00edtulo de Superior&#8230; \u00e9l era <\/i><i>el alma de las misiones y el predicador de todas las fiestas, con cuyo solo fin lo veremos hacer varios viajes a M\u00e9jico. Ejercicios al clero, ejercicios a las religiosas y hermanas, c\u00e1rceles, hospitales, semanas santas, novenarios, triduos: por todas partes resonaba la voz ardiente del Sr, Vilad\u00e1s. Notable fue la Misi\u00f3n de San Francisco de Atlisco, desde el 4 de octubre hasta el 22 de noviembre de 1858, sosteniendo \u00e9l el peso de 48 sermones, del mismo modo que al a\u00f1o siguiente sostuvo la Misi\u00f3n de C\u00f3rdova con 40 sermones en el mes de diciembre. A su paso siempre correspond\u00eda la gracia de Dios con frutos asombrosos.<\/i><\/p>\n<p>La fama de Ger\u00f3nimo Vilad\u00e1s se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente por M\u00e9jico y el Ilmo. Sr. Francisco de Paula Verea, Obispo de Monterrey, se sinti\u00f3 tan impresionado por su labor que pens\u00f3 solicitar del Santo Padre que lo nombrara su Obispo Auxiliar. Los deseos del Obispo no pudieron materializarse porque entonces estall\u00f3 en 1858 la Guerra de Reforma, que comenz\u00f3 por Michoac\u00e1n y Guadalajara y pronto lleg\u00f3 a la capital del pa\u00eds:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>Comenzaron a aparecer las Leyes de Reforma sobre la <\/i><i>nacionalizaci\u00f3n de los bienes de la Iglesia, separaci\u00f3n Iglesia-<\/i><i>Estado, supresi\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas de varones, invalidez del matrimonio eclesi\u00e1stico, secularizaci\u00f3n de los cementerios, <\/i><i>supresi\u00f3n de las fiestas religiosas y prohibici\u00f3n a los funcionarios del gobierno de asistir a ceremonias religiosas. Se expulsa al Nuncio y a varios embajadores, se destierra a obispos y se desamortizan bienes eclesi\u00e1sticos.<\/i><\/p>\n<p>En sus apuntes el P. Vilad\u00e1s recogi\u00f3 la fecha del 1 de enero del a\u00f1o 1861, el d\u00eda infausto en que se publicaron las Leyes de Reforma <b>\u00aben cuya fuerza tuve que disolver <\/b><b>la Comunidad, y nos distribuimos en las Casas de las Hermanas\u00bb.<\/b><\/p>\n<p>No pas\u00f3 mucho tiempo sin que llegara a sus o\u00eddos la mala nueva de que el gobierno expulsaba del pa\u00eds a las Hijas de San Vicente de Pad_ y los misioneros que se hab\u00edan refugiado en sus casas quedaron desamparados por completo. Ante el rumbo que tomaron los acontecimientos, el Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n le llam\u00f3 para encargarle de la Isla de Cuba, con el car\u00e1cter de Superior de la Misi\u00f3n y Director de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>En su cuaderno de notas escribe el P. Vilad\u00e1s:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>El 2 de Noviembre llegamos a Port de France, Martinica y salimos el 4 al medio d\u00eda. El 8 desembarcamos en Santiago de Cuba. El 9 en Manzanillo. El 11 en Cienfuegos, el 12 desembarqu\u00e9 en Bataban\u00f3 y el mismo d\u00eda llegu\u00e9 a la Habana. Por invitaci\u00f3n del Exmo. E Imo. Sr. Obispo D. D. Francisco Fleix y Solans me alej\u00e9 en su palacio, por espacio de 20 d\u00edas.<\/i><i><\/i><\/p>\n<p>Apenas llegado a la Habana, el 12 de Noviembre de 1862, Vilad\u00e1s escribe al Obispo Francisco Fleix y Solans, con fecha 2 de diciembre del mismo a\u00f1o:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Ya <i>se encuentran en esta ciudad desde hace pocos d\u00edas, en la casa Calzada de S. L\u00e1zaro 338, cuatro Sacerdotes de S. Vicente de Pa\u00fal <\/i><i>presididos por m\u00ed, y vendr\u00e1n m\u00e1s y todos esperamos \u00f3rdenes de S.S. <\/i><\/p>\n<p>Los misioneros a los que alud\u00eda el P. Vilad\u00e1s llegaron a Cuba cuando fueron expulsados de M\u00e9xico en tiempos de la Revoluci\u00f3n. Eran los Padres Joaqu\u00edn Alab\u00e1n, Joaqu\u00edn Pi\u00f1ol, Ignacio Rocha y Eduardo Monta\u00f1o. Estos misioneros regresaron a M\u00e9xico en enero del a\u00f1o 1864, despu\u00e9s de la llegada de los misioneros Juan Masnou, (de M\u00e9xico), Francisco Javier Jaquemet, (de Estados Unidos), y de Espa\u00f1a los Padres Faustino Marcos, Ram\u00f3n Guell, Juan Arroz, Hermano Vicente Moreno, quienes llegaron a Cuba el 18 de noviembre del a\u00f1o 1863 junto con 20 Hijas de la Caridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo II (A): Primeros pasos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en Cuba 1. Breve historia de la Iglesia de La Merced y su Convento. 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