{"id":118134,"date":"2013-03-20T03:58:29","date_gmt":"2013-03-20T02:58:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=118134"},"modified":"2016-07-27T12:05:44","modified_gmt":"2016-07-27T10:05:44","slug":"sor-aurea-munoz-ruiz-hija-de-la-caridad-1870-1964","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-aurea-munoz-ruiz-hija-de-la-caridad-1870-1964\/","title":{"rendered":"Sor \u00c1urea Mu\u00f1oz Ruiz: Hija de la Caridad (1870 -1964)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2012\/04\/01\/sor-gaudencia-benavides\/biografias_hijas_caridad\/\" rel=\"attachment wp-att-116989\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-116989\" alt=\"biografias_hijas_caridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad.jpg?resize=232%2C301\" width=\"232\" height=\"301\" \/><\/a>\u00bfNo har\u00e1 ANALES la caridad de abrir un huequecito en sus p\u00e1ginas a esta semblanza de una humilde Hermana? Sin duda que la ha de hacer. La Hermana se form\u00f3 y profes\u00f3 en la antigua Provincia Espa\u00f1ola; en ella trabaj\u00f3 varios a\u00f1os; se ofreci\u00f3 \u00abvo\u00adluntaria\u00bb para la Viceprovincia de Filipinas, y all\u00ed falleci\u00f3 recien\u00adtemente, en la ciudad de Naga. Parece muy puesto en raz\u00f3n que se le dedique un breve recuerdo. Se me antoja que lo pide \u00aba gritos\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>DATOS BIOGRAFICOS<\/p>\n<p>Naci\u00f3 Sor Aurea en un pueblecito de la provincia de Segovia, llamado Nieva, el 21 de mayo de 1870. Tuvo por padres a don Severo Mu\u00f1oz y do\u00f1a Dorotea Ruiz. Don Severo fue el m\u00e9dico ti\u00adtular del pueblo. Y por razones de su cargo, la familia cambi\u00f3 de domicilio bastantes veces. As\u00ed, vivi\u00f3 varios a\u00f1os en la villa de Carri\u00f3n de los Condes, Palencia; y tambi\u00e9n en Sep\u00falveda. Hacia 1890 se estableci\u00f3 definitivamente en la capital, en Madrid.<\/p>\n<p>La jovencita Aurea conoci\u00f3 a las Hijas de la Caridad en Ca\u00adrri\u00f3n, por los a\u00f1os 1884 o 1885. Las Hermanas se hab\u00edan hecho cargo del hospitalito de la villa. Un buen grupo de chicas \u2014entre ellas, la hija del se\u00f1or m\u00e9dico\u2014 no las dejaba ni a sol ni a sombra. Por eso dio el pueblo en llamarlas \u00ablas colegialas de las Hermanas\u00bb. Muy pronto quiz\u00e1 mostr\u00f3 la muchacha sus deseos de pertenecer a aquella Comunidad. Pero se dice que se le opuso la familia; espe\u00adcialmente su padre, su Severo.<\/p>\n<p>Al fin fue admitida en el Seminario o en el Noviciado de la calle de Jes\u00fas, el 6 de diciembre del a\u00f1o 1892, cumplidos ya los veintid\u00f3s a\u00f1os. Cuando recibi\u00f3 el santo h\u00e1bito ( \u00bfmayo 1893?), la hermanita Aurea fue destinada al Asilo de C\u00f3rdoba, y poco des\u00adpu\u00e9s, al colegio de ni\u00f1os. (Ambas instituciones, contiguas y casi unidas, formaban lo que se llama hoy \u00abHogar Provincial\u00bb o, a\u00fan m\u00e1s com\u00fanmente, \u00abLa Merced\u00bb.)<\/p>\n<p>All\u00ed, en La Merced, hizo Sor Aura su profesi\u00f3n: 7 u 8 de di\u00adciembre de 1897. Es probable que \u2014a\u00f1os antes de profesar\u2014 ma\u00adnifestara ya su ofrecimiento como \u00abvoluntaria para Filipinas\u00bb. Dicen que la Hermanita no gozaba entonces de muy buena salud. Adem\u00e1s, aquellos a\u00f1os fueron duros y muy dif\u00edciles&#8230; Y, con todo, hubo varias Misiones de Hermanas para Manila en los a\u00f1os 1894-1897, y tambi\u00e9n de 1898 a 1901.<\/p>\n<p>Sor Aurea hubo de esperar hasta el oto\u00f1o de 1902. Y dej\u00f3 Espa\u00ad\u00f1a, \u00a1para no volver a verla ya m\u00e1s! Debi\u00f3 de embarcar en la primera quincena de octubre. Su nombre figura a la cabeza de los de otras diez Hermanas que formaron \u00abla Misi\u00f3n veintinueve\u00bb (des\u00adde 1862). Llegaron felizmente a Manila el 11 de noviembre.<\/p>\n<p>En espera del \u00abdestino\u00bb, permaneci\u00f3 Sor Aurea breves sema\u00adnas en la Casa Central o Colegio de la Concordia. Y el destino le lleg\u00f3: el primero y el <b>\u00fanico <\/b>que hab\u00eda de tener en Filipinas. Fue enviada al Colegio de Santa Isabel, en la ciudad de Naga. Por aque\u00adllos d\u00edas se sol\u00eda designar a\u00fan la poblaci\u00f3n por La Nueva C\u00e1ceres; y al Colegio se le segu\u00eda llamando \u2014inclusive con dejos de satis\u00adfacci\u00f3n y orgullo\u2014, \u00abla Escuela Normal de Maestras\u00bb.<\/p>\n<p>Celebr\u00f3 Sor Aurea ya en Naga su primera Navidad en Filipinas en 1902. Como ella, ir\u00edan viniendo otras muchas. Porque al morir, era Sor Aurea la m\u00e1s ancianita por la edad y la m\u00e1s \u00abantigua\u00bb por vocaci\u00f3n de entre todas las Hermanas, filipinas y espa\u00f1olas. Tam\u00adbi\u00e9n la de m\u00e1s larga estancia en el pa\u00eds, de las treinta y ocho Her\u00admanas espa\u00f1olas que viven y trabajan en estas islas. Pero no era \u00abla \u00fanica superviviente de los tiempos de Espa\u00f1a\u00bb \u2014seg\u00fan cre\u00edan muchas y muchos\u2014, ni tampoco parece probable que alcanzara a conocer a algunos de los tan famosos \u00abLos \u00faltimos de Filipinas\u00bb.<\/p>\n<p>Puede asegurarse que pas\u00f3 ya toda su vida pr\u00e1cticamente en Naga y en el Colegio, \u00absu\u00bb amado Colegio de Santa Isabel. Pues s\u00ed hizo por ventura alg\u00fan viajecito a la capital, a Manila, hubo de ser antes de 1924 y a\u00fan de 1920; y por aquellas calendas no eran muy f\u00e1ciles los viajes, ni gustosos. S\u00f3lo estuvo ausente del Colegio unos meses, en los a\u00f1os 1937 y 1938: ausente en el cuerpo, pero muy presente con el esp\u00edritu y con su coraz\u00f3n. En la capital de Sorso\u00adg\u00f3n fundaron las Hermanas una escuelita, como sucursal o rama del Colegio de Naga. Y para encauzar la nueva fundaci\u00f3n y dirigir la min\u00fascula e incipiente comunidad, los superiores enviaron all\u00e1 a Sor Aurea. De hecho, no fue m\u00e1s que \u00abvice\u00bb-Hermana sirviente. Mas, con las otras Hermanas, llev\u00f3 a cabo una labor estupenda de captaci\u00f3n en favor de la escuela, que es actualmente el hermoso y prometedor Colegio de la Virgen Milagrosa.<\/p>\n<p>Muchos fueron los cambios y muy variadas las vicisitudes que presenci\u00f3 Sor Aurea en \u00absu\u00bb amado Colegio de Santa Isabel durante m\u00e1s <b>de <\/b>sesenta a\u00f1os (1902-1964). La Comunidad se iba renovando y \u00abremozando\u00bb<b> <\/b>\u2014hasta cierto punto\u2014 al comp\u00e1s de los tiempos; aumentaba el n\u00famero de las Hermanas y crec\u00eda tambi\u00e9n su pres\u00adtigio como profesoras; por las aulas pasaban y pasaban como en avalancha, grupos nutrid\u00edsimos de colegiales \u2014para ella, siem\u00adpre: \u00abNi\u00f1as: i las ni\u00f1as!\u00bb\u2014. Hubo muchos d\u00edas \u2014y meses, y a\u00f1os\u2014 apacibles, sosegados, de alegr\u00eda exuberante y de sonados, resonan\u00adtes triunfos. Pero tambi\u00e9n los hubo hoscos y muy borrascosos, erizados de peligros y amargos como la hiel&#8230; D\u00edas en que las Hermanas no se hartaban de llorar&#8230;: sobre todo en la dominaci\u00f3n japonesa, con la ocupaci\u00f3n casi total del edificio (1944 septiembre, \u00bf28-14? febrero 1945); el est\u00fapido y poco menos que \u00abcriminal\u00bb bombardeo de los norteamericanos (23 de marzo de 1945), y el a\u00fan m\u00e1s \u00abinconcebible incendio\u00bb (el d\u00eda 25, Domingo de Ramos), que no fue un accidente casual, y apenas si dej\u00f3 otra cosa en pie que los tristes muros calcinados&#8230;<\/p>\n<p>Siempre confiada en la protecci\u00f3n del Se\u00f1or, vivi\u00f3 Sor Aurea todos aquellos episodios de la vida \u2014as\u00ed los tristes como los ale\u00adgres\u2014 con gran serenidad de \u00e1nimo, cuid\u00e1ndose de dominar los nervios y no dejarse llevar por las fuertes impresiones del momento. A una con la Comunidad, sobrellev\u00f3 mansa y resignadamente ser echada de su propia casa, tener que vivir \u00abrefugiada\u00bb unos cuantos meses en el Seminario, quedar \u2014a la letra y realmente\u2014 sin techo bajo el cual cobijarse y ocupar como de prestado o \u00abde limosna\u00bb otros diversos locales&#8230; Ella segu\u00eda tranquila, afanosa, con m\u00e1s confianza en Dios&#8230;<\/p>\n<p>El 6 de diciembre de 1942, la Comunidad honr\u00f3 a Sor Aurea por las Bodas de Oro de su vocaci\u00f3n con una fiestecita sumamente sen\u00adcilla y familiar. La fecha coincid\u00eda, exactamente casi, con el aniver\u00adsario del estallido de la guerra en el Pac\u00edfico (para Filipinas, el 8 de diciembre de 1941) y de la llegada de los japoneses a Naga (el 14). \u00abNo estaba el horno para bollos\u00bb \u2014seg\u00fan se suele decir\u2014, ni era posible organizar entonces una buena fiesta. En cambio, las Bodas de Oro de su profesi\u00f3n, en 1947, se celebraron ya en santa paz y con no poco rumbo. Hab\u00eda pasado la terrible y des\u00adhecha tormenta; el Colegio iba renaciendo, airoso, de sus cenizas y presagiaba un nuevo esplendor y una prosperidad no so\u00f1ada; la Comunidad viv\u00eda de nuevo reunida \u2014casi un a\u00f1o antes\u2014, m\u00e1s unida y m\u00e1s vigorosa que nunca&#8230;<\/p>\n<p>LA MUERTE, EL FUNERAL Y EL ENTIERRO<\/p>\n<p>La llamada final del Se\u00f1or le lleg\u00f3 a Sor Aurea en \u00absu\u00bb Colegio de Santa Isabel, el 4 de septiembre de 1964. En las primeras horas de la ma\u00f1ana: 8,08 a. m. Era primer viernes del mes. Muri\u00f3 como suelen morir las Hijas de la Caridad: piadosa, sencilla y tranqui\u00adlamente. El d\u00eda 2, con pleno conocimiento, recibi\u00f3 el santo vi\u00e1tico, y ella misma pidi\u00f3, a continuaci\u00f3n, que se le administrara la extremaunci\u00f3n. En el momento de expirar se le hada la recomendaci\u00f3n del alma. Y se le aplic\u00f3 tambi\u00e9n la bendici\u00f3n papal con la indulgencia plenaria. Rodeaban su lecho \u2014en la enfermer\u00eda\u2014 las veintiocho Hermanas que forman la Comunidad \u2014todas ellas fili\u00adpinas\u2014. D\u00eda y noche la hab\u00edan cuidado muy sol\u00edcitas en su \u00faltima enfermedad (un \u00abcatarrillo\u00bb que degener\u00f3 en pulmon\u00eda). Y lo mis\u00admo ven\u00edan haciendo en aquellos a\u00f1os de ancianidad venerable. S\u00f3lo llevaba en cama cinco o seis d\u00edas.<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente se propag\u00f3 la noticia por la ciudad: \u00ab\u00a1Acaba de morir Sor Aurea!\u00bb. Y durante la ma\u00f1ana y la tarde hubo un des\u00adfile constante de gente que acud\u00eda a rezar ante su cad\u00e1ver en la capilla y \u00aba dar el p\u00e9same\u00bb a la Hermana Sirviente, Sor Imelda Esp\u00edritu, y a la Comunidad.<\/p>\n<p>El primero en presentarse \u2014en unos minutos\u2014 a rezar un responso por Sor Aurea fue el Excmo. Sr. Arzobispo, Mons. Pedro Pablo Santos. Apreciaba mucho S. E. a la finada, desde que la conoci\u00f3 en 1938. Quiso, adem\u00e1s, ofrecer la santa misa en la capilla del Colegio a la ma\u00f1ana siguiente. Las Hermanas quedaron muy consoladas y agradecidas por semejante atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La misa vespertina, celebrada por el Padre Capell\u00e1n, fue \u00abcada\u00advere praesente\u00bb. Hubo en ella much\u00edsimas comuniones, pues la Comunidad, las colegialas y ex alumnas llenaban la capilla hasta los topes.<\/p>\n<p>En la ma\u00f1anita del d\u00eda 5 \u2014desde las 5,20 a las 7,00\u2014 celebraron sus misas rezadas en la capilla del Colegio el M. R. P. Cipriano Oses, C. M., y Vicerrector del Seminario Mayor; el Excmo. Sr. Ar\u00adzobispo, y el Padre Capell\u00e1n, Alberto Rom\u00e1n, <i>C. <\/i>M.<\/p>\n<p>Se hizo necesario celebrar el funeral en la Catedral Metropoli\u00adtana, pues ninguna otra capilla o iglesia habr\u00eda sido suficiente. Se levanta la Catedral a muy pocos metros del Colegio. O, hablando con m\u00e1s propiedad, el Colegio de Santa Isabel fue construido (1869-\u00ad1870) a la sombra misma del templo catedralicio. De los \u00abtiempos de Espa\u00f1a\u00bb, por supuesto, es imponente por su mole y ampl\u00edsimo; pero muy poco art\u00edstico y no tan antiguo como algunos suponen. Airoso campea a\u00fan sobre su portal\u00f3n de entrada \u00abel escudo espa\u00ad\u00f1ol\u00bb.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 la ceremonia a las 7,30, con el levantamiento y tras\u00adlado del cad\u00e1ver de Sor Aurea. Ofici\u00f3 el M. R. P. Rector del Semi\u00adnario. Mayor, Te\u00f3timo Pacis, pa\u00fal filipino, una de cuyas hermanas es Hija de la Caridad y ex alumna de la difunta. Varios Padres profesores le asistieron como ministros, ceremoniero, etc.; y un buen grupo de seminaristas actuaron de ac\u00f3litos y de cantores. A pesar de la premura del, tiempo, que apenas permiti\u00f3 hubiera representaciones de los pueblos cercanos, la Catedral se llen\u00f3, Como si se<b> <\/b>tratara de una de las mayores festividades.<\/p>\n<p>Inmediatamente despu\u00e9s de la misa solemne y de la absoluci\u00f3n o responso, se procedi\u00f3 al entierro \u20149,00 a 10,30\u2014. Solemn\u00edsimo sobre toda ponderaci\u00f3n. Poqu\u00edsimas veces se habr\u00e1 visto otro pa\u00adrecido en Naga. Y nunca \u2014en su santa humildad\u2014 se habr\u00eda atre\u00advida Sor Aurea a \u00abso\u00f1ar\u00bb, siquiera, que se le habr\u00eda de hacer as\u00ed&#8230; Las filas interminables de casi cuatro mil cien (4.100) colegialas, o \u00abni\u00f1as\u00bb, eran ya \u00abde <b>por <\/b>s\u00ed\u00bb&#8230; \u2014frase frecuent\u00edsima y de mucha historia entre las Hermanas\u2014 m\u00e1s que suficientes para que el entierro pareciera ser m\u00e1s bien un desfile victorioso, un triunfo. Iban con ellas todas sus maestras y profesores y la Comunidad ele Hermanas en pleno. Se sumaron al cortejo varios centenares de las ex alumnas de la ciudad. Con los Padres Pa\u00fales, espa\u00f1oles, asistieron asimismo algunos sacerdotes filipinos del clero diocesano y unos cuantos jesuitas norteamericanos del Ateneo de Naga. Casi todos los que hab\u00edan asistido al funeral en la Catedral se deci\u00addieron a seguir a pie hasta el cementerio \u2014a poco m\u00e1s de un kil\u00f3metro de distancia.<\/p>\n<p>El cad\u00e1ver de Sor Aurea fue \u00abinhumado\u00bb en el lote y monu\u00admento que tiene la Comunidad en el cementerio de San Felipe. Es mucho m\u00e1s conocido por cementerio de Pe\u00f1afrancia. Se halla a espaldas del santuario regional de la Virgen Sant\u00edsima, Patrona del Bicol, o de la Bicolandia, bajo esta advocaci\u00f3n tan his\u00adt\u00f3rica, tra\u00edda a Naga en los comienzos del siglo XVIII (\u00bf1705?- 1708).<\/p>\n<p>Al depositar y tapiar el ata\u00fad en su nicho, hubo unos breves minutos de emoci\u00f3n intensa y muy profunda. Porque el Capell\u00e1n del Colegio invit\u00f3 a los all\u00ed presentes \u00aba hacer una despedida digna a la \u00faltima Hermana espa\u00f1ola del Colegio\u00bb. Y la enorme concurrencia rez\u00f3 con \u00e9l \u2014a voz en cuello y en espa\u00f1ol\u2014 el Padre\u00adnuestro, el Avemar\u00eda y el Gloria al Padre&#8230; Lo mismo se hizo con una Salve a la Virgen Sant\u00edsima de Pe\u00f1afrancia, nuestra Patrona: bajo cuyo manto maternal va a descansar y a esperar su resurrec\u00adci\u00f3n el cuerpo de esta buena Hermana \u2014Sor Aurea\u2014, tan filipina y tan bicolana como fue siempre castellana y espa\u00f1ola&#8230; D\u00eda tras d\u00eda, durante sesenta y dos a\u00f1os, fue dando ella toda su vida \u2014su <b>alma, <\/b>podr\u00edamos decir casi\u2014 a miles y miles de colegialas y de ex alumnas por el humilde y sencillo apostolado de sus clases, de sus conversaciones y charlas, y de sus ejemplos sobre todo. Y aho\u00adra, en estos mismos instantes \u2014como en un acto supremo de inmo\u00adlaci\u00f3n y de amor a la santa voluntad del Se\u00f1or\u2014, encomienda <b>y <\/b>entrega su cuerpo a esta hospitalaria y acogedora \u00abtierra del Bicol\u00bb.<\/p>\n<p>ESBOZO MORAL RAPIDISIMO<\/p>\n<p>Tarea dif\u00edcil, por no decir imposible, querer resumir en unos cuantos p\u00e1rrafos la enorme colecci\u00f3n de sabrosas an\u00e9cdotas y de hechos edificantes que nos ha dejado Sor Aurea en sus largos a\u00f1os de vida en Filipinas. Me limitar\u00e9 aqu\u00ed a ofrecer tres o cuatro rasgos \u2014a manera de esbozo moral muy deficiente\u2014 y a la mera enumeraci\u00f3n de las virtudes que m\u00e1s se admiraron en ella y que suscitaron comentarios m\u00e1s frecuentes.<\/p>\n<p>Dotada por el Se\u00f1or de un temperamento tan ecu\u00e1nime y de un esp\u00edritu muy equilibrado, Sor Aurea parec\u00eda ser un trasunto o retrato perfect\u00edsimo de la calma, de la paz y felicidad m\u00e1s exqui\u00adsitas. Bondadosa por extremo, se inclinaba naturalmente a ver las cosas y a juzgar de los sucesos y de las personas siempre por el lado mejor, el m\u00e1s favorable. Es muy cierto que esta especie de \u00abidealismo\u00bb le acarre\u00f3 no pocos desenga\u00f1os&#8230;; pero, luego del primer choque con la realidad, pronto recuperaba su calma y sere\u00adnidad de antes. Era prudente y precavida en sus conversaciones, lo mismo que en cualquier manifestaci\u00f3n externa; y con eso, apenas dejaba ver que sab\u00eda estar en todo y que w e daba cuenta de las cosas&#8230; Su simpat\u00eda y el llamado \u00abdon de gentes\u00bb fueron en ella una gracia extraordinaria. Y con la rica experiencia de tantos y tantos a\u00f1os de actividad, fue Sor Aurea aquilatando y sublimando en s\u00ed misma esos dones de Dios, con gran provecho de su santificaci\u00f3n propia.<\/p>\n<p>En cuanto a las virtudes que m\u00e1s brillaron en ella como Hija de la Caridad, he aqu\u00ed algunas de las m\u00e1s importantes, muy com\u00fan\u00admente elogiadas por quienes la conocieron y trataron con intimidad y por largo tiempo:<\/p>\n<p><b>A) Su humildad<\/b>: Estuvo ocupada con frecuencia en oficios de poco viso, caseros y sencillos \u2014en la porter\u00eda o en la cocina, por ejemplo\u2014. Fuera el que fuera el \u00aboficio\u00bb al que se le dedicaba, lo cumpl\u00eda con encantadora naturalidad y a satisfacci\u00f3n de todos. Muy notable fue el apostolado que practic\u00f3 en sus muchos a\u00f1os (\u00a11922?-1937 y m\u00e1s) como portera. Apostolado sencillo, sin ruido, humilde; pero de mucho fruto y muy singular. Con los pobres que acud\u00edan en demanda de la limosna. Y mucho m\u00e1s con las mam\u00e1s de las \u00abni\u00f1as\u00bb \u2014de quienes era la voz com\u00fan que, en vez de visitar a sus hijas, iban a \u00abdesahogarse\u00bb un poquito con la Hermana Por\u00adtera&#8230;\u2014. Por haberlas conocido desde ni\u00f1as y saber sus problemas, las palabras <b>de Sor <\/b>Aurea eran un sedante para su coraz\u00f3n, reavi\u00advaban tu esp\u00edritu y les llenaban de alegr\u00eda.<\/p>\n<p><b>B<\/b><b>) <\/b><b>Su afabilidad<\/b><b> <\/b>en el trato. Que era, a la vez, tan modesto y tan alegre. Con toda clase de personas, sin excepci\u00f3n. Ganaba a todos con su simpat\u00eda; y todos quedaban encantados por su son\u00adrisa: reflejo palpable del sentir.<\/p>\n<p>C) Su caridad: ingeniosa,<b> expansiva <\/b>y <b>sin l\u00edmites, en <\/b>relaci\u00f3n con las Hermanas de la Comunidad. Con todas. Pues si acaso se pudiera insinuar alguna particularidad era la de que \u00abvolcaba\u00bb su cari\u00f1o y afecto \u2014como de \u00ababuelita\u00bb\u2014 en favor de las Hermanas j\u00f3venes, de las novicias. A cada paso lo atestiguaban ellas mismas, sin que nadie hubiera de pregunt\u00e1rselo: \u00abalegr\u00eda de sus recreacio\u00adnes cuando estaba presente Sor Aurea; que se fijaba en todo y a todas atend\u00eda, hasta con mimo; y nunca pod\u00eda consentir que se estuvieran calladas, con cara de tristona\u00bb. (Textual.) Luego, con motivo de algunas fiestecitas familiares y tradicionales, sobre todo en los d\u00edas de la Navidad, bien sab\u00eda alegrarlas ella misma, con sus canciones o tocando las casta\u00f1uelas y la pandereta. Todo ello muy en el esp\u00edritu de Santa Teresa en sus \u00abpalomarcicos\u00bb. Qu\u00e9 recuerdos tan agradables conserva este cronista de las sala\u00add\u00edsimas e inocentes veladas navide\u00f1as de anta\u00f1o en la Comunidad de Nagal&#8230;<\/p>\n<p>Su respeto, sincero, leal y noble, a las Superioras y a cuantos ejercieran o representaran la autoridad. Comprend\u00eda muy bien la importancia que tiene para la vida en comunidad el ejer\u00adcicio de la obediencia. Y se afan\u00f3 por inculcarla, por lo menos con su ejemplo, a vista de todos.<\/p>\n<p>Su piedad para con Dios: honda, fervorosa, sentida. Mas, al mismo tiempo, sin nada de ostentaci\u00f3n ni viso alguno de singu\u00adlaridad. Tan filial y tan sencilla como si conservara a\u00fan, grabados a fuego en su alma, los rasgos de su piedad cuando \u00abni\u00f1a\u00bb en el seno de la familia, o de \u00abcolegialita\u00bb con las Hermanas de Ca\u00adrri\u00f3n, que tan bien la formaron, y de \u00abseminarista\u00bb en el Novi\u00adciado de Jes\u00fas, con sus directoras y las Hermanitas&#8230; Bastaba ver su actitud en la capilla, y o\u00edr \u2014siquiera una vez\u2014 c\u00f3mo se un\u00eda su voz en los rezos y las plegarias de la Comunidad, para formar la impresi\u00f3n de que all\u00ed viv\u00eda un alma totalmente entregada a su Dios.<\/p>\n<p>F) Por \u00faltimo, su amabilidad fin\u00edsima \u2014\u00bbextremada y exage\u00adrada\u00bb&#8230; lleg\u00f3 a decirse alguna vez\u2014 con \u00ablas ni\u00f1as\u00bb del Colegio. Amaba Sor Aurea muy de veras las obras de la Compa\u00f1\u00eda: en todo el mundo y, muy especialmente, en Espa\u00f1a y en Filipinas. Pero hab\u00eda centrado su amor y su inter\u00e9s, sobre todo, en el Colegio de Santa Isabel, \u00absu\u00bb Colegio. Haber vivido en \u00e9l casi sesenta y dos a\u00f1os, sin interrupci\u00f3n, y haber presenciado el desfile de generacio\u00adnes y m\u00e1s generaciones de colegialas o \u00abni\u00f1as\u00bb, hizo que conociera a las abuelas, a las madres y a las nietas. Y que llegara a conver\u00adtirse, en cierto modo, en la historia, en \u00abla tradici\u00f3n viva y viviente\u00bb del mismo Colegio. En torno a su persona se hab\u00eda formado como una especie de halo o de \u00ab\u00e1ura\u00bb de popularidad, que motiv\u00f3 episo\u00addios encantadores que, por su ingenuidad y por su emoci\u00f3n, bien pudieran pasar a las p\u00e1ginas de \u00abLa leyenda de oro\u00bb&#8230; A ella acud\u00edan las ni\u00f1as \u2014las externas y las internas, sobre todo las m\u00e1s cuitadas, las \u00abnenas\u00bb\u2014 con sus quejas, sus problemitas y sus ira\u2011<\/p>\n<p>i,o<sup>,<\/sup>tax\u00bb Hasta en la capilla la asediaban, ya en sus a\u00f1os \u00faltimos, romo un enjambre, y \u00aben cadena\u00bb, para decirle: \u00abMadre, que ma\u00f1a\u00adna tenemos \u00abtest\u00bb. Y que tiene usted que rezar por m\u00ed, para que salga bien y me den buenas notas\u00bb. Y acabaron por proclamarla oficialmente \u00abmadrina\u00bb de todos los equipos del Colegio \u2014\u00bbAngel of the Bacs\u00bb\u2014, cuando ya frisaba en los noventa a\u00f1os.<\/p>\n<p>En resumen: Sor Aurea dedic\u00f3 toda su vida al Colegio, se en\u00adtreg\u00f3 por completo a \u00ablas ni\u00f1as\u00bb; y \u00e9stas le correspondieron, espon\u00adt\u00e1nea y afectuosamente, de un modo maravilloso: cumpli\u00e9ndose aquello de \u00abAmor con amor se paga\u00bb.<\/p>\n<p align=\"center\">\u2014 o &#8212;<\/p>\n<p>Sor Aurea observ\u00f3 siempre con los Padres Pa\u00fales \u2014sus Her\u00admanos\u2014 una atenci\u00f3n deferente y obsequiosa, muy cumplida y tan digna como se pudiera desear. Y para ellos, la presencia y la conversaci\u00f3n de Sor Aurea, el ejemplo elocuente de su vida y hasta sus mismas \u00abocurrencias\u00bb eran un encanto. No hubo ning\u00fan otro Padre que la conociera y tratara por tantos a\u00f1os y tan de cerca e \u00edntimamente como el que suscribe estas l\u00edneas&#8230;: desde 1923.<\/p>\n<p>La \u00fanica preocupaci\u00f3n que la absorb\u00eda por completo en sus \u00faltimos a\u00f1os era \u00abdar sus encargos finales\u00bb&#8230;; sin caer en la cuen\u00adta de que, las m\u00e1s de las veces, eran los mism\u00edsimos \u00abencargos\u00bb dados muchos a\u00f1os antes. V\u00e9ase, por ejemplo, la confidencia si\u00adguiente, repetida una y otra vez: \u00abMire, Padre\u00bb \u2014sol\u00eda expresarse as\u00ed: son sus palabras textuales\u2014. \u00abMire, Padre. Cuando yo me mue\u00adra, quiero y deseo que usted acompa\u00f1e mi cad\u00e1ver al cementerio. No podr\u00e1 estar presente mi muy amada Hermana Casilda&#8230; As\u00ed es que \u00abdeseo\u00bb que me acompa\u00f1e, en representaci\u00f3n de toda mi Fa\u00admilia&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Mi respuesta era tambi\u00e9n la misma siempre: \u00abEst\u00e1 bien, Her\u00admana. Se lo prometo a usted muy de veras. Se lo prometo. Pero, \u00bfsabe usted?&#8230; Lo que estoy viendo es que he de ir yo mismo por delante&#8230;, y a muchos a\u00f1os de distancia\u00bb. Entonces replicaba ella, invariablemente: \u00ab\u00bfHabrase visto? Mire qu\u00e9 cosas tiene el Padre. I Vamos! \u00a1 Creerse que ha de morir \u00e9l antes!&#8230; \u00a1 Pero si est\u00e1 usted tan fuerte y yo no soy ya m\u00e1s que una piltrafa!&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Desde que me hizo por primera vez la \u00abconfidencia\u00bb, tienen que haber pasado veinte a veinticinco a\u00f1os por lo menos. Viv\u00eda a\u00fan en Madrid su hermana Casilda, con quien mantuvo Sor Aurea correspondencia no muy frecuente. (No llegu\u00e9 yo a conocerla sino s\u00f3lo de nombre. Muri\u00f3 hacia 1953, aunque era bastante m\u00e1s joven que Sor Aurea).<\/p>\n<p>Sin embargo, contra mis previsiones, quiso Dios concederme la \u00edntima satisfacci\u00f3n de cumplir los deseos de Sor Aurea. Como unom\u00e1s, me sum\u00e9 a su \u00abcortejo f\u00fanebre\u00bb, mejor dir\u00eda, al triunfo sin igual que rindi\u00f3 la ciudad de Naga a tan humilde y bondadosa Hermana. Y bien merecido se lo ten\u00eda. Mis pasos eran algo tardos, trabajosillos y \u00abrenqueantes\u00bb. Por a\u00f1adidura, me gan\u00e9 una buena insolaci\u00f3n, que me rob\u00f3 el sue\u00f1o y el apetito por varios d\u00edas. Mas no fue todo perdido, bendito sea el Se\u00f1or. Porque all\u00ed mismo quise aplicar aquel \u00abpeque\u00f1o\u00bb sufrimiento m\u00edo como en expiaci\u00f3n de las \u00abpeque\u00f1itas\u00bb faltas que, tal, vez, hubiera cometido la muy amada difunta hermana&#8230;<\/p>\n<p align=\"center\">-o-<\/p>\n<p>Que desde el cielo nos bendiga nuestra querida Hermana, la inolvidable Sor Aurea. Y que salga a recibirnos cuando hayamos de emprender el viaje a la eternidad&#8230;<\/p>\n<p>Padre Cipriano Oses, C. M.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfNo har\u00e1 ANALES la caridad de abrir un huequecito en sus p\u00e1ginas a esta semblanza de una humilde Hermana? Sin duda que la ha de hacer. 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