{"id":11811,"date":"2011-07-14T05:26:28","date_gmt":"2011-07-14T03:26:28","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/03\/12\/misiones-populares-de-la-c-m-en-espana-1704-1975-parte-12\/"},"modified":"2016-07-27T12:12:04","modified_gmt":"2016-07-27T10:12:04","slug":"misiones-populares-de-la-c-m-en-espana-1704-1975-parte-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/misiones-populares-de-la-c-m-en-espana-1704-1975-parte-12\/","title":{"rendered":"Misiones populares de la C.M. en Espa\u00f1a (1704-1975). Parte 12"},"content":{"rendered":"<h2>Conclusiones<\/h2>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">1. \u00a1AY DE M\u00cd, SI NO EVANGELIZARE!<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"text-decoration: underline\"> <\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/ESCUDOCM.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-44065\" title=\"ESCUDOCM\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/ESCUDOCM-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a>La preocupaci\u00f3n de la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos por mantener con vida la fidelidad de los creyentes al Evangelio la ha llevado necesariamente a la adopci\u00f3n de una serie de medios que facilitasen tal tarea. A este fin se ordenan una serie de instituciones, personas y estrategias tanto ordinarias como extraordinarias. La Parroquia, los sacerdotes, el culto, la catequesis, las celebraciones diarias&#8230; corresponder\u00edan a los medios ordinarios; las predicaciones no dominicales, los triduos y novenas, los misioneros, las misiones&#8230; a los extraordinarios. Las misiones \u00abinteriores\u00bb o \u00abpopulares\u00bb tienen, pues, este marco com\u00fan que es la evangelizaci\u00f3n de comunidades que ya han recibido el mensaje cristiano. Son acciones extraordinarias, realizadas en unos pocos d\u00edas, con un personal especializado y con unos contenidos y estrategias muy espec\u00edficos. Su existencia se remonta, probablemente, a los inicios de la expansi\u00f3n del cristianismo pero su sistematizaci\u00f3n, tal como ha llegado a nosotros, data del s. XVI.<\/p>\n<p>Una de las personas que m\u00e1s ha influido en este proceso de fijaci\u00f3n es Vicente de Pa\u00fal (1580-1660). A trav\u00e9s de su acci\u00f3n personal, de los Reglamentos que escribe y de las Instituciones que crea, dise\u00f1ar\u00e1 un tipo caracter\u00edstico de misi\u00f3n popular que, total o parcialmente, ser\u00e1 asumido por otras congregaciones misioneras y cuya acci\u00f3n llegar\u00e1 hasta nuestros d\u00edas. Algunos rasgos definitorios de esta misi\u00f3n vicenciana ser\u00e1n: el mundo rural como destinatario, la catequesis como funci\u00f3n central, la totalidad de la poblaci\u00f3n como receptora de la acci\u00f3n misionera, la confesi\u00f3n y la acci\u00f3n caritativa como signo de la conversi\u00f3n, las estancias largas y peri\u00f3dicas en cada lugar como estrategias para llegar a todos y mantener los resultados, el uso de unas estructuras interiorizadas y previamente fijadas y de unos contenidos permanentes como garant\u00edas de \u00e9xito, el sentido de equipo por parte de los misioneros y, por \u00faltimo, la gratuidad respecto del pueblo.<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">2. AL SERVICIO DE LA MISI\u00d3N: LA C.M.<\/span><\/strong><span style=\"text-decoration: underline\"> <\/span><\/p>\n<p>La C.M. nace (1617: serm\u00f3n de Folleville; 1625: contrato fundacional) con el fin, entre otros, de desarrollar esta visi\u00f3n misionera de Vicente de Pa\u00fal. Tras algunos intentos en vida del fundador, se establece en Espa\u00f1a el a\u00f1o 1704 (Barcelona) con dos finalidades exclusivas: atender a la formaci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos y predicar misiones por los pueblos. Su expansi\u00f3n hasta 1835, tanto a nivel de casas como de personal, ser\u00e1 lenta y muy localizada en la antigua Corona de Arag\u00f3n, manteniendo, salvo en Madrid ya a finales del per\u00edodo (atenci\u00f3n a las Hijas de la Caridad), las dos funciones se\u00f1aladas. Las Leyes de 1835 y 1868 (\u00e9sta en menor medida) deshacen la peque\u00f1a Congregaci\u00f3n a todos los niveles, aun cuando en el Concordato de 1851 es una de las favorecidas con el reconocimiento estatal. Durante este per\u00edodo el trabajo en las misiones se ver\u00e1 sumamente entorpecido centr\u00e1ndose los misioneros, en la medida de lo posible, en la atenci\u00f3n a los Seminarios Diocesanos y a las Hijas de la Caridad. La Restauraci\u00f3n de 1875 traer\u00e1 consigo un notorio crecimiento, retardado \u00fanicamente en el per\u00edodo 1931-1939, que llegar\u00e1 a su m\u00e1xima expresi\u00f3n a partir de esta \u00faltima fecha. Los a\u00f1os 1875-1970 cambian notoriamente la fisonom\u00eda de la Congregaci\u00f3n en Espa\u00f1a: a nivel de casas pasa de 5 a 66; su ubicaci\u00f3n deja de estar centrada en el Este peninsular y se hace nacional; sus miembros, que en 1876 eran unos 100, sobrepasan el millar en 1975; se asiste a una proyecci\u00f3n internacional (Am\u00e9rica, India, Madagascar)&#8230; Al mismo tiempo se diversifican los ministerios: a los exclusivos de las misiones al pueblo y formaci\u00f3n del clero, se a\u00f1aden otros que, a\u00fan siendo signos de su vitalidad, van a descentrar la Instituci\u00f3n: Hijas de la Caridad, Iglesias de Culto, formaci\u00f3n de candidatos, Colegios, Parroquias, Misiones \u00abad gentes\u00bb&#8230; Sin embargo, a partir de 1970 comienzan a aparecer algunos signos preconizantes de la posterior crisis: descenso muy significativo de candidatos, secularizaci\u00f3n de misioneros, abandono de los trabajos tradicionales, acomodaciones al Vaticano II, nueva situaci\u00f3n sociopol\u00edtica&#8230;<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">3. TEOR\u00cdA Y PR\u00c1CTICA DE UNA ACCI\u00d3N PRIORITARIA<\/span><\/strong><span style=\"text-decoration: underline\"> <\/span><\/p>\n<p>El estudio de los documentos jur\u00eddicos m\u00e1s importantes para la historia de las misiones (Documentos Fundacionales, Reglas de la C.M. dejadas por Vicente de Pa\u00fal, Reglamentos de misiones y Decretos de las Asambleas Generales y Provinciales) nos dice que \u00e9stas deben ocupar un lugar prioritario (que no exclusivo) y significativo (dinamizador) en la vida de la Congregaci\u00f3n. \u00bfHasta qu\u00e9 punto se mantuvo la fidelidad a estos dos criterios?.<\/p>\n<p>Los Libros de Misiones (testimonio del trabajo en este campo) y los Libros de Ordenanzas (reflejo de la vida ordinaria de las comunidades) parecen indicar, aun cuando las llamadas al orden sean abundantes, que la significaci\u00f3n no se perdi\u00f3 hasta mediados los sesenta del s. XX. Entonces, la excesiva inclinaci\u00f3n a las parroquias, el anquilosamiento de los m\u00e9todos y estrategias y las dudas eclesiales sobre su propia funcionalidad motivaron una p\u00e9rdida evidente del empuje vital de las misiones.<\/p>\n<p>M\u00e1s problem\u00e1tico nos resulta evaluar la prioridad de este trabajo. Ci\u00f1\u00e9ndonos a criterios objetivos (casas y personal) podemos se\u00f1alar que a nivel de casas, no cabe ninguna duda de ello para los siglos XVIII y XIX: todas son \u00abCasas-Misi\u00f3n\u00bb; sin embargo, en el s. XX cambia notoriamente la situaci\u00f3n, pasando estas casas a perder importancia de forma progresiva: 88% en 1908, 60% en 1930, 38% en 1952, 7% en 1975. Ci\u00f1\u00e9ndonos al personal, la situaci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s complicada: si en el s. XVIII el n\u00famero de \u00abmisioneros participantes\u00bb se acerca al 35% (la mayor\u00eda de forma exclusiva), en los ss. XIX y XX no llega al 18%, siendo cada vez menos quienes lo hacen exclusivamente.<\/p>\n<p>Podemos se\u00f1alar, como conclusi\u00f3n, que las misiones populares, a\u00fan siendo bastante significativas en la vida de la C.M., no parecen ser tan prioritarias como te\u00f3ricamente se proclama.<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">4. UNA FIDELIDAD: CONTENIDOS Y ESTRATEGIAS<\/span><\/strong><\/p>\n<p>Los destinatarios de las misiones vicencianas aparecen categ\u00f3ricamente definidos desde la misma fundaci\u00f3n: las gentes del mundo rural. A este efecto el mismo Vicente de Pa\u00fal dise\u00f1a unos contenidos (sermones, pl\u00e1ticas y doctrinas) y unas estrategias (forma de desarrollar la misi\u00f3n) sumamente detallados, de los que se se\u00f1ala en los sucesivos Reglamentos no debe modificarse nada de lo fundamental. \u00bfC\u00f3mo responde la Instituci\u00f3n a este doble mandato?. La dedicaci\u00f3n a las gentes del mundo rural se mantendr\u00e1, salvo algunas m\u00ednimas excepciones, hasta finales del s. XIX (en que se comienza a misionar ciudades) y quedar\u00e1 pr\u00e1cticamente olvidada con la llegada, a mediados del XX, de las \u00abmisiones zonales\u00bb. La fidelidad fundamental a los contenidos y a las estrategias ser\u00e1 norma mantenida pr\u00e1cticamente hasta el final.<\/p>\n<p>Esta \u00abfidelidad\u00bb cuestiona, a nuestro modo de ver, el entramado principal de las misiones populares. \u00bfHasta qu\u00e9 punto unos contenidos y estrategias dise\u00f1ados desde y para una sociedad agraria de Antiguo R\u00e9gimen pueden servir en \u00e9pocas posteriores?, \u00bfhasta qu\u00e9 punto pueden responder a las necesidades de un medio urbano?, \u00bfhasta qu\u00e9 punto pueden acomodarse para grandes zonas, cuando est\u00e1n pensados para hacerse localmente?.<\/p>\n<p>Sin duda ninguna que las respuestas a estos interrogantes deben hacerse en el m\u00e1s amplio contexto del conjunto eclesial (tanto respecto al comportamiento general de la Iglesia como en los escasos progresos de la misma Teolog\u00eda en Espa\u00f1a). Ci\u00f1\u00e9ndonos, no obstante, a las misiones vicencianas, nos parece evidente, y los datos de dificultades y realizaciones lo demuestran, que la fidelidad a los contenidos y estrategias est\u00e1 en la ra\u00edz del proceso de esclerotizaci\u00f3n en que fueron sumi\u00e9ndose con la llegada de las revoluciones liberales y que acabar\u00e1n en un abandono casi total, ya en el \u00faltimo tercio del s.XX, por considerarse obsoletas. De hecho, a partir de la Restauraci\u00f3n, \u00fanicamente el apoyo decidido de las autoridades civiles (reg\u00edmenes liberales moderados o dictaduras) permiti\u00f3 que se siguiesen llevando a cabo, convirti\u00e9ndose (quiz\u00e1 no siempre conscientemente) m\u00e1s que en un elemento de evangelizaci\u00f3n en un arma de socializaci\u00f3n de la ideolog\u00eda en el poder.<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">5. UN ARMA DE DOBLE FILO: LA FINANCIACI\u00d3N <\/span><\/strong><span style=\"text-decoration: underline\"> <\/span><\/p>\n<p>La situaci\u00f3n econ\u00f3mica del campesino franc\u00e9s, tan bien conocida por Vicente de Pa\u00fal, determin\u00f3 su norma de que las misiones no les fuesen gravosas. Este sentido de la gratuidad es, posiblemente, unas de las constantes m\u00e1s expl\u00edcitamente mantenidas por la C.M. a trav\u00e9s de los siglos. Aunque la ausencia de estudios detallados de la econom\u00eda de las distintas fundaciones nos impide obtener unas conclusiones m\u00e1s concretas, podemos se\u00f1alar que la f\u00f3rmula que hac\u00eda viable la gratuidad (expresada en detallados contratos) se orient\u00f3, durante todo el Antiguo R\u00e9gimen, hacia los r\u00e9ditos provenientes de donaciones que aseguraban la viabilidad de la casa. Con ello se lograba, en lo relativo a las misiones, adem\u00e1s de no ser gravosos al pueblo misionado, una gran libertad de acci\u00f3n, salva la dependencia pastoral del obispo, a la hora de desarrollar la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>A partir de la Restauraci\u00f3n, desaparece esta forma de financiaci\u00f3n y ser\u00e1n prioritariamente los Obispos quienes financien directamente la actividad misionera (excepto aquellas que sean \u00abcontratadas\u00bb por individuos o entidades particulares). De este modo, aun cuando siguen siendo gratuitas para los destinatarios, los misioneros pierden el grado de independencia que hab\u00edan tenido en \u00e9pocas anteriores y se convierten en \u00aboperarios\u00bb al servicio directo del obispo (que financia la misi\u00f3n) e indirectamente del Estado (que aporta la dotaci\u00f3n episcopal). Quiz\u00e1 esta dependencia (com\u00fan, por otra parte, al resto de la estructura eclesial) est\u00e9 en la ra\u00edz del inmovilismo social y la falta de adecuaci\u00f3n al problema obrero del que adoleci\u00f3 la misi\u00f3n vicenciana. La tradicional sumisi\u00f3n al poder establecido hunde sus ra\u00edces en la dependencia econ\u00f3mica.<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">6. \u00a1HASTA LOS P\u00c1JAROS DEL CAMPO! <\/span><\/strong><\/p>\n<p>Una de las din\u00e1micas internas m\u00e1s originales de la misi\u00f3n vicenciana es la \u00abglobalidad\u00bb con la que se encara cada una de las misiones. Globalidad referente a los misioneros, a los contenidos, a las estrategias y a los destinatarios; la misi\u00f3n est\u00e1 dise\u00f1ada para ser una acci\u00f3n de todos, con todo y para todos. Sin embargo, la puesta en pr\u00e1ctica de esta din\u00e1mica ten\u00eda una serie de condicionantes: trabajo y vida en equipo, ambiente general de misi\u00f3n y aceptaci\u00f3n por parte de todo el pueblo.<\/p>\n<p>Este sentido de \u00abglobalidad\u00bb, nacido \u00aben\u00bb y \u00abpara\u00bb una sociedad rural, iletrada e impregnada de un fuerte contenido cristiano, va a permanecer vigente a trav\u00e9s de los tres siglos. Sin embargo, la evoluci\u00f3n socio-religiosa y la pr\u00e1ctica misionera van a seguir otros derroteros: las misiones en capitales o en grandes zonas impedir\u00e1n tanto el trabajo en com\u00fan como, sobre todo, la vida en com\u00fan de los misioneros; las revoluciones liberales no permitir\u00e1n el monopolio de la misi\u00f3n; la cada vez mayor libertad personal, aunque en un formal ambiente cristiano, orientar\u00e1 la misi\u00f3n \u00fanicamente hacia quienes la deseen&#8230; De este modo, el \u00absentido de globalidad\u00bb dejar\u00e1 de dinamizar la acci\u00f3n misionera y, como no se renuncia a \u00e9l, deber\u00e1n buscarse presiones externas (eclesiales o pol\u00edticas) que creen el ambiente necesario o faciliten el acercamiento a cada una de las personas. En conclusi\u00f3n: lo que era una din\u00e1mica interna tendente a la animaci\u00f3n de la comunidad local desaparece como tal y queda reducido a una serie de manifestaciones externas con poco calado a\u00fan en quienes participan de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">7. LA RIGIDEZ DE UN MARCO: LAS FUNCIONES<\/span><\/strong><\/p>\n<p>Este sentido de \u00abglobalidad\u00bb tiene un claro centro dinamizador en la Predicaci\u00f3n, expuesta en los \u00abSermones\u00bb, \u00abCatecismos\u00bb y \u00abPl\u00e1ticas\u00bb y recogida en los \u00abLibros de las Funciones\u00bb). Su tem\u00e1tica y desarrollo quedan fijados en Espa\u00f1a desde mediados del s. XVIII a partir de originales franceses e italianos y con notorias influencias de las tendencias teol\u00f3gicas y de predicaci\u00f3n espa\u00f1olas. Desde entonces permanecen inmutables hasta el final del per\u00edodo, aunque su incidencia comienza a decaer a finales de los a\u00f1os cincuenta del s. XX.<\/p>\n<p>Es a trav\u00e9s de esta Predicaci\u00f3n, que no suele utilizar recursos extravagantes de otras misiones (flagelaciones del misionero, uso de h\u00e1bitos especiales, confesiones p\u00fablicas, utilizaci\u00f3n de calaveras, obscuridades y otros m\u00faltiples efectos &#8230;), como se transmiten los contenidos de fe. Unos contenidos fijados por el Concilio Tridentino que van a repercutir en la Moral, el Dogma, la Eclesiolog\u00eda y la Cristolog\u00eda y que permanecen intocables, bien que en una progresiva crisis, hasta el Vaticano II, adoleciendo de una falta manifiesta de respuesta a las nuevas situaciones y llegando, al final del per\u00edodo, totalmente inadecuados.<\/p>\n<p>A este inmovilismo colabor\u00f3, sin duda, una rigurosa obediencia a los Reglamentos, una deficiente formaci\u00f3n inicial y una inexistente formaci\u00f3n cont\u00ednua de los misioneros. De hecho, la gran mayor\u00eda de ellos llegaban a la misi\u00f3n con las predicaciones aprendidas de memoria y sin tiempo intermisional para poder modificar novedad alguna. La conclusi\u00f3n es que no hay una adecuaci\u00f3n de las funciones a las nuevas situaciones.<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">8. \u00abDAR TIEMPO AL TIEMPO\u00bb<\/span><\/strong><span style=\"text-decoration: underline\"> <\/span><\/p>\n<p>Dentro de las m\u00faltiples \u00abestrategias\u00bb dise\u00f1adas por Vicente de Pa\u00fal, dos son las que muestran una mayor originalidad: el tiempo de las estancias en cada lugar y la periodicidad con que se realizan. Con las estancias largas (aproximadamente un mes) se buscaba acercar los contenidos de la misi\u00f3n a cada una de las personas; mediante la periodicidad (cinco o diez a\u00f1os) se intentaba hacer de lo extraordinario algo esperado para el bien personal y comunitario. Ambas \u00abestrategias\u00bb se mantienen de forma correcta (en menor medida la estancia) durante el per\u00edodo del Antiguo R\u00e9gimen, hasta verse desestabilizadas con las convulsiones liberales.<\/p>\n<p>El aumento espectacular del n\u00famero de misiones que se inicia con la Restauraci\u00f3n, no correspondido con similar n\u00famero de misioneros, lleva inevitablemente al acortamiento de la estancia (se llega, en ocasiones, a los seis o, incluso, tres d\u00edas) aunque no repercute excesivamente en la periodicidad. \u00c9sta, sin embargo, se ver\u00e1 profundamente transformada tras la guerra civil al desarrollarse las \u00abmisiones zonales\u00bb que no permiten, dada su complejidad, la repetici\u00f3n sistem\u00e1tica. De este modo, se pierden, en un momento significativamente importante, dos de los rasgos m\u00e1s se\u00f1alados en la misi\u00f3n vicenciana y cuya consecuencia m\u00e1s inmediata ser\u00e1 la falta de profundidad de que van a adolecer hasta el final del per\u00edodo. La misi\u00f3n quedar\u00e1 reducida a la escucha de una serie de sermones quedando la catequesis -que precisa de tiempos m\u00e1s largos- muy mermada.<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline\">9. CUANDO LA SAL SE VUELVE SOSA&#8230;<\/span><\/strong><span style=\"text-decoration: underline\"> <\/span><\/p>\n<p>El trabajo misionero dise\u00f1ado por Vicente de Pa\u00fal tiene una clara orientaci\u00f3n: revitalizar la comunidad tanto en sus relaciones con Dios como en sus comportamientos sociales. A este fin se destinan las actitudes de los misioneros, el dise\u00f1o de contenidos y de estrategias y la propuesta de acciones para mantener los frutos de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n est\u00e1 pensada para incidir en el tejido social de la poblaci\u00f3n rural y as\u00ed ocurri\u00f3 durante todo el per\u00edodo del Antiguo R\u00e9gimen. Tanto los frutos inmediatamente obtenidos (reconciliaciones, restituciones, regularizaci\u00f3n de matrimonios, arreglos de pleitos, puesta a punto de Iglesias, etc &#8230;) como los promovidos durante su desarrollo (instituci\u00f3n de Asociaciones de Caridad, revitalizaci\u00f3n de Cofrad\u00edas asistenciales&#8230;) dejaban honda huella en el lugar misionado y as\u00ed se refleja, de m\u00faltiples maneras, en los Libros de Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las conmociones liberales motivaron notorios cambios en estos dinamismos. La misi\u00f3n, cuando los per\u00edodos moderados permiten realizarla, sigue llegando a todos, a nadie deja indiferente: simplemente hay defensores y detractores. Los primeros aceptan la misi\u00f3n con todas sus consecuencias; los segundos, la combaten. Esta nueva situaci\u00f3n, vista en todo momento como coyuntural, se encar\u00f3, por parte de la C.M., con un movimiento de cerraz\u00f3n sobre s\u00ed misma (\u00abno cambiar nada ni en los contenidos ni en las estrategias\u00bb) que, a nivel de las gentes, transcendi\u00f3 en la misma medida. De este modo, las repercusiones sociales pierden incidencia, la conversi\u00f3n quedar\u00e1 vinculada \u00fanicamente a la relaci\u00f3n con Dios y las acciones propuestas para mantener los frutos de la misi\u00f3n ir\u00e1n tomando un matiz m\u00e1s interiorista (Cofrad\u00edas devocionales).<\/p>\n<p>La \u00e9poca que se inicia con la Restauraci\u00f3n supone para las misiones la consagraci\u00f3n de un nuevo elemento: el indiferentismo que, s\u00f3lo en circunstancias pol\u00edticas extremas (de uno u otro signo), se convertir\u00e1 en oposici\u00f3n o fervor. Para aquellos que, voluntariamente o movidos por el ambiente, asistan a la misi\u00f3n, \u00e9sta se convertir\u00e1 en un mero ejercicio formal de escucha de sermones y realizaci\u00f3n de ejercicios externos sin ninguna implicaci\u00f3n en el entramado social. Marcadas, pues, por el oportunismo pol\u00edtico y por la costumbre de no cambiar nada, las misiones vicencianas dejar\u00e1n de tener definitivamente incidencia en los comportamientos sociales (qued\u00e1ndose en la euforia moment\u00e1nea), y con una promoci\u00f3n de acciones para mantener sus frutos meramente devocionales.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n: aun siendo magn\u00edficas, en cuanto al n\u00famero,las realizaciones; aun siendo extraordinaria la dedicaci\u00f3n de los misioneros, dadas las circunstancias adversas de determinados per\u00edodos, las misiones populares permanecieron tan \u00abfijas\u00bb a la letra del fundador que, aunque resulte parad\u00f3jico, dejaron de ser vicencianas al perder los dos aspectos claves de su esp\u00edritu (per\u00edodos largos e interiorizaci\u00f3n) y no ser capaces de adecuar, en su ejecuci\u00f3n, los contenidos y las estrategias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conclusiones 1. \u00a1AY DE M\u00cd, SI NO EVANGELIZARE! 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