{"id":117163,"date":"2018-11-16T08:40:15","date_gmt":"2018-11-16T07:40:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=117163"},"modified":"2018-10-17T17:49:39","modified_gmt":"2018-10-17T15:49:39","slug":"mensaje-del-concilio-a-toda-la-humanidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/mensaje-del-concilio-a-toda-la-humanidad\/","title":{"rendered":"Mensaje del Concilio a toda la humanidad"},"content":{"rendered":"<p><b>7 de Diciembre de 1965<\/b><\/p>\n<p>Venerables hermanos:<\/p>\n<p>La hora de la partida y de la dispersi\u00f3n ha sonado. Ahora deb\u00e9is abandonar la asamblea conciliar para ir al encuentro de la humanidad a difundir la buena nueva del Evangelio de Cristo y de la renovaci\u00f3n de su Iglesia, por la que nosotros hemos trabajado juntos desde hac\u00eda cuatro a\u00f1os.<\/p>\n<p>Momento \u00fanico \u00e9ste, de una significaci\u00f3n y de una riqueza incomparables. En esta asamblea universal, en este momento privilegiado en el tiempo y en el espacio, convergen a la vez el pasado, el presente y el porvenir. El pasado, porque est\u00e1 aqu\u00ed reunida la Iglesia de Cristo, con su tradici\u00f3n, su historia, sus concilios, sus doctores, sus santos. El presente, porque abandonamos Roma para ir al mundo de hoy, con sus miserias, sus dolores, sus pecados, pero tambi\u00e9n con los prodigios conseguidos, sus valores, sus virtudes. El porvenir est\u00e1 all\u00ed, en fin, en el llamamiento imperioso de los pueblos para una mayor justicia, en su voluntad de paz, en sus sed, consciente o inconsciente, de una vida m\u00e1s elevada; esto es precisamente lo que la Iglesia de Cristo puede y debe dar a los pueblos.<\/p>\n<p>Nos parece escuchar por todo el mundo un inmenso y confuso clamor, la pregunta de todos los que miran al Concilio y nos preguntan con ansiedad: \u00ab&amp;iquest;No ten\u00e9is una palabra que decirnos&#8230; a nosotros los gobernantes, a nosotros los intelectuales, los trabajadores, los artistas; a nosotras las mujeres, a nosotros los j\u00f3venes, a nosotros los enfermos y los pobres?\u00bb.<\/p>\n<p>Estas voces implorantes no quedar\u00e1n sin respuesta. para todas las categor\u00edas humanas ha trabajado el Concilio durante estos cuatro a\u00f1os. para todas ellas ha elaborado esta constituci\u00f3n de la Iglesia en el mundo de hoy que Nos hemos promulgado ayer en medio de los entusiastas aplausos de la asamblea.<\/p>\n<p>De nuestra larga meditaci\u00f3n sobre Cristo y su Iglesia debe brotar en este instante una primera palabra anunciadora de paz y de salvaci\u00f3n para las multitudes que esperan. El Concilio, antes de terminarse, debe llevar a cabo una funci\u00f3n prof\u00e9tica y traducir en breves mensajes y en un idioma m\u00e1s f\u00e1cilmente accesible a todos la \u00abbuena nueva\u00bb que ha elaborado para el mundo y que algunos de sus m\u00e1s autorizados int\u00e9rpretes van a dirigir de ahora en adelante, en vuestro nombre, a la humanidad entera.<\/p>\n<p><b> A LOS GOBERNANTES<\/b><\/p>\n<p>En este instante solemne, nosotros, los Padres del XXI Concilio Ecum\u00e9nico de la Iglesia cat\u00f3lica, a punto ya de dispersarnos despu\u00e9s de cuatro a\u00f1os de plegarias y trabajos, con plena conciencia de nuestra misi\u00f3n hacia la humanidad, nos dirigimos, con deferencia y confianza, a aquellos que tienen en sus manos los destinos de los hombres sobre esta tierra, a todos los depositarios del poder temporal.<\/p>\n<p>Lo proclamamos en alto: honramos vuestra autoridad y vuestra soberan\u00eda, respetamos vuestras funciones, reconocemos vuestras leyes justas, estimamos los que las hacen y a los que las aplican. Pero tenemos una palabra sacrosanta y deciros: s\u00f3lo Dios es grande. S\u00f3lo Dios es el principio y el fin. S\u00f3lo Dios es la fuente de vuestra autoridad y el fundamento de vuestras leyes.<\/p>\n<p>A vosotros corresponde ser sobre la tierra los promotores del orden y de la paz entre los hombres. Pero no lo olvid\u00e9is: es Dios, el Dios vivo y verdadero, el que es Padre de los hombres, y es Cristo, su Hijo eterno, quien ha venido a dec\u00edrnoslo y a ense\u00f1arnos que todos somos hermanos. El es el gran artesano del orden y la paz sobre la tierra, porque es El quien conduce la historia humana y el \u00fanico que puede inclinar los corazones a renunciar a las malas pasiones que engendran la guerra y la desgracia.<\/p>\n<p>Es El quien bendice el pan de la humanidad, el que santifica su trabajo y su sufrimiento, el que le da gozos que vosotros no le pod\u00e9is dar, y la reconforta en sus dolores, que vosotros no pod\u00e9is consolar.<\/p>\n<p>En vuestra ciudad terrestre y temporal construye su cuidado espiritual y eterna: su Iglesia. &amp;iquest;Y qu\u00e9 pide ella de vosotros, esa Iglesia, despu\u00e9s de casi dos mil a\u00f1os de vicisitudes de todas clases en sus relaciones con vosotros, las potencias de la tierra, qu\u00e9 os pide hoy? Os lo dice en uno de los textos de mayor importancia de su Concilio; no os pide m\u00e1s que la libertad. La libertad de creer y de predicar su fe. La libertad de amar a su Dios y servirlo. La libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje de vida. No le tem\u00e1is: es la imagen de su Maestro, cuya acci\u00f3n misteriosa no usurpa vuestras prerrogativas, pero que salva todo lo humano de su fatal caducidad, lo transfigura, lo llena de esperanza, de verdad, de belleza.<\/p>\n<p>Dejad que Cristo ejerza esa acci\u00f3n purificante sobre la sociedad. No lo crucifiqu\u00e9is de nuevo; esto ser\u00eda sacrilegio, porque es Hijo de Dios; ser\u00eda un suicidio, porque es Hijo del hombre. Y a nosotros, sus humildes ministros, dejadnos extender por todas partes sin trabas la buena nueva del Evangelio de la paz, que hemos editado en este Concilio. Vuestros pueblos ser\u00e1n los primeros beneficiados porque la Iglesia forma para vosotros ciudadanos leales, amigos de la paz social y del progreso.<\/p>\n<p>En este d\u00eda solemne en que clausura su XXI Concilio Ecum\u00e9nico, la Iglesia os ofrece por nuestra voz su amistad, sus servicios, sus energ\u00edas espirituales y morales. Os dirige a vosotros, todos, un mensaje de saludo y de bendici\u00f3n. Acogedlo como ella os lo ofrece, con un coraz\u00f3n alegre y sincero, y transmitirlo a todos vuestros pueblos.<\/p>\n<p><b>A LOS INTELECTUALES Y A LOS HOMBRE DE CIENCIA<\/b><\/p>\n<p>Un saludo especial para vosotros, los buscadores de la verdad, a vosotros los hombres del pensamiento y de la ciencia, los exploradores del hombre, del universo y de la historia; a todos vosotros, los peregrinos en marcha hacia la luz, y a todos aquellos que se han parado en el camino, fatigados y decepcionados por una vana b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>&amp;iquest;Por qu\u00e9 un saludo especial para vosotros? Porque todos nosotros aqu\u00ed, Obispos, Padres conciliares, nosotros estamos a la escucha de la verdad. Nuestros esfuerzo durante estos cuatro a\u00f1os, &amp;iquest;qu\u00e9 ha sido sino una b\u00fasqueda m\u00e1s atenta y una profundizaci\u00f3n del mensaje de verdad confiado a la Iglesia y un esfuerzo de docilidad m\u00e1s perfecto al esp\u00edritu de verdad?<\/p>\n<p>No pod\u00edamos, por tanto, dejar de encontraros. Vuestro camino es el nuestro. Vuestros senderos no son nunca extra\u00f1os a los nuestros. Nosotros somos los amigos de vuestra vocaci\u00f3n de investigadores, los aliados de vuestras fatigas, los admiradores de vuestras conquistas y, si es necesario, lo consoladores de vuestros descorazonamientos y fracasos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para vosotros tenemos un mensaje, y es \u00e9ste: continuad, continuad buscando sin desesperar jam\u00e1s de la verdad. Recordad la palabra de uno de vuestros grandes amigos, san Agust\u00edn: \u00abBuscamos con el af\u00e1n de encontrar y encontramos con el deseo de buscar a\u00fan m\u00e1s\u00bb. Felices los que poseyendo la verdad la buscan a\u00fan, con el fin de renovarla, profundizar en ella y ofrecerla a los dem\u00e1s. Felices los que no habi\u00e9ndola encontrado caminan hacia ella con un coraz\u00f3n sincero; ellos buscan la luz de ma\u00f1ana con la luz de hoy, hasta la plenitud de la luz.<\/p>\n<p>Pero no olvid\u00e9is: si pensar es una gran cosa, pensar, ante todo, es un deber; desdichado aquel que cierra voluntariamente los ojos a la luz. pensar es tambi\u00e9n una responsabilidad: &amp;iexcl;Ay de aquellos que obscurecen el esp\u00edritu por miles de artificios que lo deprimen, lo enorgullecen, lo enga\u00f1an , lo deforman! &amp;iquest;Cu\u00e1l es el principio b\u00e1sico para los hombres de ciencia sino esforzarse en pensar rectamente?<\/p>\n<p>Por esto, sin turbar vuestros pasos, sin ofuscar vuestras miradas, queremos la luz de nuestra l\u00e1mpara misteriosa: la fe. El que nos la confi\u00f3 es el Maestro soberano del pensamiento, del cual nosotros somos los humildes disc\u00edpulos; el \u00fanico que dijo y puedo decir: \u00abYo soy la luz del mundo, yo soy el Camino y la Verdad y la Vida.\u00bb<\/p>\n<p>Esta palabra os toca a vosotros. Nunca, quiz\u00e1, gracias a Dios, ha parecido tan clara como hoy la posibilidad de un profundo acuerdo entre la verdadera ciencia y la verdadera fe, sirvientes una y otra de la \u00fanica verdad. No impid\u00e1is este preciado encuentro. Tened confianza en la fe, esa gran amiga de la inteligencia. Alumbraos en su luz para descubrir la verdad, toda la verdad. Tal es el saludo, el \u00e1nimo, la esperanza que os expresan, antes de separarse, los Padres del mundo entero, reunidos en Roma en Concilio.<\/p>\n<p><b>A LOS ARTISTAS<\/b><\/p>\n<p>A vosotros todos, artistas, que est\u00e1is prendados de la belleza y que trabaj\u00e1is por ella; poetas y gentes de letras, pintores, escultores, arquitectos, m\u00fasicos, hombres de teatro y cineastas&#8230; A todos vosotros, la Iglesia del Concilio dice, por medio de nuestras voz: Si sois los amigos del arte verdadero, vosotros sois nuestros amigos.<\/p>\n<p>La Iglesia est\u00e1 aliada desde hace tiempo con vosotros. Vosotros hab\u00e9is construido y decorado sus templos, celebrado sus dogmas, enriquecido su liturgia. Vosotros hab\u00e9is ayudado a traducir su divino mensaje en la lengua de las formas y las figuras, convirtiendo en visible el mundo invisible.<\/p>\n<p>Hoy, como ayer, la Iglesia os necesita y se vuelve hacia vosotros. Ella os dice, por medio de nuestra voz: No permit\u00e1is que se rompa una alianza fecunda entre todos. No rehus\u00e9is el poner vuestro talento al servicio de la verdad divina. No cerr\u00e9is vuestro esp\u00edritu al soplo del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza par ano caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegr\u00eda en el coraz\u00f3n de los hombres; es el fruto precioso que resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiraci\u00f3n. Y todo ello est\u00e1 en vuestras manos.<\/p>\n<p>Que estas manos sean puras y desinteresadas. Recordad que sois los guardianes de la belleza en el mundo, que esto baste para libraros de placeres ef\u00edmeros y sin verdadero valor, as\u00ed como de la b\u00fasqueda de expresiones extra\u00f1as o desagradables.<\/p>\n<p>Sed siempre y en todo lugar dignos de vuestro ideal y ser\u00e9is dignos de la Iglesia, que por nuestra voz os dirige en este d\u00eda su mensaje de amistad, de salvaci\u00f3n, de gracia y de bendici\u00f3n.<\/p>\n<p><b>A LAS MUJERES<\/b><\/p>\n<p>Y ahora es a vosotras a las que nos dirigimos, mujeres de todas las condiciones, hijas, esposas, madres y viudas; a vosotras tambi\u00e9n, v\u00edrgenes consagradas y mujeres solteras. Sois la mitad de la inmensa familia humana.<\/p>\n<p>La Iglesia est\u00e1 orgullosa, vosotras lo sab\u00e9is de haber elevado y liberado a la mujer, de haber hecho resplandecer, en el curso de los siglos, en la diversidad de sus caracteres, su innata igualdad con el hombre.<\/p>\n<p>Pero llega la hora, ha llegado la hora en que la vocaci\u00f3n de la mujer llega a su plenitud, la hora en que la mujer ha adquirido en el mundo una influencia un peso, un poder jam\u00e1s alcanzado hasta ahora.<\/p>\n<p>Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutaci\u00f3n tan profunda, las mujeres llenas del esp\u00edritu del Evangelio pueden ayudar tanto a la humanidad a no degenerar.<\/p>\n<p>Vosotras, las mujeres, ten\u00e9is siempre como misi\u00f3n la guardia del hogar, el amor a las fuentes de la vida, el sentido de la cuna. Est\u00e1is presentes en el misterio de la vida que comienza. Consol\u00e1is en la partida de la muerte. Nuestra t\u00e9cnica lleva el riesgo de convertirse en inhumana. Reconciliad a los hombres con la vida. Y, sobre todo, velad, os lo suplicamos, por el porvenir de nuestra especie. Detened la mano del hombre que en un momento de locura intentara destruir la civilizaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Esposas, madres de familia, primeras educadores del g\u00e9nero humano en el secreto de los hogares, transmitid a vuestros hijos y a vuestras hijas las tradiciones de vuestros padres, al mismo tiempo que los prepar\u00e1is para el porvenir insondable. Acordaos siempre de que una madre pertenece, por sus hijos, a ese porvenir que ella no ver\u00e1 probablemente.<\/p>\n<p>Y vosotras tambi\u00e9n, mujeres solteras, sabed que pod\u00e9is cumplir toda vuestra vocaci\u00f3n de devoci\u00f3n. La sociedad os llama por todas partes. Y las mismas familias no pueden vivir sin la ayuda de aquellas que no tienen familia.<\/p>\n<p>Vosotras, sobre todo, v\u00edrgenes consagradas, en un mundo donde el ego\u00edsmo y la b\u00fasqueda de placeres quisieran hacer la ley, sed guardianas de la pureza, del desinter\u00e9s, de la piedad.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, que dio al amor conyugal toda su plenitud, exalt\u00f3 tambi\u00e9n el renunciamiento a ese amor humano cuando se hace por el amor infinito y por el servicio a todos.<\/p>\n<p>Mujeres que sufr\u00eds, en fin, que os manten\u00e9is firmes bajo la cruz a imagen de Mar\u00eda; vosotras, que tan a menudo, en el curso de la historia, hab\u00e9is dado a los hombres la fuerza para luchar hasta el fin, para dar testimonio hasta el martirio, ayudadlos una vez m\u00e1s a guardar la audacia de las grandes empresas, al mismo tiempo que la paciencia y el sentido de los comienzos humildes.<\/p>\n<p>Mujeres, vosotras que sab\u00e9is hacer la verdad dulce, tierna, accesible, dedicaos a hacer penetrar el esp\u00edritu de este Concilio en las instituciones, escuelas, hogares y en la vida de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Mujeres del universo todo, cristianas o no creyentes, a vosotras, que os est\u00e1 confiada la vida, en este momento tan grave de la historia, vosotras deb\u00e9is salvar la paz del mundo.<\/p>\n<p><b>A LOS TRABAJADORES<\/b><\/p>\n<p>A lo largo del Concilio, nosotros los Obispos cat\u00f3licos de los cinco continentes, hemos reflexionado conjuntamente, entre muchos temas, respecto de las graves cuestiones que plantean a la conciencia de la humanidad las condiciones econ\u00f3micas y sociales del mundo contempor\u00e1neo, la coexistencia de las naciones, el problema de los armamentos, de la guerra y de la paz. Y somos plenamente conscientes de la repercusi\u00f3n que la soluci\u00f3n dad a estos problemas puede tener sobre la vida concreta de los trabajadores y de las trabajadoras del mundo entero. As\u00ed, Nos deseamos, al t\u00e9rmino de nuestras deliberaciones, dirigirles a todos ellos un mensaje de confianza, de paz y de amistad.<\/p>\n<p>Hijos muy queridos: estad seguros, desde luego, de que la Iglesia conoce vuestros sufrimientos, vuestras luchas, vuestras esperanzas; de que aprecia altamente las virtudes que ennoblecen vuestras almas: el valor, la dedicaci\u00f3n, la conciencia profesional, el amor de la justicia; que reconoce plenamente los inmensos servicios que cada uno en su puesto, y en los puestos frecuentemente m\u00e1s oscuros y menos apreciados, hac\u00e9is al conjunto de la sociedad. La Iglesia se siente muy contenta por ello, y por nuestra voz os lo agradece.<\/p>\n<p>En estos \u00faltimos a\u00f1os, la Iglesia,no ha dejado de tener presentes en su esp\u00edritu los problemas, de complejidad creciente sin cesar, del mundo y del trabajo. Y el eco que han encontrado en vuestras filas las recientes enc\u00edclicas pontificias ha demostrado c\u00f3mo el alma del trabajador de nuestro tiempo marcha de acuerdo con la que sus m\u00e1s altos jefes espirituales.<\/p>\n<p>El que enriqueci\u00f3 el patrimonio de la Iglesia con esos mensajes incomparables, el Papa Juan XXIII, supo encontrar el camino hacia vuestro coraz\u00f3n. Mostr\u00f3 claramente en su persona todo el amor de la Iglesia por los trabajadores, as\u00ed como tambi\u00e9n por la justicia, la libertad, la caridad, sobre las que se funda la paz en el mundo.<\/p>\n<p>De este amor de la Iglesia hacia vosotros, los trabajadores,queremos, tambi\u00e9n por nuestra parte, ser testigos cerca de vosotros y os decimos con toda la convicci\u00f3n de nuestras almas: la Iglesia es amiga vuestra. Tened confianza en ella. Tristes equ\u00edvocos en el pasado mantuvieron durante largo tiempo la desconfianza y la incomprensi\u00f3n entre Iglesia y la clase obrera, y sufrieron la una y la otra. Hoy ha sonado la hora de la reconciliaci\u00f3n, y la Iglesia del Concilio os invita a celebrarla sin reservas mentales.<\/p>\n<p>La Iglesia busca siempre el modo de comprenderos mejor. pero vosotros deb\u00e9is tratar de comprender lo que es la Iglesia para vosotros, los trabajadores, que sois los principales art\u00edfices de las prodigiosas transformaciones que el mundo conoce hoy, pues bien, sab\u00e9is que si no les anima un potente soplo espiritual har\u00e1n la desgracia de la humanidad en lugar de hacer su felicidad. No es el odio lo que salva al mundo, no es s\u00f3lo el pan de la tierra lo que puede saciar el hambre del hombre.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, recibid el mensaje de la Iglesia. Recibid la fe que os ofrece para iluminar vuestro camino; es la fe del sucesor de Pedro y de los dos mil Obispos reunidos en Concilio, es la fe de todo el pueblo cristiano. Que ella os ilumine. Que ella os gu\u00ede. Que ella os haga conocer a Jesucristo, vuestro compa\u00f1ero de trabajo, el Se\u00f1or, el Salvador de toda la humanidad.<\/p>\n<p><b> A LOS POBRES, ENFERMOS Y A TODOS LOS QUE SUFREN<\/b><\/p>\n<p>Para todos vosotros, hermanos que sufr\u00eds, visitados por el dolor en sus diferentes modos, el Concilio tiene un mensaje muy especial. Siente vuestros ojos fijos sobre \u00e9l, brillantes por la fiebre o abatidos por la fatiga; miradas interrogantes que buscan en vano el porqu\u00e9 del sufrimiento humano y que se preguntan ansiosamente cu\u00e1ndo y de d\u00f3nde vendr\u00e1 el consuelo.<\/p>\n<p>Hermanos muy queridos: nosotros sentimos profundamente en nuestros corazones de padres y pastores vuestros gemidos y lamentos. Y nuestra pena aumenta al pensar que no est\u00e1 en nuestro poder el concederos la salud corporal, ni tampoco la disminuci\u00f3n de vuestros dolores f\u00edsicos, que m\u00e9dicos, enfermeros y todos los que se consagran a los enfermos se esfuerzan en aliviar.<\/p>\n<p>Pero tenemos una cosa m\u00e1s profunda y m\u00e1s preciosa que ofreceros, la \u00fanica verdad capaz de responder al misterio del sufrimiento y de daros un alivio sin enga\u00f1o: la fe y la uni\u00f3n al Var\u00f3n de dolores, a Cristo, Hijo de Dios, crucificado por nuestros pecados y nuestra salvaci\u00f3n. Cristo no suprimi\u00f3 el sufrimiento y, al mismo tiempo, ni quiso desvelarnos enteramente el misterio, El lo tom\u00f3 sobre s\u00ed y eso es bastante para que nosotros comprendamos todo su valor.<\/p>\n<p>&amp;iexcl;Oh vosotros, que sent\u00eds m\u00e1s el peso de la cruz! Vosotros, que sois pobres y desamparados, los que llor\u00e1is, los perseguidos por la justicia; vosotros, los pacientes desconocidos, tened \u00e1nimo; vosotros sois los preferidos del reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; vosotros sois los hermanos de Cristo paciente y con El, si quer\u00e9is, salv\u00e1is al mundo.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la ciencia cristiana del dolor, la \u00fanica que da la paz. Sabed que vosotros no est\u00e1is solos, ni separados, ni abandonados, ni in\u00fatiles; vosotros sois los llamados de Cristo, su viviente y transparente imagen. En su nombre,el Concilio os saluda con amor, os da las gracias, os asegura la amistad y la asistencia de la Iglesia y os bendice.<\/p>\n<p><b> A LOS JOVENES<\/b><\/p>\n<p>Finalmente, es a vosotros, j\u00f3venes del mundo entero, a quienes el Concilio va a dirigir su \u00faltimo mensaje. Porque sois vosotros los que ten\u00e9is que recibir la antorcha de las manos de vuestros mayores y vivir\u00e9is en el mundo en el momento de las mayores transformaciones de su historia. Sois vosotros los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y de las ense\u00f1anzas de vuestros padres y maestros, vais a formar la sociedad de ma\u00f1ana; os salvar\u00e9is o perecer\u00e9is con ella.<\/p>\n<p>La Iglesia, durante cuatro a\u00f1os, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su Fundador, el gran viviente, Cristo, eternamente joven. Al final de esa impresionante \u00abrevisi\u00f3n de vida\u00bb se vuelve a vosotros; es para vosotros, los j\u00f3venes, sobre todo para vosotros, que acaba de alumbrar en su COncilio una luz, una luz que alumbrar\u00e1 el porvenir, vuestro porvenir.<\/p>\n<p>La Iglesia est\u00e1 preocupada porque esa sociedad que vais a constituir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas personas son las vuestras.<\/p>\n<p>Est\u00e1 preocupada, sobre todo, porque esa sociedad deje expandir sus tesoros antiguos y siempre nuevos, la fe, y que vuestras almas se puedan sumergir libremente en su bienhechoras claridades. Tiene confianza en que encontrar\u00e9is tal fuerza y tal gozo que no estar\u00e9is tentados, como algunos de vuestros mayores, a ceder a las filosof\u00edas del ego\u00edsmo o del placer, o a aquellas otras de la desesperanza y de la negaci\u00f3n, y que frente al ate\u00edsmo, fen\u00f3meno de laxitud y de vejez, sabr\u00e9is afirmar vuestra fe en la vida y en lo que da un sentido a la vida; la certidumbre de la existencia de un Dios justo y bueno.<\/p>\n<p>En nombre de este Dios y de su Hijo Jes\u00fas, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energ\u00edas. J\u00f3venes, luchad contra todo ego\u00edsmo, negaos a dar libre curso a vuestros instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores.<\/p>\n<p>La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfecci\u00f3n humana en el tiempo y hacia los objetivos \u00faltimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que es la fuerza y el encanto de la juventud; la facultad de reunirse a lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y ver\u00e9is en ella el rostro de Cristo, el h\u00e9roe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compa\u00f1ero y amigo de los j\u00f3venes. Es en hombre de Cristo que os saludamos, que os exhortamos y os bendecimos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>7 de Diciembre de 1965 Venerables hermanos: La hora de la partida y de la dispersi\u00f3n ha sonado. 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