{"id":117157,"date":"2018-10-30T08:15:15","date_gmt":"2018-10-30T07:15:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=117157"},"modified":"2018-10-05T11:29:43","modified_gmt":"2018-10-05T09:29:43","slug":"optatam-totius","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/optatam-totius\/","title":{"rendered":"Optatam Totius"},"content":{"rendered":"<h2>Comentario a \u00abOptatam Totius\u00bb<\/h2>\n<p><em>Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz<\/em><\/p>\n<p>El documento Optatam Totius es el decreto del Concilio Vaticano II referente a la formaci\u00f3n sacerdotal. Fue promulgado el 28 de octubre de 1965 de manera pr\u00e1cticamente un\u00e1nime: 2318 placet, 3 y solo tres non placet.<\/p>\n<p><b>Composici\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Est\u00e1 compuesto por un proemio, siete cap\u00edtulos y una conclusi\u00f3n. En el proemio se recuerda que la renovaci\u00f3n de la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, de all\u00ed que sea important\u00edsima la formaci\u00f3n sacerdotal. Para esto el decreto declara algunos principios fundamentales de la misma, a la vez que introduce algunas innovaciones con la finalidad de adaptarse a las nuevas circunstancias de los tiempos presentes.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 1 decreta que en cada pa\u00eds se deben establecer normas para la formaci\u00f3n sacerdotal, las cuales han de ser promulgadas por las Conferencias Episcopales y revisadas y aprobadas por la Santa Sede, de manera que la formaci\u00f3n sacerdotal responda siempre a las necesidades particulares de cada regi\u00f3n.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 2 est\u00e1 dedicado a recordar con vigor el deber de fomentar las vocaciones sacerdotales; destaca a la familia como el primer seminario, alude la responsabilidad de los obispos y sacerdotes en la promoci\u00f3n de las vocaciones y al inter\u00e9s por ellas, que ata\u00f1e a todo el pueblo de Dios. Para ello propone los medios adecuados, entre ellos el de los Seminarios Menores95, o instituciones an\u00e1logas, describiendo sus caracter\u00edsticas, ya que las semillas de la vocaci\u00f3n pueden surgir desde muy temprana edad.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 3 vuelve a confirmar en este tiempo la necesidad de los Seminarios Mayores para la formaci\u00f3n sacerdotal y describe su organizaci\u00f3n; aporta esta novedad fundamental: el objetivo final de toda su educaci\u00f3n consiste en formar pastores a ejemplo e Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor. Establece tambi\u00e9n la obligaci\u00f3n de que se erijan Seminarios regionales o nacionales cuando cada di\u00f3cesis no pueda tener el propio.<\/p>\n<p>Delimita tambi\u00e9n claramente la funci\u00f3n y cualidades de los formadores, da criterios sobre las aptitudes e intenciones para la admisi\u00f3n de los candidatos al sacerdocio, y recomienda firmeza de \u00e1nimo en la selecci\u00f3n de los candidatos, aun a pesar de la escasez de sacerdotes, porque la elecci\u00f3n adecuada fomentar\u00e1 nuevas vocaciones y no al contrario. Indica tambi\u00e9n que aquellos candidatos que no resulten id\u00f3neos sean orientados a tiempo y paternalmente a otras ocupaciones; ayud\u00e1ndoles para que, conocedores de su vocaci\u00f3n cristiana, se dediquen al apostolado seglar.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 4 est\u00e1 dedicado al cultivo de la formaci\u00f3n espiritual, en la cual se propone como modelo de vida el Evangelio; est\u00e1 impregnada de la referencia cristol\u00f3gica y mariol\u00f3gica, pneumatol\u00f3gica y eclesiol\u00f3gica. El decreto centra la vida espiritual sobre la Eucarist\u00eda y el Oficio divino, junto a la meditaci\u00f3n fiel de la palabra de Dios; subraya la ascesis necesaria para soportar las dificultades del ministerio y la vida sacerdotal, as\u00ed como tambi\u00e9n para que vivan con alegr\u00eda y entrega el celibato consagrado. Un texto importante que merece la pena mencionar es este:<\/p>\n<p><i>\u00abLos alumnos que, seg\u00fan las leyes santas y firmes de su propio rito, siguen la venerable tradici\u00f3n del celibato sacerdotal, han de ser educados cuidadosamente para este estado, en que, renunciando a la sociedad conyugal por el reino de los cielos, se unen al Se\u00f1or con amor indiviso y, muy de acuerdo con el Nuevo Testamento, dan testimonio de la resurrecci\u00f3n en el siglo futuro, y consiguen de este modo una ayuda apt\u00edsima para ejercitar constantemente la perfecta caridad, con la que pueden hacerse todo para todos en el ministerio sacerdotal. Sientan \u00edntimamente con cuanta gratitud han de abrazar ese estado no s\u00f3lo como precepto de la ley eclesi\u00e1stica, sino como un don precioso de Dios que han de alcanzar humildemente, al que han de esforzarse en corresponder libre y generosamente con el est\u00edmulo y la ayuda de la gracia del Esp\u00edritu Santo.\u00bb<\/i>96<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo se insiste adicionalmente en que la formaci\u00f3n espiritual debe ayudar a la decisi\u00f3n que los seminaristas tendr\u00e1n que tomar de cara a su ordenaci\u00f3n y establece la posibilidad de que los obispos retrasen la edad can\u00f3nica para la ordenaci\u00f3n si lo consideran necesario para que alcancen una mayor madurez.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 5 aborda la renovaci\u00f3n de los estudios eclesi\u00e1sticos, en contenidos y m\u00e9todos. Se exige para el inicio de los estudios eclesi\u00e1sticos una capacitaci\u00f3n en estudios human\u00edsticos y cient\u00edficos similar a la de los j\u00f3venes antes de comenzar los estudios superiores, particularmente un conocimiento suficiente de la lengua latina para acercarse a las fuentes. Como novedad est\u00e1 el establecer un curso de introducci\u00f3n para preparar a aquellos alumnos que no est\u00e9n todav\u00eda en disposici\u00f3n de iniciar estos estudios. Se pide mayor coordinaci\u00f3n entre los estudios filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos. Es importante tambi\u00e9n el \u00e9nfasis que se hace en la formaci\u00f3n doctrinal respecto al estudio de la Biblia y de la liturgia, y dentro de la teolog\u00eda la ense\u00f1anza sobre la Iglesia de acuerdo con la doctrina del Concilio.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 6 est\u00e1 dedicado a la formaci\u00f3n pastoral que debe abarcar la capacitaci\u00f3n para las funciones que desarrollar\u00e1n en la catequesis y predicaci\u00f3n, en la liturgia y en los sacramentos, en la caridad y evangelizaci\u00f3n de los no creyentes; tambi\u00e9n la instrucci\u00f3n para que lleguen a ser buenos maestros espirituales y para que respondan a las necesidades de la Iglesia.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 7 aborda el tema del perfeccionamiento de la formaci\u00f3n una vez terminados los estudios, decretando que debe proseguir y completarse por medio de los medios m\u00e1s aptos puestos a su disposici\u00f3n por las Conferencias Episcopales en cooperaci\u00f3n con las parroquias.<\/p>\n<p>En la conclusi\u00f3n el Decreto expresa la confianza del Concilio en la misi\u00f3n de los formadores y exhorta a los seminarista a que sean conscientes de la esperanza que la Iglesia deposita en ellos y en su futuro ministerio para bien de las almas.<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\">DECRETO<br \/>\n<b><i>OPTATAM TOTIUS<br \/>\n<\/i><\/b>SOBRE LA FORMACI\u00d3N SACERDOTAL<\/p>\n<h2><b>Proemio<\/b><\/h2>\n<p>Conociendo muy bien el Santo Concilio que la anhelada renovaci\u00f3n de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes, animado por el esp\u00edritu de Cristo, proclama la grand\u00edsima importancia de la formaci\u00f3n sacerdotal y declara algunos principios fundamentales de la misma, con los que se confirmen las leyes ya experimentadas durante siglos, a la vez que se introduzcan en ellas las innovaciones que responden a las Constituciones y Decretos de este Santo Concilio, y a las renovadas circunstancias de los tiempos. Esta formaci\u00f3n sacerdotal es necesaria por raz\u00f3n de la misma unidad del sacerdocio, para todos los sacerdotes de ambos cleros y de cualquier rito; por tanto, estas prescripciones, que van dirigidas directamente al clero diocesano, hay que acomodarlas a todos con las mutaciones necesarias.<\/p>\n<h2><b>I. En cada naci\u00f3n hay que establecer unas normas de formaci\u00f3n sacerdotal<\/b>.<\/h2>\n<p>1. No pudi\u00e9ndose dar m\u00e1s que leyes generales para tanta diversidad de gentes y de regiones, en cada naci\u00f3n o rito establ\u00e9zcanse \u00abunas normas peculiares de formaci\u00f3n sacerdotal\u00bb que han de ser promulgadas por las Conferencias Episcopales, y revisadas en tiempos determinados, y aprobadas por la Sede Apost\u00f3lica; en virtud de dichas normas, se acomodar\u00e1n las leyes universales a las circunstancias especiales de lugar y de tiempo, de manera que la formaci\u00f3n sacerdotal responda siempre a las necesidades pastorales de las regiones en que ha de ejercitarse el ministerio.<\/p>\n<h2><b>II. Fomento m\u00e1s intenso de las vocaciones sacerdotales<\/b>.<\/h2>\n<p>2. El deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana; ayudan a esto, sobre todo, las familias, que, llenas de esp\u00edritu de fe, de caridad y de piedad, son como el primer seminario, y las parroquias de cuya vida fecunda participan los mismos adolescentes. Los maestros y todos los que de alg\u00fan modo se consagran a la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os y de los j\u00f3venes, y, sobre todo, las asociaciones cat\u00f3licas, procuren cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que \u00e9stos puedan sentir y seguir con buen \u00e1nimo la vocaci\u00f3n divina. Muestren todos los sacerdotes un grand\u00edsimo celo apost\u00f3lico por el fomento de las vocaciones y atraigan el \u00e1nimo de los j\u00f3venes hacia el sacerdocio con su vida humilde, laboriosa, amable y con la mutua caridad sacerdotal y la uni\u00f3n fraterna en el trabajo.<\/p>\n<p>Es deber de los Obispos el impulsar a su grey a fomentar las vocaciones y procurar la estrecha uni\u00f3n de todos los esfuerzos y trabajos, y de ayudar, como padres, sin escatimar sacrificio alguno, a los que vean llamados a la parcela del Se\u00f1or. Este anhelo eficaz de todo el Pueblo de Dios para ayudar a las vocaciones, responde a la obra de la Divina Providencia, que concede las dotes necesarias a los elegidos por Dios a participar en el sacerdocio jer\u00e1rquico de Cristo, y los ayuda con su gracia, mientras conf\u00eda a los leg\u00edtimos ministros de la Iglesia el que, una vez reconocida su idoneidad, llamen a los candidatos que solicitan tan gran dignidad con intenci\u00f3n recta y libertad plena, y, una vez bien conocidos, los consagren con el sello del Esp\u00edritu Santo para el culto de Dios y el servicio de la Iglesia.<\/p>\n<p>El Santo Concilio recomienda, ante todo, los medios tradicionales de la cooperaci\u00f3n com\u00fan, como son la oraci\u00f3n instante, la penitencia cristiana y una m\u00e1s profunda y progresiva formaci\u00f3n de los fieles que hay que procurar, ya sea por la predicaci\u00f3n y la catequesis, ya sea por los diversos medios de comunicaci\u00f3n social, en dicha formaci\u00f3n ha de exponerse la necesidad, naturaleza y excelencia de la vocaci\u00f3n sacerdotal. Dispone adem\u00e1s que la obra de las vocaciones, ya establecida o por establecer en el \u00e1mbito de cada di\u00f3cesis, regi\u00f3n o naci\u00f3n, seg\u00fan los documentos pontificios referente a esta materia, organice, met\u00f3dica y coherentemente, y promueva con celo y discreci\u00f3n toda la acci\u00f3n pastoral para el fomento de las vocaciones, sirvi\u00e9ndose de todos los medios \u00fatiles que ofrecen las ciencias psicol\u00f3gicas y sociol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Es necesario que la obra de fomento de las vocaciones trascienda generosamente los l\u00edmites de las di\u00f3cesis y de las naciones, de las familias religiosas y de los ritos, y, considerando las necesidades de la Iglesia universal, ayude, sobre todo, a aquellas regiones en que los operarios son llamados con m\u00e1s urgencia a la vi\u00f1a del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>3. En los Seminarios Menores, erigidos para cultivar los g\u00e9rmenes de la vocaci\u00f3n, los alumnos se han de preparar por una formaci\u00f3n religiosa peculiar, sobre todo por una direcci\u00f3n espiritual conveniente, para seguir a Cristo Redentor con generosidad de alma y pureza de coraz\u00f3n. Su g\u00e9nero de vida bajo la direcci\u00f3n paternal de los superiores con la oportuna cooperaci\u00f3n de los padres, sea la que conviene a la edad, esp\u00edritu y evoluci\u00f3n de los adolescentes y conforme en su totalidad a las normas de la sana psicolog\u00eda, sin olvidar la adecuada experiencia segura de las cosas humanas y la relaci\u00f3n con la propia familia. Hay que acomodar tambi\u00e9n al Seminario Menor todo lo que a continuaci\u00f3n se establece sobre los Seminarios Mayores, en cuanto convenga a su fin y a su condici\u00f3n. Conviene que los estudios se organicen de modo que puedan continuarlos sin perjuicio en otras partes, si cambian de g\u00e9nero de vida.<\/p>\n<p>Con atenci\u00f3n semejante han de fomentarse los g\u00e9rmenes de la vocaci\u00f3n de los adolescentes y de los j\u00f3venes en los Institutos especiales que, seg\u00fan las condiciones del lugar, sirven tambi\u00e9n para los fines de los Seminarios Menores, lo mismo que los de aquellos que se educan en otras escuelas y de m\u00e1s centros de educaci\u00f3n. Promu\u00e9vanse cuidadosamente Institutos y otros centros para los que siguen la vocaci\u00f3n divina en edad avanzada.<\/p>\n<h2><b>III. Organizaci\u00f3n de los Seminarios Mayores<\/b><\/h2>\n<p>4. Los Seminarios Mayores son necesarios para la formaci\u00f3n sacerdotal. Toda la educaci\u00f3n de los alumnos en ellos debe tender a que se formen verdaderos pastores de almas a ejemplo de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, prep\u00e1rense, por consiguiente, para el ministerio de la palabra: que entiendan cada vez mejor la palabra revelada de Dios, que la posean con la meditaci\u00f3n y la expresen en su lenguaje y sus costumbres; para el ministerio del culto y de la santificaci\u00f3n: que, orando y celebrando las funciones lit\u00fargicas, ejerzan la obra de salvaci\u00f3n por medio del Sacrificio Eucar\u00edstico y los sacramentos; para el ministerio pastoral: que sepan representar delante de los hombres a Cristo, que, \u00abno vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para redenci\u00f3n de muchos\u00bb (<i>Mc<\/i>., 10,45; Cf. <i>Jn<\/i>., 13,12-17), y que, hechos siervos de todos, ganen a muchos (Cf. <i> 1 Cor<\/i>., 9,19). Por lo cual, todos los aspectos de la formaci\u00f3n, el espiritual, el intelectual y el disciplinar, han de ordenarse conjuntamente a esta acci\u00f3n pastoral, y para conseguirla han de esforzarse diligentes y concordemente todos los superiores y profesores, obedeciendo fielmente a la autoridad del Obispo.<\/p>\n<p>5. Puesto que la formaci\u00f3n de los alumnos depende ciertamente de las sabias disposiciones, pero, sobre todo, de los educadores id\u00f3neos, los superiores y profesores de los Seminarios han de elegirse de entre los mejores, y han de prepararse diligentemente con doctrina s\u00f3lida, conveniente experiencia pastoral y una formaci\u00f3n espiritual y pedag\u00f3gica singular. Conviene, pues, que se promuevan Institutos para conseguir este fin o, por lo menos, hay que celebrar cursos oportunos y asambleas de superiores de seminarios en tiempos preestablecidos.<\/p>\n<p>Adviertan bien los superiores y profesores que de de su modo de pensar y de su manera obrar depende en gran emdida el resultado de la formaci\u00f3n de los alumnos; establezcan bajo la gu\u00eda del rector una uni\u00f3n estrech\u00edsima de pensamiento y de acci\u00f3n, y formen con los alumnos tal familiar compenetraci\u00f3n que responda a la oraci\u00f3n del Se\u00f1or \u00abque sean uno\u00bb, e inspire a los alumnos el gozo de sentirse llamados. El Obispo, por su parte, aliente con especial predilecci\u00f3n a los que trabajan en el Seminario, y con los alumnos mu\u00e9strese verdadero padre en Cristo. Finalmente, que todos los sacerdotes consideren el Seminario como el coraz\u00f3n de las di\u00f3cesis y le presten gustosa ayuda.<\/p>\n<p>6. Invest\u00edguese con mucho cuidado, seg\u00fan la edad y progreso en la formaci\u00f3n de cada uno, acerca de la rectitud de intenci\u00f3n y libertad de los candidatos, la idoneidad espiritual, moral e intelectual, la conveniente salud f\u00edsica y ps\u00edquica, teniendo tambi\u00e9n en cuanta las condiciones hereditarias. Consid\u00e9rese, adem\u00e1s, la capacidad de los alumnos para cumplir las cargas sacerdotales y para ejercer los deberes pastorales.<\/p>\n<p>En todo lo referente a la selecci\u00f3n y prueba necesaria de los alumnos, proc\u00e9dase siempre con firmeza de \u00e1nimo, aunque haya que lamentarse de la escasez de sacerdotes, porque Dios no permitir\u00e1 que su Iglesia de ministros, si son promovidos los dignos, y los no id\u00f3neos orientados a tiempo y paternalmente a otras ocupaciones; ay\u00fadese a \u00e9stos para que, conocedores de su vocaci\u00f3n cristiana, se dediquen generosamente al apostolado seglar.<\/p>\n<p>7. Donde cada di\u00f3cesis no pueda establecer convenientemente su Seminario, er\u00edjanse y fom\u00e9ntense los Seminarios comunes para varias di\u00f3cesis, o para toda la regi\u00f3n o naci\u00f3n, para atender mejor a la s\u00f3lida formaci\u00f3n de los alumnos, que en esto ha de considerarse como ley suprema. Estos Seminarios, si son regionales o nacionales, gobi\u00e9rnense seg\u00fan estatutos establecidos por los Obispos interesados y aprobados por Sede Apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>En los Seminarios donde haya muchos alumnos, salva la unidad de r\u00e9gimen y de formaci\u00f3n cient\u00edfica, distrib\u00fayanse los alumnos convenientemente en secciones menores para atender mejor a la formaci\u00f3n personal de cada uno.<\/p>\n<h2><b>IV. El cultivo intenso de la formaci\u00f3n espiritual.<\/b><\/h2>\n<p>8. La formaci\u00f3n espiritual ha de ir \u00edntimamente unida con la doctrinal y la pastoral, y con la cooperaci\u00f3n, sobre todo, del director espiritual; ha de darse de forma que los alumnos aprendan a vivir en continua comunicaci\u00f3n con el Padre por su Hijo en el Esp\u00edritu Santo. Puesto que han de configurarse por la sagrada ordenaci\u00f3n a Cristo Sacerdote, acost\u00fambrense a unirse a El, como amigos, en \u00edntimo consorcio de vida. Vivan el misterio pascual de Cristo de tal manera que sepan unificar en \u00e9l al pueblo que ha de encomend\u00e1rseles. Ens\u00e9\u00f1eseles a buscar a Cristo en la meditaci\u00f3n fiel de la palabra de Dios, en la \u00edntima comunicaci\u00f3n con los sacrosantos misterios de la Iglesia, sobre todo en la Eucarist\u00eda y en el Oficio; en el Obispo que los env\u00eda y en los hombres a los que son enviados, especialmente en los pobres, en los ni\u00f1os y en los enfermos, en los pecadores y en los incr\u00e9dulos. Amen y veneren con amor filial a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, que al morir Cristo Jes\u00fas en la cruz fue entregada como madre al disc\u00edpulo.<\/p>\n<p>Cu\u00eddense diligentemente los ejercicios de piedad recomendados por santa costumbre de la Iglesia; pero hay que procurar que la formaci\u00f3n espiritual no se ponga s\u00f3lo en ellos, ni cultive solamente el afecto religioso. Aprendan m\u00e1s bien los alumnos a vivir seg\u00fan el modelo del Evangelio, a fundamentarse en la fe, en la esperanza y en la caridad, para adquirir mediante su pr\u00e1ctica el esp\u00edritu de oraci\u00f3n, robustecer y defender su vocaci\u00f3n, obtener la solidez de las dem\u00e1s virtudes y crecer en el celo de ganar a todos los hombres para Cristo.<\/p>\n<p>9. Imb\u00fayanse los alumnos del misterio de la Iglesia, expuesto principalmente por este sagrado Concilio, de suerte que, unidos con caridad humilde y filial al Vicario de Cristo, y, una vez ordenados sacerdotes, adheridos al propio Obispo como fieles cooperadores, y trabajando en uni\u00f3n con los hermanos, den testimonio de aquella unidad, por la cual los hombres son atra\u00eddos a Cristo. Acost\u00fambrense a participar con coraz\u00f3n amplio en la vida de toda la Iglesia, seg\u00fan las palabras de San Agust\u00edn : \u00abEn las medida que cada uno ama a la Iglesia de Cristo, posee al Esp\u00edritu Santo\u00bb. Entiendan los alumnos con toda claridad que no est\u00e1n destinados al mando ni a los honores, sino que se entregan totalmente al servicio de Dios y al ministerio pastoral. Ed\u00faquense especialmente en la obediencia sacerdotal en el ambiente de una vida pobre y en la abnegaci\u00f3n propia, de forma que se acostumbren a renunciar \u00e1gilmente a lo que es l\u00edcito, pero inconveniente, y asemejarse a Cristo crucificado.<\/p>\n<p>Exp\u00f3nganse a los alumnos las cargas que han de aceptar, sin ocultarles la m\u00e1s m\u00ednima dificultad de la vida sacerdotal; pero no se fijen \u00fanicamente en el aspecto peligroso de su futuro apostolado, sino que han de formarse para una vida espiritual que hay que robustecer al m\u00e1ximo por la misma acci\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>10. Los alumnos que, seg\u00fan las leyes santas y firmes de su propio rito, siguen la venerable tradici\u00f3n del celibato sacerdotal, han de ser educados cuidadosamente para este estado, en que, renunciando a la sociedad conyugal por el reino de los cielos, se unen al Se\u00f1or con amor indiviso y, muy de acuerdo con el Nuevo Testamento, dan testimonio de la resurrecci\u00f3n en el siglo futuro, y consiguen de este modo una ayuda apt\u00edsima para ejercitar constantemente la perfecta caridad, con la que pueden hacerse todo para todos en el ministerio sacerdotal. Sientan \u00edntimamente con cuanta gratitud han de abrazar ese estado no s\u00f3lo como precepto de la ley eclesi\u00e1stica, sino como un don precioso de Dios que han de alcanzar humildemente, al que han de esforzarse en corresponder libre y generosamente con el est\u00edmulo y la ayuda de la gracia del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Los alumnos han de conocer debidamente las obligaciones y la dignidad del matrimonio cristiano que simboliza el amor entre Cristo y la Iglesia; conv\u00e9nzanse, sin embargo, de la mayor excelencia de la virginidad consagrada a Cristo, de forma que se entreguen generosamente al Se\u00f1or, despu\u00e9s de una elecci\u00f3n seriamente premeditada y con entrega total de cuerpo y alma.<\/p>\n<p>Hay que avisarles de los peligros que acechan su castidad, sobre todo en la sociedad de estos tiempos; ayudados con oportunos auxilios divinos y humanos, aprendan a integrar la renuncia del matrimonio de tal forma que su vida y su trabajo no s\u00f3lo no reciba menoscabo del celibato, sino m\u00e1s bien ellos consigan un dominio m\u00e1s profundo del alma y del cuerpo y una madurez m\u00e1s completa y capten mejor la felicidad del Evangelio.<\/p>\n<p>11. Obs\u00e9rvense exactamente las normas de la educaci\u00f3n cristiana, y compl\u00e9tense convenientemente con los \u00faltimos hallazgos de la sana psicolog\u00eda y de la pedagog\u00eda. por medio de una educaci\u00f3n sabiamente ordenada hay que cultivar tambi\u00e9n en los alumnos la necesaria madurez humana, la cual se comprueba, sobre todo, en cierta estabilidad de \u00e1nimo, en la facultad de tomar decisiones ponderadas y en el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres. Esfu\u00e9rcense los alumnos en moderar bien su propio temperamento; ed\u00faquense en la reciedumbre de alma y aprendan a apreciar, en general, las virtudes que m\u00e1s se estiman entre los hombres y que hacen recomendables al ministro de Cristo, como son la sinceridad de alma, la preocupaci\u00f3n constante por la justicia, la fidelidad en las promesas, la urbanidad en el obrar, la modestia unida a la caridad en el hablar.<\/p>\n<p>Hay que apreciar la disciplina del Seminario no s\u00f3lo como defensa eficaz de la vida com\u00fan y de la caridad, sino como elemento necesario de toda la formaci\u00f3n para adquirir el dominio de s\u00ed mismo, para procurar la s\u00f3lida madurez de la persona y formar las dem\u00e1s disposiciones del alma que ayudan decididamente a la labor ordenada y fructuosa de la Iglesia. Obs\u00e9rvese, sin embargo, la disciplina de modo que se convierta en aptitud interna de los alumnos, en virtud de la cual se acepta la autoridad de los superiores por convicci\u00f3n interna o en conciencia, y por motivos sobrenaturales. Apl\u00edquense, no obstante, las normas de la disciplina seg\u00fan la edad de los alumnos, de forma que mientras aprenden poco a poco a gobernarse a s\u00ed mismos se acostumbren a usar prudentemente de la libertad, a obrar seg\u00fan la propia iniciativa y responsabilidad y a colaborar con los hermanos y los seglares. Toda la vida de Seminario, impregnada de af\u00e1n de piedad y de gusto del silencio y de preocupaci\u00f3n por la mutua ayuda, ha de ordenarse de modo que constituya una iniciaci\u00f3n en la vida que luego ha de llevar el sacerdote.<\/p>\n<p>12. A fin de que la formaci\u00f3n espiritual se fundamente en razones verdaderamente s\u00f3lidas, y los alumnos abracen su vocaci\u00f3n con elecci\u00f3n madura y deliberada, podr\u00e1n los Obispos establecer un intervalo conveniente de tiempo para una formaci\u00f3n espiritual m\u00e1s intensa. A su juicio queda tambi\u00e9n ver la oportunidad de determinar cierta interrupci\u00f3n en los estudios o disponer un conveniente ensayo pastoral para atender mejor a la aprobaci\u00f3n de los candidatos al sacerdocio. Tambi\u00e9n se deja a la decisi\u00f3n de los Obispos, seg\u00fan las condiciones de cada regi\u00f3n, poder retrasar la edad exigida al presente por el derecho com\u00fan para las \u00f3rdenes sagradas, y resolver sobre la oportunidad de establecer que los alumnos, una vez terminado el curso teol\u00f3gico, ejerciten por un tiempo conveniente el orden del diaconado, antes de ordenarse sacerdotes.<\/p>\n<h2><b>V. Revisi\u00f3n de los estudios eclesi\u00e1sticos.<\/b><\/h2>\n<p>13. Antes de que los seminaristas emprendan los estudios propiamente eclesi\u00e1sticos, deben poseer una formaci\u00f3n human\u00edstica y cient\u00edfica semejante a la que necesitan los j\u00f3venes de su naci\u00f3n para iniciar los estudios superiores, y deben, adem\u00e1s adquirir tal conocimiento de la lengua latina que puedan entender y usar las fuentes de muchas ciencias y los documentos de la Iglesia. T\u00e9ngase como obligatorio en cada rito el estudio de la lengua lit\u00fargica y fom\u00e9ntese, cuanto m\u00e1s mejor, el conocimiento oportuno de las lenguas de la Sagrada Escritura y de la Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>14. En la revisi\u00f3n de los estudios eclesi\u00e1sticos hay que atender, sobre todo, a coordinar adecuadamente las disciplinas filos\u00f3ficas y teol\u00f3gicas, y que juntas tiendan a descubrir m\u00e1s y m\u00e1s en las mentes de los alumnos el misterio de Cristo, que afecta a toda la historia del g\u00e9nero humano, influye constantemente en la Iglesia y act\u00faa, sobre todo, mediante el ministerio sacerdotal.<\/p>\n<p>Para comunicar esta visi\u00f3n a los alumnos desde los umbrales de su formaci\u00f3n, los estudios eclesi\u00e1sticos han de incoarse con un curso de introducci\u00f3n, prorrogable por el tiempo que sea necesario. En esta iniciaci\u00f3n de los estudios prop\u00f3ngase el misterio de la salvaci\u00f3n, de forma que los alumnos se percaten del sentido y del orden de los estudios eclesi\u00e1sticos, y de su fin pastoral, y se vean ayudados, al mismo tiempo, a fundamentar y penetrar toda su vida de fe, y se confirmen en abrazar la vocaci\u00f3n con entrega personal y alegr\u00eda del alma.<\/p>\n<p>15. Las disciplina filos\u00f3ficas hay que ense\u00f1arlas de suerte que los alumnos se vean como llevados de la mano ante todo a un conocimiento s\u00f3lido y coherente del hombre, del mundo y de Dios apoyados en el patrimonio filos\u00f3fico siempre v\u00e1lido, teniendo tambi\u00e9n en cuenta las investigaciones filos\u00f3ficas de los tiempos modernos sobre todo las que influyen m\u00e1s en la propia naci\u00f3n, y del progreso m\u00e1s reciente de las ciencias, de forma que los alumnos, bien conocida la \u00edndole de la \u00e9poca presente, se preparen oportunamente para el di\u00e1logo con los hombres de su tiempo.<\/p>\n<p>La historia de la filosof\u00eda ens\u00e9\u00f1ese de modo que los alumnos, al mismo tiempo que captan las \u00faltimos principios de los varios sistemas, retengan cuanto hay de probadamente verdadero en ellos y puedan descubrir las ra\u00edces de los errores y rebatirlos.<\/p>\n<p>En el modo de ense\u00f1ar inf\u00fandase en los alumnos el amor de investigar la verdad con todo rigor, de respetarla y demostrarla juntamente con la honrada aceptaci\u00f3n de los l\u00edmites del conocimiento humano. Ati\u00e9ndase cuidadosamente a las relaciones entre la filosof\u00eda y los verdaderos problemas de la vida, y las cuestiones que preocupan a las almas de los alumnos, y ay\u00fadeseles tambi\u00e9n a descubrir los nexos existentes entre los argumentos filos\u00f3ficos y los misterios de la salvaci\u00f3n que, en la teolog\u00eda superior, se consideran a la luz de la fe.<\/p>\n<p>16. Las disciplinas teol\u00f3gicas han de ense\u00f1arse a la luz de la fe y bajo la gu\u00eda del magisterio de la Iglesia, de modo que los alumnos deduzcan cuidadosamente la doctrina cat\u00f3lica de la Divina Revelaci\u00f3n; penetren en ella profundamente, la conviertan en alimento de la propia vida espiritual, y puedan en su ministerio sacerdotal anunciarla, exponerla y defenderla.<\/p>\n<p>F\u00f3rmense con diligencia especial los alumnos en el estudio de la Sagrada Escritura, que debe ser como el alma de toda la teolog\u00eda; una vez antepuesta una introducci\u00f3n conveniente, in\u00edciense con cuidado en el m\u00e9todo de la ex\u00e9gesis, estudien los temas m\u00e1s importantes de la Divina Revelaci\u00f3n, y en la lectura diaria y en la meditaci\u00f3n de las Sagradas Escrituras reciban su est\u00edmulo y su alimento.<\/p>\n<p>Ord\u00e9nese la teolog\u00eda dogm\u00e1tica de forma que, ante todo, se propongan los temas b\u00edblicos; exp\u00f3ngase luego a los alumnos la contribuci\u00f3n que los Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente han aportado en la fiel transmisi\u00f3n y comprensi\u00f3n de cada una de las verdades de la Revelaci\u00f3n, y la historia posterior del dogma, considerada incluso en relaci\u00f3n con la historia general de la Iglesia; aprendan luego los alumnos a ilustrar los misterios de la salvaci\u00f3n, cuanto m\u00e1s puedan, y comprenderlos m\u00e1s profundamente y observar sus mutuas relaciones por medio de la especulaci\u00f3n, siguiendo las ense\u00f1anzas de Santo Tom\u00e1s; aprendan tambi\u00e9n a reconocerlos presentes y operantes en las acciones lit\u00fargicas y en toda la vida de la Iglesia; a buscar la soluci\u00f3n de los problemas humanos bajo la luz de la Revelaci\u00f3n; a aplicar las verdades eternas a la variable condici\u00f3n de las cosas humanas, y a comunicarlas en modo apropiado a los hombres de su tiempo.<\/p>\n<p>Renu\u00e9vense igualmente las dem\u00e1s disciplinas teol\u00f3gicas por un contacto m\u00e1s vivo con el misterio de Cristo y la historia de la salvaci\u00f3n. Apl\u00edquese un cuidado especial en perfeccionar la teolog\u00eda moral, cuya exposici\u00f3n cient\u00edfica, m\u00e1s nutrida de la doctrina de la Sagrada Escritura, explique la grandeza de la vocaci\u00f3n de los fieles en Cristo, y la obligaci\u00f3n que tienen de producir su fruto para la vida del mundo en la caridad. De igual manera, en la exposici\u00f3n del derecho can\u00f3nico y en la ense\u00f1anza de la historia eclesi\u00e1stica, ati\u00e9ndase al misterio de la Iglesia, seg\u00fan la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica <i> De Ecclesia<\/i>, promulgada por este Sagrado Concilio. La sagrada Liturgia, que ha de considerarse como la fuente primera y necesaria del esp\u00edritu verdaderamente cristiano, ens\u00e9\u00f1ese seg\u00fan el esp\u00edritu de los art\u00edculos 15 y 16 de la Constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia.<\/p>\n<p>Teniendo bien en cuenta las condiciones de cada regi\u00f3n, cond\u00fazcase a los alumnos a un conocimiento completo de las Iglesias y Comunidades eclesiales separadas de la Sede Apost\u00f3lica Romana, para que puedan contribuir a la restauraci\u00f3n de la unidad entre todos los cristianos que ha de procurarse seg\u00fan las normas de este Sagrado Concilio.<\/p>\n<p>Introd\u00fazcase tambi\u00e9n a los alumnos en el conocimiento de las otras religiones m\u00e1s extendidas en cada regi\u00f3n, para que puedan conocer mejor lo que por disposici\u00f3n de Dios, tienen de bueno y de verdadero para que aprendan a refutar los errores y puedan comunicar la luz plena de la verdad a los que carecen de ella.<\/p>\n<p>17. Como la instrucci\u00f3n doctrinal no debe tender \u00fanicamente a la comunicaci\u00f3n de ideas, sino a la formaci\u00f3n verdadera e interior de los alumnos, han de revisarse los m\u00e9todos did\u00e1cticos, tanto por lo que se refieren a las explicaciones, coloquios y ejercicios, como en lo que mira a promover el estudio de los alumnos, en particular o en equipos. Proc\u00farese diligentemente la unidad y la solidez de toda la formaci\u00f3n, evitando el exceso de asignaturas y de clases y omitiendo los problemas carentes de inter\u00e9s o que pertenecen a estudios m\u00e1s elevados propios de la universidad.<\/p>\n<p>18. Los Obispos han de procurar que los j\u00f3venes aptos por su car\u00e1cter, su virtud y su ingenio sean enviados a institutos especiales, facultades o universidades, para que se preparen sacerdotes, instruidos con estudios superiores, en las ciencias sagradas y en otras que juzgaran oportunas, a fin de que puedan satisfacer las diversas necesidades del apostolado; pero no se desatienda en modo alguno su formaci\u00f3n espiritual y pastoral, sobre todo si a\u00fan no son sacerdotes.<\/p>\n<h2><b>VI. El fomento de la formaci\u00f3n estrictamente pastoral<\/b>.<\/h2>\n<p>19. La preocupaci\u00f3n pastoral que debe informar enteramente la educaci\u00f3n de los alumnos exige tambi\u00e9n que sean instruidos diligentemente en todo lo que se refiere de manera especial al sagrado ministerio, sobre todo en la catequesis y en la predicaci\u00f3n, en el culto lit\u00fargico y en la administraci\u00f3n de los sacramentos, en las obras de caridad, en la obligaci\u00f3n de atender a los que yerran o no creen, y en los dem\u00e1s deberes pastorales. Instr\u00fayaseles cuidadosamente en el arte de dirigir las almas, a fin de que puedan conformar a todos los hijos de la Iglesia a una vida cristiana totalmente consciente y apost\u00f3lica, y en el cumplimiento de los deberes de su estado; aprendan con igual cuidado a ayudar a los religiosos y religiosas para que perseveren en la gracia de su propia vocaci\u00f3n y progresen seg\u00fan el esp\u00edritu de los diversos Institutos.<\/p>\n<p>En general, cult\u00edvese en los alumnos las cualidades convenientes, sobre todo las que se refieren al di\u00e1logo con los hombres, como son la capacidad de escuchar a otros y de abrir el alma con esp\u00edritu de caridad ante las variadas circunstancias de las relaciones humanas.<\/p>\n<p>20. Ens\u00e9\u00f1eseles tambi\u00e9n a usar los medios que pueden ofrecer las ciencias pedag\u00f3gicas, o psicol\u00f3gicas, o sociol\u00f3gicas, seg\u00fan los m\u00e9todos rectos y las normas de la autoridad eclesi\u00e1stica. Instr\u00fayaseles tambi\u00e9n para suscitar y favorecer la acci\u00f3n apost\u00f3lica de los seglares, y para promover las varias y m\u00e1s eficaces formas de apostolado, y ll\u00e9nense de un esp\u00edritu tan cat\u00f3lico que se acostumbren a traspasar los l\u00edmites de la propia di\u00f3cesis o naci\u00f3n o rito y ayudar a las necesidades de toda la Iglesia, preparados para predicar el Evangelio en todas partes.<\/p>\n<p>21. Y siendo necesario que los alumnos aprendan a ejercitar el arte del apostolado no s\u00f3lo en la teor\u00eda, sino tambi\u00e9n en la pr\u00e1ctica, que puedan trabajar con responsabilidad propia y en uni\u00f3n con otros, han de iniciarse en la pr\u00e1ctica pastoral durante todo el curso y tambi\u00e9n en las vacaciones por medio de ejercicios oportunos; \u00e9stos deben realizarse met\u00f3dicamente y bajo la direcci\u00f3n de varones expertos en asuntos pastorales, de acuerdo con la edad de los alumnos, y en conformidad con las condiciones de los lugares, de acuerdo con el prudente juicio de los Obispos, teniendo siempre presente la fuerza poderosa de los auxilios sobrenaturales.<\/p>\n<h2><b>VII. Perfeccionamiento de la formaci\u00f3n despu\u00e9s de los estudios<\/b>.<\/h2>\n<p>22. La formaci\u00f3n sacerdotal, sobre todo en las condiciones de la sociedad moderna, debe proseguir y completarse aun despu\u00e9s de terminados los estudios en el seminario. Por ello,\u00a0 las Conferencias episcopales podr\u00e1n en cada naci\u00f3n servirse de los medios m\u00e1s aptos, como son los Institutos pastorales que cooperan con parroquias oportunamente elegidas, las Asambleas reunidas en tiempos determinados, los ejercicios apropiados, con cuyo auxilio el clero joven ha de introducirse gradualmente en la vida sacerdotal y en la vida apost\u00f3lica bajo el aspecto espiritual, intelectual y pastoral, y renovarlas y fomentarlas cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<h2><b>Conclusi\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>Los Padres de este Sagrado Concilio, prosiguiendo la obra comenzada por el Concilio de Trento, mientras conf\u00edan a los superiores y profesores de los Seminarios el deber de formar a los futuros sacerdotes de Cristo en el esp\u00edritu de renovaci\u00f3n promovido por este Santo Concilio, exhortan ardientemente a los que se preparan para el ministerio sacerdotal que consideren c\u00f3mo en ellos se deposita la esperanza de la Iglesia y la salvaci\u00f3n de las almas, reciban, pues, amorosamente las normas de este Decreto, de forma que lleguen a producir frutos ub\u00e9rrimos que permanezcan para siempre.<\/p>\n<p>Todas y cada una de las cosas contenidas en este Decreto han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apost\u00f3lica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Esp\u00edritu Santo, y mandamos que lo as\u00ed decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.<\/i><\/p>\n<p>Yo, Pablo, Obispo de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a \u00abOptatam Totius\u00bb Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz El documento Optatam Totius es el decreto del Concilio Vaticano II referente a la formaci\u00f3n sacerdotal. 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