{"id":116891,"date":"2016-06-09T08:07:59","date_gmt":"2016-06-09T06:07:59","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=116891"},"modified":"2016-06-09T08:07:59","modified_gmt":"2016-06-09T06:07:59","slug":"las-hermanas-en-la-gran-mision-de-asturias-1967","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hermanas-en-la-gran-mision-de-asturias-1967\/","title":{"rendered":"Las Hermanas en la Gran Misi\u00f3n de Asturias (1967)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387673 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/HIjas-Caridad-300x150.jpg?resize=300%2C150\" alt=\"HIjas-Caridad\" width=\"300\" height=\"150\" \/>UN NUEVO CAMPO DE APOSTOLADO se ha abierto reciente\u00admente al celo y a la generosidad de nuestras Hermanas: su inter\u00advenci\u00f3n activa y entusiasta en las misiones populares al lado de los misioneros de la Hermandad. Lo que han hecho en la Di\u00f3cesis asturiana \u00faltimamente es lo mismo que hac\u00edan las Hermanas de la primera hora. San Vicente enviaba a las Hijas de la Caridad primitivas a preparar el campo de operaciones de sus misioneros o a consolidar el fruto de sus misiones con la fundaci\u00f3n y des\u00adarrollo de la Cofrad\u00eda de la Caridad. El paso del tiempo fue bo\u00adrrando lentamente aquellos primeras formas de apostolado en el medio rural. Unas nuevas costumbres fueron desplazando a las antiguas. Creo que ha llegado el tiempo de que resuciten. San Vi\u00adcente se adelant\u00f3 a su tiempo. El lanzamiento misionero de sus Hijas por los pueblos y aldeas cae dentro de las normas y consig\u00adnas que la Iglesia actual impone y exige a las religiosas. En las monta\u00f1as de Asturias se ha hecho una experiencia que pueden copiar todas las congregaciones femeninas, no s\u00f3lo las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>LA CAUSA Y ORIGEN de esta nueva experiencia apost\u00f3lica fueron del todo impensados. La ocasi\u00f3n se ofreci\u00f3 de pronto sin que nadie la hubiera ido a buscar. El Sr. Arzobispo de Oviedo ha hecho un plan de misiones populares amplio y valiente. Toda la Provincia eclesi\u00e1stica de Asturias ha de ser misionada eficazmen\u00adte zona por zona y a\u00f1o por a\u00f1o durante un per\u00edodo de tiempo de\u00adterminado. Comenz\u00f3 el a\u00f1o pasado en la zona de Arriondas. En esta misi\u00f3n tomaron parte un grupo de Damas de la Caridad, al frente de las cuales iban dos Hermanas de esta Provincia de Gi\u00adj\u00f3n. Este a\u00f1o vino casi un centenar de misioneros de la. Herman\u00addad de San Vicente de Pa\u00fal a misionar las zonas de Tineo y de Cangas de Narcea. El P. Victoriano Dallo, organizador de estas misiones, expuso a todos los sacerdotes de los pueblos que iban a ser misionarlos una sugerencia del Sr. Arzobispo.\u00bb El deseaba que con los misioneros fueran tambi\u00e9n como auxiliares y colaborado\u00adras religiosas de todas las congregaciones e institutos establecidos en Asturias, las que ellos mismos escogieran. A la hora de elegir, todos eligieron a las Hijas de la Caridad, ante el asombro del Pre\u00adlado y del Director de la misi\u00f3n, que deseaban, por raz\u00f3n de ecu\u00admenismo y confraternizaci\u00f3n, que intervinieran representantes de todas las religiosas diocesanas. Las razones que alegaron los P\u00e1\u00adrrocos eran que las Hijas de la Caridad son las m\u00e1s conocidas,las m\u00e1s sencillas, las que mejor se adaptan al pueblo por su esp\u00ed\u00adritu y ministerios, y porque les parec\u00eda que realizaban los mayores sacrificios con la mayor naturalidad del mundo. Semanas m\u00e1s tar\u00adde, terminadas las misiones, me dir\u00eda un sacerdote de aqu\u00e9llos: \u00abNo nos arrepentimos de haber llamado a las Hijas de la Caridad. Lejos de defraudar nuestras esperanzas, las han superado. Han salvado la misi\u00f3n en muchos casos. Han hecho cosas que no po\u00add\u00edamos ni so\u00f1ar.\u00bb<\/p>\n<p>SESENTA HERMANAS FUERON ENVIADAS A LAS MISIO\u00adNES. Era el mes de septiembre cuando a\u00fan no hab\u00edan comenzado las clases. Pero tambi\u00e9n se eligieron misioneras de los hospitales, sanatorios y casas de Beneficencia. Previamente tuvieron todas ellas una reuni\u00f3n en Oviedo, en la que los organizadores les die\u00adron normas pr\u00e1cticas, les hicieron sugerencias, les se\u00f1alaron po\u00adsibles actividades, les propusieron iniciativas y les estimularon a cooperar con sacerdotes y misioneros, d\u00e1ndoles amplio margen para el desarrollo de sus iniciativas personales. No tuvieron m\u00e1s pre\u00adparaci\u00f3n t\u00e9cnica que la que recibieron en aquella reuni\u00f3n breve y r\u00e1pida. Inmediatamente emprendieron el camino. Para prepa\u00adrar la misi\u00f3n salieron tres o cuatro d\u00edas antes que los misioneros. Cuando \u00e9stos llegaron, los pueblos estaban ya caldeados, entusias\u00admados por la propaganda misional. Permanecieron en sus puestos hasta el final de las misiones. Algunas estuvieron m\u00e1s de veinte d\u00edas. Muchas hicieron tres y hasta cuatro misiones. Generalmente, trabajaban de dos en dos, pero alguna vez, porque las circunstan\u00adcias se impon\u00edan, ten\u00edan que separarse y actuar aisladas. Hay que hacer constar que todo su trabajo inmenso y colosal fue entera\u00admente gratuito. Fuera del hospedaje y de los gastos ocasionados por los viajes, no percibieron absolutamente nada por su tarea de misioneras auxiliares.<\/p>\n<p>MUCHAS HAN RELATADO DETALLADAMENTE SUS IM\u00adPRESIONES. Adem\u00e1s de responder a una encuesta que se les ha dirigido, me han enviado relaciones muy interesantes de sus aven\u00adturas misioneras. Lamento no poder dar cabida a todas ellas en esta cr\u00f3nica. Emociona de verdad. Son sorprendentes y maravi\u00adllosas. La lectura de una solamente dir\u00eda mucho m\u00e1s de lo que yo puedo decir. Es un g\u00e9nero literario nuevo en la Compa\u00f1\u00eda. La redacci\u00f3n es sencilla y conmovedora. Las personas que hemos go\u00adzado de estas bellas historias, llenas de frescura y sinceridad, creemos que es un recuerdo de aqu\u00e9llos d\u00edas inolvidables, un mo\u00adnumento al esp\u00edritu misionero de las Hermanas y un exponente de su alto entusiasmo apost\u00f3lico. Lo que sigue est\u00e1 entresacado de esas relaciones.<\/p>\n<p>LA LLEGADA DE LAS HERMANAS A LOS PUEBLOS pr\u00f3xi\u00admos a las v\u00edas de comunicaci\u00f3n no ofreci\u00f3 dificultad ninguna. El recibimiento, en muchos casos, fue triunfal, superior al de los mismos misioneros. Vivas, aplausos, arcos de letreros y flores, vol\u00adtear de campanas&#8230; Los ni\u00f1os y las mujeres las llenaban de besos. Los comienzos eran como la entrada de un Domingo de Ramos. Pero tambi\u00e9n hab\u00eda muchos pueblos encaramados en las cimas de las m\u00e1s altas monta\u00f1as, a m\u00e1s de mil metros de altura, cuyo acce\u00adso, con los medios ordinarios, era imposible. Asturias tiene una geograf\u00eda \u00e1spera y dif\u00edcil. Vegas de ensue\u00f1o y valles rientes, co\u00adronados de montes inaccesibles, bosques milenarios e impenetra\u00adbles, abismos de v\u00e9rtigo. Muchas hermanas todav\u00eda conservan en su cuerpo las huellas de estas escaladas inveros\u00edmiles, de este al\u00adpinismo heroico. Algunas tuvieron que cabalgar por vez primera, durante horas, monta\u00f1a arriba. Otras, que nunca tuvieron voca\u00adci\u00f3n de amazonas ni aspiraron a ser campeonas de equitaci\u00f3n, dieron con su cuerpo en tierra. Otras prefirieron caminar a pie, con la maleta en la mano, por senderos de cabras, con un r\u00edo ru\u00adgiente y espumoso all\u00e1 abajo. Otras se vieron sorprendidas por las sombras de la noche en su larga ascensi\u00f3n, y no bastaba su pe\u00adque\u00f1a linterna de mano para evitar las ca\u00eddas ni el miedo a los animales, que les miraban de cerca con sus ojos fosforescentes, o a los lobos, cuyos aullidos se o\u00edan all\u00e1 lejos en la noche pro\u00adfunda&#8230;<\/p>\n<p><b>EL HOSPEDAJE <\/b>revisti\u00f3 mil formas variantes. Nuestras Her\u00admanas recorrieron toda la gama del lujo y de la pobreza. Desde las que tuvieron por vivienda un antiguo palacio brillante y fas\u00adtuoso hasta las que tuvieron que dormir en la cuadra, junto a los animales o en el suelo, con una manta encima y otra debajo, ex\u00adperimentaron todos los grados de la abundancia y de la escasez. Casas ricas, casas de pobres, pensiones, hoteles, tabernas o chigres, como aqu\u00ed los llaman; casas rectorales, cuyos due\u00f1os sal\u00edan a dor\u00admir fuera; habitaciones indefensas de la curiosidad exterior; cuar\u00adtos para dos con una sola cama; viviendas sin luz el\u00e9ctrica, su\u00adcias, malolientes, repugnantes, sin servicios de higiene&#8230; Por pri\u00admera vez las Hijas de la Caridad saborearon la hiel de todas las incomodidades del misionero, pero embelleci\u00e9ndolo todo con la ternura de su coraz\u00f3n, la gracia de sus palabras, el buen humor de su esp\u00edritu, la sonrisa de sus ojos y el chiste de sus labios. \u00abVi\u00advimos en una casa miserable \u2014escribe una Hermana\u2014, sin luz ni agua caliente. Las gallinas y los cerdos entran y salen continua\u00admente por nuestras habitaciones. Tenemos que hacernos la comi\u00adda e ir al r\u00edo con las dem\u00e1s mujeres a lavar la ropa. Los utensilios de la cocina tienen una costra de suciedad que no hemos sido capaces de quitar. Los vasos para beber el agua han perdido la transparencia, y siempre est\u00e1n llenos de moscas. Cuando estamos comiendo entran las mujeres y los chiquillos, y nos hacen las pre\u00adguntas m\u00e1s raras que se puede imaginar.\u00bb \u00abNadie pod\u00eda pensar \u2014escribe otra\u2014 que \u00edbamos a estar hospedadas tan pobremente. Yo creo que el Portal de Bel\u00e9n estaba mejor cuando naci\u00f3 el Ni\u00f1o Jes\u00fas. Tenemos un jerg\u00f3n en el suelo para las dos. La puerta de la habitaci\u00f3n la hemos tenido que improvisar, sosteni\u00e9ndola des\u00adde dentro con un palo. Al apagar la vela la primera noche nos dimos cuenta de que tanto el techo como las paredes estaban lle\u00adnos de grandes grietas. Por ellas nos llega el ruido de las perso\u00adnas que duermen en las habitaciones contiguas. Si fuera de d\u00eda, nos ver\u00edamos mutuamente. Por la ma\u00f1ana, COMO carec\u00edamos de agua y estaba lloviendo, fuimos a lavarnos en las goteras de los tejados&#8230;\u00bb No terminar\u00eda si fuera reproduciendo las an\u00e9cdotas pin\u00adtorescas de que abundan las relaciones de las Hermanas.<\/p>\n<p><b>EL CAMPO DE OPERACIONES <\/b>de este valiente ej\u00e9rcito feme\u00adnino apenas ofrece contrastes. Toda la zona es desesperadamente uniforme, cortada por el mismo rasero. Geogr\u00e1ficamente, muy po\u00adbre; socialmente, bastante abandonada; culturalmente, retrasada. Hasta ahora se ha considerado la zona de castigo de los sacerdotes. Las consecuencias son f\u00e1ciles de deducir. Algunos p\u00e1rrocos tienen que servir a quince, veinte, veinticinco pueblos o aldeas, que es lo mismo que no servir a ninguno. No faltan cl\u00e9rigos mundanos, avaros, indolentes, alcoh\u00f3licos, degenerados&#8230; El encuentro con estos ministras de Dios fue un impacto doloroso y brutal en la sensibilidad delicada de nuestras Hermanas. Esta amarga realidad no las desanim\u00f3. Todo lo contrario: hizo subir el term\u00f3metro de su compasi\u00f3n por aquellas pobres gentes y les estimul\u00f3 a borrar las huellas de los malos ejemplos de quienes debieran darlos me\u00adjores. Pero estos sacerdotes son una minor\u00eda insignificante. La gran mayor\u00eda es un clero culto, trabajador y ejemplar. Las nuevas mi\u00adsioneras se pusieron a sus \u00f3rdenes, y realizaron aut\u00e9nticos pro\u00addigios. La presencia de las Hermanas en los pueblos despertaba siempre cari\u00f1o y entusiasmo, y tambi\u00e9n asombro y extra\u00f1eza. Mu\u00adchos no sab\u00edan lo que eran las monjas. Nunca las hab\u00edan visto. Si hab\u00edan o\u00eddo hablar de ellas, cre\u00edan que eran unos seres extra\u00adterrestres, sin contacto ninguno con los pobres habitantes de este mundo. No sab\u00edan c\u00f3mo tratarlas. Algunos las llamaban se\u00f1oritas. Otros les besaban la mano, como si fueran sacerdotes. Otros se pon\u00edan de rodillas para pedirles su bendici\u00f3n. Esto, claro est\u00e1, suced\u00eda en las aldeas perdidas de la serran\u00eda, en las bra\u00f1as, como all\u00ed se dice. Por aquellas alturas una de las dificultades m\u00e1s gran\u00addes de superar era la comida. No precisamente por la clase de alimentos que eran corrientes, sino por el gusto repugnante que les daban, por las formas chocantes y extra\u00f1as con que los adereza\u00adban, y sobre todo por la suciedad de la vajilla en que eran servidos. Unas, para no comerlos, porque era superior a sus fuerzas, des\u00adplegaban todas las artes del disimulo; fing\u00edan comer, pero en rea\u00adlidad los pon\u00edan aparte, para d\u00e1rselos despu\u00e9s ocultamente a los animales. Otras los com\u00edan de golpe, con los ojos cerrados y ayu\u00add\u00e1ndose de continuos sorbos de agua. Otras, en fin, para no que\u00addarse en ayunas, a fuerza de gracia y buen humor, consegu\u00edan que se les permitiera hacer ellas mismas la comida. Con lo cual alcanzaban dos cosas estupendas: alimentarse y dar a aquellas po\u00adbres mujeres una suave lecci\u00f3n de arte culinario.<\/p>\n<p><b>EL CANSANCIO Y LA FATIGA <\/b>m\u00e1s absolutos eran la corona y el remate de aquellas duras jornadas misionales. No hay nin\u00adguna Hermana que no afirme en su cr\u00f3nica no haber tenido nun\u00adca una sensaci\u00f3n tan fuerte de agotamiento f\u00edsico. Se puede decir que todas se desplomaban en sus lechos por la noche, rendidas de sue\u00f1o y exhaustas de fuerzas. El trabajo m\u00e1s duro y variado les manten\u00eda durante el d\u00eda en continua tensi\u00f3n f\u00edsica y nerviosa. La limpieza y el cuidado de la iglesia, la catequesis, las conversaciones y charlas con muchachas y mujeres, las visitas a domicilio, las visitas a los enfermos, la preparaci\u00f3n de los actos misionales, las instrucciones privadas y p\u00fablicas, los largos desplazamientos a las aldeas alejadas del centro misional eran capaces de ablandar cual\u00adquier resistencia, aunque fuera de acero. Algunas dicen que hubo d\u00edas en que no se sentaron ni siquiera para comer; tomaban lo imprescindible de prisa y corriendo o por los caminos apartados de las monta\u00f1as. Estas caminatas eran lo que m\u00e1s les molestaba, por lo largas, frecuentes y dif\u00edciles. S\u00e9 de alguna pareja de Her\u00admanas que se dejaron en los \u00e1speros senderos del monte dos pares de zapatos en quince d\u00edas. Una de ellas escribe: \u00abTodos los d\u00edas sal\u00edamos a nuestras correr\u00edas apost\u00f3licas. Se alquilaba una DKWpara ir hasta donde llegaba la carretera. Despu\u00e9s, grandes cami\u00adnatas monte arriba. Llev\u00e1bamos lo necesario para la Misa, y ha\u00adb\u00eda que transportar el ara (bastante pesada, por cierto) de un pueblo a otro. Al llegar nos separ\u00e1bamos e \u00edbamos de casa en casa para invitar y hacer ambiente misional. En todos los sitios ten\u00edamos que pasar por la cuadra, y m\u00e1s de una vez los cerdos nos tiraban de la gabardina. Todo el mundo sal\u00eda a las ventanas para vernos pasar, llenos de curiosidad, pues era la primera vez que ve\u00edan monjas. La acogida era siempre muy cari\u00f1osa despu\u00e9s de convencerse de que no les \u00edbamos a pedir dinero. Nos o\u00edan con una atenci\u00f3n impresionante. Cuando termin\u00e1bamos el recorrido y reun\u00edamos a todos se celebraba la santa Misa. En ella les predi\u00adcaba el misionero. La primera Misa que o\u00edmos en aquellas circuns\u00adtancias nos impresion\u00f3 much\u00edsimo. El altar, una mesa peque\u00f1ita; vinajeras, dos botellas; otras dos hac\u00edan de candeleros; el man\u00adtel, mugriento; los corporales, negros de suciedad; el Padre pidi\u00f3 unos pa\u00f1uelos limpios; le dimos los nuestros, y sobre ellos celebr\u00f3. Nunca comulgu\u00e9 con m\u00e1s fervor que aquel d\u00eda&#8230; Nunca olvidar\u00e9 aquellas subidas y bajadas por los montes con nuestra comida al hombro durante tres y cuatro horas. Alguna vez nos olvid\u00e1bamos de llevar para comer, y entonces nos hart\u00e1bamos de lo que en\u00adcontr\u00e1bamos al paso: casta\u00f1as, avellanas, bellotas y moras de las zarzas. Yo me pregunto: \u00bfen qu\u00e9 se diferencian estas misioneras de las que est\u00e1n en pa\u00edses que llaman la Misi\u00f3n?\u00bb<\/p>\n<p>EL SECTOR MINERO no qued\u00f3 al margen de la misi\u00f3n. An\u00adtes que llegaran los misioneros ya hab\u00edan bajado nuestras Her\u00admanas al fondo de las minas para hacer labor apost\u00f3lica entre los obreros. Confieso que no las cre\u00eda tan valientes y arrojadas, que se decidieran a bajar a una profundidad de m\u00e1s de dos mil me\u00adtros en el seno de la tierra. Adem\u00e1s de hacer entre los mineros su proselitismo misional, pudieron ver de cerca la tarea brutal, las condiciones duras, la cruda realidad de los hombres y de la vida, cosa que vendr\u00eda de perlas a todas las monjas del mundo. Escuchemos: \u00abTen\u00eda verdadera curiosidad de ver las minas por den\u00adtro. No puedo describir la impresi\u00f3n que recib\u00ed al bajar en aquella jaula de metal, a trav\u00e9s de las galer\u00edas interminables, hasta el fondo del pozo. Me sent\u00eda aplastada bajo una mole tan grande de tierra. Todo me invitaba a pensar en el infierno: las tinieblas, las luces de las linternas movi\u00e9ndose en aquella noche oscura, las caras negras de los mineros que transportaban el carb\u00f3n, el ruido penetrante de las perforadoras&#8230; No me averg\u00fcenzo de confesar que me asust\u00e9, que mis piernas temblaban, aunque sonre\u00eda y me hac\u00eda la valiente. Aprovech\u00e9 aquella ocasi\u00f3n para hablarles de Dios a los obreros. Interrumpieron por unos momentos su trabajo para escucharme. Tambi\u00e9n les invit\u00e9 a la misi\u00f3n. Me dieron las gracias. Sub\u00ed a la superficie pensando en la dureza de vida que ten\u00edan que aguantar los hombres que dejaba all\u00e1 abajo\u00bb<\/p>\n<p>EL CUIDADO DEL CENTRO MISIONAL era de la competencia de las Hermanas. Unas veces era una iglesia o una capillita, pero otras era un cine, un almac\u00e9n o un garaje. Las iglesias de las grandes poblaciones no dejaban nada que desear. Las iglesias de las bra\u00f1as estaban en gran parte en el m\u00e1s completo abandono. Al entrar en ellas y verlas cubiertas hasta el techo de suciedad no se pod\u00eda contener un grito de pena y de extra\u00f1eza. Las pare\u00addes estaban negras de polvo y de telara\u00f1as. Por el suelo se exten\u00add\u00eda una basura de siglos. (Es frase de una Hermana.) Los orna\u00admentos de la sacrist\u00eda, llenos de moho y de mugre, comidos por los ratones&#8230; No hab\u00eda tiempo que perder en lloros y exclamaciones. Capitaneando a un ej\u00e9rcito de ni\u00f1os y muchachas, fueron de casa en casa en demanda de escobas, cubos de agua, trapos de fregar, cubos de cal, brochas, desinfectantes. Al final del primer d\u00eda las<\/p>\n<p>gentes se asomaban al templo y exclaman: \u00ab\u00bfQu\u00e9 milagro es \u00e9ste, Hermanas?\u00bb Efectivamente, hab\u00edan hecho un milagro, pero un mi\u00adlagro de orden, de limpieza, de blancura. A las puertas de la igle\u00adsia se levantaba un mont\u00f3n de basura, que cost\u00f3 varias horas lle\u00advarle fuera del pueblo. Al d\u00eda siguiente metieron toda la ropa del culto en grandes cestos, y se fueron a lavarla al r\u00edo, formando fila entre las mujeres que all\u00ed acud\u00edan para el mismo fin. Ocasi\u00f3n maravillosa para hacer simp\u00e1tica la misi\u00f3n y propagar el mensaje divino. Fue como un descubrimiento. En algunos pueblos las Her\u00admanas iban diariamente a la orilla del r\u00edo a hacer apostolado con el pretexto de lavar la ropa de la iglesia y la suya propia.<\/p>\n<p>CUANDO EL CENTRO MISIONAL ERA UN ALMACEN, UN CINE O UN GARAJE ellas tambi\u00e9n lo ten\u00edan que preparar, cuidar y organizar. Hab\u00eda que sacarlo todo de la nada, como quien dice. Los hombres arrimaban un poquito el hombro, pero casi todo el peso del montaje del centro gravitaba sobre las espaldas de las Hermanas. Caso t\u00edpico el centro misional de la Virgen del Car\u00admen, de Cangas de Narcea. Era un garaje. La primera visita de las Hermanas despu\u00e9s de llegar al centro. El alma se les cay\u00f3 a los pies. Y eso que s\u00f3lo lo vieron por fuera, pues por mucho que preguntaron no dieron con la persona que guardaba la llave. Des\u00adpu\u00e9s de tres horas o m\u00e1s de preguntas, paseos, visitas, idas y ve\u00adnidas pudieron abrir. Dentro hab\u00eda montones de hierro, grandes torres de le\u00f1a, monta\u00f1as de sacos de cemento, una capa de basura, donde se hund\u00edan los pies, y un techo oculto detr\u00e1s de una nube de telas de ara\u00f1a&#8230; Y al d\u00eda siguiente iba a empezar la misi\u00f3n. Una de las Hermanas lloraba. Su compa\u00f1era le dice: \u00abNo hay que desanimarse, Hermana; a trabajar se ha dicho.\u00bb Y se apli\u00adcaron a la tarea. Primero, encontrar camiones que trasladaran todo aquello a otra parte, a otro almac\u00e9n del mismo due\u00f1o. Lo hallaron a fuerza de simpat\u00eda de ruegos y de l\u00e1grimas. Pero hom\u00adbres para cargarlos, ni con s\u00faplicas ni con nada. Ellas mismas tuvieron que cargar los sacos de cemento sobre sus d\u00e9biles espal\u00addas para trasladarlos al cami\u00f3n. El hierro y la madera desapare\u00adcieron gracias a sus heroicos esfuerzos. Aquel d\u00eda se acostaron rendidas y m\u00e1s tarde que nunca. Al siguiente, la limpieza del lo\u00adcal les llev\u00f3 toda la ma\u00f1ana. Por la tarde, visitas a los comercios y casas particulares para encontrar cortinas ; visitas intermina\u00adbles para encontrar una mesa, bancos, cuadros ; visitas a todas las iglesias de la poblaci\u00f3n para encontrar ornamentos y objetos de culto; visitas a todas las empresas y casas de electricidad para instalar la luz el\u00e9ctrica; llamadas telef\u00f3nicas a Oviedo para que las Hermanas de la capital les mandaran ramos de flores, de nardos, de glad\u00edolos y frascos de agua de colonia para quitar el mal olor del local&#8230; Y el milagro se hizo tambi\u00e9n. La misi\u00f3n empez\u00f3 a la hora prevista. El Rey de reyes estuvo quince d\u00edas en un garaje convertido en palacio florido, perfumado y brillante gracias a la abnegaci\u00f3n inconcebible de dos Hijas de la Caridad. Estas haza\u00f1as se repitieron en otras partes, donde fue necesario transformar una casa particular, una escuela, un cine, un centro misional.<\/p>\n<p>EL ORDEN DE LOS ACTOS MISIONALES estaba garantizado por ellas. Media hora antes de que comenzara el Rosario de la Aurora ya estaban en el centro para llamar por medio de la campana o de los altavoces, para preparar las cosas necesarias para la Santa Misa. Cuidaban del orden de las filas en las procesiones. Hac\u00edan de acomodadoras con el fin de que en los ban\u00adcos cupiera el mayor n\u00famero posible de personas. La estad\u00edstica de la asistencia la llevaban ellas exclusivamente; el misionero y el p\u00e1rroco, si le hab\u00eda, pod\u00edan estar tranquilos y dedicarse en\u00adteramente a su ministerio. Ellas vigilaban a los ni\u00f1os para que estuvieran quietos, entonaban los c\u00e1nticos durante el Santo Sa\u00adcrificio y hac\u00edan de monitoras, explicaban la liturgia del acto, sin libro muchas veces. No perdonaban ning\u00fan sacrificio para que el centro estuviera rebosante de fieles. Unas cog\u00edan el alta\u00advoz port\u00e1til, se lo colgaban del hombro y se iban por las calles llamando a todos al acto; otras pon\u00edan m\u00fasica religiosa en los tocadiscos y cintas grabadoras para lanzarla al aire del pueblo por los altavoces exteriores; otras reun\u00edan en una casa a todos los ni\u00f1os peque\u00f1itos y se quedaban con ellos para que sus madres pudieran acudir, libres de todo cuidado, a la misi\u00f3n; otras hac\u00edan otro tanto con los enfermos, y as\u00ed toda su familia pod\u00eda o\u00edr la palabra de Dios. Otras recorr\u00edan las calles durante el acto invi\u00adtando a todos los que encontraban amablemente a la misi\u00f3n. Tam\u00adbi\u00e9n se dieron casos de tomar parte incluso en la predicaci\u00f3n dentro del acto misional. Invitadas por el P\u00e1rroco o por el P. Mi\u00adsionero se dirig\u00edan a las mujeres casadas o a las j\u00f3venes para hablarles sobre materias relacionadas con la moral femenina. Los sacerdotes quedaban estupefactos de la claridad, sencillez y deli\u00adcadeza con que explicaban ciertos temas. Hermana hubo que ha\u00adbl\u00f3 durante tres d\u00edas a las mujeres casadas sobre la educaci\u00f3n de los hijos, las tareas de una mujer en su casa y las cosas ne\u00adcesarias para la buena marcha de un hogar cristiano. Las buenas se\u00f1oras sal\u00edan encantadas de aquellas charlas, afirmando que la monja predicaba mejor que muchos curas. Exageraban, eviden\u00adtemente, pero daban a entender que algunas cosas, de mujer a mujer, se tratan y se entienden mejor. En muchos lugares s\u00e9 po\u00adsitivamente que las gentes, cautivadas por la gracia y simpat\u00eda de las monjitas, les invitaban insistentemente a dirigirles la pa\u00adlabra cuando el misionero ten\u00eda que atender a varios pueblos a la vez. Algunas aceptaban. Otras, no; sent\u00edan no poder aceptar porque no estaban preparadas. Estas me han prometido preparar algunos temas para poder hablar en p\u00fablico en las misiones pr\u00f3\u00adximas.<\/p>\n<p>LA VISITA A DOMICILIO.\u2014No hubo familia en todos los 11 arciprestazgos misionados que no fuera visitada por nuestras Her\u00admanas. No una, sino dos, tres y hasta cuatro veces. La ocasi\u00f3n se la ofrec\u00eda el reparto de los sobres donde iba la carta del se\u00f1or Cura que invitaba a la misi\u00f3n; los enfermos que encontraban, a los que promet\u00edan volver a visitar; la pobreza o alguna otra necesidad cuyo remedio precisaba repetir la visita, o sencillamente la buena impresi\u00f3n, el entusiasmo y la simpat\u00eda que despertaba su presencia en todos los hogares, por cuyo motivo eran invitadas repetidamente a volver. Creo sinceramente que es la forma de apostolado m\u00e1s molesta, pero la m\u00e1s eficaz. Es m\u00e1s, ning\u00fan mi\u00adsionero es capaz de llevarla a cabo con la holgura de tiempo y con la garant\u00eda de \u00e9xito de las Hermanas. Con este sistema ob\u00adtuvieron triunfos resonantes y en muchos casos salvaron la misi\u00f3n. Oigamos a una Hermana: \u00abHemos recorrido diecisiete pueblos y hemos visitado todas sus casas. Les habl\u00e1bamos de la misi\u00f3n y nos interes\u00e1bamos por sus problemas de cualquier tipo que fuesen. Los perros nos infund\u00edan mucho miedo con sus ladridos, hasta que sal\u00edan los due\u00f1os y les hac\u00edan callar. Nos convidaban con lo que ten\u00edan y lo prob\u00e1bamos todo para que no creyeran que les despreci\u00e1bamos. Algunas veces, ante su insistencia, aceptamos unas gotas de an\u00eds o de co\u00f1ac. Procur\u00e1bamos extremar nuestra amabilidad. A los ni\u00f1os les acarici\u00e1bamos, les cont\u00e1bamos chistes y cuentos y les d\u00e1bamos caramelos. A las mujeres les abraz\u00e1bamos al entrar y salir, aunque nos repugnaban a causa de su suciedad y mal olor. Algunas nos preguntaban: \u00abQu\u00e9, \u00bfvienen a ense\u00f1ar la nueva religi\u00f3n?\u00bb Otras nos recib\u00edan con cara de pocos amigos, hasta que se convenc\u00edan de nuestro desinter\u00e9s y sinceridad. Tam\u00adbi\u00e9n hubo familias que nos cerraron la puerta a cal y canto; pero al final se convert\u00edan en nuestros mejores amigos. Tambi\u00e9n nos encontramos con ateos y protestantes. Nadie, sin embargo, nos falt\u00f3 al respeto lo m\u00e1s m\u00ednimo. Cuando nos gan\u00e1bamos su con\u00adfianza nos contaban todos sus problemas. Jam\u00e1s he o\u00eddo cosas tan sucias contadas con la mayor naturalidad del mundo. Oyendo sus historias se desvanecen todos los escr\u00fapulos. No pod\u00eda ima\u00adginarme que hubiera tantos dramas sangrientos entre esta gente campesina. Escuchaban nuestros consejos con la mayor devoci\u00f3n y nos promet\u00edan hacer lo que nos pareciera mejor. As\u00ed nos ente\u00adr\u00e1bamos de los odios entre familias, de los ni\u00f1os sin bautizar, de las uniones ilegales. Con bondad y prudencia&#8217; todo lo \u00edbamos arre\u00adglando. Los consejos, las sugerencias y la ayuda del Misionero nos ense\u00f1aban a desenredar la madeja y a conducir los casos m\u00e1s complicados a feliz t\u00e9rmino. Lo que m\u00e1s nos costaba era vencer su resistencia a confesarse. Tienen infinidad de prejuicios. La conducta de los sacerdotes es lo que m\u00e1s les retrae. Pasan muchos a\u00f1os sin confesarse. Es el caso que a nosotras nos dec\u00edan de viva voz sus pecados. Yo me ten\u00eda que tapar los o\u00eddos porque me los explicaban de una manera brutal de puro clara. Nos cos\u00adtaba mucho convencerles que eso mismo se lo ten\u00edan que decir a los misioneros en la confesi\u00f3n, y muchos nos preguntaban: \u00ab\u00bfNo nos podr\u00eda usted perdonar los pecados ahora mismo, Hermana?\u00bb\u00bb No ceso de agradecer a Dios todo el bien que hizo por medio de dos pobres monjitas en aquellas visitas por los pueblos de la sierra.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UN NUEVO CAMPO DE APOSTOLADO se ha abierto reciente\u00admente al celo y a la generosidad de nuestras Hermanas: su inter\u00advenci\u00f3n activa y entusiasta en las misiones populares al lado de los misioneros de la Hermandad. &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hermanas-en-la-gran-mision-de-asturias-1967\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":387673,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[201],"tags":[176,172],"class_list":["post-116891","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-misiones-ad-gentes","tag-misiones-populares","tag-pobreza"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Las Hermanas en la Gran Misi\u00f3n de Asturias (1967) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-hermanas-en-la-gran-mision-de-asturias-1967\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Las Hermanas en la Gran Misi\u00f3n de Asturias (1967) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"UN NUEVO CAMPO DE APOSTOLADO se ha abierto reciente\u00admente al celo y a la generosidad de nuestras Hermanas: su inter\u00advenci\u00f3n activa y entusiasta en las misiones populares al lado de los misioneros de la Hermandad. ... 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