{"id":116599,"date":"2018-10-18T08:02:15","date_gmt":"2018-10-18T06:02:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=116599"},"modified":"2018-10-02T12:53:36","modified_gmt":"2018-10-02T10:53:36","slug":"dei-verbum","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/dei-verbum\/","title":{"rendered":"Dei Verbum"},"content":{"rendered":"<h2>Comentario a \u00abDei Verbum\u00bb<\/h2>\n<p><em>Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz<\/em><\/p>\n<p>La Dei Verbum o Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica de la divina revelaci\u00f3n es otro de los documentos fundamentales del Concilio Vaticano II. Su valor doctrinal fue objeto de una notificaci\u00f3n el 15 de Noviembre de 1965 que reitera una dada el a\u00f1o anterior el 6 de Marzo de 1964. En ellas se afirma que aunque la doctrina que expone dicha constituci\u00f3n en su conjunto no incluya ninguna definici\u00f3n dogm\u00e1tica, en sentido t\u00e9cnico es irrevocable, ya que se trata de una proposici\u00f3n hecha con autoridad que obliga en conciencia (14).<\/p>\n<p>Su doctrina se encuentra en perfecta continuidad con los concilios anteriores, tanto al decreto De Canonicis Scripturis del Concilio de Trento, como la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Filius, del Concilio Vaticano I.<\/p>\n<p>Est\u00e1 dividida en 6 cap\u00edtulos. En el cap\u00edtulo 1 se aborda la naturaleza misma de la revelaci\u00f3n, la cual es descrita como una auto-revelaci\u00f3n del mismo Dios de la cual Cristo es su mediador y su plenitud. Debido a que el Antiguo Testamento fue una preparaci\u00f3n para el evangelio, y en la persona de Jes\u00fas se manifest\u00f3 de forma decisiva, no hay que esperar ya ninguna revelaci\u00f3n p\u00fablica antes de la venida del Se\u00f1or (15).<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 2 aborda la transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n y el tema de la suficiencia material de las Escrituras, concluyendo que:<\/p>\n<p>-La Escritura y la Tradici\u00f3n brotan de un mismo manantial<br \/>\n-Est\u00e1n unidas en una misma corriente y tienden a un mismo fin<br \/>\n-La Iglesia no saca \u00fanicamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado.<\/p>\n<p>Queda adem\u00e1s clara su relaci\u00f3n con el Magisterio \u00abque no est\u00e1 por encima de la Palabra de Dios sino a su servicio\u00bb para interpretarla de manera aut\u00e9ntica (16).<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 3 aborda el tema de la inspiraci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de las Escrituras, las cuales son inspiradas por Dios y libres de error en lo referente a la salvaci\u00f3n. Recuerda tambi\u00e9n la importancia de los g\u00e9neros literarios, de manera que hay que leer e interpretar la Escritura con el mismo Esp\u00edritu con que fue escrita, y comprender los textos en su contexto en el recurso de la Tradici\u00f3n viva de la Iglesia.<\/p>\n<p>Respecto al Antiguo Testamento (cap\u00edtulo 4) recuerda que \u00abaunque dichos libros contengan tambi\u00e9n algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagog\u00eda divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios\u00bb (17) .<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 5 es de particular importancia porque se reafirma la historicidad de los evangelios (18), de manera que la tarea de los autores sagrados es descrita como verdaderamente redaccional, al seleccionar, sintetizar y transmitir fielmente los hechos y ense\u00f1anzas de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo el cap\u00edtulo 6 se aborda el tema de la supremac\u00eda de la Escritura en la vida de la Iglesia por lo que recomienda a los fieles su lectura asidua.<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\">CONSTITUCI\u00d3N DOGM\u00c1TICA<br \/>\n<i><b>DEI VERBUM\u00a0 <\/b><\/i><br \/>\nSOBRE LA DIVINA REVELACI\u00d3N<\/p>\n<h2><b>Proemio<\/b><\/h2>\n<p align=\"left\">1. El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclam\u00e1ndola confiadamente, hace suya la frase de San Juan, cuando dice: \u00abOs anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifest\u00f3: lo que hemos visto y o\u00eddo os lo anunciamos a vosotros, a fin de que viv\u00e1is tambi\u00e9n en comuni\u00f3n con nosotros, y esta comuni\u00f3n nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo\u00bb (<i>1 Jn.<\/i>, 1,2-3). Por tanto siguiendo las huellas de los Concilios Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la doctrina genuina sobre la divina revelaci\u00f3n y sobre su transmisi\u00f3n para que todo el mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvaci\u00f3n; creyendo, espere, y esperando, ame.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo I: La revelaci\u00f3n en s\u00ed misma<\/b><i><b>Naturaleza y objeto de la revelaci\u00f3n<\/b><\/i><\/h2>\n<p>2. Dispuso Dios en su sabidur\u00eda revelarse a S\u00ed mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Esp\u00edritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelaci\u00f3n, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicaci\u00f3n consigo y recibirlos en su compa\u00f1\u00eda. Este plan de la revelaci\u00f3n se realiza con hechos y palabras intr\u00ednsecamente conexos entre s\u00ed, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvaci\u00f3n manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad \u00edntima acerca de Dios y acerca de la salvaci\u00f3n humana se nos manifiesta por la revelaci\u00f3n en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelaci\u00f3n<\/p>\n<p><i><b> Preparaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica<\/b><\/i><\/p>\n<p>3. Dios, cre\u00e1ndolo todo y conserv\u00e1ndolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de s\u00ed en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvaci\u00f3n sobrenatural, se manifest\u00f3, adem\u00e1s, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio. Despu\u00e9s de su ca\u00edda alent\u00f3 en ellos la esperanza de la salvaci\u00f3n, con la promesa de la redenci\u00f3n, y tuvo incesante cuidado del g\u00e9nero humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvaci\u00f3n con la perseverancia en las buenas obras. En su tiempo llam\u00f3 a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo, al que luego instruy\u00f3 por los Patriarcas, por Mois\u00e9s y por los Profetas para que lo reconocieran Dios \u00fanico, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al Salvador prometido, y de esta forma, a trav\u00e9s de los siglos, fue preparando el camino del Evangelio.<\/p>\n<p><b><i>En Cristo culmina la revelaci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>4. Despu\u00e9s que Dios habl\u00f3 muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, \u00ab\u00faltimamente, en estos d\u00edas, nos habl\u00f3 por su Hijo\u00bb. Pues envi\u00f3 a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, \u00abhombre enviado, a los hombres\u00bb, \u00abhabla palabras de Dios\u00bb y lleva a cabo la obra de la salvaci\u00f3n que el Padre le confi\u00f3. Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestaci\u00f3n personal, con palabras y obras, se\u00f1ales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrecci\u00f3n gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el env\u00edo del Esp\u00edritu de verdad, completa la revelaci\u00f3n y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.<\/p>\n<p>La econom\u00eda cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesar\u00e1, y no hay que esperar ya ninguna revelaci\u00f3n p\u00fablica antes de la gloriosa manifestaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo (cf. <i> 1 Tim<\/i>., 6,14; <i>Tit<\/i>., 2,13).<\/p>\n<p><i><b>La revelaci\u00f3n hay que recibirla con fe<\/b><\/i><\/p>\n<p>5. Cuando Dios revela hay que prestarle \u00abla obediencia de la fe\u00bb, por la que el hombre se conf\u00eda libre y totalmente a Dios prestando \u00aba Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad\u00bb, y asintiendo voluntariamente a la revelaci\u00f3n hecha por El. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Esp\u00edritu Santo, el cual mueve el coraz\u00f3n y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da \u00aba todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad\u00bb. Y para que la inteligencia de la revelaci\u00f3n sea m\u00e1s profunda, el mismo Esp\u00edritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones.<\/p>\n<p><b><i>Las verdades reveladas<\/i><\/b><\/p>\n<p>6. Mediante la revelaci\u00f3n divina quiso Dios manifestarse a S\u00ed mismo y los eternos decretos de su voluntad acerca de la salvaci\u00f3n de los hombres, \u00abpara comunicarles los bienes divinos, que superan totalmente la comprensi\u00f3n de la inteligencia humana\u00bb.<\/p>\n<p>Confiesa el Santo Concilio \u00abque Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la raz\u00f3n humana, partiendo de las criaturas\u00bb; pero ense\u00f1a que hay que atribuir a Su revelaci\u00f3n \u00abel que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible a la raz\u00f3n humana lo pueden conocer todos f\u00e1cilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la condici\u00f3n presente del g\u00e9nero humano.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo II: Transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina<\/b><\/h2>\n<p><i><b>Los Ap\u00f3stoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio<\/b><\/i><\/p>\n<p>7. Dispuso Dios benignamente que todo lo que hab\u00eda revelado para la salvaci\u00f3n de los hombres permaneciera \u00edntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Se\u00f1or, en quien se consuma la revelaci\u00f3n total del Dios sumo, mand\u00f3 a los Ap\u00f3stoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunic\u00e1ndoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo complet\u00f3 El y lo promulg\u00f3 con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenaci\u00f3n de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Ap\u00f3stoles, que en la predicaci\u00f3n oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que hab\u00edan recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o hab\u00edan aprendido por la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, como por aquellos Ap\u00f3stoles y varones apost\u00f3licos que, bajo la inspiraci\u00f3n del mismo Esp\u00edritu, escribieron el mensaje de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mas para que el Evangelio se conservara constantemente \u00edntegro y vivo en la Iglesia, los Ap\u00f3stoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, \u00abentreg\u00e1ndoles su propio cargo del magisterio\u00bb. Por consiguiente, esta sagrada tradici\u00f3n y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. <i> 1 Jn<\/i>., 3,2).<\/p>\n<p><i><b>La Sagrada Tradici\u00f3n<\/b><\/i><\/p>\n<p>8. As\u00ed, pues, la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, que est\u00e1 expuesta de un modo especial en los libros inspirados, deb\u00eda conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesi\u00f3n continua. De ah\u00ed que los Ap\u00f3stoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una vez para siempre. Ahora bien, lo que ense\u00f1aron los Ap\u00f3stoles encierra todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpet\u00faa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree.<\/p>\n<p>Esta Tradici\u00f3n, que deriva de los Ap\u00f3stoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Esp\u00edritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensi\u00f3n de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplaci\u00f3n y el estudio de los creyentes, que las meditan en su coraz\u00f3n y, ya por la percepci\u00f3n \u00edntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesi\u00f3n del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.<\/p>\n<p>Las ense\u00f1anzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradici\u00f3n, cuyos tesoros se comunican a la pr\u00e1ctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante. Por esta Tradici\u00f3n conoce la Iglesia el Canon \u00edntegro de los libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella m\u00e1s a fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habl\u00f3 en otro tiempo, habla sin intermisi\u00f3n con la Esposa de su amado Hijo; y el Esp\u00edritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. <i>Col<\/i>., 3,16).<\/p>\n<p><i><b> Mutua relaci\u00f3n entre la Sagrada Tradici\u00f3n y la Sagrada Escritura<\/b><\/i><\/p>\n<p>9. As\u00ed, pues, la Sagrada Tradici\u00f3n y la Sagrada Escritura est\u00e1n \u00edntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, y la Sagrada Tradici\u00f3n transmite \u00edntegramente a los sucesores de los Ap\u00f3stoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Se\u00f1or y por el Esp\u00edritu Santo para que, con la luz del Esp\u00edritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicaci\u00f3n; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo esp\u00edritu de piedad.<\/p>\n<p><b><i> Relaci\u00f3n de una y otra con toda la Iglesia y con el Magisterio<\/i><\/b><\/p>\n<p>10. La Sagrada Tradici\u00f3n, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo dep\u00f3sito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este dep\u00f3sito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Ap\u00f3stoles y en la comuni\u00f3n, persevera constantemente en la fracci\u00f3n del pan y en la oraci\u00f3n (cf. <i>Act<\/i>., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservaci\u00f3n, en el ejercicio y en la profesi\u00f3n de la fe recibida.<\/p>\n<p>Pero el oficio de interpretar aut\u00e9nticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado \u00fanicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente, no est\u00e1 sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, ense\u00f1ando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Esp\u00edritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este \u00fanico dep\u00f3sito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer.<\/p>\n<p>Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradici\u00f3n, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, seg\u00fan el designio sapient\u00edsimo de Dios, est\u00e1n entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<h2><b> Cap\u00edtulo III: Inspiraci\u00f3n de la Sagrada Escritura y su interpretaci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p align=\"left\"><i><b>Se establece el hecho de la inspiraci\u00f3n<br \/>\ny de la verdad de la Sagrada Escritura<\/b><\/i><\/p>\n<p>11. Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. la santa Madre Iglesia, seg\u00fan la fe apost\u00f3lica, tiene por santos y can\u00f3nicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacci\u00f3n de los libros sagrados, Dios eligi\u00f3 a hombres, que utiliz\u00f3 usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y s\u00f3lo lo que El quer\u00eda.<\/p>\n<p>Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagi\u00f3grafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Esp\u00edritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura ense\u00f1an firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvaci\u00f3n. As\u00ed, pues, \u00abtoda la Escritura es divinamente inspirada y \u00fatil para ense\u00f1ar, para arg\u00fcir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena\u00bb (<i>2 Tim<\/i>., 3,16-17).<\/p>\n<p><b><i>C\u00f3mo hay que interpretar la Sagrada Escritura<\/i><\/b><\/p>\n<p>12. Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, para que el int\u00e9rprete de la Sagrada Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atenci\u00f3n lo que pretendieron expresar realmente los hagi\u00f3grafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos.<\/p>\n<p>Para descubrir la intenci\u00f3n de los hagi\u00f3grafos, entre otras cosas hay que atender a \u00ablos g\u00e9neros literarios\u00bb. Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los textos de diverso g\u00e9nero: hist\u00f3rico, prof\u00e9tico, po\u00e9tico o en otros g\u00e9neros literarios. Conviene, adem\u00e1s, que el int\u00e9rprete investigue el sentido que intent\u00f3 expresar y expres\u00f3 el hagi\u00f3grafo en cada circunstancia seg\u00fan la condici\u00f3n de su tiempo y de su cultura, seg\u00fan los g\u00e9neros literarios usados en su \u00e9poca. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagi\u00f3grafo, como a las que en aquella \u00e9poca sol\u00edan usarse en el trato mutuo de los hombres.<\/p>\n<p>Y como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Esp\u00edritu con que se escribi\u00f3 para sacar el sentido exacto de los textos sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuanta la Tradici\u00f3n viva de toda la Iglesia y la analog\u00eda de la fe. Es deber de los exegetas trabajar seg\u00fan estas reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Por que todo lo que se refiere a la interpretaci\u00f3n de la Sagrada Escritura, est\u00e1 sometido en \u00faltima instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios.<\/p>\n<p><i><b>Condescendencia de Dios<\/b><\/i><\/p>\n<p>13. En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva siempre la verdad y la santidad de Dios, la admirable \u00abcondescendencia\u00bb de la sabidur\u00eda eterna, \u00abpara que conozcamos la inefable benignidad de Dios, y de cu\u00e1nta adaptaci\u00f3n de palabra ha uso teniendo providencia y cuidado de nuestra naturaleza\u00bb. Porque las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo IV: El Antiguo Testamento<\/b><\/h2>\n<p><b><i>La historia de la salvaci\u00f3n consignada<br \/>\nen los libros del Antiguo Testamento<\/i><\/b><\/p>\n<p>14. Dios amant\u00edsimo, buscando y preparando sol\u00edcitamente la salvaci\u00f3n de todo el g\u00e9nero humano, con singular favor se eligi\u00f3 un pueblo, a quien confi\u00f3 sus promesas. Hecho, pues, el pacto con Abraham y con el pueblo de Israel por medio de Mois\u00e9s, de tal forma se revel\u00f3 con palabras y con obras a su pueblo elegido como el \u00fanico Dios verdadero y vivo, que Israel experiment\u00f3 cu\u00e1les eran los caminos de Dios con los hombres, y, hablando el mismo Dios por los Profetas, los entendi\u00f3 m\u00e1s hondamente y con m\u00e1s claridad de d\u00eda en d\u00eda, y los difundi\u00f3 ampliamente entre las gentes.<\/p>\n<p>La econom\u00eda, pues, de la salvaci\u00f3n preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: \u00abPues todo cuanto est\u00e1 escrito, para nuestra ense\u00f1anza, fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolaci\u00f3n de las Escrituras estemos firmes en la esperanza\u00bb (<i>Rom<\/i>. 15,4).<\/p>\n<p><i><b>Importancia del Antiguo Testamento para los cristianos<\/b><\/i><\/p>\n<p>15. La econom\u00eda del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar prof\u00e9ticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesi\u00e1nico. mas los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, seg\u00fan la condici\u00f3n del g\u00e9nero humano en los tiempos que precedieron a la salvaci\u00f3n establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan tambi\u00e9n algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagog\u00eda divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabidur\u00eda salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oraci\u00f3n, y en los que, por fin, est\u00e1 latente el misterio de nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p><i><b>Unidad de ambos Testamentos<\/b><\/i><\/p>\n<p>16. Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento est\u00e1 latente en el Antiguo y el Antiguo est\u00e1 patente en el Nuevo. Porque, aunque Cristo fund\u00f3 el Nuevo Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos \u00edntegramente en la proclamaci\u00f3n evang\u00e9lica, adquieren y manifiestan su plena significaci\u00f3n en el Nuevo Testamento, ilustr\u00e1ndolo y explic\u00e1ndolo al mismo tiempo.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo V: El Nuevo Testamento<\/b><\/h2>\n<p align=\"left\"><b><i>Excelencia del Nuevo Testamento<\/i><\/b><\/p>\n<p>17. La palabra divina que es poder de Dios para la salvaci\u00f3n de todo el que cree, se presenta y manifiesta su vigor de manera especial en los escritos del Nuevo Testamento. Pues al llegar la plenitud de los tiempos el Verbo se hizo carne y habit\u00f3 entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Cristo instaur\u00f3 el Reino de Dios en la tierra, manifest\u00f3 a su Padre y a S\u00ed mismo con obras y palabras y complet\u00f3 su obra con la muerte, resurrecci\u00f3n y gloriosa ascensi\u00f3n, y con la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos a S\u00ed mismo, El, el \u00fanico que tiene palabras de vida eterna. pero este misterio no fue descubierto a otras generaciones, como es revelado ahora a sus santos Ap\u00f3stoles y Profetas en el Esp\u00edritu Santo, para que predicaran el Evangelio, suscitaran la fe en Jes\u00fas, Cristo y Se\u00f1or, y congregaran la Iglesia. De todo lo cual los escritos del Nuevo Testamento son un testimonio perenne y divino.<\/p>\n<p><i><b>Origen apost\u00f3lico de los Evangelios<\/b><\/i><\/p>\n<p>18. Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del Nuevo Testamento, los Evangelios ocupan, con raz\u00f3n, el lugar preeminente, puesto que son el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo Encarnado, nuestro Salvador.<\/p>\n<p>La Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro Evangelios tienen origen apost\u00f3lico. Pues lo que los Ap\u00f3stoles predicaron por mandato de Cristo, luego, bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, ellos y los varones apost\u00f3licos nos lo transmitieron por escrito, fundamento de la fe, es decir, el Evangelio en cuatro redacciones, seg\u00fan Mateo, Marcos, Lucas y Juan.<\/p>\n<p><i><b>Car\u00e1cter hist\u00f3rico de los Evangelios<\/b><\/i><\/p>\n<p>19. La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha cre\u00eddo y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jes\u00fas Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y ense\u00f1\u00f3 realmente para la salvaci\u00f3n de ellos, hasta el d\u00eda que fue levantado al cielo. Los Ap\u00f3stoles, ciertamente, despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, predicaron a sus oyentes lo que El hab\u00eda dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Esp\u00edritu de verdad. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya se trasmit\u00edan de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explic\u00e1ndolas atendiendo a la condici\u00f3n de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de proclamaci\u00f3n de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de Jes\u00fas. Escribieron, pues, sac\u00e1ndolo ya de su memoria o recuerdos, ya del testimonio de quienes \u00abdesde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra\u00bb para que conozcamos \u00abla verdad\u00bb de las palabras que nos ense\u00f1an (cf. <i>Lc<\/i>., 1,2-4).<\/p>\n<p><b><i>Los restantes escritos del Nuevo Testamento<\/i><\/b><\/p>\n<p>20. El Canon del Nuevo Testamento, adem\u00e1s de los cuatro Evangelios, contiene tambi\u00e9n las cartas de San Pablo y otros libros apost\u00f3licos escritos bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, con los cuales, seg\u00fan la sabia disposici\u00f3n de Dios, se confirma todo lo que se refiere a Cristo Se\u00f1or, se declara m\u00e1s y m\u00e1s su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra divina de Cristo, y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable difusi\u00f3n, y se anuncia su gloriosa consumaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Jes\u00fas, pues, estuvo con los Ap\u00f3stoles como hab\u00eda prometido y les envi\u00f3 el Esp\u00edritu Consolador, para que los introdujera en la verdad completa (cf. <i>Jn<\/i>., 16,13).<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo VI: La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia<\/b><\/h2>\n<p><b><i>La Iglesia venera las Sagradas Escrituras<\/i><\/b><\/p>\n<p>21. la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Se\u00f1or, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradici\u00f3n, como la regla suprema de su fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Esp\u00edritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Es necesario, por consiguiente, que toda la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica, como la misma religi\u00f3n cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella. Porque en los sagrados libros el Padre que est\u00e1 en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual. Muy a prop\u00f3sito se aplican a la Sagrada Escritura estas palabras: \u00abPues la palabra de Dios es viva y eficaz\u00bb, \u00abque puede edificar y dar la herencia a todos los que han sido santificados\u00bb.<\/p>\n<p><i><b>Se recomiendan las traducciones bien cuidadas<\/b><\/i><\/p>\n<p>22. Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso ala Sagrada Escritura. Por ello la Iglesia ya desde sus principios, tom\u00f3 como suya la antiqu\u00edsima versi\u00f3n griega del Antiguo Testamento, llamada de los Setenta, y conserva siempre con honor otras traducciones orientales y latinas, sobre todo la que llaman Vulgata. Pero como la palabra de Dios debe estar siempre disponible, la Iglesia procura, con solicitud materna, que se redacten traducciones aptas y fieles en varias lenguas, sobre todo de los textos primitivos de los sagrados libros. Y si estas traducciones, oportunamente y con el benepl\u00e1cito de la Autoridad de la Iglesia, se llevan a cabo incluso con la colaboraci\u00f3n de los hermanos separados, podr\u00e1n usarse por todos los cristianos.<\/p>\n<p><b><i>Deber de los cat\u00f3licos doctos<\/i><\/b><\/p>\n<p>23. La esposa del Verbo Encarnado, es decir, la Iglesia, ense\u00f1ada por el Esp\u00edritu Santo, se esfuerza en acercarse, de d\u00eda en d\u00eda, a la m\u00e1s profunda inteligencia de las Sagradas Escrituras, para alimentar sin desfallecimiento a sus hijos con la divina ense\u00f1anzas; por lo cual fomenta tambi\u00e9n convenientemente el estudio de los Santos Padres, tanto del Oriente como del Occidente, y de las Sagradas Liturgias.<\/p>\n<p>Los exegetas cat\u00f3licos, y dem\u00e1s te\u00f3logos deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio, con los instrumentos oportunos, de forma que el mayor n\u00famero posible de ministros de la palabra puedan repartir fructuosamente al Pueblo de Dios el alimento de las Escrituras, que ilumine la mente, robustezca las voluntades y encienda los corazones de los hombres en el amor de Dios.<\/p>\n<p>El Sagrado Concilio anima a los hijos de la Iglesia dedicados a los estudios b\u00edblicos, para que la obra felizmente comenzada, renovando constantemente las fuerzas, la sigan realizando con todo celo, seg\u00fan el sentir de la Iglesia.<\/p>\n<p><b><i>Importancia de la Sagrada Escritura para la Teolog\u00eda<\/i><\/b><\/p>\n<p>24. La Sagrada Teolog\u00eda se apoya, como en cimientos perpetuos en la palabra escrita de Dios, al mismo tiempo que en la Sagrada Tradici\u00f3n, y con ella se robustece firmemente y se rejuvenece de continuo, investigando a la luz de la fe toda la verdad contenida en el misterio de Cristo. Las Sagradas Escrituras contienen la palabra de Dios y, por ser inspiradas, son en verdad la palabra de Dios; por consiguiente, el estudio de la Sagrada Escritura ha de ser como el alma de la Sagrada Teolog\u00eda. Tambi\u00e9n el ministerio de la palabra, esto es, la predicaci\u00f3n pastoral, la catequesis y toda instrucci\u00f3n cristiana, en que es preciso que ocupe un lugar importante la homil\u00eda lit\u00fargica, se nutre saludablemente y se vigoriza santamente con la misma palabra de la Escritura.<\/p>\n<p><b><i>Se recomienda la lectura asidua de la Sagrada Escritura<\/i><\/b><\/p>\n<p>25. Es necesario, pues, que todos los cl\u00e9rigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los dem\u00e1s que como los di\u00e1conos y catequistas se dedican leg\u00edtimamente al ministerio de la palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte \u00abpredicador vac\u00edo y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior\u00bb, puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina.<\/p>\n<p>De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan \u00abel sublime conocimiento de Jesucristo\u00bb, con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. \u00abPorque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo\u00bb. Ll\u00e9guense, pues, gustosamente, al mismo sagrado texto, ya por la Sagrada Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por instituciones aptas para ello, y por otros medios, que con la aprobaci\u00f3n o el cuidado de los Pastores de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. Pero no olviden que debe acompa\u00f1ar la oraci\u00f3n a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable di\u00e1logo entre Dios y el hombre; porque \u00aba El hablamos cuando oramos, y a El o\u00edmos cuando leemos las palabras divinas.<\/p>\n<p>Incumbe a los prelados, \u00aben quienes est\u00e1 la doctrina apost\u00f3lica, instruir oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente los libros sagrados, sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos, que est\u00e9n provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas Escrituras y se penetren de su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>H\u00e1ganse, adem\u00e1s, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas convenientes, para uso tambi\u00e9n de los no cristianos, y acomodadas a sus condiciones, y procuren los pastores de las almas y los cristianos de cualquier estado divulgarlas como puedan con toda habilidad.<\/p>\n<h2><b><i>Ep\u00edlogo<\/i><\/b><\/h2>\n<p>26. As\u00ed, pues, con la lectura y el estudio de los Libros Sagrados \u00abla palabra de Dios se difunda y resplandezca\u00bb y el tesoro de la revelaci\u00f3n, confiado a la Iglesia, llene m\u00e1s y m\u00e1s los corazones de los hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovaci\u00f3n constante del misterio Eucar\u00edstico, as\u00ed es de esperar un nuevo impulso de la vida espiritual de la acrecida veneraci\u00f3n de la palabra de Dios que \u00abpermanece para siempre\u00bb (<i>Is<\/i>., 40,8; cf. <i> 1 Pe<\/i>., 1,23-25).<\/p>\n<p>Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apost\u00f3lica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Esp\u00edritu Santo, y mandamos que lo as\u00ed decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p><i>Roma, en San Pedro, 18 de noviembre de 1965.<\/i><\/p>\n<p>Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a \u00abDei Verbum\u00bb Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz La Dei Verbum o Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica de la divina revelaci\u00f3n es otro de los documentos fundamentales del Concilio Vaticano II. 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