{"id":116286,"date":"2012-12-16T14:32:19","date_gmt":"2012-12-16T13:32:19","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=116286"},"modified":"2012-12-16T14:32:19","modified_gmt":"2012-12-16T13:32:19","slug":"apostolicam-actuositatem","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/apostolicam-actuositatem\/","title":{"rendered":"Apostolicam Actuositatem"},"content":{"rendered":"<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<h2>Comentario a \u00abApostolicam Actuositatem\u00bb<\/h2>\n<p><em>Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz<\/em><\/p>\n<p>Un Concilio que, como el Vaticano II, aspiraba renovar la vida de la Iglesia, no pod\u00eda dejar de dedicar una atenci\u00f3n especial al apostolado de los laicos, bautizados que compartimos con los dem\u00e1s hombres las condiciones ordinarias de la existencia<span id='easy-footnote-1-116286' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/apostolicam-actuositatem\/#easy-footnote-bottom-1-116286' title='El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, citando el C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico explica el significado de la palabra Laico: \u00abPor instituci\u00f3n divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan cl\u00e9rigos; los dem\u00e1s se llaman laicos\u00bb CEC 934'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. Y es que la evoluci\u00f3n general de la vida de la Iglesia y el desarrollo de diversas iniciativas apost\u00f3licas y espirituales surgidas en d\u00e9cadas anteriores al Concilio hab\u00edan evidenciado el valor cristiano de la condici\u00f3n y misi\u00f3n laicales.<\/p>\n<p>Nace de aqu\u00ed el decreto <i>Apostolicam Actuositatem,<\/i> promulgado el 18 de Noviembre de 1965 con 2340 placets de 2342 votantes para dar un espaldarazo definitivo al apostolado de los laicos, que es fuerza y motor de innumerables iniciativas dentro de la Iglesia, y que juega un importante papel para su futuro.<\/p>\n<p><b>Composici\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n est\u00e1 formada por un proemio, seis cap\u00edtulos y una exhortaci\u00f3n final a manera de conclusi\u00f3n. En el cap\u00edtulo 1 se aborda el tema de la vocaci\u00f3n de los laicos al apostolado y como se impone a todos los fieles cristianos la noble obligaci\u00f3n de trabajar para que el mensaje divino de la salvaci\u00f3n sea conocido y aceptado por todos los hombres en cualquier lugar de la tierra<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 2 es de particular importancia porque se detiene a analizar los fines que se pretenden lograr con el apostolado, y para ello nos recuerda la doctrina tradicional sobre el reinado social de Cristo en la tierra. Dice a este respecto el decreto:<\/p>\n<p><i>\u00abLa obra de la redenci\u00f3n de Cristo, que de suyo tiende a salvar a los hombres,<\/i> <b>comprende tambi\u00e9n la restauraci\u00f3n incluso de todo el orden temporal.<\/b> <i>Por tanto, la misi\u00f3n de la Iglesia no es s\u00f3lo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres,<\/i> <b>sino tambi\u00e9n el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el esp\u00edritu evang\u00e9lico.<\/b> <i>Por consiguiente, los laicos, siguiendo esta misi\u00f3n, ejercitan su apostolado tanto en el mundo como en la Iglesia, lo mismo en el orden espiritual que en el temporal: \u00f3rdenes que, por m\u00e1s que sean distintos, se compenetran de tal forma en el \u00fanico designio de Dios, que el mismo Dios tiende a reasumir, en Cristo, todo el mundo en la nueva creaci\u00f3n, incoactivamente en la tierra, plenamente en el \u00faltimo d\u00eda\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-2-116286' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/apostolicam-actuositatem\/#easy-footnote-bottom-2-116286' title='Apostolicam Actuositatem, 5'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>De esta manera el Concilio invita a los laicos a enfrentar los diversos problemas de la actualidad, junto con los errores grav\u00edsimos que se presenten, aclarando, defendiendo y aplicando convenientemente los principios cristianos. Esta restauraci\u00f3n del orden temporal que se refiere a los bienes de la vida y de la familia, la cultura, la econom\u00eda, las artes y profesiones, las instituciones de la comunidad pol\u00edtica, las relaciones internacionales, etc., la declara el Concilio por tanto una obligaci\u00f3n:<span id='easy-footnote-3-116286' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/apostolicam-actuositatem\/#easy-footnote-bottom-3-116286' title='Ibid., 7'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>\n<p><i>\u00abEs obligaci\u00f3n de toda la Iglesia el trabajar para que los hombres se vuelvan capaces de restablecer rectamente el orden de los bienes temporales y de ordenarlos hacia Dios por Jesucristo\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-4-116286' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/apostolicam-actuositatem\/#easy-footnote-bottom-4-116286' title='Ibid.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>\n<p>En el cap\u00edtulo 3 trata de los distintos campos en el apostolado laical, entre los cuales est\u00e1n principalmente las comunidades de la Iglesia, la familia, la juventud, el \u00e1mbito social, el orden nacional e internacional, etc. Resalta de manera especial la parroquia, por presentar un modelo clar\u00edsimo del apostolado comunitario y reducir a la unidad todas las diversidades humanas.<\/p>\n<p>Pero si el cap\u00edtulo anterior abordaba los campos del apostolado, el cap\u00edtulo 4 aborda sus diversas formas, tanto individual como comunitario, y cuyo prop\u00f3sito tambi\u00e9n puede ser muy variado, ya sea el de proponerse el fin general apost\u00f3lico de la Iglesia, buscar de un modo especial los fines de evangelizaci\u00f3n y de santificaci\u00f3n; el fin de lograr la inspiraci\u00f3n cristiana del orden social<span id='easy-footnote-5-116286' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/apostolicam-actuositatem\/#easy-footnote-bottom-5-116286' title='Lo que antes se mencion\u00f3 respecto al reinado social de Cristo en la tierra.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>; otras en cambio el de centrarse en dar testimonio de Cristo, especialmente por las obras de misericordia y de caridad.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 5 se aborda el orden que debe imperar en los distintos apostolados de la Iglesia, sus relaciones con la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica, as\u00ed como la ayuda que debe recibir de ella. Se aborda finalmente la cooperaci\u00f3n que debe haber con otros cristianos no cat\u00f3licos y con los no cristianos.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo 6 trata el importante tema de la formaci\u00f3n, comenzando por la necesidad de formaci\u00f3n para el apostolado, sus principios, a quien pertenece la tarea de formar a otros para el apostolado, su adaptaci\u00f3n a las distintas formas de apostolado y sus distintos medios de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como otros documentos del Concilio debe ser le\u00eddo teniendo como trasfondo la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica <i>Lumen Gentium<\/i> y cuanto en ella se afirma sobre la naturaleza y misi\u00f3n de la Iglesia, contemplando la Iglesia ante todo como Pueblo de Dios al que Cristo conf\u00eda la tarea de comunicar al mundo entero el mensaje de salvaci\u00f3n. Todo cristiano, en cuanto miembro del pueblo mesi\u00e1nico, participa de la com\u00fan dignidad de hijo de Dios y est\u00e1, en Cristo y por \u00e9l Esp\u00edritu Santo dotado de misi\u00f3n. Como resume el propio Decreto en la frase <i>\u00abhay en la Iglesia diversidad de ministerios, pero unidad de misi\u00f3n\u00bb.<\/i> Nadie es, en la Iglesia, sujeto o receptor meramente pasivo: todos y cada uno en su lugar de acuerdo con su vocaci\u00f3n espec\u00edfica, son y han de sentirse corresponsables.<\/p>\n<p><b>Continuidad del Magisterio Conciliar respecto a la Apostolicam Actuositatem<\/b><\/p>\n<p>Un importante documento en plena continuidad con la declaraci\u00f3n <i>Apostolicam Actuositatem<\/i> es la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <i>Christifideles laici<\/i> del Papa Juan Pablo II, cuya finalidad es tratar la vocaci\u00f3n y misi\u00f3n de los laicos a los veinte a\u00f1os del Concilio Vaticano II. Ambos documentos deben ser le\u00eddos conjuntamente.<\/p>\n<p>A manera de conclusi\u00f3n y de reflexi\u00f3n, la lectura de estos documentos nos da ocasi\u00f3n para preguntarnos si como cristianos bautizados hemos tomado conciencia de nuestro deber de servir a Dios en su Iglesia. \u00bfPodremos decir junto con San Pablo: <i>\u00abHe competido en la noble competici\u00f3n, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel D\u00eda me entregar\u00e1 el Se\u00f1or, el justo Juez; y no solamente a m\u00ed, sino tambi\u00e9n a todos los que hayan esperado con amor su Manifestaci\u00f3n\u00bb?<\/i>.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p style=\"text-align: center\">DECRETO<br \/>\n<b><i>APOSTOLICAM ACTUOSITATEM<br \/>\n<\/i><\/b>SOBRE EL APOSTOLADO DE LOS LAICOS<\/p>\n<h2><b>Proemio<\/b><\/h2>\n<p>1. Queriendo intensificar m\u00e1s la actividad apost\u00f3lica del Pueblo de Dios, el Santo Concilio se dirige sol\u00edcitamente a los cristianos seglares, cuyo papel propio y enteramente necesario en la misi\u00f3n de la Iglesia ya ha mencionado en otros lugares. Porque el apostolado de los laicos, que surge de su misma vocaci\u00f3n cristiana nunca puede faltar en la Iglesia.<\/p>\n<p>Cu\u00e1n espont\u00e1nea y cu\u00e1n fructuosa fuera esta actividad en los or\u00edgenes de la Iglesia lo demuestran abundantemente las mismas Sagradas Escrituras (Cf. <i>Act<\/i>., 11,19-21; 18,26; <i>Rom<\/i>., 16,1-16; <i>Fil<\/i>., 4,3).<\/p>\n<p>Nuestros tiempos no exigen menos celo en los laicos, sino que, por el contrario, las circunstancias actuales les piden un apostolado mucho m\u00e1s intenso y m\u00e1s amplio. Porque el n\u00famero de los hombres, que aumenta de d\u00eda en d\u00eda, el progreso de las ciencias y de la t\u00e9cnica, las relaciones m\u00e1s estrechas entre los hombres no s\u00f3lo han extendido hasta lo infinito los campos inmensos del apostolado de los laicos, en parte abiertos solamente a ellos, sino que tambi\u00e9n han suscitado nuevos problemas que exigen su cuidado y preocupaci\u00f3n diligente.<\/p>\n<p>Y este apostolado se hace m\u00e1s urgente porque ha crecido much\u00edsimo, como es justo, la autonom\u00eda de muchos sectores de la vida humana, y a veces con cierta separaci\u00f3n del orden \u00e9tico y religioso y con gran peligro de la vida cristiana. Adem\u00e1s, en muchas regiones, en que los sacerdotes son muy escasos, o, como sucede con frecuencia, se ven privados de libertad en su ministerio, sin la ayuda de los laicos, la Iglesia a duras penas podr\u00eda estar presente y trabajar.<\/p>\n<p>Prueba de esta m\u00faltiple y urgente necesidad, y respuesta feliz al mismo tiempo, es la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que impele hoy a los laicos m\u00e1s y m\u00e1s conscientes de su responsabilidad, y los inclina en todas partes al servicio de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n<p>El Concilio en este decreto se propone explicar la naturaleza, el car\u00e1cter y la variedad del apostolado seglar, exponer los principios fundamentales y dar las instrucciones pastorales para su mayor eficacia; todo lo cual ha de tenerse como norma en la revisi\u00f3n del derecho can\u00f3nico, en cuanto se refiere el apostolado seglar.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo I: Vocaci\u00f3n de los laicos al apostolado<\/b><\/h2>\n<h3><b><i>Participaci\u00f3n de los laicos en la misi\u00f3n de la Iglesia<\/i><\/b><\/h3>\n<p>2. La Iglesia ha nacido con el fin de que, por la propagaci\u00f3n del Reino de Cristo en toda la tierra, para gloria de Dios Padre, todos los hombres sean part\u00edcipes de la redenci\u00f3n salvadora, y por su medio se ordene realmente todo el mundo hacia Cristo. Toda la actividad del Cuerpo M\u00edstico, dirigida a este fin, se llama apostolado, que ejerce la Iglesia por todos sus miembros y de diversas maneras; porque la vocaci\u00f3n cristiana, por su misma naturaleza, es tambi\u00e9n vocaci\u00f3n al apostolado. Como en la complexi\u00f3n de un cuerpo vivo ning\u00fan miembro se comporta de una forma meramente pasiva, sino que participa tambi\u00e9n en la actividad y en la vida del cuerpo, as\u00ed en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, \u00abtodo el cuerpo crece seg\u00fan la operaci\u00f3n propia, de cada uno de sus miembros\u00bb (<i>Ef<\/i>., 4,16).Y por cierto, es tanta la conexi\u00f3n y trabaz\u00f3n de los miembros en este Cuerpo (Cf. <i>Ef<\/i>., 4,16), que el miembro que no contribuye seg\u00fan su propia capacidad al aumento del cuerpo debe reputarse como in\u00fatil para la Iglesia y para s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>En la Iglesia hay variedad de ministerios, pero unidad de misi\u00f3n. A los Ap\u00f3stoles y a sus sucesores les confiri\u00f3 Cristo el encargo de ense\u00f1ar, de santificar y de regir en su mismo nombre y autoridad. Mas tambi\u00e9n los laicos hechos part\u00edcipes del ministerio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo, cumplen su cometido en la misi\u00f3n de todo el pueblo de Dios en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>En realidad, ejercen el apostolado con su trabajo para la evangelizaci\u00f3n y santificaci\u00f3n de los hombres, y para la funci\u00f3n y el desempe\u00f1o de los negocios temporales, llevado a cabo con esp\u00edritu evang\u00e9lico de forma que su laboriosidad en este aspecto sea un claro testimonio de Cristo y sirva para la salvaci\u00f3n de los hombres. Pero siendo propio del estado de los laicos el vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, ellos son llamados por Dios para que, fervientes en el esp\u00edritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento.<\/p>\n<h3><i><b>Fundamento del apostolado seglar<\/b><\/i><\/h3>\n<p>3. Los cristianos seglares obtienen el derecho y la obligaci\u00f3n del apostolado por su uni\u00f3n con Cristo Cabeza. Ya que insertos en el bautismo en el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, robustecidos por la Confirmaci\u00f3n en la fortaleza del Esp\u00edritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Se\u00f1or. Son consagrados como sacerdocio real y gente santa (Cf. <i>1 Pe.<\/i>, 2,4-10) para ofrecer hostias espirituales por medio de todas sus obras, y para dar testimonio de Cristo en todas las partes del mundo. La caridad, que es como el alma de todo apostolado, se comunica y mantiene con los Sacramentos, sobre todo de la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>El apostolado se ejerce en la fe, en la esperanza y en la caridad, que derrama el Esp\u00edritu Santo en los corazones de todos los miembros de la Iglesia. M\u00e1s a\u00fan, el precepto de la caridad, que es el m\u00e1ximo mandamiento del Se\u00f1or, urge a todos los cristianos a procurar la gloria de Dios por el advenimiento de su reino, y la vida eterna para todos los hombres: que conozcan al \u00fanico Dios verdadero y a su enviado Jesucristo (Cf. <i>Jn<\/i>., 17,3).<\/p>\n<p>Por consiguiente, se impone a todos los fieles cristianos la noble obligaci\u00f3n de trabajar para que el mensaje divino de la salvaci\u00f3n sea conocido y aceptado por todos los hombres de cualquier lugar de la tierra.<\/p>\n<p>Para ejercer este apostolado, el Esp\u00edritu Santo, que produce la santificaci\u00f3n del pueblo de Dios por el ministerio y por los Sacramentos, concede tambi\u00e9n dones peculiares a los fieles (Cf. <i>1 Cor.<\/i>, 12,7) \u00abdistribuy\u00e9ndolos a cada uno seg\u00fan quiere\u00bb (<i>1 Cor<\/i>., 12,11), para que \u00abcada uno, seg\u00fan la gracia recibida, poni\u00e9ndola al servicio de los otros\u00bb, sean tambi\u00e9n ellos \u00abadministradores de la multiforme gracia de Dios\u00bb (<i>1 Pe.<\/i>, 4,10), para edificaci\u00f3n de todo el cuerpo en la caridad (Cf. <i>Ef<\/i>., 4,16).<\/p>\n<p>De la recepci\u00f3n de estos carismas, incluso de los m\u00e1s sencillos, procede a cada uno de los creyentes el derecho y la obligaci\u00f3n de ejercitarlos para bien de los hombres y edificaci\u00f3n de la Iglesia, ya en la Iglesia misma., ya en el mundo, en la libertad del Esp\u00edritu Santo, que \u00absopla donde quiere\u00bb (Jn., 3,8), y, al mismo tiempo, en uni\u00f3n con los hermanos en Cristo, sobre todo con sus pastores, a quienes pertenece el juzgar su genuina naturaleza y su debida aplicaci\u00f3n, no por cierto para que apaguen el Esp\u00edritu, sino con el fin de que todo lo prueben y retengan lo que es bueno (Cf. <i> 1 Tes.<\/i>, 5,12; 19,21).<\/p>\n<h3><b><i>La espiritualidad seglar en orden al apostolado<\/i><\/b><\/h3>\n<p>4. Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen de todo el apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado seglar depende de su uni\u00f3n vital con Cristo, porque dice el Se\u00f1or: \u00abEl que permanece en m\u00ed y yo en \u00e9l, \u00e9se da mucho fruto, porque sin m\u00ed nada pod\u00e9is hacer\u00bb (<i>Jn<\/i>. 15,4-5). Esta vida de uni\u00f3n \u00edntima con Cristo en la Iglesia se nutre de auxilios espirituales, que son comunes a todos los fieles, sobre todo por la participaci\u00f3n activa en la Sagrada Liturgia, de tal forma los han de utilizar los fieles que, mientras cumplen debidamente las obligaciones del mundo en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen la uni\u00f3n con Cristo de las actividades de su vida, sino que han de crecer en ella cumpliendo su deber seg\u00fan la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Es preciso que los seglares avancen en la santidad decididos y animosos por este camino, esforz\u00e1ndose en superar las dificultades con prudencia y paciencia. Nada en su vida debe ser ajeno a la orientaci\u00f3n espiritual, ni las preocupaciones familiares, ni otros negocios temporales, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol: \u00abTodo cuanto hac\u00e9is de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas, dando gracias a Dios Padre por El\u00bb (<i>Col<\/i>., 3,17).<\/p>\n<p>Pero una vida as\u00ed exige un ejercicio continuo de fe, esperanza y caridad.<\/p>\n<p>Solamente con la luz de la fe y la meditaci\u00f3n de su palabra divina puede uno conocer siempre y en todo lugar a Dios, \u00aben quien vivimos, nos movemos y existimos\u00bb (<i>Act<\/i>., 17,28), buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres, sean deudos o extra\u00f1os, y juzgar rectamente sobre el sentido y el valor de las cosas materiales en s\u00ed mismas y en consideraci\u00f3n al fin del hombre.<\/p>\n<p>Los que poseen esta fe viven en la esperanza de la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios, acord\u00e1ndose de la cruz y de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Escondidos con Cristo en Dios, durante la peregrinaci\u00f3n de esta vida, y libres de la servidumbre de las riquezas, mientras se dirigen a los bienes imperecederos, se entregan gustosamente y por entero a la expansi\u00f3n del reino de Dios y a informar y perfeccionar el orden de las cosas temporales con el esp\u00edritu cristiano. En medio de las adversidades de este vida hallan la fortaleza de la esperanza, pensando que \u00ablos padecimientos del tiempo presente no son nada en comparaci\u00f3n con la gloria que ha de manifestarse en nosotros\u00bb (<i>Rom<\/i>., 8,18).<\/p>\n<p>Impulsados por la caridad que procede de Dios hacen el bien a todos, pero especialmente a los hermanos en la fe (Cf. <i>G\u00e1l<\/i>., 6,10), despoj\u00e1ndose \u00abde toda maldad y de todo enga\u00f1o, de hipocres\u00edas, envidias y maledicencias\u00bb (<i>1 Pe<\/i>., 2,1), atrayendo de esta forma los hombres a Cristo. Mas la caridad de Dios que \u00abse ha derramado en nuestros corazones por virtud del Esp\u00edritu Santo, que nos ha sido dado\u00bb (<i>Rom<\/i>., 5,5) hace a los seglares capaces de expresar realmente en su vida el esp\u00edritu de las Bienaventuranzas. Siguiendo a Cristo pobre, ni se abaten por la escasez ni se ensoberbece por la abundancia de los bienes temporales; imitando a Cristo humilde, no ambicionan la gloria vana (Cf. <i>G\u00e1l<\/i>., 5,26) sino que procuran agradar a Dios antes que a los hombres, preparados siempre a dejarlo todo por Cristo (Cf. <i>Lc<\/i>., 14,26), a padecer persecuci\u00f3n por la justicia (Cf. <i>Mt<\/i>., 5,10), recordando las palabras del Se\u00f1or: \u00abSi alguien quiere venir en pos de m\u00ed, ni\u00e9guese a s\u00ed mismo, tome su cruz y s\u00edgame\u00bb (<i>Mt<\/i>., 16,24). Cultivando entre s\u00ed la amistad cristiana, se ayudan mutuamente en cualquier necesidad.<\/p>\n<p>La espiritualidad de los laicos debe tomar su nota caracter\u00edstica del estado de matrimonio y de familia, de solter\u00eda o de viudez, de la condici\u00f3n de enfermedad, de la actividad profesional y social. No descuiden, pues, el cultivo asiduo de las cualidades y dotes convenientes para ello que se les ha dado y el uso de los propios dones recibidos del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los laicos que, siguiendo su vocaci\u00f3n, se han inscrito en alguna de las asociaciones o institutos aprobados por la Iglesia, han de esforzarse al mismo tiempo en asimilar fielmente la caracter\u00edstica peculiar de la vida espiritual que les es propia. Aprecien tambi\u00e9n como es debido la pericia profesional, el sentimiento familiar y c\u00edvico y esas virtudes que exigen las costumbres sociales, como la honradez, el esp\u00edritu de justicia, la sinceridad, la delicadeza, la fortaleza de alma, sin las que no puede darse verdadera vida cristiana.<\/p>\n<p>El modelo perfecto de esa vida espiritual y apost\u00f3lica es la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Reina de los Ap\u00f3stoles, la cual, mientras llevaba en este mundo una vida igual que la de los dem\u00e1s, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida con su Hijo, cooper\u00f3 de un modo singular\u00edsimo a la obra del Salvador; m\u00e1s ahora, asunta el cielo, \u00abcuida con amor maternal de los hermanos de su Hijo, que peregrinan todav\u00eda y se debaten entre peligros y angustias, hasta que sean conducidos a la patria feliz\u00bb. H\u00f3nrenla todos devot\u00edsimamente y encomienden su vida y apostolado a su solicitud de Madre.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo II: Fines que hay que lograr<\/b><\/h2>\n<h3><i><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/i><\/h3>\n<p>5. La obra de la redenci\u00f3n de Cristo, que de suyo tiende a salvar a los hombres, comprende tambi\u00e9n la restauraci\u00f3n incluso de todo el orden temporal. Por tanto, la misi\u00f3n de la Iglesia no es s\u00f3lo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino tambi\u00e9n el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el esp\u00edritu evang\u00e9lico. Por consiguiente, los laicos, siguiendo esta misi\u00f3n, ejercitan su apostolado tanto en el mundo como en la Iglesia, lo mismo en el orden espiritual que en el temporal: \u00f3rdenes que, por m\u00e1s que sean distintos, se compenetran de tal forma en el \u00fanico designio de Dios, que el mismo Dios tiende a reasumir, en Cristo, todo el mundo en la nueva creaci\u00f3n, incoactivamente en la tierra, plenamente en el \u00faltimo d\u00eda. El laico, que es a un tiempo fiel y ciudadano, debe comportarse siempre en ambos \u00f3rdenes con una conciencia cristiana.<\/p>\n<h3><i><b>El apostolado de la evangelizaci\u00f3n y santificaci\u00f3n de los hombres<\/b><\/i><\/h3>\n<p>6. La misi\u00f3n de la Iglesia tiende a la santificaci\u00f3n de los hombres, que hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. El apostolado, pues, de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena, ante todo, al mensaje de Cristo, que hay que revelar al mundo con las palabras y con las obras, y a comunicar su gracia.<\/p>\n<p>Esto se realiza principalmente por el ministerio de la palabra y de los Sacramentos, encomendado especialmente al clero, en el que los laicos tienen que desempe\u00f1ar tambi\u00e9n un papel importante, para ser \u00abcooperadores de la verdad\u00bb incoactivamente aqu\u00ed en la tierra, plenamente en el cielo(<i>3 Jn<\/i>., 8). En este orden sobre todo se completan mutuamente el apostolado de los laicos y el ministerio pastoral. A los laicos se les presentan innumerables ocasiones para el ejercicio del apostolado de la evangelizaci\u00f3n y de la santificaci\u00f3n. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas, realizadas con esp\u00edritu sobrenatural, tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios, pues dice el Se\u00f1or: \u00abAs\u00ed ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que viendo vuestras buenas obras glorifiquen a vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (<i>Mt<\/i>., 5,16).<\/p>\n<p>Pero este apostolado no consiste s\u00f3lo en el testimonio de la vida: el verdadero ap\u00f3stol busca las ocasiones de anunciar a Cristo con la palabra, ya a los no creyentes para llevarlos a la fe; ya a los fieles para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a una vida m\u00e1s fervorosa: \u00abla caridad de Cristo nos urge\u00bb (<i>2 Cor.<\/i>, 5,14), y en el coraz\u00f3n de todos deben resonar aquellas palabras del Ap\u00f3stol: \u00ab\u00a1Ay de m\u00ed si no evangelizare\u00bb! (<i>1 Cor<\/i>., 9,16).<\/p>\n<p>Mas como en nuestros tiempos surgen nuevos problemas, y se multiplican los errores grav\u00edsimos que pretenden destruir desde sus cimientos todo el orden moral y la misma sociedad humana, este Sagrado Concilio exhorta cordial\u00edsimamente a los laicos, a cada uno seg\u00fan las dotes de su ingenio y seg\u00fan su saber, a que suplan diligentemente su cometido, conforme a la mente de la Iglesia, aclarando los principios cristianos, defendi\u00e9ndolos y aplic\u00e1ndolos convenientemente a los problemas actuales.<\/p>\n<h3><i><b>Instauraci\u00f3n cristiana del orden temporal<\/b><\/i><\/h3>\n<p>7. Este en el plan de Dios sobre el mundo, que los hombres restauren concordemente el orden de las cosas temporales y lo perfeccionen sin cesar.<\/p>\n<p>Todo lo que constituye el orden temporal, a saber, los bienes de la vida y de la familia, la cultura, la econom\u00eda, las artes y profesiones, las instituciones de la comunidad pol\u00edtica, las relaciones internacionales, y otras cosas semejantes, y su evoluci\u00f3n y progreso, no solamente son subsidios para el \u00faltimo fin del hombre, sino que tienen un valor propio, que Dios les ha dado, considerados en s\u00ed mismos, o como partes del orden temporal: \u00abY vio Dios todo lo que hab\u00eda hecho y era muy bueno\u00bb (<i>G\u00e9n<\/i>., 1,31). Esta bondad natural de las cosas recibe una cierta dignidad especial de su relaci\u00f3n con la persona humana, para cuyo servicio fueron creadas.<\/p>\n<p>Plugo, por fin, a Dios el aunar todas las cosas, tanto naturales, como sobrenaturales, en Cristo Jes\u00fas \u00abpara que tenga El la primac\u00eda sobre todas las cosas\u00bb (<i>Col<\/i>., 1,18). No obstante, este destino no s\u00f3lo no priva al orden temporal de su autonom\u00eda, de sus propios fines, leyes, ayudas e importancia para el bien de los hombres, sino que m\u00e1s bien lo perfecciona en su valor e importancia propia y, al mismo tiempo, lo equipara a la integra vocaci\u00f3n del hombre sobre la tierra.<\/p>\n<p>En el decurso de la historia, el uso de los bienes temporales ha sido desfigurado con graves defectos, porque los hombres, afectados por el pecado original, cayeron frecuentemente en muchos errores acerca del verdadero Dios, de la naturaleza, del hombre y de los principios de la ley moral, de donde se sigui\u00f3 la corrupci\u00f3n de las costumbres e instituciones humanas y la no rara conculcaci\u00f3n de la persona del hombre. Incluso en nuestros d\u00edas, no pocos, confiando m\u00e1s de lo debido, en los progresos de las ciencias naturales y de la t\u00e9cnica, caen como en una idolatr\u00eda de los bienes materiales, haci\u00e9ndose m\u00e1s bien siervos que se\u00f1ores de ellos.<\/p>\n<p>Es obligaci\u00f3n de toda la Iglesia el trabajar para que los hombres se vuelvan capaces de restablecer rectamente el orden de los bienes temporales y de ordenarlos hacia Dios por Jesucristo. A los pastores ata\u00f1e el manifestar claramente los principios sobre el fin de la creaci\u00f3n y el uso del mundo, y prestar los auxilios morales y espirituales para instaurar en Cristo el orden de las cosas temporales.<\/p>\n<p>Es preciso, con todo, que los laicos tomen como obligaci\u00f3n suya la restauraci\u00f3n del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden; que cooperen unos ciudadanos con otros, con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios. Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando \u00edntegramente sus propias leyes, est\u00e9 conforme con los \u00faltimos principios de la vida cristiana, adapt\u00e1ndose a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos. Entre las obras de este apostolado sobresale la acci\u00f3n social de los cristianos, que desea el Santo Concilio se extienda hoy a todo el \u00e1mbito temporal, incluso a la cultura.<\/p>\n<h3><i><b>La acci\u00f3n caritativa como distintivo del apostolado cristiano<\/b><\/i><\/h3>\n<p>8. Si bien todo el ejercicio del apostolado debe proceder y recibir su fuerza de la caridad, algunas obras, por su propia naturaleza, son aptas para convertirse en expresi\u00f3n viva de la misma caridad, que quiso Cristo Se\u00f1or fuera prueba de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica (Cf. <i>Mt<\/i>., 11,4-5).<\/p>\n<p>El mandamiento supremo en la ley es amar a Dios de todo coraz\u00f3n y al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo (Cf. <i>Mt<\/i>., 22,27-40). Ahora bien, Cristo hizo suyo este mandamiento de caridad para con el pr\u00f3jimo y lo enriqueci\u00f3 con un nuevo sentido, al querer hacerse El un mismo objeto de la caridad con los hermanos, diciendo: \u00abCuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a m\u00ed me lo hicisteis\u00bb (<i>Mt<\/i>., 25,40). El, pues, tomando la naturaleza humana, se asoci\u00f3 familiarmente todo el g\u00e9nero humano, con una cierta solidaridad sobrenatural, y constituy\u00f3 la caridad como distintivo de sus disc\u00edpulos con estas palabras: \u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00edpulos, si ten\u00e9is caridad unos con otros (<i>Jn<\/i>., 13,35).<\/p>\n<p>Como la santa Iglesia en sus principios, reuniendo el \u00e1gape de la Cena Eucar\u00edstica, se manifestaba toda unida en torno de Cristo por el v\u00ednculo de la caridad, as\u00ed en todo tiempo se reconoce siempre por este distintivo de amor, y al paso que se goza con las empresas de otros, reivindica las obras de caridad como deber y derecho suyo, que no puede enajenar. Por lo cual la misericordia para con los necesitados y enfermos, y las llamadas obras de caridad y de ayuda mutua para aliviar todas las necesidades humanas son consideradas por la Iglesia con un singular honor.<\/p>\n<p>Estas actividades y estas obras se han hecho hoy mucho m\u00e1s urgentes y universales, porque los medios de comunicaci\u00f3n son m\u00e1s expeditos, porque se han acortado las distancias entre los hombre y porque los habitantes de todo el mundo vienen a ser como los miembros de una familia. La acci\u00f3n caritativa puede y debe llegar hoy a todos los hombres y a todas las necesidades. Donde haya hombres que carecen de comida y bebida, de vestidos, de hogar, de medicinas, de trabajo, de instrucci\u00f3n, de los medios necesarios para llevar una vida verdaderamente humana, que se ven afligidos por las calamidades o por la falta de salud, que sufren en el destierro o en la c\u00e1rcel, all\u00ed debe buscarlos y encontrarlos la caridad cristiana, consolarlos con cuidado diligente y ayudarlos con la prestaci\u00f3n de auxilios. Esta obligaci\u00f3n se impone, ante todo, a los hombres y a los pueblos que viven en la prosperidad.<\/p>\n<p>Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente extraordinario y aparezca como tal, es necesario que se vea en el pr\u00f3jimo la imagen de Dios seg\u00fan la cual ha sido creado, y a Cristo Se\u00f1or a quien en realidad se ofrece lo que se da al necesitado; se considere como la m\u00e1xima delicadeza la libertad y dignidad de la persona que recibe el auxilio; que no se manche la pureza de intenci\u00f3n con ning\u00fan inter\u00e9s de la propia utilidad o por el deseo de dominar; se satisfaga ante todo a las exigencias de la justicia, y no se brinde como ofrenda de caridad lo que ya se debe por t\u00edtulo de justicia; se quiten las causas de los males, no s\u00f3lo los defectos, y se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciben se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Aprecien, por consiguiente, en mucho los laicos y ayuden en la medida de sus posibilidades las obras de caridad y las organizaciones de asistencia social, sean privadas o p\u00fablicas, o incluso internacionales, por las que se hace llegar a todos los hombres y pueblos necesitados un auxilio eficaz, cooperando en esto con todos los hombres de buena voluntad.<\/p>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo III: Varios campos de apostolado<\/strong><\/h2>\n<h3><i><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/i><\/h3>\n<p>9. Los laicos ejercen un apostolado m\u00faltiple, tanto en la Iglesia como en el mundo. En ambos \u00f3rdenes se abren varios campos de actividad apost\u00f3lica, de los que queremos recordar aqu\u00ed los principales, que son: las comunidades de la Iglesia, la familia, la juventud, el \u00e1mbito social, el orden nacional e internacional. Como en nuestros tiempos participan las mujeres cada vez m\u00e1s activamente en toda la vida social, es de sumo inter\u00e9s su mayor participaci\u00f3n tambi\u00e9n en los campos del apostolado de la Iglesia. Las comunidades de la Iglesia<\/p>\n<p>10. Los laicos tienen su papel activo en la vida y en la acci\u00f3n de la Iglesia, como part\u00edcipes que son del oficio de Cristo Sacerdote, profeta y rey. Su acci\u00f3n dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria que sin ella el mismo apostolado de los pastores muchas veces no puede conseguir plenamente su efecto.<\/p>\n<p>Pues los laicos de verdadero esp\u00edritu apost\u00f3lico, a la manera de aquellos hombre y mujeres que ayudaban a Pablo en el Evangelio (Cf. <i>Act<\/i>., 18,18-26; <i>Rom<\/i>., 16,3), suplen lo que falta a sus hermanos y reaniman el esp\u00edritu tanto de los pastores como del resto del pueblo fiel (Cf. <i>1 Cor.<\/i>, 16,17-18).<\/p>\n<p>Porque nutridos ellos mismos con la participaci\u00f3n activa en la vida lit\u00fargica de su comunidad, cumplen sol\u00edcitamente su cometido en las obras apost\u00f3licas de la misma; conducen hacia la Iglesia a los que quiz\u00e1 andaban alejados; cooperan resueltamente en la comunicaci\u00f3n de la palabra de Dios, sobre todo con la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica; con la ayuda de su pericia hacen m\u00e1s eficaz el cuidado de las almas e incluso la administraci\u00f3n de los bienes de la Iglesia.<\/p>\n<p>La parroquia presenta el modelo clar\u00edsimo del apostolado comunitario, reduciendo a la unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentran e insert\u00e1ndolas en la Iglesia universal. Acost\u00fambrense los laicos a trabajar en la parroquia \u00edntimamente unidos a sus sacerdotes; a presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y los del mundo, los asuntos que se refieren a la salvaci\u00f3n de los hombres, para examinarlos y solucionarlos por medio de una discusi\u00f3n racional; y a ayudar seg\u00fan sus fuerzas a toda empresa apost\u00f3lica y misionera de su familia eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Cultiven sin cesar el sentido de di\u00f3cesis, de la que la parroquia es como una c\u00e9lula, siempre prontos a aplicar tambi\u00e9n sus esfuerzos en las obras diocesanas a la invitaci\u00f3n de su Pastor. M\u00e1s a\u00fan, para responder a las necesidades de las ciudades y de los sectores rurales, no limiten su cooperaci\u00f3n dentro de los l\u00edmites de la parroquia o de la di\u00f3cesis, procuren m\u00e1s bien extenderla a campos interparroquiales, interdiocesanos, nacionales o internacionales, sobre todo porque, aumentando cada vez m\u00e1s la emigraci\u00f3n de los pueblos, en el incremento de las relaciones mutuas y la facilidad de las comunicaciones, no permiten que est\u00e9 encerrada en s\u00ed misma ninguna parte de la sociedad. Por tanto, vivan preocupados por las necesidades del pueblo de Dios, disperso en toda la tierra. Hagan sobre todo labor misionera, prestando auxilios materiales e incluso personales, puesto que es obligaci\u00f3n honrosa de los cristianos devolver a Dios parte de los bienes que de El reciben.<\/p>\n<h3><b><i>La familia<\/i><\/b><\/h3>\n<p>11. Habiendo establecido el Creador del mundo la sociedad conyugal como principio y fundamento de la sociedad humana, convirti\u00e9ndola por su gracia en sacramento grande&#8230; en Cristo y en la Iglesia (Cf. <i>Ef<\/i>., 5,32), el apostolado de los c\u00f3nyuges y de las familias tiene una importancia trascendental tanto para la Iglesia como para la sociedad civil.<\/p>\n<p>Los c\u00f3nyuges cristianos son mutuamente para s\u00ed, para sus hijos y dem\u00e1s familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Ellos son para sus hijos los primeros predicadores de la fe y los primeros educadores; los forman con su palabra y con su ejemplo para la vida cristiana y apost\u00f3lica, los ayudan con mucha prudencia en la elecci\u00f3n de su vocaci\u00f3n y cultivan con todo esmero la vocaci\u00f3n sagrada que quiz\u00e1 han descubierto en ellos.<\/p>\n<p>Siempre fue deber de los c\u00f3nyuges y constituye hoy parte principal\u00edsima de su apostolado, manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y la santidad del v\u00ednculo matrimonial; afirmar abiertamente el derecho y la obligaci\u00f3n de educar cristianamente la prole, propio de los padres y tutores; defender la dignidad y leg\u00edtima autonom\u00eda de la familia. Cooperen, por tanto, ellos y los dem\u00e1s cristianos con los hombres de buena voluntad a que se conserven inc\u00f3lumes estos derechos en la legislaci\u00f3n civil; que en el gobierno de la sociedad se tengan en cuenta las necesidades familiares en cuanto se refiere a la habitaci\u00f3n, educaci\u00f3n de los ni\u00f1os, condici\u00f3n de trabajo, seguridad social y tributos; que se ponga enteramente a salvo la convivencia dom\u00e9stica en la organizaci\u00f3n de emigraciones.<\/p>\n<p>Esta misi\u00f3n la ha recibido de Dios la familia misma para que sea la c\u00e9lula primera y vital de la sociedad. Cumplir\u00e1 esta misi\u00f3n si, por la piedad mutua de sus miembros y la oraci\u00f3n dirigida a Dios en com\u00fan, se presenta como un santuario dom\u00e9stico de la Iglesia; si la familia entera toma parte en el culto lit\u00fargico de la Iglesia; si, por fin, la familia practica activamente la hospitalidad, promueve la justicia y dem\u00e1s obras buenas al servicio de todos los hermanos que padezcan necesidad. Entre las varias obras de apostolado familiar pueden recordarse las siguientes: adoptar como hijos a ni\u00f1os abandonados, recibir con gusto a los forasteros, prestar ayuda en el r\u00e9gimen de las escuelas, ayudar a los j\u00f3venes con su consejo y medios econ\u00f3micos, ayudar a los novios a prepararse mejor para el matrimonio, prestar ayuda a la catequesis, sostener a los c\u00f3nyuges y familias que est\u00e1n en peligro material o moral, proveer a los ancianos no s\u00f3lo de los indispensable, sino procurarles los medios justos del progreso econ\u00f3mico. Siempre y en todas partes, pero de una manera especial en las regiones en que se esparcen las primeras semillas del Evangelio, o la Iglesia est\u00e1 en sus principios, o se halla en alg\u00fan peligro grave, las familias cristianas dan al mundo el testimonio precios\u00edsimo de Cristo conformando toda su vida al Evangelio y dando ejemplo del matrimonio cristiano.<\/p>\n<p>Para lograr m\u00e1s f\u00e1cilmente los fines de su apostolado puede ser conveniente que las familias se re\u00fanan por grupos.<\/p>\n<h3><i><b>Los j\u00f3venes<\/b><\/i><\/h3>\n<p>12. Los j\u00f3venes ejercen en la sociedad moderna un influjo de gran inter\u00e9s. Las circunstancias de su vida, el modo de pensar e incluso las mismas relaciones con la propia familia han cambiado mucho. Muchas veces pasan demasiado r\u00e1pidamente a una nueva condici\u00f3n social y econ\u00f3mica. Pero el paso que aumenta de d\u00eda en d\u00eda su influjo social, e incluso pol\u00edtico, se ven como incapacitados para sobrellevar convenientemente esas nuevas cargas.<\/p>\n<p>Este su influjo, acrecentado en la sociedad, exige de ellos una actividad apost\u00f3lica semejante, pero su misma \u00edndole natural los dispone a ella. Madurando la conciencia de la propia personalidad, impulsados por el ardor de su vida y por su energ\u00eda sobreabundante, asumen la propia responsabilidad y desean tomar parte en la vida social y cultural: celo, que si est\u00e1 lleno del esp\u00edritu de Cristo, y se ve animado por la obediencia y el amor hac\u00eda los pastores de la Iglesia, permite esperar frutos abundantes. (Ellos deben convertirse en los primeros e inmediatos ap\u00f3stoles, de los j\u00f3venes, ejerciendo el apostolado entre s\u00ed, teniendo en consideraci\u00f3n el medio social en que viven).<\/p>\n<p>Procuren los adultos entablar di\u00e1logo amigable con los j\u00f3venes, que permita a unos y a otros, superada la distancia de edad, conocerse mutuamente y comunicarse entre s\u00ed lo bueno que cada uno tiene. Los adultos estimulen hacia el apostolado a la juventud, sobre todo en el ejemplo, y cuando haya oportunidad, con consejos prudentes y auxilios eficaces. Los j\u00f3venes, por su parte, ll\u00e9nense de respeto y de confianza para con los adultos, y aunque, naturalmente, se sientan inclinados hacia las novedades, aprecien sin embargo como es debido las loables tradiciones.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los ni\u00f1os tienen su actividad apost\u00f3lica. Seg\u00fan su capacidad, son testigos vivientes de Cristo entre sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<h3><i><b>El medio social<\/b><\/i><\/h3>\n<p>13. El apostolado en el medio social, es decir, el esfuerzo por llenar de esp\u00edritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes, y las estructuras de la comunidad en que uno vive, hasta tal punto es deber y carga de los laicos, que nunca lo pueden realizar convenientemente otros. En este campo, los laicos pueden ejercer perfectamente el apostolado de igual a igual. En \u00e9l cumplen el testimonio de la vida por el testimonio de la palabra. En el campo del trabajo, o de la profesi\u00f3n, o del estudio, o de la vivienda, o del descanso, o de la convivencia son muy aptos los laicos para ayudar a los hermanos.<\/p>\n<p>Los laicos cumplen esta misi\u00f3n de la Iglesia en el mundo, ante todo, por aquella coherencia de la vida con la fe por la que se convierten en la luz del mundo; por su honradez en cualquier negocio, que atrae a todos hacia el amor de la verdad y del bien, y por fin a Cristo y a la Iglesia; por la caridad fraterna, por la que participan de las condiciones de la vida de los trabajos y de los sufrimientos y aspiraciones de los hermanos, y disponen insensiblemente los corazones de todos hacia la operaci\u00f3n de la gracia salvadora; con la plena conciencia de su papel en la edificaci\u00f3n de la sociedad, por la que se esfuerzan en saturar sus preocupaciones dom\u00e9sticas, sociales y profesionales de magnanimidad cristiana. De esta forma ese modo de proceder va penetrando poco a poco en el ambiente de la vida del trabajo.<\/p>\n<p>Este apostolado debe abrazar a todos los que se encuentran junto a \u00e9l, y no debe excluir ning\u00fan bien espiritual o material que pueda hacerles. Pero los verdaderos ap\u00f3stoles, lejos de contentarse con esta actividad, ponen todo su empe\u00f1o en anunciar a Cristo a sus pr\u00f3jimos, incluso de palabra. Porque muchos hombres no pueden escuchar el Evangelio ni conocer a Cristo m\u00e1s que por sus vecinos seglares.<\/p>\n<h3><i><b>Orden nacional e internacional<\/b><\/i><\/h3>\n<p>14. El campo del apostolado se abre extensamente en el orden nacional e internacional, en que los laicos, sobre todo, son los dispensadores de la sabidur\u00eda cristiana. En el amor a la patria y en el fiel cumplimiento de los deberes civiles, si\u00e9ntanse obligados los cat\u00f3licos a promover el verdadero bien com\u00fan, y hagan pesar de esta forma su opini\u00f3n para que el poder civil se ejerza justamente y las leyes respondan a los principios morales y al bien com\u00fan. Los cat\u00f3licos peritos en los asuntos p\u00fablicos, y firmes como es debido en la fe y en la doctrina cat\u00f3lica, no reh\u00fasen desempe\u00f1ar cargos p\u00fablicos, ya que por ellos, bien administrados, pueden procurar el bien com\u00fan y preparar a un tiempo el camino al Evangelio.<\/p>\n<p>Procuren los cat\u00f3licos cooperar con todos los hombres de buena voluntad en promover cuanto hay de verdadero, de justo, de santo, de amable (Cf. <i>Fil<\/i>., 4,8). Dialoguen con ellos, super\u00e1ndolos en prudencia y humanidad, e investiguen acerca de las instituciones sociales y p\u00fablicas, para perfeccionarlas seg\u00fan el esp\u00edritu del Evangelio.<\/p>\n<p>Entre las caracter\u00edsticas de nuestro tiempo hay que contar, especialmente, con el creciente e inevitable sentimiento de solidaridad de todos los pueblos: el promoverlo sol\u00edcitamente y convertirlo en sincero y verdadero afecto de fraternidad es deber del apostolado de los laicos. Los laicos, adem\u00e1s, deben conocer el nuevo campo internacional y los problemas y soluciones ya doctrinales, ya pr\u00e1cticas que en \u00e9l se originan, sobre todo respecto a los pueblos en v\u00edas de desarrollo.<\/p>\n<p>Piensen todos los que trabajan en naciones extra\u00f1as, o les ayudan, que las relaciones entre los pueblos deben ser una comunicaci\u00f3n fraterna, en que ambas partes dan y reciben. Y los que viajan por motivos de obras internacionales, o de negocios, o de descanso, no olviden que son en todas partes tambi\u00e9n heraldos viajeros de Cristo, y han de portarse como tales con toda verdad.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo IV: Las varias formas del apostolado<\/b><\/h2>\n<h3><b><i>Introducci\u00f3n<\/i><\/b><\/h3>\n<p>15. Los laicos pueden ejercitar su labor de apostolado o como individuos o reunidos en diversas comunidades o asociaciones.<\/p>\n<h3><i><b>Importancia y multiplicidad del apostolado individual<\/b><\/i><\/h3>\n<p>16. El apostolado que se desarrolla individualmente, y que fluye con abundancia de la fuente de la vida verdaderamente cristiana (Cf. <i>Jn<\/i>., 4,14), es el principio y fundamento de todo apostolado seglar, incluso el asociado, y nada puede sustituirle.<\/p>\n<p>Todos los laicos, de cualquier condici\u00f3n que sean son llamados y obligados a este apostolado, \u00fatil siempre y en todas partes, y en algunas circunstancias el \u00fanico apto y posible, aunque no tengan ocasi\u00f3n o posibilidad para cooperar en asociaciones.<\/p>\n<p>Hay muchas formas de apostolado con que los laicos edifican a la Iglesia y santifican al mundo, anim\u00e1ndolo en Cristo.<\/p>\n<p>La forma peculiar del apostolado individual y, al mismo tiempo, signo muy en consonancia con nuestros tiempos, y que manifiesta a Cristo viviente en sus fieles, es el testimonio de toda la vida seglar que fluye de la fe, de la esperanza y de la caridad. Con el apostolado de la palabra, enteramente necesario en algunas circunstancias, anuncian los laicos a Cristo, explican su doctrina, la difunden cada uno seg\u00fan su condici\u00f3n y saber y la profesan fielmente.<\/p>\n<p>Cooperando, adem\u00e1s, como ciudadanos de este mundo, en lo que se refiere a la ordenaci\u00f3n y direcci\u00f3n del orden temporal, conviene que los laicos busquen a la luz de la fe motivos m\u00e1s elevados de obrar en la vida familiar, profesional y social, y los manifiesten a los otros oportunamente, conscientes de que con ello se hacen cooperadores de Dios Creador, Redentor y Santificador y de que lo glorifican.<\/p>\n<p>Por fin vivifiquen los laicos su vida con la caridad y manifi\u00e9stenla en las obras como mejor puedan.<\/p>\n<p>Piensen todos que con el culto p\u00fablico y la oraci\u00f3n, con la penitencia y con la libre aceptaci\u00f3n de los trabajos y calamidades de la vida, por la que se asemejan a Cristo paciente (Cf. <i>2 Cor<\/i>., 4,10; <i>Col<\/i>., 1,24), pueden llegar a todos los hombres y ayudar a la salvaci\u00f3n de todo el mundo.<\/p>\n<h3><i><b>El apostolado individual en determinadas circunstancias<\/b><\/i><\/h3>\n<p>17. Este apostolado individual urge con gran apremio en aquellas regiones en que la persecuci\u00f3n desencadenada impide gravemente la libertad de la Iglesia. Los laicos, supliendo en cuanto pueden a los sacerdotes en estas circunstancias dif\u00edciles, exponiendo su propia libertad y en ocasiones su vida, ense\u00f1an a los que est\u00e1n junto as\u00ed a la doctrina cristiana, los instruyen en la vida religiosa y en el pensamiento cat\u00f3lico, y los inducen a la frecuente recepci\u00f3n de los Sacramentos y a las pr\u00e1cticas de piedad, sobre todo eucar\u00edstica. El Sacrosanto Concilio, al tiempo que da de todo coraz\u00f3n gracias a Dios, que no deja de suscitar laicos de fortaleza heroica en medio de las persecuciones, aun en nuestros d\u00edas, los abraza con afecto paterno y con gratitud.<\/p>\n<p>El apostolado individual tiene un campo propio en las regiones en que los cat\u00f3licos son pocos y est\u00e1n dispersos. All\u00ed los laicos, que solamente ejercen el apostolado individual por las causas dichas, o por motivos especiales surgidos por la propia labor profesional, re re\u00fanen a dialogar oportunamente en peque\u00f1os grupos, sin forma alguna estrictamente dicha de instituci\u00f3n o de organizaci\u00f3n, de forma que aparezca siempre delante de los otros el signo de la comunidad de la Iglesia, como verdadero testimonio de amor. De este modo, ayud\u00e1ndose unos a otros espiritualmente por la amistad y la comunicaci\u00f3n de experiencias, se preparan para superar las desventajas de una vida y de un trabajo demasiado aislado y para producir mayores frutos en el apostolado.<\/p>\n<h3><b><i>Importancia de las formas asociadas<\/i><\/b><\/h3>\n<p>18. Como los cristianos son llamados a ejercitar el apostolado individual en diversas circunstancias de la vida, no olviden, sin embargo, que el hombre es social por naturaleza y agrada a Dios el que los creyentes en Cristo se re\u00fanan en Pueblo de Dios (Cf. <i>1 Pe<\/i>., 2,5-10) y en un cuerpo (Cf. <i>1 Cor.<\/i>, 12,12). Por consiguiente, el apostolado asociado de los fieles responde muy bien a las exigencias humanas y cristianas, siendo el mismo tiempo expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n y de la unidad de la Iglesia en Cristo, que dijo: \u00abPues donde est\u00e9n dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u00bb (<i>Mt<\/i>., 18,20).<\/p>\n<p>Por tanto, los fieles han de ejercer su apostolado tendiendo a su mismo fin. Sean ap\u00f3stoles lo mismo en sus comunidades familiares que en las parroquias y en las di\u00f3cesis, que manifiestan el car\u00e1cter comunitario del apostolado, y en los grupos espont\u00e1neos en que ellos se congreguen.<\/p>\n<p>El apostolado asociado es tambi\u00e9n muy importante porque muchas veces exhibe que se lleve a cabo en una acci\u00f3n com\u00fan o en las comunidades de la Iglesia o en los diversos ambientes. Las asociaciones, erigidas para los actos comunes del apostolado, apoyan a sus miembros y los forman para el apostolado, y organizan y regulan convenientemente su obra apost\u00f3lica, de forma que son de esperar frutos mucho m\u00e1s abundantes que si cada uno trabaja separadamente.<\/p>\n<p>Pero en las circunstancias presentes es en absoluto necesario que en el \u00e1mbito de la cooperaci\u00f3n de los seglares se robustezca la forma asociada y organizada del apostolado, puesto que solamente la estrecha uni\u00f3n de las fuerzas puede conseguir todos los fines del apostolado moderno y proteger eficazmente sus bienes. En lo cual interesa sobre manera que tal apostolado llegue hasta las inteligencias comunes y las condiciones sociales de aquellos a quienes se dirige; de otra suerte, resultar\u00edan muchas veces ineficaces, ante la presi\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica y de las instituciones.<\/p>\n<h3><i><b>Variedad de formas del apostolado asociado<\/b><\/i><\/h3>\n<p>19. Las asociaciones del apostolado son muy variadas; unas se proponen el fin general apost\u00f3lico de la Iglesia; otras, buscan de un modo especial los fines de evangelizaci\u00f3n y de santificaci\u00f3n; otras, persiguen la inspiraci\u00f3n cristiana del orden social; otras, dan testimonio de Cristo, especialmente por las obras de misericordia y de caridad.<\/p>\n<p>Entre estas asociaciones hay que considerar primeramente las que favorecen y alientan una unidad m\u00e1s \u00edntima entre la vida pr\u00e1ctica de los miembros y su fe. Las asociaciones no se establecen para si mismas, sino que deben servir a la misi\u00f3n que la Iglesia tiene que realizar en el mundo; su fuerza apost\u00f3lica depende de la conformidad con los fines de la Iglesia y del testimonio cristiano y esp\u00edritu evang\u00e9lico de cada uno de sus miembros y de toda la asociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El cometido universal de la misi\u00f3n de la Iglesia, considerando a un tiempo el progreso de los institutos y el avance arrollador de la sociedad actual, exige que las obras apost\u00f3licas de los cat\u00f3licos perfeccionen m\u00e1s y m\u00e1s las formas asociadas en el campo internacional. Las Organizaciones Internacionales conseguir\u00e1n mejor su fin si los grupos que en ellas se juntan y sus miembros se unen a ellas m\u00e1s estrechamente.<\/p>\n<p>Guardada la sumisi\u00f3n debida a la autoridad eclesi\u00e1stica, pueden los laicos fundar y regir asociaciones, y una vez fundadas, darles un nombre. Hay, sin embargo, que evitar la dispersi\u00f3n de fuerzas que surge al promoverse, sin causa suficiente, nuevas asociaciones y trabajos, o si se mantienen m\u00e1s de lo conveniente asociaciones y m\u00e9todos anticuados. No siempre ser\u00e1 oportuno el aplicar sin discriminaci\u00f3n a otras naciones las formas que se establecen en alguna de ellas.<\/p>\n<h3><i><b>La Acci\u00f3n Cat\u00f3lica<\/b><\/i><\/h3>\n<p>20. Hace algunos decenios los laicos, en muchas naciones, entreg\u00e1ndose cada d\u00eda m\u00e1s al apostolado, re reun\u00edan en varias formas de acciones y de asociaciones, que conservando muy estrecha uni\u00f3n con la jerarqu\u00eda, persegu\u00edan y persiguen fines propiamente apost\u00f3licos. Entre estas y otras instituciones semejantes m\u00e1s antiguas hay que recordar, sobre todo, las que, aun con diversos sistemas de obrar, produjeron, sin embargo, ub\u00e9rrimos frutos para el reino de Cristo, y que los Sumos Pont\u00edfices y muchos Obispos recomendaron y promovieron justamente y llamaron Acci\u00f3n Cat\u00f3lica. La defin\u00edan de ordinario como la cooperaci\u00f3n de los laicos en el apostolado jer\u00e1rquico.<\/p>\n<p>Estas formas de apostolado, ya se llamen Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, ya con otro nombre, que desarrollan en nuestros tiempos un apostolado precioso, se constituyen por la acepci\u00f3n conjunta de todas las notas siguientes:<\/p>\n<p>a) El fin inmediato de estas organizaciones es el fin apost\u00f3lico de la Iglesia, es decir, la evangelizaci\u00f3n y santificaci\u00f3n de los hombres y la formaci\u00f3n cristiana de sus conciencias, de suerte que puedan saturar del esp\u00edritu del Evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes.<\/p>\n<p>b) Los laicos, cooperando, seg\u00fan su condici\u00f3n, con la jerarqu\u00eda, ofrecen su experiencia y asumen la responsabilidad en la direcci\u00f3n de estas organizaciones, en el examen diligente de las condiciones en que ha de ejercerse la acci\u00f3n pastoral de la Iglesia y en la elaboraci\u00f3n y desarrollo del m\u00e9todo de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Los laicos trabajan unidos, a la manera de un cuerpo org\u00e1nico, de forma que se manifieste mejor la comunidad de la Iglesia y resulte m\u00e1s eficaz el apostolado.<\/p>\n<p>d) Los laicos, bien ofreci\u00e9ndose espont\u00e1neamente o invitados a la acci\u00f3n y directa cooperaci\u00f3n con el apostolado jer\u00e1rquico, trabajan bajo la direcci\u00f3n superior de la misma jerarqu\u00eda, que puede sancionar esta cooperaci\u00f3n, incluso por un mandato expl\u00edcito.<\/p>\n<p>Las organizaciones en que, a juicio de la jerarqu\u00eda, se hallan todas estas notas a la vez han de entenderse como Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, aunque por exigencias de lugares y pueblos tomen varias formas y nombres.<\/p>\n<p>El Sagrado Concilio recomienda con todo encarecimiento estas instituciones que responden ciertamente a las necesidades del apostolado entre muchas gentes, e invita a los sacerdotes y a los laicos a que trabajen en ellas, que cumplan m\u00e1s y m\u00e1s los requisitos antes recordados y cooperen siempre fraternalmente en la Iglesia con todas las otras formas de apostolado.<\/p>\n<h3><i><b>Aprecio de las asociaciones<\/b><\/i><\/h3>\n<p>21. Hay que apreciar debidamente todas las asociaciones del apostolado; pero, aquellas que la jerarqu\u00eda ha alabado o recomendado, declarado y urgentes, seg\u00fan las necesidades de los tiempos y de los lugares, han de apreciarlas sobremanera los sacerdotes, los religiosos y los laicos y han de promoverlas cada cual a su modo. Entre ellas han de contarse, sobre todo hoy, las asociaciones o grupos internacionales cat\u00f3licos.<\/p>\n<h3><b><i>Laicos que se entregan con t\u00edtulo especial al servicio de la Iglesia<\/i><\/b><\/h3>\n<p>22. Dignos de especial honor y recomendaci\u00f3n en la Iglesia son los laicos, solteros o casados, que se consagran para siempre o temporalmente con su pericia profesional al servicio de esas instituciones y de sus obras. Sirve de gozo a la Iglesia el que cada d\u00eda aumenta el n\u00famero de los laicos que prestan el propio ministerio a las asociaciones y obras de apostolado o dentro de la naci\u00f3n, o en el \u00e1mbito internacional o, sobre todo, en las comunidades cat\u00f3licas de misiones y de Iglesias nuevas.<\/p>\n<p>Reciban a estos laicos los Pastores de la Iglesia con gusto y gratitud, procuren satisfacer lo mejor posible las exigencias de la justicia, de la equidad y de la caridad, seg\u00fan su condici\u00f3n, sobre todo en cuanto al congruo sustento suyo y de sus familias, y ellos disfruten de la instrucci\u00f3n necesaria, del consuelo y del aliento espiritual.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo V: Orden que hay que observar<\/b><\/h2>\n<h3><i><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/i><\/h3>\n<p>23. El apostolado de los laicos, ya se desarrolle individualmente, ya por fieles asociados, ha de ocupar su lugar correspondiente en el apostolado de toda la Iglesia; m\u00e1s a\u00fan, el elemento esencial del apostolado cristiano es la uni\u00f3n con quienes el Esp\u00edritu Santo puso para regir su Iglesia (Cf. <i>Act<\/i>., 20,28). No es menos necesaria la cooperaci\u00f3n entre las varias formas de apostolado, que ha de ordenar la Jerarqu\u00eda convenientemente.<\/p>\n<p>Pues, a fin de promover el esp\u00edritu de unidad para que resplandezca en todo el apostolado de la Iglesia la caridad fraterna, para que se consigan los fines comunes y se eviten las emulaciones perniciosas, se requiere un mutuo aprecio de todas las formas de apostolado de la Iglesia y una coordinaci\u00f3n conveniente, conservando el car\u00e1cter propio de cada una.<\/p>\n<p>Cosa sumamente necesaria, porque la acci\u00f3n peculiar de la Iglesia requiere la armon\u00eda y la cooperaci\u00f3n apost\u00f3lica del clero secular y regular, de los religiosos y laicos.<\/p>\n<h3><b><i>Relaciones con la Jerarqu\u00eda<\/i><\/b><\/h3>\n<p>24. Es deber de la Jerarqu\u00eda promover el apostolado de los laicos, prestar los principios y subsidios espirituales, ordenar el ejercicio del apostolado al bien com\u00fan de la Iglesia y vigilar para que se respeten la doctrina y el orden.<\/p>\n<p>El apostolado seglar admite varias formas de relaciones con la Jerarqu\u00eda, seg\u00fan las varias maneras y objetos del mismo apostolado.<\/p>\n<p>Hay en la Iglesia muchas obras apost\u00f3licas constituidas por la libre elecci\u00f3n de los laicos y se rigen por su juicio y prudencia. En algunas circunstancias, la misi\u00f3n de la Iglesia puede cumplirse mejor por estas obras y por eso no es raro que la Jerarqu\u00eda las alabe y recomiende. Ninguna obra, sin embargo, puede arrogarse el nombre de cat\u00f3lica sin el asentimiento de la leg\u00edtima autoridad eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>La Jerarqu\u00eda reconoce expl\u00edcitamente, de varias formas, algunos otros sistemas del apostolado seglar.<\/p>\n<p>Puede, adem\u00e1s, la autoridad eclesi\u00e1stica, por exigencias del bien com\u00fan de la Iglesia, de entre las asociaciones y obras apost\u00f3licas, que tienden inmediatamente a un fin espiritual, elegir algunas y promoverlas de un modo peculiar en las que asume una responsabilidad especial. As\u00ed, la Jerarqu\u00eda, ordenando el apostolado de diversas maneras, seg\u00fan las circunstancias, asocia m\u00e1s estrechamente alguna de sus formas a su propia misi\u00f3n apost\u00f3lica, conservando, no obstante, la propia naturaleza y peculiaridad de cada una, sin privar por eso a los laicos de su necesaria facultad de obrar espont\u00e1neamente. Este acto de la Jerarqu\u00eda en varios documentos eclesi\u00e1sticos se llama mandato.<\/p>\n<p>Finalmente, la Jerarqu\u00eda encomienda a los laicos algunas funciones que est\u00e1n muy estrechamente unidas con los ministerios de los pastores, como en la explicaci\u00f3n de la doctrina cristiana, en ciertos actos lit\u00fargicos, en cura de almas. En virtud de esta misi\u00f3n, los laicos, en cuanto al ejercicio de su misi\u00f3n, est\u00e1n plenamente sometidos a la direcci\u00f3n superior de la Iglesia.<\/p>\n<p>En cuanto ata\u00f1e a las obras e instituciones del orden temporal, el oficio de la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica es ense\u00f1ar e interpretar aut\u00e9nticamente los principios morales que hay que seguir en los asuntos temporales; tiene tambi\u00e9n derecho, bien consideradas todas las cosas, y sirvi\u00e9ndose de la ayuda de los peritos, a discernir sobre la conformidad de tales obras e instituciones con los principios morales y decidir cuanto se requiere para salvaguardar y promover los bienes del orden sobrenatural.<\/p>\n<h3><i><b>Ayuda que debe prestar el clero al apostolado de los laicos<\/b><\/i><\/h3>\n<p>25. Tengan presente los Obispos, los p\u00e1rrocos y dem\u00e1s sacerdotes de uno y otro clero que el derecho y la obligaci\u00f3n de ejercer el apostolado es com\u00fan a todos los fieles, sean cl\u00e9rigos o seglares, y que \u00e9stos tienen tambi\u00e9n su cometido en la edificaci\u00f3n de la Iglesia. Trabajen, pues, fraternalmente con los laicos en la Iglesia y por la Iglesia y tengan especial cuidado de los laicos en sus obras apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>El\u00edjanse cuidadosamente sacerdotes id\u00f3neos y bien formados para ayudar a las formas especiales del apostolado de los laicos. Los que se dedican a este ministerio, en virtud de la misi\u00f3n recibida de la Jerarqu\u00eda, la representan en su acci\u00f3n pastoral; fomenten las debidas relaciones de los laicos con la Jerarqu\u00eda adhiri\u00e9ndose fielmente al esp\u00edritu y a la doctrina de la Iglesia; esfu\u00e9rcense en alimentar la vida espiritual y el sentido apost\u00f3lico de las asociaciones cat\u00f3licas que se les han encomendado; asistan con su prudente consejo a la labor apost\u00f3lica de los laicos y estimulen sus empresas. En di\u00e1logo continuo con los laicos, averig\u00fcen cuidadosamente las formas m\u00e1s oportunas para hacer m\u00e1s fruct\u00edfera la acci\u00f3n apost\u00f3lica; promuevan el esp\u00edritu de unidad dentro de la asociaci\u00f3n y en las relaciones de \u00e9stas con las otras.<\/p>\n<p>Por fin, los religiosos Hermanos o Hermanas aprecien las obras apost\u00f3licas de los laicos, entr\u00e9guense gustosos a ayudarles en sus obras seg\u00fan el esp\u00edritu y las normas de sus Institutos; procuren sostener, ayudar y completar los ministerio sacerdotales.<\/p>\n<h3><i><b>Ciertos medios que sirven para la mutua cooperaci\u00f3n<\/b><\/i><\/h3>\n<p>26. En las di\u00f3cesis, en cuanto sea posible, deben existir consejos que ayuden la obra apost\u00f3lica de la Iglesia, ya en el campo de la evangelizaci\u00f3n y de la santificaci\u00f3n, ya en el campo caritativo social, etc\u00e9tera, cooperando convenientemente los cl\u00e9rigos y los religiosos con los laicos. Estos consejos podr\u00e1n servir para la mutua coordinaci\u00f3n de las varias asociaciones y empresas seglares, salva la \u00edndole propia y la autonom\u00eda de cada una. Estos consejos, si es posible, han de establecerse tambi\u00e9n en el \u00e1mbito parroquial o interparroquial, interdiocesano y en el orden nacional o internacional.<\/p>\n<p>Establ\u00e9zcase, adem\u00e1s en la Santa Sede, alg\u00fan Secretario especial para servicio e impulso del apostolado seglar, como centro que, con medios aptos proporcione noticias de las diversas obras del apostolado de los laicos, fomente las investigaciones sobre los problemas que hoy surgen en estos campos y ayude con sus consejos a la Jerarqu\u00eda y a los laicos en las obras apost\u00f3licas. En este Secretariado han de tomar parte tambi\u00e9n los diversos movimientos y empresas del apostolado seglar existentes en todo el mundo, cooperando tambi\u00e9n los cl\u00e9rigos y los religiosos con los seglares.<\/p>\n<h3><b><i>Cooperaci\u00f3n con otros cristianos y con los no cristianos<\/i><\/b><\/h3>\n<p>27. En com\u00fan patrimonio evang\u00e9lico y, en consecuencia, el com\u00fan deber del testimonio cristiano recomiendan, y muchas veces exigen, la cooperaci\u00f3n de los cat\u00f3licos con otros cristianos, que hay que realizar por individuos particulares y por comunidades de la Iglesia, ya en las acciones, ya en las asociaciones, en el campo nacional o internacional.<\/p>\n<p>Los valores comunes exigen tambi\u00e9n no rara vez una cooperaci\u00f3n semejante de los cristianos que persiguen fines apost\u00f3licos con quienes no llevan el nombre cristiano, pero reconocen estos valores.<\/p>\n<p>Con esta cooperaci\u00f3n din\u00e1mica y prudente, que es de gran importancia en las actividades temporales, los laicos rinden testimonio a Cristo, Salvador del mundo, y a la unidad de la familia humana.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo VI: Formaci\u00f3n para el apostolado<\/b><\/h2>\n<h3><i><b>Necesidad de la formaci\u00f3n para el apostolado<\/b><\/i><\/h3>\n<p>28. El apostolado solamente puede conseguir plena eficacia con una formaci\u00f3n multiforme y completa. La exigen no s\u00f3lo el continuo progreso espiritual y doctrinal del mismo seglar, sino tambi\u00e9n las varias circunstancias de cosas, de personas y de deberes a que tiene que acomodar su actividad. Esta formaci\u00f3n para el apostolado debe apoyarse en las bases que este Santo Concilio ha asentado y declarado en otros lugares. Adem\u00e1s de la formaci\u00f3n com\u00fan a todos los cristianos, no pocas formas de apostolado, por la variedad de personas y de ambientes, requieren una formaci\u00f3n espec\u00edfica y peculiar.<\/p>\n<h3><i><b>Principios de la formaci\u00f3n de los laicos para el apostolado<\/b><\/i><\/h3>\n<p>29. Como los laicos participan, a su modo, de la misi\u00f3n de la Iglesia, su formaci\u00f3n apost\u00f3lica recibe una caracter\u00edstica especial por su misma \u00edndole secular y propia del laicado y por el car\u00e1cter espiritual de su vida.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n para el apostolado supone una cierta formaci\u00f3n humana, \u00edntegra, acomodada al ingenio y a las cualidades de cada uno. Porque el seglar, conociendo bien el mundo contempor\u00e1neo, debe ser un miembro acomodado a la sociedad de su tiempo y a la cultura de su condici\u00f3n.<\/p>\n<p>Ante todo, el seglar ha de aprender a cumplir la misi\u00f3n de Cristo y de la Iglesia, viviendo de la fe en el misterio divino de la creaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n movido por el Esp\u00edritu Santo, que vivifica al Pueblo de Dios, que impulsa a todos los hombres a amar a Dios Padre, al mundo y a los hombres por El. Esta formaci\u00f3n debe considerarse como fundamento y condici\u00f3n de todo apostolado fructuoso.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la formaci\u00f3n espiritual, se requiere una s\u00f3lida instrucci\u00f3n doctrinal, incluso teol\u00f3gica, \u00e9tico-social, filos\u00f3fica, seg\u00fan la diversidad de edad, de condici\u00f3n y de ingenio. No se olvide tampoco la importancia de la cultura general, juntamente con la formaci\u00f3n pr\u00e1ctica y t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>Para cultivar las relaciones humanas es necesario que se acrecienten los valores verdaderamente humanos; sobre todo, el arte de la convivencia fraterna, de la cooperaci\u00f3n y del di\u00e1logo.<\/p>\n<p>Pero ya que la formaci\u00f3n para el apostolado no puede consistir en la mera instrucci\u00f3n te\u00f3rica, aprendan poco a poco y con prudencia desde el principio de su formaci\u00f3n, a verlo, juzgarlo y a hacerlo todo a la luz de la fe, a formarse y perfeccionarse a s\u00ed mismos por la acci\u00f3n con los otros y a entrar as\u00ed en el servicio laborioso de la Iglesia. Esta formaci\u00f3n, que hay que ir complementando constantemente, pide cada d\u00eda un conocimiento m\u00e1s profundo y una acci\u00f3n m\u00e1s oportuna a causa de la madurez creciente de la persona humana y por la evoluci\u00f3n de los problemas. En la satisfacci\u00f3n de todas las exigencias de la formaci\u00f3n hay que tener siempre presente la unidad y la integridad de la persona humana, de forma que quede a salvo y se acreciente su armon\u00eda y su equilibrio.<\/p>\n<p>De esta forma el seglar se inserta profunda y cuidadosamente en la realidad misma del orden temporal y recibe eficazmente su parte en el desempe\u00f1o de sus tareas, y al propio tiempo, como miembro vivo y testigo de la Iglesia, la hace presente y actuante en el seno de las cosas temporales.<\/p>\n<h3><b><i>A qui\u00e9nes pertenece formar a otros para el apostolado<\/i><\/b><\/h3>\n<p>30. La formaci\u00f3n para el apostolado debe empezar desde la primera educaci\u00f3n de los ni\u00f1os. Pero los adolescentes y los j\u00f3venes han de iniciarse de una forma peculiar en el apostolado e imbuirse de este esp\u00edritu. Esta formaci\u00f3n hay que ir complet\u00e1ndola durante toda la vida, seg\u00fan lo exijan las nuevas empresas. Es claro, pues, que a quienes pertenece la educaci\u00f3n cristiana est\u00e1n obligados tambi\u00e9n a dar la formaci\u00f3n para el apostolado.<\/p>\n<p>En la familia es obligaci\u00f3n de los padres disponer a sus hijos desde la ni\u00f1ez para el conocimiento del amor de Dios hacia todos los hombres, ense\u00f1arles gradualmente, sobre todo con el ejemplo, la preocupaci\u00f3n por las necesidades del pr\u00f3jimo, tanto de orden material como espiritual. Toda la familia y su vida com\u00fan sea como una iniciaci\u00f3n al apostolado.<\/p>\n<p>Es necesario, adem\u00e1s, educar a los ni\u00f1os para que, rebasando los l\u00edmites de la familia, abran su alma a las comunidades, tanto eclesi\u00e1sticas como temporales. Sean recibidos en la comunidad local de la parroquia, de suerte que adquieran en ella conciencia de que son miembros activos del Pueblo de Dios. Los sacerdotes, en la catequesis y en el ministerio de la palabra, en la direcci\u00f3n de las almas y en otros ministerios pastorales, tengan presente la formaci\u00f3n para el apostolado.<\/p>\n<p>Es deber tambi\u00e9n de las escuelas, de los colegios y de otras instituciones dedicadas a la educaci\u00f3n, el fomentar en los ni\u00f1os los sentimientos cat\u00f3licos y la acci\u00f3n apost\u00f3lica. Si falta esta formaci\u00f3n porque los j\u00f3venes no asisten a esas escuelas o por otra causa, raz\u00f3n de m\u00e1s para que la procuren los padres, los pastores de almas y las asociaciones apost\u00f3licas. Pero los maestros y educadores, que por su vocaci\u00f3n y oficio ejercen una forma extraordinaria del apostolado seglar, han de estar formados en la doctrina necesaria y en la pedagog\u00eda para poder comunicar eficazmente esta educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los equipos y asociaciones seglares, ya busquen el apostolado, ya otros fines sobrenaturales, deben fomentar cuidadosa y asiduamente, seg\u00fan su fin y car\u00e1cter, la formaci\u00f3n para el apostolado. Ellas constituyen muchas veces el camino ordinario de la formaci\u00f3n conveniente para el apostolado, pues en ellas se da una formaci\u00f3n doctrinal espiritual y pr\u00e1ctica. Sus miembros revisan, en peque\u00f1os equipos con los socios y amigos, los m\u00e9todos y los frutos de su esfuerzo apost\u00f3lico y examinan a la luz del Evangelio su m\u00e9todo de vida diaria.<\/p>\n<p>Esta formaci\u00f3n hay que ordenarla de manera que se tenga en cuenta todo el apostolado seglar, que ha de desarrollarse no s\u00f3lo dentro de los mismos grupos de las asociaciones, sino en todas las circunstancias y por toda la vida, sobre todo profesional y social. M\u00e1s a\u00fan, cada uno debe prepararse diligentemente para el apostolado, obligaci\u00f3n que es m\u00e1s urgente en la vida adulta, porque avanzando la edad, el alma se abre mejor y cada uno puede descubrir con m\u00e1s exactitud los talentos con que Dios enriqueci\u00f3 su alma y aplicar con m\u00e1s eficacia los carismas que en el Esp\u00edritu Santo le dio para el bien de sus hermanos.<\/p>\n<h3><i><b>Adaptaci\u00f3n de la formaci\u00f3n a las varias formas de apostolado<\/b><\/i><\/h3>\n<p>31. Las diversas formas de apostolado requieren tambi\u00e9n una formaci\u00f3n conveniente.<\/p>\n<p>a) Con relaci\u00f3n al apostolado de evangelizar y santificar a los hombres, los laicos han de formarse especialmente para entablar di\u00e1logo con los otros, creyentes o no creyentes, para manifestar directamente a todos el mensaje de Cristo. Pero como en estos tiempos se difunde ampliamente y en todas partes el materialismo de toda especie, incluso entre los cat\u00f3licos, los laicos no s\u00f3lo deben aprender con m\u00e1s cuidado la doctrina cat\u00f3lica, sobre todo en aquellos puntos en que se la ataca, sino que han de dar testimonio de la vida evang\u00e9lica contra cualquiera de las formas del materialismo.<\/p>\n<p>b) En cuanto a la instauraci\u00f3n cristiana del orden temporal, instr\u00fayanse los laicos acerca del verdadero sentido y valor de los bienes materiales, tanto en s\u00ed mismos como en cuanto se refiere a todos los fines de la persona humana; ejerc\u00edtense en el uso conveniente de los bienes y en la organizaci\u00f3n de las instituciones, atendiendo siempre al bien com\u00fan, seg\u00fan los principios de la doctrina moral y social de la Iglesia. Aprendan los laicos, sobre todo, los principios y conclusiones de la doctrinal social, de forma que sean capaces de ayudar, por su parte, en el progreso de la doctrina y de aplicarla rectamente en cada caso particular.<\/p>\n<p>c) Puesto que las obras de caridad y de misericordia ofrecen un testimonio magn\u00edfico de vida cristiana, la formaci\u00f3n apost\u00f3lica debe conducir tambi\u00e9n a practicarlas, para que los fieles aprendan desde ni\u00f1os a compadecerse de los hermanos y a ayudarlos generosamente cuando lo necesiten.<\/p>\n<h3><i><b>Medios de formaci\u00f3n<\/b><\/i><\/h3>\n<p>32. Los laicos que se entregan al apostolado tienen muchos medios, tales como congresos, reuniones, ejercicios espirituales, asambleas numerosas, conferencias, libros, comentarios, para lograr un conocimiento m\u00e1s profundo de la Sagrada Escritura y de la doctrina cat\u00f3lica, para nutrir su vida espiritual, para conocer las condiciones del mundo y encontrar y cultivas medios convenientes. Estos medios de formaci\u00f3n tienen en cuenta el car\u00e1cter de las diversas formas de apostolado en los ambientes en que se desarrolla.<\/p>\n<p>Con este fin se han erigido tambi\u00e9n centros e institutos superiores, que han dado ya frutos excelentes.<\/p>\n<p>El Sagrado Concilio se congratula de estas empresas, florecientes en algunas partes, y desea que se promuevan en otros sitios donde sean necesarias.<\/p>\n<p>Establ\u00e9zcanse, adem\u00e1s, centros de documentaci\u00f3n y de estudios, no s\u00f3lo teol\u00f3gicos, sino tambi\u00e9n antropol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos, sociol\u00f3gicos y metodol\u00f3gicos, para fomentar m\u00e1s y mejor las facultades intelectuales de los laicos, hombres y mujeres, j\u00f3venes y adultos, para todos los campos del apostolado.<\/p>\n<h2><b>Exhortaci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>33. Por consiguiente, el Sagrado Concilio ruega encarecidamente en el Se\u00f1or a todos los laicos, que respondan con gozo, con generosidad y coraz\u00f3n dispuesto a la voz de Cristo; que en esta hora invita con m\u00e1s insistencia y al impulso del Esp\u00edritu Santo, sientan los m\u00e1s j\u00f3venes que esta llamada se hace de una manera especial a ellos; rec\u00edbanla, pues, con entusiasmo y magnanimidad. Pues el mismo Se\u00f1or invita de nuevo a todos los laicos, por medio de este Santo Concilio, a que se unan cada vez m\u00e1s estrechamente, y sintiendo sus cosas como propias (Cf. <i> Fil<\/i>., 2,5), se asocien a su misi\u00f3n salvadora. De nuevo los env\u00eda a toda ciudad y lugar adonde El ha de ir (Cf. <i>Lc<\/i>., 10,1), para que con las diversas formas y modos del \u00fanico apostolado de la Iglesia ellos se le ofrezcan como cooperadores aptos siempre para las nuevas necesidades de los tiempos, abundando siempre en la obra de Dios, teniendo presente que su trabajo no es vano delante del Se\u00f1or (Cf. <i>1 Cor<\/i>., 15,58).<\/p>\n<p>Todas y cada una de las cosas contenidas en este Decreto han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apost\u00f3lica recibida de Cristo, juntamente con los venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Esp\u00edritu Santo y mandamos que lo as\u00ed decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><i>Roma, en San Pedro, 18 de noviembre de 1965.<\/i><br \/>\nYo, PABLO, Obispo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DECRETO APOSTOLICAM ACTUOSITATEM SOBRE EL APOSTOLADO DE LOS LAICOS Proemio 1. 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