{"id":114080,"date":"2012-11-06T08:25:37","date_gmt":"2012-11-06T07:25:37","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=114080"},"modified":"2016-07-27T12:05:45","modified_gmt":"2016-07-27T10:05:45","slug":"sor-asuncion-massot","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-asuncion-massot\/","title":{"rendered":"Sor Asunci\u00f3n Massot"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/2012\/04\/01\/sor-gaudencia-benavides\/biografias_hijas_caridad\/\" rel=\"attachment wp-att-116989\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-116989\" alt=\"biografias_hijas_caridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/biografias_hijas_caridad.jpg?resize=240%2C310\" width=\"240\" height=\"310\" \/><\/a>Cuando a los sesenta y nueve a\u00f1os se mira al pasado, interesa ya mu\u00adcho m\u00e1s lo que se espera al otro lado que lo que queda ac\u00e1 abajo. Intere\u00adsan m\u00e1s los amigos idos que los presentes. Pero, al mismo tiempo, se pegan m\u00e1s y m\u00e1s los pocos que quedan todav\u00eda. Eso, al menos, me pasa a m\u00ed.<\/p>\n<p>Al caer de la vida interesan ya poco los nacimientos, sobre todo a los que no somos abuelos. Pues \u00e9stos todav\u00eda suelen tener el consuelo de contar sus nietos y bisnietos, como lo hace una mujer que me ha acom\u00adpa\u00f1ado en todos los trabajos y empresas de mi vida, la se\u00f1ora Alicia P\u00e1\u00adrraga, quien me cuenta en su \u00faltima carta, desde Nueva York, que se pasa la vida recordando los nombres de sus once nietos y sus doce bis\u00adnietos. Y los lugares en que viven.<\/p>\n<p>Dos trozos de vida experimentamos todos: el primero, en el que nos vamos juntando quienes hemos de realizar la traves\u00eda juntos; el segundo guarda cierto parecido con el barco, que va dejando pasajeros a medida que toma nuevos puertos de desembarco, hasta que al final se queda vac\u00edo, pero dispuesto a ser llenado de nuevo. As\u00ed es la vida. Todos, un d\u00eda unos; otro d\u00eda otros, todos nos volvemos a reunir en ese barco acogedor que es la madre tierra, rindi\u00e9ndonos a la m\u00faerte, con esperanza de seguir viviendo juntos en esa inmensa nave del cielo.<\/p>\n<p>Tales sentimientos nos acompa\u00f1an cada vez que, por la muerte, des\u00adembarca un pasajero del barco en que marchamos en la vida.<\/p>\n<p>Tal es el caso de Sor Asunci\u00f3n Massot, que abandon\u00f3 el transporte de su vida, luego del ya largo viaje de noventa y dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Iniciemos nuestra marcha a trav\u00e9s de su vida con esta sucinta ficha re\u00adcibida de la Casa Central de las Hijas de la Caridad en Cuba.<\/p>\n<p>Sor Asunci\u00f3n Massot Sala.<\/p>\n<p>Natural de Belialnes (L\u00e9rida).<\/p>\n<p>Hija de Antonio y de Rosa.<\/p>\n<p>Naci\u00f3 el 3 de septiembre de 1880.<\/p>\n<p>Hizo la prueba en el Hospital de Reus.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 en la Congregaci\u00f3n el 18 de diciembre de 1900.<\/p>\n<p>Esto es todo lo que hemos logrado. Algo as\u00ed como un epitafio. \u00bfCu\u00e1l fue la vida de Sor Asunci\u00f3n, de 1900 a 1918?<\/p>\n<p>Escrito habr\u00e1 quedado en el libro de la otra vida, la del cielo, pero nada ha quedado a nuestro alcance en el libro de la tierra.<\/p>\n<p>Nuestro encuentro personal con Sor Asunci\u00f3n Massot fue a principios de 1919, formando parte de la Comunidad del Colegio de Regla, abierto en una casa grande particular adquirida en propiedad por Sor Clara La\u00adrrinaga, vicevisitadora largos a\u00f1os en Cuba, a la que el pueblo calificaba de segundo capit\u00e1n general de Cuba por su enorme influencia social.<\/p>\n<p>Era Regla uno m\u00e1s de tantos colegios abiertos, siguiendo la consigna del P. Eladio Arnaiz, de quien copiamos estas frases de una de sus cartas.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 abandonan las Hijas de la Caridad la isla de Cuba? \u00bfPorque el nuevo Gobierno ha prescindido de sus servicios en los hospitales oficia\u00adles? Pero ahora me pregunto yo: \u00bfNo quedan en Cuba casas de alquiler para ense\u00f1ar a las clases humildes, y enfermos en las parroquias a quien ayudar? Pues hagan eso y qu\u00e9dense ah\u00ed. El globo oficial de Sor Clara se desinfl\u00f3 oficialmente, pero tuvo \u00e9xito al buscar trabajo para las Hermanas, alquilando y luego adquiriendo algunas casas en ciertos pueblos de la pro\u00advincia de la Habana, como G\u00fcines, G\u00fcira, San Antonio de los Ba\u00f1os, Gua\u00adnabacoa, Bejucal, Bauta y otros pueblos. Logr\u00f3 organizar bajo la direc\u00adci\u00f3n del P. Juan Alvarez algunos patronatos de se\u00f1oras que fundaron los Asilos del Vedado, Truffin, Menocal, Marianao, Mar\u00eda Ja\u00e9n, Jes\u00fas Mar\u00eda y otros que, unidos a los ya existentes de las casas de Beneficencia, San\u00adtiago, La Habana, Domiciliaria y San Vicente del Cerro, justificaron la continuaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad en Cuba.<\/p>\n<p>Pasado el primer susto de caer en manos de masones y protestantes, como escrib\u00eda temerosamente una Hija de la Caridad al P. Arnaiz, la viceprovincia reanud\u00f3 confiadamente su marcha en Cuba.<\/p>\n<p>Tres hombres impulsaron esa marcha: los PP. Ram\u00f3n G\u00fcell, Doroteo G\u00f3mez y Juan Alvarez, sobre todo este \u00faltimo.<\/p>\n<p>Dos fueron las mujeres, Sor Eduviges Laquida\u00edn y Sor Clara Larrinaga.<\/p>\n<p>Por destino del P. Irisarri, director del colegio de Regla, para Superior de Guant\u00e1namo, aparec\u00ed yo a principios de 1919 como sustituto en cali\u00addad de Director de las Hijas de Mar\u00eda, incluyendo entre mis obligaciones el dar las clases de religi\u00f3n por grupos dos o tres veces a la semana, con alg\u00fan otro peque\u00f1o apostolado social en combinaci\u00f3n con los dos sacer\u00addotes de la parroquia.<\/p>\n<p>All\u00ed encontr\u00e9 a Sor Asunci\u00f3n Massot, pero por muy poco tiempo. Re\u00adci\u00e9n llegada como superiora Sor Francisca Cortegui, que tan relevante papel hab\u00eda de lograr a\u00f1os despu\u00e9s en la Instituci\u00f3n de Santamarca, en Madrid, recibi\u00f3 sor Francisca una Comunidad de cinco hermanas que eran todas un encanto.<\/p>\n<p>Tal influencia favorable supieron ejercer sobre el pueblo y sus alumnas que pocos a\u00f1os despu\u00e9s, el pueblo de Regla, al abrirse el Seminario en 1919, cuatro muchachas solicitaban el ingreso en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de Mar\u00eda: Sor Mercedes Alvarez, Sor Carmen Geijo, Sor Orde\u00f1ama y una cuarta, que por ser de nacionalidad espa\u00f1ola y coincidir que sus padres volv\u00edan definitivamente a Espa\u00f1a opt\u00f3 por realizar el noviciado en Madrid.<br \/>\nAl poco tiempo, Sor Asunci\u00f3n fue destinada como superiora del Colegio de San Antonio de los Ba\u00f1os, donde permaneci\u00f3 muy poco tiempo, pues habiendo el P. Miguel Guti\u00e9rrez, abierto el Sanatorio La Milagrosa, como concreci\u00f3n del pensamiento de un grupo de universitarias que idearon apli\u00adcar a la mujer el servicio mutualista, que hasta entonces hab\u00eda sido exclusi\u00advo de los hombres, luego de breves tanteos con Sor Manuela Saucedo, quien desde el Asilo San Vicente preparaba la inauguraci\u00f3n de la nueva entidad mutualista, pensaron los superiores aprovechar los conocimientos y pr\u00e1cticas de Sor Mar\u00eda Terr\u00e9s en la Colonia espa\u00f1ola de Santiago de Cuba, para organizar los servicios del Sanatorio La Milagrosa, de las Ca\u00adt\u00f3licas cubanas, escogiendo a Sor Asunci\u00f3n Massot para suplirla en el Sanatorio de la Colonia espa\u00f1ola, de Santiago de Cuba.<\/p>\n<p>Al entrar ya sobre seguro en la vida de Sor Asunci\u00f3n, han de perdonar\u00adme los lectores una sencilla observaci\u00f3n, tal como si se nos hubiera pe\u00adgado algo de las enjundiosas paradojas de Cherteston.<\/p>\n<p>\u00abS\u00f3lo Dios puede crear las cosas de la nada. El historiador, que tiene algo de creador o al menos de conservador de las cosas, adem\u00e1s de su trabajo como Dios, necesita la materia creadora del documento o alguna relaci\u00f3n personal con su personaje, o con alguien que haya convivido, o recibido referencias sobre el mismo.\u00bb<\/p>\n<p>Este es nuestro caso con relaci\u00f3n a Sor Asunci\u00f3n Massot.<\/p>\n<p>La artista de Dios, que lo es toda Hija de la Caridad, est\u00e1 ya en tabla\u00addo. Se descorre el tel\u00f3n y comienza la funci\u00f3n, encendidas las candilejas.<\/p>\n<p>El mutualismo en Cuba logr\u00f3 un \u00e9xito prodigioso. Y fue porque res\u00adpond\u00eda a una necesidad social. El emigrante que en el siglo XIX se corri\u00f3 de Espa\u00f1a para Cuba, sobre todo luego de la p\u00e9rdida del continente, fue ingente. Tal pod\u00eda suponerse que la independencia de Cuba cerrar\u00eda esa inmigraci\u00f3n. Pero no fue as\u00ed. Si alguna guerra de la historia no dej\u00f3 hue\u00adllas de odio fue la guerra iniciada en 1895.<\/p>\n<p>El espa\u00f1ol sigui\u00f3 emigrando a Cuba, a tal extremo que todav\u00eda cono\u00adcimos nosotros hacia 1920 llegar a Cuba m\u00e1s de 40.000 espa\u00f1oles en s\u00f3lo un a\u00f1o.<\/p>\n<p>Pero ese espa\u00f1ol llegaba a Cuba sin familia, solo y sin relaciones. El medicato cubano en aquellos tiempos, reducido en n\u00famero, era ejercido casi exclusivamente a lo que se llamaba m\u00e9dico de cabecera o a domicilio. Quien no ten\u00eda familia no contaba con m\u00e9dico.<\/p>\n<p>De ah\u00ed surgieron las sociedades mutualistas; es decir, la Asociaci\u00f3n de Dependientes del Comercio y c\u00e9libes de toda clase, que contrataron ser\u00advicios m\u00e9dicos colectivos, construyendo sus propios hospitales o quintas de salud, como las llamaron en lo sucesivo.<\/p>\n<p>Aquellos peque\u00f1os barracones de madera.<\/p>\n<p>Tal fue el origen del Centro Asturiano, Quinta Covadonga, Centro Ga\u00adllego, La Pur\u00edsima, la Balear, la Canaria, la Castellana, siendo la m\u00e1s t\u00edpi\u00adca, por lo que su nombre indicaba, la Asociaci\u00f3n de Dependientes del Co\u00admercio.<\/p>\n<p>Transcurrieron los a\u00f1os. Aquellos modestos barracones se convirtieron en palacios del dolor, sencillamente porque sus socios hab\u00edan subido de cientos de socios a cientos de miles, calcul\u00e1ndose que m\u00e1s de un mill\u00f3n de socios estaban mutualizados cuando la revoluci\u00f3n lleg\u00f3 disolvi\u00e9n\u00addolos y los fundi\u00f3 en el servicio de salubridad, organizando los hospitales por zonas, para todo el mundo gratis y suprimiendo el servicio m\u00e9dico a domicilio.<\/p>\n<p>Hoy el papel lo aguanta todo; el servicio sanitario es universal y gra\u00adtuito. As\u00ed han desaparecido las sociedades mutualistas de Cuba, entre ellas, el Sanatorio de las Cat\u00f3licas Cubanas, que fue un trozo de nuestra vida.<\/p>\n<p>Pero \u00bfy a qu\u00e9 esta digresi\u00f3n, a prop\u00f3sito de la semblanza de Sor Asunci\u00f3n Massot?<\/p>\n<p>Pues, sencillamente, porque Sor Asunci\u00f3n Massot fue una de las im\u00adpulsoras de este maravilloso mutualismo en Santiago de Cuba.<\/p>\n<p>Los Visitadores de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en Cuba, sobre todo el P. Juan Alvarez, hombre dotado de gran sensibilidad hacia los proble\u00admas sociales, director a su vez de las Hermanas, trat\u00f3 de vincular a las Hijas de la Caridad en este movimiento mutualista.<\/p>\n<p>Mas no siempre encontr\u00f3 suficiente comprensi\u00f3n en Madrid, d\u00e1ndose el caso de haber depositado Monse\u00f1or Zubizarreta, Obispo de Cienfuegos, el importe del viaje de doce Hermanas, para hacerse cargo de la Colonia espa\u00f1ola de Cienfuegos, pero que no se realiz\u00f3 por la tardanza de la ve\u00adnida de las Hermanas, lo que oblig\u00f3 a la entidad a abrir su Sanatorio con personal laico insustituible despu\u00e9s por las leyes sindicales al tratar de venir luego las Hermanas.<\/p>\n<p>Id\u00e9ntico fue el caso del Centro Gallego de Guant\u00e1namo, que habiendo solicitado Hermanas para su Sanatorio y convenido el contrato con la vi\u00adcevisitadora, tampoco pudieron hacerse cargo del inmueble por la raz\u00f3n misma de Cienfuegos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que ese mutualismo surgiera laico, con servicios religiosos muy escasos para bien morir en cristiano de miles de espa\u00f1oles y cubanos.<\/p>\n<p>Los \u00fanicos Hospitales Sanatorio de mutualismo en Cuba que surgieran en cristiano fue el de Santiago de Cuba y los de C\u00e1rdenas y Matanzas, pero no al cuidado de las Hijas de la Caridad, sino de sus primas, como llaman en M\u00e9jico a las Josefinas, por haber sido fundadas por un P. Pa\u00fal en M\u00e9xico, como sustituci\u00f3n de las Hermanas de la Caridad, expulsadas de aquella naci\u00f3n por Diego de Tejada.<\/p>\n<p>La primera Superiora y pionera del mutualismo en Santiago fue Sor Mar\u00eda Terr\u00e9s, quien asisti\u00f3 al nacimiento de la Colonia, pobremente esta\u00adblecida en un edificio adaptado y pasando mil pobrezas, logra a\u00f1adir alg\u00fan pabell\u00f3n de madera primero y de modesta construcci\u00f3n de ladrillo luego.<\/p>\n<p>Sor Mar\u00eda Terr\u00e9s, como Sor Asunci\u00f3n Massot y Sor Serafina Terr\u00e9s, formaron un tr\u00edo de catalanas a quienes complac\u00eda el inicio de las cosas, se sent\u00edan con fuerzas para vencer las dificultades de los principios.<\/p>\n<p>Sin miedo a deudas, ten\u00edan una fe absoluta en el cr\u00e9dito, organizando bien el trabajo y respondiendo siempre al pago de los cr\u00e9ditos otorgados a su instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed fue Sor Asunci\u00f3n Massot; as\u00ed fueron Sor Mar\u00eda Terr\u00e9s y Sor Sera- fina Terr\u00e9s en las Cat\u00f3licas Cubanas.<\/p>\n<p>Ellas se hab\u00edan dado cuenta de que no est\u00e1 el \u00e9xito en gastar los ahorros, sino en invertir dinero recibido al 6 por 100 para luego sacarle el 12 \u00f3 el 20 a lo recibido en pr\u00e9stamo por el trabajo de la Organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No vamos a caer en la injusta apreciaci\u00f3n de estimar que aquellos primeros barracones se hayan convertido a trav\u00e9s de los a\u00f1os en esa hermosa ciudad hospitalaria gracias a la acci\u00f3n de Sor Mar\u00eda y de Sor Asunci\u00f3n. No.<\/p>\n<p>El milagro, tantas veces repetido en Cuba, lo realiz\u00f3 el poder del mu\u00adtualismo, el ascenso de cientos de socios a miles, logrando en Santiago la cantidad de 30.000 socios que aportaban una cuota social mensual que daba lo suficiente para prestar los servicios a los socios, mas dejaba un super\u00e1vit para amortizar los cr\u00e9ditos.<\/p>\n<p>Esa fue la historia del Sanatorio La Milagrosa, de las Cat\u00f3licas Cubanas, que nosotros dirigimos con Sor Mar\u00eda Terr\u00e9s y Sor Serafina Terr\u00e9s, alcan\u00adzando la cantidad recibida en pr\u00e9stamos bancarios a m\u00e1s de dos millones de d\u00f3lares, que estaban a punto de amortizarse al llegar la revoluci\u00f3n de 1959 y deshacer la Asociaci\u00f3n, pasando el inmueble al Estado cubano.<\/p>\n<p>Sor Asunci\u00f3n estuvo siempre rodeada de un grupo de hombres; la di\u00adrecci\u00f3n de la Colonia espa\u00f1ola, primero, y luego tambi\u00e9n de mujeres que aportaban sus esfuerzos personales para impulsar el desarrollo del Sa\u00adnatorio de la Colonia.<\/p>\n<p>Con un grupo de t\u00e9cnicos de la medicina y de la enfermer\u00eda, en coope\u00adraci\u00f3n con las Hermanas de la Caridad y gran ayuda de la prensa local.<\/p>\n<p>El m\u00e9rito de Sor Asunci\u00f3n estuvo en organizar bien el servicio hospi\u00adtalario, lograr la confianza de esos trabajadores sociales y mantener la disciplina en aquella peque\u00f1a ciudad, actuando como diligente alcaldesa.<\/p>\n<p>Y para eso ten\u00eda talla, infundiendo la confianza en todos, directivos y socios, sanos y enfermos. Su administraci\u00f3n, aunque no absoluta como en las Cat\u00f3licas Cubanas, inspiraba confianza en no pocos socios, que le pres\u00adtaron sus ahorros a m\u00f3dicos intereses en la seguridad de que dinero res\u00adponsabilizado por Sor Asunci\u00f3n era dinero que volv\u00eda a su due\u00f1o, en la hora y forma contratada.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que no hubiese asunto de importancia tratado sobre el Sanatorio de la Colonia espa\u00f1ola en juntas de gobierno, sobre el cual no se contase siempre con el informe u opini\u00f3n previa de Sor Asunci\u00f3n Massot.<\/p>\n<p>Su cuidado sobre la preparaci\u00f3n t\u00e9cnica de las Hermanas era esmerado. Organizando cursillos y oblig\u00e1ndoles a captar bien las pr\u00e1cticas de los la\u00adboratorios, inspeccionando los adelantos de toda Hermana.<\/p>\n<p>Suele decirse con frecuente insistencia que nadie es necesario en la vida. Eso es la mitad de la verdad, que, por lo com\u00fan, asegura Gilbert Chesterston, es la mayor de las mentiras.<\/p>\n<p>Se muri\u00f3 San Ignacio y sigui\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, suele decirse. Desapareci\u00f3 San Vicente de Pa\u00fal y continu\u00f3 la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Desapareci\u00f3 de la tierra San Benito y Europa se llen\u00f3 de Benedictinos. Eso es verdad. Pero cabe preguntarse. \u00bfSin San Ignacio, sin San Vicente de Pa\u00fal, sin San Benito hubiera habido en el mundo jesuitas, pa\u00fales y be\u00adnedictinos?<\/p>\n<p>En el orden social acontece algo parecido a la biolog\u00eda. Hay quien viene a la vida dotado del poder de la paternidad y de la maternidad, y hay quien no logra en la vida, lo que logra el m\u00e1s o m\u00ednimo de los insectos, o\u00edmos decir a un coronel del Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol, lament\u00e1ndose de no poder haber podido tener un hijo.<\/p>\n<p>No es, pues, verdad que cualquiera sustituye a cualquiera o que todos valemos para todo. De ah\u00ed que tenga tambi\u00e9n grandes inconvenientes el sistema rotativo de la autoridad, a tiempo fijo. \u00danicamente cultivando mucho la corresponsabilidad es aceptable. Sor Asunci\u00f3n sent\u00eda una gran alegr\u00eda en la direcci\u00f3n de la Colonia espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Por el hecho de que las Hijas de la Caridad fuesen las administradoras del Sanatorio qued\u00f3 resuelto un gran problema eclesial, pues una m\u00ednima cantidad se convirti\u00f3 en un seguro de salud para los sacerdotes de la Di\u00f3\u00adcesis de Santiago y Camag\u00fcey, y singularmente para nuestros Padres de las casas de Guant\u00e1namo, Santiago, San Luis y Baracoa, quienes pudieron siempre contar con especial\u00edsimo trato al sentirse enfermos. En los brazos de las Hijas de la Caridad fallecieron los dos \u00faltimos grandes prelados, Monse\u00f1ores Zubizarreta y Serantes, as\u00ed como un grupo de misioneros de la provincia.<\/p>\n<p>En reciprocidad, los PP. Pa\u00fales prestaban los servicios religiosos a las Hermanas y visitaban diariamente el Sanatorio para el servicio de los en\u00adfermos, a quienes prestaban el consuelo de sus visitas frecuentes y siempre los \u00faltimos sacramentos.<\/p>\n<p>Esto llenaba de consuelo a Sor Asunci\u00f3n y a sus compa\u00f1eras de tra\u00adbajo en el Sanatorio de la Colonia espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Largo podr\u00edamos seguir escribiendo sobre este tema, pero hay que com\u00adpartir con tiento y oportunidad el espacio de los ANALES.<\/p>\n<p>Transcurri\u00f3 el tiempo. A la pobreza sucedi\u00f3 la abundancia. A la juven\u00adtud, los a\u00f1os, Ya para ser presidente o vocal de la Colonia espa\u00f1ola hab\u00eda que gastarse en pol\u00edtica buenos dineros. El suministro del consumo, las subastas, las fabricaciones, la colocaci\u00f3n de la empleoman\u00eda complic\u00f3 un poco o un mucho la vida, pues de alguna manera ten\u00edan que recuperar lo gastado.<\/p>\n<p>Sol\u00eda decir Sor Concepci\u00f3n Crespo, a prop\u00f3sito de los colegios de pensionistas de Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p>\u00abCuando nadie ense\u00f1aba, \u00e9ramos necesarias. Hoy que tantos hombres y mujeres viven de la ense\u00f1anza, si no andamos con tiento acabamos por estorbar.\u00bb<\/p>\n<p>Tal acontece tambi\u00e9n con ciertas instituciones de car\u00e1cter democr\u00e1tico como es el mutualismo. Si la vaca da poca leche, se la dejamos toda al ternero para que se cr\u00ede, pero cuando da mucha, sentimos la tentaci\u00f3n de compartirla con el ternero.<\/p>\n<p>Rectil\u00ednea Sor Asunci\u00f3n en el manejo del Sanatorio, quiz\u00e1s no apreci\u00f3 en toda su proporci\u00f3n este cambio de los tiempos.<\/p>\n<p>Para algunos altos directivos, que incluso hab\u00edan invertido sus dineros en las elecciones, ya Sor Asunci\u00f3n empezaba a estorbar. Sab\u00eda demasiado bien, lo mal que se hac\u00edan ciertas cosas.<\/p>\n<p>Los Superiores entendieron que bastante de su vida hab\u00eda dado Sor Asunci\u00f3n a la Colonia espa\u00f1ola y en lugar de pleitear con la directiva bus\u00adcaron otra mujer inteligente, verdadera Hija de la Caridad como Sor Asunci\u00f3n, llamada Sor Carmen Geijo, y dieron descanso y reposo a Sor Asunci\u00f3n, pensando que le jubilaban, pero la Colonia espa\u00f1ola de San\u00adtiago nunca olvid\u00f3 a Sor Asunci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abCuando la huelga m\u00e9dica, cuando tan pocos socios cre\u00edan en la super\u00advivencia del Sanatorio, la diligencia de Sor Asunci\u00f3n, comprometiendo con peligro de la vida del mismo los servicios del Dr. Posada, salv\u00f3 el Sa\u00adnatorio\u00bb, le o\u00edmos decir a un socio que hablaba con conocimiento de causa.<\/p>\n<p>Por eso Sor Asunci\u00f3n y el Dr. Posada fueron desde entonces carne y u\u00f1a mientras tuvieron dedos.<\/p>\n<p>En nuestro libro \u00abLas Hijas de la Caridad en Cuba\u00bb, p\u00e1gina 262, edi\u00adtado en 1933, resum\u00edamos la labor constructora de la Colonia espa\u00f1ola bajo el superiorato de Sor Asunci\u00f3n en las siguientes l\u00edneas:<\/p>\n<p>\u00abEn la administraci\u00f3n de Sor Asunci\u00f3n se ha construido el pabell\u00f3n del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, de dos pisos; el de tuberculosos; se dot\u00f3 de otro piso al pabell\u00f3n Rosillo, la capilla con capacidad para los socios y gente de la calle; la cocina nueva con altos; una farmacia moderna, capilla ar\u00addiente para velar los cad\u00e1veres; lavander\u00eda, reconstrucci\u00f3n del pabell\u00f3n Lans, ascendiendo a m\u00e1s de doscientos mil pesos la cantidad invertida.\u00bb<\/p>\n<p>Posteriormente a estos datos la peque\u00f1a ciudad hospitalaria fue cre\u00adciendo m\u00e1s y m\u00e1s, sin que podamos recoger los datos concretos.<\/p>\n<p>Otro factor se conect\u00f3 con el Sanatorio.<\/p>\n<p>El P. Angel Tobar, que hab\u00eda visto el origen y primeros pasos. de la Asociaci\u00f3n de Cat\u00f3licas Cubanas de La Habana, intent\u00f3 algo similar en Santiago de Cuba. Las socias pagar\u00edan una cuota, de la cual se separar\u00eda una parte para obras sociales y escolares, dedicando el resto de dicha cuota a prestar el seguro de salud en una de las clinicas vigentes en San\u00adtiago.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s natural que fuese la cl\u00ednica administrada por las Hermanas. Sor Asunci\u00f3n patrocin\u00f3 este movimiento haciendo un contrato con el P. Tobar, quien ya hab\u00eda logrado sumar casi dos mil mujeres a su orga\u00adnizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Habiendo sido destinado a La Habana el P. Tobar, no surgi\u00f3 el susti\u00adtuto. El P. Ayerra, que en principio acept\u00f3 la responsabilidad de la organizaci\u00f3n comprendi\u00f3 despu\u00e9s que la \u00fanica soluci\u00f3n de continuidad estaba en injertar las casi dos mil mujeres en la Colonia Espa\u00f1ola, como as\u00ed lo hizo, pasando todas las socias a ser miembros del Sanatorio. Entre Sor Asunci\u00f3n y el P. Ayerra consumaron esta uni\u00f3n de las mujeres con los socios que hasta entonces hab\u00edan sido los \u00fanicos socios, como en La Habana. Esto dio nuevo impulso al Sanatorio. Sobre todo el derecho a Maternidad multiplic\u00f3 las socias.<\/p>\n<p>Y adi\u00f3s al Sanatorio de la Colonia Espa\u00f1ola, decimos nosotros. \u00bfjubilada Sor Asunci\u00f3n Massot? Eso nunca.<\/p>\n<p>Para jubilaci\u00f3n y descanso, sol\u00eda decir, la eternidad.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue: mientras pudiese trabajar no descansar\u00eda.<\/p>\n<p>Luego de una corta residencia en la casa central de la Inmaculada, Sor Asunci\u00f3n apareci\u00f3 en Matanzas. \u00bfPara qu\u00e9? Pues ni ella sab\u00eda para qu\u00e9, seg\u00fan le o\u00ed decir. Volvi\u00f3 de nuevo al noviciado. As\u00ed calific\u00f3 ella misma sus primeros meses en Matanzas, en el Asilo de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed, viviendo y rezando \u2014se le o\u00eda decir.<\/p>\n<p>Pero un d\u00eda percibi\u00f3 un rayo de luz en su existencia, truncada al pa\u00adrecer Sor Carmen Lagomasino, una antigua maestra, que como Santa Catalina Labour\u00e9 oy\u00f3 la voz de San Vicente, al iniciarse el noviciado en Cuba, y a quien yo me atrever\u00eda a llamarla Sor Rosal\u00eda Rendu de Matan\u00adzas, sent\u00edase agobiada por el conjunto de sacrificios que representaba el sostenimiento de un comedor gratuito para las ni\u00f1as y ni\u00f1os pobres de la ciudad de Yumuri y la Obra de San Vicente de Pa\u00fal al Servicio del Preso.<\/p>\n<p>Sor Asunci\u00f3n, que sinti\u00f3 siempre la corresponsabilidad, tan tra\u00edda y llevada en las nuevas constituciones religiosas posconciliares, a sugerencias de Sor Mercedes Alvarez, una de las primitivas alumnas de Sor Asunci\u00f3n en el Colegio de Regla, se ofreci\u00f3 a trabajar en la Obra de los Presos, sustituyendo a Sor Carmen Lagomasino.<\/p>\n<p>Sor Lagomasino hab\u00eda realizado una gran labor, llegando a invertir como unos 15.000 pesos o d\u00f3lares en la reconstrucci\u00f3n de uno de los aleros de la c\u00e1rcel, repellando las paredes, preparando un altar, cambi\u00e1n\u00addole el piso y dot\u00e1ndola de una biblioteca de m\u00e1s de mil vol\u00famenes, m\u00e1s bancos para doscientos asistentes a los actos religiosos, m\u00e1s otras mejoras, todo en uni\u00f3n de los PP. Pa\u00fales de la Escuela Apost\u00f3lica. Traspas\u00f3 el cuidado de la Obra a Sor Asunci\u00f3n. Volvi\u00f3 a surgir de nuevo Sor Asun\u00adci\u00f3n. La genuina, no la vieja novicia retirada.<\/p>\n<p>Con donativos que segu\u00eda recibiendo de sus buenos amigos de Santiago de Cuba; con socios cooperadores que obtuvo en Matanzas, dio gran impulso a la obra penitenciaria, organizando los servicios religiosos, el catecismo y las pl\u00e1ticas doctrinales de los PP. Pa\u00fales peri\u00f3dicamente.<\/p>\n<p>Invertir su dinero en obsequios estimables a los presos m\u00e1s aprovecha\u00addos de estas ense\u00f1anzas, y en ocasiones, como en las misiones anuales que el P. Chaurrondo, en uni\u00f3n de Sor Mercedes Alvarez y la se\u00f1orita Tet\u00e9 Casta\u00f1eda daban, se permit\u00eda el lujo de terminar las misiones con un verdadero banquete, presidido por el se\u00f1or Obispo Mart\u00edn Villaverde y los altos jerarcas de los Caballeros de Col\u00f3n, Caballeros Cat\u00f3licos, Maes\u00adtras Cat\u00f3licas, etc., que se sent\u00edan honrados en esta convivencia con los presos.<\/p>\n<p>Nunca supe yo de d\u00f3nde sacaba los dineros, pero los dineros aparec\u00edan. Y una sonrisa recogida y sentida en el rostro de Sor Asunci\u00f3n que todos, comenzando por los presos, apreci\u00e1bamos m\u00e1s que el banquete.<\/p>\n<p>Esa fue su labor en Matanzas durante unos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Aquellas dos mujeres, Sor Asunci\u00f3n y Sor Mercedes, se sent\u00edan orgu\u00adllosas, la antigua alumna de su maestra y la maestra de su ex alumna de Regla.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os corr\u00edan y ya Sor Asunci\u00f3n iniciaba el declive de su vida.<\/p>\n<p>Pero cuando todos ve\u00edan ya en el futuro a Sor Asunci\u00f3n viejita, de n\u00famero para siempre en el Asilo de San Vicente de Pa\u00fal, corre un rumor.<\/p>\n<p>Que se abre una casa nueva, para una obra nueva, de estreno, sin pre\u00adcedentes en la Provincia, pero esencialmente vicenciana, primitiva, la raz\u00f3n de existencia y fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad por San Vicente. Las peque\u00f1as obras al servicio de las parroquias. \u00abPetites oeuvres des parois\u00bb, que llamaba el fundador del nuevo tipo de religiosas. Las religiosas calle\u00adjeras que tendr\u00edan una casa de alquiler por convento, las calles de la ciu\u00addad por claustro y la parroquia por capilla y la modestia por velo.<\/p>\n<p>Esta ciudad era Pinar del R\u00edo. La iniciativa hab\u00eda surgido de Mons. Eve\u00adlio D\u00edaz, Obispo de la Di\u00f3cesis de esa ciudad, y del P. Cayetano Mart\u00ednez, p\u00e1rroco de la Catedral.<\/p>\n<p>Y all\u00ed fue la casi vieja catalana, quien haciendo honor a la tierra que la vio nacer, tierra de hombres y mujeres excepcionales en iniciativas, con el subsidio del Obispo, alquil\u00f3 una casa y comenz\u00f3 la inmensa obra realizada en Pinar del R\u00edo.<\/p>\n<p>La ciudad en su totalidad: los barrios aleda\u00f1os, los hospitales oficiales y cl\u00ednicas particulares, la casa de los enfermos, la c\u00e1rcel, el Sanatorio de la Colonia Espa\u00f1ola, todos presenciaron la actividad de aquel peque\u00f1o comando de Hijas de la Caridad bajo la direcci\u00f3n de su jefa Sor Asunci\u00f3n Massot.<\/p>\n<p>Pronto domin\u00f3 el conocimiento de los que pod\u00edan dar y los que necesitaban recibir, organizando la colecci\u00f3n y la distribuci\u00f3n de ambas clases sociales.<\/p>\n<p>Curiosa ser\u00eda una estad\u00edstica de esa obra por la libre, realizada por las Hijas de la Caridad en Pinar del R\u00edo. Se centuplicaron los fallecidos con los \u00faltimos sacramentos. A m\u00e1s de ciento subieron las comuniones a domicilio los primeros viernes.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente se les escapaba a esos sabuesos de Sor Asunci\u00f3n el falle\u00adcimiento de un enfermo sin sacramentos en los centros hospitalarios o en la c\u00e1rcel provincial.<\/p>\n<p>Gracias a los esfuerzos de Sor Asunci\u00f3n y de Sor Mercedes Alvarez, con ocasi\u00f3n de una misi\u00f3n en la c\u00e1rcel se obtuvieron los recursos necesa\u00adrios para dotar a esta c\u00e1rcel de una hermosa capilla, con bancos nuevos, im\u00e1genes hermosas de la Caridad del Cobre y de San Vicente de Pa\u00fal, cuyos servicios religiosos quedaron al cuidado de los PP. Escolapios de la ciudad.<\/p>\n<p>Sor Asunci\u00f3n ten\u00eda dinero para todo.<\/p>\n<p>Al fin logr\u00f3 el se\u00f1or Obispo que una familia rica cediese en propiedad su casa solariega, peque\u00f1o palacio para vivienda de las Hermanas, casi adosado a la casa del Obispo, con lo cual se ahorraban el alquiler y ob\u00adten\u00edan la ventaja de o\u00edr la santa misa, en la capilla del mismo, los muchos d\u00edas que el se\u00f1or Obispo la dec\u00eda en su capilla particular.<\/p>\n<p>Hasta se meti\u00f3 sor Asunci\u00f3n a constructora de iglesias.<\/p>\n<p>Un grupo de catequistas pretend\u00eda construir una capilla grandecita en un barrio. \u00bfCon qu\u00e9?<\/p>\n<p>El Obispo les hab\u00eda prometido mil pesos. Hablaron con Sor Asunci\u00f3n. Esta se present\u00f3 al Obispo con unos planos de cinco mil pesos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY el dinero? \u2014les dijo el Obispo.<\/p>\n<p>\u2014Monse\u00f1or, con dinero cualquiera construye. \u00bfAutoriza los planos?<\/p>\n<p>Aparecieron los dineros, se hizo la construcci\u00f3n y con una gran fiesta, a la que acudi\u00f3 la ingente multitud que hab\u00eda contribuido, se inaugur\u00f3 la capilla bonita del barrio,<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1nto debe? \u2014le pregunt\u00f3 el Obispo.<\/p>\n<p>\u2014S\u00f3lo ochocientos pesos\u2014 le contest\u00f3 Sor Asunci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Pues bien; tome estos otros mil. Los doscientos que sobran, para los peque\u00f1os caprichos de las Hermanas y de las catequistas.<\/p>\n<p>As\u00ed actuaba aquella ya anciana Sor Asunci\u00f3n, a quien los a\u00f1os le difi\u00adcultaban bastante sus recorridos por la ciudad, que hab\u00eda sido hasta en\u00adtonces su verdadero monasterio, el decir de San Vicente. Sor Asunci\u00f3n nunca pidi\u00f3 nada a la caja de la Provincia, pero en todas partes, hasta en Pinar del R\u00edo, sin quitar nada a los pobres de sus donativos personales, supo aportar siempre algo, y a veces algo de consideraci\u00f3n a la caja pro\u00advincial, para el sostenimiento de novicias y hermanas retiradas en la casa central.<\/p>\n<p>Siempre le interesaron a Sor Asunci\u00f3n los problemas colectivos de la Provincia.<\/p>\n<p>Hoy se habla de muchas cosas, que nunca interesaron a Sor Asunci\u00f3n, Hija de la Caridad preconciliar.<\/p>\n<p>Una sola vez fue a Espa\u00f1a, a cargo de la Colonia Espa\u00f1ola de Santiago de Cuba. Se dio por satisfecha para toda su vida. Guardaba con cari\u00f1o el recuerdo de los suyos, el de la primera misa de un jesuita sobrino suyo, que coincidi\u00f3 con su viaje.<\/p>\n<p>Segu\u00eda con edificante emoci\u00f3n el desarrollo de toda la familia, hablando con frecuencia del nacimiento de los sobrinos o del fallecimiento de sus parientes.<\/p>\n<p>Recib\u00eda con gran cari\u00f1o en su retiro de la Inmaculada la visita de sus antiguos amigos de Santiago, habiendo quien iba a o\u00edr misa dominical a la Inmaculada para solo hablar con Sor Asunci\u00f3n de los viejos tiempos de Santiago. Quien m\u00e1s, quien menos, terminaba siempre su visita con alg\u00fan donativo m\u00e1s o menos importante.<\/p>\n<p>Estamos llegando al final. Los ochenta y tantos a\u00f1os golpean al roble catal\u00e1n, a la Hija de la Caridad que jug\u00f3 en la vida con las cartas sobre la mesa limpiamente, sin tapujos, sin otra emoci\u00f3n que el de ser fiel y fecunda a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya rendida en la vida, como los viejos cruzados del siglo XIII o los mariscales de Napole\u00f3n, h\u00e9roes en cien batallas, esta cruzada del siglo XX, esta mariscala de las batallas por Cristo y sus hijos los hombres, se ocul\u00adtaba en el Hospital de los Inv\u00e1lidos de la Inmaculada, dando ejemplo de vida, como dice el catecismo de Astete; yendo para ac\u00e1 y para all\u00e1 mien\u00adtras pudo caminar, a ver c\u00f3mo hac\u00edan otras lo que ya ella no pod\u00eda hacer, pues siempre debi\u00f3 sentir cierta desapetencia por la soledad. De ah\u00ed que propendiese, si pod\u00eda, a buscar compa\u00f1eras en la porter\u00eda o en alg\u00fan departamento para realizar ciertas devociones colectivas, como el Rosario o alguna lectura espiritual.<\/p>\n<p>Sent\u00eda obsesi\u00f3n por la confesi\u00f3n semanal. Si faltaba el confesor de la semana, ya sab\u00eda el P. Chaurrondo que el domingo all\u00ed estaba Sor Asun\u00adci\u00f3n sentada en la entrada de la sacrist\u00eda, para confesarse de minucias, que s\u00f3lo un alma muy de Dios pod\u00eda apreciar s\u00edntomas de falta.<\/p>\n<p>Varias veces se cay\u00f3 de la cama, causando la alarma de sus hermanas Recib\u00eda los \u00faltimos sacramentos, pero no se iba.<\/p>\n<p>Al fin se postr\u00f3 para no levantarse, aquella ni\u00f1a que al nacer en 1880 hab\u00eda ya cumplido los noventa y dos a\u00f1os, camino de los cien, si se descuida. Esto fue Sor Asunci\u00f3n Massot.<\/p>\n<p>Terminamos con un pensamiento que nos golpea de continuo. Si el per\u00edodo posconciliar da muchas Sor Asunci\u00f3n Massot, la cosa va bien. \u00a1Dios lo quiera!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando a los sesenta y nueve a\u00f1os se mira al pasado, interesa ya mu\u00adcho m\u00e1s lo que se espera al otro lado que lo que queda ac\u00e1 abajo. 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