{"id":11349,"date":"2015-02-17T06:11:05","date_gmt":"2015-02-17T05:11:05","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/25\/francisco-regis-clet-los-anos-terribles\/"},"modified":"2016-07-26T17:40:43","modified_gmt":"2016-07-26T15:40:43","slug":"francisco-regis-clet-biografia-09","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/francisco-regis-clet-biografia-09\/","title":{"rendered":"Francisco R\u00e9gis Clet, biograf\u00eda (09)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>9. Los a\u00f1os terribles<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/02\/regis-clet1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-29972\" title=\"regis-clet\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/02\/regis-clet1-300x300.jpg?resize=300%2C300\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Un comienzo de persecuci\u00f3n se perfil\u00f3 en 1811. Se detuvo a un sacerdote chino: llevaba consigo papeles que detallaban los poderes espirituales recibidos de su obispo, el vicario apost\u00f3lico de Chan-Si, para ciertos distritos. Los mandarines, suspicaces, vieron ah\u00ed un plan de los europeos para sustituir a los gobernadores de las ciudades por hom\u00adbres de su elecci\u00f3n. Se pretendi\u00f3 ver en ello un vasto complot contra el poder imperial. El culpable fue encarcelado. Era deseo del emperador Kia-King que volviesen a sus pa\u00edses todos los misioneros europeos, menos tres miembros del Tribunal de Matem\u00e1ticas. Vicencianos portu\u00ad<span style=\"text-decoration: underline\">g<\/span>ueses. Los espa\u00f1oles e italianos, misioneros de la Sagrada Congrega\u00adci\u00f3n de Propaganda, abandonaron Pek\u00edn. En cuanto a los Vicencianos franceses, protestaron contra las calumnias y permanecieron en sus puestos. Este principio de persecuci\u00f3n tuvo alg\u00fan eco en provincias, aunque en la mayor\u00eda de ellas no se dio publicidad a los edictos contra los misioneros. El Padre Clet mismo lo dice en una carta al Padre Song: \u00ab<em>El mandar\u00edn de Hien no ha publicado, por ahora, el decreto imperial contra los pastores y sus ovejas. As\u00ed que entre nosotros todo sigue su curso ordinario. Sin embargo tenemos nuestros temores&#8230;\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En efecto, un cristiano fue cruelmente castigado por negarse a repudiar su fe. No se sabe, dice el Padre Clet, si el dinero podr\u00e1 detener esta persecuci\u00f3n, pero los cristianos son muy pobres. Las cosas acabaron por apaciguarse.<\/p>\n<p>En la correspondencia de nuestro misionero, entre las cartas que se as han conservado, tenemos un vac\u00edo de cuatro a\u00f1os. Hab\u00eda escrito el 28 de diciembre de 1815 al Padre Pablo Song, y la primera que tene\u00admos despu\u00e9s de aquella es una carta escrita al Padre Lamiot en Pek\u00edn, n marzo de 1819.<\/p>\n<p>El Padre Lamiot es a la saz\u00f3n superior de los Padres Pa\u00fales en China, muerto el Padre Ghislain en agosto de 1812. Durante estos cuatro a\u00f1os la vida de la misi\u00f3n ha sido normal. El Padre Clet est\u00e1 con el Padre Dumazel, cuya salud ha continuado siendo fr\u00e1gil. \u00c9ste con\u00adserva un ardor misionero tal, que el Padre Clet se las ve y se las desea para frenarle. Dir\u00e1 con humor que \u00able era m\u00e1s penoso dirigirle a \u00e9l, que a toda la provincia de Hu-Kuang\u00bb. En diciembre de 181 8, duran\u00adte una gira misionera, enferma de tifus el Padre Dumazcl, que morir\u00e1 lejos del Padre Clet, aunque asistido por el Padre Son<sup>,<\/sup>. El servicio de los diversos distritos misioneros, cuyo jefe de misi\u00f3n era el Padre Clet, quedaba asegurado por hermanos de Congregaci\u00f3n chinos en n\u00famero de siete, de quienes el Pudre habla muy bien, pero ya los men\u00adcionamos antes.<\/p>\n<h3><strong>La gran persecuci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Tuvo como ocasi\u00f3n un fen\u00f3meno atmosf\u00e9rico que caus\u00f3 espanto en la Corte de Pek\u00edn. \u00ab<em>El 14 de mayo de 1818, entre las 5 y 6 de la tarde, densas tinieblas cundieron de repente por la capital y sus alrededores, acompa\u00f1adas de un fuerte viento sureste y de lluvias torrenciales. Dos intervalos luminosos rasgaron las tinieblas: el ciclo se puso rojo, y la atm\u00f3sfera estaba infecta. Truenos frecuentes aumentaron el horror de este espect\u00e1culo, v el aire no recobr\u00f3 su serenidad hasta pasar tres tor\u00admentas sucesivas<\/em>\u00ab. El emperador, atemorizado, consulta sin \u00e9xito a magos, adivinos v letrados sobre la causa de tales fen6menos, y el 25 de mayo publica el decreto siguiente:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Ayer a las 5 h. 3\/4 de la tarde, se levant\u00f3 un fuerte viento del lado sureste, iba acompa\u00f1ado de lluvia y produjo tinieblas tan densas que, en el interior de las casas, con las l\u00e1mparas encendidas, apenas si se reconoc\u00edan las personas. El terror producido por este fen\u00f3meno tan extra\u00f1o, no nos ha dejado descansar en toda la noche siguiente. La <\/em><em>hemos pasado examinando con el mayor cuidado por qu\u00e9 motivo que\u00adrr\u00eda el Cielo asustarnos con un prodigio semejante, pues seg\u00fan la doc\u00adtrina de los antiguos, las tinieblas causadas por el viento presagian com\u00fanmente alguna gran desgracia, alg\u00fan azote del Cielo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El emperador se pregunta si no ser\u00e1 \u00e9l mismo culpable de negligencia en el gobierno de sus estados, e inquiere de sus mandarines si, en el desempe\u00f1o de su cargo, no han incurrido en descuido o malversaci\u00f3n. Tambi\u00e9n advierte el emperador que, \u00ab<em>soplar el viento del sures\u00adte es se\u00f1al bastante probable de haberse cometido en esa materia algu\u00adna grave <\/em><em>infracci\u00f3n la<\/em><em> que los mandarines, remisos en el cumplimiento del deber, han ignorado, y que enciende la c\u00f3lera del Cielo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Como nadie encuentra soluci\u00f3n a estas cuestiones, se acusa a los cristianos de provocar estas amenazas del Cielo. Los consejeros del emperador son de parecer que deben relanzarse las persecuciones con\u00adtra los cristianos y los misioneros&#8230;<\/p>\n<h3><strong>Una existencia de proscrito<\/strong><\/h3>\n<p>Las primeras provincias donde ardi\u00f3 de nuevo la persecuci\u00f3n fueron Hu-Kuang y Setchuen. En esta segunda provincia, cuatro sacerdotes chinos, detenidos hacia finales de 1818, fueron condenados al exilio.<\/p>\n<p>En Hu-Kuang, fue detenido el Padre Chen cerca de Ku-Tching a principios de 1819. He aqu\u00ed lo que escribe el Padre Clet al Padre Lamiot, en marzo de 1819: \u00ab<em>Nuestra primera cruz es la muerte del Padre Dumazel, en el Chang-tsin-hieu, quien se ha visto asistido en sus \u00faltimos momentos por el Padre Song. Pienso que el buen Dios ha querido ahorrar a su gran<\/em> <em>sensibilidad el dolor de ver la devastaci\u00f3n espiritual y corporal de nuestras cristiandades de Ku-tching. Nuestra segunda cruz es la captu\u00adra del Padre Chen: ha sido vendido por un nuevo Judas en 20.000 denarios a algunos pretorianos y grupos canallas, que abundan en China, conocidos con el nombre de Hong-kuei (secta secreta que hac\u00eda ay agosto). Ha sido conducido a Ku-Tching, de all\u00ed a Utchang-fu con 15 o 18 cristianos, apresados casi al mismo tiempo. Su suerte no est\u00e1 todav\u00eda definida. Este es el origen de la persecuci\u00f3n que acabamos de <\/em><em>soportar, y que comenz\u00f3 los primeros d\u00edas de la primera luna del pre\u00adsente a\u00f1o. Un pagano, conocido de todos por ser un mal tipo, que me acus\u00f3 hace de 7 u 8 a\u00f1os y no recibi\u00f3 otra recompensa que veinte bofe\u00adtadas, ha tomado este a\u00f1o un camino m\u00e1s eficaz; ha quemado su casa y ha acusado de ello a dos familias, a mi instigaci\u00f3n; tambi\u00e9n lo ha hecho con el Padre Ho y el Padre Ngai. Este \u00faltimo huy\u00f3 desde el pri\u00admer momento sin decir palabra a Chang-tsing-hien. Esta absurda calumnia ha recibido cr\u00e9dito en el pretorio; la captura del Padre Chen, que tuvo lugar pocos d\u00edas despu\u00e9s, ha envenenado el asunto. El man\u00addar\u00edn mand\u00f3 a m\u00e1s de 200 pretorianos a nuestra residencia un domin\u00adgo en el momento de la celebraci\u00f3n de la fiesta. El Padre Ho se encon\u00adtraba solo, le hicieron desalojar r\u00e1pido. Devastaron la casa, quemaron maletas y armarios, se llevaron cuanto quisieron y se marcharon. Esta persecuci\u00f3n no habr\u00eda tenido grandes consecuencias si el mandar\u00edn se hubiera metido s\u00f3lo en este negocio; pero el mandar\u00edn militar quiso tomar parte en ella, aunque no fuera parte de su competencia. Envi\u00f3 en diversas ocasiones a 200 \u00f3 300 soldados para buscar a este Sy-yang\u00ad-gin (este Europeo, el beato Clet); puso precio a mi cabeza y prometi\u00f3 5.000 ta\u00e9ls y el bot\u00f3n a quien me prendiera. La avidez de una bicoca tan grande puso en actividad a los pretorianos, a los soldados, a los Hong-quoei, a los paganos del vecindario y hasta a algunos malos cris\u00adtianos que se pusieron a registrar las casas, las chozas, las grutas, las cavernas y todos los subterr\u00e1neos conocidos. Este registro policial fue tan escrupuloso que dur\u00f3 casi un mes..<\/em>.\u00bb.<\/p>\n<p>Ya se encuentra nuestro pobre misionero obligado a llevar una vida de proscrito, a escapar de escondite en escondite, siempre con el temor de ser descubierto y capturado. Sabe que le han devastado la misi\u00f3n, que sus hermanos de comunidad andan dispersos, y que est\u00e1n tambi\u00e9n en peligro de ser apresados. La relaci\u00f3n de sus aventuras que hace al Padre Lamiot contin\u00faa: \u00ab<em>El Padre Ho y yo recorrimos no s\u00e9 cu\u00e1ntos antros y cavernas que no eran visitadas hasta que nosotros hab\u00edamos salido para ir a un lugar m\u00e1s seguro. No puedo dejar de reconocer y admirar la influencia de la divina Providencia que, sin milagros, nos advirti\u00f3 de forma parecida si no milagrosa que sali\u00e9ramos lo antes posible de una caverna subterr\u00e1\u00adnea, de diez pies de profundidad donde cre\u00edan que estaba seguro; hac\u00eda once d\u00edas que viv\u00eda all\u00ed, cuando al ponerse el sol mi compa\u00f1ero de ermita trep\u00f3 hasta un agujerito por donde se ve\u00eda la ruta. En ese ins\u00adtante oy\u00f3 a un caminante que dijo en voz alta: \u00aben esta caverna hay alguien escondido porque la piedra que cierra la boca est\u00e1 limpia\u00bb. Consideramos estas palabras como un aviso del cielo; ten\u00edamos que quedarnos all\u00ed uno o dos d\u00edas todav\u00eda, pero una vez llegada la noche cerrada, nos dimos prisa a emigrar, y al otro d\u00eda por la ma\u00f1ana la caver\u00adna fue visitada por un Fouy\u00e9 (oficial subalterno) en compa\u00f1\u00eda de dos paganos. Libres por la amable Providencia de un peligro tan inminen\u00adte, se lo agradec\u00ed lo mejor que pude, y lleno de confianza en Dios emple\u00e9 sin temor dos noches para salir de un pa\u00eds donde no pod\u00eda estar por m\u00e1s tiempo sin temeridad y me embarqu\u00e9 para ir a Ho-nan, de donde tengo el honor de escribirle<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>El Padre Clet, pues, anduvo errante, de refugio en refugio, durante unos cuatro meses. Por fin, cansado de ver que no pod\u00eda ya hacer nada por los cristianos, sin riesgo de ser prendido y de comprometerlos, abandon\u00e9 de noche la regi\u00f3n, para pasar a una provincia vecina en la que piensa estar m\u00e1s seguro, y en la que cree podr\u00e1 dedicarse a los cris\u00adtianos.<\/p>\n<p>Pero no puede por menos de recordar el desastre que se ha cernido sobre su misi\u00f3n y sus cristianos. \u00abLos soldados enviados a nuestras monta\u00f1as se han portado como verdaderos salteadores, devastando las casas rompiendo muebles y robando gallinas, cerdos y cuanto no se hab\u00eda podido sustraer a su rapi\u00f1a; deteniendo a cuantos hombres que encontraban, los despojaban de sus ropas y los despachaban&#8230;. No s\u00f3lo lo hemos perdido casi todo. Hemos huido con lo puesto. Se lleva\u00adn mi maleta de misa y la del Padre Chen, y nuestros libros chinos han sido llevados al pretorio, etc&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>En el momento de estos sucesos, el Padre Clet tiene ya m\u00e1s de 71 a\u00f1os. Para un hombre de esta edad, llevar una vida de proscrito, siempre con la vida en peligro, debi\u00f3 de ser una prueba agotadora. Abriga\u00ad eI deseo bien comprensible de que volviera a tener un poco de tran\u00adquilidad. Antes de salir para China, despu\u00e9s del saqueo de San L\u00e1zaro, el 13 de julio de 1789, el Padre Clet hab\u00eda llevado durante unas semanas una vida errante, y se hab\u00eda enterado de c\u00f3mo en los a\u00f1os subsi\u00adguientes, numerosos sacerdotes en Francia hab\u00edan arrostrado una vida \u00absacerdotes refractarios\u00bb que se desplazaban de noche, o disfraza\u00addos para ocultamente asegurar a los fieles el ministerio, y andaban de escondite en escondite, siempre temerosos de ser descubiertos y apre\u00adsados. Este fue el caso del Padre Santiago Perboyre, t\u00edo de Juan Gabriel, oculto en la di\u00f3cesis de Cahors.<\/p>\n<p>En China, el Padre Clet se encontraba en una situaci\u00f3n semejante. En una carta al Padre Lamiot, superior en Pek\u00edn de todos los misione\u00adros vicencianos, describe el estado de la misi\u00f3n y la suerte de sus her\u00admanos de comunidad. \u00ab<em>La muerte del Padre Dumazel me oblig\u00f3 a enviarle una contraorden. Este suceso, la captura del Padre Chen, el regreso del Padre Ho, nos reduce a cuatro que no es demasiado para H. Q. Y yo, mientras espero regresar a nuestras monta\u00f1as de Ku-tchin, asumo la administraci\u00f3n de Ho-nan. Mi salud aguanta a pesar de los reveses y de mi edad m\u00e1s que septuagenaria&#8230;\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Ahora, en un ambiente nuevo, necesita reemprender la vida normal, por eso pide al Padre Lamiot diversos objetos que le faltan, y dinero del que est\u00e1 totalmente desprovisto. \u00ab<em>S\u00f3lo deseo de entre las cosas de aqu\u00ed abajo un buen reloj como los que nos envi\u00f3 hace dos a\u00f1os; no hab\u00eda m\u00e1s que uno aceptable; los otros se adelantaban una hora al d\u00eda, luego dos, despu\u00e9s todos fueron presa de una fiebre intermitente que los llevo a la muerte. Si tiene algo bueno en materia de reloj es le ruego me lo mande, despu\u00e9s del dinero y de las p\u00edldoras rojas (Ling-pao). Mis diputados le dar\u00e1n cuenta de nuestras miserias, de las que est\u00e1n m\u00e1s al d\u00eda que yo, y cuya fidelidad est\u00e1 a toda prueba: no ha sido poco lo que han pasado por nosotros, sobre todo Mo Francisco, quien ha estado vigilando d\u00eda y noche por mi conservaci\u00f3n y la de nuestras cosas&#8230; Somos m\u00e1s que pobres, ya que vivimos de prestado&#8230; Si el Padre Chen es exiliado lejos necesitaremos darle 100 ta\u00e9ls de vi\u00e1tico y tambi\u00e9n socorros para los otros encarcelados que tendr\u00e1n lo m\u00e1s pro\u00adbable la misma suerte, sobre todo a 7 u 8. quienes sufren a causa de nosotros. Hasta la fecha incierta de su partida para el destierro, hay que ayudarlos en la prisi\u00f3n&#8230;\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Subrayemos la delicadeza del Padre Clet, que piensa de modo par\u00adticular en los que est\u00e1n presos y sufren por la adhesi\u00f3n a su fe y a su misionero.<\/p>\n<p>Pide finalmente al Padre Lamiot que le obtenga del obispo una renovaci\u00f3n de la facultad para confirmar y conceder dispensas de dis\u00adparidad de culto para los matrimonios entre cristianos y paganos. Volver\u00e1 a ejercer sus funciones de misionero en el sector donde ha halla\u00addo refugio. Pero eso no ser\u00e1 por mucho tiempo.<\/p>\n<h3><strong>La detenci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Desde este refugio en Hon\u00e1n escribe al Padre Lamiot. Ha encontra\u00addo hospitalidad en una familia cristiana de la regi\u00f3n de Nan-Tchang-Fu, en el pueblo de Kin-Kia-Kang. All\u00ed se siente seguro, al menos relativa\u00admente. La familia de la que es hu\u00e9sped asegura no haber en su casa peli\u00adgro alguno. Era demasiada confianza. Hab\u00eda pensado un momento cam\u00adbiar otra vez de escondite, para no comprometer a sus anfitriones, y debiera haberlo hecho, mas renunci\u00f3 a ello. En este refugio de Hon\u00e1n estuvo unos seis meses, ejerciendo alg\u00fan ministerio por los alrededores.<\/p>\n<p>Hacia finales de 1837, el Padre Perboyre escrib\u00eda desde Hon\u00e1n al Padre Torrette, procurador de las misiones en Macao: \u00ab<em>Aqu\u00ed estoy con los Padres Song y P\u00e9, en la casa donde fue prendido el Padre Clet. El donante de esta residencia vive a\u00fan&#8230; Fue inseparable compa\u00f1ero del Padre Clet en las prisiones de Hon\u00e1n y Hup\u00e9<\/em>&#8230;\u00bb`.<\/p>\n<p>Un ap\u00f3stata al que el Padre Clet hab\u00eda reprochado su conducta escandalosa, jur\u00f3 odio implacable a los misioneros. Ya hab\u00eda denun\u00adciado a los mandarines y hecho arrestar al Padre Chen. Recibe por ello una fuerte recompensa, lo que agudiza su encarnizamiento. Odia al Padre Clet, que es para \u00e9l un reproche viviente. Sabe que a la cabeza del misionero se tiene puesto un precio de 1.000 ta\u00e9ls, o sea unos 7.500 francos-oro. El rencor y la sed de ganancia le empujan a indagaciones que acaban por dar resultado. Cuando nadie, ni siquiera entre los paga\u00adnos, \u00a0quiere mal al misionero, y se guardar\u00e1 bien de denunciarle, \u00e9l no tiene esos escr\u00fapulos y sin demora informa a la polic\u00eda sobre el resul\u00adtado de sus pesquisas.<\/p>\n<p>El Padre Clet present\u00eda que iba a ser pronto arrestado. De acuerdo \u00a0a la declaraci\u00f3n de un cristiano que vivi\u00f3 este d\u00eda de angustia, el Padre Perboyre escrib\u00eda en 1837: \u00ab<em>El d\u00eda mismo en que fue apresado, antes, de haber en la comarca circundante la menor noticia de persecu\u00adci\u00f3n, \u00e9l anunci\u00f3 a una persona en vida a\u00fan hoy, que ese d\u00eda vendr\u00edan esbirros a prenderle, lo que hizo pensar a esta persona que el Se\u00f1or le enviado sin duda a su \u00e1ngel para avisarle<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Y en el proceso de beatificaci\u00f3n, en 1870, otro testigo refiere: \u00ab<em>Un d\u00eda mientras dec\u00eda la misa en su capilla de Ku-Tching, llegaron dos p\u00e1jaros a revolotear y gorjear en torno al presbiterio de la iglesia, en la que acabaron por entrar. Despu\u00e9s de misa el Padre los tomo, los meti\u00f3 en la jaula, y dijo a los asistentes: Est\u00e1is viendo la imagen de lo que debe sucederme- ser\u00e9 apresado por los esbirros, como yo mismo acabo de hacerlo con estas dos aves\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por fin la ma\u00f1ana misma de su arresto, nuestro misionero vio en sue\u00f1os a un hombre vestido de blanco. En dos ocasiones distintas le llama por su nombre y le dice: \u00abLos esbirros se acercan, \u00a1lev\u00e1ntate!\u00bb, y como no se despertaba, el joven le asi\u00f3 por el brazo y lo arrastr\u00f3 fuera del lecho diciendo: \u00ab\u00a1Est\u00e1n ah\u00ed los esbirros y t\u00fa duermes!\u00bb. Era la suprema alerta. Se levant\u00f3 al punto sin dudar lo m\u00e1s m\u00ednimo de que su \u00e1ngel de la guarda hab\u00eda venido a avisarle del peligro. Los anfitrio\u00adnes le proveyeron a toda prisa de ropas que lo camuflaran. Disfrazado de mercader, con una alcuza en la mano, quiere buscar su salvaci\u00f3n en la huida. Pero es demasiado tarde. La casa de sus anfitriones est\u00e1 vigi\u00adlada por la polic\u00eda, guiada por aquel traidor odioso. Sin perder un ins\u00adtante su sangre fr\u00eda, el Padre Clet se present\u00f3 por s\u00ed mismo a los sol\u00addados con calma y serenidad. Reconociendo al traidor en medio de ellos, le dice con una dulce indignaci\u00f3n: \u00ab\u00a1Amigo m\u00edo! \u00bfCon qu\u00e9 objeto te presentas aqu\u00ed? ;Ah, qu\u00e9 pena me das!\u00bb. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 compadecer\u00adme y perdonarme`? No lo necesito\u00bb, respondi\u00f3 el traidor. Luego vol\u00advi\u00e9ndose a los guardias, que se preguntaban c\u00f3mo acabar\u00eda este di\u00e1logo, les dice: \u00a1Es \u00e9l, es \u00e9l! \u00a1Prendedle!<\/p>\n<p>Los soldados se arrojaron brutalmente sobre \u00e9l y le golpearon, luego le pusieron cadenas en las mu\u00f1ecas, el cuello y los tobillos. Detuvieron tambi\u00e9n a los anfitriones y saquearon la casa, al igual que las casas de los cristianos vecinos, con tal ensa\u00f1amiento, que al decir del Padre Clet, \u00abya no les quedar\u00e1n m\u00e1s que los ojos para llorar\u00bb.<\/p>\n<p>Lo llevaron despu\u00e9s a la ciudad vecina de Nan-Yang-Fu, lanzando gritos para soliviantar a los mirones. El triste cortejo atraves\u00f3 las prin\u00adcipales calles y plazas de la ciudad, en medio de gente exaltada, y lleg\u00f3 a la prisi\u00f3n municipal.<\/p>\n<h3><strong>El largo viacrucis<\/strong><\/h3>\n<p>Con su arresto, va a comenzar para nuestro misionero un largo cal\u00advario, que durar\u00e1 del 16 de junio de 1819 hasta el d\u00eda de su muerte, 18 de febrero de 1820. El arresto hab\u00eda tenido lugar en el peque\u00f1o pueblo de Kin-Kia-Kang, a unos cuatro kil\u00f3metros de Nan-Yang-Fu.<\/p>\n<p>San Juan Gabriel Perboyre que, 18 a\u00f1os m\u00e1s tarde, se encontraba en los mismos lugares, escrib\u00eda: \u00ab<em>Con qu\u00e9 emoci\u00f3n o\u00eda yo traer a la memoria al Padre Clet por aquellos que me acompa\u00f1aban. En este mismo lugar donde me hallo ahora fue cogido preso, y estos mis veci\u00adnos m\u00e1s pr\u00f3ximos le siguieron por todas las prisiones. Y yo no puedo menos de felicitarme, por trabajar en esta porci\u00f3n de la vi\u00f1a del Se\u00f1or, que \u00e9l mismo cultiv\u00f3 con tanto celo y \u00e9xito..<\/em>.\u00bb.<\/p>\n<p>El Padre es llevado en primer lugar a la ciudad cercana, lo mismo que los cristianos detenidos con \u00e9l. All\u00ed compareci\u00f3 ante el mandar\u00edn local quien le trat\u00f3 con la m\u00e1s refinada brutalidad. Le hizo recibir 30 azotes con una gruesa correa de cuero hasta el punto de quedarle la cara ensangrentada, mientras \u00e9l sigue de rodillas sobre cadenas de hie\u00adrro. El pobre misionero, sin embargo, sacando fuerzas de flaqueza, dice al juez con calma y autoridad: \u00ab<em>Hermano m\u00edo, ahora t\u00fa me juzgas, pero dentro de poco ser\u00e1 mi Se\u00f1or mismo quien te juzgue a ti\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El mandar\u00edn, furioso por este ap\u00f3strofe, replic\u00f3: \u00ab\u00a1<em>Pues bien, mien\u00adtras tanto te voy a hacer dar algunos azotes, y ver\u00e9 c\u00f3mo me castiga tu Se\u00f1or<\/em>!\u00bb. No tuvo que esperar mucho el juez, unos meses m\u00e1s tarde, fue destituido y, el mismo d\u00eda de la muerte del Padre Clet, era tambi\u00e9n \u00e9l condenado a muerte, aserrado su cuerpo en dos mitades.<\/p>\n<p>Estaba pues el Padre Clet de rodillas ante el mandar\u00edn sobre cade\u00adnas de hierro y las manos atadas a la espalda. A una se\u00f1al del juez, un soldado provisto de una gruesa correa de cuero, le propino de nuevo treinta azotes violentos en la cara. De esta forma su cara se convierte en una llaga, con las mejillas desgarradas y la sangre baj\u00e1ndole por las ropas, pero el paciente no emite queja alguna.<\/p>\n<p>Diez d\u00edas despu\u00e9s, siempre cargado de cadenas, es enviado a la cabeza de partido de la provincia de \u00a0donde hab\u00eda residido, pero tuvo mucho cuidado de no comprometer a sus hermanos de comunidad o a los cristianos. Hablando de sus sufri\u00admientos dice de s\u00ed mismo: \u00ab<em>Me honraron en varias ocasiones con una treintena de bofetadas y de tenerme arrodillado sobre cadenas de hie\u00adrro durante tres o cuatro hora<\/em>s&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>De vuelta a la prisi\u00f3n- sol\u00eda pasar la noche rezando- con grande admiraci\u00f3n del carcelero, quien confes\u00f3 a un cristiano: <em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 prodigio quer\u00eda entonces obtener este anciano, que ha velado as\u00ed hasta el ama\u00adnecer<\/em>?\u00bb. El internamiento en la prisi\u00f3n de Kha\u00fc-Fon&#8211;Fu dur\u00f3 m\u00e1s o menos un mes, pero fue muy doloroso para el pobre misionero. \u00c9l mismo lo describe en una carta al Padre Richenet. \u00ab<em>Llegada la noche, en los d\u00edas largos y cortos, hay que acostarse y poner una pierna en una traba hasta el amanecer del d\u00eda siguiente. Esta traba est\u00e1 formada por dos planchas de dos pulgadas de espesor, que el carcelero junta y cie\u00adrra con candado despu\u00e9s de que cada prisionero ha metido una pierna en un agujero formado en redondo, de donde no puede salir hasta el d\u00eda siguiente al abrir el candado. No es la pierna trabada lo que sufre, excepto de fr\u00edo para los que no est\u00e1n provistos de buenas medias, es la otra pierna que no se puede extender cuando se quiere y esto, le con\u00adfieso, es muy inc\u00f3modo. En la prisi\u00f3n de Ho-nan, donde estuve un mes, existe otra incomodidad no dolorosa, pero muy molesta, es una cadena de hierro que nos ata a todos a nuestra cabecera y no deja levantar la cabeza; s\u00f3lo podemos, no sin esfuerzos, volvernos de cos\u00adtado y de espaldas\u00bb<\/em><em>. <\/em>En esta prisi\u00f3n pas\u00f3 aproximadamente un mes.<\/p>\n<h3><strong>El traslado a <\/strong><strong>U-Tchang-Fu<\/strong><\/h3>\n<p>En el decurso de un interrogatorio supieron los mandarines que la residencia habitual del Padre Clet estaba en Hu-Kuang, donde hab\u00edan tenido lugar la mayor parte de sus actividades. Tomaron la decisi\u00f3n de trasladarlo a la cabeza de partido de esta provincia, U-Tchang-Fu, para que fuese interrogado all\u00ed de nuevo y finalmente juzgado. La distancia era considerable, de unos 500 kil\u00f3metros. El viaje dur\u00f3 veinte d\u00edas. El preso iba como los grandes criminales, encerrado en una jaula de madera, con los hierros en los pies, las esposas en las manos, v las cadenas al cuello. Por la noche se paraban en una c\u00e1rcel. En la inves\u00adtigaci\u00f3n que instruye el proceso de beatificaci\u00f3n, un testimonio dice que se le vio llergr a U-TchanL-Fu \u00ab<em>con las ropas cubiertas de sangre, por el mal trato sufrido en el camino y los azotes recibidos. Sin embar\u00adgo<\/em><em>, <\/em><em>su rostro era alegre, ten\u00eda la sonrisa en los labios y no dejaba esca\u00adpar ninguna queja\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Se hallaba entonces en un estado muy lamentable, y hac\u00eda esta des\u00adcripci\u00f3n de s\u00ed mismo: \u00ab<em>Se encontraba mi salud en lamentable estado despu\u00e9s de la permanencia en la prisi\u00f3n de Ho-nan y el largo camino. Me hallaba entonces en un pobre estado, una gran delgadez, larga barba que hormigueaba de piojos, con una camisa bastante sucia sobre un pantal\u00f3n del mismo calibre, lo que preconizaba a un hombre pobre que no ten\u00eda un c\u00e9ntimo<\/em>&#8230;.\u00bb.<\/p>\n<p>Deb\u00eda ser internado en una prisi\u00f3n donde ocupar\u00eda solo una celda, pero ante su triste estado, los carceleros no quisieron recibirle. Cay\u00f3 en otra prisi\u00f3n en la que encontr\u00f3 a su hermano de comunidad detenido hac\u00eda varios meses, Padre Chen, y a un grupo de diez cristianos.<\/p>\n<p>Escribe al Padre Richenet: \u00abEsta negativa hizo que me llevaran a una prisi\u00f3n vecina, donde recib\u00ed el consuelo de encontrar al Padre Chen y a diez buenos cristianos todos reunidos en una habitaci\u00f3n donde hacemos en com\u00fan las oraciones de la ma\u00f1ana y de la tarde y de las fiestas, sin ser molestados por los carceleros ni por una multitud de paganos prisioneros que ocupan otras habitaciones que dan a un vasto patio, donde cada uno es libre de pasear desde el amanecer hasta la noche. Al ver esto, le confieso que no pude menos de derramar l\u00e1gri\u00admas de consuelo y alegr\u00eda, al ver el cuidado paternal del buen Dios para con su indigno servidor y sus fieles hijos&#8230; Todos hicimos la confesi\u00f3n y el Padre Tchin, que contin\u00faa en secreto visitando a los cristianos de los lugares circunvecinos de esta ciudad, celebr\u00f3 la misa en una casa poco distante, y nos trajo la sagrada comuni\u00f3n sin que se enteraran nuestros convecinos\u00bb<\/p>\n<h3><strong>La implicaci\u00f3n del Padre Lamiot en el proceso del Padre Clet<\/strong><\/h3>\n<p>Al morir el Padre Ghislain, superior en Pek\u00edn de los Vicencianos de China, fallecido el 12 de agosto de 1812, le hab\u00eda sucedido en el cargo el Padre Lamiot.<\/p>\n<p>Pues bien, al registrar la residencia del Padre Clet, los esbirros del mandar\u00edn descubren tres cartas del Padre Lamiot al Padre Clet. El pobre misionero no puede negar su autenticidad. El mandar\u00edn mand\u00f3 un informe a la Corte Imperial, y el Padre Lamiot fue arrestado a fina\u00adles de junio de 1819, cuando estaba en la casa de campo de los misioneros. Soport\u00f3 primero cuatro meses de prisi\u00f3n en Pek\u00edn. Luego deb\u00eda ser trasladado a U-Tchang-Fu para ser confrontado con el Padre Clet. Cuando el Padre Clet supo esta enojosa consecuencia, su conciencia se sinti\u00f3 devorada por los escr\u00fapulos, pensando que hab\u00eda sido, por una imprudencia suya, el causante del arresto del Padre Lamiot. Eso fue su tormento durante varias semanas. Pidi\u00f3 perd\u00f3n al Padre Lamiot por haberle comprometido. El Padre Lamiot dijo a su vez que su arresto se deb\u00eda a la denuncia del traidor que hab\u00eda vendido ya al Padre Chen y luego al Padre Clet.<\/p>\n<p>En una carta a su hermano, tambi\u00e9n pa\u00fal, director del colegio de Aire-sobre-el-Lys, el Padre Lamiot cuenta c\u00f3mo le encarcelaron en Pek\u00edn despu\u00e9s de ser arrestado el Padre Clet, con quien hab\u00eda mante\u00adnido correspondencia y a quien hab\u00eda ayudado con dinero y personal. Durante su estancia en la c\u00e1rcel de Pek\u00edn, fue sometido a varios inte\u00adrrogatorios, algunos muy largos, uno de ellos hasta casi de diez horas. Crey\u00e9ndose necesaria la confrontaci\u00f3n con el Padre Clet, se le remiti\u00f3 a U-Tchang-Fu. Fue una marcha ostentosa. As\u00ed describe a su hermano la caravana: \u00ab<em>Una enorme carreta tirada por tres bueyes y dos caballos, conducida por dos carreteros, dos criados, y una mula ensillada que deb\u00eda servirme cuando me sintiera fatigado de la carreta, no era m\u00e1s que una parte de mi acompa\u00f1amiento. El gobierno me conced\u00eda ade\u00adm\u00e1s un soldado, un guardia, y una segunda carreta en la que se deb\u00eda colocar un lote de mi equipaje&#8230; Se me trat\u00f3 en todo con los respetos que se demuestra a los mandarines: en ning\u00fan lugar conoc\u00ed cadenas, ni prisi\u00f3n. Me alojaba siempre en los albergues, como un simple viajero&#8230; Hubimos de atravesar monta\u00f1as inaccesibles, donde encontr\u00e9 precipi\u00adcios y abismos que sobrepasan la imaginaci\u00f3n de los poetas. Este tra\u00adyecto no fue nada en comparaci\u00f3n de los parajes fangosos que nos tro\u00adpezamos a la salida de las monta\u00f1as. De nada sirvi\u00f3 ya la carreta ni la <\/em><em>mula de cabalgar. Me ofrecieron ir en litera, pero compadecido de la suerte de los porteadores, quise hacerlo por mi propio pie. Con el barro hasta las rodillas, a menudo dejaba el calzado hundido. Cuando se resbalaba, ca\u00eda todo lo largo que soy. Mi d\u00e9bil soldado ven\u00eda a ayu\u00addarme, y tambi\u00e9n \u00e9l se ca\u00eda, y yo ten\u00eda que levantarle. Hacia Navidad, llegamos por fin, a fuerza de fatigas y de constancia, a dos d\u00edas de U-Tchang-Fu<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>A dos d\u00edas de marcha de U-Tchang-Fu, hacia Navidad de 1818, el Padre Lamiot escribe al Padre Clet para anunciarle su pr\u00f3xima llegada y para entenderse sobre las respuestas que dar\u00edan ante los jueces. Reci\u00adbi\u00f3 una respuesta que resume en estos t\u00e9rminos: \u00ab<em>Recib\u00ed de \u00e9l la carta mis emocionante: me ped\u00eda perd\u00f3n por haberme comprometido, y aclaraba que se har\u00eda cargo de todo, porque si yo no lograba salvar el establecimiento de Pek\u00edn, todo se perder\u00eda para la religi\u00f3n. A\u00f1ad\u00eda una serie de supuestas preguntas y respuestas que yo deb\u00eda dar<\/em>&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Pero no se permiti\u00f3 al padre Lamiot ver al Padre Clet antes de su comparecencia ante el tribunal. El Padre Lamiot fue alojado, no en la prisi\u00f3n, sino en un hotel.<\/p>\n<p>En la carta a su hermano pa\u00fal, el Padre Lamiot describe su comparecencia ante el tribunal, en compa\u00f1\u00eda de los Padres Chen y Clet: \u00ab<em>Al d\u00eda siguiente de nuestra llegada, me condujeron al tribunal donde se encontraban ya los Padres Clet y Chen. Despu\u00e9s de hacernos arrodillar antes, me preguntaron si conoc\u00eda al Padre Clet. Respond\u00ed que le conoc\u00eda, aunque su rostro estuviera tan desfigurado que no reconoc\u00eda ninguno de sus rasgos, pero estaba tan convencido de que era \u00e9l, que me era posible desconocerle<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>En una carta al Padre Verbert, Vicario General de la Congregaci\u00f3n de Misi\u00f3n, el Padre Lamiot da otros detalles sobre este encuentro con el Padre Clet ante el tribunal. No le hab\u00eda visto hac\u00eda muchos a\u00f1os, lo que explica tambi\u00e9n que le haya sido tan dif\u00edcil reconocerle: \u00abLa pri\u00admera vez que comparec\u00ed en juicio con el Padre Clet, sab\u00eda que era \u00e9l, pero no le reconoc\u00ed, si bien en las entrevistas siguientes se me present\u00f3 claro tal como le hab\u00eda conocido hace treinta a\u00f1os. Y es que su piel era menos delicada y su aire algo r\u00fastico, cosas que, como sabe, adquiri\u00f3 recorriendo las monta\u00f1as y antes no ten\u00eda. Me impresion\u00f3 la sabidur\u00eda de sus respuestas. Cuando me obligaron a arrodillarme junto a \u00e9l, se me ech\u00f3 a llorar&#8230; Y cuando iban a golpear al Padre Chen, exclam\u00f3: \u00ab\u00bf<em>Por qu\u00e9 a \u00e9l? Yo soy el \u00fanico culpable<\/em>\u00ab. El mandar\u00edn le replica \u00ab\u00a1Vieja m\u00e1quina, (esta expresi\u00f3n es una injuria grosera en China), t\u00fa has corrompido a demasiada gente nuestra: el emperador quiere tu vida!\u00bb \u00c9l respondi\u00f3: <em>\u00ab\u00a1Con mucho gusto!\u00bb Admir\u00e9 su extre\u00adma sensibilidad hacia el Padre Chen y para conmigo, y su intrepidez para el martirio; lo cual me produjo una impresi\u00f3n que no se me borra\u00adr\u00e1 nunca del alma<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>\u00abA la salida del tribunal -contin\u00faa diciendo el Padre Lamiot-, tuve una conversaci\u00f3n de unos instantes con un mandar\u00edn t\u00e1rtaro a quien yo conoc\u00eda. Los Padres Clet y Chen se encontraban a mi lado, y dije al Padre Clet \u00ab\u00a1\u00c1nimo, yo me encomiendo a sus oraciones! \u00bfC\u00f3mo est\u00e1&#8217;?\u00bb \u00c9l me respondi\u00f3 sonriendo: <em>\u00ab\u00a1Ya no s\u00e9 hablar franc\u00e9s, ni lat\u00edn, ni chino!\u00bb El Padre Chen tambi\u00e9n sonre\u00eda. Alguien me vio, e inmediatamente nos separaron. Son las \u00faltimas palabras que pudimos intercambiar<\/em>\u00ab.<\/p>\n<h3><strong>Juicio del Padre Clet sobre el r\u00e9gimen de las prisiones de China<\/strong><\/h3>\n<p>En una carta al Padre Richenet, del 28 de diciembre de 1819, el Padre Clet hace un enjuiciamiento de las prisiones de China. Puede hablar de ellas con conocimiento de causa, ya que conoci\u00f3, seg\u00fan dice, veintisiete.<\/p>\n<p>El Padre Richenet, que hab\u00eda llevado la procura de las Misiones en Macao, volvi\u00f3 a Par\u00eds en 1815. All\u00ed se le retuvo como asistente del Superior General, pero \u00e9l continu\u00f3 interes\u00e1ndose por la misi\u00f3n de China.<\/p>\n<p>El Padre Clet le cuenta en primer lugar las diversas etapas de su cautividad. \u00ab<em>Yo fui capturado en las proximidades de Nan-yang-fu, en Ho-nan, y de all\u00ed llevado a la capital de dicho Ho-nan, donde, despu\u00e9s de haberme honrado en varias ocasiones con una treintena de bofeta\u00addas y de tenerme arrodillado sobre cadenas de hierro durante tres o cuatro horas, me llevaron a U-tchang-fu por un camino de veinte d\u00edas, con grilletes en los pies y esposas en las manos y cadenas al cuello, sin otro albergue que las prisiones que se encontraban. Era intenci\u00f3n del <\/em><em>mandar\u00edn enviarme a una prisi\u00f3n, donde ser\u00eda el \u00fanico cristiano v habr\u00eda perecido, sin auxilios, encontr\u00e1ndose mi salud en lamentable estado despu\u00e9s de la permanencia en la prisi\u00f3n de Ho-nan y el largo camino: pero la Providencia quiso que los carceleros de esta prisi\u00f3n no quisieran recibirme\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Padre Clet confiesa que fue bastante maltratado en las prisiones de Hon\u00e1n, pero no se extiende sobre los malos tratos que sufri\u00f3, se contenta con notar: \u00ab<em>He encontrado en Ho-nan a mandarines bastante duros conmigo&#8230;\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El primer mandar\u00edn que le hab\u00eda tratado de manera tan cruel fue eje\u00adcutado, una vez depuesto y acusado del crimen de lesa majestad, como me lo hab\u00eda predicho el Padre Clet. Con todo, el Padre Clet elogia a los mandarines de Hup\u00e9: \u00ab<em>Los mandarines de aqu\u00ed son menos severos, tienen compasi\u00f3n, nos hacen sentar cuando la audiencia es larga, y tres veces nos dieron de comer habi\u00e9ndose informado por nosotros, si hab\u00edamos comido; y una vez nos dieron carne&#8230; No s\u00e9 cu\u00e1l es el estado de las<\/em> <em>prisiones de Francia; usted podr\u00e1 compararlas con las de la capital de Hu-p\u00e9.\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hace una descripci\u00f3n casi id\u00edlica de sus d\u00edas en la c\u00e1rcel. \u00ab<em>Doce t\u00e1els han hecho caer de nuestro cuello, manos y pies, las cadenas, las esposas y las trabas, en lat\u00edn <\/em><em>compedes, <\/em><em>si no me enga\u00f1o. Para eso cada prisionero da m\u00e1s o menos seg\u00fan sus posibilidades. En el amplio patio tienen hornos elevados en los que cada cual cuece el arroz que es suficiente para un hombre que no come mucho. Nos dan en le\u00f1a, el com\u00adbustible, y en dinero lo suficiente, para la cocci\u00f3n del arroz. Pero no dan ni aceite ni sal de manera que los muy pobres hacen una comi\u00adda muy ligera. Pero la mayor parte tienen de casa algunos denarios (5 sueldos de Francia por d\u00eda), para tener aceite, sal y hortalizas. Los que son m\u00e1s ricos viven como las familias comunes de Europa. Nosotros vivimos en com\u00fan. Tenemos un recadero que va todos los d\u00edas al mercado para comprarnos lo que necesitamos de hortalizas, t\u00e9u-fu (especie de queso de habas), a veces carne, pescado, etc. Los cristianos de los lugares vecinos nos ofrecen a menudo carne, pescado, fruta de todas clases, etc. Como ve no es como para tenernos l\u00e1stima. Pero no nos faltan sufrimientos. Llegada la noche, en los d\u00edas largos y cor\u00adtos, hay que acostarse y poner una pierna en una traba hasta el amane\u00adcer del d\u00eda siguiente&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>9. Los a\u00f1os terribles Un comienzo de persecuci\u00f3n se perfil\u00f3 en 1811. 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