{"id":109794,"date":"2015-01-28T03:30:41","date_gmt":"2015-01-28T02:30:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=109794"},"modified":"2016-07-26T17:21:48","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:48","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 8, cap\u00edtulo 1"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Libro VIII. El consejo de Conciencia<\/strong><\/h2>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo Primero: <em>Servicios hechos a la Iglesia<\/em><\/strong><\/h2>\n<h3>I. <em>Muerte de Luis XIII.<\/em><\/h3>\n<p>Richelieu no estaba ya desde el 4 de diciembre de 1642. Su partido una vez tomado, hab\u00eda afrontado la muerte, ese \u00faltimo e inevitable enemigo, con el valor tranquilo e impasible que hab\u00eda desplegado frente a todo el mundo.<\/p>\n<p>A esta noticia: \u00abAh\u00ed yace un gran pol\u00edtico muerto\u00bb, ser\u00eda suficiente decir con frialdad Luis XIII, encantado de salir por fin de una imperiosa tutela. No obstante no cambi\u00f3 nada en el gobierno; prometi\u00f3 a los parientes del cardenal la continuaci\u00f3n de su benevolencia, y tribut\u00f3 un \u00faltimo homenaje a su ministro llamando a Mazarino a su consejo. A esta sucesi\u00f3n de ministros-reyes, se podr\u00eda aplicar la palabra de nuestra vieja monarqu\u00eda: \u00abEl rey ha muerto, viva el rey!\u00bb Richelieu iba a sobrevivirse a s\u00ed mismo y gobernar todav\u00eda tras su muerte.<\/p>\n<p>Pasado el primer alegr\u00f3n de su emancipaci\u00f3n, Luis XIII hab\u00eda sentido que no le quedaba ni el tiempo ni la fuerza de cambiar nada en la direcci\u00f3n de los asuntos; en efecto, no deb\u00eda sobrevivir seis meses a su ministro. Su salud siempre delicada, sobre todo desde el sitio de Perpi\u00f1\u00e1n, se debilitaba cada vez m\u00e1s y, despu\u00e9s de algunos intervalos de recuperaci\u00f3n en los \u00faltimos meses de 1642, recay\u00f3 en una languidez de la que no se pudo recuperar. A \u00faltimos de febrero de 1643, una fiebre lenta, un insomnio continuo, una desgana extrema de toda alimentaci\u00f3n acabaron por minarla. Un mes despu\u00e9s, en medio de las adulaciones de los m\u00e9dicos, el rey advirti\u00f3 el primero la inutilidad de sus remedios y de la vanidad de sus esperanzas. El 27, dijo a Bouvart, el primero entre ellos: \u00abSoy consciente de que me voy. He pedido a Dios esta noche que si es su voluntad sacarme de este mundo, me hiciera la gracia de abreviar la duraci\u00f3n de mi enfermedad.\u00bb Bouvart debi\u00f3 hacer la confesi\u00f3n terrible: \u00abNo me sorprende, replic\u00f3 el rey, sab\u00eda que se me esperaba.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de arreglar la regencia, no pens\u00f3 ya m\u00e1s que en morir como un rey muy cristiano. Su confesor, el famoso Padre Sirmond, acababa de abandonar la corte. Sus ochenta y cinco a\u00f1os y su sordera explican suficientemente su retirada sin que se tenga que recurrir a razones pol\u00edticas. Tuvo por sucesor al Padre Jacques Dinet, que lleg\u00f3 hacia mediados del mes de marzo, al viejo castillo de Saint Germain. El rey le hizo una confesi\u00f3n general de toda su vida, consult\u00f3 en sus presencia a Mazarino y al secretario de Estado Des Noyers sobre algunos casos de moral gubernamental, y comulg\u00f3 con piedad el d\u00eda de la Anunciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No fue, seg\u00fan se ve, por rechazo al P. Dinet, que Luis XIII, en este momento supremo, quiso llamar a otros sacerdotes ; fue tan s\u00f3lo para multiplicar alrededor de \u00e9l los consuelos y los \u00e1nimos de religi\u00f3n.. Adem\u00e1s de Cosp\u00e9an, obispo de Lisieux, el obispo de Meaux, su primer capell\u00e1n, pidi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal. Ana de Austria, admirable estos \u00faltimos d\u00edas para con un esposo que la hab\u00eda desde\u00f1ado m\u00e1s de una vez, y llena de veneraci\u00f3n y de confianza por el santo sacerdote, le hab\u00eda, sin duda, sugerido esta \u00faltima elecci\u00f3n. Era a finales de abril, Vicente acudi\u00f3 a Saint-Germain y, abordando al rey, le salud\u00f3 con estas palabras de la Escritura (Ecl., I, 13): <em>Timenti Dominum bene erit in extremis; <\/em>y el piadoso monarca, alimentado en la lectura del libro divino, acab\u00f3 \u00e9l mismo el vers\u00edculo: <em>Et in die defunctionis suae benedicetur. <\/em>en ese momento hubo en el estado del rey ese mejor enga\u00f1oso que precede siempre a la muerte, y Vicente a quien los asuntos hab\u00edan llamado a Par\u00eds , no volvi\u00f3 a Saint-Germain al d\u00eda siguiente. Pero tres d\u00edas antes de su muerte el rey le hizo llamar, y se qued\u00f3 junto al pr\u00edncipe hasta su \u00faltimo suspiro. A pesar de la certeza de su fin pr\u00f3ximo, Luis XII hac\u00eda planes de gobierno cristiano. Quer\u00eda ante todo trabajar en la conversi\u00f3n de los protestantes y proveer bien los beneficios eclesi\u00e1sticos: \u00abOh Se\u00f1or Vicente, dec\u00eda entonces, si Dios me da la salud, no nombrar\u00e9 a nadie al episcopado que no haya pasado tres a\u00f1os con vos.\u00bb<span id='easy-footnote-1-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-1-109794' title='Conf. del 31 de octubre de 1643.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Pero \u00e9l volv\u00eda pronto al pensamiento de la muerte, y preguntaba a Vicente cu\u00e1l era la mejor manera de prepararse a ella. \u00abMajestad, respondi\u00f3 el santo, es imitar la de Jesucristo, y someterse por completo y perfectamente como el lo hizo a la voluntad del Padre celestial: <em>Nos mea voluntas, sed tua fiat <\/em> -Oh Jes\u00fas, repet\u00eda el religioso monarca, yo lo quiero tambi\u00e9n con todo el coraz\u00f3n. S\u00ed, Dios m\u00edo, yo lo digo y lo quiero decir hasta el \u00faltimo suspiro de mi vida: <em>Fiat voluntas tua<\/em>\u00a1\u00bb Luego hablaba alegremente de su \u00faltimo viaje, y mandaba abrir las ventanas de su habitaci\u00f3n por el lado de Saint-Denis y, a la vista de las torres de la bas\u00edlica, dec\u00eda sonriendo: \u00abAh\u00ed es donde yo estar\u00e9 muy pronto y donde me quedar\u00e9 mucho tiempo. Mi cuerpo ser\u00e1 muy sacudido, porque los caminos son malos.\u00bb Y, seguro de su fin pr\u00f3ximo, no crey\u00f3 ya deber superar su rechazo del alimento. Sin embargo, sinti\u00f3 escr\u00fapulos por ello y, haciendo una se\u00f1al a nuestro santo: \u00abSe\u00f1or Vicente, le dijo, los m\u00e9dicos me urgen para que tome alimento; yo me he negado, ya que tambi\u00e9n es necesario que yo me muera: \u00bfQu\u00e9 me aconsej\u00e1is vos? \u2013Majestad, respondi\u00f3 Vicente, los m\u00e9dicos tienen siempre entre ellos esta m\u00e1xima de hacer tomar alimento a los enfermos mientras les quede un soplo de vida, siempre en espera de una recuperaci\u00f3n de la salud. Ved porqu\u00e9, si le place a Vuestra Majestad, har\u00e9is bien en tomarlo\u00bb. Y el rey, llamando a S\u00e9guin, le pidi\u00f3 un caldo. Pero inmediatamente despu\u00e9s, tendiendo el brazo al m\u00e9dico: \u00abS\u00e9guin, le dijo con voz firme, t\u00f3meme el pulso y d\u00edgame, os suplico, cu\u00e1ntas horas de vida me quedan; pero t\u00f3melo bien, pues querr\u00eda saberlo exactamente.\u00bb S\u00e9guin tante\u00f3 unos instantes en silencio; despu\u00e9s respondi\u00f3 fr\u00edamente: \u00abSe\u00f1or, Vuestra Majestad puede tener todav\u00eda dos o tres horas todo lo m\u00e1s.\u00bb Entonces, juntando las manos y mirando al cielo, el pr\u00edncipe exclam\u00f3 sin mostrar alteraci\u00f3n: \u00abPues bien, Dios m\u00edo, lo consiento, y de todo coraz\u00f3n!\u00bb y tendiendo de nuevo su d\u00e9bil y flaco brazo hacia Vicente: \u00abMire, Se\u00f1or Vicente, le dijo, \u00bfes esto el brazo de un rey? Ya veis lo que son los reyes, lo mismo que los dem\u00e1s humanos!\u00bb Bouvart le tom\u00f3 el brazo a su vez y le dijo: \u00abMajestad, si mi conjetura no me enga\u00f1a, el alma de Vuestra Majestad estar\u00e1 pronto libre de los lazos del cuerpo ya que no le encuentro ya pulso. \u2013 Dios m\u00edo, exclam\u00f3 el monarca, recibidme con misericordia!\u00bb Y comenzaron las oraciones de los agonizantes, a las que el rey respond\u00eda con una voz d\u00e9bil y moribunda. Algunos instantes despu\u00e9s, expiraba en los brazos del P. Dinet y de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Acababa de retirarse la reina quien, hasta este \u00faltimo momento, hab\u00eda permanecido entre la cama y la pared rezando a Dios. Vicente fue a consolarla, y regres\u00f3 a Par\u00eds a ordenar oraciones por ella y por el rey difunto. El d\u00eda siguiente se celebraba un servicio en la iglesia de San L\u00e1zaro, y todos los sacerdotes de la Misi\u00f3n, agradecido por las limosnas que el pr\u00edncipe les hab\u00eda legado en testamento para los pobres del campo, ofrec\u00edan el santo sacrificio por el descanso de su alma. Despu\u00e9s, el mismo d\u00eda, viernes 15 de mayo de 1643, al d\u00eda siguiente de la Ascensi\u00f3n, Vicente escrib\u00eda a Codoing, superior de la casa de Roma: Dios quiso ayer disponer de nuestro buen rey, el mismo d\u00eda en que comenz\u00f3 su reinado, hace treinta y tres a\u00f1os. Su Majestad ha deseado que yo asistiera a su muerte con Monse\u00f1ores los obispos de Lisieux y de Meaux, su primer capell\u00e1n, y le R. Padre Dinet, su confesor. Desde que estoy en la tierra, no he visto a nadie morir m\u00e1s cristianamente. Hace unos quince d\u00edas que me ha mandado ir a verle y, como andaba mejor, no he vuelto el d\u00eda siguiente. Me reclam\u00f3 hace tres d\u00edas, durante los cuales Nuestro Se\u00f1or me ha hecho la gracia de quedarme a su lado. . no he visto nunca una mayor elevaci\u00f3n a Dios, una tranquilidad un mayor temor por los menores actos que pueden ser pecados, una mayor bondad, ni mayor juicio en una persona de tal condici\u00f3n.. anteayer, habi\u00e9ndole visto dormido y con los ojos entornados, los m\u00e9dicos temieron que fuera a expirar y se lo dijeron al padre confesor, quien le despert\u00f3 al instante, y le dijo que los m\u00e9dicos cre\u00edan llegada la hora, y que hab\u00eda que hacer la recomendaci\u00f3n del alma. Entonces mismo, con el esp\u00edritu lleno del de Dios, abraza a este buen padre y le agradece la buena noticia que le da. De pronto, levantando los ojos y los brazos hacia el cielo, recita el <em>Te Deum laudamus<\/em>, y lo termina con una fervor tan grande, qu el solo recuerdo me enternece en este instante en que os hablo. Y como me llama la campana y me impide contaros m\u00e1s cosas, acabo recomend\u00e1ndole a vuestras oraciones y a las de la Compa\u00f1\u00eda.\u00bb<span id='easy-footnote-2-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-2-109794' title='&lt;em&gt;Summ&lt;\/em&gt;.,p. 264. \u2013El original de esta carta se ha perdido. Lo hemos tra\u00eddo al franc\u00e9s del italiano del proceso de canonizaci\u00f3n. \u2013Echamos de menos otra carta que el santo hab\u00eda escrito a un vicario general de Chartres, encargado de componer una oraci\u00f3n f\u00fanebre de Luis XIII. \u2013Sobre la muerte de este pr\u00edncipe, v\u00e9ase, aparte de de las conferencias de san Vicente y de algunos papeles, de los archivos de la Misi\u00f3n, &lt;em&gt;Las Memorias de madame de Motteville&lt;\/em&gt; , en la colecci\u00f3n Michaud, 2\u00aa serie, I, X, p. 44; y &lt;em&gt;la Historia del reinado de Luis XIII&lt;\/em&gt;, por el P Griffet&lt;em&gt;, &lt;\/em&gt;3 vol., in-40, Par\u00eds, 1758; t III, pp. 609 y ss.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Luis XIII nunca hab\u00eda tratado bien a la reina. Y \u00e9sta, herida por sus frialdades y negligencias, se hab\u00eda convertido en el centro de una posici\u00f3n sorda al gobierno de Richelieu. Apoy\u00e1ndose en Espa\u00f1a en el exterior y, dentro, en el duque de Orl\u00e9ans, el partido de la reina-madre y de todos los descontentos, de todos aquellos que, bien por venganza e inter\u00e9s personal, bien por principio de conciencia, condenaban la pol\u00edtica del cardenal, se mezcl\u00f3 en m\u00e1s de una asunto que no hab\u00eda comprometido m\u00e1s que a ella y a sus amigos. Luis XIII se acordaba en su lecho de muerte y, no pudiendo ni excluir de la regencia a su hermano y a la madre de su hijo, ni confi\u00e1rsela totalmente ni al uno o a la otra, se encontraba en medio de extra\u00f1as perplejidades. Consultaba sin cesar a Mazarino y a Chavigny sin poderse fijar entre imposibles y repugnancias invencibles. Por fin el cardenal Mazarino le propuso mandar registrar en el Parlamento una declaraci\u00f3n firmada por la reina y por Monsieur, por la que, dando a esta princesa el t\u00edtulo de regente, se delimitar\u00eda de tal forma su poder que tendr\u00eda las manos atadas. Esta propuesta fue admitida y, el 20 de abril, una delegaci\u00f3n se dirigi\u00f3 a Saint-Germain para recibir la declaraci\u00f3n que fue registrada al d\u00eda siguiente en Par\u00eds. En ella se nombraba regente a la reina, y a Monsieur, jefe del consejo y lugarteniente general del rey menor bajo la autoridad de la reina; pero se les asignaba un consejo, compuesto por el pr\u00edncipe de Cond\u00e9, por el cardenal Mazarino, por el canciller S\u00e9guier , de Bouthillier, superintendente de las finanzas, y por su hujo Chavigny, secretario de Estado, sin cuyo consejo, otorgado por mayor\u00eda de votos, la regente no pod\u00eda decidir los asuntos de la guerra y de la paz, no nombrar a los gobiernos ni a los cargos.<\/p>\n<p>Ana de Austria, quien, desde que era madre y ve\u00eda al rey acercarse a la muerte, s\u00f3lo hab\u00eda aspirado a una regencia verdadera y todopoderosa, sufri\u00f3 al ver que le impon\u00edan tan duras y humillantes condiciones. Ella las aguant\u00f3 no obstante sin murmuraciones exteriores y, con el duque de Orl\u00e9ans, firm\u00f3 la declaraci\u00f3n y se comprometi\u00f3 a mantenerla. Se reservaba una esperanza m\u00e1s halag\u00fce\u00f1a..<\/p>\n<p>En efecto, durante las negociaciones, el cardenal Mazarino hab\u00eda mandado avisarla de todo por medio del obispo de Beauvais, y asegurar que \u00e9l no era autor de la declaraci\u00f3n; que \u00e9l no hab\u00eda intervenido ante el rey a favor de una regencia ilimitada; pero que, no habiendo podido ganar, hab\u00eda cre\u00eddo rendirle un servicio importante obteni\u00e9ndole al menos el t\u00edtulo de regente; que poco importaba en qu\u00e9 condiciones, con tal de que le fuera dado por el Rey; que a ella no le faltar\u00edan medios en adelante para resarcirse de todos sus derechos y gobernar sola. La reina le crey\u00f3, y por eso firm\u00f3 sin dudarlo, reserv\u00e1ndose el futuro.<\/p>\n<p>Sea el inter\u00e9s por la reina, sea c\u00e1lculo de ambici\u00f3n, un cosa y la otra sin duda, Mazarino acababa de actuar con una habilidad consumada. En efecto, el 18 de mayo, el Parlamento, alborozado por tan bonita ocasi\u00f3n de recuperar los derechos, verdaderos o pretendidos, que le hab\u00eda arrebatado Richelieu y de establecer soberanamente los asuntos de la monarqu\u00eda, romp\u00eda la \u00faltima disposici\u00f3n de Luis XIII mientras daba la impresi\u00f3n de respetarla y, declarando a la reina regente, \u00abde conformidad con la voluntad del rey difunto\u00bb, la autorizaba a elegir por s\u00ed misma su consejo sin impedirla que siguiera la mayor\u00eda de los votos. Era la regencia sin control; era el advenimiento de Mazarino.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hab\u00eda previsto el h\u00e1bil cardenal. \u00c9l se sab\u00eda agradable a la reina; ya que si era una criatura de Richelieu, no ten\u00eda sus maneras; \u00e9l no hab\u00eda tenido parte alguna en los desagrados de esta princesa; acababa de contribuir a la llamada de sus amigos exiliados; y por \u00faltimo se pod\u00eda vanagloriar ante ella de haber echado los cimientos de su regencia en contra de los recelos del rey.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, \u00e9l se sent\u00eda necesario. Tanto m\u00e1s celosa del poder del que nunca hab\u00eda disfrutado, pero ignorante de los asuntos, Ana de Austria necesitaba al principio de un reinado al que rodeaban pon fuera y por dentro tantas dificultades, de un gu\u00eda para su inexperiencia, de un apoyo para su floja debilidad, y de alguien que le dejara no obstante el honor y la autoridad suprema. Pues bien, a su alrededor, nadie que poseyera como Mazarino el secreto de la pol\u00edtica interior y sobre todo de los asuntos extranjeros; nadie, por consiguiente, que fuera m\u00e1s capaz. Por otra parte, extranjero como ella y fingiendo estar bien preparado de volver a Roma para disfrutar all\u00ed de su familia y de las artes, no ten\u00eda partido en Francia que volver contra ella, y \u00e9l mismo no parec\u00eda deber ponerla bajo el yugo, como Richelieu lo hab\u00eda hecho del difunto rey.<\/p>\n<p>Sin sacrificar a sus amigos, los Vend\u00f4me, su gran capell\u00e1n, el obispo de Beauvais,, a los que Mazarino, por otra parte, se empe\u00f1aba en halagar, la regenta resolvi\u00f3 pues poner en cardenal su principal confianza, y el primer acto de su autoridad fue nombrarle jefe de su consejo. Algo curioso Vicente, que iba a ser contrariado por Mazarino en sus santos proyectos, en espera a que el ministro pasar de \u00e9l; que deb\u00eda, en todo encuentro, condenar la pol\u00edtica de esta criatura, de este continuador de Richelieu, fue uno de los que m\u00e1s contribuyeron a llevarla al poder, con su colega Chavigny. Se lee, en efecto, en las <em>M\u00e9moires de La Ch\u00e2tre<\/em>: \u00abLa Se\u00f1ora Princesa\u2026 fue una de las primeras que habl\u00f3 por ellos; el Sr. de Liancourt los sirvi\u00f3 con el ardor que tiene de ordinario para con sus amigos, y su se\u00f1ora mujer y la Sra. de Chavigny no perdieron la ocasi\u00f3n de hacerlo. Pero las m\u00e1quinas mas fuertes que emplearon fueron el Padre Vicente, Biringhen y Montaigu. El primero atac\u00f3 a la reina por la conciencia, y le predic\u00f3 sin cansancio el perd\u00f3n de los enemigos; el segundo, en su calidad de primer ayuda de c\u00e1mara, se mostraba asiduo en horas en las que nadie la ve\u00eda, resultaba casi imposible de prescindir de \u00e9l en las comienzos; pero el tercero, devoto de profesi\u00f3n, mezclando a Dios y al mundo en confusi\u00f3n, y uniendo a las razones de devoci\u00f3n la necesidad de tener a un ministro de las cosas del Estado, a\u00f1adi\u00f3 adem\u00e1s, seg\u00fan mi parecer, otra consideraci\u00f3n, que la gan\u00f3 totalmente, que fue exponerle que el cardenal ten\u00eda en sus manos m\u00e1s que nadie los medios de firmar la paz, y que habiendo nacido s\u00fabdito del rey su padre, la har\u00eda ventajosa para su casa; que ella deb\u00eda tratar de mantenerle en el poder, con el fin de hacer de \u00e9l un apoyo contra las facciones que pudieran nacer en Francia durante su regencia<span id='easy-footnote-3-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-3-109794' title='Colec. Michaud, 3\u00aaserie, t. III, p. 280.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<h3>II. <em>San Vicente en el consejo de conciencia<\/em>. \u2013Su conducta general.<\/h3>\n<p>Seg\u00fan la declaraci\u00f3n de Luis XIII mismo, la reina s\u00f3lo deb\u00eda conversar con Mazarino sobre los asuntos de la Iglesia, y all\u00ed se dec\u00eda que ella distribuir\u00eda, con \u00e9l parecer de \u00e9l, los obispados \u00aba personas de m\u00e9rito y de piedad singular, que llevaran tres a\u00f1os en la orden del sacerdocio.\u00bb Pero la piedad de Ana de Austria se determin\u00f3 a establecer un consejo eclesi\u00e1stico, en el cual se tratar\u00eda de todos los intereses de la religi\u00f3n, y se examinar\u00edan las cualidades de los que pod\u00edan pretender a los beneficios y a las dignidades de la Iglesia.<\/p>\n<p>Este consejo se compuso, bajo la presidencia de la reina, de Mazarino, del canciller S\u00e9guier, de los obispos de Beauvais y de Lisieux, de Charton, gran penitenciario de Par\u00eds, y de Vicente de Pa\u00fal, quien fue establecido como jefe.<\/p>\n<p>Era, para el humilde sacerdote, la entrada y un rango en la corte; eran homenajes por parte de todos los ambiciosos; era una especie de omnipotencia sobre todos los asuntos y todos los bienes de la Iglesia de Francia. Que se juzgue de su dolor y de los esfuerzos que debi\u00f3 hacer para verse liberado. Escribi\u00f3 pronto a Roma: \u00abNunca he sido m\u00e1s digno de compasi\u00f3n de lo que soy ni he tenido m\u00e1s necesidad de oraci\u00f3n como ahora en el nuevo empleo que tengo. Espero que no sea por mucho tiempo. Rogad a Dios por m\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>Abrig\u00f3 durante m\u00e1s de una a\u00f1o esta humilde esperanza. \u00abPido a Dios todos los d\u00edas, dec\u00eda a uno de sus sacerdotes, ser tenido por un insensato, como lo soy, para no estar empleado en esta especie de comisi\u00f3n y para tener mayor comodidad para hacer penitencia por mis pecados.\u00bb<span id='easy-footnote-4-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-4-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., p. 342.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span> En efecto, se lo ped\u00eda a Dios y a los hombres. A partir del d\u00eda de su nombramiento, \u00e9l no ofreci\u00f3 una sola misa sin pedir la gracia de ser devuelto a su primera condici\u00f3n. Suplicaba insistentemente a la reina, al cardenal y a todos de quienes pod\u00eda esperar una protecci\u00f3n de nueva clase. A finales de 1644, tuvo la impresi\u00f3n de ser escuchado: Con ocasi\u00f3n de un viaje que se vio obligado a hacer, se extendi\u00f3 el rumor de que hab\u00eda perdido la confianza de la corte. Un eclesi\u00e1stico, informado de la falsedad de la noticia, vino a presentarle sus cumplidos. \u00abAh ojal\u00e1 fuera verdad, exclam\u00f3, levantando los ojos al cielo y golpe\u00e1ndose el pecho! Pero un miserable como yo no era digno de este favor.\u00bb Y escribi\u00f3 en el mismo sentido a Codoing, su superior de Roma, el 4 de enero de 1645: \u00abBendito sea Dios por todo lo que me cont\u00e1is. Es cierto que hab\u00eda alguna posibilidad de que no me aguantaran m\u00e1s en el empleo del consejo; pero mis pecados son la causa de que se sirvan de ello de manera diferente, y que no quiera Dios o\u00edr los sacrificios que le he ofrecido para este fin. <em>In nomine Domini<\/em>! Espero que se cansen de m\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>La reina no hab\u00eda podido consentir en privarse de los servicios del santo sacerdote, y le virtuoso cardenal de la Rochefoucault<span id='easy-footnote-5-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-5-109794' title='Testimonio de Luis de Rochechouart de Chandenier, &lt;em&gt;Summ&lt;\/em&gt;., p. 125.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span> le hab\u00eda pedido un favor, en nombre de Dios y de la Iglesia de Francia, que se quedara en el consejo eclesi\u00e1stico. Los diez a\u00f1os que estuvo all\u00ed marcan el punto culminante de su virtud, de su influencia y de sus servicios. Vamos a ver brillar su humildad en los honores y en las persecuciones, su celo y su firmeza en sostener los intereses de Dios y de la Iglesia, su respeto por el episcopado, su caridad por las \u00f3rdenes religiosas, su desinter\u00e9s por \u00e9l y por los suyos. Admirable desinter\u00e9s, del que Le Tellier dec\u00eda, seg\u00fan relaci\u00f3n del ministro Le Pelletier<span id='easy-footnote-6-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-6-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., n\u00ba 42, p. 124.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>: \u00abEn calidad de secretario de Estado, he tenido la ocasi\u00f3n de tener un gran trato con el Sr. Vicente. ha hecho m\u00e1s obras buenas en Francia por la religi\u00f3n y por la Iglesia que nadie que yo haya conocido; pero yo he notado en particular que en el concejo de conciencia del que era el principal agente, nunca se trat\u00f3 de sus intereses ni de los de su congregaci\u00f3n, ni de los de las casas eclesi\u00e1sticas que \u00e9l hab\u00eda fundado.\u00bb Desinter\u00e9s tanto m\u00e1s digno de elogios, por que sus casas, casi todas muy pobres, se hallaban gravadas tambi\u00e9n por la gratuidad de sus principales funciones. El anejo de algunos beneficios les habr\u00eda venido muy bien. Nunca pens\u00f3 en ello; y si alguna vez se los adjudic\u00f3 a sus seminarios, no fue sino por las insistentes s\u00faplicas de sus due\u00f1os u otorgadores leg\u00edtimos. A\u00fan as\u00ed era dif\u00edcil obtener su conformidad sobre este punto, la \u00fanica parte sin embargo que se haya tomado nunca. Al menos impuso la ley de dedicar sus rentas no al servicio de las casas ni en provecho de los suyos, sino en la educaci\u00f3n de los j\u00f3venes eclesi\u00e1sticos. \u00bfSe enteraba que la reina le destinaba algunos favores? al punto los dirig\u00eda a otros. Cu\u00e1l no fue su espanto al saber que quer\u00eda pedir para \u00e9l un capelo cardenalicio! De mejor gana habr\u00eda escuchado su sentencia de muerte que los cumplidos que le dirigieron entonces algunos de sus amigos. La p\u00farpura romana habr\u00eda sido verdaderamente para su humildad la p\u00farpura del martirio!.<\/p>\n<p>\u00bfEs necesario a\u00f1adir que este desinter\u00e9s fue invencible frente a toda corrupci\u00f3n? Uno de sus m\u00e1s \u00edntimos amigos vino a ofrecerle un d\u00eda 100 000 libras, en nombre de algunas personas para obtener su apoyo en el Consejo a favor de ciertas propuestas que no ten\u00edan nada de oneroso para los pueblos, pero que pod\u00edan herir los intereses del clero. Vicente habr\u00eda podido decirle como Pedro a Sim\u00f3n (He., VIII, 29): \u00bb Que tu dinero perezca contigo\u2026 ya que tu coraz\u00f3n no es recto delante de Dios!\u00bb Se content\u00f3 con responder con m\u00e1s dulzura: \u00abQue Dios no me lo permita! Preferir\u00eda morir que decir una palabra sobre este asunto.\u00bb<\/p>\n<p>Desinter\u00e9s para los bienes y para los favores; desinter\u00e9s tal vez m\u00e1s dif\u00edcil por la reputaci\u00f3n, por el agradecimiento y por las amistades. Y no es que su bondad natural no le llevara, cuando \u00e9l pod\u00eda en conciencia, a favorecer a todo el mundo, el hombre de la m\u00e1s baja extracci\u00f3n, lo mismo y mejor que el duque y par; pero \u00bfse trataba de algo contra las reglas? \u00e9l opon\u00eda un rechazo infranqueable como un muro de hierro. En vano, la intriga, la codicia, la ambici\u00f3n intentaban asaltar su virtud; sin consultar ni la esperanza ni el temor, los apartaba sin piedad, en lo que depend\u00eda de \u00e9l, del santuario. Mucho tiempo incluso luch\u00f3 contra el ministro, cada vez m\u00e1s poderoso quien, olvid\u00e1ndose de su car\u00e1cter eclesi\u00e1stico, para no obedecer m\u00e1s que a los c\u00e1lculos de su ambici\u00f3n personal o a lo que \u00e9l cre\u00eda se la raz\u00f3n de Estado, quer\u00eda hacerse amigos, no con el dinero de la iniquidad, seg\u00fan la palabra del Evangelio, sino con los bienes sagrados de la Iglesia.<\/p>\n<p>En el punto en que nos hallamos de esta historia, se bebe conocer ya demasiado la virtud y el car\u00e1cter de Vicente para que sea necesario a\u00f1adir nada sobre su prudencia y su sabidur\u00eda, sobre todas las cualidades que debi\u00f3 aportar al consejo de la reina. No se mezclaba m\u00e1s que en los intereses de la Iglesia o de los pobres, y dejaba de lado todos los dem\u00e1s asuntos, por m\u00e1s apariencia de piedad o de caridad se tratara de darles<span id='easy-footnote-7-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-7-109794' title='Carta del 13 de febrero de 1644.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>, sin pasi\u00f3n m\u00e1s que el amor de Dios y bien de Estado, sin prejuicios, sin ninguna de esas emociones y de esas ocurrencias que hieren a las personas y echan a perder los asuntos, guardaba siempre en su alma, en sus gestos, en sus palabras y hasta en su semblante, esa calma, esa serenidad que, en la prueba de la buena o mala fortuna, dejan al esp\u00edritu la libertad l\u00facida de la reflexi\u00f3n, se ganan los corazones y los arrastran, sin darse cuenta, al partido de la verdad y del bien. Firme a la vez que d\u00f3cil, era inquebrantable en su conciencia y siempre presto a ceder a un parecer mejor. Que se rindieran al suyo o se resistieran, nunca quejas ni invectivas. Contento de haber cumplido su deber, se callaba despu\u00e9s de la decisi\u00f3n, dejando a Dios la gloria del bien, y encomend\u00e1ndose a su Providencia para el \u00e9xito de los asuntos. Si se callaba dentro, con mayor raz\u00f3n fuera del consejo. Jam\u00e1s una palabra, ni siquiera a sus m\u00e1s \u00edntimos, de lo que hab\u00eda pasado all\u00ed, ni de las resoluciones que se hab\u00edan tomado. De vuelta a San L\u00e1zaro, parec\u00eda haber salido de la celda de un cartujo, no del consejo ruidoso de la realeza. Con el \u00e1ngel de Tob\u00edas, se dec\u00eda siempre: \u00abSi es honorable revelar y confesar las obras de Dios, es bueno ocultar el secreto del rey.\u00bb Con estas cualidades y siguiendo tales principios fue como Vicente de Pa\u00fal fue tenido como el hombre m\u00e1s prudente y como el or\u00e1culo de su siglo. Durante toda su vida, San L\u00e1zaro fue a la vez una especie de concilio permanente, un consejo de Estado, un tribunal de direcci\u00f3n, una gran oficina de caridad. Hombres de Iglesia y hombres del mundo, todos llegaban all\u00ed a consultar su sapiencia; pr\u00edncipes y obispos, magistrados y p\u00e1rrocos, abades y religiosos. Se tratara<\/p>\n<p>De los intereses de Dios o de los del rey, del bien de una di\u00f3cesis o de un desorden social, de la paz que restablecer en un monasterio o en una familia, de una obra que empezar o que reformar: nada se comenzaba, ni se hac\u00eda sin sus consejos y bajo su direcci\u00f3n. Homenaje universal ofrecido al mismo tiempo a su virtud y a su prudencia.<\/p>\n<p>Este hombre siempre preparado a acusarse de las pretendidas faltas cometidas en la direcci\u00f3n de sus Misioneros y de las Hijas de la Caridad, nunca se reproch\u00f3 nada, que nosotros sepamos, por su conducta en el consejo de conciencia, con tanta madurez, pureza de intenci\u00f3n y valor asist\u00eda a \u00e9l. Lento en reflexionar, en examinar las cosas, en decidirse, una vez tomado su partido, caminaba firme y derecho a la ejecuci\u00f3n, sin tener que arrepentirse jam\u00e1s, ya que sab\u00eda que la intenci\u00f3n sola est\u00e1 en el poder del hombre, y el \u00e9xito en las manos de Dios. Pues bien, de su intenci\u00f3n pura y santa no pod\u00eda dudar, y el \u00e9xito, fuera el que fuera, no le perturbaba nunca porque ve\u00eda en ello la voluntad de la Providencia.<\/p>\n<p>As\u00ed va a mostrase en sus actos; as\u00ed le han visto todos sus contempor\u00e1neos. En su carta de 1706 a Clemente XI, F\u00e9nelon escrib\u00eda:\u00bbEn el hombre de Dios brillaban un incre\u00edble discernimiento de los esp\u00edritus y una firmeza singular. Sin tener en cuenta ni el favor ni el odio de los Grandes, no consult\u00f3 m\u00e1s que el inter\u00e9s de la Iglesia, cuando, en el consejo de conciencia, por la orden de la reina Ana de Austria madre del rey daba su parecer para la elecci\u00f3n de los obispos. Si los dem\u00e1s consejeros de la reina se hubieran adherido m\u00e1s constantemente a este hombre a quien el porvenir parec\u00eda estarle desvelado, se habr\u00eda apartado muy lejos del cargo episcopal a ciertos hombres que luego han causado graves problemas<span id='easy-footnote-8-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-8-109794' title='&lt;em&gt;Obras, &lt;\/em&gt;t. XXV; Corresp., t. III, p. 104.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb Tal era asimismo el parecer de V\u00edctor M\u00e9liand, antiguo obispo de Alet, que habla en t\u00e9rminos parecidos de la invencible firmeza y fuerza de alma por la que el hombre de Dios, sin dejarse ni seducir por las ruegos, ni asustar por las amenazas, negaba su apoyo en la promoci\u00f3n a las prelaturas y a los beneficios, a todos aquellos cuya indignidad le era conocida, fuesen los que fuesen su orden, grado y dignidad<span id='easy-footnote-9-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-9-109794' title='&lt;em&gt;Colecci\u00f3n&lt;\/em&gt; de cartas a Clemente XI Roma, 1709, in-folio. \u2013Esta carta de V\u00edctor M\u00e9liand del 30 de agosto de 1705, es pariculasrmente conmovedora. V\u00edctor M\u00e9liand era hijo del abogado general de este nombre el sobrino por consiguiente de la se\u00f1ora de Traversay, una de las damas m\u00e1s celosas de la Asamblea. De ni\u00f1o, el futuro obispo hab\u00eda tenido ocasi\u00f3n de ver con frecuencia a Vicente de Pa\u00fal en la casa paterna y hab\u00eda sentido desde entonces hacia \u00e9l el respeto m\u00e1s religioso. A menudo tambi\u00e9n, hab\u00eda acompa\u00f1ado a su padre a San L\u00e1zaro, donde hab\u00eda recibido consejos y bendiciones que recordaba con amor en su ancianidad. Cuando dimiti\u00f3 de su sede, fue a San L\u00e1zaro adonde se retir\u00f3 para prepararse a la muerte.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>. El siglo rindi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal sobre este punto el mismo testimonio que la Iglesia. \u00abEs la estimaci\u00f3n p\u00fablica, declar\u00f3 el presidente de Lamoignon, que llev\u00f3 a la reina madre a llamarle a su consejo de conciencia; pero este honor no le impidi\u00f3 vivir como hab\u00eda vivido siempre. En las ocasiones dif\u00edciles, habl\u00f3 con una firmeza digna de los ap\u00f3stoles. Todas las consideraciones humanas no pudieron comprometerle a disimular por poco que fuera la verdad y no se sirvi\u00f3 nunca de la confianza de los grandes m\u00e1s que para inspirarles los sentimientos que deb\u00edan tener<span id='easy-footnote-10-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-10-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., p. 303.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Si bien el nacimiento no era para sus ojos un t\u00edtulo suficiente, menos todav\u00eda principal, para las dignidades eclesi\u00e1sticas, \u00e9l no le desde\u00f1aba, como t\u00edtulo secundario, cuando iba unido a la virtud; y, en igualdad de m\u00e9ritos, prefer\u00eda el gentilhombre al com\u00fan y corriente. Con un antiguo \u00e9l dec\u00eda: \u00abCincuenta ciervos conducidos por un le\u00f3n valen m\u00e1s que cincuenta leones conducidos por un ciervo.\u00bb Un d\u00eda un can\u00f3nigo de Chartres vino a verle con un joven se\u00f1or destinado a la Iglesia: \u00abSiento gran alegr\u00eda, les dijo, al ver a personas de ilustre nacimiento consagrarse al servicio de la Iglesia, si se sienten llamados por un gran prop\u00f3sito de trabajar y de vivir de conformidad con su santa vocaci\u00f3n, porque hacen de ordinario m\u00e1s bien y con m\u00e1s facilidad que los otros, lo que he advertido con frecuencia, y por mi propia experiencia. Siendo de vil nacimiento, hijo de un pobre campesino, yo no ten\u00eda ni educaci\u00f3n ni cr\u00e9dito, ni el esp\u00edritu de una persona de calidad, y no he trabajado sino d\u00e9bilmente y en relaci\u00f3n con la bajeza de mi origen.\u00bb<span id='easy-footnote-11-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-11-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., p, 333.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Tales eran los principios generales de conducta que Vicente aport\u00f3 al consejo de conciencia, principios tan opuestos a los de Mazarino. Pronto deb\u00edan estallar la contradicci\u00f3n y la lucha; pero mientras, el santo sacerdote logr\u00f3 proveer a la Iglesia de buenos ministros, incluso cuando fue separado del consejo, La Se\u00f1ora de Motteville nos informa que pudo todav\u00eda, gracias a la piadosa confianza de la reina dirigir los nombramientos episcopales. Era el complemento y la coronaci\u00f3n de los servicios que Dios le hab\u00eda destinado a realizar por la Iglesia de Francia.<\/p>\n<p>Obligado a doblar la espalda bajo el peso, al menos logr\u00f3 que Ana de Austria le hiciera venir a la corte m\u00e1s que cuando Su Majestad le mandara llamar. De este modo \u00e9l se reservaba para la direcci\u00f3n de su congregaci\u00f3n t de sus obras , y se desprend\u00eda de buena parte de las importunidades de la ambici\u00f3n.<\/p>\n<p>Se presentaba en la corte con el mismo atuendo que en sus misiones de los campos, con la sotana que se puede ver todav\u00eda, sotana de vulgar estofa, desgastada y remendada. Nunca quiso cambiar, ni siquiera para ir al Louvre. Le pon\u00edan una nueva en su habitaci\u00f3n, \u00e9l se volv\u00eda poner la vieja, y si no la encontraba, trataba de ver alguna semejante sobre los hombros de su sacerdotes poco m\u00e1s o menos de su talla, y operaba en secreto un cambio que completaba mediante unos ajustes. Pobre, su h\u00e1bito estaba al mismo tiempo muy limpio: \u00absin mancha ni rotura\u00bb, dec\u00eda \u00e9l mismo al responder a los cumplidos o a las bromas que le costaba. As\u00ed respondi\u00f3 una d\u00eda a Mazarino que tom\u00e1ndole de su pobre ce\u00f1idor, se lo mostraba a la reina diciendo: \u00abVea, vea, Se\u00f1ora, c\u00f3mo viste el Se\u00f1or Vicente en la corte, y qu\u00e9 hermoso ce\u00f1idor lleva!\u00bb Con esta limpieza, quer\u00eda conciliar suficientemente los deberes del decoro con sus costumbres de sencillez y de pobreza. El brillo del Louvre no le deslumbraba, y si las lunas le devolv\u00edan su imagen: \u00abOh qu\u00e9 gran pat\u00e1n! \u00bb exclamaba, comparando sin duda en su memoria los apartamentos reales con la choza de su infancia; luego elev\u00e1ndose a pensamientos m\u00e1s altos. De dec\u00eda: \u00abOh Dios m\u00edo, si por medio de este vidrio, que no proviene m\u00e1s que de tierra, vemos hasta el menor movimiento que se realiza en esta habitaci\u00f3n, qu\u00e9 no ver\u00e1n los bienaventurados en ese gran espejo de la divinidad que lo llena todo, y en quien todas las cosas est\u00e1n encerradas!\u00bb<span id='easy-footnote-12-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-12-109794' title='Confer., del 24 de agosto de 1657.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Pero no era s\u00f3lo en el interior de s\u00ed mismo sino ante todos cuando se complac\u00eda en humillarse, en expiar una grandeza involuntaria, distinciones que le eran un martirio. \u00abYo era muy joven todav\u00eda, expuso en el proceso de canonizaci\u00f3n el ministro Le Pelletier<span id='easy-footnote-13-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-13-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., 224.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span>, cuando v\u00ed en el Louvre al siervo de Dios, y le v\u00ed muchas veces. Se presentaba con una modestia y una prudencia llena de dignidad. Los cortesanos, los prelados, los eclesi\u00e1sticos y dem\u00e1s personas le rend\u00edan por estima grandes honores: los recib\u00eda con mucha humildad. Salido del consejo, donde hab\u00eda decidido sobre la suerte de cuanto hab\u00eda en el reino de m\u00e1s grande, \u00e9l se sent\u00eda tan c\u00f3modo tan familiar con el \u00faltimo de los hombres como entre los esclavos de T\u00fanez o en el banco de los forzados. Un obispo virtuoso que no le hab\u00eda visto desde su entrada en la corte, , habi\u00e9ndole encontrado enseguida tan humilde, tan afable, tan dispuesto a prestar servicio como antes, no pudo por menos de decirle: \u00abEl Se\u00f1or Vicente es siempre el Se\u00f1or Vicente.\u00bb<\/p>\n<p>En los comienzos de su favor, el pr\u00edncipe de Cond\u00e9 quiso un d\u00eda hacerle sentarse cerca de \u00e9l: \u00abQu\u00e9 es esto, Monse\u00f1or, respondi\u00f3, retrocediendo el humilde sacerdote, ya era demasiado honor que Vuestra Alteza tenga a bien aguantarme en su presencia. Pero hacerme sentar a su lado, \u00a1acaso ignora entonces que soy hijo de un pobre campesino!\u00bb \u2013Era su defensa, su consigna contra todos los ataques dirigidos contra su humildad. \u00ab-<em>Moribus et vita nobilitatur homo &#8211;<\/em>la nobleza le viene al hombres por sus costumbres y su vida-, replic\u00f3 el pr\u00edncipe; adem\u00e1s, Se\u00f1or Vicente, no es de hoy lo de vuestros m\u00e9ritos.\u00bb Y, para mejor juzgarlo, hizo recaer la conversaci\u00f3n sobre alg\u00fan punto de controversia. Vicente lo trat\u00f3 con tanta nitidez y precisi\u00f3n, que el pr\u00edncipe exclam\u00f3: \u00abBueno, Se\u00f1or Vicente, and\u00e1is diciendo por ah\u00ed que sois un ignorante y en dos palabras hab\u00e9is resuelto una de las mayores dificultades que se nos hayan propuesto por los religionarios \u00a1\u00bb De ah\u00ed el pr\u00edncipe pas\u00f3 a algunas cuestiones de derecho can\u00f3nico y, cada vez m\u00e1s encantado de las respuestas del <em>escolar de cuarto<\/em> , se levant\u00f3 sin decir palabra, y corri\u00f3 a felicitar a la reina por la elecci\u00f3n de un hombre tan versado en lo que se refer\u00eda a los bienes y las materias eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>Desde las primeras sesiones del consejo, Vicente propuso adoptar un programa, cuyas principales disposiciones eran:<\/p>\n<p>1\u00ba La reina no otorgar\u00e1 ninguna pensi\u00f3n sobre los obispados o arzobispados, sino en el \u00fanico caso permitido por el derecho; es decir cuando el titular, despu\u00e9s de servir por largo tiempo a la Iglesia, dimita voluntariamente de su cargo por enfermedad, ancianidad u otras razones pertinentes.<\/p>\n<p>2\u00ba Ella no ordenar\u00e1 ninguna expedici\u00f3n de patente para las abad\u00edas, sino para aquellos que, aparte de las otras cualidades requeridas, hayan cumplido dieciocho a\u00f1os, diecis\u00e9is para los prioratos y canonicatos de las iglesias catedrales y catorce para las colegiatas.<\/p>\n<p>3\u00ba Ella no otorgar\u00e1 ninguna patente para las devoluciones, que se hayan examinado, y las papeles de los que pretendan servirse los adjudicatarios, y los certificados de vida, costumbres y capacidad, que se vean obligados a presentar; y, en caso de que no puedan justificar cualidades necesarias, se entregar\u00e1 a otros, que los recibir\u00e1n, el derecho y los medios de proseguir la devoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>4\u00ba Ella no otorgar\u00e1 ni coadjutor\u00edas ni reservas para las abad\u00edas comanditarias.<\/p>\n<p>5\u00ba Ella no mandar\u00e1 expedir ninguna patente de obispado por muerte, coadjutor\u00eda u otras, sino para aquellos que tengan al menos un a\u00f1o de sacerdocio.<\/p>\n<p>6\u00ba Por \u00faltimo, no otorgar\u00e1 ninguna coadjutor\u00eda de las abad\u00edas de mujeres, sino despu\u00e9s de conocimiento cierto de que la regla se observa all\u00ed, y con la condici\u00f3n de que las religiosas propuestas veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad y cinco de profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>El remedio, por la misma dulzura de algunas de sus disposiciones, indica toda la extensi\u00f3n del mal que se quer\u00eda curar. Los beneficios se daban a menudo a ni\u00f1os cuya vocaci\u00f3n era necesariamente incierta, y que continuaban percibiendo sus frutos sin entrar en el estado eclesi\u00e1stico; hasta los obispados se prove\u00edan de esta manera: testigo, en nuestra historia misma, el obispado de Metz, del que ya se ha hablado antes. Con mayor frecuencia todav\u00eda las abad\u00edas de mujeres: as\u00ed la abad\u00eda de Port-Royal fue entregado, con enga\u00f1o, es verdad, a quien se convirti\u00f3 en la demasiado famosa Ang\u00e9lica, cuando ella no ten\u00eda m\u00e1s que seis a\u00f1os; se asignaban coadjutor\u00edas para las abad\u00edas de encomienda, que s\u00f3lo eran vitalicias y no daban, por consiguiente, lugar a sucesi\u00f3n. Pero el abuso m\u00e1s escandaloso tal vez concern\u00eda a las devoluciones. Eclesi\u00e1sticos sin ning\u00fan otro t\u00edtulo que su avidez, sorprend\u00edan por su cr\u00e9dito y sus argucias a los titulares leg\u00edtimos de los beneficios, y los forzaban as\u00ed o a ced\u00e9rselos por devoluci\u00f3n o a redimirse por dinero de sus injustas vejaciones. Fue a Vicente a quien el consejo encarg\u00f3 de examinar si los motivos presentados por los devolucionarios eran leg\u00edtimos, y actu\u00f3 con tal justicia que hizo restituir lo robado a un gran n\u00famero, y mantuvo en sus beneficios a muchos buenos eclesi\u00e1sticos que, cansados de luchar, o por violencia, iban a ser apartados de ellos. Por \u00faltimo \u00e9l liquid\u00f3 un buen n\u00famero de procesos, siempre escandalosos por su objeto, ruinosos a menudo para el buen derecho a causa de su duraci\u00f3n y su resultado.<\/p>\n<h3>III. <em>Supresi\u00f3n de los abusos.<\/em><\/h3>\n<p>Armado de estos principios, Vicente comenz\u00f3 por reprimir diversos abusos. Impidi\u00f3 que los beneficios cayeran, por defecto de forma o diversas razones, bajo el nombramiento del rey, es decir bajo el poder de la intriga y de la ambici\u00f3n<span id='easy-footnote-14-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-14-109794' title='Carta al obispo del Mans de octubre de 1\u00ba649.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span>. Si no pod\u00eda sustraerlos al nombramiento real, al menos trataba de hacer que los ocuparan dignamente. As\u00ed, en Normand\u00eda, durante la minor\u00eda de los patronos, el rey ten\u00eda derecho a proveer a los p\u00e1rrocos que estaban en patronato laico. Hasta entonces estos beneficios no hab\u00edan sido distribuidos m\u00e1s que por favor o por intriga. Vicente expuso al consejo que los autores de las colaciones lo mismo que los patronos eran responsables ante Dios de los males causados por un mal pastor o por el menor bien hecho por uno menos digno, y los llev\u00f3 a no dar los beneficios de Normand\u00eda sino a los m\u00e1s capaces..<\/p>\n<p>Pero \u00e9l prefer\u00eda a\u00fan trabajar por mantener los beneficios en sus privilegios, y particularmente en su derecho a elecci\u00f3n<span id='easy-footnote-15-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-15-109794' title='Carta del 4 de marzo de 1654.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Pensiones sobre los beneficios eran con frecuencia la recompensa de gentilhombres lisiados en la guerra. Vicente recomendaba a \u00e9stos de buena gana al favor de la reina y de su ministro; pero \u00e9l no pudo nunca permitir que los bienes eclesi\u00e1sticos se convirtieran en un fondo de dotaci\u00f3n y de retiro por servicios profanos.<\/p>\n<p>Cuando los beneficios eran conferidos por el solo t\u00edtulo de nacimiento, no eran tan s\u00f3lo las almas las que sufr\u00edan; era lo temporal mismo de las abad\u00edas, cuyas rentas eran lo \u00fanico que se contentaba la gente con percibir, y cuyas edificaciones e iglesias se dejaban arruinar. Vicente logr\u00f3 del consejo que se escribiera de parte del rey a todos los procuradores generales de los parlamentos que tomaran parte contra estos beneficiarios injustos, y a obligarles, por el embargo de lo temporal, al mantenimiento y a las reparaciones necesarias.<\/p>\n<p>La simon\u00eda y la confidencia, resurgiendo siempre bajo los anatemas de todos los siglos, excitaron en particular su horror y su celo. Solicitaciones importunas, dimisiones de grandes abad\u00edas, promesas de pensiones, todo entraba en uso por el furor de llegar a las prelaturas. \u00abMe echo a temblar, dec\u00eda el santo, de que un tr\u00e1fico tan condenable atraiga la maldici\u00f3n de Dios sobre este reino.\u00bb Comenzaba por dar consejos caritativos a los que se mezclaban por ignorancia o por una avidez irreflexiva; pero, si se resist\u00edan a su caridad, ca\u00edan bajo su inflexible justicia. Desde entonces, persegu\u00eda la simon\u00eda en sus rutas m\u00e1s tortuosas; examinaba con un cuidado escrupuloso las permutaciones, las renuncias, los dem\u00e1s tratados en los que se deslizaban la duplicidad y el fraude: que hab\u00eda descubierto por fin el vicio infame, ni respeto humano, ni promesas, ni amenazas, nada le deten\u00eda hasta desterrarlo del santuario. M\u00e1s de una vez tuvo que enfrentarse a las burlas amargas, a las calumnias m\u00e1s negras. Trataron de perderle en la mente de la reina, del ministro y de la gente de bien: esto era para \u00e9l un honor y una recompensa por su celo. \u00abSois un viejo loco\u00bb, le dijo una vez un joven gentilhombre, a quien sin duda hab\u00eda frustrado sus esperanzas culpables. \u2013\u00bbTen\u00e9is raz\u00f3n, hijo,\u00bb respondi\u00f3 del santo anciano cayendo de rodillas, \u00aby os pido perd\u00f3n por la ocasi\u00f3n que os he dado de decirme tales cosas.\u00bb<\/p>\n<p>\u2013\u00bb\u00bfSab\u00e9is bien, Se\u00f1or Vicente, lo que se dice de vos?\u00bb le pregunt\u00f3 un d\u00eda la reina sonriendo.<\/p>\n<p>\u2013\u00bbSe\u00f1ora, yo soy un gran pecador!<\/p>\n<p>&#8211; Pero deber\u00edais justificaros.<\/p>\n<p>&#8211; Otras m\u00e1s le dijeron a Nuestro Se\u00f1or, y nunca se justific\u00f3.\u00bb.<\/p>\n<p>Nunca se justific\u00f3. Un mal eclesi\u00e1stico, a quien hab\u00eda apartado de un beneficio, quiso vengarse de \u00e9l difundiendo rumores deshonrosos. \u00abSi el Sr. Vicente, propag\u00f3 \u00e9ste entre personas de condici\u00f3n, no ha estado de mi parte es porque no he querido comprarle. Pero este hombre, tan enemigo de la simon\u00eda con los dem\u00e1s, se arregla perfectamente en provecho propio; y yo s\u00e9 de alguien a quien acaba de procurar un beneficio al precio de una biblioteca y de una buena cantidad de dinero.\u00bb \u2013Esta vez es santo se sinti\u00f3 herido y, en su primer impulso, tom\u00f3 la pluma para escribir una carta de justificaci\u00f3n. Pero apenas hab\u00eda trazado unas palabras: \u00abOh miserable, se dijo a s\u00ed mismo, \u00bfen qu\u00e9 est\u00e1s pensando? Es que quieres justificarte, cuando acabamos de saber que un cristiano, falsamente acusado, en T\u00fanez, ha permanecido tres d\u00edas en los tormentos, por fin ha muerto sin proferir palabra de queja, aunque fuera inocente del crimen que se le imputaba: y t\u00fa, te quieres excusar! Oh no, no ser\u00e1 verdad!\u00bb Y rompi\u00f3 la carta comenzada. Unos d\u00edas despu\u00e9s el calumniador mor\u00eda miserablemente, y todo el mundo vio en ello una venganza de Dios.<\/p>\n<p>En este tiempo incluso, hechos de notoriedad p\u00fablica justificaban lo suficiente al m\u00e1s desinteresado de los hombres. Su casa se hallaba agotada debido a sus limosnas, y no solamente no ped\u00eda nada en la corte, sino que \u00e9l no daba, no permit\u00eda a nadie dar un paso para entrar en posesi\u00f3n de lo que les hab\u00edan arrebatado injustamente; mucho menos habr\u00eda ido hacia la fortuna por v\u00edas simoniacas. Un magistrado de gran cr\u00e9dito se mov\u00eda entonces mucho para procurar una abad\u00eda a su hijo que era indigno de ella, y tem\u00eda sobre todo la oposici\u00f3n de Vicente. No atrevi\u00e9ndose a tentarle \u00e9l mismo, se dirigi\u00f3 a uno de sus sacerdotes y le dijo: \u00abQue el Sr. Vicente haga que me otorguen esa abad\u00eda, y o me comprometo, sin tr\u00e1mite por su parte ni de ninguno de su congregaci\u00f3n a hacerle entrar en posesi\u00f3n de todos los hermosos derechos y de las hermosas rentas de que ha sido privado San L\u00e1zaro; conozco perfectamente el camino que se ha de seguir para ello. Que el Sr. Vicente no tenga escr\u00fapulo alguno, y no pierda ni el tiempo de su favor, ni esta ocasi\u00f3n para beneficiar a su Compa\u00f1\u00eda. \u00bfAcaso las dem\u00e1s comunidades se iban a preocupar?\u00bb A este bonito discurso, cuando se lo comunicaron, el santo se content\u00f3 con responder: \u00abPor todos los bienes de la tierra yo no har\u00eda nunca nada contra Dios ni contra mi conciencia. La Compa\u00f1\u00eda no perecer\u00e1 por la pobreza; es a causa de la falta de pobreza m\u00e1s bien por lo que llegar\u00e1 perecer.\u00bb<\/p>\n<p>El gobernador de una ciudad importante le pidi\u00f3 que le hiciera un buen oficio en la corte, y le prometi\u00f3, en recompensa, sostener a los misioneros del lugar, a cuyo establecimiento se opon\u00edan personas poderosas: \u00abOs servir\u00e9 si puedo, respondi\u00f3, pero en cuanto a lo que se refiere al asunto de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, os suplico que lo dej\u00e9is en las manos de Dios y de la justicia. Prefiero que no est\u00e9n en vuestra ciudad a verlos en ella por los favores y la autoridad de los hombres.\u00bb<\/p>\n<h3>IV. <em>La lista de los beneficios.<\/em><\/h3>\n<p>Corregidos los abusos, seg\u00fan su poder, Vicente realiz\u00f3 la lista de los beneficios. Puso al principio, como beneficios interiores que eran casi de su propio nombramiento, los eclesi\u00e1sticos de la casa del rey y de la reina, y los capellanes de las tropas que hab\u00edan cumplido con su deber. La regularidad en lugares y funciones tan llenos de peligros era para \u00e9l una prueba de una virtud s\u00f3lida. En su lista iba se\u00f1alado lo que cada un pose\u00eda ya; luego, seg\u00fan las necesidades y las vacantes, repart\u00eda entre ellos consultando su m\u00e9rito y una exacta justicia distributiva.<\/p>\n<p>En cuanto a los beneficios superiores, y a las prelaturas, que se dirigieran a \u00e9l o se quisiera imponerle elecciones, no consinti\u00f3 nunca en admitir a indignos.<\/p>\n<p>Un capell\u00e1n del rey, por lo dem\u00e1s muy hombre de bien, se ve\u00eda acosado por su familia para hacer valer sus largos servicios al efecto de obtener un obispado. En un principio se decidi\u00f3; pero, al acordarse de que ingerirse por s\u00ed mismo en el episcopado era una se\u00f1al de indignidad, sinti\u00f3 escr\u00fapulos, y se lo escribi\u00f3 a Vicente. \u00c9ste le respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abHe recibido. Se\u00f1or, vuestra carta con todo e respeto que os debo, y con toda la estima y reconocimiento que merece la gracia que Dios ha puesto en vuestro amable coraz\u00f3n. Como solo Dios quien, en la inclinaci\u00f3n natural que los hombres sienten de elevarse, haya podido daros la visi\u00f3n y los movimientos que hab\u00e9is sentido de hacer lo contrario, \u00e9l os dar\u00e1 tambi\u00e9n la fuerza de llevarlas a la pr\u00e1ctica y cumplir en ello lo que es m\u00e1s agradable: en todo, Se\u00f1or, seguir\u00e9is la regla de la Iglesia, que no permite que uno se favorezca a s\u00ed mismo para dignidades eclesi\u00e1sticas, y en particular a la prelatura; Y vos imitar\u00e9is al Hijo de Dios que, siendo sacerdote eterno, no ha venido sin embargo a ejercer este oficio por s\u00ed mismo, sino que ha esperado que su Padre le enviase, aunque \u00e9l fuera esperado durante tanto tiempo, como el deseado de todas las naciones. Vos dar\u00e9is una gran edificaci\u00f3n al siglo presente, en el que por desgracia se encuentran pocas personas que no pasen por encima de esta regla y este ejemplo. Os cabr\u00e1 el consuelo, Se\u00f1or, si Dios quiere llamaros a este divino empleo, de tener una vocaci\u00f3n segura, porque no habr\u00e9is llegado por medios humanos. Ser\u00e9is provisto de especiales gracias de Dios que van unidas a una leg\u00edtima vocaci\u00f3n y que os llevar\u00e1n a dar frutos de una vida apost\u00f3lica, digna de la bienaventurada eternidad, as\u00ed como la experiencia nos lo hace ver en los prelados que no han dado ning\u00fan paso para llegar a obispos, a quienes Dios bendice claramente en sus personas, y en sus conductas. Por \u00faltimo, Se\u00f1or, vos no tendr\u00e9is que arrepentiros a la hora de la muerte de haberos cargado vos mismo con el peso de una di\u00f3cesis, que entonces parece insoportable. Ciertamente yo no puedo escribir esto sino con acci\u00f3n de gracias a Dios , por haberos alejado de la b\u00fasqueda peligrosa de un peso semejante, y dado la disposici\u00f3n de no seguir adelante: es una gracia que no se puede apreciar lo suficiente ni querer.\u00bb<\/p>\n<p>He aqu\u00ed otro ejemplo parecido. Un religioso, muy c\u00e9lebre en su orden por su regularidad, fuera por su elocuencias, le escribi\u00f3 un d\u00eda para expresarle sus trabajos, la austeridad de su regla, la disminuci\u00f3n de sus fuerzas y el miedo de no poder continuar ya por m\u00e1s tiempo sus servicios s Dios y a la Iglesia. \u00abPero, a\u00f1adi\u00f3, si la corte me hiciese sufrag\u00e1neo del arzobispado de Reims, dispensado, como obispo, del ayuno y de las dem\u00e1s austeridades religiosas, yo podr\u00eda predicar mucho tiempo todav\u00eda con vigor y fruto. Os suplico, como amigo m\u00edo, que me dig\u00e1is qu\u00e9 pens\u00e1is sobre ello y, si me es favorable, que me ayud\u00e9is a obtener el nombramiento del rey, ante quien estoy seguro de apoyarme en personas que tienen en la corte cr\u00e9dito y autoridad.\u00bbLa sonrisa que brota a la lectura de esta carta es una respuesta suficiente a las ilusiones de este buen religioso. Veamos la que le dio Vicente. le testimoni\u00f3 primeramente, como era su costumbre, toda clase de estima y de afecto para su persona y su orden, le felicit\u00f3 por sus talentos y sus virtudes; y a\u00f1adi\u00f3: \u00abNo dudo en absoluto que Vuestra Reverencia hiciera maravillas en la prelatura, si fuera llamada all\u00ed por Dios; pero habiendo manifestado que os quer\u00eda en el cargo en que os hall\u00e1is, por el buen \u00e9xito que \u00e9l ha dado a vuestros trabajos y a vuestros comportamientos, no parece que os quiera sacar de ah\u00ed; puesto que si la Providencia os llamara al episcopado, ella no se dirigir\u00eda a vos para lograr encontrarlo; ella se lo inspirar\u00eda m\u00e1s bien a aquellos en los que reside el poder de nombrar para los cargos y dignidades eclesi\u00e1sticos elegiros para \u00e9se sin que vos deis ning\u00fan paso, y entonces vuestra vocaci\u00f3n ser\u00eda pura y segura. Pero presentaros vos mismo parece que habr\u00eda en ello algo que explicar, y que vos no tendr\u00edais motivo de esperar las bendiciones de Dios en semejante cambio, que no puede ser ni deseado ni perseguido por un alma verdaderamente humilde como la vuestra. Y adem\u00e1s, mi Reverendo Padre, que da\u00f1o causar\u00edas vos a vuestra santa orden al privarla de una de sus principales columnas, que la sostiene y acredita con su doctrina y sus ejemplos! . Si vos abrierais esta puerta, vos dar\u00edais pie a otros para salirse despu\u00e9s de vos, o por lo menos a hastiarse de los ejercicios de la penitencia: no les faltar\u00eda pretexto para suavizarlos y disminuirlos con perjuicio de la regla: pues la naturaleza se cansa de las austeridades; y si se la consulta, dir\u00e1 que es demasiado, que hay que cuidarse para vivir mucho tiempo y para servir m\u00e1s a Dios; en lugar de lo que dijo Nuestro Se\u00f1or: \u2018Quien ama a su alma la perder\u00e1, y quien la odia la salvar\u00e1\u2019. Sab\u00e9is mejor que yo todo lo que se puede decir sobre esto, y yo no pretender\u00eda expresaros mi pensamiento, si vos no me lo hubierais ordenado. Pero tal vez no os dais cuenta de la corona que os espera. Oh Dios, qu\u00e9 hermosa ser\u00e1! Vos hab\u00e9is realizado ya tantas cosas, mi Reverendo Padre, para alcanzarla felizmente; y tal vez no os queden ya m\u00e1s que pocas cosas que hacer; se necesita la perseverancia por el camino estrecho en que hab\u00e9is entrado, el que conduce a la vida. Hab\u00e9is vencido ya las mayores dificultades; deb\u00e9is pues tomar aliento y esperar que Dios os d\u00e9 la gracia de vencer las menores. . si me cre\u00e9is, cesar\u00e9is por alg\u00fan tiempo los trabajos de la predicaci\u00f3n, con el fin de restablecer vuestra salud. Todav\u00eda ten\u00e9is que rendir muchos servicios a Dios y a vuestra religi\u00f3n, que es una de las m\u00e1s santas y edificantes que existan en la Iglesia de Jesucristo.\u00bb<\/p>\n<p>Junto a los laicos mismos, los consejos tan sabiamente cristianos triunfaban a veces sobre la ambici\u00f3n y la codicia. El secretario de Estado Chavigny, habiendo perdido a su segundo hijo, provisto de una buena abad\u00eda, la familia trat\u00f3 de que recayera sobre el tercero, de edad de cinco o seis a\u00f1os tan s\u00f3lo. Dios dio a Vicente la fuerza de resistir a toda solicitaci\u00f3n. Edificado por semejante conducta y con mejores sentimientos, Chavigny mismo fue a verle y le dijo: \u00abYo no os odio por vuestra resistencia; al contrario, si hubierais consentido en los deseos de mi mujer, me habr\u00edais escandalizado, yo os habr\u00eda despreciado y habr\u00eda rechazado la patente de nombramiento.\u00bb<span id='easy-footnote-16-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-16-109794' title='Carta de Vicente a d\u2019Horgny, en Roma, del 9 de julio de 1645.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Una vez, habiendo advertido que un se\u00f1or, primero amigo suyo, no le demostraba m\u00e1s que aversi\u00f3n, fue a verle: \u00abSe\u00f1or, le dijo con un rostro sereno, soy lo bastante miserable por haberos dado alg\u00fan descontento, sin tener ning\u00fan motivo; y, no sabiendo en qu\u00e9, vengo a suplicaros humildemente que me lo dig\u00e1is, para reparar mi culpa.\u00bb Ante tanta franqueza y humildad, el se\u00f1or no se atrevi\u00f3 a quejarse y volvi\u00f3 a la primera amistad.<\/p>\n<p>As\u00ed hizo el santo con un religioso que le guardaba inquina. Se revest\u00eda para decir la misa, cuando le vino a la mente la palabra del Evangelio (Mat., V, 23): \u00abSi, al ofrecer vuestro don en el altar, os acord\u00e1is de que vuestro hermano tiene algo contra vosotros, dejad vuestro presente, id primero a reconciliaros con \u00e9l.\u00bb De pronto se quita los ornamentos sagrados, va donde el religioso, se deshace en excusas, en profesiones de estima por su persona y por su orden, y regresa al altar a ofrecer el sacrificio de reconciliaci\u00f3n y de amor.<\/p>\n<p>Si no lo consegu\u00eda la primera vez, su ingeniosa caridad acababa siempre por encontrar alg\u00fan medio de desarmar el odio. Arroj\u00e1ndose a los pies de un superior de comunidad religiosa para pedirle perd\u00f3n de una ofensa quim\u00e9rica, se vio rechazado con desprecio e injurias, y se hab\u00eda retirado contento de haber sido maltratado por amor a la justicia. A los pocos d\u00edas de aquello, faltando algunos ornamentos en San L\u00e1zaro, fue a este mismo superior, como a su mejor amigo, a quien acudi\u00f3 a ped\u00edrselos. Ante tal petici\u00f3n, el superior confuso y sorprendido, exclama: \u00abPor este golpe reconozco al hombre de Dios!\u00bb Los ornamentos parten, \u00e9l los sigue, y pronto \u00e9l y el santo sacerdote est\u00e1n a los pies y en los brazos el uno del otro.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no encontraba siempre almas tan accesibles a los sentimientos cristianos. Rara vez, en particular, ve\u00eda aceptar sus invitaciones de renunciar a la ambici\u00f3n de las dignidades eclesi\u00e1sticas. Entonces, si pod\u00eda, guardaba el silencio y no llevaba los solicitudes al consejo. As\u00ed fue como un joven habiendo tomado la tonsura y el h\u00e1bito eclesi\u00e1stico \u00fanicamente para suceder a uno de sus parientes en una rica abad\u00eda, se neg\u00f3 durante dos a\u00f1os a hablar a la reina sobre el caso. El joven acab\u00f3 por darle la raz\u00f3n, pues entr\u00f3 en el mundo y confes\u00f3 que no hab\u00eda tenido otra vocaci\u00f3n para la Iglesia que el deseo de cobrar las rentas<span id='easy-footnote-17-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-17-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., p. 125.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>No siempre ten\u00eda la suerte de tratar con tan buen mercado, particularmente con las grandes damas. Una de ellas , habiendo pedido obtener del rey un beneficio para uno de su hijos: \u00abExc\u00faseme, Se\u00f1ora, le respondi\u00f3, si no entro en este asunto.\u00bb Extra\u00f1ada primeramente al ser acogida menos favorablemente por un pobre sacerdotes que de los mayores se\u00f1ores, luego llevada del orgullo y de la pasi\u00f3n: \u00abVerdaderamente, Se\u00f1or, le dijo, se puede una prescindir de vos, ya me las arreglar\u00e9 para llegar por otros caminos. Os hac\u00eda demasiados honores al dirigirme a vos, y est\u00e1 claro que todav\u00eda no sab\u00e9is de qu\u00e9 manera hay que tratar a las mujeres de mi calidad.\u00bb Vicente no respondi\u00f3 m\u00e1s que con un silencio del que ni siquiera las injurias pudieron sacarle. En caso semejante a\u00f1ad\u00eda algo, eran estas simples palabras: \u00abSe\u00f1ora, nuestras reglas y mi conciencia no me permiten obedeceros en eso; por eso os suplico muy humildemente que me excus\u00e9is.\u00bb O bien era un argumento personal que \u00e9l opon\u00eda al solicitante, como aquel de una corte soberana quien, habi\u00e9ndose encontrado en la calle con \u00e9l, quiso mezclarle en sus intereses: a la amistad fingida y a la c\u00f3lera, a las caricias y a las injurias, se content\u00f3 con responder: \u00abSe\u00f1or, vos trat\u00e1is como yo creo de desempe\u00f1ar dignamente vuestro cargo, y yo debo hacerlo con el m\u00edo.\u00bb A veces \u00e9l asustaba y hac\u00eda huir a los importunos con un acto inesperado de profunda humildad. Maltratado p\u00fablicamente a la puerta de San L\u00e1zaro por un se\u00f1or a cuyo hijo se negaba a recomendar: \u00abVos ten\u00e9is raz\u00f3n, Se\u00f1or, le dijo, ech\u00e1ndose a sus pies, yo soy un miserable y un pecador.\u00bb Y el se\u00f1or sin m\u00e1s se meti\u00f3 en su carroza. Pero no pudo librase tan f\u00e1cilmente del humilde sacerdote, que se levant\u00f3 r\u00e1pidamente, corri\u00f3 tras \u00e9l y no par\u00f3 hasta hacerle una profunda reverencia.<\/p>\n<p>Cuando no era por la humildad era por la caridad como se vengaba. La reina acababa de castigar con el exilio a un se\u00f1or que la hab\u00eda ultrajado: \u00abNo, Se\u00f1ora, eso no ser\u00e1 cierto, exclam\u00f3 al punto el santo sacerdote; y yo no pondr\u00e9 los pies en el consejo mientras este se\u00f1or no disfrute vuestros favores<span id='easy-footnote-18-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-18-109794' title='Sum., 133, p, 216.'><sup>18<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Su apuro era mayor cuando llegaban a \u00e9l de parte de la reina. Un joven de calidad hab\u00eda pedido a \u00e9sta una abad\u00eda; la consigui\u00f3 con la condici\u00f3n de que Vicente no se opusiera a ello. Vino pues a San L\u00e1zaro con su instructor. Se comenz\u00f3 por las finezas de costumbre, por los agradecimientos anticipados de toda la familia, por un largo despliegue de las cualidades presentes y futuras del pretendiente, todo lo que probaba m\u00e1s el deseo del beneficio que el m\u00e9rito requerido. A este cuadro, Vicente, informado de antemano, opuso modestamente un cuadro de colores totalmente contrarios, y concluy\u00f3 con una negativa que expres\u00f3 en sus t\u00e9rminos acostumbrados: \u00abOs ruego pues, Se\u00f1or, que no llev\u00e9is a mal que yo no consienta en una cosa de la que Dios me pedir\u00e1 cuenta.\u00bb A estas palabras, el mentor se levanta furioso y se va hacia el santo con el pu\u00f1o cerrado y vomitando una injuria tras otra; despu\u00e9s, viendo que no le pod\u00eda siquiera hacer perder su tranquilidad, sali\u00f3, pero acompa\u00f1ado de Vicente quien, con toda educaci\u00f3n recondujo al maestro y al disc\u00edpulo hasta su carroza<span id='easy-footnote-19-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-19-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., pp. 305 y ss.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer, cuando Mazarino, ya todopoderoso, y no aconsej\u00e1ndose m\u00e1s que de su pol\u00edtica, nombraba por s\u00ed solo a las prelaturas, y no propon\u00eda ya m\u00e1s que ratificaci\u00f3n del hecho consumado?<\/p>\n<p>Una vez, hall\u00e1ndose la corte fuera de Par\u00eds, escribi\u00f3 a Vicente: \u00abSe\u00f1or, estas l\u00edneas son para deciros el se\u00f1or N. habiendo despachado aqu\u00ed para pedir a la reina para su se\u00f1or hijo el obispado de N. que est\u00e1 vacante hace unos d\u00edas, ella se lo ha concedido con tanta mejor gana dadas las cualidades requeridas que posee para que se le otorgue, que Su Majestad se ha complacido en encontrar una ocasi\u00f3n tan favorable de agradecer en la persona del hijo los servicios del padre y el celo que manifiesta por el bien del Estado. La reina me ha prometido escribiros en persona, y yo lo he querido hacer adelant\u00e1ndome, con el fin de que os tom\u00e9is el trabajo de verle y de deis las instrucciones y las luces que juzgu\u00e9is que le son necesarias para desempe\u00f1ar esta funci\u00f3n\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Pues bien, Vicente conoc\u00eda la indignidad del sujeto. Sin duda, ni delante de Dios ni delante de los hombres, no era responsable de un nombramiento en el que no hab\u00eda participado de ninguna forma, y pod\u00eda, sin comprometer m\u00e1s su conciencia, seguir pasivamente las instrucciones de Mazarino. Pero y el honor y el bien de la Iglesia, y las necesidades de una gran di\u00f3cesis abandonada por mucho tiempo por los obispos anteriores, y que iba a caer en manos tan incapaces! Con el dolor en el alma, el hombre de Dios volv\u00eda los ojos hacia todas partes. Todo camino de recurso le estaba cerrado por parte de la regente quien, urgida por Mazarino, y con el fin de que no se pudiera volver sobre el asunto, hab\u00eda hecho expedir al punto la patente de nombramiento. Conseguir una renuncia de los propios interesados, tal era el \u00fanico recurso que quedaba, pero \u00a1cu\u00e1n quim\u00e9rico! El santo quiso probar a pesar de todo. Se fue pues a ver al padre del obispo nombrado, un antiguo amigo y, oponiendo con franqueza delante de \u00e9l las virtudes requeridas para el episcopado a la penuria en que se hallaba su hijo, concluy\u00f3 de estas premisas: \u00abEst\u00e1is obligado a devolver a la corte la patente que hab\u00e9is recibido, si no quer\u00e9is exponeros, con vuestro hijo y tal vez toda vuestra familia, a la indignaci\u00f3n de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>El padre hab\u00eda escuchado con toda la atenci\u00f3n que le ped\u00eda su propia piedad y la estima que ten\u00eda del santo hombre, pero estas \u00faltimas palabras le cayeron como un rayo. Aterrado, pidi\u00f3 gracia por unos d\u00edas y prometi\u00f3 reflexionar. Cuando el santo regres\u00f3 a su casa, fue recibido con estas palabras: \u00abOh Se\u00f1or, Se\u00f1or Vicente, qu\u00e9 malas noches me hab\u00e9is hecho pasar!\u00bb Pero el estado de su casa y de sus asuntos, su edad avanzada, el n\u00famero de sus hijos, la necesidad que ten\u00eda de mirar por ellos antes de morir; ay, tantas razones humanas que le hab\u00edan asustado tanto. Adem\u00e1s, \u00bfno pod\u00eda su hijo tomar consigo a virtuosos y sabios eclesi\u00e1sticos que le ayudar\u00edan a realizar su cargo? En una palabra, era imposible perder una ocasi\u00f3n semejante de colocarle.<\/p>\n<p>Vicente no ten\u00eda ya m\u00e1s que dejar actuar a la Providencia y Ella actu\u00f3 terriblemente: poco tiempo despu\u00e9s de su consagraci\u00f3n, mor\u00eda el novel, dejando al padre el dolor de su p\u00e9rdida que a\u00f1adir al remordimiento de haber favorecido a su elevaci\u00f3n contra las reglas de la Iglesia. Un \u00faltimo rasgo, el m\u00e1s impresionante de todos, muy bien contado por Maury en una nota de su paneg\u00edrico de san Vicente de Pa\u00fal, seg\u00fan unos papeles, hoy perdidos, de los archivos de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>La sede episcopal de Poitiers estaba vacante. La duquesa de N\u2026, dama del palacio de la reina, dese\u00f3 obtenerle para su hijo. Persuadida con raz\u00f3n de que Vicente no estar\u00eda conforme con ella, se lo pidi\u00f3 directamente a la regente, dici\u00e9ndole que la renta era muy poco considerable, pero que era un establecimiento de conveniencia para su familia, cuyas principales tierras estaban Poitou. Ana de Austria se lo prometi\u00f3, y la encarg\u00f3 que advirtiese de su parte a Vicente que ella le esperar\u00eda al d\u00eda siguiente, a la hora ordinaria para firmar el nombramiento.<\/p>\n<p>La duquesa se dirigi\u00f3 a San L\u00e1zaro y, para evitar toda explicaci\u00f3n, fingi\u00f3 tener mucha prisa y signific\u00f3 la orden de la reina de la forma m\u00e1s lac\u00f3nica y m\u00e1s absoluta. In\u00fatilmente trat\u00f3 Vicente de Pa\u00fal trat\u00f3 de retenerla, y la suplic\u00f3 que le concediera unos momentos de charla sobre el asunto de su visita. Ella no quiso escuchar nada, repitiendo que no pod\u00eda a\u00f1adir nada a las \u00f3rdenes de Su Majestad. Al d\u00eda siguiente, Vicente se present\u00f3 en la corte, con un rollo de papel en la mano: \u00abAh, le dijo la reina, es el nombramiento al obispado de Poitiers lo que me tra\u00e9is para firmar?\u00bb Y ella tom\u00f3 el papel; estaba en blanco. \u00abC\u00f3mo! replic\u00f3 la regente extra\u00f1ada, \u00bfno hab\u00e9is redactado el nombramiento? \u2013Perdonadme, Se\u00f1ora, respondi\u00f3 modestamente el santo; su Vuestra Majestad est\u00e1 determinada a esta elecci\u00f3n, yo la suplico que escriba ella misma su voluntad, a la que yo no puedo, en conciencia, quitarle ninguna parte. \u2013C\u00f3mo lo siento, Se\u00f1or Vicente, no haberos hablado antes de tomar la primera decisi\u00f3n. Pero dicen que el sujeto es edificante, aunque limitado, y suficiente para la plaza; el nombre me ha decidido; he tomado la petici\u00f3n por la palabra, por miedo a que la familia se volviera atr\u00e1s y no quisiera ya contentarse con una renta tan baja; tambi\u00e9n esperaba veros tan contento como yo misma por haberlo hecho tan barato.\u00bb<\/p>\n<p>Ante estas palabras que no anunciaban una resoluci\u00f3n irrevocable, Vicente respir\u00f3, ya que se pod\u00eda felicitar porque aclarando la religi\u00f3n de la reina, \u00e9l llegar\u00eda a salvar el honor del episcopado. Respondi\u00f3 pues con respeto, moderaci\u00f3n y deferencia: \u00abEs cierto, Se\u00f1ora, que, humanamente hablando, una petici\u00f3n semejante deber\u00eda parecer modesta a Vuestra Majestad y que, cuando el Sr. abate tenga una conducta digna de su nacimiento y de su estado podr\u00e1 pretender a las primeras sedes del reino; pero, desgraciadamente, no parece haber llegado todav\u00eda all\u00ed.\u00bb Despu\u00e9s de superar as\u00ed el obst\u00e1culo que su caridad hac\u00eda a su religi\u00f3n, \u00e9l prosigui\u00f3: \u00abAyer quise someter algunas observaciones respetuosas a la se\u00f1ora duquesa de N\u2026, con la esperanza de obtener de su piedad el desistimiento de una solicitud tan peligrosa para su alma; pero por no haberle podido hacer escuchar la verdad, es un deber sagrado para m\u00ed decirla, con mucho pesar, pero sin tapujos, a Vuestra Majestad misma, con el doble inter\u00e9s de su salvaci\u00f3n y de su gloria.<\/p>\n<p>\u2013Veo claramente que me ha sorprendido, dijo dolorosamente la reina; pero he dado mi palabra, y no sois vos quien me aconsejar\u00edais faltar a ella.<\/p>\n<p>\u2013Se\u00f1ora, seg\u00fan todas las reglas de la moral, la reserva de la revocaci\u00f3n, es no s\u00f3lo derecho, sino de deber contra toda promesa arrancada sobre un falso informe, y m\u00e1s todav\u00eda cuando no se puede cumplirla sin culpa.<\/p>\n<p>-Un crimen! Se\u00f1or, es entonces un crimen lo que yo he prometido?<\/p>\n<p>&#8211; No, ciertamente, Se\u00f1ora, Vuestra Majestad, no ha querido ni cre\u00eddo prometer un crimen; ella no loa ha prometido, por consiguiente. Pero cometer\u00eda realmente un crimen, y un crimen muy grande, si ella sacrificara a toda una di\u00f3cesis a escr\u00fapulos exagerados, y yo creo en mi alma y conciencia que tal es en este momento la situaci\u00f3n en que ahora se encuentra.\u00bb<\/p>\n<p>Y, llevado m\u00e1s lejos en su celo, alentado por las disposiciones en que ve\u00eda a la reina, le desvel\u00f3 valientemente la verdad completa:<\/p>\n<p>-\u00abEste abate, Se\u00f1ora, de quien se os propuesto que hag\u00e1is un obispo, se pasa la vida en las tabernas; se le ve sumergido habitualmente en una tal cr\u00e1pula que se le encuentra casi todas las noches borracho perdido, en las esquinas de las calles, no recordando siquiera su nombre; su familia no ignora su conducta; ella quiere con raz\u00f3n alejarlo de Par\u00eds: pero no es precisamente una sede episcopal a<\/p>\n<p>donde hay que asignarlo como retiro.<\/p>\n<p>-Retiro mi palabra, interrumpi\u00f3 la reina asustada, y nombro para el obispado de Poitiers al sujeto que me design\u00e9is vos mismo. Pero, de lo tratado, ir\u00e9is a hacerme la paz con la duquesa de N\u2026 y, cont\u00e1ndole nuestra conversaci\u00f3n, le quitar\u00e9is la idea no s\u00f3lo de quejarse, sino de no hablar nunca de lo sucedido.\u00bb<\/p>\n<p>Comisi\u00f3n fastidiosa! Nada importa, no teniendo ya nada que temer m\u00e1s que por \u00e9l, Vicente se dirigi\u00f3 alegremente al hotel de la duquesa. Dej\u00f3 en la antec\u00e1mara al hermano que le acompa\u00f1aba siempre, y penetr\u00f3 en el sal\u00f3n donde fue recibido con gran alborozo, como el obispado mismo. \u00ab\u00bfVos ven\u00eds de casa de la reina? le pregunt\u00f3 la duquesa.<\/p>\n<p>-S\u00ed, Se\u00f1ora, acabo de dejar a Su Majestad, y vengo por orden suya a someteros algunas observaciones que no tuve la suerte de poder haceros escuchar ayer.\u00bb Y \u00e9l relat\u00f3 su conferencia con la reina. \u00abPor vuestra salvaci\u00f3n eterna, Se\u00f1ora, dijo sin m\u00e1s, no vay\u00e1is por un hijo as\u00ed a imponeros la responsabilidad inseparable de la petici\u00f3n de un obispado. Aprovechaos m\u00e1s bien de esta circunstancia para hacerle entrar en el deber. \u2013Perdonad, Se\u00f1ora, que os hable con esta libertad. La reina se siente afligida por el dolor que ella os causa; pero vos no querr\u00edais que, por contentaros, ella sacrificara su alma. Cuenta con vuestra religi\u00f3n; no duda de que, reflexion\u00e1ndolo, vos le est\u00e9is agradecida en unos d\u00edas, como vos lo har\u00e9is por toda una eternidad, por haberos retirado su palabra.\u00bb<\/p>\n<p>A estas palabras, la duquesa, quien, desde hac\u00eda rato no se pod\u00eda contener m\u00e1s, se levanta y abruma a Vicente con sus ultrajes y su furor. Y, no sinti\u00e9ndose bastante vengada, agarra un taburete y se lo arroja a la cabeza, y le produce en la frente una herida de la que brota la sangre en abundancia. Vicente, inm\u00f3vil mientras rug\u00eda la tormenta, rueda casi por los suelos a causa del golpe. Se retira sin quejarse, cubri\u00e9ndose con su pa\u00f1uelo la cara ensangrentada. Por el ruido que hab\u00eda o\u00eddo y esta vista, el hermano lo adivin\u00f3 todo. Fuera de s\u00ed de indignaci\u00f3n, exclam\u00f3 que no se tratar\u00eda impunemente as\u00ed a su padre, a un sacerdote, a un ministro del rey, y se lanz\u00f3 hacia el apartamento. Vicente se le puso delante: \u00abUsted no tiene nada que ver en esto, hermano; por aqu\u00ed, v\u00e1monos.\u00bb Y se lo llev\u00f3. \u00ab\u00bfNo es algo admirable, a\u00f1adi\u00f3 sonriendo, ver hasta d\u00f3nde llega la ternura de una madre por su hijo!\u00bb Y \u00e9sa fue toda su venganza- Quedaba poner a cubierto su humildad. Una vez en la carroza, hizo prometer al hermano el secreto m\u00e1s absoluto, sobre la causa de la herida que no se pod\u00eda ocultar, y dej\u00f3 creer en San L\u00e1zaro que proven\u00eda de una ca\u00edda. A este precio se mereci\u00f3 Vicente de Pa\u00fal el testimonio que le tribut\u00f3 Fl\u00e9chier cuarenta y cinco a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte: \u00abA \u00e9l debe el clero de Francia su esplendor y su gloria\u00bb; y el testimonio m\u00e1s honroso todav\u00eda del papa Clemente XII, en la bula de canonizaci\u00f3n: \u00abCuando unos nobles le recomendaban sus hijos, y le ped\u00edan con s\u00faplicas o con amenazas, desde\u00f1\u00f3 sus ofrecimientos como pisote\u00f3 sus amenazas. Nunca esta alma justa y robusta quiso, con detrimento de la herencia de Cristo y a expensas de la cruz, hacerse amigos poderosos, o conjurar por miedo los males con que le amenazaban sus enemigos.\u00bb<\/p>\n<h3>V. <em>Servicios hechos al episcopado.<\/em><\/h3>\n<p>Estos obispos a cuya promoci\u00f3n hab\u00eda contribuido Vicente, estas abad\u00edas que \u00e9l hab\u00eda provisto dignamente, \u00e9l continuaba prestando toda clase de servicios.<\/p>\n<p>Independientemente de su amor general por la Iglesia, su respeto afectuoso por el episcopado constitu\u00edan para \u00e9l un deber de poner a su disposici\u00f3n su persona, a sus sacerdotes y su cr\u00e9dito. En ellos no ve\u00eda ni a hombres quienes, en su mayor parte, le deb\u00edan su dignidad, ni los defectos que habr\u00edan podido alguna vez velarle su sagrado car\u00e1cter; \u00e9l ve\u00eda tan s\u00f3lo el poder y la majestad de Dios de quien eran representantes. Cuanta m\u00e1s gratitud y confianza le mostraban, m\u00e1s se rebajaba \u00e9l delante de ellos. Si iban a verle, se echaba a sus pies, y no les quer\u00eda hablar m\u00e1s que de rodillas, y hab\u00eda que emplear la violencia para ponerle en pie. M\u00e1s celoso por los asuntos de ellos que por los suyos propios, segu\u00eda sus intereses en la corte, en el parlamento, en todas partes; no se cansaba de recomendarlos a la reina, al cardenal, al canciller, a los magistrados como cr\u00e9dito; nada le deten\u00edas cuando ellos le encomendaban, ni la edad ni las enfermedades, ni las estaciones ni los negocios; como el siervo del Evangelio, iba y ven\u00eda, seg\u00fan le dec\u00edan que fuera o viniera. Se esforzaba por establecer la paz en sus di\u00f3cesis, interviniendo entre ellos y su clero, haciendo someterse a los grandes y a los pueblos y a obedecer a su autoridad. \u00c9l los felicitaba en sus gozos, los consolaba en sus penas. Con tanto respeto como h\u00e1bil prudencia, \u00e9l ejercitaba su celo o lo llevaba a m\u00e1s moderaci\u00f3n: \u00abEs verdad, Monse\u00f1or, escrib\u00eda entonces, que yo he deseado vuestra moderaci\u00f3n, pero es para que vuestro trabajo dure, y que el exceso en que os hall\u00e1is continuamente no prive tan pronto a vuestra di\u00f3cesis y a toda la Iglesia de los bienes incomparables que vosotros les dais. Si este deseo no est\u00e1 conforme al movimiento que os inspira vuestro celo, yo no me sorprendo, porque los sentimientos humanos en los que estoy me alejan demasiado de este estado eminente donde el amor de Dios os eleva. Yo soy todav\u00eda todo sensaci\u00f3n, y vos est\u00e1is por encima de la naturaleza; y yo no tengo menos motivo de confundirme por mis defectos, que dar gracias a Dios, como lo hago, por las santas disposiciones que os da. Os suplico muy humildemente, Monse\u00f1or, que le pid\u00e1is para m\u00ed, no ya parecidos, sino una peque\u00f1a porci\u00f3n, o tan s\u00f3lo las migajas que caen de vuestra mesa.\u00bb<\/p>\n<p>Se dedicaba a encontrar dignos sucesores a aquellos a quienes la edad o las debilidades, las fatigas o la responsabilidad del episcopado los llevaban a dimitir de sus funciones. Algunas veces, sin embargo, los compromet\u00eda a quedarse en su puesto: \u00abVos no ten\u00e9is m\u00e1s dificultades en vuestro episcopado, Monse\u00f1or, de las que ten\u00eda san Pablo en el suyo, y con todo \u00e9l ha aguantado el peso hasta la muerte; y ninguno de los ap\u00f3stoles se despoj\u00f3 de su episcopado ni abandon\u00f3 el ejercicio y las fatigas m\u00e1s que para ir a recibir la corona en el cielo. Yo ser\u00eda un temerario, Monse\u00f1or, al proponeros sus ejemplos, si Dios que os ha elevado a su dignidad suprema, no os invitara \u00e9l mismo a seguirlos, y si la libertad que me tomo no procediera del gran respeto y del incomparable afecto que Nuestro Se\u00f1or me ha dado para con vuestra sagrada persona.\u00bb Otro obispo de sus amigos le hab\u00eda protestado varias veces que no abandonar\u00eda nunca a su esposa, es decir a su Iglesia por otra, tan bella y tan rica como pudiera ser; y, en se\u00f1al de su fidelidad, le hab\u00eda mostrado su anillo pastoral diciendo: \u00ab<em>Oblivioni detur dextera mea<\/em>, <em>si non meminero tui<\/em> \u00a1Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, el obispo se dej\u00f3 seducir por la oferta de un rico y grande arzobispado. Vicente se lo encuentra entonces accidentalmente: \u00abMonse\u00f1or, le dijo despu\u00e9s de las primeras cortes\u00edas y con los ojos fijos en su mano derecha, os ruego que os acord\u00e9is de vuestro anillo.\u00bb \u2013\u00bbAh, Se\u00f1or Vicente, respondi\u00f3 ri\u00e9ndose el obispo, me hab\u00e9is pillado!\u00bb<\/p>\n<p>Se ve con qu\u00e9 mezcla de respeto, de destreza, y a veces de gracia, sab\u00edas dar a los obispos un consejo. Uno de ellos estaba en proceso con su clero. Vicente no ped\u00eda otra cosa que ayudarle, pero \u00e9l lo habr\u00eda hecho por v\u00eda de arreglo, y el obispo se negaba a prestarse a ello; de suerte que esta impresi\u00f3n entr\u00f3 mucho antes en los esp\u00edritus. En cuanto a m\u00ed, yo admiro a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que desaprob\u00f3 los procesos, y no obstante quiso tener uno y perderlo. No dudo, Monse\u00f1or, que si ten\u00e9is algunos, no es por otra cosa que la de sostener y defender su causa, y de ah\u00ed viene que conserv\u00e9is una gran paz interior entre todas las contradicciones del exterior, porque vos no mir\u00e1is m\u00e1s que a Dios, , y no al mundo; busc\u00e1is solamente agradar a su divina Majestad, sin cuidaros de lo que digan los hombres; por lo cual doy gracias a la divina bondad, puesto que es una gracia que no se encuentra m\u00e1s que en las almas que le est\u00e1n estrechamente unidas. Pero yo os debo decir tambi\u00e9n, Monse\u00f1or, que esta fastidiosa opini\u00f3n del consejo podr\u00e1 perjudicaros en el momento presente, y evitar que se os conceda lo que ped\u00eds.\u00bb<\/p>\n<p>Se confund\u00eda en excusas cuando se ve\u00eda en la imposibilidad de prestar a los obispos alg\u00fan buen oficio, y en humildad cuando ellos le consultaban. \u00abSiento gran verg\u00fcenza, Monse\u00f1or, escrib\u00eda \u00e9l en estos encuentros, cada vez que leo la \u00faltima carta que me hab\u00e9is hecho el honor de escribirme, e incluso todas las veces que pienso en ella, viendo hasta qu\u00e9 punto se rebaja vuestra ilustr\u00edsima ante un pobre porquerizo de nacimiento y un miserable anciano lleno de pecados.\u00bb O tambi\u00e9n: \u00abAy, Monse\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9is, al comunicar tantos asuntos importantes a un pobre ignorante como yo, abominable ante Dios y ante los hombres por los innumerables pecados de mi vida pasada y tantas miserias presentes, que me hacen indigno del honor que vuestra humildad me hace, y que, ciertamente, me obligar\u00eda a callarme, si vos no me mandarais hablar?\u00bb<\/p>\n<p>Se esforz\u00f3 en proscribir del episcopado todo cuanto pod\u00eda perturbar la paz. La di\u00f3cesis de Saint-Pol-de-L\u00e9on, en Breta\u00f1a, dio un ejercicio particular a su celo. Ren\u00e9 de Rieux, que era su obispo, se hab\u00eda visto implicado en el proceso de los que, despu\u00e9s de favorecer la evasi\u00f3n de la reina madre Mar\u00eda de M\u00e9dicis, la hab\u00edan seguido a Bruselas. En efecto, mientras que la reina se escapaba de Compi\u00e8gne, el obispo se hallaba, con el joven de Vardes, en Capelle, por donde deb\u00eda pasar. Pero, por orden de Richelieu, el marqu\u00e9s de Vardes padre los hab\u00eda expulsado de all\u00ed, y la reina hab\u00eda tenido que, en lugar de detenerse en Capelle, ir directamente a Avesnes, por donde hab\u00eda atravesado la frontera. Comprometido en Francia, el obispo de L\u00e9on hab\u00eda permanecido largo tiempo en el extranjero sin consentimiento del rey. Se le hizo un proceso, y fue depuesto, el 31 de mayo de 1635, por cuatro obispos a quienes hab\u00eda nombrado la Santa Sede para examinar este asunto. Tras una larga vacante, Robert Cupif ocup\u00f3 su lugar en 1639. Al cabo de unos a\u00f1os, en 1645, era repuesto a petici\u00f3n del clero de Francia, reunido en asamblea general en Par\u00eds. Pero Robet Cupif, que hab\u00eda hecho mucho bien en la di\u00f3cesis de L\u00e9on, hab\u00eda sido colocado all\u00ed por el concurso de los dos poderes, y adem\u00e1s no hab\u00eda sido ni depuesto ni prohibido, crey\u00f3 y se esforz\u00f3 en probar que la sentencia que restablec\u00eda a su competidor no pod\u00eda perjudicar sus derechos, y que Ren\u00e9 de Rieux no deb\u00eda sacar ventajas m\u00e1s que en caso de sobrevivirle: el consejo de Estado del rey produjo un decreto favorable a sus pretensiones. Ren\u00e9 de Rieux no se resign\u00f3 a ello. Sostenido por una buena parte del clero que acababa de hacer cesar por nuevos comisarios del papa la sentencia dictada contra \u00e9l, emple\u00f3 todas las armas para reconquistar su sede. Por su parte, Robert Cupif recurri\u00f3 a medios parecidos de defensa. Las memorias, las contrarr\u00e9plicas de las dos partes se cruzaron con las Mazarinadas y dem\u00e1s libelos de la Fronda. Era un esc\u00e1ndalo religioso en medio de las turbulencias pol\u00edticas. Vicente lo lamentaba, lo llevaba sin cesar al consejo. Por fin lo consigui\u00f3. Se propuso a Robert Cupif para el obispado de D\u00f4le, que acept\u00f3, y Ren\u00e9 de Rieux entr\u00f3 en pac\u00edfica posesi\u00f3n de su di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>El mismo a\u00f1o (1648) que Vicente pon\u00eda fin a este esc\u00e1ndalo, se preparaba para otro. Despu\u00e9s de la toma de La Rochelle, se pensaba transferir all\u00ed la sede episcopal de Maillezais. Era el medio de volver la fe y la piedad cat\u00f3lica a esta ciudad durante tanto tiempo asolada por la herej\u00eda. Luis XII muri\u00f3 antes de realizar este proyecto, cuya ejecuci\u00f3n estaba reservada a la regencia de Ana de Austria y a los consejos de Vicente. Se procedi\u00f3 con prudencia en esta asunto tan delicado. Enrique de B\u00e9thune, obispo de Maillezais, fue primero nombrado al arzobispado de Burdeos, y all\u00ed fue reemplazado por Jacques Raoul, obispo de Saintes, de quien depend\u00eda entonces La Rochelle. Era un encaminamiento. En efecto, al cabo de quince meses, Jacques Raoul fue trasferido a La Rochelle, donde realiz\u00f3 todas las esperanzas que Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda concebido de su capacidad y de su virtud. Quedaba por enfrentarse a las contestaciones que habr\u00edan podido nacer entre los obispos de La Rochelle y los de Saintes, cuya di\u00f3cesis quedaba desmembrada por el establecimiento de este nuevo obispado. Vicente busc\u00f3 pues para Saintes a un obispo amigo de la paz y de la justicia, que crey\u00f3 encontrar en Louis de Bassompierre. Efectivamente, los dos obispos entraron en contacto en Maillezais y, por una transacci\u00f3n homologada en el parlamento, ahogaron en germen toda disensi\u00f3n.<\/p>\n<p>De todos los obispos, aquellos a quienes Vicente, tan celoso con el error, era el m\u00e1s dispuesto a prestar servicio, eran aquellos cuyo ministerio deb\u00eda realizarse en medio de la herej\u00eda. Se opon\u00eda a volver a los l\u00edmites que les hab\u00edan se\u00f1alado los edictos. Se enteraba de que quer\u00edan reunirse y tener sus pr\u00e9dicas en los lugares prohibidos, recurr\u00eda enseguida al rey, al canciller y los rechazaba hasta sus ciudades de tolerancia\u2026<\/p>\n<p>Con mayor raz\u00f3n les cerraba la entrada de las funciones p\u00fablicas que quer\u00edan invadir. Para dar al partido cr\u00e9dito y autoridad en varias ciudades del reino, un buen n\u00famero de ellos, ricos y poderosos, compraban all\u00ed cargos muy por encima de su valor y, a fuerza de dinero tambi\u00e9n, luego de s\u00faplicas y de intrigas, tomaban posesi\u00f3n contra todas las disposiciones de la ley. Informado por los obispos, Vicente llevaba enseguida sus reclamaciones al pie del trono y, juntando a su autoridad la de las ordenanzas, de los \u00faltimos ruegos de Luis XIII, obten\u00eda de la regente negativa de conformidad, y mandaba escribir de parte del rey a los intendentes de las provincias que debieran contener a los religionarios en los l\u00edmites de las leyes.<\/p>\n<p>En cuanto depend\u00eda de \u00e9l, les cerraba tambi\u00e9n las familias cat\u00f3licas, donde buscaban introducirse por matrimonios obtenidos por medios de conversiones fingidas; y siempre que la justicia se lo permit\u00eda, no descuidaba nada para hacerles fracasar en sus procesos y sus diferendos con los cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 no hizo para detener el desorden de los llamamientos como de abusos que, introducidos primitivamente para mantener en su vigor la observancia de la disciplina eclesi\u00e1stica y la pureza de los santos c\u00e1nones, no serv\u00edan ya m\u00e1s que para favorecer la intriga y la corrupci\u00f3n de los malos sacerdotes y la intromisi\u00f3n de la autoridad civil en las causas totalmente espirituales? Condenados justamente por los obispos, los sacerdotes culpables lograban con demasiada frecuencia hacer anular su sentencia mediante las cortes seculares y detener contra ellos todo procedimiento. M\u00e1s a\u00fan, los roles se invert\u00edan a veces y, de acusadores leg\u00edtimos los obispos se ve\u00edan, a petici\u00f3n de eclesi\u00e1sticos escandalosos, acusados a su vez y condenados por los parlamentos.<\/p>\n<p>Vicente conversaba sobre estos des\u00f3rdenes con los magistrados cat\u00f3licos, se\u00f1aladamente con Mathieu Mol\u00e9, procurador general, luego primer presidente del Parlamento de Par\u00eds. \u00abEs verdad, le respond\u00eda Mol\u00e9, que cuando los obispos o los oficiales faltan a las formalidades que des son prescritas por la administraci\u00f3n de la justicia eclesi\u00e1stica, la corte es exacta en corregir sus abusos; pero cuando ellos las observan bien, ella no emprende nada contra su proceder. As\u00ed sabemos que el Sr. oficial de Par\u00eds es h\u00e1bil en su cargo, y que no hay nada que contestar en sus juicios. Por eso cuando nos traen llamamientos como de abusos de las sentencias por \u00e9l dictadas, no recibimos ninguno; y nosotros usar\u00edamos igualmente con todos los dem\u00e1s si se comportaran del mismo modo.\u00bb Vicente trasmit\u00eda esta respuesta a los obispos que se quejaban a \u00e9l, y les expresaba que, para el golpe que estas clases de llamadas produc\u00edan a la disciplina hab\u00eda que establecer un buen orden en sus cortes eclesi\u00e1sticas, y no situar en ellas m\u00e1s que a oficiales virtuosos, sabios en uno y otro derecho, igualmente inflexibles y experimentados en la administraci\u00f3n de la justicia, y atentos con escrupulosidad a la observancia de las formalidades en uso del reino.<\/p>\n<p>Pero, con Vicente de Pa\u00fal la justicia no causaba nunca ning\u00fan da\u00f1o a la misericordia. As\u00ed quer\u00eda que se emplearan las censuras con exactitud. Luis Abelly, su futuro historiador, entonces oficial de Bayona, le consult\u00f3, por parte de Francisco Fouquet, obispo de esta ciudad antes de ser arzobispo de Narbona, sobre la conducta que se deb\u00eda observar a prop\u00f3sito de los religiosos infieles a su voto de pobreza. \u00bfHab\u00eda que limitarles todos los poderes, prohibirles el derecho de cuestaci\u00f3n, imponerles incluso excomuni\u00f3n en caso de contumacia?<\/p>\n<p>\u00abAy, Se\u00f1or, le respondi\u00f3 Vicente, confund\u00eds al hijo de un pobre labrador, que ha cuidado las ovejas y los puercos, que sigue en la ignorancia y en el vicio al pedirle sus consejos! Os obedecer\u00e9 no obstante con el sentimiento de ese pobre asno que en otro tiempo habl\u00f3 por la obediencia que deb\u00eda a quien le mandaba, a condici\u00f3n que, como no se hace caso de lo que dicen los locos, por lo que ellos le dicen , que tambi\u00e9n Monse\u00f1or, no tendr\u00e9is ninguna atenci\u00f3n a lo que yo diga, sino en cuanto que mi dicho Se\u00f1or lo encuentre relacionado con sus mejores consejos y con los vuestros.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este comienzo ordinario, abre el suyo: \u00abEn general, dijo, hay que tratar con los religiosos relajados como Jesucristo trat\u00f3 con los pecadores de su tiempo. Un obispo y un sacerdote, obligados como tales a se m\u00e1s perfectos que un religioso, considerado puramente como religioso, deben, durante un tiempo considerable, no obrar m\u00e1s que por el camino del buen ejemplo, y acordarse de que el Hijo de Dios no sigui\u00f3 otro durante treinta a\u00f1os. Es necesario, despu\u00e9s de esto, hablar primero con caridad y mansedumbre, despu\u00e9s con fuerza y firmeza, sin no obstante emplear todav\u00eda ni de entredicho ni de suspensi\u00f3n, ni de excomuni\u00f3n, censuras terribles que el Salvador no emple\u00f3 nunca..<\/p>\n<p>Creo, Se\u00f1or, que lo que os digo os parecer\u00e1 rudo; pero \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is? Yo tengo tan grandes sentimientos de las verdades que Nuestro Se\u00f1or nos ha ense\u00f1ado de palabra y con el ejemplo, que no puedo menos de ver que todo lo que se hace seg\u00fan eso resulta perfectamente bien, y las pr\u00e1cticas contrarias, todo lo contrario. \u2013S\u00ed, pero ellos despreciar\u00e1n a un prelado que las use de esa manera. \u2013Es cierto, y es preciso para honrar la vida del Hijo de Dios en todos sus estados por nuestras personas, como lo hacemos por nuestras condiciones, Pero es cierto tambi\u00e9n que despu\u00e9s de sufrir por alg\u00fan tiempo, y tanto como Nuestro Se\u00f1or disponga y con Nuestro Se\u00f1or, hace que hagamos m\u00e1s bien en tres a\u00f1os de vida de lo que har\u00edamos en treinta. Pero \u00bfqu\u00e9 digo? Seguro, no creo que se pueda hacer de otra manera. Se har\u00e1n muchos reglamentos, se usar\u00e1 de las censuras, se privar\u00e1 de confesar, de predicar, de pedir; pero con todo ello no habr\u00e1 enmienda nunca, y nunca se extender\u00e1 el imperio de Jesucristo ni se conservar\u00e1 en las almas con ello. Dios arm\u00f3 en otro tiempo el cielo y la tierra contra el hombre; ay, \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3? Bueno, \u00bfno ha tenido finalmente que rebajarse y humillarse ante el hombre para hacerle aceptar el yugo dulce de su imperio y de su conducta? Y lo que un Dios no ha podido hacer con su omnipotencia, \u00bfc\u00f3mo lo har\u00e1 un prelado con la suya? Seg\u00fan eso, estimo que Monse\u00f1or tiene raz\u00f3n de no fulminar excomuni\u00f3n contra estos religiosos propietarios, ni siquiera impedir tan pronto a los que \u00e9l ha examinado y aprobado una vez para ir a predicar el Adviento y la Cuaresma en parroquias del campo donde no existe estaci\u00f3n designada. Qu si alguno abusa del ministerio vuestra sabia conducta sabr\u00e1 darle buen remedio<span id='easy-footnote-20-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-20-109794' title='El original de esta carta fue enviado a Cosme III, gran duque de Toscana, el 20 de enero de 1704, por Watel, quinto superior general de la Misi\u00f3n, con el b\u00e1culo del santo, un lienzo te\u00f1ido con su sangre y algunos de sus peque\u00f1os retratos en papel. El duque respondi\u00f3 de Pisa, el 9 de febrero siguiente, que \u00e9l conservar\u00eda estos objetos como lo m\u00e1s precioso de su palacio y que \u00e9l trabajar\u00eda por lograr la beatificaci\u00f3n por la que se estaba por entonces en oraci\u00f3n (&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., 87).'><sup>20<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<h3>VI. <em>Servicios prestados a las \u00f3rdenes religiosas.<\/em><\/h3>\n<p>Se ve la caritativa indulgencia del santo por las \u00f3rdenes religiosas; pero esta indulgencia no degener\u00f3 nunca en debilidad, como lo va a probar la parte que \u00e9l tom\u00f3 en todas las reformas.<\/p>\n<p>Muy temprano comenz\u00f3 a hacer bien a los religiosos. En 1621, Francisco de Ma\u00efda, superior general de los M\u00ednimos, m\u00e1s tarde obispo de Lavello, le otorg\u00f3 cartas de asociaci\u00f3n portadoras en sustancia que en consideraci\u00f3n de su insigne piedad y de los servicios que ha hecho a los hijos de san Francisco de Paula, le hace part\u00edcipe de las oraciones, de los sacrificios, de los ayunos, de las indulgencias y de todas las buenas obras que se hacen y se har\u00e1n perpetuamente en toda la extensi\u00f3n de su orden; y eso, para unir cada vez m\u00e1s, por la comuni\u00f3n de las mismas gracias a los que la divina caridad ha unido ya estrechamente.<\/p>\n<p>Hemos visto c\u00f3mo ayud\u00f3 al comendador Sillery en la reforma de las casas y de las tierras de la orden de Malta, con sus consejos, sus Misiones y un proyecto de seminario. Los caballeros de Malta le testimoniaron su gratitud. El 7 de setiembre de 1637, el gran Maestre Paul Lascaris, salido de los cuentos de Vintimille y de los emperadores de Constantinopla, le escribi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, me han comunicado que el venerable bailli de Sillery os hab\u00eda elegido para ayudarle a hacer la vista de las iglesias y parroquias que dependen del gran priorato; en lo que ya hab\u00e9is comenzado a emplear \u00fatilmente vuestros cuidados y vuestras fatigas; lo que me invita a daros por estas l\u00edneas mis m\u00e1s afectuosos agradecimientos y a pediros vuestra continuaci\u00f3n, ya que ella no tiene otro objeto que el de adelantar la gloria de Dios, y el honor y la reputaci\u00f3n de esta orden. Suplico de todo coraz\u00f3n a la de Dios que quiera recompensar vuestro celo y vuestra caridad con sus gracias y sus bendiciones,\u00bb<\/p>\n<p>Pero fue principalmente en el <em>tiempo<\/em> de de su cr\u00e9dito en el consejo de conciencia cuando se mostr\u00f3 el protector de las \u00f3rdenes religiosas. De todas las comunidades de Francia, ninguna, ha dicho su primer historiador, a la que no haya prestado servicios bien generales bien particulares. En la colecci\u00f3n de las cartas dirigidas al papa Clemente XI con vistas a su canonizaci\u00f3n, hay muchas de superiores de \u00f3rdenes, de abades, de comunidades, etc., las cuales todas dan testimonio del concurso que prest\u00f3 al cardenal de la Rochefoucault para las reformas de las que hab\u00eda sido encargado por la Santa Sede. El cardenal le llamaba <em>su brazo derecho<\/em> y cuando hablaba de \u00e9l y de Dom Gr\u00e9goire Tarrisse, dec\u00eda: <em>Mis<\/em> <em>dos<\/em> <em>santos. <\/em>\u00c9l le conjuraba en nombre de dios y de la Iglesia a moderar sus mortificaciones, y ten\u00eda costumbre de repetir: \u00abSi se quiere encontrar la verdadera humildad, hay que buscarla en el Sr. Vicente.\u00bb<\/p>\n<p>Se entiende pues que el cardenal le haya forzado a quedarse en el consejo de conciencia, donde pod\u00eda serle a \u00e9l mismo de una gran ayuda. Tambi\u00e9n, Juan de Montenas, cura de Santa Genoveva, y los can\u00f3nigos regulares de su Congregaci\u00f3n; Henri de La Marche, sacerdote de Grandmont; Arnould Simon y Jean Charton, sacerdotes de Bonfay y de Rangeval, de la orden Premonstratense, reconoc\u00edan en sus cartas del 18 de mayo, 24 de junio y 29 de setiembre de 1706, que sus \u00f3rdenes le deben, entre otros servicios, el restablecimiento de la disciplina. \u00abMientras que, dicen los sacerdotes Premonstratenses, el hombre enemigo opon\u00eda numerosos y graves obst\u00e1culos a la reforma de la orden prescrita por las cartas de los soberanos pont\u00edfices, siguiendo los decretos del concilio de Trento, y a su difusi\u00f3n en los monasterios de Francia, el venerable siervo de Dios, con sus consejos, con sus cuidados, con el cr\u00e9dito que le acompa\u00f1aba ante los reyes cristian\u00edsimos de su tiempo, se mostr\u00f3 un ayuda y un defensor tan poderoso que a \u00e9l debe referirse la ejecuci\u00f3n de las cartas pontificias.\u00bb En efecto, algunas de estas reformas fueron tan denostadas que a juzgar por las reclamaciones y los movimientos de sus adversarios, se habr\u00eda cre\u00eddo que se trataba de revoluciones encaminadas a la ca\u00edda de la Iglesia y del Estado. los grandes, los pr\u00edncipes, cantidad de personas de autoridad y de nacimiento, lo pon\u00edan todo en juego con el fin de oponerse como se de un atentado criminal se tratara; y el humilde Vicente ten\u00eda que combatir, aparte de las malas pasiones, a todos los poderes del siglo. \u00abEs muy necesario, le escrib\u00eda en cierta ocasi\u00f3n un santo sacerdote, que Dios os d\u00e9 una fuerza extraordinaria para una obra tan grande, a vos, digo, que defend\u00e9is la causa de dios frente al poder del mundo. No podemos sino rogar a Dios y someternos a su Providencia y a vuestro celo, Se\u00f1or, que sois nuestro \u00fanico refugio en la tierra y el \u00fanico apoyo de nuestra orden desolada.\u00bb<\/p>\n<p>Los obispos, en cuyas di\u00f3cesis se encontraban abad\u00edas reformadas, enviaron de Vicente al soberano pont\u00edfice Clemente XI un testimonio parecido. As\u00ed, Henri de Briqueville de la Lucerne, obispo de Cahors (10 de marzo de 1706), repiti\u00f3 en primer lugar que Alain de Solminihac, uno de sus predecesores m\u00e1s santos, no hizo nunca nada importante sin consultarle, que acudiera a \u00e9l para la elecci\u00f3n de un digno coadjutor; luego a\u00f1adi\u00f3 que fue Vicente tambi\u00e9n quien le ayud\u00f3 a restablecer la antigua disciplina en los monasterios de la di\u00f3cesis de Cahors, y quien le sostuvo en Roma y en Francia en la reforma de la orden de los can\u00f3nigos regulares de Chancellade, de la que era abad y primer superior<span id='easy-footnote-21-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-21-109794' title='V\u00e9ase en esto una carta de san Vicente al obispo de Cahors del 30 de julio de 1647.'><sup>21<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Vicente apoy\u00f3 asimismo las reformas de las \u00f3rdenes de San Antonio y de San Bernardo, y seg\u00fan informaci\u00f3n de Dom Sim\u00f3n Rougis (11 de abril de 1706), ayud\u00f3 a su amigo Dom Gr\u00e9goire Tarrisse a reformar la orden de San Benito y la Congregaci\u00f3n de Saint-Maur.<\/p>\n<p>Fue sobre todo el consejo y la gu\u00eda de Charles Fr\u00e9mont, el reformador de Grandmont. En 1640, Fr\u00e9mont, llegado a Par\u00eds para sus estudios teol\u00f3gicos, hab\u00eda ido a ver a Vicente de Pa\u00fal para consultarle sobre estos proyectos de reforma. El santo le introdujo en su habitaci\u00f3n, le hizo sentarse y le escuch\u00f3. Pero no bien hab\u00eda escuchado sus primeras palabras, cuando se puso de rodillas y le dijo: \u00abQu\u00e9, a un hijo de labrador, a un pastor de cerdos ven\u00eds a pedir consejo!\u00bb Sorprendido y confuso, Fr\u00e9mont quiso ponerse de rodillas tambi\u00e9n delante de este anciano; pero Vicente no se los permiti\u00f3, y sigui\u00f3 prosternado hasta recibir su bendici\u00f3n. \u2013Por lo dem\u00e1s, es lo que hac\u00eda con todos los religiosos. A fuerza de humildad y de perseverancia, les arrancaba siempre su bendici\u00f3n. \u00abHe advertido, dec\u00eda \u00e9l, que todo me sale bien los d\u00edas que algunos de estos siervos de Dios ha consentido en bendecirme.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de recibir los consejos de Vicente, Fr\u00e9mont pidi\u00f3 que se le entregara una casa de su orden para restablecer en ella la antigua observancia. El cardenal de Richelieu que viv\u00eda a\u00fan apoy\u00f3 su reclamaci\u00f3n y, tras varias negativas, Fr\u00e9mont obtuvo el priorato de \u00c9poisses, en Borgo\u00f1a; all\u00ed se retir\u00f3 y fue seguido por algunos religiosos y hombres de todo estado a los que atra\u00eda el ejemplo de su vida penitente. Pronto entr\u00f3 en posesi\u00f3n del priorato de Lod\u00e8ve, en Languedoc, y los habitantes de Thiers, en Auvergne, le dieron un monasterio que hab\u00edan hecho construir en su ciudad en honor de su compatriota san Esteban, fundador de la orden de Grandmont.<\/p>\n<p>Por este tiempo, Vicente de Pa\u00fal era jefe del consejo de conciencia. Convoc\u00f3 en San L\u00e1zaro una asamblea de todos los superiores de la orden para publicar las bases de la reforma: y como Fr\u00e9mont era siempre el alma y el dinero de este grande empresa, mand\u00f3 escribir de parte del rey en su favor a Georges de Barri, superior general de Guandmont. Escribi\u00f3 \u00e9l mismo, el 24 de enero de 1652, enviando la carta del rey:<\/p>\n<p>\u00abMi reverend\u00edsimo Padre, la raz\u00f3n por la que Su Majestad escribe a Vuestra Reverencia, es que as\u00ed se resolvi\u00f3 en el consejo de los asuntos eclesi\u00e1sticos, cuando habiendo vacado un priorato de vuestra orden en la di\u00f3cesis de Lod\u00e8ve, se consider\u00f3 a uno de vuestros buenos religiosos, llamado el Padre Fr\u00e9mont, para una pensi\u00f3n, de establecer all\u00ed la antigua regularidad, como lo ha hecho en alguna otra de vuestras casas , la cual pensi\u00f3n pasar\u00eda de \u00e9l a sus sucesores, en la observancia de esta regla; de lo cual habiendo informado a la reina, Su Majestad manifest\u00f3 una gran alegr\u00eda, y nos pidi\u00f3 firmeza en la expedici\u00f3n. Hay lugar a esperar que el buen Dios quiere servirse vos, mi reverendo Padre, para reformar una orden tan santa como la vuestra, que ha sido muy c\u00e9lebre en la Iglesia, y en bendici\u00f3n para este reino, ya que bajo vuestro gobierno comienza a tomar el mismo que despidi\u00f3 en el primer estilo de vida, cuyo restablecimiento desea la gente de bien. El rey quiere contribuir; y tal parece ser el plan de Dios, que os ha dado a este religioso como un instrumento muy id\u00f3neo, del que Vuestra Reverencia se puede servir, de lo que sacar\u00e1 mucha utilidad si le place darle su vicariato, para regir las casas de \u00c9poisses, de Thiers y de Lod\u00e9ve con poder de recibir en ellas a novicios y profesos en la dicha antigua observancia, todo bajo vuestra autoridad y santa direcci\u00f3n. No dudo que Vuestra Reverencia responda a las intenciones de Su Majestad en cosa tan razonable, que tiende a la gloria de Dios y al mantenimiento de un cuerpo cuya cabeza sois vos, y en el que influir\u00e1 Nuestro Se\u00f1or, por medio de vos y vuestros ministros, su esp\u00edritu religioso para reinar all\u00ed por los siglos que vendr\u00e1n, y por este medio hacer recomendables a la posteridad vuestra persona y vuestro celo, adem\u00e1s del m\u00e9rito que Vuestra Reverencia tendr\u00e1 ante Dios<span id='easy-footnote-22-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-22-109794' title='Proc. Inform., folio 1337 y siguientes.'><sup>22<\/sup><\/a><\/span>.\u00bbEsta carta tuvo su efecto: la reforma de Fr\u00e9mont se introdujo, no s\u00f3lo en los tres prioratos de \u00c9poisses, de Thiers y de Lod\u00e9ve, sino en algunas otras casas; traz\u00f3 \u00e9l mismo las reglas, y ejerci\u00f3 durante treinta a\u00f1os en Thiers las funciones de superior con tanto celo y perseverancia como dulzura y caridad.<\/p>\n<p>Con eso no se acaba la acci\u00f3n de Vicente en la reforma de las comunidades. \u00c9l impidi\u00f3 a la reina confirmar la elecci\u00f3n de un religioso que se negaba a introducirla en una abad\u00eda principal, y como el elegido estaba apoyado por muchas personas poderosas, rog\u00f3 al obispo del lugar que viniera a Par\u00eds para apoyar su cr\u00e9dito. \u00abYo s\u00e9, le escribi\u00f3, que a Su Majestad, que os estima mucho, le parecer\u00e1 bien, y el Sr. ministro de justicia ha visto bien que yo os suplique, como lo hago muy humildemente, que venga lo antes posible por el amor de Dios. Tal vez depende de este momento la reforma de esta casa y de las de su filiaci\u00f3n, y que Nuestro Se\u00f1or quiere que el m\u00e9rito de un \u00e9xito tan deseable, os sea imputado como a uno de los prelados del reino que m\u00e1s celo tiene por la gloria de su Iglesia.\u00bb<\/p>\n<p>Se gan\u00f3 para la reforma la protecci\u00f3n de una princesa, cuyo hijo, muy joven, recientemente provisto de una abad\u00eda, se hab\u00eda interpuesto contra los reformadores por uno de los religiosos, que ten\u00eda sobre sus hermanos una influencia funesta.<\/p>\n<p>A fuerza de caridad y de prudencia, restableci\u00f3 m\u00e1s de una vez la uni\u00f3n y la paz en las comunidades revueltas por las divisiones. Envi\u00f3 all\u00ed a comisarios de parte del rey para informarse del estado de las cosas y o\u00edr a las dos partes; rogaba a algunos prelados que asistieran a sus cap\u00edtulos generales para procurar en ellos la libertad de los consejos y de los sufragios; y, seg\u00fan el informe de unos y de otros, hac\u00eda anular o confirmar las elecciones, obten\u00eda del consejo las medidas propias para establecer el orden y la concordia. \u00c9l mismo actuaba directamente en estos encuentros por la invitaci\u00f3n de los superiores, y m\u00e1s de una vez recibi\u00f3 de Roma cartas de generales de \u00f3rdenes que le agradec\u00edan por su mediaci\u00f3n saludable tanto ante el rey como ante sus religiosos, y le proclamaban su \u00e1ngel tutelar, el \u00e1ngel de la paz.<\/p>\n<p>Cu\u00e1l no era su alborozo cuando ve\u00eda los monasterios volver a la regularidad de sus m\u00e1s hermosos d\u00edas! Pero qu\u00e9 grande su dolor si la licencia continuaba prevaleciendo en ellos! Por lo menos apartaba a los religiosos que le consultaban de entrar en las abad\u00edas desregladas. \u00abYo no querr\u00eda aconsejar a nadie, respondi\u00f3 a uno de ellos, entrar en la orden pretendida de N., a un religioso doctor y profesor de teolog\u00eda, y gran predicador, como vos lo sois, porque es un desorden y no una orden, un cuerpo que no tiene consistencia ni verdadera direcci\u00f3n, y en el que los miembros viven sin ninguna dependencia ni relaci\u00f3n. Me encontr\u00e9 un d\u00eda al Sr. ministro de justicia en su biblioteca, que estaba buscando el origen y progreso de esta orden en Francia, y que no encontraba ning\u00fan vestigio. En una palabra, no es m\u00e1s que una quimera de religi\u00f3n, que sirve de retiro a los religiosos libertinos y d\u00edscolos, que para sacudirse el yugo de la obediencia, se enrolan en esta religi\u00f3n imaginaria y viven en el desorden. Por eso yo estimo que tales personas no gozan de seguridad de conciencia, y pido a Nuestro Se\u00f1or que os preserve de semejante ligereza.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed, no era s\u00f3lo a las comunidades, tambi\u00e9n a los particulares, a quienes le gustaba a Vicente prestar sus buenos oficios. Todos le consultaban, fuera que quisiesen entrar en una religi\u00f3n, o bien salirse de ella para pasar a otra. Pocas veces, a no ser por el desorden en una comunidad, permit\u00eda el cambio. Por la carta siguiente se puede juzgar de las dem\u00e1s y tambi\u00e9n de las humildes y caritativas precauciones con ayuda de las cuales hac\u00eda pasar los reproches o los consejos severos: \u00abHe visto vuestra carta, reverendo Padre, con respeto, y de verdad con confusi\u00f3n, porque os dirig\u00eds al m\u00e1s sensual y al menos espiritual de los hombres, y reconocido como tal por todo el mundo. no dejar\u00e9 sin embargo de deciros mis peque\u00f1os pensamientos sobre lo que me propon\u00e9is, no a manera de consejo sino por la pura condescendencia que Nuestro Se\u00f1or quiere que prestemos a nuestro pr\u00f3jimo. Me ha consolado ver los atractivos que sent\u00eds por las uni\u00f3n perfecta con Nuestro Se\u00f1or; Vuestra fiel correspondencia con ello y las caricias que su divina bondad os ha regalado a menudo; las grandes dificultades y contradicciones que hab\u00e9is encontrado en los diversos estados por los que hab\u00e9is pasado, y por \u00faltimo el singular amor que sent\u00eds por esta gran maestra de la vida espiritual, santa Teresa.<\/p>\n<p>\u00abPues bien, siendo todo eso verdad, pienso no obstante, mi reverendo Padre, que hay m\u00e1s seguridad para vos si continu\u00e1is en la vida com\u00fan de vuestra santa orden y os somet\u00e9is por entero a la direcci\u00f3n de vuestro superior, que pasar a otra, aunque santa, 1\u00ba porque es una m\u00e1xima que el religioso debe aspirar a animarse con el esp\u00edritu de su orden, pues de otra manera no tendr\u00eda m\u00e1s que el h\u00e1bito; y como vuestra santa orden es reconocida como la de las m\u00e1s perfectas de la Iglesia, ten\u00e9is una mayor obligaci\u00f3n de perseverar en ella y de trabajar para recibir su esp\u00edritu, practicando las cosas que pueden haceros entrar en \u00e9l.; 2\u00ba es otra m\u00e1xima que el esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or act\u00faa dulce y suavemente, y el de la naturaleza y del maligno esp\u00edritu, por el contrario, \u00e1spera y amargamente; Ahora bien, parece, por todo lo que me dec\u00eds, que vuestra manera de actuar es \u00e1spera y amarga, y que os hace apegaros con demasiada fuerza y atadura a vuestros sentimientos contra los de vuestros superiores, a lo que os lleva incluso vuestra complexi\u00f3n natural. Seg\u00fan eso, mi reverendo Padre, pienso que os deb\u00e9is dar de nuevo a Nuestro Se\u00f1or para renunciar a vuestro propio esp\u00edritu y para cumplir su sant\u00edsima voluntad en el estado en que hab\u00e9is sido llamado por su providencia.\u00bb<\/p>\n<p>En este mismo sentido respondi\u00f3 a un religioso, doctor en teolog\u00eda quien, descontento de su religi\u00f3n, quer\u00eda elevar quejas a Roma por su mediaci\u00f3n: \u00abComparto, mi Reverendo Padre, vuestras penas, y pido a Nuestro Se\u00f1or que os libre de ellas o que os d\u00e9 la fuerza de sobrellevarlas. Como las sufr\u00eds por una buena causa, deb\u00e9is consolaros por pertenecer al n\u00famero de los bienaventurados que sufren por la justicia. Tened paciencia, mi reverendo Padre, y tomadla de Nuestro Se\u00f1or que se complace en ejercitaros; \u00e9l har\u00e1 que la religi\u00f3n en la que os ha colocado, que es como una embarcaci\u00f3n agitada, os llevar\u00e1 felizmente al puerto. No puedo encomendar a Dios, seg\u00fan vuestro deseo, el pensamiento que ten\u00e9is de pasar a otra orden, porque me parece que no es \u00e9sa su voluntad. Hay cruces en todas partes, y vuestra edad avanzada debe haceros evitar las que encontrar\u00edais cambiando de estado. En cuanto a la ayuda que dese\u00e1is de m\u00ed para procurar el reglamento de que se trata, es una asunto peliagudo. Por eso os suplico muy humildemente que me dispens\u00e9is de mandar presentar en roma vuestras propuestas.\u00bb<\/p>\n<p>La caridad de Vicente de Pa\u00fal se extend\u00eda a lo temporal como a lo espiritual de las comunidades religiosas. A \u00e9l tambi\u00e9n se dirig\u00edan, y se empleaba en ello con af\u00e1n, para percibir sus rentas sobre los dominios del rey, tan dif\u00edciles de recobrar sobre todo en tiempos de revueltas pol\u00edticas. Se constitu\u00eda en su abogado ante la reina y el cardenal; los proteg\u00eda, en particular sobre las fronteras, contra las empresas de la gente de guerra, y las manten\u00eda a todas en el disfrute de los dones y de los privilegios que se les hab\u00edan otorgado en tiempos mejores.<\/p>\n<p>De todos los puntos del mundo recurr\u00edan a \u00e9l. As\u00ed, en 1658, un capuchino, llamado el P. Silvestre, vino del Monte L\u00edbano a Par\u00eds, para encontrar all\u00ed auxilio contra las vejaciones que los cristianos maronitas ten\u00edan que sufrir de los Turcos. Se trataba de deponer al gobernador del L\u00edbano, hombre avaro y brutal, y el nombramiento de un hombre considerado en el pa\u00eds favorable a los cristianos. Para conseguirlo, dec\u00eda \u00e9l, no se necesitaban m\u00e1s que doce mil escudos y \u00e9l acababa de ped\u00edrselos a la caridad de una ciudad tambi\u00e9n agotada.. Se dirigi\u00f3 naturalmente a Vicente de Pa\u00fal y le entreg\u00f3 una Memoria. A excepci\u00f3n de la prolijidad, el santo encontr\u00f3 la Memoria \u00abmuy bien hecha, afectuosa, como para inspirar sentimientos de compasi\u00f3n. \u00c9l mismo, que se conmov\u00eda por todas las necesidades, estaba deseoso de poder ayudar a un pueblo tan afecto a la Iglesia romana en el seno mismo de la infidelidad. Pero, objet\u00f3 al P. Silvestre: \u00abLos turcos son insaciables; cuanto m\u00e1s se les da, m\u00e1s piden; cuando los pobres cristianos han pagado un a\u00f1o, son m\u00e1s maltratados al a\u00f1o siguiente, porque sus tiranos se imaginan que lo que han dado una vez lo pueden dar siempre; adem\u00e1s, no hay nada estable en los empleos que dependen del Gran Se\u00f1or; en parte por las buenas, en parte por la fuerza, \u00e9l depone con frecuencia a su visires, cuyo cambio va seguido casi siempre del de los ministros inferiores, sobre todo de los ministros moderados, tales como el que se propone para el L\u00edbano; y as\u00ed se corre una gran riesgo de hacer mucho gasto, y sacar escaso fruto. No os digo esto, mi reverendo Padre, a\u00f1adi\u00f3 el santo, m\u00e1s que ya que vos me hab\u00e9is deseado que os descubriera mis sentimientos; lo hago por someterlos por completo a los vuestros y no por dispensarme de serviros puesto que me gustar\u00eda contribuir con un dracma a vuestra piadosa empresa; y ello para nuestro consuelo, para la salvaci\u00f3n de nuestros hermanos y por la gloria de nuestro com\u00fan Maestro.\u00bb<\/p>\n<p>En efecto, Vicente propuso el asunto a su Asamblea de damas, y lo hizo con tal inter\u00e9s, que el P Silvestre se llevaba en seguida de Par\u00eds letras de cambio por valor de doce mil escudos necesarios para ayudar a los cristianos de Asia.<\/p>\n<p>Se ve con frecuencia en lo sucesivo su celo y su afecto por las comunidades, celo humilde y desinteresado que, en sus pensamientos, en sus palabras y en sus actos, se los hac\u00eda anteponer a los suyos. Recomendaba a sus sacerdotes y a sus Hijas de la Caridad estima y respeto a todas, sin nunca dejar abrir su esp\u00edritu a la envidia, a los celos ni a la rivalidad. \u00abHablad siempre de ellas, les dec\u00eda con toda clase de testimonios de honor; aprobad abiertamente todo lo que hacen y no conden\u00e9is nada de su conducta; si cre\u00e9is tener que quejaros, no habl\u00e9is nunca de lo malo ni en el p\u00falpito ni en conversaci\u00f3n, no tom\u00e9is nunca partido contra ellas, sino buscad la ocasi\u00f3n de servirlas, y demostrarles en toda ocasi\u00f3n vuestra buena voluntad.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed obraba \u00e9l por su parte, y la agradaba hacer recaer sobre otros los honores y las ventajas que se ofrec\u00edan a \u00e9l mismo. Un eclesi\u00e1stico de Anjou, queriendo fundar una comunidad de sacerdotes en uno de sus beneficios, le pidi\u00f3 algunos Misioneros para ayudarle en esta fundaci\u00f3n; \u00e9l le envi\u00f3 a los sacerdotes de San Sulpicio o de San Nicol\u00e1s del Chardonnet: \u00abSon, le respondi\u00f3, dos santas comunidades que producen grandes bienes en la Iglesia y que extienden mucho el fruto de sus trabajos\u2026 Ellas son m\u00e1s propias y m\u00e1s capaces que nosotros para comenzar y perfeccionar esta buena obra que est\u00e1is deseando fundar.\u00bb<\/p>\n<p>Fue tambi\u00e9n a los sacerdotes de San Sulpicio a quienes aconsej\u00f3 a una se\u00f1ora que aplicara la renta de una fundaci\u00f3n hecha por sus se\u00f1ores antepasados para formar buenos eclesi\u00e1sticos: \u00abSi hac\u00e9is, Se\u00f1ora, esta aplicaci\u00f3n deb\u00e9is tener por seguro, que ser\u00e1 ejecutada del modo que estos antepasados lo desearon para el progreso del estado eclesi\u00e1stico. Y si para eso quer\u00e9is informaros de los bienes que se hacen en San Sulpicio, los podr\u00e9is esperar semejantes, cuando esta comunidad se haya establecido en ese lugar, pues est\u00e1 animada en todo de un mismo esp\u00edritu, y s\u00f3lo pretende una cosa, que es la gloria de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Tales eran su estima y su afecto por San Sulpicio, del que, por entonces, dio una prueba heroica. Hab\u00eda intervenido con \u00e9xito, en 1642, para lograr conferir al abate Olier la parroquia de San Sulpicio. Bueno pues, tres a\u00f1os despu\u00e9s, Julien de Fiesque, que hab\u00eda renunciado a ella empujado por amigos y parientes \u00e1vidos, quiso volver sobre sus pasos y entrar otra vez en posesi\u00f3n de su beneficio. Acus\u00f3, en un informe, al renunciante de que lo detentaba injustamente, en virtud de una permutaci\u00f3n nula y obtenida por sorpresa. Ewn poder de esta pieza, los enemigos de Olier, es decir los libertinos y las mujeres perdidas, a los que se unieron, ay, algunos antiguos sacerdotes de la parroquia, amotinaron contra \u00e9l al populacho y a una turba de lacayos y de criados. El jueves despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, 8 de junio de 1645, los amotinados invadieron el presbiterio, se apoderaron del p\u00e1rroco, le llenaron de golpes y de injurias y le arrastraron as\u00ed por las calles vecinas. Informado del tumulto, san Vicente se presenta inmediatamente, resuelto a defender la vida de su amigo con peligro de las suya. En efecto, el furor de la plebe se vuelve contra \u00e9l. Se conoc\u00eda la parte que hab\u00eda tenido en la renuncia; las gentes perdidas de vicios se acordaban que hab\u00eda sido el promotor y el alma de esta Misi\u00f3n del barrio de Saint Germain que les hab\u00eda quitado tantos c\u00f3mplice y v\u00edctimas. Sin respeto a la edad del santo anciano, para su car\u00e1cter y su virtud, sin gratitud para los inmensos servicios de este padre del pueblo, le llenan de reproches, hasta van a golpearle. Vicente no profiere ni una sola queja y se contenta con repetir: \u00abCastigad fuerte a San L\u00e1zaro y perdonad a San Sulpicio.\u00bb Se alegra de servir de esta forma de pararrayos a su amigo; es feliz, triunfa, cuando ve a algunos amigos de Olier, aprovechando esta derivaci\u00f3n del furor popular, se lo arrancan al tumulto y lo llevan al palacio de Luxemburgo. Se retira entonces en medio de los abucheos del pueblo, bendiciendo a Dios por afrontar la persecuci\u00f3n por la justicia y la amistad. Pero no estaba al final de este papel de cristiana sustituci\u00f3n. El asunto fue llevado al consejo de Estado. All\u00ed, le arrojaron a la cara todos los vituperios de la subversi\u00f3n. El recuerdo de la Misi\u00f3n de San Sulpicio, el t\u00edtulo de Misioneros que usaban entonces los Sulpicianos, la confusi\u00f3n que se formaba con frecuencia entre los sacerdotes de la conferencia y los sacerdotes de la Misi\u00f3n, todo eso daba lugar a muchos a tener a Vicente como el superior de Olier y a los disc\u00edpulos de \u00e9ste como miembros de su propia congregaci\u00f3n. De forma que la primera vez que Vicente fue al Consejo de conciencia despu\u00e9s de la jornada del 8 de junio, fue recibido con murmullos y reproches casi generales. Cortesanos, ministros de Estado, pr\u00edncipes incluso, todos censuraron con viveza su conducta. Solamente ten\u00eda una palabra que decir para colocarse a cubierto de esta censura: \u00abLos sacerdotes de San Sulpicio est\u00e1n totalmente libres de mi direcci\u00f3n y de mi Congregaci\u00f3n.\u00bb Con qu\u00e9 af\u00e1n habr\u00eda dicho esta palabra, si le hubieran atribuido el bien hecho por Olier y sus disc\u00edpulos! Pero se trataba de tomar parte en una persecuci\u00f3n: se cuid\u00f3 mucho de declinar la solidaridad que le atribu\u00edan. Abraz\u00f3 pues la causa de Olier y de sus sacerdotes como su causa personal y la defendi\u00f3 con m\u00e1s calor de lo que lo hubiera hecho por los intereses de su Congregaci\u00f3n. La verdad fue conocida bien pronto. Entonces hubo sorpresas, y admiraciones; y al preguntarle c\u00f3mo se hab\u00eda expuesto, contra todas las reglas de la prudencia, a comprometer por otros su persona y a los suyos: \u00abS\u00f3lo he cumplido con mi deber, respondi\u00f3 con toda sencillezTodo cristiano deb\u00eda hacer los mismo siguiendo las m\u00e1ximas del Evangelio<span id='easy-footnote-23-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-23-109794' title='&lt;em&gt;Vida del Sr. Olier&lt;\/em&gt;, t. I, pp. 543 y ss.'><sup>23<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb Las santas empresas de un buen sacerdote no le parec\u00edan una obra particular, sino como un bien p\u00fablico que todos deb\u00edan conservar y defender.<\/p>\n<p>He ah\u00ed porque fue fiel a Olier hasta la muerte. Le visit\u00f3 varias veces durante su \u00faltima enfermedad, y le cerr\u00f3 los ojos el 2 de abril de 1647. Cuatro d\u00edas despu\u00e9s, escrib\u00eda a Jolly, superior de la Casa de Roma: \u00abDios ha querido disponer del Sr abate Olier, quien estableci\u00f3 el seminario de San Sulpicio, y de quien se sirvi\u00f3 Nuestro Se\u00f1or para muchas obras buenas. He tenido la suerte de hallarme junto a \u00e9l, cuando entreg\u00f3 el esp\u00edritu: ocurri\u00f3 el lunes de Pascua.,\u00bb De ahora en adelante, y hasta su propia muerte, le invoc\u00f3 como a un santo y pidi\u00f3 a Dios muchas gracias importantes por su intercesi\u00f3n. Lo sabemos por una carta que escribi\u00f3 a la Se\u00f1orita d\u2019Aubray, hija del lugarteniente civil y sobrina de Olier, quien le hab\u00eda consultado sobre su vocaci\u00f3n. Esta carta es del 26 de julio de 1660, es decir anterior por dos meses tan s\u00f3lo a la reuni\u00f3n de los dos amigos en el seno de Dios. Entre tanto, trat\u00f3 de consolar a los hijos por la p\u00e9rdida de su padre, y tenemos todos los motivos de creer que las palabras siguientes, recogidas por la propia mando del abate de Bretonvilliers, segundo superior de San Sulpicio, son un fragmento de una de sus encendidas alocuciones: \u00abMe habr\u00eda gustado, queridos hermanos, al ver la aflicci\u00f3n en la que est\u00e1is sumergidos por la muerta de vuestro querido padre, devolv\u00e9rosle para enjugar vuestras l\u00e1grimas. Pero, incapaz de entregaros su cuerpo vivo, he cre\u00eddo deber presentaros su esp\u00edritu que es la mejor parte de \u00e9l mismo. La tierra conserva su cuerpo, el cielo su alma, su esp\u00edritu es para vosotros, y si Dios le ha juzgado digno de de ser colocado en su para\u00edso con los \u00e1ngeles, vosotros no deb\u00e9is encontrarle indigno de ocupar un lugar en vuestros corazones. Habr\u00e1 abandonado de mil amores su cuerpo, a cambio de que su esp\u00edritu pueda habitar en vosotros; \u00e9sta ha sido todo su deseo y de su af\u00e1n en su vida; despu\u00e9s de su muerte pod\u00e9is hacerle feliz. Se dec\u00eda en la ley que, si un hermano mor\u00eda sin hijos, otro hermano deb\u00eda <em>suscitar<\/em> <em>descendencia. <\/em>Vuestro padre, a quien yo puedo tambi\u00e9n llamar vuestro hermano a causa de su edad (Olier ten\u00eda menos de cuarenta y cinco a\u00f1os), ha muerto, por as\u00ed decirlo, sin hijos; visto el deseo que sent\u00eda de convertir a todo el mundo y de santificar al clero. \u00c9l os deja a su esposa, que es esta santa casa, que \u00e9l ha adquirido con su sangre, con su muerte, habiendo muerto, queriendo darle la vida. Suscitadle hijos, dando a conocer a Jes\u00fas, y asegur\u00e1ndole, si hay un medio, tantos servidores como hombres hay, y d\u00e1ndole tantos santos sacrificadores como sacerdotes hay en la Iglesia: <em>Fac secundum exemplar quod tibi in monte monstratum est<\/em>.\u00bb<\/p>\n<p>No se content\u00f3 con estos consuelos y estos piadosos consejos. \u00c9l se asoci\u00f3 muchas veces a los sacerdotes de San Sulpicio, para aconsejar con ellos los medios de mantener y perpetuar la obra de su fundador. Los fortaleci\u00f3 en el plan de no abandonar el seminario, y presidi\u00f3 la asamblea del 13 de abril de 1657, para la elecci\u00f3n del sucesor de Olier. A ella asist\u00eda en nombre de y la autoridad de Enrique de Borb\u00f3n, obispo de Metz y abate de Saint Germain, superior de la comunidad de San Sulpicio. El prelado le hab\u00eda escrito: \u00abMe hab\u00edan avisado de p\u00e9rdida del Sr. Olier, superior del seminario del barrio de Saint Germain; y como estos se\u00f1ores no han querido proceder a una nueva elecci\u00f3n sin hac\u00e9rmelo saber, y me han ofrecido la ocasi\u00f3n de suplicaros que quer\u00e1is asistir y autorizar con vuestra presencia un acto que no tendr\u00e1 otro fin que la mayor gloria de Dios, os suplico, por amor a m\u00ed, que no les negu\u00e9is esta ayuda, esperando que Dios favorecer\u00e1 su proyecto y que vos ser\u00e9is el instrumento del que \u00e9l se sirva para lograrlo.\u00bb No solamente asisti\u00f3 Vicente de Pa\u00fal a la elecci\u00f3n de Bretonvilliers, designado, por otra parte, por el abate Olier antes de su muerte, sino que firm\u00f3 la primera acta que se redact\u00f3 por los notarios, seg\u00fan la costumbre de los tiempos<span id='easy-footnote-24-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-24-109794' title='&lt;em&gt;Vida de M. Olier&lt;\/em&gt;, t. II, pp. 483 y siguientes. \u2013La mayor parte de estos hechos son contados igualmente o indicados en la carta de Leschassier, superior general de San Sulpicio, a Clemente XI, con fecha del 11 de agosto de 1706.'><sup>24<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3>VII. <em>Servicios prestados a las comunidades de mujeres. La Visitaci\u00f3n.<\/em><\/h3>\n<p>Lo que hizo por los religiosos, lo hizo al mismo tiempo por las comunidades de hijas.<\/p>\n<p>Hab\u00eda entrado, a su regreso de Ch\u00e2tillon, en la casa de Gondi, cuando conoci\u00f3 a san Francisco de Sales, llegado a Par\u00eds para acompa\u00f1ar al cardenal de Saboya. Estos dos hombres se presintieron al momento, y una estima, una caridad rec\u00edproca los uni\u00f3 en adelante hasta la muerte. En cuanto a Vicente, la dulzura, la modestia la majestad de Francisco de Sales le reproduc\u00edan una viva imagen de Jesucristo conversando entre los hombres; y Francisco de Sales publicaba a su vez que no hab\u00eda conocido a un sacerdote m\u00e1s digno, m\u00e1s santo que al Sr. Vicente<span id='easy-footnote-25-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-25-109794' title='Esta palabra de san Francisco de Sales sobre san Vicente de Pa\u00fal se halla en la carta del obispo de Tulle a Clemente XI, del 21 de marzo de 1706, como habiendo sido o\u00edda con frecuencia por Cocqueret, doctor de Sorbona.'><sup>25<\/sup><\/a><\/span>. Se estableci\u00f3 entre ellos una amable familiaridad. Era a Vicente a quien gustaba Francisco de abrir su alma y le contaba sus pasos, sus \u00e9xitos, y tambi\u00e9n las santas astucias de su humildad. Desde su llegada a Par\u00eds, donde su reputaci\u00f3n de elocuencia le hab\u00eda precedido, acudieron a invitarle a predicar para el 11 de noviembre, fiesta de san Mart\u00edn, en la iglesia de los sacerdotes del Oratorio. Ante esta noticia, toda la ciudad se conmocion\u00f3. El rey, las dos reinas, obispos, sabios, todas las clases de la sociedad en una palabra quisieron escuchar a un predicador tan ilustre. Tambi\u00e9n la multitud fue de tal manera compacta en la iglesia el d\u00eda del serm\u00f3n, que el orador, llegado despu\u00e9s de los dem\u00e1s, no pudo entrar sino por una ventana con la ayuda de una escala. Para pasar. Se esperaba un discurso digno de tal audiencia y de un tal orador. El santo que lo advirti\u00f3, resolvi\u00f3 r\u00e1pidamente enga\u00f1ar a este gran mundo en provecho de su virtud, y se limito a recitar sencillamente la vida de san Mart\u00edn. A penas bajado del p\u00falpito, vino a cont\u00e1rselo a Vicente y a la Se\u00f1ora de Chantal, y les dijo con su amable sonrisa: \u00abOh, c\u00f3mo he humillado a nuestras hermanas, que se esperaban que dir\u00eda maravillas en tan buena compa\u00f1\u00eda! Hay una que ha sufrido en particular, pues estaba sentada junto a una se\u00f1orita postulante que dec\u00eda mientras yo predicaba: \u2018Mirad a ese tonto monta\u00f1\u00e9s, qu\u00e9 mal predica! Para esto hemos venido de tan lejos para que vengan a decirnos lo que nos est\u00e1n diciendo, y probar la paciencia de tanta gente<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<span id='easy-footnote-26-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-26-109794' title='Carta de Vicente a Mart\u00edn, superior de la Misi\u00f3n de Tur\u00edn del 26 de noviembre de 1655. \u2013&lt;em&gt;Vie de saint Fran\u00e7ois de Sales, &lt;\/em&gt;por M. (Hamon). T. II, p. 195.'><sup>26<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>La Se\u00f1ora de Chantal y algunas hermanas de la Visitaci\u00f3n estaban por lo tanto ya en Par\u00eds. en efecto, Francisco de Sales hab\u00eda mandado all\u00ed a la santa fundadora para establecer una casa que, por raz\u00f3n de mil obst\u00e1culos no pudo abrirse hasta el 1\u00ba de mayo de 1619, primeramente en el barrio Saint-Michel, y pronto en la calle San Antonio. Es a Vicente a quien Francisco nombr\u00f3 su primer superior. Elecci\u00f3n infinitamente honorable por parte de un hombre que ten\u00eda la costumbre de repetir que se ha de escoger a un director entre diez mil; que hay menos de los que se pudiera decir que sean capaces para este empleo. \u00c9l hab\u00eda reconocido ya en Vicente las cualidades que exig\u00eda del buen director: mucha virtud y una caridad singular, una ciencia extensa y una gran experiencia. Por raros que pudieran ser entonces los buenos sacerdotes, hab\u00eda no obstante en Par\u00eds muchos eclesi\u00e1sticos sabios, virtuosos, de m\u00e1s edad que Vicente; hab\u00eda pastores vigilantes y prudentes en las parroquias; doctores llenos de luces en las c\u00e9lebres casas de Sorbona y de Navarra, directores esclarecidos en las comunidades religiosas; sobre todos ellos Francisco prefiri\u00f3 a Vicente. Despu\u00e9s de consultar detenidamente con Dios y la Se\u00f1ora de Chantal, \u00e9l no hab\u00eda cre\u00eddo que ning\u00fan otro fuera tan capaz de asegurar las bases de la gran obra que quer\u00eda establecer en Par\u00eds. Pero cuanto m\u00e1s honor significaba para Vicente, m\u00e1s resistencia deb\u00eda oponer el humilde sacerdote. Francisco lo hab\u00eda adivinado. Por eso suplic\u00f3 a Enrique de Gondi, primer cardenal de Retz y \u00faltimo obispo de Par\u00eds, que se adelantara por una orden formal a sus retrasos y negativas. El obispo habl\u00f3 y fue obedecido: durante cuarenta a\u00f1os Vicente dirigi\u00f3 a las Hijas de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda con el celo y el \u00e9xito que vamos a decir<span id='easy-footnote-27-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-27-109794' title='Hab\u00eda inquietudes, en la ancianidad de santa Chantal, sobre el futuro de la Visitaci\u00f3n, sin superiora general, ni visitadora, ni asamblea ni cap\u00edtulos anuales. San Vicente de Pa\u00fal pensaba en ello sin cesar, como lo prueban muchas de su cartas. El 20 de julio de 1635, santa Chantal lleg\u00f3 a Par\u00eds. Al d\u00eda siguiente se reunieron algunos obispos los m\u00e1s afectos a la Visitaci\u00f3n, y con ellos san Vicente de Pa\u00fal, el comendador de Sillery y los principales bienhechores. Se trat\u00f3 durante mucho tiempo la cuesti\u00f3n; pero santa Chantal resolvi\u00f3 en el sentido de la fundaci\u00f3n (&lt;em&gt;Histoire de sainte Chantal&lt;\/em&gt;, por el Se\u00f1or abate Bougaud, t. II, p. 359). Despu\u00e9s de la muerte de santa Chantal, Vicente de Pa\u00fal parece haber sido como el superior general de esta orden que no tuvo nunca otro, ya que nosotros tenemos todav\u00eda de \u00e9l letras patentes, por las que \u00e9l aprueba y ordena el traslado de las religiosas, incluso de las superioras, de un monasterio al otro, a las afueras as\u00ed como en el interior de Par\u00eds.'><sup>27<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Los monasterios de la Visitaci\u00f3n se multiplicaron pronto en Par\u00eds: se estableci\u00f3 un segundo en el barrio de Saint Jacques, otro en Saint Denis, un cuarto en la calle Montorgueil. Todos pasaron bajo la direcci\u00f3n de Vicente. Dios mismo pareci\u00f3 autorizar su direcci\u00f3n con milagros. En el monasterio del barrio Saint Jacques. Una religiosa estaba, desde hac\u00eda seis a\u00f1os, atormentada por una tentaci\u00f3n extra\u00f1a. La santa comuni\u00f3n, los ejercicios de piedad, no eran para ella m\u00e1s que una ocasi\u00f3n de blasfemia. A la invitaci\u00f3n de alabar y orar a Dios, ella s\u00f3lo respond\u00eda con maldiciones. \u00abNo tengo otro dios que el diablo; quiero matarme para estar antes en el infierno, donde tendr\u00e9 el \u00fanico gozo que deseo, de maldecir a Dios eternamente.\u00bb Fue presentada a prelados, a religiosos, a m\u00e9dicos; consejos t remedios, todo fue in\u00fatil. La superiora tuvo entonces la inspiraci\u00f3n de aplicarle un trozo del roquete del santo obispo de Ginebra; en un instante, la paz volvi\u00f3 a su alma, la fuerza a su cuerpo, y muy pronto pudo ejercer con bendici\u00f3n los principales cargos del monasterio.<\/p>\n<p>Tal es en compendio el relato de Vicente mismo; pero lo que no dice es que esta curaci\u00f3n maravillosa se oper\u00f3 el d\u00eda mismo en que, por orden del arzobispo de Par\u00eds, hac\u00eda su primera visita al monasterio; es que a la vista de esta desdichada, impulsado por una tierna compasi\u00f3n, se hab\u00eda arrodillado y hab\u00eda rezado ardientemente por ella; que su oraci\u00f3n hab\u00eda sido como la f\u00f3rmula de aplicar la reliquia sagrada; por donde se debe creer que los dos santos amigos se entendieron una vez m\u00e1s desde los dos lados de la tumba, para obtener de Dios la liberaci\u00f3n de esta pobre joven.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, tal era el pensamiento de las religiosas mismas de Santa Mar\u00eda. Ellas atribu\u00edan a sus visitas efectos \u00abcasi milagrosos.\u00bb Ellas le agradec\u00edan en particular el don de iluminar, de consolar y de pacificar a las almas m\u00e1s afligidas. Era suficiente con abrirse a \u00e9l para que todas las penas y todas las tentaciones se desvanecieran al instante. S\u00f3lo en \u00e9l, sufrimientos interiores que no se pueden comparar m\u00e1s que a una especie de agon\u00eda moral hallaban su remedio. \u00c9l mismo ten\u00eda conciencia del don de Dios, y se prestaba a todas las almas que recurr\u00edan a \u00e9l. Se tem\u00edan que le serv\u00edan de carga, \u00e9l respond\u00eda: \u00abNo hay asunto que me parezca tan importante como el de servir a un alma probada.\u00bb Por eso sufr\u00eda sensiblemente cuando sus propias debilidades le imped\u00edan ir a ver y consolar a los pobres enfermos. Pero cuando pod\u00eda, acud\u00eda presto, y entonces, tiernas exhortaciones y animadas, oraciones fervientes, palabras incluso de una santa alegr\u00eda empleaba con ellos. \u00abYo desear\u00eda morirme, le dijo un d\u00eda una hermana del servicio. \u2013Oh hermana, todav\u00eda no ha llegado la hora, \u00able replic\u00f3 \u00e9l, y haciendo sobre ella la se\u00f1al de la cruz la cur\u00f3 en el momento mismo. Como Aqu\u00e9l que ha querido pasar por todas nuestras debilidades para servirnos de modelo, \u00e9l citaba a veces el ejemplo de sus diversos estado de vida y de sus propias tentaciones, para consolar a las que se encontraban en caso semejante; pero recomendaba siempre el secreto, de tal manera trataba de ocultar las gracias que hab\u00eda recibido de Dios y que sola la caridad le pod\u00eda obligar a revelar. Estaba m\u00e1s dispuesto a aprovechar toda ocasi\u00f3n de humillarse. As\u00ed, una hermana del servicio le dijo un d\u00eda que tenia el esp\u00edritu demasiado r\u00fastico para darse a las cosas espirituales, habiendo estado en otro tiempo encargada de los reba\u00f1os de su padre: \u00abAh hermana m\u00eda, le respondi\u00f3, \u00e9se fue el oficio que yo tuve; pero mientras nos sirva para humillarnos, estaremos m\u00e1s dispuestos para el servicio de Dios. An\u00edmese!\u00bb<\/p>\n<p>Se ve su caridad. Escuchaba a la \u00faltima novicia con tanta paciencia como si fuera la profesa m\u00e1s antigua. Hacia el final de su vida, abrumado de debilidades y de asuntos, hizo muchos viajes a Saint-Denis para hacer cambiar a una pobre tornera del prop\u00f3sito que ten\u00eda de renunciar a sus votos para casarse<span id='easy-footnote-28-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-28-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., n\u00ba 68, p. 134.'><sup>28<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 elocuente se deb\u00eda mostrar para exhortar a la uni\u00f3n de los esp\u00edritus y de los corazones, a la obediencia a los superiores y a las reglas, a la ayuda mutua, a la dulzura y a la deferencia tan bien recomendadas y practicadas por san Francisco de Sales! \u00c9l mismo predicaba con el ejemplo. Nunca una palabra que pudiera herir la caridad; para todos deferencia y respeto; atenci\u00f3n a hablar bien de todo el mundo, igual a la que ten\u00eda de hablar mal de s\u00ed mismo. Hab\u00eda que descubrir los defectos de alguno, \u00e9l a\u00f1ad\u00eda enseguida tantas cosas buenas en su alabanza, de manera que la primera impresi\u00f3n quedaba casi borrada. Cuando quer\u00eda revelar las faltas, dec\u00eda: \u00abEntrad en juicio con Dios y con vosotros mismos.\u00bb Pero \u00e9l preparaba con tanta caridad a los esp\u00edritus para las reprimendas, que se sent\u00eda m\u00e1s la unci\u00f3n de sus palabras que el dolor de la correcci\u00f3n. Sin embargo se trocaba todo en fuego, si se trataba de alguna falta cometida contra el honor de Dios en las santas ceremonias. A pesar de su mansedumbre, reprend\u00eda con firmeza, pero con una firmeza reglada por la prudencia y la sabidur\u00eda. Para corregir, esperaba la hora favorable. Si el esp\u00edritu se hallaba alborotado, se deten\u00eda y se callaba; \u00abNo se da, dec\u00eda, sin gran necesidad, a los que tienen fiebre\u00bb. Pero \u00e9l humillaba a los soberbios, aunque con una destreza maravillosa y como ri\u00e9ndose. Anonadadas bajo su palabra, dec\u00edan: \u00bb Bueno, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de nosotros pues cuando Dios, el d\u00eda de su terrible juicio, nos reproche nuestras faltas si la palabra de un hombre nos aterra y nos reduce a nada?\u00bb Solas las altivas temblaban delante de \u00e9l; las otras, a pesar del gran respeto que inspiraba su presencia, sent\u00edan al acercarse abrirse en lugar de encerrarse. Se sent\u00edan tan recompensados por la declaraci\u00f3n de las m\u00e1s humillantes debilidades! \u00c9l los soportaba con bondad y los excusaba como un madre bien tierna excusa las de su hijo. Si impon\u00eda penitencias, satisfecho porque le habr\u00eda costado menos cumplirlas que imponerlas.<\/p>\n<p>Cu\u00e1nto bien deb\u00edan hacer esas visitas frecuentes a las casas de Par\u00eds y de Saint-Denis! Sea cual fuere el fervor en que las hubiera encontrado, las dejaba siempre m\u00e1s fervientes todav\u00eda. El solo rastro de su paso exhalaba un olor de virtud que embalsamaba la comunidad hasta la visita siguiente. Y no es que empleara discursos estudiados, m\u00e1ximas nuevas, principios de espiritualidad extremados; de ordinario hablaba poco para honrarse a s\u00ed mismo y y ense\u00f1ar a los dem\u00e1s a honrar el silencio que el Verbo divino guard\u00f3 tanto tiempo en la tierra. No obstante, la santidad de su vida, el esp\u00edritu de Dios que hablaba en \u00e9l y por \u00e9l hac\u00edan m\u00e1s que todos los discursos. Le descubr\u00edan una pena de conciencia: no respond\u00eda m\u00e1s que cuatro palabras, pero tan justas, que la luz y la paz se expand\u00edan en el alma. Su tema habitual era de llevar a todas las religiosas en general, y a cada una en particular, a reconocer el don divino de su vocaci\u00f3n, a llevar una vida conforme al esp\u00edritu de su instituto, a estimar sus reglas tanto de precepto como de consejo, en lo que \u00e9l pon\u00eda toda la perfecci\u00f3n de su estado. En efecto, se informaba sin cesar de lo que se hallaba comprendido en sus constituciones, de los sentimientos que hab\u00edan tenido en cada art\u00edculo su bienaventurado padre y su santa fundadora. Nunca emple\u00f3 su autoridad para aportar cambio alguno; s\u00f3lo intentaba confirmarlas, ser fiel en las peque\u00f1as cosas como en las grandes. Todos sus comentarios los sacaba \u00e9l de los escritos de san Francisco de Sales y de santa Chantal, que le enternec\u00edan, dec\u00eda \u00e9l, hasta las l\u00e1grimas. No aconsejaba otra lectura a sus Hijas, tanto tem\u00eda por ellas la curiosidad de leerlo todo y de saberlo todo. Y sobre todo de leer los libros peligrosos que circulaban entonces hasta en comunidades de mujeres.<\/p>\n<p>Se aprovechaban de su presencia para exponerle los apuros de la casa, y respond\u00eda con una prudencia, una claridad y una profundidad admirables. Su ecuanimidad inalterable le daba una presencia de esp\u00edritu que lo abarcaba todo. Alguna vez se hab\u00eda consultado in\u00fatilmente a directores de religiosos y a doctores muy ilustrados; una sola palabra de \u00e9l sacaba a menudo a la comunidad de apuros, sin perjuicio de la cardad debida al pr\u00f3jimo<span id='easy-footnote-29-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-29-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., n\u00ba 142, p. 250.'><sup>29<\/sup><\/a><\/span>. Tambi\u00e9n tal hermana de ilustre nacimiento y de gran capacidad estaba sorprendida de la extensi\u00f3n de su esp\u00edritu, y no se separaba de \u00e9l sino con el sentimiento de la peque\u00f1ez del suyo, encontrando entre el uno y el otro tanta desproporci\u00f3n como entre sus virtudes. Al final de la visita, le ped\u00edan su bendici\u00f3n. Entonces \u00e9l se pon\u00eda de rodillas y se recog\u00eda en un profundo anonadamiento. A continuaci\u00f3n la daba deseando que Dios uniera la suya y la difundiera sobre las personas y los oficios. Prescrib\u00eda por \u00faltimo que se tomara nota de lo mejor y m\u00e1s \u00fatil que se hab\u00eda dicho y hecho durante la visita, y que se leyera de vez en cuando en el cap\u00edtulo, porque una lectura as\u00ed, dec\u00eda \u00e9l, atrae la gracia de Dios. las religiosas le reconocieron por experiencia; leyendo el compendio de sus visitas, sent\u00eda revivir en ellas las santas disposiciones que les hab\u00eda inspirado. A esta costumbre debemos los detalles que preceden, extractos casi textualmente de dos relaciones redactadas por las hermanas de Saint-Denis y de la casa del barrio de Saint-Jacques.<\/p>\n<p>Estas casas tan bien dirigidas por \u00e9l, las cerraba cuidadosamente a todo cuanto pod\u00eda introducir el esp\u00edritu del siglo, o los errores difundidos entonces en la Iglesia. Como quer\u00eda mantenerlas en el desprendimiento, la abnegaci\u00f3n, lejos de la estima y de las miradas de las criaturas, \u00e9l les prohib\u00eda todo trato incluso con las religiosas de otras \u00f3rdenes, con mayor raz\u00f3n con las personas del mundo. Con una santa y generosa firmeza, \u00e9l negaba la entrada a las damas de la m\u00e1s alta condici\u00f3n, a princesas inclusive, que se la ped\u00edan para satisfacer su curiosidad, o una devoci\u00f3n mal entendida. De esta regle eran eximidos tan s\u00f3lo los bienhechores, cuya lista exacta ten\u00eda \u00e9l, y este t\u00edtulo de bienhechora no permit\u00eda que se adquiriera por solas las generosidades, hab\u00eda que acompa\u00f1ar una fe pura y una virtud s\u00f3lida. Veamos un ejemplo memorable.<\/p>\n<p>Ana Hurault de Cheverny, viuda en segundas nupcias del marqu\u00e9s de Aumont, se hab\u00eda retirado al monasterio del barrio de Saint-Antoine, donde hab\u00eda hecho liberalidades que ascend\u00edan a la suma de unas 50 000 libras. El partido jansenista que buscaba por todas partes dinero e influencias, crey\u00f3 deber insinuarse a la generosa marquesa. Por intermedio de Mazure, p\u00e1rroco de San Pablo, introdujo ante ella a dos doctores de la secta, el irland\u00e9s Callaghan y el famoso P. Desmares, que lograron gan\u00e1rsela pronto. Le metieron entonces en la cabeza que ofreciera una gran suma al convento, con la condici\u00f3n de introducir en \u00e9l a predicadores y confesores de su gusto, lo que habr\u00eda supuesto la instituci\u00f3n de un segundo Port-Royal en Par\u00eds. Las Hijas de Santa Mar\u00eda por entonces muy endeudadas y sin sospechar la intriga, quedaron en un principio seducidas. Pero su superiora, Ang\u00e9lica Lhuillier, consult\u00f3 a Vicente que le abri\u00f3 los ojos. Inmediatamente fueron rechazados los ofrecimientos de la marquesa, y la marquesa misma, tratada en adelante con desconfianza, fue obligada a salir de la Visitaci\u00f3n, tras la estancia de dos a\u00f1os, y se llev\u00f3 a Port-Royal su persona y su fortuna, que ascend\u00eda a m\u00e1s de 400 000 libras (1646). Vicente quer\u00eda incluso que se le restituyeran sus primeras liberalidades; mas, agradecidas por los buenos tratos que hab\u00eda recibido en la Visitaci\u00f3n, se neg\u00f3 generosamente a recuperarlos<span id='easy-footnote-30-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-30-109794' title='&lt;em&gt;M\u00e9moires&lt;\/em&gt; del P. Rapin, (Par\u00eds, 1865), t. I, pp. 128-133.'><sup>30<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>En general, Vicente no permit\u00eda a las mujeres del mundo habitar con las hijas de Santa Mar\u00eda, cualquiera que fuese la ventaja que se pudiera esperar, porque ten\u00eda miedo a que el esp\u00edritu mundano se introdujera con ellas. A todas las ventajas temporales, prefer\u00eda el bien espiritual de las comunidades. Por ah\u00ed le ven\u00edan con frecuencia muchos odios y persecuciones; as\u00ed una gran dama, a quien hab\u00eda cerrado la puerta de la casa de Saint-Denis, no le permiti\u00f3 dar una Misi\u00f3n en sus tierras; no importa, \u00e9l era inflexible. En 1658, vinieron a decirle que la se\u00f1ora Payen, suegra del Sr. de Lyonne, estaba a la puerta del monasterio de San Antonio, y ped\u00eda entrar para ver a una nieta del ministro, enferma de gravedad y que no pod\u00eda ser transportada. \u00c9l respondi\u00f3: \u00abYo soy el muy humilde servidor de la se\u00f1ora Payen y deseo mucho servirla. Pero mi regla es no permitir la entrada a nadie. Ya se lo he negado a la se\u00f1ora de Nemours, la se\u00f1ora de Longueville, la princesa de Carignan, que no me lo perdonar\u00e1 nunca; \u00bfqu\u00e9 dir\u00edan si se enteraran, si se enteraran de esta excepci\u00f3n? Adem\u00e1s, ser\u00eda actuar contra mi conciencia. l vista de la se\u00f1ora Payen no reanimar\u00eda a la ni\u00f1a<span id='easy-footnote-31-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-31-109794' title='Proc. Inform., fol. 836.'><sup>31<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed el rango m\u00e1s alto no le impon\u00eda. Se lo neg\u00f3 tambi\u00e9n a la duquesa de Bouillon; la reina misma, que hab\u00eda dado a entender que deseaba que una de sus damas de honor pudiera retirase a una casa de la orden.<\/p>\n<p>Sobre todas las cosas recomendaba a las casas de Par\u00eds vigilar para no admitir en su seno a ning\u00fan eclesi\u00e1stico infectado de las opiniones nuevas: \u00abPues, dec\u00eda \u00e9l, los que se hallan en una mala doctrina s\u00f3lo buscan extenderla. Y, sin embargo, no se declaran en un principio: son como lobos que se cuelan suavemente en el redil para asolarlo y perderlo. \u00abQuer\u00eda que se cuidaran m\u00e1s contra sus libros: \u00abDedicaos, a\u00f1ad\u00eda \u00e9l, a los escritos admirables de vuestro bienaventurado padre<span id='easy-footnote-32-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-32-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., n\u00ba 21 y 23.'><sup>32<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Los rigoristas de Port-Royal eran menos escrupulosos. Entre ellos, las mujeres m\u00e1s mundanas, mal curadas todav\u00eda de sus vanidades y de sus galanter\u00edas pod\u00edan, como la marquesa de Sabl\u00e9 y tantas ostras llevar una vida de devoci\u00f3n elegante y muy poco severa. El bueno, el dulce Vicente, a pesar de todas sus indulgencias, era menos complaciente con el cielo, menos tolerante con las Hijas de Santa Mar\u00eda. Comprend\u00eda que, viviendo bajo el mismo techo que mujeres del mundo, tendr\u00edan en primer lugar con ellas relaciones de bienestar o de necesidad, relaciones de curiosidad luego, en las que encontrar\u00edan, unas una ciencia in\u00fatil y peligrosa, contra la cual la gracia las hab\u00eda prevenido; otras, tal vez, el despertar de recuerdos mal extinguidos; todas, tentaciones de costumbres muelles, cuidados delicados, de una vida m\u00e1s o menos vana y sensual, compatible con la devoci\u00f3n de las mujeres del siglo, pero repugnante a la verdadera disciplina religiosa.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, si Vicente tomaba sobre s\u00ed la iniciativa de estas medidas severas, cargaba tambi\u00e9n con todo lo odioso. Nunca descargaba sobre las religiosas, cumpliendo solo el ministerio delicado de los asuntos exteriores. En otra ocasi\u00f3n, actuaba de acuerdo con ellas. Nunca daba por sentado algo grave sin aconsejarse de las superioras, e incluso de las m\u00e1s ancianas a quienes respetaba y quer\u00eda que se respetaran, para honrar en su persona a aqu\u00e9l que se llama el Anciano de los d\u00edas. M\u00e1s a\u00fan \u00e9l consultaba a Dios. Antes de responder a sus dudas, se recog\u00eda interiormente; y cuando cre\u00eda haber entendido del esp\u00edritu divino, se levantaba diciendo: <em>In nomine Domini! <\/em>exordio acostumbrado de los discursos de este hombre, que no ten\u00eda a la visar m\u00e1s que la gloria de Dios, y quer\u00eda que se caminara en todo, como \u00e9l dec\u00eda, al lado de la Providencia.<\/p>\n<p>A pesar de su celo por el bien de las hijas consagradas a Dios, su respeto por la memoria de Francisco de Sales y de santa Chantal que le hab\u00eda confiado su querida familia, Vicente, abrumado por la edad, las debilidades, los asuntos, teniendo que dirigir sus casas cada vez m\u00e1s numerosas de Misioneros y de Hijas de la Caridad, quiso m\u00e1s de una vez dimitir de su direcci\u00f3n. Escribi\u00f3 un d\u00eda a la madre superiora de Saint-Denis: \u00abEl retiro que acabo de hacer, me ha hecho saber que no puedo satisfacer a mi obligaci\u00f3n con nuestra Compa\u00f1\u00eda y al servicio que debo a vuestra casa. Y, adem\u00e1s, teniendo por regla nuestra peque\u00f1a congregaci\u00f3n que no nos dedicaremos al servicio de las religiosas, a fin de no vernos desviados del servicio que debemos al pobre pueblo de los campos, me he obligado en conciencia a observarla, porque no se regular\u00e1 tan por el contenido de nuestras reglas en el futuro, como por el modo como yo las haya observado. Que si las he usado de otra forma, no ha sido sino por algo de sind\u00e9resis, aunque se me hubiera permitido por alg\u00fan tiempo a causa del afecto que siento por vuestra santa orden\u2026Esto es lo que me lleva, mi querida Madre, a que os suplique muy humildemente que acept\u00e9is de buena gana la resoluci\u00f3n que he tomado de retirarme y de pensar en alg\u00fan otro que os sirva de padre espiritual. Hay tantas personas en par\u00eds que est\u00e1n llenas del esp\u00edritu de Dios y del de nuestro bienaventurado Padre, y que os servir\u00e1n con mucha m\u00e1s gracia de Dios que yo!\u00bb<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 en el mismo sentido a las tres casas de Par\u00eds, y se crey\u00f3 libre. Pero las Hijas de Santa Mar\u00eda no pod\u00edan privarse tan f\u00e1cilmente de un tal director. Multiplicaron sus cartas, sus s\u00faplicas; pusieron en movimiento a las personas de primera categor\u00eda, a todas cuantas ten\u00edan alg\u00fan cr\u00e9dito con el santo sacerdote; durante un a\u00f1o todo fue in\u00fatil; \u00e9l aguant\u00f3 y ces\u00f3 toda visita. Pero, una vez m\u00e1s, se puso en juego la autoridad del arzobispo de Par\u00eds, a la que no sab\u00eda desobedecer, y volvi\u00f3 al yugo sagrado. Algunos meses antes de su muerte, el 18 de marzo de 1660, escribi\u00f3 otra vez a las Madres de la Visitaci\u00f3n para rogarles que se escogieran a un superior que reparara las faltas que \u00e9 pretend\u00eda siempre haber cometido desde que el santo obispo de Ginebra le hab\u00eda encargado de su direcci\u00f3n; por \u00faltima vez, se hizo hablar al arzobispo de Par\u00eds, y muri\u00f3 como superior de la Visitaci\u00f3n<span id='easy-footnote-33-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-33-109794' title='Se tienen tambi\u00e9n cartas de \u00e9l a las Hijas de la Visitaci\u00f3n hasta el 27 de junio de 1660, tres meses antes de su muerte.'><sup>33<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Independientemente de sus achaques y de sus asuntos ten\u00eda otra raz\u00f3n para desprenderse de su superiorato. Tem\u00eda, seg\u00fan nos ha dicho, que sus Misioneros se sirvieran de su ejemplo para dedicarse a la direcci\u00f3n de las religiosas que \u00e9l consideraba incompatible con la direcci\u00f3n del pobre pueblo. Por ello hizo muy temprano un reglamento para prohibir a sus sacerdotes su direcci\u00f3n y hasta su trato; y se mantuvo firme en su cumplimiento, en casos en que la obediencia y el agradecimiento parec\u00edan imponerle una excepci\u00f3n. As\u00ed, de Gournal, obispo de Escithia luego de Toul, le pidi\u00f3 que permitiera a sus Misioneros dirigir a las Hijas de Santo Domingo quienes, en el triste estado de la Lorena, encontraban dif\u00edcilmente gu\u00edas capaces; \u00e9l se neg\u00f3 con respeto, pero con firmeza; y para prevenir toda nueva solicitud, orden\u00f3 al superior de Toul que fuera a echarse a los pies del prelado para pedirle que le dejara en su deber. Si cedi\u00f3 moment\u00e1neamente m\u00e1s tarde, fue cuando la guerra y el hambre se hubieron llevado o dispersado a todos los sacerdotes que habr\u00edan podido cumplir ese oficio y \u00e9l temi\u00f3 ofender a Dios por una resistencia absoluta.<\/p>\n<p>Se comprende la insistencia con la que, en varias de sus cartas, trata de refutar las objeciones que sus sacerdotes pod\u00edan sacar de su propia conducta. \u00abFue antes de la fundaci\u00f3n de la Misi\u00f3n cuando acept\u00f3 este peso, respondi\u00f3; le fue impuesto por el bienaventurado obispo de Ginebra, o m\u00e1s bien por la Providencia de Dios para su castigo; pues es una cruz para \u00e9l, y la m\u00e1s pesada que tenga, la cual se ve obligado a llevar; por otro lado \u00e9l es solamente superior, lo que no le obliga a ir m\u00e1s que una vez al mes en cada casa, y el resto se hace mediante cartas; no obstante, Dios sabe que ha hecho todo lo que ha podido para verse descargado, pero no lo ha podido lograr de su prelado; se puede tener la seguridad de que se retirar\u00e1 cuando pueda, etc.<span id='easy-footnote-34-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-34-109794' title='Cartas del 20 de diciembre de 1651, del 14 de junio de 1653 y del 7 de julio de 1858.'><sup>34<\/sup><\/a><\/span> \u00bb<\/p>\n<p>Era de acuerdo con las superioras, hemos dicho, como Vicente dirig\u00eda a las Hijas de Santa Mar\u00eda; era ante todo de acuerdo con su santa Madre, la se\u00f1ora de Chantal. \u00abYo pondr\u00e9 en vuestros monasterios, le escrib\u00eda \u00e9l, el orden que vuestra caridad desee, si obten\u00e9is de nuestro Se\u00f1or que me comunique la firmeza que os ha dado en la dulzura. Oh, c\u00f3mo os ayudar\u00eda vuestro \u00e1ngel para esto, si vos, mi querida Madre, se lo pidierais.\u00bbPor su parte, santa Chantal, desde la muerte de san Francisco de Sales, no tomaba consejo m\u00e1s que de \u00e9l para el buen orden progreso de su instituto. Era a \u00e9l tambi\u00e9n a quien ella descubr\u00eda su interior, con la misma confianza que hab\u00eda empleado con el santo obispo de Ginebra. Cuando las Misiones de Vicente le alejaban de Par\u00eds, o que ella misma, con m\u00e1s frecuencia todav\u00eda, se ve\u00eda obligada a visitar sus casas, o a residir en Annecy, ella le escrib\u00eda cartas frecuentes para no privarse del todo de su direcci\u00f3n. \u00abOs veo pues, mi muy querido Padre, trabajando de lleno en la provincia de Lyon, le escrib\u00eda ella, en 1627; y por consiguiente nosotras nos vemos privadas de veros durante largo tiempo. Pero contra lo que Dios hace no tenemos nada que oponer, sino bendecirle por todo, como yo lo hago, mi muy querido Padre, por la libertad que vuestra caridad me da de seguir con mi confianza en vos y de importunaros; lo har\u00e9 todo con sencillez.\u00bb Y ella le comunicaba su estado espiritual. Otra vez, en una circunstancia parecida, ella escribe asimismo: \u00abAunque mi coraz\u00f3n, mi querido Padre, sea insensible a toda otra cosa que no sea el dolor, como no olvidar\u00e1 nunca la caridad que le hicisteis el d\u00eda de vuestra partida. Ya que, mi muy querido Padre, se sinti\u00f3 aliviado en su mal y hasta fortalecido\u2026 Me prosterno en esp\u00edritu a vuestros pies, pidiendo perd\u00f3n por la pena que os caus\u00e9 por mi inmortificaci\u00f3n, cuya abyecci\u00f3n quiero y abrazo de coraz\u00f3n. Pero \u00bfa qui\u00e9n puedo yo declarar y hacer saber mis debilidades, sino a mi muy \u00fanico Padre quien las sabr\u00e1 soportar bien? Espero de vuestra bondad que no se canse de ello nunca.\u00bb<\/p>\n<p>En 1640, ella tuvo la esperanza de verle en Annecy, a donde esperaba el obispo que se trasladara con el fin arreglar los asuntos del seminario; ella le escribi\u00f3: \u00abAy, mi verdadero y muy querido Padre, \u00bfser\u00eda posible que mi buen Dios me concediera esta gracia de traeros a esta regi\u00f3n? Ser\u00eda ciertamente el mayor consuelo que yo pudiera recibir en este mundo; y he sabido que ser\u00eda por una especial misericordia de Dios para mi alma que se sentir\u00eda aliviada sobremanera, me parece, por alguna pena interior que soporto, desde hace m\u00e1s de cuatro a\u00f1os, y que me sirve de martirio.\u00bb<\/p>\n<p>Pero las necesidades de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos no habiendo permitido a Vicente realizar este viaje, la se\u00f1ora de Chantal le vino a visitar al a\u00f1o siguiente en Par\u00eds. Ella le abri\u00f3 por \u00faltima vez su coraz\u00f3n. Entonces se acabaron todas sus penas interiores; entonces se acab\u00f3 una especie de agon\u00eda espiritual que duraba nueve a\u00f1os. Dios quiso que encontrara la paz en las conversaciones con el santo sacerdote, y le arreglara esta \u00faltima entrevista como preparaci\u00f3n a su muerte tan cercana. En efecto, cinco semanas apenas de su partida de Par\u00eds, ella falleci\u00f3 en Moulins, el 13 de diciembre de 1641, a los sesenta y nueve a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>A la noticia de la gravedad en que se hallaba la se\u00f1ora de Chantal, Vicente se hab\u00eda puesto en oraci\u00f3n por ella. hab\u00eda comenzado por un acto de contrici\u00f3n por sus pecados, cuando de repente \u00e9l hab\u00eda visto un peque\u00f1o globo de fuego que se elevaba de la tierra, yendo a juntarse en la regi\u00f3n superior del aire con otro globo mayor y m\u00e1s luminoso; y los dos globos reducidos en uno, elev\u00e1ndose a mayor altura todav\u00eda, se hab\u00edan perdido en un tercero, infinitamente m\u00e1s vasto y m\u00e1s brillante que ellos mismos. Y se le hab\u00eda dicho interiormente que el primero era el alma de la se\u00f1ora de Chantal; el segundo la del obispo de Ginebra, y el tercero la esencia divina. Visi\u00f3n admirable que, en su realidad, era tambi\u00e9n una viva imagen de la uni\u00f3n de estas dos santas almas, del principio de su mutua caridad, y de la consumaci\u00f3n en el cielo y en la gloria de lo que la gracia hab\u00eda operado entre ellas en la tierra.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s, Vicente conoc\u00eda la muerte de la santa Chantal. A partir del d\u00eda siguiente, dijo la misa por ella. Llegado al <em>Memento <\/em>de los muertos, se sinti\u00f3 tentado a encomendarla a Dios, porque a pesar de su veneraci\u00f3n por la santa mujer, \u00e9l le hab\u00eda o\u00eddo proferir en uno de sus \u00faltimos encuentros, ciertas palabras que le \u00abparec\u00edan contener pecado venial.\u00bb Pero por segunda vez tuvo la visi\u00f3n de los globos con un vivo sentimiento que esta alma era bienaventurada y que ella no ten\u00eda necesidad de oraciones; y en adelante le fue imposible pensar en ella sin que la viera en la gloria.<\/p>\n<p>No obstante, \u00e9l se temi\u00f3 la ilusi\u00f3n. La estima que sent\u00eda de santa Chantal, estima tal que no le\u00eda nunca sin llorar sus cartas en las que ve\u00eda una inspiraci\u00f3n del esp\u00edritu de Dios, \u00bfacaso no hab\u00eda impresionado su imaginaci\u00f3n y suscitado fantasmas? Se confesaba a s\u00ed mismo que no era nada menos que visionario, que esta visi\u00f3n era la \u00fanica que hubiera tenido, aunque hubiera visto morir a tantos predestinados. Para tranquilizarse por completo, \u00e9l se abri\u00f3 al arzobispo de Par\u00eds, y al P. Maurice, religioso barnabita: los dos le declararon que ve\u00edan en ello una revelaci\u00f3n divina. Desde entonces, hizo el relato a las Hijas de la Visitaci\u00f3n, pata consolarlas de la muerte de su Madre, y en el curso del a\u00f1o de 1642, con vistas, sin duda, a una canonizaci\u00f3n ya prevista, redact\u00f3 un escrito, en el que cont\u00f3 la visi\u00f3n como acaecida a una tercera persona, asegurando tan s\u00f3lo que \u00abera digna de fe, y que preferir\u00eda morir antes que mentir<span id='easy-footnote-35-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-35-109794' title='V\u00e9anse tambi\u00e9n dos cartas a Codoing, en Annecy, de los 16 y 31 de 1641. se lee en la primera que san Vicente se entreg\u00f3 a devolver el cuerpo de santa Chantal al monasterio de Annecy. En estos dos \u00faltimos viajes a Par\u00eds, la santa hab\u00eda legado su coraz\u00f3n a la Visitaci\u00f3n de la calle San Antonio, lo que no qued\u00f3 ratificado; el coraz\u00f3n se qued\u00f3 en Moulins.'><sup>35<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>En el mismo escrito traz\u00f3 este retrato de ella, o m\u00e1s bien entreg\u00f3 a su memoria este certificado de santidad: \u00abNos, Vicente de Pa\u00fal, superior general muy indigno de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, certificamos que hace unos veinte a\u00f1os que Dios nos hizo la gracia de ser conocido de la muy digna madre de Chantal, fundadora de la santa orden de la Visitaci\u00f3n Santa Mar\u00eda, por frecuentes comunicaciones de palabras y por escrito que ha sido del agrado de Dios que yo haya tenido con ella, tanto en el primer viaje que ella hizo a Par\u00eds, hace unos veinte a\u00f1os, como en los otros que hizo despu\u00e9s, en todos los cuales me honr\u00f3 con la confianza de comunicarme su interior; que me ha parecido siempre que era perfecta en toda clase de virtudes, en particular que estaba llena de fe, aunque se viera tentada toda su vida con pensamientos contrarios; que ten\u00eda una confianza en Dios muy grande y un amor soberano a su divina bondad; que ten\u00eda el esp\u00edritu justo, prudente, templado y fuerte, en un grado muy eminente; que la humildad, la mortificaci\u00f3n, la obediencia, el celo por la santificaci\u00f3n de su santa orden y por la salvaci\u00f3n de las almas del pobre pueblo se hallaba en ella en un grado soberano; en una palabra, que no v\u00ed nunca en ella ninguna imperfecci\u00f3n, sino un ejercicio continuo de toda clase de virtudes; que, si bien haya gozado en apariencia de la paz y tranquilidad de esp\u00edritu del que gozan las almas que han llegado a un grado tan alto de virtud, ella sufri\u00f3 no obstante penas interiores tan grandes, que me dijo y escribi\u00f3 varias veces que ten\u00eda el esp\u00edritu tan lleno de toda clase de tentaciones y de abominaciones, que su ejercicio continuo era de apartarse de la mirada a su interior, no siendo capaz de soportarse a s\u00ed misma a la vista de su alma tan llena de horrores que a ella le parec\u00eda la imagen del infierno; que, no obstante, aunque ella sufriera de esa manera, ella nunca perdi\u00f3 la serenidad de su rostro ni se relaj\u00f3 en la fidelidad que Dios ped\u00eda de ella en el ejercicio de las virtudes cristianas y religiosas, ni en la solicitud prodigiosa que ella ten\u00eda de su santa orden; y que de ah\u00ed procede que yo creo que ella era una de las almas m\u00e1s santas que yo haya conocido en la tierra y que es ahora bienaventurada en el cielo. No pongo en duda que Dios manifieste un d\u00eda su santidad.<\/p>\n<p>Dios la manifest\u00f3, en efecto, pero, cuando se inicia el proceso de canonizaci\u00f3n, surge una grave dificultad. Por una falsa inteligencia de un decreto de Urbano VIII, que proh\u00edbe abordar ning\u00fan proceso respecto de las virtudes y los milagros de las personas muertas en olor de santidad, a menos que hayan transcurrido cincuenta a\u00f1os desde su muerte, se hab\u00eda dejado morir a todos los testigos oculares. Pues bien, en una causa que no se propon\u00eda por v\u00edas de un <em>culto inmemorial, <\/em>sino por la v\u00eda llamada <em>de non cultu, <\/em>esta clase de testigos era declarada por Lambertini, a la saz\u00f3n procurador de la fe, absolutamente necesaria. La causa corr\u00eda pues riego de ser condenada a un eterno silencio, cuando el cardenal Thomas Ferrari abri\u00f3 el aviso que se pod\u00edan admitir como prueba suficientes las deposiciones de testigos auriculares, seg\u00fan testigos oculares, principalmente si estas deposiciones se hallaban apoyadas por los testimonios de personas c\u00e9lebres ellas mismas por su santidad. Fue entonces cuando se invoc\u00f3 particularmente a favor de santa Chantal, los testimonios de san Francisco de Sales y de san Vicente de Pa\u00fal, los cuales fueron considerados perentorios<span id='easy-footnote-36-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-36-109794' title='Breve de beatificaci\u00f3n, por Benedicto XIV.'><sup>36<\/sup><\/a><\/span>. As\u00ed Vicente de Pa\u00fal contribuy\u00f3 a la canonizaci\u00f3n de santa Chantal, como hab\u00eda contribuido a su adelanto en las santidad sobre la tierra. Y raz\u00f3n por la cual, durante la ceremonia de la beatificaci\u00f3n en Roma, el 21 de noviembre de 1751, se coloc\u00f3 la imagen de la santa entre dos grandes cuadros que representaban a san Francisco de Sales y a san Vicente de Pa\u00fal, sus dos Padres, sus dos responsables, que tomaban as\u00ed parte en un triunfo que, vivos y muertos, hab\u00edan preparado tan eficazmente. Emocionante trinidad la de estos tres santos personajes!<\/p>\n<p>Si Vicente de Pa\u00fal contribuy\u00f3 a la canonizaci\u00f3n de santa Chantal, no fue menor el servicio que prest\u00f3 en el proceso de canonizaci\u00f3n de san Francisco de Sales. En 1657, hizo retomar el proceso que iba a ser interrumpido.<\/p>\n<p>Enrique de Maupas, obispo de Puy, delegado de la Santa Sede, con los obispos de Belley y de Maurienne, para hacer la informaci\u00f3n dicha <em>de non cultu, <\/em>informaci\u00f3n que tiene por objeto constatar que no se han adelantado al juicio de la Iglesia de Roma, hab\u00eda cumplido su comisi\u00f3n; pero, al mismo tiempo hab\u00eda escrito y publicado una nueva Vidas de san Francisco de Sales. Bueno pues, este libro conten\u00eda varias cosas que descontentaron a la curia romana, entre otras el t\u00edtulo de <em>bienaventurado<\/em> que se daba sin restricci\u00f3n alguna m\u00e1s de cuatrocientas veces y el de <em>santo<\/em> m\u00e1s de ochenta veces, al obispo de Ginebra. Era ir directamente contra la intenci\u00f3n de su comisi\u00f3n y tambi\u00e9n contra prohibici\u00f3n expresa de un decreto del papa Urbano VIII. Por eso la curia de Roma inst\u00f3 a las religiosas de Santa Mar\u00eda interrumpir sus trabajos, hasta que la dificultad surgida por el libro del obispo de Puy fuera resuelta. Entonces, \u00bfc\u00f3mo salir del paso? \u00bfDeb\u00eda la Santa Sede revocar la comisi\u00f3n dada a enrique de Maupas, y anular la informaci\u00f3n que \u00e9ste hab\u00eda dado ya y que estaba a punto de enviar a Roma?.\u00bfEra mejor que el obispo de Puy previniera al papa y le remitiera su comisi\u00f3n \u00e9l mismo, o por \u00faltimo era suficiente con corregir o suprimir el libro? Vicente de Pa\u00fal, movido por el triple deseo de adelantar la canonizaci\u00f3n del obispo de ginebra, de servir a las Hijas de Santa Mar\u00eda y de conservar el honor del obispo de Puy, entregado a su congregaci\u00f3n, y que, dec\u00eda \u00e9l, \u00abno se hab\u00eda equivocado m\u00e1s que pensando hacer bien, \u00bb envi\u00f3 una memoria sobre ello a Jolly, superior de la Misi\u00f3n en Roma, con una carta de fecha del 13 de octubre de 1657, en la que le encargaba consultar lo m\u00e1s secretamente posible a las personas experimentadas en estas materias para saber por ellas la mejor conducta que se deb\u00eda seguir. Estas diligencias tuvieron pleno \u00e9xito; la emoci\u00f3n se calm\u00f3 en Roma y se reemprendi\u00f3 el proceso.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, como se acercaba a su t\u00e9rmino, las religiosas de la Visitaci\u00f3n, conociendo el cr\u00e9dito del que gozaba Vicente en Roma, le pidieron que uniera sus ruegos a los de un gran n\u00famero de personajes de consideraci\u00f3n, para obtener la canonizaci\u00f3n de Francisco de Sales. Y \u00e9l lo hizo, tanto para obedecerlas como paea satisfacer la estima y la veneraci\u00f3n particulares que sent\u00eda por una santo tan grande, uno de los santos m\u00e1s grandes del cielo, de cuyas grandes virtudes hab\u00eda sido testigo en muchas ocasiones; pero lo hizo lleno de confusi\u00f3n, \u00absiendo tan indigno de obtener una gracia tan grande,\u00bb y de hablar despu\u00e9s de tantas personas \u00abm\u00e1s considerables que \u00e9l que no era m\u00e1s que un pobre miserable.\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed, \u00e9l escrib\u00eda, el 6 y el 12 de junio de 1659, a la Madre de Santa Mar\u00eda de Par\u00eds y a Jolly, envi\u00e1ndoles esta carta al papa.<\/p>\n<p>\u00bb <strong>Sant\u00edsimo Padre, <\/strong><\/p>\n<p>S\u00e9 que toda Francia y que muchas naciones piden con insistencia a Vuestra Santidad que se digne inscribir al ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo Francisco de Sales, obispo de Ginebra, en el n\u00famero de los santos. Yo no ignoro tampoco que Vuestra Santidad honra con la mayor veneraci\u00f3n su memoria, bien por sus singulares virtudes que han brillado en \u00e9l, como por libros de eminente piedad que ha producido. Esto hace que parezca inclinarse bastante por s\u00ed misma a esta obra, y que ella no necesita, para cumplirla, de las peticiones de otro, sobre todo por parte de un hombre con un nombre tan abyecto y tan in\u00fatil como yo. Sin embargo, Sant\u00edsimo Padre, como este excelente siervo de Dios, ha usado de ella, con bastante familiaridad, y se ha dignado admitirme con frecuencia en sus charlas, sea sobre el instituto de las religiosas de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, del que ha sido fundador, sea sobre otros temas referentes a la piedad, he descubierto en \u00e9l tanto y tan grandes virtudes que me resulta muy dif\u00edcil guardar el silencio en esta ocasi\u00f3n, y que no pueda ser el \u00fanico en callarme. La fe, la esperanza y la caridad, y las dem\u00e1s virtudes tanto cardinales como morales, parec\u00edan como innatas en \u00e9l, y compon\u00edan en su vida, por lo menos a mi juicio, tal fondo de bondad, que habiendo ca\u00eddo una vez enfermo despu\u00e9s dice una conferencia con \u00e9l, y recordando a menudo en mi mente la suavidad y la exquisita mansedumbre de sus costumbres, yo no cesaba de exclamar: \u00abOh qu\u00e9 bueno es Dios, si tan bueno es el obispo de Ginebra!\u00bb Si yo fuera el \u00fanico, Sant\u00edsimo Padre, en pensar as\u00ed de \u00e9l, creer\u00eda poder equivocarme; pero como todo el mundo comparte conmigo estos sentimientos, \u00bfqu\u00e9 falta, Sant\u00edsimo Padre, para la consumaci\u00f3n de una obra tan grande, m\u00e1s que la ratificaci\u00f3n de Vuestra Santidad, que eleve a Francisco de Sales al cat\u00e1logo de los santos, y le proponga los honores y al culto de todo el universo? Es lo que todos los sacerdotes de nuestra congregaci\u00f3n y yo, prosternados a los pies de Vuestra Santidad, le pedimos por nuestras muy humildes s\u00faplicas.\u00bb<\/p>\n<p>Vicente no pudo ver el \u00e9xito de estos tr\u00e1mites. El obispo de Ginebra no fue beatificado hasta el 28 de diciembre de 1661, m\u00e1s de un a\u00f1o despu\u00e9s de la muerte de su santo amigo, y canonizado hasta 1665 por Alejandro VII. En su juventud este papa hab\u00eda consultado a Francisco de Sales sobre su entrada en el estado eclesi\u00e1stico; y \u00e9ste, despu\u00e9s de consultar a Dios, le hab\u00eda respondido: \u00abNo busqu\u00e9is las dignidades, y llegar\u00e9is a las m\u00e1s altas de la Iglesia. \u2013Y yo, Se\u00f1or de Sales, hab\u00eda replicado el joven Chigi, si soy papa, yo os canonizar\u00e9.\u00bb<\/p>\n<p>Profec\u00eda cumplida, palabra religiosamente tenida!<\/p>\n<h3>VIII. <em>La<\/em> <em>Madelaine. \u2013La Providencia.<\/em><\/h3>\n<p>Imposible enumerar los servicios, tanto generales como particulares, prestados por Vicente de Pa\u00fal a las comunidades de mujeres. Los obispos, por ejemplo le invitaban a menudo a hacerles la visita, para restablecer el orden o alentar la piedad. As\u00ed fue como el mes de abril de 1641, visit\u00f3 por segunda vez, a petici\u00f3n del obispo de Potier, el monasterio de las Ursulinas de Beauvais. pero limit\u00e9monos a recorrer las comunidades, en las que su acci\u00f3n no fue accidental y pasajera, sino fundamental y duradera.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda establecido en otro tiempo en Par\u00eds, calle Saint-Denis, una comunidad de Hijas penitentes, casa de santa moral y refugio contra la corrupci\u00f3n de la ciudad; pero las revueltas y las guerras alteraron bien pronto su esp\u00edritu. El obispo de Par\u00eds, para devolverla a su primitivo estado, coloc\u00f3 como superiora a una religiosa de Montmartrem, Mar\u00eda Alvequin<span id='easy-footnote-37-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-37-109794' title='Ver su &lt;em&gt;Vida&lt;\/em&gt; por Lacourt de Marivaut. Par\u00eds, 1687, in-8\u00ba.'><sup>37<\/sup><\/a><\/span>, quien tom\u00f3 la direcci\u00f3n en 1616. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, otra fundaci\u00f3n de penitentas tuvo su origen en Par\u00eds. Robert de Montry, rico comerciante en vino y hombre de gran piedad, habi\u00e9ndose encontrado en una calle a dos j\u00f3venes libertinas que le manifestaron un deseo vivo y sincero de cambiar de vida, las retir\u00f3 a su casa. Du Pont, p\u00e1rroco de San Nicolas des Champs, el P. Athanase Mol\u00e9, capuchino, hermano del procurador general, y Du Fresne, ofical de la guardia de corps del rey, impresionados por esta iniciativa, se unieron al comerciante. Todos resolvieron recoger lo m\u00e1s posible de estas pobres criaturas, y reunirlas en un penitenciario. Las pusieron primeramente en unas habitaciones que ellos alquilaron en el barrio de Saint-Honor\u00e9. Y luego Robert de Montry les cedi\u00f3 una casa que ten\u00eda cerca de la Cruz Roja. Se estableci\u00f3 en ella la clausura y se erigi\u00f3 una capilla, a la que vino san Francisco de Sales a predicar en 1619 y a dar el h\u00e1bito a algunas j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, habiendo aumentado el n\u00famero de las penitentes, se las cambi\u00f3 a la calle des Fontaines, cerca del Temple, en un local m\u00e1s vasto, provisto por la marquesa de Maignelay<span id='easy-footnote-38-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-38-109794' title='Charlotte Marguerite de Gondi, hermana de los dos \u00faltimos obispos de Par\u00eds y del General de las galeras, se hab\u00eda casado, en 1588, con Florimond d\u2019Halluin, marqu\u00e9s de Maignelay quien, tres a\u00f1os despu\u00e9s, fue asesinado durante las revueltas de la Ligue. Viuda, renunci\u00f3, si bien en el esplendor de su juventud y de la fortuna, al mundo y al lujo, para vivir en las pr\u00e1cticas de la piedad. Su intenci\u00f3n hab\u00eda sido incluso la de abrazar la vida religiosa en el convento de las Capuchinas; pero el abate de B\u00e9rulle, el doctor Duval y otros sabios y piadosos personajes la retuvieron en el mundo. Visita de los enfermos y de los prisioneros, fundaciones y obras caritativas, eso es en lo que entreg\u00f3 en adelante su vida y sus riquezas. Fue una de las damas m\u00e1s celosas de la Asamblea de Vicente de Pa\u00fal, y, despu\u00e9s de la se\u00f1ora de Aiguillon, cooper\u00f3 m\u00e1s que nadie con sus limosnas. Y, a pesar de las inmensas larguezas de su vida, los legados realizados en su testamento sobrepasaron las 400 000 libras. Falleci\u00f3 el 28 de agosto de 1650. (V\u00e9ase su &lt;em&gt;Vida&lt;\/em&gt; por el P. Marc Bauduin, Par\u00eds, 1666, in-12.)'><sup>38<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Esta casa fue nombrada de la Madeleine. La marquesa se declar\u00f3 su fundadora. T\u00edtulo que mereci\u00f3 por los grandes bienes que le hizo durante su vida, y <em>por las ciento y una mil seiscientas <\/em>libras que le leg\u00f3 por testamento. Las penitentes se incrementaron a\u00fan, y al mismo tiempo las solicitudes y las dificultades. Pues bien, a la cabeza de la casa, nadie que fuera verdaderamente capaz de dirigirla. Pidieron a san Francisco de Sales que nombrara a algunas de sus Hijas, cuya dulzura y caridad parec\u00edan las virtudes propias para ganarse a las nuevas Madeleines. \u00abM\u00e1s tarde quiz\u00e1s, respondi\u00f3 el santo obispo; todav\u00eda no ha llegado el tiempo.\u00bb Transcurrieron doce a\u00f1os, cuando se dirigi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal, de alguna manera sucesor de Francisco de Sales den la superioridad de las Hijas de Santa Mar\u00eda. Vicente lo trat\u00f3 primero con Dios, luego con el arzobispo de Par\u00eds y la madre Ang\u00e9lica l\u2019Huillier, superiora de la casa de la calle de San Antonio y, en 1629, destin\u00f3 a cuatro hermanas de la Visitaci\u00f3n a los primeros cargos de la Madeleine.<\/p>\n<p>Estas buenas Hijas temblaron ante una empresa semejante. Y, en efecto, las calumnias, las persecuciones, los obst\u00e1culos de todas clases, sea de dentro, sea de fuera, no les faltaron. Pero, sostenido por el pensamiento del m\u00e9rito de la obra y por su confianza en Dios, Vicente no las abandon\u00f3 m\u00e1s de lo que se abandonaba a si mismo. Hizo celebrar asambleas de doctores y de otras personas de piedad y de experiencia, en las que se tomaros sabias y fuertes resoluciones para el \u00e9xito de un asunto del que depend\u00edan la edificaci\u00f3n p\u00fablica y la salvaci\u00f3n de tantas almas. Al mismo tiempo, exhortaba a las hermanas a la paciencia, a la perseverancia, en vista de las bendiciones que atraer\u00edan con ello sobre ellas y sobre toda su orden, a la vista de Jesucristo, refugio de las pecadoras, cuya misi\u00f3n ellas continuaban. Y \u00e9l escrib\u00eda en este sentido a la madre Ana Mar\u00eda Bollais, la primera superiora enviada a la Madeleine: \u00abNuestro Se\u00f1or, que nos llama a lo m\u00e1s perfecto, tendr\u00e1 como m\u00e1s agradable la continuaci\u00f3n de vuestros servicios en Santa Madeleine que en cualquier otro lugar. La gracia de la perseverancia es la m\u00e1s importante de todas, y la que corona todas las dem\u00e1s gracias; y la muerte que nos halla con las armas en la mano para el servicio de nuestro divino Maestro, es la m\u00e1s gloriosa y la m\u00e1s deseable. Nuestro Se\u00f1or acab\u00f3 como vivi\u00f3: habiendo sido su vida ruda y penosa, su muerte fue rigurosa y llena de angustias, sin mezcla de ning\u00fan consuelo humano. Por ello muchos santos han tenido este devoci\u00f3n a querer morir solos y ser abandonados de los hombres, con la confianza que tendr\u00edan a Dios solo para socorrerlos. Tengo la seguridad, mi querida hermana, que no busc\u00e1is m\u00e1s que a \u00e9l solo y, que entre las buenas acciones que se presentan, prefer\u00eds siempre aquellas en las que hay m\u00e1s gloria suya y menos inter\u00e9s vuestro.\u00bb<\/p>\n<p>Animadas y dirigidas as\u00ed, las Hermanas de la Visitaci\u00f3n, despu\u00e9s de triunfar sobre las primeras dificultades, establecieron la orden en la Madeleine. Por su dulzura y por sus cuidados, ellas se ganaron el coraz\u00f3n, no s\u00f3lo de las penitentes voluntarias, sino tambi\u00e9n de las que les tra\u00edan por autoridad de familia o de la polic\u00eda. \u00c9stas luego se quedaban de buena gana all\u00ed adonde hab\u00edan sido llevadas por la fuerza, y algunas incluso hac\u00eda los votos de religi\u00f3n. Vicente continuaba sosteniendo a las hermanas con buenos confesores que les buscaba, con cartas, con sus visitas que les prodigaba a veces m\u00e1s all\u00e1 de una semana<span id='easy-footnote-39-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-39-109794' title='Carta al obispo de Toul, del 19 de enero de 1655.'><sup>39<\/sup><\/a><\/span>. Otras dos comunidades se establecieron bien pronto en Burdeos y en Rouen, a la espera de las dos casas de la Piedad y de Santa Pelagia, formadas por la se\u00f1ora de Mirami\u00f3n; los refugios del Buen Pastor, abiertos por la se\u00f1ora de Comb\u00e9<span id='easy-footnote-40-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-40-109794' title='V\u00e9ase su &lt;em&gt;Vida, &lt;\/em&gt;por Jean-Jacques Boileaux, in-12.'><sup>40<\/sup><\/a><\/span> al arrepentimiento, hacia final de siglo, en muchas ciudades de Francia, y las casas parecidas de Santa Valeria y de las Hijas del Salvador, fundadas en Par\u00eds por el mismo tiempo, por el P. Daure, dominico, y dos sencillos sacerdotes de parroquias, Louis Raveau y \u00c9tienne-Fran\u00e7ois Vernage. Siempre con la misma fecundidad de obras caritativas.<\/p>\n<p>Vicente mismo, hacia el final de su vida, form\u00f3 el proyecto de una vasto hospital para las j\u00f3venes y mujeres abandonadas, y en particular para las que hacen un infame tr\u00e1fico de su honor. Celebr\u00f3 sobre este asunto largas y numerosas conferencias con personas de piedad; y, a pesar de las dificultades de un proyecto semejante, lo habr\u00eda llevado sin duda a ejecuci\u00f3n, si la muerte no le hubiera sorprendido. Otros, seg\u00fan acabamos de ver, heredaron su pensamiento y lo realizaron bajo diversas formas.<\/p>\n<p>Una obra parecida, pero m\u00e1s extensa, obra a la vez de refugio y de preservaci\u00f3n, fue la obra de las <em>Hijas de la<\/em> <em>Providencia<\/em>, fundada por la se\u00f1ora Pollalion, de la cual salieron otras dos, las obras de la <em>Uni\u00f3n<\/em> <em>cristiana<\/em> y de la <em>Propagaci\u00f3n de la Fe <\/em>o de las <em>Nuevas Cat\u00f3licas.<\/em><\/p>\n<p>Marie Lumague<span id='easy-footnote-41-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-41-109794' title='V\u00e9ase su &lt;em&gt;Vida, &lt;\/em&gt;por Collin, 1744, in-12.'><sup>41<\/sup><\/a><\/span>, nacida en Par\u00eds, en 1599, se hab\u00eda casado con Fran\u00e7ois Pollalion, gentilhombre ordinario de la c\u00e1mara del rey, y alto comisario en Raguse. Viuda despu\u00e9s de unos a\u00f1os de matrimonio, renunci\u00f3 a su cargo de dama de honor de la reina, vendi\u00f3 la carroza y sus pedrer\u00edas, se priv\u00f3 de todos los gastos de lujo, y se consagr\u00f3, bajo la direcci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, a las buenas obras y a la piedad. Comenz\u00f3 por ser una de las damas m\u00e1s activas de la Asamblea; luego acompa\u00f1\u00f3 a la se\u00f1orita Le Gras en las campa\u00f1as, disfrazada de campesina y de criada, para aliviar e instruir a los pobres. Por \u00faltimo tuvo la inspiraci\u00f3n de consagrarse en particular a las pobres j\u00f3venes enga\u00f1adas y penitentes, y a las que la juventud y la belleza unidas a la indigencia y a la mala conducta de su familia, se expon\u00edan aun peligro seguro. Despu\u00e9s de formar con sus propias riquezas el primer fondo de esta obra, y asegurarse el concurso de su hija y de su yerno, Claude Chastelain, jefe de comedor del rey y secretario del consejo de Estado, hombre a la vez rico y caritativo, la vieron caminando a pie por las calles para pedir los recursos que le faltaban. Ella recogi\u00f3 primero una cuarenta j\u00f3venes y las acogi\u00f3 en el hospital de la Piet\u00e9, cuyo superior era entonces Vicente de Pa\u00fal. Muy pronto, hacia principios del a\u00f1o 1630, form\u00f3 el proyecto, con el nombre de <em>Providencia<\/em>, de una comunidad de treinta y tres j\u00f3venes, destinadas a instruir y a educar a la gente joven que all\u00ed buscaban un refugio contra la corrupci\u00f3n del mundo. los primeros ensayos se realizaron en Fontenay y en Charonne, cerca de Par\u00eds, luego en Par\u00eds mismo en una pobre casucha, cerca de Chartreux de Vauvert. En esta \u00faltima casa eran recogidas, seg\u00fan la proporci\u00f3n de los medios, las jovencitas de menos de diez a\u00f1os, a quienes se ense\u00f1aba, junto con el temor de Dios, los trabajos propios para asegurarles, mediante el trabajo, una existencia honrada. Vicente de Pa\u00fal, lleno de celo por esta obra, iba a menudo a visitar a la se\u00f1ora Pollalion y a sus compa\u00f1eras en Charonne y en Par\u00eds. Nombrado superior de la casa, la hizo autorizar en 1643, por letras patentes y erigir, en 1647, por el arzobispo de Par\u00eds en comunidad secular. Encantado por las santas disposiciones de las Hijas de la Providencia, quiso extender las aplicaciones de su celo form\u00f3 el plan de una sociedad de j\u00f3venes y de mujeres pobres, especie de Misioneras que se har\u00edan presentes en todas partes donde se les juzgara oportuno enviarlas, para el servicio de Dios y la instrucci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Entre las Hijas de la Providencia, \u00e9l escogi\u00f3 a siete de las m\u00e1s celosas y de las m\u00e1s valerosas, las cuales alguna pertenec\u00eda la m\u00e1s alta nobleza, como Ana de Groze, y sobre todo Renata de Grandmont, aliada de las Loraine, que ocult\u00f3 todos sus t\u00edtulos bajo el humilde nombre de Renata Desbordes<span id='easy-footnote-42-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-42-109794' title='Medio siglo despu\u00e9s, cuando se trabajaba en la beatificaci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal, Renata Desbordes, entonces de ochenta a\u00f1os, , le tribut\u00f3 una declaraci\u00f3n amplia, aut\u00e9ntica y resonante.'><sup>42<\/sup><\/a><\/span>. Esta congregaci\u00f3n fue llamada de la <em>Uni\u00f3n Cristiana<\/em> , para se\u00f1alar la uni\u00f3n que las Hijas deb\u00edan guardar entre ellas y con Jesucristo. Redactaron un acta de asociaci\u00f3n por la cual se compromet\u00edan a trabajar por la salvaci\u00f3n de las almas. Muy pronto formaron varias casas, abiertas con preferencia a las protestantes reci\u00e9n convertidas o en v\u00edas de conversi\u00f3n, casas conocidas bajo los distintos nombres de <em>Propagaci\u00f3n de la Fe<\/em> o de <em>Nuevas<\/em> C<em>at\u00f3licas<\/em><span id='easy-footnote-43-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-43-109794' title='Despu\u00e9s de la muerte de la se\u00f1ora Pollalion y de san Vicente, la &lt;em&gt;Uni\u00f3n&lt;\/em&gt; &lt;em&gt;cristiana &lt;\/em&gt;fue separada del seminario de la Providencia por Jean-Antoine Le Vacher, a quien nuestro santo le hab\u00eda dado por confesor. Establecida en Charonne, en 1661, por Ana de Croze, luego trasladada al hotel de San Chaumont, calle San Denis, fue aprobada bajo una forma nueva y distinta, por letras patentes de Luis XIV en 1673 y en 1687, y se expandi\u00f3 por varias di\u00f3cesis. Una comunidad de Nuevas Cat\u00f3licas fue tambi\u00e9n fundada en Par\u00eds, por las liberalidades de Turena, convertido al catolicismo.'><sup>43<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>A petici\u00f3n sin duda de Vicente de Pa\u00fal, Ana de Austria, en 1651, don\u00f3 a la se\u00f1ora Pollalion un amplio local, situado en la calle de la Arbal\u00e8te y contiguo al magnifico monasterio del Val de Gr\u00e0ce, donde a ella le gustaba pasar las principales fiestas del a\u00f1o. Tambi\u00e9n, en el acta de donaci\u00f3n, declaraba que hab\u00eda elegido este terreno antes que otro cualquiera, con el fin de tener a la vista, en sus retiros ordinarios, un establecimiento del que esperaba grandes bienes. Era un antiguo hospital, llamado <em>de la Salud<\/em> , en el que se recib\u00eda a los convalecientes que sal\u00edan del H\u00f4tel-Dieu. El arzobispo de Par\u00eds erigi\u00f3 el nuevo establecimiento en hospital y nombr\u00f3 superiora a la se\u00f1ora Pollalion, quien tom\u00f3 posesi\u00f3n el 4 de junio de 1652. Se hab\u00eda necesitado un a\u00f1o entero para construir nuevos edificios. Gracias a las liberalidades de Ana de Austria y, a ejemplo de la reina, de la princesa de Cond\u00e9, de las duquesas de Orl\u00e9ans, de Vend\u00f4me, de Liancourt y de Aiguillon, de la Marquesa de Maignelay, de la mariscala de Gu\u00e9briant, de la cancillera S\u00e9guier, de las damas de Lom\u00e9nie de Brienne, de Miramion, de Senecey y de las dem\u00e1s damas de la Asamblea, las construcciones se hab\u00edan terminado en 1652, y la solemne inauguraci\u00f3n del seminario se tuvo el 11 de junio, en medio de los aplausos del pueblo, \u00abque hab\u00eda sabido comprender, esta vez, lo que hac\u00eda la caridad por \u00e9l<span id='easy-footnote-44-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-44-109794' title='&lt;em&gt;Estudios sobre Bossuet&lt;\/em&gt;, t. II, p. 3.'><sup>44<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb San Vicente de Pa\u00fal redact\u00f3 los reglamentos, que fueron aprobados por la autoridad eclesi\u00e1stica. A los cinco a\u00f1os de esto, 4 de setiembre de 1658, la se\u00f1ora Pollalion mor\u00eda en medio de las bendiciones de las piadosas maestras formadas por ella, y de las ciento ochenta j\u00f3venes acogidas por su caridad, esta vez doblemente <em>hu\u00e9rfanas<\/em>. Pero el <em>non relinguam vos orphanos<\/em> se realiz\u00f3 una vez m\u00e1s para ellas, porque, independiente mente de la se\u00f1orita Le Pilleur, t\u00eda del obispo de Saintes, luego de la se\u00f1orita Viole, que sucedieron a la se\u00f1ora Pollalion en calidad de superioras y de <em>madres<\/em>, les quedaba un padre Vicente de Pa\u00fal, este padre de todos los hu\u00e9rfanos y de todos los abandonados.<\/p>\n<p>En efecto, olvid\u00e1ndose, como siempre, de su casa y de los suyos, en estos a\u00f1os funestos que tendremos que relatar, quiso, Providencia visible, probar a sus hijas que no en vano se llamaban Hijas de la Providencia. Al otro d\u00eda de los funerales de su piadosa fundadora, convoc\u00f3 en su favor una asamblea de sus Damas de la Caridad. un mes m\u00e1s tarde, era una nueva asamblea, m\u00e1s numerosa, sin duda, y m\u00e1s eficaz todav\u00eda que la primera, a juzgar por la carta siguiente que escribi\u00f3, el 18 de octubre de 1657, a la duquesa de Liancourt\u00b4<\/p>\n<p>\u00ab<strong>Se\u00f1ora<\/strong>,<\/p>\n<p>Os muestro aqu\u00ed una renovaci\u00f3n de mi obediencia perpetua, y al Sr. duque de Liancourt en vuestra persona, y esto con toda la humildad y el afecto posibles. Os suplico muy humildemente, Se\u00f1ora, que teng\u00e1is a bien y que yo me haga el honor de hablaros de la obra de la Providencia de Dios, que la difunta se\u00f1orita <em>Poulaillon<\/em><span id='easy-footnote-45-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-45-109794' title='As\u00ed escribe siempre Vicente este nombre. \u2013As\u00ed se pronunciaba sin duda, a juzgar por las armas de Pollalion , que llevaban una &lt;em&gt;gallina&lt;\/em&gt; y un &lt;em&gt;le\u00f3n&lt;\/em&gt; sobre campo de azul..'><sup>45<\/sup><\/a><\/span> hab\u00eda promovido y que vos, Se\u00f1ora, hab\u00e9is sostenido y protegido con vuestras obras y vuestra autoridad, en calidad de dama insigne bienhechora, que es tanto como decir de fundadora de esta buena obra, as\u00ed como las reglas de esta buena obra, aprobadas por monse\u00f1or el arzobispo, lo declaran. \u2013Hab\u00e9is podido saber, Se\u00f1ora, el fallecimiento de esta buena sierva de Dios, y c\u00f3mo pocos d\u00edas despu\u00e9s, se reunieron en casa de la se\u00f1ora duquesa de Aiguillon, all\u00ed donde la se\u00f1ora cancillera, se\u00f1ora de Brienne, se\u00f1orita Viole, el Sr. Duplessis, el Sr. Drouart y yo nos encontramos para ver si conven\u00eda que se tratara de sostener y reglar esa obra y, supuesto que no hubiera otro remedio, c\u00f3mo deber\u00edamos proceder.<\/p>\n<p>\u00abBueno pues, el resultado fue, despu\u00e9s de hacer la lectura de las dichas reglas aprobadas, que se tratar\u00eda de sostener esta buena obra y de dirigirla seg\u00fan la intenci\u00f3n de las dichas reglas, que se convocar\u00eda una asamblea de las Damas insignes bienhechoras consideradas fundadoras de esta obra, de las cuales la reina es la primera, vos, Se\u00f1ora, la Sra. cancillera, la se\u00f1ora de Senecey, las Damas de Aiguillon y de Brienne, para tratar de este asunto y comenzar la armon\u00eda de esta direcci\u00f3n y perpetuarla con la ayuda de Dios, que os ha elegido entre las primeras, Se\u00f1ora, con la difunta se\u00f1ora marquesa de Maignelay, y el que probablemente quiere que se\u00e1is por el tiempo y la eternidad, uno de os principales instrumentos del que se ha servido para conservar la pureza y la santidad de muchas v\u00edrgenes, que adorar\u00e1n y glorificar\u00e1n a su divina bondad en el tiempo y en la eternidad y que tal vez le ofender\u00edan y le maldecir\u00edan sin esto; y sin embargo se trasladar\u00eda a la Providencia para tratar de poner orden en los asuntos m\u00e1s urgentes, y para deshacerse de las religiosas que all\u00ed eran pensionistas y de las j\u00f3venes de la comunidad y a reducir el n\u00famero a cuarenta si se pudiera, menos en aumentarlo, contando que haya con qu\u00e9. Y efectivamente se ha trabajado en ello, de manera que muchas pensionistas se han retirado, como tambi\u00e9n catorce o quince j\u00f3venes a quienes han llamado los padres, de forma que el n\u00famero de las personas de esta casa se ha reducido a unas ochenta; y en cuanto a lo que han pensado dichas Damas que han cre\u00eddo conveniente que yo tenga el honor de comunicaros todo eso, lo hago, Se\u00f1ora, con el gozo que vuestra bondad puede pensar, y es, Se\u00f1ora, por tres razones: una, teng\u00e1is a bien indicarme si os dign\u00e1is honrar esta buena obra continuando vuestra protecci\u00f3n; y, supuesto eso, si tuvierais a bien, Se\u00f1ora, acudir a esta ciudad, un d\u00eda de la semana pr\u00f3xima; y en caso de no poder, enviad una procuradora con permiso, autorizando a la persona de vuestra elecci\u00f3n para que inscriba su nombre, y declare que, como bienhechora de la casa, quer\u00e9is continuar la asistencia que hab\u00e9is dado a esta casa desde su fundaci\u00f3n hasta hoy \u2013 o al menos dar vuestra conformidad con ello. \u00c9ste era, Se\u00f1ora, el asunto de la presente, etc.\u00bb<\/p>\n<p>Esta carta es preciosa por mostrarnos el estado en que se encontraba la casa de las Hijas de la Providencia, algunos d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de su fundadora, y ayudarnos a comprender la eficacia de la intervenci\u00f3n de Vicente en su favor. Pues se sabe que el n\u00famero de ciento ochenta hu\u00e9rfanas de las que acababa de desprenderse, fue sobrepasado en el futuro.<\/p>\n<p>No fue la \u00faltima asamblea convocada por Vicente para procurarle ayuda. Hubo otras m\u00e1s en estos \u00faltimos a\u00f1os de su vida. De todas la m\u00e1s c\u00e9lebre fue la de febrero de 1659, en la que Bossuet, siguiendo la conjetura casi cierta de su m\u00e1s reciente historiador, pronunci\u00f3 su serm\u00f3n sobre <em>la eminente dignidad de los pobres en la Iglesia, <\/em>el primero probablemente qua haya pronunciado en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Bossuet se deb\u00eda por m\u00e1s de un lazo a la Congregaci\u00f3n de las Hijas de la Providencia, ya que era el superior del asilo de la <em>Propagaci\u00f3n de la fe<\/em>, establecido en Metz, en medio de toda clase de contradicciones y de pruebas, por una pobre y heroica joven, llamada Alix Clerginet, y \u00e9l le hab\u00eda dado su reglamento. Pues bien, a petici\u00f3n de Alix, la casa de Par\u00eds hab\u00eda acudido en ayuda de la casa de Metz, tanto que \u00e9sta consideraba a aquella como su madre. En efecto, la se\u00f1ora Pollalion hab\u00eda enviado a Metz, primero a Renata Desbordes, luego a otras cinco hermanas de la Providencia, con preciosas instrucciones de Vicente de Pa\u00fal, protector declarado de Alix y de su obra, que \u00e9l las hab\u00eda animado a una y otra en un viaje que la piadosa joven acababa de hacer a Par\u00eds.<\/p>\n<p>En busca de un orador para una nueva asamblea de caridad, Vicente de Pa\u00fal, superior de la Providencia de Par\u00eds, , deb\u00eda naturalmente poner los ojos en el superior de la Propagaci\u00f3n de Metz, como Bossuet, por gratitud, por filial deferencia y por el venerable sacerdote y por la casa-madre del asilo que le era tan querido, no pod\u00eda negarles las primicias de su elocuencia. Despu\u00e9s de oponerse al mundo, en el que todo ha ca\u00eddo presa de los ricos, incluso los pobres y el reino de Jesucristo, en el que todo se ha entregado en herencia a los pobres, incluso el derecho exclusivo a introducir en \u00e9l a los ricos; despu\u00e9s de celebrar la caridad de san Pablo, tan solicitado por los pobres de Jerusal\u00e9n, y siempre tan lleno de respeta para ellos, llegando al prop\u00f3sito de la asamblea y dirigi\u00e9ndose a las Damas, el orador exclama: \u00abSe\u00f1oras, revest\u00edos de de estos sentimientos apost\u00f3licos; y en los cuidados que ejerc\u00e9is en esta casa, mirad con respeto a los pobres que la componen. Meditad seriamente, en la caridad de Nuestro Se\u00f1or, que, si los honores del siglo os colocan por encima de ellos, el car\u00e1cter de Jesucristo, que tienen el honor de llevar los eleva por encima de vosotras. Honrad, en los siervos, la misteriosa conducta de la providencia divina que les da los primeros rangos en la Iglesia, con tal prerrogativa que los ricos no son recibidos en ella m\u00e1s que para servirlos.\u00bb Y particularizando m\u00e1s el objeto de la reuni\u00f3n, y dirigi\u00e9ndose al auditorio: \u00abAs\u00ed pues, hermanos m\u00edos, a\u00f1ade Bossuet, abrid los ojos sobre esta casa indigente, y sed inteligentes sobre los pobres. Si pidiera vuestras limosnas para una sola persona, tan grandes e importantes razones, que os obligan a la caridad, deber\u00edan conmover vuestros corazones. Ahora yo elevo mi voz en nombre de una casa entera: y adem\u00e1s, de una casa cargada de una multitud de pobres necesitadas totalmente abandonadas. \u00bfNecesito poneros ante los ojos los peligros de las j\u00f3venes y las consecuencias peligrosas de su pobreza, el escollo m\u00e1s ordinario en el que su pudor causa naufragio? \u00bfDe qu\u00e9 servir\u00e1n las palabras, si la cosa misma no os impresiona? Entrad en esta casa; conoced sus necesidades; y si no os llega al alma la situaci\u00f3n a la que ha llegado, no s\u00e9 ya, Hermanos m\u00edos, qu\u00e9 podr\u00e1 ablandaros el coraz\u00f3n. Es verdad que unas damas piadosas han abierto los ojos sobre esta casa; han escuchado sobre los pobres <em>(beatus qui intelligit super egenum et pauperem<\/em>) ; porque ellas conocen su dignidad, ellas se sienten honradas de servirle; porque ellas son cristianas, ellas se creen obligadas a asistirlos; porque ellas saben el peso de las riquezas mal empleadas, ellas se descargan entre sus manos, de una parte de su carga; y, repartiendo los bienes temporales, vienen a recibir a cambio las gracias espirituales<span id='easy-footnote-46-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-46-109794' title='&lt;em&gt;Oeuvres&lt;\/em&gt;, t. II, pp. 10, 21. \u2013&lt;em&gt;Estudios sobre la vida de Bossuet&lt;\/em&gt;, t. I, pp. 435 y siguientes; t. II, pp. 1 y siguientes.'><sup>46<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<h3>IX.<em> Muchachas hu\u00e9rfanas \u2013Muchachas de Santa Genoveva. \u2013Hijas de la Cruz.<\/em><\/h3>\n<p>Fue tambi\u00e9n a las <em>Muchachas<\/em> <em>hu\u00e9rfanas<\/em> a quienes la se\u00f1orita de Lestang hab\u00eda abierto una casa hacia el Pr\u00e8-aux-Clercs. Vicente de Pa\u00fal la socorri\u00f3 en sus mayores necesidades; asisti\u00f3 a muchas de sus asambleas que se celebraron por ellas; por \u00faltimo, la coloc\u00f3 bajo la direcci\u00f3n espiritual de un sacerdote de su conferencia, llamado Gambard, el mismo que le hab\u00eda acompa\u00f1ado en sus primeras Misiones, y que, desde hac\u00eda veinte a\u00f1os, dirig\u00eda con \u00e9xito a las Hijas de la Visitaci\u00f3n del barrio Saint-Jacques. \u00c9l puso a la piadosa fundadora en contacto con la se\u00f1orita Le Gras, tan h\u00e1bil en la ciencia del gobierno. Mand\u00f3 celebrar en su presencia un consejo para trazar el camino que seguir. La comprometi\u00f3 a elegir en su casa, compuesta por entonces de doscientas j\u00f3venes, a tres o cuatro de las m\u00e1s inteligentes, para compartir con ellas el peso de los asuntos, reunirlas de vez en cuando, , tomar sus consejos y del director de la casa, y a tener como tentaci\u00f3n el deseo de hacerlo todo por ella misma, escollo de las almas ardientes y entregadas, donde la se\u00f1orita de Lestang se ve\u00eda amenazada de fracaso.<\/p>\n<p>Vicente form\u00f3 parte tambi\u00e9n de la fundaci\u00f3n de las Hijas de santa Genoveva. La se\u00f1orita de Blosset, hija de un gentilhombre del Nivernais, se hab\u00eda consagrado al cuidado de los pobres y enfermos de la parroquia de Saint-Nicolas-du-Chardonnet y a la instrucci\u00f3n de las j\u00f3venes. Despu\u00e9s de unirse a algunas se\u00f1oritas animadas del mismo esp\u00edritu, hab\u00eda comenzado a formar una peque\u00f1a comunidad, que tom\u00f3 el nombre de Hijas de Santa Genoveva. Pero antes de tomar una determinaci\u00f3n definitiva, ella y sus compa\u00f1eras resolvieron visitar a Vicente de Pa\u00fal, a quien ellas ten\u00edan como \u00abun santo y un hombre lleno de luz y de prudencia.\u00bb Les encareci\u00f3 que empezaran por la oraci\u00f3n, y les pidi\u00f3 para \u00e9l mismo ocho d\u00edas de reflexi\u00f3n. Despu\u00e9s de lo cual, volvieron muy decididas a aceptar su decisi\u00f3n, y \u00e9l les dijo en un tono seguro y firme: \u00abDios quiere servirse de ustedes para dar una nueva compa\u00f1\u00eda a su Iglesia; Nuestro Se\u00f1or sacar\u00e1 de ello su gloria, y con ello redundar\u00e1 mucho bien al pr\u00f3jimo.\u00bb El tiempo y la Providencia confirmaron estas palabras. Las escuelas de estas j\u00f3venes fueron muy frecuentadas y muy \u00fatiles a la parroquia. La muerte de Francisca de Bosset, sucedida el 9 de febrero de 1642 no disip\u00f3 en nada su obra, y sus hijas resolvieron incluso realizar su primer compromiso irrevocable. Bourdoise aprob\u00f3 su proyecto y les traz\u00f3 unas reglas. La autoridad eclesi\u00e1stica de la di\u00f3cesis las erigi\u00f3 en comunidad, el 20 de agosto de 1658 y, en 1661, el rey les otorg\u00f3 las letras patentes. Adem\u00e1s de su principal funci\u00f3n, que era la instrucci\u00f3n gratuita, formaban maestras para los campos, asist\u00edan a los pobres, distribu\u00edan remedios, daban instrucciones y lecciones a las personas de su sexo; en una palabra, ejerc\u00edan toda clase de obras de misericordia espiritual y corporal. Tal era el estado de esta comunidad cuando la se\u00f1ora de Mirami\u00f3n<span id='easy-footnote-47-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-47-109794' title='Marie Bonneau, viuda de J. J. de Beauharnais, se\u00f1or de Mirami\u00f3n, canciller en el parlamento de Par\u00eds, hab\u00eda nacido en 1629. despu\u00e9s de su singular rapto por el conde de Bussy, primo de la se\u00f1ora de S\u00e9vign\u00e9, ella se retir\u00f3, en 1649, a casa de las Hijas de la se\u00f1orita Le Gras, y no sali\u00f3 de all\u00ed m\u00e1s que para entregarse a las obras de caridad. fue una de las damas m\u00e1s celosas de la asamblea para la obra de los ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, la obra del H\u00f4tel-Dieu, del Hospital General; en una palabra, para todas las empresas de san Vicente de Pa\u00fal. El santo hab\u00eda aprobados los reglamentos de su Sagrada Familia. Estuvo siempre en estrecha relaci\u00f3n con las dos comunidadews de San L\u00e1zaro. Desou\u00e9s de la muerte de F\u00e9ret, parroco de Saint-Nicolas-du-Chardonnet, pas\u00f3, en 1677, a la direcci\u00f3n de Edme Jolly, tercer superior de la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n , y all\u00ed se qued\u00f3 hasta su muerte, acaecida en 1696. Su \u00fanica hija se cas\u00f3 con el presidente de Nesmond. \u00abEl rey, dice Dangeau (M\u00e9moires, 24 de marzo de 1696, la ayudaba en sus buenas obras y no le neg\u00f3 nunca nada.\u00bb Fue a ella a quien la se\u00f1ora de S\u00e9vign\u00e9 (Carta del 29 de marzo de 1696, a la se\u00f1ora de Coulanges) llama una \u00abMadre de la Iglesia\u00bb (Ver su &lt;em&gt;Vida&lt;\/em&gt;, por el Sr. abate de Choisy, in-12, Par\u00eda, 1706.'><sup>47<\/sup><\/a><\/span> que hab\u00eda formado una parecida den la parroquia de San Pablo, con el nombre de Sagrada Familia, quiso unirlas a una y otra. En su humildad, ella renunci\u00f3 al t\u00edtulo de fundadora, haciendo tomar a sus Hijas el de Santa Genoveva. Sostuvo la congregaci\u00f3n as\u00ed multiplicada con su fortuna y su cr\u00e9dito y le compr\u00f3 una casa en el and\u00e9n de la Tournelle, donde ella misma hizo su residencia. Aprobadas tambi\u00e9n con esta forma nueva por el arzobispo de Par\u00eds en 1665, las Hijas de Santa Genoveva se extendieron a diversos lugares y contaron pronto con m\u00e1s de cien escuelas.<\/p>\n<p>Hay algunas comunidades que recibieron de Vicente servicios menos esenciales, pero que le son no obstante deudores. Tales, entre la numerosas Congregaciones hospitalarias que aparecieron de pronto por la mitad del siglo XVII, la Congregaci\u00f3n de la Caridad de nuestra Se\u00f1ora, que debe su origen a Simonne Gauguin, nacida en 1521, en Pathai, en Beauce, y nombrada en religi\u00f3n Francisca de la Cruz<span id='easy-footnote-48-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-48-109794' title='Ver su &lt;em&gt;Vida&lt;\/em&gt;, in-12, Par\u00eds, 1745.'><sup>48<\/sup><\/a><\/span>. Esta piadosa joven form\u00f3 en primer lugar un establecimiento en Par\u00eds, cerca de la plaza Real, con el concurso de Madeleine Brulart, viuda de un jefe de cocina del rey, llamado Favre, quien se declaro su fundadora. El rey y el arzobispo de Par\u00eds, antes de aprobar el nuevo instituto sometieron sus reglas al P. Binet, jesuita, de Vigier, doctrinario, y de Vicente de Pa\u00fal, Habi\u00e9ndolas revisado y aprobado los tres examinadores, como conformes a la doctrina del santo concilio de Trento. la Congregaci\u00f3n fue autorizada por los dos poderes, y Francisca de la Cruz y sus compa\u00f1eras pronunciaron sus votos en 1629. Estas religiosas fundaron luego un gran n\u00famero de hospitales en Francia, pero todos reservados a las mujeres. Ellas hicieron por su sexo lo que hac\u00edan por los hombres los Hermanos de la Caridad de San Juan de Dios.<\/p>\n<p>Pocas comunidades de chicas debieron tanto a Vicente de Pa\u00fal como la congregaci\u00f3n de las Hijas de la Cruz.<\/p>\n<p>En Roye, de Picard\u00eda, exist\u00eda una escuela en la que se hallaban confundidos los ni\u00f1os de ambos sexos, lo que se convirti\u00f3 en fuente de abominables des\u00f3rdenes, a los que el propio maestro puso el colmo abusando de una de sus estudiantes. Para remediarlo, los dos p\u00e1rrocos apelaron a la entrega de personas piadosas, que se encargar\u00edan de la instrucci\u00f3n de las j\u00f3venes. Cuatro respondieron a la llamada: Fran\u00e7oise Valette, Marie Saucier, y dos hermanas, primas de las precedentes, Charlotte y Anne Delanoy. En 1625, una asamblea compuesta de los p\u00e1rrocos, , de los notables y de las damas y se\u00f1oritas m\u00e1s distinguidas de la ciudad, admiti\u00f3 su entrega, nombr\u00f3 a la se\u00f1ora Ledoux, viuda del secretario de Roye, su presidenta y protectora; y \u00e9sta, como primer ejercicio de su cargo, les dio una casa en la que las instal\u00f3 el 4 de agosto siguiente.<\/p>\n<p>Las j\u00f3venes maestras que eligieron a Fran\u00e7oise Valette como superiora, experimentaron en un principio los \u00e9xitos m\u00e1s hermosos. Pero el prefecto de Roye, llevado tal vez por j\u00f3venes libertinos descontentos de verse arrebatar a sus v\u00edctimas, resentido adem\u00e1s de no haber sido consultado en el asunto, acus\u00f3 a Bellot, decano de la colegial y promotor declarado del nuevo establecimiento, de ir contra las intenciones del rey que hab\u00eda prohibido que se formaran, sin su consentimiento, estas clases de instituciones. No se tuvo en cuenta esta reclamaci\u00f3n, y la obra continu\u00f3 prosperando. Sus enemigos se volvieron entonces contra los dos p\u00e1rrocos a quienes atacaron con horribles calumnias, cuyo contragolpe alcanz\u00f3 a las pobres maestras. El pueblo, justo esta vez, veng\u00f3 con una palabra a las siervas de Jesucristo y, para consagrar sus persecuciones, las llam\u00f3 Hijas de la Cruz. Deseosas de merecer este hermoso t\u00edtulo, sufrieron primeramente en silencio; pero temiendo comprometer su obra, al mismo tiempo que sus personas con una abnegaci\u00f3n excesiva redactaron pronto una Memoria justificativa, que dos de ellas llevaron a Par\u00eds y sometieron a diecisiete doctores de Sorbona. Los doctores, tras maduro examen, declararon, el 26 de noviembre de 1630, no hallar en ella nada que no fuera bueno y \u00fatil, digno de ser recibido, aprobado y autorizado por los pastores y magistrados del lugar en que resid\u00edan las hijas mencionadas.\u00bb<\/p>\n<p>Justificadas de esta forma, las buenas hermanas recuperaron sus funciones con nuevo celo. Se granjearon m\u00e1s y m\u00e1s la confianza de de las familias, y vieron acrecentarse el n\u00famero de sus asociadas.\u00bb Todo el peso de la persecuci\u00f3n hasta entonces repartido, recay\u00f3 sobre los dos sacerdotes primeros autores de su obra, Los delataron a la corte como a peligrosos innovadores, como a gu\u00edas perniciosos. Enseguida fueron detenidos y apresados en Par\u00eds. Despu\u00e9s de varios interrogatorios, fueron devueltos afortunadamente a las manos de Vicente de Pa\u00fal. El santo les interrog\u00f3 a su vez con toda su caridad, sin duda, pero tambi\u00e9n con todo su buen juicio, con toda su justicia, todo su celo por el honor de la Iglesia. la conclusi\u00f3n de su examen fue que los dos sacerdotes sobre todos los cargos, y la corte, sin m\u00e1s informes, les dej\u00f3 marchar, libres de culpa, a Roye, a sus puestos de trabajo.<\/p>\n<p>Vicente no hab\u00eda podido examinar a los dos directores de las Hijas de la Cruz, sin llegar, sin su perspicacia ordinaria hasta el fondo del nuevo instituto. Hab\u00eda quedado satisfecho; y cuando los dos eclesi\u00e1sticos le preguntaron si no era conveniente abandonar una obra expuesta a tales ataques, \u00e9l respondi\u00f3: \u00abLejos de ceder a la persecuci\u00f3n, hay que demostrar m\u00e1s ardor todav\u00eda en mantenerla, ya que ser\u00e1 de grande utilidad a la Iglesia; si logra echar ra\u00edces, llegar\u00e1 a ser un \u00e1rbol fecundo en frutos saludables. Que conserve tan s\u00f3lo con cuidado su primer esp\u00edritu le pobreza, de sencillez, de mortificaci\u00f3n, de piedad, de obediencia y de caridad; que sus primeras asociadas sigan mereciendo su nombre de Hijas de la Cruz, unidas cada vez m\u00e1s a la cruz del Salvador por la porci\u00f3n que les ha tocado en suerte de sus oprobios y de sus persecuciones.\u00bbDesde el juicio favorable de la Sorbona, Marie Saucier se hab\u00eda quedado en Par\u00eds. El c\u00e9lebre P. Lingendes, a quien hab\u00eda elegido por director, la puso entonces en relaci\u00f3n con una dama de una profunda piedad. Marie l\u2019Huillier, viuda de Claude-Marcel de Villeneuve, maestro de las demandas ordinario de la casa del rey. Casada muy joven, Marie l\u2019Huillier hab\u00eda sufrido mucho por el car\u00e1cter dif\u00edcil y la conducta disipada de su esposo. Bajo la direcci\u00f3n de san Francisco de Sales, hab\u00eda soportado esta prueba como mujer fuerte y como cristiana. Viuda a los veintitr\u00e9s a\u00f1os, no se ocup\u00f3 de otra cosa que de la piedad y de la caridad, estas dos grandes cosas siempre correlativas en el cristianismo. Se asoci\u00f3 a las damas de Lamoignon, Pollalion y Le Gras, que estaban entonces bajo la direcci\u00f3n de san Vicente a la cabeza de todas las empresas caritativas. Ella trabaj\u00f3 alg\u00fan tiempo con Jean-Pierre Camus, obispo de Belley, en la conversi\u00f3n de las mujeres perdidas, hasta que la obra juzgada por uno y por otra ingrata, fue abandonada y reservada a otras manos. Vuelve a comenzar en otras obras de un \u00e9xito m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s inmediato. En compa\u00f1\u00eda de otras damas que se hab\u00edan juntado, iba a visitar a los pobres de su parroquia de San Pablo, cuyo p\u00e1rroco, a sugerencia de ella, le proporcionaba el fondo de subsistencia , por medio de una colecta semanal. Para ayuda a la vez del alma y del cuerpo, ella coloc\u00f3, no s\u00f3lo en la parroquia, sino en distintos barrios de Par\u00eds, a maestras de escuela que ense\u00f1aban gratuitamente a las ni\u00f1as pobres.<\/p>\n<p>Es lo que hab\u00eda determinado al P. Lingendes a llevarle a Mar\u00ede Saucier. La se\u00f1ora de Villeneuve no tard\u00f3 en reconocer, en el nuevo instituto, la plena realizaci\u00f3n de lo que persegu\u00eda entonces ella misma, y pidi\u00f3 una Hija de la Cruz para establecer en Par\u00eds la obra que triunfaba tanto en Picard\u00eda. En consecuencia, el abate Gu\u00e9rin, director entonces de la peque\u00f1a Sociedad, se dirigi\u00f3 de Roye a la capital donde, a falta de Marie Saucier quien, por consejo mismo de su confesor, acababa de entrar en la Visitaci\u00f3n, encarg\u00f3 a Charlotte Delanoy fundamento y clavija maestra de la comunidad,<\/p>\n<p>Cada vez m\u00e1s, la se\u00f1ora de Villeneuve se convenci\u00f3 de la utilidad del nuevo Instituto y de la facilidad de su establecimiento en Par\u00eds. \u00danicamente, para protegerle contra la inconstancia humana, quiso hallar a j\u00f3venes que se formaran por votos en cuerpos de comunidad regular. El arzobispo de Par\u00eds aprob\u00f3 su proyecto, y los acontecimientos la sirvieron. Las guerras cuyo teatro lo constitu\u00eda entonces la Picard\u00eda, habiendo forzado a los habitantes a venir a buscar refugio en Par\u00eds, las Hermanas de Roye hab\u00edan seguido a la gente. Charlotte Delanoy present\u00f3 a sus pobres a la se\u00f1ora de Villeneuve, y la caritativa dama se las confi\u00f3 a una de sus amigas en la calle de Bas-Froid, en el barrio de Saint-Antoine, esperando que el comendador de Sillery, instado por ella, las hiciera conducir a su castillo de Penfon, a las puertas de Brie-Comte-Robert. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s estas j\u00f3venes en n\u00famero de cinco quedaban establecidas en el burgo mismo como institutrices.<\/p>\n<p>Pero la cuesti\u00f3n de los votos las dividi\u00f3. Tan s\u00f3lo por el abate Gu\u00e9rin, las opositoras se quedaron en Brie-Comte-Robert, donde continuaron dirigi\u00e9ndose por sus consejos. Ellas formaron casas en Roye, Rouen, Barbesieux y luego en Par\u00eds, en la parroquia de Saint-Gervais. Fran\u00e7oise Vallet, Anne Delanoy y Marie Paillet, favorables a los votos, regresaron a Par\u00eds con dos alumnas suyas, el 28 de diciembre de 1640, y fueron colocadas por la se\u00f1ora de Villeneuve en la Visitaci\u00f3n para formarse en el esp\u00edritu de san Francisco de Sales. En efecto, con las Hijas de la Caridad, iban a compartir la herencia que del santo obispo de Ginebra hab\u00eda destinado a sus propias Hijas, y que por los consejos de Denis de Marquemont, hab\u00eda debido, como se ha dicho, dejar a otros.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando la se\u00f1ora de Villeneuve entr\u00f3 en relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con la se\u00f1ora de Chantal. Estas relaciones hab\u00edan sido primitivamente formadas por san Francisco de Sales que hab\u00eda presentado a la se\u00f1ora de Villeneuve a la santa fundadora, dici\u00e9ndole que no conoc\u00eda alma m\u00e1s c\u00e1ndida ni de mejor coraz\u00f3n.. desde entonces se hab\u00eda establecido entre las dos admirables mujeres, un trato de cartas que reanim\u00f3 en la \u00e9poca a la que hemos llegado. Santa Chantal escrib\u00eda el 15 de enero de 1641: \u00abViva Jes\u00fas! Bendito sea el divino y buen Salvador de nuestras almas que os ha elegido, mi buen\u00edsima y querid\u00edsima hermana, para ofrecerle esta Sociedad, por medio de la cual, muchas almas, como valientes amazonas, combatir\u00e1n las perversas m\u00e1ximas del mundo y enarbolar\u00e1n las divinas m\u00e1ximas de Jesucristo. este proyecto no puede por menos de servir grandemente a la gloria de Dios y en provecho de muchas almas, por la facilidad que da a todas aquellas que tengan disposici\u00f3n para la vida espiritual y deseo de aprovechar. Veo que la divina Providencia hace que se recojan por este medio algunos pensamientos y deseos de nuestro bienaventurado Padre, que no han podido ser ejecutados ni conservados en nuestra querida Congregaci\u00f3n. Yo siento un tierno consuelo, doy gracias y bendigo a Dios de todo coraz\u00f3n. Todo ello est\u00e1 tan digerido, que mis luces limitadas no tienen nada que a\u00f1adir, sino tan s\u00f3lo honrarle. El tiempo y la pr\u00e1ctica os descubrir\u00e1n cosas que no se pueden aprender m\u00e1s que por experiencia. Ver\u00e9is, mi muy querida hermana, de qu\u00e9 manera os descubrir\u00e1 Dios poco a poco lo que os sea necesario para la perfecci\u00f3n y para la estabilidad del proyecto que os ha inspirado y del cual yo creo que quiere que sig\u00e1is siendo la gu\u00eda y la directora. Es una gran ventaja tener s\u00fabditas fundados en la verdadera virtud para servir de base a este edificio espiritual. Bendito sea Dios que os las ha puesto en vuestras manos. Siento el consuelo por el buen entendimiento que hab\u00e9is tenido entre nuestras hermanas. Ruego a Dios que os d\u00e9 las fuerzas y la salud para llevar a cabo y conducir a su perfecci\u00f3n este sagrado plan. Hace tiempo que Dios os ilumin\u00f3 y os hizo discernir movimientos de la naturaleza, y os ayud\u00f3 a combatirlos m\u00e1s y m\u00e1s; os fortalecer\u00e1 para seguir los de la gracia. Es verdad que se necesita valor; pero su divina bondad ser\u00e1 ella misma vuestro coraz\u00f3n y vuestra fuerza; ella har\u00e1 desvanecerse a vuestros ojos todas las dificultades por la virtud de su gracia y de su asistencia. Por \u00faltimo, es un favor actuar y sufrir por la gloria de Dios. Yo se lo pido que os colme de su amor y bendiga vuestra empresa. Nosotras se lo pediremos con insistencia, y yo os suplico que me encomend\u00e9is mucho a Dios para que me ayude a pasar el resto de mis d\u00edas y que los termine en su gracia y su agrado, siguiendo de buena gana, mi muy buena y querida hermana, vuestra muy humilde y sierva en Nuestro Se\u00f1or. \u2013Jeanne-Fran\u00e7oise Femiot, de la Visitaci\u00f3n Santa Mar\u00eda. \u2013Dios sea bendito!\u00bb<\/p>\n<p>En el curso de este mismo a\u00f1o de 1641, santa Chantal escribi\u00f3 tambi\u00e9n a la se\u00f1ora de Villeneuve: \u00abBendito sea nuestro buen Dios, mi muy querida hermana, que dispone de vuestro coraz\u00f3n para la obra de su gloria! No dudo que vuestro proyecto no significa un gran provecho para las almas que tengan la suerte de recoger sus frutos . Varias damas viudas sentir\u00e1n un gran consuelo al encontrar este retiro de piedad, que no les impedir\u00e1 prestar a sus hijos los cuidados leg\u00edtimos que ellas les deben. Era uno de los planes m\u00e1s importantes que nuestro bienaventurado Padre hab\u00eda pensado, el de conservar los ejercicios de caridad p\u00fablica en nuestra congregaci\u00f3n; pero \u00e9l no pudo ejercerlo; y mirad que la divina Providencia os ha escogido para llevarlo a cabo. Creo que las Hijas de quienes os servir\u00e9is para instruir a los dem\u00e1s en la piedad ser\u00e1n ya mayores y capaces de este favor, lo que ser\u00e1 de una utilidad maravillosa en este siglo tan corrompido. Os suplico, mi muy querida hermana, que me inform\u00e9is del progreso que hay\u00e1is hecho en este sagrado plan a fin de que nuevamente yo alabe a dios por ello, y me consuele con vos.\u00bb<\/p>\n<p>Las primera j\u00f3venes del nuevo instituto o transformado no estuvieron m\u00e1s que ocho meses en la Visitaci\u00f3n. La se\u00f1ora de Villeneuve les subrog\u00f3 la donaci\u00f3n que el comendador de Sillery le hab\u00eda hecho, poco tiempo antes de su muerte, de una casa sita en la calle Saint-Honor\u00e9, ceca del hotel de su nombre. Georges Froger, p\u00e1rroco de Saint-Nicolas-du-Chardonnet, uno de los signatarios de la aprobaci\u00f3n, dada por la Sorbona en 1630, fue delegado por el arzobispo de Par\u00eds para&lt; presidir todas las fundaciones del nuevo instituto. Del que sigui\u00f3 siendo superior hasta su muerte, sucedida en 1647.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Villeneuve fund\u00f3 su primer establecimiento en Vaugirard, donde compr\u00f3 una casa, en nombre de las Hijas de la Cruz y, el 4 de agosto de 1641, a la cabeza de su peque\u00f1a colonia, pronunci\u00f3 los votos simples de castidad perpetua y de obediencia, a los cuales m\u00e1s tarde se uni\u00f3 el de pobreza. A partir de este d\u00eda data el nacimiento de la nueva sociedad de las Hijas de la Cruz. En Julio de 1642, obtuvo letras patentes del rey, que fueron registradas el 3 de setiembre de 1646.<\/p>\n<p>Mientras estaban en Vaugirard, donde ella ayud\u00f3 tambi\u00e9n al abate Olier en los ensayos de su seminario, la se\u00f1ora de Villeneuve quiso extender a la capital el beneficio de la educaci\u00f3n gratuita. Ella compr\u00f3 pues una porci\u00f3n del palacio de las Tournelles, por un importe de 55 000 libras, de las que la se\u00f1ora de Aiguillon pag\u00f3 m\u00e1s de 30 000, y se estableci\u00f3 all\u00ed un segundo emplazamiento.<\/p>\n<p>Nada parec\u00eda faltar ya al nuevo Instituto, ni siquiera la estima de los hombres que le hab\u00edan perseguido en su nacimiento; pero deb\u00eda tener parte tambi\u00e9n en la persona al menos de su segunda fundadora en esta cruz cuyo nombre llevaba. En efecto, la se\u00f1ora de Villeneuve fue devorada por tales penas interiores que se vio tentada a abandonar a otras la direcci\u00f3n de la que acababa de ser revestida. En el exceso de sus males y de sus perplejidades, se dirigi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal, quien tantas veces la hab\u00eda sostenido con sus consejos. El mes de febrero de 1648, ella le escribi\u00f3: \u00abSi Dios quiere, a causa de mi indignidad dejar perecer la obra, lo consiento de mil amores. Estaba dispuesta a ello cuando yo la comenc\u00e9; pero vos mismo no la hab\u00edais juzgado oportuna. He seguido exactamente todo lo que me hab\u00e9is prescrito: a vos corresponde ayudarme en la consumaci\u00f3n de este proyecto. Os suplico pues que acud\u00e1is una vez m\u00e1s a manifestarme las divinas voluntades, a fin de que no me vea enga\u00f1ada por las m\u00edas propias.\u00bb El mes de setiembre del mismo a\u00f1o, ella volvi\u00f3 a la carga: \u00abOs ruego que acud\u00e1is en mi ayuda contra los ataques de Sat\u00e1n y de sus secuaces que han jurado mi ruina. Yo no s\u00e9 qu\u00e9 quiere hacer Dios de m\u00ed, pobre ca\u00f1a batida por tanto tiempo por vientos de la persecuci\u00f3n, sin que nadie haya podido derribarlo ni tampoco moverlo. Tal parece que Dios tiene grandes proyectos sobre m\u00ed, a los que se oponen el mundo y el demonio. Pues \u00bfpor qu\u00e9 tantas fuerzas reunidas contra un soldado tan d\u00e9bil? Ah, porque nadie puede da\u00f1ar al que Dios protege. Esto es lo que me hab\u00e9is ense\u00f1ado, lo que yo he experimentado, y lo que ha enderezado hasta ahora toda mi conducta al servicio de Dios. Os pido vuestras oraciones para el afianzamiento de la Sociedad, si es la obra de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>No se tienen las respuestas de Vicente de Pa\u00fal; pero se adivina el sentido por lo que precede y por lo que va a seguir. Es evidente que \u00e9l anim\u00f3 en su proyecto a la se\u00f1ora de Villeneuve, quien, efectivamente, persever\u00f3 en \u00e9l hasta su muerte, acaecida el 15 de enero del a\u00f1o 1650, a sus cincuenta y tres a\u00f1os.<\/p>\n<p>Esta muerte fue un terrible golpe para la familia tan joven. Era una madre de menos, y ning\u00fan patrimonio para llenar un poco el vac\u00edo de su p\u00e9rdida. Pues la casa estaba gravada con 40 000 libras en deudas, peso bajo el que se doblaban las hermanas y sus amigos. Por otra parte, la comunidad se compon\u00eda de elementos tan diversos, de mol\u00e9culas tan divididas y tan heterog\u00e9neas, que solo el genio de la fundadora parec\u00eda ser capaz de hacer de ello un monumento. Ella, el alma y el cimiento, desaparecida, los agregados deb\u00edan irse cada uno al cuerpo con el que ten\u00eda alguna semejanza, qui\u00e9n a un instituto, qui\u00e9n a otro, y el todo desaparec\u00eda por la disoluci\u00f3n de las partes. Las m\u00e1s c\u00e1lidas protectoras del seminario de la Cruz, , las que hab\u00edan hecho por \u00e9l los sacrificios m\u00e1s generosos, como la duquesa de Aiguillon, no ve\u00edan nada mejor que su reuni\u00f3n con las Hijas de la Providencia, es decir una vida en otra despu\u00e9s de una vida personal. En efecto, la se\u00f1ora de Aiguillon comunic\u00f3 este plan a Vicente de Pa\u00fal, con todas las razones del caso. El santo combati\u00f3 la idea de la duquesa y le dijo: \u00abAunque las hermanas de la Cruz se vieran reducidas a dos o tres, con tal que estuvieran bien unidas, ellas formar\u00edan todav\u00eda una comunidad. Ser\u00eda un poco de levadura que har\u00eda pronto fermentar toda una masa. Por otra parte, dec\u00eda \u00e9l, el Instituto de la Se\u00f1ora de Villeneuve y el de la se\u00f1orita Pollailon se parecen demasiado poco para unirse y los dos pueden ser muy \u00fatiles por separado a la Iglesia.\u00bb<br \/>\nAunque esta respuesta hubiera tranquilizado un poco a la Se\u00f1ora de Aiguillon, no le quit\u00f3 todo el recelo sobre el presente y principalmente sobre el futuro del Instituto. Volvi\u00f3 a San L\u00e1zaro en compa\u00f1\u00eda de otras damas. Muchas asambleas se celebraron con la presencia del santo y casi todas las voces continuaban dirigi\u00e9ndose hacia la supresi\u00f3n o a la uni\u00f3n con otra comunidad. Pero Vicente persist\u00eda en sus primeras respuestas: \u00abEs la obra de Dios, dijo a Abelly, entonces director, como ya hemos dicho, de las Hijas de la Cruz; no conviene destruirla por nada del mundo; el n\u00famero de las hermanas se multiplicar\u00e1; es un riachuelo, pero recibir\u00e1 aguas que le conviertan en un gran r\u00edo.\u00bb Desde entonces renunciaron a toda forma de supresi\u00f3n o de adhesi\u00f3n, y se deliber\u00f3 sobre los medios de asegurar la vida de la familia hu\u00e9rfana. El santo no hall\u00f3 nada m\u00e1s seguro que confiar toda la administraci\u00f3n temporal a una persona quien a la buena voluntad acompa\u00f1ara la inteligencia en los negocios, el valor contra las dificultades, el cr\u00e9dito para procurarse, la piedad sobre todo. El celo por la gloria de Dios y la caridad con el pr\u00f3jimo. su mirada se dirigi\u00f3 sobre Anne Petau, dama de Traversai, hija y viuda sin hijos de un consejero en el Parlamento de Par\u00eds. la Se\u00f1ora de Traversai, nombrada ya entre las m\u00e1s celosas de las Damas de la Asamblea, hab\u00eda fundado ella misma, en 1635, el monasterio de la Concepci\u00f3n, de la calle Saint-Honor\u00e9. A su familia natural, consinti\u00f3 en a\u00f1adir esta familia adoptiva, cuyos intereses ella gestion\u00f3 con una sabidur\u00eda y un afecto que la pusieron muy pronto por encima de las necesidades m\u00e1s urgentes. Por lo dem\u00e1s, se vio ayudada en esto por la duquesa de Aiguillon, que dio tambi\u00e9n m\u00e1s de 14 000 libras, y por algunas damas m\u00e1s de la Asamblea que contribuyeron a liberar a la comunidad del agobio temporal.<\/p>\n<p>Faltaba por arreglar lo espiritual. Vicente de Pa\u00fal se encarg\u00f3 de ello. a la muerte de Froger, en 1647, Andr\u00e9 du Saussay, p\u00e1rroco de Saint-Leu, oficia y gran vicario de Par\u00eds, hab\u00eda sido nombrado superior. Pero al cabo de tres a\u00f1os, llamado a la sede de Toul, dimiti\u00f3 a favor de Abelly, p\u00e1rroco de Saint-Josse, con quien hab\u00eda ya compartido la administraci\u00f3n espiritual y temporal. Vicente comprometi\u00f3 a su disc\u00edpulo a aceptar esta delegaci\u00f3n. Abelly no sab\u00eda m\u00e1s que obedecerle. Tambi\u00e9n, durante quince a\u00f1os (1650-1675), hasta su nombramiento al obispado de Rodez, trabaj\u00f3 en concierto con Vicente en gobernar a las Hijas de la Cruz. \u00c9l les dio un reglamento y constituciones, a las que a\u00f1adi\u00f3 un directorio muy detallado para todos los empleos del seminario. A su partida para Rodez, se sustituy\u00f3 en el superiorato de las Hijas de la Cruz por Armand Poitevin, su sucesor en la parroquia de Saint-Jesse. De vuelta a Par\u00eds en 1675, despu\u00e9s de dimitir de su obispado, y habiendo encontrado la comunidad hu\u00e9rfana todav\u00eda por la muerte de Poitevin, volvi\u00f3 a tomar su direcci\u00f3n y le dio nuevas constituciones que fueron aprobadas por Francisco Harlay, arzobispo de Par\u00eds. El 9 de mayo de 1668, el cardenal de Vend\u00f4me, legado <em>a<\/em> <em>latere<\/em> en Francia, hab\u00eda aprobado en nombre de la Santa Sede, el nuevo instituto.<\/p>\n<p>En el intervalo de estos veinticinco a\u00f1os y siguientes, las Hijas de la Cruz no s\u00f3lo se sostuvieron sino que se extendieron y abrazaron todas las obras de caridad para con las personas de su sexo: escuelas gratuitas, pensionados, asilos para retiros, hospicios en Ruel, en Moulins, en Narbona, en Tr\u00e9guier, en Aiguillon, en Saint Brieuc, en Saint Flour y en Limoges. Ellas devolvieron a las Hijas de Saint-Joseph el servicio que hab\u00edan recibido ellas mimas, al restablecer la regularidad en su disciplina y el orden en su administraci\u00f3n temporal. Ellas dotaron de hermanas al hospital de la Piti\u00e9, y no se retiraron hasta reformarlo todo, y formar maestras capaces de sucederlas. Durante las guerras de Picard\u00eda y de Flandes, prodigaron sus cuidados a estos enjambres numerosos de mujeres y de j\u00f3venes que llegaron a buscar un refugio a Par\u00eds. En esto ellas ayudaron a las Hijas de Vicente y se mostraron dignas de su com\u00fan padre. Ya que, despu\u00e9s de lo se acaba de decir, con raz\u00f3n miraron al santo sacerdote, si no como a su fundador, por lo menos como al reparador y al conservador de su congregaci\u00f3n, como aqu\u00e9l a quien deb\u00edan esta segunda vida que, en los cuerpos, m\u00e1s todav\u00eda que en los individuos, es preferible a la primera, casi siempre tan ef\u00edmera y tan inestable<span id='easy-footnote-49-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-49-109794' title='&lt;em&gt;Hist, de l\u2019\u00e9tablissement et des progr\u00e8s de la congr\u00e9gation des Filles de la Croix, de leur maison, du s\u00e9minaire, au chef-lieu de leur soci\u00e9t\u00e9, \u00e0 Paris sur la paroisse de Saint-Paul, &lt;\/em&gt;por el R. P. Beauvais, 1754, in-fol, Mass. en casa de las Hijas de la Cruz en Limoges.'><sup>49<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Se comprende pues la veneraci\u00f3n de las Hijas de la Cruz por san Vicente de Pa\u00fal y su gratitud por un servicio cuyo desinter\u00e9s solo iguala la importancia. Pues era, al parecer, en detrimento de su Hijas de la Caridad como Vicente favorec\u00eda a las Hijas de la Cruz, ya que unas y otras ten\u00edan tantas obras en com\u00fan, y \u00e9l llamaba a extra\u00f1as y rivales a compartir ventajas y derechos de lo que habr\u00eda podido guardar el monopolio a su familia. Pero la rivalidad cristiana consiste en multiplicar, y no en impedir o suprimir a los cooperadores; todo lo m\u00e1s en luchar con entrega y celo; ahora bien en este \u00faltimo punto, las Hijas de la Caridad no pod\u00edan ser superadas.<\/p>\n<h3>X. <em>Otros servicios prestados a las comunidades de mujeres.<\/em><\/h3>\n<p>Lo que realza todav\u00eda el valor del servicio prestado a las Hijas de la Cruz y el honor de su instituto es que Vicente estaba opuesto en principio a la fundaci\u00f3n de nuevas comunidades. El a\u00f1o 1647, nos proporciona un ejemplo. Un personaje que pose\u00eda un priorato dependiente de la abad\u00eda de Saint-Florent-les-Saumur quer\u00eda, por largos a\u00f1os, reunirlo con el seminario de los Bons-Enfants, sobrecargado por entonces por el mantenimiento de cuarenta sacerdotes externos que no le pagaban apenas unos sueldos, siete al d\u00eda. Pero el arzobispo de Par\u00eds, Francisco de Gondi, no aprob\u00f3 la reuni\u00f3n, creyendo as\u00ed usar de represalias contra Vicente, a quien acusaba de haber empleado su cr\u00e9dito ante la reina para impedir un establecimiento en Lagni. Adem\u00e1s, el arzobispo parec\u00eda poner su aprobaci\u00f3n al precio de un cambio en las disposiciones de Vicente y, por \u00e9l, en las de la reina. con todo su respeto por los prelados de la Iglesia, pero tambi\u00e9n con una firmeza verdaderamente sacerdotal, Vicente le respondi\u00f3 el 8 de setiembre: \u00abEs verdad que la reina, a su regreso de Amiens, me ha hablado de la fundaci\u00f3n de Lagni; es verdad asimismo que yo no la he favorecida, pero he tenido fuertes razones para actuar as\u00ed. Desde hace tiempo se decret\u00f3 en el consejo eclesi\u00e1stico que no se permitir\u00edan ya nuevas fundaciones de religiosas. Se admite que existen demasiadas ya, y Su Majestad recibe con frecuencia quejas. Varias se aniquilan por s\u00ed mismas, y recientemente se han visto formar y desaparecer a seis o siete de esta clase de congregaciones. Algunas incluso han dado esc\u00e1ndalo y levantado murmuraciones. Adem\u00e1s no se conoce lo suficiente la mente de la reina, cuando se la cree capaz de cambiar f\u00e1cilmente. En cuanto a m\u00ed, yo no podr\u00eda arrepentirme ni desdecirme de un consejo que he dado con la \u00fanica mira de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>La vista de Dios, en efecto, la esperanza fundada en el gran bien por la Iglesia, es \u00fanicamente lo que le pod\u00eda determinar a favorecer nuevas fundaciones de mujeres. Adem\u00e1s, \u00e9l ten\u00eda por suficiente bien mirar por la reforma, bien por la buena direcci\u00f3n de las comunidades ya existentes. A esto es a lo que se dedic\u00f3 tambi\u00e9n con ardor en el consejo de conciencia.<\/p>\n<p>Cuando las abad\u00edas ten\u00edan derecho de elecci\u00f3n, se lo conservaba, y se opon\u00eda con firmeza a las intrigas de ciertas religiosas quienes, desesperadas de llegar a la primera l\u00ednea por la v\u00eda de los sufragios, quer\u00edan llegar por el cr\u00e9dito de sus familias y por la autoridad del rey. Lo mismo hac\u00eda con respecto a las abadesas que elegidas por tres a\u00f1os, seg\u00fan la costumbre de sus comunidades, solicitaban patentes de continuaci\u00f3n. En estos casos \u00e9l resist\u00eda a toda autoridad, incluso a la de ciertos obispos que prefer\u00edan la perpetuidad de las superioras antes que el simple car\u00e1cter trienal. \u00abTodas las innovaciones, respond\u00eda, que se hacen contra los usos can\u00f3nicamente establecidos, deben ser tenidas por sospechosas. Por otro lado, las Hijas, por su naturaleza menos firmes en el bien, se olvidan con mayor facilidad en los altos cargos, si se ven establecidas en ellos para siempre. Y eso es por lo general por qu\u00e9 las elecciones se prefieren en sus comunidades a las perpetuas.\u00bb As\u00ed deb\u00eda hablar el santo fundador de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Las necesidades mismas de la reforma no le pod\u00edan inducir a consentir en que no se cambiara nada, sin la venia de la autoridad competente, en el orden legal del nombramiento a los cargos. Hac\u00eda dos siglos que la abad\u00eda de Longchamps, fundada por Margarita, hermana de san Luis, era v\u00edctima de infames des\u00f3rdenes. La divisi\u00f3n se hab\u00eda introducido, ella fue el objeto de muchas demandas ambiciosas. Pero era electiva; y, como el santo se lo escrib\u00eda a la reina el 8 de noviembre de 1651, correspond\u00eda al papa decidir, no al rey. Rog\u00f3 pues a la reina que vigilara tanto m\u00e1s a fin de no dejarse sorprender, que los dos partidos ped\u00edan la reforma. Pero, otra vez m\u00e1s, se necesitaba la intervenci\u00f3n de la autoridad pontificia. La reina deb\u00eda pues mandar a suplicar al papa por medio de su embajador en Roma, puesto que ser\u00eda una gloria para ella contribuir a la reforma de un monasterio desordenado por tanto tiempo.<\/p>\n<p>La abadesa de Longchamps se adelant\u00f3 en la curia, mand\u00f3 presentar al papa una s\u00faplica en la que se expon\u00edan todos los des\u00f3rdenes del monasterio, por desgracia imputables a los franciscanos, que eran sus superiores. Ped\u00eda la exenci\u00f3n de su autoridad y la sumisi\u00f3n al ordinario. El cardenal de la Rochefoucault encarg\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal que se informara en secreto del contenido de la s\u00faplica. Tras informaci\u00f3n seria, Vicente respondi\u00f3, el 26 de octubre de 1652, que la s\u00faplica estaba conforme con la verdad. \u00c9l apoy\u00f3 pues sus cl\u00e1usulas, a condici\u00f3n de que el ordinario nombrar\u00eda, para tres a\u00f1os tan s\u00f3lo, con derecho a continuarlo tres a\u00f1os m\u00e1s, a un visitador secular o regular, no franciscano sin embargo, a quien investir\u00eda, salvo recursos a \u00e9l, con plenos poderes para establecer la reforma; despu\u00e9s de lo cual, la religiosas podr\u00edan elegir, cada tres a\u00f1os, a tres personas entre las cuales el ordinario escoger\u00eda a un visitador<span id='easy-footnote-50-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-50-109794' title='Bib.,imp., fr.,540\/lo, 2 fol. 471.'><sup>50<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>En Autun, exist\u00eda una abad\u00eda de religiosa de la orden de San Benito, que, al cabo de varios a\u00f1os, se hab\u00eda convertido en una sentina de vicios. Vicente no pudo sufrir la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n en el lugar santo. Ni el nacimiento de la abadesa, ni el cr\u00e9dito de sus padres en la corte pudieron apartarle de la obra de la reforma. Insisti\u00f3 ante la reina madre, y de una casa de esc\u00e1ndalo y de desorden, hizo muy pronto una estancia de edificaci\u00f3n y de santa regularidad<span id='easy-footnote-51-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-51-109794' title='Carta de Gabriel de Roquette a Clemente XI, del 3 de marzo de 1702.'><sup>51<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Cuando ven\u00edan a vacar abad\u00edas para el nombramiento del rey, eran solicitadas al punto por personas con cr\u00e9dito, en nombre de servicios hachos al Estado, o tan s\u00f3lo por el nacimiento. Era Vicente quien aguantaba el primer asalto. Pero nobleza y m\u00e9ritos de los padres no pod\u00edan, naturalmente, suplir a sus ojos a las cualidades de las j\u00f3venes a quienes se quer\u00eda colocar a la cabeza de las comunidades.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, al cambiar simplemente los g\u00e9neros, tendremos que reproducir la mayor parte de las escenas relatadas antes con ocasi\u00f3n de los beneficios y de las prelaturas. Nada faltar\u00eda ni siquiera el taburete lanzado a la cabeza de Vicente por una dama a cuya hija le hab\u00eda puesto trabas, m\u00e1s novicia que abadesa, y a quien hab\u00eda ido a visitar para razonar y no pensar en abad\u00edas. \u00abDios sea bendito por la peque\u00f1a confusi\u00f3n que acabo de evitar para su gloria!\u00bb \u00e9sa fue su respuesta.<\/p>\n<p>De t\u00eda a sobrina, una abad\u00eda parec\u00eda hereditaria en una gran familia, Vicente acab\u00f3 por romper la l\u00ednea de este singular orden de sucesi\u00f3n. El cabeza de familia vino a quejarse a San L\u00e1zaro. En efecto, era hacerle mal. Desde hacia tiempo, la abad\u00eda le serv\u00eda de casa de placer. Marido, mujer, hijos y colaterales se reun\u00edan all\u00ed varias veces al a\u00f1o y se daban buenos banquetes a expensas de la comunidad. Sus gastos de placer figuraban entre lo necesario de las pobres religiosas que, condenadas al secreto, no pod\u00edan otra cosa que aguantarse sin quejas. La muerte de la abadesa las hab\u00eda dado la libertad. Temiendo con raz\u00f3n que, si la sobrina reemplazaba otra vez a la t\u00eda, la sucesi\u00f3n fuera para ellas la continuaci\u00f3n de sus males, ellas lo hab\u00edan hecho todo para obtener otra superiora.<\/p>\n<p>Vicente no declino la responsabilidad del consejo que hab\u00eda dado a la reina y trato de hacer convencer al padre de los motivos de conciencia que le hab\u00edan movido.<\/p>\n<p>La calma misma del santo no hizo sino cargar la tormenta, que estall\u00f3 en c\u00f3lera, en injurias y en amenazas; pero nada pudo mover ni alterar su serenidad. Se alegr\u00f3 interiormente de haber sido considerado digno de sufrir persecuciones por la justicia y, ni en esta circunstancia ni en ninguna otra, pens\u00f3 en quejarse, menos a\u00fan en vengarse de sus perseguidores. \u00c9l tambi\u00e9n, despu\u00e9s de tomar su resoluci\u00f3n, segu\u00eda su camino; echaba por tierra, cortaba todos los abusos, y luego lo cubr\u00eda todo con su paciencia y con su caridad.<\/p>\n<p>Nunca le debi\u00f3 costar tanto por seguir fiel a este plan de conducta, como en una ocasi\u00f3n en que tuvo que resistir a las peticiones de Adri\u00e1n Le Bon, el antiguo prior de San L\u00e1zaro, a quien hab\u00eda profesado tanto respeto y gratitud. Por sus consejos y orden de la reina hab\u00eda sido encerrada una abadesa de alta condici\u00f3n, pero que hab\u00eda dado a sus esc\u00e1ndalos una publicidad igual a la de su nacimiento. El prior que ten\u00eda mucho que agradecer a esta religiosa, fue encargado por ella de trabajar en su liberaci\u00f3n. \u00c9l lo acept\u00f3 de muy buena gana, porque este asunto como en cualquier otro, \u00e9l cre\u00eda que con una palabra a Vicente obtendr\u00eda su libertad. Cu\u00e1l no fue su sorpresa cuando vio no solamente su primera propuesta, sino todas sus instancias fracasar contra la negativa obstinada del santo hombre. Tranquilo y respetuoso, pero inquebrantable, Vicente se contentaba con responder: \u00abYo no lo podr\u00eda sin traicionar mi conciencia; os suplico pues muy humildemente que me excus\u00e9is. \u2013Qu\u00e9, Se\u00f1or, exclam\u00f3 entonces el prior lesionado, \u00bfas\u00ed me trat\u00e1is, despu\u00e9s de regalaros mi casa? \u00bfEs \u00e9ste vuestro agradecimiento por todo los bienes que os he hecho a vos y a vuestra Compa\u00f1\u00eda? \u2013Es verdad, replic\u00f3 Vicente entristecido hasta el fondo del alma; es verdad que nos hab\u00e9is colmado de bienes y de honor, que os tenemos las mismas obligaciones que los hijos a su padre; pero por favor os pido, Se\u00f1or, que lo recuper\u00e9is todo, si, a vuestro juicio, no nos lo merecemos sino al precio de Dios y de nuestra conciencia.\u00bb El prior se call\u00f3 y se retir\u00f3 descontento. Algunos d\u00edas despu\u00e9s, \u00e9l mismo fue informado, sin ning\u00fan g\u00e9nero de duda, de los comportamientos escandalosos de la abadesa y de la injusticia de sus reclamaciones. Arrepentido con nobleza, se fue enseguida a ver al santo sacerdote, y arroj\u00e1ndose a sus pies: \u00abPerdonadme, le dijo, la precipitaci\u00f3n del juicio pronunciado contra vos, No ced\u00e1is en nada por m\u00ed, os lo ruego, de la justa pena impuesta a la culpable.\u00bb Vicente, de rodillas \u00e9l tambi\u00e9n, concedi\u00f3 muy confundido el perd\u00f3n pedido, y se reserv\u00f3, si hubiera sido necesaria, una justificaci\u00f3n todav\u00eda m\u00e1s triunfante. La abad\u00eda a la que se hab\u00eda quitado a esta indigna superiora, hab\u00eda seguido sus ejemplos de lleno, era una sentina de vicios. Purgada de esta influencia manifiesta, pronto se convirti\u00f3, por los cuidados de Vicente en un santuario de virtud y de piedad<span id='easy-footnote-52-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-52-109794' title='&lt;em&gt;Sum&lt;\/em&gt;., p. 124.'><sup>52<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Los abusos que trataba de desarraigar el santo sacerdote en las comunidades de mujeres eran de m\u00e1s de una clase. As\u00ed, la abadesas, bajo pretexto de edad o de debilidad, ped\u00edan para coadjutoras, con futura sucesi\u00f3n, a sus hermanas, a sus sobrinas u otras parientes. Estas ternuras, estos c\u00e1lculos humanos, fueron siempre desbaratados por Vicente de Pa\u00fal. Vacantes por muerte, las abad\u00edas pod\u00edan ser reformadas por una nueva superiora libremente elegida; las coadjutor\u00edas no eran m\u00e1s que la sucesi\u00f3n del relajamiento y de la indisciplina.<\/p>\n<p>Los mismo suced\u00eda en las renuncias, cuando se mezclaban con demasiada frecuencia el inter\u00e9s de familia o la ambici\u00f3n. Vicente no las hac\u00eda admitir hasta despu\u00e9s de examen riguroso de los documentos.<\/p>\n<p>Si, contra su consejo, se pon\u00eda al frente de los monasterios a abadesas o prioras incapaces, al menos consegu\u00eda de ellas que pasaran alg\u00fan tiempo en comunidades fervorosas para llenarse del esp\u00edritu de su estado y de las cualidades de su puesto. As\u00ed fue como hizo a menudo admitir como pensionistas a abadesas y coadjutoras en las casas de la Visitaci\u00f3n, cuya regularidad \u00e9l bien conoc\u00eda. Hab\u00eda desorden y divisi\u00f3n en los monasterios, pues lograba que se nombrara a personas de virtud y de experiencia, provistas de la autoridad del rey, para introducir en ellos el orden y la paz; o bien hac\u00eda que se ordenara a los obispos y a los superiores que vigilaran por la ejecuci\u00f3n de los reglamentos.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hizo con las abad\u00edas de Perrigne y de Estival, en la di\u00f3cesis del Mans, ambas metidas en un gran desorden. En Estival, donde estaban las religiosas de San Benito, la abadesa Claire Nau, llegada de Pont-aux-Dames, en la di\u00f3cesis de Meaux, estaba en proceso con el obispo, a quien acusaba de fomentar un partido contra ella. Vicente inform\u00f3 a la reina, quien dio orden a cuatro religiosas de la madre Margarita de Arbouze para que se trasladaran a Estival con el consentimiento del santo obispo que ocupaba por entonces la sede del Mans, \u00c9mery Marc de la Fert\u00e9, y de la abadesa misma, Margarita de Arbouze, pariente del Ministro de Justicia de Marillac, aliada por consiguiente de la Srta. Le Gras, era la reformadora del Val-de-Gr\u00e2ce, que hab\u00eda mandado transferir a Par\u00eds. Por s\u00ed misma o por sus Hijas, era encargada con frecuencia de llevar a los dem\u00e1s monasterios la reforma que ella hab\u00eda establecido en el suyo; o bien las abadesas ven\u00edan a instruirse a su escuela y beber en su casa el esp\u00edritu de su estado<span id='easy-footnote-53-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-53-109794' title='Ver su &lt;em&gt;Vida&lt;\/em&gt;, por Fleury, 1684, in-8\u00ba.'><sup>53<\/sup><\/a><\/span>. Estival sufri\u00f3 felizmente, en 1648, la influencia de sus hijas, y la paz sucedi\u00f3 a demasiado largas disensiones. En cuanto a la abad\u00eda de la Perrigne, de la orden de San Agust\u00edn, Vicente envi\u00f3 all\u00ed a otra c\u00e9lebre reformadora, a la madre Louise-Eug\u00e9nie de Fontaines, hija de un secretario del rey, que, convertida por el P. Athanase Mol\u00e9, hab\u00eda entrado, en 1630, en el convento de la visitaci\u00f3n de la calle Saint-Antoine, donde se capt\u00f3 la estima y la confianza de varios prelados, de las princesas y de las damas m\u00e1s distinguidas. Fue encargada tambi\u00e9n de restaurar el orden en algunas abad\u00edas. Y lo consigui\u00f3 en todas partes, solamente Port-Royal fue un fracaso<span id='easy-footnote-54-109794' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-8-capitulo-1\/#easy-footnote-bottom-54-109794' title='Ver su &lt;em&gt;Vida, &lt;\/em&gt;por una religiosa del propio convento, in-12.'><sup>54<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Otra religiosa de la Visitaci\u00f3n, la madre Ang\u00e9lica l\u2019Huillier, restableci\u00f3 tambi\u00e9n la calma, siempre a las \u00f3rdenes de Vicente, en el monasterio de la Concepci\u00f3n de la calle Saint-Honor\u00e9. Por lo dem\u00e1s, ser\u00eda muy largo y demasiado mon\u00f3tono enumerar todas las abad\u00eda que debieron a nuestro santo la paz despu\u00e9s de las disensiones, el orden despu\u00e9s de la indisciplina; todas aquellas a las que preserv\u00f3 de los errores dogm\u00e1ticos o de las doctrinas de una falsa y peligrosa espiritualidad. Pues, al mismo tiempo que velaba por su disciplina interior, las proteg\u00eda contra todos los enemigos del exterior. Ya se ha visto c\u00f3mo las form\u00f3 en el jansenismo. Por el mismo tiempo, ahog\u00f3 un acta de iluminados que hab\u00eda tenido su origen en Espa\u00f1a a finales del siglo anterior, y que deb\u00eda renacer algo m\u00e1s tarde en la persona de Molinos. Estos nuevos m\u00edsticos, estos fan\u00e1ticos m\u00e1s bien, hab\u00edan encontrado medios de salvaci\u00f3n que la antig\u00fcedad ignor\u00f3 siempre, por medio de los cuales quer\u00edan reformar la piedad de la Iglesia. Pretend\u00edan no proceder ni de san Pedro, hombre con los pies en el suelo que no hab\u00eda conocido nunca las v\u00edas sublimes por donde el alma llega a la deificaci\u00f3n; ni siquiera de san Pablo, cuyas doctrinas en materia de devoci\u00f3n y de espiritualidad les parec\u00edan del todo inferiores. Era en las revelaciones nuevas donde se gloriaban de haber recibido los verdaderos principios de la piedad..<\/p>\n<p>Perseguidas con vigor bajo Luis XIII, estas perniciosas enso\u00f1aciones, volvieron a presentarse, singularmente en las di\u00f3cesis de Par\u00eds y de Bazas, a favor de las revueltas de la minor\u00eda de Luis XIV, y como suele suceder, trataron de insinuarse en los monasterios de Monjas. Ya la seducci\u00f3n se hab\u00eda ganado a un gran n\u00famero de almas, cuando Vicente de Pa\u00fal, informado a tiempo, envi\u00f3 a los monasterios a personas sabias y virtuosas y mostrar el peligro de estas falsas m\u00e1ximas, y mand\u00f3 vigilar de tan cerca a los nuevos dogmatizadores que asustados se volvieron una vez m\u00e1s a la sombra.<\/p>\n<p>No son los \u00fanicos servicios prestados a la religi\u00f3n por Vicente de Pa\u00fal durante la regencia de Ana de Austria. Se ha visto en el primer volumen lo que hizo contra la blasfemia y contra el duelo. Puso freno a la licencia de una prensa imp\u00eda e inmoral; la insolencia de las tropas que, menos preocupadas por lo sagrado que por lo profano, asolaban los templos, ultrajaban a las personas consagradas a Dios y alejaban de s\u00ed la bendici\u00f3n celestial de las armas reales. Incapaz de abolir la comedia, autorizada por tan grandes ejemplos, favorecida por dos ministros pr\u00edncipes de la Iglesia, hizo prohibir al menos las escenas demasiado indecentes y demasiado escandalosas. Por \u00faltimo obtuvo de la reina que un virtuoso eclesi\u00e1stico de su conferencia fuera a visitar a los prisioneros de Estado de la Bastilla, hasta entonces abandonados, y los dispusiera mediante su reconciliaci\u00f3n con Dios, a entrar en los favores del rey.<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s grande, mucho m\u00e1s saludable todav\u00eda a la Iglesia de Francia habr\u00eda sido el papel de san Vicente de Pa\u00fal durante estos veinte a\u00f1os, si se hubiera dejado toda la libertad a su celo. Pero pronto la oposici\u00f3n \u00edntima entre sus vistas y las de Mazarino estall\u00f3 al exterior, y pas\u00f3 a las actas del consejo y del gobierno. Mientras uno no buscaba m\u00e1s que a Dios y los intereses de la religi\u00f3n, el otro no ve\u00eda m\u00e1s que los intereses de su ambici\u00f3n y de su pol\u00edtica, a los cuales subordinaba si era necesario a Dios y a la Iglesia misma; dos l\u00edneas de conducta, bien se ve, entre las cuales estaba toda la distancia entre el cielo y la tierra.<\/p>\n<p>Para comprenderlo bien, es necesario remontarse hasta Richelieu, de quien Mazarino no era, con un genio y medio diferentes, m\u00e1s que el continuador. Hasta Richelieu tambi\u00e9n se remontaba la oposici\u00f3n de Vicente, a quien todos los favores del gran cardenal no hab\u00edan podido desarmar. A esta altura tambi\u00e9n, nos es preciso volver sobre nuestros pasos para cpmprender toda la pol\u00edtica del santo y del partido religioso en esta \u00e9poca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libro VIII. El consejo de Conciencia Cap\u00edtulo Primero: Servicios hechos a la Iglesia I. Muerte de Luis XIII. 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