{"id":101803,"date":"2015-05-15T02:41:43","date_gmt":"2015-05-15T00:41:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=101803"},"modified":"2016-07-26T17:21:22","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:22","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-4","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-4\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 4"},"content":{"rendered":"<h2>4<\/h2>\n<h3><strong>(1626)<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Aunque poco, el peque\u00f1o grupo de dos creci\u00f3 pronto, pues ya en los primeros meses del a\u00f1o siguiente, 1626, viv\u00edan en los Buenos Hijos otros dos sacerdotes, Juan de la Salle y Francisco du Coudray, ambos de la di\u00f3cesis de Amiens, de cuarenta a\u00f1os el segundo y de s\u00f3lo veintiocho el primero. En cuanto a Portail, ten\u00eda treinta y seis a\u00f1os, diez menos que el fundador.<\/p>\n<p>De estos pocos meses \u00faltimos de 1625 y primeros de 1626, en que todo lo que hab\u00eda de Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n eran \u00e9l mismo y Portail, hablaba en su ancianidad el se\u00f1or Vicente como de tiempos que hab\u00edan sido sencillos v felices, y que \u00e9l recordaba con una gran nostalgia. Se a\u00f1ad\u00eda a la pareja misionera un buen sacerdote \u00abal que d\u00e1bamos cincuenta escudos\u00bb. Al salir de Par\u00eds dejaban la llave del colegio al vecino, o le rogaban que durmiera en \u00e9l para guardarlo, y se iban los tres de aldea en aldea a dar sus misiones. El andar misionando de aldea en aldea, cosa que hab\u00eda estado haciendo durante los \u00faltimos siete a\u00f1os, se hab\u00eda hecho connatural a su forma de vivir el sacerdocio, de manera que cuando la necesidad de descanso se impon\u00eda y volv\u00eda al retiro de los Buenos Hijos \u00abme parec\u00eda -contaba tres a\u00f1os antes Je morir- que al acercarme a Par\u00eds se iban a caer sobre m\u00ed las puertas de la ciudad para aplastarme\u00bb. Porque, se dec\u00eda, \u00abt\u00fa vuelves a Par\u00eds, y hay otras muchas aldeas que est\u00e1n esperando de ti lo que acabas de hacer aqu\u00ed y all\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente fue la fundaci\u00f3n, consolidaci\u00f3n y crecimiento de la congregaci\u00f3n que \u00e9l mismo fund\u00f3 precisamente para misionar el mundo campesino lo que hizo cada vez menos frecuente su participaci\u00f3n personal en las misiones. Eso se debi\u00f3 sobre todo a las necesidades de gobierno de una congregaci\u00f3n que creci\u00f3 con cierta rapidez y que, adem\u00e1s, a\u00f1adi\u00f3 al trabajo inicial de misiones rurales y asistencia a los galeotes otras actividades no previstas en el proyecto primero. A\u00f1\u00e1dase a todo ello la variedad de obras y actividades que fueron cayendo sobre sus hombros y su mesa de trabajo a medida que a partir de 1633 su figura fue haci\u00e9ndose conocida, respetada y admirada. No se puede asegurar cu\u00e1ndo dej\u00f3 de dar misiones de una manera continuada, pero parecer\u00eda que pronto despu\u00e9s de su traslado a San L\u00e1zaro en 1632, pues a partir de esa fecha aparecen rastros muy escasos de ellas en su voluminosa correspondencia. Movido sin duda por la nostalgia de a\u00f1os m\u00e1s j\u00f3venes, una vez, teniendo 73 a\u00f1os, se escap\u00f3 literalmente de San L\u00e1zaro, estando d\u00e9bil y enfermo, a una peque\u00f1a aldea para ayudar a dar una misi\u00f3n. Esta fuga, la \u00faltima de su vida, cre\u00f3 un revuelo de quejas y protestas entre gente principal, que acus\u00f3 a los misioneros de San L\u00e1zaro de no darse cuenta del tesoro que ten\u00edan en casa, y permit\u00edan que pusiera en riesgo su vida con las duras condiciones que exig\u00eda el misionar en aldeas pobres. Esta gente principal, llegada tarde a la vida del se\u00f1or Vicente, nunca pudo sospechar que lo que buscaba con nostalgia en su ancianidad el se\u00f1or Vicente en aldeas perdidas era el verdadero tesoro de su vida y el de la congregaci\u00f3n que hab\u00eda fundado a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>Los tiempos sencillos y felices duraron poco. La presencia de dos sacerdotes m\u00e1s planteaba ya la necesidad de dar alg\u00fan tipo de estructura formal a aquel peque\u00f1o grupo misionero, cosa que se hizo en setiembre de 1626 en documento que redact\u00f3 Vicente y escribi\u00f3 du Coudray con su letra de hombre culto y muy bien educado, y que firmaron los cuatro ante notario. La naturaleza jur\u00eddica exacta sigue siendo poco definida, pues una vez m\u00e1s se califica al grupo vagamente de \u00abcongregaci\u00f3n, compa\u00f1\u00eda o cofrad\u00eda\u00bb. El fin se define escuetamente como \u00abtrabajar por la salvaci\u00f3n del pueblo pobre del campo\u00bb. Los tres nuevos miembros se comprometen a obe\u00addecer a Vicente y a sus sucesores y a observar el reglamento o regla de vida, que, dice el documento, hab\u00eda sido escrito ya por el fundador.<\/p>\n<p>Firmado el documento y comprometidos en firme les pareci\u00f3 a los cuatro una buena idea el subir en peregrinaci\u00f3n a Montmartre, como en otros tiempos y en circunstancias parecidas lo hicieran Ignacio de Loyola y sus primeros compa\u00f1eros. Pero parece que al Se\u00f1or no le pareci\u00f3 la idea buena del todo, y no pudieron subir m\u00e1s que tres. El cuarto, Vicente mismo, tuvo que conformarse con las ganas de peregrinar por encontrarse enfermo el d\u00eda fijado para la peregrinaci\u00f3n. Puede que hubiera en este hecho una discreta iron\u00eda del Se\u00f1or para mostrar que no quer\u00eda que Vicente imitara lo que hizo Ignacio, para hacerle ver al gasc\u00f3n que lo que hab\u00eda fundado no deb\u00eda ser en manera alguna una copia, y ni siquiera una variaci\u00f3n, de lo que hab\u00eda hecho el vasco. Y el Se\u00f1or se lo dijo disimuladamente oblig\u00e1ndole a quedarse en cama.<\/p>\n<h3><strong>(1627)<\/strong><\/h3>\n<p>De hecho la sombra de Ignacio y su obra siguieron influyendo fuertemente en m\u00faltiples detalles de la configuraci\u00f3n posterior de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Vicente admiraba altamente a la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas y a su fundador. Con frecuencia presentaba a los jesuitas y su manera de vivir como modelos para diversos aspectos de las vidas de los misioneros. Consultaba con frecuencia a padres jesuitas de prestigio sobre aspectos de su vida con la idea de que le inspirasen para ir con\u00adfigurando la forma de vida de sus propios hombres. Esta influencia se dej\u00f3 sentir incluso en algunos pocos aspectos concretos copiados de las constituciones de san Ignacio y puestos en lo que iba a ser el reglamento definitivo de la Congrega\u00adci\u00f3n de la Misi\u00f3n durante siglos, las Reglas o Constituciones comunes de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. No le fue posible a Vicente, como no les ha sido posible a tantos fundadores y fundadoras de tiempos posteriores hasta ayer mismo, sus\u00adtraerse a la influencia de una orden como la de san Ignacio que naci\u00f3 con una personalidad fuerte y fuertemente estructurada, con un estilo que prob\u00f3 ser desde el mismo comienzo muy adecuado para los tiempos post-medievales y modernos.<\/p>\n<p>Sin embargo parecer\u00eda en principio que no ten\u00edan que haberse dado tales influencias en el caso de la obra del se\u00f1or Vicente. Est\u00e1n primero las divergencias de origen social, temperamento personal y educaci\u00f3n, divergencias muy grandes entre los dos fundadores. Pero son m\u00e1s importantes a\u00fan las divergencias, que casi llegan a oposici\u00f3n, en el car\u00e1cter propio de ambas fundaciones. En la de san Ignacio predomina ya desde las mismas constituciones una estrategia pastoral que prefiere el trabajo entre las gentes cultas y las clases dirigentes con la esperanza de que de ellas descender\u00e1 una influencia benigna hacia los estratos inferiores de la so\u00adciedad. Vicente de Pa\u00fal escoge precisamente como campo de su actuaci\u00f3n las clases m\u00e1s bajas de la sociedad, que ni siquiera ser\u00edan lo que en t\u00e9rminos actuales se denomina proletariado. Este estar\u00eda constituido en su tiempo por los artesanos, miembros de los gremios laborales, peque\u00f1os comerciantes. Vicente de Pa\u00fal es\u00adcogi\u00f3 como campo de acci\u00f3n lo que Marx calificar\u00eda despectivamente como lumpenproletariat, el subproletariado: galeotes, ni\u00f1os abandonados, ancianos sin me\u00addios de vida jubilados forzosamente del trabajo por edad o enfermedad, esclavos, campesinos explotados y expulsados de sus tierras. De hecho Vicente de Pa\u00fal se movi\u00f3 \u00e9l mismo entre las altas y alt\u00edsimas clases sociales mucho m\u00e1s que Ignacio de Loyola, pero no para trabajar entre ellas, como no fuera para ense\u00f1arles el duro, estrecho y exigente camino que propone el evangelio a los ricos si quieren salvarse, sino porque s\u00f3lo en manos de los ricos se encontraban en aquel tiempo los medios econ\u00f3micos necesarios para llevar a cabo su trabajo entre los pobres.<\/p>\n<p>Pero, a decir verdad, sus relaciones con los ricos son muy personales y suyas, y poco vividas por los miembros de las dos comunidades que fund\u00f3. Adem\u00e1s su obra maestra, la que result\u00f3 ser la m\u00e1s eficiente y original en el trabajo de la redenci\u00f3n de los pobres, las hijas de la caridad, s\u00f3lo al principio cont\u00f3 con el poder, el tener o el saber de los ricos de su tiempo; se bas\u00f3 fundamentalmente en la fragilidad y el trabajo de campesinas analfabetas. Cada santo tiene su carisma, y el carisma es algo que el Esp\u00edritu Santo da a quien quiere. Todo esto es cierto; pero a\u00fan sabi\u00e9ndolo y admiti\u00e9ndolo no acaba uno de imaginarse a san Ignacio de Loyola, por m\u00e1s esfuerzos de imaginaci\u00f3n que se hagan, como fundador de una instituci\u00f3n parecida a la de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Por todo ello es tanto m\u00e1s sorprendente el que en el proceso de estructuraci\u00f3n de una compa\u00f1\u00eda como la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se dejara sentir en tantos aspectos la influencia de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. No es que pretendamos insinuar, y a\u00fan menos afirmar, que Vicente de Pa\u00fal tuviera en cuenta expresamente el modelo de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas siempre que aceptaba, o exclu\u00eda, como a veces tambi\u00e9n hizo, alg\u00fan aspecto de ella para su propia congregaci\u00f3n. Pero ah\u00ed estaba la Compa\u00f1\u00eda, con su prestigio y con sus a\u00f1os de existencia, que ofrec\u00eda un modelo de vida original en bastantes aspectos, incluso fundamentales, en relaci\u00f3n a formas de vida comunitaria m\u00e1s antiguas. Ah\u00ed estaba funcionando, y funcionando bien a pesar de los fallos y de las muchas importantes oposiciones. El copiar de ella o dejarse inspirar por ella aun sin pretenderlo era casi inevitable para cualquier fundador. Berulle, aunque atra\u00eddo por el modelo jesu\u00edtico en su juventud, consigui\u00f3 evitarlo en su fundaci\u00f3n del Oratorio, pero para ello tuvo que copiar otro modelo, el creado por san Felipe Neri, que aunque fundado algo despu\u00e9s que la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas lo fue sobre presupues\u00adtos totalmente diferentes de los de \u00e9sta.<\/p>\n<p>A pesar de ser disc\u00edpulo agradecido, aunque independiente desde hac\u00eda a\u00f1os, Vicente deliberadamente no quiso seguir el modelo de Berulle., sino abrirse un camino propio y diferente, que ten\u00eda aspectos de indudable originalidad, pero que no pudo evitar influencias del modelo jesu\u00edtico. Y as\u00ed, aunque Vicente conoc\u00eda bien la oposici\u00f3n de Berulle a que sus sacerdotes hicieran votos bas\u00e1ndose en la teor\u00eda, no del todo descaminada, de que el sacramento del orden es fundamento m\u00e1s s\u00f3lido y exigencia m\u00e1s fuerte de santidad que cualquier profesi\u00f3n de consejos evang\u00e9licos, Vicente y sus hombres, sacerdotes, acabaron haciendo votos, en principio de manera totalmente privada y voluntaria, casa que se empez\u00f3 ya a hacer probablemente en el a\u00f1o 1627, pero con el tiempo de forma obligatoria y sancionada por la misma autoridad romana.<\/p>\n<p>La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n naci\u00f3 como entidad exclusivamente clerical, pero tambi\u00e9n pronto, en el mismo a\u00f1o de 1627, se uni\u00f3 al grupo de sacerdotes un hermano, lego y por supuesto no ordenado, muy \u00fatil para trabajos dom\u00e9sticos y para asegurar la autarqu\u00eda de la comunidad en las necesidades materiales, aunque poco adecuado para el trabajo misionero que motiv\u00f3 la fundaci\u00f3n de la comunidad. Con lo cual, lo que hab\u00eda comenzado por ser estrictamente un grupo m\u00f3vil sa\u00adcerdotal fue tomando la forma externa de una tradicional comunidad religiosa autosuficiente, compuesta de dos clases de personas: las que cumplen directamente el fin para el que se ha fundado y las que les ayudan a cumplirlo con su trabajo dom\u00e9stico.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no dej\u00f3 jam\u00e1s de insistir en el car\u00e1cter plenamente secular de su congregaci\u00f3n. En efecto, su mismo origen como sacerdote era secular y diocesano, e igualmente lo era el de los otros tres que firmaron con \u00e9l en 1626, y tambi\u00e9n el de numerosos candidatos que llamaron a las puertas de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en a\u00f1os sucesivos. Todos dejaban de ser diocesanos al ingresar en ella, pero segu\u00edan siendo seculares. Eso era lo m\u00e1s nuevo del experimento del se\u00f1or Vicente en el aspecto jur\u00eddico que defin\u00eda el status de los misioneros en el conjunto de la iglesia. Pero su misma insistencia sobre el car\u00e1cter secular de la congregaci\u00f3n que hab\u00eda fundado es un indicio muy claro de que hab\u00eda que insistir en ello porque la cosa no aparec\u00eda tan clara ni dentro ni fuera de casa. En suma, el experimento del se\u00f1or Vicente al fundar la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n result\u00f3 ser, con el paso de los a\u00f1os, un experimento de car\u00e1cter un poco ambiguo, algo a medio camino entre Berulle e Ignacio de Loyola, en conjunto m\u00e1s cerca de \u00e9ste que de aquel.<\/p>\n<p>Que iba a resultar ser as\u00ed lo vieron claramente las autoridades romanas y se lo dijeron expresamente al se\u00f1or Vicente cu\u00e1ndo, despu\u00e9s de una primera aprobaci\u00f3n en 1627 a su proyecto en virtud del cual su grupo misionero de sacerdotes seculares quedaba sometido a la autoridad del arzobispo de Par\u00eds, le rechazaron un segundo plan advirti\u00e9ndole que dar\u00eda en \u00abuna nueva religi\u00f3n (orden religiosa) m\u00e1s que una Misi\u00f3n\u00bb. Efectivamente, Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda solicitado en este segundo plan presentado en junio de 1628 cosas t\u00edpicas de las \u00f3rdenes religiosas, tales como el que fuera \u00e9l mismo reconocido como superior general y se le diera poder para redactar reglas, y otros poderes similares de que gozan los \u00absuperiores generales de congregaciones semejantes\u00bb; la facultad de admitir miembros laicos; la exenci\u00f3n de casas e individuos en relaci\u00f3n a la autoridad local episcopal, y dependencia directa de la Santa Sede; autonom\u00eda total en la administraci\u00f3n de bienes. Todo esto acab\u00f3 consigui\u00e9ndolo cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1633, de la misma autoridad romana que antes se lo hab\u00eda denegado, y al hacerlo se dio definitivamente cuerpo jur\u00eddico y existencia legal a una congregaci\u00f3n o sociedad -as\u00ed se la califica defi\u00adnitivamente ya en la petici\u00f3n de aprobaci\u00f3n del segundo plan, el rechazado en 1628- de car\u00e1cter algo ambiguo, ni plenamente secular ni plenamente religioso.<\/p>\n<h3><strong>(1628)<\/strong><\/h3>\n<p>A aumentar la ambig\u00fcedad contribuy\u00f3 tambi\u00e9n la creciente complicaci\u00f3n de actividades que fueron cayendo con los a\u00f1os en manos de lo que hab\u00eda nacido como un grupo sacerdotal sin m\u00e1s objeto que dar misiones en el mundo rural y trabajar entre los galeotes. La primera actividad nueva no prevista en el acta de asociaci\u00f3n de 1626 fue la dedicaci\u00f3n a la formaci\u00f3n del clero diocesano. El mismo Vicente nos cuenta c\u00f3mo y por qu\u00e9 entr\u00f3 en su vida y en la de su congregaci\u00f3n esta actividad, en la que \u00e9l nos asegura no hab\u00eda pensado, ni antes ni despu\u00e9s de fundar, como actividad a la que \u00e9l o su congregaci\u00f3n fueran llamados por Dios. Hay que tomar en serio esta afirmaci\u00f3n de Vicente pues un mes s\u00f3lo antes de que \u00e9l mismo diera el primer retiro a ordenandos en Beauvais en septiembre de 1628 presentaba a Roma una segunda redacci\u00f3n de su segundo plan, el que resultar\u00eda rechazado, en la que no se menciona para nada la dedicaci\u00f3n de su grupo misionero a la formaci\u00f3n de cl\u00e9rigos, lo que demuestra palmariamente que no hab\u00eda tenido hasta entonces intenci\u00f3n alguna de dedicar a ello a los que se hab\u00edan asociado a \u00e9l para el trabajo de misiones.<\/p>\n<p>Que hab\u00eda una necesidad urgente de dedicarse a formar buen clero en la iglesia de Francia, eso lo sab\u00eda \u00e9l muy bien desde hac\u00eda muchos a\u00f1os y lo pod\u00eda ver cualquiera. El mismo hab\u00eda sido un caso de sacerdote formado, mal formado, apresuradamente y por motivos poco leg\u00edtimos. Entre sus amigos hab\u00eda ya quien desde hac\u00eda a\u00f1os se dedicaba a la formaci\u00f3n del clero con \u00e9xito, en particular Berulle. Pero el que llegara Vicente a pensar en ello como actividad posible para s\u00ed mismo y su congregaci\u00f3n misionera comenz\u00f3 inesperadamente por una suge\u00adrencia del obispo de Beauvais, en cuya di\u00f3cesis Vicente hab\u00eda dado misiones y con quien hab\u00eda hablado repetidas veces sobre el lastimoso estado del clero del tiempo y los posibles medios para remediarlo.<\/p>\n<p>Fue idea del obispo reunir en retiro en su propia casa a los ordenandos de su di\u00f3cesis durante unos d\u00edas para que antes de la fecha de ordenaci\u00f3n se entrenaran aunque s\u00f3lo fuera un poco en \u00abejercicios de piedad\u00bb, y se instruyeran \u00aben sus deberes y ministerios\u00bb. Ante la aprobaci\u00f3n entusiasta de la idea por parte de Vicente el obispo crey\u00f3 que el hombre m\u00e1s adecuado para llevarla a cabo era Vicente mismo, y as\u00ed se lo hizo saber. Vicente no se plante\u00f3 en el momento la cuesti\u00f3n de si la oferta del obispo se podr\u00eda integrar o no en lo que \u00e9l consideraba su vocaci\u00f3n personal de misionero. Se crey\u00f3 obligado a aceptar la sugerencia del obispo en su estilo habitual, dice su primer bi\u00f3grafo, como si Dios \u00abse lo hubiera revelado por un \u00e1ngel\u00bb. Con el tiempo la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en vida del fundador se iba a dedicar al trabajo de formaci\u00f3n del clero casi con tanta intensidad como a las misiones. Pero el primer experimento que se hizo en Beauvais en 1628 no lo llev\u00f3 a cabo la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente como obra propia, sino \u00e9l mismo personalmente con la ayuda de tres sacerdotes doctores en teolog\u00eda por la Sorbona.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s el experimento de Beauvais fue de alcance modest\u00edsimo, pues se limit\u00f3 a impartir durante un par de semanas una instrucci\u00f3n de urgencia sobre los mandamientos, los sacramentos, el credo y las ceremonias lit\u00fargicas fundamen\u00adtales, en particular las de la misa. Algo era para quienes se acercaban a las \u00f3rdenes, como suced\u00eda con frecuencia en aquel tiempo, con una ignorancia crasa de incluso a veces las ideas fundamentales del catecismo. Los ejercicios de ordenandos, as\u00ed llamados porque inclu\u00edan tambi\u00e9n unos d\u00edas de ejercicios espirituales con confesi\u00f3n General, fueron alarg\u00e1ndose poco a poco, haci\u00e9ndose m\u00e1s densos y m\u00e1s extensos en los temas de estudio y en ejercicios de pr\u00e1ctica pastoral, hasta dar en per\u00edodos largos de hasta un a\u00f1o y luego a\u00fan m\u00e1s, con lo cual se encontr\u00f3 Vicente sin proyectarlo previamente en los comienzos hist\u00f3ricos de lo que posteriormente iba a ser el tipo cl\u00e1sico de seminario mayor. No fue \u00e9l el \u00fanico hombre que est\u00e1 en el origen de la historia de los seminarios, ni tampoco el primero, pero s\u00ed fue uno de los que m\u00e1s influyeron en su creaci\u00f3n. El y su congregaci\u00f3n, pues muy pronto la asoci\u00f3 a lo que en Beauvais hab\u00eda sido un trabajo personal suyo. La participaci\u00f3n de su congregaci\u00f3n en este trabajo comenz\u00f3 a los pocos meses en Par\u00eds; tres a\u00f1os despu\u00e9s el arzobispo daba un decreto haciendo obligatorios los ejercicios para todos los ordenandos de la di\u00f3cesis, ejercicios que se deb\u00edan hacer en los Buenos Hijos bajo la direcci\u00f3n de los misioneros del se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p>Nunca tuvo problemas te\u00f3ricos Vicente para integrar esta nueva actividad de su congregaci\u00f3n con la actividad misionera que le hab\u00eda dado origen y raz\u00f3n de ser, aunque s\u00ed los tuvieron algunos que hab\u00edan sido atra\u00eddos a ella por su aspecto misionero. Despu\u00e9s de todo los campesinos eran ignorantes en su fe por la ignorancia de sus propios pastores, de manera que el mejor modo de remediar tal ignorancia del pueblo era proveerle de un clero suficientemente preparado e ins\u00adtruido que fuera a su vez capaz de instruir a sus feligreses. Esto era incluso, si se examinaba con objetividad, un medio m\u00e1s eficaz de catequesis que las mismas misiones, dado el car\u00e1cter temporal muy limitado de \u00e9stas. Muchas veces se le objet\u00f3 en son de cr\u00edtica al se\u00f1or Vicente desde muchos lugares, tambi\u00e9n de lugares amigos, que las misiones supon\u00edan un esfuerzo ciertamente imaginativo para res\u00adponder a una necesidad urgente, pero de dudosa eficacia, y que planteaba m\u00e1s problemas que los que resolv\u00eda. En efecto, terminadas las seis u ocho semanas de misi\u00f3n, y retirados los misioneros del pueblo o de la aldea, \u00bfqui\u00e9n garantizaba, o c\u00f3mo se garantizaba la continuidad de los frutos conseguidos y la instrucci\u00f3n impartida si el clero local era tan incompetente como se sab\u00eda? La respuesta al interrogante era dedicarse a la formaci\u00f3n de un clero competente, cosa que Vicente se crey\u00f3 obligado a hacer personalmente y a dedicar a su congregaci\u00f3n precisamente porque \u00e9sta se hab\u00eda creado para evangelizar y catequizar a los campesinos. \u00abComo son los pastores, as\u00ed son los pueblos\u00bb, sol\u00eda decir en su ancianidad.<\/p>\n<h3><strong>(1629)<\/strong><\/h3>\n<p>La vida de Luisa de Marillac fue sin duda, como reconoci\u00f3 en p\u00fablico el se\u00f1or Vicente cuando muri\u00f3 ella, \u00abobra de las manos de Dios\u00bb. Lo fue desde que naci\u00f3. En fuerte contraste con el caso de Vicente, que tuvo que cambiar el rumbo de su juventud para llegar a la santidad, Luisa de Marillac da la impresi\u00f3n de que comenz\u00f3 con buen pie la larga marcha hacia la santidad el mismo d\u00eda en que la bautizaron. Atraves\u00f3 en su vida crisis espirituales de todos los estilos, en particular una de su juventud en la que ella misma crey\u00f3 que hab\u00eda estado a punto de perder la fe. Pero ninguna crisis fue capaz de desviarla del buen camino. De manera que est\u00e1 bien dicho eso de que fue obra de las manos de Dios. Obra perfecta, a decir verdad, y eso lo vieron tan claramente como Vicente de Pa\u00fal las hijas de la caridad que la conocieron. No es f\u00e1cil entender c\u00f3mo mientras el se\u00f1or Vicente fue ca\u00adnonizado menos de ochenta a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte la canonizaci\u00f3n de Luisa de Marillac tuvo que esperar casi trescientos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero hasta este dato p\u00f3stumo est\u00e1 en l\u00ednea con lo que fue, desde el punto de vista de Luisa, la relaci\u00f3n entre ella y su director: una relaci\u00f3n de subordinaci\u00f3n querida y buscada, de saber y querer estar y aparecer en segundo plano aun en cosas que eran obra m\u00e1s de ella que de \u00e9l. Luisa consigui\u00f3 lo que busc\u00f3 siempre: que historiadores, bi\u00f3grafos e incluso sus mismas hijas de la caridad la colocaran en la gris penumbra del segundo plano de un cuadro en el que la figura de su director se lleva toda la luz y toda la gloria.<\/p>\n<p>Pero Vicente no cay\u00f3 en la misma trampa. Desde el comienzo mismo de su relaci\u00f3n sab\u00eda que no era \u00e9l el verdadero director de Luisa, sino Otro, y as\u00ed se lo escribi\u00f3, como vimos arriba. Y cuando la muerte puso el \u00faltimo toque a la obra perfecta de la vida de Luisa, Vicente reconoci\u00f3 en p\u00fablico que esa obra no era suya en modo alguno, sino de Dios. El s\u00f3lo hab\u00eda intervenido como medio del que Dios se sirvi\u00f3 para que lo que pod\u00eda haberse limitado a ser una vida de viuda piadosa se transformara en uno de los ejemplos m\u00e1s radicales de dedicaci\u00f3n a la redenci\u00f3n de los pobres que se han dado en la historia.<\/p>\n<p>No le propuso este ideal el se\u00f1or Vicente a Luisa de Marillac en el comienzo mismo. O no se le ocurri\u00f3 hacerlo o supo esperar pacientemente a que Luisa misma lo descubriera como posible camino se\u00f1alado tambi\u00e9n a ella por Dios. En la correspondencia que se conserva de los tres primeros a\u00f1os, 1626-1628, predomina en las cartas de Vicente a Luisa de Marillac la insistencia en que mantenga la alegr\u00eda y la tranquilidad, sepa esperar los signos de la voluntad de Dios para el futuro, modere algunas exageraciones de su programa de actos de piedad. Ella, por su parte, se muestra muy dependiente y necesitada de su ayuda; lleva en su casa una vida recogida, en la que parte del tiempo se dedica a confeccionar ropa que, junto con otros objetos y dinero, env\u00eda como ayuda a los necesitados en los lugares en que misionan Vicente y sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>No se debi\u00f3 a la iniciativa del se\u00f1or Vicente, nos dice su primer bi\u00f3grafo, sino a un impulso de la misma Luisa el que \u00e9sta pensara en \u00abdedicarse al servicio de los pobres; habiendo pedido al se\u00f1or Vicente consejo sobre ello, \u00e9l le dio esta respuesta: S\u00ed, me parece muy bien. \u00bfY c\u00f3mo no, si ha sido Nuestro Se\u00f1or el que le ha dado este santo sentimiento&#8230;? Qu\u00e9 \u00e1rbol habr\u00e1 parecido hoy usted a los ojos de Dios por haber producido semejante fruto\u00bb. El fruto de semejante \u00e1rbol fue la dedicaci\u00f3n total a los pobres durante los treinta \u00faltimos a\u00f1os de su vida. Qu\u00e9 laberintos interiores tuvo que recorrer Luisa para que, sin dejar de ser por un solo momento la mujer de oraci\u00f3n profunda y de tendencia fundamentalmente m\u00edstica que fue desde su ni\u00f1ez, se convirtiera en un torbellino de actividad, no lo sabremos nunca. Aunque a Luisa le gust\u00f3 siempre, y en esto no se parece en nada a su director espiritual, expresar por escrito incluso los aspectos m\u00e1s profundos de su alma, en el tema de que estamos hablando fue casi totalmente muda. Tampoco sabremos a costa de qu\u00e9 desgarramientos sicol\u00f3gicos tuvo que decir adi\u00f3s a los ambientes sociales refinados en que se hab\u00eda criado y movido hasta entonces para asociar su vida irrevocablemente a partir de 1633 al grupo de campesinas que fueron las primeras hijas de la caridad.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 su nueva y definitiva vocaci\u00f3n en 1629, a los 38 a\u00f1os de edad, en la forma de visitadora ambulante de las cofrad\u00edas rurales de caridad fundadas por el se\u00f1or Vicente y sus misioneros como fruto final de sus misiones. Las cofrad\u00edas eran ya numerosas, y como es f\u00e1cil suponer no todas funcionaban como se las hab\u00eda imaginado. Luisa se encarg\u00f3 de visitarlas para tratar de poner orden y una nueva vitalidad donde fuera necesario. Esto se dice f\u00e1cilmente en pocas palabras. Pero tras las pocas palabras se esconde una realidad que estuvo plagada de con\u00addiciones duras que pusieron a prueba la capacidad de resistencia f\u00edsica y s\u00edquica de Luisa de Marillac. Est\u00e1, en primer lugar, el radical cambio de ritmo en una vida que hab\u00eda sido hasta entonces sedentaria, introvertida, totalmente casera, casi conventual en su orden minucioso. Por contraste, la visita a las cofrad\u00edas exig\u00eda un desplazarse continuo de aldea en aldea, sin poner en ninguna la residencia por los m\u00e1s de dos o tres d\u00edas necesarios para tratar de remediar los fallos de funcio\u00adnamiento de la cofrad\u00eda de turno. Todo ello por caminos polvorientos o embarrados, haciendo noches en posadas con frecuencia de tercera categor\u00eda, viajando en los muy inseguros e inc\u00f3modos coches del tiempo. Estaban adem\u00e1s, y eran m\u00e1s molestas, las dificultades que proven\u00edan de las personas: suspicacias de las oficialas de las cofrad\u00edas rurales que se sent\u00edan vigiladas por aquella dama parisina adve\u00adnediza, oposici\u00f3n y suspicacias de alg\u00fan p\u00e1rroco, que no aceptaba con facilidad la actividad de aquella viuda por ser mujer. Ella segu\u00eda imperturbable su camino, animada por alguna carta del se\u00f1or Vicente cuando le hab\u00eda expresado alg\u00fan titubeo o alg\u00fan problema, haciendo una vida casi de clausura en el coche tambaleante, saludando al \u00e1ngel de la guarda de la aldea en que entraba, reuniendo a los ni\u00f1os para catequesis, y a las se\u00f1oras para sesiones de renovaci\u00f3n de las cofrad\u00edas, a las que acud\u00edan tambi\u00e9n los hombres a escondidas, atra\u00eddos por la finura de manera y la habilidad de aquella mujer para hacer accesibles a mentes rudas y a mentes infantiles las verdades de la fe.<\/p>\n<p>Este fue el entrenamiento de Luisa de Marillac en su nueva vocaci\u00f3n. As\u00ed vivi\u00f3, acompa\u00f1ada en sus viajes por alguna criada o alguna se\u00f1ora conocida, durante casi cinco a\u00f1os, prepar\u00e1ndose sin saberlo para dar a luz, criar y llevar a madurez a una instituci\u00f3n que result\u00f3 ser una de las m\u00e1s originales y eficaces de entre las muchas inventadas en la historia de la iglesia para trabajar por la redenci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<h3><strong>(1632)<\/strong><\/h3>\n<p>El d\u00eda 8 de enero de 1632, el se\u00f1or Vicente con doce compa\u00f1eros de su joven congregaci\u00f3n, que en total contaba en la fecha con treinta miembros escasos, dej\u00f3 el modesto colegio de los Buenos Hijos, cuna de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, para trasladarse al priorato de San L\u00e1zaro, el mejor y m\u00e1s rico se\u00f1or\u00edo que quedaba en Par\u00eds, situado en las afueras mismas de la ciudad. Con ello el se\u00f1or Vicente se convirti\u00f3 de golpe en el se\u00f1or de San L\u00e1zaro, una de las figuras conocidas e importantes de la capital de Francia.<\/p>\n<p>Consta con seguridad que el se\u00f1or Vicente no hubiera dado un tal paso sino movido a ello por Andr\u00e9 Duval. A Duval, \u00abgran doctor de la Sorbona\u00bb, en expresi\u00f3n de Vicente, deb\u00eda \u00e9ste, como vimos, el empuj\u00f3n definitivo que le llev\u00f3 a decidirse a fundar la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Otras muchas cosas deb\u00eda a Duval el se\u00f1or Vicente, pues Duval fue su consejero, director espiritual y confesor desde que Berulle dej\u00f3 de serlo alrededor de 1617.<\/p>\n<p>San L\u00e1zaro cay\u00f3 en manos del se\u00f1or Vicente literalmente como un regalo llovido del cielo. Cuando \u00e9l lo recibi\u00f3 San L\u00e1zaro se parec\u00eda muy poco a la leproser\u00eda que fue en su fundaci\u00f3n en el lejano siglo XII. Donaciones y privilegios hab\u00edan llovido sobre \u00e9l durante m\u00e1s de cuatrocientos a\u00f1os para convertirse en el siglo XVII en un gran feudo con casi cuarenta hect\u00e1reas de tierras de labor dentro de sus muros, muchos otros dominios de cientos de hect\u00e1reas en varios pueblos no lejos de Par\u00eds, y un status jur\u00eddico que hac\u00eda del prior se\u00f1or y juez sobre las tierras y las gentes de sus dominios. A todo ello hab\u00eda que a\u00f1adir los edificios necesarios para el trabajo agr\u00edcola, una iglesia g\u00f3tica, el edificio de la comunidad que lo reg\u00eda y un claustro; en fin, varios otros edificios que hab\u00edan sido para los leprosos. S\u00f3lo hab\u00eda un leproso en aquel momento, y unos pocos alienados mentales.<\/p>\n<p>El prior, Adriano Le Bon, lo era de una comunidad de can\u00f3nigos regulares que estaban con su prior, por decirlo r\u00e1pidamente, a matar. Amigos benevolentes intentaron encontrar la f\u00f3rmula de paz entre uno y otros, sin ning\u00fan \u00e9xito. De manera que el prior, desesperado, lleg\u00f3 a pensar en renunciar al priorato. Alguien le sugiri\u00f3 el nombre y la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente, de quienes el prior no hab\u00eda o\u00eddo hablar. Despu\u00e9s de una investigaci\u00f3n para asegurarse de que el hombre era la persona adecuada en quien poder renunciar con dignidad, se encamin\u00f3 al colegio de los Buenos Hijos. Hizo su oferta sin m\u00e1s pre\u00e1mbulos al se\u00f1or Vicente. Le dijo que \u00abse sentir\u00eda muy feliz de poder contribuir en algo\u00bb a las maravillas que seg\u00fan hab\u00eda o\u00eddo decir hac\u00eda su congregaci\u00f3n entre los campesinos, y que para ese fin le ced\u00eda la propiedad del priorato. Jur\u00eddicamente el traslado de la propiedad, aunque encontr\u00f3 posteriormente opositores, era hasta f\u00e1cil, pues depend\u00eda del arzobispo de Par\u00eds, hermano del se\u00f1or de Gondy, y contaba con el consentimiento de los can\u00f3nigos a cambio de una pensi\u00f3n anual de por vida.<\/p>\n<p>La oferta era tremendamente halagadora y generosa. Una persona normal la hubiera aceptado con verdadero alborozo m\u00e1s o menos disimulado. Una persona normal. Pero Vicente hac\u00eda tiempo que no lo era. Veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s de que le ofrecieran San L\u00e1zaro le ofrecieron otro priorato, el de Saint Martin en la ciudad de Dreux, priorato que no llegaron a darle por razones que se desconocen. Ten\u00eda entonces 76 a\u00f1os, edad en la que le suponemos santo y entrenado en el dominio de las pasiones y de los deseos, los buenos y los malos. Pero a\u00fan en esa edad avanzada guarda el se\u00f1or Vicente la vehemencia de los deseos fuertes, sobre todo si parecen buenos. Y a\u00fan en esa edad no se f\u00eda de s\u00ed mismo. La oferta le hab\u00eda venido a trav\u00e9s de un joven miembro de ;,u congregaci\u00f3n, Nicol\u00e1s Etienne, quien despu\u00e9s de muerto Vicente rnarch6 misionero a Madagascar, donde fue apaleado hasta morir por un cacique nativo que le hab\u00eda invitado a comer bajo el pretexto de que quer\u00eda hacerse cristiano. Ante la oferta Vicente contest\u00f3 a Etienne que \u00abconvendr\u00e1 que lo dejemos a un lado por ahora no s\u00f3lo para cortar los deseos ansiosos de la naturaleza, a la que le gustar\u00eda que las cosas ventajosas se realizaran inmediatamente, sino para ponernos en la pr\u00e1ctica de la santa indiferencia y darle a Nuestro Se\u00f1or la ocasi\u00f3n de manifestarnos su voluntad\u00bb.<\/p>\n<p>Eso es exactamente lo que hizo ante la oferta de San L\u00e1zaro, dejarlo \u00abpor ahora\u00bb, aunque a\u00fan no era tan santo v no tenia m\u00e1s que cincuenta a\u00f1os cuando se lo ofrecieron. Ese \u00abpor<sup>&#8211;<\/sup> ahora\u00bb duro un a\u00f1o, durante el cual Vicente se neg\u00f3 obsti\u00adnadamente a aceptar San L\u00e1zaro. Por otro lado la oferta no produjo en \u00e9l una primera reacci\u00f3n de alborozo y j\u00fabilo, de deseos ansiosos de la naturaleza, que se controlan y disimulan m\u00e1s o menos, sino una sorpresa que le dej\u00f3 literalmente temblando. \u00danica ocasi\u00f3n en su vida en que nos consta que sufriera una tal reacci\u00f3n, este hombre que pas\u00f3 por situaciones erizadas de dificultades sin perder la calma y el dominio de s\u00ed mismo. As\u00ed lo cuenta a\u00f1os despu\u00e9s: \u00abCuando el difunto prior se\u00f1or de San L\u00e1zaro vino a ofrecerme esta casa, ten\u00eda los sentidos embotados lo mismo que un hombre sorprendido por el ruido de un ca\u00f1\u00f3n que se dispara cerca de \u00e9l sin estar prevenido; se queda medio aturdido por aquel ruido inesperado. Yo me qued\u00e9 sin palabras, tan sorprendido por semejante propuesta que \u00e9l, d\u00e1ndose cuenta, me dijo: C\u00f3mo, usted est\u00e1 temblando\u00bb.<\/p>\n<p>Lo cual muestra claramente que hasta ese momento ni para s\u00ed mismo ni para su congregaci\u00f3n hab\u00eda tenido ni idea ni planes de grandeza o de expansi\u00f3n. El no era m\u00e1s que el inspirador y l\u00edder de un peque\u00f1o grupo de sacerdotes reunidos en congregaci\u00f3n para dar misiones en las aldeas, atender a los galeotes y dar una preparaci\u00f3n de urgencia a quienes se iban a ordenar, todo ello limitado casi a los l\u00edmites de la di\u00f3cesis de Par\u00eds. Para ese trabajo y para ese peque\u00f1o grupo el colegio de los Buenos Hijos era, aunque modesto, suficiente. \u00bfC\u00f3mo iba a ocupar ni siquiera f\u00edsicamente las vastas instalaciones del priorato; para qu\u00e9 quer\u00eda \u00e9l sus muchas tierras y sus muchas rentas? De manera que el se\u00f1or Vicente, pasado el primer momento de aturdimiento, dijo que no, y se mantuvo firme en su negativa durante un a\u00f1o. Un testigo de la primera entrevista entre el prior Le Bon y el se\u00f1or Vicente pone en labios de \u00e9ste lo que sin duda fue la verdadera raz\u00f3n para rechazar la tentadora oferta: \u00abMe asusta su oferta de usted y me parece muy por encima de lo que me atrever\u00eda a pensar. Somos unos pobres sacerdotes sin m\u00e1s ambici\u00f3n que servir a la pobre gente del campo\u00bb. O sea, que para los planes que Vicente ten\u00eda en su cabeza en aquel momento. San L\u00e1zaro no le serv\u00eda en absoluto. Le Bon volvi\u00f3 a la carga con su oferta \u00abm\u00e1s de veinte veces en el espacio de seis meses\u00bb y se encontr\u00f3 con otras tantas negativas. Por fin perdi\u00f3 la paciencia: \u00abPero, se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 clase de hombre es usted? Si no quiere ni o\u00edr hablar de este asunto, d\u00edgame al menos si tiene usted en Par\u00eds alg\u00fan consejero o amigo a quien podemos dirigirnos para tratar de \u00e9l. Todos los que quieren el bien de ustedes opinan que usted deber\u00eda aceptar lo que le ofrezco\u00bb. Vicente sugiri\u00f3 el nombre de Andr\u00e9 Duval; a\u00f1adi\u00f3: \u00abHar\u00e9 lo que \u00e9l me aconseje\u00bb, y cay\u00f3 en la trampa. Porque Duval le aconsej\u00f3, como era de esperar de un consejero y te\u00f3logo sensato, que aceptara la generosa oferta de inmediato.<\/p>\n<p>Duval vio claro: el priorato daba al se\u00f1or Vicente y a su obra unas posibilidades de expansi\u00f3n no so\u00f1adas, que sin duda el se\u00f1or Vicente llevar\u00eda a cabo con los a\u00f1os. Duval ten\u00eda una alt\u00edsima opini\u00f3n de la capacidad de su dirigido. No se equivoc\u00f3 en absoluto. Probablemente se qued\u00f3 corto en sus expectativas, aunque de todos modos no lleg\u00f3 a ver ni una parte peque\u00f1a de lo que el se\u00f1or Vicente fue capaz de hacer con la antigua leproser\u00eda, pues falleci\u00f3 seis a\u00f1os despu\u00e9s de que Vicente se instalara para el resto de su vida en San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>San L\u00e1zaro superaba evidentemente por todos los lados los posibles sue\u00f1os de su juventud, pero superaba tambi\u00e9n sus sue\u00f1os y proyectos de fundador y de misionero del mundo rural. Los hechos que le hicieron ir mucho m\u00e1s all\u00e1 de lo que se encerraba en el modesto proyecto de fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y que terminaron por hacer del se\u00f1or Vicente una figura hist\u00f3rica, comenzaron el 8 de enero de 1632 cuando dej\u00f3 el Colegio de los Buenos Hijos y se traslad\u00f3 al priorato de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<h3><strong>(1633)<\/strong><\/h3>\n<p>Un a\u00f1o despu\u00e9s de comenzar a vivir Vicente de Pa\u00fal en San L\u00e1zaro, el Papa Urbano VIII aprobaba oficialmente su congregaci\u00f3n como instituci\u00f3n de derecho pontificio. Esto quer\u00eda decir que lo fundado por el se\u00f1or Vicente en la di\u00f3cesis de Par\u00eds, sometido a la autoridad del arzobispo de Par\u00eds, y para trabajar b\u00e1sicamente dentro de los l\u00edmites de esa di\u00f3cesis, pod\u00eda ahora levantar sus ojos por encima de los muros diocesanos para extender su radio de acci\u00f3n a cualquier parte de Francia y, potencialmente, del mundo. Esto \u00faltimo no hab\u00eda entrado a\u00fan en la conciencia o en los planes del se\u00f1or Vicente en la fecha de la aprobaci\u00f3n de su congregaci\u00f3n por el Papa, mientras que el romper los l\u00edmites de la di\u00f3cesis de Par\u00eds era no s\u00f3lo exigido en aquel momento por el dinamismo de la joven congregaci\u00f3n sino que \u00e9sta lo hab\u00eda hecho desde el comienzo mismo, misionando tierras de los Gondy fuera de la di\u00f3cesis parisina o dando alg\u00fan retiro a ordenandos o misi\u00f3n en di\u00f3cesis vecinas.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 es lo que hizo cambiar de opini\u00f3n a las autoridades romanas para aprobar en 1633 lo que hab\u00edan rechazado s\u00f3lo cinco a\u00f1os antes no consta ni es posible saberlo. Se puede especular sobre ello, y admirar de paso la habilidad y la sabidur\u00eda del se\u00f1or Vicente que consigui\u00f3 con creces en 1633 lo que parec\u00eda imposible en 1628: la aprobaci\u00f3n de una congregaci\u00f3n que a las autoridades romanas les parec\u00eda el embri\u00f3n de una nueva orden religiosa. Hac\u00eda a\u00f1os que en la curia romana se mostraban contrarios a la fundaci\u00f3n de ninguna nueva orden religiosa, por varias razones, entre las que destacaban la convicci\u00f3n de que hab\u00eda ya demasiadas \u00f3rdenes religiosas en la iglesia, muchas de ellas necesitadas de reforma, y de que se sustra\u00edan muchos candidatos al clero diocesano a trav\u00e9s de las \u00f3rdenes masculinas.<\/p>\n<p>Pero el se\u00f1or Vicente insiste en el car\u00e1cter secular, no-religioso, del grupo suyo; no quiere tampoco \u00e9l en manera alguna fundar una nueva orden religiosa. Falta adem\u00e1s en la aprobaci\u00f3n de su congregaci\u00f3n cualquier referencia a lo que constituye el elemento esencial de toda instituci\u00f3n religiosa, la profesi\u00f3n de los votos. El los ha hecho, ciertamente, pero personal y privadamente, y tambi\u00e9n algunos de sus com\u00adpa\u00f1eros, pero eso es s\u00f3lo pr\u00e1ctica libre de devoci\u00f3n, que no se impone a los que no los quieren hacer. De manera que hablando en t\u00e9rminos precisos su congregaci\u00f3n no es en modo alguno una orden religiosa, aunque tal vez lo parezca por algunos de sus aspectos. En Roma han debido de llegar a convencerse de que el se\u00f1or Vicente tiene raz\u00f3n a pesar de la evidente ambig\u00fcedad de su postura.<\/p>\n<p>Por otro lado ya no es a estas alturas un total desconocido en los ambientes vaticanos. Est\u00e1n primero las peticiones anteriores que \u00e9l mismo hab\u00eda cursado cinco a\u00f1os antes y que hab\u00edan hecho sonar su nombre en la curia romana. Hay adem\u00e1s recomendaciones importantes, del rey Luis XIII, de la reina Ana de Austria, del nuncio. Hay ya varios obispos, incluyendo el importante arzobispo de Par\u00eds, que pueden testificar sobre el excelente trabajo de los misioneros del se\u00f1or Vicente en terrenos tan necesitados, y tan dispares, como el de las misiones rurales y el de la preparaci\u00f3n de los ordenandos. Ante estas realidades la objeci\u00f3n de cinco a\u00f1os antes de que el proyecto del se\u00f1or Vicente va m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la misi\u00f3n y lleva a la creaci\u00f3n de una nueva orden religiosa parece carecer de todo sentido. La misi\u00f3n sigue creciendo en intensidad y en extensi\u00f3n, y el grupo inicial ya crecido sigue profesando netamente su naturaleza secular. Parece evidentemente m\u00e1s sabio aprobar lo que pide el se\u00f1or Vicente y esperar a ver qu\u00e9 pasa. Lo que hasta ahora ha pasado habla muy alto en favor de quien suplica humildemente al Papa que reconozca lo que hab\u00eda sido concebido siete a\u00f1os antes en el contrato firmado por el se\u00f1or Vicente y los se\u00f1ores de Gondy, y ha crecido de maneras no del todo previstas en el contrato.<\/p>\n<p>Esto es, en resumen, lo que le aprobaron al se\u00f1or Vicente las autoridades romanas. Lo fundado por Vicente de Pa\u00fal, presb\u00edtero de la di\u00f3cesis de Dax, recibe el nombre definitivo de Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El mismo ha sido designado superior general del grupo de sacerdotes, cl\u00e9rigos y legos -a la saz\u00f3n unos treinta en total- que viven en com\u00fan bajo su autoridad. Les ha dado las reglas que siguen: el fin principal para el que se ha fundado esta congregaci\u00f3n es el dedicarse a la vez a la salvaci\u00f3n propia y a la de los habitantes de poblaciones humildes. No deber\u00e1n trabajar en las ciudades, excepto en los ejercicios a ordenandos a puertas cerradas. La vida espiritual de la comunidad se basar\u00e1 escuetamente en el culto a la Trinidad, al misterio de la encar\u00adnaci\u00f3n y la devoci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda. Los miembros de la congregaci\u00f3n obedecer\u00e1n al se\u00f1or Vicente. El, y quien le suceda a su muerte elegido por los dem\u00e1s, tendr\u00e1 la autoridad equivalente a la que tienen los superiores generales de congregaciones semejantes sobre las casas y los miembros de la congregaci\u00f3n. Obedecer\u00e1n a los obispos en sus trabajos misioneros, y tambi\u00e9n a los p\u00e1rrocos en los diversos trabajos que ejerzan en las parroquias. Fundar\u00e1n cofrad\u00edas de la caridad en los pueblos en que den misiones. Deber\u00e1n recibir en sus casas a los sacerdotes que deseen hacer ejercicios espirituales, y procurar\u00e1n animarles a que se re\u00fanan mensualmente para tratar sobre casos de conciencia y la administraci\u00f3n de los sacramentos. Todo ello deben hacerlo gratis, sin esperar compensaci\u00f3n humana, aunque s\u00ed el premio divino. El excelente trabajo que han hecho los misioneros de esa congregaci\u00f3n desde su fundaci\u00f3n ha esparcido su nombre por toda Francia, de manera que ha movido a muchos prelados a llamarlos a sus di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>La bula de aprobaci\u00f3n est\u00e1 dirigida no al se\u00f1or Vicente, ni siquiera a la misma Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, sino al arzobispo de Par\u00eds, a quien se encomienda que apruebe y confirme en nombre del Papa la existencia misma de la congregaci\u00f3n, sus reglas, y el nombramiento del dicho Vicente como superior general vitalicio. Se especifica tambi\u00e9n en la bula el derecho del superior a obrar en el terreno de los bienes econ\u00f3micos con entera independencia de cualquier otra persona ajena a la congregaci\u00f3n. Esto era necesario explicitarlo, y as\u00ed lo hab\u00eda solicitado anteriormente el se\u00f1or Vicente. Por un testimonio suyo posterior sabemos que habr\u00eda renunciado a la propiedad de San L\u00e1zaro al poco tiempo de que se lo entregaran si el arzobispo de Par\u00eds hubiera mantenido su pretensi\u00f3n de que Vicente presentara cuentas de la administraci\u00f3n del priorato. En una cosa se manten\u00eda algo de la original autoridad del arzobispo de Par\u00eds sobre la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. En la bula se conced\u00eda al se\u00f1or Vicente y sus sucesores el poder de dar reglas para el \u00abbuen r\u00e9gimen y gobierno, orden y direcci\u00f3n de la dicha Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb. Esas reglas y sus modificaciones futuras deber\u00edan ser aprobadas por el arzobispo de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Con esta aprobaci\u00f3n papal queda constituida ya de manera definitiva despu\u00e9s de seis a\u00f1os de prueba una nueva congregaci\u00f3n que se llamar\u00e1 de la Misi\u00f3n. Quedan por a\u00f1adir, y vendr\u00e1n con los a\u00f1os, algunas cosas de importancia, en particular los votos, que, aunque se seguir\u00e1n considerando privados, se convertir\u00e1n en obli\u00adgatorios con sanci\u00f3n papal. Pero la estructura jur\u00eddica general ya est\u00e1 hecha y no sufrir\u00e1 modificaciones fundamentales. Tampoco en las actividades apost\u00f3licas va a haber modificaciones importantes. Misiones y formaci\u00f3n de eclesi\u00e1sticos seguir\u00e1n siendo hasta la muerte del fundador las actividades principales. As\u00ed que cuando al a\u00f1o de instalarse en San L\u00e1zaro el se\u00f1or Vicente recibe la bula que aprueba la Congregaci\u00f3n que \u00e9l mismo ha ido construyendo, tiene ya en sus manos suficien\u00adtemente estructurado, aunque a\u00fan es modesto por el n\u00famero de sus componentes, un instrumento de renovaci\u00f3n de la iglesia de Francia que ser\u00e1 de los m\u00e1s eficaces de entre los muchos inventados por la notable explosi\u00f3n de vida religiosa en Francia en la primera mitad del siglo XVII.<\/p>\n<p>Est\u00e1 a\u00fan por nacer un importante elemento nuevo, &#8211; a decir verdad, no nuevo del todo- que en la ense\u00f1anza del se\u00f1or Vicente a su congregaci\u00f3n resultar\u00e1 ser el que predomine y d\u00e9 sentido a todo lo que \u00e9sta haga. Ese elemento es la evangelizaci\u00f3n de los pobres, de los pobres en general y no s\u00f3lo de los del mundo rural, como idea vivificadora de las diversas actividades de su congregaci\u00f3n, idea que a la altura de 1633 no se ve a\u00fan claramente explicitada en la conciencia del se\u00f1or Vicente. Pero en cuanto a actividades seguir\u00e1n predominando hasta la muerte del fundador, como queda dicho, las misiones rurales y los diversos trabajos para la formaci\u00f3n del clero.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Precisamente en el mismo a\u00f1o de 1633 se comenz\u00f3 en San L\u00e1zaro una nueva forma de trabajo en la formaci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos que vino a ser conocida como Conferencias de los Martes por celebrarse en ese d\u00eda de la semana. Esto era algo diferente de lo que el se\u00f1or Vicente y sus hombres hab\u00edan hecho hasta entonces en el trabajo de formaci\u00f3n de sacerdotes, aunque estaba inspirado en la misma idea. Las Conferencias reun\u00edan a lo mejor del clero de Par\u00eds, y luego de provincias, para tratar \u00absobre las virtudes propias de su estado\u00bb, dice el mismo Vicente.<\/p>\n<p>La idea se la sugiri\u00f3 uno de los sacerdotes j\u00f3venes que se hab\u00eda beneficiado de los retiros para ordenados. Vicente puso de inmediato la organizaci\u00f3n, un regla\u00admento y los locales de San L\u00e1zaro y de los Buenos Hijos a disposici\u00f3n de los que se reun\u00edan. Vicente fue, mientras vivi\u00f3 y se lo permit\u00edan sus otras muchas obli\u00adgaciones, dice Bossuet, \u00abel alma de la piadosa asamblea\u00bb, a la que contribu\u00eda normalmente no como ponente principal, pero s\u00ed con observaciones, res\u00famenes y exhortaciones finales que, dice el mismo Bossuet, \u00abescuch\u00e1bamos con avidez\u00bb.<\/p>\n<p>El reglamento especifica que la asociaci\u00f3n se funda para \u00abhonrar la vida de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, su sacerdocio eterno y su amor a los pobres\u00bb. No pod\u00eda faltar este \u00faltimo punto en ning\u00fan tipo de actividad de la que Vicente fuera el animador. Ni tampoco pod\u00eda quedarse en puro sentimiento lo que \u00e9l entend\u00eda por la expresi\u00f3n \u00abamor a los pobres\u00bb. De manera que el mismo a\u00f1o en que se fund\u00f3 la asociaci\u00f3n Vicente orient\u00f3 a sus miembros a dar en la capital una misi\u00f3n a los inquilinos de un hospital para ciegos. O sea, les orient\u00f3 a hacer con las gentes pobres de Par\u00eds lo que su propia congregaci\u00f3n no pod\u00eda hacer por fundaci\u00f3n m\u00e1s que en el mundo rural. La misi\u00f3n para ciegos fue seguida en a\u00f1os posteriores, por sugerencia suya, de otras misiones a alba\u00f1iles y artesanos, soldados, pobres hospitalizados o asi\u00adlados. Y cuando la reina en persona solicit\u00f3 del se\u00f1or Vicente que su congregaci\u00f3n diera una misi\u00f3n en la ciudad de Metz v otra en la misma corte de Par\u00eds, Vicente se crey\u00f3 obligado a declinar por considerar que el trabajo en ambos lugares se sal\u00eda del terreno en que deb\u00eda trabajar la congregaci\u00f3n por \u00e9l fundada, pero envi\u00f3 en su lugar a los miembros de las Conferencias, quienes dieron su misi\u00f3n en ambos lugares con mucho \u00e9xito.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Que la verdadera y definitiva vocaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente iba a resultar ser no la de misionero rural, que Dios le hab\u00eda revelado por Margarita de Silly, sino la mucho m\u00e1s amplia de evangelizador de los pobres, se lo revel\u00f3 Dios a trav\u00e9s de otras mujeres, las hijas de la caridad, y en particular a trav\u00e9s de su fundadora, Luisa de Marillac. Todas las biograf\u00edas y la opini\u00f3n general consideran a Vicente el fundador de las hijas de la caridad. El mismo, sin embargo, insisti\u00f3 hasta cansarse en que la fundaci\u00f3n era cosa de Dios, no suya, y la consolidaci\u00f3n obra m\u00e1s bien de Luisa de Marillac. Esta insistencia del se\u00f1or Vicente se suele despachar con mucha facilidad atribuy\u00e9ndola a su humildad. Con esto se quiere decir que como era humilde no hay que hacerle mucho caso, ni tomar su palabra demasiado en serio. Pero habr\u00eda que hacerle caso, pues precisamente porque es humilde Vicente de Pa\u00fal se atiene a la estricta verdad teol\u00f3gica y tambi\u00e9n a la hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>As\u00ed naci\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Margarita Naseau, joven pastora de Suresnes, en aquel entonces un pueblo cercano a Par\u00eds, se present\u00f3 al se\u00f1or Vicente ofreci\u00e9ndose voluntaria para trabajar en la asistencia a los enfermos. Vicente la dirigi\u00f3 a Luisa de Marillac, quien la puso a trabajar en la primera de las cofrad\u00edas fundadas en Par\u00eds, en la parroquia de San Salvador. Esto suced\u00eda a finales de 1629 o principios de 1630. Margarita hab\u00eda estado unos pocos a\u00f1os, no se sabe cu\u00e1ntos, viviendo un tipo de vida que no pod\u00eda deberse m\u00e1s que a la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. El tener que cuidar las vacas desde ni\u00f1a le impidi\u00f3 acudir a la escuela de su pueblo. Se compr\u00f3 \u00abun alfabeto\u00bb, y con \u00e9l acud\u00eda al p\u00e1rroco, o a cualquier persona con aspecto de saber leer que pasara por donde cuidaba su ganado, y le preguntaba por el nombre de tres o cuatro letras. As\u00ed, poco a poco, con constancia y con imaginaci\u00f3n se ense\u00f1\u00f3 a s\u00ed misma a leer. Se puso de inmediato a ense\u00f1ar a leer a otras j\u00f3venes, durante las horas de su trabajo de pastora o despu\u00e9s de encerradas las vacas en el establo, a veces hasta horas muy tard\u00edas. Esto en Suresnes y en los pueblos cercanos, viviendo en condiciones desgarradas: casas abandonadas, comida escasa. Ella misma cont\u00f3 a Luisa de Marillac que una vez que hab\u00eda estado sin comer varios d\u00edas se encontr\u00f3 al volver de misa con que una mano desconocida le hab\u00eda dejado provisiones para una temporada. Ayud\u00f3 tambi\u00e9n con los ahorros de su pobreza a varios j\u00f3venes que llegaron despu\u00e9s a ser sacerdotes.<\/p>\n<p>Margarita conoci\u00f3 al se\u00f1or Vicente en una misi\u00f3n. Hab\u00eda o\u00eddo hablar de que en Par\u00eds se asist\u00eda a los enfermos pobres en sus casas, y se le ofreci\u00f3 para este trabajo. Y aunque era Par\u00eds un mundo nuevo para ella, y la asistencia a los enfermos un trabajo totalmente desconocido, pero que, dec\u00eda el se\u00f1or Vicente, ella pens\u00f3 era mejor que su trabajo anterior. Margarita result\u00f3 ser tan eficaz, tan servicial, tan humilde y entregada que lleg\u00f3 a gozar en poco tiempo de la estima general. \u00abTodos la quer\u00edan porque no hab\u00eda nada en ella que no fuese amable\u00bb, dec\u00eda a\u00f1os despu\u00e9s admirativamente el se\u00f1or Vicente. Margarita muri\u00f3 no se sabe cu\u00e1ndo, pero cier\u00adtamente antes de que a finales de 1633 se reuniera en casa de Luisa de Marillac el primer grupo de cuatro j\u00f3venes que luego resultaron ser las primeras hijas de la caridad. Muri\u00f3 por exceso de caridad, por haber dejado dormir en su propia cama a una joven enferma de peste, de la que, contagiada, muri\u00f3 ella misma. Al sentirse enferma se fue a morir al hospital de San Luis, \u00abcon el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda y de conformidad con la voluntad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Esta fue la que el se\u00f1or Vicente calific\u00f3 inn\u00fameras veces como \u00abla primera hija de la caridad\u00bb, y propuso como ejemplo y modelo a las que llegaron a pertenecer a la compa\u00f1\u00eda que se fund\u00f3 despu\u00e9s de su muerte. Aunque no fue s\u00f3lo su vida ejemplar lo que tuvo que ver con la fundaci\u00f3n. Su corta vida de sirvienta de los enfermos pobres atrajo a otras j\u00f3venes a seguir su ejemplo. Empezaron a reunirse espont\u00e1neamente y a dejarse guiar por Luisa, quien las iniciaba en la vida de oraci\u00f3n y en la t\u00e9cnica de asistencia a los enfermos, y ense\u00f1aba a leer a las que no sab\u00edan. Trabajaban en diversas parroquias de Par\u00eds, ayudando en el trabajo a las se\u00f1oras de las cofrad\u00edas, muchas de las cuales se hab\u00edan cansado del servicio directo a los enfermos, o lo encontraban vergonzoso, o encontraban dificultades para dedicarse a \u00e9l por raz\u00f3n de las obligaciones familiares, y comenzaron a pas\u00e1rselo a sus criadas. Pronto tuvo Luisa la idea de reunir a las j\u00f3venes en su propia casa para poder formarlas m\u00e1s a fondo en la necesaria vida espiritual, en cultura y en su trabajo de enfermeras.<\/p>\n<p>La idea de reunir a las muchachas en su casa fue ciertamente de Luisa de Marillac y no del se\u00f1or Vicente. Este m\u00e1s bien se opuso a la idea durante dos a\u00f1os por la raz\u00f3n de costumbre en el Vicente adulto: porque no acababa de entender o de ver si aquello era de verdad la voluntad de Dios. Aquello era atractivo, aquello era original y hasta curioso, pero no parec\u00eda ser exigido, ni siquiera insinuado, por los medios habituales de expresarse Dios en el mundo, los acontecimientos. Es m\u00e1s, Vicente crey\u00f3 con raz\u00f3n en un primer momento que Luisa ser\u00eda absorbida por la atenci\u00f3n a las muchachas y dejar\u00eda por ello el trabajo de visita a las cofrad\u00edas. Le escribe: \u00abUsted desea convertirse en sierva de esas pobres muchachas y Dios quiere que sea sierva de El y tal vez de m\u00e1s personas a las que no podr\u00eda servir de esa otra manera\u00bb. Cedi\u00f3 despu\u00e9s de pensarlo mucho, porque \u00absu \u00e1ngel bueno (el de Luisa) se ha comunicado hace cuatro o cinco d\u00edas con el m\u00edo acerca de la caridad de sus j\u00f3venes\u00bb. Parece que por fin coincidieron los dos \u00e1ngeles en pensar que aquello era una buena idea. Con el visto bueno de su director Luisa recogi\u00f3 en su casa a cuatro de entre las j\u00f3venes, campesinas todas ellas como Margarita Naseau. Esto suced\u00eda el d\u00eda 29 de noviembre de 1633, d\u00eda que las hijas de la caridad han mirado siempre como su fecha de fundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este es el otro hecho que junto con el de su traslado a San L\u00e1zaro un a\u00f1o antes iba a introducir al se\u00f1or Vicente por caminos que no pod\u00eda ni sospechar a sus 53 a\u00f1os. Si el priorato de San L\u00e1zaro se convirti\u00f3 poco a poco en la base que iba a hacer de Vicente de Pa\u00fal una figura de proyecci\u00f3n nacional, la asociaci\u00f3n de su nombre al de las hijas de la caridad iba a darle una proyecci\u00f3n de alcance mundial, proyecci\u00f3n que \u00e9l por supuesto ni preve\u00eda ni siquiera pod\u00eda sospechar cuando dio el visto bueno a Luisa de Marillac para que reuniera en su casa a las cuatro primeras. Desde el primer momento Vicente fue el animador espiritual de aquel humilde grupo. Se debe reconocer que muy pronto vio las posibilidades de todo tipo que, por encima de servir de simples ayudas a las se\u00f1oras de las cofrad\u00edas, ofrec\u00eda aquella nueva idea. Fue dotando al grupo de una teolog\u00eda s\u00f3lida, casi nueva tambi\u00e9n en la historia de la teolog\u00eda, y ciertamente no debida a ninguno de los maestros espirituales que ley\u00f3 o que trat\u00f3 en su vida.<\/p>\n<p>Ni Benito de Canfeld, el profundo m\u00edstico abstracto del que Vicente aprendi\u00f3 el valor absoluto de la voluntad de Dios; ni el padre Rodr\u00edguez, del que aprendi\u00f3 la necesidad de una vida asc\u00e9tica total: ni Francisco de Sales de quien aprendi\u00f3 lo que vimos arriba y otras muchas cosas, como la necesidad de una vida aut\u00e9nti\u00adcamente contemplativa basada en el amor de Dios; ni Berulle, que le descubri\u00f3 el lugar central que ocupa en la fe cristiana el misterio de la encarnaci\u00f3n; ni ning\u00fan otro a quien ley\u00f3 o trat\u00f3. Gerson, el Kempis, Granada, Teresa de Jes\u00fas, Duval, le ense\u00f1\u00f3 lo que fue aprendiendo d\u00eda tras d\u00eda de la atenci\u00f3n entregada y humilde de las hijas de la caridad a lo m\u00e1s pobre y olvidado de la sociedad francesa de su tiempo: galeotes, ni\u00f1os abandonados, ancianos, enfermos pobres. Una ense\u00f1anza pr\u00e1ctica que \u00e9l luego les devolv\u00eda elaborada te\u00f3ricamente en sus charlas, en sus consejos, en su preocupaci\u00f3n por cada una de ellas.<\/p>\n<p>Vicente ve\u00eda con toda claridad que aquello no pod\u00eda haberlo inventado \u00e9l, que aquello era obra del amor misterioso y misericordioso de Jesucristo por los pobres, que aquello era la mejor manera de continuar la misi\u00f3n misma del Hijo de Dios en la tierra, que vino a este mundo para evangelizar a los pobres. No lo hab\u00eda inventado \u00e9l, ciertamente; pero es que ni siquiera le hab\u00eda dado a \u00e9l la idea el Esp\u00edritu Santo, sino a Luisa de Marillac. Y aunque \u00e9l les hablaba casi semana tras semana, y as\u00ed hasta la muerte, y les orientaba, y trabajaba pacientemente y sin prisas para que aquella novedad fuera siendo aceptada poco a poco por las auto\u00adridades civiles, por las religiosas, por la opini\u00f3n p\u00fablica, era Luisa de Marillac la que con una paciencia y flexibilidad infinitas, con un amor a toda prueba, con una constancia de hierro a pesar de las muchas dificultades, las iba modelando para hacer de cada campesina analfabeta que ca\u00eda en sus manos uno de los modelos m\u00e1s aut\u00e9nticos de fe que hab\u00eda producido la iglesia de Cristo en diecisiete siglos de historia. Aquello era nuevo, aquello no se pod\u00eda haber inventado por designio, aquello le hab\u00eda cogido a \u00e9l mismo por sorpresa. El conoc\u00eda muy bien la historia de la iglesia y sab\u00eda, y se lo dec\u00eda a ellas, que \u00abdesde el tiempo de las mujeres que sirvieron al Hijo de Dios y a los ap\u00f3stoles no se ha hecho en la iglesia ninguna fundaci\u00f3n\u00bb para hacer lo que ellas hac\u00edan y ser lo que ellas eran.<\/p>\n<p>Hab\u00edan dejado sus casas y sus vacas, sus familias y sus posibles hijos para dedicarse en cuerpo y alma por amor a Cristo a cuidar con amor de hermanas y de madres a los que nadie quer\u00eda ni cuidaba. No les propone el se\u00f1or Vicente como modelo de identificaci\u00f3n ninguna de las muchas mujeres santas y religiosas del pasado. El modelo de la hija de la caridad es la campesina que era ella misma antes de venir a Par\u00eds, con todas las virtudes de las campesinas virtuosas: sencillez, transparencia, humildad, cordialidad, falta de pretensiones y de ambici\u00f3n, sobriedad, pureza, modestia, po\u00adbreza, amor al trabajo, confianza en Dios, obediencia. En suma: la hija de la caridad debe reproducir en su vida una manera de ser que ha sido encarnada a lo largo de muchos siglos en todos los pa\u00edses cristianos por uno de los ejemplares humanos m\u00e1s perfectos que se ha producido en la evoluci\u00f3n cultural de la humanidad: la joven cristiana del mundo rural, ejemplar que el se\u00f1or Vicente conoc\u00eda muy bien, les dice \u00e9l mismo, por su experiencia misionera y por su nacimiento.<\/p>\n<p>Vicente quiere que la joven que viene a Par\u00eds para ser hija de la caridad siga siendo como ha sido hasta ahora, como son las j\u00f3venes campesinas antes de que el matrimonio y la maternidad desfiguren un poco, o mucho tal vez, el dise\u00f1o perfecto. La figura resultante no tiene por qu\u00e9 ser en manera alguna una t\u00edmida y apocada figura femenina. Juana de Arco proced\u00eda del mismo medio, o Teresa de Jes\u00fas, a quien Vicente les propone de modelo con frecuencia: tambi\u00e9n santa Genoveva, que durante el asedio de Par\u00eds por las huestes de Atila anim\u00f3 a la poblaci\u00f3n a la resistencia; y entre ellas mismas una admirable hermana de la primera generaci\u00f3n, Juana Dalmagne, de la que testimoni\u00f3 una compa\u00f1era suya que \u00abten\u00eda una gran libertad de esp\u00edritu y hablaba con tanta franqueza a los ricos como a los pobres cuando ve\u00eda en ellos algo malo. Una vez que se enter\u00f3 de que algunas personas ricas se hab\u00edan librado de impuestos que luego recayeron sobre los pobres, les dijo con toda libertad que eso iba contra la justicia y que Dios les juzgar\u00eda por ese abuso\u00bb.<\/p>\n<p>A veces las mismas j\u00f3venes dieron a su propio fundador una lecci\u00f3n sobre el verdadero motivo por el que Dios las hab\u00eda creado. Esto se dio, por ejemplo. en una ocasi\u00f3n, s\u00f3lo tres a\u00f1os escasos despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n, en que a instancias de la duquesa de Aiguillon, bienhechora extremadamente generosa a quien el se\u00f1or Vicente no pod\u00eda negar nada, \u00e9ste asign\u00f3 para compa\u00f1\u00eda de ella a dos j\u00f3venes de la Caridad. Las dos se negaron a hacerlo, una despu\u00e9s de otra, record\u00e1ndole, escribe el mismo Vicente, que hab\u00edan \u00abdejado a su padre y a su madre para entregarse al servicio de los pobres por amor de Dios\u00bb. Sus nombres merecen pasar a la posteridad. Son estos: Mar\u00eda Denyse y B\u00e1rbara Angiboust. Y \u00e9sta fue la reacci\u00f3n del se\u00f1or Vicente ante la lecci\u00f3n que le dieron las j\u00f3venes. Escribe a Luisa de Marillac: \u00ab\u00bfNo le emociona ver la fuerza del esp\u00edritu de Dios en esas dos pobres j\u00f3venes? No puede usted imaginar el \u00e1nimo que esto me ha dado por la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente quiere mantener a la joven de la Caridad tal cual ella es. No la retira del mundo por la clausura, pues ha sido dise\u00f1ada por Dios mismo para ayudar en el trabajo de redenci\u00f3n del mundo. Pero s\u00ed la retira de los compromisos con el mundo y con el sistema social establecido por medio de la pobreza, la castidad y la obediencia. La pobreza har\u00e1 que la dedicaci\u00f3n de su vida a los pobres no se vea afectada por las trampas y tentaciones del sistema econ\u00f3mico en que le toque vivir, sea cual sea: la castidad la sustrae de los sistemas imperantes en todas las culturas que, como ha descubierto la antropolog\u00eda moderna, consideran los cuerpos de las mujeres como bienes de intercambio. La hija de la caridad no est\u00e1 en venta para el mejor postor. Ha entregado cuerpo y alma gratis a los pobres. La obediencia le librar\u00e1 de las posibles veleidades e inconstancias de su propia voluntad. Esta joven campesina quiere entregar su vida a los pobres de Cristo hasta la muerte.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>A la figura resultante se le ha calificado muchas veces como una nueva forma de vida religiosa, una nueva, original y diferente clase de monja. Pero a cualquiera que mire a esa figura sin prejuicios y sin la deformaci\u00f3n profesional de perspectiva que puede producir la especializaci\u00f3n de conocimientos en derecho can\u00f3nico, en historia de la iglesia, en espiritualidad, le parecer\u00e1 palmario que la figura que Dios se invent\u00f3, que Luisa form\u00f3 y que Vicente de Pa\u00fal anim\u00f3 no es en modo alguno una nueva manera de vivir la vida religiosa, sino una nueva manera de vivir la vida secular y seglar cristiana. Luisa de Marillac, cuando las re\u00fane en casa, no deja por ello de ser la viuda de profesi\u00f3n que hab\u00eda sido hasta entonces, ni las cuatro campesinas, al reunirse bajo la direcci\u00f3n de Luisa, abandonan el status jur\u00eddico de simples fieles en que las coloc\u00f3 el bautismo. Esto no cambi\u00f3 en sus elementos fundamentales mientras vivieron los fundadores.<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s de un mes despu\u00e9s de que comenzara humildemente su existencia lo que con el correr del tiempo se iba a convertir en la instituci\u00f3n femenina m\u00e1s numerosa en la historia de la Iglesia Cat\u00f3lica, terminaba el a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or de 1633. Es seguro que el se\u00f1or Vicente har\u00eda en San L\u00e1zaro su habitual d\u00eda de retiro de fin de a\u00f1o. Un alto de reposo en su agitada vida le revelar\u00eda a este hombre de memoria larga y precisa las muchas gracias por las que ten\u00eda que mostrar gratitud a Dios desde que vio la luz en una peque\u00f1a aldea de Las Landas cincuenta y tres a\u00f1os antes. Tambi\u00e9n volver\u00eda a lamentar una vez m\u00e1s, como era su costumbre, los errores, los deseos mal controlados, las ambiciones ciegas que estuvieron a punto de torcer para siempre los designios de Dios sobre su vida.<\/p>\n<p>Como quiera que fuere, all\u00ed estaba \u00e9l, ahora, ocupando una modesta habitaci\u00f3n en un edificio de renombre en la ciudad de Par\u00eds, dirigiendo desde ella un mo\u00advimiento de obras y un n\u00famero de personas que ya empezaban a ser importantes y conocidos: cofrad\u00edas parroquiales en el campo y en la ciudad: una congregaci\u00f3n de misioneros, una incipiente comunidad de mujeres dedicadas profesionalmente a la caridad. Su nombre sonaba ya con fuerza en los medios sociales de Par\u00eds, en los o\u00eddos de varios obispos, entre el clero de la ciudad y las di\u00f3cesis vecinas; incluso en Roma. Hab\u00eda que dar gracias a Dios por todo ello. Nunca en sus sue\u00f1os juveniles m\u00e1s ambiciosos pudo el se\u00f1or Vicente sospechar lo que iba a caer en sus manos, pero por designio de Dios, no como creaci\u00f3n planificada de sus, por otra parte, admirables cualidades humanas. Ni puede sospechar lo mucho que est\u00e1 a\u00fan por venir, aunque lo que tiene entre manos es ya suficiente para llenar con dignidad las exigencias de cualquier vida.<\/p>\n<p>Tiene que velar para que sus misioneros, unos veinte, est\u00e9n ocupados durante ocho meses del a\u00f1o en continuar la empresa de catequizaci\u00f3n de los campesinos que \u00e9l hab\u00eda comenzado quince a\u00f1os antes. Les forma como misioneros, les anima, colabora con ellos en las misiones, aunque ya con menos frecuencia que en los primeros a\u00f1os. Otras obligaciones le retienen en Par\u00eds: la direcci\u00f3n de los que se quedan en los Buenos Hijos y en San L\u00e1zaro, j\u00f3venes cl\u00e9rigos, algunos sacerdotes, algunos hermanos; la atenci\u00f3n continua y charla casi semanal con el peque\u00f1o grupo dirigido por Luisa de Marillac: la tambi\u00e9n semanal conferencia de los Martes con el clero de Par\u00eds; la participaci\u00f3n en los ejercicios a ordenandos que se tienen en los Buenos Hijos; la direcci\u00f3n del monasterio de la Visitaci\u00f3n; la atenci\u00f3n a los muchos problemas que surgen en las cofrad\u00edas parroquiales; en fin, las obligaciones que se derivan de su cargo de capell\u00e1n general de las galeras. A todo eso hay que a\u00f1adir los m\u00faltiples problemas de administraci\u00f3n de un feudo grande y complicado como es el de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>El no pod\u00eda ver en aquel d\u00eda final de 1633 que todo eso no era m\u00e1s que pr\u00f3logo y preparaci\u00f3n para lo que le iba a venir encima en los veintisiete a\u00f1os que le quedaban de vida en este mundo. Ni sab\u00eda tampoco, por supuesto, que iba a vivir a\u00fan otros veintisiete a\u00f1os, ni lo pod\u00eda esperar razonablemente para s\u00ed mismo. Pocos franceses llegaban, como \u00e9l lleg\u00f3, a la edad de ochenta a\u00f1os. La mayor parte no llegaban siquiera a los cuarenta. Cualquiera de las varias enfermedades que le persegu\u00edan desde a\u00f1os m\u00e1s j\u00f3venes pod\u00eda haber dado con su cuerpo en la tumba mucho antes, como daban con \u00e9l peri\u00f3dicamente en la cama las fiebres recurrentes y pertinaces. No era el suyo ciertamente un organismo enfermizo o d\u00e9bil, y por eso vivi\u00f3 tanto, pero pudo muy bien haber muerto mucho antes, y estuvo en peligro inminente de hacerlo m\u00e1s de una vez. M\u00e1s de veinte a\u00f1os antes de morir estuvo con la idea de que pod\u00eda morirse en cualquier momento; se preparaba cada d\u00eda para ello, pero no por ello disminuy\u00f3 el ritmo de su actividad o la regularidad de una vida que comenzaba a las cuatro de la ma\u00f1ana y terminaba a las diez de la noche o m\u00e1s tarde. Entre una hora y otra Vicente de Pa\u00fal invert\u00eda al d\u00eda unas doce horas de trabajo, y adem\u00e1s el tiempo exigido por las obligaciones regulares de la vida com\u00fan: rezo del oficio divino, oraci\u00f3n, misa, charlas espirituales con su comunidad, recreaciones.<\/p>\n<p>Este hombre, que naci\u00f3 y se cri\u00f3 m\u00f3vil y andar\u00edn, va a tener desde ahora hasta la muerte una vida aparentemente sedentaria. Pero su alma ambiciosa va a seguir movi\u00e9ndose sin descanso hacia lo profundo de su ser, donde habita Dios, y su esp\u00edritu inquieto hasta los l\u00edmites del mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>4 (1626) Aunque poco, el peque\u00f1o grupo de dos creci\u00f3 pronto, pues ya en los primeros meses del a\u00f1o siguiente, 1626, viv\u00edan en los Buenos Hijos otros dos sacerdotes, Juan de la Salle y Francisco &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-4\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":101477,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[130,224,124,152,161,172,127,267,143,128,129],"class_list":["post-101803","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-beauvais","tag-berulle","tag-du-coudray","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-etienne","tag-pobreza","tag-portail","tag-saint-martin","tag-san-lazaro","tag-silly","tag-urbano-viii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 4 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-4\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 4 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"4 (1626) Aunque poco, el peque\u00f1o grupo de dos creci\u00f3 pronto, pues ya en los primeros meses del a\u00f1o siguiente, 1626, viv\u00edan en los Buenos Hijos otros dos sacerdotes, Juan de la Salle y Francisco ... 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