{"id":101423,"date":"2015-05-14T04:00:43","date_gmt":"2015-05-14T02:00:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=101423"},"modified":"2016-07-26T17:21:23","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:23","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-3-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-3-2\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 3"},"content":{"rendered":"<h2>3<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>No sepult\u00f3 su vida para siempre en Chatillon el se\u00f1or Vicente. Esa era su intenci\u00f3n, pero con frecuencia el hombre propone y la mujer dispone. Vicente debi\u00f3 de llegar a Chatillon en marzo o abril de 1617. Para Navidad del mismo a\u00f1o estaba de vuelta en casa de los Gondy. El que su estancia en Chatillon fuera tan breve a pesar de su intenci\u00f3n debe atribuirse a la pertinacia de una mujer frustrada, Mar\u00adgarita de Silly. Solo que esta mujer no se dio cuenta de que el director fugitivo que le venia de vuelta parec\u00eda ser, pero ya no lo era, el mismo hombre. Se lo hab\u00eda cambiado Dios. Cuando interviene Dios tampoco la mujer dispone.<\/p>\n<p>El que entre mil aldeas posibles del reino de Francia nuestro hombre aterrizara en esta y no en otra se debi\u00f3, un\u00eda vez m\u00e1s, a Berulle. No fue Berulle quien sugiri\u00f3 a Vicente el abandonar el palacio de los Gondy, pero cuando Vicente le consult\u00f3 sobre su decisi\u00f3n de hacerlo para dedicarse definitivamente al trabajo parroquial en los campos, a Berulle no le pareci\u00f3 mal la idea, dado el momento sicol\u00f3gico de nuestro hombre, y le encontr\u00f3 por medio de los oratorianos de Lyon y a poca distancia de ella, una parroquia vacante, la de Chatillon-les-Dombes. A\u00fan se recuerda a Vicente de Pa\u00fal en Chatillon, que hoy se llama Chatillon-sur-Chala\u00adronne. La cosa es sorprendente si se tiene en cuenta que la estancia de Vicente en el pueblo no dur\u00f3 m\u00e1s de ocho meses. Se podr\u00eda pensar que los habitantes de Chatillon han sentido un orgullo hist\u00f3rico bien justificado por quien, aunque fue su p\u00e1rroco por poco tiempo, lleg\u00f3 luego a los altares. Pero es que sent\u00edan ese orgullo a los dos o tres a\u00f1os de morir el, y lo recordaban perfectamente con cari\u00f1o y admiraci\u00f3n que expresaron por escrito mas de cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de la breve estancia del se\u00f1or Vicente en la parroquia.<\/p>\n<p>Se merec\u00eda una tal memoria y una tal admiraci\u00f3n; por la clase de hombre y de sacerdote en que se hab\u00eda convertido a los 37 a\u00f1os, por la cantidad y la calidad del trabajo sacerdotal desarrollado en tan poco tiempo. Considere el lector: conversi\u00f3n al catolicismo por el buen ejemplo de su propia vida de toda una familia de hugonotes que le hab\u00eda recibido como hu\u00e9sped; conversi\u00f3n a una vida seria y solida de varias se\u00f1oritas preciosas y rid\u00edculas; de un noble caballero duelista y fanfarr\u00f3n, que convirti\u00f3 su castillo en hospital de pobres a los que serbia con sus propias manos; conversi\u00f3n a una vida regular de seis cl\u00e9rigos concubinarios y jugadores. A\u00f1\u00e1dase a ello la dedicaci6n incansable al confesonario, a la liturgia bien hecha, a la catequesis, a la predicaci\u00f3n, a la visita de las familias En el poco tiempo que estuvo en el pueblo aprendi\u00f3 el dialecto de la regi6n \u00abpara que apro\u00advechasen mas sus ministerios\u00bb, y \u00abse empobreci\u00f3 por sus numerosas limosnas\u00bb. Empez\u00f3 a murmurarse en Chatillon que les hab\u00eda llovido del cielo un sacerdote santo. No lo era probablemente a\u00fan del todo, pero ya comenzaba a parecerlo de verdad.<\/p>\n<p>Sin embargo, para la trayectoria posterior de la vida de este santo no es lo importante lo que se acaba de decir como s\u00edntesis de su actuar en Chatillon, sino lo que queda por decir. Y en esto que queda por decir no es lo importante lo que hizo \u00e9l, sino lo que Dios hizo que hiciera \u00e9l. En sus a\u00f1os mozos al joven Vicente le gustaba proponer y disponer. Una de las caracter\u00edsticas fundamentales de este santo fue, y por eso lleg\u00f3 a ser santo, que dej\u00f3 que Dios propusiera y dispusiera desde Chatillon hasta su muerte. Esto es lo que Dios le propuso en Chatillon sin buscarlo ni planearlo de antemano. Se preparaba para decir misa cuando vinieron a hablarle sobre una familia enferma, muy pobre, que viv\u00eda a alguna distancia de la aldea, a la que nadie asist\u00eda. Predic\u00f3 durante la misa con el fuego que sol\u00eda poner en sus palabras, y con ello moviliz\u00f3 a todo el pueblo. A todo el pueblo a la vez. De manera que cuando \u00e9l mismo se encamin\u00f3 hacia la casa se encontr\u00f3 con numerosos grupos de lugare\u00f1os con sus cestas llenas o vac\u00edas que en viaje de ida o de vuelta tomaban la sombra bajo los \u00e1rboles en el caluroso mediod\u00eda de agosto.<\/p>\n<p>Al verlos tuvo otra iluminaci\u00f3n. Nunca antes hab\u00eda mostrado dotes de organizador, ni las hab\u00eda necesitado, a decir verdad. Pero aquello saltaba a la vista. Se impon\u00eda la necesidad de poner un poco de orden en la generosidad colectiva y un poco ciega de la poblaci\u00f3n, para que la asistencia a la familia necesitada no fuera chaparr\u00f3n de un d\u00eda. Lo que necesitaba una familia necesitada, las familias ne\u00adcesitadas de Chatillon, es una organizaci\u00f3n de las fuerzas disponibles en Chatillon para remediar en lo posible no un d\u00eda, sino a lo largo del tiempo la necesidad de los que carecen de todo. Esa fue la iluminaci\u00f3n. Y esta fue la respuesta: a los muy pocos d\u00edas el se\u00f1or Vicente organiz\u00f3 la primera de las muchas organizaciones de las que iba a ser creador y animador a lo largo de su vida.<\/p>\n<p>No ten\u00eda nombre lo que fund\u00f3 el se\u00f1or Vicente, no ten\u00eda nada; no ten\u00eda mas que un grupo de ocho mujeres, solteras unas, casadas otras, entre las que se contaban algunas de las preciosas rid\u00edculas convertidas poco antes por el p\u00e1rroco. Pero ten\u00eda un hombre de Dios al frente y un trabajo definido con claridad: asistir todos los d\u00edas a los enfermos pobres de Chatillon en sus propias casas, privilegio reservado en aquellos tiempos a las familias ricas, cuidando y alimentando los cuerpos enfermos y preparando las almas para bien morir y para bien vivir. Todo ello \u00aben el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb, con Mar\u00eda como patrona \u00abpara gloria del buen Jes\u00fas, su hijo\u00bb. Unas trabajaran con sus manos; otras personas contribuir\u00e1n con sus bienes. Unas y otras se animaran a perseverar en el ingrato trabajo considerando aquellas palabras del Se\u00f1or: \u00abVenid, benditos de mi Padre, dulces palabras que oir\u00e1n los que hayan ayudado a los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Todo esto dice un breve relato escrito de pu\u00f1o y letra por el mismo Vicente el 23 de agosto de 1617. Hac\u00eda mas de siete a\u00f1os que no ve\u00edamos su letra, la de la carta a su madre en 1610, al a\u00f1o de su llegada de Roma a Par\u00eds. No parecen dos escritos de la misma persona. No reconocer\u00edamos ahora a aquel sacerdote de treinta a\u00f1os, frustrado y arruinado, que hab\u00eda reducido todos sus ambiciosos ideales a la peque\u00f1a ambici\u00f3n de vivir sin problemas junto a su madre, en la oscuridad de la aldea natal y a la sombra de un modesto beneficio eclesi\u00e1stico. No se reconocer\u00eda a s\u00ed mismo si se recordara a s\u00ed mismo tal como era entonces. Pero probablemente ahora ya ni piensa en s\u00ed mismo. Ha venido a Chatillon precisamente porque dej\u00f3 de pensar en s\u00ed mismo y se puso a pensar en el pueblo de Dios. Este mismo Dios le hizo encontrarse de bruces en Chatillon con lo m\u00e1s delicado de su pueblo: los pobres que sufren adem\u00e1s enfermedad. Vicente se siente llamado, responde de inmediato, moviliza por contagio y organiza a las gentes sensibles y creyentes, bendecidas por Dios Padre porque son capaces de ver en el pobre que sufre la imagen viva de Jesucristo. Su vida va a durar cuarenta y tres a\u00f1os mas, se va a complicar de maneras que el nunca pudo jam\u00e1s haber sonado; autoridades civiles y religiosas le van a hacer jugar mil papeles que nunca busc\u00f3. Pero en la mara\u00f1a de papeles, de obras, de solicitaciones que le llegan de media Europa, y a\u00fan de medio mundo, el se\u00f1or Vicente va a ser fiel siempre a la llamada que comienza a manifest\u00e1rsele en Folleville y en Chatillon, aunque solo a\u00f1os mas tarde se le manifestar\u00e1 en toda su amplitud: el Se\u00f1or le env\u00eda y le llama, como a su propio Hijo, a evangelizar a los pobres.<\/p>\n<p>Tres meses despu\u00e9s del documento mencionado arriba el grupo de mujeres tenga ya un nombre oficial, un reglamento detallado y un reconocimiento de la autoridad eclesi\u00e1stica que garantizaba y hab\u00eda publica su existencia. Dos cosas descubri\u00f3 en s\u00ed mismo el se\u00f1or Vicente a lo largo de 1617 como desconocidos y hasta entonces no explotados dones de Dios y cualidades naturales: su capacidad de movilizador y de organizador. Sus dos sermones en Folleville y en Chatillon fueron en realidad dos arengas que movilizaron al pueblo para las dos cosas que m\u00e1s interesan al pueblo: la paz con Dios, la redenci\u00f3n del necesitado. La movilizaci\u00f3n de Folleville en enero de 1617 queda en suspenso y sin organizar hasta un ario despu\u00e9s, lo veremos enseguida. La de Chatillon se organiza inmediatamente. En tres meses redacta el se\u00f1or Vicente el primero de los muchos reglamentos producidos por su genio organizador para dar cuerpo y solidez a sus obras. La que sali\u00f3 de Chatillon, la m\u00e1s antigua, encontr\u00f3 su alma en un reglamento que revela con nitidez que clase de hombre hab\u00eda llegado a ser a sus 37 a\u00f1os y cu\u00e1les eran las ideas que iban a regir su vida hasta su muerte a los ochenta.<\/p>\n<p>\u00abLa caridad para con el pr\u00f3jimo es una serial infalible de los verdaderos hijos de Dios\u00bb. No sabr\u00edamos decir en que momento de su vida hab\u00eda llegado a descubrir esta verdad que se lee al frente del reglamento, ni cuando empez\u00f3 a hacer de ella el principio animador de su propia vida. Pero ciertamente ya vive de ella a los 37 a\u00f1os, y no la va a abandonar hasta la muerte. Va a hacer de ella el principio de las muchas obras que aun est\u00e1n por nacer. Y no habr\u00e1 persona, alta o baja, rica o pobre, anciana o joven que al entrar en contacto con el no aprenda en sus palabras y en sus hechos que mientras que hasta la vida de mas alta oraci\u00f3n tiene sus peligros de enga\u00f1o, la vida de perfecci\u00f3n sus riesgos de tantas ilusiones, el mism\u00edsimo sacerdocio sus ca\u00eddas en la corrupci\u00f3n y hasta en la herej\u00eda, solo la caridad para con el pr\u00f3jimo es la serial infalible de los verdaderos hijos de Dios. Caridad que ese grupo de se\u00f1oras y j\u00f3venes, que desean \u00abser verdaderas hijas suyas\u00bb, van a manifestar en \u00abuno de los principales actos de caridad como es el de visitar y alimentar a los pobres enfermos\u00bb. No suelen faltar en el mundo cristiano, ni han faltado nunca en Chatillon \u00abpersonas caritativas\u00bb, pero los pobres \u00aba veces han tenido que sufrir mucho mas bien por falta de orden y organizaci\u00f3n\u00bb. De manera que esto es lo que hay que poner donde ya existe lo otro. El se\u00f1or Vicente no va a inventar la caridad. \u00bfQui\u00e9n osar\u00eda decir tal cosa? El se\u00f1or Vicente no es m\u00e1s que un pobre disc\u00edpulo de Jesucristo, el \u00fanico inventor de la caridad. A la caridad de Cristo que lleva en el alma, el se\u00f1or Vicente va a a\u00f1adir de su propia cosecha el orden y la organizaci\u00f3n. De su propia cosecha: tampoco \u00e9sto est\u00e1 bien dicho. Nadie entren\u00f3 ni educ\u00f3 a Vicente, de ni\u00f1o o de joven, en las artes de la organizaci\u00f3n. Tambi\u00e9n eso un buen d\u00eda le broto en el alma sin saber el c\u00f3mo ni d\u00f3nde. Si el amor se lo puso Cristo en el alma, la capacidad de orden y organizaci\u00f3n fue sin duda infusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo esper\u00f3 su tiempo, como lo hace siempre, como lo hizo en la Encarnaci\u00f3n del Verbo, para infundir tal gracia en tal hombre. La iglesia se hab\u00eda tomado antes sus buenos siglos en organizar la pr\u00e1ctica de la caridad. Y lo hab\u00eda conseguido, de manera que en el siglo de oro de la fe cristiana, el siglo XIII, la organizaci\u00f3n de la caridad y de la beneficencia lleg\u00f3 en el mundo cristiano a grados de excelencia que a\u00fan no han sido superados en la historia posterior hasta hoy ni en el mundo cristiano ni en el pagano. Pero en los tiempos del se\u00f1or Vicente esa organizaci\u00f3n daba se\u00f1ales peligrosas de decrepitud. Las instituciones caritativas funcionaban peor que en tiempos anteriores, los pobres eran m\u00e1s numerosos. Era de suponer que la reserva latente de caridad vendr\u00eda a ser en su tiempo m\u00e1s o menos como en tiempos anteriores. El papel del se\u00f1or Vicente fue demostrar que era as\u00ed efectivamente. Que tiempos que parec\u00edan, y lo eran, crueles, fr\u00edvolos, depredadores, de manera que han podido ser calificados justamente como &lt;el siglo de hierro&gt;, tuvieron, a la vez, una reserva de caridad esperando a quien supiera movilizarla y organizarla. Este fue el verdadero papel hist\u00f3rico de Vicente de Paul: suscitar, organizar y aplicar ordenadamente y con eficacia la caridad que Cristo pone en todo tiempo y en todo siglo, aun en los siglos de hierro, en los corazones cristianos. Este papel por el que el nombre de Vicente de Pa\u00fal suena aun hoy comenz\u00f3 nuestro hombre a vivirlo en Chantill\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas mujeres se re\u00fanen en una Cofrad\u00eda de Caridad. Ni la idea ni el nombre los ha inventado tampoco el se\u00f1or Vicente. El mismo conoci\u00f3 un grupo similar con el mismo nombre en el hospital de la Caridad de Roma, y as\u00ed lo reconoce en el texto del reglamento. Cofrad\u00eda quiere decir fraternidad; fraternidad cristiana, por supuesto. No se busca s\u00f3lo, aunque eso es lo que se busca principalmente, que los pobres enfermos sean bien servidos. Interesa vitalmente que ello se haga desde un esp\u00edritu netamente cristiano de oraci\u00f3n, eucarist\u00eda, cultivo incluso intelectual de la fe: se recomienda leer un libro de moda, s\u00f3lido a la vez, <em>Introducci\u00f3n a la vida devota<\/em>, publicado solo nueve a\u00f1os antes por un autor de prestigio, Francisco de Sales; ayuda mutua en la enfermedad y en la muerte, reuniones frecuentes, organizaci\u00f3n democr\u00e1tica y fraternal de la asociaci\u00f3n. O sea, una verdadera cofrad\u00eda en su sentido original y fuerte. Una fraternidad de verdaderas cristianas que se re\u00fanen para asegurar una asistencia ordenada y duradera a todos los enfermos pobres de Chatillon contando s\u00f3lo con los medios humanos y materiales que se pueden encontrar en Chatillon.<\/p>\n<p>El p\u00e1rroco contribuir\u00e1 en las reuniones con \u00abuna breve exhortaci\u00f3n con vistas al progreso espiritual de la compa\u00f1\u00eda\u00bb, pero no ser\u00e1 \u00e9l quien dirija, gobierne y haga funcionar la cofrad\u00eda. Esta funciona por s\u00ed misma, aunque se vaya el p\u00e1rroco. Fue providencial que fuera as\u00ed esta primera invenci\u00f3n del se\u00f1or Vicente, pues un par de semanas despu\u00e9s de que la autoridad eclesi\u00e1stica de la di\u00f3cesis de Lyon diera su visto bueno a la cofrad\u00eda, su inventor y promotor se march\u00f3 de Chatillon para siempre y la dej\u00f3 sola. No se muri\u00f3 por ello la cofrad\u00eda. Ha funcionado hasta el d\u00eda de hoy.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Quinientos kil\u00f3metros no son nada para una mujer que ha perdido al hombre a quien necesita como el aire para la respiraci\u00f3n de su alma. El se\u00f1or de Gondy ten\u00eda el t\u00edtulo de General de las galeras, una especie de primer almirante para la flota de guerra de barcos movidos a remo que ten\u00eda su base en puertos del Mediterr\u00e1neo, la \u00abMarina de Levante\u00bb, como la califican los documentos de la \u00e9poca. Este cargo le obligaba a frecuentes y largas ausencias del hogar, que la se\u00f1ora de Gondy lamentar\u00eda, pero a las que tuvo que resignarse y acostumbrarse por fuerza mayor.<\/p>\n<p>Pero el director de su alma se hab\u00eda ido sin ninguna obligaci\u00f3n impuesta desde fuera, literalmente porque le hab\u00eda dado la gana, sin decir nada, y dejando un portillo abierto a la duda de si no lo habr\u00eda hecho en parte precisamente para librarse de ella. Al posible orgullo herido, aunque permaneciera esta herida sepultada en el subconsciente. Margarita de Silly uni\u00f3 la convicci\u00f3n de que sin su director se perd\u00eda su alma. Para evitarlo, y para traer de vuelta a su casa al capell\u00e1n fugitivo, esta mujer aparentemente d\u00e9bil moviliz\u00f3 todos los recursos que estaban a su alcance para conseguir en muy poco tiempo lo que parec\u00eda imposible: la vuelta del capell\u00e1n pr\u00f3digo a su hogar. Le cost\u00f3, pero lo consigui\u00f3. Ni ella ni el capell\u00e1n se daban cuenta de que todas las tramas no resultaron ser m\u00e1s que medios extra\u00f1os de los que se vali\u00f3 Dios para sacar a Vicente de la aldea remota y hacer de \u00e9l una figura de influencia casi mundial en su d\u00eda, y de fuerte influencia social y eclesi\u00e1stica en la historia posterior. Pero as\u00ed hace con frecuencia Dios las cosas cuando Dios dispone.<\/p>\n<p>Estas son las fuerzas que moviliz\u00f3 la que, muchos a\u00f1os despu\u00e9s de muerta, Vicente calificaba con respeto en el recuerdo como \u00abla se\u00f1ora generala\u00bb. Habl\u00f3 a Berulle para que interviniera, a eclesi\u00e1sticos importantes conocidos de Vicente, al mis\u00adm\u00edsimo obispo de Par\u00eds, hermano del general; hizo que sus propios hijos escribieran tiernas cartas; envi\u00f3 a Chatillon a un eclesi\u00e1stico amigo de Vicente desde los d\u00edas de su trabajo como capell\u00e1n en el palacio de la reina Margarita. Ella misma le envi\u00f3 una carta desgarradora en la que entre otras cosas le dice llanamente que le echar\u00e1 en cara ante Dios todo el mal que suceda a su alma y todo el bien que deje de hacer por estar privada de su ayuda. Dice adem\u00e1s que el se\u00f1or general participa de los mismos sentimientos, como as\u00ed era en efecto, seg\u00fan consta en otra carta que escribi\u00f3 a Vicente el general mismo.<\/p>\n<p>No hay fortaleza que se resista ante un ataque desde tantos frentes diferentes. Aun as\u00ed Vicente, que desde que dej\u00f3 para siempre los \u00edmpetus un poco locos de su juventud y conoci\u00f3 a Berulle hab\u00eda tomado la costumbre de consultar para decisiones importantes a personas que \u00e9l cre\u00eda m\u00e1s sabias y m\u00e1s sensatas que \u00e9l mismo, costumbre que mantuvo el resto de su vida, consult\u00f3 tambi\u00e9n sobre qu\u00e9 hacer en este caso no a Berulle, a quien ya no volvi\u00f3 a consultar jam\u00e1s, sino a uno de sus hombres, el superior de la casa del Oratorio de la cercana Lyon. O\u00edda la opini\u00f3n de \u00e9ste como si fuera la voz de Dios. Vicente se crey\u00f3 obligado a despedirse entre l\u00e1grimas de sus fieles de Chatillon y poner rumbo a Par\u00eds y a la casa de los Gondy. a donde lleg\u00f3 la v\u00edspera del d\u00eda de Navidad.<\/p>\n<h3><strong>(1618)<\/strong><\/h3>\n<p>Casi ocho a\u00f1os m\u00e1s iba a estar el se\u00f1or Vicente con los Gondy, pero esta vez en una situaci\u00f3n muy diferente de la anterior, que hab\u00eda durado casi cuatro a\u00f1os. Seguir\u00eda actuando como director espiritual de la se\u00f1ora, pero \u00e9l no volv\u00eda para seguir siendo preceptor de los ni\u00f1os. Este trabajo pas\u00f3 de com\u00fan acuerdo a un seminarista, Antonio Portail, a quien Vicente hab\u00eda conocido cuando estuvo de p\u00e1rroco en Clichy, y que con el correr del tiempo se convertir\u00eda en su brazo derecho para sus dos obras m\u00e1s importantes. El exigi\u00f3 para s\u00ed mismo libertad para dedicarse a misionar a los campesinos de las tierras de los Gondy y para establecer en sus localidades cofrad\u00edas de la caridad al estilo de la fundada en Chatillon. Al mes exacto de volver a Par\u00eds daba su primera misi\u00f3n y fundaba la primera cofrad\u00eda en uno de los pueblos de los Gondy. Villepreux. Esto estuvo haciendo hasta la muerte de la se\u00f1ora en 1625, de manera que al morir ella Vicente hab\u00eda misionado todos los poblados de alguna importancia en las tierras de ambos esposos.<\/p>\n<p>Estos ocho a\u00f1os son los m\u00e1s oscuros y peor conocidos en la evoluci\u00f3n de la vida interior y la sicolog\u00eda del Vicente adulto. Se sabe con seguridad que la mayor parte de su tiempo estuvo ocupada en las misiones que acabamos de mencionar, excepto por cuatro meses cada a\u00f1o, pues la campa\u00f1a misionera comenzaba en octubre y terminaba con los primeros calores de junio. Sabemos tambi\u00e9n con seguridad de otros hechos y actividades que mencionaremos m\u00e1s adelante. De modo que lo que sabemos es suficiente para saber d\u00f3nde estaba y qu\u00e9 hac\u00eda durante estos ocho a\u00f1os casi mes por mes. Sabemos lo que hizo, sabemos hasta cierto punto c\u00f3mo lo hac\u00eda, pero no sabernos casi nada de lo qu\u00e9 pas\u00f3 en su alma desde su vuelta de Chatillon en diciembre de 1617 hasta que fund\u00f3 la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en 1625-1626. Hay indicios indirectos y externos de un progreso in\u00addefectible y hasta sorprendentemente r\u00e1pido en santidad y en madurez humana. Como por ejemplo que todo un santo como Francisco de Sales, sutil conocedor de hombres, pensara en Vicente en 1622, cuando \u00e9ste era a\u00fan un sacerdote des\u00adconocido, para el delicad\u00edsimo y nada f\u00e1cil cargo de superior del primer monasterio de la Visitaci\u00f3n en Par\u00eds. Sabemos ciertamente hechos, pero, como tuvo que admitir el primer bi\u00f3grafo, Luis Abelly, que conoci\u00f3 personalmente a Vicente durante muchos a\u00f1os, \u00abla parte principal, la interior y espiritual, nos es desconocida\u00bb. El Vicente maduro, el que definitivamente se embarc\u00f3 en el camino de la santidad, se gest\u00f3 precisamente entre 1618 y 1625. Fuera de un par de indicios reveladores de su interior, que comentaremos en su lugar, la falta de claves para conocer siquiera fuera someramente su evoluci\u00f3n espiritual en esos a\u00f1os es total. La evo\u00adluci\u00f3n del se\u00f1or Vicente en esos a\u00f1os hay que conocerla por sus frutos, o sea, por lo que fue pasando en su vida y fue brotando de sus labios despu\u00e9s de 1625.<\/p>\n<p>\u00bf,C\u00f3mo ser\u00eda la primera misi\u00f3n en Villepreux en enero de 1618, dada por un hombre que no s\u00f3lo no hab\u00eda dado antes ninguna sino que ni siquiera las hab\u00eda visto y no las conoc\u00eda m\u00e1s que de o\u00eddas, como \u00e9l mismo admitir\u00eda en p\u00fablico a\u00f1os despu\u00e9s? Ni tampoco las conoc\u00edan, que sepamos, sus compa\u00f1eros de misi\u00f3n, que fueron en este caso un doctor en teolog\u00eda y otros dos importantes eclesi\u00e1sticos de Par\u00eds. No deja de ser curioso que Vicente escogiera invariablemente durante estos a\u00f1os como compa\u00f1eros de misi\u00f3n a un tipo de sacerdotes que ni por formaci\u00f3n ni por los cargos que ocupaban parecer\u00edan estar adaptados para trabajar entre campesinos analfabetos. No sabemos en realidad si estas primeras misiones tu\u00advieron mucho \u00e9xito, aunque parece que s\u00ed por la historia posterior, ni tampoco sabemos c\u00f3mo con la experiencia progresiva Vicente fue creando un estilo de misi\u00f3n que posteriormente s\u00ed iba a tener un \u00e9xito reconocido. Pero el tipo de compa\u00f1eros elegidos apunta a un aspecto de la misi\u00f3n del se\u00f1or Vicente que nos parece rigurosamente original en la historia de las misiones populares, aspecto que \u00e9l sin duda vio desde el principio como fundamental y mantuvo a lo largo de su vida misionera, y adem\u00e1s transmiti\u00f3 a sus seguidores. El pueblo campesino es bueno y religioso, el pueblo campesino es muy ignorante de las ense\u00f1anzas de la misma religi\u00f3n que vive. A\u00f1os despu\u00e9s, con la autoridad que le daba su larga experiencia de ese pueblo llegar\u00eda a decir que \u00abentre esas pobres gentes se encuentra la verdadera religi\u00f3n, una fe viva\u00bb. De manera que lo que necesita ese pueblo no es un mensaje que les comunique la fe, sino una ins\u00adtrucci\u00f3n sistem\u00e1tica en las verdades de la fe y las motivaciones necesarias para vivirla mejor. Lo que necesita, en suma, es catequesis. Para d\u00e1rsela Vicente escoge sacerdotes competentes en el conocimiento de las verdades de la fe, doctores en teolog\u00eda si es posible, e incluso profesores de la Sorbona, la mejor facultad teol\u00f3gica del pa\u00eds. El pueblo sufrido, verdaderamente religioso e ig\u00adnorante a la vez, se merece lo mejor, y se le da lo mejor.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s la misma estructura general de aquellas misiones revela claramente la intenci\u00f3n catequ\u00e9tica fundamental de la primitiva misi\u00f3n del se\u00f1or Vicente. Para conseguir que la gente se confiese puede bastar un buen serm\u00f3n, como le sucedi\u00f3 en Folleville. Pero para catequizar en profundidad a ni\u00f1os, j\u00f3venes, adultos que s\u00f3lo pueden recibir la instrucci\u00f3n diaria por la noche, al volver del campo, cuatro semanas pueden ser insuficientes. Y as\u00ed la misi\u00f3n se prolonga por seis, siete y ocho semanas. El grupo misionero tiene una fecha para comenzar la misi\u00f3n, pero no para terminarla. Se termina cuando parece que la mayor parte de la poblaci\u00f3n, que por supuesto har\u00e1 su buena confesi\u00f3n general y comuni\u00f3n, haya recibido una instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica suficiente para ilustrar la fe que viven.<\/p>\n<p>Por ejemplo, el pueblo es devoto de la Virgen Mar\u00eda y vive esa devoci\u00f3n sin plantearse problemas te\u00f3ricos. Pero hay que ense\u00f1arle, entre otras muchas cosas, por qu\u00e9 hay que ser devoto de la Virgen Mar\u00eda, c\u00f3mo hay que serlo, c\u00f3mo no hay que serlo. No hay que adorar, digamos, su estatua, ni adorarle a ella misma. Esto lo sabe cualquier ni\u00f1o cat\u00f3lico si est\u00e1 bien instruido en su fe. Por o\u00edrlo de la boca de un ni\u00f1o en una de las misiones del se\u00f1or Vicente, un hereje hugonote, que encontraba en esa devoci\u00f3n la \u00faltima gran dificultad para dar el paso, dej\u00f3 su pretendida religi\u00f3n reformada y se convirti\u00f3 en miembro de la verdadera iglesia.<\/p>\n<p>A la catequesis sistem\u00e1tica dada en la misi\u00f3n Vicente a\u00f1ad\u00eda invariablemente la fundaci\u00f3n de lo que hab\u00eda inventado en Chatillon, una cofrad\u00eda de la caridad que resolviera el problema de la asistencia sistem\u00e1tica a los enfermos pobres. Se ha dicho mil veces, tal vez porque sea obvio, y ciertamente porque es as\u00ed: misi\u00f3n y caridad, estas dos palabras, las dos juntas, resumen muy adecuadamente lo que ha significado la figura de Vicente de Pa\u00fal en la historia de la iglesia y en la historia de la humanidad. Se puede fijar con todo rigor el lugar y la fecha en que empez\u00f3 a ser as\u00ed en la vida del se\u00f1or Vicente: finales de enero de 1618, en Villepreux. Ten\u00eda a la saz\u00f3n 38 a\u00f1os mal cumplidos.<\/p>\n<p>Recordemos, pues, que entre 1618 y 1625 la actividad de Vicente de Pa\u00fal se centra fundamentalmente en misionar en su peculiar estilo reposado y profundo, con la ayuda ocasional de otros sacerdotes, todos los poblados de alg\u00fan tama\u00f1o, unos cuarenta, de las tierras de los dos esposos Gondy. Pero hizo tambi\u00e9n en ese tiempo otras cosas y tuvo otras experiencias en esos a\u00f1os, entre las que destacamos una \u00faltima visita que hizo a su familia en 1623, visita que supone, como veremos, la ruptura definitiva con su pasado, y el conocimiento de dos personas que iban a influir profundamente en la evoluci\u00f3n de su santidad, y hasta en su sicolog\u00eda. Estas fueron Francisco de Sales y Luisa de Marillac. Hay otros datos seguros relativos a estos a\u00f1os, datos que tambi\u00e9n veremos, pero los que hemos mencionado son los m\u00e1s significativos y reveladores para el conocimiento de nuestro hombre.<\/p>\n<h3><strong>(1619)<\/strong><\/h3>\n<p>No se sabe con precisi\u00f3n cu\u00e1ndo y c\u00f3mo se conocieron Francisco de Sales y Vicente de Pa\u00fal, pero tampoco importa mucho. El puente que estableci\u00f3 la relaci\u00f3n entre los dos fue probablemente el se\u00f1or de Gondy, quien conoc\u00eda a Francisco de Sales, dato que sabemos por testimonio del mismo Vicente. El hecho debi\u00f3 de tener lugar no antes del comienzo de 1619, al a\u00f1o de haber comenzado su trabajo de misionero ambulante. Aunque era a\u00fan perfectamente desconocido incluso en c\u00edrculos eclesi\u00e1sticos no le import\u00f3 esto a San Francisco de Sales. Le bast\u00f3 un conocimiento de nuestro hombre de unos pocos meses para que le escogiera entre otros posibles candidatos m\u00e1s sonados y de m\u00e1s prestigio como director del primer monasterio de la Visitaci\u00f3n en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Francisco de Sales se volvi\u00f3 a su di\u00f3cesis de Annecy a finales de 1619 y muri\u00f3 tres a\u00f1os despu\u00e9s. No se volvieron a ver nuestros dos hombres despu\u00e9s de la despedida en Par\u00eds, pero esos pocos meses de conocimiento mutuo fueron para Vicente una experiencia que le marc\u00f3 a fuego. Una cosa es leer libros sobre la santidad y otra muy diferente verla y o\u00edrla en directo. Francisco de Sales era el primer santo cano\u00adnizable que Vicente ve\u00eda al alcance de la mano. De muchas virtudes era modelo su admirado amigo, pero a Vicente lo que m\u00e1s le impresion\u00f3, por contraste con su propio car\u00e1cter, fue la extremada amabilidad y dulzura de la persona. No era \u00f1o\u00f1o en manera alguna Francisco de Sales, como a veces se le ha pintado y como a veces se concluye por la enga\u00f1osa suavidad de su estilo escrito. Casi parecer\u00eda el caso perfecto del guante de terciopelo que cubre un robusto pu\u00f1o de hierro. Mucha gente se sinti\u00f3 atra\u00edda a su direcci\u00f3n espiritual por su atrayente amabilidad y por el suave estilo de su <em>Introducci\u00f3n a la vida devota. <\/em>Pero sus maneras de dirigir por los caminos del esp\u00edritu no ten\u00edan nada de blandas. Al alma m\u00e1s santa que le cay\u00f3 en suerte, la de Juana Francisca Fremiot de Chantal, este hombre que pasa por ser dulc\u00edsimo y suav\u00edsimo la dirigi\u00f3 en algunos momentos con una dureza sorprendente. M\u00e1s sor\u00adprendente si se tiene en cuenta que la vida interior de la Chantal no fue exactamente un camino de rosas sino con frecuencia un duro camino de calvario sin consuelo ni luz. Parecer\u00eda que lo que m\u00e1s necesitaba esta mujer dolorosa era consuelos y dulzuras. Pero la Chantal ten\u00eda tambi\u00e9n su lado de mujer brava y fuerte. En una ocasi\u00f3n Francisco de Sales se crey\u00f3 en la obligaci\u00f3n de dominar su bravura oblig\u00e1ndole a comerse un plato de caracoles, bichos que a la Chantal le repugnaban profundamente.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal encontr\u00f3 en la dulzura y mansedumbre de Francisco de Sales el ejemplo vivo de que se pod\u00eda ser <a href=\"http:\/\/as%C3%AD.de\">as\u00ed de<\/a> que siendo as\u00ed se atra\u00eda a las gentes a los caminos de la fe y de la verdadera devoci\u00f3n. Francisco de Sales tuvo a trav\u00e9s de sus suaves maneras un \u00e9xito incre\u00edble en la conversi\u00f3n de protestantes y en la atracci\u00f3n de gentes de todas las clases a las exigencias de una vida verdaderamente devota. Vicente de Pa\u00fal aprendi\u00f3 que tambi\u00e9n \u00e9l ten\u00eda que ser as\u00ed si quer\u00eda ser verdadero misionero; que lo necesitaba, pero que no lo era. El m\u00e1s bien tend\u00eda a tener un car\u00e1cter un poco seco, incluso, si se dejaba llevar, hosco. El cronista de la muerte de Vicente nos dice que todos los presentes ten\u00edan \u00ablos ojos fijos en aquel padre tan amable\u00bb. Eso lo pudo decir con justicia, porque Vicente era a los ochenta a\u00f1os extremadamente amable, tal vez tanto como Francisco de Sales. Pero aqu\u00e9l lo aprendi\u00f3 de \u00e9ste, cosa que por otra parte siempre reconoci\u00f3, aunque le cost\u00f3 muchos a\u00f1os de esfuerzo constante.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Si el se\u00f1or de Gondy no hubiera sido general de las galeras, el se\u00f1or Vicente, plenamente ocupado en sus misiones rurales, ni se hubiera enterado probablemente de la existencia de los seres humanos que sufr\u00edan las peores condiciones de vida en la Francia de su tiempo. Estos eran los galeotes, los condenados a mover a fuerza de remos los barcos de guerra de la \u00e9poca. No es s\u00f3lo que sentado en el duro banco y encadenado a un enorme remo el galeote tuviera que remar a veces hasta la extenuaci\u00f3n o incluso hasta la muerte por agotamiento f\u00edsico. Todo era brutal en su situaci\u00f3n. Las causas de la condena a galeras eran a veces irrisorias en relaci\u00f3n a tal pena. Insolvencia en casos de peque\u00f1as deudas, por ejemplo, peque\u00f1os robos, simple vagabundeo. Por supuesto hab\u00eda tambi\u00e9n otras causas no tan irrisorias: cautividad en caso de guerra, homicidio, rebeli\u00f3n p\u00fablica, sedici\u00f3n. Brutales eran tambi\u00e9n las condiciones de vida en el mismo Par\u00eds mientras despu\u00e9s de la condena judicial esperaban su traslado a los puertos de mar: hacinamiento, suciedad, mala alimentaci\u00f3n, malos tratos.<\/p>\n<p>En Par\u00eds visit\u00f3 Vicente por primera vez a los galeotes el mismo a\u00f1o en que empez\u00f3 su vida de misionero, si por sugerencia del se\u00f1or de Gondy o por propia iniciativa, no lo sabemos. Pronto se puso a movilizar diversos recursos con vistas a mejorar las condiciones de vida de los galeotes, empezando por el traslado a otro edificio m\u00e1s amplio, m\u00e1s aireado y en general en mejores condiciones que el que se hab\u00eda dedicado hasta entonces, el ominoso edificio conocido como la Conciergerie. Mejor\u00f3 la alimentaci\u00f3n, mejor\u00f3 la atenci\u00f3n m\u00e9dica, mejor\u00f3, \u00bfqui\u00e9n se hubiera atrevido a hacerlo en aquel infierno&#8217;?, la atenci\u00f3n espiritual. No es leyenda sino riguroso hecho hist\u00f3rico el que la atenci\u00f3n del se\u00f1or Vicente produjera entre los condenados numerosos casos de conversi\u00f3n del pecado a la gracia, de la Reforma a la Iglesia, del mahometismo al cristianismo. Todo ello a trav\u00e9s de un medio como la misi\u00f3n que se hab\u00eda inventado el se\u00f1or Vicente para las aldeas de los alrededores de Par\u00eds y que, debidamente adaptado, result\u00f3 ser tambi\u00e9n eficaz en un medio potencialmente hostil como lo era el de los condenados a galeras. No le falt\u00f3 a todo ello el equivalente a las cofrad\u00edas de caridad. S\u00f3lo que no fueron \u00e9stas sino las mism\u00edsimas hijas de la caridad las que atendieron personal y direc\u00adtamente a aquellos pobres infelices, desde el momento mismo en que fueron fundadas unos quince a\u00f1os m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente sigui\u00f3 preocup\u00e1ndose de los galeotes por s\u00ed mismo y a trav\u00e9s de los hombres y mujeres que se fueron contagiando de su esp\u00edritu. Iba en \u00e9l, adem\u00e1s de su gran coraz\u00f3n, el cumplimiento de una obligaci\u00f3n que brotaba de un nuevo cargo, o m\u00e1s bien carga, que no beneficio como los que so\u00f1ara anta\u00f1o, que se le vino a a\u00f1adir a su trabajo de misionero ambulante. Pues tanto agrad\u00f3 al se\u00f1or de Gondy la actitud del capell\u00e1n de su casa con los Galeotes que consigui\u00f3 del rey para \u00e9l el nombramiento de director de todos los capellanes dedicados a la atenci\u00f3n espiritual de los condenados, el t\u00edtulo de capell\u00e1n general de las galeras de su Majestad, \u00abcon los mismos honores y derechos de que disponen los dem\u00e1s oficiales de la marina de Levante\u00bb. Esto suced\u00eda en febrero de 1619, pero ya antes de ser oficialmente nada hab\u00eda hecho un viaje largo a Marsella para ver con sus propios ojos la situaci\u00f3n de los galeotes. De este viaje y otros posteriores naci\u00f3 la iniciativa de la construcci\u00f3n de un hospital para los heridos y enfermos del que se encargaron las hijas de la caridad, y del que consta por un testimonio del tiempo que los Galeotes lo miraban \u00abcomo un para\u00edso; solamente con entrar en \u00e9l se les ve sanar de la mitad de sus males\u00bb.<\/p>\n<p>De manera que este hombre que a comienzos del a\u00f1o 1618 cree haber encontrado una vocaci\u00f3n absorbente en la evangelizaci\u00f3n del mundo campesino se encuentra ese mismo a\u00f1o sin haberlo buscado con un mundo desconocido hasta entonces para \u00e9l, para el que siente en el fondo de su alma la llamada de Dios. Tambi\u00e9n estos son hijos de Dios, tambi\u00e9n necesitan pan y evangelio, tambi\u00e9n son pobres. No los dejar\u00eda de su mano y de su coraz\u00f3n hasta la muerte.<\/p>\n<h3><strong>(1621)<\/strong><\/h3>\n<p>Tambi\u00e9n son pobres. Basta que lo sean para que Vicente de Pa\u00fal se sienta llamado a partir de sus 38 a\u00f1os a hacer algo por ellos. Cuarenta y un a\u00f1os ten\u00eda cuando cay\u00f3 en la ciudad de Macon. Un vistazo a un mapa de Francia hace ver de inmediato lo cerca que est\u00e1 Macon de Chatillon, donde sin duda le hubiera gustado volver a ver a los feligreses que hab\u00eda dejado tres a\u00f1os antes, y lo convenientemente situadas que est\u00e1n ambas en el camino m\u00e1s recto entre Par\u00eds y Marsella, a donde tal vez fue en esa ocasi\u00f3n de visita a los galeotes como capell\u00e1n general de las galeras. No importa el motivo, pero el hecho es seguro. Lo cuenta y lo comenta \u00e9l mismo catorce a\u00f1os m\u00e1s tarde a Luisa de Marillac para que no se desanime en sus trabajos en favor de los pobres por las dificultades y cr\u00edticas que encuentre. El mismo, le dice, fue objeto de burlas cuando intent\u00f3 arreglar el problema de los pobres en Macon. Todo el mundo se re\u00eda de \u00e9l y le se\u00f1alaba con el dedo por las calles. Pero cuando llev\u00f3 a cabo su plan con \u00e9xito, tuvo que \u00absalir a escondidas para evitar los aplausos\u00bb. Lo dice \u00e9l mismo no para alabarse, sino para animar a Luisa de Marillac. Pero se alaba, cosa totalmente at\u00edpica en este hombre, que no lo sol\u00eda hacer antes de ser santo, ni lo volvi\u00f3 a hacer despu\u00e9s que comenzara a serlo.<\/p>\n<p>Ten\u00eda Vicente motivos para estar orgulloso de un plan que parec\u00eda imposible, pero que le sali\u00f3 perfecto. Una peque\u00f1a ciudad como Macon encontr\u00f3 durante muchos a\u00f1os un problema social sin soluci\u00f3n en sus aproximadamente 300 mendigos que \u00abviv\u00edan en una ignorancia tan profunda de las verdades de la religi\u00f3n, y estaban hundidos en unas costumbres tan criminales que no se les pod\u00eda ver sin asombro\u00bb. Al n\u00famero de mendigos hab\u00eda que a\u00f1adir alrededor de 200 familias, pobres vergonzantes muchas de ellas, que carec\u00edan de lo fundamental para vivir. Esto no era un problema de asistencia ben\u00e9fica en peque\u00f1a escala como el que presentaban las cuatro familias necesitadas v los diez o doce enfermos pobres de Chatillon o de cualquiera de los pueblos de los Gondy. Esto era ya un problema social de grandes dimensiones que presentaba incluso aspectos dif\u00edciles de orden p\u00fablico. Hab\u00edan pensado resolver el problema las autoridades de Macon con una f\u00f3rmula que se ven\u00eda probando en otras ciudades francesas y del resto de Europa desde el siglo anterior, los llamados Hospitales Generales, que no erar hospitales propia\u00admente dichos. Estos \u00faltimos recib\u00edan en Francia desde la Edad Media el nombre de Hotel-Dieu, y fueron en los siglos medievales centros por lo general bien dotados para la asistencia de los enfermos pobres. Pero ya en tiempo del se\u00f1or Vicente en las grandes ciudades se hab\u00edan convertido buen n\u00famero de ellos en almacenes de enfermos en condiciones pavorosas de hacinamiento.<\/p>\n<p>Los llamados Hospitales Generales eran otra cosa, inventada en el siglo XVI para resolver los problemas producidos por el creciente n\u00famero de gentes sin trabajo, vagabundos, soldados mutilados o licenciados de las muchas guerras nacionales e internacionales, campesinos expulsados de sus tierras, quienes a falta de medios de vida en el mundo rural acud\u00edan a las ciudades con la vana esperanza de en\u00adcontrarlos en ellas, o de sobrevivir al menos de la caridad privada o p\u00fablica, o en el peor de los casos del rabo o del enga\u00f1o. El Hospital General t\u00edpico era por un lado hospital para los enfermos pobres, y adem\u00e1s taller de trabajos forzados para los sanos. Forzados est\u00e1 bien dicho, pues los pobres sin casa ni medios conocidos de vida eran encerrados a la fuerza, si se dejaban coger, y obligados a un horario r\u00edgido de trabajo mal pagado. Veremos al se\u00f1or Vicente oponerse en su ancianidad a un proyecto monstruoso de Hospital General para resolver el problema de la mendicidad en el mism\u00edsimo Par\u00eds. La historia reciente ha calificado con justicia esta dr\u00e1stica no soluci\u00f3n del problema pavoroso de la pobreza en el siglo XVII como \u00abel gran encerramiento de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Las fuerzas vivas de Macon llegaron a probar la f\u00f3rmula del Hospital General. Ten\u00edan un modelo cercano, el enorme Hospital General de la Caridad, fundado s\u00f3lo siete a\u00f1os antes en Lyon, ciudad que era a la saz\u00f3n el mayor centro industrial de Europa, donde el paro y los bajos salarios produc\u00edan estragos de pobreza entre el pueblo bajo. Pero el experimento de Macon fracas\u00f3, como en tantos otros lugares. Providencialmente apareci\u00f3 por aquellos parajes \u00abun sacerdote, capell\u00e1n del se\u00f1or general de las galeras\u00bb, que no era otro que Vicente de Pa\u00fal, quien hab\u00eda visto el problema con s\u00f3lo pasearse por las calles de la ciudad y, por lo que parece, pens\u00f3 inmediatamente en la manera de resolverlo e incluso present\u00f3 a las autoridades municipales un plan detallado para hacerlo. Decimos \u00abpor lo que parece\u00bb, pues lo mismo la rapidez de elaboraci\u00f3n del plan que la iniciativa de presentarlo a las autoridades sin que nadie se la pidiera son datos muy poco caracter\u00edsticos del obrar del Vicente maduro, aunque s\u00ed lo hab\u00edan sido de su estilo de obrar en su juventud. Hubo en Macon quien lo trat\u00f3 de \u00abtemerario y orgulloso, por meterse en cosas que a \u00e9l no le importaban\u00bb. Todo esto aparece en las fuentes de informaci\u00f3n, que son los archivos del Ayuntamiento y del cap\u00edtulo de la iglesia de Macon.<\/p>\n<p>Estas eran las l\u00edneas generales del plan. Se comenzar\u00eda por una investigaci\u00f3n detallada para conocer con exactitud el n\u00famero de pobres inv\u00e1lidos, ni\u00f1os y an\u00adcianos, y el de los capaces de trabajar, as\u00ed como de los pobres vergonzantes. A los incapaces de ganarse la vida por sus propios medios se les dar\u00eda \u00abtodas las semanas lo necesario para vivir; a los que ganan una parte de su sustento se les dar\u00e1 lo que les falte. En cuanto a los muchachos, se les pondr\u00e1 en alg\u00fan oficio o bien se construir\u00e1 un taller para alg\u00fan trabajo f\u00e1cil, como el de tejer\u00bb. Esta \u00faltima lo hab\u00eda aplicado ya Vicente con \u00e9xito a trav\u00e9s de algunas cofrad\u00edas de las fundadas en los pueblos de Gondy. Huelga decir que este plan contaba con su complemento de instrucci\u00f3n y pr\u00e1ctica religiosa, de catequesis, misa semanal, confesi\u00f3n mensual. Se prohibi\u00f3 sumariamente la pr\u00e1ctica de la mendicidad; se privaba de las ayudas convenidas a quien fuera sorprendido pidiendo limosna en la v\u00eda p\u00fablica.<\/p>\n<p>Los fondos necesarios se recababan de contribuciones voluntarias en especie o en dinero a las que se comprometieron el clero y las gentes pudientes de Macon, de algunos impuestos municipales, de colectas que hac\u00edan \u00abtodos los domingos las se\u00f1oritas de la ciudad\u00bb. El plan funcion\u00f3 a la perfecci\u00f3n, y acab\u00f3 de inmediato con la mendicidad p\u00fablica y con la necesidad extrema material en toda la ciudad. \u00abYa no se ve\u00eda a nadie asediado en la calle o a la puerta de las iglesias por esos mendigos sanos, que no tienen durante el d\u00eda m\u00e1s ocupaci\u00f3n que la de buscar con qu\u00e9 vivir\u00bb. En cuanto al aspecto religioso, tambi\u00e9n mejor\u00f3 sustancialmente. Tes\u00adtimonios del tiempo nos hablan de que los confesores \u00abencontr\u00e1bamos a ancianos de sesenta a\u00f1os y a\u00fan m\u00e1s que nos dec\u00edan francamente que no se hab\u00edan confesado nunca; cuando se les hablaba de Dios, de la Trinidad, de la encarnaci\u00f3n, todo esto era un lenguaje que no entend\u00edan. Pero por medio de esta piadosa Cofrad\u00eda de la Caridad que fund\u00f3 el se\u00f1or Vicente se puso remedio a estos des\u00f3rdenes y en poco tiempo se atendieron las necesidades de cuerpo y alma de toda aquella muche\u00addumbre de pobres\u00bb.<\/p>\n<p>De manera que lo que fund\u00f3 Vicente en Macon fue otra cofrad\u00eda, pero \u00e9sta en gran escala, con responsabilidad sobre los pobres de toda una ciudad. Funcion\u00f3 a la perfecci\u00f3n, como hemos dicho, y por eso tuvo el se\u00f1or Vicente que salir de la ciudad a escondidas para evitar los aplausos. Pero la cofrad\u00eda y todo el plan duraron poco. Las razones de que as\u00ed fuera hicieron a Vicente revisar profundamente su experiencia de organizador en cuanto a la manera de recaudar los fondos necesarios para mantener las obras de beneficencia. Nunca renunci\u00f3 a hacerlo con aportaciones voluntarias y limosnas libres, como hab\u00eda sido y sigui\u00f3 siendo el caso de las cofrad\u00edas de la caridad. Pero Vicente de Pa\u00fal se dio cuenta muy pronto de que obras s\u00f3lidas y de cierta envergadura no pueden funcionar duraderamente si no se les asegura una base econ\u00f3mica suficiente que no dependa del todo de la gene\u00adrosidad fluctuante de quienes controlan los medios econ\u00f3micos. El plan que dise\u00f1\u00f3 el se\u00f1or Vicente para Macon funcion\u00f3 muy bien hasta que a partir de unos diez a\u00f1os m\u00e1s tarde las guerras, la peste y el enfriamiento consiguiente de la caridad general produjeron una dr\u00e1stica reducci\u00f3n de ingresos que acab\u00f3 con el plan. Volvi\u00f3 a florecer la mendicidad y el hambre, y para resolver el problema unos cincuenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1680, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de muerto el se\u00f1or Vicente, los ricos de Macon pod\u00edan haber intentado hacer revivir el plan de Vicente que tan buenos resultados hab\u00eda dado mientras dur\u00f3, pero no lo hicieron sino que mandaron construir a sus expensas un Hospital General.<\/p>\n<p>La actuaci\u00f3n de Vicente en Macon est\u00e1 ciertamente de lleno en l\u00ednea con lo que fue lo fundamental para \u00e9l, la evangelizaci\u00f3n de los pobres, pero result\u00f3 ser un hecho casi aislado en el conjunto de su vida. Ocho a\u00f1os despu\u00e9s intent\u00f3 tambi\u00e9n con \u00e9xito en Beauvais un plan parecido al de Macon. Pero en a\u00f1os posteriores Vicente de Pa\u00fal pensar\u00e1 a fondo las dificultades y las posibilidades de las obras que se cree llamado por Dios a emprender; parecer\u00e1 a veces lento en tomar decisiones que los que le rodean consideran obvias y urgentes. Pero, a diferencia de su actuar en Macon, una vez decidido se comprometer\u00e1 con la obra de que se trate hasta la muerte, o hasta que deje de existir el problema que motiv\u00f3 la obra.<\/p>\n<h3><strong>(1622)<\/strong><\/h3>\n<p>Hasta la muerte le dur\u00f3, sin \u00e9l quererlo, otro trabajo que no sabemos si acept\u00f3 a gusto o a disgusto cuando se lo ofreci\u00f3 Francisco de Sales en 1622, trabajo que quiso dejar de lado m\u00e1s tarde varias veces sin que las autoridades competentes se 1o permitieran. Hemos mencionado la idea que llevar\u00eda a Francisco de Sales a ofrecer un tal trabajo a un tal hombre<strong>: <\/strong>la calidad humana y el potencial de santidad que Francisco de Sales crey\u00f3 intuir, y no se equivoc\u00f3, al conocer a Vicente cuando \u00e9ste ten\u00eda s\u00f3lo 39 a\u00f1os. Esta tuvo que ser la raz\u00f3n, y no otra, pues ning\u00fan otro aspecto de la personalidad de Vicente parec\u00eda ser adecuado para ponerlo al frente de un mundo tan delicado y fino como el de un monasterio de la orden de la Visitaci\u00f3n. No ciertamente su origen campesino, tampoco su preparaci\u00f3n intelec\u00adtual, inferior ciertamente a la del fundador, v menos a\u00fan su trabajo de misionero rural o de capell\u00e1n de galeras. Por lo dem\u00e1s Vicente desempe\u00f1\u00f3 este trabajo con total aceptaci\u00f3n por parte de las monjas, quienes fueron las que lograron frustrar los varios intentos de Vicente de dejar el trabajo de director a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Varios motivos le llevaron a pensar en dejar la direcci\u00f3n de la Visitaci\u00f3n. Habr\u00eda que destacar como raz\u00f3n principal la mera falta de tiempo en la vida de un hombre que se complic\u00f3 la vida con obras y actividades en grado incre\u00edble, como se ir\u00e1 viendo. Otra raz\u00f3n ser\u00eda m\u00e1s bien sicol\u00f3gica. A los 42 a\u00f1os, cuando fue nombrado director, los cuatro a\u00f1os previos de actividad como misionero ambulante y capell\u00e1n de los galeotes hab\u00edan ciertamente abierto el camino de dedicaci\u00f3n al mundo de los pobres que el se\u00f1or Vicente seguir\u00eda hasta la muerte, pero a\u00fan no hab\u00edan marcado con profundidad su conciencia con la convicci\u00f3n de que \u00e9se era no s\u00f3lo su camino, sino su \u00fanico camino que exclu\u00eda todo lo que no fuera dedicaci\u00f3n pura y simple a la evangelizaci\u00f3n de los pobres o que no pudiera ser de alguna manera orientado a ella. Ahora bien, el se\u00f1or Vicente nunca lleg\u00f3 a integrar una actividad como la de director de monjas en su vocaci\u00f3n de misionero. Por eso excluy\u00f3 el que sus propios misioneros se dedicaran a la direcci\u00f3n de religiosas de ninguna clase. Hubo entre ellos quien, deseoso de dedicarse a ello, recibi\u00f3 del fundador una negativa tajante. Y como el misionero le contestara que \u00e9l, Vicente, s\u00ed se dedicaba a la direcci\u00f3n de religiosas, \u00e9ste le contest\u00f3 mansamente que efectiva\u00admente as\u00ed era, pero que hab\u00eda empezado a hacerlo por orden superior antes de nacer la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, que hab\u00eda querido dejar repetidas veces ese trabajo, pero que no se lo hab\u00edan permitido las autoridades eclesi\u00e1sticas, en este caso el arzobispo de Par\u00eds. Este le hab\u00eda expedido en 1628 una renovaci\u00f3n de su nombramiento de 1622 \u00abpor todo el tiempo que nos plazca\u00bb. Este tiempo se prolong\u00f3 hasta la muerte de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>No hay indicios de que le pasara por la mente el dejar esta carga en vida de la fundadora, santa Juana Francisca Fremiot de Chantal. Y si le pas\u00f3 por la mente probablemente no se hubiera atrevido a expresar su intenci\u00f3n. Pues la relaci\u00f3n de Vicente con la fundadora de la Visitaci\u00f3n fue, en fuerte contraste con la que mantuvo con las muchas mujeres que cruzaran su camino, una relaci\u00f3n basada en una especie de respeto reverencial en virtud del cual si la fundadora insiste, y lo hace, pues es una mujer de convicciones fuertes y decisiones, Vicente, que tambi\u00e9n es hombre de convicciones bien pensadas y consultadas<sub>&gt;<\/sub> cede ante la opini\u00f3n de ella, aunque es claro que sin ninguna convicci\u00f3n de que deba hacerlo. No se excluye en la actitud general del se\u00f1or Vicente ante la Chantal un cierto respeto totalmente extra\u00f1o a su car\u00e1cter que a veces bordea incluso los l\u00edmites de lo cursi en la expresi\u00f3n. Da la impresi\u00f3n de que ante la fuerte personalidad de la Chantal, Vicente no sabe encontrar el tono adecuado para mantener su punto de vista. Por otro lado, aunque fuerza y car\u00e1cter no le faltaban, todo lo contrar\u00edo, no hubiera sido capaz de mantener su punto de vista a costa de un gesto bordeando lo cruel, como el de hacerle tragar a ella un plato de caracoles.<\/p>\n<p>Por ejemplo, en un caso en que discreparon fuertemente sobre la conveniencia de nombrar visitadores can\u00f3nicos para que se mantuviera la uniformidad y el orden en los diversos monasterios de la Visitaci\u00f3n, sometidas a autoridades locales diferentes, prevaleci\u00f3 el criterio de la Chantal de no nombrarlos. Aunque Vicente hab\u00eda estudiado y consultado el asunto con todo detalle, seg\u00fan era su costumbre -ten\u00eda entonces sesenta a\u00f1os-, acabo cediendo en una carta de la que citamos literalmente, para que juzgue por s\u00ed mismo el lector, por si nuestro juicio en este asunto le hubiera parecido extra\u00f1o: \u00abNo puedo expresarle, mi digna madre, la verg\u00fcenza que siento por haber insistido tanto en que usted me respondiera, y el gran deseo que siento de enmendarme&#8230; Me someto (a lo que la Chantal le ha escrito) de todo coraz\u00f3n; pienso que es voluntad de Dios, que se da a conocer por la de usted&#8230;\u00bb. Sin embargo sigue la carta exponiendo unos puntos de vista que expresan la opini\u00f3n del se\u00f1or Vicente contraria a la de la Chantal, y, como asustado de su atrevimiento a pesar de su confesi\u00f3n anterior de sometimiento y prop\u00f3sito de la enmienda, dice de repente: \u00ab\u00a1Jes\u00fas!, mi querida Madre, \u00bfqu\u00e9 estoy diciendo? \u00bfa d\u00f3nde se me ha escapado mi esp\u00edritu para decirle lo que acabo de decir? Ya veo que aunque someto m\u00ed voluntad, no someto el juicio&#8230; Sin embargo no tengo ninguna duda de que ello (la opini\u00f3n de la Chantal) no sea la voluntad de Dios, pues que lo es de nuestra digna madre, a la que honro y quiero m\u00e1s tiernamente que jam\u00e1s hijo alguno, excepto Nuestro Se\u00f1or, haya honrado y amado a su madre. Y creo que eso llega hasta tal punta que tenga suficiente estima y amor para repartir a todo el mundo. Y digo esto sin ninguna exageraci\u00f3n\u00bb. No todo lo que suena un poco extra\u00f1o en esta carta ha de atribuirse a las peculiaridades del estila, tan inclinado a lo barroco, del tiempo. El se\u00f1or Vicente cuando quer\u00eda era muy sobrio en su expresi\u00f3n y muy poco barroco.<\/p>\n<p>Hay otro tema m\u00e1s importante en el que Vicente se muestra agradecido a los dos fundadores de la Visitaci\u00f3n, aunque estos le hicieron el favor sin saberlo y sin quererlo. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n llega a decir Vicente a las hijas de la caridad que a ellas se les permite hacer lo que no se permiti\u00f3 a las salesas: dedicarse sin los l\u00edmites impuestos por la clausura a la atenci\u00f3n a los enfermos pobres en sus propias casas. De esas palabras y de otros testimonios del tiempo se concluye que la fundaci\u00f3n de la Visitaci\u00f3n fue un ensayo anticipado y frustrado de lo que a\u00f1os despu\u00e9s iban a ser y hacer las hijas de la caridad. Esto se dice y se repite aunque los testimonios en contra de este punto de vista son totalmente abrumadores.<\/p>\n<p>Este es un resumen del caso. Lo mismo san Francisco de Sales que la Chantal tuvieron la intenci\u00f3n al fundar la Visitaci\u00f3n de darle un fin contemplativo. El nombre de la orden. Visitaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, no hace referencia en absoluto a la visita a los enfermos, como creen algunos, sino al pasaje evang\u00e9lico as\u00ed llamado. En el monasterio original fundado en Annecy dos monjas visitaban efectivamente a algunos enfermos en sus casas durante dos horas cada d\u00eda. Esto lo hac\u00edan s\u00f3lo cuando les correspond\u00eda por turnos mensuales. Las dem\u00e1s permanec\u00edan en el monasterio viviendo un ritmo de vida contemplativa y de clausura. Ni siquiera esta actividad limitad\u00edsima de atenci\u00f3n a los enfermos se les permiti\u00f3 por mucho tiempo. Cinco o seis a\u00f1os dur\u00f3 la experiencia, que termin\u00f3 por la intervenci\u00f3n del obispo de Lyon, que era por cierto amigo de Francisco de Sales, y del mismo papa. Todo esto lo sab\u00eda sin duda con detalle Vicente de Pa\u00fal. De manera que cuando dice a las hijas de la caridad lo que hemos citado arriba no les puede querer decir que ellas son lo que no se permiti\u00f3 a las monjas de la Visitaci\u00f3n, sino que ellas tienen como obligaci\u00f3n principal lo que no se permiti\u00f3 hacer a las visitandinas ni siquiera de forma limitada.<\/p>\n<p>Diecinueve a\u00f1os fue Vicente director de los monasterios de la Visitaci\u00f3n de Par\u00eds, que llegaron a ser cuatro, en vida de la fundadora. Cuando muri\u00f3 \u00e9sta en 1641 Vicente tuvo una \u00faltima y muy<sup>,<\/sup> curiosa experiencia con ese motivo. La veremos en su mo\u00admento.<\/p>\n<h3><strong>(1623)<\/strong><\/h3>\n<p>El cargo de director de la Visitaci\u00f3n no impidi\u00f3 que el trabajo principal del se\u00f1or Vicente siguiera siendo lo que hab\u00eda sido durante cuatro a\u00f1os antes de aceptarlo, las misiones rurales v las misiones a los galeotes. Una de estas \u00faltimas le llev\u00f3 en 1623 a Burdeos, donde estaban fondeadas algunas de las galeras de su Majestad. Pocos meses antes, a finales de 1622, estas galeras hab\u00edan participado al mando de Gondy en el sitio de La Rochela que acab\u00f3 con el poder hugonote en esa plaza fuerte. Ya antes de salir de Par\u00eds para la misi\u00f3n tuvo Vicente la idea de una vez terminada \u00e9sta acercarse a su aldea natal y visitar a su familia. Aparte de sus sobrinos le quedaban al menos dos hermanos y una hermana, y tal vez su madre. Hac\u00eda al menos alrededor de veinte a\u00f1os, o tal vez m\u00e1s, que no hab\u00eda estado en su casa ni visto, que sepamos, a ning\u00fan miembro de su familia. Cualquiera hubiera encontrado razonable el que hiciera un tal viaje. Razonable lo encontraron tambi\u00e9n dos amigos suyos a quienes consult\u00f3 sobre la conveniencia de ir a ver a su familia. El no se fiaba mucho de s\u00ed mismo, pues conoc\u00eda bien los \u00edmpetus de su coraz\u00f3n, y estaba escarmentado por el ejemplo de otros eclesi\u00e1sticos a quienes \u00e9l hab\u00eda visto hacer maravillas lejos de sus tierras, y despu\u00e9s de una visita a su familia preocuparse en adelante de tal manera de los asuntos familiares que se hac\u00edan in\u00fatiles para la gente. \u00abTengo miedo, me dec\u00eda -cuenta \u00e9l mismo un a\u00f1o antes de morir, treinta y seis a\u00f1os despu\u00e9s del hecho-, de apegarme de la misma forma a mis parientes\u00bb.<\/p>\n<p>No se equivoc\u00f3. El se\u00f1or Vicente se conoc\u00eda demasiado bien para fiarse de que los antiguos sentimientos estuvieran ya bien muertos y enterrados. No lo estaban. Estuvo ocho d\u00edas celebrando con sus familiares; celebrando en plan m\u00e1s religioso que otra cosa, con renovaci\u00f3n de promesas del bautismo en la iglesia parroquial de Pouy, peregrinaciones piadosas al cercano santuario de Nuestra Se\u00f1ora de la Buglose, y repetidas advertencias a sus hermanos y sobrinos de que \u00abno esperasen nada de m\u00ed, pues aunque tuviera cofres de oro y plata no les dar\u00eda nada, ya que si un eclesi\u00e1stico posee alguna cosa se la debe a Dios y a los pobres\u00bb. Se la debe a Dios y a los pobres: el se\u00f1or Vicente habla como un santo. Pero, ay, el coraz\u00f3n no va por donde va la lengua. \u00abEl d\u00eda de mi partida sent\u00ed tanto dolor al dejar a mis pobres parientes que no hice m\u00e1s que llorar durante todo el viaje, derramando l\u00e1grimas casi sin parar\u00bb. No est\u00e1 mal la confesi\u00f3n para este hombre hecho y derecho de cuarenta y tres a\u00f1os, ap\u00f3stol de toscos campesinos, capell\u00e1n de galeotes rudos. Se despide de familiares con quienes no ha tenido relaci\u00f3n en veinte a\u00f1os, y se despide de ellos llorando como una ni\u00f1a. \u00abDespu\u00e9s de las l\u00e1grimas me entr\u00f3 el deseo de ayudarles a mejorar su situaci\u00f3n, de darles a uno esto y aquello al otro. Mi esp\u00edritu, enternecido, les repart\u00eda lo que ten\u00eda y lo que no ten\u00eda\u00bb. Tres meses le dur\u00f3, de vuelta a Par\u00eds, lo que \u00e9l califica justamente, en eso no se enga\u00f1a, como \u00abpasi\u00f3n importuna\u00bb y \u00abtentaci\u00f3n\u00bb: el fantasma, que cre\u00eda muerto, del demonio que persigui\u00f3 su sacerdocio juvenil. Se libr\u00f3 de \u00e9l sangrientamente: \u00abPed\u00ed a Dios que me librara de esta tentaci\u00f3n, y se lo ped\u00ed tanto que por fin tuvo compasi\u00f3n de m\u00ed y me quit\u00f3 estos cari\u00f1os por mis familiares. Y aunque andaban pidiendo limosna, y todav\u00eda andan as\u00ed, me ha concedido la gracia de confiarles a su providencia\u00bb.<\/p>\n<p>No volvi\u00f3 Vicente a ver a ninguno de sus parientes en lo que le quedaba de vida, excepto a un sobrino que un buen d\u00eda apareci\u00f3 por Par\u00eds con la esperanza de que su t\u00edo, entonces ya persona ,je famoso, le ayudara a encontrarse un camino en la vida. No encontr\u00f3 el sobrino, contra lo que esperaba, ayuda de ninguna clase en su t\u00edo, excepto una peque\u00f1a cantidad para ayudarle a pagar los gastos del viaje de vuelta a Pouy. Ni tampoco hizo nada, como no fuera desanimar a sus parientes, para que alguno de sus sobrinos se embarcara, como hizo \u00e9l, en los estudios sacerdotales para hacer carrera.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir que la ruptura del se\u00f1or Vicente con su familia fue total despu\u00e9s de su visita. A\u00fan en su avanzada ancianidad mostraba cierta envidia por el \u00absacer\u00addote que lleva a su madre para atenderla en su casa, para devolverle en cierta medida lo que ella le dio\u00bb. Pero en cuanto a s\u00ed mismo se limit\u00f3 en lo sucesivo a recordar y querer a sus familiares \u00abcon un amor espiritual\u00bb, como \u00e9l mismo recomendar\u00eda despu\u00e9s a sus misioneros. Vicente de Pa\u00fal deja a los cuarenta y tres a\u00f1os definitivamente atr\u00e1s una visi\u00f3n de su vida, de su fe y de su sacerdocio que estuvo a punto de desviar por los caminos de la m\u00e1s gris vulgaridad su fuerte personalidad y la abundancia de la gracia de Dios sobre \u00e9l.<\/p>\n<h3><strong>(1624)<\/strong><\/h3>\n<p>Algo m\u00e1s de un a\u00f1o despu\u00e9s de aceptar la direcci\u00f3n del primer monasterio de la Visitaci\u00f3n en Par\u00eds comenz\u00f3 a conocer el se\u00f1or Vicente a la mujer que, a la vez que recibir\u00eda de \u00e9l una influencia decisiva, iba a influir en \u00e9l m\u00e1s que ninguna otra persona. Esta mujer, Luisa de Marillac, no se parece en nada a la fuerte y brava Chantal, excepto en los agudos sufrimientos interiores que era tan capaz de soportar como \u00e9sta. M\u00e1s bien era a primera vista una especie de Margarita de Silly, mujer que parece perderse por los caminos del esp\u00edritu si no se siente guiada con firmeza por una mano fuerte y varonil. Lo m\u00e1s curioso del caso es que la relaci\u00f3n comenz\u00f3 con muy poco entusiasmo por ambas partes. Por parte de Vicente, plenamente sumergido en sus trabajos de misionero ambulante, capell\u00e1n de galeras y desde hac\u00eda algo m\u00e1s de un a\u00f1o director de la Visitaci\u00f3n, el encargarse de la direcci\u00f3n espiritual de otra mujer adem\u00e1s de Margarita de Silly s\u00f3lo se pod\u00eda aceptar como quien no tiene m\u00e1s remedio y por hacer un favor a un amigo. Un amigo fue, en efecto, quien se lo pidi\u00f3, monse\u00f1or Camus, obispo de Belley, director de conciencia desde algunos a\u00f1os antes de Luisa de Marillac. Nombrado obispo sigui\u00f3 ejerciendo de director por correspondencia, medio sin duda lento y torpe en aquellos tiempos. Por el mismo Camus sabemos que el mero env\u00edo de una carta de Belley a Par\u00eds o viceversa se demoraba no menos de seis semanas. Camus completaba esta direcci\u00f3n epistolar con di\u00e1logos personales en los meses de invierno, tiempo en que sol\u00eda acudir todos los a\u00f1os a Par\u00eds para asuntos de su di\u00f3cesis y para predi\u00adcaciones. Pero a partir del invierno de 1622-1623 no pudo ir a Par\u00eds y, repetido al a\u00f1o siguiente ese motivo, se decidi\u00f3 a pasarle el trabajo de direcci\u00f3n de Luisa de Marillac a su amigo Vicente, cosa que hizo parece que a finales de 1624 o comienzos de 1625. En cuanto a Luisa de Marillac sabemos por sus escritos personales que unos meses antes de que Vicente comenzara a ser su director lo vio en alg\u00fan tipo de visi\u00f3n misteriosa y no le gust\u00f3 ni la persona ni la idea, que alguna voz le sopl\u00f3 al o\u00eddo, de que aquel iba a ser su director espiritual. No le dijo nada de la visi\u00f3n al se\u00f1or Vicente, y tampoco \u00e9ste, suponemos, le dir\u00eda nada de su poco gusto por la direcci\u00f3n espiritual, aunque en los primeros a\u00f1os le manifestaba de vez en cuando su impaciencia por la excesiva dependencia que mostraba Luisa como dirigida. Pero lo que comenz\u00f3 sin ning\u00fan entusiasmo por parte de ambos se fue convirtiendo a lo largo de unos 36 \u00f3 37 a\u00f1os en una de las relaciones de amistad profunda entre nombre y mujer que, controlando con firmeza y sublimando otras posibles manifestaciones afectivas, m\u00e1s fecunda ha resultado ser en la historia de la Iglesia y aun de la humanidad.<\/p>\n<p>No hay que tomar en broma las visiones de Luisa de Marillac. Su director no tuvo m\u00e1s que una en su vida, como veremos. Pero a Luisa le brotaban las visiones desde joven y con toda naturalidad. Cuando las describe en su inimitable estilo sencillo y en su pur\u00edsimo franc\u00e9s transparente y sin pretensiones, da la impresi\u00f3n de que el mundo de la visi\u00f3n es tan real para ella como el mundo de cada d\u00eda. Sin duda lo era. Cuando ve visiones y las describe es evidente que ni se enga\u00f1a ni nos enga\u00f1a.<\/p>\n<p>Hija de madre desconocida, y posiblemente de padre desconocido tambi\u00e9n, aunque parece que lo fue del noble Luis de Marillac, Luisa fue educada de muy ni\u00f1a en un convento de monjas de alta cultura y de alta oraci\u00f3n. Ambas cosas asimil\u00f3 Luisa con naturalidad desde su ni\u00f1ez. Terminada al venirle la adolescencia su estancia de pupila en el convento, pareci\u00f3 que la vocaci\u00f3n obvia de una joven as\u00ed educada y sin padres era otro convento, \u00e9ste de rigurosa observancia, el de las capuchinas, donde no fue admitida por su salud fr\u00e1gil. No result\u00f3 ser tan fr\u00e1gil, pues vivi\u00f3 sus buenos 69 a\u00f1os. Muri\u00f3 unos meses antes que su director. Hab\u00eda nacido once a\u00f1os despu\u00e9s que \u00e9ste, en 1591, de manera que cuando se conocieron por vez primera Luisa ten\u00eda alrededor de 33 a\u00f1os. No aceptada en el convento, sus parientes le buscaron un candidato matrimonial de peque\u00f1a nobleza, Antonio Le Gras, adecuado para una hija natural y no legitimada de noble, con quien se cas\u00f3 en 1613 y del que tuvo un hijo. El marido muri\u00f3 a finales de 1625.<\/p>\n<p>La primera carta que se conserva de los varios cientos que Vicente escribi\u00f3 a Luisa a lo largo de los 35 a\u00f1os es de un a\u00f1o escaso despu\u00e9s de la muerte de Antonio Le Gras, de octubre de 1626. Luisa se le ha quejado en carta previa de que se haya ido sin avisarle a misionar a un pueblo a 28 leguas de Par\u00eds. Esta joven viuda parece repetir y prolongar la figura de Margarita de Silly, muerta el a\u00f1o anterior. Se presenta fr\u00e1gil, escrupulosa e insegura, necesitada de que se decida por ella y se le mande, hasta parece un poco llorona. En suma, el caso t\u00edpico de mujer que juega a la perfecci\u00f3n el papel de figura femenina sometida, necesitada de protecci\u00f3n, dependiente y sin personalidad. Vicente de Pa\u00fal no parece estar a\u00fan por esas fechas dispuesto a quitar tiempo a su trabajo de misionero para dedicarlo a contestar por escrito a esa nueva dirigida que le bombardea con cartas angustiosas que piden ayuda y consejo. \u00abEl Se\u00f1or mismo har\u00e1 con usted de director\u00bb, le contesta escuetamente.<\/p>\n<p>Pero las cosas cambiaron pronto. Vicente fue descubriendo en Luisa lo que ella ni siquiera sospechaba que hubiera en s\u00ed misma: un alma profunda, aparentemente fr\u00e1gil, pero en realidad capaz del amor total; fuerte y resistente a la vez como el acero. Introvertida en apariencia y perdida en el laberinto de los peque\u00f1os problemas de su vida interior, era en realidad mujer totalmente olvidada de s\u00ed misma y volcada desde siempre al amor de Dios, y volcada desde los 38 a\u00f1os, ella que era noble y refinada por nacimiento y educaci\u00f3n, al trabajo ingrato entre pobres de aspecto repugnante.<\/p>\n<p>Vicente vio todo esto pronto en Luisa de Marillac, am\u00f3 la imagen viva de Dios en ella, la am\u00f3 como era capaz de hacerlo este hombre de gran coraz\u00f3n. En los primeros a\u00f1os la pluma de Vicente, que \u00e9l sab\u00eda controlar tan bien con su inteligencia clara, se deja llevar a veces en sus breves cartas a Luisa de Marillac por expresiones que sorprenden por lo tiernas y afectuosas. Con el paso de los a\u00f1os fue reduciendo asc\u00e9ticamente, hasta suprimirlas del todo, las expresiones de su afecto por Luisa de Marillac. Pero su afecto se hizo con los a\u00f1os m\u00e1s fuerte y m\u00e1s profundo. Su afecto y su admiraci\u00f3n por ella. No era despu\u00e9s de todo demasiado sorprendente que \u00e9l mismo, que hab\u00eda nacido en el mundo rural y empezado su vida, seg\u00fan sol\u00eda repetir en su ancianidad, como pastor de cerdos y ovejas, se desenvolviera con soltura entre los agrios olores y los sucios colores de los medios pobres de Par\u00eds y del mundo rural. Pero ella hab\u00eda nacido en cuna, a pesar de todo, noble, hab\u00eda recibido una educaci\u00f3n refinada, sus amistades eran gente bien. Vicente le ayud\u00f3 a descubrir poco a poco c\u00f3mo tambi\u00e9n a ella Dios la llamaba a dedicar su vida de madre viuda a los hijos pobres de Dios a los que nadie quiere, a los condenados a galeras, a los ni\u00f1os abandonados, a los enfermos pobres y a los hacinados en los hospitales. C\u00f3mo eso le llev\u00f3 a dejar sus amistades perfumadas, devotas e ilustradas, y a asociar su vida a campesinas de coraz\u00f3n grande, pero analfabetas y un poco toscas, a las que hab\u00eda que ense\u00f1ar, y ella lo hizo con paciencia y con amor, a leer, a coser, a curar, a rezar, a vivir juntas sin rivalidad y sin envidias, a amar a todos sin dejarse enga\u00f1ar por nadie en la ciudad pecadora, a ser sirvientas de lo m\u00e1s pobre de Par\u00eds y de Francia. Pero ya antes se hab\u00eda hecho ella misma una sirvienta, ella, miembro de la orgullosa familia de los Marillac, con un t\u00edo. Miguel, alta personalidad pol\u00edtica que estuvo a punto de ser primer ministro en lugar de Richelieu, y otro t\u00edo, brillante mariscal de los ej\u00e9rcitos de su Majestad, casado nada menos que con Catalina de M\u00e9dicis, prima de la mism\u00edsima reina.<\/p>\n<p>Todo esto era muy digno de admiraci\u00f3n, y Vicente lo admiraba en ella. Y luego en sus hijas, las hijas de la caridad, en las que fue descubriendo, pues ella y ellas se lo fueron mostrando con toda sencillez y sin pretenderlo en absoluto, una imagen tangible del Cristo vivo que pas\u00f3 haciendo el bien y dando un poco de esperanza a los pobres oprimidos de los campos de Galilea. Berulle le hab\u00eda introducido en la adoraci\u00f3n de la grandeza misteriosa de un Verbo que se hac\u00eda hombre por amor a los hombres. En Luisa y en sus hijas de la caridad Vicente empez\u00f3 poco a poco a descubrir con sorpresa la verdadera imagen encarnada de Jes\u00fas de Nazaret nacido de Mar\u00eda y venido al mundo sin otro fin que el de anunciar el evangelio a los pobres. Y cuando Luisa muri\u00f3, su director no pudo menos de exclamar en p\u00fablico refiri\u00e9ndose a ella: \u00abA veces pensaba delante de Dios y me dec\u00eda: &lt;Se\u00f1or, t\u00fa quieres que hablemos de tu sierva&gt;, ya que era obra de sus manos. Y me preguntaba: \u00bfQu\u00e9 has visto en ella en los 38 a\u00f1os que la has conocido: \u00bfQu\u00e9 has visto en ella? Era un alma pura en todo, pura en su juventud, en su matrimonio, en su viudez. \u00a1Qu\u00e9 hermoso cuadro, Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 humildad, qu\u00e9 fe, qu\u00e9 prudencia, qu\u00e9 buen juicio, y siempre con la preocupaci\u00f3n de conformar sus acciones con las de Nuestro Se\u00f1or!\u00bb.<\/p>\n<p>Aquella que \u00e9l hab\u00eda conocido viuda joven, fr\u00e1gil, nerviosa, dependiente y hasta un poco pesada, hab\u00eda llegado a ser una de las reproducciones m\u00e1s fieles que \u00e9l conociera jam\u00e1s de la imagen humana de su Dios y Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>M\u00e1s o menos por el tiempo en que comenz\u00f3 a dirigir a Luisa de Marillac inici\u00f3 Vicente otra amistad que iba a resultar ser la m\u00e1s extra\u00f1a en su vida, y que estuvo a punto de terminar, caso \u00fanico en la historia de sus muchas amistades, de bruces.<\/p>\n<p>Juan Duvergier de Hauranne, conocido en la historia como Saint Cyran, hab\u00eda nacido un a\u00f1o despu\u00e9s que Vicente, en Bayona, a muy pocos kil\u00f3metros de la aldea de Pouy, en la orilla sur del r\u00edo Adour que se\u00f1ala el l\u00edmite entre el pa\u00eds vasco-franc\u00e9s y Las Landas. Era, pues, vasco, mientras que Vicente era gasc\u00f3n. Aunque su primer bi\u00f3grafo, Abelly, atribuye a Vicente conocimiento, entre otras lenguas, del vasco, puede tenerse el dato como falso. Tal vez supiera alguna palabra que otra por la cercan\u00eda de su tierra natal al pa\u00eds vasco, pero nada m\u00e1s. De modo que entre otras razones para la amistad entre nuestros dos hombres pudo influir la cercan\u00eda de sus lugares de origen.<\/p>\n<p>Las otras razones posibles ya son m\u00e1s dif\u00edciles de imaginar, pues dif\u00edcilmente se hubieran podido encontrar dos caracteres tan diferentes como los de estos dos hombres. Los un\u00eda en la amistad un mismo inter\u00e9s sincero por la reforma de la iglesia, as\u00ed como el deseo com\u00fan a ambos de vivir una aut\u00e9ntica vida espiritual y evang\u00e9lica. Ambos hab\u00edan sido influidos fuertemente en este aspecto directamente por Berulle. Pero no es nada f\u00e1cil construir una amistad permanente simplemente sobre la base de ideales comunes si la cercan\u00eda de temperamento no proporciona el elemento de sensibilidad necesario en toda verdadera amistad. No es dudoso, sino seguro, que la amistad fue entre los dos bastante \u00edntima y fuerte durante unos diez a\u00f1os, de 1624 hasta alrededor de 1634. Tambi\u00e9n parece seguro que el se\u00f1or Vicente admiraba el saber teol\u00f3gico de Saint Cyran, muy superior al suyo propio, hasta que empez\u00f3 a descubrir en sus opiniones ciertos aspectos que a Vicente le parecieron sospechosos. Pero, sinceramente, nos parece excesivo que Vicente escribiera y firmara de su pu\u00f1o y letra un testimonio sobre su amigo que dice as\u00ed: \u00ablo considero uno de los mejores hombres que he conocido\u00bb. Aun dando lugar para un poco de ret\u00f3rica en ese juicio no era en manera alguna Saint Cyran una de las mejores personas que hab\u00eda conocido el se\u00f1or Vicente cuando dicen que escribi\u00f3 eso en 1639. Cuando dicen que escribi\u00f3 eso, pues no es nada seguro que lo escribiera, como se ver\u00e1 en su lugar.<\/p>\n<p>A diferencia de su amigo Vicente, Saint Cyran tuvo desde la ni\u00f1ez medios suficientes para una buena educaci\u00f3n, pues proced\u00eda de una familia burguesa muy acomodada enriquecida con el comercio. Despu\u00e9s de los estudios de hu\u00admanidades con los jesuitas, a los 19 a\u00f1os comenz\u00f3 estudios en la Sorbona, y luego en Lovaina, donde estudi\u00f3 teolog\u00eda hasta 1604, aunque no en la univer\u00adsidad sino en el colegio de los jesuitas, quienes expresaron su alto aprecio por las brillantes cualidades del estudiante. Volvi\u00f3 a Par\u00eds para otros dos a\u00f1os de estudios. Fue en la segunda estancia en Par\u00eds cuando entr\u00f3 en relaci\u00f3n con un estudiante de los Pa\u00edses Bajos, Cornelius Jansenn, conocido como Jansenio. Ambos eran muy capaces para el estudio, obsesionados por el estudio de la teolog\u00eda, insatisfechos de la forma escol\u00e1stica en que se impart\u00eda en las facul\u00adtades de Par\u00eds. Saint Cyran lleg\u00f3 a convencerse de que los profesores de la Sorbona, aun los m\u00e1s respetados, tal un Duval, no pod\u00edan darle lo que su alma, radical y sedienta de absolutos, ansiaba oscuramente. Crey\u00f3 que pod\u00eda conseguir por su cuenta lo que la teolog\u00eda oficial no le dar\u00eda nunca. Anim\u00f3 a su amigo flamenco a viajar hacia el sur, a su propia casa de Bayona, donde se dedicaron durante siete a\u00f1os al estudio profundo de la Escritura y de los santos padres, en particular de san Agust\u00edn. Hacia 1616 Jansenio se despidi\u00f3 de su amigo y volvi\u00f3 a su tierra. Saint Cyran dej\u00f3 tambi\u00e9n su casa y se instal\u00f3 en Poitiers, y fue ordenado sacerdote. El obispo le dio la abad\u00eda de Saint Cyran, que le dio el nombre con el que ha pasado a la historia. Pocos a\u00f1os despu\u00e9s, sin que se sepa cu\u00e1ndo, Vicente y Saint Cyran se conocieron, y se hicieron amigos sin que se sepa c\u00f3mo, aunque probablemente a trav\u00e9s de Berulle. La amistad fue desde el principio s\u00f3lida y sincera, hasta el punto de que en sus comienzos, hacia 1624, parece que incluso llegaron a poner en com\u00fan sus recursos eco\u00adn\u00f3micos. Y aunque Saint Cyran nunca vio con excesiva simpat\u00eda, como tampoco lo hizo Berulle, el que su amigo fundara la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y a\u00fan menos que se trasladara de los Buenos Hijos al priorato de San L\u00e1zaro, le prest\u00f3 ayuda en ambos casos, muy a diferencia de Berulle que se opuso a lo primero con todos los medios a su alcance. Precisamente el traslado de Vicente a San L\u00e1zaro en 1632 nos da la fecha precisa. en que los dos hombres dejaron pr\u00e1c\u00adticamente de verse, seg\u00fan declara el mismo Saint Cyran, por la distancia, pues San L\u00e1zaro se encontraba en las afueras de Par\u00eds, mientras que \u00e9l viv\u00eda en el centro de la ciudad, cerca de Notre Dame. Pero lo que pudo llegar a haber producido una ruptura definitiva de la amistad se dio unos pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1637, y por otras razones muy diferentes que veremos en su momento.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Aunque la amistad y casi posterior ruptura con Saint Cyran han impresionado fuertemente a los historiadores, m\u00e1s importante para la vida del se\u00f1or Vicente fue otro hecho callado y peque\u00f1o que tuvo lugar tambi\u00e9n probablemente muy al comienzo del a\u00f1o 1624 o tal vez a fines del a\u00f1o anterior. El hecho consisti\u00f3 en unos d\u00edas de ejercicios espirituales en Soissons, cuyo fruto fue la segunda fundaci\u00f3n de Vicente, la de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, al a\u00f1o siguiente.<\/p>\n<p>Sin embargo el hacer esos ejercicios se debi\u00f3 precisamente a que el se\u00f1or Vicente quiso enfriar sus ganas impetuosas de hacerse fundador. Llevaba unos seis a\u00f1os de misionero ambulante. Como se vio, buscaba para cada misi\u00f3n colaboradores ocasionales bien del clero secular, bien religiosos. De estos \u00faltimos eran, por ejemplo, los que le ayudaron a misionar las galeras en Burdeos, dos en cada galera. La se\u00f1ora de Gondy tuvo la idea de hacer de las misiones en sus tierras un trabajo permanente sobre la base econ\u00f3mica de una cantidad de libras que quedaba a disposici\u00f3n de quien quisiera asumir el trabajo. Solicitadas a ello, se negaron al menos dos comunidades, la de los jesuitas y la de los oratorianos. Fue entonces cuando sugiri\u00f3 al se\u00f1or Vicente el que asumiera \u00e9l mismo ese compromiso junto con algunos de los sacerdotes que colaboraban con \u00e9l. En otras palabras, aunque tal vez sin dec\u00edrselo expresamente, le estaba sugiriendo que fundara \u00e9l mismo un grupo o una cofrad\u00eda sacerdotal, o algo en fin que tuviera como trabajo fijo el misionar sus tierras y las de su marido.<\/p>\n<p>\u00abVicente Depaul, hijo de Juan Depaul, nacido en la aldea de Pouy en Gascu\u00f1a, pastor en su ni\u00f1ez, fundador de la orden de&#8230;\u00bb. La primera vez que la idea reson\u00f3 en su cerebro le debi\u00f3 de sonar a m\u00fasica triunfal. Eso s\u00ed que merec\u00eda la pena. \u00bfSer\u00eda eso lo que le esperaba, ser\u00eda eso el oscuro objeto de los sue\u00f1os de su juventud, lo que hab\u00eda buscado a tientas y a ciegas, ambiciosamente y hasta un poco locamente? \u00bfNo era eso mejor que ser p\u00e1rroco de Tilh, mejor incluso que ser obispo? Despu\u00e9s de todo la mayor parte de los obispos mueren en el anonimato, mientras que la mayor parte de los fundadores&#8230; Era mejor no pensarlo; daba hasta un poco de v\u00e9rtigo.<\/p>\n<p>Pero aunque el Vicente de 1624 es la misma persona que en 1604 quiso ser obispo, y est\u00e1 sometido a tentaciones parecidas, ya no es, definitivamente, el mismo. \u00abCuando, al comienzo del proyecto de la Misi\u00f3n, me encontraba en una preocu\u00adpaci\u00f3n mental continua, empec\u00e9 a dudar si no proceder\u00eda de la naturaleza o del esp\u00edritu del mal. Hice unos ejercicios en Soissons para pedir a Dios que me quitara del alma el placer y la prisa por fundar. Quiso Dios escucharme, y me lo quit\u00f3. Quiero mantenerme siempre en esta pr\u00e1ctica de no emprender ni hacer nada mien\u00adtras est\u00e9 en estos ardores de esperanza cuando se me presentan proyectos de grandes obras, por buenas que sean\u00bb.<\/p>\n<p>Esto lo dej\u00f3 escrito a los 62 a\u00f1os Sigue estando sometido en esa edad a la tentaci\u00f3n de los \u00abardores de esperanza\u00bb ante la visi\u00f3n de grandes obras y de grandes bienes. Pero no cede ante los ardores como ced\u00eda en su juventud. Ni cedi\u00f3 tampoco cuando a los 45 a\u00f1os fund\u00f3 la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Se decidi\u00f3 a hacerlo cuando, despu\u00e9s de oraciones, de ejercicios espirituales y de consultar a su amigo y director espiritual Andr\u00e9 Duval, consigui\u00f3 dominar su coraz\u00f3n tumultuoso y caer \u00aben las disposiciones contrarias\u00bb, lo que en su lenguaje parece querer decir: cuando empez\u00f3 a darle no ardor sino tal vez miedo el embarcarse en una nueva fundaci\u00f3n, cuando hab\u00eda tantas en Par\u00eds con las que no se pod\u00eda contar para una cosa aparentemente tan sencilla como la de dar catecismo a los campesinos.<\/p>\n<p>Se embarc\u00f3, sin embargo, en ello, pues nunca fue Vicente ni de joven ni de adulto un hombre que tomara o dejara de tomar decisiones por las dificultades que se le presentaran. Convencido finalmente de que por boca de Margarita de Silly hab\u00eda hablado Dios, al a\u00f1o siguiente, 1625, firmaba con ella y con su marido un com\u00adpromiso-contrato para fundar una congregaci\u00f3n, cofrad\u00eda, o lo que fuera, de sacer\u00addotes para llevar a cabo lo que le hab\u00eda sugerido la se\u00f1ora de Gondy. El contrato aseguraba la subsistencia de un grupo de unos siete sacerdotes. Un a\u00f1o antes, sin duda por mediaci\u00f3n de los Gondy, se le hab\u00eda otorgado a Vicente por autoridad del arzobispo de Par\u00eds, hermano de Gondy, la propiedad y el rectorado de un colegio mayor, el de los Buenos Hijos, edificio en no muy buen estado, y tampoco muy grande, pero suficiente para proveer de alojamiento al peque\u00f1o grupo de sacerdotes que se supon\u00eda estar\u00edan dispuestos a asoci\u00e1rsele en el trabajo misionero.<\/p>\n<p>Para darle tal propiedad y tal t\u00edtulo de rector o principal Vicente necesitaba la licenciatura en alguna de las ciencias impartidas en la universidad. El 7 de febrero de 1624 no parec\u00eda tener a\u00fan el t\u00edtulo en cuesti\u00f3n, pues no lo usa en un documento firmado por \u00e9l en esa fecha. S\u00ed lo exhibe por primera vez veintitr\u00e9s d\u00edas m\u00e1s tarde en otro documento notarial por el que concede a Portail poderes para tomar en su nombre posesi\u00f3n del colegio. Es dif\u00edcil evitar la impresi\u00f3n de que el t\u00edtulo de licenciado en derecho can\u00f3nico le fue tan regalado como el colegio. Parecer\u00eda muy dif\u00edcil que Vicente pudiera haber hecho los estudios necesarios pana conseguir un tal t\u00edtulo en los seis a\u00f1os de misionero ambulante que precedieron a su concesi\u00f3n. En cuanto a la asistencia regular a clases, eso hay que excluirlo como imposible. S\u00ed pod\u00eda haber hecho una y otra cosa en los a\u00f1os de su primera estancia en casa de los Gondy, de 1613 a 1617, pero eso quedaba demasiado lejos de la fecha probable de la concesi\u00f3n del t\u00edtulo, 1624. Mousnier, historiador franc\u00e9s que conoce muy bien las instituciones del tiempo, nos asegura que la concesi\u00f3n de muchos t\u00edtulos de licenciatura precisamente en la facultad de derecho de la Sorbona no depend\u00eda siempre de m\u00e9ritos de estudio o de asistencia a las aulas. Se daban por influencias y a veces hasta se vend\u00edan sin mayor dificultad. Vicente de Pa\u00fal mostrar\u00e1 a lo largo de su vida un conocimiento m\u00e1s que ordinario en cuestiones de derecho civil y can\u00f3nico. Es evidente que lo ha estudiado y lo conoce. Pero no parece posible que encontrara el tiempo para los estudios universitarios nece\u00adsarios para conseguir el t\u00edtulo. Los datos seguros que sabemos de su vida hacen muy dif\u00edcil, por no decir imposible, imaginarlo de estudiante en la Sorbona.<\/p>\n<p>Como quiera que fuera, el 6 de mayo de 1624 Portail tom\u00f3 en nombre del se\u00f1or Vicente Depaul posesi\u00f3n del colegio. Mientras que Vicente seguir\u00eda viviendo en casa de los Gondy a\u00fan durante algo m\u00e1s de un a\u00f1o, Portail hizo del colegio su morada parece que desde el momento mismo de la toma de posesi\u00f3n. Ah\u00ed seguir\u00eda viviendo hasta que junto con el se\u00f1or Vicente se trasladar\u00eda a San L\u00e1zaro en 1632.<\/p>\n<h3><strong>(1625)<\/strong><\/h3>\n<p>Los diversos tanteos y proyectos de la se\u00f1ora de Gondy para encontrar un medio estable de asegurar la evangelizaci\u00f3n de sus campesinos vinieron a dar en un documento firmado por ambos esposos y por el se\u00f1or Vicente Depaul el 17 de abril de 1625. Este documento se suele considerar como el acta de fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, aunque no lo es del todo, entre otras razones porque no hab\u00eda en el momento de firmarlo m\u00e1s miembro de tal hipot\u00e9tica congregaci\u00f3n que el firmante, Vicente Depaul. A\u00fan as\u00ed, aunque la idea de lo que iba a ser su congregaci\u00f3n cambi\u00f3 mucho con el tiempo sobre lo que \u00e9l imaginaba en 1625, es sorprendente ver ya en esta temprana fecha la claridad de sus ideas acerca de algunos de los aspectos b\u00e1sicos de su futura congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La idea fundamental es de alcance modesto: Vicente Depaul se compromete en el contrato a encontrar en el plazo de un a\u00f1o a seis sacerdotes que se dediquen exclusivamente \u00abal cuidado del pobre pueblo de los campos\u00bb, evitando \u00abpredicar y administrar los sacramentos\u00bb en las ciudades, y en particular a misionar cada cinco a\u00f1os todas las tierras de los Gondy. Misionar quiere decir en este documento \u00abpredicar, instruir, exhortar, catequizar y animar a hacer confesi\u00f3n general\u00bb; o sea, continuar con e) tipo de misi\u00f3n b\u00e1sicamente catequizadora que Vicente hab\u00eda ido creando \u00e9l mismo en los \u00faltimos siete a\u00f1os. En el documento se reconoce que Vicente \u00abha adquirido experiencia en dichas misiones\u00bb, y que Dios las ha bendecido abundantemente. Un trabajo adicional que tambi\u00e9n se especifica es \u00abla asistencia espiritual a los pobres forzados\u00bb de las galeras.<\/p>\n<p>Por su parte los Gondy se comprometen a entregarle 45.000 libras para que de\u00adbidamente invertidas en fincas y otros tipos de rentas, produzcan unos intereses de tos que pueda vivir el grupo de misioneros que se espera crear. La cantidad es en s\u00ed misma bastante importante, pero no es f\u00e1cil dar un equivalente en moneda actual. Calculando un modesto cinco por ciento de intereses, cada uno de los siete componentes del grupo misionero vendr\u00eda a percibir para su subsistencia unas 320 libras al a\u00f1o, un poco m\u00e1s de lo que percib\u00edan la mayor parte de los p\u00e1rrocos de aquel tiempo. Esta generosidad por parte de los Gondy era necesaria si se quer\u00eda el proyecto, pues el futuro grupo misionero no ten\u00eda m\u00e1s medios de subsistencia que ese dinero y el colegio de los Buenos Hijos, que en el momento de la firma era propiedad personal de Vicente de Pa\u00fal, y Vicente se compromet\u00eda adem\u00e1s a no cobrar absolutamente nada a nadie por los trabajos misioneros entre los cam\u00adpesinos. Los Gondy expresan su voluntad de ser reconocidos como cofundadores, cosa que Vicente hizo siempre, pero renuncian expresamente a todo derecho dado por las leyes eclesi\u00e1sticas a patronos y fundadores a intervenir en el nombramiento de los cargos en el grupo que se constituya. Por su parte Vicente consigue para s\u00ed mismo y sus compa\u00f1eros independencia tambi\u00e9n en \u00abla gerencia, gobierno y administraci\u00f3n de los bienes como cosa propia\u00bb.<\/p>\n<p>En el documento el grupo recibe el nombre, vago a\u00fan, como era tambi\u00e9n vaga y poco definida la naturaleza jur\u00eddica del grupo previsto, de \u00abCompa\u00f1\u00eda, Congre\u00adgaci\u00f3n o Cofrad\u00eda de padres o sacerdotes de la Misi\u00f3n\u00bb. N\u00f3tese de paso que cuando a\u00f1os m\u00e1s tarde, hablando a los miembros de su congregaci\u00f3n, atribuye Vicente al pueblo el origen del nombre de \u00abmisioneros\u00bb o \u00abpadres de la misi\u00f3n\u00bb en cuanto aplicado a ellos, no tiene en cuenta del todo la precisi\u00f3n de las fechas. El nombre se lo dio \u00e9l mismo en 1625 antes de que existieran, aunque es f\u00e1cil imaginar que el pueblo se lo aplicara espont\u00e1neamente a \u00e9l y a sus colaboradores ya antes de fundar la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en 1625-1626.<\/p>\n<p>Los sacerdotes que se unieran al se\u00f1or Vicente deb\u00edan tener \u00abdoctrina, piedad y capacidad\u00bb reconocidas, lo cual exig\u00eda un cuidadoso trabajo de selecci\u00f3n entre los posibles candidatos. En el clero, muy abundante, de aquel tiempo abundaban los ignorantes, los poco piadosos y los nada capaces. La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se constituye, pues, como ha sido el caso de casi todas las fundaciones de co\u00admunidades masculinas en la iglesia desde el siglo XVI, en cuerpo de \u00e9lite. Para dedicarse toda la vida a evangelizar a campesinos y galeotes no vale cualquier sacerdote.<\/p>\n<p>Los que den su nombre a la nueva congregaci\u00f3n deber\u00e1n antes renunciar \u00aba todos los cargos, beneficios y dignidades\u00bb. El se\u00f1or Vicente recordar\u00e1 con frecuencia a sus hombres en a\u00f1os posteriores que \u00abno hemos de buscar descanso, contento ni bendiciones m\u00e1s que en la Misi\u00f3n\u00bb. El superior va a ser el se\u00f1or Depaul hasta que se muera. Bajo su obediencia y la de un reglamento que se redactar\u00e1 vivir\u00e1n en com\u00fan los eclesi\u00e1sticos que se le unan. En el caso de muerte del se\u00f1or Vicente elegir\u00e1n \u00abpor mayor\u00eda de votos a uno de ellos para superior en lugar de dicho se\u00f1or Depaul\u00bb. Esta cl\u00e1usula revela a las claras que lo que proyectaba Vicente no era en manera alguna un grupa provisional de trabajo sino una instituci\u00f3n a\u00fan no del todo definida pero estable, y que no dependiera para su existencia de que viviera o no el fundador.<\/p>\n<p>N\u00f3tese, por otro lado, que la renuncia a todo cargo, beneficio y dignidad dejaba a un sacerdote secular de aquel tiempo literalmente a la intemperie. Hab\u00eda que tener coraje para renunciar a todos los medios de vida reconocidos por los c\u00e1nones y fiarse de que el experimento del se\u00f1or Vicente iba a funcionar. El mismo, que en su juventud anduvo tan obsesionado por los medios de vida y la posesi\u00f3n de dignidades, dio muestras de un coraje verdaderamente radical al fiar su futuro personal y el de su obra a la fr\u00e1gil base de un no muy grande capital en dinero y de un colegio medio en ruinas. Pero a\u00fan hizo m\u00e1s. Un a\u00f1o despu\u00e9s renunciaba en favor de sus familiares a los pocos bienes heredados de su padre, a la parroquia de Clichy de la que hab\u00eda sido titular desde 1612, y a la propiedad del colegio de los Buenos Hijos en favor de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, cuando \u00e9sta ya estaba constituida y constaba de tres miembros adem\u00e1s del fundador.<\/p>\n<p>Desnudado y despojado por fin de todo lo que hab\u00eda sido sue\u00f1o, anhelo y aspiraci\u00f3n de sus a\u00f1os mozos, Vicente de Pa\u00fal comienza el largo peregrinaje de los 35 a\u00f1os que le quedan de vida sostenido, animado y alimentado s\u00f3lo por un ideal obsesivo: la evangelizaci\u00f3n de los campesinos. Para ello asocia a su visi\u00f3n a un grupo de sacerdotes que se llamar\u00e1 con el tiempo escuetamente Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. La Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se va a hacer un ente complejo, y sus trabajos van a diversificarse y crecer de maneras y por caminos que \u00e9l ni sospechaba cuando proyecta fundarla en 1625. Va a ser por otro lado la primera de otras obras de gran envergadura de las que no sabe nada cuando firma el contrato con los Gondy. Su ideal de evangelizaci\u00f3n de los campesinos no s\u00f3lo no sufrir\u00e1 por ello ninguna diluci\u00f3n sino que se ampliar\u00e1 hacia otras clases de gentes pobres en una gran diversidad de obras y de maneras de expresarse. As\u00ed como, seg\u00fan sol\u00eda decir Vicente a sus misioneros en a\u00f1os posteriores, las obras de Cristo son todas ellas obras redentoras, incluso la sed, el sue\u00f1o y el descanso de Cristo, todas las obras que emprender\u00e1 en adelante este disc\u00edpulo de Cristo estar\u00e1n destinadas a llevar a cabo bajo mil disfraces un solo ideal: la redenci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Un par de meses despu\u00e9s de firmado el contrato falleci\u00f3 Margarita de Silly. Aunque en el contrato de fundaci\u00f3n los se\u00f1ores de Gondy expresaban el deseo de que Vicente siguiera \u00abresidiendo en su casa como hasta ahora\u00bb, la muerte de la se\u00f1ora privaba de todo sentido a la estancia de Vicente en casa de los Gondy, mientras que crear\u00eda sin duda problemas a su proyecto de reunir y dirigir el grupo de misioneros que se hab\u00eda comprometido a crear. A finales de 1625, con la anuencia del se\u00f1or de Gondy, quien un a\u00f1o escaso m\u00e1s tarde ingresar\u00eda en el Oratorio para ser ordenado posteriormente sacerdote, el se\u00f1or Vicente abandonaba definitiva\u00admente la morada de los Gondy. Hab\u00eda pisado por primera vez esa noble casa doce a\u00f1os antes, a\u00f1os que resultaron decisivos para su vida de hombre y de creyente. Vicente conserv\u00f3 gratitud perpetua no s\u00f3lo a los esposos Gondy sino a toda la familia, gratitud que le costar\u00eda cara, lo veremos, en relaci\u00f3n al tercero de los hijos, Juan Francisco Pablo, el futuro notorio cardenal de Retz, nacido justamente cuando Vicente entr\u00f3 por primera vez en la casa, y que ten\u00eda por tanto doce a\u00f1os cuando Vicente la dej\u00f3 por segunda vez. La dej\u00f3 ahora definitivamente, y se fue a vivir con Portail, primero y \u00fanico hasta el momento de los sacerdotes reclutados para la Misi\u00f3n, al colegio de los Buenos Hijos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>3 No sepult\u00f3 su vida para siempre en Chatillon el se\u00f1or Vicente. Esa era su intenci\u00f3n, pero con frecuencia el hombre propone y la mujer dispone. 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