{"id":101421,"date":"2015-05-13T05:20:43","date_gmt":"2015-05-13T03:20:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=101421"},"modified":"2016-07-26T17:21:23","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:23","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-2\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 2"},"content":{"rendered":"<h2>2<\/h2>\n<h3><strong>(1609)<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Cuando Vicente llega a la ciudad de Paris a comienzos de 1609, para hacer de ella su residencia definitiva para el resto de su vida, aunque al llegar no lo sabe ni lo proyecta, tiene casi 29 a\u00f1os. Un a\u00f1o despu\u00e9s el mismo defin\u00eda en carta a su madre su vida de los \u00faltimos d\u00edas anteriores como llena de desastres e infortunios. Y de futilidad, pod\u00eda haber a\u00f1adido. Desde su ordenaci\u00f3n nueve a\u00f1os antes este joven sacerdote no hab\u00eda hecho otra cosa \u00fatil que conseguir un pobre t\u00edtulo de bachiller en teolog\u00eda. Todo lo dem\u00e1s hab\u00edan sido proyectos temerarios, desorientaci\u00f3n, energ\u00eda juvenil desbocada, sue\u00f1os frustrados. Llegado a Par\u00eds se encuentra sin dinero, sin trabajo, sin mecenas, solo. Mas de un a\u00f1o estuvo buscando de que vivir, algo, lo que fuera, \u00abpara recuperar la ocasi\u00f3n de ascenso que me han arrebatado mis desastres\u00bb, escribe a su madre; espera que Dios bendecir\u00e1 sus trabajos y le conceder\u00e1 \u00abpronto el medio de obtener un honrado retiro, para pasar el resto de mis d\u00edas junto a usted\u00bb. El mundo ha resultado ser mucho m\u00e1s hostil y menos acogedor de lo que imaginaba cuando dej\u00f3 su tierra el adolescente am\u00adbicioso y so\u00f1ador. Ahora, a las puertas de la edad adulta, no sue\u00f1a m\u00e1s que en un viaje de regreso a la seguridad c\u00e1lida y acogedora del \u00fatero materno. Se acabaron para siempre los sue\u00f1os locos.<\/p>\n<p>Sin embargo su viaje a Paris fue motivado por un hecho que pudo haber sido la ocasi6n de ascenso en que venia so\u00f1ando desde hac\u00eda tantos a\u00f1os. Al salir de Roma, lo normal y lo legal para este mozo sacerdote hubiera sido reintegrarse a Dax, su di\u00f3cesis de origen, y tratar de encontrar all\u00ed un beneficio eclesi\u00e1stico como medio de vida. Su ida a Paris, donde no conoc\u00eda a nadie, tiene que tener alguna explicaci\u00f3n misteriosa. Los antiguos bi\u00f3grafos hablaron de una misi\u00f3n secreta de la que fue portador ante Enrique IV, por encargo del embajador o embajadores del rey ante el Vaticano. Los bi\u00f3grafos modernos no aceptan f\u00e1cilmente este hecho por diversas razones criticas, pero ninguno de ellos da otra posible raz\u00f3n que explique esa extra\u00f1a decisi\u00f3n de un viaje a Par\u00eds para una estancia que Vicente pensaba iba a ser temporal. A falta de otros motivos convincentes, la raz\u00f3n dada por los antiguos bi\u00f3grafos nos seguir\u00e1 pareciendo buena. Es cierto que al narrarla cometen alg\u00fan error de bulto. Atribuyen, por ejemplo, el origen de la embajada a un cardenal embajador que hab\u00eda muerto en realidad unos a\u00f1os antes. Pero puede muy bien haber un error de nombres que no afecte para nada a la realidad del hecho. Por los dem\u00e1s \u00bfC\u00f3mo o para que pod\u00eda inventarse nadie un hecho tan extra\u00f1o sin tener ninguna base? De todos modos tampoco merece la pena perder tiempo en la narraci\u00f3n de este oscuro incidente. La embajada ante el rey Enrique IV pudo haber sido ocasi\u00f3n de alguna largueza por parte de este hacia el joven cl\u00e9rigo, pero no lo fue evidentemente pues nuestro hombre segu\u00eda, como vimos, pobre, triste, sin beneficio y sin trabajo un ano despu\u00e9s de su venida de Roma.<\/p>\n<p>Encima de todo ello se le acus\u00f3 por ese mismo tiempo de ladr\u00f3n. Esto le vino de un juez paisano suyo, con el que Vicente compart\u00eda vivienda alquilada, a quien falt\u00f3 una bolsa de dinero. Al desaparecer la bolsa, que el juez guardaba en un armario, Vicente estaba enfermo en cama, solo en la casa, seg\u00fan cre\u00eda el juez, por lo que la acusaci\u00f3n era, desde su punto de vista, totalmente justa y apropiada. Fue una acusaci\u00f3n p\u00fablica en toda regla, oficial y le\u00edda desde el p\u00falpito, y pro\u00adclamada por el mismo juez ante los pocos amigos que Vicente hab\u00eda conseguido en Par\u00eds, entre los que se contaba Pedro Berulle. No hab\u00eda sido Vicente el ladr\u00f3n sin embargo, sino un empleado de la botica cercana que, estando el juez ausente, hab\u00eda tra\u00eddo algunos remedios al enfermo. Pero esto no se supo hasta tiempo despu\u00e9s por confesi\u00f3n del mismo empleado al ser atrapado in fraganti en otra sustracci\u00f3n de lo ajeno. Ni que decir tiene que el honrado juez, conocido el hecho, se apresur\u00f3 a dar toda clase de excusas al se\u00f1or Vicente. Por su parte, este, cuando fue acusado de robo en p\u00fablico, sorprendentemente no dijo nada en su descargo. \u00abDios sabe la verdad\u00bb, fue todo lo que se le oy\u00f3 decir. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda pasado por el coraz\u00f3n y la cabeza de este joven sacerdote, que cuatro a\u00f1os antes hab\u00eda vendido un caballo alquilado y hab\u00eda hecho encarcelar por deudas a un pobre brib\u00f3n? \u00bfDe d\u00f3nde le viene esta repentina mansedumbre, este renunciar a una defensa justa, este apelar a Dios con el riesgo de que Dios se calle y el quede tachado de ladr\u00f3n para siempre? El hecho le doli\u00f3 evidentemente en lo m\u00e1s profundo del alma, pues lo narr\u00f3 con un tono claramente afectado a\u00fan por la emoci\u00f3n nada menos que 47 a\u00f1os despu\u00e9s de que sucediera. Oig\u00e1mosle en directo, merece la pena, c\u00f3mo le dol\u00eda a\u00fan a los 76 a\u00f1os a aquel temperamento siempre vehemente lo que le hab\u00eda sucedido a los 29. \u00ab\u00bfTe justificar\u00edas t\u00fa? Ah\u00ed tienes una cosa de la que se te acusa, pero es falsa. No, tengo que sufrirlo con paciencia, dijo \u2014lo cuenta en tercera persona\u2014, elev\u00e1ndose a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Es un poco avanzado en su vida, ya esta por los treinta a\u00f1os, pero mas vale tarde que nunca. Hacia los 30 a\u00f1os el se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal est\u00e1 aprendiendo, en la frustraci\u00f3n y en el fracaso, a elevarse a Dios. No hay el menor rastro de que lo hiciera en los tiempos so\u00f1adores del optimismo y de los grandes proyectos. En\u00adtonces el emprendedor Vicente parec\u00eda bastarse a si mismo No es que le sobrara Dios, o le estorbara Dios, o a\u00fan menos que no creyera en Dios; pero no parece haber contado mucho con \u00c9l. Es m\u00e1s: si de joven cuenta con \u00c9l es con la esperanza de que Dios se ponga de su parte y a su servicio. \u00abEspero de la gracia de Dios \u2014escribe a su madre\u2014 que bendecir\u00e1 mis trabajos y me conceder\u00e1 pronto el remedio de conseguir un retiro honrado&#8230;\u00bb. O sea, que espera que Dios le ayude a hacer lo que \u00e9l ha planificado por su cuenta y riesgo, sin preocuparse por saber de antemano si es eso lo que Dios quiere o no. Espera que Dios quiera y bendiga lo que \u00e9l, Vicente, quiere. La frase de la carta a su madre tiene una resonancia enga\u00f1osamente piadosa. Pero la aparente piedad de Vicente at escribir la carta es lo opuesto a la verdadera piedad: la actitud del creyente sincero que le hace elevarse a Dios para ver que es lo que Dios quiere y esforzarse por llevarlo a cabo. Esta Ileg6 a ser la actitud fundamental que convirti\u00f3 al se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal en san Vicente de Pa\u00fal. Esto no ha llegado todav\u00eda cuando se le acusa en p\u00fablico de ladr\u00f3n, pero hay indicios de que el joven sacerdote se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal parece estar ya en el buen camino.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>No hay nada como un buen gu\u00eda para encontrar el buen camino. A\u00fan m\u00e1s si el camino es complicado. Por fortuna, o m\u00e1s bien por providencia, nuestro joven sacerdote desorientado encontr\u00f3 al poco de llegar a Par\u00eds el hombre adecuado para orientarle por los complicados caminos del esp\u00edritu. Pedro de Berulle lleg\u00f3 mas tarde a ser cardenal, te\u00f3logo famoso, personaje publico. Cuando se conocieron Berulle ten\u00eda 35 altos, cinco m\u00e1s que nuestro hombre. A esa edad era ya un hombre de cierto prestigio, reconocido por un grupo de sacerdotes selectos que creyeron encontrar en \u00e9l el director perfecto para que los orientara por los caminos de la vida sacerdotal. Berulle fue ordenado sacerdote un alto antes de que lo fuera Vicente de Pa\u00fal, a la edad de 24 a\u00f1os, como lo exig\u00eda Trento, no a los 20 como su dirigido. Hab\u00eda recibido una excelente educaci\u00f3n humanista, filos\u00f3fica y teol\u00f3gica a manos de los jesuitas y en la Sorbona, y desde muy joven se movi\u00f3 en los mejores c\u00edrculos de vida espiritual que se pod\u00edan encontrar en Paris. El cartujo Beaucousin, que fue su director, Benito de Canfeld, madame Acarie, de la que era pariente. Por contacto con ellos su espiritualidad juvenil estuvo fuertemente marcada por lo que se ha venido a calificar como \u00abescuela abstracta\u00bb, con sus ra\u00edces remotas en los grandes m\u00edsticos alemanes del siglo XIV. Pero sus lecturas de la biblia y de los santos padres le llevaron a una visi\u00f3n de la fe centrada en el misterio de la encarnaci\u00f3n. El centro de la sensibilidad espiritual del Berulle adulto es el Verbo encarnado, Jes\u00fas. Por la asimilaci\u00f3n interior de los \u00abestados\u00bb de Jes\u00fas en su vida terrena el hombre tiene acceso a la vida trinitaria. La escuela abstracta le hab\u00eda orientado fuertemente hacia una especie de b\u00fasqueda directa de la divinidad, b\u00fasqueda en la que la figura de Jesucristo no ten\u00eda importancia especial, y as\u00ed se pod\u00eda y deb\u00eda dejar de lado en los estadios mas elevados de la experiencia religiosa. Berulle mismo compara el cambio de su perspectiva juvenil a su \u00abcristocentrismo\u00bb posterior con la revoluci\u00f3n de la visi\u00f3n copernicana en astronom\u00eda: Jes\u00fas es el centro alrededor del cual debe girar todo en la vida de fe, como los planetas alrededor del sol.<\/p>\n<p>Berulle fue uno de los primeros hombres en el siglo XVII franc\u00e9s en preocuparse y trabajar por la reforma del clero en la l\u00ednea de lo descrito por el concilio de Trento. Sus esfuerzos en este terreno, desarrollados sobre todo en el Oratorio de Jes\u00fas que el fund\u00f3 a imitaci\u00f3n del de san Felipe Neri en Italia, y a trav\u00e9s de \u00e9l en el trabajo de los seminarios, se basaban en una alta y profunda visi\u00f3n teol\u00f3gica del sacerdote como hombre revestido de los estados de Jes\u00fas, que obra en su nombre y en su Lugar para dar gloria a Dios, santidad a si mismo y a los hombres. Esto hace que Berulle, aunque ten\u00eda en alta consideraci\u00f3n el estado religioso, piense que el estado sacerdotal es en s\u00ed mismo mas perfecto. Sus sacerdotes del Oratorio no har\u00e1n votos, pues su car\u00e1cter sacerdotal lleva ya en si mismo una mayor exigencia de santidad personal que la de cualquier profesi\u00f3n religiosa. En 1611, al poco tiempo de conocerse nuestros dos hombres, Berulle fund\u00f3 con un peque\u00f1o grupo de sacerdotes la primera comunidad del Oratorio, con la que Vicente vivi\u00f3 alg\u00fan tiempo, aunque sin intenci\u00f3n de unirse a ella.<\/p>\n<h3><strong>(1610)<\/strong><\/h3>\n<p>Entre febrero de 1640, fecha de la carta a su madre que hemos citado arriba, y mayo del mismo a\u00f1o, en que se convirti\u00f3 por contrato firmado en abad comen\u00addatario de una abad\u00eda cisterciense, Vicente encontr\u00f3 un peque\u00f1o oficio que le provey\u00f3 de medios, aunque escasos, suficientes para no morirse de hambre. Un poco antes de convertirse en abad Vicente hab\u00eda entrado como limosnero y capell\u00e1n en el palacio de Margarita de Valois. No era un cargo tan importante como suena a la primera, pues hab\u00eda otros varios sacerdotes con el mismo t\u00edtulo en el mismo palacio. Ni era tampoco importante el trabajo, decir una misa diaria en la capilla del palacio y repartir algunas limosnas en nombre de la reina. Pero le prove\u00eda de un medio de vida, aunque fuera modesto, y, lo que es m\u00e1s interesante, le daba por fin f\u00e1cil ingreso a un lugar de alta sociedad, de alta cultura y de alta riqueza. F\u00e1cil ingreso a un lugar m\u00e1s brillante de lo que pudiera haber so\u00f1ado el adolescente que dej\u00f3 su casa de Pouy para comenzar la gran peregrinaci\u00f3n hacia las alturas.<\/p>\n<p>Solo que el palacio de la reina Margarita y todo lo que representaba como s\u00edmbolo de grandeza buscada y apetecida resulto ser una tremenda decepci\u00f3n. En cuanto pudo se escap\u00f3 de \u00e9l, no para irse a otro palacio m\u00e1s atrayente sino a una peque\u00f1a aldea cercana a Paris. En el palacio de Margarita de Valois, Vicente experiment\u00f3 de primera mano la banalidad y la fealdad moral de lo que el mundo tiene, y el mismo hab\u00eda tenido hasta entonces, por grandeza humana. La decepci\u00f3n comenzaba con la misma Margarita, que a los 57 a\u00f1os de edad no conservaba ya nada de su antigua belleza seductora y pecadora. Era ahora fea, llena de verrugas, gorda hasta el punto de que ten\u00eda que pasar de lado a trav\u00e9s de algunas de las puertas de su palacio; nada atractiva ya para caballeros, se hacia acompa\u00f1ar de inocentes pajes. Devota, a la vez. O\u00eda dos o tres misas diarias, y exig\u00eda con firmeza que se rezara y cantara con propiedad y sin descanso el oficio lit\u00fargico en la iglesia que hab\u00eda construido junto a su palacio. Y tambi\u00e9n amante de la cultura: en su palacio se reun\u00edan, para sesiones galantes y refinadas, poetas, escritores, m\u00edsticos, te\u00f3logos. Hab\u00eda sido reina, es decir esposa de rey, pero este, Enrique IV, la repudio, aunque no la dej\u00f3 en la calle. Lejos de eso, le construy\u00f3 el palacio en el que era ahora Vicente capell\u00e1n. A lo que con generosidad le hab\u00eda dado su ex-marido ella a\u00f1adi\u00f3 por su cuenta y por simple rapi\u00f1a las tierras hasta el borde mismo de la orilla del Sena, en la que luego se construy\u00f3 un muelle de embarque que a\u00fan lleva el nombre del hecho que le dio origen: Malaquais, mal adquirido.<\/p>\n<p>A Margarita la casaron con Enrique IV tan contra su voluntad que en la ceremonia de la boda le tuvieron que arrancar el \u00abs\u00ed, quiero\u00bb no de palabra sino por un gesto forzado por su hermano Enrique III que le hizo doblar el cuello para que expresara una apariencia de consentimiento. De manera que cuando Enrique IV se cans\u00f3 de ella no hubo problema alguno para conseguir una declaraci\u00f3n de nulidad. Enrique, por su parte, volvi\u00f3 a casarse, esta vez con Maria de M\u00e9dicis, sobrina de un banquero italiano a quien Enrique deb\u00eda mucho dinero. A Maria de M\u00e9dicis, gruesa y carnosa ya a los 20 a\u00f1os como la pint\u00f3 Rubens, le colgaron inmediatamente en la corte de Francia el mote de \u00abla banquera gorda\u00bb. No le gustaban a Enrique las gordas, ni de tantos a\u00f1os. Se sabe el nombre de al menos cincuenta y cinco de sus amantes; a la edad de 56 a\u00f1os se enamor\u00f3 como un loco de una adolescente de quince, Charlotte de Montmorency, casada con el pr\u00edncipe de Cond\u00e9, quien se la llev\u00f3 a toda prisa a Bruselas para alejarla de las manos de quien sus contempor\u00e1neos bautizaron como el Verde Gal\u00e1n.<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda y a la misma hora en que Vicente se convert\u00eda en abad, un pu\u00f1al acab\u00f3 con la vida de Enrique IV. Un d\u00eda antes, este hab\u00eda hecho coronar a su leg\u00edtima esposa Maria de M\u00e9dicis como regente. Margarita, la ex-reina y patrona de Vicente, no tuvo el menor empacho en llevar el borde del manto de la regente en la ceremonia de coronaci\u00f3n. Aunque ella misma era est\u00e9ril, o tal vez porque lo fue, tuvo siempre un gran cari\u00f1o por todos los hijos del rey, fuera quien fuera la madre, y en particular con los habidos de Maria de M\u00e9dicis, a quien Margarita llamaba cari\u00f1osamente y sin resentimiento alguno \u00abmi pariente italiana\u00bb. Quien hered\u00f3 el trono fue el mayor de los hijos de la M\u00e9dicis, de nueve a\u00f1os a la muerte de su padre, a quien sucedi\u00f3 con el nombre de Luis XIII. Luis y Vicente se encontrar\u00e1n cara a cara a\u00f1os despu\u00e9s en circunstancias que narraremos en detalle, pero por los a\u00f1os en que estarnos ni se conoc\u00edan, ni siquiera se hab\u00edan visto.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>El convertirse en abad no se debi\u00f3 a una nueva vocaci\u00f3n repentina surgida a los 30 altos, ni tampoco a un deseo de una vida m\u00e1s retirada de lo que hab\u00eda sido la suya hasta entonces, sino al simple deseo de tener derecho a percibir unas ciertas rentas de los bienes de la abad\u00eda cisterciense de San Leonardo de Chaume, rentas que se a\u00f1adir\u00edan como ayuda muy oportuna a los modestos emolumentos del limosnero capell\u00e1n. Sin duda que el se\u00f1or Vicente se las promet\u00eda muy felices cuando recibi\u00f3 de manos del arzobispo de Aix \u00ablos t\u00edtulos y documentos relativos a los derechos y a la renta temporal de dicha abad\u00eda\u00bb a cambio de una renta anual de 1.200 libras que Vicente deb\u00eda pagar al arzobispo. Pero la abad\u00eda resulto ser una ruina y una fuente de procesos y litigios \u00abcontra diversos detentadores y usurpadores de los dominios de dicha abad\u00eda\u00bb. De manera que unos altos despu\u00e9s, cansado sin duda de pelear y no cobrar, el se\u00f1or Vicente pas\u00f3 sus derechos sobre la abad\u00eda a otro sacerdote, sin exigirle a cambio ning\u00fan tipo de pago o renta. Le transfiere los derechos sobre la abad\u00eda, dice, \u00abpor el gran afecto que el donante (Vicente) tiene al donatario, y por las muestras de amistad que ha recibido de el\u00bb. El donatario en este caso es Francisco de Lanson que no vuelve a aparecer para nada en los mas de 40 a\u00f1os que quedan de vida al se\u00f1or Vicente. Tal vez la donaci\u00f3n fue el final de la amistad. A un verdadero amigo no se le hacen regalos de ese tipo.<\/p>\n<p>Al de la abad\u00eda se le fueron a\u00f1adiendo otros beneficios, de manera que Vicente tuvo, a la vez, los t\u00edtulos con derecho a rentas de abad, can\u00f3nigo y p\u00e1rroco de dos parroquias diferentes. Parecer\u00eda que los viejos ideales y las antiguas ambiciones de su juventud iban teniendo satisfacci\u00f3n cumplida. Esto dur\u00f3 hasta 1616. En 1617 adquiri\u00f3 una parroquia mas, pero esta pobre y lejana, y no para extraer rentas sino para trabajar en ella como sacerdote. En 1617, a sus 37 a\u00f1os, el se\u00f1or Vicente sigue siendo ciertamente el se\u00f1or Vicente que fue ordenado en 1600, pero ya parece otra persona. Pero esto estaba por venir.<\/p>\n<h3><strong>(1612)<\/strong><\/h3>\n<p>En realidad comenz\u00f3 a dar la impresi\u00f3n de que era otra persona cuando dej\u00f3, solo dos a\u00f1os despu\u00e9s de entrar en \u00e9l, el palacio de la reina Margarita, hastiado sin duda por tanta falsa grandeza y tanta fealdad moral, y aburrido por la falta de actividad. De un doctor te\u00f3logo amigo suyo nos cuenta el mismo Vicente a\u00f1os despu\u00e9s que cay\u00f3 en una horrorosa tentaci\u00f3n contra la fe por haberse dedicado a la dulce ociosidad del palacio como te\u00f3logo ornamental. No era Vicente persona como para servir de ornamento a nadie ni a nada, ni antes ni despu\u00e9s de convertirse a los caminos de la santidad. De manera que, o porque se lo pidi\u00f3 a Berulle, o porque se lo insinu\u00f3 \u00e9ste, Vicente dej\u00f3 el palacio de la reina para ejercer de p\u00e1rroco de Clichy, peque\u00f1a aldea cercana a Par\u00eds en aquel entonces, y hoy un sector plenamente integrado dentro de la ciudad.<\/p>\n<p>Era la primera vez, n\u00f3tese, que Vicente llegaba a ejercer lo que hoy se calificar\u00eda como cargo pastoral. Era mayo de 1612, Vicente ten\u00eda 32 a\u00f1os, y hac\u00eda ya doce que se hab\u00eda ordenado sacerdote sin haber ejercido como tal en ning\u00fan sentido serio. Poco m\u00e1s de un ano estuvo en Clichy, pero la experiencia le marco a fuego para toda la vida. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s a\u00fan recordaba esa primera experiencia sacerdotal con un dulce regusto. El pueblo era bueno, el pueblo era obediente a su cura, se confesaban cuando el se lo insinuaba, cantaban los salmos sin fallar una nota, mientras que el, \u00abpobre p\u00e1rroco \u2014se dec\u00eda a si mismo\u2014, t\u00fa que eres su padre espiritual ignoras todo esto\u00bb. Efectivamente, ignoraba todo eso. En cues\u00adtiones de trabajo pastoral Vicente era a los 32 a\u00f1os un total ignorante. Las gentes sencillas y cristianas de Clichy le dieron una lecci\u00f3n soberana sobre lo que supone una vida de fe. Para Vicente la experiencia fue decisiva, y le hizo ver y sentir algo que ni hab\u00eda sospechado antes ni despu\u00e9s de ordenarse: que una verdadera vida de fe llena el alma y la satisface infinitamente m\u00e1s que los deseos y ambiciones de rentas, ascensos y seguridades. Se sinti\u00f3 en Clichy ante este descubrimiento m\u00e1s feliz que el papa, y m\u00e1s que su propio obispo, y as\u00ed se lo hizo saber en una visita pastoral que este hizo a la aldea. En cuanto a Dios, le dec\u00eda: \u00abDios m\u00edo, que feliz soy por tener un pueblo tan bueno\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>(1613)<\/strong><\/h3>\n<p>La felicidad le dur\u00f3 poco, y el que as\u00ed fuera hay que atribu\u00edrselo, vista la trayectoria posterior de su vida, al mismo Dios. Pero la responsabilidad inmediata la tuvo una vez m\u00e1s Berulle, que en esta ocasi\u00f3n se mostr\u00f3 desconcertante en su decisi\u00f3n. Pues sac\u00f3 de su parroquia a un joven sacerdote que por fin hab\u00eda encontrado el camino de su sacerdocio para meterlo en otro palacio de gente noble con el fin de que diera escuela a un ni\u00f1o de once a\u00f1os y a otro de tres. Es esto serial de que Berulle empezaba a tener en alta estima a su dirigido, pues de otra manera no lo hubiera recomendado como preceptor de los hijos de una de las familias m\u00e1s nobles de Francia, el matrimonio de Felipe Manuel de Gondy y Margarita de Silly. Eran los dos aproximadamente de la misma edad que Vicente; se hab\u00edan casado muy j\u00f3venes, y por curiosa coincidencia en el mismo a\u00f1o en que Vicente recibi\u00f3 la ordenaci\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed pues a nuestro h\u00e9roe en otro palacio. Pero tampoco \u00e9ste le debi\u00f3 de gustar mucho; ni el trabajo, o el poco trabajo, que le daba la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os. Consta que en los primeros meses de estancia en el palacio de los Gondy, Vicente fue presa de una especie de malhumor permanente y desagradable, que le hac\u00eda encerrarse durante horas en su habitaci\u00f3n. Fueron sin duda meses de crisis, oca\u00adsionados tal vez en parte por el recuerdo y la a\u00f1oranza de la experiencia reciente de Clichy, la primera experiencia genuina de vida sacerdotal que Vicente ha tenido justamente el tiempo de gustar, y que Berulle con su autoridad ha cortado de ra\u00edz, tal vez sin darse cuenta de lo que hacia, dejando al se\u00f1or Vicente con el dolor de un primer amor frustrado.<\/p>\n<p>Vicente fue con todo ensanchando su radio de actividad sacerdotal a cosas que no estaban en el programa al entrar en casa de los Gondy. Comenz\u00f3 con los propios criados de la casa, a los que impart\u00eda instrucci\u00f3n religiosa con regularidad; por otro lado, los viajes de los se\u00f1ores le ofrec\u00edan ocasi\u00f3n de predicar y confesar en los lugares sobre los que los Gondy ejerc\u00edan se\u00f1or\u00edo. Esta experiencia fue fun\u00addamental para la historia posterior de Vicente, pues en estos viajes descubri\u00f3 algunas cosas que iban a resultar decisivas para el resto de su vida: la existencia del mundo campesino, que el hab\u00eda intentado olvidar desde que sali\u00f3 de el hacia los 15 a\u00f1os; el lamentable abandono religioso y social del mundo rural, incluso del mundo rural de las tierras de un matrimonio altamente cristiano como era el de los Gondy; sobre todo, su propia capacidad para moverse como sacerdote con soltura en ese mundo, y la satisfacci\u00f3n sicol\u00f3gica consiguiente. Este mundo era mas rural que Clichy, tan rural como sus propias ra\u00edces vitales; adem\u00e1s respond\u00eda perfectamente a un aspecto de su personalidad que hab\u00eda estado en la penumbra desde su llegada a Paris: este mundo rural de los Gondy ofrec\u00eda las condiciones perfectas para satisfacer su instinto andar\u00edn de movilidad, instinto dado sin duda por Dios, que en a\u00f1os anteriores el hab\u00eda malgastado y mal orientado por la visi\u00f3n ego\u00edsta de su sacerdocio.<\/p>\n<p>La persona que mas iba a influir en la trayectoria de su vida posterior tampoco entraba en el programa de trabajo que le llev\u00f3 a la casa de los Gondy. Se trataba de la se\u00f1ora del palacio, Margarita tambi\u00e9n de nombre como la ex-reina, pero mundos aparte de esta en todos los aspectos. Mujer bella, de car\u00e1cter sensible, muy delicada de conciencia hasta llegar al borde mismo del escr\u00fapulo, profun\u00addamente religiosa, esposa muy fiel y madre muy cristiana, que no tuvo sin embargo demasiado \u00e9xito en la educaci\u00f3n de sus hijos, padec\u00eda la tentaci\u00f3n permanente de la inseguridad. Femenina hasta la exageraci\u00f3n, no se cre\u00eda capaz de vivir con independencia una vida espiritual sin apoyarse obsesivamente en un director es\u00adpiritual. Berulle lo fue durante alg\u00fan tiempo y de alguna manera. Esta mujer exquisita y de capacidad sutil de percepci\u00f3n supo ver a trav\u00e9s del mutismo taciturno y el mal humor del preceptor de sus hijos al hombre ideal que pod\u00eda darle a ella una orientaci\u00f3n segura en las complicaciones enmara\u00f1adas de su vida interior. Se lo pidi\u00f3 expresamente un a\u00f1o despu\u00e9s de su entrada en el palacio, y Vicente, a quien nunca gusto ser director de conciencia, y que de todos modos no lo hab\u00eda sido a\u00fan, se neg\u00f3 a ello, probablemente con la excusa de falta de experiencia y de capacidad. Pero intervino Berulle a petici\u00f3n de la se\u00f1ora, y Vicente tuvo que plegarse a las \u00f3rdenes de quien le hab\u00eda introducido cuatro o cinco a\u00f1os antes a \u00e9l mismo por los caminos de la vida espiritual.<\/p>\n<p>Margarita de Silly fue sin saberlo la primera de las varias mujeres que influyeron poderosamente en la historia de nuestro hombre. Ella fue, como vamos a ver, el instrumento de Dios para revelar al se\u00f1or Vicente cual era el verdadero camino de su vida sacerdotal, y en ese aspecto se podr\u00eda decir que fue la mujer de influencia decisiva en su vida. Pero a\u00fan hay otra m\u00e1s importante, a quien Vicente conoci\u00f3 un poco antes de que muriera Margarita en 1625, y que vino a coger el relevo de influencia femenina en la vida de nuestro hombre. Tambi\u00e9n esta otra comenz\u00f3 su relaci\u00f3n con el se\u00f1or Vicente como fr\u00e1gil dirigida, nerviosa, dependiente y escru\u00adpulosa; tambi\u00e9n parec\u00eda ser incapaz, como sucede con frecuencia a mujeres in\u00adteligentes y muy capaces, de sostenerse a si misma en los complicados caminos del esp\u00edritu y necesitar como el aire la ayuda varonil del director. Pero cuando \u00e9sta tambi\u00e9n muri\u00f3 su director reconoci\u00f3 en p\u00fablico que era una santa de cuerpo entero. Se llamaba Luisa de Marillac, y lo que no dijo el se\u00f1or Vicente, pero pudo haber dicho, es que as\u00ed como a Margarita de Silly deb\u00eda \u00e9l el haber encontrado el verdadero camino de su vida, a Luisa de Marillac deb\u00eda al menos la mitad de su propia alma.<\/p>\n<h3><strong>(1617)<\/strong><\/h3>\n<p>El dar clases a los ni\u00f1os y el estar siempre a mano para tratar de aclarar los problemas de conciencia de la se\u00f1ora hizo que el se\u00f1or Vicente tuviera que acom\u00adpa\u00f1ar a la familia fuera de Paris en sus numerosos viajes por sus tierras serio riales. En uno de estos viajes sucedi6 el hecho que fue causa y ocasi\u00f3n del viraje decisivo que sufri\u00f3 la vida del se\u00f1or Vicente un poco antes de cumplir los 37 a\u00f1os. Hab\u00eda dedicado los diez primeros a\u00f1os de su vida sacerdotal a perseguir el peque\u00f1o ideal de un sacerdocio bien retribuido y tranquilo que le asegurara un buen pasar y los medios para ayudar a su familia. Los diversos planes y sue\u00f1os perseguidos con este fin, algunos de ellos ambiciosos y descabellados, se hab\u00edan hecho trizas uno a uno. Los ideales y los planes de la juventud le han resultado o imposibles de alcanzar o banales cuando por fin los alcanz\u00f3. El primer gran gozo de su vida, lo que de verdad podr\u00eda llenar su alma grande y ambiciosa, lo hab\u00eda encontrado donde menos lo esperaba: de p\u00e1rroco en una aldea en las afueras de Paris.<\/p>\n<p>De manera que cuando sucedi\u00f3 lo que vamos a narrar Vicente crey\u00f3 o\u00edr en el fondo de su alma el eco lejano y profundo, hasta entonces apagado por su propia agitaci\u00f3n, de la voz misma de Dios que le indicaba con claridad, por fin, su camino. No fue Vicente infiel a la llamada. No solo respondi\u00f3 a ella de inmediato, sino que fue fiel a la llamada hasta la muerte. No va a haber ya retrocesos ni indecisiones ni medias tintas en la respuesta. El d\u00eda en que Vicente oy\u00f3 la gran voz de Dios en el fondo de su alma se puso en marcha, como Abrahan, sin saber a donde iba, m\u00e1s bien sin saber a donde le llevaba la voz. Ese d\u00eda, se puede decir ahora con toda precisi\u00f3n, comenz\u00f3 la verdadera vida de san Vicente de Pa\u00fal. Hasta entonces no hab\u00eda vivido m\u00e1s que una vida de tanteos medio ciegos. Vicente de Paul comienza a vivir de verdad a plena Luz su vida Libre y liberada de hijo de Dios cuando se escapa del palacio de los Gondy para ir a sepultar el resto de su vida en otra aldea, esta vez remota y lejana, llamada Chatillon.<\/p>\n<p>Las cosas sucedieron as\u00ed en un peque\u00f1o lugar del se\u00f1or\u00edo de los Gondy. El nombre del lugar era Gannes, de donde lleg\u00f3 recado al cercano castillo de Folleville, donde estaba a la saz\u00f3n la familia de Gondy, para que el se\u00f1or Vicente fuera a confesar a un anciano moribundo. Despu\u00e9s de la confesi\u00f3n el anciano empez\u00f3 a proclamar a los cuatro vientos, delante tambi\u00e9n de la se\u00f1ora, que la confesi\u00f3n general hecha al se\u00f1or Vicente hab\u00eda sido la \u00faltima gran misericordia de Dios a un gran pecador como el. Ten\u00eda fama de bueno y honrado entre los vecinos, pero el se crey\u00f3 obligado a gritar a todo el mundo que de no ser por esa \u00faltima confesi\u00f3n se hubiera sin duda condenado eternamente. Desde hacia arios venia ocultando graves pecados solo conocidos por el mismo, lo que hab\u00eda convertido su larga vida, tenida por los dem\u00e1s como una vida edificante, en una vida sacr\u00edlega.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil imaginar el susto que se llevar\u00eda al o\u00edr esto un alma sensible como la de Margarita. Si era tal el estado de uno de sus s\u00fabditos tenido por modelo de vida honrada, \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda la situaci\u00f3n de los dem\u00e1s? Los Gondy, en la \u00e9poca de descomposici\u00f3n del feudalismo que les toc\u00f3 vivir, representaban un tipo de se\u00f1or\u00edo feudal en proceso de desaparici\u00f3n en el siglo XVII, el tipo cl\u00e1sico medieval fundado en una convicci\u00f3n cristiana que entend\u00eda la autoridad feudal y sus privilegios sociales y econ\u00f3micos como fundamentos de una obligaci\u00f3n de responsabilidad social y religiosa. En esta visi\u00f3n cristiana tradicional el se\u00f1or feudal es se\u00f1or ante todo para velar por el bien de sus s\u00fabditos, o como dec\u00eda el mismo se\u00f1or Vicente en un serm\u00f3n predicado en presencia del se\u00f1or de Gondy y a sugerencia de este: \u00abDios ha puesto a los se\u00f1ores no solo para que cobren los censos y las rentas de sus s\u00fabditos, sino para administrarles justicia, mantener la religi\u00f3n y procurar que amen, sirvan y honren a Dios\u00bb. Esa era la idea tradicional, idea que los Gondy suscrib\u00edan tambi\u00e9n en la pr\u00e1ctica. Pero la realidad mas com\u00fan entre los nobles del tiempo era mas bien la que denunciaba ante los Estados Generales de 1614 en palabras violentas Robert Miron: \u00abSe obliga a los campesinos a producir el alimento de su Majestad, del clero, de la nobleza y del tercer estado. Vuestra vida, se\u00f1ores nobles, se gasta en juegos de aventura, en la abundancia y en el despilfarro, en violencias p\u00fablicas y privadas. El antiguo brillo de vuestro estado esta apagado\u00bb.<\/p>\n<p>No eran muchos ya los nobles de aquellos tiempos que ver\u00edan con agrado su situaci\u00f3n social definida en los t\u00e9rminos del se\u00f1or Vicente. Pero si la ve\u00edan as\u00ed los se\u00f1ores de Gondy. Por eso la revelaci\u00f3n del campesino anciano, un hecho que para Vicente o cualquier sacerdote en cualquier \u00e9poca no revestir\u00eda aspectos ex\u00adcesivamente llamativos, fue para la se\u00f1ora una verdadera y muy desagradable revelaci\u00f3n. Sus s\u00fabditos eran no solo deficientes en su conocimiento de Dios; a juzgar por el caso del anciano era f\u00e1cil presumir que se encontraban buena parte de ellos en peligro inmediato de condenaci\u00f3n eterna. Los mismos sacerdotes que ejerc\u00edan el ministerio en sus tierras daban tales muestras de ignorancia que ella hab\u00eda descubierto tiempo atr\u00e1s que muchos de ellos no sab\u00edan ni la formula de la absoluci\u00f3n. Entre confesiones sacr\u00edlegas y absoluciones nulas, Margarita de Silly se cre\u00f3 r\u00e1pidamente una imagen de la poblaci\u00f3n sometida a su autoridad como colocada al borde del abismo.<\/p>\n<p>Ella se sent\u00eda responsable; ella era responsable. Ella ten\u00eda que buscar el remedio a aquella lamentable situaci\u00f3n espiritual de sus s\u00fabditos. Como remedio de urgencia anim\u00f3 al se\u00f1or Vicente a que subiera al p\u00falpito y predicara a los habitantes de Folleville sobre la necesidad de hacer una buena confesi\u00f3n general. Lo hizo el se\u00f1or Vicente el 25 de enero de 1617 en Folleville, y en las aldeas cercanas los d\u00edas sucesivos, con un \u00e9xito tal que hubo que solicitar la ayuda de otros confesores para atender a las muchedumbres que ven\u00edan a poner sus conciencias en paz con Dios.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed debi\u00f3 de tener lugar la revelaci\u00f3n, la voz profunda, que cambio el rumbo de la vida de nuestro hombre. \u00a1Qu\u00e9 hac\u00eda \u00e9l en Par\u00eds, ciudad llena de frailes y de curas; que hac\u00eda perdiendo el tiempo en ense\u00f1ar a dos ni\u00f1os que no quer\u00edan aprender; intentando hacer algo para lo que no ten\u00eda cualidades, como escribi\u00f3 al se\u00f1or de Gondy para pedir excusas por haber abandonado el palacio sin dar ex\u00adplicaciones, casi clandestinamente? Su palabra hab\u00eda sido eficaz, muy eficaz, por contraste, para aquellas mentes campesinas, para aquellas almas pecadoras de buena voluntad. \u00bfNo era ese su verdadero mundo? \u00bfNo sent\u00eda en el fondo del alma la voz de Dios que le llamaba a invertir la gracia de su sacerdocio entre los campesinos y a dejarse para siempre de sue\u00f1os de grandeza y de comodidad? Por otro lado \u00bfera justo, no era incluso peligroso para el mismo, que su alma sacerdotal se estuviera convirtiendo en propiedad casi exclusiva de una se\u00f1ora aristocr\u00e1tica de su misma edad, quien mostraba adem\u00e1s un apego y dependencia a todas luces excesivos y no del todo espirituales?<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas de los sucesos de Folleville Vicente de Pa\u00fal abandonaba la casa de los Gondy sin despedirse de nadie con la intenci\u00f3n de sepultar para siempre su vida sacerdotal en una remota aldea a m\u00e1s de 500 kil\u00f3metros de Par\u00eds. La aldea se llamaba Chatillon-les-Dombes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>2 (1609) Cuando Vicente llega a la ciudad de Paris a comienzos de 1609, para hacer de ella su residencia definitiva para el resto de su vida, aunque al llegar no lo sabe ni lo &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":101477,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[224,173,148,175,145,117,179,188,128],"class_list":["post-101421","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-chatillon-les-dombes","tag-clichy","tag-folleville","tag-gannes","tag-pouy","tag-reina-margarita","tag-san-leonardo","tag-silly"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 2 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 2 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"2 (1609) Cuando Vicente llega a la ciudad de Paris a comienzos de 1609, para hacer de ella su residencia definitiva para el resto de su vida, aunque al llegar no lo sabe ni lo ... 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