{"id":101411,"date":"2015-05-16T07:34:43","date_gmt":"2015-05-16T05:34:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2012\/08\/vida-del-senor-vicente-de-paul-oblituario-2-2\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:22","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:22","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-5","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-5\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 5"},"content":{"rendered":"<h2>5<\/h2>\n<h3><strong>(1634)<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Genoveva Fayet se cas\u00f3 en 1613 con Antonio Goussault, consejero real y presidente del Tribunal de Cuentas. Este, aunque se\u00f1or de Souvigny, no pertenec\u00eda a la alta nobleza, sino a la alta burgues\u00eda, que aspiraba por aquel tiempo a una participaci\u00f3n pol\u00edtica mayor que la que la nobleza estaba dispuesta a concederle. Muri\u00f3 en 1631, dejando a la viuda, madre de cinco hijos, una posici\u00f3n respetable, y econ\u00f3mica\u00admente muy desahogada. Pudo la viuda haber dedicado el resto de su vida a vivir, a rondar las altas esferas del poder, a ver teatro y asistir a fiestas galantes, pero prefiri\u00f3 dedicarlo a trabajar por los pobres de sus tierras y de otras tierras. Esto hizo hasta su muerte, ocho a\u00f1os despu\u00e9s de la de su marido.<\/p>\n<p>Sin que se sepa c\u00f3mo madame Goussaurt cruz\u00f3 sus caminos con los del se\u00f1or Vicente, y pronto se puso a las \u00f3rdenes de \u00e9ste para un tipo de trabajo parecido al que hab\u00eda estado haciendo Luisa de Marillac desde hac\u00eda cuatro a\u00f1os. Se conserva una larga carta suya en la que relata las peripecias de un viaje de varios d\u00edas por pueblos y peque\u00f1as ciudades en los que desarrollaba una serie de actividades: inspecci\u00f3n de hospitales, asistencia a los pobres, catecismo a ni\u00f1os y adultos, visita a las c\u00e1rceles. Viajaba en compa\u00f1\u00eda de tres o cuatro sirvientas de su casa. En el carromato viajero se llevaba una vida de piedad que hubiera satisfecho a la mism\u00edsima Teresa de Jes\u00fas en sus viajes de fundadora. De piedad y de buen humor. Su figura resultaba muy atrayente para altos y bajos porque, dice, \u00abno pongo cara de reformada, sino que r\u00edo de buena gana\u00bb. Advierte madame Goussault en su carta que \u00abresulta muy f\u00e1cil servir a Dios a este precio\u00bb. Una se\u00f1ora conocida suya no pudo reprimirse cuando la vio con un grupo de pobres, el gozo en el rostro, y le dijo que \u00abparec\u00eda usted dos veces m\u00e1s hermosa cuando hablaba con ellos\u00bb.<\/p>\n<p>No hab\u00eda en todo ello ni rastro de exhibicionismo, ni blandura compasiva y con\u00addescendencia hacia los d\u00e9biles. Esta mujer fuerte hab\u00eda descubierto por s\u00ed misma, antes incluso de relacionarse con el se\u00f1or Vicente, los principios de su caridad, principios que expresa as\u00ed, y que el se\u00f1or Vicente hubiera sin duda suscrito para s\u00ed mismo: \u00abEstoy dispuesta a perderlo todo y a dejarlo todo; prefiero la humildad a todos los consuelos y bienes. El ejemplo de mi Salvador es muy poderoso, pues dej\u00f3 el seno de su Padre para venir a practicar la humildad en la pobreza y el anonadamiento\u00bb.<\/p>\n<p>Esto escrib\u00eda madame Goussault en abril de 1633, siete meses antes de la fundaci\u00f3n de las hijas de la caridad, o sea, por el tiempo en que Vicente estaba dando a Luisa de Marillac las \u00faltimas largas a la idea que ten\u00eda \u00e9sta de reunir a las cuatro primeras en su casa. Se ha insinuado con visos de verosimilitud que las \u00faltimas dudas del se\u00f1or Vicente podr\u00edan estar motivadas en parte por una indecisi\u00f3n para escoger entre una y otra como fundadora.<\/p>\n<p>Pero a madame Goussault le esperaba otro tipo de fundaci\u00f3n que, sin saberlo ella ni \u00e9l tampoco, iba a lanzar al se\u00f1or Vicente por caminos que har\u00edan de \u00e9l una figura p\u00fablica de influencia nacional. Esta experta visitadora de hospitales conoc\u00eda a la perfecci\u00f3n por sus muchas visitas el estado de los enfermos en el mayor hospital que hab\u00eda en Francia en aquel tiempo, el Hotel-Dieu de Par\u00eds, junto a Notre Dame. El Hotel-Dieu recog\u00eda exclusivamente a enfermos pobres. Los ciudadanos enfermos que ten\u00edan medios para pagar los honorarios correspondientes eran atendidos a domicilio por los m\u00e9dicos, y evitaban as\u00ed las lamentables condiciones del \u00abHotel\u00bb. Condiciones que eran en verdad lamentables en todos los aspectos. La idea de la instituci\u00f3n era, como se dijo arriba, medieval, y hab\u00eda funcionado con competencia y eficacia a lo largo de varios siglos en toda Europa. Pero como tantas otras instituciones medievales que perduraban a\u00fan en tiempos del se\u00f1or Vicente, tambi\u00e9n \u00e9sta daba se\u00f1ales alarmantes de decrepitud e ineficacia. Era otro caso m\u00e1s de instituci\u00f3n sabia y bien adaptada a las necesidades del tiempo en que se cre\u00f3, que prolonga su existencia tristemente en circunstancias sociales para las que ya no sirve. Unos veinticinco a\u00f1os antes de los hechos que vamos a relatar los hermanos de San Juan de Dios hab\u00edan fundado un hospital modelo y \u00abmoderno\u00bb, el de la Charit\u00e9, que el se\u00f1or Vicente sol\u00eda visitar en sus primeros a\u00f1os parisinos, del que las autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas de Par\u00eds pod\u00edan f\u00e1cilmente haber aprendido para mejorar la asistencia a los enfermos en el Hotel-Dieu. Pero no lo hicieron, en parte por rutina y en parte porque el aplicar lo que pod\u00edan haber aprendido les hubiera resultado m\u00e1s caro. Invertir m\u00e1s recursos en la atenci\u00f3n a gente socialmente poco \u00fatil o in\u00fatil del todo hubiera sido perder demasiado dinero. En la Charit\u00e9, aparte de otros aspectos de higiene y alimentaci\u00f3n, cada enfermo disfrutaba de su propia cama, mientras que en el Hotel-Dieu era muy com\u00fan que en la misma cama reposaran hasta tres o cuatro pacientes. De manera que la espantosa secuencia del hospital en la pel\u00edcula \u00abMonsieur Vincent\u00bb, pel\u00edcula que en otros casos trata los hechos hist\u00f3ricos con cierto desparpajo, se atiene en este caso a la rigurosa historia.<\/p>\n<p>Eran tambi\u00e9n casi tan lamentables las condiciones de asistencia religiosa. Aunque este aspecto ca\u00eda bajo la competencia de los can\u00f3nigos de Notre Dame, no se exced\u00edan estos en la atenci\u00f3n a los pacientes, ni tampoco lo hac\u00eda una numerosa comunidad de monjas agustinas encargadas de la asistencia a los enfermos de la instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue la se\u00f1ora Goussault la que tuvo la idea de mejorar las condiciones de ali\u00admentaci\u00f3n y de asistencia religiosa en el Hotel Dieu, y no el se\u00f1or Vicente, quien a la primera proposici\u00f3n de la se\u00f1ora para que se encargara de promover las mejoras puso m\u00e1s bien objeciones. Le parec\u00eda, con raz\u00f3n, que una tal idea entra\u00f1aba el meterse en terreno ajeno, cosa que al se\u00f1or Vicente siempre repugn\u00f3, terreno que, aunque mal atendido, ten\u00eda sus responsables, que eran adem\u00e1s importantes y nu\u00admerosos.<\/p>\n<p>Pero como la Gondy o Luisa de Marillac, o tantas otras mujeres de voluntad fuerte que se cruzaron en los caminos del se\u00f1or Vicente, tampoco la se\u00f1ora Goussault era el tipo fr\u00e1gil femenino que se echa atr\u00e1s ante la primera negativa. Para convencer al se\u00f1or Vicente, y si no para convencerle al menos para que aceptara lo que se le propon\u00eda, la Goussault apel\u00f3 a un medio, no dir\u00edamos a un truco, que ella, conociendo al se\u00f1or Vicente, sab\u00eda era de tener resultados infalibles. Habl\u00f3 con el arzobispo de Par\u00eds para que \u00e9ste aprobara el plan y encargara de su ejecuci\u00f3n al se\u00f1or Vicente. Cosa que e1 arzobispo hizo de inmediato.<\/p>\n<p>La idea de la se\u00f1ora Goussault era en parte nueva y en parte inspirada por el modelo de las cofrad\u00edas de caridad parroquiales inventadas por el se\u00f1or Vicente. Se trataba tambi\u00e9n en este caso de una cofrad\u00eda de caridad, pero no radicada en una parroquia para la asistencia domiciliaria a los enfermos sino exclusivamente para la asistencia a los enfermos del Hotel-Dieu. Tampoco la actividad de las cofrades del Hotel-Dieu coincid\u00eda del todo con la propia de las cofrad\u00edas parro\u00adquiales. Estas insist\u00edan en la atenci\u00f3n total corporal y espiritual, aunque daban la preferencia a la primera. La cofrad\u00eda del Hotel-Dieu destacaba, en contraste, la segunda, la atenci\u00f3n espiritual, muy descuidada por los varios capellanes nom\u00adbrados por el cabildo de Notre Dame. Estos se limitaban, cuando lo hac\u00edan, a administrar los sacramentos a los enfermos al ingresar al hospital o cuando estaban a punto de salir de \u00e9l camino del cementerio. Las se\u00f1oras se encargaban de proveer de asistencia religiosa, de catecismo, de exhortaciones, de compa\u00f1\u00eda y de consuelo a los enfermos. Eran al principio casi cien, casi todas ellas de la alta y media burgues\u00eda, como lo era la fundadora misma. Se entregaron a su tarea con entu\u00adsiasmo. Dejando a un lado sus joyas y sus galas vistosas, se acercaban al enfermo vestidas modestamente, con cordialidad y con sinceridad. De la eficacia de su labor y su aceptaci\u00f3n por parte de los enfermos queda un testimonio, tal vez un poco exagerado, de que s\u00f3lo en el primer a\u00f1o de su actividad consiguieron la conversi\u00f3n al catolicismo de 760 reformados y mahometanos. No entraban en el aspecto propiamente t\u00e9cnico de la atenci\u00f3n sanitaria, competencia de la comunidad agustina, pero s\u00ed mejoraron sustancialmente con sus propios medios la alimentaci\u00f3n de los enfermos, aspecto en el que eran ayudadas por algunas hijas de la caridad.<\/p>\n<p>A todo esto su director intent\u00f3 dotarlo de unas ideas, de una teolog\u00eda habr\u00eda que decir con m\u00e1s propiedad, y de una organizaci\u00f3n que garantizara a la vez el car\u00e1cter estrictamente cristiano de la empresa y su duraci\u00f3n en el tiempo. Para asegurar esto \u00faltimo fue elaborando un reglamento en el que aparecen aspectos que, desde Chatillon, se hab\u00edan hecho caracter\u00edsticos de su estilo de organizador: autonom\u00eda de la organizaci\u00f3n con direcci\u00f3n y cargos propios, reuniones peri\u00f3dicas, vida de piedad intensa, ayuda mutua entre los miembros de la cofrad\u00eda, descripci\u00f3n realista de la manera de asistir a los enfermos evitando con cuidado todo lo que pudiera recordar la distancia social entre los pacientes y ellas. Se les llega a sugerir que \u00abal visitar a los pobres del hospital visit\u00e1is a Dios mismo\u00bb, y que deben dar \u00abgracias a Dios por el favor que os hace de servir a sus miembros pobres\u00bb. No deja esta idea lugar alguno a la vanidad o al sentimiento de superioridad casi inevitable en quien se sabe superior socialmente. No todas las se\u00f1oras que fueron miembros de la cofrad\u00eda ser\u00edan capaces de llegar a aceptar con sinceridad en su conciencia lo que esta idea tiene de demoledora de prejuicios y privilegios sociales. Algunas s\u00ed lo hicieron, y entre ellas la primera y fundadora, la se\u00f1ora Goussault, que fue elegida por las dem\u00e1s como primera \u00absuperiora\u00bb de la cofrad\u00eda, y Luisa de Marillac, presente desde el comienzo en la fundaci\u00f3n. No faltaron en la cofrad\u00eda, aunque no fueron numerosos, los casos de damas de la alta nobleza. Habr\u00eda que destacar a Luisa Mar\u00eda de Gonzaga, posteriormente reina de Polonia, y en particular a la admirable duquesa de Aiguillon, sobrina de Richelieu, que presidi\u00f3 la cofrad\u00eda durante veinticuatro a\u00f1os a partir de 1651.<\/p>\n<p>La idea de la cofrad\u00eda del Hotel-Dieu prendi\u00f3 r\u00e1pidamente entre se\u00f1oras \u00abde alta calidad\u00bb, dice con cierto orgullo y sorpresa de campesino el se\u00f1or Vicente. De hecho no falt\u00f3 en el r\u00e1pido \u00e9xito inicial una buena dosis de idea que se pone de moda entre se\u00f1oras bien. Se acepta inicialmente con entusiasmo, pero pronto se abandona ante las desagradables e incluso repugnantes circunstancias del trabajo que se pide. De manera que aunque el n\u00famero de las fieles y constantes era crecido y seguro, no escaseaban las que atra\u00eddas en principio por la idea de la cofrad\u00eda, motivadas tal vez en parte por la mala conciencia de saberse ricas ante tanta pobreza, pronto se cansaban del desagradable trabajo, y volv\u00edan a sus brillantes bailes y a sus teatros, que el director pensaba eran incompatibles con la pertenencia a una cofrad\u00eda dedicada a trabajar por los pobres. Esto parece sugerir el se\u00f1or Vicente, que en varios lugares de su correspondencia se queja de que no se sabe con cu\u00e1ntas se puede contar con seguridad. Pasado el entusiasmo de los primeros meses la cofrad\u00eda fue reduciendo el n\u00famero de miembros comprometidos en firme, que veintid\u00f3s a\u00f1os despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n eran, dice Vicente, \u00abcuarenta o cincuenta\u00bb.<\/p>\n<p>Pero para cuando escrib\u00eda eso en 1656 las cuarenta o cincuenta damas de la cofrad\u00eda de la caridad del Hotel-Dieu se hab\u00edan convertido en un cuerpo altamente entrenado en la generosidad y en el trabajo por los pobres en obras m\u00faltiples que desbordaban con mucho el muy limitado car\u00e1cter asistencial y de mero alivio de la pobreza que entra\u00f1aba la idea original de la se\u00f1ora Goussault, y que a \u00e9l no le pod\u00eda satisfacer del todo. El ensanchamiento de perspectiva se lo dio a la cofrad\u00eda el se\u00f1or Vicente, mientras que la asociaci\u00f3n de \u00e9ste con un grupo de se\u00f1oras socialmente importantes en trabajos que se extendieron por Francia le dio a \u00e9l una visi\u00f3n de posibilidades de trabajo y un nombre de alcance nacional.<\/p>\n<p>Pero tal vez m\u00e1s importante que todo esto en una perspectiva de la historia total de la iglesia y de la sociedad sea lo que hemos llamado arriba la teolog\u00eda de la cofrad\u00eda, que supone una ruptura con la visi\u00f3n aceptada en su tiempo, y de la que es rigurosamente responsable el se\u00f1or Vicente. Digamos, de paso, que esta misma teolog\u00eda la aplica, como veremos enseguida, en m\u00faltiples ocasiones y a\u00fan con mayor profundidad a las hijas de la caridad, que nacieron en un primer momento como meras ayudantes de las se\u00f1oras de las cofrad\u00edas parroquiales y de las del Hotel Dieu. Dejemos que la exponga \u00e9l mismo. Habla a las damas del Hotel Dieu: \u00abLa excelencia de vuestro trabajo se muestra en el hecho de que continu\u00e1is por \u00e9l el que hac\u00edan las viudas de la iglesia primitiva. Vosotras, igual que ellas, atend\u00e9is al cuidado corporal de los pobres y, como ellas, tambi\u00e9n al espiritual de las personas de vuestro sexo. A1 hacer eso ten\u00e9is una especie de dispensa de la prohibici\u00f3n que os hace san Pablo en la primera carta a los corintios, cap\u00edtulo 14: C\u00e1llense las muje\u00adres en la iglesia, pues no se les permite hablar. Y en la primera carta a Timoteo: A la mujer no le permito ense\u00f1ar\u00bb.<\/p>\n<p>San Pablo no permite a las mujeres ense\u00f1ar en la iglesia, pero el se\u00f1or Vicente, que cree leg\u00edtima \u00abuna especie de dispensa de esa prohibici\u00f3n\u00bb, les anima a que lo hagan. Ya es una muestra suficiente de coraje basar una obra que se pretende cristiana en una idea que parece contradecir una de las fuentes principales del esp\u00edritu cristiano como son los escritos de san Pablo. Pero m\u00e1s coraje exige a\u00fan el ir contra corriente de ideas socialmente aceptadas como intocables, y sancionadas adem\u00e1s, como casi todo en aquel tiempo, por una pretendida idea religiosa y por la sacralizaci\u00f3n de la historia. Pero el se\u00f1or Vicente, que sab\u00eda mucha historia, no ten\u00eda a la historia ning\u00fan miedo, ni aun respeto, si este sentimiento hab\u00eda de ponerle un obst\u00e1culo para hallar medios eficaces en su dedicaci\u00f3n obsesiva a la redenci\u00f3n de los pobres. \u00abHace ya unos 800 a\u00f1os que las mujeres no tienen cargo p\u00fablico en la iglesia. Hab\u00eda antes las que se llamaban diaconisas, que se cuidaban de poner orden entre las mujeres en las iglesias y de instruirles en las ceremonias que se usaban entonces. Pero hacia el tiempo de Carlomagno, por un designio escondido de la divina providencia, esta costumbre dej\u00f3 de existir, y vuestro sexo fue privado de todo cargo. Pero he aqu\u00ed que esta misma providencia se dirige ahora a algunas de vosotras para que supl\u00e1is lo que faltaba a los pobres enfermos del Hotel-Dieu\u00bb.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Goussault particip\u00f3 en la obra del Hotel-Dieu durante cinco a\u00f1os y colabor\u00f3 tambi\u00e9n con dedicada entrega en otras obras del se\u00f1or Vicente, en par\u00adticular en la consolidaci\u00f3n y primeros trabajos de las hijas de la caridad. Su muerte en 1639 es descrita as\u00ed admirativamente por Vicente de Pa\u00fal: \u00abha empleado san\u00adtamente la enfermedad que precedi\u00f3 a su muerte, que fue larga y dolorosa; muri\u00f3 con gozo y con j\u00fabilo\u00bb. Se cumpl\u00eda tambi\u00e9n en ella lo que el se\u00f1or Vicente vio por experiencia en otras muertes similares, experiencia que le hac\u00eda decir y escribir que quien hab\u00eda dedicado su vida a servir a los pobres no ten\u00eda por qu\u00e9 tener miedo a la muerte y temer el juicio de Dios.<\/p>\n<p align=\"center\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s de constituida la cofrad\u00eda de la caridad del Hotel-Dieu, el \u00faltimo d\u00eda de julio de 1634, siguiendo una costumbre casi semanal que, mientras no se lo imped\u00edan otras obligaciones mantuvo hasta su muerte, Vicente de Pa\u00fal hablaba al peque\u00f1o grupo de muchachas ayudantes de las se\u00f1oras de las diversas cofrad\u00edas. El peque\u00f1o grupo inicial de cuatro hab\u00eda crecido desde noviembre del a\u00f1o anterior, fecha de la fundaci\u00f3n. Eran ahora exactamente doce. Ninguna de ellas pasaba de los veinticinco a\u00f1os. La lectura de esta charla, que no es la primera de las que pronunci\u00f3 pero s\u00ed la primera de las 119 que se conservan, revela la sencillez pr\u00edstina y jugosa de una idea humilde que iba a evolucionar fuertemente y a tomar proporciones totalmente imprevisibles en la historia. Pero esto no lo sab\u00eda, ni siquiera lo pod\u00eda barruntar, ninguna de las catorce personas presentes, aunque el se\u00f1or Vicente no puede dejar de insinuar que esto tal vez sea \u00abel comienzo de un bien muy grande que quiz\u00e1s durar\u00e1 perpetuamente\u00bb, y que \u00abhay grandes esperanzas de que vuestra peque\u00f1a comunidad dure y aumente\u00bb. La criatura es a\u00fan un poco informe, pero ya, a s\u00f3lo siete meses de su nacimiento, Vicente le provee de un alimento fuerte que iba a resultar muy adecuado para el crecimiento posterior.<\/p>\n<p>La charla tiene lugar en la vivienda de Luisa de Marillac, en una peque\u00f1a habi\u00adtaci\u00f3n, sentadas casi todas en el suelo. Luisa toma notas de lo que se dice, sentada en una silla baja, apoyando el papel sobre la rodilla. No puede darnos, natural\u00admente, una redacci\u00f3n exacta y literal de lo que dice el se\u00f1or Vicente. A veces se le deslizan en el texto peque\u00f1os errores. Pero Luisa de Marillac es muy cuidadosa y quiere ser muy fiel. Por otro lado conoce bastante a fondo, despu\u00e9s de una relaci\u00f3n de diez a\u00f1os, el pensamiento y la vigorosa manera de expresarse de su director. Terminada la charla toma sus notas y en la soledad de su habitaci\u00f3n trata luego de reproducir no s\u00f3lo las ideas sino incluso los ep\u00edtetos vigorosos, las exclamaciones abundantes, la a veces complicada estructura de los per\u00edodos largos. No hay apenas en la redacci\u00f3n final de Luisa ni los solecismos ni los desajustes sint\u00e1cticos inevitables en una charla familiar como lo es la del se\u00f1or Vicente. Luisa ha sido entrenada de muy ni\u00f1a en el dominio de la gram\u00e1tica y la lengua francesas y trata de ser muy fiel a ellas.<\/p>\n<p>La reuni\u00f3n comienza con una breve oraci\u00f3n de rodillas. \u00abMis buenas hijas (o tal vez &lt;j\u00f3venes&gt;; la palabra original se presta a ambas traducciones), hace ya alg\u00fan tiempo que os hab\u00e9is reunido para vivir un ideal com\u00fan\u00bb. La idea que les trajo a Par\u00eds, animadas por alguna se\u00f1ora de cofrad\u00eda rural, alg\u00fan p\u00e1rroco o alg\u00fan mi\u00adsionero del se\u00f1or Vicente, o por el mism\u00edsimo Esp\u00edritu Santo, tal Margarita Naseau, era simple y n\u00edtida: servir como enfermeras voluntarias y asistentes dom\u00e9sticas en los domicilios de los enfermos pobres. Esta idea tiene una profundidad mayor de lo que aparece a primera vista. Vicente se lo dice desde el principio, y lo repetir\u00e1 mil veces a lo largo de los a\u00f1os: \u00abLa providencia os ha reunido a vosotras doce con el designio de que honr\u00e9is su vida humana en la tierra\u00bb. Pronto evolucionar\u00e1 su lenguaje y desaparecer\u00e1 de \u00e9l el extra\u00f1o y teol\u00f3gicamente culto verbo \u00abhonr\u00e9is\u00bb, algo desconcertante sin duda para sencillas campesinas, y cambiar\u00e1 la expresi\u00f3n por otra t\u00edpicamente suya, directamente descriptiva y no inspirada por ninguno de los autores espirituales que hab\u00eda le\u00eddo. Expresi\u00f3n que seis a\u00f1os m\u00e1s tarde recibir\u00e1 esta forma lapidaria: \u00abPara ser verdadera hija de la caridad hay que hacer lo que hizo el Hijo de Dios en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>De manera que lo que se espera de estas j\u00f3venes generosas y sencillas es que, como Cristo, trabajen continuamente por el pr\u00f3jimo, visiten y curen a los enfermos, instruyan a los ignorantes para su salvaci\u00f3n. Y, como dec\u00eda a las damas de la caridad, tambi\u00e9n les dice a ellas: \u00abTen\u00e9is la dicha de ser las primeras llamadas a este trabajo santo. Desde el tiempo de las mujeres que serv\u00edan al Hijo de Dios no se ha hecho en la iglesia ninguna fundaci\u00f3n para este fin\u00bb. El se\u00f1or Vicente sabe muy bien que esto es algo nuevo en la historia de la iglesia. Pero que es tambi\u00e9n algo muy diferente de la cofrad\u00eda del Hotel-Dieu. Pues el ideal, que es en buena parte com\u00fan a las se\u00f1oras y a las j\u00f3venes de la caridad, lo van a vivir \u00e9stas, no as\u00ed las cofrad\u00edas, en com\u00fan, en la misma casa, bajo la autoridad sol\u00edcita de Luisa de Marillac, con una vida de piedad m\u00e1s intensa tambi\u00e9n en com\u00fan, \u00abuna gran cordialidad y caridad las unas con las otras\u00bb, disponibilidad para ir a donde sean necesarias, pues \u00abyo no soy ni de aqu\u00ed ni de all\u00ed, sino de todas partes donde Dios quiere que yo est\u00e9\u00bb, \u00abun despego total del padre, de la madre, de los parientes y los amigos\u00bb, un desasimiento de la apetencia por los bienes materiales, pues \u00abDios ha prometido que las personas que cuiden de los pobres nunca carecer\u00e1n de nada\u00bb.<\/p>\n<p>Inicialmente el trabajo de estas j\u00f3venes est\u00e1 subordinado a la actividad de damas y se\u00f1oras de las cofrad\u00edas, y por eso Vicente les recomienda que tengan \u00absiempre con ellas mucho respeto\u00bb. Trabajan en varias parroquias de Par\u00eds, dos en la pa\u00adrroquia de San Salvador, dos en San Nicol\u00e1s, tres o cuatro en la de San Pablo, una en la de San Benito, y las que quedan, junto con Luisa de Marillac, en el Hotel-Dieu. Su vida est\u00e1 sometida a un horario exigente, que comienza a las cinco de la ma\u00f1ana \u00absiempre que los trabajos de la caridad os permitan acostaros a las diez\u00bb, oraci\u00f3n, misa, trabajo por los enfermos. Incluso el tiempo que puedan tener libre despu\u00e9s de terminada su jornada de trabajo deben emplearlo \u00aben aprender a leer, no para vuestra utilidad personal\u00bb sino para que puedan ense\u00f1ar. De hecho muy poco tiempo despu\u00e9s de esta charla comenzaron a trabajar algunas de ellas en pueblos y aldeas, donde adem\u00e1s de atender a los enfermos daban escuela a las ni\u00f1as.<\/p>\n<p>La joven que se sent\u00eda llamada a esta muy peculiar cofrad\u00eda de la caridad deb\u00eda saber desde el principio que lo que aqu\u00ed le esperaba era una continuaci\u00f3n de lo que se esperaba de ella en su propia vida: olvidarse de s\u00ed misma y dedicarse a servir sin pensar jam\u00e1s en ser servida. Las verdaderas campesinas \u00abvuelven del trabajo a casa para tomar una comida ligera, cansadas y fatigadas, mojadas y llenas de barro; pero en cuanto llegan se ponen de nuevo a trabajar, si hay algo que hacer; y si su padre o su madre les mandan que vuelvan, vuelven de inmediato sin pensar en su cansancio, ni en el barro, y sin mirar c\u00f3mo est\u00e1n arregladas. As\u00ed tienen que obrar las hijas de la caridad\u00bb, que deben \u00abpreferir el bienestar de los enfermos al suyo propio\u00bb. \u00abEn esta compa\u00f1\u00eda -dir\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde- no hay sitio para personas d\u00e9biles o delicadas\u00bb.<\/p>\n<p>Ante un programa y un ideal tales, que suponen la frustraci\u00f3n sistem\u00e1tica de todo (o que solemos tener, un poco paganamente, por deseos o ideales o derechos humanos, se podr\u00eda haber supuesto f\u00e1cilmente que el experimento de Luisa y de Vicente no ir\u00eda a ninguna parte por falta de aspirantes a un modo de vida tan austero. La historia ha demostrado la vacuidad de la suposici\u00f3n, a la vez que ha dado la raz\u00f3n al coraje de ambos. O se podr\u00eda al menos sospechar que el n\u00famero r\u00e1pidamente creciente de hijas de la caridad se basar\u00eda sobre todo en el hecho de que acabar\u00edan predominando entre ellas las de temperamento blando, f\u00e1cilmente moldeables, con poco esp\u00edritu de iniciativa y tal vez con menos ganas de casarse. Pero leamos lo que dice el se\u00f1or Vicente en carta a Luisa de Marillac para saber el tipo de mujer que \u00e9l prefer\u00eda para esta vocaci\u00f3n terrible que andando el tiempo les iba a llevar a trabajar entre forzados a galeras, ni\u00f1os nacidos del pecado y no queridos por nadie, ancianos abandonados, v\u00edctimas de la peste, mercenarios mu\u00adtilados, campesinos de tierras devastadas: \u00abHe visto a la buena Magdalena. Creo que habr\u00e1 que trabajar un poco con ella; sus pasiones son un poco fuertes. Mas, qu\u00e9, cuando se tiene la fuerza de superarlas luego se obran maravillas. Adm\u00edtala. En cuanto a esa buena joven de Argenteuil que es melanc\u00f3lica creo que hace usted bien en poner dificultades para recibirla, porque el esp\u00edritu de melancol\u00eda es un esp\u00edritu extra\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>Una tal forma de vida no excluye sino que m\u00e1s bien incluye expl\u00edcitamente el estar dispuestas a morir por la caridad de que son hijas. Alrededor de un a\u00f1o despu\u00e9s de la charla que venimos comentando fallec\u00eda una de ellas, la primera, cuyo nombre no ha pasado a la historia. As\u00ed comentaba su muerte el se\u00f1or Vicente: \u00ab\u00a1Ya tenemos la primera v\u00edctima que Nuestro Se\u00f1or ha querido tomar de entre sus j\u00f3venes de la Caridad! \u00a1Sea bendito por siempre! Espero que ella ser\u00e1 muy feliz, porque muri\u00f3 en la pr\u00e1ctica del amor de Dios, ya que muri\u00f3 practicando la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>De eso est\u00e1 seguro el se\u00f1or Vicente, y ya en esta primera charla expresa una de las ideas b\u00e1sicas, si no la fundamental, de lo que iba a ser el esp\u00edritu y el estilo propios de las hijas de la caridad. En la convicci\u00f3n de que \u00abservir a los pobres es ir a Dios, y deb\u00e9is ver a Dios en sus personas\u00bb, puede decirles sin miedo a posibles e incluso f\u00e1ciles riesgos de ser mal interpretado que \u00abcuando dej\u00e9is la oraci\u00f3n y la misa por el servicio a los pobres no perder\u00e9is nada\u00bb. \u00abDejar a Dios por Dios\u00bb ser\u00eda su manera posterior y definitiva de expresar esta idea fundamental en una f\u00f3rmula muy breve y muy gr\u00e1fica que Vicente atribuye a Tom\u00e1s de Aquino.<\/p>\n<p>La charla ha durado alrededor de una hora. Al final \u00abtodas se pusieron de rodillas. Y dijo el se\u00f1or Vicente: Que la bondad de Dios grabe en vuestros corazones lo que yo, pobre pecador, acabo de deciros de su parte, de manera que lo pod\u00e1is recordar para llevarlo a la pr\u00e1ctica y ser as\u00ed verdaderas hijas de la Caridad. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Am\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>(1635)<\/strong><\/h3>\n<p>En 1635 Vicente de Pa\u00fal fund\u00f3 en Toul la primera casa de su Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n fuera de Par\u00eds. No pod\u00eda haber escogido para fundar un sitio peor y un peor momento.<\/p>\n<p>Desde que fue nombrado primer ministro en 1624, Richelieu se las hab\u00eda arreglado para suscitar enemigos daneses, suecos, alemanes, contra la poderosa casa de Austria, evitando cuidadosamente el envolver a Francia abiertamente en la guerra. El se dedic\u00f3 mientras tanto a reforzar sus propios ej\u00e9rcitos y su marina de guerra. Pero una serie de reveses, la derrota de suecos y pr\u00edncipes alemanes aliados en Nordlingen, el asesinato de Wallenstein, brillante general de las tropas del Imperio que se hab\u00eda sublevado contra el emperador y creado el desconcierto en las tropas imperiales, desconcierto que se termin\u00f3 con el asesinato, hizo que Richelieu creyera inevitable la declaraci\u00f3n abierta de guerra contra Espa\u00f1a, para continuar por las armas lo que hasta entonces hab\u00eda tratado de conseguir por otros medios menos declaradamente b\u00e9licos. Ni antes ni despu\u00e9s de la declaraci\u00f3n de guerra en 1635 tuvo escr\u00fapulos Richelieu en buscar sus aliados entre los poderes protestantes. El sin duda hubiera preferido no tener que hacerlo si, teniendo en cuenta su ideal de seguridad y poder de su naci\u00f3n, esto hubiera sido posible en las enmara\u00f1adas condiciones pol\u00edticas del tiempo. El c\u00e9lebre capuchino padre Jos\u00e9, el llamado \u00abeminencia gris\u00bb de Richelieu y ejecutor de sus planes m\u00e1s tenebrosos, trat\u00f3 durante largo tiempo de convencer a su se\u00f1or de que lo acertado era, en la l\u00ednea del \u00abpartido devoto\u00bb, una pol\u00edtica de pacto entre poderes cat\u00f3licos contra los protestantes. Pero acab\u00f3 pensando como Richelieu, convencido como \u00e9ste de que lo que buscaba el Imperio no era tanto la grandeza y seguridad del mundo cat\u00f3lico cuanto la he\u00adgemon\u00eda propia. Vistas as\u00ed las cosas, la alianza con los protestantes se convert\u00eda en un dato lamentable, pero inevitable, de realismo pol\u00edtico, que el padre Jos\u00e9 acab\u00f3 aprobando ante esta consideraci\u00f3n: \u00abEsto (la pol\u00edtica de alianza con los protestantes) debe usarse como usamos los venenos, que en peque\u00f1a cantidad sirven de ant\u00eddoto, y en demasiada cantidad matan\u00bb.<\/p>\n<p>Los varios papas de la primera mitad del siglo XVII nunca miraron con buenos ojos las diversas alianzas de Francia con los protestantes. Pero a la vez evitaron cuidadosamente el tomar partido en las rivalidades entre Francia y el Imperio. Sin duda tem\u00edan, lo mismo que Francia, la excesiva hegemon\u00eda del poder espa\u00f1ol, del que hab\u00edan recibido muestras no del todo agradables, sobre todo la del llamado \u00absaco de Roma\u00bb en los tiempos de Carlos V. En relaci\u00f3n a Francia la pol\u00edtica papal fue b\u00e1sicamente una pol\u00edtica de atracci\u00f3n y apaciguamiento, motivada entre otras razones por la esperanza de que Francia usara su cr\u00e9dito en el Pr\u00f3ximo Oriente en favor de los misioneros cat\u00f3licos. Esta fue la raz\u00f3n fundamental que motiv\u00f3 el que en 1622 la sede de Par\u00eds fuera elevada a arzobispado, y el que Richelieu, joven obispo de Lu\u00e7on y protegido de la reina Mar\u00eda de M\u00e9dicis, fuera nombrado cardenal a la edad de 37 a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00abMi primer objetivo -escribe Richelieu- ha sido siempre la majestad del rey; el segundo, la grandeza del reino\u00bb. El mayor obst\u00e1culo para su ideal de grandeza para Francia era el poder del Imperio. De manera que el enemigo estaba claramente definido, y tambi\u00e9n los motivos, que en este caso no eran en manera alguna religiosos, para que fuera enemigo. El Imperio ten\u00eda efectivamente casi totalmente rodeada a Francia.<\/p>\n<p>Las hostilidades se centraron en el ducado de la Lorena, al oeste de Francia, ducado independiente que hab\u00eda sido ocupado por tropas francesas en 1633. Durante ocho a\u00f1os a partir de la declaraci\u00f3n de guerra, la Lorena fue sometida a una devastaci\u00f3n sistem\u00e1tica de tierras y poblados, y a una exterminaci\u00f3n de sus habitantes, con todo los horrores de destrucci\u00f3n que se pueden imaginar, por parte de ej\u00e9rcitos franceses, suecos y espa\u00f1oles, compuestos en su mayor parte de mercenarios mal pagados que se cobraban lo adeudado en los bienes de los habitantes de la Lorena.<\/p>\n<p>La ciudad de Toul era un enclave de soberan\u00eda francesa dentro del ducado inde\u00adpendiente. Tambi\u00e9n Toul sufri\u00f3 los horrores de la guerra. Precisamente el a\u00f1o en que el se\u00f1or Vicente fund\u00f3 en ella la casa de su congregaci\u00f3n las tropas imperiales se apoderaron de Toul. Los misioneros del se\u00f1or Vicente no encontraron m\u00e1s que destrucci\u00f3n, muertos sin enterrar, heridos y mucha hambre. Hubo, dicen, madre que lleg\u00f3 a comerse a su propio hijo. La casa de Toul fue la primera casa de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en la que los misioneros del se\u00f1or Vicente empezaron a practicar una forma de acci\u00f3n directa en favor de los necesitados inspirada en el ejemplo y las ideas de su fundador. Acogieron en su propia casa a unos cincuenta pobres, muchos de ellos enfermos. Atend\u00edan adem\u00e1s a m\u00e1s de cien en una granja fuera de la ciudad. Vicente enviaba desde Par\u00eds el dinero que pod\u00eda, siempre insuficiente, de lo que en 1638 se quejaba el superior, du Coudray, uno de los tres firmantes del acta de asociaci\u00f3n para la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en 1626. Escrib\u00eda a Vicente, dice este mismo, que \u00abo le ayude, o le mande volver (a Par\u00eds), o le deje morir con aquella pobre gente\u00bb, expresi\u00f3n que ciertamente revela a las claras lo desesperado de la situaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n la s\u00f3lida fibra moral de los misioneros que se dejaron influir por el alma del fundador.<\/p>\n<p>A pesar del desorden y de los desastres de la guerra, los misioneros de la casa de Toul no dejaron de trabajar en sus obras propias, misiones rurales, ejercicios a ordenandos, trabajo por los necesitados. Les vino encima adem\u00e1s la atenci\u00f3n de dos parroquias, una fuera y otra dentro de la ciudad, actividad \u00e9sta que, sabemos por testimonios de la correspondencia de Vicente, se acept\u00f3 de mala gana y no hizo m\u00e1s que crear problemas a la dedicaci\u00f3n a las otras actividades que el fundador ve\u00eda como propias de su congregaci\u00f3n. No fueron estas las \u00fanicas parroquias de las que se encarg\u00f3 la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en vida del fundador. Hubo otras varias, y todas se aceptaron a rega\u00f1adientes porque se ve\u00edan todas como obst\u00e1culos al car\u00e1cter misionero de la congregaci\u00f3n. En casi todos los casos Vicente las acept\u00f3 ante ofertas o presiones a las que no pudo resistir. El propio cardenal Richelieu fund\u00f3 y financi\u00f3 generosamente una casa de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en su ducado, firm\u00f3 el contrato a una con el se\u00f1or Vicente, y le falt\u00f3 tiempo para pedirle que sus misioneros se encargaran tambi\u00e9n de la parroquia en su ciudad ducal. \u00abEsa gran parroquia me da miedo\u00bb, escrib\u00eda Vicente en 1638, pero tuvo que terminar por aceptarla.<\/p>\n<p>Fue probablemente en alguna de las conversaciones previas a la fundaci\u00f3n de la casa de Richelieu, o tal vez incluso el d\u00eda en que el cardenal y Vicente firmaron el contrato, cuando \u00e9ste, conocedor en detalle por la correspondencia de sus hom\u00adbres de la desastrosa situaci\u00f3n de la Lorena despu\u00e9s de tres a\u00f1os de guerra declarada, pens\u00f3 que pod\u00eda apelar a quien ten\u00eda en buena parte las llaves de la paz para que diera fin a la guerra destructiva. Se lo pidi\u00f3 echado a sus pies, en t\u00e9rminos emocionados y desgarradores: \u00abD\u00e9nos la paz, monse\u00f1or; api\u00e1dese de nosotros, d\u00e9 la paz a Francia\u00bb.<\/p>\n<p>Richelieu tuvo siempre un curioso respeto, tal vez incluso admiraci\u00f3n, por el se\u00f1or Vicente y sus obras, a varias de las cuales contribuy\u00f3 posteriormente con gene\u00adrosidad. Sin duda fue su ejemplo lo que inspir\u00f3 a su propia sobrina, la duquesa de Aiguillon, e hizo de \u00e9sta la ayudante m\u00e1s generosa y m\u00e1s dedicada con que cont\u00f3 el se\u00f1or Vicente hasta su muerte. Unos a\u00f1os despu\u00e9s de la escena que estamos relatando volvi\u00f3 el se\u00f1or Vicente a acudir ante Richelieu para ofrecerle en nombre del papa mismo 100.000 escudos, unas 300.000 libras, y pedirle que interviniera en defensa de Irlanda invadida por las tropas protestantes inglesas. Hay un toque de condescendencia ir\u00f3nica en la respuesta del cardenal ante la candidez del se\u00f1or Vicente, a quien advierte que con 100.000 escudos no hay ni para empezar, porque \u00abel ej\u00e9rcito es como una gran m\u00e1quina que cuesta mucho mover\u00bb.<\/p>\n<p>Pocos hombres en Francia se hubieran atrevido a hacer lo que hizo el se\u00f1or Vicente en ambas ocasiones. Pues se conoc\u00eda muy bien el car\u00e1cter terrible de Richelieu, que, aunque era un maestro consumado de disimulo y autocontrol, explotaba a veces con la furia de una violenta erupci\u00f3n volc\u00e1nica ante la mera insinuaci\u00f3n de cosas que fueran en contra de otras cosas que \u00e9l quer\u00eda con firmeza en sus planes pol\u00edticos. No amaba \u00e9l la guerra, ciertamente, pero quer\u00eda con toda la fuerza de su alma conquistar la Lorena. Pero tampoco ante la petici\u00f3n del se\u00f1or Vicente sobre la paz en la Lorena explot\u00f3 Richelieu. Aquel campesino sacerdote de mediana estatura, rostro amable y aire un poco malicioso, parec\u00eda ejercer sobre \u00e9l un extra\u00f1o influjo. Y en esta ocasi\u00f3n tambi\u00e9n con suave condescendencia y sin faltar del todo a la verdad, le contest\u00f3: \u00abSe\u00f1or Vicente, tambi\u00e9n yo quiero la paz y trabajo por ella. Pero no depende s\u00f3lo de m\u00ed; depende tambi\u00e9n de otras muchas personas en Francia y en el extranjero\u00bb.<\/p>\n<p>Al fallarle lo que pod\u00eda haber sido un intento de soluci\u00f3n de las desgracias de la Lorena en su misma fuente. Vicente echo mano de todos los recursos a su alcance para dar mayor amplitud a los esfuerzos primeros de sus hombres en Toul. Al hacerlo demostr\u00f3 sus excepcionales dotes de movilizador de conciencias, volun\u00adtades y recursos, v sus no menos excepcionales cualidades de organizador, as\u00ed como, por supuesto y en primer lugar, la grandeza de su compasi\u00f3n por el sufri\u00admiento humano. Cuando, pasado lo peor, se hizo en 1643 un balance del valor de las ayudas enviadas a trav\u00e9s de San L\u00e1zaro, se encontr\u00f3 que la cifra ascend\u00eda a dos millones de libras. Una conversi\u00f3n precisa del valor de la moneda de aquel tiempo al de la moneda actual es pr\u00e1cticamente imposible. Pero se puede asegurar por c\u00e1lculos aproximados que el valor de lo enviado en dinero v en especie a partir de 1639, en los cuatro a\u00f1os en que fueron m\u00e1s urgentes las ayudas, ascend\u00eda a una cantidad entre tres y cuatro mil millones de pesetas (entre 24 y 30 millones de d\u00f3lares; d\u00f3lares y pesetas de 1987).<\/p>\n<p>El ir recogiendo las contribuciones lo encarg\u00f3 el se\u00f1or Vicente a las damas de la caridad. Acudieron \u00e9stas al mism\u00edsimo rey. Luis XIII, a la reina, Ana de Austria, quienes, aunque pod\u00edan tener sus reticencias ante la idea de ayudar a una regi\u00f3n no del todo sometida a la corona y que era una fuente de problemas y de gastos m\u00e1s que de impuestos, contribuyeron con generosidad. El rey nada menos que con 45.000 libras. La duquesa de Aiguillon contribuy\u00f3 muchas veces a lo largo de toda la campa\u00f1a. Lo mismo hizo una multitud de donantes an\u00f3nimos. El se\u00f1or Vicente manten\u00eda vivo el inter\u00e9s de los pudientes haciendo circular entre ellos copias de las cartas enviadas por sus hombres desde diversos lugares de la Lorena. A los tres o cuatro misioneros de Toul \u00e9l a\u00f1adi\u00f3 un importante contingente de doce de sus hombres de Par\u00eds y de algunos hermanos expertos en artes m\u00e9dicas.<\/p>\n<p>Los hombres del se\u00f1or Vicente, sacerdotes y hermanos, se encargaban de la dis\u00adtribuci\u00f3n de las ayudas en forma de alimentos, semillas, aperos, ropas, muebles, materiales de construcci\u00f3n, medicinas. En el estilo t\u00edpico de su congregaci\u00f3n se dedicaban con la misma intensidad a la asistencia espiritual, sacramentos, ayuda a los moribundos, entierro de los fallecidos, incluso misiones a las personas des\u00adplazadas, cosa que tambi\u00e9n hizo el mismo Vicente en un campamento en las afueras de Par\u00eds con varios miles de refugiados loreneses. Los esfuerzos de los misioneros rondaron con frecuencia lo heroico. Uno de s\u00f3lo 28 a\u00f1os, Germ\u00e1n de Montevit, muri\u00f3 de resultas de su actividad incansable con los enfermos. Muri\u00f3 \u00absin decir ni una sola palabra que fuera se\u00f1al de la menor impaciencia\u00bb. Quien ha dejado este testimonio, el jesuita Santiago Roussel, a\u00f1ade esta alabanza sumaria que \u00e9l aplica a todos los misioneros del se\u00f1or Vicente que trabajaban en la Lorena: \u00abSe imaginan que sus cuerpos no son de carne, y que sus vidas no deben durar m\u00e1s que un a\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>Desde Par\u00eds, Vicente en persona dirige las operaciones de ayuda, y en su manera habitual vigila con cuidado para \u00abevitar que, por ning\u00fan pretexto, se distraiga o se aplique a otras necesidades ni un s\u00f3lo c\u00e9ntimo\u00bb. Exige a los misioneros el seguir \u00abal pie de la letra las \u00f3rdenes que se les ha dado\u00bb, y el pedir \u00abrecibo de todo lo que entreguen\u00bb, y el remitir ellos mismos a Par\u00eds \u00abuna copia de las cuentas\u00bb, as\u00ed como \u00abtodos los meses las sumas que hayan distribuido o hayan mandado distri\u00adbuir\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque lo intent\u00f3, la actividad del se\u00f1or Vicente no acab\u00f3 con la guerra en la Lorena. Habr\u00eda incluso que a\u00f1adir que sus esfuerzos por reparar los efectos des\u00adtructivos de la guerra no lograr\u00edan paliar con seguridad m\u00e1s que una peque\u00f1a parte. \u00bfQu\u00e9 otra cosa pod\u00eda haber hecho? Fracasada su entrevista con Richelieu pod\u00eda haberse cruzado desesperanzadoramente de brazos y dejar que las pol\u00edticas de los grandes poderes europeos hicieran beber al pueblo loren\u00e9s hasta las heces las amarguras de la destrucci\u00f3n y de la muerte. Pero pudo tambi\u00e9n hacer otra cosa: la que hizo. Movilizar todos los medios y todas las personas a su alcance para ayudar a salvar la vida temporal o la eterna de los que por la actividad de sus hombres llegaron a salvarla. De paso, y sin pretenderlo, la ayuda del se\u00f1or Vicente a la Lorena, como el primer caso en la historia de ayuda sistem\u00e1tica y organizada a los damnificados, ha resultado ser la precursora de mil organizaciones ben\u00e9ficas y humanitarias que se dedican hoy mismo con el aplauso general a tareas similares.<\/p>\n<h3>(1636)<\/h3>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, 1636, el se\u00f1or Vicente se entrevist\u00f3 por primera vez con el rey, Luis XIII. El escenario de la reuni\u00f3n fue el campamento del ej\u00e9rcito real en Senlis, un poco al norte de Par\u00eds camino de la Picard\u00eda, donde los ej\u00e9rcitos espa\u00f1oles hab\u00edan penetrado y tomado la ciudad de Corbie. La ca\u00edda de Corbie, a s\u00f3lo unos sesenta quil\u00f3metros de Par\u00eds, hab\u00eda provocado el p\u00e1nico en la capital. Mientras miles de refugiados acud\u00edan a ella huyendo de la invasi\u00f3n, muchos parisinos hu\u00edan a tierras m\u00e1s seguras. Las autoridades militares tomaron las espaciosas instalaciones de San L\u00e1zaro y sus terrenos para formar en ellos apresuradamente \u00ab72 compa\u00f1\u00edas en ocho d\u00edas\u00bb, que reforzaran las fuerzas que, al mando del rey en persona, iban a intentar rechazar al ej\u00e9rcito espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el se\u00f1or Vicente hab\u00eda tomado sus precauciones con su propia gente, de manera que, si las cosas empeoraban y Par\u00eds mismo se ve\u00eda asediado, como se tem\u00eda, hab\u00eda previsto que se marcharan \u00aba trabajar a lugares alejados, a fin de que, si llega el asedio, la mayor parte se vean libres del peligro que se corre en casos semejantes\u00bb. En cuanto a sus propios sentimientos, dice en carta a Luisa de Marillac: \u00abYo no tengo miedo al ej\u00e9rcito espa\u00f1ol\u00bb. Pero no le resultaron las cosas como las hab\u00eda planeado. El canciller Seguier, \u00abjefe de la justicia del reino\u00bb, le pidi\u00f3 que enviara con las tropas a veinte de sus misioneros en calidad de capellanes. El se\u00f1or Vicente envi\u00f3 s\u00f3lo quince, todos los disponibles en aquel momento de los alre\u00addedor de treinta que contaba en 1636 su congregaci\u00f3n. Fue con ocasi\u00f3n del env\u00edo de estos hombres cuando se entrevist\u00f3 con el rey para poner a sus \u00f3rdenes los servicios de su compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>El trabajo del grupo misionero en el ej\u00e9rcito dur\u00f3 alrededor de dos meses. Aquello era un escenario nuevo para ellos, pero en \u00e9l pusieron en pr\u00e1ctica el tipo de trabajo que mejor conoc\u00edan y que ven\u00edan practicando desde hac\u00eda diez a\u00f1os entre galeotes y en las aldeas. Fue una misi\u00f3n en sentido estricto lo que dieron en el ej\u00e9rcito. Menciona el se\u00f1or Vicente con cierta satisfacci\u00f3n entre otros datos la confesi\u00f3n de al menos 4.000 soldados, \u00abcon gran efusi\u00f3n de l\u00e1grimas\u00bb, y a\u00f1ade con cierta sorna que espera que \u00abesto no perjudicar\u00e1 al \u00e9xito de los ej\u00e9rcitos del rey\u00bb. As\u00ed fue; la penitencia recibida con l\u00e1grimas no impidi\u00f3 al ej\u00e9rcito real rechazar a los espa\u00f1oles y reconquistar en pocas semanas la ciudad de Corbie.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente espera de los misioneros, y as\u00ed se lo dice en un reglamento escrito que les dio, que vivan juntos, en tiendas, y lleven una vida de comunidad regular en cuanto lo permitan sus trabajos y su dispersi\u00f3n por los diversos regimientos. Van al ej\u00e9rcito s\u00f3lo \u00abpara ayudar a los soldados que est\u00e1n en pecado a salir de \u00e9l, y a los que est\u00e1n en gracia a mantenerse en ella\u00bb. Con sentido muy realista les advierte que no conseguir\u00e1n \u00abquitar todos los pecados del ej\u00e9rcito\u00bb, pero que merecer\u00e1 la pena el que \u00abDios les conceda la gracia de disminuir su n\u00famero, como si Nuestro Se\u00f1or, en lugar de ser crucificado cien veces s\u00f3lo fuera crucificado noventa\u00bb. La asistencia corporal a heridos y enfermos deben dejarla \u00aba aquellos a quienes la providencia utiliza para estos menesteres\u00bb. Ofrecer\u00e1n \u00absus oraciones y sacrificios por el \u00e9xito de los planes del rey y por la conservaci\u00f3n de su ej\u00e9rcito\u00bb, pero evitar\u00e1n hablar con nadie de \u00ablo que se refiere a asuntos del Estado\u00bb. O sea, que lo que pide el se\u00f1or Vicente a sus misioneros es que, aunque deben ser decentemente patriotas, no sin embargo con un patriotismo que se manifiesta en armas sino en oraciones, deben evitar cuidadosamente el meterse en temas de pol\u00edtica nacional e internacional, aunque en este caso el car\u00e1cter injusto de la agresi\u00f3n por parte de las tropas imperiales parecer\u00eda evidente a cualquier franc\u00e9s sensato.<\/p>\n<p>No era as\u00ed de hecho, pues hab\u00eda, incluso entre gentes poderosas muy cercanas a la familia real, y hasta miembros de ella misma, que se alegraban de las incursiones del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol y deseaban, nada secretamente, que conquistara Par\u00eds y acabara as\u00ed no con la corona francesa, sino con el cerebro de la pol\u00edtica internacional del rey, el primer ministro Richelieu. Ser\u00eda gratuito suponer, pues la documentaci\u00f3n que ha llegado hasta nosotros no ofrece rastro de ello, que se contara entre \u00e9stos el se\u00f1or Vicente, aunque s\u00ed son conocidas sus afinidades con los ideales de pol\u00edtica internacional del \u00abpartido devoto\u00bb, tan opuestos a los planes de Richelieu. El se\u00f1or Vicente, si tiene preferencias, y las tiene ciertamente, se las calla, y no quiere que sus misioneros las muestren, si las tienen, sino que espera de ellos que se dediquen sencillamente a aquello para lo que han sido enviados al ej\u00e9rcito, el bienestar religioso de los soldados. Como se ir\u00e1 viendo en otros varios hechos de su vida, algunos muy importantes, la actitud del se\u00f1or Vicente ante los enmara\u00f1amientos de la pol\u00edtica de su tiempo es extremadamente compleja; nunca es oportunista, rara vez neutral en el sentido de pasiva, siempre motivada por el bien de los que sufren las consecuencias de la pol\u00edtica, a veces con una gran sutilidad de com\u00adportamiento, y. en las ocasiones m\u00e1s duras, con un coraje extremo.<\/p>\n<p>Uno de sus misioneros acompa\u00f1aba al canciller Seguier en su s\u00e9quito personal. No era \u00e9ste un trabajo propio de un misionero, pero el se\u00f1or Vicente le advierte que se resigne porque \u00abno ha sido usted el que se ha metido en eso, sino la providencia, que lo ha dispuesto as\u00ed\u00bb. El canciller mismo, \u00abuno de los mejores hombres de bien que existen\u00bb, dice el se\u00f1or Vicente, le hab\u00eda pedido expresamente uno de sus misioneros como capell\u00e1n de su s\u00e9quito. A Se\u00e1uier deb\u00eda Vicente varios favores, y a\u00fan se los deber\u00eda mayores en el futuro. Su mujer fue durante a\u00f1os una de las m\u00e1s activas damas de la Caridad. Seguier, canciller del reino, una especie de ministro de justicia y del interior todo en uno, ten\u00eda fama merecida de hombre justo y recto; de ah\u00ed el juicio elogioso de Vicente acerca de \u00e9l. Pronto, sin embargo, iba a mostrar el lado casi sanguinario de su car\u00e1cter v de su concepto inflexible de la justicia v el orden p\u00fablico. Seguier fue el fr\u00edo ejecutor de la pol\u00edtica de Richelieu de represi\u00f3n terrible de los muchos levantamientos populares, campesinos casi siempre, que comenzaron precisamente en este a\u00f1o de 1636 con los \u00abcro\u00adquants\u00bb. Pero eso estaba por ver Seguier era un hombre sinceramente devoto y quer\u00eda un capell\u00e1n, y el se\u00f1or Vicente no pudo negarse a d\u00e1rselo.<\/p>\n<p>Como el medio en el que iba a desenvolverse su misionero era nuevo para \u00e9ste. Vicente crey\u00f3 oportuno proveerle de unas normas de comportamiento. Pod\u00eda apelar a su propia experiencia de trato con gente importante desde sus ya lejanos tiempos de capell\u00e1n de la reina Margarita v de los Gondy. Eso hizo, ofreci\u00e9ndole su propio ejemplo de mirar y obedecer \u00abal se\u00f1or general (de las (galeras) en Dios y a Dios en \u00e9l\u00bb. Le describe ciertas ceremonias y atenciones que hay que tener con los grandes en la celebraci\u00f3n de la misa, aunque, a\u00f1ade, \u00abyo no lo he hecho nunca, ni s\u00e9 nada de eso\u00bb. El tono general de sus recomendaciones sugiere una actitud de extremada consideraci\u00f3n hacia los grandes, como la propia de un campesino u hombre del pueblo a quien los grandes de este mundo imponen una especie de respeto sagrado. Abundan, en la correspondencia del se\u00f1or Vicente a los grandes, muestras de esta actitud, expresada muchas veces en f\u00f3rmulas que suenan a exageradamente re\u00adverenciales y hasta a veces un poco aduladoras. Pero no hay que dejarse enga\u00f1ar por las ceremoniosas apariencias. En una breve postdata de la carta a su misionero le a\u00f1ade Vicente como consejo final que trate con los grandes como si estuviera sobre ascuas. Se lo dice en lat\u00edn, cit\u00e1ndole un proverbio de S\u00f3crates popularizado un siglo antes en los escritos de Erasmo: <em>ut in igne sit cum principe.<\/em><\/p>\n<h3><strong>(1637)<\/strong><\/h3>\n<p>Terminada la reconquista de Corbie, los quince misioneros volvieron a Par\u00eds para continuar las obras propias de su congregaci\u00f3n que hab\u00edan dejado a un lado durante los dos meses que dur\u00f3 la campa\u00f1a. Aparte de la casa de Toul la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente no ten\u00eda otras en 1637, once a\u00f1os despu\u00e9s de fundada, que las dos de Par\u00eds, los Buenos Hijos y San L\u00e1zaro. En las tres se viv\u00eda un ritmo uniforme de vida casi conventual de oraci\u00f3n v estudio mientras se estaba en ellas. El orden se romp\u00eda un poco en las cuatro o cinco ocasiones al a\u00f1o en que se recib\u00edan cl\u00e9rigos para los ejercicios previos a la ordenaci\u00f3n sacerdotal. Fuera de esas ocasiones y de los meses de verano todos lo, misioneros sal\u00edan por los pueblos y aldeas a dar sus misiones. Para ser precisos, casi todos. Pues en el mismo a\u00f1o de Corbie comenz\u00f3 a funcionar en los Buenos Hijos un seminario para adolescentes, inspirado en el modelo propuesto por el concilio de Trento, que exig\u00eda la residencia per\u00admanente en \u00e9l de tres o cuatro misioneros. Con ello se introdujo en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, que hab\u00eda nacido con un estilo esencialmente m\u00f3vil, un elemento de sedentarizaci\u00f3n que fue creciendo con el tiempo. En el mismo a\u00f1o que estamos viendo. 1637, este elemento se reforz\u00f3 con la creaci\u00f3n en San L\u00e1zaro de lo que el se\u00f1or Vicente denominaba \u00abseminario interno\u00bb, un per\u00edodo de un a\u00f1o, m\u00e1s tarde de dos, en el que los candidatos, sacerdotes, cl\u00e9rigos o laicos, que deseaban ser miembros de la congregaci\u00f3n recib\u00edan un tipo de formaci\u00f3n similar a la de los noviciados de las \u00f3rdenes religiosas. Similar no del todo, ciertamente, pues en algunos casos Vicente enviaba a algunos \u00abseminaristas\u00bb por las aldeas, para com\u00adpletar as\u00ed sobre el terreno de acci\u00f3n su formaci\u00f3n misionera. Al frente del seminario interno puso a otro de los firmantes del acta de asociaci\u00f3n de 1626, Juan de la Salle. \u00abGran misionero\u00bb, en juicio del se\u00f1or Vicente, tuvo que renunciar a la vida activa de misiones para dedicarse a la formaci\u00f3n de los seminaristas. S\u00f3lo le dur\u00f3 un a\u00f1o este trabajo, y luego volvi\u00f3 a lo que le hab\u00eda atra\u00eddo a la congregaci\u00f3n, el trabajo misionero. A \u00e9ste y a los retiros de ordenandos volvi\u00f3 a dedicarse hasta su temprana muerte en 1639. Pero la instituci\u00f3n del seminario interno permaneci\u00f3, y ello exigi\u00f3 que uno o dos tuvieran que renunciar a la actividad misionera para dedicarse al trabajo de la formaci\u00f3n de los seminaristas.<\/p>\n<p>El proceso de sedentarizaci\u00f3n, que nunca predomin\u00f3 ni de lejos durante la vida del fundador, naci\u00f3 y creci\u00f3 inevitablemente, aun sin buscarlo, de la adopci\u00f3n de obras que exig\u00edan de algunos de los misioneros la residencia permanente en las casas de la congregaci\u00f3n, tales como el seminario menor de los Buenos Hijos y el seminario interno de San L\u00e1zaro de los que estamos hablando, las conferencias de los martes al clero de Par\u00eds de que hablamos arriba; pero, sobre todo, los seminarios para la formaci\u00f3n del clero diocesano que se fueron creando con el correr de los a\u00f1os en casi todas las casas por progresiva expansi\u00f3n a dos o tres a\u00f1os de las dos o tres semanas que los ejercicios previos a la ordenaci\u00f3n ten\u00edan inicialmente.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente nunca tuvo, como ya se observ\u00f3, problemas te\u00f3ricos para integrar esta actividad de formaci\u00f3n de sacerdotes en su ideal primero de evangelizaci\u00f3n de los campesinos. Lleg\u00f3 a pensar, con raz\u00f3n, que apenas si podr\u00eda contribuir mejor a largo plazo a la evangelizaci\u00f3n del mundo rural que a trav\u00e9s de la mejora de la formaci\u00f3n del clero rural. Pero s\u00ed tuvo muchos problemas pr\u00e1cticos, pues la doble actividad, una m\u00e1s m\u00f3vil y la otra m\u00e1s sedentaria, exig\u00eda un tipo de hombre de car\u00e1cter \u00e1gil y hasta vers\u00e1til, capaz por igual de ense\u00f1ar catecismo a campesinos analfabetos por un lado, y teolog\u00eda moral y otros altos saberes por otro a los candidatos al sacerdocio. El s\u00ed era capaz de ambas cosas a la vez, y tambi\u00e9n muchos de sus hombres. Pero no todos. Hasta casi la v\u00edspera de su muerte les insisti\u00f3 en que no se encastillaran en uno u otro tipo de actividad, pero nunca lo consigui\u00f3 del todo. Tal vez les propusiera en ello un ideal de s\u00edntesis de cualidades casi opuestas de las que \u00e9l mismo s\u00ed estaba dotado, pero que no pod\u00eda estar al alcance de cualquiera.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cuatro o cinco a\u00f1os de verse raramente desde que se hab\u00eda trasladado a San L\u00e1zaro, tuvo Vicente en octubre de 1637 una larga entrevista con Saint Cyran. La entrevista result\u00f3 ser muy desagradable y no acab\u00f3 en ruptura total entre los antiguos amigos porque el se\u00f1or Vicente era incapaz de romper definitivamente con nadie. Un incidente posterior a la entrevista y que result\u00f3 de ella, una carta de Saint Cyran, estuvo a punto de convertir al se\u00f1or Vicente en testigo acusador contra Saint Cyran en materias de ortodoxia. No queremos ni insinuar que deb\u00eda haberle acusado. Pero ciertamente pod\u00eda haberlo hecho, pues en varios testimonios escritos, posteriores a la muerte de Saint Cyran, consta la convicci\u00f3n del se\u00f1or Vicente de que algunas opiniones de aqu\u00e9l rozaban peligrosamente la heterodoxia, si no es que ca\u00edan francamente en ella. El \u00faltimo testimonio conocido es de una carta de 1651, dieciocho a\u00f1os despu\u00e9s de fallecido Saint Cyran, en la que Vicente asegura que lo que dice \u00ablo s\u00e9 muy bien porque trat\u00e9 mucho con \u00e9l\u00bb. Y esto es lo que dice: \u00abEl difunto se\u00f1or de Saint Cyran no solamente no estaba dispuesto a someterse a las decisiones del papa sino que ni siquiera cre\u00eda en los concilios\u00bb. Eso como resumen de otros varios testimonios anteriores, en uno de los cuales califica de \u00abherej\u00eda manifiesta\u00bb una de las opiniones y pr\u00e1cticas de Saint Cyran en relaci\u00f3n a la absoluci\u00f3n penitencial.<\/p>\n<p>La entrevista tuvo lugar en la residencia de Saint Cyran en Par\u00eds. La iniciativa para la entrevista fue del se\u00f1or Vicente, quien estaba preocupado por los rumores que sobre su amigo corr\u00edan en los c\u00edrculos sociales y religiosos de Par\u00eds por \u00abciertas opiniones contrarias a la pr\u00e1ctica de la iglesia que se dec\u00eda eran mantenidas por \u00e9l\u00bb. Saint Cyran mismo, en el juicio que Richeliu abri\u00f3 contra \u00e9l, atribuye el motivo de la visita al deseo de Vicente no de acusarle de alg\u00fan error, sino de \u00abquitarle todos los motivos de queja y reconciliarse con \u00e9l\u00bb. Saint Cyran se hab\u00eda quejado a Vicente de que \u00e9ste le hab\u00eda abandonado \u00aben el tiempo de la persecuci\u00f3n, como a un criminal, temiendo ofender a muchas personas distinguidas enemigas\u00bb de Saint Cyran. Al final de la entrevista Vicente le ofreci\u00f3 amigablemente un caballo para que Saint Cyran pudiera viajar a su abad\u00eda, caballo que Saint Cyran acept\u00f3, dice \u00e9l mismo, \u00abcon la condici\u00f3n de que se lo devolver\u00eda a la vuelta. Quer\u00eda demostrar que deseaba mantener con \u00e9l las buenas relaciones que hab\u00edan tenido siempre\u00bb. Puede darse como seguro que Saint Cyran nos da la verdadera raz\u00f3n de Vicente para la entrevista, que comienza por el motivo de la antigua amistad y concluye con un gesto que quiere reanudar la amistad algo enfriada en los a\u00f1os anteriores.<\/p>\n<p>Esto en cuanto al motivo. Pero la entrevista misma no fue del todo tan amigable, por lo menos por parte de Saint Cyran. Vicente aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para llamarle la atenci\u00f3n, no con su serenidad acostumbrada, dice Saint Cyran, sino con \u00abun \u00edmpetu fuera de lo ordinario para su manera de ser\u00bb, sobre los rumores que corr\u00edan acerca de \u00e9l, cosa que a Saint Cyran no agrad\u00f3 en absoluto. El mismo testifica que el se\u00f1or Vicente intent\u00f3 tranquilizarle al verle algo excitado, y que por ello, para calmarle, le ofreci\u00f3 el caballo.<\/p>\n<p>Desde Poitiers Saint Cyran le escribi\u00f3 a los pocos d\u00edas una larga carta acerca de lo que hab\u00edan hablado en la entrevista. Vuelto Saint Cyran a Par\u00eds un tiempo despu\u00e9s, Vicente fue a visitarle una vez m\u00e1s y comi\u00f3 con \u00e9l. Le dijo que \u00abnunca hab\u00eda recibido un mayor testimonio de amistad del se\u00f1or Saint Cyran que cuando \u00e9ste le escribi\u00f3 la carta\u00bb. El se\u00f1or Vicente ten\u00eda que ser una total delicia como amigo. La carta de Saint Cyran a Vicente, carta que \u00e9ste ve como manifestaci\u00f3n suprema de amistad, le acusa de ser, entre otras cosas, un ignorante y un poco simpl\u00f3n, de haber mostrado \u00abuna osad\u00eda extraordinaria\u00bb al haber ido a \u00absu propia casa\u00bb a hablarle en persona, cosa que \u00abninguno de los otros se ha atrevido a hacer\u00bb. Los \u00abotros\u00bb son una \u00abtriple c\u00e1bala\u00bb, un obispo, un abad, y los jesuitas junto con algunos oratorianos, \u00abque han participado en los rumores que han hecho correr contra \u00e9l\u00bb. Saint Cyran acusa a Vicente de haberse unido a ellos \u00abpara hundirme\u00bb. No le guarda rencor por todo ello, sino que quiere \u00abperdonarle y decirle lo que el Hijo de Dios dijo a los que le maltrataban\u00bb. Le ha escrito la carta a pesar de todo ello \u00abcomo amigo y como cristiano\u00bb, y le asegura que no queda \u00aben el fondo del alma ninguna amargura que pueda alterar lo m\u00e1s m\u00ednimo nuestra amistad, que me gustar\u00eda conservar hasta el fin de mi vida\u00bb. Fue sin duda todo lo que expresa Saint Cyran sobre la amistad entre ambos lo que conmovi\u00f3 al se\u00f1or Vicente e hizo que pasara por alto las graves acusaciones que tambi\u00e9n conten\u00eda la carta, y que Vicente delicadamente no mencion\u00f3 para nada en la segunda entrevista.<\/p>\n<h3><strong>(1638-1640)<\/strong><\/h3>\n<p>Desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo Richelieu, enemistado abiertamente con Saint Cyran par razones no tanto de ortodoxia sino pol\u00edticas y de simpat\u00edas y antipat\u00edas per\u00adsonales que no vamos a exponer por ser marginales a Vicente mismo, andaba buscando alg\u00fan s\u00f3lido motivo, o que al menos a \u00e9l le pareciera tal, pues nunca logr\u00f3 encontrarlo, para procesar a Saint Cyran. El se\u00f1or Vicente lo sab\u00eda, lo sab\u00eda en verdad todo el mundo, y le aconsej\u00f3 que fuera directamente al cardenal, de quien Saint Cyran hab\u00eda sido amigo e incluso confidente, para explicarse ante \u00e9l y tratar de detener el golpe. Saint Cyran se neg\u00f3 a hacerlo. Pocos meses despu\u00e9s, en mayo del a\u00f1o siguiente, 1638, crey\u00f3 Richelieu haber encontrado lo que buscaba y dio la orden de detenci\u00f3n contra Saint Cyran.<\/p>\n<p>Aunque algunas pr\u00e1cticas de Saint Cyran sobre todo en el terreno de la penitencia y algunas opiniones suyas en relaci\u00f3n a la iglesia y a la gracia justifican sobra\u00addamente el juicio posterior de Vicente que vimos arriba, nunca se pudo probar en las diligencias que Richelieu instruy\u00f3 contra \u00e9l nada s\u00f3lido ni en el terreno de la pr\u00e1ctica ni en el de la ortodoxia. El mismo Saint Cyran, en e1 minucioso y malicioso interrogatorio al que se le someti\u00f3, neg\u00f3 por supuesto todo lo que pudiera inculparle, y se declar\u00f3 abiertamente fiel a la iglesia y a todas sus ense\u00f1anzas, a los concilios, a todo; neg\u00f3 que jam\u00e1s hubiera dicho que \u00abse ha introducido la corrupci\u00f3n en la iglesia, ni en cuanto a las costumbres ni en algunos puntos de la doctrina de la fe\u00bb, etc. De manera que muerto Richelieu cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, en 1642, Saint Cyran fue puesto en libertad, para fallecer a su vez un a\u00f1o m\u00e1s tarde. Vicente multiplic\u00f3 los signos de su amistad durante el encarcelamiento y, amigo hasta despu\u00e9s de la muerte, acudi\u00f3 a rezar ante su cuerpo. No contento con eso influy\u00f3 ante Ana de Austria, reina regente, para que la abad\u00eda de la que hab\u00eda sido titular Saint Cyran fuera encomendada a la muerte de \u00e9ste a su sobrino Barcas, cosa que se hizo contra la oposici\u00f3n de muchos y poderosos enemigos de Saint Cyran.<\/p>\n<p>En el registro de la casa de Saint Cyran llevado a cabo por la polic\u00eda de Richelieu se encontr\u00f3 una copia de la carta que hab\u00eda enviado Saint Cyran al se\u00f1or Vicente desde Poitiers. Richelieu crey\u00f3 haber encontrado en ella una mina de oro. El se\u00f1or Vicente, conocido por todo el mundo y respetado por su indudable ortodoxia, y conocido tambi\u00e9n como amigo de Saint Cyran y conocedor de sus opiniones, no har\u00eda prevalecer los deberes de la amistad sobre la obligaci\u00f3n m\u00e1s importante de defender la ortodoxia. De manera que a Richelieu le pareci\u00f3 que hab\u00eda encontrado en el se\u00f1or Vicente el testigo perfecto. Se le llam\u00f3 a declarar. Richelieu se encontr\u00f3 con la primera sorpresa de que Vicente se negaba a hacerlo ante el juez laico, hombre de siniestra reputaci\u00f3n, que \u00e9l mismo hab\u00eda nombrado. As\u00ed que \u00e9l en persona se encarg\u00f3 de interrogarle dos veces, sin que del doble interrogatorio sacara nada en limpio que pudiera comprometer en firme a Saint Cyran. Esta vez parece que Richelieu s\u00ed se enfad\u00f3 contra el se\u00f1or Vicente, y le despidi\u00f3, dicen las historias, rasc\u00e1ndose la cabeza, gesto caracter\u00edstico de Richeliu conocido por todo el mundo como se\u00f1al de ira contenida a punto de estallar.<\/p>\n<p>No le fue mejor al juez eclesi\u00e1stico que interrog\u00f3 en detalle al se\u00f1or Vicente. Del minucioso interrogatorio, que dur\u00f3 tres d\u00edas, tampoco result\u00f3 nada que pudiera implicar al acusado. Vicente no s\u00f3lo reconoce que conoce \u00aba dicho se\u00f1or de Saint Cyran desde hace unos quince a\u00f1os, y que ha tenido mucho trato con \u00e9l\u00bb, sino que aunque declara expl\u00edcitamente que \u00abnunca ha llamado maestro al se\u00f1or de Saint Cyran\u00bb, le tiene por \u00abuna de las mejores personas que he conocido\u00bb, juicio este \u00faltimo que citamos antes. En cuanto a sus opiniones y pr\u00e1cticas, el se\u00f1or Vicente no cree en ning\u00fan caso que lo que le ha o\u00eddo o visto hacer sea netamente heterodoxo, sino tal vez a veces algo exagerado en la expresi\u00f3n, muestra en todo caso del celo de su amigo por la reforma de la iglesia, pues, declara expresamente, \u00ablos hechos de la vida de dicho se\u00f1or de Saint Cyran se han ordenado en su mayor\u00eda al sostenimiento de la iglesia; son testimonio de ello sus escritos y lo mucho que ha hecho por la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb. En cuanto puede, el se\u00f1or Vicente trata de encontrar una explicaci\u00f3n exculpatoria a opiniones que s\u00ed le hab\u00eda o\u00eddo decir en el pasado, pero que el se\u00f1or Vicente cree se pueden entender sin encontrar en ellas trazas de heterodoxia propiamente dicha.<\/p>\n<p>Una cita de uno de los art\u00edculos del interrogatorio har\u00e1 ver con claridad lo que estamos tratando de decir. \u00abEn lo que se refiere a que si ha o\u00eddo decir al se\u00f1or de Saint Cyran que el papa y la mayor parte de los obispos, sacerdotes, etc., no son la verdadera iglesia, pues est\u00e1n desprovistos de vocaci\u00f3n y del esp\u00edritu de la gracia: respondo que jam\u00e1s le he o\u00eddo decir lo que se contiene en esa pregunta, sino s\u00f3lo una vez, en que afirm\u00f3 que varios obispos eran criaturas de la corte y no ten\u00edan vocaci\u00f3n. Pero no he visto nunca a nadie que estime el episcopado tanto como \u00e9l, y a algunos obispos, como el difunto monse\u00f1or de Comminges. Ten\u00eda tambi\u00e9n una gran estima por el difunto Francisco de Sales, obispo de Ginebra, y le llamaba bienaventurado\u00bb. Ante este tipo de testimonio Richelieu no pudo menos de darse cuenta de que el testigo en el que m\u00e1s hab\u00eda confiado para condenar a Saint Cyran no le hab\u00eda servido de nada.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo pudo el se\u00f1or Vicente en a\u00f1os posteriores calificar de \u00abherej\u00eda manifiesta\u00bb una de las opiniones de Saint Cyran habi\u00e9ndolo exculpado expresamente de toda heterodoxia cuando se le interrog\u00f3 expl\u00edcitamente sobre ello? Hay que admitir de entrada que el conjunto de sus relaciones con Saint Cyran sigue siendo uno de los hechos m\u00e1s misteriosos de la vida de Vicente de Pa\u00fal. Y no por falta de datos, sino por las complejidades y aparentes inconsistencias y contradicciones que re\u00adsultan de ellos, y que ning\u00fan bi\u00f3grafo o historiador ha<sup>,<\/sup> conseguido dilucidar sa\u00adtisfactoriamente. Confesamos paladinamente que tampoco nosotros vemos claridad en la cuesti\u00f3n. El tenerla ayudar\u00eda de manera importante a conocer con m\u00e1s precisi\u00f3n y profundidad las complejidades de una personalidad tan rica y tan sutil como la de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda pensar que, llegado el momento de la verdad. Vicente prefiri\u00f3 mantener el valor de la amistad por encima del de la ortodoxia, y en consecuencia se neg\u00f3 a acusar a un amigo de hereje aunque sab\u00eda muy bien que lo era. Pero una tal explicaci\u00f3n est\u00e1 tan en pugna con lo que sabemos con seguridad del car\u00e1cter y las ideas del se\u00f1or Vicente que hay que excluirla taxativamente. A no ser que se a\u00f1ada a ella este otro aspecto: Vicente se neg\u00f3 de plano a admitir acusaciones sobre la fe y la ortodoxia de su amigo y respondi\u00f3 con evasivas porque sab\u00eda muy bien que el encausamiento de Saint Cyran por parte de Richelieu no estaba basado en motivos propiamente religiosos sino pol\u00edticos y personales, y en tales circunstancias no se crey\u00f3 obligado a dar cuenta de la ortodoxia o heterodoxia de su amigo, pues no era esto lo que estaba de verdad en juego. Una tal a\u00f1adidura se acerca a lo razonable y admisible, pero sigue dejando en pie el interrogante que expusimos arriba.<\/p>\n<p>O se pod\u00eda pensar que s\u00f3lo a\u00f1os m\u00e1s tarde lleg\u00f3 Vicente a convencerse de algo que en el tiempo del juicio de Saint Cyran sospechaba pero no ve\u00eda a\u00fan del todo claro. Esto es muy posible si se tiene en cuenta que s\u00f3lo a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Saint Cyran el movimiento jansenista, que se inspir\u00f3 en sus ideas y en las de su amigo Jansenio, sac\u00f3 las consecuencias, ya m\u00e1s netamente sospechosas y rechazables, a las que Vicente se opuso sin dudar nunca y con todo vigor hasta la muerte.<\/p>\n<p>Pero tampoco es imposible que el dif\u00edcil problema de interpretaci\u00f3n biogr\u00e1fica que plantean algunas frases del interrogatorio sea en realidad un problema falso.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>El lector nos va a permitir que dejemos por un momento de lado la biograf\u00eda de san Vicente y nos dediquemos por esta sola vez a una peque\u00f1a muestra de pedanter\u00eda hist\u00f3rica. El caso, se ver\u00e1, lo merece.<\/p>\n<p>Se conoc\u00edan las declaraciones de los dem\u00e1s testigos en el proceso contra Saint Cyran, pero no hab\u00eda en las actas impresas del proceso nada que hiciera referencia al se\u00f1or Vicente. Esta curiosa ausencia se ha explicado muy razonablemente di\u00adciendo que fueron omitidas deliberadamente por los jueces de Saint Cyran porque la declaraci\u00f3n del se\u00f1or Vicente hab\u00eda resultado ser, contra lo que esperaba Richelieu, favorable al acusado. Pero en el siglo XVIII dio a la imprenta las actas del interrogatorio de san Vicente un obispo de tendencias jansenistas. La publi\u00adcaci\u00f3n fue un aut\u00e9ntico bombazo. De ella resultaba que el se\u00f1or Vicente, palad\u00edn reconocido de la causa antijansenista, no s\u00f3lo hab\u00eda sido un gran amigo de Saint Cyran, cosa que ya se sab\u00eda, sino que preguntado expresamente en juicio sobre ello hab\u00eda declarado expl\u00edcita y formalmente no haber encontrado nada her\u00e9tico en sus ideas. Les falt\u00f3 tiempo a los entusiastas del se\u00f1or Vicente, en particular a un su bi\u00f3grafo, miembro de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Pierre Collet, decidido antijansenista, para decir que tales actas hab\u00eda que tenerlas por ap\u00f3crifas mientras no se presentara el original en p\u00fablico para que las examinaran los expertos, cosa que los jansenistas no quisieron hacer.<\/p>\n<p>El juicio de Collet prevaleci\u00f3 en los medios antijansenistas y en las biograf\u00edas posteriores a la de Collet, hasta que en este mismo siglo XX, Pierre Coste, tambi\u00e9n miembro de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, tambi\u00e9n antijansenista, aunque el jansenismo tiempo ha que estaba muerto, y tambi\u00e9n bi\u00f3grafo de san Vicente, declar\u00f3 las actas aut\u00e9nticas. Lo que llev\u00f3 a Coste a convencerse de la autenticidad del documento fue un peque\u00f1o detalle que aparece al comienzo del mismo. Vicente declara tener \u00abunos 59 a\u00f1os de edad\u00bb. El interrogatorio tuvo lugar los d\u00edas 31 de marzo, 1 y 2 de abril de 1639, con lo que el testimonio de Vicente mismo, que sin duda sab\u00eda muy bien cu\u00e1l era su edad, apunta impl\u00edcitamente a los alrededores del a\u00f1o 1580 como fecha de su nacimiento. Ahora bien, todo el mundo cre\u00eda, como vimos arriba, sobre el testimonio de la biograf\u00eda escrita por Abelly, que Vicente hab\u00eda nacido en 1576. Un presunto falsificador de las actas hubiera escrito \u00abunos 63 a\u00f1os de edad\u00bb. Las actas eran por tanto sin duda aut\u00e9nticas. Aun as\u00ed Coste cree poder afirmar que se trata de un \u00abdocumento que est\u00e1 ciertamente alterado o incompleto\u00bb.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima suposici\u00f3n de Coste no es del todo gratuita en manera alguna. La terrible y larga lucha que se libr\u00f3 alrededor del jansenismo proporcion\u00f3 por ambas partes muestras tan abundantes de bajeza en las acusaciones, deformaci\u00f3n de las ideas del adversario, falsificaci\u00f3n de documentos, y una marea general descali\u00adficadora del contrario a la que no fueron ajenos por un lado ni miembros de \u00f3rdenes respetables, como los jesuitas, ni por otro esp\u00edritus nobles como Pascal, que en este tema mostr\u00f3 a la vez la mejor prosa y el lado m\u00e1s d\u00e9bil de su por otro lado admirable densidad moral y religiosa, que suponer una falsificaci\u00f3n y manipulaci\u00f3n m\u00e1s, como lo hace Coste, no implica ni gratuita injuria calumniosa ni desbocada hip\u00f3tesis hist\u00f3rica. Pero Coste no dice, ni sabe, ni en verdad nadie lo puede saber, qu\u00e9 es lo que ha sido alterado en el texto. Con lo cual todo el texto de las actas resulta, a pesar de su posible autenticidad b\u00e1sica, de valor muy sospechoso.<\/p>\n<p>De ser esto as\u00ed se extender\u00eda una sombra de duda fundada para aceptar la autenticidad de las actas en todo o en parte. De lo cual resultar\u00eda que, despu\u00e9s de todo, Collet ten\u00eda su s\u00f3lida raz\u00f3n para rechazarlas. Y si las actas no son del todo aut\u00e9nticas, el problema de interpretaci\u00f3n biogr\u00e1fica que nos plantea el texto del interrogatorio podr\u00eda ser, como dec\u00edamos, un problema falso.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Una semana antes de que Saint Cyran fuera encarcelado mor\u00eda Jansenio. Dos a\u00f1os antes de morir hab\u00eda recibido \u00e9ste de la corona espa\u00f1ola el obispado de Ypres, en los Pa\u00edses Bajos, como reconocimiento al favor prestado en un libro en el que atacaba con violencia la pol\u00edtica internacional de Richelieu. Actu\u00f3 como obispo celoso durante el corto tiempo en que lo fue, y supo compaginar la dedicaci\u00f3n pastoral con el trabajo de dar los \u00faltimos toques a la gran obra de su vida, el libro Augustinus. Este fue publicado dos a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, en circunstancias un poco clandestinas. Era un estudio denso y voluminoso sobre la relaci\u00f3n entre la gracia de Dios y la libertad humana. En \u00e9l pretend\u00eda exponer la doctrina de san Agust\u00edn sobre un tema que hab\u00eda atormentado a te\u00f3logos de muy diversos estilos en los \u00faltimos cien a\u00f1os: Lutero, Calvino, fuera de la Iglesia Cat\u00f3lica; Molina y B\u00e1\u00f1ez y sus seguidores, principalmente jesuitas en cuanto al primero y dominicos en cuanto al segundo, dentro de la misma iglesia.<\/p>\n<p>En el ep\u00edlogo de la obra Jansenio se declara fiel cat\u00f3lico y somete su obra al juicio de Roma. Y a\u00f1ade: \u00abSoy hombre sujeto a error, me he podido equivocar. Si me he equivocado en algo no ha sido porque he pretendido defender la verdad cat\u00f3lica, sino por querer exponer la doctrina de san Agust\u00edn\u00bb. El entusiasmo de Jansenio por las ideas de san Agust\u00edn, cuyas obras hab\u00eda estudiado a fondo durante veintid\u00f3s a\u00f1os, era, como vimos, total y absorbente. Consideraba sus escritos como un sexto evangelio, a\u00f1adido a los otros cuatro y a las ep\u00edstolas de san Pablo. No deja, pues, de tener su declaraci\u00f3n el tono de una actitud entre prudente y algo taimada, de quien quiere exponer y mantener, pero guard\u00e1ndose las espaldas contra una posible condenaci\u00f3n, lo que \u00e9l cree ser la doctrina de san Agust\u00edn como correctivo de lo mantenido por la teolog\u00eda com\u00fan de la misma iglesia de su tiempo. Aun un historiador como Sainte-Beuve, que estudi\u00f3 a fondo el movimiento jansenista sin ocultar las simpat\u00edas que sent\u00eda por \u00e9l, tiene que admitir que en esa declaraci\u00f3n de Jansenio que hemos citado \u00abno se puede ver m\u00e1s que un subterfugio\u00bb para evitar una posible condenaci\u00f3n por parte de Roma. No la evit\u00f3 a pesar de todo.<\/p>\n<p>El <em>Augustinus <\/em>fue el \u00fanico libro de teolog\u00eda sistem\u00e1tica que produjo el movimiento jansenista, y el inspirador fundamental del movimiento. Todo lo dem\u00e1s, incluyendo el libro titulado <em>La comuni\u00f3n frecuente <\/em>de Arnauld y las <em>Provinciales <\/em>de Pascal fueron, en su comparaci\u00f3n, sobre todo la obra, de Pascal, poco m\u00e1s que brillantes y muy bien escritos panfletos.<\/p>\n<p>La idea nuclear del <em>Augustinus <\/em>se podr\u00eda resumir as\u00ed. En el estado de ca\u00edda en que se encuentra la humanidad desde sus or\u00edgenes, el \u00fanico remedio de salvaci\u00f3n para el hombre reside en una gracia de Dios soberana de efecto infalible, que, ella sola, determina al bien la voluntad herida por el pecado original, incapaz por s\u00ed misma de obrar ning\u00fan bien. No todos los hombres reciben esa gracia. Dios, en la profundidad de su misteriosa voluntad, la da a quien quiere. No la debe en justicia a nadie, pues todos los hombres, desde Ad\u00e1n, est\u00e1n sumergidos en un estado de pecado que les ha alejado de Dios. No es por tanto injusto Dios al elegir por pura gracia a los que ha de salvar, y dotarles de la gracia irresistible que les salve v al no dar esa gracia a los reprobados. Lo que ha sostenido invariablemente la teolog\u00eda ortodoxa desde san Pablo, que Jesucristo ha muerto para salvar a todos los hombres, afirmaci\u00f3n que parecer\u00eda contradecir frontal\u00admente la visi\u00f3n de Jansenio, lo interpreta \u00e9ste diciendo que no es que Jesucristo haya muerto por cada hombre en particular sino por hombres de toda condici\u00f3n y raza, jud\u00edos, griegos, esclavos, etc., interpretaci\u00f3n que parecer\u00eda tener base en una lectura selectiva de textos de san Agust\u00edn que olvida otros textos del mismo (cfr. <em>Contra Julianum P.L. 44. 760). <\/em>Pero que se apliquen los m\u00e9ritos de la muerte de Cristo a unos y no a otros se debe al poder soberano de Dios y a sus juicios inescrutables.<\/p>\n<p>Es innegable que aunque el jansenismo no sea simplemente una forma de calvi\u00adnismo, acusaci\u00f3n que se le hizo con frecuencia y que los jansenistas rechazaron siempre con indignaci\u00f3n, este punto crucial de su doctrina hubiera sido suscrito por el patriarca de Ginebra sin temblarle el pulso. Un oratoriano del tiempo expres\u00f3 esto muy gr\u00e1ficamente diciendo que Jansenio ha le\u00eddo a san Agust\u00edn con las lentes de Calvino\u00bb. A otro predicador famoso le falt\u00f3 tiempo para anunciar desde el p\u00falpito que la teolog\u00eda de Jansenio sobre la gracia no era otra cosa que \u00abCalvino recalentado\u00bb. Por su parte, Saint Cyran, que recibi\u00f3 el libro estando a\u00fan en prisi\u00f3n, exult\u00f3 de j\u00fabilo al leerlo, y declar\u00f3 que el Augustinus \u00abdurar\u00eda tanto como la iglesia\u00bb. No acert\u00f3 del todo, pues si ya en su tiempo la conmoci\u00f3n que suscit\u00f3 el libro fue superior al n\u00famero de sus lectores- tiempo ha que no se molestan en leerlo ni los historiadores simpatizantes del movimiento jansenista.<\/p>\n<p>La controversia posterior no se centr\u00f3 en si los jansenistas admit\u00edan o rechazaban la posible heterodoxia del libro de Jansenio- sino en si se encontraban en \u00e9l ciertas tesis condenables, las famosas cinco proposiciones- que los jansenistas manten\u00edan no encontrarse en \u00e9l. No se puede dudar<sup>&#8211;<\/sup> de que en el fondo c\u00ede sus corazones, mientras negaban que Jansenio hubiera sostenido lo contenido en las cinco pro\u00adposiciones condenadas, no admitieran la doctrina sobre la gracia que hemos ex\u00adpuesto condensadamente arriba. Una cosa es cierta: la doctrina de Jansenio sobre la gracia y la predestinaci\u00f3n reduce a polvo la libertad humana- por peque\u00f1a que \u00e9sta sea en la realidad de sus condicionamientos hist\u00f3ricos y sicol\u00f3gicos. La gracia infalible de Dios, seg\u00fan Jansenio, no ayuda ni inspira, ni mueve, ni \u00abcausa\u00bb simplemente el movimiento de la voluntad, sino que o la lleva irresistiblemente a la salvaci\u00f3n o simplemente la abandona en su condici\u00f3n pecadora.<\/p>\n<p>Ni Calvino ni Jansenio extra\u00edan de su visi\u00f3n teol\u00f3gica la conclusi\u00f3n que parecer\u00eda obvia en buena l\u00f3gica: si la salvaci\u00f3n final depende \u00fanicamente de la graciosa elecci\u00f3n de Dios- al no tener por tanto la acci\u00f3n del hombre importancia alguna en orden a la salvaci\u00f3n, importar\u00eda poco, m\u00e1s bien nada, la cualidad moral o inmoral de la vida humana. El se\u00f1or Vicente lo advierte expresamente en un peque\u00f1o escrito que redact\u00f3 sobre el tema. Hace la observaci\u00f3n de que un jansenista importante, a quien no nombra, desde que se uni\u00f3 a esa escuela \u00abno ha hecho un solo acto de virtud visible a los ojos de quienes lo tratan\u00bb. Pero tampoco los seguidores de Calvino o de Jansenio sol\u00edan extraer esa conclusi\u00f3n, sino que, al contrario y parad\u00f3jicamente- tend\u00edan en general a vivir comportamientos morales de marcado car\u00e1cter rigorista. \u00bfNo se trataba en ambos casos de constituir una especie de aristocracia espiritual y moral, una aristocracia de elegidos? Curiosa\u00admente, en el movimiento jansenista predominaban gentes nacidas de familias de la alta burgues\u00eda- mientras que escaseaban las de familias nobles. De manera que no ha resultado nada dif\u00edcil a un historiador burgu\u00e9s como Sainte-Beuve en el siglo XIX, y menos a\u00fan a uno de inspiraci\u00f3n marxista como Lucien Goldmann en el XX, hacer la observaci\u00f3n de que el movimiento jansenista fue en buena medida una de las manifestaciones de la lucha por el poder por parte de la burgues\u00eda ascendente contra los poderes establecidos. Los verdaderos arist\u00f3cratas estaban, a los ojos de Dios- no en la corte ni en los palacios, sino del lado jansenista.<\/p>\n<p>Nadie advirti\u00f3 en aquel tiempo este aspecto de lucha social, tampoco el se\u00f1or Vicente. Pero \u00e9ste si vio con claridad las consecuencias para el pueblo llano de una teolog\u00eda como la de Jansenio y de las formulaciones rigoristas y elitistas del movimiento que inspir\u00f3. \u00bfC\u00f3mo se pod\u00eda ni siquiera intentar acercar el mensaje de Jesucristo al mundo campesino, al mundo de los pobres, al de los galeotes. con una doctrina como la de Jansenio y su visi\u00f3n mayest\u00e1tica, y en el fondo terrible, de Dios, y con unas exigencias de comportamiento moral y de penitencia rigoristas que apenas si eran posibles ni en un convento tan refinado como el de las monjas jansenistas de Port-Royal? De manera que aunque la teolog\u00eda molinista que aprendi\u00f3 en Toulouse pod\u00eda haber sido suficiente vacuna para inmunizarse contra las doctrinas jansenistas, no fue eso lo que le llev\u00f3 a ponerse finalmente contra ellas. Vicente de Pa\u00fal vio con claridad, y muy pronto, que las doctrinas de Jansenio y las de Saint Cyran habr\u00edan hecho inaccesible el anuncio salvador del evangelio a los campesinos de Galilea, y lo hac\u00edan inaccesible a los campesinos de Francia. El tomaba en su sentido literal la afirmaci\u00f3n de que Dios quiere que todos los hombres se salven y de que por todos ha muerto Jesucristo. Y aunque siempre admir\u00f3 a las almas grandes, nunca crey\u00f3 en aristocracias del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>El primer d\u00eda del a\u00f1o 1638 escrib\u00eda el se\u00f1or Vicente una breve carta a Luisa de Marillac en la que le encarga que cuide de su salud y le desea \u00abun coraz\u00f3n nuevo y un amor enteramente nuevo para Aquel que nos ama siempre de una manera tan tierna como si comenzase a amarnos ahora\u00bb. Pero no le escrib\u00eda propiamente para expresarle buenos deseos para el a\u00f1o nuevo, sino para encargarle de un nuevo trabajo. Ten\u00eda que insistir en la nota de ternura y frescor del amor de Dios, porque el trabajo que le encomendaba iba a exigir de ella y de sus muchachas \u00a1a ternura de una madre para con su reci\u00e9n nacido. Lo que le encomendaba en la carta era exactamente eso: que cuidara de ni\u00f1os reci\u00e9n nacidos, sin madre y abandonados.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda tratado de ello en una reuni\u00f3n de las damas del Hotel-Dieu en la que no estuvo presente Luisa. Las se\u00f1oras pensaron que ella era la persona m\u00e1s adecuada para ese trabajo. Ten\u00eda experiencia de madre y contaba adem\u00e1s con un peque\u00f1o grupo de j\u00f3venes sacrificadas, acostumbradas desde la adolescencia a trabajos duros, exigentes y humildes. Se pens\u00f3 lo primero en el modo de alimentar a los ni\u00f1os. El se\u00f1or Vicente, hombre espiritual y fundador, desciende al peque\u00f1o y pr\u00e1ctico detalle de sugerirle que se adquieran \u00abdos o tres vacas\u00bb. No plantear\u00edan problemas a las j\u00f3venes. Casi todas ellas, no as\u00ed las se\u00f1oras, eran expertas en extraer de las vacas el alimento enjundioso y vital. Pero a Luisa de Marillac la idea le debi\u00f3 parecer excesiva. Demasiadas vacas sin duda para comenzar un humilde proyecto de atenci\u00f3n a unos pocos ni\u00f1os. Debi\u00f3 de poner alguna objeci\u00f3n, pues unos d\u00edas m\u00e1s tarde el se\u00f1or Vicente en otra carta rebaja los planes iniciales y le sugiere que \u00abbastar\u00e1 una nodriza y alguna cabra\u00bb para atender a los ni\u00f1os que Luisa de Marillac estaba dispuesta a cuidar. Pod\u00eda haberlos tenido por cientos en un instante, pero ni ella ni el se\u00f1or Vicente quisieron embarcarse inicialmente en una empresa de gran envergadura sin contar con los medios necesarios para llevarla a buen puerto. Lo har\u00edan con el tiempo, a costa de muchos sufrimientos por parte de las j\u00f3venes de Luisa y de ella misma. Pero esto mismo demostr\u00f3 que la oposici\u00f3n inicial a encargarse de todos los ni\u00f1os abandonados de Par\u00eds, como quer\u00edan algunas damas, trabajo que superaba con mucho las fuerzas y los medios econ\u00f3micos disponibles, hab\u00eda sido, a pesar de su apariencia de insensibilidad, sabia y acertada.<\/p>\n<p>Hab\u00eda ya en Par\u00eds desde el siglo anterior una instituci\u00f3n p\u00fablica, la Couche, que albergaba a numerosos ni\u00f1os. Alrededor de uno por d\u00eda era ingresado en la instituci\u00f3n entre los que lograban sobrevivir despu\u00e9s de ser abandonados a las puertas de iglesias y conventos. Pocos sobreviv\u00edan en la propia instituci\u00f3n. Se mor\u00edan en ella por la mala atenci\u00f3n o eran vendidos a mendigos que los usaban como ins\u00adtrumentos mutilados para excitar la compasi\u00f3n y la limosna de las gentes. El se\u00f1or Vicente, horrorizado finalmente ante la situaci\u00f3n en la Couche, despu\u00e9s de un per\u00edodo de experimentaci\u00f3n con el peque\u00f1o grupo de ni\u00f1os confiados a Luisa de Marillac y a sus j\u00f3venes de la caridad, pens\u00f3 que se deb\u00eda asumir en su totalidad el trabajo de esa instituci\u00f3n y encargarse de todos los ni\u00f1os abandonados en la ciudad de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que reformar profundamente dos aspectos b\u00e1sicos de la Couche. Era ne\u00adcesario, primero, encontrar las personas adecuadas que sustituyeran a las ineficientes mercenarias encargadas de la instituci\u00f3n, una viuda y dos ayudantes. Esto quedaba resuelto desde el primer momento a trav\u00e9s de las j\u00f3venes de Luisa de Marillac y de ella misma. Hab\u00eda tambi\u00e9n que conseguir los medios necesarios que complementaran los escasos fondos p\u00fablicos que el ayuntamiento de Par\u00eds dedicaba a la instituci\u00f3n. Para este aspecto Vicente prefiri\u00f3 apelar a la generosidad de las damas. La idea ten\u00eda sus riesgos nada hipot\u00e9ticos sino muy reales de cansancio o de falta de respuesta por parte de \u00e9stas, como sucedi\u00f3 de hecho en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n posteriormente, pero el se\u00f1or Vicente no esperaba que los poderes p\u00fablicos estuvieran dispuestos a desembolsar los fondos necesarios para una adecuada aten\u00adci\u00f3n a los ni\u00f1os. Se decidi\u00f3, pues, por una financiaci\u00f3n a base de contribuciones voluntarias de personas ricas. No s\u00f3lo eran ricas las damas que acabaron por asumir el nuevo plan, sino que se contaban entre ellas algunas mujeres de la alta nobleza, tal la princesa Charlotte de Montmorencv, madre del gran Conde, o la sobrina de Richelieu, duquesa c\u00ede Aiguillon. Se busc\u00f3 para la obra y se consigui\u00f3 la aprobaci\u00f3n legal de las autoridades de Par\u00eds y del mismo rey; y aunque sin buscarla, tambi\u00e9n se consigui\u00f3 la aprobaci\u00f3n entusiasta de la opini\u00f3n p\u00fablica que, seg\u00fan consta por testimonio del mismo se\u00f1or Vicente \u00abos aclam\u00f3 (a las damas) y os llen\u00f3 de bendiciones al ver que os cuidabais de los ni\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>Dos dificultades de importancia se encontr\u00f3 el se\u00f1or Vicente que pod\u00edan haber frustrado la novedad de la empresa. Las dos de tipo mental o ideol\u00f3gico, y por ello mismo m\u00e1s dif\u00edciles de superar. Contra las dos tuvo que luchar desde el comienzo. Lo hizo con decisi\u00f3n y perseverancia. Si se le advert\u00eda que una tal empresa era propiamente responsabilidad de la autoridad p\u00fablica, y m\u00e1s bien asunto de hombres que de mujeres, \u00e9l no se cansaba de repetir a las damas: \u00abSepan, se\u00f1oras, que Dios se ha servido de vuestro sexo para realizar las cosas m\u00e1s grandes que se han hecho jam\u00e1s en el mundo. \u00bfQu\u00e9 hombres han hecho alguna vez lo que hizo Judit, lo que hizo Ester, lo que hizo en este reino la doncella de Orleans, lo que hizo santa Genoveva aprovisionando de v\u00edveres a Par\u00eds durante un hambre?\u00bb. Por otro lado, mientras del trabajo directo de atenci\u00f3n a los ni\u00f1os se encargaban las j\u00f3venes de Luisa de Marillac, y de la financiaci\u00f3n las damas de la cofrad\u00eda del Hotel-Dieu, la direcci\u00f3n de la obra se confi\u00f3 al se\u00f1or Vicente y a sus misioneros. Tambi\u00e9n entre estos encontr\u00f3 cierta oposici\u00f3n, pues algunos de ellos pensaban que un tal trabajo ten\u00eda poco que ver con el car\u00e1cter misionero que les hab\u00eda atra\u00eddo a la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente. Pero para entonces el se\u00f1or Vicente hab\u00eda ensanchado notablemente el horizonte de su primera fundaci\u00f3n, limitada en su origen a trabajar por los pobres campesinos. A trav\u00e9s de la atenci\u00f3n a los galeotes, a las v\u00edctimas de la guerra y a los ni\u00f1os abandonados, poco a poco iba descubriendo que el verdadero y definitivo plan de Dios sobre \u00e9l mismo y sobre su congregaci\u00f3n se defin\u00eda no por los l\u00edmites del mundo rural, por amplio que fuera en su tiempo, sino por los de la pobreza, a\u00fan mucho m\u00e1s amplio, en cualquier forma en que se le presentara. Los sacerdotes del se\u00f1or Vicente eran conocidos inicialmente entre el pueblo con el nombre de \u00abmisioneros\u00bb. Pero, lo sabemos por testimonio de Barcos, sobrino de Saint Cyran, con el correr del tiempo se les conoci\u00f3 como los \u00absacerdotes de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>La otra dificultad se mostr\u00f3 m\u00e1s resistente. Era un prejuicio social igual que el anterior, disfrazado adem\u00e1s de verdad religiosa, lo cual la hac\u00eda por supuesto mucho m\u00e1s dura de combatir. Vicente de Pa\u00fal lo sabe y le hace frente con toda su fuerza desde el comienzo mismo de la obra. El prejuicio dec\u00eda as\u00ed, en palabras del mismo Vicente: \u00abque Dios ha condenado a muchas de esas criaturas por culpa de su nacimiento\u00bb. Es decir, que los ni\u00f1os abandonados son hijos del pecado, y que por eso han sido condenados por Dios. Y aunque la primera parte de esta \u00faltima proposici\u00f3n pudiera tolerarse, mientras no se proyectara sobre el ni\u00f1o la posible culpa de sus padres, la segunda rondaba los l\u00edmites de la blasfemia contra la justicia de Dios. Para empezar, el se\u00f1or Vicente recuerda a las nobles damas que \u00abestos ni\u00f1os sufren por una maldad de la que no son culpables\u00bb. Pero hay mucho m\u00e1s. Si ya por estas fechas para el se\u00f1or Vicente cualquier pobre es una imagen viva de Jesucristo, estos ni\u00f1os, los m\u00e1s abandonados de la sociedad, lo son, dice, \u00abde una manera especial\u00bb. Y a continuaci\u00f3n enumera los aspectos en que \u00e9l ha encontrado semejanzas vivas entre los ni\u00f1os abandonados y el ni\u00f1o que tambi\u00e9n fue Jesucristo. Esto s\u00f3lo se puede ver cuando se ha hecho de la vida de Jesucristo, tambi\u00e9n de su infancia, objeto de cuidadosa v amorosa contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No hay comentario que pueda reflejar adecuadamente la calidad de ternura realista y fe viva de sus propias palabras: \u00abNuestro Se\u00f1or naci\u00f3 sin padre carnal, y esos pobres ni\u00f1os han sido abandonados por su padre y por su madre: Nuestro Se\u00f1or sufri\u00f3 estando en el vientre de su madre, en el viaje que hizo la Sant\u00edsima Virgen poco antes de dar a luz, y esos pobres ni\u00f1os han sufrido tambi\u00e9n por los golpes de sus madres sobre el vientre, por los apretones y medicinas (para intentar abortar); desde que naci\u00f3, Nuestro Se\u00f1or fue perseguido por su enemigo el rey Herodes, y esos ni\u00f1os han sido abandonados a la muerte por sus padres y sus madres, que no los han matado por miedo a ser castigados<sup>&#8211;<\/sup>, Nuestro Se\u00f1or tuvo que huir a Egipto para buscar asilo, y esas pobres criaturas encuentran su seguridad entre personas extra\u00f1as, que no son nada para ellos; Nuestro Se\u00f1or sufre pobreza, miseria, calumnia y persecuci\u00f3n por culpa de los pecados de sus hijos, y \u00e9stos por culpa del pecado de su madre: finalmente, Nuestro Se\u00f1or fue hecho maldici\u00f3n y pecado por sus hijos, y estos sufren por un mal del que no son culpables\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar de sus esfuerzos nunca consigui\u00f3 el se\u00f1or Vicente que todas las damas olvidaran del todo los prejuicios v las repugnancias que la opini\u00f3n de la buena sociedad hab\u00eda instilado en sus conciencias acerca de aquellos ni\u00f1os nacidos del pecado. A decir verdad, ni siquiera lo consigui\u00f3 de todas las hijas de la caridad. Pero s\u00ed consigui\u00f3 que la instituci\u00f3n siguiera adelante a pesar de las muchas dificultades, con el apoyo generoso de las damas y el trabajo sacrificado de las j\u00f3venes de Luisa de Marillac. Esta era por nacimiento tan ileg\u00edtima como muchos de los ni\u00f1os abandonados. Pero no fue esto, con toda seguridad, lo que le llev\u00f3 a preocuparse de la obra, sino su coraz\u00f3n de madre (\u00abapenas si es usted mujer en otra cosa\u00bb, le escribe el se\u00f1or Vicente en cierta ocasi\u00f3n con cierta rudeza y escasa galanter\u00eda), y un esp\u00edritu de fe contemplativa tan profundo como el de su director espiritual. Cuando seis a\u00f1os despu\u00e9s de adoptada la obra se hizo un recuento provisional de resultados se encontr\u00f3 que se hab\u00eda salvado la vida y provisto de educaci\u00f3n a unos 600 ni\u00f1os, ni\u00f1os que sin la obra del se\u00f1or Vicente estaban, sin que nadie los condenara, condenados a muerte.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>En setiembre del mismo a\u00f1o, 1638, en que el se\u00f1or Vicente comenz\u00f3 la obra en favor de los ni\u00f1os abandonados, nac\u00eda Luis XIV. Era, dice la historia, hijo de Luis XIII y de Ana de Austria. Pero lo que dice la historia oficial no es nada seguro, de manera que Luis XIV fue tal vez tan ileg\u00edtimo como buena parte de los ni\u00f1os del se\u00f1or Vicente. Pero s\u00ed era con seguridad hijo de reina, y ese hecho, por s\u00ed solo, exclu\u00eda de entrada el que se le abandonara para morir prematuramente a la puerta de una iglesia. En vez de esto result\u00f3 ser una persona muy longeva, demasiado longeva probablemente. v por ende el monarca m\u00e1s poderoso de su tiempo, el que llev\u00f3 a cabo la pol\u00edtica iniciada por Richelieu de someter el poder del imperio espa\u00f1ol en Europa.<\/p>\n<p>Ana de Austria, hija de Felipe III, hab\u00eda sido desposada a los quince a\u00f1os con Luis XIII, de su misma edad, en uno de esos matrimonios comunes en aquellos tiempos motivados por razones pol\u00edticas, que en este caso buscaban las buenas relaciones entre Espa\u00f1a, de donde proced\u00eda Ana, y Francia. El matrimonio se consum\u00f3 de inmediato, reci\u00e9n llegada Ana a Par\u00eds, el m\u00e9dico real como testigo, pero sin resultados, como no fuera que el joven e inexperto esposo sac\u00f3 de la experiencia prematura una cierta falta de gusto por la relaci\u00f3n carnal, en particular con su propia esposa, que le dur\u00f3 toda la vida. En compensaci\u00f3n Luis XIII mantuvo numerosas relaciones con bellas y j\u00f3venes arist\u00f3cratas, relaciones que fueron siempre muy afectuosas, pero, se puede asegurar con certeza, estrictamente plat\u00f3nicas. No se puede asegurar lo mismo de las relaciones que Ana de Austria mantuvo por su lado. Ana era una mujer sinceramente, incluso profundamente devota y religiosa, pero eso no le impidi\u00f3 mantener relaciones de diversos tipos con algunos caballeros de alta alcurnia. Las posteriores relaciones, no muy frecuentes, entre ambos esposos fueron infructuosas como la primera experiencia. Pero por fin Luis XIV naci\u00f3 de Ana de Austria, nada menos que veintid\u00f3s a\u00f1os despu\u00e9s de que sus padres con\u00adtrajeran matrimonio. Luis XIV pudo muy bien ser hijo de su padre legal, pero no es nada seguro que lo fuera, de manera que Luis XIV, aunque no ni\u00f1o abandonado, s\u00ed pudo ser hijo ileg\u00edtimo.<\/p>\n<p>Entre los varios amores po\u00e9ticos de Luis XIII se destaca el que sinti\u00f3 hac\u00eda Ma\u00adr\u00eda Luisa de La Fayette, descendiente de un mariscal de Francia. Esta habr\u00eda sido introducida en la corte por Richelieu como dama de compa\u00f1\u00eda con esperanza de que trabajara discretamente como confidente del cardenal. Ana de Austria era, naturalmente, opuesta a la pol\u00edtica antiespa\u00f1ola de Richelieu. M\u00e1s de una vez tram\u00f3 contra \u00e9l para desbancarle de su puesto de primer ministro. Pero a la joven La Fayette le sucedi\u00f3 lo mismo que a otras varias damas introducidas en la corte por el cardenal como agentes de espionaje. Concibi\u00f3 un gran afecto por el rey, y tambi\u00e9n por la reina, y se neg\u00f3 en redondo a actuar de esp\u00eda. Estos varios fracasos de la astucia de Richelieu le hacen escribir amargamente en sus Memorias: \u00abEstos animales (se refiere a las mujeres) son extra\u00f1os; a veces se cree que no son capaces de hacer grandes males porque no lo son de hacer ning\u00fan bien; pero aseguro en conciencia que no hay nada tan capaz de perder un reino como esos malos esp\u00edritus revestidos de la debilidad de su sexo\u00bb. Quiso deshacerse de Maria Luisa haci\u00e9ndola ingresar en un convento. Pero ella se le adelant\u00f3 e ingres\u00f3 voluntariamente en el monasterio de la Visitaci\u00f3n del que era director el se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Al monasterio acud\u00eda Luis XIII a mantener, reja por medio, conversaciones con frecuencia sinceramente espirituales, con la joven dama, ahora novicia. Durante el transcurso de una de esas visitas, a comienzos de diciembre de 1637, una furiosa tormenta de nieve hizo desaconsejable el viaje a Saint-Maur, donde el rey hab\u00eda pensado pasar la noche, en previsi\u00f3n de lo cual se le hab\u00edan adelantado apresu\u00adradamente los cocineros. Se le sugiri\u00f3 que pernoctara en el cercano palacio del Louvre. No pudo hacerlo en sus propias habitaciones que estaban fr\u00edas y sin preparar. Despu\u00e9s de algunas dudas acept\u00f3 la sugerencia de pasar la noche en las habitaciones de la reina, que le recibi\u00f3, dicen las historias, con todo calor y cordialidad. Nueve meses despu\u00e9s nac\u00eda el que iba a ser Luis XIV.<\/p>\n<p>Bi\u00f3grafo ha habido que se ha aventurado a insinuar que la sugerencia hecha al rey de pasar la noche con su consorte vino del se\u00f1or Vicente. De lo cual resultar\u00eda que el problema de falta de sucesi\u00f3n de los esposos reales durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os, hecho que estuvo a punto de crear m\u00e1s de una vez una guerra civil por las pretensiones y maquinaciones del hermano del rey, Gast\u00f3n de Orleans, presunto heredero del trono en el caso de que Luis XIII muriera sin hijos, se resolvi\u00f3 felizmente por una discreta y oportuna intervenci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal. La idea no es imposible, pues con toda seguridad las visitas del rey a la joven visitandina ten\u00edan que contar con la anuencia del director, quien, aunque a veces negaba el permiso incluso a personas importantes, en este caso no pod\u00eda negarse dada la calidad del visitante. Otras intervenciones tuvo el se\u00f1or Vicente en la pol\u00edtica de su tiempo, invariablemente motivadas por el deseo de la paz y del bienestar del pueblo. Las veremos en su momento. Ser\u00eda halagador para el bi\u00f3grafo entusiasta poder a\u00f1adir con seguridad a esas intervenciones esta otra en una ocasi\u00f3n que tanto contribuy\u00f3 a pacificar los \u00e1nimos en el ambiente de la corte e incluso en toda Francia. Pero esta intervenci\u00f3n, aunque posible, es tan dudosa como la paternidad de Luis XIII.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Hab\u00eda en la ciudad de Angers, aguas abajo del Loira y no lejos de sus orillas, un hospital fundado en el siglo XII por Enrique II de Inglaterra para expiar su orden de asesinato contra Tom\u00e1s Becket, arzobispo de Canterbury. Con el paso del tiempo la instituci\u00f3n medieval hab\u00eda empeorado hasta el punto de que los enfermos de la ciudad se opon\u00edan a ser tratados en ella. S\u00f3lo ingresaban los muy pobres, vaga\u00adbundos y ancianos, a quienes literalmente no les quedaba otro remedio. En el siglo XVII la instituci\u00f3n depend\u00eda en su administraci\u00f3n y atenci\u00f3n religiosa de los can\u00f3nigos regulares de san Agust\u00edn. Estos no se preocupaban de ella con exceso en ninguno de los dos aspectos. Un peque\u00f1o dato: apenas si hab\u00eda en todo el hospital dos o tres docenas de camisones para vestir decentemente a los m\u00e1s de cuarenta pacientes. Las autoridades locales llegaron a protestar ante el mism\u00edsimo rey por la lamentable condici\u00f3n de su hospital. Pero no fue el rey quien puso remedio a la situaci\u00f3n, sino las gentes del se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p>Para las hijas de la caridad, que acabaron por encargarse de \u00e9l a principios de 1640, el hospital de Angers supuso una experiencia nueva en su corta historia de s\u00f3lo seis a\u00f1os, que iba a marcar profundamente el estilo posterior de su propia instituci\u00f3n. Pues lo que hab\u00eda nacido como un cuerpo m\u00f3vil de asistencia a do\u00admicilio, a partir de Angers empez\u00f3 a convertirse en una instituci\u00f3n predominan\u00adtemente de car\u00e1cter hospitalario. Nunca renunci\u00f3 la compa\u00f1\u00eda de Luisa de Marillac a lo que hab\u00eda sido su trabajo original, pero con el tiempo fue lo otro lo que lleg\u00f3 a predominar en ella.<\/p>\n<p>La idea de que las j\u00f3venes de Luisa de Marillac se encargaran del hospital de Angers procedi\u00f3 de la se\u00f1ora Goussault un a\u00f1o antes de su muerte. Fue all\u00e1 Luisa con un peque\u00f1o grupo de cuatro de ellas para una estancia que supon\u00eda iba a ser corta para ella misma. Pero la discusi\u00f3n de los detalles del contrato con los encargados municipales del hospital, los conocidos en toda Francia en instituciones similares como \u00abpadres de los pobres\u00bb, y sobre todo una grave enfermedad que alarm\u00f3 en Par\u00eds a todo el mundo, prolong\u00f3 a cuatro meses la estancia de Luisa en Angers. Le escribe desde Par\u00eds el se\u00f1or Vicente: \u00abPiden mucho a Dios por usted en bastantes sitios de Par\u00eds. Todos se interesan por su salud. No se puede imaginar hasta d\u00f3nde llega ese inter\u00e9s\u00bb.<\/p>\n<p>El m\u00e1s alarmado fue el se\u00f1or Vicente. Aunque hac\u00eda a\u00f1os que la manifestaci\u00f3n de su afecto por Luisa de Marillac se hab\u00eda reducido asc\u00e9ticamente en sus cartas a f\u00f3rmulas comunes y un tanto estereotipadas, en esta ocasi\u00f3n no pudo disimular, en la solicitud que mostr\u00f3 por ella, el gran amor que le ten\u00eda. S\u00f3lo en el mes de enero de 1640 le escribi\u00f3 al menos cinco cartas pregunt\u00e1ndole por su salud, dando muestras de alborozo al saber que mejoraba, y sugiri\u00e9ndole toda clase de reco\u00admendaciones para que hiciera el viaje de vuelta a Par\u00eds con la mayor comodidad posible. No debe pensar volver en carroza porque \u00able resultar\u00eda (con el traqueteo) demasiado molesto, sobre todo por el adoquinado entre Orleans y Par\u00eds\u00bb. En cuanto a volver navegando r\u00edo arriba: \u00ab\u00a1Jes\u00fas!, ni se le ocurra\u00bb. \u00abCompre dos buenos caballos, que aqu\u00ed pagaremos lo que cuesten\u00bb. Luisa volvi\u00f3, no sabemos por qu\u00e9 medio, sana y salva a Par\u00eds. Y, aunque fr\u00e1gil y enfermiza, a\u00fan vivi\u00f3 despu\u00e9s de la experiencia de Angers otros veinte a\u00f1os, hasta casi los setenta.<\/p>\n<p>En Angers quedaron las cuatro j\u00f3venes, formando, con otras que se les a\u00f1adieron despu\u00e9s, una comunidad ya independiente de las damas, con una de ellas mismas al frente del grupo. Con su actuaci\u00f3n, mezcla de dedicaci\u00f3n abnegada y aplicaci\u00f3n de conocimientos sanitarios, diet\u00e9ticos e higi\u00e9nicos notables para lo que era usual en el tiempo, comenzaron por su cuenta sin saberlo ni pretenderlo, al margen de la experiencia anterior de los hermanos de San Juan de Dios, la historia moderna de la atenci\u00f3n hospitalaria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>5 (1634) Genoveva Fayet se cas\u00f3 en 1613 con Antonio Goussault, consejero real y presidente del Tribunal de Cuentas. 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