Vicente Queralt Lloret (1894-1936)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Elías Fuente · Año publicación original: 1942.
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Nació el 16 de noviembre de 1894 y fue bautizado el 25 del mismo mes y año en San Juan de Gracia (Barcelona).

Entró en la Congregación en 1911. Cursó sus dos primeros años de estudios eclesiásticos en Dax (Francia), y los restan­tes en el Seminario de Barcelona.

Estuvo dedicádo a la enseñanza en la Escuela Apostólica y Estudiantado de la Casa de Bellpuig. En 1923 le encontra­mos en Mallorca, donde permanece hasta 1932.

Durante todo este lapso de tiempo el P. Queralt estuvo dedicado en cuerpo y alma a las Misiones y a la predicación de toda clase, en tal forma, que bien puede decirse que reco­rrió la Isla en todas direcciones.

Se compenetró tanto con los mallorquines que doquiera se le conocía, y al enterarse de su desaparición y muerte proba­ble, durante la pasada revolución, se hablaba de él como po­dría hacerse de un hijo de Mallorca.

En 1934 fue destinado a la Casa de Barcelona, donde, con el ardor y entusiasmo con que solía dedicarse siempre a los trabajos apostólicos, además del ministerio’de la predicación, y a raíz del entusiasmo despertado por la Misión General pre­dicada en la Ciudad Condal, durante la República, el P. Que­ralt recibió el encargo de organizar la juventud de nuestra barriada.

Desde este momento los jóvenes constituyeron todo su ideal. Fundó para ellos la «Juventud de San Vicente de Paúl», con local social adecuado, con su revista y sus distintivos pro­pios.

A tales actividades se dedicaba el buen cohermano, cuando tuvo que ir a nuestra Casa de Figueras, con el fin de ejer­cer el ministerio sacerdotal. En tal coyuntura empezó la gue­rra española.

Al principio las pasó negras. Fue cogido y le amenazaron con el arma; pero se supo ingeniar, y después consiguió de los milicianos un pase para el tren hasta Barcelona.

Refugiado en casa de una buena señora de la calle de Va­lencia hasta el 30 de noviembre de 1936, por fin fue denuncia­do, según parece, y conducido, con dicha señora y una hija suya, al control de la F. A. I., sito en el Ateneo de la calle de Pedro IV.

Allí, después de haber prestado declaración, se le dio per­miso, a media tarde, para ir a comer, debidamente custodia­do, a una taberna cercana.

—¿Quién paga?, le dijeron sus acompañantes.

—Yo mismo, contestó el Padre.

Después le dijeron ellos:

Ahora, a San Elías.

Todo el mundo sabe se trataba de una de las checas bar­celonesas, instalada en un ex convento de religiosas.

Desde entonces el silencio más absoluto se cierne sobre la persona del P. Queralt.

Mutatis mutandis, el Sr. Obispo de Barcelona, Dr. Irurita, siguió el mismo itinerario e idéntico fin que nuestro inolvi­dable cohermano.

El P. Vicente Queralt, en sus ratos de ocio, cultivaba las bellas letras: la música, la pintura y, sobre todo, la poesía, que utilizaba con éxito, para fines apostólicos.

 

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