Vicente de Paúl: Id por todo el mundo

Francisco Javier Fernández ChentoVicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Rearden Myles · Fuente: Vicente de Paúl....
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corazónEl gran ideal del P. Vicente de Paúl era la renovación de la Iglesia católica de Francia. Pero sabía que la Iglesia es una institución universal enviada por el Señor al mundo entero. Por ello valoraba en gran manera la posición del Santo Padre dentro del sistema eclesial y sostenía que el Papa era el primer responsable de enviar a los misioneros. También tenía admiración por San Francisco Javier, enviado por el Pontífice a los lugares remotos del Oriente. Así, como Superior responsable de su Congregación, estaba dispuesto a enviar misioneros a países lejanos, si se lo mandaba el Santo Padre, los obispos o los prelados. Con esta actitud los envió a Italia, Polonia, Escocia, Argel y Madagascar y estaba pensando en las misiones de la China, Arabia y la India. Exceptuando el caso de Italia, Polonia y Madagascar, esto quedó para que sus sucesores lo cumplieran en el futuro.

ITALIA

La Italia del tiempo de Vicente de Paúl no era un país unificado. Los misioneros que él envió fueron a las tres regiones de Roma, de Génova y de Turín. Los misioneros fueron enviados primero a Roma para agilizar la aprobación de la Congregación y allí comenzaron, desde la ciudad, su trabajo propio de las misiones. Así, el P. Lebretón, del 1639­41, se dedicó a trabajar con los pobres de las colinas cercanas a Roma. Por esa razón, el Vicario de Roma autorizó a los misioneros para llevar a cabo todas las obras propias en el territorio, es decir, ejercicios de ordenandos y misiones en las parroquias. Sin embargo no se establecieron en una casa de su propiedad en Roma hasta 1659.

El Cardenal Durazzo, obispo de Génova, ciudad portuaria y libre del norte de Italia, había conocido a los misioneros del P. Vicente en un viaje entre Génova y Roma. Les construyó una casa para seminario en las cercanías del puerto de Génova y el Cardenal participaba personalmente en las misiones parroquiales junto con los misioneros y hacía sus ejercicios espirituales con ellos. Allí mismo la Congregación empezó un noviciado.

Turín se hallaba en el reino de Piamonte – Saboya, la tierra de San Francisco de Sales. La casa de la Congregación se originó de la de Génova. Su primer Superior, el P. Juan Martin, se hizo un renombrado y fogoso misionero que predicó incluso a los bandoleros y sobresalió por el carisma de reconciliar enemigos. El P. Vicente se alegró mucho al recibir noticias de estas misiones y ver el progreso de su Congregación en Italia.

POLONIA

La misión de Polonia se fundó a petición de la Reina María Luisa, francesa, esposa del Rey. Tanto ella como el P. Vicente querían extender las misiones parroquiales y los ejercicios de los ordenandos en el reino. Cinco misioneros y tres hermanas fueron enviados. Fue mala suerte que el clero y los religiosos polacos sospecharan que los misioneros se inclinaban al jansenismo y por ello se les impidió trabajar en los seminarios. No obstante se les encargó la dirección de una parroquia y se distinguieron mucho cuando la ciudad de Varsovia fue víctima de la peste. Ayudados por la Reina, atendieron con medicinas a una multitud de pobres y hospitalizados. El P. Superior de la misión murió al poco tiempo de contagiarse y el P. Vicente hubo de mandar otros misioneros. La Congregación recibió la iglesia parroquial de la Santa Cruz en Varsovia, que ha sido regida por ellos desde el tiempo del P. Vicente hasta nuestros días. Los misioneros aprendieron el polaco y comenzaron las misiones por su propia parroquia.

Más tarde sobrevino la gran calamidad de las hostilidades entre Polonia, católica, contra los rusos, ortodoxos, y contra los suecos que eran protestantes. El ejército protestante quemó la ciudad y la iglesia de la Santa Cruz y causó gran mortandad. Los misioneros y las hermanas lograron escapar y tuvieron luego la oportunidad de volver a Varsovia y de ser socorridos por el P. Vicente, que les mandó nuevos sacerdotes. Les dio una gran satisfacción a los misioneros de Polonia al decirles que era bueno que estuvieran preparados a correr la misma suerte de todos los ciudadanos.

IRLANDA Y ESCOCIA

La misión de Irlanda y Escocia se emprendió para confortar a los católicos perseguidos por el gobierno protestante de Inglaterra. No fue una misión permanente al estilo de Polonia. Todos los sacerdotes enviados eran irlandeses que habían entrado a la comunidad estando en Francia. Las dos misiones dadas por ellos se hicieron en ciudades devastadas por los ejércitos protestantes y muchos de los ciudadanos murieron poco después de la misión: los pobres por la peste y la hoguera, los ciudadanos distinguidos por la espada. Uno de los misioneros, Tadeo Lee, fue capturado y degollado frente a su misma madre. Éste fue el primer mártir entre los seguidores del P. Vicente.

Los misioneros enviados a Escocia, donde se hablaba el mismo lenguaje de los irlandeses, hicieron su trabajo en las islas del norte y oeste del país. Sólo quedaban unos cuantos católicos y el cometido de los misioneros era consolarles y confirmarles en la fe. Aún hoy día quedan católicos en esas islas que recuerdan aquellos a misioneros como los guardianes de su fe.

AFRICA DEL NORTE

Los árabes de la Península arábiga apresaban multitud de esclavos en África oriental; los árabes del norte de África hacían otro tanto apresando navegantes europeos en el mar Mediterráneo. Muchos biógrafos de San Vicente incluyen una narración en la que el mismo Vicente es presa de los esclavistas y vendido en Túnez. Hoy día casi todos descartan esa narración. Pero lo cierto es que él envió sus misioneros a Túnez y Argelia para atender a los esclavos que sumaban entre veinte y treinta mil. Se hizo a petición del Rey de Francia. Los misioneros enviados recibían un cargo oficial de capellanes de la embajada francesa en esos países. Incluso un Hermano fungió como Cónsul de Francia.

Estos misioneros empezaron tanteando la situación y, después consiguieron se les permitiera hacer varias obras pastorales. Su parcela de trabajo eran los esclavos a quienes transmitían cartas y limosnas mandadas de sus casas y, alguna vez, conseguían que algunos fueran redimidos con los rescates enviados por sus familias. Pero lo más importante de su pastoral misionera era instruir a los esclavos y proporcionarles los sacramentos. Esto tenía sus peligros y, después de muerto el P. Vicente, un hermano y un sacerdote fueron despedazados, atados a la boca de un cañón. De todos modos, este ministerio se hacía a favor de los esclavos franceses, estando prohibido hacerlo para otros que no lo fueran.

Ahora vamos a volver los ojos y ver la misión, a favor de los paganos indígenas de Madagascar, empezada por el P. Vicente.

MADAGASCAR

El P. Vicente tenía el deseo de que la Congregación evangelizara también a los paganos. Por ello se alegró cuando la reciente sociedad comercial, Compañía de la Isla de Madagascar, le pidió misioneros para acompañar a sus colonos. La petición le fue cursada por el Nuncio del Santo Padre en París, que se encargó de conseguir todos los permisos eclesiásticos.

De hecho, esta misión fue una ocasión de más fracasos que victorias. El P. Vicente envió no menos de veinte misioneros a Madagascar y sólo nueve llegaron a la isla. Sólo uno de los nueve sobrevivió allí unos tres años. Los otros murieron pronto: uno duró unos quince meses, los demás dos o tres nada más. Tres grupos de misioneros sufrieron naufragios y nunca llegaron allá. Para colmo, muchos colonos franceses no vivían su fe cristiana satisfactoriamente. Además había entre ellos muchos protestantes, que no se complacían viendo allí misioneros católicos y esta división escandalizaba a los indígenas. Sin embargo el P. Vicente, y muchos de sus hermanos de la Congregación, deseaban perseverar con esta misión. Más bien parece un reto para probar su fe, su esperanza y su valor.

Uno de los misioneros, con un buen plan para llevar a cabo la misión de Madagascar, fue el P. Carlos Nacquart. Observó que los nativos recibían el cristianismo con alegría. No bautizó a muchos indígenas, prefiriendo que recibieran antes una buena instrucción y reformaran primero sus costumbres. Planificó levantar una escuela de artes y oficios, llevar las Hijas de la Caridad para educar a las jóvenes y empezó por escribir un catecismo en la lengua local. Sin embargo, murió el año 1650, después de un año y cinco meses de su llegada. No tuvo un sucesor hasta cuatro años más tarde cuando arribó el P. Toussaint Bourdaise. También éste era un misionero eficiente, que viajó por muchas partes de la isla durante casi tres años. Consiguió impartir seiscientos bautismos. Después de dos años recibió dos compañeros más, pero ambos murieron después de poco tiempo. Los misioneros continuaron llegando hasta que el gobierno francés abandonó la empresa colonial en la isla unos cuatro años después de la muerte del P. Vicente. Esta misión demostró claramente hasta qué punto las misiones en África eran peligrosas para los aclimatados a las condiciones de salud de Europa.

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