VICENTE DE PAÚL EN CHATILLON (I)

Mitxel OlabuénagaEn tiempos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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PÁRROCO DE CHÁTILLON

El 1 de agosto del año 1617 tomaba posesión de la parroquia de San Martín en el poblado de Buenens y, a continuación, de la iglesia adjunta de San Andrés en el poblado de Chátillon-les-Dombes, Vicente de Paúl, un sacerdote de 37 años venido de París,. La parroquia se encontraba en la Bresse, región antes per­teneciente a Saboya, anexionada al reino de Francia dieciséis años atrás. Desde los tiempos de la revolución francesa el segun­do poblado es conocido como Chátillon-sur-Chalaronne, por el nombre del río que recorre sus tierras.

Más que simplemente venido de París habría que decir que el nuevo párroco venía huyendo de París. Pero no huyendo perse­guido por nadie por mal comportamiento, sino todo lo contrario. A los cuatro años de entrar en el palacio de los Gondi había empezado a sentir que el horizonte de su sacerdocio estaba sien­do peligrosamente empequeñecido precisamente por personas que tenían de él un alto aprecio. Tras una breve experiencia como párroco en la parroquia de Clichy, por entonces una aldea en las afueras de París, a partir de 1613 Vicente había aceptado convertirse en preceptor de los hijos de los Gondi por indicación de Bérulle, que era desde unos tres años antes su director espiri­tual y consejero. Alrededor de un año después de entrar en aque­lla noble casa se convirtió también en director de conciencia de la señora por petición expresa de ésta.

en enero del mismo año 1617 había tenido lugar en Gannes, una pequeña localidad perteneciente a los dominios de la señora de Gondi, el incidente bien conocido de la confesión del campe­sino moribundo. La experiencia del éxito del sermón subsiguien­te y de las numerosas confesiones el día 25 de enero en Follevi-lle hizo que Vicente de Paúl comenzara a preguntarse si era justo que su sacerdocio estuviera absorbido casi del todo por tres per­sonas de una familia noble, cuando sólo en las tierras mismas de la señora había unos 8.000 campesinos necesitados de sacramen­tos y de catecismo.

A partir de esa experiencia de Folleville Vicente de Paúl empezó a darse cuenta de que su verdadera vocación era otra, la de volver de algún modo a sus raíces campesinas, de las que había estado huyendo desde los 15 años, y dedicar sus energías sacerdotales y personales a la población del mundo rural. Ésta, que formaba alrededor del noventa por ciento de la población total de Francia, se encontraba muy descuidada por las fuerzas más vivas de la Iglesia y muy explotada por la buena sociedad.

Habló con Bérulle del estado de su espíritu y de sus ganas de dar un rumbo nuevo a su vida sacerdotal. Aunque había sido él mismo quien dirigiera a Vicente a la casa de los Gondi, a Bérulle no le pare­ció mal la propuesta de Vicente. Además se encargó él mismo de indicarle un lugar que, a la vez que se encontrara suficientemente lejos de París, pudiera dar satisfacción a las aspiraciones de Vicen­te. Este lugar era la parroquia de Buenens-Chátillon. Si al hablar de este tema en la vida de Vicente se suele mencionar sólo a Chátillon, y así lo haremos también aquí, el hecho se debe a que Vicente puso en Chátillon su residencia desde un primer momento, y porque en Chátillon tuvieron lugar los hechos que narraremos más adelante. Pero en realidad la iglesia de Chátillon era una iglesia adjunta a la iglesia parroquial principal, la de Buenens.

Tres años antes de la llegada de Vicente el arzobispo de Lyon había pasado visita pastoral a la población de Chátillon, a la que encontró en un estado religioso bastante aceptable, según consta en los libros de visita que aún se conservan. Después de la visi­ta y como resultado de ella el arzobispo tuvo la idea de hacer de Chátillon un lugar de irradiación religiosa católica, una especie de centro misionero para la zona, para lo cual necesitaba un sacerdote de calidad. Acudió para conseguirlo a los oratorianos de Lyon, quienes a su vez acudieron a Bérulle, su fundador. Éste creyó que Vicente de Paúl, un hombre influido por la espirituali­dad del Oratorio aunque no miembro de él, sería el sacerdote adecuado para llevar a cabo el plan del arzobispo.

Ésas fueron, narradas de manera condensada, las circunstan­cias históricas que llevaron a Vicente a Chátillon y ésos fueron los caminos de que se valió la Providencia para que el señor Vicente Depaul, sacerdote de la diócesis de Dax y bachiller en teología, cambiara de rumbo en su vida sacerdotal y comenzara un camino nuevo a los 37 años.

Aunque la toma de posesión de la parroquia por parte de Vicen­te tuvo lugar el día 1 de agosto, como decíamos al principio, es posi­ble que Vicente se hubiera presentado en ella y hubiera empezado a actuar unos meses antes, en tiempo de cuaresma. Así nos lo ase­gura una investigación entre los vecinos hecha en 1664 por Charles Demia, párroco en esa fecha, con vistas a un posible proceso de canonización, cuatro años después de fallecido Vicente, y casi cin­cuenta años después de los sucesos. Sin embargo en el mismo año de esa investigación, en la biografía más temprana de Vicente de Paúl, su autor, Louis Abelly, aseguraba que la salida-huida de París tuvo lugar en el mes de julio, lo que excluye naturalmente una lle­gada a Chátillon en cuaresma. La discrepancia no tiene importancia mayor, y tampoco se puede aclarar de modo definitivo. La ventaja de preferir la opinión de los vecinos a la de Abelly es que añade tres o cuatro meses más para que pudiera llevar a cabo las muchas cosas que los vecinos dicen que hizo Vicente de Paúl desde su llegada a Chátillon hasta su vuelta a París a finales del mismo año 1617.

De hecho lo que dicen los vecinos que hizo Vicente de Paúl en los, a lo más, nueve meses de estancia en Chátillon es de tal importancia que se creen obligados a advertir al lector que sería difícil creerlo si ellos mismos no lo hubieran visto y oído. Aña­den además que creen que hay suficientes motivos para canoni­zarle solamente por lo que hizo en Chátillon, y que hablan de él como si fuera santo. Todo lo cual sugiere a cualquier lector, con sólo que sea un poco cauto, que los seis vecinos firmantes de la investigación no pudieron disimular que se habían dejado llevar en su testimonio por un entusiasmo que les arrastró a exagerar los trazos negros en su descripción del estado lastimoso de la parro­quia de Chátillon a la llegada de Vicente, para así poner más fácil­mente de relieve los méritos de la actuación del nuevo párroco.

La primera víctima de ese entusiasmo fue el mismo Abelly en su segunda edición en 1667 de la biografía de Vicente de Paúl. En esa segunda edición el paisaje moral y religioso de la villa a la llegada de Vicente, paisaje que en la primera edición aparece como completamente ‘normal’, se ha ennegrecido de manera muy notable por influencia del testimonio de los seis vecinos de Chátillon, testimonio que sin duda Abelly tuvo en sus manos para preparar la segunda edición. Abelly fue la primera víctima, pero no la última. Todas las biografías de san Vicente de Paúl de alguna importancia, sin excluir la de Coste (aunque éste muestra alguna reserva) y las que se inspiran en él, han tomado el docu­mento de los vecinos como del todo digno de fe y han descrito un estado religioso y social tan negro de la villa de Chátillon a la llegada de Vicente de Paúl que, como se temían los vecinos, hace casi increíble que Vicente, ni nadie, fuera capaz de hacer en tan poco tiempo tantas cosas como dicen las biografías.

Jaime Corera

CEME, 2008

 

 

 

 

 

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