SOBRE LOS FRUTOS DE DOS MISIONES
Disensiones entre un párroco y sus feligreses. Reconciliación por medio de la Misión. El padre Vicente le pide a Dios el espíritu de unión para la compañía.
Le ruego a la compañía que dé gracias a Dios por las bendiciones que ha dado a las misiones que acaban de tenerse, especialmente a la de…, que son muy importantes. En dicha parroquia había una extraña división: los habitantes sentían mucha inquina contra su párroco; y el párroco, por otra parte, tenía motivos para quejarse del mal trato que recibía de sus feligreses; por eso estaba en juicio contra ellos y hasta había hecho encarcelar a tres o cuatro de los principales, que se habían atrevido a usar la violencia en la iglesia con él o con alguno de los suyos. La mayoría ni siquiera querían ir a misa y se salían de la iglesia cuando lo veían acercarse al altar, el mal era tan grande que no he visto nunca nada igual. Aseguraban que jamás irían a confesarse con él, y que estaban dispuestos a dejar de cumplir con pascua aquel año.
Al verse en esta situación, algunos de ellos vinieron por aquí, hace algún tiempo, para rogarnos que fuéramos a dar una misión. Así se ha hecho y, por la misericordia de Dios, todos han cumplido con su deber. Pero lo que más tiene que animarnos a bendecir y a dar gracias a Dios es que se han reconciliado por completo con su pastor, con el que se encuentran ahora en gran paz y cordialidad, con enorme satisfacción y contento de todos; han venido diez o doce a darnos las gracias de parte de toda la parroquia y me han hablado tan bien de aquella misión que me daba rubor oírles.
Hermanos míos, ¿quién ha hecho esto, sino solamente Dios? ¿Estaba en manos de los hombres conseguir esta reconciliación? Aun cuando todo el parlamento se hubiera empeñado en lograr una pacificación tan difícil entre unos espíritus tan opuestos, apenas habría podido conseguir más que cierto orden exterior. Dios es, pues, el autor de esta obra tan buena. Y hemos de darle muchas gracias por ella.
Hermanos míos, os ruego que así lo hagáis con todo el afecto que podáis; y además que roguéis a su divina bondad que dé a la compañía el espíritu de unión, que no es otro más que el mismo Espíritu Santo, para que estando ella muy unida entre sí pueda unir a los de fuera, ya que hemos sido fundados para reconciliar a las almas con Dios y a los hombre entre sí.







