Vicente de Paúl, Conferencia 133: Conferencia Del 5 De Agosto De 1659

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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SOBRE LA TEOLOGIA MORAL, LA PREDICACION,EL CATECISMO Y LA ADMINISTRACION DE LOS SACRAMENTOS

El padre Vicente decide que la comunidad haga ejercicios sobre estos temas. Ejemplo de los seminarios.

Hermanos míos, hoy no haremos la repetición, sino que vamos a tratar de otro tema que será muy útil para la compañía; dejaremos para otra ocasión la repetición de la oración, que es un medio, como todos ustedes saben, de los más necesarios que tenemos para inflamarnos mutuamente en la devoción. Tenemos motivos para dar gracias a Dios por haberle dado esta gracia a la compañía, ya que podemos decir que nunca se ha usado esta práctica en ninguna otra comunidad, más que en la nuestra.

Lo que tengo que decirles, hermanos míos, es que, lo mismo que sabéis que hay un seminario en San Sulpicio, en San Nicolás y en Bons-Enfants, también hay que procurar que se haga en San Lázaro un seminario, esto es, practicar aquí lo mismo que allí se hace, para que todos se formen en la manera de actuar en los seminarios, para que cuando se les destine a ellos, sepan cómo han de comportarse para tener éxito en su dirección. Creo que la mayor parte de los que están aquí no han visto nunca estos ejercicios; por eso, como nos queda algún tiempo todavía desde ahora hasta la ordenación, lo emplearemos útilmente en esta práctica.

Aquí practicamos cosas que son comunes con las que se hacen en los seminarios, como la repetición de la oración y las conferencias sobre algún tema de devoción, que nos sirven de ejercicio una vez a la semana. También el canto y la teología moral, que se enseñan en los seminarios, se practican en esta casa, gracias a Dios, aunque quizás de manera distinta; y en cuanto a las predicaciones y el catecismo, ya sabéis que aquí los practicamos de manera especial; siempre ha sido ésta la costumbre de la compañía, incluso desde su origen, dedicando a la predicación algún tiempo después de las misiones. Si se ha faltado a ello, ha sido por culpa mía; le ruego a Dios que me perdone mi miseria. ¡Bendito sea Dios! Por tanto, practicamos aquí algunas de las cosas que se practican en los seminarios, pero hay otras que no, como por ejemplo la administración de sacramentos, la explicación del método de predicar y catequizar y la teología moral, la cual realmente se enseña aquí, pero lato modo, de una forma más bien amplia; añadid también a ello las rúbricas del breviario y del misal. El difunto padre Bourdoise ha sido el primero al que Dios ha inspirado hacer un seminario para aprender todas las rúbricas. Antes de él, nadie sabía lo que era eso; no había ningún lugar especial donde se enseñasen; un joven, después de estudiar filosofía y teología después de los estudios menores, con un poco de latín, se marchaba a una parroquia y administraba allí los sacramentos a su modo; éste era el motivo de la gran diversidad que había. Pero, por la misericordia de nuestro Señor, hoy se ve todo lo contrario. La verdad es, padres, que no sé si muchos de nosotros, al verse en la obligación de tener que bautizar, sabrían hacerlo debidamente. El otro día le pregunté a uno de la compañía cómo se portaría en cierta ocasión; «Le aseguro, padre, me dijo, que no sabría qué hacer». De mí, aunque he sido párroco, os confieso que ahora me costaría mucho hacerlo. Esto nos ha decidido a destinar el tiempo que nos queda hasta la ordenación para hacer los ejercicios que se hacen en los seminarios.

Así pues, nos dedicaremos a la teología moral, a la predicación familiar, al catecismo y a la administración de los sacramentos; y como creo que no habrá tiempo suficiente para las rúbricas y el canto, podremos dejarlas por ahora.

Como materia para la moral tomaremos los Entretiens des ordinands; será lo primero que hagamos; los aprenderemos de memoria y se hará la explicación brevemente, no disputativo modo, sino instructivo. Les diré que al comienzo de la compañía, sólo se empleaban esos Entretiens. Los señores obispos de Boulogne) y de Alet 3, el abate Olier y algunas otras personas se reunieron algunos días para ver qué es lo que sería más necesario para los ordenandos; se compusieron estos Entretiens, y parecieron suficientes; no hemos utilizado desde entonces ningún otro texto. Alguna vez he preguntado, incluso a doctores de la Sorbona, si una persona que supiese bien esos Entretiens podría confesar en las aldeas y en otros sitios; me dijeron que hasta en París podría confesar, sí, en París. Por eso, se entregará un ejemplar de los mismos a cada uno de los estudiantes de teología y de los sacerdotes del seminario; me refiero a los que están allí por lo menos para dos meses, pues los demás tendrán que ocuparse en adquirir su espíritu y despegarse del mundo.

Le pido al padre Cruoly que enseñe la moral, pero no de la manera tradicional, aunque lo haga muy bien, sino haciendo que los alumnos y los sacerdotes del seminario repitan brevemente estos Entretiens, y explicándoles las palabras o las cosas que no entiendan. Se podrá tomar cada día uno de esos Entretiens o la mitad del mismo. Este estudio servirá para formar a los que no lo están. En cierta ocasión he oído decir que una persona que supiera bien las Instituciones tendría un tinte de todo lo referente a la jurisprudencia y que podría utilizar este libro como regla hasta que estuviese más avanzado; del mismo modo, el que sepa bien los Entretiens tendrá ya un buen comienzo e incluso la capacidad suficiente para servir en las academias.

En cuanto a la administración de los sacramentos, le ruego al padre Admirault, que ha estado en Bons-Enfants y ha leído mucho de estas materias, que se encargue de ello; todavía no he hablado con él; sin embargo creo que, a pesar de sus achaques, podrá hacerlo; en el fondo, se trata de hacer ejercicios prácticos y de hablar poco.

Para la predicación, al comienzo de la compañía nos juntábamos, y asistían también los señores obispos de Boulogne y de Alet, y el abate Olier; se proponía algún tema sobre una virtud o un vicio; cada uno tomaba papel y pluma y escribía el motivo y la razón que tenía para huir de ese vicio o abrazar esa virtud, y luego se buscaba su definición y los medios para ella; al final se reunía todo lo que se había escrito y se componía un discurso. Lo hacíamos sin ningún libro, cada uno de su cosecha. El padre Portail reunió todo lo que entonces se dijo por una parte y por otra y todo lo que después se habló en otras conferencias que se tuvieron en la compañía, y ha compuesto un método fácil para componer útilmente sermones y explicaciones del gran catecismo, añadiendo algo de su propia cosecha. Que se encargue él de esta explicación; pero como tiene dificultades para hablar y por otra parte tampoco el padre Alméras podrá hacerlo siempre, por culpa de su enfermedad que le obliga a tomar el alimento como ya sabéis, que se ayuden mutuamente los dos.

El tiempo que podemos emplear para la teología será por la mañana, de ocho a diez; y para la explicación del método de predicar, catequizar y administrar los sacramentos será después de vísperas, todas las tardes. Por tanto, se estudiarán dos cosas: 1.° la administración de los sacramentos; 2.° la explicación del método de predicar; o bien se harán ejercicios sobre el pequeño catecismo.

Esto es, hermanos míos, lo que procuraremos hacer; y aunque quizás sepamos ya estas cosas, será conveniente refrescar la memoria; y quizás no sepamos muy bien todo lo que debemos saber. Si se presentase la ocasión de aclarar a un hugonote las dificultades que nos propusiese, nos resultaría algo difícil, al menos a mí, que soy un pobre miserable de primer grado; si me encontrase con un ministro que me pusiese alguna objeción, os confieso que pasaría muchos apuros. A este propósito, les diré que, estando en una misión con el padre de la Salle, gran misionero, del que decía el difunto obispo de Beauvais (6) que no había conocido a nadie que razonase mejor, este buen padre, estando en Villiers-le-Bel, se encontró con una mujer que, al ir a confesarse, le pidió que le resolviera antes cierta dificultad que tenía, según creo, sobre la realidad del santísimo sacramento o sobre la comunión bajo las dos especies. Como sólo había estudiado filosofía y poco más, se vio muy apurado; cuando nos lo dijo, tuvimos algunas conferencias sobre estas materias, y Dios nos concedió la gracia de responder a todas las dificultades que nos podían poner. Aquel buen padre recibió de Dios la gracia de convencer a todo el que quería. Padres, ¡qué felices seríamos si Dios nos concediera esta misma gracia¡  Ya es algo tener conferencias sobre las predicaciones y el catecismo, pero lo principal es la práctica; y eso es lo que haremos, con la gracia de Dios.

Me acuerdo ahora de lo que me escribe el padre Chrétien a propósito de los hugonotes que están celebrando su sínodo, al mismo tiempo que me habla de la bendición que Dios les da a los católicos para combatirlos; dice cosas muy consoladoras; haremos que lo lean en el comedor. Los hugonotes se reúnen todos los años para tener su sínodo, en número de ochenta y a veces de ciento veinte. Todos los días predica uno de ellos, durante el tiempo de su reunión, sobre algún punto de controversia. El señor obispo de Cahors, que no podía actuar contra ellos por no tener jurisdicción en aquella diócesis marchó allá a pesar de todo, con la excusa de que era el obispado de su coadjutor, sirviéndose de la autoridad del vicario general de su coadjutor, a quien pidió que lo acompañara. Llevó allá algunos eclesiásticos para tener una misión. Fue con ellos un buen hombre zapatero, a quien habéis visto por aquí alguna vez, y al que Dios concede gracias extraordinarias para convertir a los herejes, el cual, después de la predicación de los misioneros, dio una charla sobre las controversias y a desafiar a los ministros, cuando salgan de su sínodo.

¿Qué os parece, padres, el celo de todas esas buenas personas que, para aprender las controversias, asisten con tanta asiduidad y puntualidad a las conferencias que todas las semanas se dan en París? Ese zapatero es uno de ellos. La señora duquesa de Aiguillon lo envió a sus tierras para mantener a sus súbditos en la religión. Tenía una tienda en París y la señora duquesa le preguntó cuánto ganaba al año; le dijo que 400 libras, y ella ofreció pagárselas si iba a trabajar a Aiguillon; él aceptó y dejó la tienda en manos de su hermano. Dios ha querido comunicarle tantas gracias que todos los días desafía a los ministros, que ya no se atreven a comparecer ante él; por eso le llaman el cazaministros. Lo acompaña el señor des Isles (11), que ha estudiado filosofía y a quien hemos visto aquí trabajar con él con grandes éxitos. Los dos juntos desafían a los ministros, de modo que los que antes nos atacaban, ahora se ven atacados por nosotros, e incluso por personas que no tienen más estudio que el de la Escritura. Son gracias gratuitas, propias de los eclesiásticos, que les comunica Dios a esos seglares. El éxito que ha obtenido ese buen zapatero hace que por todo el país le llamen, como les he dicho, el cazaministros.

Pero nos hemos desviado, padres, de nuestro tema. ¿Dónde estábamos? Pensemos un poco. Decíamos que estudiaríamos también el método de predicar y de dar la catequesis; pero esto sería insuficiente, si no lo practicásemos; y ciertamente tenemos obligación de hacerlo así, ya que se están presentando ocasiones muy favorables a la compañía, que nos obligarán a utilizar no solamente a los sacerdotes que ya están formados, sino incluso a los que todavía no tienen experiencia en estas obras. Por tanto, hemos de hacernos capaces de enseñar estas cosas a las personas que nos encomienden los señores obispos. Y una de dos, o cometeréis faltas o no las cometeréis. Sí las cometeréis, me decís, porque no sois tan grandes predicadores como los demás, que tienen talento para la predicación.

El bienaventurado obispo de Ginebra pidió que después de su muerte entregaran su cuerpo al cirujano, para que hiciese la anatomía del mismo, porque, según decía, ya que no había servido para nada durante su vida, quería que sirviera para algo después de muerto. Pues bien, vuestras faltas servirán para corregir a los demás y para impedirles que caigan en ellas, o bien para que vean cómo han de predicar con la misma perfección que vosotros, o finalmente para que vuestra confusión os sirva de algo. Creedme, únicamente el orgullo es el que puede presentar alguna excusa.

Ya sabéis que no hay nada que pueda dar a conocer mejor la belleza de un cuadro, sus colores y las diversas figuras que allí se representan, esto es, la belleza de su colorido, como las sombras. También en la música se mezclan algunos falsos acordes para que resulte armoniosa. También las faltas servirán para que se vea la predicación en todo su esplendor. Si hay alguno a quien Dios le haya dado un talento especial, muy bien, habrá que imitarle. Así pues, entreguémonos a nuestro Señor para predicar, los sacerdotes y los alumnos; me refiero a los sacerdotes ya antiguos, ya que para vosotros, los hermanos que sois filósofos, no ha llegado todavía la hora. A los que no sepan componer, o no tengan tiempo para ello, se les entregarán sermones ya hechos, para que se los aprendan de memoria. Solemos hacerlo así para ver las disposiciones que tiene cada uno. Nadie se excusará de este ejercicio; creedme, sólo el orgullo es lo que puede llevar a dispensarse a una persona. Todos hemos de contribuir con nuestro esfuerzo a que se haga este ejercicio.. Sé muy bien que no podrá hacerlo el padre Portail, por la dificultad que tiene para hablar; tampoco el padre Alméras, por su enfermedad; ni el padre Bécu, por culpa de sus manos, y no de su cabeza, pues la tiene muy buena; ni el padre Bourdet, que se encuentra algo débil; pero todos los demás, sí; y yo también, pobre porquero, que seré el primero en empezar, no ya en el púlpito, pues no puedo subir, sino en alguna conferencia, donde trataré sobre algún punto de las reglas o de algún otro tema.

¿Y cuándo empezaremos? ¿hoy? No, mañana. Los estudiantes y los sacerdotes del seminario podrán así tener un poco de recreo, para comenzar mejor; que también lo tengan los antiguos, si quieren. Así pues, mañana, a las ocho y media. Que el padre Alméras dé ejemplares de los Entretiens a los estudiantes y a los sacerdotes del seminario. Nos reuniremos en la sala de San Lázaro. Y por la tarde, después de vísperas, se empezará el ejercicio de la administración de sacramentos, etcétera. Las predicaciones se tendrán durante la comida y la cena; para ello habrá que adelantar la cena una media hora, por causa de los ejercitantes Ya avisaremos si será conveniente que asistan los señores abades.

En esto, pues, padres y hermanos míos, nos ocuparemos desde ahora hasta la ordenación. ¿Qué otra cosa queda más que humillarnos mucho delante de Dios? El da sus gracias a los humildes (13). Por tanto, ¿qué podemos hacer para que salga todo bien? Humillarnos, hermanos míos, humillarnos y pedir luego gracias a Dios, pues todo depende de su bondad y de su misericordia, sin la cual no podemos nada. Les ruego a los hermanos que mañana oigan la santa misa por esta intención; y a los sacerdotes, que ofrezcan el santo sacrificio. Así lo haremos.

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