Vicente de Paúl, Conferencia 074: Extracto De La Conferencia Del [7 De Mayo De 1656]

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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PERSECUCION SUSCITADA CONTRA JUAN LE VACHER POR EL BEY DE TUNEZ

Diferencias surgidas entre Juan Le Vacher y el bey de Túnez por un asunto de velas para los barcos. Juan Le Vacher se asemeja a nuestro Señor, ya que es perseguido.

Hace unos días os hice saber que el bey de Túnez deseaba que el cónsul le proporcionase tela de algodón de Francia (cierta tela gruesa, con la que se hacen velas para los barcos); él se excusó, no sólo porque lo prohíben las leyes de este reino, sino porque en bulas expresas de la Santa Sede apostólica se prohíbe bajo pena de excomunión proporcionar a los turcos cosas que les sirvan para hacer la guerra a los cristianos. El bey, al verse así tratado, se dirigió a un comerciante de Marsella que trafica en Berberia, que se comprometió a traérselas, a pesar de todo lo que hizo el cónsul por disuadirle, exponiéndole la injuria que cometía contra Dios y contra los cristianos, el daño que se haría a si mismo y el castigo que podría recibir si el rey de Francia se enteraba de aquel tráfico ilegal. Pero como aquel comerciante no cejó en sus planes, el cónsul redactó una acusación y la envió acá; y el rey ha ordenado a los oficiales de los puertos de Provenza y del Languedoc que vigilen estrechamente para que nadie cargue ninguna mercancía de contrabando para Berberia; esto seguramente habrá llegado a oídos del bey y le habrá indignado más todavía contra el cónsul francés y contra los misioneros.

Efectivamente, poco después les humilló públicamente, buscó la ocasión de armar camorra, mandó venir al padre Le Vacher y le dijo: «Quiero que me pagues las doscientas setenta y cinco piastras que me debe el caballero de La Ferriere, ya que tú eres de una religión que tiene en común los bienes y los males, y por esta razón yo quiero cobrármelos de ti». El padre Le Vacher respondió que los cristianos no estaban obligados a pagar las deudas unos de otros, y que él no debía ni podía pagar las de un caballero de Malta y capitán de navío, como es el señor de La Ferriere; que apenas tenía medios para vivir, pues era un morabito de los cristianos (esto es, un sacerdote, según la manera de hablar de ellos), venido expresamente de Túnez para asistir a los pobres esclavos. «Di lo que quieras, replicó el bey, yo lo que quiero es que me paguen». Y utilizando la violencia para ello, le obligó a pagar dicha suma.

Pero esto no es más que el comienzo; pues, si Dios no cambia el humor de ese bey, van a tener que sufrir opresiones mayores todavía. En fin, ahora pueden decir que empiezan a ser más realmente cristianos, puesto que empiezan a sufrir como siervos de Jesucristo, tal como decía el mártir san Ignacio cuando le llevaban al martirio. Y nosotros, hermanos míos, seremos discípulos de Jesucristo cuando nos conceda la gracia de padecer alguna persecución o algún daño por su nombre. «Los mundanos se alegrarán», dice el evangelio de hoy; si, las gentes buscarán sus placeres y evitarán todo lo que contradiga a la naturaleza. ¡Quiera Dios que yo, miserable, no haga lo mismo y que sea del número de los que buscan su dulzura y su consuelo en el servicio de Jesucristo, amando las tribulaciones y la cruz! De lo contrario, no seria verdaderamente cristiano; para que pueda serlo, Dios me reserva la ocasión de sufrir, y me la enviará cuando él quiera. Esa es la disposición que hemos de tener todos, si queremos ser verdaderos servidores de Jesucristo.

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