SOBRE LA GENUFLEXION
Hacer bien la genuflexión. Motivos: el ejemplo de nuestro Señor, de las personas religiosas. La edificación mutua. La casa de San Lázaro debe ser el modelo de las demás cosas.
Al final de la repetición de la oración, dijo el padre Vicente:
Amonesto a la compañía en general de una falta que varios cometen aquí en presencia de nuestro Señor, ante el santísimo sacramento del altar. He observado que algunos, al hacer la genuflexión ante el santísimo, no llegan hasta el suelo o lo hacen con poca devoción. Ya había observado esto otras veces y me había propuesto decírselo a la compañía, pero soy tan miserable que me he olvidado. Al llegar ayer un poco antes a la oración, me fijé en cómo hacían algunos la genuflexión; y para avisar a la compañía y para que no se me olvidara, lo escribí en mis apuntes. Hoy también he venido un poco antes y he observado lo mismo. Y para que se corrijan los que no hacen reverentemente la genuflexión, tal como conviene a la gloria de la majestad del Dios vivo, he creído que era mi deber no retrasar más esta advertencia a la compañía, y así lo hago, para que se ponga atención en esto. Gracias a Dios, hay otros que la hacen bien y con mucha reverencia, no sólo exterior, sino también interior; esto se ve, con la gracia de Dios, y se aprecia fácilmente; pero hay otros que la hacen muy mal.
Los motivos que hemos de tener para hacer esta genuflexión con la debida reverencia exterior e interior, tal como corresponde a los verdaderos cristianos, es el ejemplo del Hijo de Dios y de las demás comunidades religiosas. El Hijo de Dios se postró rostro en tierra en el huerto de los olivos; los cartujos vemos cómo se echan también por tierra; los dominicos hacen una genuflexión y a continuación una inclinación profunda. Cuando está expuesto el santísimo en el altar, nos arrodillamos con las dos rodillas con profunda humildad, adorando la majestad de Dios.
Otro motivo es el ejemplo que hemos de dar a todas las personas que vienen aquí y que nos ven y nos observan de los pies a la cabeza; que vienen aquí a recogerse para aprender la manera de vivir bien: los eclesiásticos que pasan por aquí, los ordenandos, los ejercitantes, los cuales, si ven que nos contentamos con hacer una pequeña genuflexión sin llegar al suelo, por ejemplo, creerán que tampoco ellos están obligados a más y dirán: «Si estos padres de la misión no hacen más que esto, tampoco yo he de hacerlo; porque indudablemente, si hubiera que hacer más, ellos lo harían». Los de las otras casas dirán: «En San Lázaro se hace así». Y así iremos todos decayendo, por descuido del superior; porque, fijaos, las faltas que se cometen en una comunidad se le imputan al superior si, por no poner remedio a ellas, se las sigue cometiendo; y Dios le pedirá cuentas.
Yo tampoco he dado en esto el ejemplo que debía. ¡Qué se le va a hacer! Con la edad que tengo y mis piernas tan mal, no lo puedo hacer como se debe. Pero si veo que la compañía no se corrige, me esforzaré en hacerlo lo mejor que pueda, aunque no pueda levantarme sin apoyar las manos en el suelo, a fin de dar en esto ejemplo a la compañía. Es cierto que a los viejos les cuesta hacerla, pues cuando una persona llega a los 65 ó 66, entonces le resulta muy difícil levantarse. Los enfermos y los impedidos, como el padre Boudet, por ejemplo, tienen alguna excusa; pero para los demás, no creo que haya ninguna: están obligados a dar este ejemplo a todos cuantos los vean y se fijen en ellos.
Fijaos, hermanos míos: de ordinario la copia no es mejor que el original; si hay faltas en el original, lo ordinario es que se encuentren también en la copia. La casa de San Lázaro es el original, del que toman ejemplo y sacan copias todas las otras casas y las personas que vienen. Si el original es defectuoso, ¿cómo serán las copias?. ¡Que Dios nos dé su misericordia y su santa gracia! Pido a la compañía que ponga en esto especial atención, y al padre Admirault que se fije en los que faltan y tome nota para avisarles luego.
¿No os acordáis, hermanos míos, de lo que os dije en cierta ocasión? En la música, el que aprende un motete y quiere luego aprender un segundo y un tercero, encuentra más facilidad para aprender el segundo que la que tuvo para el primero, y el tercer motete lo aprenderá todavía con mayor facilidad. Del mismo modo, hoy nos cuesta hacer un acto de virtud, un acto de religión; la segunda vez, nos costará menos; la tercera, menos que la segunda; y así llegaremos a perfeccionarnos cada vez más. ¿No os acordáis también de lo que antes os dije?… Pero, en fin, no quiero cansaros más; lo dejaremos aquí, si os parece.
De forma que el padre Vicente tuvo entonces algún motivo para no acabar lo que había ya empezado; y así terminó encomendando a las oraciones de la compañía a los que lo habían pedido, y recibiendo las humillaciones de algunos que pidieron perdón a Dios por algunas faltas que habían cometido.







