Vicente de Paúl, Conferencia 038: Sobre la prueba de la tentación

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:

Repetición de la oración del 11 de abril de 1655

Providencia de Dios sobre las almas que pasan por las pruebas d e la tentación.

Dirigiéndose a un hermano coadjutor que acababa de manifestar que no sentía ninguna fatiga en las ocupaciones de la casa, el padre Vicente dijo:

Tiene usted muchos motivos para dar gracias a Dios por esa gracia que le concede nuestro Señor. Dios obra algunas veces así en los comienzos, para que las personas se entreguen con gusto a él; las guía primero por medio de ese gusto que hace que les agrade todo, para hacerles pasar luego de allí a la indiferencia; de la indiferencia, a algún pequeño disgusto; del disgusto, al descontento; del descontento a veces a ciertos pensamientos blasfemos, de odio a Dios, a la virtud, a las personas que mantienen el orden. Y esto es un ejercicio al que Dios somete a esas almas para hacer que crezcan en la virtud. Esas son señales de su amor. Y luego, después de haberlas probado así, ¿qué es lo que hace Dios? Las hace entrar en dulzuras y consuelos tan grandes que es una maravilla. Y entonces se puede decir que se ha acabado el cuadro.

Conocí a una religiosa 1 que sentía tanta aversión al bien y tan grandes y abominables tentaciones, que llegó incluso a tener pensamientos de odio contra Dios, de forma que dijo algunas veces que, si salía de su religión para entregarse a toda clase de placeres, no sería porque se sintiera inclinada a cometer semejantes villanías, sino más bien para disgustar más a Dios y vengarse más de él, conculcando sus órdenes y sus leyes. Y ¿qué es lo que pasó al final de esa prueba? Que Dios, sacándola de ese estado de sufrimiento, la condujo a otro estado de suavidad y dulzura y de anhelos de él tan grandes y admirables que murió finalmente en olor de santidad. Así es como Dios guía a veces a las almas.

Hay (nos decía) otra persona, que vive todavía y que yo conozco, que no sabe lo que es tentación ni de la carne, ni de aversión, ni de odio, etc.; sin embargo, no hay ningún alma que se sienta tan tentada de no tener tentaciones como esta. Parece una paradoja, pero es así; y no admite consuelos en esa tentación, puesto que en la sagrada Escritura y en la vida de los mayores santos se dice que todas las almas, a las que Dios ha llevado a la santidad, han tenido que pasar por el sufrimiento; y él mismo quiso someterse a él, a pesar de ser el Santo de los santos. Esto induce a esa misma persona a tener a veces el pensamiento de que está reprobada, ya que está fuera del estado de sufrimiento, pues dice está escrito que el que quiera vivir piadosamente, tendrá que padecer persecuciones, «yo no sufro nada; luego no soy piadoso».

Bien, volviendo a su caso, hermano, de que no siente pena en nada, le digo que tiene que humillarse mucho y desconfiar de ese estado en que está ahora. El verdadero cristiano tiene que obrar continuamente contra sus inclinaciones, y sobre todo los que se han entregado a Dios, o en la religión o en alguna comunidad. San Pablo dice que hacía el mal que no quería hacer y que sentía aversión a hacer el bien que quería hacer; también nosotros hemos de superarnos en todas las dificultades y aceptar los males y penas que nos vengan, como cosas que nos vienen de parte de Dios, y permanecer en el estado en que él ha querido ponernos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *