Vicente de Paúl, Conferencia 017: Sobre El Estudio

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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(xx.10.43)

El padre Vicente encomienda a los estudiantes a las oraciones de la compañía; después de exponer los motivos de esta recomendación, indica con qué espíritu han de entregarse al estudio los seminaristas.

El día que comenzaron las clases, en la repetición de la oración, el padre Vicente aprovechó la ocasión para encomendar a los estudiantes a las oraciones de la compañía, diciendo que, s; algo había recomendado con insistencia alguna vez, había sido esto; y señaló las razones, diciendo: 1.° que, aunque todos los sacerdotes estén obligados a ser sabios, nosotros estamos especialmente obligados a ello, en virtud de los ejercicios y ocupaciones que nos ha dado la divina providencia, como son los ordenandos, la dirección de los seminarios eclesiásticos y las misiones, aun cuando demuestre la experiencia que los que obtienen más éxito son los que hablan con mayor familiaridad y sencillez popular. De hecho, hermanos míos  añadió , ¿hemos visto alguna vez que los que se ufanan de predicar bien hayan producido quizás algún fruto? Sin embargo, se necesita ciencia. Y añadió además que los que eran sabios y humildes formaban el tesoro de la compañía, lo mismo que los buenos y piadosos doctores son el mejor tesoro de la iglesia.

Indicó también otra razón por la que recomendaba esto con cariño e interés: que éste es el estado más peligroso, no sólo para los estudiantes particulares, sino incluso para la compañía en general, que tiene mucho interés en que los particulares estudien como es debido, para hacerse capaces de las tareas en que ha de ocuparlos. Pues bien, como naturalmente deseamos saber algo nuevo, si no reprimimos este deseo y esta curiosidad, no habrá hoja escrita que no sirva para nuestra vanidad; y empezando por el espíritu, acabaremos por la carne; por deseos de parecer, apacentándonos de humo, querremos estar por encima de los demás, ser tenidos por sutiles, de mucha inteligencia, de juicio equilibrado: ¡y quién sabe adónde llegaremos! ¡Hermanos míos, tengamos mucho cuidado de que este espíritu no se introduzca en la compañía! Así fue como se hundió en el infierno el espíritu maligno.

Aquí refirió el ejemplo de una comunidad de las más florecientes en la iglesia de Dios, que se deshizo en menos de seis años por culpa de ese espíritu de saber y de acumular ciencia sobre ciencia, que se introdujo en ella y produjo un enorme desorden.

A continuación añadió algunos medios para estudiar como es debido:

1.° Estudiar sobriamente, queriendo saber sólo las cosas. que nos conciernen según nuestra condición.

2.° Estudiar humildemente, esto es, sin querer que se sepa ni que se diga que somos sabios; no querer estar por encima de los demás, sino ceder a todo el mundo. ¡Ay, padres! nos dijo, ¡quién nos diera esa humildad, que es la que nos sostendrá! ¡Qué difícil es encontrar a un hombre que sea a la vez muy sabio y muy humilde! Sin embargo, no se trata de dos cosas incompatibles. Conocí a una persona santa, a un buen padre jesuita, llamado…, que era muy sabio; y con toda su ciencia era tan humilde, que no recuerdo haber conocido un alma tan humilde como aquella. Todos conocimos también al buen padre Duval, tan sabio y al mismo tiempo tan humilde y sencillo, que no se puede pedir más.

3.° Hay que estudiar de forma que el amor corresponda con el conocimiento, sobre todo en los que estudian teología, como lo hacía el señor cardenal de Bérulle, el cual, tan pronto como había concebido una verdad, se entregaba a Dios, o para practicar tal cosa, o para entrar en esos sentimientos, o para producir aquellos actos; por este medio, adquirió una santidad y una ciencia tan sólidas que apenas se puede encontrar algo semejante.

Y concluyó de este modo: «Se necesita la ciencia, hermanos míos, ¡y ay de los que no emplean bien el tiempo! Pero tengamos miedo, hermanos míos, tengamos miedo y hasta temblemos y temblemos mil veces más de lo que podría deciros; porque los que tienen talento tienen mucho que temer: scientia inflat; y los que no lo tienen, todavía es peor, si no se humillan».

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